QUÉ SIGNIFICA ESTAR UNIDO A CRISTO

QUÉ SIGNIFICA ESTAR UNIDO A CRISTO
POR OSKAR AROCHA

La realidad espiritual más importante de nuestra relación con Dios es que hemos “muerto con Cristo” (Ro 6:8). ¡Es sorprendente! La Palabra revela que estábamos unidos a Cristo en la cruz y que unidos a Él ahora podemos recibir de Dios Padre toda bendición espiritual (Ef 1:3, 7; 2Co 1:20; Fil 4:19; 2Ti 1:1).

Esta relación es presentada en la Escritura como una relación de representación. En la primera carta a la iglesia en Corinto esta relación es comparada con nuestra relación de representación en Adán, cuando dice: “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Co 15:22). Kistemaker destaca que el texto griego de la primera frase, la frase de Adán, está en tiempo pasado; sin embargo la segunda frase está en futuro. Esta evidencia gramatical es importante porque en sentido cronológico, cuando este pasaje fue escrito, ya ambos acontecimientos habían ocurrido. Así que, en la historia de la redención, aun desde que Adán pecó y la promesa de gracia fue revelada, todos aquellos que han depositado su confianza en el Mesías fueron representados y han tenido un bendito futuro asegurado desde ese momento, para siempre.

Por otro lado, otro pasaje en Romanos dice: “Tal como por una transgresión resultó la condenación […] así también por un acto de justicia resultó la justificación” (Ro 5:18). Estábamos unidos a Cristo en ese “acto de justicia” expresado en el Calvario, pero hay más. Según Mounce la construcción gramatical de la frase “acto de justicia” se refiere normalmente a un pronunciamiento más que a una acción. Indica un proceso completado más que un solo acontecimiento. Y unido a frases del contexto tales como “el juicio” en el verso 16, el autor está apuntando a una “sentencia de justificación”. En otras palabras, la unión con Cristo no solo conecta específicamente a la cruz de Cristo, sino también, en un sentido integral, a todo aquello que fue logrado por él: vida, muerte, resurrección y gloria (ver Ef 2:4-7; Ro 6:8).

UNIDOS A CRISTO EN SU MUERTE
Nuestra unión a Cristo en la cruz es trascendental porque cuando Cristo fue crucificado, ya la unión había sido decidida antes de la fundación del mundo. El Padre nos bendijo “en Cristo, según nos escogió en Él [Cristo] antes de la fundación del mundo” (Ef 1:3) y esa gracia “nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad” (2Ti 1:9).

Esta realidad se ilustra como si en cada momento pasado, presente y futuro el Padre nos observara a través de unos anteojos llamados ‘crucificados juntamente con Cristo’. Y no importa si fue 2000 años antes de Cristo con algún creyente de Ur de los Caldeos (Abraham), o si fue en el momento exacto en que la sangre fue derramada en el Gólgota, o si es 2000 años después, el Padre considera a los suyos “muertos con Cristo”.

Ante lo extraordinario de esta realidad espiritual, algunos teólogos de siglos pasados hablaron de esta unión como una unión “mística”, no porque sea mágica, sino porque no tenemos palabras para explicar tan maravillosa realidad. La Escritura dice que cuando Cristo murió en la cruz, todos aquellos por quienes murió murieron juntamente con Él, y cuando resucitó, resucitaron con Él (Ro 6:6-8). “Aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia han sido salvados), y con Él nos resucitó” (Ef 2:4-6).

En Dios salva pecadores, se expone, de manera amena pero retadora, sencilla pero profunda, cada una de las verdades que compilan la doctrina de la salvación de Dios. Compuesto de tres partes, este libro nos sitúa desde antes del principio, cuando Dios ya había escogido salvarnos por Su amor, y nos lleva hasta el final, hasta la glorificación que tendremos cuando podremos estar siempre con el Señor. Si deseas saber más acerca de lo que la Biblia enseña sobre este tema supremamente fundamental, ¡léete este libro!

¿CÓMO PUEDES ESTAR UNIDO A JESÚS?
Entonces, si Cristo conocía y tenía una relación existente con aquellos por quienes murió, ¿quiénes fueron aquellos que murieron juntamente con Él? Esa pregunta nunca falta en este tema. La Escritura responde, sin mencionar nombres o apellidos, que cuando Cristo murió en la cruz, aquellos por quienes murió Dios les llamaba Su linaje, Su pueblo, Sus ovejas y Su Iglesia.

En el anuncio profético de la muerte de Jesús, el profeta Isaías declara: “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje” (Is 53:10). En el anuncio profético de Su nacimiento el ángel del Señor dijo: “llamarás Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados” (Mt 1:21). En el conocido discurso del Pastor y las ovejas Jesús dijo: “Yo soy el Buen Pastor; y conozco mis ovejas […] y pongo mi vida por las ovejas” (Jn 10:14, 16). Y en su discurso sobre el diseño del matrimonio según Dios, el apóstol Pablo dijo: “Amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella” (Ef 5:23-25).

Estos distintos títulos (linaje, pueblo, iglesia y ovejas) aluden a los redimidos que murieron juntamente con Cristo, y aun así nosotros no sepamos sus nombres, Dios sí los sabe. Jesús dijo: “Yo conozco a Mis ovejas […] así como el Padre me conoce y Yo conozco al Padre, y doy Mi vida por las ovejas” (Jn 10:14-15). Dios las conoce por sus nombres, son Suyas y las ama en Cristo, que dio Su vida por ellas.

Es maravilloso considerar cada titular:

» Linaje habla de hijos y de una descendencia pura que proviene del Progenitor o Padre.
» Pueblo introduce un concepto de comunidad y un lugar de desarrollo y disfrute ilustrado por Israel en la tierra de Canaán.
» Iglesia presenta la relación más íntima, la unión de un hombre y su mujer, donde dos vienen a ser una sola carne.
» Ovejas conecta al rebaño indefenso y en riesgo, pero que tiene un Pastor que guía, ama y protege. Nos remonta a David que dijo: “Jehová es mi Pastor, nada me faltará” (Sal 23:1), y al patriarca Jacob que dijo: “De allí es el Pastor, la Roca de Israel” (Gn 49:24).
Estos redimidos que individualmente se relacionan a Dios en Cristo son gente de cada pueblo, lengua, tribu y nación (Ap 5:9). Ellos conforman un solo pueblo, un solo rebaño, un solo Israel, una sola iglesia, una sola nación, y todos bajo un solo Rey, Jesucristo, el Rey de gloria. Y sabiendo que somos de Dios, unidos indivisiblemente en Cristo, podemos, entonces, estar seguros de toda bendición y toda promesa. Tenemos una esperanza viva para vivir con gozo pleno. ¡Podemos fijar nuestras esperanzas plenamente, con gozo celestial, en Cristo, tanto que seamos así las personas más libres sobre la tierra!


Este artículo sobre estar unido a cristo fue adaptado de una porción del libro Dios salva pecadores publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?

QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?
POR ALISTAIR BEGG

“Volviendo Su vista hacia Sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios’”. Lucas 6:20

Jesús exalta lo que el mundo menosprecia y rechaza lo que este admira.

Este es el gran reto de las Bienaventuranzas y sobre todo de esta enseñanza de Jesús sobre las riquezas. Vivimos en un mundo que nos mueve a exaltarnos, en particular en el ámbito de las finanzas y de las riquezas materiales. La comodidad es suprema en nuestra cultura y la cultura es el agua en la que todos nadamos.

Así que las primeras palabras de la enseñanza de Jesús en este sermón nos enfrentan: “Bienaventurados ustedes los pobres”. ¿Qué está haciendo Jesús? ¿Está sugiriendo que la pobreza material de alguna manera es clave para la salvación? ¡Para nada! Más bien, está explicando que los que en verdad toman consciencia de su pobreza espiritual entrarán al reino de Dios.

Por supuesto, hay algunos que afirman que la enseñanza de Jesús es que, si eres pobre, debes estar agradecido porque automáticamente eres parte del reino de los cielos. Pero ese tipo de pobreza no es la clave para entrar en el reino de Dios, como tampoco las riquezas en sí mismas son la principal razón para la exclusión de otro. De hecho, tanto los pobres como los ricos son bienvenidos a Su reino si se dan cuenta de su necesidad de perdón y si llegan a la fe en Jesús como su Salvador. Si este no fuera el caso, entonces una mujer llamada Lidia que vivía en Filipos como comerciante adinerada nunca habría abierto sus ojos y su corazón a la verdad del evangelio (Hch 16:11-15). No, lo que se necesita es la consciencia de nuestra pobreza espiritual estando separados de Cristo.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

No obstante, es importante notar que la pobreza financiera también puede ser un medio de bendición espiritual. Esta pobreza a menudo lleva a las personas a descubrir su dependencia absoluta en Dios, no solo para sus necesidades físicas y materiales, sino también para las bendiciones espirituales. Por esta razón, la pobreza tiende a provocar una respuesta mucho mejor al evangelio que la riqueza. Disfrutar de abundancia material fácilmente puede cegarnos a nuestra necesidad más profunda: nuestro acceso al reino de Dios. La riqueza es a menudo un terreno fértil para el orgullo, de manera que nuestro corazón se olvida de que, tanto el rico como el pobre “pasará como la flor de la hierba” (Stg 1:10).

Juan Calvino lo explicó así: “Solo aquel que es reducido a nada en sí mismo y que descansa en la misericordia de Dios es pobre en espíritu”. La pobreza puede traer consigo pruebas, pero ¿alguna vez te has dado cuenta de que la riqueza también trae consigo las tentaciones del orgullo, de la autodependencia y de la autocomplacencia espiritual?

Así que ¿estamos dispuestos a admitir nuestra pobreza espiritual? ¿O estamos demasiado seguros en nosotros mismos y satisfechos en nuestras riquezas terrenales? Aquí está una manera en la que podemos conocer la verdadera respuesta a estas preguntas: ¿puede tu corazón resonar con la oración de Agur en Proverbios: “No me des pobreza ni riqueza” (Pro 30:8)?


Este artículo sobre ¿Qué significa bienaventurados los pobres en espíritu? fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

POR ALISTAIR BEGG

Entonces las mujeres dijeron a Noemí: ‘Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez…’. Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo”. Rut 4:14-16

La presentación de un nuevo bebé a sus abuelos no es una escena inusual. Pero la historia de Noemí y el futuro de esta pequeña familia hacen que esta escena sea extraordinaria. Noemí regresó a Belén después de haber enterrado a su esposo e hijos, con las manos vacías y afligida. Ahora su vida y su regazo estaban llenos de alegría y esperanza. Aquí estaba la futura generación de su familia para darle vida y sustento en su vejez. En este sentido, el niño le trajo la libertad y redención. Pero al contemplar esta escena ordinaria desde este lado de la encarnación, también sabemos que declara una noticia extraordinaria: debido al cuidado bondadoso de Dios por dos viudas indefensas, toda la nación de Israel —de hecho, toda la humanidad— fue beneficiada. A través de Rut, Dios continuó una línea familiar que más tarde conduciría al rey David, y luego al mismo Jesucristo.

Incluso Jesús, este Rey de reyes y Señor de señores, se encontró entre las cosas ordinarias de la vida. Él también estuvo en el regazo de alguien. Tuvo padres terrenales ordinarios. Nació en un establo, no en un gran palacio. Su victoria llegó a través de la cruz de un criminal, no de un trono conquistador. Esto no es lo que la mayoría esperaría del Dios Todopoderoso encarnado; sin embargo, al igual que los sabios buscaron a Jesús primero en el palacio (Mt 2:1-3), a menudo comenzamos a buscarlo en los lugares equivocados. Y cuando lo hacemos, corremos el peligro de acabar como una “Mara” en lugar de una “Noemí” (Rut 1:20), sintiéndonos amargados en lugar de disfrutar de contentamiento.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario: personas ordinarias en lugares ordinarios haciendo cosas ordinarias. Si llevas una vida ordinaria, esto debería animarte. Muy pocos de nosotros seremos siquiera una nota a pie de página en la historia. Tanto si eres una madre ordinaria que cría a niños ordinarios y hace cosas ordinarias todos los días, como si eres un abuelo ordinario que cuenta las mismas historias ordinarias de siempre, o un estudiante ordinario que hace sus deberes y actividades ordinarias —cualquiera que sea tu nivel de lo ordinario—, la gloria de Dios puede encontrarse a tu alrededor. Y tu fidelidad en medio de lo ordinario puede, por Su gracia, convertirse en el medio de un impacto extraordinario por el bien del evangelio.

Cuando te sientas tentado a pensar que no estás haciendo mucho —a creer la mentira del diablo de que no puedes marcar la diferencia o que estás fuera de los propósitos de Dios— recuerda esto: mucho después de que los logros, las palabras y la sabiduría humana se desvanezcan, la fidelidad, la bondad, la integridad, el amor y la gracia que Dios obra en ti y a través de ti habrá tenido un impacto más extraordinario en las vidas de hombres y mujeres de lo que podrías imaginar. Esta es la maravilla de la historia de Noemí y la maravilla de toda la historia: que la extraordinaria gloria de Dios actúa en lo ordinario. Esa verdad puede cambiar cómo te sientes y cómo vives tu día.


Este artículo sobre Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

ESPERANZA VIVA EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO

ESPERANZA VIVA EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO
POR TIMOTHY KELLER

Entonces esos poderes, que trabajan para el sufrimiento, tendrán su recompensa, y día a día producirán Tu alabanza, y mi alivio; me edificarán con cuidado y valor, hasta que llegue al cielo y, aún más, a Ti.

— George Herbert, “Aflicción IV”

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”.

— Apocalipsis 21:1-5

No hay nada más práctico para quienes sufren que tener esperanza. La pérdida de la esperanza es lo que hace que el sufrimiento sea insoportable. Y aquí, al final de la Biblia, está la mayor esperanza, un mundo material en el que todo el sufrimiento se ha ido, en el que toda lágrima será enjugada de nuestros ojos. Esta es una esperanza viva y transformadora.

¿A quién estaba escribiendo Juan en el libro de Apocalipsis? Estaba escribiendo a personas que sufrían cosas terribles. El versículo 4 nos muestra la lista. Estaba escribiendo a personas que estaban experimentando aflicciones, peligro de muerte, llanto y dolor. Este libro fue escrito cerca del final del primer siglo, cuando el emperador romano Domiciano estaba llevando a cabo persecuciones de cristianos a gran escala. A algunos les quitaban sus hogares y los saqueaban, y otros eran enviados a la arena para ser despedazados por bestias salvajes mientras el público observaba. Otros eran empalados en postes, cubiertos con brea y, estando aún vivos, les prendían fuego. Eso es lo que los lectores de este libro estaban enfrentando.

¿Y qué les dio Juan para que pudieran enfrentar todo esto? Juan les recordó la mayor esperanza de todas: la llegada de un cielo nuevo y una tierra nueva. Eso fue lo que les dio para enfrentarlo, y la historia nos confirma que funcionó. Sabemos que los primeros cristianos asumieron su sufrimiento con gran serenidad y paz, que cantaron himnos mientras las bestias los desgarraban y que perdonaron a sus verdugos. Es por esto que mientras más los mataban, más crecía el movimiento cristiano. ¿Por qué? Porque cuando la gente los veía morir de esa manera, decían: “Esta gente tiene algo”. Bueno, ¿saben lo que tenían? Tenían esto: una esperanza viva.

Los seres humanos son criaturas diseñadas para la esperanza. La forma en que vives ahora está completamente controlada por lo que crees sobre tu futuro. Estaba leyendo una historia hace algunos años sobre dos hombres que fueron capturados y arrojados a un calabozo. Justo antes de ir a prisión, uno de los hombres descubrió que su esposa y su hijo estaban muertos, y el otro se enteró de que su esposa y su hijo estaban vivos y lo esperaban. En los primeros años de su encarcelamiento, el primer hombre se consumió de tristeza y finalmente murió. Pero el otro hombre aguantó, se mantuvo fuerte y salió diez años después. Ten en cuenta que estos dos hombres experimentaron las mismas circunstancias pero respondieron de manera diferente porque, aunque experimentaron el mismo presente, tenían la mente puesta en futuros diferentes. El futuro era lo que determinaba la forma en que manejaban el presente.

Juan tenía razón, entonces, al ayudar a las personas que sufren dándoles una esperanza. ¿Crees que cuando mueras sencillamente te pudrirás? ¿Crees que la vida en este mundo es toda la felicidad que obtendrás? ¿Crees que algún día el sol va a morir, que toda la civilización humana se extinguirá y que nadie recordará nada de lo que se haya hecho? Esa es una forma de imaginar tu futuro. Pero aquí está otra. ¿Crees en “un cielo nuevo y una tierra nueva”? ¿Crees que toda maldad e injusticia será juzgada en el día del juicio? ¿Crees que te diriges hacia un futuro de gozo eterno? Esos son dos futuros completamente diferentes, y lo que creas determinará la manera en que vas a manejar tus prisiones, tu sufrimiento.


Este artículo Esperanza viva en medio del sufrimiento fue adaptado de una porción del libro Caminando con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace. Conoce todos los libros de Timothy Keller en español.

¿QUÉ CLASE DE EVANGELIO ESTÁS ESCUCHANDO?

POR ANDY JOHNSON

ué quiero decir cuando uso la palabra “evangelio”? Con ella me refiero al mensaje cristiano histórico, las buenas nuevas acerca de lo que Dios ha hecho por los pecadores por medio de Cristo. Y con esto no me refiero a ciertas implicaciones de ese mensaje, como por ejemplo la forma en la que algunos cristianos viven o lo que hacen, sino que me refiero al mensaje mismo de lo que Jesús ha hecho por los pecadores; el único mensaje que puede salvarnos del Infierno y llevarnos a Dios.

El evangelio bíblico empieza con Dios, quien creó todas las cosas por Su Palabra. De la nada, Dios habló y fueron creadas todas las galaxias, las nebulosas, las estrellas y los planetas. También creó la vida en nuestro planeta, incluyendo el primer hombre y la primera mujer. Dios los colocó en un huerto y les dio todas las cosas para que las disfrutaran y gobernaran con perfecta libertad. La única prohibición fue que no comieran de un árbol en particular. Pero el rebelde enemigo de Dios entró en el huerto y tentó a Eva, aunque Adán no hizo nada al respecto. Escogieron desobedecer la prohibición de Dios y escuchar en su lugar las falsas promesas de Satanás. Los humanos hemos estado haciendo lo mismo desde entonces. Pero Dios castigará el pecado porque es bueno y justo. Él no es la clase de juez que esconde la suciedad bajo la alfombra, pervirtiendo así la justicia. Él es un juez justo, y eso es malo para transgresores de la ley como nosotros. Rebelarse contra el gobierno justo de un Dios perfecto es indescriptiblemente perverso y merece un castigo de inconcebible severidad y duración. Merecemos un castigo eterno y consciente en el Infierno bajo la ira de Dios.

Pero Dios tenía un plan en su incalculable amor y sabiduría para castigar el pecado —y así ser un juez justo— y al mismo tiempo perdonar a pecadores como nosotros (y así reflejar su misericordia). Eso fue lo que hizo al enviar a Jesucristo —el coeterno y mismo Dios en la persona de Su Hijo— para que se encarnara. Jesús vivió una vida perfecta sin rebelarse nunca contra Dios. Nunca cometió pecado alguno, sino que voluntariamente tomó el lugar de los pecadores. Y al ser clavado en la cruz de madera, cargó sobre Sus hombros toda la fuerza de la justa ira que el Dios todopoderoso tiene en contra del pecado. Cristo cargó sobre Sí mismo el castigo eterno que merecen nuestros pecados. Su sacrificio soberano absorbió el castigo de todos los pecadores que algún día se arrepentirían y confiarían en Él. Dios mostró que había aceptado el sacrificio de Jesucristo cuando lo levantó de la muerte después de haber estado tres días en la tumba.

Ahora este Jesús resucitado ordena a todos en todo lugar que se arrepientan de sus pecados y confíen en Él. Y de manera asombrosa, Cristo nos concede no solo la promesa del perdón, sino también la adopción como hijos e hijas amadas del mismo Dios que hemos ofendido. Si nos hemos arrepentido de nuestros pecados y confiado en Jesús, ahora conocemos la paz con Dios y la esperanza firme de tener gozo eterno y disfrutar de Él para siempre. Ese es el evangelio bíblico y es verdad para todas las personas, todas las lenguas, todos los lugares y todas las culturas a través de los tiempos.

Sea cual sea nuestro papel en la iglesia, lo mejor que podemos hacer es creer este evangelio. Tenemos que meditar en él y medir todo lo que hay en nuestras vidas a la luz de su verdad y su valía.

Y cuando lo hayamos hecho, tenemos que orar por los líderes de nuestra iglesia y animarlos con gentileza a que dirijan a la congregación a poner el evangelio en lo más alto. Dales las gracias cada vez que presenten claramente el evangelio en su predicación y anímales a promover la pasión por las misiones mundiales como una consecuencia natural y bíblica del evangelio.

“EL ÚNICO COMBUSTIBLE VÁLIDO PARA LAS MISIONES MUNDIALES ES LA GLORIA DEL EVANGELIO, NO LAS NECESIDADES DE LA HUMANIDAD.”

Los pastores y líderes de la iglesia tienen que mantener en alto este evangelio no solo en los mensajes evangelísticos, sino en todo tiempo. Las personas salvas de tu congregación necesitan que se les recuerde y se les ayude regularmente a maravillarse en la idea de que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8b). Allí donde las personas ven la obra de Cristo como algo sumamente valioso, las misiones se convierten en un sacrificio racional y glorioso. El único combustible válido para las misiones mundiales es la gloria del evangelio, no las necesidades de la humanidad.

¿QUÉ SIGNIFICAN LAS PALABRAS “MISIONES” Y “MISIONEROS”?

No obstante, ¿qué queremos decir cuando usamos la palabra “misiones” y quién puede ser considerado “misionero”? Para algunos cristianos, estas dos palabras han cambiado su significado recientemente. Algunos tratan ahora la misión de la iglesia como si abarcara todas las cosas buenas que los cristianos hacen, desde la acción social hasta la protección del medioambiente. Es cierto que es bueno hacer estas cosas y otras muchas que multitud de cristianos hacen regularmente de manera individual. Pero mi intención es mantener el uso tradicional e histórico de la palabra “misiones”. Es decir, la exclusiva y característica misión evangélica de la iglesia que es hacer discípulos a todas las naciones. O sea, la clase de evangelismo que lleva el evangelio traspasando los límites étnicos, lingüísticos y geográficos, y que congrega a las iglesias y les enseña a obedecer todo lo que Jesús ha ordenado. La verdad es que hacerlo de manera diferente supone convertir la palabra “misiones” en algo inútil. Tal y como dijo Esteban Neill en su famosa frase respecto a esta nueva definición de las misiones: “Si todo es misión, entonces nada es misión”.

De la misma manera, cuando me refiero a “los misioneros” no estoy hablando de los cristianos que viven en una cultura diferente a la suya y que comparten el evangelio. Así como no todos los miembros de iglesia que aman a Cristo son “pastores o ancianos” y no todos los miembros de iglesia que hablan acerca de la Biblia son “maestros” en el sentido de Santiago 3:1, tampoco todos los testigos del evangelio en una cultura diferente a la suya son misioneros según vemos en 3 Juan o 1 de Corintios. Me ciño al entendimiento tradicional e histórico de la palabra “misionero” como alguien que es reconocido por la iglesia local y enviado para que el evangelio sea conocido y, para congregar, servir y fortalecer a las iglesias locales sin importar las divisiones étnicas, lingüísticas o geográficas. Esas son las personas a las cuales se les ha dicho a nuestras iglesias en lugares como 3 Juan que debemos sustentar.

Este artículo fue adaptado de una porción del libro Las misionespublicado por Poiema PublicacionesPuedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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HABLAR CON NUESTROS HIJOS: EL OBJETIVO ES ENTENDERLOS

HABLAR CON NUESTROS HIJOS: EL OBJETIVO ES ENTENDERLOS
POR TEDD TRIPP

Los vendedores ambulantes se cansan de la comida de los restaurantes. Mi padre entendía esto y por eso muchas veces traía vendedores a cenar a casa.

Durante una de esas noches, no estábamos dispuestos a obedecer, pero mi padre nos recordó nuestro deber preguntando: “¿Qué dice Efesios 6:1?”. En nuestras mentes recitábamos: “Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo”, y procedíamos con nuestro deber.

El poderoso efecto que tuvo esta pregunta impresionó a nuestro invitado. De seguro se había dado con un método nuevo para hacer que los niños obedecieran. Al final de la velada, él no pudo contener su curiosidad. “A propósito”, finalmente preguntó: “¿Qué es Efesios 6:1? Me gustaría enseñárselo a mis hijos”.

Como muchos padres, el amigo de mi padre quería un método efectivo de tratar con sus hijos y pensó que este método de Efesios 6:1 funcionaría con ellos.

¿Qué dice la Biblia acerca de nuestro método de crianza? La Palabra de Dios no solo debe formar nuestros objetivos, sino también nuestros métodos. Los métodos y los objetivos deben ser complementarios. Seguramente quieres que tu hijo viva para la gloria de Dios y se dé cuenta de que la vida que vale la pena es la que se vive bajo el señorío de Jesucristo. Por tanto, tus métodos deben demostrar esa sumisión a ese mismo Señor. Podemos decir, entonces, que los métodos diseñados para producir niños bien amoldados y exitosos no van a funcionar, porque su meta no es simplemente el éxito y el buen comportamiento.

Una propuesta bíblica para la instrucción de los niños contiene dos elementos que tú entretejes: el primero es una comunicación plena y rica; el otro es la vara. En el libro de Proverbios encontramos estos métodos lado a lado:

No dejes de corregir al joven,

que no va a morirse si lo castigas con vara.

Al contrario, castígalo con vara

y lo librarás de caer en el sepulcro.

Hijo mío, si en tu corazón eres sabio, eso alegrará también mi corazón�

En mi interior sentiré gran alegría

cuando con tus labios digas lo que es justo.

No abrigues en ti envidia por los pecadores,

sino mantente siempre en el temor del Señor.

Lo cierto es que hay un futuro,

y tu esperanza no se verá frustrada.

Hijo mío, escúchame y adquiere sabiduría

Deja que tu corazón enderece el rumbo

Proverbios 23:13-19 RVC

Escucha a tu padre, que te engendró,

y no desprecies a tu madre cuando sea anciana.

Proverbios 23:22

Dame, hijo mío, tu corazón

y no pierdas de vista mis caminos.

Proverbios 23:26

Salomón hace una mezcla entre la comunicación plena y la vara, porque estos elementos son esenciales para la crianza bíblica. Juntos forman un método para la disciplina, la corrección y la formación de los niños que es agradable a Dios, adecuado, coherente y unificado. Por un lado, Dios ha dado autoridad a los padres al llamarlos a actuar como Sus agentes en la crianza, y el uso de la vara preserva esa autoridad bíblica. Por el otro, el énfasis en la comunión evita la disciplina fría y tiránica y provee un contexto para una comunicación honesta, en el que el niño es conocido y aprende a conocerse a sí mismo.

Esta combinación es algo muy sensible, siempre y cuando esté alejada de un sentimentalismo “patético”. La vara y la comunicación siempre deben estar entretejidas en el verdadero pastoreo de los niños.

Este es un extracto de una conversación que recientemente tuve con un padre, que sirve de ilustración:

“Háblame de la comunicación que tienes con tu hijo”, inquirí.

“Oh, más o menos buena”, respondió. “Anoche me pidió que le diera una bicicleta y le dije que se comiera sus frijoles”.

El comentario trajo una sonrisa a mi cara, pero al reflexionar, me di cuenta de que probablemente era una descripción real de la comunicación entre la mayoría de los padres y sus hijos. Los padres y madres les dicen a los niños lo que deben hacer mientras que los niños les dicen a los padres sus deseos y sueños.

Hablar con tus hijos

Cómo pastorear el corazón de tu hijo

Tedd Tripp

Un libro que rompe los esquemas de crianza y nos dirige a la raíz del problema: el corazón. Redefine bíblicamente nuestra tarea como padres y los medios para lograrlo. Traducido a más de 25 idiomas, con más de un millón de copias vendidas, es un libro valioso y práctico para todos los padres.

La comunicación es diálogo, no monólogo

A menudo pensamos que la comunicación es la habilidad de expresarnos a nosotros mismos y por esto, acabamos hablándoles a nuestros hijos. Sin embargo, tú debes procurar hablar con tus hijos porque la comunicación no es un monólogo, sino un diálogo.

No es solamente la habilidad de hablar, sino también la habilidad de escuchar. Proverbios 18:2 habla de este asunto con agudeza: “Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión”. Proverbios 18:13 nos recuerda que “es necio y vergonzoso responder antes de escuchar”.

La excelencia del arte de la comunicación no consiste en aprender cómo expresar los pensamientos propios, sino en aprender a entender los pensamientos de otro. Por ende, el objetivo de tu conversación debe ser comprender a tu hijo, no simplemente hacer que él te entienda. Muchos padres nunca aprenden esta habilidad, y por eso nunca descubren cómo ayudar a sus hijos a articular sus pensamientos y sentimientos.

Hay cierta ironía en todo esto. Cuando los niños son pequeños, no los incluimos en nuestras conversaciones importantes, y cuando tratan de acercarse a nosotros, respondemos con un desinteresado: “¡Sí, sí, ajá!”. Eventualmente, ellos aprenden el juego, pues se dan cuenta de que no estamos tan interesados en lo que les sucede. Aprenden que el significado para nosotros de lo que es una “buena conversación” es un “buen escuchar” de parte de ellos. El problema es cuando los niños llegan a la adolescencia, las posiciones cambian: los padres desean poder involucrarse con ellos, pero hace tiempo que ellos se han cansado de tratar de hacerlo y han abandonado todo intento.

Crystal es un buen ejemplo. Sus padres la trajeron a consejería porque se había retraído mucho. Ellos sabían que tenía problemas, pero ella no les hablaba. Su madre le gritaba y la comunicación se había limitado a períodos de actividad volcánica. Cuando la madre echaba lava, Crystal buscaba refugio. Por otro lado, su padre era una persona retraída y distanciada y raramente se relacionaba con alguien. Ahora, Crystal, a los 14 años, está explotando en su interior, pero nunca ha experimentado el beneficio de tener la participación comprensiva de los padres. Con consejería bíblica está aprendiendo a hablar con sus padres y ellos están aprendiendo a facilitar la comunicación y escuchar lo que dice.

LO QUE CADA MADRE NECESITA SABER

LO QUE CADA MADRE NECESITA SABER
POR GLORIA FURMAN


Cada madre necesita saber en lo más profundo de su ser que Jesucristo es Aquel a quien todos los profetas estaban apuntando. Jesús es el Rey davídico que había sido profetizado y que reina sobre las naciones. Jesús ha vencido a Sus enemigos, y a través de Su Espíritu está estableciendo Su iglesia—ese magnífico “templo” multiétnico en la tierra. Dios ha establecido Su morada entre hombres y mujeres a través de Su Espíritu. Jesús es el verdadero Hijo—haciendo lo que ni Adán, ni Israel, ni David pudieron hacer—que vive fielmente de cada palabra que sale de la boca de Dios. De entre todas las naciones de la tierra, Jesús está llamando a un pueblo para Sí mismo, para que sean “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios” (1P 2:9). Jesús está sacando a personas de Adán y colocándolas en Sí mismo. Jesús está reemplazando corazones de piedra con corazones de carne. Con cada día que pasa, el día del Señor se va acercando, y esa no es una esperanza vana. La maternidad es un ministerio estratégico en las manos del Hijo del Hombre que fue profetizado.

Tenemos un rol sacerdotal en el que le presentamos nuestras súplicas a Dios por medio de Cristo, súplicas por Sus ovejas elegidas que están esparcidas entre las naciones. “¡Señor, escúchanos! ¡Señor, perdónanos! ¡Señor, atiéndenos y actúa! Dios mío, haz honor a Tu nombre y no tardes más; ¡Tu nombre se invoca sobre Tu ciudad y sobre Tu pueblo!” (Daniel 9:19).

Tenemos el rol real de difundir la luz del evangelio por todo el reino tenebroso de Satanás, animándonos unas a otras y edificándonos unas a otras (1Ts 5:1-11). Y tenemos un rol profético, a medida que escuchamos y obedecemos al único y verdadero Dios que se ha revelado en Su Palabra, y hablamos con la verdad acerca de Él y de Su actividad en el mundo. Como madres con una misión, para nosotras es de particular importancia el escuchar y obedecer lo que Dios ha revelado como Sus propósitos para nosotras como mujeres.

Nuestras amigas, subculturas y gobiernos tienen sus propias ideas acerca de la imagen que debemos mostrar y cómo hacerlo, pero ¿cuadran esas imágenes con lo que el Creador ha dicho en Su Palabra? ¿Es coherente con la forma en que Jesucristo está moldeando a las mujeres para que sean madres con una misión que hacen discípulos en todas las naciones?

Nuestro rol profético en el mundo deriva del hecho de que hemos sido creadas a la imagen de Dios y recreadas a la imagen de Cristo. Desde las amas de casa en Santa Clara hasta las abuelas en Nepal, todas las culturas del mundo tienen sus propias ideas de la imagen que las mujeres deben representar. (Y ni hablar de cómo esas ideas cambian con el tiempo.) Dependiendo de la imagen que cada cultura tenga, a las mujeres se le asignan “trabajos de mujer”. El razonamiento es el siguiente: las mujeres hacen lo que hacen porque eso es lo que son. Tal razonamiento puede ser correcto, pero si la imagen es incorrecta, entonces también lo será el rol. Basta pensar en la pornografía o el voyerismo farandulero como ejemplos de esto. ¿Cuál es la imagen percibida de las mujeres dentro de esos esquemas? ¿Cuál, entonces, sería el rol que desempeña la mujer al mostrar esa imagen? Piensa en las imágenes de las madres en tu propia cultura. ¿A quién o qué se supone que deben de encarnar? ¿Cuáles son las funciones que estas madres deben desempeñar?

En medio de todo este mar de ideas, la Biblia afirma la verdad inmutable de que las mujeres están hechas a la imagen de Dios. Las mujeres hacen lo que hacen porque Dios las hizo de esa manera. Reflejamos la imagen del Creador, porque eso es lo que somos: generadoras de la imagen de Dios. La imago Dei implica necesariamente capacidades y habilidades dadas por Dios, pero también implica que nuestras actividades son igualmente ordenadas por Dios.

Las mujeres muestran la imagen de su Creador a través del ejercicio de la función y el llamado de Dios para ellas (o, en otras palabras, su vocación). Podríamos decir que los términos vocación y misión son sinónimos. Nuestro Padre ha diseñado una función para nosotras y nos ha llamado a ejercerla mediante el cumplimiento de la misión que Él nos dio. Trabajando, dirigiendo, hablando, sirviendo, cuidando, liderando, enseñando y construyendo—todas estas capacidades y más son dones de Dios como provisión para la misión que Él nos dio de hacer discípulos en todas las naciones.

Ahora mismo, en todo el mundo, las mujeres están naciendo de nuevo y siendo transformadas a la imagen de Cristo al contemplar la gloria suprema y permanente de Su ministerio (2Co 3:16-18). Este nuevo nacimiento es una palabra profética al mundo que nos ve. A través del evangelio de Dios, las mujeres están siendo conformadas a la imagen de Su Hijo. Jesús está renovando a las madres misionales, no a la imagen de Eva antes de que cayera, sino a algo más glorioso: a Su propia imagen. Las mujeres que están en Cristo hacen lo que hacen porque para eso es que Cristo las está recreando.

Las madres con una misión están experimentando el poder transformador de Jesús a medida que Él va dándoles nuevas habilidades para trabajar, dirigir, hablar, servir, cuidar, liderar, enseñar y construir según Su patrón cruciforme, fortalecidas por Su Espíritu, y para que Su gloria sea conocida en el mundo. No se trata de ser súper mamás; se trata de ser madres con una misión. Me encanta como lo dijo Susan Hunt en su libro Spiritual Mothering [Maternidad espiritual]:

A medida que el deseo creciente de una mujer de imitar a Dios produce obediencia a Su Palabra, ella va desarrollando características maternales. Nuestra femineidad nos capacita para la maternidad; nuestra fe produce ciertas características de esa maternidad. Algunas de las características que vemos en las Escrituras son la fuerza, la excelencia, la ternura, la generosidad, el deseo de nutrir y cuidar, el consuelo, la compasión, el afecto, la protección y el sacrificio.

El Verbo hecho carne es Cristo mismo, y cuando Su Palabra mora en abundancia en Sus nuevas creaciones, entonces el mundo puede ver cómo Su Palabra profética está obrando hoy.


Este artículo Lo que cada madre necesita saber fue adaptado de una porción del libro Madres con una misión publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

NO SABEMOS QUIÉN ES DIOS, UN PROBLEMA DE LA IGLESIA MODERNA

POR PAUL WASHER

UNA IGNORANCIA DE DIOS
Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan.

Hechos 17:30

A veces me invitan a un lugar a predicar una serie sobre los atributos de Dios. A menudo respondo: “Bueno hermano, ¿lo has pensado detenidamente?”

Alguien podría responder: “¿A qué te refieres con que, ‘si lo he pensado detenidamente’?”

“Bueno, el tema que me estás pidiendo enseñar en tu iglesia es un poco polémico”.

“¿A qué te refieres con que es polémico? ¡Es Dios! Somos cristianos. Esta es una iglesia. ¿A qué te refieres con que es polémico?”

Entonces digo: “Querido pastor, escúchame. Cuando empiece a enseñar a tu congregación sobre la justicia de Dios, la soberanía de Dios, la ira de Dios, la supremacía de Dios y la gloria de Dios, algunos de los miembros más destacados y antiguos de tu iglesia se pondrán de pie y dirán algo como esto: ‘Ese no es mi Dios. Nunca podría amar a un Dios como ese’. ¿Por qué? Porque ellos tienen un dios que han inventado en su propia mente, y aman lo que han inventado”.

Escucha la Palabra de Dios:

Así dice el Señor: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; pero si alguien se gloría, gloríese de esto: De que me entiende y me conoce, pues Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco”, declara el Señor ( Jer 9:23-24).

Estas cosas has hecho, y Yo he guardado silencio; pensaste que Yo era tal como tú; pero te reprenderé, y delante de tus ojos expondré tus delitos. Entiendan ahora esto ustedes, los que se olvidan de Dios, no sea que los despedace, y no haya quien los libre (Sal 50:21-22).

¿Cuál es el problema? Hay una falta de conocimiento de Dios. Muchas personas escuchan esto y piensan: “Ah, hablar de los atributos de Dios y de teología es solo para expertos en teología y no tiene aplicación práctica”.

¿Como Dios se hace conocer?

10 acusaciones contra la iglesia moderna

Paul Washer

“El diagnóstico correcto es la mitad de la cura”.
Este libro de Paul Washer es un examen muy necesario para la salud espiritual del cuerpo de Cristo hoy en día. La verdad puede ser como una sacudida que nos despierte, pero la verdad que más duele es la que más cura. Así sucede con estos diez capítulos, los cuales ponen su dedo en el nervio dolido y en los huesos rotos de la iglesia contemporánea.

¡Escucha lo que estás diciendo! ¿Realmente crees que el conocimiento de Dios no tiene una aplicación práctica? ¿Sabes por qué todas las librerías cristianas están llenas de libros de autoayuda? ¡Es porque las personas no conocen al verdadero Dios! ¡Y como resultado se les debe dar toda clase de recursos triviales de la carne para que sigan caminando como deberían caminar las ovejas! “Sean sobrios, como conviene, y dejen de pecar; porque algunos no tienen conocimiento de Dios. Para vergüenza de ustedes lo digo” (1Co 15:34). ¿Por qué hay pecado desenfrenado incluso entre el pueblo de Dios? ¡Es por la falta de conocimiento de Dios!

¿Cuándo fue la última vez que asististe a una conferencia sobre los atributos de Dios? ¿Cuándo fue la última vez que, como pastor, enseñaste durante varios meses sobre quién es Dios? ¿Cuánta enseñanza en las iglesias de hoy tiene algo que ver con quién es Dios? ¡Es tan fácil dejarse llevar, simplemente seguir a todos los demás! Pero un día escuchas algo como esto y, de repente, te das cuenta de que ni siquiera puedes recordar la última vez que escuchaste a alguien enseñar sobre los atributos de Dios. ¡No es de extrañar que seamos las personas que somos!

Conocerlo ¡de eso se trata todo! ¡Conocerlo es vida eterna! La vida eterna no comienza cuando atraviesas las puertas de la gloria. La vida eterna comienza con la conversión. La vida eterna es conocer a Dios. ¿Realmente crees que te emocionará recorrer las calles de oro por la eternidad? La razón por la cual no perderás la cabeza en la eternidad es porque hay Uno allí que es infinito en gloria, y pasarás una eternidad de eternidades buscándolo y encontrándolo, ¡pero nunca lograrás abarcar ni siquiera la ladera de Su montaña!

¡Comienza ahora! Hay tantas cosas diferentes que deseas saber y hacer, y tantos libros que quieres leer. Consigue un buen libro sobre Dios; saca tu Biblia y estúdiala para conocerlo, ¡para conocer verdaderamente al Dios vivo y verdadero!

Debido a todo esto, te diría que, en cierto sentido, sería mejor que en algunas de las llamadas iglesias ni siquiera tuvieran un servicio el domingo por la mañana. El domingo por la mañana es a menudo la hora de mayor idolatría en toda la semana, porque las personas no están adorando al único y verdadero Dios. Las grandes masas adoran a un dios formado en sus propios corazones, por su propia carne, con recursos satánicos, y con inteligencia mundana. Han creado un dios como ellos, un dios que se parece más a Santa Claus que a Dios el Señor. No puede haber temor del Señor entre nosotros si no hay conocimiento del Señor entre nosotros.


Este artículo sobre la oración fue adaptado de una porción del libro 10 Acusaciones contra la iglesia moderna escrito por Paul Washer y publicado por Poiema Publicaciones.


Páginas 21 a la 26

¿QUÉ ES LA FE? (Y QUÉ NO ES)

POR ALISTAIR BEGG

“¿Eres una persona de fe?”. La manera en que respondes a esta pregunta dependerá de lo que consideras como fe. Dadas todas las ideas equivocadas y las malas aplicaciones de la palabra fe en nuestra cultura, no es de sorprender que puedas titubear antes de contestar.

Sin embargo, los asuntos de la fe (su significado, su objeto, su contenido y su importancia) son demasiado significativos como para pasarlos por alto. La fe es un asunto urgente que debemos abordar de inmediato, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11:6). Por tanto, al considerar qué es la fe, continúa haciéndote esta pregunta: “¿Soy una persona de fe?”.

QUÉ NO ES LA FE
La gente habla de la fe de todo tipo de maneras. En un esfuerzo por animar a alguien que está pasando por tiempos difíciles, es posible escuchar a alguien decir: “¡Solo ten fe!”. O, quizá, has escuchado a otros hablar de cómo tienen fe en que un candidato político o un descubrimiento científico finalmente producirá el cambio que nuestra sociedad necesita.

Dado que existen demasiadas maneras para hablar de la fe, debemos dejar claro qué no es la fe verdadera y bíblica. Al describir lo que no es la fe, nos acercaremos a saber lo que sí es. También descubriremos que algunas de las cosas que consideramos como fe no lo son en realidad.

Existen tres ideas equivocadas comunes sobre la fe bíblica que tenemos que refutar.

LA FE NO ES UNA IMPRESIÓN RELIGIOSA
Muchos hombres y mujeres dicen ser personas de fe y, sin embargo, cuando les preguntas por qué, te dicen: “Bueno, simplemente tengo una fuerte impresión en mi interior de que soy cristiano”. Con este estándar, alguien podría negar la deidad de Jesucristo, repudiar Su muerte propiciatoria, rechazar Su resurrección corporal y, aun así, ser considerado cristiano por tener una fuerte impresión de que es así.

No obstante, la Escritura nos enseña que la fe no es una impresión religiosa subjetiva, separada de la verdad objetiva que Dios ha dado a conocer. No es una experiencia vaga o interna que tiene origen en uno mismo.

¿Podemos llamar a alguien cristiano simplemente con base en lo que sucede en su interior? ¿Ser cristiano es cualquier cosa que queramos que signifique y depende de la fuerza de una convicción subjetiva? ¡Para nada! ¿Por qué no? ¡Porque la Biblia lo dice! En repetidas ocasiones, nos recuerda del peligro de ser engañados por nuestros sentimientos. En Proverbios, Salomón escribe: “El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado” (28:26). En otra parte, el profeta Jeremías lleva esta verdad un paso más allá y declara: “Más engañoso que todo es el corazón” (17:9).

Esto no significa que la fe nunca mueva ni estimule nuestro corazón. ¡Debería hacerlo! El evangelio es una noticia emocionante. Sin embargo, la fe verdadera no es solo eso. La fuerte impresión que produce nunca está separada de la verdad objetiva que ha sido claramente manifestada a nosotros en las páginas de la Escritura. Sea lo que sea, esta no es fe bíblica.

LA FE ES ACEPTAR ALGO SIN EVIDENCIA
Otra perspectiva prevalente es que la fe cristiana requiere que nos quitemos el cerebro y que lo coloquemos debajo del asiento; es decir, que dejemos de pensar. Detrás de esta opinión está la suposición de que, si examinaras la evidencia a favor del cristianismo, descubrirías que es muy débil; por tanto, la única manera de ser cristiano es lanzarte a ciegas hacia un pozo oscuro. Entonces, la fe se vuelve un salto al vacío, una convicción de que, si tan solo creo y me emociono lo suficiente, algo que no es verdad puede volverse verdad.

No obstante, de nuevo la Escritura nos ayuda a ver la verdad con mayor claridad. El apóstol Juan escribió que su testimonio era “lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y lo que han tocado nuestras manos […] acerca del Verbo de vida” (1Jn 1:1). Después, en 1 Corintios 15, el apóstol Pablo describió los cientos de personas que, como Juan, fueron testigos de lo que Jesús hizo al resucitar de entre los muertos (vv. 5-8). Y la fe descansa en la evidencia, no solo de nuestros ojos, sino también de lo que las Escrituras han testificado durante tanto tiempo. El libro de los Hechos, por ejemplo, alaba a los habitantes de Berea por no creer simplemente en lo que Pablo decía, sino por también compararlo con las Escrituras (Hch 17:10-12).

Por tanto, la fe bíblica no pide que nadie deje su cerebro en la puerta. No se trata de: “¡Cree, o ya verás!”, sino de: “Cree, por esta razón…”.

LA FE NO ES UNA ACTITUD MENTAL POSITIVA
En El poder del pensamiento positivo, Norman Vincent Peale ofrece el siguiente consejo sobre cómo la gente debe comenzar su día: “Lo primero que debes hacer, cada mañana, antes de levantarte, es decir tres veces en voz alta: ‘Creo’”.[1] Él no dice en qué o en quién debes creer, porque, según su perspectiva, eso no importa. Lo importante es que simplemente creas. De hecho, creer en algo, en especial en algo fuera de ti mismo, es superfluo.

De nuevo, la Palabra de Dios nos ilustra algo muy diferente. ¡En la fe del Nuevo Testamento, lo que creemos es crucial! Es el objeto de nuestra fe lo que le da a la fe misma cualquier tipo de significado. La fe bíblica no es una actitud mental positiva que busca hacer realidad las cosas en las que uno cree. Es bueno pensar de manera positiva. Inclusive, es bueno desear que la gente alrededor sea positiva y no negativa. Sin embargo, el pensamiento positivo en sí mismo no es fe bíblica.

El autor de Hebreos escribe: “Sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan” (11:6). La fe verdadera es confiable porque su objeto es Dios, quien es completamente confiable.

QUÉ SÍ ES LA FE
Si la fe no es una fuerte impresión, ni pensamiento ilusorio ni una actitud mental positiva, entonces ¿qué es? El autor de Hebreos nos brinda una respuesta precisa y clara: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (11:1). En otras palabras, la fe (la verdadera fe bíblica) produce una certeza sobre las cosas que no se ven en las que nosotros, como seguidores de Cristo, esperamos. Sin embargo, eso no es todo. El apóstol Pablo nos ofrece un recordatorio útil: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios” (Ef 2:8, énfasis añadido).

Creyente, ¿alguna vez te has preguntado por qué crees lo que crees? Cuando te arrodillas y oras a solas en tu habitación, ¿cómo puedes confiar que Dios escucha todas tus oraciones? ¿De dónde viene esta certeza? Solo viene como resultado de que Dios abre tus ojos con Su gracia a la verdad de quién es Él. Esta fe crea convicción. Esta fe es un don de Dios, un don que Él quiere que recibamos y que disfrutemos.

¿QUÉ IMPLICA LA FE?
La fe bíblica implica tres características clave:

CONOCIMIENTO
La fe depende de lo que puede ser conocido de Dios. De hecho, el Nuevo Testamento dice que esta fe implica que lleguemos a conocer a Dios mismo. En Juan 17:3, Jesús dice: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

¿Cómo puedes conocer a Dios? ¡En la persona de Su Hijo, el Señor Jesucristo! Hablando de Jesús, Juan 1:18 dice: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer”. Por eso es tan importante considerar las afirmaciones que hizo Jesús sobre Sí mismo: al conocerlo a Él, conocemos a Dios. Y es este conocimiento de Dios lo que constituye el fundamento de nuestra fe.

ASENTIMIENTO
A medida que leemos la Biblia y consideramos las afirmaciones de Jesucristo sobre Sí mismo, descubrimos en Cristo a alguien que mueve a otros a creer, a menudo, incluso en contra de su voluntad. Podríamos decirnos a nosotros mismos: “No quiero creer en Jesús. No quiero que otro tome control de mi vida. No quiero que nadie esté por encima de mí”. Sin embargo, cuando abrimos nuestra vida delante de Cristo, cuando lo vemos en la cruz y cuando entendemos que Él llevó todo nuestro pecado y rebelión, Él nos mueve a creer. Cuando vemos a Cristo de esta manera, el conocimiento vendrá seguido por asentimiento.

CONFIANZA
Por último, la fe genuina implica confianza. El conocimiento y el asentimiento por sí mismos no constituyen una fe genuina. Santiago 2:10 dice que incluso “los demonios creen, y tiemblan”. Los demonios no son ateos. Es más, tienen una perspectiva ortodoxa de Dios. Por tanto, si la fe significara simplemente entender a Dios de manera correcta, deberíamos concluir por lógica que los demonios tienen fe salvadora. Sin embargo, sabemos que este no es el caso.

Una simple conciencia de los hechos no es fe. Debe haber un movimiento del conocimiento al asentimiento que culmine en confianza.

Un llamado a confiar en Cristo (de manera activa, no pasiva) está incluido en todas Sus invitaciones. En Mateo 11, por ejemplo, Él dice: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas” (vv. 28-29). Observa los verbos: “vengan”, “tomen”, “aprendan”, “hallarán descanso”. Todas estas son palabras activas. Implican hacer algo. Como ves, la fe no es una resignación pasiva. La fe del Nuevo Testamento comienza en conocimiento, avanza hacia el asentimiento y termina en confianza sobre la base del conocimiento que ha sido asentido.

UNA ILUSTRACIÓN DE LA FE
Una ilustración bíblica útil de la fe es el matrimonio. Como la fe, el matrimonio implica diversas etapas. Primero, debes conocer a la persona: sales a cenar con ella, caminan en el parque, la escuchas hablar y la observas con su familia y amigos. A medida que obtienes conocimiento, comienzas a preguntarte: “¿Podría pasar mi vida con esta persona? ¿Estoy dispuesto a comprometerme con ella?”. Entonces, una vez que has respondido de manera satisfactoria estas preguntas, comienzas a decirte a ti mismo: “Con base en el conocimiento que he obtenido, estoy preparado para hacer un compromiso. Quiero avanzar del mero conocimiento y asentir a confiar. Quiero darme del todo a esta persona. Quiero conocerla en el nivel más profundo posible”.

Esta es la experiencia de todo aquel que coloca su fe en Jesús. ¿Es esta tu experiencia? ¿Eres una persona de fe?

[1] Norman Vincent Peale, The Power of Positive Thinking [El poder del pensamiento positivo] (Hoboken, NJ: Prentice-Hall, 1952; reimp., Nueva York: Fireside, 2003), 93.


Alistair Begg es el pastor principal de la Iglesia Parkside en Cleveland, Ohio. Lleva en el ministerio pastoral más de 40 años. Él y su esposa, Susan, tienen tres hijos. Su ministerio, Truth for Life trabaja con Poiema para publicar sus artículos y libros en español.

POR QUÉ NOS RESISTIMOS AL CAMBIO Y CÓMO PODEMOS AVANZAR

Por Alistair Begg

EL CAMBIO ES DIFÍCIL PARA LA MAYORÍA


En el Nuevo Testamento, un ministerio evangelístico exitoso requería realizar muchos cambios. Aunque era libre, Pablo se hizo a sí mismo un siervo a todos (1 Co 9:19-23). A los judíos, se hizo como judío. A los que estaban bajo la ley, se hizo como uno bajo la ley. A los que estaban fuera de la ley, de nuevo, cambió de manera correspondiente. A los débiles, se hizo débil. Todo esto es para decir que, por el bien del ministerio del evangelio, él cambió. Se adaptó. Hizo lo que fuera necesario con tal de ver el nombre de Cristo glorificado.

Sin embargo, como todos podemos atestiguar, el cambio es muy difícil para la mayoría. Pablo incluso concluyó la lista de sus cambios asemejando su ministerio a una rigorosa competencia atlética (1 Co 9:24-27). El cambio no es fácil, y las iglesias a menudo no son los mejores ejemplos cuando se trata de hacer cambios. Sin embargo, si queremos ver a Dios hacer grandes cosas por el evangelio a través de nosotros, debemos “proseguir a la meta” (Fil 3:14) y vencer la oposición al cambio.

Para ayudarnos a considerar el cambio, aquí hay una lista de ocho razones por las que las iglesias se resisten a cambiar y ocho maneras en que los líderes pueden vencer esa resistencia. Lo que viene a continuación es, en su mayor parte, sabiduría práctica que podría parecer bastante evidente. No obstante, a veces, como dice Pedro, debemos simplemente ser estimulados por “recordatorio” (2 P 1:13; 3:1).

OCHO RAZONES POR LAS QUE LAS PERSONAS RESISTEN EL CAMBIO
Así que, ¿por qué las personas resisten el cambio? ¿Y por qué nosotros mismos lo resistimos cuando nos encontramos en esa posición?

Nos gustan nuestras propias ideas
Una sencilla razón es que, si no iniciamos el cambio, sino no fuimos los primeros en imaginarlo, entonces no podemos abrazarlo y, por tanto, no nos gusta. El cambio está bien si nosotros mismos lo diseñamos, pero cuando se trata de confiar en el plan de otra persona… ¡olvídalo! Una manera en que podemos ayudar a las personas a superar esta barrera es buscar su aportación y llevarlos al punto donde tomen esta idea como suya. Si pueden abrazarla de alguna manera, entonces será más fácil que avancen con nosotros.

El cambio altera nuestra rutina
Tendemos a ser criaturas de hábitos. Vemos cualquier cosa que altere nuestra manera de hacer las cosas como una amenaza. Si nos gusta nuestra rutina y nos llama más que el cambio potencial, nos oponemos a ese cambio. La rutina puede volverse sagrada.

Nos da miedo lo desconocido
Conocemos los resultados que obtenemos de nuestras rutinas y tradiciones. Son predecibles. Sin embargo, cuando el liderazgo decisivo trae nuevas ideas, enfoques o conceptos, nos saca del ámbito de lo familiar. Nos vemos empujados fuera de nuestra zona de confort y forzados a tomar un paso hacia lo que no podemos ver por completo.

Nos da miedo el fracaso
A menudo, nos sentimos tan tiranizados por el prospecto de fallar que simplemente no queremos cambiar nada. Este puede ser un factor paralizante tanto para líderes como para seguidores. No obstante, en algún punto debemos creerle a Dios cuando dice: “No temas, porque Yo estoy contigo” (Is 41:10) y confiar que Él nos sacará adelante… aun cuando haya fracasos (que inevitablemente habrá en algún momento).

Creemos que la recompensa no vale la pena
Nos oponemos al cambio porque percibimos que la recompensa es inadecuada para nuestro esfuerzo. En otras palabras, que lo que obtendremos no es lo suficientemente bueno cuando lo comparamos con lo que tenemos que dar. En algunos casos, este titubeo es justificado. Sin embargo, en otras situaciones, los líderes deben hacer todo a su alcance por presentar una visión atractiva que demuestre beneficios claros.

Estamos satisfechos con el statu quo
Quizá, simplemente estamos satisfechos con la forma actual de las cosas. Por supuesto, el statu quo no es siempre deficiente; debemos ser agradecidos por un trabajo bien hecho cuando las cosas andan bien. Aun así, si somos honestos, todos sabemos que fácilmente podemos volvernos complacientes y cómodos con la forma en que son las cosas, aun cuando desesperadamente requieran mejoras.

Nos falta respeto por el liderazgo
Es cierto que los nuevos líderes a menudo llegan en un momento y cambian cosas antes de desarrollar una confianza clara. No obstante, es igualmente cierto que, en la iglesia, Dios nos manda: “Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos”, y también a permitir que nos pastoreen “con alegría y no quejándose” (Heb 13:17). ¿Nuestras palabras y acciones hacen más fácil que nuestros pastores practiquen un liderazgo gozoso?

Nos aferramos a nuestras tradiciones
Finalmente, tendemos a aferrarnos a las tradiciones en la iglesia, a veces con demasiada fuerza. Es cierto que vale la pena mantener algunas tradiciones. De hecho, en algunos casos sería bueno que tuviéramos más cercanía con la tradición. Sin embargo, las tradiciones no siempre trascienden los cambios culturales del tiempo. Debemos evaluar nuestros hábitos colectivos de vez en cuando.

OCHO MANERAS EN QUE LOS LÍDERES PUEDEN VENCER LA OPOSICIÓN AL CAMBIO
Si alguna vez has estado en una posición de liderazgo, sabes que no tarda mucho antes de aprender lecciones importantes… a veces a la mala. Seguramente, cada líder de iglesia encallará en algún arrecife alguna vez. Sin embargo, Dios es fiel para sacarnos adelante y se asegurará de que perseveremos en nuestros esfuerzos por influenciar a la gente para el bien del reino.

Aquí hay ocho principios que pueden ayudar a cumplir este objetivo:

Identifica con exactitud lo que tiene que cambiar
Los ministros del evangelio deben considerar con mucho cuidado qué cosas deben cambiar. Cuando el entusiasmo por implementar cambios toma las riendas, a menudo es fácil no considerar con diligencia todos los ángulos y planear de acuerdo con esto. Una falta de precisión y de esmero al planear puede terminar promoviendo un caos en lugar de una visión.

Toma tiempo para desarrollar confianza
Los líderes de ministerios, en especial los pastores, deben conocer a su pueblo y fortalecer su confianza. Los líderes son dados a asumir demasiado, demasiado pronto, y esto puede llevar a todo tipo de problemas. El capital de confianza y de relación necesario para implementar cambios solo puede crecer con el tiempo.

Mantente moviéndote hacia adelante
Si la necesidad de confianza hace que tengas que detenerte por un rato, entonces debes balancearlo con la necesidad de que los líderes de hecho sean agentes del cambio. Si todo permanece exactamente igual a pesar de grandes esfuerzos, algo está mal. Es necesario que haya cambios para mejorar. Aunque en muchos casos es lento y gradual, en general, los buenos líderes deben mantenerse moviéndose hacia adelante.

Identifica a las personas con influencia
Los líderes de la iglesia necesitan identificar a las personas en su congregación que son capaces de influenciar a otros. Una vez que se ha hecho esto, comunicarles la visión es clave para que ellos puedan ayudar a esparcir esta visión a otros. Si eres pastor, entonces los demás pastores o ancianos deben liderar y ser influencia junto contigo. Ellos también pueden apaciguar cualquier entusiasmo desenfrenado de tu parte y ayudar a aclarar cualquier aspecto confuso de tu visión.

Demuestra los beneficios
Las personas deben entender cómo dará frutos el cambio. Necesitan ver que este cambio ayudará a cumplir la visión y metas globales que han establecido. Cada iglesia local debe tener una visión y metas claras, y los pastores deben destilar los grandes principios del Nuevo Testamento para convertirlos en objetivos identificables y establecidos.

Cambia de manera gradual
El cambio debe ocurrir de manera gradual con una mentalidad de largo plazo. Toma tiempo establecer los fundamentos y aún más lograr una respuesta. A menudo, debe haber más tiempo de escuchar que de hablar. Estos pueden parecer principios elementales, pero, como hemos dicho, muchos líderes sobreestiman lo que puede lograrse en un solo año y subestiman lo que puede lograse en cinco o diez.

Comunica de manera clara y constante
Si las personas han de seguir a un líder, ellos querrán saber adónde se dirigen. Los líderes deben explicar con claridad lo que están haciendo, por qué lo están haciendo y cuándo piensan hacerlo. Es verdad que puedes decir demasiado, demasiado pronto, antes de haber desarrollado confianza, planeado con precisión, etc. Sin embargo, es mejor que comuniques con demasiada frecuencia que demasiado poco.

Crea un descontento sano
Finalmente, los pastores y los líderes deben crear un descontento sano por el statu quo. Los ancianos de la iglesia tienen la responsabilidad de revisar la operación entera. Esto no debe ser hecho como amenaza, ni de manera tiránica, sino de una forma que refine y que condicione para el bien del reino. Debe hacerse en oración de tal manera que produzca aliento tanto para los líderes como para los congregantes.

Todos sabemos que el cambio no viene sin un precio, pero la verdad es que el cambio es una parte necesaria de la vida cristiana. Los cristianos sanos cambian. No debemos esperar que mañana seamos los mismos que ayer. Queremos que Dios siga haciéndonos avanzar en santidad y en eficacia para Cristo. Lo mismo es cierto de nuestras iglesias: deseamos tener en algún punto un crecimiento en nuestra producción para el reino e, inevitablemente, eso requerirá cambios… inclusive cambios significativos en alguna ocasión.

A pesar de las dificultades, perseveramos por amor de Jesús. Su reino lo vale.


Alistair Begg es el pastor principal de la Iglesia Parkside en Cleveland, Ohio. Lleva en el ministerio pastoral más de 40 años. Él y su esposa, Susan, tienen tres hijos. Su ministerio, Truth for Life trabaja con Poiema para publicar sus artículos y libros en español.

 Este artículo fue publicado originalmente en inglés aquí.