La Pascua

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Uno de los problemas con el que las personas luchan con la Escritura es que parece que gran parte del contenido de la Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, tiene que ver con la manifestación y la revelación de la ira de Dios y de su juicio.

Cuando escuchamos el relato acerca de su misericordia y su amor redentor, acogemos eso con alegría, pero a veces, nos reducimos en escepticismo e incredulidad, ante el registro del juicio divino. En el Nuevo Testamento, la palabra griega que se traduce al español como “juicio”, es la palabra “crisis”, y de ella se deriva nuestra palabra crisis que es igual en español. Porque una crisis es un momento de juicio decisivo que puede afectar todo lo que sigue después.

Bueno, uno de los grandes momentos de crisis de la historia del Antiguo Testamento fue la crisis de la Pascua porque en ella vemos este reflejo y este drama, no sólo de la redención, sino también del juicio y eso es lo que la convierte en crisis.

Hay dos lados en el juicio divino. Está el lado de la misericordia, y está el lado de la ira. Y por eso, cuando llegamos al relato de la Pascua en el Antiguo Testamento vemos tanto la manifestación de la gracia de Dios como la de su ira.
Ahora, esta idea de juicio que está acompañado, al mismo tiempo de misericordia y gracia es un tema que se entreteje en toda la Escritura a lo largo de todo el Antiguo Testamento.

Después de la caída, vemos la misericordia cuando Dios se inclina para vestir a sus criaturas avergonzadas y, al mismo tiempo, vemos la maldición que cae sobre ellos. Entonces es algo que vemos una y otra vez en la Escritura. Ahora, la Pascua es anunciada en el capítulo 11 del libro de Éxodo, donde leemos estas palabras: «Y el Señor dijo a Moisés: Una plaga más traeré sobre Faraón y sobre Egipto».

Ahora, recuerda que esta contienda se ha estado llevando a cabo entre los dos grandes soberanos de ese período: El que era el hombre más soberano del mundo, el Faraón de Egipto, y el que, en última instancia, es el soberano, el Dios del cielo y la tierra.

En este conflicto, en este drama, se da un combate de fuerza entre los dos soberanos, hay diez plagas que se registran en este drama particular, pero es la última en donde la culminación del poder de Dios es observada en la Pascua. Y es así que Él anuncia esta última plaga, en donde Él visitará a Faraón y a Egipto. Y Él dice: «Después de la cual os dejará ir de aquí. Cuando os deje ir, ciertamente os echará de aquí completamente. Di ahora al pueblo que cada hombre pida a su vecino y cada mujer a su vecina objetos de plata y objetos de oro. Y el Señor hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios.”

“Y Moisés dijo: Así dice el Señor: ‘Como a medianoche Yo pasaré por toda la tierra de Egipto, y morirá todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está detrás del molino; también todo primogénito del ganado’».

Lo que anuncia esta plaga es algo terrible, Dios va a afligir a todo hijo primogénito de cada familia egipcia. Desde el mismo palacio, desde el primogénito del faraón hasta el primogénito del más humilde campesino o siervo en Egipto, y no sólo anuncia que Dios va a matar a estos primogénitos, sino que también va a enviar a Su ángel vengador o el ángel de la muerte a herir a los primogénitos de todos los ganados de los egipcios.

Ahora, recuerda que ha habido una intensidad progresiva de las plagas, desde volver el Nilo en un río de sangre, los mosquitos, los piojos, las ranas, y lo demás. Pero ahora la vida de las personas y de los ganados mismos será tomada.

Ahora, incluso hoy día, los eventos que se registran en Éxodo son celebrados anualmente por los judíos modernos. Y cuando el pueblo judío se sienta a celebrar la Pascua, es costumbre que el hijo más joven que está en la mesa le diga al padre, «¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Qué significan estas cosas?»

Y luego el jefe de la familia comienza a relatar lo que Dios hizo hace miles de años con el fin de lograr la redención de su pueblo, Israel. Ahora, una vez más, la celebración de hoy es la celebración de esta maravillosa obra de liberación, esta maravillosa obra de redención; y a veces pasamos por alto que la redención que se llevó a cabo a favor de Israel en la Pascua era una redención del juicio de Dios.

Es importante entender esto, porque toda la historia bíblica de la redención, todo el drama de la salvación es una salvación por Dios y una salvación de Dios.

Permítanme decirlo otra vez. Es una salvación que es hecha por Dios y que al mismo tiempo es una salvación de Dios. Es decir, que la gente es salva de, o es redimida de la ira y el juicio del Dios Todopoderoso. Echemos un vistazo a continuación al capítulo 12 de Éxodo, donde leemos en el versículo 1: “Y el Señor habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros.

Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: ‘El día diez de este mes cada uno tomará para sí un cordero, según sus casas paternas; un cordero para cada casa. Mas si la casa es muy pequeña para un cordero, entonces él y el vecino más cercano a su casa tomarán uno según el número de personas; conforme a lo que cada persona coma, dividiréis el cordero. El cordero será un macho sin defecto, de un año.’”

Permítanme hacer una pausa aquí por un momento mientras obervamos la institución de la primera Pascua. Lo que sucede aquí, es que Dios está dando instrucciones específicas a Su pueblo para salir airosos de un proceso mediante el cual se librarán de la visitación de Su ira sobre la nación egipcia.

Esto es tan significativo en su propia historia que, en cierto sentido, Él cambia todo su calendario, de modo que, a partir de ahora, este mes, en el cual se lleva a cabo el éxodo, será considerado el primer mes del año, y este mes será establecido como el tiempo para la celebración anual en que este evento se llevará a cabo. Ahora, una vez más, se nos dice que deben tomar un cordero que sea “un cordero sin defecto”.

Esto ya llama la atención sobre lo que ocurre en el Nuevo Testamento. He mencionado varias veces que no podemos entender a cabalidad el Nuevo Testamento y el drama de la redención que allí se desarrolla, a menos que entendamos el trasfondo y el marco referencial de todo eso en el Antiguo Testamento.

Una vez que entendamos lo que sucede en la Pascua, por ejemplo, y posteriormente en la celebración del Yom Kippur, el Día de la Expiación para el pueblo judío, entonces entenderemos lo que pasa cuando Juan el Bautista viene al río Jordán y ve a Jesús acercándose y comienza a cantar el Agnus Dei: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

De modo que toda la idea de Cristo como el Cordero de Dios se remonta a la Pascua ya que, en la observancia de la Pascua, en su primera institución, un cordero debía ser inmolado como la provisión que Dios da para cubrir a Su pueblo de Su propio juicio.

Veamos de nuevo lo que dice el texto. «Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer. Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman.

Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con hierbas amargas. No comeréis nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, tanto su cabeza como sus patas y sus entrañas. Y no dejaréis nada de él para la mañana, sino que lo que quede de él para la mañana lo quemaréis en el fuego. Y de esta manera lo comeréis: ceñidos vuestros lomos, las sandalias en vuestros pies y el cayado en vuestra mano, lo comeréis apresuradamente. Esa es la Pascua del Señor”.

Lo que está sucediendo es que se debe matar al cordero y la sangre se toma del cordero con el fin de marcar cada casa de los judíos, marcándose el exterior de la puerta, el marco de la puerta con la sangre que se tomó del cordero.

La idea es que mientras Dios envía al ángel vengador, el ángel del juicio, el ángel de la muerte a herir a los egipcios, que cuando llegue a una casa en la que una persona judía habita, el ángel vea la señal de la sangre del cordero puesta en la puerta, y donde sea que vea la señal del cubrimiento con la sangre del cordero, pase de largo.

Es por eso que se llama la “Pascua”, porque el ángel del juicio divino pasó de largo por todos los hogares marcados con la sangre del cordero. Sin duda que el simbolismo es claro, ¿no es así? Para todo el drama de la redención en el Nuevo Testamento.

En el Nuevo Testamento es la sangre de Cristo que cubre a todo Su pueblo; y todas las personas que están marcadas con la sangre del cordero son las que escapan del derramamiento del juicio de Dios al final de los tiempos.Ahora, una de las razones por la cual luchamos con este concepto del juicio es que no creemos realmente que Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo.

Sin embargo, si hay una idea central que se teje a través de ambos testamentos es que el Dios que comenzó esta creación va a llevar la historia humana a un punto final, a un punto de crisis suprema, una crisis donde Él va a llamar a todos los seres humanos ante Su presencia y emitirá Su juicio; y aquellos que están cubiertos por la expiación del cordero serán salvados de la ira que ha de venir.

Pero, una vez más, tendemos a estar a gusto en Sión y asumimos que nunca se realizará un juicio. Es importante para nosotros que consideremos este drama en el Antiguo Testamento porque pone de manifiesto, otra vez, de forma clara y concisa, que Dios es un Dios de justicia y la paciencia de Dios se acabó con Faraón.

Así que cuando Él visitó a Faraón y también a los egipcios, Él no está siendo injusto, más bien, está siendo justo. Él es el Dios vengador. Tenemos la tendencia a pensar que la venganza, en sí misma, es intrínsecamente mala, porque se nos dice que no debemos ser vengativos.

Pero ¿qué nos dice Dios en las Escrituras? «Mía es la venganza, dice el Señor. Yo pagaré «. Así que el Dios que aparece en el Antiguo Testamento es el Dios guerrero de Israel, quien no solo va a la batalla por Su pueblo, sino que utiliza esas ocasiones como instrumentos de Su propia justicia divina.

Ahora, volvamos a algunos de los elementos de esa cena. Es importante tener en cuenta que cuando este evento del éxodo ocurrió, se dio una sola vez y nunca se repitió de nuevo en la historia del Antiguo Testamento. Solo una vez Dios libera a Su pueblo de esta forma particular de esclavitud y hace de ellos una nación.

Sí, de hecho, hay otras acciones redentivas que se llevan a cabo: el regreso del cautiverio y otras más, pero en cuanto a esta obra suprema de redención en el Antiguo Testamento, sin duda, la obra más importante de redención en el Antiguo Testamento, ocurre una vez para siempre.

Al igual que en el Nuevo Testamento, la obra suprema de redención que Cristo nos brinda en la cruz es un evento de una sola vez. Sin embargo, aunque el evento no se puede repetir, existe un ritual que si repite las ceremonias que se realizaron en la noche de la Pascua.

Entonces Dios dice al pueblo judío, ‘A partir de ahora, cada año, al mismo tiempo, por todas las generaciones y para siempre, quiero que se sienten con sus hijos y celebren este evento. No vamos a repetirlo todos los años, en el sentido de enviar el ángel de la muerte a los hogares de todo el mundo, pero quiero que recuerden y nunca olviden lo que he hecho por ustedes’.

Ahora veremos esa idea en el resto del Antiguo Testamento. Cada vez que Dios reúne a su pueblo Él les recordará: «Yo soy el Dios de Abraham, Yo soy el Dios de Isaac. Yo soy el Dios de Jacob. Yo soy el Dios que te sacó de la tierra de Egipto».

Y es como si el propósito de la institución de la celebración de la Pascua es que el pueblo de Dios nunca, nunca, nunca, nunca, olvide lo que Él ha hecho. Ahora, para Jesús, la celebración de la Pascua fue muy importante.

Una de las pocas veces en que el Nuevo Testamento habla de la pasión profunda y el anhelo entrañable que Jesús tuvo, lo encontramos en el relato bíblico cuando Cristo se aproxima a los últimos tiempos de su vida. Él está ahora en Jerusalén, y es la noche antes de su ejecución. Las Escrituras narran que Él anhelaba profundamente celebrar la Pascua una vez más con sus discípulos antes de partir. Y por eso dio instrucciones detalladas para conseguir el aposento alto, y para los preparativos de la comida.

Y mientras estaba sentado a la mesa con sus discípulos, y comenzaron a pasar a través de este ritual que había sido repetido durante 2.000 años en el pueblo judío; de repente, en medio de la celebración de la Pascua, de forma abrupta, Jesús cambia las palabras del ritual y establece todo un nuevo significado para la Pascua.

Cuando Él toma la copa, en vez de decir: «Esta copa representa la sangre del cordero con que se marcó los postes de las casas del pueblo judío en el momento de la Pascua”. Él dice: ‘Esta copa es la sangre del Nuevo Pacto.’ Esta copa representa mi sangre “que es derramada… para el perdón de los pecados». Y Él toma el pan sin levadura y parte el pan, y luego añade estas palabras, «Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado». “Tomad, comed”.

Entonces lo que hace es anunciar la última Pascua y lo que está haciendo por Sus discípulos en el Nuevo Testamento, es exactamente lo que Dios hizo en el Antiguo Testamento; instruyendo a que celebren esta fiesta de allí en adelante diciendo: ‘Porque todas las veces que comas este pan y bebas esta copa, mi muerte proclamas hasta que yo venga’.

Es como si Jesús estuviera diciendo lo mismo que el Padre le dijo a Moisés: «No olvides nunca esto. No se puede repetir mi expiación, pero puedes recordarla repitiendo este ritual y esta celebración».

Entonces vemos una relación directa en la enseñanza de Jesús entre la Pascua en Egipto, y la institución de la Cena del Señor. Ahora, en ese sentido, la Pascua no es simplemente un evento remoto que ocurrió hace cuatro mil años en Egipto, sino que este hecho prefigura y prepara al mundo para la venida del éxodo final, que es cumplido por Cristo.

Ahora, hay algunos detalles que quisiera ver antes de terminar. Noten que Dios requiere que el pan que se come en la Pascua sea pan sin levadura. La razón de esto es que en el Antiguo Testamento la levadura que hace que el pan suba, es un símbolo de corrupción y por eso el pan que se usará en este momento de celebración es un pan que es santo, que es consagrado y apartado, simbolizando una vez más que Dios ha separado a Su propio pueblo y lo ha consagrado al salvarlo de Su ira en el evento de la Pascua.

Recordemos cómo Jesús usa este símbolo negativo de la levadura en el Nuevo Testamento al afirmar: «Cuídense de la levadura de los fariseos”. La falsa enseñanza de los fariseos es como un veneno que puede entrar y esparcirse por toda la iglesia y corromper todo el cuerpo». Por eso Dios es específico en este punto, al señalar: «No levadura en el pan». Luego les indica que deben usar vino y hierbas amargas.Bueno, esa es una combinación interesante porque, una vez más vemos los dos lados de este acto de redención. Que es, al mismo tiempo, una expresión de la ira suprema y el juicio sobre los egipcios, y un acto supremo de la gracia y la misericordia para aquellos que son salvos.

Calvino nos dice, por ejemplo, cuán apropiado es que el vino fuera utilizado en la Pascua y otra vez en el Nuevo Testamento, porque es agridulce. Por un lado, las Escrituras del Antiguo Testamento hablan del vino como el que alegra el corazón y al mismo tiempo producen una especie de sensación de ardor.

Entonces, las hierbas amargas mezcladas con el vino muestran cómo hay algo de dulce sobre la redención de Dios y, sin embargo, se agrega algo profundamente doloroso.

Y, por último, a los que celebran la Pascua se les ordena llevar puesto un cinturón. ¿Qué es lo que significa eso?
A menudo leemos en la Escritura esta advertencia, tal como Dios se la dio a Job: “Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te responderé”. Luego, en el Nuevo Testamento se nos dice que ciñamos nuestra mente con la verdad.

La razón para estas imágenes es que, en el mundo antiguo, el atuendo común de las personas eran túnicas largas que aun les permitía moverse fácilmente. Pero si querían correr o ir a la batalla, tenían que subirse la túnica y atar un cinturón ancho en torno a su cintura para que sus piernas pudieran liberarse para realizar movimientos rápidos.

Y Dios está diciendo: ‘pónganse un cinturón alrededor de su cintura. Pónganse sus zapatos. Tengan listo su báculo para cuando tengan que salir a toda prisa’.

Porque aunque Dios espera por años y décadas y siglos para cumplir las promesas que hizo a nuestros padres, cuando llega el día de la redención Él actúa rápidamente. Él dice: ‘Quiero que estés listo para moverte tan pronto la instrucción sea dada’.

Entonces, todo esto simboliza la celebración de lo que Dios está a punto de hacer para producir el momento más notable de la redención en toda la historia del Antiguo Testamento.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Moisés y el éxodo

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Moisés y el éxodo

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En el Antiguo Testamento, el punto de transición entre el libro de Génesis y la historia temprana del período patriarcal en el libro de Éxodo, nos entrega la historia de lo que probablemente sea, diría ciertamente entrega, el evento redentor más importante que tiene lugar en el Antiguo Testamento. Este tiempo de transición está marcado en la narración al final de Génesis y al comienzo de Éxodo, por dos personas notables.

La primera es un hombre que comenzó como pastor de ovejas y se convirtió en príncipe, y la segunda es de uno que comenzó como príncipe y terminó como pastor. Por supuesto, la primera persona era el hijo de Jacob, cuyo nombre era José. La última parte del libro de Génesis cuenta esta historia extraordinaria que nos narra la vida de José, la cual es una de las biografías más inspiradoras y alentadoras que encontraremos en toda la Escritura, un hombre que fue víctima de celos y de traición.

Él fue vendido como esclavo por sus hermanos. Fue encarcelado por muchos, muchos años.

Está completamente solo en un país extranjero, y sin embargo, bajo esas circunstancias, permanece fiel a las promesas de Dios y recuerda el pacto. Sin embargo, a medida que se desarrolla la historia, somos conscientes de que José, debido a las circunstancias del control providencial de Dios, es liberado de prisión y elevado hasta convertirse en el primer ministro de la tierra de Egipto.

Es en ese momento, en la providencia de Dios, que una hambruna severa golpea a los países vecinos y al propio Egipto, pero Egipto había almacenado suministros de reserva; y pueblos de tierras lejanas venían a Egipto buscando ayuda por el hambre. Entre los viajeros estaban incluidos los hermanos de José.

Y recordarán esa escena desgarradora cuando los hermanos descubren que el primer ministro, a quien le están pidiendo estos suministros, es en realidad su hermano, a quien habían traicionado; y estaban aterrorizados de que José se vengara de ellos. Pero, en vez de eso, fue clemente y preguntó por el bienestar de su padre, enviándole un mensaje con sus hermanos cuando ellos regresaron a su tierra; e invitó a Jacob y a toda su familia a emigrar a Egipto para que reciban los privilegios especiales otorgados por el primer ministro.

Y así, al final del libro de Génesis vemos dos cosas: En primer lugar, vemos el traslado desde Canaán a Egipto de la familia de Jacob, a quienes se les concedió una porción de tierra llamada tierra de Gosén para que disfruten de de los beneficios provistos por su hijo José.

Luego, el libro de Génesis concluye cuando Jacob reúne alrededor suyo a sus hijos, y Jacob entrega la bendición patriarcal. Pero él tampoco se la da al hijo mayor, ni siquiera al segundo, puesto que se habían descalificado a sí mismos por su maldad. En cambio, Jacob le da la bendición patriarcal a Judá, a quien le es prometido un reino: ‘El cetro no se apartará de Judá, hasta que venga Siloh.’

Y esto es de enorme importancia para el resto del desarrollo de la historia del Antiguo Testamento, ya que los reyes de Israel deberán salir de la tribu de Judá. Hasta que llegamos al clímax del Nuevo Testamento, donde aquél que nacerá restaurará el trono de David, y una vez más la tribu de Judá estará en el poder cuando el León de Judá sea coronado como el Rey eterno, el Rey de Reyes y Señor de Señores.

Entonces, no puedes entender el ministerio de Jesús al margen de este trasfondo del Antiguo Testamento y de la tribu de Judá, el reino, y de todo lo que se desencadena como resultado de la familia inicial de Jacob.

Ahí es donde el libro de Génesis termina, y al hacerlo, se nos presenta una situación totalmente nueva en el libro de Éxodo. Dejamos el libro de Génesis con el pueblo de Israel disfrutando de un estatus privilegiado, un estatus especial en la tierra de Egipto; pero algo ominoso aparece en el segundo libro del Antiguo Testamento.

En el libro de Éxodo se nos dice que sube al poder un faraón que ya no conoce a José, y ahora leemos de un cambio en las circunstancias históricas con respecto a los descendientes de Abraham y la familia de Jacob. En este momento ellos también disfrutan de una estatus especial, pero este estatus especial es malo en vez de ser bueno porque el nuevo faraón llega e impone cuatro formas distintas de opresión sobre estos hebreos extranjeros.

Lo primero que se nos dice en el libro de Éxodo es que los faraones nombran capataces sobre el pueblo. Ahora, inicialmente, los capataces eran como policías que ordenaban y ejercían vigilancia sobre los siervos del estado. Ese es el primer paso dentro un programa sistemático para esclavizar a este pueblo extranjero.

Entonces, lo primero que Faraón hace es nombrar capataces y los establece sobre este pueblo cuyo número ha aumentado enormemente, a quienes ahora él va a utilizar para el trabajo forzado y para construir las ciudades de almacenaje para depositar el grano y para las reservas de alimentos de la nación.

Así comienza con esta servidumbre. Luego se nos dice, un poco después en el libro de Éxodo, que Faraón intensifica radicalmente los términos de esta opresión al no solo tener a estos capataces, sino que ahora instruye a los capataces para que hagan que los esclavos trabajen con mayor rigor.

Es decir, hay un elemento de severidad que se añade a la carga de ese pueblo. Se les dice que tienen que aumentar su cuota de producción disminuyendo los materiales que recibían para ese fin. No se les permite tener paja para hacer sus ladrillos, lo cual hace su tarea mucho más ardua.

Y así esta nación que se había establecido con una posición privilegiada en la tierra de Gosén, fue reducida a la esclavitud total. Pero aun en su esclavitud se están multiplicando y creciendo más y más en número, y Faraón empieza a temer una rebelión.

Así que instaura su tercera forma de opresión, al mandar a las parteras del pueblo judío a que maten a todos los niños varones que nazcan de mujer hebrea. Pero, ¿qué pasó? Las parteras se rehusaron acatar este decreto de asesinato.

Entonces ahora Faraón ejecuta su cuarta decisión, donde él ordena a todos los egipcios que se aseguren que todo bebé varón nacido entre los judíos sea asesinado. Esta es la primera masacre de inocentes. De hecho, podríamos llamarlo el primer holocausto, el primer ejemplo de la destrucción sistemática de un pueblo. Pero un bebé escapa, y leemos la historia de este niño que está oculto en una cesta hecha a mano, tejida con juncos; él es colocado en un afluente del Nilo cuando esta madre judía ve que ya no puede ocultar al bebé y permite que su hijo sea puesto a la deriva en el río mientras ella encomienda su destino a la providencia de Dios.

Y en tal providencia, el bebé llora y es un llanto que es oído en todo el mundo; pero el llanto del niño es oído, irónicamente, no por una partera hebrea, ni por un soldado egipcio, sino por la hija faraón mismo. Y las Escrituras nos dicen que cuando ella ve a este niño oculto a orillas del río, cuando abre la pequeña cesta y ve a este bebé, y el bebé llora, las Escrituras nos dicen que ella tuvo compasión. La ironía de todo esto es sorprendente porque el resto de la historia del conflicto entre este pequeño bebé y el faraón es el conflicto entre la Palabra de Dios y un rey con un corazón endurecido.

Y, sin embargo, este faraón, que es perverso debido a la obstinación de su corazón, tiene una hija cuyo corazón es movido por compasión. Ella no pudo soportar llevar a cabo las instrucciones de su propio padre. Ella no pudo ahogar a este bebé; en cambio, ella lo toma como suyo.

Ella lo saca del agua, redimiendo así la vida de este niño, y usa el nombre hebreo que significa “sacado de las aguas” para ponerlo a ese bebé, y lo llama Moisés; luego ella contrata a la verdadera madre de Moisés para que sea la que cuide al muchacho. Pero debido a esta irónica serie de eventos, este pequeño bebé hebreo es adoptado por la propia hija de faraón y ahora es un niño de palacio que es criado en Egipto con el estatus de un príncipe.

¿Ves cómo este es el orden totalmente inverso a lo que sucedió con José y lo que ahora pasa ahora con Moisés? Moisés crece como príncipe, pero él conoce sus raíces, conoce su propia identidad con su pueblo. Y se nos dice en el libro de Éxodo que en una ocasión ve a un guardia egipcio golpeando, hostigando y atormentando sin piedad a un esclavo hebreo; Moisés se llena de rabia, se levanta, golpea al guardia y sin querer lo mata.

Rápidamente él esconde el cuerpo y mira alrededor para ver si alguien lo ha visto y él no ve a nadie; pero alguien sí lo había visto. Y ahora se sabe que Moisés mató a un miembro de la guardia para defender a su propio pueblo. Ahora debe huir para salvar su vida, partiendo hacia el exilio en el desierto de Madián y vivir década tras década, tras década en la miseria, la pobreza, aislado, lejos de los luchas de su tierra natal, lejos de la educación, las ciencias y la riqueza que había encontrado en los palacios de Egipto.

Y ahora tenemos en el libro de Éxodo la historia de Moisés, una historia que es titánica, una historia que es tan magnífica que incluso era demasiado para llevarla al cine y capturar la esencia de la importancia de este hombre.

Realmente creo que no es una exageración decir que el personaje principal de todo el Antiguo Testamento es Moisés porque Moisés es designado por Dios para ser el mediador del antiguo pacto; y solo hay dos mediadores reales en la Biblia: el mediador del antiguo pacto y el mediador del nuevo pacto.

Moisés es el mediador del antiguo pacto. Cristo es el mediador del nuevo pacto. Es Moisés quién es el libertador, humanamente hablando, de su pueblo en Egipto. Es a través de Moisés que Dios da la ley. Es a través de Moisés que Dios crea el estado judío, la iglesia del Antiguo Testamento, la nación teocrática de Israel, y es de Moisés que los profetas hablan que vendrá uno en el futuro que será un profeta como Moisés, cuya vida y cuya misión, una vez más, se prefigura con la vida de Moisés.

Y en un sentido real, Cristo, en su propia vida, recapitula la vida de Moisés y toda la historia del Éxodo. Una vez más, si quieres entender la misión de Cristo, es imposible hacerlo separado del libro de Éxodo. Agustín dijo una vez: “el Nuevo está oculto en el Antiguo y el Antiguo está revelado en el Nuevo”, porque así como Dios llama a su hijo fuera de Egipto en el Éxodo, así también llama a su Hijo mayor del exilio, después que Jesús, en su infancia, se ve obligado a ser resguardado y protegido del edicto de Herodes, cuando José y María huyeron a Egipto.

El cumplimiento llega: “De Egipto llamé a mi Hijo”. Toda la historia de la redención en el Nuevo Testamento es la historia de un mayor Éxodo, de una mayor liberación, y liberación de la esclavitud que es cumplida por el nuevo Moisés; y para entender lo que hace el nuevo Moisés, debes entender lo que hizo el viejo Moisés.

Entonces, como dije, él es una persona grandiosa en el Antiguo Testamento, y él está solo y aislado en el desierto Madianita cuando Dios se le aparece y le habla desde la zarza, se le revela y le da su sagrado nombre, y le dice a Moisés: ‘escuché el clamor de mi pueblo, he oídos los gemidos del pueblo que traje a Egipto y te he designado para que vayas a la casa de faraón y de mi pueblo y le digas a faraón y le digas a mi pueblo: “Deja ir a mi pueblo”.

Y con ese mandato, toda la maquinaria del Éxodo se pone en marcha. Y así el punto de confrontación se realiza cuando Moisés se presenta delante de Faraón –y entiendan que Faraón es la persona más poderosa en la tierra en ese momento, y lo que el monarca más importante y poderoso del mundo ha hecho es esclavizar al pueblo de Dios y hacer del pueblo de Dios sus siervos en contra de su voluntad.

Lo que acontece aquí, en este conflicto, lo que se desarrolla en toda esta tensión en el libro de Éxodo, es una batalla de titanes. Es la batalla de dos soberanos. Es la batalla entre el Dios soberano del universo y el hombre soberano de este mundo, faraón. Y la contienda se lleva a cabo por este tema: ¿a quién debe servir el pueblo? Porque el mensaje que Dios le ordena a Moisés que lleve a faraón, no se afirma simplemente en la frase: “Deja ir a mi pueblo”, sino, ¿qué más dice él?

Ve donde faraón y dile que el Señor Dios Todopoderoso le dice: “Deja ir a mi pueblo”. ¿Por qué? ‘Para que salgan y me sirvan a mí’. ¿Te das cuenta que el Éxodo no es solo la liberación de los esclavos de la opresión?No se trata de una antigua revolución marxista, sino que es una liberación de un nueva clase de esclavitud, una esclavitud real, una esclavitud redentora y Dios está reclamando a los suyos.

Él está diciendo: ‘Este es mi pueblo, no tuyo; y los he creado para que me sirvan a mí, no que te sirvan a ti. Así que será mejor que los dejes ir o sino…’ Faraón dice: ‘O sino ¿qué?’ Y Moisés dice: ‘o sino moscas, o sino gusanos, o sino ranas, o sino piojos, o sino un río que se convierte en sangre’ y la contienda empieza.

En las tres primeras plagas, todo lo que Moisés hace para mostrar el poder de Dios contra el poder de los egipcios, los magos de la corte de Egipto hacen lo mismo, pero para cuando llegan a la cuarta plaga, los trucos de los magos de Faraón se agotaron; y sin descanso, paso a paso, la contienda continúa y Dios, a través de las manos de Moisés, demuestra milagrosamente su poder sobre el mundo.

No hay un período en toda la Biblia donde los milagros estén tan concentrados a excepción de otro período, que este período: y estamos hablando del período de la encarnación del Señor mismo. Pero aparte de la vida de Jesús que estuvo llena de milagros, no hay otro tiempo en la historia de la redención, donde haya habido tanta manifestación del poder divino y milagros como en este libro de Éxodo donde Dios está manifestando, en el plano de la historia, que Él es el salvador de su pueblo, que es soberano sobre su pueblo y que debe ser el objeto de la adoración de su pueblo.

Una vez más, Moisés le dice a faraón: “Deja ir a mi pueblo para que salgan y me sirvan”. ¿Me sirvan? ¿cómo? Dándome sacrificio de la alabanza, para salir hacia el desierto para adorarme, salir para disfrutar de mi presencia.

Así, los tres temas principales que marcan todo el libro de Éxodo son los motivos del éxodo, la ley y el tabernáculo. Y veremos estas dimensiones del contenido del libro de Éxodo. El éxodo mismo, la liberación de la esclavitud, la reunión del pueblo que ha sido liberado al pie del monte Sinaí, donde Dios entrega, a través de Moisés, la ley por la cual esta nación santa será establecida.

En ese sentido, Moisés se desempeña como el padre del estado teocrático, el George Washington de Israel, si se quiere, y el Thomas Jefferson y el Benjamín Franklin, todos en uno porque, es a través de Moisés, que Dios da la declaración de derechos que servirá como guía jurídica para la estructura de una nación santa y se convertirán en la base de la ley general en todo el mundo, incluso hasta el día de hoy.

Por último, donde Dios enseña a su pueblo cómo adorarle y le da la promesa de su presencia. Estos son los temas dinámicos de este libro de Éxodo que nos llama a una lectura seria y profunda, profunda de sus detalles.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La bendición patriarcal

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La bendición patriarcal

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La historia que está registrada en el libro del Génesis, a veces es llamada la historia de los patriarcas o la historia del período patriarcal debido a que los personajes que aparecen en esta narrativa incluyen a personas como Noé, Abraham, Isaac, Jacob y los demás. Estos son los personajes principales a lo largo de la historia de Génesis.

Ahora, un patriarca en los días del Antiguo Testamento, como lo sugiere su nombre, tiene que ver con un padre que es gobernante, es decir que la autoridad en este ambiente y sistema descansa en el padre.

También conocemos culturas a las que llamamos matriarcales, donde la autoridad dominante recae en la madre. Cuando una reina está en el trono de una monarquía, Durante ese tiempo la monarquía es matriarcal, por así decirlo, en lugar de patriarcal.

Pero el término ‘patriarca’ indica más que solo que la cabeza de un hogar particular. En escritos antiguos, el patriarca, por ejemplo Abraham, no solo estaba en una posición de liderazgo y autoridad sobre su propia casa inmediata, sino también sobre su familia extendida

Y mientras él estuviese vivo, incluso después de que sus hijos naciesen, él seguía siendo el patriarca de la familia extendida. De hecho, esto va más allá, hasta incluir la jefatura sobre los clanes y las tribus. Recuerda que los antiguos hebreos, antes de organizarse en ciudades, eran semi-nómadas.

Eran pueblos tribales, que se movían por el Medio Oriente, y al jefe de su tribu se le llamaba el patriarca. Ahora, cuando nos fijamos en el carácter de Dios en el Antiguo Testamento, antes que Dios revelara su nombre a Moisés; que su nombre es “Yo soy Yaweh”, la manera normal con la que Dios se identificaba era con la frase: “El Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, porque esos tres hombres: Abraham, Isaac y Jacob son los tres personajes principales a través de quienes la bendición patriarcal se transmite.

Vimos en la sesión anterior que Dios hizo esta promesa inicialmente a Abraham, la promesa de una tierra, una nación, de muchos descendientes y de bendición; y esa promesa del pacto era una promesa que luego sería llevada posteriormente de generación en generación.

Según la costumbre de ese tiempo, la herencia de una familia la recibía normalmente el hijo primogénito o el hijo mayor y esa persona obtendría la mayor parte de la herencia. Ahora, cuando Abraham estaba repartiendo su herencia a sus descendientes, tenía que preocuparse por la cantidad de tiendas que tendrían y la cantidad de ganado que recibirían, y todo lo demás; (tos) pero lo más importante de la herencia de Abraham en el libro de Génesis es la pregunta: “¿Quién heredará la bendición?”

Es decir, quién hereda la promesa del pacto que Dios le juró originalmente a Abraham. Una vez más, recuerda que en el Nuevo Testamento Abraham es visto como el patriarca supremo porque se lo describe como el padre de los fieles.

En un sentido muy real, cualquier persona que es incorporada a la familia de Dios es, en un sentido específico, descendiente de Abraham, y heredero de esta bendición patriarcal. Ahora, el libro de Génesis está lleno de intriga, suspenso y conflicto con relación a quienes buscaban poseer la riqueza de esta herencia.

Y ya hemos visto cómo cuando Abraham engendró un hijo, su hijo primogénito fue Ismael, pero no era el plan de Dios que Ismael heredara la bendición patriarcal, y Dios insistió en que esa bendición fuera dada a Isaac en lugar de a Ismael. Tal como el apóstol Pablo lo expresa en el Nuevo Testamento, es a través de la simiente de Isaac que el pueblo de Dios sería llamado, de modo que no todos los que eran descendientes directos de Abraham fueron incluidos en la bendición.

Encuentro interesante cuando, es interesante para mí que cuando Herman Melville escribió su famosa novela, que mucho consideran “la gran novela estadounidense”, Moby Dick, él empieza con estas inquietantes palabras del personaje principal. La primera línea de Moby Dick dice lo siguiente: “Llámame Ismael”. ¿Por qué el personaje principal se llama Ismael? Porque Ismael es el forastero, el marginado, el hijo olvidado, y eso es parte del simbolismo del drama de ese libro que Melville toma prestado del destino de Ismael.

Hoy en día, si tomas un periódico y lees acerca de los conflictos que están pasando ahora mismo en Palestina, entre palestinos e israelitas, vas a leer acerca de una hostilidad y conflicto constante entre los descendientes de Ismael y los descendientes de Isaac. Pero Dios declaró: “que por Isaac será llamada tu descendencia”; y es así que la bendición fue dada primero a Abraham y luego de Abraham a Isaac. Ahora, la esposa de Isaac tiene dos hijos.. que son gemelos y esos dos hijos son.. Jacob y Esaú.

Y el primero de esos dos hijos que nacen es Esaú; así que en términos de todo este esquema de transferencia de la bendición patriarcal, la persona que está en línea con el trono, por así decirlo, la persona que está en línea para heredar la bendición es Esaú, no Jacob.

Hace poco tuve la oportunidad de oír un sermón que predicó Raví Zacarías y, solo de paso, hizo un breve comentario en que se refería a un incidente que tuvo lugar en la vida de Jacob. Se trata de la historia que registra el Génesis del momento cuando Jacob, huyendo de la ira de sus enemigos, participa en un combate de lucha con el ángel de Dios en Peniel.

Demos un vistazo rápido por unos segundos para observar la dinámica de lo que ocurrió allí. Leemos en Génesis el capítulo 32, empezando el verso 23: “Los tomó y los hizo pasar el arroyo, e hizo pasar también todo lo que tenía. Jacob se quedó solo, y un hombre (este hombre se refiere una teofanía, una manifestación de Dios) y ese hombre luchó con él hasta rayar el alba.

Cuando vio que no había prevalecido contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. Entonces el hombre dijo: “Suéltame porque raya el alba”. Ese es el Ángel del Señor que ha estado luchando con Jacob toda la noche y llama a Jacob y le dice: “Suéltame”.

Y ¿qué le responde Jacob? “No te soltaré si no me bendices”. Esta noche de pelea, es lucha agónica y feroz entre el representante de Dios y Jacob, tiene que ver con una lucha por la bendición de Dios, y Jacob está peleando con todo lo que tiene, hasta el punto de quedar lisiado cuando dice: “No te soltaré si no me bendices”.

Y ahora, ¿qué dice el Ángel del Señor? Jacob dijo: “No te soltaré”, le dijo al Ángel, Jacob le dijo: “No te soltaré si no me bendices.” Y el Ángel le dijo a él: “¿Cómo te llamas? Y él respondió: Jacob”. No sé cuántas veces en mi vida me he referido a este texto para ilustrar algo que era significativo en la cultura hebrea con respecto a la revelación del nombre de una persona, y siempre he pensado que el significado completo de este pasaje se da cuando el Ángel le pregunta a Jacob su nombre; le estaba pidiendo a Jacob que se rindiera; porque al exponer su identidad y exponer su nombre, es como cuando hoy en día los niños pelean y uno le dice al otro: ‘Di me rindo y te suelto’.

Fue una declaración en la que cede a la autoridad y la fuerza superior del Ángel. Pero había olvidado por completo otra conexión con este texto hasta que Ravi Zacarías me lo recordó. Él dijo: “Esta no es la primera vez en su vida que Jacob busca una bendición”.

Y esto nos remonta, tiempo atrás, a un episodio de traición, de engaño, deshonestidad y de corrupción que fue tan característico de la vida del patriarca Jacob. En el capítulo 27 del libro de Génesis, Jacob se confabula con su madre Rebeca para engañar al anciano padre Isaac y que le pase la bendición patriarcal, no a Esaú, el hijo mayor, sino para que se la dé a Jacob.

Lo que está sucediendo aquí, es una conspiración, un complot entre madre e hijo para engañar al padre y esposo. En una palabra, lo que Jacob y Rebeca planean es el intento de robar la bendición patriarcal para dársela Jacob en lugar de que sea para Esaú. Lo vemos en el texto, en el capítulo 27, el verso uno: “Y aconteció que siendo ya viejo Isaac, y sus ojos demasiado débiles para ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él le respondió: Heme aquí. Y dijo Isaac: Mira, yo soy Viejo y no sé el día de mi muerte.

Ahora pues, te ruego, toma tu equipo, tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme caza; y prepárame un buen guisado como a mí me gusta, y tráemelo para que yo coma, y que mi alma te bendiga antes que yo muera”. ¿Ves la situación? Isaac ya no es el joven atado con cuerdas y colocado sobre un altar mirando el cuchillo que levantaba su padre en el Monte Moriah.

Ahora, Isaac mismo es de edad avanzada y sabe que el momento de su muerte está cerca. Por eso le dice a su hijo Esaú, quien es famoso por su habilidad como cazador. Le dice: ‘Hijo, ve al campo, caza algo y prepárame esta comida – mi última comida, por así decirlo—esa comida que saboreo de tus manos en lo que me preparo para darte la bendición’.

Y, en obediencia, Esaú sale de la tienda de su padre y se va al campo a cumplir sus órdenes. Pero escucha lo que sucede: “Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Y cuando Esaú fue al campo a cazar una pieza para traer a casa, Rebeca habló a su hijo Jacob, diciendo: He aquí, oí a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciéndole: ‘Tráeme caza y prepárame un buen guisado para que coma y te bendiga en presencia del Señor antes de mi muerte.

Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando. Ve ahora al rebaño y tráeme de allí dos de los mejores cabritos de las cabras, y yo prepararé con ellos un buen guisado para tu padre como a él le gusta. Entonces se lo llevarás a tu padre, que comerá, para que te bendiga antes de su muerte’.

Y Jacob dijo a su madre Rebeca: ‘He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición’”. ¿Ves lo que está pasando? Jacob dijo: ‘Esto no va a funcionar y cuando mi padre lo descubra y vea el engaño, no me va a bendecir, sino que me va a maldecir y allí sí que todos vamos a estar en serios problemas.’

“Pero su madre le respondió: Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío; solamente obedéceme, y ve y tráemelos. Y él fue, los tomó y los trajo a su madre; y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba. Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que tenía ella en la casa, vistió a Jacob, su hijo menor, le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello, y puso el guisado y el pan que había hecho en manos de su hijo Jacob.

Entonces él fue a su padre, y dijo: Padre mío. Y éste respondió: Aquí estoy. ¿Quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Soy Esaú tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Levántate, te ruego. Siéntate y come de mi caza para que me bendigas. E Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque el Señor tu Dios hizo que así me acaeciera”.

¿Puedes notar la corrupción en todo esto? No solo le está mintiendo a su padre y robándole a su hermano, sino que está respondiendo a sus preguntas y trata de confirmar su mentira diciendo que Dios lo ayudó. Él dijo que: ‘la razón por la que había conseguido esta comida tan rápido era porque el Señor Dios le ayudó a hacerlo. “Isaac entonces dijo a Jacob: Te ruego que te acerques para palparte, hijo mío, a ver si en verdad eres o no mi hijo Esaú.”

Se pueden imaginar el terror que corría por las venas de Jacob en ese instante. “Jacob se acercó a Isaac su padre, y él lo palpó y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú. Y no lo reconoció porque sus manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y lo bendijo. Y le preguntó: ¿Eres en verdad mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy. Entonces dijo: Sírveme, y comeré de la caza de mi hijo para que yo te bendiga. Y le sirvió, y comió; le trajo también vino, y bebió. Y su padre Isaac le dijo: Te ruego que te acerques y me beses, hijo mío. Y él se acercó y lo besó; y al notar el olor de sus vestidos, lo bendijo.”

Lo que sigue en el texto es ver a un Isaac ciego, decaído y viejo que transfiere la promesa que Dios le había dado a Abraham a este hijo traicionero, mentiroso, ladrón e indigno. ¿Cómo pudo pasar esto como parte de la historia redentora?

El apóstol Pablo responde a esto en el capítulo 9 de Romanos: “A Jacob amé”. Antes de que cualquiera de ellos naciera, antes de que hubieran hecho algo bueno o malo, Dios había determinado, desde la fundación del mundo, que la promesa a Abraham no seguiría a través del hijo mayor, Esaú, sino a través de las manos de este hijo traicionero, Jacob, para que la gracia de la promesa redentora de Dios se pueda manifestar.

Ahora, el punto que hizo Raví Zacarías sobre este texto, que tanto emocionó mi alma fue que más adelante en la vida de Jacob, cuando se encuentra con Dios en Peniel y pelea toda la noche y le suplica al Ángel del Señor que lo bendiga; antes de que el Ángel acceda a esa solicitud, antes de que Dios bendiga a Jacob en su lucha, Dios le dice: “¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?”

Ahora, el que está luchando con Jacob en esta ocasión no está ciego. Él sabe perfectamente quién es Jacob. Jacob no puede, de repente, ponerse el olor de su hermano y la ropa de su hermano y engañar a su padre celestial.

Ahora no está pidiendo la bendición a su padre terrenal; le está pidiendo a su Padre celestial la bendición; y Dios le dice: “¿cómo te llamas?” Y esta vez él no dice “Esaú”. Esta vez él dice: ‘mi nombre es Jacob’. Esta puede ser la primera vez en toda su vida que dijo la verdad: toda la verdad y nada más que la verdad.

El nombre Jacob significa suplantador, ladrón.“Mi nombre es Jacob”. Y Dios lo bendijo y le dio la bendición patriarcal que luego entonces transmitiría a sus propios hijos y a sus propios descendientes. Hay un patrón en el Antiguo Testamento.

En esta transferencia y en todo el movimiento de la historia redentora hay un patrón de caída. Y hay un patrón de salvación. Recordamos que la creación comenzó con la creación de un solo individuo, Adán; y luego la creación de una compañera, Eva.

Y esta primera familia se convirtió en la cabeza de la raza humana, y cayeron, y su pecado fue terrible; e inmediatamente después de su pecado, el pecado se ensancha y extiende mientras se expande: primero fratricidio cuando Caín se levanta y mata a su hermano Abel, y luego vemos la maldad expandirse a través de todos los descendientes de Adán y Eva, de manera que todo el mundo se corrompe y hacen lo que es correcto a sus propios ojos. Y sólo un hombre queda obediente. Su nombre es Noé.

Y sabemos que Dios luego destruye todo el género humano con excepción, de nuevo, de un hombre y su familia. Y luego de este pequeño comienzo con Noé viene Abraham. Y luego de Abraham se pasa a Isaac y luego a Jacob. Ahora tenemos doce tribus. Y luego tenemos la nación de Israel; pero la nación se vuelve cada vez más corrupta y ahora la bendición y la promesa de redención empieza, no tanto para ampliarse sino para estrecharse nuevamente, ya que ahora la promesa no está restringida a todo el que es de la simiente de la nación judía, sino al remanente.

Y de nuevo, ésta reducción al remanente queda reducido hasta un solo hombre, el nuevo Adán que encarna a Israel, el descendiente supremo de Abraham, quien es Jesús. Y entonces, ¿cuál es la historia del Nuevo Testamento? Es ese proceso en reversa.

Desde Jesús en adelante, el evangelio va al remanente de los judíos, luego a los samaritanos, luego a los gentiles, y después a todo el mundo. Así que primero se estrecha, luego se amplía. De modo que incluso, hasta el día de hoy, lo que comenzó con Abraham, esa bendición viene a través de la historia y ahora está dispersa por todo el mundo.

Y así, la historia de la transferencia de las bendiciones prefigura y nos prepara para comprender el plan redentor de Dios para todo su pueblo y para su Iglesia.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El pacto con Abraham

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Creo que estamos viviendo en un tiempo bastante interesante. Es un tiempo de crisis. Estamos en un período de la historia que es algo inusual, donde nos encontramos en un tiempo de transición, no solo de un año a otro o incluso en términos de cambio de siglo, sino en cambio de milenio, y por supuesto cualquier momento de la historia donde hay un cambio de milenio, todos los historiadores y los sociólogos, y los que hacen pronósticos hablan de la importancia de ese momento de la historia.

Ahora, los historiadores de hoy han descrito nuestro tiempo como la era poscristiana. Un tiempo en el que la enseñanza del cristianismo es considerada cada vez más irrelevante. Un tiempo en que la iglesia se ve como un museo anticuado, pasado de moda. Y en ciertos lugares de Europa ha quedado reducido al nivel de mausoleo.

Ciertamente, la sepultura para aquellos que han declarado la muerte de Dios, a pesar de que quedan restos en este mundo de un grupo vibrante de creyentes cristianos que todavía viven en este momento, confiando en las promesas que se hicieron hace 2.000 años. Dos mil años es mucho tiempo y hay cierta ironía en esto pues nos encontramos ahora en ese punto donde casi 2.000 años han transcurrido desde el nacimiento de Jesús, pero con motivo del nacimiento de Jesús, recordarás que el ángel, Gabriel, vino a una joven y le anunció que daría a luz un bebé, cuyo nombre sería Emmanuel y esta joven doncella bajo la influencia del Espíritu Santo, hace 2.000 años, elevó un cántico.

Todos conocemos ese cántico, a todos nos encanta. Es llamado El Magnificat en el que María, bajo el poder del Espíritu cantó «Mi alma engrandece al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador». Y si examinamos el texto de El Magnificat y llegamos hasta el final del cántico, aquí están las palabras que salieron de María. ella dijo: “Ha ayudado a Israel, su siervo, … tal como dijo a nuestros padres, a Abraham a su descendencia para siempre.”
Poco después de este cántico de alabanza guiado por el Espíritu Santo a través de los labios de María, otro cántico aparece en la Escritura y este cántico lo interpreta el padre de Juan el Bautista, Zacarías, y en medio del cántico, él dijo esto: «Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecen para mostrar misericordia a nuestros padres, y para recordar su santo pacto, el juramento que hizo a nuestro padre Abraham».

Entonces, esta es la ironía: Nos encontramos en los albores de un nuevo milenio. Nos encontramos en ese momento de la historia en que estamos a 2.000 años de distancia de las promesas de Cristo y algunas personas tienen dificultad para creer en ellas porque ha transcurrido tanto tiempo, mucho tiempo.
Pero María y Zacarías, irónicamente, estaban prácticamente en la misma situación porque contemplaban dos milenios, recordaban los pasados 2.000 años y bendecían a Dios al recordar la promesa que había hecho a otra persona 2,000 años antes de que vivieran.

Así que, en un sentido muy real, María y Zacarías representan una situación similar a la que nos enfrentamos hoy, y tanto el uno como el otro bajo la inspiración del Espíritu Santo celebraron que Dios tuvo un recuerdo.

Dios recordó Su promesa. Se acordó de su promesa de tener misericordia y, por supuesto, esa promesa era la promesa que le había hecho hace 2.000 años atrás al patriarca Abraham. Ahora, ya dijimos que el Antiguo Testamento, en cierto sentido, es la autobiografía de Dios, cuyo protagonista principal es Dios el Padre, ya que su carácter se revela en cada palabra que se habla en el texto del Antiguo Testamento, en cada acción registrada, cada relación que es recordada.

Pero desde la perspectiva humana, desde el plano de la historia humana, nosotros podríamos abordarlo de otra manera y podríamos decir: «Bueno, todo el registro del Antiguo Testamento es una historia de los descendientes de Adán y Eva».

Pero, por supuesto, toda la historia es una historia de los descendientes de Adán y Eva, porque ellos son los padres de todas las personas que ya han vivido. Pero, en un sentido más específico, todo el ámbito de la historia del Antiguo Testamento es principalmente la historia de los descendientes de un solo hombre. De hecho, si hoy fuera una telenovela, probablemente se llamaría algo así como ‘La familia de un solo hombre’ .

Y, el hombre cuya historia familiar está registrada en toda la literatura del Antiguo Testamento es Abraham. Ahora, por supuesto, una de las situaciones críticas de nuestro tiempo, donde se manifiesta este espíritu de escepticismo que declara que estamos viviendo en la época poscristiana, manifiesta esa actitud escéptica hacia la confiabilidad histórica del Antiguo Testamento y en especial de los primeros capítulos del Antiguo Testamento.

Y en los pasillos de los eruditos bíblicos y los que se entregan a lo que se llama la Alta Crítica, en los últimos 150 ha habido años un ataque masivo contra el carácter histórico de Abraham. Abraham ha sido considerado como un personaje mitológico, solo una leyenda cuya vida nos da algún tipo de lección parabólica, pero aparte de las lecciones morales que podemos aprender de esa saga, no hay ninguna sustancia histórica real en ella.

Y, por supuesto, en el siglo XIX, estos supuestos se consideraban como deducciones seguras de la investigación académica. Pero algo ha pasado, muchas cosas han sucedido sin duda en el siglo XX que traen un cambio dramático a ese espíritu de escepticismo.

William Foxwell Albright, antes de morir, reprendió severamente a los estudiosos de la Biblia por ignorar la evidencia concreta de la investigación arqueológica, y permitir que la especulación filosófica trajera un espíritu de cinismo y escepticismo al texto del Antiguo Testamento.

Y, en el corazón de todo eso está la historia de Abraham. Permítanme mencionar algunas cosas que han sucedido en el siglo XX que son importantes para nuestra comprensión de la historia del Antiguo Testamento.

En 1929, hubo un descubrimiento en Ras Shamra que demostró, más allá de toda duda, que la escritura había sido ya desarrollada en el segundo milenio antes de Cristo en el Medio Oriente; porque los escépticos del siglo XIX afirmaban que no había ningún escrito en el mundo hasta ese momento, y que el registro de Abraham debió llegar significativamente más tarde porque la escritura no había sido desarrollada en esa parte del mundo.

En 1935, se descubrieron las tablillas Mari que representan un registro histórico de las costumbres y patrones de comportamiento que reflejan y duplican exactamente las costumbres que se registran en el relato de la vida de Abraham.

También en la década de los 30 se realizó otro descubrimiento dramático con las tablillas de Nuzi, las que nos dieron una gran cantidad de información de los tiempos del Antiguo Testamento. Mostrando correspondencia entre costumbres y patrones de comportamiento, documentos legales y ese tipo de cosas.

Y más recientemente, el descubrimiento de Ebla que probó la existencia de ciudades, pueblos, incluso nombres que aparecen en la Biblia; todo lo cual ha demostrado que, al parecer, cada vez que un arqueólogo levanta una pala llena de tierra, se comprueba la autenticidad de otro aspecto de este registro.

Entonces, lo que vamos a decir al iniciar es que cuando consideramos la historia de Abraham, no debemos considerar la historia de Abraham como un ejercicio en mitología, sino como un anuncio que llega a nosotros en las sagradas escrituras y que tiene lugar en la historia real, en espacio real, en tiempo real, donde un Dios real llama a un individuo real de una tierra pagana, le habla, lo consagra y le hace una promesa que cambia todo el curso de la historia.

Echemos un vistazo a ese registro que se encuentra en el capítulo 12 del libro de Génesis. Leemos al principio del capítulo 12 sobre este hecho. “Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan».

Algunos de ustedes recordarán del Panorama del Antiguo Testamento que fue producido por unos luteranos llamado Serie de la Biblia Betel. Esa introducción particular del Antiguo Testamento usa gráficas interesantes con cada segmento del período que se está estudiando.

Y la forma en que este segmento de la vida de Abraham está subtitulado es por las palabras: «Bendecido para ser bendición».

Me pareció que era un método maravilloso de capturar de forma sucinta y concisa la esencia misma de lo que está pasando aquí en términos de la importancia histórica de este Abraham.

Dios no solo lo bendice como a un individuo para su propio beneficio, sino que Abraham es bendecido para que pudiera ser un instrumento de bendición para manifestarse a multitudes que vendrían después de él.

Él fue bendecido para ser una bendición y ese motivo se desarrolla a través de todo el periodo del Antiguo Testamento e incluso en el período del Nuevo Testamento—que cuando Dios nos bendice, Él lo hace para que podamos llegar a ser bendición para los que nos rodean.

Pero si nos fijamos ahora en los elementos de esta promesa, vemos en primer lugar que se hace un pacto. Un pacto que se anuncia en el capítulo 12 y es ratificado de forma increíble en el capítulo 15 de Génesis, el cual les recomiendo estudiar con cuidado porque en el capítulo 15 de Génesis, Dios responde a las preguntas de Abraham cuando él le dijo: «¿cómo puedo saber que estas promesas que me estás haciendo se harán realidad?

Y Dios, en el contexto de ese capítulo, sella su promesa con un juramento y en ese juramento es como que Dios le dice: «Abraham, si no cumplo con cada palabra que te he hablado, sea cortado por en medio».

Dios respalda Su promesa no por jurar por la tumba de su madre porque él no tiene madre, no por la tierra porque es el propio estrado de sus pies, ni por los cielos porque es su morada, sino que Dios jura por Su propio carácter santo y Su propia naturaleza divina.

De nuevo, ¿cuáles son los términos de esta promesa del pacto que Dios hizo a Abraham y cuáles son las consecuencias para el resto de la historia bíblica y cómo pueden ser relevantes para nosotros y qué fue aquello que llevó a María a cantar el Magnificat y a Zacarías su cántico de alabanza? Bueno, si notas lo que leí, hay tres elementos en esta promesa.

El primero de ellos es la promesa de la tierra. Dios le dice a Abraham: «Abraham, quiero que en tu vejez te levantes de la tierra de tu padre, de todo el entorno familiar que tienes, y quiero que te muevas; y yo te llevaré a una tierra que no sabes dónde está y que no sabrás donde estás yendo hasta que llegues allá; y te voy a dar esa tierra a ti».

Así que la primera promesa tiene que ver con la tierra y hablaremos más de eso en un momento. Y el segundo elemento es, “yo te haré padre de una gran nación” y más tarde se describe de forma más específica cuando Dios le dice a Abraham, «Mira el cielo nocturno y si puedes, trata de contar las estrellas del cielo”.

Si alguna vez ha estado fuera en una noche clara de verano y miras al cielo, a la Vía Láctea en una noche clara,
la Vía Láctea parece como una densa nube en el cielo, pero no es una nube. Parece una nube densa porque está compuesta de millones y millones de estrellas individuales.

Y Dios dijo a Abraham: «Mira el cielo nocturno, cuenta las estrellas» y él empieza 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10. Él podría haber permanecido allí desde el día que Dios le pidió que contara las estrellas hasta hoy y seguiría contando, por más que estuviera contando tan rápido como pudiera.

Y luego lo llevó a la orilla del mar y le dijo: «Mira los granos de arena a lo largo de la costa y cuéntalos, cuéntalos si puedes, porque…. así …será…. El…. número ….de …tus….. descendientes».

Ahora, este es un hombre al que Dios le dijo, que Dios le dijo: «Abraham, Yo soy tu gran recompensa», y él dijo: «Bueno, ¿qué recompensa tengo cuando estoy sin hijos y mi heredero es mi siervo, Eliezer de Damasco?

Soy demasiado viejo, mi esposa es demasiado vieja para tener hijos». Pero Dios dijo: «No sólo vas a tener descendientes, sino que van a ser como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Vas a ser el padre de una multitud de personas».

Así que el segundo elemento es la promesa de la descendencia. Y el tercer elemento es que a través de Abraham y su descendencia, una bendición vendría sobre las naciones. A través de esta acción, el mundo entero recibirá una magnífica bendición.

Entonces aquí están los tres aspectos de esta promesa del pacto que Dios hizo con Abraham. Ahora, ¿qué sucede realmente si miramos el resto del período y miramos el resto de la historia de estas promesas? ¿Cuánta tierra poseyó Abraham y fue suya?

La única propiedad que vivió para poseer fue Macpela el lugar donde lo sepultaron. Esa fue toda la extensión de su propiedad.Y ¿qué pasó con sus descendientes? Conocemos la historia de cómo Dios prometió bendecirlo, hacerlo el padre de una gran nación, por lo que esperaba tener un hijo, pero ningún hijo llegaba.

Incluso cuando la promesa fue dada a Abraham en su vejez, pasó un año, pasaron dos años, pasaron cinco años más; años y años pasaron, y su esposa seguía siendo estéril. Ellos siguieron una costumbre que, por cierto, se ha demostrado que era parte de un ritual antiguo a través de esas tablillas que mencioné que se descubrieron en el siglo 20.

Su esposa, Sara dio su sierva esclava a Abraham para que ella fuese una madre sustituta y así la promesa de Dios se cumpliría. Entonces, Abraham se unió con Agar y tuvieron un bebé y su nombre fue Ismael. Abraham dijo: «Tengo un hijo» y ahora las promesas de Dios toman lugar y tal vez voy a tener descendencia como las estrellas y como la arena», pero la promesa de Dios no fue a través de Ismael.

Fue a través de Isaac que la promesa de la simiente de Abraham se cumpliría. Abraham trató de que sucediera de forma artificial, pero no es lo que Dios tenía en mente.

Entonces Dios obró sobrenaturalmente e hizo que el vientre de Sara fuera fértil y el verdadero hijo de Abraham y Sara naciera. Su nombre tal como lo conocemos es Isaac, que en hebreo significa «risa» porque cuando Abraham dijo a su esposa que iba a tener un bebé, según la promesa de Dios, ella dijo que era la cosa más graciosa que jamás había oído.

Ella sólo gritó y le dijo: «Si tenemos un bebé, llamémoslo ‘risa’» y entonces nació Isaac. Pero ¿te das cuenta lo que pasó con la promesa de la tierra?

Abraham esperó y esperó y esperó y él fue puesto a prueba. Una y otra vez fue llevado a confiar en la veracidad de esa divina promesa. Y como he dicho, nunca heredó la promesa de la tierra más que la de su tumba. Y ahora, mientras se regocijaba con el nacimiento de Isaac, Dios viene a él y lo pone a prueba en Génesis 22 cuando le dice a Abraham: «Ahora toma a tu hijo, tu único hijo, el hijo que amas, Isaac y ve al monte Moriah y dámelo a mí. Sacrifícalo para mí. Mátalo».

Y la prueba suprema vino a Abraham cuando hizo ese viaje terrible al monte Moriah, que según la tradición se encuentra en el punto exacto que más tarde en la historia sería llamado Monte Calvario donde Dios tomó a Su hijo, Su único hijo, el hijo a quien él amaba, Jesús,

Y realizó el sacrificio y le quitó la vida como el sustituto por nosotros y por Isaac, porque Abraham pasó la prueba e Isaac fue salvado para que pudiera tener un hijo y que el hijo de Isaac pudiera tener un hijo y así, a través de esta descendencia las promesas del pacto se cumplirían y por medio de esta herencia, a través de esta línea como dijo el apóstol Pablo,

a través de la descendencia de Abraham, todas las naciones del mundo tienen ahora los beneficios de la obra de Cristo, el más grande hijo de Abraham. Pero esto no ocurrió sin pruebas, y el punto es que no tuvo lugar inmediatamente.

Esa bendición que fue prometida a Abraham tuvo que tomar 2.000 años antes que se cumpliera, hasta que una señorita escuchó el anuncio de Gabriel y ella dice que, «Él recordó». Recordó la misericordia, se acordó de la promesa que le hizo a Abraham.

Así como el Espíritu anunció a Zacarías que su hijo sería el precursor, el heraldo de la venida del Mesías, bajo el mismo Espíritu Santo, Zacarías dijo: «Se acordó de la promesa» y toda la historia de la redención es el desarrollo de ese evento hace 4.000 años atrás.

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Una vez, después de dar una conferencia en una universidad, me invitaron a ir a uno de los dormitorios para tener un tiempo espontáneo de preguntas y respuestas al que llamábamos una charla con los alumnos, y alguien me hizo una pregunta sobre la Biblia, pero yo no tenía mi Biblia conmigo. Me di la vuelta y dije ¿alguien aquí tiene una Biblia?

Uno de los estudiantes me lanzó un libro. Lo atrapé y lo miré, y vi que era el Nuevo Testamento. Lo lancé de vuelta y dije, yo pedí una Biblia. En ese momento, la gente no sabía a lo que me refería. Bueno, dije, esto es parte de la Biblia. Ese es el Nuevo Testamento.

En esa situación, viví algo que me parece se ha extendido en nuestra cultura y es que la gente actualmente parece creer que la única parte de la Biblia que realmente importa para la vida cristiana es el Nuevo Testamento.

Es como si el Antiguo Testamento no solo fuera arcaico, sino también obsoleto, pasado de moda, sin relevancia para la vida del cristiano. Entonces, antes de continuar en nuestro estudio sobre este panorama general de la Biblia «Del polvo a la gloria», te pregunto: ¿cuál es la importancia del Antiguo Testamento?

Si estudiamos el Antiguo Testamento, vemos que contiene todo tipo de información sobre la creación, sobre las personas, sobre la historia, los conflictos, las guerras, las migraciones, la esclavitud, el pecado, todo tipo de asuntos que ocurren en esta historia dramática.

El Antiguo Testamento no es solo un libro de historia, porque por sobre todo, lo que el Antiguo Testamento logra, amados, es la revelación que Dios hace de Sí mismo.

El personaje principal en el Antiguo Testamento es Dios. Es en las páginas del Antiguo Testamento, cuando Dios revela su ley, cuando revela sus promesas, cuando interactúa con su pueblo pactado en todo lo que dice, y todo lo que hace, cada evento que se registra en el Antiguo Testamento sirve para remover en parte el velo del rostro de Dios y revelar su carácter puro a nosotros.

¿Cómo podría un cristiano llegar a pensar que el Antiguo Testamento es irrelevante? Si fuera irrelevante significaría que el carácter de Dios es irrelevante, y Él es el personaje principal.

En un sentido muy real, el Antiguo Testamento es la autobiografía de Dios. Trata de cómo Él se relaciona con el mundo que Él hace y el mundo que está cayendo. Ahora, al llegar a la siguiente etapa de este relato en el Antiguo Testamento, teniendo esto en cuenta, recuerda que en los dos primeros capítulos de Génesis casi todo lo que se registra va seguido de una bendición excepto por un punto, la primera maldición que se pronuncia en la Escritura es cuando Dios dice que algo no es bueno, después de haber creado el mundo, Dios dijo que era bueno. Luego creó a Adán, lo miró y dijo, hay algo que no está bien aquí. No es bueno que el hombre esté solo.

Y la primera maldición de la Sagrada Escritura fue pronunciada por Dios contra la soledad humana. Entonces, es en ese contexto que Dios realiza la creación especial de la mujer. El hombre y la mujer son así unidos como corregentes con Dios sobre la esfera creada.

Hasta ahora todo va bien, aunque hubo esa maldición sobre la soledad, Dios rectifica y redime esa condición al crear a la mujer. Pero tan pronto llegamos al tercer capítulo de Génesis, de repente, la atmósfera, el ambiente, el tenor, el sonido mismo de la Escritura sufre un sutil cambio.

El ya fallecido Edward Joseph Young, escribió un libro completo sobre el tercer capítulo de Génesis. Empezó ese libro hace décadas diciendo: “Las primeras palabras de Génesis tres, tienen una nota de mal augurio, de un mal resentimiento, una especie de presagio que prepara al lector para una intrusión, una interrupción en el desarrollo de esta majestuosa historia de la bondad de la creación y comienza con estas palabras perturbadoras: «Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho.” Pero la serpiente era más astuta.

No nos hemos encontrado la idea de algo sutil, seductor, sagaz o malicioso hasta este momento.Es decir, las mismas palabras sugieren la intrusión de algo malévolo, algo perverso, algo malo, algo oscuro. ¿Recuerdas a Jesús en el Nuevo Testamento cuando vio que Natanael se le acercaba y lo llamó para ser uno de sus primeros discípulos? ¿Qué dijo Jesús sobre Natanael? “He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño.” No había nada escurridizo, nada escondido, nada oculto o siniestro en este hombre.

Con Natanael, lo que ves es lo que hay, un israelita en quien no había engaño. Bueno, en el capítulo tres de Génesis, se nos presenta a una criatura en quien solo hay engaño, que es la personificación de la astucia.

“La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo”, totalmente engañadora y su astucia siniestra se ve en las primeras palabras que dirige a las criaturas de Dios. He dado conferencias sobre esto muchas veces y he tratado de establecer los paralelos entre las circunstancias que se desarrollan en el paraíso, y las circunstancias que se dieron en el desierto judío, cuando la misma serpiente llegó al segundo Adán con el mismo plan tentador,

Y aquí viene básicamente, con la misma pregunta. La serpiente viene a Eva y le pregunta, ¿Ha dicho Dios? ¿Ha dicho Dios? ¿Les ha dicho Dios que no pueden comer de ninguno de árboles del huerto? Esa es la pregunta, pero ¿qué hay de engañoso en esa pregunta?

Es evidentemente falsa y debió haber sido evidente al instante y lo fue para Eva, que la pregunta que hacía la serpiente estaba contaminada con el error y comunicaba información equivocada y mal informaba, porque es perfectamente claro que Dios no había dicho eso, y con esta pregunta que hizo la serpiente, Eva es la primera en actuar como defensora de la fide, de la fe.

Ella defiende la verdad de Dios, ella defiende la integridad de Dios de esa sugerencia calumniosa. Ella dice, “por supuesto que Dios no dijo que estamos prohibidos de comer de cualquier árbol del huerto, De hecho, Dios dijo que podemos comer de todos los árboles. Él solo colocó límites a un árbol, el cual no debemos tocar, y si lo tocamos, el día que comamos de ese árbol, ciertamente moriremos, pero de todo el resto de los árboles, podemos comer con absoluta libertad.

Lo sutil de esta sugerencia velada de la serpiente es que si Dios pone límites a algo, si Dios dice que no a cualquier punto de tu libertad, si Dios da leyes, si Dios se atreve a ejercer su soberanía sobre ti, si Dios dice qué pueden o qué no pueden hacer, entonces bien podría Él quitarles toda su libertad, porque él los ha reducido a la condición de esclavo, de marioneta o de una herramienta en Sus manos.

Quiero que entendamos aquí que el punto de ataque de la serpiente contra nuestros primeros padres fue atacar la Palabra de Dios. Cuando Satanás llevó, mejor dicho, cuando el Espíritu llevó a Jesús al desierto y Satanás se le acercó después de 40 días y 40 noches, le dijo a Jesús: en primer lugar, si eres el Hijo de Dios convierte estas piedras en pan.

Ahora, ¿por qué no solo vino a Jesús y le dijo, Jesús convierte estas piedras en pan? Así, todo el propósito de la tentación habría sido alterado radicalmente. ¿Por qué?

Considera que la tentación, la propuesta seductora de convertir las piedras en pan, fue precedido por una declaración condicional, una premisa de «si, entonces». Si eres Hijo de Dios, entonces convierte estas piedras en pan.

Ahora, trae a la memoria lo que sucedió en el bautismo de Jesús, que después de entrar en el río Jordán para ser bautizado por Juan y ya el agua había sido derramada sobre él, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió en la forma de una paloma. Y esta es una de las tres ocasiones en el Nuevo Testamento donde se nos relata que Dios habló de manera audible tal como está registrado.

Cuando Jesús en su bautismo oye la voz de Dios, que anuncia de forma audible, “este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Es inmediatamente después de que oye estas palabras que el Espíritu lleva a Jesús al desierto para ser tentado por Satanás.

Ahora, noten que Satanás no viene a Jesús y le dice, “ya que eres el Hijo de Dios convierte las piedras en pan”, sino «Si eres Hijo de Dios». A veces, cuando no estamos seguros sobre una solución o cómo van a resultar las cosas, decimos que las circunstancias están ¿qué? Inciertas. Que son inciertas.

Nosotros no tenemos ninguna seguridad o certeza de que tal o cual cosa va a suceder o que tal o cual cosa corresponde a la realidad. ¿Ves la sutileza?

Satanás se acerca a Jesús y le dice, bueno, si puedes realmente confiar en la Palabra de Dios, pongámoslo a prueba, convierte las piedras en pan, lánzate desde el pináculo del templo y cosas así. Todo el encuentro entre Jesús y Satanás se centró en la fiabilidad de la Palabra de Dios.

No olvides eso, porque si estás seguro dentro del redil del Buen Pastor, si eres cristiano y estás en el seno de la Iglesia de Jesucristo, pero todo eso no es un refugio que sea completamente ajeno al mismo ataque de Satanás, porque este ataque es hecho en este mundo a todo cristiano.

¿Puedes realmente vivir de toda palabra que procede de la boca de Dios? No hay mayor controversia en la iglesia de hoy que el tema de la fiabilidad, la fiabilidad de este libro, de la Palabra de Dios. La serpiente no se limitó solo a elevar esta propuesta en dos ocasiones en la historia del mundo.

Es su modo de operar favorito. Mientras tanto, de regreso en el huerto de Edén, él vino a Eva y le dijo, «Dios dice que no puedes comer de ninguno de los árboles del jardín».

Ella le respondió, por supuesto que no. Ella defendió la verdad de Dios. La mujer dijo, «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis. Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal.”

Ahora, ya no hay sutileza y un ataque directo a la verdad de Dios es lanzado por la serpiente, que abiertamente contradice lo que Dios ha dicho.

Dios dijo, si haces esto, esto te pasará. Si comes de ese árbol, ciertamente morirás.

Satanás dice, no morirás.
Satanás dice, no morirás.
Satanás dice, no morirás.

Satanás está diciendo que pueden desobedecer a Dios y salirse con la suya, pueden transgredir la ley de Dios sin afrontar ninguna consecuencia. Tú puedes cometer traición cósmica en contra de tu Creador y no hay pena de muerte porque Dios ama a todos incondicionalmente.

Ese es el mensaje que escucho no del mundo secular, sino que lo escucho de la iglesia. Es el mismo mensaje. No vas a morir, no vas a morir, no vas a morir, así que adelante, come.

Una vez más, la sutileza logra su objetivo. “Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal.” ¡Oh! ¿Qué respondió ella a esto? ¿Qué quieres decir con que voy a ser como Dios? ¿Yo ya soy como Dios? ¿No me creó Dios a su imagen? ¿No me creó Dios a su semejanza? Ya soy como Dios. ‘En ese sentido, sí’ dice la Serpiente; en sentido general, en el espectro amplio de semejanza, pero yo hablo de ser realmente como Dios, en el sentido divino. Una semejanza, una semejanza Eva, que va a borrar la distinción entre criatura y creador.

No serás simplemente mortal, finita y limitada, sino que pasarás al siguiente nivel. Podrás tener el tipo de conocimiento que Dios tiene. Tú serás como Dios. Ahora, los teólogos ven esto en la historia y dicen que lo que está pasando aquí en esta tentación es una invitación a la autonomía, a que la criatura se gobierne a sí misma, a aferrarse al autogobierno.

Autonomía significa ser la ley para uno mismo. Una vez más, ¿cuál es la dinámica aquí en la historia de la caída, ¿cuál es el conflicto? ¿Cuál es el punto básico de colisión? La colisión se produce en el punto de impacto entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre. Es una batalla por la soberanía, es una batalla por la autoridad.

¿De quién es el mundo? ¿Las palabras de quién prevalecerán? Satanás dice: Si tan solo saboreas esa fruta, caerá el yugo de la esclavitud que el creador ha puesto sobre ti. Él ya no será soberano, porque ya en ese árbol, justo ahí está el fruto de la soberanía, de la autonomía. ¿Quién es el que está hablando?

Aquel que es descrito de diversas maneras y medios a lo largo de la Sagrada Escritura, que está representado principalmente en el Nuevo Testamento por el hombre de pecado, que es siempre el enemigo de la ley de Dios. Él le dice a Eva: Eva ¿quieres vivir tus días bajo la ley cuando puedo darte libertad de la ley? Este es tu boleto a la soberanía.

“Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido con ella y él comió,” y luego …, los ojos de ambos se abrieron.

De repente, sabían el bien y el mal, pero no se escapaban de la soberanía de Dios. Sus ojos fueron abiertos, pero ¿qué vieron? Ellos vieron su vergüenza.

De repente se dieron cuenta de su desnudez, de su bancarrota, de su empobrecimiento, y huyeron para esconderse de la presencia de Dios. Piensa en esto, tú has sido hecho para correr a la presencia de Dios, para deleitarte en la presencia de Dios, para disfrutar de la presencia de Dios mientras Él se mueve en la frescura de la tarde, pero aquí sucede algo que coloca una barrera, un abismo, una pared, como lo quieras describir, entre la dulzura de la comunión que era el propósito de Dios para ti en tu propia existencia humana.

Ahora, en vez de apresurarse a abrazar su creador cuando entra en el huerto, las primeras criaturas corren por sus vidas y se ocultan, se convierten en fugitivos de la mirada de Dios . Y, amados, hemos seguido esa ruta desde ese mismo día, y el resto de la historia de este libro «Del polvo a la gloria» no se trata de la búsqueda de Eva y Adán tratando de encontrar a Dios.

No se trata de la determinación de Eva y Adán para salir de detrás de los arbustos y abrazar de nuevo la dulzura y la santidad de Dios, sino que todo el resto de este libro es la historia de Dios buscando a sus criaturas, inclinándose para cubrir su desnudez, tratando con su vergüenza, cubriendo su culpa y restaurándoles a su posición como los portadores de la imagen de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Del polvo a la gloria. Cuando consideramos el título de este estudio y la introducción de las Escrituras, me intrigan un poco las palabras del medio, «a la». Del polvo a la gloria.

Usamos esas palabras con frecuencia en nuestro idioma, ¿no es así? Decimos que algo es de la «A a la Z.» La Biblia habla que Israel subió a la región montañosa, por ejemplo. Cuando utilizamos estas palabras «a la», estamos hablando de una meta, un objetivo o un propósito.

Estamos describiendo algún tipo de movimiento que tiene su punto de partida aquí y un destino por allá. Recuerdan nuestro estudio de Génesis 1, en la primera frase del Antiguo Testamento tenemos la afirmación de que existe un punto de partida en el tiempo y el espacio, pero que lo que comienza en un determinado punto en el tiempo y espacio está moviéndose.

No solo los planetas se mueven en sus órbitas, sino que la historia misma se está moviendo. Se mueve a un punto designado. Y en el concepto hebreo de la historia, estamos hablando de la historia que se inauguró con el acto de la creación de Dios, y que tiene su meta y su consumación en el propósito redentor de Dios. Me gusta contar la historia de una de mis nietas que, ahora mismo, tiene más o menos tres años. Tan pronto como aprendió a hablar, mi hijo empezó a enseñarle el catecismo infantil con preguntas muy simples. «Darby, ¿quién te hizo?» Y Darby decía: «Dios me hizo.» Mi hijo tenía esas preguntas y la que más me gustaba y que solía preguntarle a Darby cuando ella tenía dos años de edad era: «Darby, ¿por qué Dios te hizo a ti e hizo todas las cosas?» Darby decía con simpleza, «Para su gloria».

Y pensé: «Espero que ella nunca, nunca jamás se olvide de eso». Ese es el punto, la pregunta del «por qué». ¿Por qué un mundo? ¿Por qué la gente? ¿Por qué la historia? Para su gloria.

Ahora, cuando utilizamos la palabra «para» en este caso, o las palabras «a la,» estamos incorporando en nuestras mentes una idea muy importante, la idea de propósito. Ahora, cuando leemos las Escrituras, estamos leyendo un libro que va mostrando en cada página un propósito divino para tu existencia, para mi existencia, y para la existencia de todo este universo.

Hace poco estaba de vacaciones con mi esposa. Y no estoy acostumbrado a estar a tal nivel de relajación donde no hay «nada que hacer», porque realmente he encontrado que es imposible no hacer nada. «Nada» no es otra cosa que «lo que no es». Y dado que ‘no es’, no puedo hacerlo.

Así que yo le decía a mi esposa todos los días, «¿Qué quieres hacer hoy? ¿Qué vamos a hacer?» Le estaba haciendo una pregunta de propósito. «¿Cómo usaremos este tiempo?» «¿Cuál debería ser nuestro objetivo? ¿Cuál debería ser nuestra meta?» Ahora, cuando nos sumergimos en la historia de la creación de la humanidad, al final de capítulo 1 del Génesis, tenemos este registro.

Génesis 1:26: «Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Lo puedes ver? Al igual que en la primera línea del Antiguo Testamento, aquí hay una descripción del obrar de Dios con propósito. Dentro de la Divinidad, hay una conversación. Dentro de la Trinidad hay un acuerdo. Dentro de la Divinidad, hay un plan de acción. Y no es como si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieran de vacaciones, y uno le dice al otro: «Bueno, ¿Qué vamos a hacer hoy?»

Sino que hay una declaración de propósito que viene de Dios mismo cuando Él dice, «Vamos a hacer algo. Hagamos ahora al hombre a nuestra propia imagen». Ahora, de nuevo, esta es una declaración tan sencilla en Génesis que podemos inclinarnos a pasarla con rapidez y dejar de señalar su profundo significado.

Si hay alguna crisis en el pensamiento humano y la filosofía a finales del siglo 20, sobre todo en el mundo occidental, es una crisis que se centra en esta palabra: «propósito». Y la crisis de propósito se une junto con el eclipse de la idea de la creación divina, porque está implícito en la idea de la primera línea de la Escritura que en el principio Dios creó los cielos y la tierra.

Y es está idea de que el mundo y todo lo que hay en él, no es un accidente, sino, más bien, que todo ha llegado a ser a través de una decisión inteligente, ordenada de un ser sobrenatural que tiene un propósito para todo lo que hace. Pero si adoptamos la visión del mundo que predomina hoy, nos separamos instantáneamente de toda esta idea de propósito porque, ¿qué se nos dice? Se nos dice que somos el producto de fuerzas ciegas del azar. Como un filósofo dijo, «Somos gérmenes adultos que hemos surgido del fango por casualidad. Somos accidentes cósmicos sin propósito inherente a nuestra existencia».

Es por eso que Albert Camus hizo la observación filosófica a mediados del siglo 20, de que solo queda una pregunta por considerar a los filósofos, y esa es la pregunta del suicidio ya que el suicidio se convierte en una opción cuando no hay respuesta a la pregunta: «¿Por qué?» En el momento en que creo que mi vida no tiene propósito y que la historia no tiene propósito, y el universo mismo no tiene propósito, si es que aún pienso, tengo que hacer la pregunta que planteó Camus.

Hamlet lo dijo de esta manera: «Ser o no ser, esa es la pregunta». Lo que hizo es ponerse a reflexionar sobre su propio dilema, «¿Ser o no ser? Esa es la pregunta». ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponerse al acabar con ellos? ¿Qué estaba preguntando? Él dijo: «Aquí estoy, tirado en mi existencia en este momento y lo que enfrento, según lo que puedo ver son golpes y flechas — ¿de qué?» De la fortuna, fortuna injusta.

Esa es una manera sofisticada e isabelina de considerar la existencia humana solo como un producto del azar — que tu vida es un evento fortuito. Y eso es lo que el punto de vista imperante de nuestra cultura le está gritando cada día a nuestros hijos. «Tú eres un accidente cósmico». «Eres un germen adulto». «Vienes de la nada, vas a la nada, pero mantente tranquilo cuando enfrentes el azar y la suerte, las cuales son adversas».

Pero la pregunta que se plantea es un asunto de nobleza, un asunto de virtud. ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponerse, acabar con ellos, morir? Esa es la opción: morir. ¿Y luego ¿qué? Dormir, tal vez soñar. Ahí está el problema. Porque en aquel sueño de muerte, los sueños que puedan surgir cuando hayamos muerto deberían darnos una pausa, ahí está el aspecto que se vuelve una calamidad. Oh, adiós vida”.

Él está diciendo, «¿Qué pasa si hay algo más allá? ¿Qué pasa si soy responsable? ¿Qué pasa si hubiera un propósito para mi existencia? ¿Y qué si hay más que una fortuna injusta en la que me encuentro?» Esa pregunta que hace eco en la literatura, en el cine, en cada medio cultural, es el tema del propósito. ¿Quién soy? ¿Por qué soy?

La respuesta a esta pregunta se encuentra al final del capítulo 1 cuando Dios dice, «Hagamos al hombre.» En donde el acto del origen de la existencia humana es el resultado de una decisión inteligente de un ser omnisciente y eterno que sabe lo que está haciendo. Como lo dijo alguna vez Albert Einstein, «Él no juega con dados». Lo que Einstein estaba diciendo es que el origen del universo no es producto del azar sino que es la obra de una deidad intencional.

Yo podría decir que el problema que separa las visiones del mundo en nuestro día se reduce a esta pregunta: «¿Hay un propósito para tu existencia o no lo hay?» Y si no hay Dios, te garantizo que no hay propósito. Y si no hay propósito, entonces no hay Dios.

Pero si hay un Dios, entonces hay un propósito. Y si hay un propósito debe haber un Dios. Incluso Aristóteles entendió eso. O mejor dicho, especialmente Aristóteles entendió eso. “Hagamos al hombre a nuestra imagen,” y así, la Escritura nos habla del origen de la humanidad.

Y el lenguaje que se utiliza aquí en Génesis es un poco difícil de comprender, porque se nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Guau!

Después de todas las etapas anteriores de la creación donde Dios hace los árboles y hace los ríos y hace la luz del sol y divide los días y llena el agua con peces, y el aire con las aves, y hace que todos los distintos tipos de reptiles y todos los demás animales. Y cuando mira hacia atrás y ve lo que Él ha hecho, Él pronuncia su bendición y dice: «Es bueno».

Pero Él no ha llegado a la cima de su obra hasta que dice: «Después de que tengo todas estas criaturas y todos estos habitantes y todas estas cosas dominando y llenando el universo que he hecho, miro y veo que nada lleva mi imagen, nada tiene mi semejanza. Y así Dios dijo: «Vamos a hacer una obra creativa cuyo propósito sea ser a mi imagen y semejanza. Voy a hacer una criatura. No puedo, evidentemente, crear otro Dios.

Ni siquiera Dios puede crear otro Dios porque este segundo Dios, por definición, sería una criatura. Él sería finito, dependiente, derivado, contingente y todo lo demás. Esa es una de las cosas que Dios no puede hacer. No puede clonarse a sí mismo.

Así que no puedo simplemente duplicarme a mí mismo. Pero voy a crear una obra especial, con una capacidad especial para ser como yo, para llevar mi imagen, para reflejar mi gloria, para mostrar mi carácter al resto de la creación.

Y tomaré esta obra creativa y le daré dominio sobre todo lo demás. Así que todas las otras cosas, todas las demás criaturas en este mundo estarán subordinadas a esta criatura, que es la portadora de mi imagen». Así Dios nos crea a su imagen y semejanza. Ahora eso no quiere decir que somos exactamente como Dios. Pero hay cierta analogía, alguna analogía del ser, alguna manera en que nosotros, como seres humanos, somos como Dios.

Los filósofos y teólogos han especulado durante siglos, sobre qué es lo que precisamente implica esta idea de la imagen de Dios. Y en general lo que se asume que, al menos, parte de lo que significa ser a imagen de Dios es que Dios es un ser inteligente. Él es omnisciente. Él piensa. El está apercibido. Él es consciente.

Mira Star Wars y toda la película repite una misma línea una y otra vez, «Que la fuerza te acompañe». Pequeño consuelo el tener una fuerza contigo. ¿Qué significa eso? ¿Una descarga eléctrica? ¿Gravedad? ¿Un maremoto? ¿Erupción volcánica?

Todas esas son las manifestaciones de la fuerza, pero ¿podemos concebir la fuerza sin inteligencia? Ser hecho a imagen de Dios significa ser capaz de ser parte de este increíble fenómeno que llamamos pensar, reflexionar, decidir, aprender, conocer, razonar.

No podemos pensar como Dios piensa, como si tuviéramos omnisciencia o que seamos infinitos en nuestra perspectiva. En lo absoluto. Pero tenemos un punto de similitud, un punto de semejanza. No solo eso, sino que, al ser creados a su imagen, también somos criaturas morales. Vamos a estar estudiando próximamente, la historia de la caída en el Antiguo Testamento, la gran tragedia, por así decirlo, de la historia humana.

Pero lo único que se requiere para caer en la corrupción moral, es que debe haber una naturaleza moral con la cual empezar. Cuando la lluvia cae de los cielos y las gotas de agua golpean la tierra, no lo consideramos como si fuese pecado. Nosotros no pensamos en esto como una caída moral o como un asunto de corrupción.

Cuando un objeto cae al suelo, simplemente obedece las leyes de la naturaleza, de la gravedad en ese momento. Pero cuando hablamos de creación y redención, el gran problema que se está resolviendo en el ámbito de la historia bíblica es el problema de una caída moral.

Pero para que haya un problema de caída moral, primero tiene que haber una criatura moral. Y así, cuando Dios nos hace, Él no solo nos hace seres inteligentes, seres pensantes, seres racionales, sino que Él nos da una voluntad. Él nos da emociones para que podamos tomar decisiones y participar de acciones que son de tipo moral. No hay nada moral o inmoral en el rodar de una piedra o el soplo del viento, porque el viento no tiene conciencia. El viento no es más que una fuerza. En una palabra, lo que le falta es personalidad.

Pero cuando Dios crea y hace criaturas a su imagen, las hace personas. Tú eres una persona y entiendes, aunque no seas capaz de articular filosóficamente lo que implica la personalidad y lo que esto involucra con precisión. Sabes lo que significa cuando escuchas la palabra. Sabes que eres una persona, y todo lo que implica ese concepto dinámico de la personalidad.

Pero la personalidad que Dios inicia u ordena en la creación no es unidimensional. No es unisexual. No es andrógina. Sino que, Él crea a estas personas, hombres y mujeres. Así que, incluso dentro de la esfera humana de la creación, Dios crea un escenario para una relación que es magnífica entre un hombre y una mujer. Y Él capacita y dota a estas personas con una habilidad única para reflejar la misma gloria de Dios. Creo que muchas veces olvidamos el objetivo de la historia de la creación, porque se nos dice en el Génesis que todo el proceso de la creación se realiza en siete días. Y algo diferente, y único sucede en cada día de la creación.

Y el día de consumación para el judío nunca es el sexto día. Siempre es el séptimo día. Así que el día final es el séptimo día. El penúltimo día es el sexto día. ¿En qué día fuimos hechos? No en el séptimo, sino en el sexto. Debido a que el séptimo día es santo.

Ha sido hecho sagrado. Creo que en ese mismo acto, en esa misma obra de la creación, Dios le está diciendo algo a esas criaturas que Él hizo en el sexto día. Él nos está diciendo algo acerca de nuestro propósito. Que tú, como persona hecha a la imagen de Dios, has sido hecho para lo sagrado. Has sido hecho para lo Santo. Has sido hecho para reflejar su gloria.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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“Del polvo a la gloria”. Esas son las palabras que estamos utilizando para enmarcar toda la extensión de la historia bíblica, porque el propósito del estudio que iniciamos hoy es brindarles un breve panorama de las Sagradas Escrituras.

Viene a mi mente el momento inicial cuando nuestro Señor mismo fue confrontado con todo el concentrado arsenal del infierno, cuando en el desierto de Judea, Satanás vino a Él y trató de hacerlo caer; en ese encuentro Jesús le dijo a Satán: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Creo yo que si hay algo que captura la esencia de la vida de Cristo era su pasión por hacer precisamente eso, que cada paso que dio, cada palabra que dijo y toda obra que logró fue hecha siempre con la intención de obedecer toda palabra que sale de la boca de Dios.

Recuerdo que hace muchos años atrás, cuando empecé a enseñar, me encomendaron enseñar Introducción al Antiguo Testamento y luego Introducción al Nuevo Testamento, y tenía estudiantes que se acercaban a mí con gran entusiasmo y alegría diciendo: «Profesor Sproul, haces que la Biblia cobre vida para mí».

Por un lado, apreciaba mucho el cumplido y la adulación; en ese lado, el lado de la carne; pero había otra parte de mí que estaba angustiada por ese tipo de comentario. Y solía decirle a esos estudiantes que estaban tan emocionados, que estaba encantado de que respondieran de esa manera durante su viaje inaugural en el estudio las Sagradas Escrituras, pero también les decía: «Miren, yo no puedo hacer que la Biblia cobre vida porque no puedo hacer que algo cobre vida si ya está vivo. Ahora, no hay nada de malo en la Sagrada Escritura. Lo que podrás notar con mi ánimo y mi emoción es mi respuesta a las Escrituras. Sería más preciso decir que la Biblia me hace cobrar vida, en lugar de que yo haga que la Biblia cobre vida».

Hoy, en este escenario donde estoy exponiendo podemos ver todas esas Biblias que están puestas en las estanterías, vemos la diversidad de formas y tamaños, versiones y ediciones, y con las justas encontraremos una casa en EEUU donde no haya al menos una versión de la Biblia que esté guardada en un librero.

Y tenemos discusiones sobre la naturaleza de la Escritura y los argumentos sobre su autoridad y su inspiración, su infalibilidad, cómo se supone que debemos interpretarla. Esas cosas; pero la gran crisis de nuestros días, amados, es la crisis del abandono del contenido de este libro.

No nos hace bien si solo tenemos un alto concepto de las Escrituras, pero desconocemos lo que se encuentra en sus páginas sagradas, y sé que muchas personas cristianas comienzan con gran determinación al inicio de su vida cristiana y dicen: ‘Yo voy a leer la Biblia de principio a fin’. He hablado con grupos en distintas partes a quienes les pregunto: ¿Cuántos de ustedes han leído el libro del Génesis? Y la mayoría levanta la mano.

Y luego les digo: Ok, ¿y qué de Exódo? Levantan su mano. ¿Levítico? Las manos empiezan a bajar. ¿Y Números? ¿Deuteronomio? Las manos continúan disminuyendo. Luego me miran y dicen: ‘Es que no tengo la menor idea cómo leer el Antiguo Testamento. Los detalles me son extraños, son raros.’ Y cosas por el estilo.

Pero toda la Escritura nos ha sido dada por Dios para nuestra instrucción, para probarnos y para nuestra edificación. En el pasado he visto que si empezamos con un estudio amplio de los principales temas de las Escrituras, eso puede darnos ‘los ganchos’ por así decirlo, para colgar nuestro sombrero, y luego volver y ver cada libro de la Biblia, y finalmente cada versículo.

Lo que espero que podamos lograr en este breve tiempo juntos es encender un fuego en nosotros, para que podamos renovar nuestra determinación de dominar el contenido de la Sagrada Escritura. Dicho esto, empecemos nuestro estudio en la primera página. El primer capítulo en el libro de Génesis, empezando en el verso 1.
Veamos qué enseñanza encontramos en el texto. Leemos las siguientes palabras en la primera página de la Escritura: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Esa es la primera declaración, la primera afirmación que encontramos en la Santa Biblia y hay tres palabras en esta primera oración que creo son de vital importancia si es que vamos a iniciar bien, a fin de entender la totalidad del alcance de la historia redentora, del polvo a la gloria.

Esas tres palabras son: ‘principio’, ‘Dios’, ‘creó’ porque en estas tres palabras tenemos las afirmaciones centrales del cristianismo bíblico, que aparta al cristianismo de toda forma de ateísmo, toda forma de naturalismo, toda forma de secularismo, de humanismo, de existencialismo y todos los otros ‘ismos’ que compiten con la fe cristiana por captar la lealtad de la gente en nuestros días. Se podría decir que la frase más controversial de toda la Escritura, es esta primera que dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

La polémica empieza temprano. Empieza con esta primera palabra: ‘principio’ porque lo que se afirma aquí, en esta declaración es de donde el libro del Génesis toma su nombre –aquello que es generado, lo que tiene un origen; aquello que, evidentemente, tiene un principio, un punto de inicio en el tiempo.

Y cuando hablamos sobre el progreso de la historia de la redención, del polvo a la gloria, estamos haciendo una afirmación que es radical para el entendimiento pleno de quiénes somos como personas, el significado nuestras vidas y lo que se supone que debemos ser en este mundo.

Lo que estamos diciendo es que hay una historia, y que esta historia tiene un punto de partida en el tiempo y que el tiempo mismo tiene un comienzo. Ahora, eso puede parecer algo que simplemente damos por sentado, pero no se da por sentado en los medios filosóficos que compiten en nuestra cultura hoy en día.

Volviendo atrás, al siglo XIX, a la filosofía de Friedrich Nietzsche, quien es famoso por su declaración sobre la muerte de Dios. A principio de sus estudios filosóficos, de hecho, cuando Nietzsche era estudiante y escribía su tesis doctoral, miró de nuevo hacia el conflicto de ideas que ya había surgido en el mundo griego antiguo, y él recuperó para su época lo que llamó el mito del eterno retorno, una idea que estaba enraizada en una antigua filosofía griega, que dice que el universo no tiene un comienzo, un punto de partida; sino que el universo y todo lo que contiene es básicamente eterno,

Y que todo da vueltas y vueltas y vueltas sin un principio y sin un final. Esto es capturado o resumido en una de las piezas más importantes de la literatura en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Eclesiastés aborda la noción pagana del escepticismo que está vinculada con esta idea, donde el sol se pone (de ahí tomó prestado Hemmingway para el título de su libro) el sol también sale y luego se pone, y vuelve a salir, se pone, sale. Y empiezas a ver este ciclo que lleva a la conclusión de que no hay comienzo con propósito, no hay un punto final específico de la historia humana o de la historia natural, y el resultado es vanidad de vanidades.

Todo es vanidad porque estamos, en sentido cósmico, presos en la trampa de correr en círculos que no llevan a ninguna parte. Pero al inicio de la Sagrada Escritura está la afirmación de que existe un comienzo, que hubo un tiempo cuando el universo no existía.

Ahora, sabemos que incluso en las teorías cosmológicas modernas, hay mucho debate sobre cómo el universo llegó a la forma actual y a su actual estructura.

Ha habido debates entre el punto de vista del estado estacionario de la cosmología y el universo en expansión versus la cosmología del big bang y todo eso; pero el consenso hoy en día es que hubo un punto en el tiempo, hace 15 a 18 mil millones de años, según algunos cálculos, donde de repente, hubo esta explosión masiva en que toda la materia existente y la energía anterior a ese momento estaban condensadas en un diminuto punto que se llama punto de singularidad;

Y luego, un martes en la tarde explotó y los resultados de esa explosión siguen repercutiendo en todo el espacio exterior, Y aunque, en muchos casos, a la gente no les gusta especular sobre lo que pasaba antes de eso, por lo menos esto supone que hubo un principio,

Y si hubo un principio para este mundo, la pregunta obvia que se convierte en el asunto central de la controversia y debate es: ¿cómo empezó? ¿qué lo originó? Si todo se encontraba en un estado de organización pura por la eternidad, toda la materia, toda la energía condensada y comprimida en este punto de singularidad infinitesimal en un estado eterno de inercia, ¿Por qué se movió?

Tú conoces la ley de inercia: Las cosas en reposo tienden a permanecer en reposo, a menos….. ¿qué? Actúe sobre ellas una fuerza externa. Aquellas cosas que están en movimiento tienden a permanecer en movimiento a menos que actúe sobre ellas una fuerza externa.

Los cosmólogos, como Jastrow, dicen que tal vez la montaña que los científicos están escalando hoy en día, cuando lleguen a la cima de…. esa…. montaña, encontrarán a los teólogos esperando por ellos, ya alrededor de la carpa, esperando para decirles que tiene que haber una fuerza externa para que algo cambie, se mueva o llegue a existir. Porque lo único que sabemos con certeza, incluso aparte de la obra de la Sagrada Escritura, es que si alguna vez hubo un momento cuando no había nada, todo lo que hubiera ahora sería nada, Incluso no sería correcto decirlo porque tú no puedes decir que no habría nada porque nada no existe, y el término “que no hay nada” sería auto-contradictorio ¿cierto?

La idea aquí es que hay una diferencia radical entre toda la existencia de las criaturas, todo lo que es parte de este universo temporal finito y su autor. Por eso el cristianismo no se detiene al simplemente afirmar: “En el principio” sino que dice: “En el principio Dios…” Hasta ahora, no hay ningún argumento para la existencia de Dios. Todo lo que tenemos al inicio de la Sagrada Escritura es la declaración audaz de que Dios es el autor de todo lo que existe.

“En el principio Dios…” Si hay alguna especie de principio para cualquier cosa, lo que tiene un principio en el tiempo debe tener algo que le preceda o no podría comenzar. Es sencillamente otra manera de decir lo que dije hace un momento, si alguna vez hubo un momento en que no había nada, no podría haber algo ahora.

Ahora bien, aquí estamos hablando de lo que afirma la Escritura sobre el comienzo del espacio y el tiempo, el comienzo del universo creado, pero para que haya un principio del universo creado, debe haber algo que está por encima y más allá del universo creado, algo que no tiene principio, algo que es en sí mismo, que es eterno y que existe por sí mismo, algo que tiene el poder de ser en sí mismo. Y eso es también parte de la afirmación radical de la primera aseveración de la Sagrada Escritura, la proclamación de la realidad de la existencia de Dios.

Ahora, voy a volver esta palabra en un momento, vayamos a la siguiente. En el principio Dios hace algo. No solo nos anuncia la existencia de Dios en el primer capítulo del Génesis, sino que el libro del Génesis presenta a Dios en acción, Dios está haciendo algo. Y lo que está haciendo aquí es la obra más extraordinaria y excepcional que jamás se haya hecho en términos de actividad: es la creación del universo.

Sé que usamos la palabra “crear” de manera metafórica. Me gusta incursionar en el campo de las artes. Me gusta tocar el piano. No soy muy bueno en eso, para ser sincero. He incursionado en la pintura como un amateur, leí libros sobre estos temas, y ellos exponen sobre la creatividad inherente del músico o de artista,

Y me parece que es divertido saca la paleta prepararla, conseguir los pequeños tubos de pintura y esparcir su contenido sobre ella, como lo haría un niño jugando en el barro, y empiezo a mezclar los colores y los pruebo sobre el lienzo y al verlo pienso, eso no se ve tan bien; y por eso trato de cambiarlo. A esto le llamamos creatividad. Pero en realidad no hay creatividad aquí para nada, en el sentido bíblico.

Todo lo que estoy haciendo es tomar sustancias que ya existen, les doy forma, los mezclo y los organizo sobre un lienzo; así que, la creatividad que tiene el artista es una creatividad a medias, una creatividad en el marco de algún tipo de medio.

Pero el punto de vista bíblico es mucho más sorprendente que eso debido a que el punto de vista bíblico presenta un acto de creación donde no hay medio. No es como si hace 15 a 18 mil millones de años, Dios bajó con su pincel y su paleta y empezó a mezclar su pintura, y a dar forma, y a imaginar y a dibujar, y a organizar una imagen.

No, no había pintura, no había pinceles. Tampoco había paleta, ni lienzo. Y por eso, en teología bíblica, cuando nos acercamos al relato bíblico de la creación, entendemos este principio que Dios crea ex nihilo, que significa “de la nada”

Que no hay materia pre-existente que Él forme, genere o arregle, sino que lo que existe llega a ser, a través de este poder activo que sólo Dios tiene. Como indica el Nuevo Testamento en los escritos del apóstol Pablo, que solo Dios tiene el poder de traer vida de la muerte y algo de la nada. ¿Cómo lo hizo? De Nuevo, creo que hay un gran valor en seguir el movimiento de los cuerpos celestes y especular sobre lo que sucede cuando varios gases y elementos chocan entre sí y se mezclan, y cómo se forman los mares y cómo crecen las flores.

Creo que hay un gran, gran valor en el estudio del reino natural. Dios mismo nos ha llamado a hacer eso. Pero ningún estudio que describa las cosas que suceden entre los intrincados patrones y en el funcionamiento de las fuerzas de la naturaleza, puede dar cuenta de esto.

Esta es la obra suprema, que no solo es natural, sino que es sobrenatural. Es decir, que nos lleva más allá del teatro de la naturaleza hasta el principio de la naturaleza, al autor de la naturaleza, que crea todo de la nada.

Otra vez, la Biblia no nos da una descripción científica de cómo Dios lo hace. Lo único que se nos dice en Génesis sobre el modo de la creación de Dios es que Él crea por el hablar de Su palabra. San Agustín le llama a esto el Imperativo Divino. El imperativo Divino o el Fiat Divino, no se confundan con el pequeño auto italiano.

Un imperativo divino se refiere sencillamente al mandamiento transcendente majestuoso y santo de Dios, donde Él habla al vacío….. y dice sea…..: “S E A” ……y por el gran poder de la orden de alguien que eternamente tiene el poder de ser en sí y por sí mismo, inicia un universo. Veamos el texto rápidamente, por un segundo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.”

Aquí, en el verso 2 de Génesis se nos da una descripción gráfica del universo desordenado, sin estructura, en realidad no-creado; universo que es descrito en términos de tres negativos básicos: el desorden, el vacío y la oscuridad. Si ves la forma en que esas tres palabras se utilizan en el imaginario de la cultura antigua, esos tres términos tienden a combinarse, para abarcar y capturar tres de las ideas más amenazantes que puede haber para el significado y la existencia humana.

El desorden es realmente inimaginable, porque la absoluta ausencia de orden sería el caos absoluto, y ni siquiera se podría reconocer el caos como caótico sin alguna idea de forma. El vacío es la expresión que usamos para describir las peores sensaciones de nuestras almas, cuando sentimos miedo o solos, y decimos que nuestras vidas están vacías.

Imaginen, no solo una casa vacía, una cama vacía, un garaje vacío; sino que, imaginen un universo vacío, sin forma, la nada. Oscuridad, la oscuridad en sí misma es un término negativo porque la oscuridad no se trata de la presencia de algo, sino que es la ausencia de algo, la ausencia de luz. Todo lo que tenemos hasta ahora en esta descripción es el vacío, el desorden, el abismo y la oscuridad.

En el verso 3 se menciona un nuevo agente: “y el Espíritu de Dios se movía” sobre el abismo, sobre lo profundo, sobre esta oscuridad y vacío; luego oímos por primera vez la voz de Dios y Dios dice: “Sea la luz”. Al instante, la luz irrumpe en el universo, echa fuera las tinieblas, vence la oscuridad, empieza a llenar los espacios vacíos y comienza a proporcionar una estructura para que Dios forme su mundo con las aguas, los árboles, las plantas y los animales, y, finalmente, con gente.

Pero la misma realidad en la cual vivimos cada momento de nuestras vidas es totalmente inexplicable excepto que alguien, de alguna manera, en algún lugar, diga: “Sea” y por el poder y la fuerza de ese mandato, las luces se encienden y un mundo comienza; y Dios prepara el escenario al recoger con sus manos el polvo y preparar una criatura para Su gloria.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El paso de la ira de Dios

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El paso de la ira de Dios

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Llegamos ahora al final de nuestra serie del Drama de la Redención y espero que haya ayudado a ver cómo todas las promesas de Dios se mueven inexorablemente a través de las páginas del Antiguo Testamento en la medida en que el Señor de la historia va mostrando dramáticamente su plan de redención.

Hemos visto los distintos pactos que Dios ha hecho con su pueblo y cómo éstos alcanzaron su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Fue San Agustín quien comentó: “El Antiguo está revelado en el Nuevo y el Nuevo está oculto en el Antiguo”. Hay algo nuevo acerca del Nuevo Testamento, del Nuevo Pacto, de lo que Jesús hace pasar a su pueblo y, en un sentido, hay algo de discontinuidad entre lo que pasa en el Antiguo Testamento y lo que pasa en el Nuevo Testamento.

Dado que esta discontinuidad está presente y distinguimos entre los dos testamentos, existe la tendencia peligrosa en nuestros días de pensar el cristianismo solo en términos del Nuevo Testamento, como si el cristianismo fuera una religión completamente nueva, cuando de hecho, aunque puede haber elementos de discontinuidad, hay una dimensión mayor de continuidad entre el Antiguo y Nuevo pacto.

No hay una ruptura entre ambos sino más bien un enlace. Ahora, esto podemos verlo, por ejemplo, cuando observamos cómo el pueblo del Nuevo Testamento continuó con las tradiciones del antiguo pacto, aunque dándoles un nuevo significado.

En el Antiguo Testamento, el signo del pacto era la circuncisión. En el Antiguo Testamento, hubo varios días de fiesta designados por Dios, pero el día más importante fue la celebración de la Pascua. Al llegar al Nuevo Testamento vemos que la señal del Nuevo Pacto es el bautismo; y la celebración más importante en la comunidad del Nuevo Pacto es la celebración de la Cena del Señor, el sacramento de la sagrada comunión.

Ahora, lo que quiero que veamos hoy es el vínculo entre esas prácticas. Prestemos atención por un momento a las enseñanzas de Pablo en el libro de Romanos. Empezando en el verso 17 de Romanos 2, Pablo dice: “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad.

Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adúlteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”.

¡Esa, es una tremenda declaración! Me pregunto cuánta gente en el mundo está blasfemando a Dios por mi culpa, porque di una visión distorsionada del carácter de Dios. Todos hemos sido creados a imagen de Dios. Cada uno de nosotros debe proyectar y reflejar lo que es Dios delante del mundo, y aunque tergiversamos a Dios—ya existe suficiente hostilidad en el corazón aparte de la que yo les pueda causar, pero debido a que representamos mal a Dios, ellos tienen una imagen aún mucho más distorsionada del carácter de Dios por causa de lo que ven en mí.

Aquí Pablo está dando una severa reprensión a sus compatriotas judíos diciendo: ‘Los gentiles blasfeman por causa de ustedes, porque ustedes dicen: No roben, pero ustedes siguen robando. Ustedes dicen que obedecen la ley, sin embargo, no cumplen la ley de Dios’.

Y luego continúa diciendo: “Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.”

Ahora Pablo llega al clímax cuando dice: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”.

¿A dónde quiere llegar Pablo con esto? Pablo está tocando uno de los temas más delicados de su tiempo: el punto de discordia entre Jesús y los fariseos. Cuando Jesús llamó a los fariseos a algo nuevo, a un nuevo arrepentimiento, a un nuevo nivel de devoción al reino de Dios, ellos se enojaron y protestaron diciendo: ‘No necesitamos arrepentirnos. No somos esclavos de nadie. Somos hijos de Abraham’.

¿Qué le estaban diciendo a Jesús? ‘Fuimos circuncidados y debido a que ya estamos circuncidados en lo físico, ya estamos en el reino de Dios. No necesitamos arrepentirnos’. Había surgido un concepto infame entre el pueblo judío. ellos comenzaron a pensar que la salvación era transmitida al pueblo de Israel biológicamente y a través de ceremonias externas; que todo lo que el judío tenía que hacer era ser judío y estar circuncidado, y ya estaba en el reino de Dios.

Pero Pablo dice aquí: ‘No todo el que está en Israel es de Israel.’ La señal externa del pacto no garantiza la posesión del contenido del pacto y advierte a las personas que no piensen que, porque son circuncidados, ya son salvos.

Y de la misma manera, las personas que viven bajo el Nuevo Pacto a veces piensan que, porque han sido bautizados, ya están automáticamente en estado de gracia. Y no vamos a denigrar la importancia del bautismo.

Recuerdo a Lutero cuando decía que estaba al borde de la desesperación por el asecho de Satanás contra su conciencia y contra su alma. Algunas veces hasta se ponía de pie, y arrojaba un tintero al diablo, diciéndole en voz alta: ‘Satanás vete de acá. Estoy bautizado’.

Ahora, Lutero no quiso decir que debido a que estaba bautizado, él estaba necesariamente en el Reino de Dios. Lo que estaba tratando de decir es: ‘cuando me aseches, oh, malvado, y no sepa dónde dirigir mi fe, me acuerdo de mi bautismo ya que es una marca de Dios en mi alma. Es una marca indeleble. Es la marca de la promesa de Dios para todos los que creen y estoy confiando en esa promesa. No puedo hacer otra cosa.

Ahora, después de que Pablo diera esta mordaz crítica a aquellos que no entendieron la importancia de estas ceremonias y sacramentos del Antiguo y Nuevo Testamento, Pablo hace una pregunta, anticipando la que le harían los judíos a él. A principios del capítulo 3, Pablo dice: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?

Estas son las preguntas que planteó, y podrías pensar que Pablo va a responder así su propia pregunta: ‘Bueno, no hay ventaja alguna. No sirve para nada el circuncidarse. No hay beneficio en el ser judío, o ser como uno de ellos.

Pero eso no es lo que él hace. Pablo dice: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Él responde a su propia pregunta diciendo: “Mucho, en todos los sentidos”. Hay todas las ventajas imaginables. ¿Y cuál es esa ventaja?

Porque los judíos tienen los oráculos de Dios. Aquí está la ventaja: “que les ha sido dada la palabra de Dios.” Tienen las promesas de Dios. Cuando Agustín enseñaba acerca de la doctrina de la iglesia, decía que la iglesia siempre debe entenderse como lo que él llamó en Latín: “un Corpus permixtum”, un cuerpo mixto,

Siguiendo las enseñanzas de Jesús de que su casa, la iglesia, estaría llena con personas, en donde unas serían trigo y otras serían cizaña. Que no todo el que profesa fe, no todo el que es miembro de una iglesia, es automáticamente un miembro del reino.

Hay cizaña que crece junto al trigo. Hay falsos creyentes en medio de la iglesia. Ustedes oyen decir a la gente hoy en día: ‘Oye, yo soy un creyente. No necesito pertenecer a una iglesia. Yo no voy a la iglesia. No es necesario hacerlo’.

Es una idea muy popular y la escuchamos por todas partes hoy en día. Agustín dijo que los verdaderos creyentes, los salvos, los elegidos de Dios, se encuentran principalmente dentro de la iglesia visible.

Él hizo una distinción entre la iglesia visible y la iglesia invisible; la misma distinción que Pablo hace aquí en Romanos cuando distingue entre uno que es judío externamente (lo visible) y uno que es judío internamente. La idea es que solo Dios puede leer el corazón. Solo Dios sabe con certeza quiénes son los suyos, quiénes son trigo y quiénes son cizaña. Es por eso que no debemos precipitarnos en nuestros juicios dentro de la iglesia tratando de eliminar la cizaña, ya que podríamos malinterpretar la situación y dañar el trigo. Es el trabajo de Cristo, en última instancia, la cosecha de su iglesia.

Lo que Agustín estaba diciendo es: ‘Sí, puede haber algunas personas que sean verdaderos creyentes, que por una u otra razón nunca llegaron a la iglesia visible’, pero la iglesia invisible, de la que hablaba Agustín, existe primordialmente, primero y sustancialmente en la iglesia visible, de la cual hemos sido llamados a formar parte; una comunidad del pacto visible, parte del cuerpo del Señor. ¿Por qué? Hay una gran ventaja. La iglesia no es el único lugar donde Dios salva a las personas, pero es el lugar principal donde salva a las personas. Es un lugar de avanzada. Es el lugar donde los medios de la gracia están más seriamente enfocados; y esta institución tiene la solemne responsabilidad de guardar los oráculos de Dios.

Estos han sido dados a la iglesia, no al estado, no a los para eclesiásticos (como Ligonier o cualquier otro) para predicar y enseñar la palabra de Dios, los oráculos de Dios. La institución suprema que ha recibido ese mandato y la gracia para hacerlo es la iglesia.

Ahora, ¿qué pasa con el sacramento de la Cena del Señor? Recordemos que la noche cuando fue traicionado, Jesús hizo grandes esfuerzos para preparar cuidadosamente el encuentro con sus discípulos la noche antes de morir. Les dijo: ‘Anhelo celebrar la pascua con ustedes una última vez antes de volverlo a hacer en el cielo, en casa de mi Padre’.

Entonces Jesús y sus discípulos fueron al aposento alto con el propósito expreso de celebrar la Pascua. Ahora, ¿qué es la Pascua? Para entenderla tenemos que volver al Antiguo Testamento una vez más; veamos el libro de Éxodo, el capítulo 11, después que Dios había mandado las 9 plagas al pueblo de Egipto.

“Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.

Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré”.

Y así Dios instituye la Pascua y ordena que el pueblo judío pase por un elaborado tiempo de preparación para este período de juicio que está por venir. El verso 12 del capítulo 12 dice: “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias: y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.” ¿Escuchas lo que está diciendo? Aquí Él no está hablando de pasar de largo. Él está hablando de atravesar; y este pasar de Dios es el pasar de Su ángel de la muerte por toda la nación, de Su ministro vengador, el que hará que Dios juzgue y manifieste su ira.

‘Yo vengo’ dice Dios, ‘a Egipto, y pasaré por en medio de la tierra y cuando pase por la tierra en juicio y en ira, heriré a todos los primogénitos de los egipcios, incluyendo su ganado. Y habrá un llanto y un gemido y un clamor en esa tierra como nunca antes se había escuchado y como nunca se escuchará otra vez.

Cuando hablamos de la Pascua, tenemos que entenderla en el contexto de atravesar, de un pasar por en medio. Entonces Dios le dice al pueblo de Israel: ‘Maten un cordero, tomen de la sangre de ese cordero y pongan esa sangre en el dintel de las casas para que cuando el Ángel de la muerte pase por en medio, pase por alto aquellas casas que están marcadas con la sangre del cordero’.

Y esa noche toda familia judía marcó su puerta con la sangre del cordero y Dios atravesó la tierra y mató a todo primogénito de los egipcios. Pero Él perdonó a los primogénitos de Israel. Todos los que estaban protegidos por la sangre del cordero se libraron del juicio de Dios.

Y entonces Dios les dijo: ‘En este mismo día del mes, todos los años, sin falta, celebrarán esto. Beberán de la copa amarga y comerán el cordero y se servirán pan sin levadura y celebrarán la redención de la Pascua, e instruirán a sus hijos acerca de la razón por la que hacen esto.

De generación en generación y por todas las generaciones el pueblo de Israel celebró la Pascua, un año después, una década después, un siglo después, un milenio después, y aún hasta el día de hoy todavía se celebra la Pascua.

Pero muchos de nosotros en la comunidad cristiana hemos perdido esto. Hemos olvidado cómo se estableció la Cena del Señor. Cómo, en medio de la ceremonia de la Pascua, en medio de la conmemoración del éxodo original de Israel, la redención original, el rescate original de la ira de Dios, Jesús cambia la conmemoración; Él toma el pan y lo parte frente a sus discípulos y dice: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido” y “todas las veces que comiereis esta pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

“Así mismo tomó también la copa” y dijo: “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de pecados.” “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.”

Jesús estaba anunciando un nuevo éxodo, un éxodo mayor, una nueva pascua, una Pascua mayor, para que el pueblo de Dios no celebrara simplemente el haber sido librados del juicio de Dios en esta vida mortal, de quitar la vida física, sino que, por el contrario, hemos sido librados del juicio final ya que hemos sido cubiertos por la sangre del Cordero.

Ese es el drama de la redención. Es el drama que conmemoramos cada vez que bautizamos a una persona, cada vez que nos sentamos a la mesa de Cristo y conmemoramos su muerte hasta que Él venga. Recordamos el atravesar o el paso ‘por en medio’ del juicio de Dios y el paso de largo del juicio de Dios sobre todos los que están marcados por la sangre del Cordero. Creo que todos entendemos claramente que, en el drama de la redención, Dios es el personaje principal.

La salvación es del Señor, es Dios quien salva a su pueblo, pero he dicho muchas veces que a menudo no comprendemos de qué es que somos salvos. Y en última instancia, nuestra salvación no es solo por Dios, sino de Dios; que si estás en Cristo, la ira de Dios ha pasado de largo por tu casa.

Has sido apartado de su juicio, el mismo tipo de juicio que derramó en Egipto, y que dice, de forma inconfundible, que derramará sobre todo el mundo; que Egipto es solo un ejemplo de lo que va a suceder en el día del juicio final, donde la medida completa, la copa llena de la ira de Dios se vaciará sobre el mundo. Pero Dios en ese juicio, pasará de largo por tu casa, si en verdad has puesto tu confianza en la sangre del Cordero.

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La casa de David

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La casa de David

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Hemos estado estudiando el drama de la redención empezando desde los primeros capítulos del Génesis, donde Dios consintió en redimir a sus criaturas caídas, Adán y Eva, a quienes les cubrió su desnudez haciéndoles ropas.

Hemos visto la promesa que Dios hizo a Abraham y a los patriarcas, hemos visto el pacto que hizo en Sinaí con el pueblo de Israel a través de la función mediadora de Moisés, y hemos visto cómo este pacto se sigue renovando y expandiendo a través de las páginas de la historia bíblica.

Vimos la renovación del pacto en Siquem a cargo de Josué cuando dijo a la gente: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora me gustaría dirigir tu atención a una nueva dimensión en ese drama de la historia de la redención que se encuentra registrado en 2 Samuel, empezando en el capítulo 7.

Esto incluye un episodio conmovedor de la vida de David. Esto sucedió cuando David estaba consolidando su posición como rey de la nación y tenía alrededor de 45 años. 2 Samuel capítulo 7 dice así: “Aconteció que cuando el rey habitaba en su casa,” (esto se refiere a su palacio) “después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor…” ¿Te suena esa frase? ¿Recuerdas Siquem?

Recuerda cuando Josué renovó el tratado y renovó el pacto con su pueblo diciendo: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho”. “Nos ha dado reposo de nuestros enemigos”.

Y ahora David ha conquistado sus decenas de miles y los enemigos han sido dispersados fuera de la tierra, y David junto con el pueblo de Dios están disfrutando del reposo.

Es en esta ocasión que el rey, David le dijo al profeta Natán: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro”, él tenía un palacio espléndido hecho con cedros majestuosos del Líbano; y continúa: “y el arca de Dios está entre cortinas.”

¿A qué se refiere David? Él dijo: ‘Mientras el pueblo de Dios vivía en el desierto y deambulaba de un lado a otro, Dios prometió estar en medio de este pueblo, y habitó con ellos en el tabernáculo, una tienda, un templo portátil que había que desarmar cada vez que las tribus se movían, tenían que desmontar la tienda, llevarla al siguiente lugar y luego armarla de nuevo.

Ahora David está en la tierra, ha consolidado la tierra santa y ha construido un palacio. Tiene su capital establecida en Jerusalén, y él dice: Espera un momento. Algo no está bien. Aquí estoy, soy el rey de este lugar, habito en esta mansión lujosa, en un palacio real construido con cedro, pero el arca de Dios, el trono de Dios, la residencia de Dios, está todavía en una tienda con pieles de cabra’; y David se siente mal por esta situación.

Algo no está bien. ¿Por qué un rey terrenal debería tener esa casa magnífica y nuestro rey celestial no tiene una casa magnífica? Entonces Natán le dijo al rey: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo”.

Este es un episodio fascinante porque David tiene un plan. Él tiene una gran idea. ‘Voy a construir una casa para Dios. Voy a construir el templo de todos los templos. Voy a construir la catedral más magnífica que el mundo haya visto. Voy a construir un templo para el Dios vivo’.

Gran idea. Un plan maravilloso. Tremenda visión de David que le comunica al vocero de Dios, al profeta Natán.
Y a Natán le agrada la idea. ‘Tú puedes David’. “Haz todo lo que está en tu corazón”.

Así que, aún el profeta está de acuerdo en que el plan de David debería ser ejecutado. El verso 4 dice: “Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová:…”. Oh, oh, parece que habrá cambio de planes.

David le habló a Natán, Natán le habló a David, pero ninguno de ellos le había preguntado al Señor. Tenían su gran plan y parecía una buena idea. Era algo ‘ministerial’. No era para engrandecimiento propio. Había una intención espiritual detrás de eso.

Pero Dios dice: “Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?” ¿Alguna vez dije, en toda la historia, que necesitaba o que quería un templo? Esa no es mi idea, David, es tu idea. “Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así a dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.”

¿No es increíble? David dice: ‘voy a hacer una casa. Pobre Dios, no tiene una casa. Yo tengo una casa maravillosa. Tengo este palacio magnífico. Como tú no tienes casa, yo voy a hacerte una’. Dios dice: ‘No, tú no me vas a hacer una casa’. Los planes de Dios eran distintos y le dice a David: ‘David aprecio tu idea, pero tú no vas a construirme templo alguno. Tú hijo Salomón se encargará de ese proyecto’. ¿Por qué? ‘David, porque en tus manos hay mucha sangre como para que construyas un templo para mí’.

Pero lo increíble de todo esto es que Dios hace un pacto con David, un pacto incondicional, un pacto unilateral. David se acerca a Dios diciendo: ‘Dios, déjame hacer algo por ti. Quiero hacer algo grandioso para ti.’ Cuántos de ustedes alguna vez han pensado eso? ¿Cuántos de ustedes han dicho alguna vez:…. (yo lo he experimentado) ‘Dios quiero hacer grandes cosas para ti.’ ‘Dame una misión para que pueda hacer grandes cosas por tu causa.’ Y Dios dice: ¿Quieres hacer algo grandioso por mí?

Entonces cumple mi palabra y obedece mis mandamientos y deja de tratar de demostrar tu rectitud con tus obras. Deja de tratar de mostrarme tu afecto y tu devoción con maravillosos actos ministeriales. Lo que quiero es tu obediencia’.

Es evidente que Dios está mucho más preocupado con lo que somos que con lo que hacemos y debemos ser conscientes de eso; en especial como norteamericanos porque en nuestra cultura lo valioso se mide con rendimiento, con logros, con éxito, haciendo cosas sobresalientes.

No es que Dios se oponga al logro o al ministerio o al trabajo, en absoluto. A lo que me refiero es que a él le importa más lo que somos que lo que hacemos. Él quiere saber qué hay en nuestros corazones, qué hay en nuestro carácter, qué hay en nuestros deseos cuando buscamos honrarlo. Entonces, Dios dice: ‘Muchas gracias David. Es una idea maravillosa, espléndida, pero no. Tengo otros planes. Yo te voy a construir una casa.’

¿Qué? Mira Dios, la razón por la que he venido, la razón por la que hablé con Natán es porque yo ya tengo una casa. Es la casa más maravillosa del mundo. No quiero ser codicioso. Quiero darte a ti una casa. Tú mereces una casa. Yo no la merezco.

Tal como lo dirá luego en su oración: ‘¿Quién soy yo para vivir bajo un lujo como este?’ Pero Dios dice: ‘David, te voy a construir una casa’.

¿Qué crees que quería decir con eso? ¿Que David vería llegar, al día siguiente, a unos contratistas para demoler la estructura actual de la que tenía; iba a recibir otra visita de Hiram de Tiro y ahora tendría más madera, tendría más marfil, tendría joyas preciosas e iba a hacer que su palacio actual ahora luzca como una choza en comparación a la casa que Dios va a construir? Esa no era el tipo de casa que Dios tenía en mente. Escuchen, lo que Dios dice:

“Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo.

Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”. ¿Oyes lo que está diciendo? Este es un nuevo pacto, una promesa nueva que Dios le está haciendo a David y a su simiente.

Antes que nada, dijo: ‘David, he hecho grande tu nombre en el mundo. Ahora, la gente puede que no conozca los detalles del cristianismo, pero ¿quién en el mundo no sabe del gran rey David? No solo los defensores del cristianismo, no solo los defensores del judaísmo, no solo los partidarios del islam, sino que en todo el mundo se ha escuchado de la grandeza del rey David.

Dios le dio un nombre muy conocido. Es decir, nos encanta hablar sobre los ricos y famosos, y a veces anhelamos el honor, la fama y la popularidad; pero, en última instancia, que se nos dé un gran nombre, es un regalo de Dios.

Dios hizo grande el nombre de David, y ahora promete construirle una casa. Ahora, la promesa es inicialmente para la descendencia inmediata de David, para Salomón. Dios promete que Salomón continuará el reino.

Habrá una sucesión dinámica. El hijo de David se convertirá en rey. Y dijo: ‘Yo seré su padre y él será mi hijo’. ‘David, voy a ser como un padre para tu hijo y mi misericordia no se apartará de él tal como lo hice con Saúl, a quien quité delante de ti.

Si él hiciere mal lo castigaré, pero no voy a sacarlo del trono. Permaneceré con Salomón. Quizá tendré que darle un escarmiento, quizá tendré que reprenderlo, puede que tenga que amonestarlo, pero no alejaré mi Espíritu de él. No lo sacaré del trono, ni dejará de ser rey, tal como lo hice con Saúl porque David, yo estoy estableciendo tu simiente, tu casa, tu reino, no solo hasta la próxima generación, sino para siempre’. Aquí es donde viene la promesa de Dios a Israel de que el trono de David será un reino eterno.

Y sin embargo, la historia posterior hizo que casi toda la nación dijera: ‘Bueno, si hay alguna promesa del pacto en el Antiguo Testamento que falló, fue justo ésta. Dios dijo que iba a establecer el trono de David por todas las generaciones para siempre y por siempre y que su reino no tendría fin, desde la simiente de David.

Y el reino pasó a manos de Salomón, y de Salomón pasó a sus hijos. Y hubo una rebelión y división del reino entre el hijo de Salomón, Roboam, y Jeroboam, el líder de Israel.

En muy poco tiempo, la monarquía davídica estaba en ruinas, tanto así que más tarde el profeta Amós tendría que anunciar al pueblo que algún día Dios restauraría la casa de David que estaba caída, que se derrumbó. El palacio estaba en ruinas. Fue conquistado por las naciones enemigas. El reino se fue de Silo, o eso parece, hasta que el profeta Amós llegó y dijo: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David….y levantaré sus ruinas.”

‘Aconteció que en los días de Augusto César, todo el mundo debía ser empadronado, y cada uno regresó a su ciudad.’ Y una pareja pobre llegó a Belén, la ciudad de David, y dio a luz a su hijo primogénito, que era del linaje de David. Y esa mañana en Belén, la construcción de la casa de David empezó nuevamente. Dios estaba construyendo una casa para sí mismo.

Como dijo Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” “y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La palabra que se traduce como ‘habitó’, es la palabra hebrea para tabernáculo o tienda.

Dios ha levantado su tienda en medio nuestro otra vez. Dios estaba construyendo una casa permanente con un Rey permanente. Un reino que duraría por los siglos de los siglos. ¿Notas cómo cada promesa de cada pacto en el Antiguo Testamento alcanzó la cúspide de su cumplimiento con la venida de Cristo, quien era hijo de David y el Señor de David, quien era descendiente de David y Rey de David, quien era linaje de David y Salvador de David?

Y Dios edificó su casa en el reino de Cristo. Sus antiguas residencias: el tabernáculo en el desierto, incluso el gran templo de Salomón, todas eran formas de lo que vendría. Las ceremonias, el edificio mismo, todo lo que tuvo lugar dentro y alrededor del tabernáculo y del templo, apuntaba a esta casa futura que Dios iba a edificar en la persona del gran Hijo de David. Escucha la respuesta de David a esta promesa. “Y entró el rey David y se puso delante de Jehová”.

Natán le acababa de decir estas cosas y David inmediatamente va a la presencia de Dios y le dice: “¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo.”

Observa este pasaje. Esta oración de David es uno de los salmos más ricos que provienen de su pluma, donde repite una y otra vez: ‘Oh Soberano Dios, ¿quién soy yo y mi pueblo para gozar de tus beneficios?’ David entendió que no podía ganarse el favor de Dios con sus grandes obras, logros y sus maravillosos planes para el ministerio; sino que aún David tenía que descansar en la gracia de Dios.

Dios le cambió los planes: ‘No David, tú no necesitas hacerme una casa. Yo te construiré una casa. David está abrumado. ¿Tú me vas a construir una casa? ¿Quién soy yo? Si hay un error al cual todos estamos propensos, es el creer que debemos ganar nuestro lugar en el reino de Dios. Es un error que nace de nuestro orgullo, porque una de las cosas más difíciles de aprender para cualquier criatura es que la única manera en que podemos estar en la presencia de Dios, estar en su familia, entrar a su casa, es por Su gracia.

Todo cristiano necesita decir: ‘¿Quién soy yo, Dios, para que seas tan amable, ¿tan misericordioso?’ Todos podemos contemplar una mejor existencia de la que disfrutamos actualmente. No importa lo que hayamos recibido de la mano de la providencia de Dios, queremos más. Queremos más. Queremos más.

Pero el corazón del cristiano es el que se detiene, hace el balance y dice: ‘¿Quién soy yo para recibir las bendiciones que he recibido de las manos de Dios? Si Dios me tratara sobre la base de mis méritos, no tendría nada. Todos los regalos buenos y perfectos que disfruto en este mundo: mis amigos, trabajo, salud, posesiones, provienen de la abundante gracia de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Hace poco visité a unos amigos en Jackson, Mississippi y cuando llegamos a su puerta, noté en el marco superior, arriba de la puerta había una placa que tenía la siguiente inscripción: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  Creo que todos han escuchado esta frase, ¿cierto?

La pregunta es, ¿de dónde viene? ¿cuál fue la razón por la que alguien se paró y dijo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”? ¿Por qué fue una afirmación significativa en el drama e historia de la redención? Esta afirmación, por supuesto, fue pronunciada por Josué, pero las circunstancias en que Josué las dijo, es de gran importancia para nuestra comprensión del patrón completo de la historia bíblica y del drama de la redención.

Cuando miramos la estructura de los pactos en el Antiguo Cercano Oriente, la estructura del tratado de esos días, recordarán que mencioné que dentro de los elementos del pacto estaba el prólogo: un preámbulo por el cual la persona soberana en el tratado, el gran rey, se identificaba por su nombre y rango

Y que lo que venía después era el prólogo histórico donde se actualizaba la historia de la relación del gran rey con sus vasallos. Mencioné también que, en el Antiguo Testamento, cuando Dios hace un pacto con su pueblo, cuando lo hace con Abraham, Él dice: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos”, y luego en los próximos pactos, Él actualizaría esa historia diciendo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.”

Más adelante Él dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto” según vimos cuando Dios instituyó el pacto por medio de Moisés y la entrega de los Diez Mandamientos. Pero no solo tenemos esas instancias donde Dios entra en una nueva dimensión de pactos, según hemos visto, sino que también había una disposición en Israel que era igual al de otras naciones de ese tiempo, donde se celebraban ceremonias en los momentos indicados con el fin expreso de renovar el pacto, y a eso es que llamamos ‘ceremonias de renovación del pacto’.

¿Recuerdas al final de la vida de Moisés, justo antes de morir, que él reunió al pueblo a su alrededor y dijo que iba a partir, que no iba a entrar a la tierra prometida con ellos y comprometió al pueblo a que renovaran su promesa y juramento a los términos del pacto.

Y en esa ceremonia sucedió algo más, algo que se llama: ‘celebraciones dinámicas de sucesión’, donde la responsabilidad pasa de un líder al siguiente, de la generación anterior a la nueva generación. Y, en esa ocasión, Moisés, mientras estaba aún vivo, hizo que el pueblo jurara lealtad a Josué. El bastón se pasa de Moisés a Josué, y este es un momento crucial en la historia judía.

El pueblo ya había experimentado su redención a través del Éxodo, pero ahora pasaron 40 años deambulando por el desierto y finalmente llegaron al momento en que están a punto de entrar a la tierra prometida. Pero la tierra prometida estaba ocupada y tenía que ser conquistada, y esa tarea no le correspondía a Moisés. Esa tarea le es dada a Josué.

Recuerda que el libro de Josué inicia cuando él se prepara para cruzar el Jordán y empezar con la conquista de Canaán y entrar a la tierra prometida. Y todo el libro de Josué interpreta esa historia. Es una historia militar, básicamente, de Josué y sus ejércitos conquistando fortaleza tras fortaleza entre los cananeos.

Luego, cuando llegamos al final del libro de Josué, tenemos otra celebración de sucesión dinástica: otro episodio de renovación del pacto que se lleva a cabo en Siquem. Y eso está registrado en el capítulo 24 del libro de Josué.

Pero me gustaría empezar hoy, viendo un poco antes, al final del capítulo 21 de Josué. El verso 43 dice así: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.”

¿Ves lo que dice este resumen casi al final del libro de Josué? ‘La tierra es nuestra, la tierra que Dios prometió a nuestros padres. Ahora poseemos la tierra que Dios prometió a Abraham. La tierra que fluye leche y miel de la que habló Moisés ahora es nuestra. Y Dios cumplió su promesa.

La promesa del pacto que Dios hizo a nuestros padres se ha cumplido y ahora hemos ocupado toda la tierra. Todos los enemigos han huido. Nada nos hace falta y ni una palabra de la que Dios prometió ha fallado.’

Ahora, esa declaración en Josué 21 se repite más tarde en Josué 23. El comienzo de Josué 23 habla de aquellos eventos que condujeron a la ceremonia de renovación del pacto. Dice el capítulo 23, el verso uno: ‘Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa: porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Y luego él continúa diciendo: “Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ellos ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.”

Y continúa diciendo: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo”.

Luego, en el verso 14 dice: “Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra;” Oyes lo que está diciendo? Él está anunciando a su pueblo: ‘Hoy voy a morir. Hemos disfrutado el descanso de nuestros enemigos que Dios nos ha dado, pero ustedes serán tentados a mezclarse y unirse con el remanente pagano que queda; y deben entender que hay una continuidad entre nuestros días y las generaciones anteriores.’

Y les recuerda el pacto que sus padres habían hecho con Dios a través de Moisés.  Nuevamente, en el verso 14: “estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. Otra vez, vemos que se repite esta declaración.

Dios es el guardador del pacto. Sus promesas son confiables. Puedes confiar en ellas porque ni una palabra dejará de cumplirse. Ahora, una de las cosas que debes entender, es que esas promesas que Dios le hizo a Abraham, a Isaac, a Jacob, y luego a Moisés, tomaron siglos y siglos en cumplirse.

¿Qué pasa cuando alguien nos dice que hará algo bueno por nosotros y nos emocionamos anticipadamente, pero luego llega la espera? Empezamos a ponernos ansiosos. Empezamos a dudar y sabemos que hay gente en este mundo que no cumple sus pactos. Somos quebradores del pacto. Hicimos promesas de las cosas que íbamos a hacer y no las cumplimos. Tendemos a decepcionarnos por promesas incumplidas; pero la lección para nosotros, amados, es que a pesar de que las promesas de Dios tardan y Él se toma su tiempo para llevarlas a cabo, ninguna palabra suya fallará.

Y eso es lo que Josué está tratando de comunicar a ese pueblo, preparándolos para renovar su promesa, para renovar su confianza en las promesas del pacto que Dios les ha hecho. Lo que está diciendo en efecto es: ‘Ya no puedes confiar en mí. Toda carne es hierba. Me sacarán del camino”.

Como Pablo le escribió a Timoteo en el Nuevo Testamento: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado”. Déjame decir algo más. Mencioné de paso el concepto de la sucesión dinástica o sucesión dinámica, donde la autoridad pasa de uno a otro. Ahora, esto sucedió en el linaje real cuando se establecieron las dinastías. Así como los patriarcas pasaron la bendición del pacto de padre a hijo, los reyes siempre quisieron transmitir la realeza de padre a hijo, como David se la pasó a Salomón y así sucesivamente.

Pero en el Nuevo Testamento, el nuevo pacto se establece, como veremos más adelante, en el aposento alto, entre Jesús y sus discípulos, y en esa ocasión, Él les da instrucciones. No es por casualidad, amigos, que el discurso más largo que tenemos en la Biblia acerca de la persona y la obra del Espíritu Santo está en el discurso del aposento alto, la noche en que Jesús fue traicionado, la noche en que Él instituye el nuevo pacto.

¿Por qué? Porque Jesús anuncia a sus discípulos: ‘Me voy, pero no los dejaré solos. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Ahora, cuando celebramos la Cena del Señor, hay muchas cosas que hacemos en ese momento. Recordamos la muerte del Señor, disfrutamos su presencia entre nosotros en la mesa, y miramos hacia el futuro, a la promesa de la fiesta de las bodas del Cordero.

Entonces, tenemos toda esas dinámicas involucradas cada vez que nos reunimos y celebramos la Cena del Señor. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto, y es que cada vez que celebramos la Cena del Señor, asistimos a una ceremonia de renovación del pacto, y estamos recordando cómo Jesús entregó el liderazgo de la iglesia en la tierra al Espíritu Santo.

Y así como el pueblo se comprometió con Josué, a continuar bajo un nuevo liderazgo; así mismo lo hicieron en Moab con Moisés. Ahora Jesús dice: ‘Está bien, me voy. Ha llegado el día, pero ahora estoy enviando a alguien para que te guíe en los pasos a seguir, es el Espíritu Santo. Bueno, volvamos rápidamente a Josué 24.  Allí empieza con este anuncio: “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes,”… Lo que hace al inicio de este capítulo es dar un prólogo extenso actualizando el ministerio de Dios a Su pueblo.

Luego llega al verso 14 después de terminar este relato de todo lo que Dios había hecho por el pueblo y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Ese es el encargo. Ese es el mandato dado en esta solemne ceremonia de renovación del pacto.  “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

¡Ahí está!  ¿Ves el contexto en que esto fue dicho? Él está confrontando al pueblo, les está ordenando que teman al Señor y que renueven su compromiso con el pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado.

Pero Josué entendió que no todos estaban deseosos de hacer eso, y dijo: ‘Hoy es el día decisivo. Es la hora de escoger, que hagas una elección: Pueden regresar y servir a los dioses que servían al otro lado del Jordán, a esas deidades paganas; o puedes empezar a ir tras los dioses de los paganos que aún están acá.

Puedes ser simplemente secular y adorar los ídolos de tu propia cultura y de tu propio tiempo, o puedes servir al Señor. Es tu elección.’ Yo te digo la mía: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora, observa cómo las personas responden a esta confrontación:

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios”. ¿Oíste cómo ellos hacen eco del compromiso de Josué? Josué acaba de decir: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” y el pueblo dijo: “pues, también serviremos a Jehová”. “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses”. El registro bíblico no termina en esa página. Esto no estaba tan lejos de lo que el pueblo decía. La ceremonia del pacto apenas había terminado y el pueblo poco a poco ya estaba empezando a abrazar el paganismo de ese tiempo e ir tras otros dioses.

Dijeron que estaban lejos de eso: “Nunca tal acontezca …”, ‘sería lo último que haríamos’. Eso fue lo primero que hicieron. Pero hicieron el voto solemne de continuar en el pacto. Miren lo que Josué dice después que ellos dieron tremenda respuesta:

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.”

Ahora Josué dice: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem”.

El pueblo hizo una profesión de fe. Se comprometieron públicamente. Hicieron un juramento y un voto sagrado, y lo rompieron; y Josué les advirtió: “No podréis servir a Jehová”, tu Dios.

Tú piensas que servirás al Señor tu Dios, pero tú no sabes de quién estás hablando. Ni siquiera conoces a este Dios con el cual te has comprometido. ¿No sabes que es un Dios santo? ¿No sabes que es un Dios celoso? No celoso en el sentido humano de envidiar lo que el otro tiene, sino celoso en el sentido de que no permitirá el prostituirse detrás de otros dioses.

Él exige tu lealtad, tu compromiso y tu obediencia. Y todo el pueblo dijo: “serviremos a Jehová”. Una de las cosas que me preocupa profundamente es la facilidad con la que creemos en nuestros días que podemos entrar en el reino de Dios.

Se ha puesto tanto énfasis en un tipo de evangelismo donde las personas son llamadas a leer una oración o levantar la mano o acercarse a un altar y hacer una profesión de fe. No me malentiendan, no hay nada malo en la expresión pública de la fe. Estamos llamados a hacer una profesión de fe pública. Pero lo que es peligroso es que asumamos que, por el solo hecho de realizar ese acto público, ya somos redimidos y entramos a un estado de gracia.

El Nuevo Testamento nos advierte, el Antiguo Testamento nos advierte en cada página, que es fácil para la gente hacer una profesión de fe y apresurarse a prometer lealtad y obediencia a Cristo, y lealtad y obediencia a Dios y que luego no cumplan, porque ellos no han llegado a comprender el significado profundo de lo que es ser hijos de Dios en realidad, ya que no se han topado con el carácter de Dios, con su santidad, con el entendimiento de que Dios nunca pierde; y que cuando juramos lealtad a Cristo, es para siempre.

Mira tu propia vida. Mira tu historial de cumplimiento del pacto. Todos nosotros necesitamos renovar el pacto con Dios regularmente.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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