13/27 – La impecabilidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 13/27 – La impecabilidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-impecabilidad-de-cristo/

Leslie Basham: Como una verdadera maestra de la Biblia para mujeres, Nancy Leigh DeMoss a menudo pasa horas a solas enfocada en el estudio. ¿No suena como si este fuera un ambiente seguro para alejarse del mundo y evitar el pecado?

Nancy Leigh DeMoss: Pero Dios, Él conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Hemos estado preparando nuestros corazones para la temporada de Pascua, siguiendo a Nancy, en una serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: Quiero hablar hoy de otra manera obvia en la que Cristo es incomparable. Si estás siguiendo junto a nosotras el libro de Oswald Sanders, estamos en el capítulo 13, que se llama la «La impecabilidad de Cristo».  Creo  que impecabilidad es una palabra con la que no estamos muy familiarizadas. Eso es parte de lo que hace único a Cristo y lo hace incomparable.

Mientras me preparaba para esta serie y llegué a este capítulo,  pensé: «Seguramente todos los que están escuchando este programa estarían de acuerdo en que Jesús no tenía pecado, de manera que ¿necesitamos realmente un programa completo sobre la impecabilidad de Cristo?» Pero resulta, que mientras he estudiado este tema,  me di cuenta que no necesariamente todo el mundo está de acuerdo en que Jesús era sin pecado.

De hecho, descubrí algunas estadísticas sorprendentes en una encuesta de investigación de Barna, que dice que hay casi igualdad de opiniones entre los adultos estadounidenses sobre este tema: 42% de los estadounidenses encuestados creen que Jesús pecó; solo el 40% cree que no lo hizo. Piensas, que si en esta encuesta le preguntas al público estadounidense en general y que gran cantidad de estas personas no crea en Cristo no te sorprenderías.

Pero entonces hicieron un estudio por denominaciones, con las personas que asisten a las diferentes denominaciones de creyentes. Te voy a decir que la mejor denominación para este conteo fue la Bautista. Pero escucha esto antes  de que digas un rápido «amén». A esto solo el 55% de los bautistas está en desacuerdo en que Jesús pecó cuando estuvo aquí en la tierra —y se encontraban en el tope del grupo encuestado.

Eso significa que ¡casi la mitad de los bautistas encuestados piensa que Jesús podría haber pecado o que pecó! Como alguien me dijo mientras discutíamos este tema el otro día: «¡Si Cristo es nuestra justicia, es bastante malo pensar que El pudo haber pecado!».

Vamos a hablar de todo este tema del pecado, de donde vino, y el concepto del pecado original.  Es un concepto muy doctrinal pero muy importante. En Génesis capítulo 3 encontramos—ya conoces la historia —cómo Adán y Eva, creados sin una naturaleza pecaminosa, desobedecieron la ley de Dios. Siguieron sus propios caminos de manera independiente, y pecaron.

Desde ese momento, cada ser humano nacido ha llegado a esta carrera con una naturaleza pecaminosa, excepto uno. Eso es lo que se conoce como la doctrina del pecado original o heredado. Adán nos representó a todos nosotros. Estábamos en él, y en él todos hemos nacido en este mundo como pecadores.

Ahora, eso no necesariamente quiere decir que los bebés están haciendo cosas pecaminosas. Pero pecamos porque somos pecadores. Hemos heredado esa naturaleza pecaminosa. La tenemos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de sus padres (y madres también)…

Leemos en Romanos capítulo 5, por ejemplo que, «Por la desobediencia de un hombre  (¿quien fue ese hombre? (Adán) los muchos (o sea todos nosotros) fueron constituidos pecadores» (v. 19). «El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron» (v. 12).
Las Escrituras son muy claras al respecto. «No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron. . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3:10-12). «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Esa es la condición humana —caída, pecaminosa. Es cierto que tú, yo, tus hijos, tus nietos —a pesar de lo dulce que puedan ser —son pecadores con necesidad de un salvador. Estamos separados de Dios. Con una excepción, y es Jesús quien vivió una vida sin pecado. Él hizo lo que el primer Adán no pudo hacer. Él cumplió perfectamente la ley de Dios. Las Escrituras son muy claras en esto. «Él no conoció pecado» (2 Corintios 5:21). «Él fue tentado pero no pecó» (Hebreos 4:15).

Ahora la pregunta es ¿cómo pudo Él haber nacido sin una naturaleza pecaminosa, como cualquier otro ser humano en la historia del mundo desde Adán y Eva? La vida humana comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el ADN del hombre y la mujer se combinan. Pero con Jesús no ocurrió así. ¿Recuerdas? Hemos hablado anteriormente en esta serie de que Él existió antes de la creación del mundo. Él no vino a la existencia la noche que nació en Belén. Él había existido por toda la eternidad pasada.

El cuerpo físico de Jesús que nació en Belén fue una creación especial de Dios, colocado en el útero de una adolescente llamada María. Eso es lo que llamamos el milagro del nacimiento virginal.

Si estás familiarizada con las Escrituras, en Mateo capítulo 1 versículo 18 dice, «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José, antes de que llegaran a estar juntos se halló concibiendo del Espíritu Santo».

No me pidas que lo explique. No puedo —es sobrenatural— pero es verdadero. Lucas capítulo 1 lo dice de esta manera: «Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Vas a tener un hijo, pero Su padre va a ser Dios. Entonces María le dijo al ángel: [pregunta comprensible aquí], “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

No puedo quedar embarazada. No puedo tener un hijo. Nunca he conocido a un hombre. La respuesta de los ángeles es realmente importante. El ángel le respondió «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado-Hijo de Dios «(Lucas 1:31 – 35).

Jesús no fue el producto de la unión física de un hombre y una mujer, sino que fue sobrenaturalmente concebido en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Esto nunca ha sucedido antes y nunca ha ocurrido desde entonces. Dios hizo esto específicamente en ese momento, en ese tiempo de la historia envió a Jesucristo como hombre a este mundo.

Se trata de una trama que ninguna de nosotras podríamos haber ideado. No podríamos haberla diseñado. No podíamos haber pensado en ella. Y si lo hubiéramos pensado, no podríamos haber hecho que esto ocurriera. Solo Dios podía hacerlo. Como resultado de que la vida de Cristo fue colocada en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo, no le fue trasmitido el pecado de María o de José. El nacimiento virginal —que es de lo que estamos hablando aquí —es de vital importancia. Esto hizo que fuera posible que Cristo compartiera nuestra humanidad —hemos visto lo importante que esto es —el nacer de una mujer, sin compartir nuestra naturaleza pecaminosa al mismo tiempo, porque fue concebido por el Espíritu Santo.

Así que aprendemos en las Escrituras que Él fue absolutamente puro y sin mancha de pecado —desde el día en que nació, hasta el día en que murió. La impecabilidad de Cristo.

Entonces surge la pregunta: «¿Pero si no pecó, era Él en realidad totalmente humano?» Quiero recordarles que la naturaleza pecaminosa no era parte de nuestra naturaleza original. Adán y Eva eran verdaderamente humanos antes de pecar. El pecado ha sido y es una perversión de nuestra verdadera humanidad. Cristo vino  —sin pecado Dios / hombre —para restaurar nuestra humanidad completa sin pecado.

«Tú le pondrás por nombre Jesús». ¿Por qué? «Porque Él salvará a su pueblo —¿de qué?— de sus pecados» (Mateo 1:21). Este es el asombroso plan de Dios. No hay nada igual en toda la historia del universo. Él envió a Jesús a este mundo—el Dios / hombre sin pecado —concebido por el Espíritu Santo, colocado en el vientre de la virgen María. ¿Por qué? ¿Cuál era el punto? El punto es que Él vino a restaurar nuestra humanidad completa sin pecado, para rescatarnos de nuestros pecados.

La impecabilidad de Cristo fue bien probada. Fue probada por Sus amigos. Los discípulos vivieron con Él durante tres años, día tras día.  No tienes que vivir conmigo durante tres días para saber que soy una pecadora. Probablemente mucho menos tiempo que ese. Durante tres años, estos hombres vivieron, caminaron y hablaron con Cristo. Ellos lo vieron en todo tipo de circunstancias. Dos de los discípulos que estuvieron más cerca de Jesús, luego escribieron cartas que hablaban de Su impecabilidad.

Juan dice en 1era de Juan capítulo 3 versículo 5: “En él no hay pecado”.

Pedro dice en 1era de Pedro  capítulo 2: «Él cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca» (1 Pedro 2:22).

Solo piénsalo por un momento. Jesús nunca, nunca pecó —desde Su nacimiento hasta el día en que murió. Él nunca pecó de palabras, acciones, actitudes. Nunca fue impaciente, arrogante, grosero, egoísta, cruel. Nunca desobedeció a Sus padres, nunca eligió Su propio camino en lugar del de Dios. No solo había esta ausencia de pecado, sino que también estaba  la santidad positiva. Él dijo e hizo todo lo que el Padre le dijo que hiciera. Amó a Dios y a los demás perfectamente cada momento de Su vida.

Pienso en mi propia vida, cuando me siento en mi estudio durante horas y horas, según lo que las personas supondrían, sin cometer ningún pecado visible. No hay nadie en la habitación. Se pudiera decir, «Ella no está pecando. Ella está allí estudiando la Biblia para Aviva Nuestros Corazones«. Pero Dios conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos.

Pero por el otro lado, de manera positiva, la santidad activa. Él siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Jesús dice, tanto en el Salmo 40  versículo 8, y luego lo repite en Hebreos capítulo 10 de los versículos 5-7: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón». Eso describe a Jesús.

¡No solo no rompió la ley de Dios ni una vez, sino que la cumplió perfectamente cada momento de cada día de su vida! Pienso en ese pasaje de Miqueas capítulo 6 versículo 8 que a menudo escuchamos. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno”.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Cristo cumplió perfectamente ese mandato.

No solo Sus amigos testificaron de Su impecabilidad, sino que Sus enemigos también daban testimonio de ella.

Pilato les dijo: «No encuentro delito en este hombre» aun cuando lo intentó varias veces (Lucas 23:4). Este hombre no ha pecado, no ha hecho nada malo. Judas dijo: «He pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4). El ladrón en la cruz dijo: «recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho» (Lucas 23:41). Aun los demonios, cuando los exorcizaba, dijeron: » Yo sé quién eres: el Santo de Dios» (Lucas 4:34). Sus enemigos testificaron de Su impecabilidad.

Jesús mismo testificó que en Él no tenía pecado. Ahora bien, alguien podría decir que no tiene pecado, pero tendría que ser muy arrogante para decir eso, a menos que fuera cierto. Pero en el caso de Jesús, es cierto.

Escucha estos versículos del Evangelio de Juan. Jesús dijo: «yo siempre hago lo que le agrada [a mi Padre]» (Juan 8:29). ¿Podría cualquiera de nosotros decir esto? Él preguntó en Juan  capítulo 8: ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? (Juan 8:46). Hagamos una pausa, mira a tu alrededor,  Quiero decir, yo no me atrevería a hacer esa pregunta en una habitación llena de gente. En el caso de Jesús, había una gran cantidad de gente que quería acabar con Él, pero nunca hubo una acusación de pecado que le pudieran demostrar o imputar.

Por cierto, la pregunta sigue sin respuesta todavía hoy. Nadie jamás ha condenado a Jesús de pecado. Jesús dijo en Juan  capítulo 15:

«Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor » (Juan 15:10).

Así que dices, «¿Por qué insistir en esto?» Jesús tenía que ser sin pecado, a fin de ser un sacrificio satisfactorio por nuestros pecados. Déjame llevarte por un momento de vuelta al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los fieles que querían estar bien con Dios, que sabían que habían pecado, iban al tabernáculo o al templo, se presentaban ante el sacerdote, y  traían un cordero. O bien, si eran pobres, ellos traían algo menos costoso, pero algún tipo de animal debía ser sacrificado para expiar sus pecados.

Ahora el animal no expiaría sus pecados. Pero el animal sería asesinado y su sangre sería derramada. El animal moría como sustituto en lugar del pecador. Por supuesto, estos animales eran solo un tipo que apuntaba al Cristo que habría venir.

Los corderos —y lees esta frase muchas veces en el Antiguo Testamento —tenían que ser «sin mancha». No podías entregarle a Dios el más  pequeño de la camada. No podías entregarle a Dios los corderos que nadie más quería. Tenía que ser un cordero sin mancha.

Entonces, una vez al año en la Pascua, cada familia podía tomar un cordero. Éxodo dice: » El cordero será un macho sin defecto, de un año» (Éxodo 12:5). Ellos debían matar el cordero, poner la sangre en los postes,  el dintel, y Dios vería la sangre y pasaría de largo. Su juicio no caería en esa casa.

Durante cientos de años, día tras día, los fieles adoradores judíos trajeron estos sacrificios. Los corderos fueron asesinados —corderos sangrando, corderos muriendo, sangre por todas partes. Ser sacerdote en esos días era un negocio sangriento. Y año tras año, la Pascua se celebraba, los corderos se sacrificaban y la sangre se derramaba día tras día, año tras año por cientos de años —corderos muriendo,  corderos muriendo, corderos muriendo.

Imagínate cuando Jesús se acercó al río Jordán, donde Juan estaba bautizando, y el pueblo escucho a Juan decir: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).

Pedro lo dice de esta manera: «Fuisteis redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha» (1 Pedro1:18-19).  Ves «la paga del pecado es muerte»—eso es lo que la palabra de Dios dice (Romanos 6:23). Pero Jesús no había pecado, por lo que no merecía morir. Él murió una muerte que nosotras merecíamos. Él era inocente. Fue acusado falsamente. Nosotras, por el contrario, somos culpables.

A nosotros se nos acusa con razón.

Un antiguo escritor de himnos lo expresó de la siguiente manera,

Nosotros, Culpables, viles y desamparados,
Él, Cordero de Dios sin mancha.1

Él fue el sacrificio perfecto—el único sacrificio —que podía de forma permanente, y de una vez por todas expiar, pagar por nuestros pecados. A causa de Su muerte sustitutiva en nuestro lugar por nuestros pecados, podemos ser declarados justos y sin pecado, justificados, relacionarnos con Dios, porque Él murió en nuestro lugar.

Romanos  capítulo 5 dice: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno ¿y de quién fue la obediencia? De Jesús] los muchos serán constituidos justos» (v. 19).

Primera de Pedro capítulo 3 lo dice de la siguiente manera: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (v. 18). Tenía que ser sin pecado por la redención que se llevaría a cabo. Cristo no solo cumplió con el tipo de cordero del sacrificio, sino que también es la imagen del sacerdote que sacrificaba el cordero.

Escucha lo que dice Hebreos capítulo 7: «Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos.» ¿De quién es que se habla? De Jesús: santo, inocente, sin mancha. Sin pecado. Entonces continua diciendo ¿Por qué es importante? Porque «Él no necesita, como aquellos sumos sacerdotes [del Antiguo Testamento],  ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo » (vv. 26-27).

Escucha, los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que seguir ofreciendo sacrificios, y cuando lo hacían era primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Entonces, porque pecaban de nuevo, tenían que ofrecer más sacrificios. Hebreos 7 dice que Jesús no tenía que seguir haciendo esto, porque lo hizo una vez y  para siempre, ofreciéndose a Sí mismo a morir. Él no tenía pecados propios por los cuales morir. Podría morir de una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Y solo como recordatorio, Su sacrificio como el Cordero de Dios sin pecado fue con el propósito de limpiarnos de nuestros pecados. Efesios  capítulo 5 dice:

«Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella,  para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. » (vv. 25-27).

Él era santo y sin mancha, pero Él murió para hacernos santas y sin mancha. Entonces, ¿cómo podemos irreflexivamente, sin cuidado, de forma deliberada, voluntariamente, después de haber sido limpiadas ir escupir en el rostro de Cristo—por así decirlo— pisotear Su sangre y salir y pecar como si no importara? Sí importa. Porque Él lo hizo para limpiarnos y hacernos santas.

Permíteme recordarte que Jesús no cometió pecado, no porque se escudó en el poder sobrenatural de Su propia naturaleza divina o porque Su naturaleza divina venció Su naturaleza humana para guardarlo de pecar, sino porque Él utilizó todos los recursos que se le dieron en Su humanidad. Lo he dicho antes en esta serie, pero creo que vale la pena repetirlo. Tenemos que recordar esto.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo permaneció sin pecado? Él amaba y meditaba en la Palabra de Dios. Él oró a Su Padre. Él confiaba en la sabiduría, la rectitud y la Palabra de Su Padre. Se hizo dependiente del poder sobrenatural del Espíritu sobre Él, para que lo fortaleciera para poder hacer, todo lo que estaba llamado a hacer.

Entonces, ¿cómo podemos nosotras mantenernos libres de pecado? Por el poder de Cristo, el inmaculado que mora en nosotras. Somos entonces capaces de vivir una vida santa, con la fuerza del Espíritu Santo que mora en nosotras. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí » (Gálatas 2:20).

Creo que hay mucha gente en nuestras iglesias hoy en día, de diferentes denominaciones  y jerarquías, que saben todo esto pero que nunca han puesto de manera personal su confianza en Jesucristo para que los salve de sus pecados. Son religiosos, pero nunca han sido hechos justos. Yo me pregunto incluso si entre aquellas que nos escuchan hoy, podría haber varias así.

Y dices: «Sabes, he escuchado esto antes. Pero hoy Dios se está haciendo más real en mi corazón. Ahora quiero poner mi fe en Cristo, arrepentirme de mis pecados,  arrepentirme de andar a mi manera, haciendo mis cosas. Reconozco que soy una pecadora, y que no puedo salvarme a mí misma. Pero elevo mis ojos y mi fe a Jesucristo, el inmaculado, el cordero de Dios sin mancha,  sin defecto, y recibo el regalo de lo que Él hizo por mí en la cruz  al morir en mi lugar por mis pecados «.

Las Escrituras dicen que en la medida en que pones tu fe en Él, hay una increíble transformación que ocurre. Cristo toma sobre Sí mismo, todos tus pecados. Pero  en la medida en que confíes en Él como tu Salvador, Dios imputa o acredita a tu cuenta toda la justicia de Cristo. Su perfecta vida de obediencia se convierte en la tuya.

Tal vez eso ya ocurrió contigo y solo necesitas refrescarlo hoy para adorarlo y darle las gracias por eso. O, tal vez hoy es la primera vez que confías en Él como tu sacrificio perfecto, tu salvador. Luego te gozas en que Él haya llevado a cabo la transacción en la que Su justicia se te imputa. ¡Oh, gracias, gracias, Santo Cordero de Dios! Te adoramos, te amamos. En el nombre de Jesús,  Amén.

Leslie: La impecabilidad de Cristo es fundamental para tu salvación. Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos el porqué. Este importante tema tiene un significado especial a medida que nos acercamos a la temporada de Pascua. Cuando te enfocas en Cristo, se opera un cambio en tu vida. Por ese motivo estamos presentando la serie de Nancy, llamada El Cristo incomparable, en estas semanas previas al Domingo de Resurrección.

Espero que pases más tiempo meditando acerca de lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Bien, los evangelios hablan de un incidente en una montaña. La vestidura de Jesús comenzó a brillar y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan importante? La respuesta ofrece una gran esperanza y la escucharás en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. «Varón de dolores».

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 11/27 – La humanidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 11/27 – La humanidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humanidad-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss inicia con una historia seria, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy Leigh DeMoss: En 1959, un periodista llamado John Howard Griffin se transformó a sí mismo de un hombre blanco a un hombre negro. Usó drogas, tratamientos con lámparas de sol, y colorante para oscurecer la piel.

Después, pasó seis semanas viajando hacia los estados del sur que por racismo estaban segregados, haciéndose pasar por un hombre negro.

Mientras viajaba, el documentó el trato y las reacciones que recibió de la gente. Algunas de ellas fueron horribles. Le fue negado vivienda, transporte, trabajo y algunas veces hasta el uso de los baños. Experimentó rudeza, comentarios racistas, amenazas violentas, simplemente porque su piel era oscura.

Griffin escribió un libro acerca de cómo fue tratado, Negro como yo”. Al leer esto, pensé en la historia de Jesús al venir a la tierra podría llamarse. “Humano como Yo”.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Hoy nos enfocaremos en la humanidad de Cristo.

Nancy: Leamos en Filipenses capítulo 2,

…el cual, [Jesucristo] aunque existía en forma de Dios, [hablamos ayer de su deidad] no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo (vv. 6-8)

La descripción que fue dada por John Howard Griffin podríamos modificarla al decir de Cristo—que Él dejó su privilegiada vida del Hijo de Dios en los cielos para incorporarse en nuestros cuerpos.

Hay dos errores en  relación a Cristo y en los dos casos son peligrosos.

  • Uno es que elevemos Su humanidad y disminuyamos Su deidad.
  • Pero el otro es que nos enfocamos en Su deidad, el hecho que Él es Dios,  excluyendo Su humanidad. Vemos este error cometido en muchas representaciones culturales de Cristo.

Por ejemplo, en Navidad se canta un villancico «Jesús en Pesebre» que dice así. 

Los bueyes bramaron y Él despertó, mas Cristo fue bueno y nunca lloró. Jesús en pesebre, sin cuna, nació;

Tengo un recién nacido en mi casa, como les dije en una sesión reciente. Y anoche, mientras me preparaba para esta sesión, el recién nacido estaba llorando. Y pensé, ¡claro que sé! El bebé Jesús lloró. Porque Él era un ser humano.

Y contemplas esas pinturas del niño Jesús y en un deseo de querer honrarlo como Dios, usualmente verás una luz rodeándole o con una aureola en su cabeza. La verdad es que Él era un bebé de aspecto normal. Él era un ser humano.

La Escritura nos dice en 1era a Timoteo capítulo 2,

Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (vv. 5-6)

J. I. Packer dice que se podrían describir estos versículos como «la clave, no solo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Ya que se cristaliza en una frase el resumen y la sustancia de su mensaje»  el mediador, el hombre Jesucristo, Quien se dio a Sí mismo en rescate por todos.

Ese mediador entre Dios y los hombres tenía que ser un hombre, tenía que ser un ser humano. Quiero ver hoy las evidencias de que Él era humano. Por ejemplo, como hombre, tenía un cuerpo físico, un cuerpo humano. Él era de carne y hueso. Nació como nacen todos los bebés. Tuvo que crecer físicamente—vimos eso en Lucas  capítulo 2 en una sesión anterior. Tenía una apariencia física. Tenía el aspecto de un hombre común y corriente. La gente no veía nada extraño en Él. No caminaba con un halo alrededor de Su cabeza o con un aura que le rodeaba. No siempre usaba una túnica blanca mientras los demás usaban otros colores. Él se veía humano.

De hecho, sus propios hermanos y aquellos que crecieron con Él no creyeron que Él era Dios. Decían, “¿Es éste el hijo del carpintero?” Él parecía un hombre normal. Tenía la apariencia de un hombre normal. Tenía funciones físicas normales. Comía, bebía, respiraba. Tenía la capacidad de experimentar dolor. Vemos eso en Getsemaní como sudó gotas de sangre. Su constitución física era sensible al estrés. En la cruz, Él sangró. Y Él murió físicamente. Tenía un cuerpo humano físico.

Después de la resurrección, se apareció a los discípulos en un cuerpo físico glorificado. Él dijo en Lucas capítulo 24: «Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo» (Lucas 24:39)

Aún después de la resurrección, en Su cuerpo glorificado, Él todavía tenía un cuerpo físico. Él es humano. Él es Dios, pero también es hombre. Cuando ascendió a los cielos—cuarenta días después de la resurrección—Él ascendió en ese cuerpo físico glorificado, el cual todavía tiene hoy en día en el cielo, y el cual veremos cuando regrese a la tierra en Su segunda venida.

No solo tuvo un cuerpo físico, sino tuvo limitaciones físicas y debilidades. Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús caminaba de un lugar a otro; Él no volaba como Superman. La Escritura nos dice que se cansó físicamente. Lo vemos durmiendo en un barco. Lo vemos cansado de caminar, sentado junto a ese pozo en Samaria.

La Escritura nos dice que le daba hambre. Después que ayunó en el desierto tuvo hambre. Dijo que tenía hambre. En la cruz dijo, «Tengo sed» (Juan 19:38) Le daba sed. Limitaciones físicas normales y debilidades.

Me preguntaba hace poco, cuando siete de ocho personas que se alojaban en mi casa—incluyéndome a mi —nos enfermamos de un virus estomacal en un período de 24 horas, me pregunté, » ¿Jesús alguna vez le habrá dado gripe? ¿Alguna vez tuvo dolor de cabeza? ¿Se habrá resfriado?»

Es interesante, durante estas últimas 24 horas que he estado consultando mis líneas de ayuda teológica, la gente que conozco que estudian estas cosas. El hecho es que la Biblia no dice explícitamente. Nos dice que tuvo hambre, sed y cansancio. Pero no dice que se haya enfermado físicamente. Pero Hebreos capítulo 2 dice: «Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote. (Heb. 2:17)

Esto significa que Él experimentó la gama completa de lo que significa ser humano, excepto sin pecado.  Así que no es descabellado pensar que si Él era susceptible al hambre, a la sed, al cansancio y a la muerte, debió haber sido también susceptible a la enfermedad.

No el tipo de enfermedad que se obtiene después de comer demasiado o porque somos perezosos o porque tenemos estilos de vida y tomamos decisiones que nos enferman. Pero su cuerpo humano en este mundo caído, corrupto, donde hay gérmenes, enfermedades, es razonable creer que Él también participó en ese aspecto de nuestra humanidad.

No solo era físicamente humano, sino que tenía una composición humana y alma— todos los elementos de la naturaleza humana. Todo lo que conforma un hombre, a excepción del pecado, Él lo tenía.

Toma toda la gama de las emociones. Él tenía todo el rango, todo el panorama. Él no era un robot, sin emociones ni sentimientos. Jesús fue movido constantemente por las cosas que mueven también el corazón de Dios.

Déjame darte algunos ejemplos.  En Mateo capítulo 8 nos dice que se maravilló de la fe del centurión (Mateo 8:10). Sintió también compasión lo vemos muchas veces—por un leproso, por las multitudes necesitadas, de la viuda que acababa de perder a su único hijo. Él tuvo compasión hasta el punto de llorar. Él se preocupaba.

En Juan  capítulo 11 versículo 15 habla de que Él estaba alegre y gozoso. Toma por ejemplo toda el área del humor.  Ahora, la Escritura no nos dice explícitamente que Él se rió.

No hay ninguna referencia a su risa. Pero una vez más, yo diría que es razonable creer que Jesús se gozaba de lo bueno, con un humor sano. Tenía un grupo de 12 hombres viajando con Él. No iba a ser un humor obsceno, era solo un tiempo para disfrutar de la creación de Dios. Jesús tenía toda una gama de emociones.

También sabemos, y hay mucha información de esto en las Escrituras, que Él era un varón de dolores, experimentado en quebranto. Toda la gama de emociones humanas. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro; se echó a llorar sobre Jerusalén. En la última cena, la Escritura dice, «se angustió en espíritu» (Juan 13:21)

Ese versículo en Hebreos 5 versículo 7 dice,

Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte.

Aquí vemos que Jesús estaba experimentando todo tipo de emociones. Eso nos dice algo. A veces pensamos que las emociones son algo malo, o que deben ser suprimidas. Que si eres una buena cristiana, no debes ser tan emocional.

Pero el ejemplo de Cristo en Su humanidad nos dice que las emociones son una parte importante del ser humano. Nos da un modelo de un sano, completo y balanceado despliegue de las emociones. Exhibir las emociones, como Cristo lo hizo en el momento oportuno, en el lugar correcto y de la forma apropiada.

Mi problema con las emociones es que las manifiesto en las cosas equivocadas. Tengo las emociones equivocadas en el momento equivocado. Estoy enojada cuando debería estar alegre. O me alegro cuando debería estar enojada. A menudo estoy siendo dirigida por mis emociones, en lugar de dejarme dirigir por el Espíritu y la Palabra de Dios. Pero no hay nada malo en tener emociones.

De hecho, parte de ser completamente humana como hija de Dios es poder expresar emociones de una manera sana y equilibrada, según Dios.  Eso es parte de nuestro discipulado, llegando a ser a la imagen y semejanza de Cristo. Donde no silenciamos o enterramos nuestros sentimientos o emociones, sino que seamos capaces de expresarlos de manera piadosa y equilibrada.

Jesús experimentó todo lo que era parte de la composición humana. Experimentó la tentación, como hemos visto en esta serie. Experimentó la necesidad de depender de Su Padre Quien le dirigió a orar. Eso es parte de lo que significa ser humano. Si Él fuese solo Dios y no humano a la vez, ¿por qué habría tenido la necesidad de orar? ¿Por qué vemos ese patrón en Su vida de estar orando a Su Padre una y otra vez? Es porque Él era 100% hombre. Y Él vivía la vida en un cuerpo humano en este planeta como un hombre.

Poseía plenamente la naturaleza humana, sin poseer una naturaleza pecaminosa. Tenemos que tener en cuenta esta distinción y esta tensión. La naturaleza pecaminosa no es inherente a los humanos. Adán y Eva eran seres humanos sin una naturaleza pecaminosa, hasta que pecaron. Así que Jesús era completamente humano sin una naturaleza pecaminosa.

No fue hasta que Jesús vino a la tierra, plenamente Dios y plenamente hombre, que nosotras pudimos entender lo que Dios quiso decir y que intención tenía al decir, «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gen 1:26) ¿Cómo era eso? Adán y Eva fueron hechos a imagen de Dios, pero muy pronto dañaron eso. Se rebelaron contra Dios. Esa imagen fue destrozada, estropeada, rota.

Nunca hemos visto como es ser creado a semejanza de la imagen de Dios, solo Cristo. Cristo nos mostró como debemos vernoscomo nos deberíamos haber visto si no hubiésemos pecado. Envuelve tu mente en esto si te es posible. La vida que Jesús vivió en la tierra tenía la intención de mostrarnos lo que habría sido, y lo que seríamos, separadas del pecado. Totalmente humano. Cuanto necesitamos esa imagen. ¡El contemplar esa imagen nos ayuda!

Su humanidad no solo era necesaria para que nosotras viéramos como es un ser creado a la imagen de Dios, sino que era necesaria para que fuéramos salvas. Su humanidad, Cristo, que es el Dios invisible convirtiéndose en un ser humano hizo posible que nosotras seamos ahora hijas de Dios.

Leemos en Gálatas capítulo 4, los versículos 4 y 5 «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, (su deidad) nacido de mujer, (su humanidad) nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. (Gal 4:4-5). Para hacernos hijos de Dios, Jesús vino como el Hijo de Dios y se hizo hombre.

Cada día en este programa trato de explicarles el ¿qué? Pero ahora, vamos a ver y ahora ¿entonces qué? ¿Cuáles son lo implicaciones de esto? Déjenme mencionar algunas.

Primero que nada, el hecho de que Jesús era un hombre  lo hace un Dios accesible, un Dios a nuestro alcance.  Tengo una amiga que recibió un correo electrónico esta semana, y me dio permiso de compartirlo con ustedes. Esta señora que lo escribió dijo esto en su correo,

Me siento muy alejada de Dios. A veces es difícil llegar a Él, porque parece tan inimaginablemente poderoso, grande y distante, y porque es invisible y espiritual.

¿Te has sentido así alguna vez? Que no puedes acercarte a Dios. Él se ve tan lejano, no lo puedes ver. Bueno, en Cristo, Dios se acerca. Mira a Cristo y en Él tú verás cómo puedes acercarte a Dios. Él hace a Dios accesible a nosotras.

Después experimentamos una increíble gratitud y adoración al contemplar Su increíble condescendencia, que Él al ser igual a Dios, tomara la forma de humano. Déjenme leerles algunas citas de un teólogo llamado A.W. Pink quien ha escrito algunas cosas maravillosas acerca de la naturaleza de Dios. Él captura algo de esta maravilla, cito.

Dios se hizo hombre, pero ¿qué significa esto para ti y para mí? Nunca más  podrás tomar a la ligera el pecado, así como Jesucristo lo veía como algo tan destructivo que tuvo que venir del cielo a la tierra y sufrir lo peor lo que se le pudo presentar para darle un golpe mortal al pecado. Y nunca podrás tomar el amor de Dios a la ligera. No puedes tomar el pecado a la ligera porque Jesús se hizo hombre para tratar con él, pero tampoco el amor de Dios. Él no tenía porque convertirse en un hombre y sufrir como lo hizo, ¡pero lo hizo y lo hizo por ti! (2)

¿Cómo podemos dudar del amor de Dios cuando vemos que Cristo se hizo hombre?

Déjenme leerles un poco mas de A.W. Pink. Él dijo:

Es realmente increíble cuando el hombre fue hecho a imagen de Dios… ¡Pero me inclino de asombro y adoración a la asombrosa condescendencia de Dios al hacerse a la imagen del hombre! ¡Cómo esto manifiesta la grandeza de su amor y las riquezas de su gracia! Fue por su pueblo y su salvación que el Hijo eterno asumió la naturaleza humana y se humilló a sí mismo hasta la muerte. Dibujó un velo sobre su gloria para que Él pudiera quitar nuestro oprobio. Sin duda, los seguidores de aquel Salvador deben para siempre renunciar al  orgullo.

Se humilló así mismo. Veló su gloria. Tomó la carne y nuestra humanidad. Ahí está el poder de la encarnación. ¿Cómo no humillarnos ante Dios y ante los demás?

Aquí está otra aplicación, otro «¿entonces  qué?» de la humanidad de Cristo. Nos da gran ánimo y consuelo. Cuando nosotras experimentamos el cansancio físico, el dolor, las limitaciones humanas, toda una gama de emociones en este mundo caído, nos recuerda que Jesús ha vivido todo esto y más. Él se sujetó a sí mismo a las mismas leyes de la naturaleza a las cuales nosotras estamos atadas. Así que cuando batallemos bajo el peso de los problemas físicos, de los problemas emocionales, podemos clamar a Él y saber que Él nos entiende—Él puede compadecerse de nosotras.

El Salmo 103 dice, «Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro» (v.14 NVI) ¿Cómo lo sabe? No solo lo sabe porque Él nos creó, sino que lo sabe porque Él anduvo en nuestra piel. Humano como yo.

Eso es lo que lo hace misericordioso y fiel, sumo sacerdote, como dice Hebreos capítulo 2 quien se compadece de nosotras con nuestras debilidades y es capaz de ayudarnos.

Hay una antigua canción gospel que me encanta y dice:

¿Tiene cuidado Jesús cuando hay dolor en mi corazón?

¿Demasiado profundo para la alegría o la canción?

Al presionarme los problemas, y agravarse la angustia,

¿Y hacerse largo y pesado el camino?

¡Oh, Si! Él tiene cuidado, yo sé que Él tiene cuidado, Su corazón se angustia por mi dolor;

Cuando los días pesan, y las noches son largas y tristes, sé que mi Salvador tiene cuidado.

Lo sabemos porque Él ha estado ahí. El otro «¿Entonces qué?» como resultado de la humanidad de Cristo, Él nos dejó «un ejemplo», nos dice 1era de Pedro, que debemos seguir Sus pasos. Él no cometió pecado» (1Pedro 2:21-22). Quiero que medites en esto por un momento. Porque esto es impresionante si no has pensado en esto antes.

«Él nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. ¡No pecó nunca! Estamos llamadas a ser santas.  El pecado es una ofensa contra un Dios santo. Nos han dicho que debemos ser santas, seguir los pasos de Jesús, seguir Su ejemplo. ¿Cuántas de nosotras sabemos que no podemos ser santas? No lo somos. Somos pecadoras. Tenemos una naturaleza pecaminosa. Pero sin embargo se nos manda a ser como Él. Pero he aquí las  buenas noticias,  por Su gracia, podemos ser santas.

Procesa esto conmigo por un momento. Jesús era totalmente Dios—es como Él era santo. Era completamente Dios. Pero nunca confió en Su naturaleza divina, ni usó ningún tipo de poder sobrenatural  como Dios para vencer la tentación mientras estuvo aquí en la tierra.

Cuando Él superó Sus limitaciones, para que se cumpliera Su misión aquí en la tierra, Él no se basó en Sus poderes como Dios. Todavía tenía esos poderes, pero no descansó en esos poderes. Sin embargo, Él vivió una vida perfecta y sin pecado como un hombre, en un cuerpo humano.

¿Cómo lo hizo? Dependiendo del poder del Espíritu Santo. Usando los mismos recursos que tenemos disponibles nosotras como seres humanos. Fíjate en esto porque cambiara tu paradigma sobre cómo responder ante la tentación, cómo tratarás de vivir la vida Cristiana. Jesús enfrentó las mismas tentaciones, las mismas luchas diarias, el mismo cansancio, el mismo agotamiento, las mismas debilidades que nosotras experimentamos, pero sin pecado. Él respondió perfectamente bajo presión. ¡Oh, que pudiera yo decir esto!

Él obedeció a Dios en las circunstancias más adversas. Él amaba a la gente difícil de ser amada. Confiaba en el corazón de Su Padre cuando Él no podía ver Su mano. Venció como hombre en el poder del Espíritu Santo. Como hombre, vivió y operó en el poder del Espíritu mientras estuvo aquí en la tierra. La buena noticia es que ese mismo poder está disponible para nosotras por Su Espíritu que mora en nosotras. Podemos triunfar. Podemos vivir la vida al tener a Cristo viviendo en nosotras.

Pon estos dos versículos juntos del libro de los Hechos: «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y poder”. (10:38) ¡Wao! Seguro Él hizo milagros. Dios le dio a Él, el poder en el Espíritu. Pero ahora veamos Hechos capítulo 1: «pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros»(1:8)

La humanidad de Cristo significa que como Cristo confió en el poder del Espíritu Santo para vivir esa vida perfecta, sin pecado, así nosotras podamos seguir Sus pisadas y depender y confiar en el mismo poder del Espíritu Santo, confiando en esos mismos recursos disponibles en que Cristo confió cuando hombre. ¿Anima eso tu corazón?

Leslie: Jesús era un ser humano. Probablemente ya habías escuchado eso antes. Pero cuando te enfocas en la verdad y en realidad la razonas, te ayuda a apreciar a Jesús en una forma totalmente nueva. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado guiando en este proceso. Esa enseñanza de la humanidad de Jesús es parte de la serie, El Cristo incomparable.

Cada día de la serie es una nueva oportunidad para pensar en quién era Jesús y lo que hizo. Muchas de nuestras oyentes están sacando provecho de la serie al leer el libro “El Cristo incomparable” por J. Oswald Sanders, disponible en inglés. Es un clásico escrito en los años 50s. Tuvo un profundo impacto en Nancy, en las semanas previas a la Pascua del año pasado.

Cuando ves las representaciones de Jesús en pinturas y películas, ¿has notado que siempre lo ponen como un hombre débil? Nancy Leigh DeMoss te reta a pensar en un aspecto importante de Cristo—Su masculinidad. Eso es lo que veremos en el siguiente programa, en la serie El Cristo incomparable aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. J. Mahaney. Christ Our Mediator. Multnomah, 2004, p. 42.

http://www.pacificchurch.com/wordpress/wp-content/uploads/2009/12/20091213_deity-of-Jesús.pdf (A. W. Pink, Gleanings in the Godhead).

http://www.pbministries.org/books/pink/Gleanings_Godhead/godhead_29.htm: (A.W. Pink, Gleanings in the Godhead).

4 «Does Jesus Care?» Frank E. Graeff, 1901.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

10/27 – La deidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

10/27 – La deidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-deidad-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice,  a la mayoría de la gente que te encuentras hoy…

Nancy Leigh DeMoss: No les importa un Jesús que es un gran hombre, un gran maestro o un filósofo moral, ni siquiera un profeta. Pero no quieren al Jesús con toda la autoridad y el poder porque eso significa que tendrían que rendirle cuentas. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Crees que Jesús era Dios?  ¿Realmente importa?  Escucha a Nancy abordar estas preguntas mientras enseña a un grupo de mujeres.

Nancy: Mientras continuamos hoy con nuestra serie El Cristo incomparable, y preparamos nuestros corazones para la Pasión de Cristo y para la semana santa, queremos ver hoy la deidad de Cristo y responder la pregunta: ¿Quién fue Jesús? ¿Es Él Dios o no?

Cuando hablamos de la deidad de Cristo, esa es la pregunta que estamos abordando: la divinidad de Cristo; el hecho de que Él es Dios.  Voy a comenzar por afirmar lo que las Escrituras enseñan en muchos lugares, como por ejemplo, 1ra a Timoteo capítulo 3, versículo 16: “Dios fue manifestado en la carne”.

Cuando Jesús vino a esta tierra y nació en Belén como un bebé, eso fue Dios manifestándose en la carne — lo llamamos la encarnación, — Dios tomando forma de carne humana.  Esta es la doctrina de la deidad de Cristo.  El hecho de que Él es Dios es fundamental para el Cristianismo.  Si eso no es cierto, entonces toda la estructura se derrumba.

Como dice Oswald Sanders en el libro que hemos estado siguiendo a lo largo de toda esta serie, El Cristo incomparable , “Si Jesús no es Dios, entonces no hay Cristianismo, y los que le adoramos no somos  nada más que idólatras”.

Esta doctrina de la deidad de Cristo, el hecho de que Él es Dios es de gran importancia.  Por lo tanto, no debe sorprendernos que a lo largo de la historia hayan desafiado Su deidad, haya habido ataques a Su deidad.  La gente ha disputado esto — incluso dentro de la misma iglesia.

En el siglo IV, por ejemplo, cientos de años atrás, había un obispo llamado Ario.  Él creía y enseñaba que Jesús era un ser altamente exaltado, pero un ser creado.  Que Él no era un ser no creado y eterno como el Padre lo es.

Así que se reunió el primer concilio de toda la iglesia en el año 325 D.C. en Nicea (una ciudad de la actual Turquía) para responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús?  El credo que surgió de ese concilio, el Credo de Nicea, todavía es recitado en muchas iglesias hoy en día.  Ese credo afirma que Jesús era de la misma naturaleza que Dios.

Ahora bien, hoy en día hay muchas religiones modernas que niegan la deidad de Cristo.  Permítanme solo mencionar algunas:

  • Los Unitarios por ejemplo creen que Jesús era “un hijo de Dios” pero no “el Hijo de Dios.”  No creen que Él es único, el Cristo incomparable.
  • Los mormones creen que Jesús fue creado por Dios y es un “hermano” de Satanás, que Jesús fue una vez un hombre que vivió en otro planeta.  Eventualmente Él progresó para ser igual a Dios, y Él vino a colonizar el planeta tierra con los “que  se convertirían en dioses” o sea seres humanos.
  • Los testigos de Jehová creen que Jesús fue solo un hombre perfecto, no Dios en la carne, y que antes de Su vida terrenal Él era el Arcángel Miguel, el primero en rango dentro de los ángeles creados.

Así que cuando esas personas llegan a tu casa a discutir sobre las religiones contigo y utilizan algunas de las mismas palabras y Escrituras con las que tú estás familiarizada, reconoce que le están dando diferentes significados a muchos de esas mismas palabras y conceptos de las Escrituras.

  • Los musulmanes por otro lado creen que Jesús fue un profeta nacido de una virgen, pero que no era Dios.

Así que tenemos diferentes religiones que niegan la deidad de Cristo, pero lo que es particularmente interesante para mí es que en los últimos 100 años ha habido un esfuerzo concertado por parte de algunos supuestos eruditos bíblicos para desacreditar la deidad de Cristo.

Quizás has escuchado el término “la búsqueda del Jesús histórico”.  El objetivo de este movimiento es supuestamente darnos una imagen del “Jesús real” al separar, cito: los hechos históricos de la mitología. Y para poder hacer eso, han tenido que analizar el registro bíblico.

Esta filosofía, la búsqueda del “Jesús histórico” tiene sus raíces en la filosofía del naturalismo.  Esa es la creencia que si algo no puede ser comprobado científicamente, no puede ser verdad.  Esta creencia rechaza lo sobrenatural.  Por lo tanto, los relatos bíblicos de Jesús como haber nacido de una virgen, o caminar sobre el agua, hacer milagros, que se levantó de los muertos, ellos descartan estas cosas porque dicen que no pueden ser objetivamente probadas como ciertas.  Estos son los eruditos bíblicos que llegan a esta conclusión.  Pero lo que pasa es que ponen en duda la fiabilidad de todas las Escrituras.

La cuestión central en el corazón de todo esto es la siguiente pregunta: ¿Es Jesús realmente Dios?  No hay pensadores serios actuales que nieguen que Él era una figura histórica.  Hay mucha evidencia para apoyar esto.  El debate es  sobre si este rabino judío que vivió en Palestina hace 2000 años era en realidad Dios en la carne.

Estoy convencida que la gente está intrigada por Jesús.  No lo pueden negar.   Pero quieren a un Jesús humano o al menos uno que es más humano que Dios.  No les importa un Jesús que es un buen hombre, o un gran maestro o un filósofo moral, ni siquiera un profeta, pero no quieren a un Jesús con toda la autoridad y el poder porque eso significa que tendrían que rendirle  cuentas.

Esta es una perspectiva diluida de Cristo — Él es un buen hombre; Él es un profeta, pero realmente no es Dios.  Él no hizo estas cosas sobrenaturales. En los medios de comunicación se le ha dado mucho espacio a esta perspectiva sobre Cristo.  Hay muchas revistas de noticias, especiales de televisión, libros populares en los últimos 20 ó 30 años, incluyendo cosas como la novela de Dan Brown El Código DaVinci”.

En ese libro de Dan Brown afirma una noción que se ha hecho popular en los últimos años, y es que “la doctrina de la deidad de Jesús, Su naturaleza divina,” dice Brown, “fue inventada unos 300 años después de su muerte por líderes eclesiásticos en el Concilio de Nicea que querían consolidar su control, entonces declararon que Jesús era Dios.”2  Él está diciendo que ellos inventaron esa doctrina 300 años después de la muerte de Jesús.

En “El Código DaVinci”, Brown afirma que “hasta ese momento de la historia [eso fue en el año 325 D.C. en el concilio de Nicea], Jesús fue visto por sus seguidores como un profeta mortal, un hombre grande y poderoso, pero un hombre y nada más.”3

Millones de personas compran y leen El Código DaVinci y creen lo que dice, aunque es ficción.  Entonces la pregunta es: ¿Está en lo correcto Dan Brown? o ¿Están las Escrituras en lo correcto?    Sabemos que la Biblia tiene la razón, pero si tú estuvieras hablando con alguien que ha sido más influenciado por El Código DaVinci que lo que ha sido influenciado por las Escrituras, ¿podrías mostrarle por las Escrituras que la deidad de Cristo no fue una doctrina inventada 300 años después de la muerte de Cristo?

Permíteme darte algunas evidencias:

La verdad es que, 700 años antes de que Jesús viniera a la tierra en forma humana, el profeta del Antiguo Testamento, Isaías, profetizó acerca del Mesías y dijo que Él era Dios.  A menudo escucharás Isaías capítulo 9, versículo 6, citado alrededor del tiempo de la Navidad:

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, ¿de quién está hablando? De Jesús) y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Setecientos años antes de que naciera Jesús, Isaías profetizó de Su nacimiento y dijo, “Él será Dios.  Él es Dios.”  Esto no fue inventado 300 años después de que Jesús viniera a la tierra.

Una vez más, y deberíamos citar Isaías capítulo 7 versículo 14, más que lo que lo citamos en Navidad, Isaías 7:14 dice:

He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, [esto no es exactamente un acontecimiento natural] y le pondrá por nombre Emmanuel.

¿Qué significa Emmanuel? “Dios con nosotros” el Hijo de esa virgen es Dios.

Jesús mismo afirmó ser igual a Dios.  Lo ves a través de las Escrituras: “Yo y el Padre uno somos” Juan 10 capítulo versículo 30.  “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” Juan capítulo 14 versículo 9.

Hay mucha evidencia bíblica y testimonio que apoya la doctrina de la deidad de Cristo.  ¿A qué nos referimos, una vez más, cuando hablamos de la doctrina de la deidad de Cristo? Nos referimos a que Jesucristo es de la misma esencia que Dios el Padre.

Mientras me preparaba para esta sesión me encontré con un libro escrito por dos autores que es muy útil en este tema.  Se llama Poniendo a Jesús en Su lugar: El caso de la deidad de Cristo”, disponible en inglés (Putting Jesus in His Place: The Case for the Deity of Christ). En este libro, los autores presentan evidencia de la deidad de Cristo en cinco categorías

Solo déjame darte una visión general, y si estás interesada en conocer más de esto, puedes conseguir una copia de ese libro:

  • En primer lugar, Jesús comparte los honores tributados a Dios.  Vemos en las Escrituras que el Hijo debe ser honrado, adorado, y amado así como nosotros honramos, adoramos y amamos al Padre.  Él comparte los honores tributados a Dios.
  • Segundo, Él comparte los atributos de Dios.  Atributos únicos de Dios — Su omnipotencia (Él es todopoderoso), Su omnipresencia (Él está en todo lugar), Su omnisciencia (Él lo sabe todo).  Estos son atributos de Dios, pero también son atributos que en las Escrituras se le atribuyen a Cristo.  Él comparte los atributos de Dios.
  • En Tercer lugar, Jesús comparte los nombres de Dios.  Nombres que son dados a Dios en el Antiguo Testamento los ves dados a Jesús en el Nuevo Testamento: como por ejemplo, Señor, Salvador, Rey, Yo Soy, y muchos otros.  Él comparte los nombres de Dios.
  • Número cuatro, Jesús comparte las acciones que Dios hace.  Hay muchas obras en las Escrituras, obras que son prerrogativa exclusiva de Dios en el Antiguo Testamento que se le atribuyen a Cristo en el Nuevo Testamento.

Por ejemplo, leemos que Dios es el creador y sustentador del universo.  Pero en Colosenses capítulo 1 leemos que Cristo creó todas las cosas (ver versículo 16).  Lo mismo en Juan capítulo 1; Él creó todas las cosas.  “y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (v. 3).  Él es el creador y el sustentador del universo.

Vemos a Jehová Dios ejercer control soberano sobre las fuerzas de la naturaleza, y vemos a Jesús en una barca ejerciendo control sobre las fuerzas de la naturaleza de un tempestuoso mar.

Vemos a Dios perdonando pecados, y vemos a Jesús que tiene el mismo poder de perdonar pecados.  Jesús comparte las obras que Dios hace.

  • Y finalmente la número cinco, Jesús comparte el asiento del trono de Dios.  Él ejerce autoridad sobre todas las cosas.  Él ejerce juicio divino.  Él es exaltado sobre todas las cosas creadas, incluyendo a los ángeles.  Vemos a Dios sentado en el trono ejerciendo autoridad y juicio, y vemos a Cristo sentado en ese mismo trono. Así que, todas estas evidencias apoyadas en las Escrituras presentan a Cristo como de la misma esencia que Dios Padre.

He estado memorizando y meditando un poco en libro de Colosenses en las últimas semanas, mientras he estado trabajando en esta serie.  El libro de Colosenses deja claro que Cristo es Dios: “Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud”.  Nos dice Colosenses 1:19.

Luego, en Colosenses 2:9 dice: “Porque toda la plenitud de la deidad reside corporalmente en Él”.

Es cierto que es un misterio.  Es cierto que no puedes entenderlo con una mente racional y natural.  Si no crees en lo sobrenatural, no puedes creer en la deidad de Cristo. Por eso es que este seminario de Jesús, estos supuestos teólogos se han propuesto refutar la deidad de Cristo, porque no creen en lo sobrenatural.  Pero lo cierto es que, que hay realidades que van más allá de lo que podemos experimentar con nuestras mentes y sentidos humanos, y una parte de ese misterio es que “en Cristo la plenitud, toda la plenitud de la deidad reside corporalmente en Él”.

En su clásico libro apologético llamado “Mero Cristianismo”, C.S. Lewis tiene un famoso desafío para aquellos que dicen que Jesús es un gran maestro moral, pero rechazan Su afirmación de ser Dios.   Quizás has escuchado esta frase antes, pero creo que es tan buena que amerita leerla otra vez.  Él dice:

Un hombre que fuera solamente un hombre y dijera la clase de  cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. Él sería o un lunático -o de lo contrario sería el diablo mismo del infierno.

O bien sabia Él que lo que estaba diciendo no era verdad, en cuyo caso sería un mentiroso, o no sabía que lo que estaba diciendo no era verdad y estaba loco.  Eso es lo que C.S. Lewis está diciendo.

Pero en cuanto a ti tienes que tomar tu decisión.  O este hombre fue, y es, el Hijo de Dios: o es un loco o algo peor.  Puedes tomarlo como un tonto, puedes escupirle y matarlo como a un demonio; o puedes caer a Sus pies y llamarle Señor y Dios. No vengamos con la idea condescendiente y sin sentido de que fue un gran maestro humano.  Él no ha dejado esa posibilidad abierta para nosotras.

¿Ves el desafío ahí?  Si Él es quien Él dice ser, entonces Él es Señor.

Ahora bien, la mayoría de nosotras afirmamos intelectualmente que Jesús es Dios.  Así que la pregunta que quiero que reflexionemos aquí por un momento es: ¿Y qué?  ¿Cuáles son  para nosotras las implicaciones de Su deidad?  Si Jesús es verdaderamente Dios, ¿Qué diferencia hace eso?  Me temo que muchas de nosotras como seguidoras de Cristo damos consentimiento intelectual a estas pero que no siempre estas verdades cambian nuestras vidas.  No es suficiente que conozcamos estas verdades.  Se supone que deben radicalmente moldear y cambiar nuestros mundos.

Entonces, ¿Cuál es el “Y qué” de la deidad de Cristo?  Bueno, déjame mencionar dos o tres de ellos:

Si Jesús es Dios, o mejor dicho: Ya que Jesús es Dios…

Primero, eso quiere decir que es posible que podamos conocer a Dios.  Podemos conocerlo a través de Jesucristo, que se nos dice en Colosenses capítulo 1, versículo 15 que: “Él es la imagen del Dios invisible”.  No podemos ver a Dios, pero Jesús vino a esta tierra, en forma de hombre para que pudiéramos ver la imagen…la viva imagen…del Dios invisible.

Nadie en esta sala ha visto a mi padre Art DeMoss.  Él ha estado con el Señor por más de 30 años, pero las personas que lo conocieron dicen que cuando me ven a mí, ven a un Art DeMoss en mujer.   Los ojos grandes.  Ahora bien, yo no soy la imagen EXACTA de mi padre terrenal, pero me parezco mucho a él.

Jesús es la imagen exacta de Dios.  No solo se parece a Dios;  Él es Dios, y Él nos hizo conocer a Dios.  Eso quiere decir que ¡Dios es conocible!  Lo puedes conocer hoy porque Jesucristo, quien vino a esta tierra, lo manifestó, lo reveló, y lo dio a conocer.

Luego hay otra implicación: Ya que Jesús es Dios, Él es exaltado sobre todos los demás hombres, todos los otros gobernantes, todos los otros líderes religiosos, y todos los otros supuestos dioses.  Él es el Cristo incomparable, no hay nadie como Él.  Y como tal, Él debe ser adorado, reverenciado, honrado, exaltado.

Pienso que en nuestra generación hemos hecho mucho hincapié en la humanidad de Cristo.  Él es un hermano, es un amigo que quiere relacionarse con nosotros íntimamente.  Vamos a hablar de la importancia de Su humanidad en la próxima sesión, pero me temo que algunas de nosotras hemos perdido el sentido de Su transcendencia, Su grandeza, Su señorío soberano.  Eso quiere decir que debemos tener una actitud de reverencia y de temor hacia Él.

Luego, en tercer lugar: Puesto que Jesús es Dios, eso nos dice que Él es el camino exclusivo hacia Dios.  Si Él no es divino, entonces Él es solo un hombre.  Y si Él fuera solo un hombre, sería absurdo e idólatra adorarlo y seguirlo.  Y no podría ser “el camino, la verdad, y la vida” si Él no es Dios (Juan 14:6).  Pero si Él es divino — y lo es — entonces sus afirmaciones son ciertas.

Eso quiere decir que el Cristianismo no es solo una de las muchas alternativas religiosas de las que podemos escoger, como muchas, muchas personas nos han hecho creer hoy en día.  “Tú tienes tu religión.  Y yo tengo mi religión.  No me digas nada de eso de que la tuya es la única religión verdadera”.  La gente tratará de intimidarte hoy, y si no tratan de hacértelo a ti, tratarán de hacerlo con tus hijos en la universidad.  “¿Tú crees que ese es el único camino?”

Los cristianos están siendo intimidados hoy por aquellos que dicen, “La tuya es solo una alternativa religiosa”.  ¡No!  “No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” que no sea en el nombre de Jesús (Hechos 4:12).  No hay salvación en ningún otro nombre más que en Jesucristo.

Puedes ver esto muchas veces en el programa de Larry King.  Él lleva a John MacArthur o alguien así y dice, “¿Me estás diciendo que nadie puede ser salvo, excepto aquellos que creen en Jesús?”  No hay muchos líderes cristianos hoy que tienen la valentía para hacer lo que John MacArthur  hace y dice, “Sí eso es lo que te estoy diciendo, Larry.”  Esa es la verdad.

Si aceptamos que Jesús es Dios, esa premisa, entonces no podemos aceptar el concepto del pluralismo religioso— que todas las religiones son igualmente válidas y verdaderas.  Si Jesús es Dios en la carne, entonces lo que Dios dice acerca del pecado y de la salvación y el juicio es mutuamente excluyente con las creencias religiosas que niegan esas verdades y también con  los sistemas religiosos que promueven u ofrecen cualquier camino hacia Dios que no sea a través de Jesucristo.  

El fundador del cristianismo, Jesucristo mismo, afirmó ser Dios.  Él exige la total lealtad de Sus seguidores, y cuando proclamamos Su deidad, cuando decimos, “Jesús es el Señor.  Jesús es Dios,” realmente estamos diciendo, “Estoy destronando a todos los demás dioses de este universo, incluyendo los ídolos en mi propio corazón, y estoy poniendo a Cristo como Señor”.

Ahora, cuando lo hacemos, eso quiere decir que tenemos que obedecerle.  Porque Jesús dijo, “¿Y por qué me llamáis: “Señor, Señor,” y no hacéis lo que Yo digo?” (Lucas 6:46)  Así que otra implicación del hecho de que Él es Dios, si Él es Señor — y sí, lo es — si le llamamos Señor   y sí lo hacemos  entonces vamos a adorarlo, honrarlo exclusivamente, a confiar en Él a confiar en Sus promesas  y a obedecerlo como Señor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado tratando un tema importante.  A menudo muy controversial y puesto en duda hoy en día, pero Jesús es Dios.  Es una creencia básica que tenemos que mantener.

Si te perdiste algo del mensaje de hoy, puedes escucharlo de nuevo en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  Ahí es donde puedes ponerte al día con los mensajes que te hayas perdido de nuestra serie actual, El Cristo incomparable.  ¿Nancy?

Nancy: ¿Era Jesús realmente Dios?  Es una pregunta tan importante y me alegro de que fuimos capaces de abordar este tema en el programa de hoy.

Este programa es posible gracias al apoyo de  oyentes como tú. Así que si encuentras este tipo de enseñanza útil, ¿considerarías apoyar este ministerio con una donación?

El número a llamar es 1-800-569-5959, o puedes hacer tu donación en línea en www.AvivaNuestrosCorazones.com. Si nos llamas, asegúrate de pedir que tu donación vaya al ministerio hispano de Aviva Nuestros Corazones.

Leslie: “El pequeño Señor Jesús no llora.”  Esta idea aparece en un cuento popular de Navidad, pero probablemente no es verdad.  Nancy Leigh DeMoss describe una imagen de un Jesús completamente humano que lloró, comió, durmió, le dio hambre, y sintió emociones.  Eso es mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1Robert W. Funk. “The Coming Radical Reformation: Twenty-one Theses.” The Fourth R, Volume 11,4, July/August 1998. http://www.westarinstitute.org/Periodicals/4R_Articles/funk_theses.html

2Dan Brown, The Da Vinci Code, 2003, pp. 233-234.

3Ibid. p 324.

4Robert M. Bowman Jr. and J. Ed Komoszewski. Putting Jesus in His Place: The Case for the Deity of Christ. Grand Rapids: Kregel, 2007.

No Es Como Yo, Jesús Adrián Romero, El Aire de Tu Casa ℗ 2005 Vastago Producciones.

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9/27 – La tentación de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

9/27 – La tentación de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

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Leslie Basham: Está con nosotros Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pienso que todas nosotras estamos familiarizas con “Las Crónicas de Narnia” del autor C. S. Lewis. De estas historias mi favorita es la de  «El León, la Bruja y el Ropero» (The Lion, the Witch, and the Wardrobe.)  Es posible que ustedes hayan leído estos libros y que también hayan  visto la película.

¿Recuerdan la escena donde Edmund cae dentro la ciudad de Narnia desde el ropero,  quedando solo y perdido en un frío y nevado bosque?  Repentinamente, de la nada, Edmund  oye el  sonido distante de unas campanas y de pronto, a la vuelta de la esquina, ve venir un trineo; y sentada en lo alto del trineo ¿a quién vemos? A la Bruja Blanca. Ella detiene el trineo, se baja para hablar con Edmund y al hacerlo, recuerda la antigua profecía, de que su vida y su reino terminarían cuando dos hijos de Adán y  dos hijas de Eva se sentaran en el trono de Cair Paravel.

Así que, pretendiendo ser su amiga, la Bruja invita a Edmund a que suba al trineo con ella y le pregunta si quiere algo de comer. Edmund le pide un delicioso postre turco, y por arte de magia ella produce uno. Lo que Edmund no sabe, es que este dulce está embrujado, y quienes lo prueban siempre va a querer más y nunca estarán satisfechos con solo una probadita.

La Bruja le promete a Edmund darle más de este dulce si él le trae a sus hermanos y hermanas a su casa; también le promete convertirlo en príncipe y le dice que cuando ella ya no esté él será el rey. Este deseo por el poder y los placeres llevaron a Edmund a ceder a la tentación y al final, termina traicionando a sus hermanos y hermanas. 

Leslie: Este es el programa Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss – en la voz de Patricia Saladín.

Hemos estado llevando a cabo un estudio profundo sobre El  Cristo incomparable, basado en el libro de  Oswald Sanders.

Esta pequeña reseña que Nancy hace  sobre Las Crónicas de Narnia nos lleva a una importante discusión.   

Nancy: Cuando pienso en esta historia, viene a mi mente una escena muy importante de la vida del Señor Jesús.

La tentación de Cristo tiene algunos paralelismos con la tentación de la Bruja a Edmund, pero damos las gracias que la tentación de Cristo tuvo un final muy diferente. Si tienen sus Biblias abiertas por favor vayan conmigo al Evangelio de Mateo, al capítulo 4.

La tentación de  Cristo se relata en tres de los cuatro evangelios—en Mateo, Marcos y Lucas—los cuales son llamados «evangelios sinópticos». En esta ocasión estaremos saltando de uno a otro, pero básicamente seguiremos el relato que se encuentra en Mateo  capítulo 4 comenzando en el versículo 1.

«Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” (vv. 1-3).

Vamos a detenernos aquí por un momento para hacer algunos comentarios. «entonces, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto»—cuando leemos el relato de Marcos él nos dice: «inmediatamente»- ¿inmediatamente después de qué? ¿Qué ocurrió antes de esto?

Como vimos en nuestra última sesión,  el evento que antecedió a la tentación de Cristo fue Su bautismo. Él había estado en el río Jordán para ser bautizado por Juan, donde Él pasó por la increíble experiencia de ser señalado por Juan el Bautista como «El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Jesús había sido bautizado por Juan y  había escuchado la voz desde el cielo diciendo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17).

Esta fue una experiencia maravillosa y única, pero inmediatamente después de ser bautizado Cristo experimentó la tentación en el desierto.

Hace un tiempo atrás leí una frase de un escritor que nunca he podido borrar de mi mente: «después de la bendición viene la batalla”. Después de la bendición de Su bautismo, Cristo enfrentó la tentación en el desierto.  ¿No es así como ocurre con frecuencia en nuestra vida espiritual?

Pasamos por una maravillosa experiencia con Dios, por una increíble victoria espiritual y por una experiencia íntima con Cristo; experimentamos una «marea alta» en nuestro caminar con Cristo, pero sucede que al día siguiente, en la próxima hora, en el próximo minuto o en la siguiente etapa de nuestras vidas; nos encontramos en el desierto, siendo tentadas, atacadas por Satanás y luchando para no caer. La tentación nos sobreviene repentinamente.

No debería  sorprendernos el hecho de que esto ocurra así, estas experiencias suceden y debemos estar preparadas para enfrentarlas; así como tampoco debería  sorprendernos el hecho de que el Diablo esté involucrado en estas tentaciones.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo». Marcos nos dice en su relato  de la tentación, que el diablo es también llamado «Satanás», él es el enemigo personal de Cristo y el incansable enemigo de Dios y de todos los que siguen a Cristo.

Notemos que desde el Huerto del Edén—cuando Satanás logró que  Adán y Eva se rebelaran contra la autoridad de Dios —Dios le había permitido a Satanás ejercer cierto tipo de control en la tierra. Satanás está totalmente consciente de que él no es omnisciente —es decir, que no lo sabe todo—pero en ese momento a él no le quedaba la menor duda de que el Hijo de Dios había venido al mundo 30 años atrás, tomando forma humana para redimir y reconciliar el hombre caído con Dios.

Probablemente Satanás escuchó a los ángeles cantar en los cielos cuando los pastores estaban en el campo la noche que Cristo nació en Belén.  “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres» (Lucas 2:14). Imagino que Satanás no solo escuchó a los ángeles,  sino que  sospecho que también escuchó la voz del Padre desde los cielos el día que Jesús fue bautizado cuando dijo: «Este es mi Hijo amado»; él sabía muy bien lo que estaba sucediendo.

Satanás estaba consciente de que su poder en el corazón de los hombres y en los reinos de este mundo sería puesto a prueba, sabía que si Cristo tenía éxito en Su misión, él sería vencido; también se acordaba de la maldición que miles de años atrás Dios pronunció contra la serpiente en el Huerto cuando dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal».  (Génesis 3:15). ¡Él sabía que estaba vencido!

Satanás se sentía amenazado, no podía quedarse tranquilo y dejar que Jesús comenzara Su ministerio, que pisoteara su poder y él se quedara sin hacer nada para tratar de  impedirlo.  Por lo tanto esta tentación no debería sorprendernos, como tampoco  debería sorprendernos que las tentaciones vengan a nuestras vidas.

Si eres una seguidora de Cristo, Satanás sabe que te está perdiendo; y no solo esto, si no también que vas a influenciar a otros para que no lo sigan. No te sorprendas si después de comprender esta gran realidad sobre quién es Cristo—quizás después de un día tan especial como es ese—que lleguen diversas pruebas y tentaciones a tu vida. Sin embargo, si tienes presente quién está detrás de todas ellas, y quién es tu enemigo, no tendrás por qué ceder a ellas. Veamos ahora cómo se enfrentó Cristo al tentador.

El relato nos dice que Cristo fue tentado por Satanás, por el maligno, aunque también nos dice en el versículo 1 que “Él fue guiado por el Espíritu al desierto».  Aquí vemos a Jesús, el Hijo Amado de Dios, siendo guiado al desierto para ser tentado por el maligno, y ¿quién lo está guiando? El Espíritu Santo. El hecho de que él era el Hijo de Dios, de que era completamente obediente al Padre, de que nunca había pecado y de que nunca  había  hecho nada malo, no lo eximió de ser tentado. No lo eximió de experimentar una tentación muy, pero muy difícil.

Les diré que aunque esta tentación fue parte del plan de Dios, fue Satanás quien trajo la tentación, Cristo fue tentado por el mismo diablo. Porque Dios no tienta a ninguna persona, pero Dios puso a Cristo en el lugar donde iba a ser tentado por el maligno. Era necesario que Cristo enfrentara esta tentación, que pasara por ella, la soportara y la venciera para poder representarnos como nuestro Salvador.

Al momento de la tentación recuerda el hecho de que aunque Satanás esté involucrado en este proceso, es el Espíritu Santo quien te está guiando a ese lugar donde serás tentada, y Aquél que te guía a ese lugar también te guardará y te protegerá en esa situación.

Pensemos ahora en el lugar donde ocurre la tentación de Cristo,  en un desierto seco y desolado, donde además de Cristo estar cuarenta días sin comer, el relato de Marcos nos dice que Él estaba rodeado de fieras.  Esta es una referencia interesante, sobre todo esta pequeña frase, «y estaba entre las fieras» (1:13).  Particularmente a mí no me gustan los animales salvajes, es más, ¡ni siquiera me gustan los mansos!

Este era un lugar peligroso, desolado. Esta fue una tentación  larga, extensa y que se prolongó por muchos días. Cristo estaba solo, sin ninguna compañía humana, sin amigos y sin nadie que le diera ánimo. Fue bombardeado por la tentación, bombardeado por el maligno durante 40 largos días.

Es importante que recordemos el contexto cósmico y el trasfondo de la tentación de Jesús en el desierto. Satanás siempre ha querido ocupar el trono de Dios, esta lucha por el poder se remonta a la primera vez que lo intentó y fue arrojado del cielo.

En el contexto de la tentación en el desierto, Satanás está tratando de usurpar la autoridad de Cristo al incitarlo a que se someta a su voluntad—a la de Satanás. Sin embargo, Cristo no se somete a ninguna otra autoridad que no sea la del Padre, Cristo vence a Satanás invocando una autoridad superior, la autoridad de la Palabra de Dios. Veremos esto al considerar la primera tentación en el versículo tres:

«Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (vv. 3-4).

¿Cuál es la tentación aquí?  La tentación es que Cristo ceda a sus necesidades temporales, físicas e inmediatas independientemente de Dios.  Es la tentación de elevar nuestras necesidades físicas y materiales sobre las espirituales, la de vivir para lo temporal, para el aquí y el ahora, en vez de vivir para las cosas eternas.

Es la tentación de querer suplir nuestras necesidades a nuestra manera, en lugar de a la manera de Dios. Esta fue la tentación de que Jesús supliera sus necesidades a su manera, en lugar de a la manera de Dios. Nosotros como seres humanos tenemos una gran cantidad de necesidades, tenemos deseos sexuales, tenemos necesidad de compañía y tenemos necesidades materiales; estas necesidades en sí mismas no son pecaminosas. No es pecado querer satisfacer nuestras necesidades, la tentación ocurre cuando tratamos de hacerlo a nuestra manera y no a la manera de Dios;  es cuando queremos tomar las cosas en nuestras propias manos, cuando queremos resolver los problemas por nosotras mismas, y en nuestro propio tiempo, en vez de esperar en Dios para que sean suplidas.  

Veamos ahora  la segunda tentación en el versículo 5:

«Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: ‘a sus ángeles te encomendará’ y: ‘En las manos  te  llevarán no sea que tu pie tropiece en piedra.» (vv. 5-6).

En esencia lo que Satanás está diciendo es: “¿Estás seguro de que puedes confiar en Dios?» Esta es la tentación en que tendemos a demandar de Dios que nos pruebe si sus promesas son realmente verdaderas.  Satanás inclusive utiliza la Palabra de Dios para ello;  de hecho las dos cosas que él le dice: «a sus ángeles te encomendará, y en las manos te llevarán no sea que tu pie tropiece en piedras» son citas de  las Escrituras tomadas del Salmo 91 los versículo 11-12.

¿Pueden ustedes imaginarse a Satanás utilizando las Escrituras para tentarnos? Es interesante notar que él cita el Salmo 91, pero no solo lo cita fuera de contexto, sino que también lo cita erróneamente dejando fuera el próximo versículo: «Sobre el león y la cobra pisarás; hollarás al cachorro de león, y a la serpiente” (v.13) De hecho, este pasaje predice  la derrota de Satanás cuando nos dice que: “la serpiente será aplastada”, por esto él no cita esta parte, sino que la usa selectivamente.

Como podemos  ver en el versículo 7, Cristo también sabe utilizar las Escrituras para vencer a Satanás:

Jesús le dijo: También está escrito: «No tentarás al Señor tu Dios.» Otra vez el diablo le llevó a un lugar muy alto, y le mostró todos los reinos de este mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras.» (vv. 7-9).

¿Cuál es entonces la tercera tentación? Satanás quiere recibir la adoración que solo le pertenece a Dios, por eso le mostró a Cristo todos los reinos y los señoríos temporales de este mundo, ofreciéndole a Jesús que le daría poder, control y gloria sobre ellos, si postrado le adorase. ¿No nos ofrece Satanás lo mismo a nosotros en nuestros hogares y nuestros lugares de trabajo?  El pensamiento viene de la siguiente manera: “Quiero poder, quiero control; no me interesa el control del mundo entero —solo quiero tener control sobre mi situación actual”.

Satanás nos ofrece gloria: «Quiero ser visto, quiero ser reconocida  quiero ser honrada».  Él nos ofrece todo esto,  pero ¿a qué precio? A cambio de nuestra adoración, de nuestra sumisión y de nuestro servicio a él.

Ahora, notemos que Satanás le está ofreciendo a Cristo algo que al final como quiera le pertenecía a Él: la autoridad sobre los reinos de este mundo. ¿Quién es el Rey y Señor sobre todo el mundo? ¿Quién es el Regente y Soberano con autoridad suprema y final sobre todo el mundo? ¡Es Cristo! Y Satanás le está ofreciendo lo que ya le pertenece pero a través de  un camino más corto, a través de un atajo que eliminaría la cruz. «Puedes tener todo esto sin tener que pasar por el sufrimiento, sin tener que morir». Es la tentación de obtener aquello que Dios quiere que Cristo obtenga, pero por otros medios que no son de acuerdo al plan de Dios.

Cristo le responde en el versículo 10:

Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito: «Al Señor tu Dios adorarás, y solo a Él servirás.» (vv. 10-11).

Ahora, cuando leemos el recuento de Lucas él nos recuerda que esta no sería  la última vez que Satanás tentaría a Cristo pues Lucas escribe: “Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno» (4:13). Satanás intentaría otra vez tentar a Cristo, de la misma forma que lo intentará una y otra vez en nuestras vidas; y esto ocurrirá  hasta el día en que el mismo sea finalmente derrotado, hasta el día en que sea eliminado de la escena y su poder quede totalmente destruido.

Pero volviendo a Mateo al capítulo 4, al versículo 11, y me encanta esta frase que dice: «y he aquí, ángeles vinieron y le servían.»  Al momento oportuno Dios le envió a Su Hijo una provisión sobrenatural; y quiero recordarte que Dios también mandará esta provisión para ti. Él sabe lo que tú necesitas, y también Él conoce en qué momento lo necesitas.

De hecho, Hebreos capítulo 11 nos dice que Dios manda Sus ángeles a ministrar a los creyentes. Yo nunca he visto uno, no puedo decirte exactamente cuándo estarán ahí, pero sí puedo decirte que la Palabra de Dios nos dice que Sus ángeles son siervos que ministran a nuestro favor.

Y ahora quisiera darles algunos consejos prácticos a manera de aplicación.

Jesús enfrentó a Satanás y fue tentado en su naturaleza humana.  Él no utilizó sus poderes divinos para vencer esta tentación, si lo hubiera hecho podríamos decir: «Claro que pudo vencer la tentación; porque Él es Dios y yo no». Cristo venció al enemigo en su naturaleza humana, estando en la condición de hombre, utilizando los mismos recursos que nosotras tenemos disponibles al día de hoy. ¿Cuáles son estos recursos?

El Espíritu Santo  que lo llevó a este lugar.

La Oración—recuerden Su bautismo, Cristo le oró al Padre al momento de ser bautizado.

La  gracia de Dios, que está disponible para aquellos que se humillan y claman a Dios conscientes de su necesidad de Él.

La  Palabra de Dios— la espada del Espíritu, el arma que usamos contra el enemigo. Los versículos que Cristo citó los había memorizado en su niñez. Él creció meditando en ellos y los aplicó en el  momento en que tuvo la necesidad de utilizarlos. De la misma forma en que lo hacemos nosotras cuando nos enfrentamos a una tentación.

Él enfrentó la tentación en Su naturaleza humana y utilizó los mismos recursos que están disponibles para nosotras cuando somos tentadas.

En segundo lugar: Cristo puede ayudarnos en la tentación porque Él mismo venció la prueba en el desierto. Por esto, cuando somos tentadas por el maligno, Él puede venir a nuestro rescate.

Veamos algunos versículos de los capítulos 2 y 4 del libro de Hebreos que tocan este tema.  Voy a compilar todos estos versículos juntos para que tengamos una idea más clara. Estos versículos son preciosos, están llenos de riquezas y contienen promesas maravillosas.

Hebreos nos dice:

Por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados. (2:18)

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. (4:15).

Él es el Cristo Incomparable. Él fue tentado en todo pero se mantuvo sin pecado.

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (4:16).

Vemos  la palabra ayuda dos veces en estos versículos. «Él puede ayudar a aquellos que son tentados» y » El da gracia para la ayuda oportuna».

En el lenguaje original del griego esta palabra se usa para describir la soga o la cadena que amarra un barco que se está desarmando; este proceso se conoce como: “asegurar un barco”. La soga se amarra alrededor de todo la embarcación para mantenerla unida.

Esta es la misma palabra usada en Hechos capítulo 27 cuando Pablo navegaba hacia a Roma y fueron embestidos por una gran tormenta y el barco estuvo a punto de naufragar.  El autor del libro de los Hechos nos dice que  «usaron amarras para ceñir la nave» (v. 17) Esta palabra ceñir es la misma palabra ayudar. «Cristo está capacitado para ayudar a aquellos que son tentados».

Me encanta esta descripción porque cuando nuestras pequeñas barcas son embestidas por las tormentas y nos sentimos en peligro de sucumbir frente a los ataques de Satanás, frente a las tentaciones frente a las pruebas, es Cristo  quién nos mantiene en pie, quién nos ciñe y nos sostiene. Él puede hacerlo, Él puede ayudarnos porque conoce lo que es ser tentado y probado sin nunca haberse rendido ante la tentación

El drama cósmico que se estaba llevando a cabo en estos momentos, tanto en la tentación de Cristo en el desierto, como en Getsemaní, queda muy bien ilustrado en  la película La Pasión de Cristo, esta comienza con una escena bastante intensa en el Huerto de Getsemaní, y aunque la película se desvía un poco del recuento bíblico, pienso que nos da una visión bastante precisa al momento que  Cristo estaba a punto de entregar su vida en una cruz por el pecado del hombre.

En esta escena de la película La Pasión de Cristo, mientras Jesús derramaba su alma delante del Padre, Él fue tentado y probado por una personificación de Satanás, quien lo tienta a dudar de Dios y a aferrarse a su vida.  Al aumentar la tensión del momento se ve una serpiente contorsionandose hacia Jesús quien yace postrado en el suelo clamando a Dios. Al final de la escena, Jesús se pone de pie determinado a hacer la voluntad de Su Padre e inmediatamente aplasta a la serpiente—una referencia a la profecía en Génesis 3 sobre el Mesías que vendría y de quien se dice: que la serpiente le herirá en el calcañar pero que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15).

Cuando Jesús resistió la tentación de Satanás en el desierto y de nuevo en el huerto de Getsemaní, Él notificó a las potestades tanto del cielo como del infierno, que Él era el Señor Soberano y que jamás se postraría ante Satanás.

Como dice Pablo en Romanos  capítulo 16 versículo 20: “Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies.  La gracia de nuestro Señor Jesucristo, sea con vosotros.” 

¿Amén? Amén.

Leslie: Cuando Jesús enfrentó la tentación en el desierto había mucho en juego. Nancy Leigh DeMoss ha esbozado un cuadro de la batalla del Salvador contra el mal, mientras Él ayunó durante 40 días en el desierto. Este mensaje es parte de una serie titulada, El Cristo incomparable.

Nancy redactó estos mensajes luego de leer “El Cristo incomparable” de J. Oswald Sanders  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Es una obra clásica de lecturas diarias que les ayudará a conocer aspectos de la vida de Jesús que tal vez nunca antes habían considerado. Al leer este libro y escuchar esta serie en estos días que preceden la Semana Santa podrán celebrar con una apreciación renovada de quién verdaderamente es Cristo

¿Fue Cristo el Dios verdadero hecho hombre?  ¿Es esto importante? Nancy Leigh DeMoss dice, “Si Jesús no fue Dios en toda Su Plenitud, nuestra fe sería vana.” Descubramos el porqué de esta afirmación cuando regrese Aviva Nuestros Corazones

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A Narnia Lullaby, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records; The White Witch, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records; Only the Beginning of the Adventure, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

8/27 – El bautismo de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

8/27 – El bautismo de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-bautismo-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: Cada cuatro años en los Estados Unidos se celebra un evento llamado «la inauguración presidencial».  Esta es  una  ceremonia oficial pública que se lleva a cabo frente a una gran cantidad de espectadores, en la cual el presidente es juramentado en su oficio. Esta inauguración marca el comienzo del período de su liderazgo.  Es en este momento cuando él asume el oficio o posición de autoridad en el poder.

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss, dirigiendo nuestra atención a los eventos importantes que marcan los comienzos.

Nancy: En estos últimos programas, hemos considerado la vida y la obra de Jesús antes de venir a esta tierra. Hemos considerado también, Su encarnación, Su niñez, Su adolescencia, Su vida de adulto joven, Su vida de trabajo como carpintero y constructor. Hoy, consideraremos  el evento que, en cierto sentido, se corresponde a Su inauguración o Su ordenación. Observaremos algunas semejanzas en estas ceremonias. Esta fue la ceremonia pública que marcó el final de Su vida privada y que inauguró Su ministerio público en esta tierra.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que anteceden a la Semana Santa, o la Semana de la Pasión, veremos el retrato del Cristo incomparable. Estaremos siguiendo el bosquejo del libro llamado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Muchas de ustedes están siguiendo el libro durante este estudio, lo cual es bueno pero no es necesario para sacarle el provecho a esta serie.

Hoy consideraremos el capítulo 7 sobre el bautismo de Cristo—otra mirada al Cristo incomparable. Ahora, cuando un cristiano se bautiza ésta es una ocasión gloriosa, pero en Su bautismo, Cristo fue incomparable.  Nunca ha habido, ni habrá, un bautismo como éste.

Les pido que vayamos al Evangelio de Mateo, el primer libro del Nuevo Testamento, al capítulo 3.  “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.»  (vv. 1-2).

Juan fue enviado a proclamar la venida del Reino de los Cielos y la venida del Rey de este Reino. “Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.» (vv. 5-6).

El bautismo es un ritual, es una ceremonia que simboliza el lavamiento y la limpieza de nuestros pecados.  Estas personas que venían a ser bautizadas estaban proclamando públicamente que eran pecadores, que necesitaban ser lavados. Ellos estaban entregándose a la misericordia de Dios, habiendo entendido que no  podían salvarse a sí mismos. El bautismo no los iba a salvar, pero era la expresión visible de la obra que ya había sido hecha en sus corazones, una obra que la Biblia llama arrepentimiento.

Arrepentimiento simplemente significa un cambio de pensamiento, un cambio de corazón o un cambio de dirección. Tú ibas en tu propio camino, viviendo tu propia vida, haciendo tus propias cosas, y Dios te detiene; entonces te das cuenta que eres pecadora con la necesidad de ser salvada por Dios. Te detienes, y por la gracia de Dios te arrepentiste y das media vuelta y vas en otra dirección. Pones tu fe en Cristo para que Él te cambie, para que te de un corazón nuevo y una nueva inclinación. Este acto de fe y de arrepentimiento es simbolizado en la ceremonia del  bautizo.

Ahora, estos creyentes fueron  bautizados antes que Cristo muriera en la cruz. Este fue un periodo de transición, pero hoy en día nosotros tenemos un mayor conocimiento sobre Cristo.

Miramos hacia atrás y nos regocijamos en el hecho de que Él ya vino. En el bautismo declaramos nuestra lealtad al Rey de Reyes y a Su reino.

Volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 11. Dice: “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego. El bieldo está a su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible.» (vv. 11-12).

El autor  nos está diciendo esencialmente que Cristo va a separar los que pertenecen a  Él, de los que no. Unos irán a la salvación eterna y los otros a la condenación y juicio eternos.

El versículo 13 nos dice:  “Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él, pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mi? ” (vv. 13-14). Y respondiendo Jesús,  le dijo: Permítelo ahora” Juan el Bautista le dijo: «no soy digno de quitarte las sandalias, y Jesús le respondió, «yo quiero que tú me bautices a mí», Juan le dice: «Yo necesito ser bautizado por ti, y ¿Tú vienes a mi?»

“Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que se cumpla así toda la justicia. Entonces Juan se lo permitió».” (v. 15). En este pasaje vemos otra vez la humildad de Cristo. Podemos ver su humildad en Su nacimiento, a través de toda Su vida, en Su muerte, y podemos ver la humildad de Cristo a través de todos los evangelios.  Este es El Hijo de Dios, el Rey de Gloria, el Rey del Reino de los Cielos.

Aquí vemos a Cristo: sin pecado, sin necesidad de arrepentimiento, pero sometiéndose al bautismo de arrepentimiento. Me recuerda el texto de Isaías capítulo 53, este hermoso pasaje que habla sobre los sufrimientos de Cristo. En el relato se nos dice «que él fue contado entre los transgresores». “Déjame ser bautizado”. Él se identifica con los pecadores, con aquellos a quienes vino a salvar. Cristo se humilló para salvarnos. Esto fue lo que hizo de Cristo un salvador perfecto, el hecho de que él estuvo dispuesto a identificarse con los pecadores.

Aquí vemos no solo la obediencia de Cristo, sino también su humildad. Él dijo: «es conveniente que se cumpla así toda justicia». Cristo cumplió perfectamente toda la ley de Dios, y toda la voluntad de Su Padre celestial. ¿Había alguien hecho esto antes? No, ninguna persona jamás lo había hecho.  No importa cuán religiosa sea una persona, cuán respetada sea, ni que tan encumbrada esté en su sistema religioso. Nadie pudo ni podrá cumplir nunca la voluntad de Dios, y la ley de Dios a plenitud, solo Cristo y por eso Él es incomparable.

Estas son las buenas nuevas del Evangelio: que por medio de Su justicia, Su vida de obediencia es contada a nuestro favor. Los teólogos utilizan el término de «justicia imputada» para definir esto. Esto es lo que significa ser justificados. Ser contados como justos—no porque seamos justos—sino porque la justicia de Cristo es contada a nuestro favor.

Por esto fue necesario que Cristo cumpliera toda la justicia de Dios, de otra manera Él no podría justificarnos siendo nosotras  pecadoras y no podríamos, de ninguna otra forma, ser hechas justas.

Romanos capítulo 8 nos dice que “Dios lo hizo enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros” (vv. 3-4). La justicia de Dios es  cumplida en nosotros porque Cristo cumplió con toda justicia.

Esto me lleva a preguntar ¿existe algún área de justicia que yo no haya cumplido? Pudiera ser en el área del bautismo, vemos en las escrituras un patrón y una enseñanza de que aquéllos que han puesto su fe en Jesucristo, dan testimonio de ello pasando por las aguas del bautismo.

El bautismo no te salva ni te hace más espiritual. De hecho, el bautismo no es más que  la  expresión externa de lo que ocurre en tu interior.  Lo único que hace el bautismo es mojarte, pero si tu corazón ha sido transformado, si has creído en  Cristo como tu Salvador,  y si te has arrepentido de tus pecados, entonces el bautismo es un acto de obediencia.

Jesús dijo que era necesario para nosotros cumplir con toda justicia. Yo me pregunto si no habrá alguien hoy escuchando este programa en quien este simple acto de obediencia no ha sido cumplido en su vida porque no ha sido bautizado después de haber puesto su fe en Cristo.

Pero volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 16 “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente».  En el  bautismo de Cristo tenemos un retrato poderoso en el cual he estado meditando en estos días y me ha resultado difícil elegir las palabras que expresen todo lo que está representado  en este evento.

Cristo no solo se sumergió en las aguas del bautismo, sino que también salió de las aguas.  Este es un retrato que representa  la muerte y la resurrección de Cristo a nuestro favor.  Romanos capítulo 6 versículo 4 lo expresa de la siguiente manera: “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida».

Esta es una ilustración de lo que pasa con nosotras cuando venimos a Cristo. Estamos unidas a Él en Su muerte y estamos unidas a Él en su resurrección. Somos sepultadas como viejas criaturas, y somos levantadas como nuevas criaturas. No por  las aguas físicas del bautismo, pues éstas solo simbolizan lo que pasa con nosotros espiritualmente: que hemos sido sepultados con Cristo en la semejanza de Su muerte y que hemos sido levantados con Cristo en la semejanza de Su resurrección.

Sin embargo, el bautismo de Jesús es el cumplimiento de algo más. Es el cumplimiento de la figura del sacerdote representada en el Antiguo Testamento. El sacerdote del Antiguo Testamento comenzaba su ministerio a la edad de 30 años. ¿Qué edad tenía Jesús cuando fue bautizado? Cerca de los 30. El sacerdote era lavado con agua en una ceremonia y Cristo está cumpliendo con esta tipología como nuestro Sumo Sacerdote.

De hecho en Levítico capítulo 8 tenemos una  descripción detallada de la primera vez que Aarón, el primer Sumo Sacerdote, y sus hijos, quienes también eran sacerdotes, fueron  consagrados o separados para el ministerio. En esa ocasión toda la congregación de Israel fue reunida en esta ceremonia pública. Leamos algunos versículos de Levítico capítulo 8, “Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón, lo vistió con el manto y le puso el efod; y lo ciñó con el cinto tejido del efod; con el cual lo ató. . . Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo. (vv. 6-7, 12).

Los sacerdotes eran lavados con agua y  vestidos con ropas y  ornamentos especiales, pero solo el Sumo Sacerdote era ungido con aceite. Las Escrituras utilizan comúnmente el aceite para representar la unción del  Espíritu Santo  para el servicio. Cristo cumplió con esta tipología del Antiguo Testamento al ser sumergido en las aguas del bautismo, representando así el lavamiento del agua—aunque Él no tenía ningún pecado por el cual necesitara ser lavado—sin embargo, Cristo fue investido por el poder de Dios y fue ungido con aceite por el Espíritu Santo cuando comenzó su ministerio público.

Lo vemos mientras continuamos leyendo el texto en  Mateo capítulo 3. ¿Que pasó cuando Cristo salió de las aguas del bautismo? «Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio el Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (vv.16-17)

Ahora, está claro que Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado. Él es el Cristo incomparable. Juan lo sabía, y los espectadores que estaban ahí ese día y escucharon la voz desde el cielo, también lo sabían. Los ángeles lo sabían y nosotros también lo sabemos al leerlo. Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado.

Veamos entonces los tres sucesos que tuvieron lugar cuando Cristo salió de las aguas del bautismo.

  • Los cielos fueron abiertos.
  • El Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre él.
  • El Padre habló desde los cielos.

Examinemos por un momento cada uno los acontecimientos que tomaron lugar en el bautismo de Cristo. Primero, los cielos fueron abiertos. Por cierto, en el recuento paralelo del bautizo de Cristo que se relata en Lucas capítulo 3, se nos da un detalle que no se encuentra en el relato de Mateo. Lucas nos dice «Jesús también fue bautizado; y mientras Él oraba, el cielo se abrió» (v. 21).

Jesús estaba en comunión con Su Padre,  orando. Él estaba utilizando los medios de la gracia. La intimidad con Dios viene  cuando utilizamos los medios de la gracia que Dios ha dejado disponibles para nosotros.

Imagínense esto de que los cielos fueron abiertos para Jesús. Desde Génesis 3, cuando Adán y Eva fueron echados del huerto del Edén por causa de su pecado y Dios les  prohibió entrar otra vez en este paraíso terrenal,  desde ese momento hasta el día de hoy, el acceso a la presencia de Dios en los cielos ha sido vedado para la raza humana.

Ninguna de nosotras  puede entrar a la presencia de Dios por nuestros propios medios, no podemos entrar al cielo, no podemos disfrutar de la compañía y de la comunión con Cristo para la cual fuimos creadas. El cielo está cerrado para nosotras a causa del pecado, pero Jesús, el Cristo incomparable, tiene acceso a la misma presencia de Dios, al trono de Dios en los cielos. ¿Por qué? Por la virtud de Su vida sin pecado, Él nunca pecó, Cristo nunca desobedeció al Padre, nunca resistió  Su voluntad.

Él tiene acceso constante al trono de Dios y a la misma presencia de Dios. Esto es lo que más amo sobre este tema; ¡que Jesús vino a esta tierra para que el cielo se pudiera abrir para nosotras, para que pudiéramos tener acceso a la misma presencia de Dios!

¿Saben lo que esto significa? Todas las religiones del mundo en esencia están basadas en el esfuerzo que hacen los hombres para llegar a Dios por sus propios medios, por sus propios esfuerzos, por sus propios méritos, por sus propias luchas y por sus propias religiones, pero el camino está vedado, el cielo está cerrado: Pero Jesús dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida;  nadie viene al Padre sino por mí». (Juan 14:6).

No existe otro camino—solo a través de Cristo podemos llegar al cielo—para esto Él vino a la tierra. Cristo no solo vivió una vida sin pecado, sino que murió la muerte que el pecador merecía, y porque Él murió como sustituto nuestro el cielo está hoy abierto para  nosotras.

¿Recuerdan cuando Esteban, el primer mártir cristiano, fue apedreado como nos relata Hechos en el capítulo 7? ¿Qué vio él?  Cuando él estaba a punto de morir él dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios» (v.56). Esteban no hubiera podido decir eso, ni tampoco  nosotras podríamos decirlo, si el Hijo del Hombre, Jesús el Hijo de Dios, no hubiese venido a la tierra, cumplido con toda justicia y muerto a nuestro favor para que el cielo fuera abierto para nosotras. Cristo nos abrió el acceso al Padre.

Me fascina el texto de Apocalipsis capítulo 4 versículo 1 donde  Juan está recibiendo la visión de lo que está pasando en el cielo y nos dice, «Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, y decía: sube acá.»  Si Cristo no hubiera vivido una vida sin pecado y muerto en nuestro lugar, esta visión no hubiera acontecido, los cielos no hubieran sido abiertos, la puerta habría permanecido cerrada para siempre, Dios nunca habría dicho: “sube acá, a mi lugar, y habita conmigo para siempre.”

Algunas de ustedes han estado en la iglesia toda su vida, han sido religiosas; pero para otras quizás todo esto sea nuevo y nunca hayan entendido verdaderamente el hecho de que el cielo ha sido abierto para aquellos que siguen a Cristo. Él  nos abrió el camino  a través de Su cruz. ¿No estás agradecida?  ¿No es esto increíble—que el cielo nos haya sido abierto? No porque seamos buenas, o porque  hayamos hecho algo bueno, tampoco  es porque hayamos hecho malabares para lograrlo, sino porque Cristo murió por nuestros pecados.

El segundo evento que tomó lugar, es que el  Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre Él. Esto me recuerda el versículo de Isaías 61 que dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos» (v. 1).  Cuando Jesús vino a esta tierra la plenitud del Espíritu Santo lo ungió para este servicio; lo ungió para proclamar el evangelio, las buenas nuevas a aquellos que están destituidos y que necesitan de un salvador.  ¿Cómo lo hizo? Por medio del Espíritu de Dios que estaba sobre Él.

De hecho, después que Jesús fue bautizado y ungido por el  Espíritu para el servicio, y después de la inauguración pública de Su ministerio, las Escrituras nos dicen en Lucas capítulo 4 versículo 1 que  «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu». Es aquí  donde Cristo comienza Su ministerio terrenal.

Si Jesús, aun siendo Dios, durante toda Su vida terrenal como hombre estuvo siempre en dependencia del Espíritu Santo, ¿cuánto más  no debemos nosotras vivir en dependencia del Espíritu?  Tú y yo nunca podremos hacer aquello para lo que Dios nos ha llamado, cualquier cosa que sea,  lavar los platos, tener hijos, ejercer las funciones de nuestro trabajo… nunca podremos  hacerlo de una manera espiritual que sea efectiva y que glorifique a Dios, a menos que lo hagamos en el poder del Espíritu Santo.

Lo hermoso de todo esto es que Dios nos ha dado Su Espíritu para fortalecernos en el servicio.  Si somos hijas de Dios, el Espíritu Santo no solo viene sobre nosotras, sino que las Escrituras nos dicen que el Espíritu de Cristo vive, mora en nosotras.  Hay poder para servir a Dios y para servir a los demás, por el ministerio del Espíritu Santo.

En tercer lugar, el Padre habló desde los cielos y dijo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17). Jesús recibió la confirmación, la aprobación y la satisfacción del Padre. Este fue el reporte del cielo la evaluación del cielo sobre Jesús. Cuando Dios miró los 30 años que Cristo estuvo en la tierra, y Él mira aún más allá, desde toda la eternidad y antes de que todo ocurriera, Dios se complace en que Cristo nunca se desvió ni una jota en hacer la voluntad de Su Padre celestialNo hubo nada en sus acciones, actitud, o palabras que no complacieran a Su Padre en los cielos. «Este es mi hijo amado en quien me he complacido.”

Dios estuvo satisfecho de que Su Hijo fue perfecto en Su obediencia, puro, sin pecado y que cumplió todos Sus mandamientos, incluyendo los dos primeros: amar a Dios por sobre todas las cosas, y amar al prójimo. Jesús guardó todos los mandamientos perfectamente.

Por eso Dios reconoció que Cristo sería el sacrificio perfecto  por nuestros pecados, sería nuestro sustituto moriría en nuestro lugar y el Padre aceptaría este sacrificio; esto así porque Jesús era Su Hijo Amado en quien el Padre se complacía.

Y en el bautismo de Jesús vemos la inauguración de Su ministerio público. Él comienza Su ministerio en el Poder del Espíritu Santo, y con la confirmación de que Su vida, Su sacrificio, y el ofrecimiento de Sí mismo al Padre son aceptables,  satisfactorios y  agradables al Padre.

Tengo dos comentarios antes de concluir. Dios nos dice de Cristo, «Este es mi Hijo amado». Por medio de la vida de obediencia de Cristo y por Su muerte sacrificial a nuestro favor, nosotros podemos ser hijos e hijas de Dios, experimentar el amor del Padre y ser aceptadas por Dios.

De hecho, 1era de Juan  capítulo 3 versículo1 dice: «Mirad cuán amor nos ha otorgado  el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos.» Dios dice: «Este es mi Hijo Amado».  ¿Qué nos dice el Padre si estamos en Cristo? “Que soy Su hija amada o Su hijo amado”. Cristo vino para que pudiésemos tener esta relación con Dios.

“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido». Cuando leo esto por mi mente cruza el pensamiento de que si Dios se complació y se deleitó en Su Hijo, ¿cuál debería ser entonces nuestra visión del Hijo?

  • ¿Nos deleitamos en Él?
  • ¿Nos agrada Él?
  • ¿Nos sentimos satisfechas en Él?
  • ¿Es Él suficiente para ti?
  • ¿Podemos decir: «Él es mi Amado Salvador, y en Él estoy completamente satisfecha, completamente complacida?

Leslie: ¿Alguna vez te has detenido a considerar el bautismo de Jesús? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho en que pensar al hablarnos de esta inauguración pública del ministerio de Jesús.

Este mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. A través de esta serie Nancy ha estado tratando los aspectos importantes de la vida de Cristo.  Puede que te des cuenta de  que nunca has considerado algunos de estos temas anteriormente. Para escuchar todos los mensajes que han sido transmitidos hasta ahora puedes visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy está siguiendo el bosquejo del libro “El Cristo incomparable” de J Oswald Sanders[The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Este libro causó una gran impresión en Nancy durante las semanas que precedieron la Semana Santa hace unos años y por esto ha querido compartirlo con nuestros oyentes.

Bueno, imagínate por un momento que estás sola en un desierto, rodeada de animales y  que no has comido por cuarenta días. ¿Crees que serías más vulnerable a la tentación en una situación como ésta? Descubre cómo Cristo se enfrentó a la tentación en una situación similar el lunes cuando Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ocupacion-terrenal-de-cristo/

Leslie Basham: ¿Tienes hoy por delante alguna tarea de poca importancia? Nancy Leigh DeMoss te anima a hacerles frente para la gloria de Dios.

Nancy Leigh DeMoss: El trabajo es algo bueno cuando es hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2 versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara «-

El trabajo es una gran cosa; es algo hermoso para la gloria de Dios. Es una asignación de Dios para glorificarlo aquí en esta tierra.

Leslie: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué hizo Jesús en los años previos a su ministerio público, que comenzó a la edad de 30 años previos? Nancy Leigh DeMoss está a punto de abordar este tema.

Nancy: Estamos viendo al Cristo incomparable.  No hay nadie como Jesús —ni siquiera cerca—y estamos siguiendo Su trayectoria durante estas semanas previas a la Semana de la Pasión de Cristo y la Pascua, siguiendo el bosquejo de un libro titulado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders, [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].

Estamos reflexionando y meditando sobre diferentes aspectos de la vida y del ministerio de Cristo. Espero que hasta ahora haya sido un estímulo para ti. Tenemos un largo camino por recorrer de Su vida, pero nos estamos tomando nuestro tiempo y solo meditaremos en Él y dejaremos que Él llene nuestras mentes con grandes pensamientos acerca de Sí mismo.

Ayer dejamos a Jesús a los 12 años, en el templo. Y no hay nada más descrito en las Escrituras acerca de Su vida hasta que Él tiene alrededor de 30 años. Así que la pregunta es: ¿qué estuvo haciendo durante todos esos años?

Cuando Él estaba en el templo a los 12 años, dijo que debía dedicarse a los asuntos de Su Padre. Así que una pregunta que podríamos hacernos es: ¿Estuvo dedicado a los  negocios de Su padre durante los 18 años «de silencio», o solo fueron estos «años desperdiciados» carentes de  sentido? ¿Estuvo Él en una especie de limbo desde los 12 hasta los 30 años, esperando que llegara la hora de darse a conocer públicamente y comenzar a dedicarse a los negocios de Su Padre?

¿Estaba trabajando en los negocios de Su padre a los 12? ¿Lo estaba haciendo a los 15? ¿Estaba ocupado en ellos a los 17? ¿Lo estaba a los 22? ¿O simplemente empezó a trabajar a los 30, cuando dio a conocer Su ministerio público?

Bueno, déjame decirte, en primer lugar, que Dios no desperdicia nada. Él no pierde el tiempo. Él no desperdicia la vida de Sus hijos. Y me permito sugerir que Jesús no estuvo menos comprometido con los negocios de Su Padre, haciendo la voluntad de Su Padre, durante esos 18 años comprendidos entre los 12 y los 30, de lo que estuvo durante Sus tres años de ministerio público. Se ocupó de los negocios de Su padre durante todos esos años.

Ahora, las Escrituras colocan una cortina sobre esos años 18 años,  no dicen nada, a excepción del hecho de que Jesús trabajaba en el negocio de carpintería de José. En el Evangelio de Marcos, capítulo 6, vemos cómo se conocía a Jesús. Esto fue escrito durante Su ministerio público, por los que estaban viendo Sus milagros, ellos dijeron: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de Él (Marcos 6:3). “¿No es éste el carpintero?”  o el hijo del  carpintero.

En el libro “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders que estamos usando como referencia durante esta serie, Sanders señala que de todas las ocupaciones posibles que Dios pudo haber escogido para Su Hijo, Él dispuso que Jesús fuera un comerciante, un trabajador común, que trabajara con Sus manos.

Sanders dice que esto debió haber hecho que los ángeles se maravillaran—los ángeles que habían vivido con Jesús, con el glorioso Hijo de Dios, que es Dios mismo, que siempre estuvo con Dios, con el Creador del mundo—y ver que ahora Él viniera a la tierra, y no solo naciera en un pesebre, no solo haber sido un bebé, un niño 2 y 3 años de edad, un niño de 6 años de edad, un niño de 7 años de edad, un niño que tuvo que haber aprendido el alfabeto y hacer todas las cosas que tenía que hacer en Su camino hacia un desarrollo normal;  sino que también tuvo que crecer y convertirse en un comerciante, en un obrero, que trabajara con Sus manos. Esto debió de haber hecho que los ángeles se asombraran.

Pero el ver que Jesús era carpintero—que trabajaba con Sus manos;  que era un comerciante; un obrero—nos recuerda la nobleza y el carácter sagrado del trabajo realizado para la gloria de Dios. . . cualquier tipo de trabajo realizado para la gloria de Dios. Él santificó el trabajo, por así decirlo, incluyendo el trabajo manual o lo que algunos llamarían tal vez «trabajo doméstico”-

Eso tiene que ser alentador para aquellas de nosotras que tenemos, en algún aspecto de nuestra vida, un trabajo que pareciera insignificante. ¿Hay alguien aquí que tenga la responsabilidad de realizar labores domésticas? Hablamos de lo maravilloso que es ser madre, por ejemplo, pero hay muchas cosas de ser madre que no tienen nada de glamorosas. ¿No es cierto?

Tengo una pareja joven con un bebé recién nacido viviendo en mi casa. Están muy entusiasmados con este bebé.  Ellos aman su bebé, pero hay una gran cantidad de trabajo duro implicado en ser madre. ¿O no es así? Cambiar pañales y otras tareas de nuestra vida. Y dirás: «Sí, Nancy Leigh DeMoss, ella sí que tiene un trabajo increíble».

Hay personas que se acercan y me dicen: «Yo quiero hacer lo que tú haces». Bueno, lo que quieren decir es que ellas quieren hacer parte de lo que pueden ver que yo hago; que ellas piensan que sería divertido. Pero lo que ellas no saben es las largas horas de investigación que están envueltas. No saben lo que es tener una pantalla de computadora en blanco mientras estoy tratando de escribir un libro y al mismo estoy pensando, «no tengo ni idea de lo que voy a decir”… Pero estoy ahí trabajando y haciendo esfuerzos laboriosos para lograrlo.

Seguro sientes esto también en tu propio trabajo, en tu llamado, sea cual sea, y en tu vocación espiritual. Jesús santificó el trabajo—el trabajo duro, el trabajo manual, el trabajo difícil, el trabajo tedioso, y el trabajo rutinario— hecho para la gloria de Dios.

Él glorificó a Su Padre del cielo, trabajando con Sus manos todos esos años. Muchos piensan que es probable que tal vez  Él  haya tenido que mantener a Su madre y a los otros miembros de la familia después de la muerte de José.

Ves, Jesús, siendo un trabajador, siendo un carpintero. . . Él simplemente no fue de los 12 años a ser un rabí, a hacer milagros y a enseñar, de un momento a otro. Pasó años trabajando en el negocio de construcción de Su padre. Lo vemos afirmando lo que el resto de las Escrituras dicen acerca del trabajo.

El trabajo es algo bueno cuando es  hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2en el versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. »

El trabajo es una gran cosa: es algo hermoso hecho para la gloria de Dios. Es una asignación de parte de Dios para que lo glorifiquemos aquí en esta tierra. Y Jesús estaba haciendo eso con la carpintería o con la construcción. Tú lo haces, yo lo hago, de otra manera, pero se trata de algo que ha sido santificado.

En Primera a los Tesalonicenses capítulo 4 dice:

Os instamos, hermanos. . . que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y que os ocupéis de vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos… a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (V. 10-12).

En Segunda a los Tesalonicenses capítulo 3, Pablo dice:

Porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros,  ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga [este es el apóstol Pablo hablando] trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. .   Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos [les dimos este mandato]  Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.  Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo.  A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan (vv. 7-12).

Lo haces sin mucho alboroto. Lo haces porque es tu llamado. No lo haces de mala gana. No lo haces con la esperanza de que todo el mundo se dé cuenta de que eres una gran trabajadora y te den palmaditas en la espalda o aplausos. Lo haces para la gloria de Dios y por amor a Cristo. Y eso fue lo que Jesús modeló.

En Hechos capítulo 20 Pablo dice: «Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo» (v.34). ¿Cuál era el trabajo de Pablo? Fabricar tiendas. Él viajaba; plantaba iglesias, escribía epístolas, pero se estaba ganando la vida mientras hacía eso. Él dice:

En todo os mostré que así, trabajando [trabajo duro —el trabajo no se supone que sea fácil —es duro], debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:34-35)

Estamos trabajando no para recibir, en última instancia, sino para tener que compartir con los demás.

Primera a Timoteo capítulo 5, versículo 8:

“Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Jesús siempre estuvo trabajando. Él no empezó a trabajar cuando llegó al taller de carpintería de Su padre. Siempre había estado trabajando con Su Padre Celestial. Lo vimos antes en esta serie, en Proverbios capítulo 8: «cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto.» (vv. 29-30).

Jesús dijo en Juan capítulo 5: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo» (v. 17). Siempre estaba trabajando—trabajaba con Su padre, trabajaba con Sus manos, trabajaba para cumplir la voluntad de Su Padre.

El punto es que durante estos años, de los 12 a los 30 años, en los que  las Escrituras no dicen realmente nada, excepto que fue  conocido como el carpintero, Él no estuvo ocioso. Él no era perezoso. No estuvo simplemente pasando el rato hasta que le llegó el momento de entrar en el ministerio público. Demostró el honor de hacer un trabajo productivo para la gloria de Dios.

Como Oswald Sanders dice en este libro, «si para el Hijo de Dios no fue algo indigno el trabajar como un artesano, por tanto no es algo indigno para ninguno de Sus hijos » (p. 70).

Jesús nació en una familia de clase trabajadora y pobre. El trabajo no era una opción para esta familia. Pero, al trabajar duro, Jesús participó de nuestra humanidad. Se identificó con los trabajadores comunes. Al experimentar el tedio, los desafíos, la laboriosidad del trabajo duro, Él llevó la maldición puesta sobre Adán, de que iba a comer el pan con el sudor de su frente. Esa fue parte de cómo Él soportó la maldición de la caída.

El problema es que lo que para nosotros tiene valor e importancia difiere de lo que Dios considera significativo, importante y valioso. Tendemos a medir el valor de lo que hacemos en términos de visibilidad, de alcance—lo enorme que es, cuán grandioso es, lo impresionante que es, del impacto que tiene sobre los demás. Dios no mide de esa manera.

Dios no está realmente impresionado con la cantidad de personas que escuchan este programa o con cuántas personas leen mis libros. Lo que quiere saber es: ¿Si soy fiel en mi trabajo? ¿Si soy obediente en hacer cualquier tarea que me hayan dado para hacer en este día?

Mira, en la voluntad de Dios, el trabajo común no Lo glorifica menos, no es menos significativo, no es menos necesario, que cualquier tipo de ministerio público, o que los actos o logros más impresionantes del ministerio. Ministrar de manera directa las vidas de las personas no es más impresionante, no tiene más valor para Dios que lavar los platos, si ese es tu llamado en un momento determinado del día, o lavar la ropa o hacer alguna otra labor doméstica, tediosa.  Todo es para la gloria de Dios, y eso es lo que lo hace noble.

El hecho de que Jesús pasó muchos años haciendo un trabajo que muchos no considerarían noble o inspirador, debe animarnos a ser fieles en el cumplimiento de las tareas y rutinas normales de nuestras vidas, y hacerlas con fidelidad, con gozo—a pesar de que nadie más nos pueda ver y aplaudir el trabajo que estamos haciendo. No lo estamos haciendo para los hombres. ¿No es así? ¿Para quién lo estamos haciendo? Para el Señor. Lo hacemos como para Él.

Así que vemos que Jesús pasó la mayor parte de su vida adulta trabajando como un comerciante, y solo tres años en el ministerio público. Los años anteriores no fueron los que sacudieron el mundo, a nuestra manera de ver las cosas, pero fueron vitales para la preparación de Su ministerio público.

Así que yo solo te animo a dejar que Dios determine la naturaleza y el alcance de tu servicio en cada etapa de la vida. Deja que Él te de la descripción de tu puesto, y luego hazlo para la gloria de Dios. Y no tengas prisa por un ministerio más amplio y visible.

Hay mujeres que vienen a mí, madres jóvenes diciendo. . . “Quiero estar en el ministerio.» Y yo me digo a mí misma, «¿En qué crees que estás? Tienes niños de 2 y 5 años de edad. ¿No es este un ministerio? Tienes un ministerio de tiempo completo. Estás en el ministerio a tiempo completo de formar y moldear esas jóvenes vidas”.

Dices: «Bueno, Dios no me ha bendecido con hijos. Estoy trabajando en esta oficina en un puesto administrativo. “Entonces hazlo para la gloria de Dios y date cuenta de que ese es tu ministerio. Ejercer tu vocación de acuerdo a la voluntad de Dios es lo que glorifica a Dios y refleja Su gloria en este mundo.

Si Dios ha puesto en tu corazón que le sirvas de otras formas, no tengas prisa. Date cuenta de que Dios te está preparando. Te está madurando. Espera  Su tiempo. Serás más eficaz a largo plazo si dejas que Dios te dé el ministerio que Él quiere que tengas, en lugar de perseguir o aspirar a tener más ministerios. Dios nos ha dado a ti y a mí en este momento tantos ministerios como Él nos ha equipado para manejar. Así que llévalo a cabo con gozo.

Quiero tocar en los minutos que nos quedan otro aspecto de la vida adulta de Jesús que no escuchamos mencionar frecuentemente, y es el hecho de que Él permaneció soltero durante toda su vida terrenal. Vamos a meditar juntas en esto por unos minutos.

Jesús nunca experimentó la compañía de una mujer. A través de todos los desafíos de la obra y del ministerio, a través de todas sus pruebas y juicios, Él nunca conoció el consuelo, el estímulo y el apoyo que tener una compañera le podría haber proporcionado. Además, Él nunca conoció la bendición de tener hijos propios. Los hijos que Él amo eran hijos de otros.

Dirás: «Bueno, Él era Dios, por lo que no necesitaba el matrimonio, Él no necesitaba niños. «Bueno, el hecho es que Él también era completamente humano. Él era un hombre. Él tenía, los deseos y anhelos humanos normales. Las Escrituras nos recuerdan que en todos los aspectos, Él «fue tentado como nosotros» (Hebreos 4:15). Pero, Él no peco.

Cuando miramos a Jesús, tenemos que asumir que tenía deseos humanos naturales, pero no hizo ídolos de sus anhelos. No permitió que sus deseos naturales se convirtieran en exigencias. Sabemos que asistió a bodas. Sabemos que Él iba a fiestas, a cenas, a banquetes. Sabemos que vio a Sus amigos y compañeros disfrutando, primero el regalo del matrimonio y luego el regalo de los hijos. Pero también sabemos que Él nunca cedió a la autocompasión. Nunca se resintió con Dios, Su Padre Celestial, por no haberle dado esos dones.

Sabemos que Él permaneció moralmente puro a través de Sus años de joven adulto, hasta sus 30 años, confiando en Su Padre para satisfacer sus necesidades, incluso (me atrevería a decir) las necesidades sexuales. Esto puede sonar un poco falta de respeto, hablar de un Jesús con deseos sexuales. Pero solo diré esto: no conozco todos los misterios de esto, pero sé que Él era un ser sexual.

Él era un hombre, y confió en Su Padre para satisfacer todas las necesidades  —de compañerismo, de amistad, de satisfacción de los deseos humanos. No lo irritó Su estado de soltería, sino que lo aceptó totalmente,  se deleitó en la voluntad y en el llamado de Dios para Su vida y en todo lo que ello conllevaba, y para Jesús, eso significó estar soltero.

El Jesús abrazar el llamado de Dios para Su vida —la soltería —era a la vez un acto de sumisión a la voluntad del Padre, así como un acto desinteresado de amor a aquellos a quienes vino a servir—eso somos nosotras . Él estaba dispuesto a renunciar a muchos de los placeres normales y buenos — placeres santos— que la mayoría de la gente disfruta, para redimirnos de nuestros pecados.

Él sabía que Su vida en esta tierra sería breve y que Él tendría toda la eternidad para disfrutar de la plenitud del gozo y de los placeres que se encuentran a la diestra de Su Padre. De manera que Él estuvo dispuesto a pagar el precio aquí. Él sabía que el gozo estaba puesto delante de Él, de manera que Él soportó. Él soportó no solamente la cruz física, el sufrimiento de la crucifixión y todo lo que esto conllevó, sino otros tipos de cruces a lo largo del camino, incluyendo tal vez todo este asunto de la soltería. ¿Podría haber sido eso una cruz para Él como lo es para algunas que nos escuchan hoy?

Pero seas soltera o no, hay momentos en los que te sentirás muy sola,  necesitada de tener a alguien con quien compartir lo que hay en tu corazón,  tus necesidades y tus anhelos más profundos. Me encontré en las últimas semanas enfrentando algunos retos bastante pesados ​​de este ministerio. No son malos. Son solo difíciles. Y ha habido algunos momentos en los que me sentí muy, pero muy sola. Me hubiera gustado que alguien llevara la carga conmigo.

Ahora, déjame decirte esto: no estoy sola. No solo tengo al Señor, sino que  tenemos un equipo increíble, y  llevan la carga de muchas maneras. Pero hay noches en las que no están allí. Tú estás allí sola, una mujer soltera, quizás una mujer casada con un marido infiel, llevando sola alguna carga que nadie más puede llevar contigo. Ha habido momentos en que he pensado: » ¿Dónde va un líder cuando desea llorar? ¿Quién llevará la carga por mí, o conmigo? ¿Quién está conmigo en estos tiempos?»

Y pienso que otras líderes cristianas. Se van a casa con sus compañeros, y hablan de las cosas por las que están pasando y cargando. Y ha habido momentos en los que he pensado, «¿A dónde voy yo? ¿Quién llevará esta carga conmigo?” Por momentos, he deseado tener a alguien que realmente me entienda.

Ahora, no te digo esto para que sientas pena de mí. Te digo esto porque quiero que sepas que en esos momentos de soledad en que siento necesidad, me acuerdo, y como hemos venido diciendo en esta serie, me acuerdo, que tengo un Salvador que entiende, que ha recorrido el camino delante de mí y camina conmigo. Él ha estado allí. Él es incomparable. No hay nadie como Él.

Así que, amiga solitaria, hermana soltera, mamá luchadora, déjame animarte a recibir el amor de tu Padre Celestial, a abrazar Su voluntad y Su llamado para esta para toda época de tu vida, deja que Él te sostenga con Su gracia. Confíale a Él esos anhelos insatisfechos. Derrama tu vida por los demás.

Y recuerda que esta vida es tan corta. Así que fija tu mirada en el día en que se secarán todas las lágrimas,  cada esperanza y anhelo se cumplirán ya que estaremos unidas a Cristo, nuestro amado esposo, por toda la eternidad. Vale la pena la espera.

Leslie: Hemos escuchado las palabras de Nancy Leigh DeMoss y quizás estamos enfrentando diversas cargas hoy. Las verdades que acabamos de escuchar acerca de Jesús nos pueden dar a cada una de nosotras una perspectiva eterna. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, El Cristo incomparable. Para escuchar todos los programas que te pudiste haber perdido de la serie hasta el momento, solo visita AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy concibió esta serie hace un año, cuando leyó un libro clásico también llamado “El Cristo incomparable”. Esto la condujo a este valioso estudio bíblico de la vida de Jesús.

Nancy: El haber leído ese libro clásico de Oswald Sanders el haber preparado esta serie, me ha ayudado a ver a Jesús con nuevos ojos. Ha sido un gozo reflexionar sobre diferentes aspectos de Su vida en  los que nunca antes me había  centrado por  mucho tiempo. Hay mucho valor en el estudio de la Palabra de Dios, y estoy muy agradecida por la oportunidad de enseñar Su Palabra cada día en Aviva Nuestros Corazones.

Una mujer llamada Tracy escribió para decirnos lo mucho que aprecia la forma en que la hemos animado a escudriñar la Palabra de Dios. Ella escucha Aviva Nuestros Corazones de camino al trabajo, y ella lo llama  «una vitamina espiritual que necesito para ser una luz para los socios con los que trabajo y con los clientes que visito”. Me gusta eso — «una vitamina espiritual”.

Bueno, Tracy sigue diciendo, «Gracias por permitir que Dios te use para ministrar, para que podamos tener una relación más cercana con Dios y compartir Su amor con los demás. »

Estoy muy agradecida por las oyentes que Dios está utilizando para ayudar a que este programa sea posible. Podemos estar en el aire en tu comunidad, ofreciéndote esta ‘vitamina espiritual’  diaria, gracias a las oyentes que generosamente ofrendan para este ministerio.

Si deseas apoyar este ministerio y ser parte de lo que Dios está haciendo, llama para hacer tu donación de cualquier cantidad. Llámanos al 1-800-569-5959, o haz tu donación en AvivaNuestrosCorazones.com

Leslie: Jesús era perfecto y no tenía necesidad de mostrar ningún arrepentimiento. Entonces, ¿por qué necesitó ser bautizado? Nancy explorará en nuestro próximo programa, el lunes el bautismo de Jesús. Por favor, te esperamos de vuelta en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

6/27 – La juventud de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

6/27 – La juventud de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-juventud-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: En los últimos años hemos visto un fenómeno cultural que ha sido llamado  adolescencia extendida.

Leslie Basham: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: ¿Has escuchado alguna vez este término? Adolescencia extendida,  se refiere a personas que no han crecido o madurado. Hay cierto número de personas que han estado hablando sobre esto. Ha estado tanto en el pensamiento secular como en el pensamiento cristiano. Al Mohler, por ejemplo, quien es el presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, tiene un blog. Él ha estado hablando sobre esto en varias ocasiones. Él dice, por ejemplo,

La transición hacia la edad adulta solía ser una de las principales metas de la juventud. La vida adulta era vista como un estatus digno de alcanzar y era entendida como un conjunto de responsabilidades dignas de cumplir. Al menos, esta era la forma en que solía ser. Ahora, una generación entera parece estar viéndose a sí misma encerrada en las garras de la eterna juventud, sin querer o sin poder crecer.

La preocupación sobre este fenómeno se ha ido construyendo desde hace algún tiempo. Los Baby-boomers [la generación entre 1940 y 1969] que son padres están perplejos cuando sus hijos en edad adulta regresan a vivir a su casa, fallan en encontrar un trabajo y parecen no tener prisa en casarse. Claro que en la actual generación de adultos jóvenes se incluyen excepciones espectaculares que rápidamente han entrado en la plenitud de la responsabilidad adulta,  la generación en general parece que estuviera esperando que algo suceda— ¿quién sabe qué? 1

Leslie: Estás sintonizando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie llamada El Cristo incomparable, siguiendo el bosquejo del libro de  Oswald Sanders  [The Incomparable Christ – disponible en inglés].

Hoy daremos una mirada a la vida de Jesús. Él es un buen ejemplo para contrarrestar la tendencia hacia la adolescencia extendida.

Nancy: Mientras pensamos sobre este fenómeno llamado adolescencia extendida, de personas que no crecen, pienso en el contraste que tenemos en Cristo—El Cristo incomparable a quien hemos estado considerando durante toda esta temporada previo a la Semana Santa, de la Pasión de Cristo, el Viernes Santo y la Pascua.

Permítanme invitarles a ir a sus Biblias al Evangelio de Lucas, al capítulo 2. Queremos ver un incidente en la juventud de Cristo, el tiempo que hoy pudiéramos llamar Su adolescencia o años de adolescente.  Este es Jesús a los 12 años de edad. Muchos de ustedes están familiarizados con esta historia, pero espero que hoy podamos encontrar algunas ideas frescas que nos recuerden lo verdaderamente único que es Jesús.

Jesús tiene 12 años. Se encuentra al final de su infancia y está en la transición hacia convertirse en un hombre. Veamos el versículo 41, en el capítulo 2, de Lucas: “Sus padres acostumbraban ir a Jerusalén todos los años a la fiesta de la Pascua. Y cuando cumplió doce años, subieron allá conforme a la costumbre de la fiesta.”

Ahora, no sabemos si esta era la primera vez que Jesús iba a Jerusalén con Sus padres. Es muy posible que Él haya ido en los años previos, pero esta es una etapa significativa porque Jesús ahora está alcanzando la edad en la cual los jovencitos Judíos llegaban a ser miembros plenos de la comunidad religiosa del judaísmo. Durante esta etapa, de los 12 a los 13 años de edad, los niños  serían instruídos en los caminos de Dios y en la Palabra de Dios, y serían recibidos en el judaísmo, como lo que se llamaba un “hijo de la Ley”.

Cuando ellos llegaban a ser un “hijo de la Ley,” lo cual ahora es celebrado como un Bar Mitzvah, esto significaba que era un joven judío, y ahora era un hombre adulto, responsable ante Dios por su propio crecimiento y desarrollo espiritual. Ya no eran más niños bajo el liderazgo y protección de sus padres. Ahora ellos se estaban moviendo hacia la adultez y eran responsables por sí mismos de obedecer a Dios.

Así que Jesús a esta edad, en la que Él se convierte en un miembro pleno de la comunidad religiosa del judaísmo, va con Sus padres en el tiempo de la Pascua a adorar en el templo. Versículo 43: “y al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén”.

Puedes ver esta transición entre ser un niño y un hombre. Él está justo en esa etapa. Él se quedó en Jerusalén, pero “sin que lo supieran sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscarle entre los familiares y conocidos. Y al no hallarle, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que después de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas”. (vv. 43-46)

Así que aquí nos hacemos una idea acerca de Jesús, en este tiempo que podríamos llamar etapa adolescente, este periodo de transición entre niño y hombre. Vemos esto en Su corazón, un hambre por la verdad, un deseo de conocer; una inclinación de Su corazón a crecer espiritualmente, a crecer en sabiduría, de conocer a Dios. Esto era en lo que Él estaba interesado.

Él se quedó en el templo hablando con los ancianos, hablando con estos líderes porque ahí era donde estaba su corazón, hacia donde Él se inclinaba. Eso era en lo que Él estaba interesado. Nadie le dijo,  “Ok, es tiempo de interesarte en las cosas espirituales”. Era ahí donde estaba su corazón. Es la clase de corazón, que dicho sea de paso, tú quieres que tus hijos tengan, ¿o no es así?, mientras ellos van de su niñez hacia su adultez. Ves a Jesús teniendo un espíritu humilde, un espíritu enseñable. Piensa sobre esto: Él era Aquél cuya Palabra ellos estaban estudiando. Él era Aquél que había creado a todos estos maestros.

Proverbios dice “el que escucha consejos es sabio”. (Ver 12:15). Vemos a Jesús mostrando esto. A pesar de que, como Dios, Él era omnisciente; como hombre Él estaba mostrándonos lo que es tener un espíritu humilde, enseñable y crecer en sabiduría.

Y luego dice en el versículo 47: “Y todos los que le oían estaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas”. Así que Él estaba involucrándose con estos líderes. Él estaba escuchando; haciendo preguntas, pero incluso Sus preguntas y luego Su diálogo con ellos daba muestras de alguien que tiene una madurez excepcional.

Pero es fácil mirar este pasaje y decir, “Claro, Él era Dios. Él tenía todas las respuestas”. Pero ten en mente, que Él no está usando su divinidad en este momento. Él está viviendo, funcionando y creciendo como un hombre, mostrándonos lo que se supone que debe ser para todos nosotros y lo que puede ser cuando crecemos con el favor y la gracia sobre nosotros así como vimos en la última sesión anterior que era verdad en Jesús.

Se supone que se tenga madurez y sabiduría a la edad de 12 o de  15 ó 17 y 27. De nuevo, no puedes tener la misma sabiduría a los 7 años que la que tendrás a los 27 años, pero debería haber una madurez y un crecimiento en las cosas de Dios y la habilidad de dialogar sobre asuntos serios y eternos de una forma coherente.

Esto es lo que estos líderes están viendo en Jesús. Él no tiene, como hombre, todo el conocimiento hasta ese momento, pero Él mostró una madurez. Él mostró una inclinación hacia la verdad y una aptitud hacia la verdad, y ellos estaban asombrados con esto.

Ahora, ¿de dónde venía ese entendimiento? Una de las cosas que me pregunto al pensar sobre Jesús en el templo a esta edad y al pensar acerca de sus 12 años—estaría en edad de escuela intermedia más o menos, los alumnos de intermedia no son conocidos por su sabiduría o por su revelación y su madurez.  Bueno, una pregunta que me hago a mi misma es: ¿Qué rol tuvo Su madre en enseñarle desde la infancia a través de su niñez?

Sabemos que María conocía la Palabra de Dios. Ella la amaba. En el Magníficat que oró en Lucas, capítulo 1, ella citó docenas de Escrituras del Antiguo Testamento, en una época en que las mujeres no eran enseñadas a leer o a escribir en la mayoría de los casos. Ella conocía la Palabra de Dios por repetición verbal y el paso oral de la Palabra.

Ella debió de haber estado hablando estas Escrituras, estas alabanzas, estas oraciones, estos pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento a su Hijo mientras Él estaba creciendo. Ella era una mujer que meditaba en los caminos de Dios, ¿lo recuerdan? Se nos dijo que ella guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba en ellas (ver Lucas 2:19).

  • Ella era una mujer que meditaba.
  • Era contemplativa.
  • Ella no estaba siempre hablándose a sí misma.
  • Ella sabía cómo escuchar la voz de Dios.
  • Ella sabía cómo responder a la inspiración del Espíritu de Dios en su corazón.

Y qué influencia debió de haber tenido esto en el pequeño Jesús.

¿Quieres tener adolescentes sabios? Un gran paso hacia esto sería que tuvieran mamás sabias, papás sabios, mujeres que están escuchando al Señor, padres que están escuchando al Señor. Ahora, esto no significa que tus hijos nunca harán nada tonto, que ellos nunca pecaran, o que si ustedes son padres piadosos y sabios sus hijos serán siempre piadosos y sabios.

Tus hijos no son Jesús. Tú sabes esto. No tengo que decírtelo. Pero lo que pienso es que hay una visión aquí de que la sabiduría de los padres ayuda a cultivar una atmósfera en el hogar que conduce a los hijos a crecer y a llegar a ser sabios.

Pero Su madre no puede tomar todo el crédito, ni ella querría tomar el crédito por como Él pudo tener esta sabiduría y este entendimiento. Por sobre todo, sabemos que fue el impacto del Espíritu de Dios dándole esta sabiduría.

Leemos en Isaías en el capítulo 11, versículo 2, un pasaje profético sobre el Mesías. Este es un pasaje que pienso nos da la idea de Jesús en el templo a los 12 años. Dice, “Y reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR.”

¿Dónde comienza esta sabiduría? De acuerdo con Proverbios capítulo 1, “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” (v.7). Así que el Espíritu Santo estuvo trabajando en la vida de Jesús. Ahora, Padre, Hijo y Espíritu, ellos son uno, pero ellos son distintos. No podemos entender esto completamente, pero lo aceptamos como una verdad. Y sabemos que el Espíritu Santo había estado derramando favor y gracia sobre el niño Jesús.

Cuando el Espíritu del Señor reposa sobre nosotras, cuando el Espíritu del Señor reposa sobre tus hijos, tus nietos, ellos tendrán sabiduría y entendimiento, consejo y poder, conocimiento y el temor del Señor.

El versículo 48 dice: “Cuando sus padres le vieron, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia. Entonces Él les dijo. . .» Este es el primer registro de palabras provenientes de los labios de Jesús que tenemos en las Escrituras. «Entonces Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?’”—o como dice en algunas de sus traducciones “Debo estar en los negocios de mi Padre’” (vv. 48-49).

Es como si Jesús estuviera diciendo, ¿No saben que yo debería estar en el templo? Es donde pertenezco, es donde encajo.  Es donde está  mi corazón. Es donde prefiero estar, cerca de las cosas de Dios.

Estoy muy agradecida de haber tenido unos padres que realmente nos alentaron en las cosas de Dios, a querer estar cerca de las cosas de Dios. Pero también estoy muy agradecida por el Espíritu Santo, quien, desde que yo era una niña pequeña, me dio un corazón interesado en las cosas espirituales. Yo no puedo tomar ningún crédito por ello. Le debo dar a mis padres mucho del crédito, pero mis padres no podrían tomar este crédito, tampoco. Ellos dirían,  “Esto es la obra de la gracia de Dios”.

Pídele a Dios que haga esto por tus hijos. No esperes que el Espíritu de Dios le de a tus hijos un hambre mayor por las cosas espirituales que tú tienes. Si lo que tú amas son las películas mundanas y los libros y revistas y amigos y actividades sociales y seculares—si esto es lo que tú amas y llenas tu vida con estas cosas, entonces no te sorprendas cuando tus hijos no estén implorando por tener influencia espiritual en sus vidas.  Así que es el trabajo de padres piadosos; y es también el trabajo del Espíritu de Dios.

Ahora, cuando Jesús dijo “¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre, o en los asuntos de mi Padre?,” Claramente, para este momento,  Él estaba consciente de que era el Hijo de Dios. No sabemos en qué momento vino esta conciencia a Él como ser humano, pero sabemos que estaba ahí cuando tenía 12 años.

Y de nuevo repito, tus hijos no son Jesús, pero quiero decirte que el Espíritu de Dios puede dar a tus hijos una seriedad acerca de su relación con Él a una edad más temprana de lo que muchos padres pueden darse cuenta. Y esto es algo para lo cual debemos creerle a Dios, orarle y pedirle que lo haga.

Ahora, aún a esta joven edad, una vez más recordemos que estamos hablando de un joven en edad de escuela intermedia, Jesús estaba viviendo lo que leemos proféticamente en el Salmo 69, en el versículo 9: “El celo de tu casa me consume”.

Este fuego estaba en Él, esta pasión y este deseo por la casa de Dios, por la cosas de Dios. Para este momento, ya Él se había dado cuenta de que Su verdadero hogar no era donde Él había crecido físicamente en Nazaret, sino en el templo donde Su Padre Celestial vivía.

“Debo estar en la casa de mi Padre. En los asuntos de mi Padre.” Y aquí vemos que Jesús tenía un sentido de responsabilidad y de obligación hacia Su Padre, a la edad de 12 años. “Debo. Estoy llamado a esto. Fui apartado para esto. Esto es una obligación. La prioridad de Mi vida es servir a Mi Padre Celestial, estar en sus asuntos”.

Aquí tenemos a Jesús, quien había crecido en el negocio de carpintería de Su padre terrenal, pero Él está diciendo “Mi Padre Celestial tiene un negocio, y yo soy llamado a ser parte de este negocio. Esto es lo que yo tengo que estar haciendo, donde yo debo estar sirviendo”.

La palabra ‘debo’ es una palabra interesante de trazar a través de los evangelios, particularmente a través del evangelio de Lucas, donde estamos leyendo justo ahora. Si tú tomas un comentario y miras esta palabra, debo, y le sigues la pista a través del evangelio de Lucas, verás esta divina compulsión en la vida de Jesús.

Permíteme leerte algunos de estos versículos:

Lucas 4, versículo 43: “[Jesús], Él les dijo: También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto yo he sido enviado.”

Lucas 9, versículo 22: “El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Había una sensación de compulsión, de obligatoriedad sobre su venida a esta tierra, no solo para vivir, sino para morir por los pecados del mundo.

Capítulo 19, versículo 5 de Lucas: “Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa”. Él tenía un sentido de Su llamado, misión y obligación sobre ministrar a aquellos que el Señor ponía en Su camino.

Luego Lucas 24, versículo 44: “…Era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.”

Lo cual me lleva a preguntar: “¿Está en mi corazón, está en  tu corazón que debemos hacer la voluntad de nuestro Padre? No en el sentido de que tenemos que hacerlo y lo estamos haciendo de mala gana. Sino en el sentido de que nos encontramos bajo una compulsión divina, y nos deleitamos en hacer aquello para lo que Él nos ha llamado y es Su voluntad en nuestras vidas.

¿Estoy resuelta a hacer aquello que Él me ha enviado a hacer, aquello para lo que Él me ha llamado? ¿O lo considero algo opcional?  

Yo sé lo que es argumentar con el Señor, tristemente, sobre cosas que yo siento que Él me está llamando a hacer, pero que algunas veces son muy duras. Algunas veces prefiero no hacerlas. Algunos aspectos de mi trabajo son terriblemente aburridos, y yo preferiría no hacer esas cosas. Algunos aspectos de tu trabajo son terriblemente aburridos.

Si eres mamá por ejemplo, hay algunos aspectos de tu llamado que son realmente duros. Si tú estás sirviendo al Señor trabajando en el ambiente de un trabajo secular, o si estás en una institución académica secular tratando de ser luz ahí… Hay cosas duras en el llamamiento de cada vida. Pero sientes un sentido de ‘deber’, un sentido de “debo estar en la casa de mi Padre; debo estar en los negocios de mi Padre”.

Así que, ¿he resuelto hacer aquello que Dios me ha llamado a hacer, o, batallo con esa idea? ¿Lo considero opcional, algo que puedo escoger hacer si quiero hacerlo, pero que puedo decir “no” si  me inclino a ello o si lo encuentro demasiado difícil? Mientras seguimos al Salvador, hay este sentido de divina compulsión “Debo estar en los negocios de mi Padre”.

Me encanta enseñar la Palabra de Dios, pero hay aspectos que son duros. Como a la 1 en punto de la mañana, cuando estaba tratando de terminar esta sesión y meterla en mi cabeza, y estoy allí cansada y pensando, “No voy a dormir mucho” pero había un sentido de que “Dios me apartó y me llamó para esto, y es un privilegio”. Es una obligación, pero es también un privilegio.

Pues bien, el versículo 50 de Lucas, capítulo 2 dice: “Pero ellos no entendieron las palabras que Él les había dicho. Y descendió con ellos y vino a Nazaret, y continuó sujeto a ellos. Y su madre atesoraba todas estas cosas en su corazón” .(vv. 50-51)

Jesús expresa Su sumisión a Su Padre Celestial al estar sujeto a Sus padres terrenales. Ser un seguidor de Cristo no nos hace libres de nuestras responsabilidades—en nuestros hogares, con nuestras familias, con nuestras relaciones humanas. Lo que debería es hacernos mejores miembros de nuestra familia y mejores amigos.

El seguir a Cristo y obedecerle en el contexto de la vida real no son metas en conflicto. Como, “No puedo ser espiritual porque tengo que cocinar el desayuno para mi familia.” ¡No! Ser espiritual puede significar cocinar el desayuno para tu familia—viviendo el llamado de Dios para tu vida. Así es como agradamos y servimos al Señor.

Así, al crecer de niño a hombre, Jesús mostró un apropiado respeto y obediencia a ambos, a Su Padre celestial y a Sus padres terrenales.

Y luego el versículo 52.  Y me encanta este versículo, dice, “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.

Ahora, regresemos un momento al versículo 40, que nos dice “y el niño crecía” Ahora es una palabra diferente. El primero dice, “el niño crecía”… durante estos primeros 12 años, Él creció. Los siguientes 18 años, de los 12 a los 30, dice que “Jesús crecía en sabiduría”. En algunas de sus traducciones dice que “Él seguía creciendo.”(DHH)

La palabra que se usa aquí, en esta segunda oportunidad, según un comentarista, es derivada de los pioneros derribando árboles en el camino frente a ellos, abriendo camino a través de los bosques. Esto significa, cortar hacia adelante, superar para seguir tu camino, abrirte paso hacia adelante. El término seguía creciendo significa ser intencional acerca de su crecimiento. Los primeros 12 años, el niño crecía. Él simplemente crecía. Pero los siguientes 18 años, Él avanzaba, progresaba. La idea aquí es de una actividad extenuante, siendo intencional en lugar de un desarrollo pasivo.

Y que palabra esta,  mientras pensamos en todo este asunto de la adolescencia extendida… Nos damos cuenta de que el corazón de Dios es que crezcamos de la niñez a la vida adulta no solo físicamente, sino emocional, espiritual, psicológica, e intelectualmente. Hacemos esto durante los años de adolescencia, siendo intencionales en lo relativo al crecimiento.

Esto es algo con que retar a tus hijos, haciéndoles saber que esos años de adolescencia no son años solo para participar en actividades sin propósito en tu camino por la vida, o simplemente jugando juegos de video. Los niños que hacen esto durante todo su paso por los años de adolescencia, seguramente lo harán al llegar a los 20 y a los 30. Luego ellos probablemente se casarán con una pareja que les dirá “¿Por qué nunca creciste?”

Así que vemos en Cristo un patrón para crecer, para avanzar, para desarrollarse—no para estar estático, no para estar estancado, no para quedarte en el mismo lugar, sino ir en  aumento, ir creciendo, y ser intencional acerca del crecimiento espiritual.

Esto trae a mi mente, mientras miro la juventud de Jesús, ese maravilloso versículo en Proverbios capítulo 4, versículo 18, que dice: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día.”—creciendo, avanzando, incrementando, madurando en santidad, en sabiduría, en el temor del Señor; convirtiéndose en jóvenes y luego en luego adultos quienes aman al Señor apasionadamente, quienes le temen, quienes le sirven, quienes le siguen con todo su corazón.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado proyectando una visión para los padres—que enseñen a sus hijos a crecer en sabiduría.

Usualmente no escuchamos mucho sobre la adolescencia de Cristo, por lo que la enseñanza de hoy ha sido fascinante. Esto es parte de la serie llamada, El Cristo incomparable. Nancy está siguiendo un bosquejo a partir del libro de Oswald Sanders, también llamado El Cristo incomparable.

Bien, por años Jesús pasó Su tiempo como un artesano. Él era un obrero. Su vida muestra que el trabajo duro puede ser santificado cuando es hecho para la gloria de Dios. Nancy lo discutirá en el próximo programa de El Cristo incomparable. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1  http://www.albertmohler.com/2005/08/19/what-if-there-are-no-adults-3

2 Robin Marantz Henig. “What Is It About 20-Somethings?”The New York Times Magazine. Domingo, Agosto 22, 2010.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

5/27 – La niñez de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

5/27 – La niñez de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ninez-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss tiene una sugerencia para nuevos padres. Pídele  a Dios que te dé una visión para los años que tengas con tus hijos.

Nancy Leigh DeMoss: Eso te ayudará a ser más intencional en la crianza y a darte cuenta de que los patrones establecidos en la niñez de tus hijos, las semillas sembradas, tendrá fruto en su edad adulta.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que preceden a la Semana de la Pasión de Cristo y la celebración del Domingo de Resurrección, estaremos enfocándonos en Cristo, meditando en Él, contemplándolo y viendo los diferentes aspectos de Quién es Él, Quién fue, a qué vino a la tierra, y lo que hizo aquí.

Estamos usando una guía, un gran libro devocional titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en inglés]. Algunas de ustedes están siguiendo el estudio con el libro. Hoy estaremos en el capítulo 4, viendo la niñez de Cristo. Quiero recordarles que no es necesario tener el libro para aprovechar al máximo estos programas.

Aparte del incidente que Jesús tuvo a la edad de 12 años (eso lo veremos mañana), casi no tenemos nada registrado sobre Jesús desde que nació hasta que cumplió 30 años, cuando comenzó su ministerio público. Así que, a la luz de ese silencio, no nos sorprende que haya personas que especulen sobre lo que pasó durante todo ese tiempo.

Por ejemplo, a principios del segundo siglo, D.C., la gente escribió libros acerca de este tema, algunos de ellos son conocidos como los libros apócrifos. Uno se llama “El evangelio de la niñez escrito por Tomás”, y es muy especulativo y fantasioso acerca de algunas cosas que el autor pensó que Jesús pudo haber hecho en su niñez.

Y tengo que decirles que, no tiene ninguna relación con los hechos. Son relatos que casi en su totalidad, rayan en la ficción. No son la Palabra inspirada de Dios. Permítanme leer algunas partes de esta obra sobre “La infancia de Jesús” escrita en el siglo 2, D.C., cito:

“El niño Jesús cuando tenía cinco años, jugaba en el vado de un arrollo: reunió las aguas que fluían allí haciendo piscinas, las limpió y les ordenaba tan solo con su palabra.

Y al hacer un barro suave, formó doce gorriones. Y era en sábado cuando hizo estas cosas. Y había también muchos otros niños jugando con él.

Uno de los judíos, cuando vio lo que el niño Jesús había hecho, jugando en día sábado, salió rápido a decirle a su padre José: Mirad, he aquí que tu hijo está en el arrollo y ha tomado barro y ha hecho doce polluelos, y ha profanado el día del Sabbat.”

“Y José vino al lugar y vio: y habló con el niño en voz alta diciendo: ¿Por qué razón haces esto, en sábado, no ves que no está permitido hacerlo? Pero Jesús palmeando sus manos al momento ordenó a las aves: ¡Id! Y los gorriones emprendieron el vuelo y se alejaron cantando.”

“Y al ver esto los judíos se asombraron y se fueron a decir a sus superiores lo que el niño había hecho.” (II, 1-5).

La gente que escribió esto, decía que era cierto. Pero sabemos que no fue así. Tenemos la Palabra de Dios que nos dice lo que necesitamos saber acerca de Cristo, y hay muy pocas referencias en las Escrituras acerca de la infancia de Jesús—casi nada. Lo cual, a propósito, suena muy interesante al ver este mundo en el que vivimos hoy, tan centrado en los niños, donde todo gira alrededor de ellos. Piensan que el mundo gira a su alrededor. Algunos padres de familia también piensan que el mundo se trata todo acerca de sus niños.

Y no es que digamos que los niños no son importantes—porque lo son. Jesús amaba a los niños. Creo que no enseña algo el que las escrituras no mencionen tanto acerca de esos años de Jesús. Fueron años de oscuridad. No que Jesús no haya tenido familia o amigos que le conocieran, pero Él no andaba por ahí haciendo cosas espectaculares. Primero que nada, recordemos que cuando vino a esta tierra, Él restringió el uso de sus atributos divinos. Él se vistió con nuestra humanidad. Era importante que creciera y se desarrollara como un niño normal, como todo ser humano.

Entonces, veamos algo basado en las Escrituras, y no en la ficción. ¿Qué sabemos acerca de Cristo en este periodo de silencio? Primero, sabemos que tuvo una infancia.  Y puedes decir: bueno,  y… ¿qué es lo grande de eso? Bien, hay un gran contraste—algo que seguro no fue pasado por alto entre los griegos del 1er siglo—con la mitología griega, cuyos dioses decían haber venido al mundo ya crecidos y bien armados. Jesús no vino a la tierra como un adulto sino como un pequeño, débil e indefenso recién nacido.

Yo tengo una recién nacida en casa. La primera bebé de una joven pareja, se llama Addie Grace. Mientras yo estudiaba esta serie, yo miraba a Addie con otros ojos, viendo lo desprotegida, dependiente, pequeña y débil que es, y pensaba: así era Jesús cuando se hizo carne. No vino como esos dioses griegos, listo para conquistar al mundo. Él vino al mundo como todos nosotros, débil, pequeño, indefenso y dependiente. Él fue un niño.

Una vez más, cuando lo pones frente a los dioses griegos, Él es el Cristo incomparable. No hay ninguno como Él, ningún líder religioso es como Él. En este mundo pluralista donde la gente nos trata de decir que Él solo fue uno más del montón y que todos los dioses son iguales y del mismo origen… ¡No lo creas! No es verdad. Jesús es el único, Él es el incomparable Cristo. Lo vemos en este pequeño detalle de haber nacido como un bebé y en el haber tenido una niñez normal.

También hemos aprendido de las Escrituras que Jesús nació en un hogar en esta tierra con padres devotos y piadosos, María y José, sus padres terrenales. Sabemos que sus padres fueron fieles adoradores y que se comprometieron a criarlo de acuerdo los mandamientos de la Escritura.

Lucas capítulo 2 nos dice que cuando Jesús nació, “ellos hicieron todo conforme a lo ordenado por la ley de Dios”. (v. 39). Todos los rituales, el ir al templo y ofrecer sacrificios, todo lo ordenado por Dios.

Luego leemos en el versículo 41 de Lucas capítulo 2 que: “Sus padres iban a Jerusalén cada año para la fiesta de la pascua”. No era solo porque les gustaba ir o celebrar la Pascua, (aunque supongo que así era) sino porque Dios había ordenado a los judíos observar esa fiesta. Entonces, Jesús tuvo a Sus padres terrenales que fueron obedientes a la ley de Dios. Él creció en ese tipo de hogar.

Aun así, Su niñez no estaba exenta de problemas. Sólo porque Él era Dios, no estaba exento de las pruebas y las luchas de la vida diaria en un mundo caído. Pensemos en estas cosas. Por ejemplo, Su madre tuvo un embarazo inesperado, podemos suponer que al menos tuvo que enfrentar rumores y malos entendidos. No hay razón para creer que cuando Jesús nació; todos de repente creyeron que este era el Hijo de Dios nacido de una virgen. Estoy segura que hubo gente que juzgo a María como una mujer contaminada y marginada. Así que Jesús creció en un hogar con una mamá rodeada de sospechas, rumores y malos entendidos.

Su madre fue forzada a dar a luz a 120 km de casa. Caminando esa distancia en un ambiente inhóspito. Ella no dio a luz en una maternidad o un moderno hospital, sino en un establo. Donde de inicio su vida tuvo muchos desafíos.

Nació en una era de represión y totalitarismo romano. No era un tiempo fácil para estar vivo. Su vida fue amenazada por un celoso rey cuando todavía era un pequeño infante, por lo que Sus padres tuvieron que huir a Egipto. Aunque ya estaban lejos de casa, recorrieron aproximadamente 480 km, donde se tuvieron que quedar allí cerca de dos años hasta que la amenaza pasara.

Luego tuvieron que regresar a Nazaret. Pensamos de Nazaret como algo muy importante, pero en esos tiempos Nazaret era como algo insignificante, “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” no era un lugar del cual estar orgulloso de pertenecer. No era una ciudad popular. Ni era un área comercial. Era muy pequeña, despreciada,  no era una ciudad apreciada.

Jesús nació también en el seno de una familia pobre. Lo sabemos por el tipo de sacrificios que Sus padres hacían en el templo. Así que no nació en un palacio ni en la riqueza. Ni con pompa. Ni nació con una cuchara de plata en Su boca. Aunque Él hizo toda la plata del mundo. Él fue el creador del mundo pero cuando vino a este mundo vino para humillarse.

El solo hecho de nacer como humano, es lo suficientemente bajo, pero la Escritura dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2ª Corintios 8:9.

De manera que Él nació en una familia pobre. Eso significa que tuvieron que enfrentar desafíos para salir adelante. Solo piensa lo que es el ser pobre al día de hoy. El vivir en pobreza, haciendo hasta lo imposible para poder dar de comer a la familia.

Hablando de familia. Él nació en lo que ahora llamamos una familia grande, por nuestros estándares, claro. En Marcos capítulo 6 versículo 3, se mencionan cuatro hermanos de Jesús y por lo menos dos hermanas. Nacidos de José y María después del nacimiento de Jesús.  Aquí vemos que Él fue el primogénito de sus medio hermanos y hermanas; hubo al menos siete niños en esa familia.

Fueron pobres y no tuvieron una de esas casas de ocho recámaras. Jesús creció en una casa pequeña y pobre, para una familia grande, considerando el tamaño de Su familia.

Creo que nos ayuda el imaginarnos Su niñez. Pensamos en Él como el Rey, (y lo es), y el Señor del universo (y lo es), y el Señor de los ejércitos (y lo es). Pero también nació y creció en estas pobres, simples y oscuras circunstancias.

Hay un versículo en la Escritura que se encuentra en Lucas capítulo 2 el versículo 40, que relata los años de infancia de Jesús y quisiera que lo viéramos por unos momentos. Dice así: “Y el niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría y la gracias de Dios era sobre él”. Ese versículo,  a excepción del incidente que veremos mañana, es todo lo que se no dice sobre la infancia del niño Jesús.

La Escritura dice que el niño crecía. Pero no saltemos esa parte tan rápido. Jesús tuvo que crecer para convertirse en un hombre; tomando la naturaleza humana. Es parte de la humillación de la encarnación. Él no solo tomó la forma de cuerpo humano sino que se sometió Él mismo a esa naturaleza humana, incluyendo a un alma a humana con mente, emociones, capacidades de razonamiento, etc. Tuvo que pasar por las mismas etapas de desarrollo en cada una de esas esferas; física, intelectual, social y psicológica por las cuales todos tenemos que pasar.

A veces hablamos acerca de los niños y sobre cómo piensan de manera concreta, y cómo luego aprenden a pensar de manera más abstracta… Son etapas de desarrollo. Jesús pasó por esas etapas como niño—físicamente, intelectualmente, socialmente y psicológicamente. Él tuvo que hacerlo para representarnos como nuestro Salvador, verdadera y completamente.

Al pensar en el crecimiento del Señor Jesús, permítanme hacer unas cuantas observaciones. Primero que todo, fue un crecimiento balanceado. Fue un crecimiento en todas las esferas—mente, alma, espíritu y cuerpo. Hoy podemos ver algunos niños que son “súper dotados” en algunas áreas. Hay algunos que son sorprendentes atletas, pueden hacer muchas hazañas atléticas, pero no pueden leer o escribir. O hay niños que tienen un gran talento para socializar. Pueden relacionarse muy bien; pero  son débiles en otras áreas. Pueden quizás no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor; aunque son tan orientados hacia las personas.

Bueno, Jesús nos mostró la importancia de crecer en cada área, integralmente—en cuerpo, alma y espíritu. Esa es la forma en que debemos crecer. Esa es la forma en la que hubiésemos crecido de no haber sido por la caída. Así que él vino a vivir nuestra vida, y a modelarnos cómo estaba supuesta a vivirse nuestra humanidad. Un crecimiento integral. Crecimiento físico. Crecimiento racional/intelectual.

Ahora, es difícil de entender que Jesús haya tenido que crecer intelectualmente. Porque como Dios, Él era omnisciente; Él lo sabía todo. Pero como hombre, tuvo que crecer en conocimiento. Tuvo que ir a la escuela. A diferencia de lo que dice el “Evangelio de Tomás” acerca de que Él le gritaba a los maestros por algo que no entendían bien, Jesús tuvo que aprender su alfabeto. Tuvo que aprender a juntar las letras y a leer y a escribir. Tuvo que crecer intelectualmente en conocimiento. Y esto es un misterio, pero es verdad.

También creció moralmente. El versículo 52, de Lucas capítulo 2, nos dice que Él “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.  Aunque Él era Dios, había algún sentido en el que Él tuvo que crecer en su capacidad moral, sus funciones morales—no que hubiera pecado, (porque nunca lo hizo). Pero tuvo que crecer en tomar decisiones sabias y piadosas. Él tuvo un crecimiento balanceado en cada área y así es cómo nosotros deberíamos crecer.

Su crecimiento fue también gradual. ¡No hubo atajos! Él no  saltó ningún grado que sepamos. No saltó ninguna etapa de su vida. No ‘saltó de tener dos a doce ’—por así decirlo, que sepamos. Él fue por esas etapas en un periodo gradual de crecimiento. Le tomó doce años para llegar a esa edad, tú dirás “bueno, pues claro”. Pero creo que es importante el darnos cuenta que cuando Él tomó nuestra humanidad, realmente lo hizo totalmente.

Él tomó nuestra humanidad, Él tuvo que crecer gradualmente tal cual nosotros. Aquí se ve la paciencia. No hay prisa. Nada de  “¡Date prisa que tengo que llegar a los 30 y comenzar mi trabajo!” No, hay que pasar las etapas para llegar allí. Es el proceso del crecimiento. No sucede de la noche a la mañana en nosotros no sucede de la noche a la mañana en nuestros niños. Tampoco pasó así para Jesús.

Requirió tiempo y entrenamiento y una familia con disciplinas. Él obtuvo el conocimiento de la misma forma que nosotros lo obtenemos. Observando, preguntando y siendo enseñado. Esto nos muestra la humildad de Cristo.  El incomparable Cristo, quien sería reducido a esto sin sacrificar nada de Su deidad. Pasó por un crecimiento gradual como hombre. Por un crecimiento balanceado y gradual.

Fue un crecimiento fructífero y con propósito. Fue un crecimiento con un objetivo. Tenía una meta. Hubo un resultado y ese resultado fue la madurez. Se supone que ese debe ser el resultado de todo crecimiento; pero tristemente, para mucha gente hoy, pueden crecer físicamente, pero no intelectual, moral o psicológicamente o relacionalmente. Su crecimiento como que se paraliza. El crecimiento de Jesús nunca se detuvo. Él procedió a ese nivel de madurez, físico y espiritual. Dice que “se fortalecía y se llenaba de sabiduría”. No sucedió de la noche a la mañana, pero sucedió.

Estos años de niñez fueron años de preparación para Su llamado, aprendiendo la Ley y la Palabra de Dios. Aprendiendo los caminos de Dios. Se adaptó a nuestras limitaciones y a nuestra humanidad. Asistió a la escuela hebrea. Se le enseñaron las Escrituras hebreas.  Aprendió estas cosas. Aprendió obediencia. Cada paso de crecimiento lo estaba preparando para cumplir la misión eterna de Su Padre. Un crecimiento balanceado. Un crecimiento gradual. Un crecimiento fructífero y con propósito, que le llevaba finalmente a la madurez.

Vemos perseverancia durante los años de la niñez. Y creo que es significativo el hecho de que la Escritura no nos dice mucho—nos dice poco, realmente, sobre estos años de niñez—. Eso nos dice que fueron años lentos. Sucedieron de la manera que sucedieron y no podemos ignorarlos.

Dice que durante este tiempo, la gracia y el favor de Dios estaban sobre Él. Eso es básico para crecer. No podemos crecer como Dios quiere que crezcamos,  si estamos alejadas de la gracia y el favor de Dios. Vemos a Jesús como un hombre que depende de la gracia de Dios. A pesar de sus circunstancias, algunas de ellas tan adversas. A pesar de las disfunciones, en su entorno y en el mundo en el que vivía, a pesar de los desafíos que tuvo que enfrentar en esa época, el favor y la gracia de Dios estaban con Él.

Él es el Hijo de Dios. Su favor estaba sobre Él; ya Dios le estaba dando el crecimiento aun en medio de esta ciudad corrupta llamada Nazaret, nacido de padres pecadores, nacido en un mundo y una época decadente y pecaminosa.

Y algunas de ustedes que están criando hijos en este mundo, ¿no se sienten desanimadas?  Pensamos: ¿Cómo podrán lograrlo estos niños? La presión de este mundo es tan fuerte. Recordemos que Jesús creció es este tipo de mundo. Pero el favor y la gracia de Dios estaban sobre Él. El favor y la gracia de Dios pueden estar sobre ti y sobre tus hijos, si tú buscas crecer en este mundo caído y fracturado.

Su niñez era congruente con su humanidad y con su deidad.

  • El pasó por etapas ordinarias de su niñez.
  • Tuvo que aprender a desarrollarse y crecer.
  • Fue humano.
  • Tuvo nuestras limitaciones.
  • Tuvo nuestras debilidades.
  • Pero también Él fue Dios. ¡y nunca pecó!

Así que la niñez de Jesús nos demuestra algunas cosas que tienen que ser reales en nuestras vidas. El objetivo de crecimiento gradual y con propósito. La meta de llegar a ser fuerte y sabio. ¡Qué meta para nuestra vida! Jesús llegó a ser fuerte, sabio y espiritualmente maduro en toda faceta por Su dependencia en la sola gracia de Dios. Sin importar lo que leamos sobre Su infancia, en el “Evangelio de Tomás”, Jesús no hizo uso de Sus poderes sobrenaturales para hacer pájaros ni para destruir a las personas que no estaban de acuerdo con Él. Él puso todo esto a un lado y creció—tal y como nosotros debemos crecer—en dependencia de la gracia de Dios.

Y para ustedes que son padres cristianos y que buscan criar a sus hijos para la gloria de Dios, no subestimen la importancia, la necesidad y el valor de esos años de la niñez. No traten de poner a su niño en la edad de doce años cuando todavía tiene tres. Es un proceso. Hay un crecimiento. Toma tiempo toma paciencia. Disfruten cada tiempo. Cada momento. Quizás algunas de ustedes tienen nietos… recuerden esto.

Pídele a Dios que te de una visión. Un sentido de propósito para su infancia. Reconoce que hay patrones que se establecen en su niñez, que hay semillas que deben ser sembradas en este tiempo, y verás cómo dan fruto en su edad adulta.

Lo que tus hijos hacen a la edad de dos, tres, seis, ocho y diez, importa. Importa que estén creciendo, que seas intencional en ayudarles a formarse en la dependencia y gracia de Dios. Porque ellos están siendo formados en la persona que serán de adultos.

Cuando ores por tus hijos,  no ores sólo por protección y seguridad. Claro que quieres eso, pero también ora creyendo que Dios les dará el crecimiento en cada área de sus vidas—desde la infancia, la niñez,  hasta que sean adultos, para la gloria de Dios.

Gracias Señor porque viniste a este mundo como un bebé y creciste como todo niño. Tú creciste hasta la madurez para mostrarnos cómo debemos crecer. Yo oro que hagas una obra de gracia, que Tu favor esté sobre nosotras al buscar nuestro crecimiento,  y sobre nuestros hijos,  representados aquí en tantos hogares y familias, y entre aquellos que amamos, así como también aquellos que pueden escuchar este mensaje lejos de aquí por medio de Aviva Nuestros Corazones.

Oh Señor, que podamos ver niños que crezcan para ser sabios y fuertes como lo fue Jesús.  Que podamos crecer en sabiduría y fuerza nosotras también. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss, dándonos una perspectiva sobre la niñez de Cristo a los padres y abuelos. El mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. Si te has perdido algunos programas de esta serie, los puedes escuchar al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo comenzaste a escuchar Aviva Nuestros Corazones? Nancy regresa para hablar de cómo algunas mujeres descubrieron el programa.

Nancy: Hemos oído de muchas mujeres que se “toparon” con el programa mientras escuchaban la radio. Ellas nos cuentan de los cambios que se han producido en sus vidas desde que comenzaron a exponerse a estas verdades. Eso fue lo que le sucedió a una mujer de nombre Tina. Ella nos escribió:

“No puedo expresar lo mucho que Aviva Nuestros Corazones ha cambiado mi vida.”

Como siempre, nosotros aclaramos que es Dios quien cambia las vidas, solo que usó a Aviva Nuestros Corazones en el proceso. Tina comenzó a escuchar Aviva Nuestros Corazones en la radio varios años atrás. Ella comenta:

“Yo era una nueva creyente, y apenas empezaba a crecer. Estaba pasando por ataques de pánico, angustia, depresión y ansiedad.”

Luego ella explica como Dios usó este ministerio para conectarla con las Escrituras. Todas las luchas por las que ella estaba pasando, fueron disipadas al escudriñar las Escrituras. La transmisión de Aviva Nuestros Corazones continúa animando a Tina y ella y su marido han tomado un paso de fe para ser padres sustitutos a cargo de niños abandonados, por lo que están ahora teniendo nuevos desafíos.

Cuando donas a Aviva Nuestros Corazones nos estás ayudando a ayudar a mujeres como Tina. Si deseas ser parte de lo que Dios está haciendo, haz tu donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie: ¿Cómo impartes sabiduría a un adolescente? Nancy Leigh DeMoss nos mostrará cómo al ver la vida de Jesús. Mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

4/27 – La encarnación de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

4/27 – La encarnación de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-encarnacion-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss les invita a quedarse maravillados.

Nancy Leigh DeMoss: Hoy vamos a ver lo que un teólogo ha llamado «el milagro más impresionante de toda la  Biblia – el más sorprendente- más sorprendente que la resurrección y aún más sorprendente  que la creación del universo».

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Mientras Nancy continúa con la serie El Cristo incomparable, ella nos dirá acerca del milagro más sorprendente de toda la Biblia.

Nancy: Bueno, ¿Y de qué se trata todo esto? Permítanme pedirles que abran sus Biblias, si la tienen cerca, en el Evangelio de Juan, capítulo 1. Quiero leer dos versículos de este capítulo, el versículo 1 y después versículo 14.

Juan capítulo 1, versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

Versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su Gloria, Gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Bueno, como ustedes saben, estamos usando estas semanas previas a la Semana Santa y al Domingo de Resurrección—el tiempo que algunos llamaran la Cuaresma— para reflexionar en Cristo, para meditar sobre Cristo. Nosotros estamos usando como guía un libro titulado “El Cristo incomparable” [The Incomparable Christ – disponible en inglés] Su autor es  J. Oswald Sanders. Es un libro que ha sido una bendición para mí, y vamos a ir a través de los capítulos de este libro que habla de la vida, de la obra y de la pasión de Cristo.  En el  programa de hoy  estamos viendo el capítulo 3. Y aun si no estás leyendo el libro, puedes seguir estos programas y meditar en los versículos que podrás encontrar al final de la transcripción en nuestra página de internet, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy vamos a ver la encarnación de Cristo, lo que este teólogo ha llamado, «el milagro más impresionante de toda la Biblia». 1

Jesús era Dios hecho carne—la encarnación—cuando el Verbo, Dios, se hizo carne.

En este momento en la historia es cuando el Hijo de Dios fue concebido milagrosamente en el vientre de una virgen. No traten de entender esto, porque no podrán. Pero deben creerlo, porque es la verdad. Él fue concebido en el vientre de una virgen, Él se hizo hombre y tomó la naturaleza humana.

En su libro de  “Teología Sistemática”, Wayne Grudem dice, «El hecho de que el Hijo de Dios infinito, omnipotente,  eterno  se haya hecho hombre y se haya unido a la naturaleza humana… seguirá siendo  el milagro más insondable  por la eternidad y el misterio más inescrutable del universo»2

Cuando yo era niña, mis padres conocieron a un hombre llamado James Irwin, él fue uno de los astronautas estadounidenses que fue a la luna. Él ya está con el Señor, pero a su regreso a la tierra después de haber caminado sobre la luna, este astronauta Jim Irwin dijo, «El logro más significativo de nuestros tiempos no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios en Cristo haya caminado sobre esta tierra».

Esta es otra forma en la que Cristo es incomparable, y en cada una de estas sesiones durante estas semanas, veremos a Cristo y diremos, «¿Cómo es Él único? ¿Qué lo hace incomparable?»

Cuando se habla de Su encarnación, el haberse hecho carne, estamos de acuerdo que no hay nadie como Él en todo el universo, pasado, presente o futuro. ¿En qué temporada del año celebramos la encarnación? En la Navidad. Muchos de los villancicos navideños reflejan este misterio, este milagro, este hecho tan maravilloso de que Dios se haya hecho hombre.

Cantamos «Se oye un canto en alta esfera», y una de las estrofas de este villancico navideño de Charles Wesley habla de la encarnación:

¡Gloria al Verbo encarnado
En humanidad velado!
¡Gloria al Santo de Israel
Cuyo nombre es Emmanuel!

Dios vistiéndose de carne, morando con nosotros en la carne.  Él descendió a morar con nosotros.  Jesús nuestro Emmanuel.

Así que al contemplar la encarnación, vemos la majestad, el poder, y la grandeza de Cristo, quien nació de una virgen — eso es milagroso. Ningún ser humano puede nacer de esa forma. Él es Dios.

Vemos Su poder y Su grandeza, pero también vemos Su mansedumbre, Su humildad, y Su amor, ya que Él no tomó en cuenta Su reputación, quién Él era, como lo dice Filipenses capítulo 2.  Él vino a esta tierra para convertirse en uno de nosotros, para volverse carne. Vemos su grandeza, Su exaltación, y también vemos Su humillación y todo esto en la encarnación de Cristo.

Ahora, ustedes tienen sus Biblias abiertas en Juan, capítulo 1. Miren otra vez el versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Esto es incomprensible para nosotras.

  • Cristo es infinito
    • Nosotras somos finitas.
  • Él es santo
    • Nosotras somos pecadoras
  • Él tiene una comunión pura e ininterrumpida con Dios
    • Nosotras estamos alienados, somos enemigas de Dios a causa de nuestro pecado.

Pero en una eternidad pasada—este Verbo que estaba con Dios y  el Verbo que era Dios—en una eternidad pasada Dios diseñó un plan por medio del cual este Verbo, Cristo Jesús, iba a reconciliarnos con Él mismo.

Por eso cuando llegamos al versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros».

Él dejo los palacios, los palacios de marfil, la gloria, el esplendor, las riquezas del cielo. Él dejó la maravillosa presencia de Dios, y Él vino a esta tierra. Él atravesó la barrera del tiempo, atravesó la barrera de la geografía. Él vino a esta tierra. Él se convirtió en carne, Él habitó entre nosotros —entre nosotros, los seres humanos.

Esa palabra «habitó» es una palabra que puede ser traducida como «puso su tabernáculo, tabernaculizó, puso su tienda» entre los seres humanos.

  • El infinito se hizo finito.
  • El inmortal se hizo mortal.
  • El Creador se hizo como una de Sus criaturas.

Él vino a vivir donde nosotros vivimos. Él puso Su tienda entre nosotros. Él acampó aquí en esta tierra por 33 años.

Matthew Henry, el gran comentarista de antaño dijo, «El Padre eterno se hizo un niño del tiempo…. El Anciano de días se hizo un infante de muy corta duración.» 3 ¡Es asombroso!

Filipenses capítulo 2 nos dice que «el cual, aunque existía en forma de Dios, Jesús no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2:6-7).

Así que se despojó de sí mismo en la encarnación. Cuando Dios tomó la forma humana, Él se despojó de sí mismo. No que haya dejado a un lado sus atributos divinos —Él seguía siendo Dios — pero lo hizo al tomar nuestra humanidad y voluntariamente restringió el uso de esos atributos divinos.

En la encarnación, al convertirse en hombre, Él tomó nuestras debilidades, nuestras fragilidades, nuestras limitaciones humanas. Solo piensa en esto por un momento.  (Por cierto, ha sido un gran gozo para mí tomarme mucho, mucho tiempo para meditar en estas asombrosas realidades)

  • El que nunca duerme – se cansó, como un hombre.
  • El Creador de los océanos de agua—de todos los cuerpos de agua sobre la tierra, tuvo sed.
  • El que alimentó a Su pueblo con maná en el desierto, tuvo hambre.
  • El que puso las estrellas en su lugar, durmió debajo de las estrellas.
  • El que habitaba en los palacios de marfil del cielo, nació en un establo prestado.
  • El Dios omnisciente tuvo que aprender cómo hablar, a caminar como un niño, como un bebé, como un infante, como un humano.
  • El eterno Verbo de Dios tuvo que aprender a leer.
  • El Ayudador de Su pueblo se hizo indefenso y dependiente.
  • El amado Hijo de Dios se volvió el hijo rechazado del hombre.
  • El que creó a los ángeles, necesitó que los ángeles vinieran  en Su ayuda durante Su tentación en el desierto, y otra vez en Getsemaní.

Así que, ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué hizo eso? Él lo hizo para acercarnos a Dios. Nosotras éramos rebeldes, estábamos separadas de Dios por nuestro pecado, estábamos bajo la ira de Dios. Estábamos sujetos al justo juicio de Dios para los pecadores.

1era a Timoteo nos dice: «Cristo Jesús vino al mundo —¿para qué?— para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15).

Juan capítulo 3, versículo 17 —pero el versículo 16 es posiblemente  el versículo más famoso de la Biblia…»Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Pero el siguiente versículo dice, versículo 17,  «porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él» (Juan 3:17).

Ves,  para podernos salvar, Jesús tuvo que nacer, Él tuvo que vivir. Él tuvo que morir como un ser humano, Él tuvo que tomar la naturaleza humana. Él voluntariamente escogió el camino de la humillación, el condescendió; renunció. Cruzó la brecha infinita entre el cielo y la tierra, entre Dios y nosotros, por nuestro bien, sólo por amor.

¿Ahora qué, qué significa esto para nosotras? ¿Por qué es importante? ¿Qué tan importante es esto realmente? Bueno, es simplemente nuestra salvación eterna lo que está en juego, solo piensen en esto: 

¿Qué tal si no hubiera existido la encarnación? ¿Qué tal si Jesús no hubiera venido a esta tierra? ¿Qué tal si Dios no hubiera dado a Su Hijo por nosotros? ¿Qué tal si Jesús, el Verbo, nunca se hubiese hecho carne?

Bueno, nosotras no pudiéramos conocer a Dios como Jesús nos lo reveló. Juan  capítulo 1 dice, «Hemos visto la gloria de Dios». Hemos visto la gloria de Dios porque nosotras hemos visto a Cristo. En el rostro de Cristo, es que hemos visto a Dios. Somos capaces de conocer a Dios porque Jesús vino a esta tierra y nos lo reveló a nosotros.

Si no hubiera habido encarnación, nosotras no hubiéramos podido ser reconciliadas con Dios. Estaríamos eternamente separadas de Él y estaríamos bajo Su justo juicio. No habría forma de  expiar nuestros pecados, estaríamos sin esperanza, estaríamos eternamente perdidas. Viviríamos unos cuantos años en este planeta y después moriríamos y estaríamos eternamente separadas de Dios.

Es algo en lo que mayoría de la gente no piensa, pero debemos de pensar en esto. Necesitamos pensar en dónde estaríamos si no hubiera ocurrido la encarnación.

La encarnación significa que:

  • Jesús vivió nuestra vida, pero sin pecado.
  • Él perfectamente obedeció al Padre.
  • Él sufrió la muerte por nosotras.
  • Él pagó la penalidad que merecíamos por nuestros pecados para que pudiéramos ser perdonadas, para que fuéramos libres de la penalidad de muerte.

Entonces, al convertirse en un hombre y compartir nuestras experiencias humanas, Jesús se convirtió en un Salvador misericordioso, un Sumo Sacerdote misericordioso, que no solamente nos puede salvar de nuestro pecado — como si esto no fuera suficiente — sino que Él también se puede identificar con nosotras a cada paso, en cada necesidad porque Él ha sido como cada uno de nosotros. Él ha vivido nuestra vida.

Podemos ver este concepto en el libro de Hebreos, en el capítulo 2, empezando en el versículo 14:

«Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo»  (Hebreos 2:14).

El poder del diablo para mantenernos atadas, para hacernos morir eternamente, ese poder se rompió cuando Jesús murió como el Hijo de Dios sin pecado, como nuestro sustituto en la cruz.

El versículo 16 de Hebreos 2 dice:

«Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham. [Jesús vino a la tierra a ayudarnos, a ser nuestro Salvador.]   Versículo 17, Por lo tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo» (Hebreos 2: 16-17).

Esta es una gran palabra teológica que significa que Él satisfizo  la ira de Dios contra nuestro pecado porque Él murió la muerte que nosotros merecíamos por nuestro pecado.

Algunas de nosotras, hemos escuchado esto tantas veces que lo espectacular se ha vuelto ordinario en nuestras mentes. Pero para otras esta es la primera vez que lo escuchan, no habían  escuchado esto antes, y están diciendo «¿en serio?, ¡wow!». Pero algunas de nosotras necesitamos ver esto con nuevos ojos, oírlo con nuevos oídos, como si nunca antes los hubiéramos escuchado antes.

Muchas de nosotras hemos perdido el asombro. Hemos estado alrededor de todos estos conceptos cristianos toda la vida. Han estado en la iglesia todas sus vidas. Es como, «oh, sí, aja, la encarnación, aja, sí, sí, sí».

¡NO! Nada de «sí, sí, sí.» ¡SI! Es el milagro más asombroso en toda la historia del mundo y de la eternidad, que Jesús haya venido a esta tierra para salvar a los pecadores. Él no nos pudo haber salvado sin venir.

Y no solamente Él hace propiciación por los pecados del pueblo —y vamos de regreso a Hebreos capítulo 2 el versículo 18 donde dice, «pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados».

Él es un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel quien continúa sirviéndonos, intercediendo a nuestro favor, para ministrarnos gracia en el momento de nuestra necesidad. Cuando somos tentadas, Él puede ayudarnos porque Él ha sido tentado. Él estuvo ahí, y Él nunca pecó ni una sola vez. Así que Él vive dentro de nosotras para ayudarnos a decir, «Sí», a Dios y «No», a nuestra carne. Él está siempre presente en el momento de nuestra necesidad, todo porque Él vino a esta tierra.

Es muy importante recordar que la Encarnación no está solo en el tiempo pasado. No es algo que ocurrió hace 2,000 años atrás. La encarnación, piensen en esto, no cesó cuando Jesús dejó esta tierra y regresó al cielo.

Tiene valor para nosotras hoy en día porque el Dios que se hizo carne, quien vino e instaló su tienda entre nosotros, quien vivió en esta tierra por 33 años… Él fue crucificado, Él resucitó de nuevo, y Él ascendió a los cielos, y hoy Él está sentado con su cuerpo glorificado a la diestra de Dios —el Dios Hombre. Y desde ese lugar en el cielo, Él es nuestro abogado hoy en día, y Él intercede por nosotros ante el trono de Dios —hoy— El Cristo encarnado.

Pienso que algunas veces tenemos esta imagen de que Jesús nació, Él vivió su vida, Él murió y se fue al cielo, y desapareció. Que ya no existe. ¡Sí, Él existe! Él es aún el Dios Hombre encarnado, Dios en la carne, Dios sentado en el trono en el cielo, el Hijo de Dios, el Cristo encarnado, siempre existiendo para interceder por nosotras. La encarnación tiene mucha importancia.

Algunas de ustedes quizás están familiarizados con el libro de oraciones del “Valle de visión” [The Valley of Vision], el cual es un excelente libro devocional. Es una colección de oraciones tomadas de la era puritana. Una de esas oraciones se llama «El regalo de regalos», Simplemente resume el corazón de lo que tenemos en la encarnación, el regalo que es nuestro porque Cristo vino a la tierra.

Permítanme leerles una porción de esta oración, dice así:

Aquí está la maravilla de maravillas; Él descendió para levantarme a mí en alto; nació como yo para que yo pudiera ser como Él.

Aquí está el amor: cuando yo no puedo elevarme hacia Él, Él me atrae cerca de Él con alas de gracia, para levantarme hacia Él.

Aquí está el poder: Cuando la Deidad y la humanidad estaban infinitamente apartadas, Él las unió en unidad indisoluble, lo no creado y lo creado.

Aquí está la sabiduría: cuando yo estaba deshecho, sin voluntad de volver a Él, y sin intelecto para elaborar un plan de liberación,  Él vino, Dios encarnado, para salvarme hasta lo supremo, como hombre para morir mi muerte, para derramar sangre satisfactoria en mi nombre, para elaborar una justicia perfecta para mí, en Él Tú me has dado tanto que el cielo no me puede dar más.

Amigas, Dios no tiene nada más que darles. No hay nada más que Él les pudiera dar que lo que Él ya les ha dado en Cristo Jesús. Sé que en muchos de nuestros corazones, a medida que estamos hablando de la encarnación de Cristo, hay un sentido fresco de gratitud, de apreciación, de amor por Cristo, al solo contemplar con asombro, la maravilla de que Él haya dejado el cielo y venido a la tierra por nosotros. Es bueno pensar en estas cosas, para recordarlas, para refrescar nuestro amor por Él y nuestra apreciación por lo que Él ha hecho por nosotras.

Pero, sé que hay algunas escuchándome hoy que nunca han experimentado una relación personal con Jesucristo. Tal vez nunca se habían dado cuenta hasta hoy por qué Él vino a esta tierra, de qué se trata todo esto. Tal vez seas un miembro de la iglesia, tal vez escuches la radio cristiana todos los días, tal vez ames  Aviva Nuestros Corazones, pero no conoces a Jesús. No tienes una relación con Él.

Espero que hoy Dios haya abierto tus ojos y tu corazón y tu entendimiento para darte cuenta de la razón por la que Jesús vino a esta tierra. Él vino por ti.

  • Él vino para unir la brecha entre el cielo y la tierra que nosotras nunca hubiéramos podido cruzar.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener una relación con Dios.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener vida.
  • Todo lo que hubiéramos podido esperar era el juicio y la ira de Dios por siempre y siempre, si Cristo no hubiera venido a la tierra.

Me pregunto si el Espíritu Santo ha estado tocando tu corazón y diciendo, «Esto es verdad. Yo hice esto por ti, ahora pon tu fe en Mí».

Quiero que inclinemos nuestros corazones en oración solo por un momento, y quiero invitar a cualquier persona que sienta que Dios le ha estado hablando… si te has dado cuenta que no eres una hija de Dios, que todavía estás separada de Dios, pero hoy Dios te ha abierto los ojos. Él ha abierto tu corazón. Él te está dando la fe para creer que Cristo es el Hijo de Dios, que vino a la tierra, y que Él vino a vivir y a morir en tu lugar, y tú simplemente quieres recibirlo, confiar en Él.

¿Pudieras en este momento decir desde tu corazón?, «Señor Jesús, yo creo. Yo no soy digna de que Tú hayas venido a la tierra y muerto en mi lugar, que Tú Te hayas rebajado a hacerte hombre por mi causa, pero Tú lo hiciste, y yo lo creo. Te recibo como mi Salvador. Yo quiero que seas el Señor de mi vida, no solo el Señor de esta creación, el Señor de este mundo, sino el Señor de mi vida. Vengo por Tu gracia, me arrepiento del pecado que me ha separado de Dios. Yo quiero ser una hija de Dios. Confío en Ti para que me salves, para que vengas a mi vida, para perdonar mi pecado, y para hacerme la persona que Tú me has creado para ser».

Las palabras que digas no son tan importantes, si tu corazón ha estado expresando al Señor que quieres ser de Él, para recibirlo como tu Salvador — y Dios conoce tu corazón — por fe tú puedes creer que Él ha escuchado y ha contestado esa petición.

Quiero animarte, si confiaste en Cristo como tu Salvador el día de hoy, quiero animarte a contactarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones a través de nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com.  Encontrarás aquí recursos que te ayudaran a dar los primeros pasos de tu nuevo caminar de fe, que te ayudarán a crecer como una hija de Dios.

Oh, Señor, como te agradezco por este misterio, por lo asombroso que es, el milagro que Tú hiciste miles de años atrás cuando tomaste la forma humana, cuando viniste a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados. Gracias, Señor, gracias. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: El programa de hoy, la encarnación de Cristo, es parte de una serie titulada, El Cristo incomparable. Nancy se está enfocando en aspectos importantes de la vida de Jesús. Ella está siguiendo un bosquejo de estudio del libro “El Cristo incomparable”, de Oswald Sanders.

¿Cuánto sabemos de la niñez de Jesús? No mucho fue registrado en las Escrituras, pero si reflexionan cuidadosamente en lo que ya sabemos, obtendrán una nueva apreciación de la humildad de Cristo. Síguenos mañana para que veamos la niñez de Jesús, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Wayne Grudem. Systematic Theology. Zondervan, 1994, p. 563.

2 Ibid.

3 Matthew Henry. Matthew Henry, Comentario Completo de toda la Biblia; (Lk 2:1-7). Peabody: Hendrickson, 1996.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

3/27 – La preexistencia de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

el CriSerie: El Cristo incomparable

3/27 – La preexistencia de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-preexistencia-de-cristo/

Leslie Basham: Jesús ha existido desde la eternidad pasada. ¿Qué hacía Jesús antes de descender a la tierra como un bebé? Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss: Jesús no solamente se deleitaba en Su Padre, disfrutando de Su compañía; sino que también se deleitaba en nosotros desde la eternidad pasada.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuándo empieza a existir Jesús? Es una pregunta cuya respuesta es esencial para mantener una teología sana. Cuando la respondas y lo comprendas, esto va a afectar tu adoración.

Nancy está abordando este tema a su paso por un libro titulado, “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ — disponible en inglés]. Aquí está ella hablándole a un grupo de mujeres.

Nancy: Desde que yo era una niña pequeña he sido una aficionada a las biografías, disfruto su lectura y he acumulado una enorme colección de ellas. Al paso de los años he leído muchísimas y he descubierto que la gran mayoría inicia haciendo referencia a la era o a las circunstancias alrededor del nacimiento de la persona. La mayoría de las biografías comienzan narrando el nacimiento del protagonista de la historia.

Nosotros estamos comentando en esta serie acerca de El Cristo incomparable; no hay otro como Él. Hoy meditaremos aún en otro aspecto que hace a Cristo único.

Él es único entre los fundadores de religiones, o entre aquellos de quienes se han escrito sus biografías, porque si hablamos sobre cualquiera acerca de quien se haya escrito una biografía, veremos que su existencia comenzó en el momento de su nacimiento—pero este no es el caso de Cristo.

Jesucristo no empezó a existir al nacer de María en Belén, quizás no habías pensado en ello antes, pero esto es un hecho. Él existía mucho antes de que se celebrara la noche de Navidad, mucho antes de Su encarnación y de Su vida aquí en la tierra. En el principio de los tiempos, Él ya era.

Vamos a estar hablando hoy, y a lo largo de esta serie, de algunos temas difíciles de comprender, de cosas que no son fácilmente entendidas, pero que tenemos que aceptar por fe porque estamos tratando con realidades sobrenaturales; con asuntos que nuestras mentes racionales no logran comprender. En el inicio de los tiempos, Jesús ya existía. Él ya era. En el principio, Él ya estaba allí. Él siempre existió.

Algunas sectas, cultos y falsas religiones niegan la existencia eternal de Jesús y alegan que fue una criatura creada. De hecho, averiguar la postura de estas religiones con relación a esta doctrina, nos ayuda a discernir si su doctrina está o no apegada a las Escrituras. Pregúntate, ¿Creen ellos que Cristo siempre ha existido?

En esta serie estamos siguiendo como guía, el libro de Oswald Sanders titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Te invitamos a acompañarnos a través de este estudio durante las semanas previas a la Semana Santa.

Hoy estaremos viendo el capítulo 2 de “El Cristo incomparable”. El capítulo se titula “La preexistencia de Cristo”. Ninguna otra biografía puede iniciar con la preexistencia de su personaje, puesto que esa vida empieza con su nacimiento. Pero Cristo siempre ha existido. Él ha existido eternamente, desde el pasado y a través de toda la eternidad. Este es el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento. Ellos hablaron de ese hecho de que Cristo existía aun antes de que el universo fuese formado, antes de que llegase a Belén como un bebé.

Por ejemplo, en Miqueas capítulo 5 en el versículo 2, un versículo que con frecuencia escuchamos citado en Navidad, dice:

“Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. [¿De quién está hablando?] De Jesús y dice “Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”.

Él saldrá, pero siempre ha sido. La eternal preexistencia de  Cristo— existe desde la eternidad.

Leamos, ahora, un pasaje muy familiar para muchas de nosotras, en Isaías capítulo 6: El profeta dice:

“En el año de la muerte del rey Usías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria”. (vv. 1-3)

Esto fue dicho y escrito cientos de años antes de que Cristo hubiese nacido; desde entonces Isaías vio la gloria de Dios, la gloria del Señor. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, se hace claro para nosotros que Isaías estaba viendo al Cristo. Él estaba contemplando al Mesías sentado en ese trono.

En el evangelio de Juan, en el capítulo 12—veamos la secuencia aquí—en ese capítulo 12, Juan cita el texto de Isaías capítulo 6, el mismo pasaje que acabamos de leer hace un momento. Pero Él lo aplica a Jesús.

Él dice, “estoy hablando de Jesús.” Y luego dice en Juan capítulo 12 versículo 41, “Esto dijo Isaías porque vio Su gloria, y habló de Él.” ¿La gloria de quien? La gloria de Jesús. “Vio Su gloria y habló de Él”. Isaías vio a Jesús sentado en el trono. Era la gloria de Cristo, la gloria del Padre—uno con el Padre.

De manera que Cristo existía cientos, miles de años antes de su nacimiento como hombre en la tierra; de hecho existía ya desde la eternidad.

No solo dan testimonio los profetas en el Antiguo Testamento acerca de la preexistencia de Cristo; sino que también se hace en el Nuevo Testamento. Juan “el Bautista”; él dio testimonio de  la preexistencia de Cristo.

Juan capítulo 1 versículo 15, dice,  “Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Eso suena un tanto complicado, «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo». Sabemos que Juan nació seis meses antes que Jesús, así que en su naturaleza humana Juan era antes que Jesús. Juan era primero que Jesús. Pero, como el eterno Hijo de Dios, Jesús existía eternamente antes que Juan. Así es que Juan dice: «El que viene después de mí—quien nació después que yo—es antes de mí, porque era primero que yo». El preexistía  desde la eternidad pasada.

Esta preexistencia de Jesús, no fue solamente testimonio de Juan, el Bautista; sino también, en numerosas ocasiones, el testimonio de Cristo mismo sobre sí mismo. En Juan capítulo 3: versículo 13, Jesús dice, “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo”. Jesús está diciendo: Estoy aquí en la tierra, descendí de los cielos; vine del cielo”.

Nosotros solemos decir que los niños y las niñas vienen del cielo, pero sabemos que no es así. Dios los crea en el vientre de sus madres, pues no existían en el cielo antes de llegar al mundo. Pero Jesús existía en el cielo antes de llegar a esta tierra.

En Juan capítulo 6 versículo 33, Jesús dice, “Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo”. Luego dice, “Yo soy el pan de vida.” Jesús dice, “Yo estuve en otra parte antes de llegar aquí; vine de algún sitio antes de llegar aquí. ¿De dónde vengo? Vine del cielo.” Jesús dice, “yo anduve por ahí, ya existía antes de bajar del cielo.”

Otro pasaje más,  es Juan capítulo 8, el cual para variar es un poco confuso, pero igual leamos desde el versículo 56 a ver si lo entendemos. Comenzando en el versículo 56, Jesús dice, “Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Abraham había vivido miles de años antes. Abraham había visto hacia el futuro y había anticipado el día que Cristo viniera a la tierra. Lo vio por fe y se regocijó.

“Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” [De hecho Jesús apenas pasaba de los treinta años.] “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham,” quien te precede por miles de años? (v.57)

Jesús les responde esto—imagínense cómo debe haberles impactado escuchar esto en aquél tiempo. Jesús les dice,  “En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.” (v. 58)  De seguro estaban ellos allí rascándose la cabeza y preguntándose, “¿estará loco este hombre?”

No ¡no estaba loco! Él es el Cristo incomparable. Él vino a la tierra. Vino a marcar cual bisagra la historia humana. Por años la historia ha clasificado las fechas de los acontecimientos como AC (Antes de Cristo) o como DC (Después de Cristo) —“En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy”

Él no dice “Yo era”; sino dice “Yo soy”. Él es el eternalmente existente YO SOY. Siempre ha sido Yo Soy. Él es Yo Soy y siempre será Yo Soy. Siempre ha sido, siempre es y siempre será el eternalmente existente Cristo. Jamás ha habido tiempos en los que no ha existido en toda su plenitud.

Habiendo establecido lo anterior, ahora me intriga el considerar qué tanto sabemos acerca de la vida de Cristo antes de que viniera a la tierra. Vayamos a Juan capítulo 1 versículo1. Este es un pasaje que visitaremos numerosas veces durante esta serie, Juan dice, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”  Sabemos que la palabra “Verbo” se refiere a Cristo—la expresión de Cristo; porque Cristo es la Palabra Viva de Dios.

“En el principio existía el Verbo” —no dice que el Verbo empezó, sino que ya estaba ahí—Cristo estaba ahí, » el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” .

Entonces, ¿Qué sabemos acerca de la vida de Jesús antes de que viniera a la tierra?

Bueno, pues primero que nada sabemos que Él estaba con Dios. Él mantenía una comunión cercana,íntima y personal con Dios. Él estaba con Dios.

Juan capítulo 1 continúa diciendo en el versículo 18: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.” ¿De quién estaba hablando él aquí? De Jesucristo, el único Dios. Él es Dios, pero también está a la diestra del Padre. Él nos ha dado a conocer al Padre.

Algunas de sus traducciones dice, “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (RV60) Está al lado del Padre. La Nueva Versión Internacional dice que “vive en unión íntima con el Padre”. Él está al lado del Padre. Está con el Padre. Desde la eternidad pasada Jesús ha estado cerca de Dios. Él ha estado con Dios en comunión íntima. Ahora eso va a ser importante al comprender por qué Jesucristo  vino a esta tierra.

Pero no solo estuvo con Dios, sino que era Dios. Eternamente ha sido uno con el Padre, aunque son distintos. Él es una persona diferente al Padre; de hecho son tres personas separadas—Padre, Hijo y Espíritu Santo—tres personas distintas pero aún así son uno. No vamos a estudiar la Trinidad completa aquí, nos volveríamos locas tratando de entender esto, pero sabemos que Él es eternamente uno con el Padre.

Él siempre existió en la forma de Dios como nos lo recuerda   Filipenses, capítulo 2, “. . .Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse”. Él es Dios.

Hebreos capítulo1 nos dice que,  “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. . .” (v. 3).

Ahora bien, seré la primera en reconocer que aquí estamos entrando en un misterio. Estamos apenas introduciendo un dedo en la profundidad de esta agua, pero Él siempre ha estado con Dios, y siempre ha sido Dios. Él es la expresión exacta de Su naturaleza. Él es el resplandor de Su gloria.

Así que estaba con Dios, Era Dios. Era Dios antes de venir a la tierra. Y luego ¿Qué estaba Él haciendo? Bueno, al estudiar las Escrituras, aprendemos que siempre ha estado activo, trabajando siempre. No solamente cuando vino a la tierra ejecutó obras grandiosas, sino que siempre ha estado ocupado desde la eternidad pasada. Él estuvo ocupado creando el universo. Él es el Creador NO creado.

Juan capítulo 1 versículo 3 dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Él es el Creador. Vemos este hilo a través de todos los registros del Nuevo Testamento.

Colosenses capítulo 1 dice,   “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.”  (v.16) Jesús estaba ocupado creando todas las cosas.

Hebreos capítulo 1 versículo 3, dice “En estos últimos días [Dios] nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo”. Jesús está activamente involucrado con el Padre creando el universo. Activamente involucrado en el sustento del universo.

Colosenses capítulo 1 dice, “Y Él es antes de todas las cosas,” —la preexistencia de Cristo, — “y en Él todas las cosas permanecen.” (v.17)  Él es el pegamento de nuestro universo. Si no fuera porque Cristo sostiene unido este universo, las cosas simplemente se saldrían fuera de control.

Él no es un Dios que meramente creó el mundo, lo lanzó al universo, para luego permanecer pasivo, alejado de ese mundo. No, Él está activamente involucrado en mantener y sostener este mundo.

Hebreos capítulo 1 versículo 3 nos dice que: “Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” Él está activamente involucrado en el sostenimiento de Su Creación.

Te pido por favor que vayamos un momento a Proverbios capítulo 8. Un pasaje del Antiguo Testamento que pienso nos permite entrever qué hacía Jesús antes de venir a este mundo.

Proverbios capítulo 8. Este capítulo es la personificación de la sabiduría. Se le considera a la Sabiduría una persona en este capítulo. El capítulo completo habla de la Sabiduría, la sabiduría hace esto,  la sabiduría hace lo otro. . . Muchos estudiosos de las Escrituras opinan que está haciendo referencia a Cristo, quien es la Sabiduría de Dios. Así que donde está la palabra sabiduría en el capítulo 8 del libro de Proverbios, puedes pensar en Cristo. Al leer varios de estos versículos, creo que estarás de acuerdo conmigo de que este pasaje es un retrato de Cristo.

Empezando con el versículo 27, justo por la mitad del capítulo. Está hablando sobre la creación. La Sabiduría dijo,

“Cuando estableció los cielos, [Jesús habla de haber estado presente durante  la creación]; allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando arriba afirmó los cielos, cuando las fuentes del abismo se afianzaron,  cuando al mar puso límites para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia. (Prov. 8:27-30)

Jesús dice, “Yo estuve durante la Creación. Yo estaba al lado de Mi Padre, como un maestro arquitecto o como un hábil artesano. La palabra en griego que vemos aquí en el Antiguo Testamento dice, “estaba yo ordenándolo todo. Yo estuve a Su lado.” Él estuvo activamente involucrado con Su Padre como un obrero experto, ordenando las piezas del universo.

Así que cuando Dios creó el mundo, Jesús estuvo con El Padre, a Su lado, no como un espectador pasivo, sino trabajando activamente con Su Padre. Y, de la misma manera trabajaron juntos cuando Dios ideó el plan de salvación en la eternidad pasada. Jesús estaba con Él, ideando el plan con Él.

Y luego, al avanzar en Proverbios capítulo 8, vemos que a lo largo de toda la eternidad, Jesús estuvo gozoso—el Dios gozoso. Dice,

“yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto; versículo 30 y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Versos 30-31)

“. . . era su delicia de día en día”, regocijándome en todo tiempo. Jesús nunca sintió nada más que gozo.

Es un cuadro, si se me permites exponerlo así, sin sonar irrespetuosa o trivial, es un cuadro de un Dios feliz, de un Salvador gozoso. El Padre y el Hijo se deleitaron muchísimo el uno en el otro. El Padre se deleitó en el Hijo, se complació de Su obra.  “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mateo 3:17) ¿Lo recuerdas?

“. . . era su delicia de día en día”. Y el Hijo se regocijaba en el Padre y se regocijaba en Su obra. “Complacido de hacer Su voluntad”. Este es un deleite mutuo; de uno con el otro—un Dios gozoso.

Y luego notamos en este pasaje a un Dios relacional. Ellos se disfrutaban entre sí. Disfrutaron estar juntos. Tenían a diario un sano compañerismo y una comunión inquebrantable entre ellos mismos. Pero Jesús—y esto es asombroso si meditas en esto: Jesús no solo se deleitó en Su Padre y disfrutó la compañía de Su Padre; sino que también desde la eternidad pasada se deleitaba en nosotros—se deleitaba en la humanidad.

“Regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Verso 31). Verás, Jesús amó a Su Padre, amaba estar con Su Padre, así que también amó a los seres humanos, quienes habían sido formados a la imagen de Su Padre y se deleitó en nosotros.

Ahora, esto es todo un cuadro, muy diferente a lo que muchos piensan de Dios. Pensamos en Dios como un ser severo, imposible de agradar, sin complacerse en nosotros en lo absoluto, buscando cómo hacer nuestras vidas más difíciles de lo que son.

Y es verdad que existen aspectos del carácter de Dios y del corazón de Cristo que nos resultan difíciles, especialmente cuando pecamos. Cuando somos orgullosas, Él humilla al orgulloso. Pero si retrocedemos,  nos percatamos que desde el principio, Dios inicia deleitándose en nosotros, que es un Dios gozoso, que Jesucristo desde la eternidad pasada, estaba deleitándose en nosotros. Él estaba regocijándose en el mundo aún no habitado de Dios.

Jesús desea que estemos con Él y con Su Padre, que vivamos con Él al lado del Padre, que nos gocemos en Él, que nos deleitemos en Él, que nos deleitemos en servir y en bendecir a otros. Él anhela que nosotros lleguemos a disfrutar de la misma relación con el Padre que Él ha disfrutado por toda la eternidad. Él desea que participemos del gozo que Ellos experimentan como Padre e Hijo.

Eso es lo que Jesús dice en Juan capítulo 15: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.” (v.11) Eso es lo que Cristo desea para ti. Él anhela que nosotras tengamos esa plenitud de gozo y esa relación que Él tenía con Su Padre Celestial.

Permíteme solo mencionar otro asunto: Sabemos que antes de que Jesús llegara a esta tierra, Él era rico. Él era glorioso. Él tenía gloria con el Padre. Él vivía en un medio maravilloso, libre de pecado; lo sabemos porque en Juan capítulo 17, al final de su vida terrenal, Él ora así, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”. (v.5)

De manera que Jesús dejó todo esto, se vació de Sí mismo, de la gloria que tenía en el cielo, para venir a esta tierra. Él escogió dejarlo todo atrás. ¿Por qué se despojó de todo esto—de ese compañerismo, de esa comunión, de ese gozo, de esa continua celebración, de ese regocijo, y ese deleite? ¿Porque se negó a Sí mismo todo esto y descendió a éste planeta corrupto y pródigo?

Bueno, Él lo hizo en obediencia a la voluntad de Su Padre: “Me deleito en hacer Tu Voluntad.” Y lo hizo por Su gran amor por nosotros.

El viejo himno lo dice así:

Saliendo de los palacios de marfil, a un mundo de dolor; solo su gran amor eterno, impulsó a mi Salvador  “Saliendo de los Palacios” de Henry Barraclough.

Fue Su amor por ti; fue Su amor por mí, Su deleite en nosotros que le movió a venir a la tierra. Fue enviado a la tierra por el Padre, enviado en una misión divina. El Hijo eterno, eternamente preexistente, Él que siempre fue, irrumpió en el tiempo, vino a este planeta— y hablaremos de ello en nuestra próxima sesión.

Pero ¿Por qué lo hizo? Vino para hacer posible que nosotros experimentáramos el gozo, la comunión, la unidad con el Padre que Él había disfrutado con el Padre durante toda la eternidad. 

Leslie: Ella es Nancy Leigh DeMoss explorando una pregunta muy profunda: ¿Qué estaba haciendo Jesús en la eternidad pasada?

Oswald Sanders escribió un capítulo sobre ese tema en su libro, “El Cristo incomparable”. Muchas de nuestras oyentes están leyéndolo y escuchando a Nancy enseñar acerca de esto durante las semanas de preparación para el Domingo de Resurrección.

Nancy volverá mañana con la serie, El Cristo incomparable, y estará enfocando su enseñanza en la encarnación. ¿Qué significa eso de que Dios se hizo carne? Te invitamos a sintonizar mañana Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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