Doctrina de la Creación – Parte 2

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 6/26

Doctrina de la Creación – Parte 2

  1. Repaso e introducción

¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Existe un propósito, un objetivo detrás de todo lo que vemos y experimentamos? ¿O es la vida un gran accidente cósmico sin dirección y propósito? Estas son preguntas directas para las cuales la Biblia tiene respuestas directas.

Ve conmigo a Génesis 1:1«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas Y dijo Dios…, Luego dijo Dios…».

En el principio creó Dios. La creación no es consecuencia de fuerzas fortuitas e impersonales, sino de Dios. Los orígenes comienzan con él.

El creó ex-nihilo, de la nada. «En el principio…», no «cuando Dios comenzó a crear» como si existiese una materia atemporal, alguna plastilina cósmica con la cual Dios se topó un día y decidió remodelar y moldear. Esta era la idea griega detrás del cosmos. Pero según la Biblia, en el principio, no era la materia, sino Dios. Él es eterno, autónomo. Todo lo demás debe su existencia a él.

Él creó por su palabra. Uno de los refranes frecuentes de Génesis 1:1-2:3 este: «dijo Dios, y dijo Dios». El cuadro no muestra a Dios sudando, trabajando arduamente. El cuadro no es uno de ensayo y error, como un inventor enloquecido rascándose la cabeza. La Palabra de Dios es poderosa (crea) y perfecta (crea exactamente lo que él quería que creara).

Él creó todas las cosas. De eso trata Génesis 1:1-2:3. Comprende todo el relato de nuestros orígenes, desde las estrellas y galaxias hasta las criaturas más pequeñas que se arrastran por el suelo.

Génesis 1:1-2:3 es la visión Google Earth de la creación. El gran cuadro. Y luego en Génesis 2:4ff, vamos a la visión Google Street. Hacemos zoom en la creación de la humanidad y todo lo que sucede. No son dos relatos separados, sino relatos complementarios desde diferentes puntos de vista.

Deberíamos recordar que la división de los capítulos y el número de los versículos fueron colocados en la Biblia a partir del siglo XVI. La intención de Moisés es que el segundo capítulo se lea conjuntamente con el primer capítulo y que cada capítulo sea identificado como parte del mismo acontecimiento. El tema teológico de la humanidad siendo creada a imagen de Dios continúa en el capítulo 2, y así el tema de la semejanza entre Dios y el hombre encuentra una explicación más amplia.

La semana pasada vimos 6 perspectivas contemporáneas y dominantes acerca de la creación, y las ventajas y desventajas de cada una. Y finalmente la clase culminó con la comprensión de que la Biblia no nos da todos los detalles necesarios para entender exactamente la edad de la tierra. Lo que a Dios le importa es que entendamos quién creó la tierra —Dios— y por qué la creó… para su gloria, lo cual se demuestra en y a través del evangelio de Jesucristo.

El día de hoy: damos un paso atrás y preguntamos, ¿cuál es la relación de Dios con la creación que ha hecho? Cómo entendemos esa pregunta hace toda la diferencia entre el cristianismo y las falsas religiones. De manera que en primer lugar, veremos cuatro perspectivas no cristianas. Luego, observaremos específicamente cómo la Biblia describe la relación de Dios con su creación. Y por último, veremos la corona de la creación: la humanidad. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen para extender su gobierno real sobre la creación. ¿Qué significa eso para nosotros y para lo que somos?

  1. Cuatro perspectivas no cristianas acerca de Dios y la creación

Ha habido muchas cosmovisiones filosóficas para explicar la relación de Dios con su creación. Este punto de vista es una perspectiva antigua, que está disfrutando un poco de un renacimiento.

a) El panteísmo (los estoicos del primer siglo, el budismo, las religiones orientales y de la Nueva Era en la actualidad): Enseña que Dios es todo (pan=todo) y, por tanto, todo es Dios. Oprah Winfrey, en una entrevista dice esto acerca de su definición de Dios: «Mi definición de Dios es el todo… el todo en el todo, a través del todo, sobre el todo, en el todo». Oprah Winfrey es una panteísta. Así que de acuerdo al panteísmo lo que necesitamos hacer es «entrar en contacto», «volvernos uno» con lo divino «aquí adentro», y lo divino «allá afuera». Dios no tiene una personalidad definida. No es inmutable o inalterable, porque el universo siempre cambia. Dios no es en ningún sentido moralmente santo, porque el mal en el universo también es parte de Dios.

Un gran desafío para el panteísmo es que lo divino existe tanto en los actos más reprensibles moralmente como en la belleza  o en una deliciosa comida. Incluso más importante, no hay Dios en el exterior que pueda entrar y rescatarnos. No hay esperanza de liberación, solo aceptación. Razón por la cual, para muchos de los estoicos del primer siglo, y muchos cada vez más en Occidente, la única respuesta viable es el suicidio.

b) El dualismo: El dualismo es la idea de que existen dos grandes fuerzas en el universo, el bien y el mal, algunas veces presentadas como Dios y la materia. Gran parte del pensamiento platónico y gnóstico es dualista. Una manera fácil de recordar qué es el dualismo es pensar en la palabra con sus múltiples significados. Dual = Dos; el bien y el mal. Duelo = Una batalla. Así, el dualismo es una batalla entre el bien y el mal. Y el bien y el mal están en una larga y prolongada batalla cósmica por la supremacía.

Esta es la cosmovisión que subyace a la serie Star Wars. Están los señores Jedi y los señores Sith, fuerzas rivales del bien y el mal. En el dualismo, el espíritu es bueno, pero el cuerpo es malo. El deseo es escapar del reino material para un reino de formas superior (reino espiritual). Pero el dualismo niega el señorío de la creación de Dios y la bondad del mundo creado. En los nuevos cielos y la nueva tierra, no seremos espíritus incorpóreos, sino almas con cuerpos recreados y renovados.

c) El deísmo: El deísmo es la perspectiva de que Dios no esta presentemente involucrado en la creación. Él la creó, pero ahora está distante y alejado de lo que ha hecho. Así que si tienes familiares, amigos o compañeros de trabajo que afirman alegremente que hay un dios que creó el mundo, pero que ya no tiene nada que ver con él, están comunicando esencialmente una cosmovisión deísta. En otras palabras, Dios es el relojero divino que creó el «reloj de la creación», lo terminó y ahora lo deja correr por sí mismo. Esto se opone al cristianismo porque el cristianismo afirma que Dios no solo está actuando actualmente para sostener a la creación, sino que también ha actuado en la creación a lo largo de la historia, más notablemente en la Encarnación.

d) El materialismo (o naturalismo): La cosmovisión naturalista no es una donde sus seguidores están buscando volverse ricos y comprar ropas de marca. El materialismo es la perspectiva de que el universo material es todo lo que hay. Hombres como Richard Dawkins y Sam Harris son defensores contemporáneos de esta visión, así como el fallecido Christopher Hitchens, cuyos escritos siguen vivos.

El materialismo también acoge una serie de nombres distintos. Así que si alguien dice ser un naturalista, fisicalísta o filósofo naturalista, entonces es un materialista. El materialismo dice que vivimos en un mundo cerrado. Ninguna fuerza del exterior, llámese Dios o como sea, puede entrar y perturbar el mundo físico. Nuestras vidas son gobernadas por leyes impersonales que operan sobre fenómenos estrictamente naturales.

El prestigioso filósofo ateo Bertrand Russel lo expresó así: «… El hombre…, su origen, su crecimiento, sus esperanzas y miedos, sus amores y creencias, no son más que el resultado de las colocaciones accidentales de átomos. … todos los trabajos de las edades, toda la devoción, toda la inspiración, todo el brillo de mediodía del genio humano, están destinados a la extinción en la gran muerte del sistema solar, y el templo entero del logro del Hombre inevitablemente debe ser enterrado debajo de los restos de un universo en ruinas. …solo dentro del andamiaje de estas verdades, solo sobre la base firme de la desesperación inquebrantable, puede la habitación del alma en adelante construirse con seguridad» (citado en Driscoll y Breshears, Doctrine).

La creación no es un regalo dado por un creador amoroso, sino un «accidente épico, sin propósito». ¡Debes tu propia existencia esta mañana a un accidente épico y sin propósito! ¿Eso te hace sentir optimista por dentro? A Richard Dawkins se le preguntó si tal punto de vista lo deprimía. Él dijo: «No… pero si alguien lo hace, ese es su problema… El universo es sombrío, frío y vacío. ¿Y qué?».

Si este mundo creado se reduce a la simple materia en movimiento, los conceptos como «bueno» y «malo» son simplemente construcciones humanas. Pero al final, tal cosmovisión es falsa, y finalmente conduce al nihilismo: sentido de falta de sentido y desesperación. Nos vemos obligados a argumentar que las acciones de violadores, asesinos en serie, depredadores de niños no son realmente «incorrectas» en ningún sentido objetivo. En un universo materialista, las acciones no son morales o inmorales. Simplemente son. Si eso es todo lo que es la vida, entonces también podríamos arrojar nuestras manos «comer, beber y ser feliz porque mañana moriremos».

Estas primeras cuatro perspectivas se oponen al relato bíblico, porque o niegan la superioridad de Dios sobre su creación o eliminan su relación con ella.

  1. La relación de Dios con la creación

Dios es distinto a la creación; sin embargo, Dios siempre está involucrado en la creación y la creación siempre depende de Dios. Como hemos mencionado, la creación no se autocreó y, por tanto, no puede autosostenerse.  La estabilidad de la humanidad y de todo el universo depende del poder sustentador de Dios. Pablo afirma la dependencia del ser humano de Dios cuando dice que Dios «da a todos vida y aliento y todas las cosas» y «en él vivimos, y nos movemos, y somos» (Hechos 17:2528).

Sin embargo, el evangelio habla de un Dios que está por encima de toda la tierra y está tan preocupado por su creación que envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvarlo. Y así, la forma tradicional en que los cristianos han hablado acerca de la relación de Dios con el mundo es en términos de su trascendencia y su inmanencia…

a) Trascendencia

Cuando hablamos de la trascendencia de Dios, estamos hablando de su realezamajestad y santidad. La trascendencia de Dios significa que Dios es distinto y soberano sobre su creación.

Entonces, él es distinto de la creación. No es parte de ella porque la creó y la gobierna. Considera las siguientes referencias a la trascendencia de Dios…

Isaías 55:8-9«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos».

Salmo 113:5-6«¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?».

Juan 8:23«Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo».

O imagina la escena de Isaías 6:1-5 donde Isaías ve al Señor sentado en un trono, en lo alto y glorificado.

Entonces la trascendencia de Dios se comprende mejor, no como un concepto espacial, sino como una referencia a su realeza. Su trascendencia significa que es soberano sobre sus criaturas.

No obstante, no queremos cometer el error de creer que Dios es tan diferente que no interactúa con la creación, eso sería caer en el deísmo.

b) La Escritura claramente enseña que Dios no solo es trascendente, sino que también es inmanente o presente. La inmanencia se refiere a su presencia en la tierra, y especialmente a su cercanía para con su pueblo. Considera los siguientes pasajes:

Deuteronomio 4:39«Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro».

Josué 2:11«Porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra».

Isaías 57:15«Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados».

La inmanencia se refiere a la presencia del pacto de Dios, en su creación y entre su pueblo. Considera las implicaciones de esto en tu vida. A menudo pensamos que la teología sistemática es seca o aburrida, pero qué podría ser más relevante, más emocionante, más importante para ti que saber que el Dios sagrado y trascendente del universo que mora en la luz inaccesible, también se acerca a ti. «Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras» (Salmo 145:18).

Pero Dios también está muy involucrado en la creación. La creación depende continuamente de él para su existencia y correcto funcionamiento. Él es inmanente, lo que significa que «permanece en» la creación. Vemos esto en Hebreos 1:3 donde se describe a Jesús como sustentador de todas las cosas por el poder de su palabra.

En la cosmovisión bíblica, el cielo y la tierra no son uno y lo mismo (panteísmo), o completamente separados (deísmo/naturalismo), pero de alguna manera Dios relaciona cielo con tierra. Vemos esto en la visión de Jacob de una escalera que baja del cielo; en la columna de nube de día y fuego de noche; en la tienda de reunión que sirvió como lugar de encuentro portátil entre el cielo y la tierra; y en Jesucristo, el Verbo hecho carne. Trascendencia e inmanencia.

  1. Dios creó a Adán y Eva

Luego, el verdadero el clímax de toda la creación es cuando Dios creó a Adán y Eva«Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7).

Después de eso, Dios creó a Eva del cuerpo de Adán. Los versículos 21 y 22 dicen: «Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre» (Génesis 2:21-22).

Aunque distintos como hombres y mujeres, como sexos distintos con roles distintos, Adán y Eva primero comparten algo que los hace iguales y cualitativamente diferentes del resto de la creación. ¿Qué es? Están hechos a  imagen de Dios. «Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27).

La creación especial de Adán y Eva muestra que podemos parecernos al resto de la creación con respecto a nuestros cuerpos físicos, sin embargo, somos muy diferentes. No somos simplemente animales adultos. Somos únicos «a imagen de Dios». ¿Qué significa eso? Tres cosas. Reflejamos a Dios (1) en nuestra esencia/naturaleza; (2) funcionalmente; (3) relacionalmente.

Primero, en nuestra esencia o naturaleza, el hombre es singularmente intelectual, racional, moral y espiritual. Los castores no construyen altares a los dioses castores y se inclinan ante ellos. Los elefantes, aunque son muy sofisticados socialmente (incluso tienen su propia forma de entierro), no escriben libros y construyen bibliotecas para contener su creciente conocimiento. No es que poseamos la imagen de Dios en un grado diferente que otros animales, es una cuestión de bondad. La humanidad en nuestra esencia, quienes somos, está hecha de manera única a imagen de Dios.

En segundo lugar, reflejamos funcionalmente a Dios en el sentido de que debemos gobernar. En Génesis 1:28 a la humanidad se le ordena multiplicarse, llenar la tierra y someterla. Debemos gobernar sobre ella, dice la Biblia en Génesis 1:29. No como tiranos que la destruyen para su propio beneficio, sino como aquellos a quienes se les da una administración para «labrarla y guardarla» (Génesis 2:15). Somos viceregentes de Dios, ejerciendo su buena autoridad sobre lo que ha hecho y declarado bueno. En ese gobierno, funcionalmente, debemos representar a Dios.

En tercer lugar, reflejamos a Dios relacionalmente. Fuimos creados para tener relaciones entre nosotros, pero fundamentalmente, con Dios. Bromeé sobre el castor antes, pero la realidad es que los animales no forman ídolos ni construyen templos en un esfuerzo por comunicarse con algo que está fuera de ellos. Nosotros lo hacemos porque fuimos creados exclusivamente para estar en relación con Dios, a pesar de que el pecado ha cortado esa relación y pervertido nuestra adoración.

Prácticamente, es porque fuimos creados a su imagen que la vida humana es sagrada. Tiene valor. No somos como los perros. No elegimos simplemente poner «a dormir» a otro ser humano cuando no puede funcionar bien, o porque hemos perdido nuestra utilidad. Hemos «encontrado» la eutanasia solo porque primero «perdimos» lo que significa ser hechos únicamente a imagen de Dios.

Pero debido a que somos hechos a su imagen, el verdadero conocimiento de Dios no es un sueño imposible, es posible. No estamos andando a ciegas en la oscuridad, en lo desconocido. ¿Hay un Dios o dioses? ¿Podría saber algo de él, ella o eso? Debido a que Dios nos creó y nos hizo estar en relación con él y todo lo que hizo, y es ordenado y bueno, podemos saber mucho acerca del mundo, e incluso acerca de él. El relato bíblico de la creación fundamenta nuestra capacidad de conocer cosas verdaderas acerca de Dios, de importancia crítica.

Algunos pueden objetar y decir que Génesis no pretende retratar a Adán y Eva como individuos literales. Este es un tema acaloradamente debatido hoy, no solo en denominaciones más teológicamente «liberales», sino en denominaciones históricamente muy conservadoras como la PCA. ¿Por qué alguien no querría retratar a Adán y Eva como un hombre y una mujer literales? Usualmente porque tienen compromisos previos (por ejemplo, compromisos evolutivos) que dependen no solo de un hombre y una mujer, sino que dependen de los procesos naturales de mutación y selección natural, de modo que no haya un solo hombre y mujer, sino miles en toda la tierra.

¿Que decimos? La narrativa histórica en Génesis debe ser entendida como un relato fiel de la historia. No se nos presenta como un libro de texto científico, ya que es muy estilizado y, a menudo, poético, pero no deja de ser verdadero.

Además, las genealogías bíblicas presentan a Adán y Eva como figuras históricas. Jesús asume un Adán y Eva literales en Mateo 19 cuando habla del divorcio. Pablo asume lo mismo en Romanos 5, 1 Corintios 15, 1 Timoteo 2. En cuanto a Romanos 5 y 1 Corintios 15, Pablo afirma la existencia del Adán «unigénito», por medio del cual el pecado vino al mundo, y basa su discusión de la obra representativa de Cristo como el segundo Adán, estampado después del primer Adán. Romanos 5:19«Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores (Génesis 3), así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos». Aquí está la clave. Si no hay Adán, la Biblia no solo está equivocada en la creación, sino que está equivocada acerca del pecado y la salvación.

  1. Conclusión: ¿Por qué importa la doctrina de la creación?

El Dios del pacto es Dios de la creación.

El Dios de la creación, tiene el poder de crear una nueva creación. Nuestra esperanza futura de salvación, está edificada sobre un Dios que tiene el poder de hacer que todas las cosas sean hechas nuevas.

Estudia el capítulo de Frame acerca de la creación en  Doctrine of God. Hay cosas buenas acerca de la conexión entre la liberación de Israel de Egipto y el Dios de la creación.

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Doctrina de la Creación – Parte 1

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Clase 5/26

Doctrina de la Creación – Parte 1

¿De dónde venimos? ¿Por qué existimos? ¿Hay un creador? ¿Por qué creó? ¿Cuál es su relación con su creación? Estas preguntas básicas han aturdido las mentes de hombres durante milenios.

Ciertamente, éstas no son solo preguntas desafiantes, sino preguntas inmensamente significativas. Algunas cosmovisiones se rinden al ser confrontadas con el aplastante peso de semejantes preguntas. El posmodernismo ni siquiera intenta dar una respuesta. Depende de ti descifrar esas preguntas. E incluso el naturalismo, ese monstruo de la élite científica, no intenta responder directamente dichas preguntas. Para la evolución Darwiniana, no se trata de orígenes (de dónde viene la materia), sino de principios (cómo surgió la humanidad  como una especie entre otras especies).

Pero la Biblia no es reservada respecto a tales cosas. Es audaz y segura en sus afirmaciones. Así que, ¿a qué parte de la Biblia tendrías que ir para aprender acerca de nuestros orígenes?

¡Génesis 1:1! Exactamente. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra».

Reflexionemos sobre estas diez palabras por un momento. ¿Qué nos dicen acerca de la creación?

En el principio. Dios creó el tiempo. Él es preexistente, eterno. La materia no lo es, la materia vendrá después.

Creó Dios. La creación no es consecuencia de fuerzas fortuitas e impersonales, sino de Dios.

Creó Dios los cielos y la tierra. Así que todo lo que vemos, todo lo que hay, todo lo que existe se debe a Dios.

Dios no está avergonzado por la cosmovisión bíblica. Él no oculta este relato en lo profundo de la historia de Israel porque es tímido y aprensivo. «Esto puede ser difícil de aceptar para mi pueblo. Lo presentaré más tarde, suavizaré un poco los bordes. Lo haré compatible a ellos». Dios no hace esto. Él con valentía y confianza lidera con la doctrina de la creación. Si deseas respuestas a algunas de las preguntas más apremiantes de la vida, no busques más allá de las primeras palabras de la Biblia.

¡Y hay una enorme cantidad de teología contenida en esas primeras diez palabras! ¡No hay cristianismo sin creación! El hecho de que la Biblia comienza con la creación establece quién es Dios y la relación completa entre Dios y el mundo. Ayuda a establecer la interpretación correcta y el lugar de los seres humanos en el mundo. Enseña la integridad del mundo y, por tanto, lo que eventualmente sale mal con él. Pero el comienzo de la historia también apunta al final de la historia. Creación, caída, redención, a nueva creación. Nos señala hacia adelante a nuestra esperanza eterna como cristianos. Es muy importante, especialmente en la era escéptica de hoy.

La palabra «Génesis» literalmente significa «principios». Moisés escribió estas palabras, pero obviamente no estuvo allí para observar y registrar lo que sucedió (Lucas 24:44Juan 7:22). Al igual que Apocalipsis, que habla acerca del final de todas las cosas, esto le había sido revelado.

Pero esto plantea la pregunta acerca de cómo debería leerse Génesis 1-2. ¿Es simplemente mítico? ¿Poético? ¿Científico? No es un libro científico. No se trata simplemente de establecer causas y efectos como si viviésemos en un mundo natural gobernado por fuerzas impersonales. Tampoco es simplemente poético. Moisés usa el simbolismo (como Apocalipsis), con todo, habla de manera clara y concreta. El punto principal de Génesis 1-2 es darnos un una teología de la creación, especialmente la relación de Dios con la humanidad.

Ahora bien, hay muchos paralelismos entre este relato y otros relatos paganos del tiempo que Moisés escribió (c.1500 a. C.). Pero eso no debería sorprendernos. Es lo que deberíamos esperar ya que Dios quiere que su pueblo, después de su liberación de Egipto, se despoje del politeísmo y el paganismo de Egipto. Por tanto, son los puntos de diferencia, no las similitudes, los más significativos. Es decir, Yahvé es el Señor del pacto.

Ahora, si le dijeras a alguien en la calle que Dios creó los cielos y la tierra, ¿qué tipo de discusiones podrían sobrevenir?

Serías bombardeado por un torrente de preguntas. ¿Y los dinosaurios? ¿La edad de la tierra? ¿La datación con carbono 14? ¿Los registros fósiles? ¿La evolución? Entre otras.

Con mucha frecuencia la creación es cooptada por estas conversaciones. Y si no tenemos cuidado, todas estas voces competidoras ahogarán la única voz que necesitamos escuchar: la voz de Dios. Reflexionaremos más acerca de la edad de la tierra, cómo exactamente debemos leer Génesis 1-2, etc. al final de esta clase. Pero lo primero que debemos hacer es NO poner a Dios en el banquillo y comenzar a martillarlo como si estuviera en un juicio. Lo primero que debemos hacer es cerrar nuestra boca para poder escuchar la suya.

Entonces, ¿qué tiene que decir Dios acerca de la creación? Queremos considerar 7 declaraciones específicas de la Biblia relacionadas con los primeros capítulos de Génesis. Así que, con esa base, podemos hablar acerca de la edad de la tierra y otros asuntos.

7 VERDADES BÍBLICAS ACERCA DE LA CREACIÓN 

  1. Dios creó el universo de la nada.

Dios creó el universo ex nihilo; expresión en latín que significa «de la nada». «En el principio creó Dios». No «cuando Dios comenzó a crear». En otras palabras, Dios creó sin el uso de materiales preexistentes. No se topó con una plastilina cósmica y remodeló o dio forma a algo que ya existía. Él simplemente habló y las cosas comenzaron a existir.

Lee lo que la Palabra de Dios tiene que decir acerca de la creación del universo de la nada… Hebreos 11:3«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía».

Romanos 4:17 dice que Dios es el que «da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen».

Salmo 33:6-9«Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca… Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió».

Y puesto que Dios creó todo el universo de la nada, no hay materia en el universo que sea eterna. Todo lo que vemos comenzó a existir cuando Dios lo creó. Hubo un tiempo en que la materia no existiá. Veamos el Salmo 90:2, por ejemplo: «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios».

La creación ex nihilo da un duro golpe al naturalismo que sugiere que en el principio la materia existía, y que gracias a una serie de acontecimientos fortuitos, ciegos y sin propósito, el mundo llegó a existir. Pero la Biblia dice: «en el principio»… no «la materia creó»… ¡sino «Dios creó»!

Por tanto, la primera verdad es… Dios creó al mundo de la nada.

  1. Dios creó todas las cosas – visibles e invisibles, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra.

Esto es claramente afirmado en Génesis 1:1. Pero no solo aquí. Escucha la declaración universal en el Evangelio de Juan: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3).

De manera similar, Juan escribe en Apocalipsis 4:11«Porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».

Hechos 4:24 habla de Dios como el «Soberano Señor», que creó «el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay». La inclusión del cielo y la tierra, y el mar y todo lo que en ellos hay, indica que Dios creó todo el universo.

La creación de todo el universo incluye la creación de un reino espiritual de la existencia invisible. Además de crear el universo físico, visible y tangible, Dios creó los ángeles y otras clases de seres celestiales. También creó el cielo como un lugar donde su presencia es especialmente evidente.

Esto se afirma explícitamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el libro de Nehemías, Esdras ora: «Tú solo eres Jehová: tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército» (Nehemías 9:6). La versión en inglés hace referencia a los ángeles y otras criaturas celestiales como «anfitriones del cielo», ya que Esdras dice que se dedican a la actividad de adorar a Dios; el mismo término «anfitrión» se usa para hablar de los ángeles que adoran a Dios en el Salmo 103:21 y 148:2).

En su carta a los colosenses, Pablo especifica que en Cristo «fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles» (Col. 1:16). Aquí, la creación de seres celestiales invisibles también se afirma explícitamente.

Entonces, Dios es el creador de todas las cosas, tanto físicas como espirituales. 

  1. Dios creó el tiempo.

La física nos dice que el tiempo es una propiedad resultante de la existencia de la materia. La sucesión de momentos uno tras otro que depende de la existencia o de una sustancia material. En consecuencia, el tiempo existe cuando la materia existe. Pero Dios no es materia; Dios, de hecho, creó la materia. Antes de eso, Dios simplemente existía. Como no había materia, y porque Dios no cambia, el tiempo no tenía existencia y, por  tanto, no tenía sentido ni relación con Dios. Es por eso que él puede decir en el versículo 1: «En el principio»… Él creó el principio.

Entonces, ¿qué significa esto? Bueno, significa que Dios no está limitado por el tiempo como los seres humanos. La existencia de Dios es independiente del tiempo. Dios no solo creó la realidad en la que vivimos… no solo te creó a ti y a mí… realmente creó el continuo espacio-tiempo en el que existimos. ¡Qué maravilloso es nuestro Dios!

Recuerda el Salmo 90:2 que dice: «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios». 

 O recordemos Apocalipsis 1:8 que dice: «Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso».

O qué tal el Salmo 102… «Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán». 

Estos versículos muestran que Dios es eterno. Y, en contraste, también muestra que el universo no lo es. El universo tuvo un comienzo. Es temporal.

Esto golpea a nuestros amigos darwinistas que buscan una respuesta en el espacio y tiempo al problema de los comienzos. Dios no tiene principio y, por tanto, no tiene limitaciones de espacio-tiempo. Están, en un sentido muy real, mirando en el lugar equivocado.

Entonces, Dios no solo creó el universo, sino que creó el continuo espacio-tiempo en el que se encuentra el universo.

  1. Dios creó por su palabra.

¿Cuál es uno de los refranes más comunes de Génesis 1:1-2:3«dijo Dios…».

Diez veces en el relato del Génesis encontramos esas palabras: «dijo Dios…». El punto es inconfundible: Dios llama a las cosas a la existencia por su palabra.

Dios literalmente hizo que el universo existiera por su palabra, y creó algo donde antes no había nada. Dios habló, y fue hecho. La Palabra de Dios es necesaria para la salvación, como aprendimos en la primera clase,  también es el medio para la vida, tal como la conocemos. Y entonces vemos que la Palabra de Dios trae vida tanto espiritual como físicamente.

Hebreos 11:3 declara: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía».

¡Considera por un momento el poder de la Palabra de Dios! El cuadro no muestra a Dios sudando, trabajando arduamente, trabajando durante años o milenios para crear. Él simplemente habla, y es hecho. Nos puede llevar más de una década construir un tren ligero a Dulles, pero en un nanosegundo Dios habla y galaxias comienzan a existir. Hay un poder desenfrenado cuando Dios elige hablar. Nosotros hablamos, y nuestras palabras van directamente al aire. ¿Cuántas mañanas las palabras entran en los oídos de mi hijo y salen sin ningún cambio? ¿Con qué frecuencia las palabras de mi esposa tristemente entran por mis oídos y salen sin ningún cambio? Pero no sucede así con Dios. Su palabra es efectiva. Crea. El mundo no solo se vuelve al mandato de Dios, el mundo literalmente se aferra a la Palabra de Dios.

El cuadro no es uno de ensayo y error, como un inventor enloquecido rascándose la cabeza. La Palabra de Dios es poderosa (crea) y perfecta (crea exactamente lo que él quería que creara).

Por tanto, Dios creó todo por su palabra.

  1. La creación es un acto trino

Génesis 1:26 revela que el Dios Creador es trino. «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza». Dios el Padre fue un agente primario. Vemos esto en Génesis 1-2, y textos como el Salmo 19:1«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

Pero Dios el Hijo también creó. Juan 1:3«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho». O Col 1:16«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado por medio de él y para él».

Leemos que el Hijo es aquel «por quien» Dios «hizo el universo» (He. 1:2).

Y Dios el Espíritu Santo creó. Por lo general, se lo representa como el que completa, llena y da vida a la creación de Dios. Génesis 1 insinúa la función preservadora y protectora del Espíritu cuando dice: «el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1:2).

Job 33:4: «El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida».

En el Salmo 104:30, el salmista escribe acerca de la gran variedad de criaturas en la tierra y el mar, diciendo: «Envías tu Espíritu, son creados».

Y en Juan 6, vemos que es el Espíritu el que mora en una persona después de la regeneración, dando vida espiritual al muerto espiritualmente. Jesús dice en el versículo 63: «El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida».

Entonces, el Padre crea. El Hijo crea. Y el Espíritu Santo crea, trayendo nueva vida.

  1. El universo que Dios creó era «bueno en gran manera».

¿Cuál es el estribillo constante de Génesis 1? Y Dios vio que lo que había hecho era «bueno» (Génesis 1:41012182125). Luego, al final de los seis días de la creación: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). Dios se deleitó en la creación que había hecho, tal como se había propuesto hacer.

Aunque el pecado ha estropeado este mundo material, incluso hasta el punto en que la creación gime (Ro. 8.22), el mundo material todavía es bueno ante los ojos de Dios y debería ser visto como «bueno» por nosotros también. Este conocimiento nos liberará de un falso ascetismo; es decir, la creencia de que el uso y disfrute de las bendiciones materiales de Dios es incorrecto. Porque Pablo dice que aquellos que prohíben casarse y ordenan [a las personas] a abstenerse de ciertos alimentos, que Dios creó para ser recibidos con acción de gracias por los que creen y conocen la verdad (1 Timoteo 4:1-3) dan atención a doctrinas de demonios.

Un autor lo expresó así: «mientras que Dios podría haber creado máquinas de filtración de aire, en cambio, eligió crear árboles. Mientras que Dios pudo haber elegido crear la creación en blanco y negro, en cambio, eligió pintar de una gran paleta de colores» (Doctrine, 88). Él da agua y vino. Pan y queso. Impresionantes puestas de sol y lunas de cosecha. Dios no es tacaño. Él no es un «Scrooge». Él no tiene los puños cerrados… La creación nos enseña que él es un Dios maravillosamente bueno que tiene las manos abiertas para con su pueblo. Él es pro-placer, pro-nuestra alegría. Sus buenos dones son para nuestra gratificación, para que podamos darle alabanza y gracias. Esa es la lógica de 1 Timoteo 4:4-5.

  1. Dios creó el universo para mostrar su gloria.

Tanto la humanidad como el universo fueron creados para la gloria de Dios. El Salmo 19 dice: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría».

El cántico de las criaturas vivientes en Apocalipsis 4 muestra que la creación de Dios debe alabar y glorificar a su creador. Las criaturas cantan: «Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».

Somos diseñados y creados  para glorificar a Dios por su creación. Es por eso que Dios puede decir en Isaías 43:6«Trae de lejos mis hijos, y mis hijas del los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice». Lo diseñó todo para que su nombre pudiera ser glorificado.

Pero es importante entender que Dios no necesitó crear para recibir gloria. Él es, por sí mismo, infinitamente glorioso. Dios deseaba crear el universo para demostrar su excelencia. Él lo creó para deleitarse con su creación y poderes creativos.

Entonces, Dios creó el universo para mostrar su gloria.

Perspectivas de la creación

Hemos dedicado un buen tiempo a estas siete afirmaciones, porque la Biblia no guarda silencio ni se confunde cuando se trata de la creación. Pero a menudo nos frustramos porque la Biblia no responde nuestra pregunta específica: «¿Cuál es la edad de la tierra?».

Imagina que el presidente Obama anunciara mañana una conferencia de prensa para analizar el estado actual de ISIS. Él lo entrega, solo para encontrarse con un montón de piezas de opinión escépticas y enojadas en los periódicos al día siguiente porque no abordó todas sus preguntas acerca de la reforma financiera. Cualquier persona racional diría: «Eh, eh… él dijo que la sesión informativa sería acerca de los chicos de ISIS».

Mi punto es este. Algunas veces tenemos que detenernos y preguntarnos: «¿El problema es con la Biblia o con mi pregunta?». El relato de la creación se preocupa mucho más por el quién y el por qué de la creación, que del exactamente cómo y cuándo. No es que Dios no posea tal conocimiento, sino que tampoco es conocimiento que Dios en su sabiduría cree que debemos tener para conocerlo correctamente y confiar en él. Galileo dijo una vez: «La Biblia trata acerca de cómo llegar al cielo, no acerca de cómo van los cielos». Ahora bien, puedes tomar eso y exagerar sugiriendo que la Biblia no tiene nada que decir acerca de la creación. Pero su punto es entendible. La Biblia como un todo se ocupa de las cuestiones humanas más apremiantes acerca del sufrimiento, el pecado y la salvación, no acerca de las dataciones del carbono 14.

Dicho esto, hay una serie de formas diferentes en que los cristianos han entendido el relato de la creación en Génesis 1-2.

(1) Evolución teística. Esta perspectiva busca casar la evolución naturalista con el Dios bíblico. Dios creó la primera materia y estableció las leyes naturales del universo, y luego la evolución fue el medio por el cual trajo la creación a la existencia.

Pero este punto de vista enfrenta una serie de desafíos. En primer lugar, tiene que decir que algo que la Biblia postula como un mal resultado de la caída (a saber, la muerte y el sufrimiento), no solo estuvo presente antes de la caída, sino que fue el mecanismo que Dios usó para lograr todo lo bueno (es decir, la vida).

En segundo lugar, tiene que afirmar que las especies evolucionan de una a otra, mientras que la Biblia dice que Dios hizo a cada uno «según su especie» (Génesis 1:212425).

En tercer lugar, la Biblia describe a Dios involucrado activa y soberanamente en cada paso de la creación y preparación de la tierra para su pueblo, lo cual la evolución niega rotundamente.

(2) La teoría de la brecha. Esta perspectiva se ajusta a una brecha de miles de millones de años entre Génesis 1:1 y Génesis 1:2. Hubo una primera creación en Génesis 1:1 de los cielos y la tierra. Pero en algún lugar del camino hubo una rebelión cósmica (¿Satanás y los ángeles?), algún evento catastrófico que dejó a la tierra en gran parte destruida («desordenada y vacía»), en Génesis 1:2. Entonces en Génesis 1:3ff no tienes la primera creación, sino una segunda creación de seis días literales.

Te gusta este punto de vista si te aferras a una vieja tierra, pero quieres tomar «día» y «la tarde y la mañana» para ser lo que normalmente significan, literalmente, días solares de 24 horas. El gran desafío para esta perspectiva es que la Biblia nunca habla de dos creaciones. No hay un solo versículo que pueda usarse como apoyo. Debe leerse en el texto, no fuera del texto. Y sería difícil entender cómo Dios podría crear el universo, y preparar la tierra para su pueblo y decir que era «bueno en gran manera» cuando en realidad había sido creado muy malo y casi borrado.

(3) Perspectiva de la edad diurna. Desde esta perspectiva, Dios creó el universo, incluidos Adán y Eva, en seis períodos secuenciales de tiempo. Pero esos períodos no fueron 24 días, sino «eras» que abarcaron quizá millones de años. Si estás convencido de que la tierra tiene 4500 millones de años, esta visión concuerda con ese compromiso previo.

Pero hay algunos desafíos. A saber, la secuencia de eventos en Génesis 1 no cuadra con las comprensiones científicas de la vida tal como la conocemos. Así que las criaturas marinas en el día 5 vienen antes de la vegetación en el día 3. Más específicamente, el sol, la luna y las estrellas vienen millones de años después de las plantas y los árboles.

(4) Perspectiva de marco literario. En este punto de vista, Génesis 1 no pretende ser una secuencia cronológica de acontecimientos, sino un «marco literario», un orden tópico de dichos eventos. El punto no es exactamente «cuándo y en qué orden», sino simplemente «qué». Observan, útilmente, que los días 1-3 son días de formación (luces, cielo/agua, tierra), y los días 4-6 son días de relleno (estrellas, pájaros/peces, animales y hombre). Así, en el día 1 se forma la luz y la oscuridad, y luego, en el día 4, se llenan de estrellas. En el día 2 se forman el cielo y las aguas, en el día 5 están llenos de pájaros y peces, etc.

Esta perspectiva posee una buena comprensión del texto, y elude la cuestión de la «edad de la tierra». Pero lo hace leyendo en gran medida el texto a través del lente de la poesía. Y aunque Génesis 1 tiene elementos poéticos, no es realmente del género poético. Entonces es difícil saber qué es meramente figurativo y qué es literal. Y aunque existe este elemento de formación y relleno, parece haber algo de secuencia en los seis días que culmina en el día 7.

(5) Creacionismo de la tierra joven. Dios creó el mundo, y Adán y Eva, en seis, literalmente días de 24 horas. A simple vista, esta es la lectura natural de la mayoría de nuestras traducciones al castellano. Si la ciencia dice que la tierra es vieja, es porque Dios hizo que la tierra madurara, como lo hizo con Adán y Eva, o porque la ciencia está equivocada. Tal vez la inundación y otros eventos cataclísmicos afectaron nuestras metodologías de datación. Con razón reconocen que la ciencia como disciplina se basa en cuestionar una hipótesis establecida basada en datos en constante cambio. Entonces, si tengo que escoger, iré con la revelación divina sobre la razón humana.

(6) Creacionismo histórico. Esta perspectiva dice que Génesis 1:1, en lugar de ser un título para lo que está por venir, en realidad registra la creación de todo. «Los cielos y la tierra», actúan como un merismo (combinación de dos palabras contrastantes, para referirse a una totalidad), por lo que la frase «en el principio» no es puntual, sino una duración de un tiempo indeterminado. Con el universo ya creado en Génesis 1:1, los seis días creativos no se refieren al establecimiento del universo, sino a la preparación de Dios de Edén para su pueblo. El Génesis 1:2, entonces, describe el estado del mundo antes de que Dios preparara un tierra para su pueblo.

Por tanto, desde Génesis 1:2 hasta el final de Apocalipsis, la Biblia habla del pueblo de Dios en relación con el huerto de Edén. Es un viaje desde el Edén original hasta un nuevo Edén, por así decirlo, cuando vemos la narración de la historia humana representada desde su comienzo hasta su final.

Hay varias ventajas en este criterio. En primer lugar, tanto los creyentes en una tierra joven como los creyentes creacionistas de la tierra vieja podrían tener esta visión, ya que no hay un tiempo definido entre Génesis 1:1 y Génesis 1:2Génesis 1:1 simplemente no especifica un tiempo.

En segundo lugar, esta perspectiva lee los términos bíblicos a medida que se leen más tarde en las Escrituras, como las palabras hebreas para tiempo, tierra y aguas.

En tercer lugar, esta perspectiva da sentido a la gran preocupación de la Biblia porque el pueblo de Dios viva en su tierra bendita desde Edén hasta la nueva creación.

La desventaja de este criterio es que es simplemente una forma de acercarse y leer el texto hebreo. Lee los términos bíblicos de una manera particular que es útil, pero puede no ser la única forma de leer el texto. Por  tanto, esta visión en sí misma es cancelada por algunos que leen el idioma hebreo de manera diferente.

Conclusión

En general, debemos entender que la Biblia no nos da todos los detalles necesarios para comprender exactamente la edad de la tierra. Lo que es importante para Dios es que entendamos quién creó la tierra y por qué la creó: para su gloria, lo que finalmente se muestra a través del evangelio de Jesucristo.

Espero que en la clase de hoy podamos obtener más de lo que Dios tiene para decirnos en su palabra, por qué creó el mundo y la forma en que lo hizo. En la clase de la próxima semana, cubriremos dos verdades más que la Biblia tiene para nosotros acerca del tema de la creación, incluyendo lo que quizá sea más importante para nosotros: la relación del hombre con la creación de Dios. Esperamos la próxima semana, pero antes de que terminemos la clase de hoy, oremos…

 

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Atributos de Dios – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 4/26

Atributos de Dios – Parte 2

Introducción

¿Existe un Dios? Y de existir, ¿cómo es? Estas son, quizá, las dos preguntas más importantes que una persona puede llegar a hacer. La semana pasada consideramos la existencia de Dios. La Biblia no argumenta la existencia de Dios, la asume. Dios se ha revelado de manera general en la creación e historia; proposicionalmente en su Palabra inspirada; personalmente en Jesucristo, el Verbo hecho carne; y salvíficamente a través de la obra de su Espíritu Santo.

Y puesto que se ha dado a conocer, podemos saber cómo es él. Esto hace surgir el tema de los atributos de Dios. En primer lugar, estudiamos que Dios es independiente, completamente autosuficiente y autónomo. En segundo lugar, vimos que Dios es inmutable. No cambia. Es perfectamente consistente, confiable y fiel. Y aprendimos que Dios es infinito. Eso quiere decir que tiene poder ilimitado sobre todas las cosas. Su presencia está en todas partes. Y es eterno, no está limitado por el tiempo, no tiene principio ni fin.

Dios es infinitamente grande. Podríamos pasar años, décadas y siglos intentando examinar las profundidades de su grandeza, y un día lo haremos. Pero en la mañana de hoy, queremos usar nuestro tiempo para explorar más atributos de Dios que él ha revelado en su Palabra. ¿Por qué? Porque conocer a Dios es la más grande alegría de nuestras vidas. Este no es un simple ejercicio «abstracto». La teología es práctica, es devocional, nos enseña quién es el Dios en quien confiamos en todas las pruebas de la vida, y debería avivar nuestros corazones para amar, adorar y alabar a Dios.

Entonces, veremos más atributos de Dios el día de hoy, aunque los primeros dos temas que exploraremos son más descripciones de la naturaleza esencial de Dios que atributos. Después de todo, los atributos de Dios no son varios sombreros que él usa en diferentes ocasiones. Dios no está dividido. Él es, por siempre y para siempre, TODOS estos atributos. Cada tributo es sencillamente una categoría bíblica que nos provee lenguaje para describir varios aspectos interrelacionados y unidos del carácter y la grandeza de Dios.

En ese sentido, es apropiado comenzar con:

  1. La unidad de Dios

Dios es el único ser divino. Posee una unidad de carácter total. En otras palabras, todo lo que hace es completamente consistente con todos sus atributos; no hay contradicciones en su carácter. No tiene un «lado bueno» o un «lado malo», él es todo bueno. No es diferente en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Él es uno en esencia, es indivisible. Esto es conocido a menudo como la simplicidad de Dios, que básicamente significa que los atributos de Dios no son pequeñas partes que sumas para obtener a Dios, como las partes de un carro. En cambio, cada atributo es íntegramente verdadero acerca de Dios y de todo su carácter.

Vemos esto en Éxodo 34:6-7«¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadosa; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación». Dios es misericordioso y justo, aunque dichas cualidades parecieran contradecirse, funcionan en Jesús, quien murió misericordiosamente en lugar de los pecadores, vindicando así las declaraciones de la justicia de Dios.

Dios es uno, y no es un Dios esquizofrénico. Él siempre es, y siempre actúa de acuerdo con su carácter unido. Pero eso no es todo. Dios se ha revelado claramente en tres personas distintas:

  1. Dios es trino

Sé que al estudiar la doctrina de la Trinidad pareciera que nuestros cerebros comenzaran a colapsar, y muchos concluyen que esta es una idea abstracta dejada a filósofos en librerías repletas. Parece aislada de nuestras vidas cristianas cotidianas. Pero eso no podría estar más lejos de la verdad. Sí, la naturaleza trina de Dios expande nuestro entendimiento. Es misteriosa. Pero el Dios trino es hermoso, encantador y digno de nuestra admiración. Hace toda la diferencia del mundo el hecho de que Dios no es un ser solitario, sino una trinidad en unidad, existente en amor y comunión eternos que extiende ese amor armonioso a nosotros. No exagero cuando digo que la Trinidad diferencia al cristianismo verdadero de las falsas comprensiones acerca de Dios.

Existen muchos libros que han sido escritos acerca de esta doctrina central. Permíteme recomendar solo uno: Delighting in the Trinity de Michael Reeves. No solo explica la trinidad, agita nuestros corazones para ver la naturaleza trina de Dios como una noticia hermosa y maravillosa.

Veamos la Trinidad, apropiadamente, al responder tres preguntas:

A. ¿Qué significa la doctrina de la Trinidad?

La definición de Wayne Grudem es excelente: «Dios existe eternamente como tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y cada persona completamente Dios, y existe un solo Dios»[1]. Esto quiere decir que Dios es uno en esencia. Teólogos en el siglo IV alegaron en base a la Escritura que el Hijo y el Espíritu son iguales en sustancia al Padre. Es decir, que existe un solo ser conocido como Dios. La Escritura afirma esto consistentemente. Deuteronomio 6:4 dice: «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». Isaías 45:5: «Yo soy Jehová, y ninguno más hay», versículo 21: «No hay más Dios que yo».

Pero este Dios es una unidad de tres personas «distintas». El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Pero el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu, y el Espíritu no es ni el Padre ni el Hijo. Cada persona desempeña un rol distinto en la armoniosa obra de la redención. La Confesión de Fe Bélgica de 1561 declara: «El Padre es la causa, origen y principio de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. El Hijo es el Verbo, la Sabiduría y la Imagen del Padre. El Espíritu Santo es el eterno poder y potencia, procediendo del Padre y del Hijo. De tal manera, sin embargo, que esta distinción no hace que Dios sea dividido en tres, ya que la Sagrada Escritura nos enseña que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, cada uno tiene su independencia, distinta por sus atributos; de tal manera, no obstante, que estas tres personas son un solo Dios… Estas personas, tan distintas, no están divididas, ni tampoco mezcladas entre sí».

Por tanto, las tres personas de la Trinidad son distintas, eternamente. No son simples formas que Dios ha adoptado en diferentes etapas de la historia. Han existido juntas como un solo Dios desde siempre en completo amor, unidad y deleite.

Demasiado para una definición, ¿cierto? Pregunta B: ¿De qué manera la Escritura enseña la doctrina de la Trinidad?

¡Buena pregunta! No encontrarás la palabra «trinidad», en ninguna parte de la Escritura. Fue empleada por primera vez por Tertuliano después de la generación de los apóstoles. Pero es una palabra útil. Resume todo lo que la Escritura habla con respecto a la relación de la Deidad. La Biblia enseña claramente que solo hay un Dios, como ya hemos visto en los versículos citados anteriormente. Sin embargo, también enseña que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. No hay mucha contraversia en relación al Padre siendo Dios. Jesús dice: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre».

Pero la Escritura enseña que el Hijo y el Espíritu Santo también son Dios. Aunque exploraremos todos esos versículos en las próximas clases cuando estudiemos la persona de Cristo y la persona del Espíritu Santo, he aquí un breve adelanto: Jesús es el Verbo de Dios, que «es Dios» según Juan 1:1-4, que es llamado «Dios Fuerte» en Isaías 9:6, y que es llamado «nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» en Tito 2:13. El Hijo perdona los pecados y acepta adoración, solo Dios puede hacer ambas cosas. Por otro lado, el Espíritu Santo está presente en todas partes según el Salmo 139, comprende y revela los pensamientos de Dios de acuerdo a 1 y 2 Corintios, crea vida y nueva vida según Génesis 1 y Juan 3, y a través de la Escritura tales cosas solo son ciertas respecto a Dios.

Por último, observamos que hay varios pasajes clave donde vemos mencionadas a las tres personas de la Trinidad en conjunto y diferenciadas la una de la otra.

Mateo 3:16«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz desde los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».

Aquí las tres personas de la Deidad desempeñan roles distintos. Dios el Padre habla desde el cielo, Dios el Hijo es bautizado para cumplir la voluntad del Padre, y Dios el Espíritu unge al Hijo para autorizar su ministerio.

Piensa también en Mateo 28:19, Jesús dice: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Observa que Jesús no enseña a sus discípulos a bautizar a nuevos creyentes en los «nombres» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como si se tratase de tres seres distintos, sino en el «nombre», que es singular.

Tal vez el lugar más maravilloso para ver la Trinidad en la Escritura es Juan 14-17. El clímax es el capítulo 17, donde vemos el amor que ha caracterizado a la Trinidad desde el principio de los tiempos: Jesús ora en el versículo 24: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo».

Por tanto, la Trinidad es una doctrina bíblica de principio a fin. No es algo que podemos descifrar por nuestra cuentra, y no tiene analogía alguna en la naturaleza. Todas las ilustraciones tontas que escuchas acerca de las tres fases del agua, o las tres partes de un huevo, fracasan eventualmente . La Trinidad excede nuestra capacidad de comprender plenamente, con todo, ha sido revelada como claramente cierta. Este hecho debería ser de gran estimulo para nosotros, lo que nos lleva a una última pregunta:

C. ¿Por qué la doctrina de la Trinidad importa?

Dicho de manera sencilla, la naturaleza trina de Dios no debería hacernos huir de Dios, al contrario, debería hacernos correr a él como nuestro amoroso, Creador, Redentor y Dador de vida. La Trinidad nos ayuda a entender que Dios no está solo. Él no creó el universo porque necesitara amigos. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ya disfrutaban de una perfecta comunión. Crucialmente, Dios no necesitaba crearnos para ser un Dios amoroso. Un dios de una  sola persona, como Alá en el Islam, jamás podría ser eternamente amoroso porque no tendría a nadie más a quien amar. Él, extrañamente, necesitaría a su creación para ser amoroso. Dios como Trinidad, no obstante, ha sido siempre una fuente de amor, por ende, es entendible que las tres personas de la Deidad puedan desbordarse en amor hacia nosotros. Como la Trinidad, Dios nos salva de nuestro amor propio. Eso es lo que vemos en Efesios 1:3-14, fácilmente uno de los pasajes más gloriosos de la Escritura: el Padre nos predestina para ser adoptados como hijos, el Hijo derrama su sangre para redimirnos, y el Espíritu sella nuestra herencia. Así que deberíamos adorar y amar a nuestro Dios trino.

Los últimos tres temas han estado enfocados en la esencia o el ser de Dios, ahora pasaremos a observar algunos atributos que tienen que ver más con el conocimiento de Dios.

  1. La omniciencia de Dios – Su perfecto conocimiento

Omniciente significa «conocedor de todo». En Juan 3:20 leemos que: «[Dios] sabe todas las cosas», el pasado, el presente y el futuro. Pero Dios no solo sabe lo que sucederá, sino lo que sucedería si tuviéramos que ir a la iglesia una hora más tarde y no asistir al seminario básico. Él sabe lo real y lo posible. Mateo 11:21 Jesús dice: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros   que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza». Una cosa es saberlo todo. Pero otra es conocer los resultados reales y posibles de miles de millones de personas que toman miles de decisiones cada día… Alucinante.

El conocimiento de Dios no es como el nuestro. No se obtiene de la experiencia o la observación. Dios conoce todos nuestros pensamientos antes de que los pensemos. Él conoce todos nuestros actos antes de que los hagamos. Dios sabe cuando naciste porque te unió en el vientre de tu madre. Y sabe cuándo vas a morir porque ha numerado tus días. Esto significa que nada lo sorprende. Las sorpresas nos estremecen, pero no a Dios.

No conocemos nuestro futuro, pero Dios sí, lo que debería motivarnos a una confianza suprema. Jesús dice en Mateo 6:31ff«No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o que vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Dios contesta las oraciones, pero nuestras oraciones no proveen información nueva a Dios. Dios sabe todo lo que necesitamos, lo que significa que no debemos entrar en pánico como si Dios no lo supiera. En cambio, nuestras oraciones son las humildes peticiones de personas débiles y necesitadas ante el todopoderoso y sabio Dios que se deleita en escuchar las necesidades de sus hijos.

  1. La verdad de Dios

Dios es verdadero, y todos sus conocimientos y palabras son el máximo estándar de la verdad. Esto significa no solo que todo lo que Dios nos dice es correcto, sino que él será fiel a todas sus promesas. Así, Proverbios 30:5 nos recuerda: «Toda palabra de Dios es limpia; él es escudo a los que en él esperan».

Entonces, hermano o hermana, Dios es infinitamente confiable. Satanás te mentirá cada vez que pueda para que desconfíes de Dios. Ese ha sido su camino desde el huerto. Pero Dios nunca te mentirá. Hebreos 6:18 dice que es imposible que Dios mienta.

Los políticos, empleadores y familiares hacen promesas todo el tiempo y luego rompen esas promesas. Dios nunca rompe una promesa. Cuando él promete nunca dejarte ni abandonarte, ¡nunca lo hará! Cuando dice: «Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:2-3), eso es exactamente lo que está haciendo incluso ahora.

  1. La sabiduría de Dios

Pero Dios también es sabio. La sabiduría es el uso práctico del conocimiento. Es conocimiento aplicado. Por tanto, la sabiduría de Dios significa que Dios siempre elige los mejores objetivos y los mejores medios para alcanzarlos. Hablaremos de esto en las próximas semanas cuando estudiemos la providencia de Dios.

La Escritura afirma esta sabiduría de Dios. Job dice que la sabiduría de Dios es profunda (Job 9:4) y que suyos son el consejo y la comprensión (Job 12:13).

Podemos ver esta sabiduría mostrada en la creación. En Jeremías 10:12-13 leemos: «El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría». También vemos la sabiduría de Dios en el plan de redención. La sabiduría y el poder de Dios se muestran perfectamente en el evangelio donde vemos que «la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios» (1 Co. 1:18). 1 Corintios 1-3 aborda la sabiduría de Dios en el evangelio.

Nosotros debemos reflejar a Dios siendo sabios. La sabiduría no es solo algo que los ancianos deberían tener, o que los súper espirituales deberían aspirar. Todo el libro de Proverbios elogia la sabiduría, porque Dios es sabio y nos llama a la alegría y el deleite que podemos conocer cuando caminamos según su sabiduría.

Veamos ahora varios atributos que hablan del carácter y los estándares morales de Dios.

  1. La santidad de Dios

En primer lugar, la santidad. La santidad se refiere a la «alteridad» de Dios o su majestad. El hecho de que no es como nosotros. Él es trascendente. Es la asombrosa visión de Isaías 6, donde los serafines se cubren la cara y exclaman: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria».

La santidad también hace referencia a la «pureza» de Dios. Él es éticamente distinto de nosotros, separado del pecado. Por eso Isaías continuará en esa visión: «¡Ay de mí! Que soy hombre muerto, porque siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos». Dios es completamente diferente a nosotros, totalmente limpio y radiante, sin mancha ni defecto, puro e inocente.

Sin embargo, aunque Dios en su santidad es totalmente inaccesible, también es irresistiblemente hermoso. Él no está manchado por el pecado. Él es la fuente de luz. Jonathan Edwards dijo que la santidad «es como la belleza y dulzura de la naturaleza divina»[2]. La santidad de Dios es impresionante, como estar parado frente al Gran Cañón o las Cataratas del Niágara. Es abrumadora, pero no puedes apartar la mirada. ¿Y por qué su santidad es tan hermosa? Edwards nos devuelve a la Trinidad: «La santidad de Dios consiste en su amor, especialmente en la perfecta e íntima unión y amor que hay entre el Padre y el Hijo»[3]. Eso es lo irresistible y distinto de Dios: su perfecto amor.

Como él es santo, nosotros también debemos ser santos. Ahora bien, los fariseos veían la santidad como lo que uno no hace. Lamentablemente, así es como muchas personas piensan acerca de la santidad. Pero cuando miramos la zarza ardiente de Éxodo 3, lo que hace que ese terreno sea sagrado es la presencia de Dios. Es que él ha entablado una relación con su pueblo. Entonces, la santidad no se define primero por lo que hacemos o no hacemos, sino a quién pertenecemosNo es solo estar separado de algo, sino dedicado a alguien (Dios). Fundamentalmente, procurar la santidad, lo cual hacemos porque el Espíritu Santo vive en nosotros, es cómo podemos revelar cada día que el cielo es nuestra esperanza. Que vivimos para mejores deseos, porque tenemos un mejor salvador.

  1. La justicia y rectitud de Dios

Pero Dios no solo es santo, sino justo y recto. En el inglés común, pensamos en la justicia como «pública», y la rectitud como «privada». Pero no es así en lo que respecta a Dios. La justicia y la rectitud se derivan de las raíces de palabras similares en el griego. Se refieren a la adhesión estricta a una ley o estándar. Dios siempre tiene razón y siempre actúa de acuerdo con lo que es bueno, correcto y justo.

La justicia y la rectitud de Dios también son nuestra garantía de que los pecados y los males serán resueltos algún día. [Piensa en los crímenes más prominentes y actos de terrorismo recientemente…] Pero Dios es justo. Él juzgará. Así que no necesitamos desesperarnos. Romanos 12:19«Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor».

Por supuesto, la justicia de Dios se aplica a todos sin favoritismo, incluidos nosotros. Él nos tratará según nuestra adhesión o falta de conformidad con sus leyes. Por esa razón, envió a Cristo a ser un sacrificio por los pecadores. El propio Hijo de Dios recibió la sentencia de justicia que nosotros merecíamos. Romanos 3:25«Dios puso [a Cristo Jesús] como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús».

  1. La bondad y el amor de Dios

Finalmente, Dios es un Dios de bondad y amor. Él es perfectamente bueno. Él siempre hace lo mejor y es la fuente de todo lo bueno. En Santiago 1:17, leemos: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces».

La bondad de Dios se manifiesta de varias maneras. Él es benevolente y se preocupa por su creación en su gracia común, como vemos en el Salmo 147. La bondad de Dios también se demuestra en su amor y gracia hacia los que no lo merecen. Se muestra en su sufrimiento; Él es lento para enojarse (Éxodo 34:6).

A modo de aplicación, ¿qué significa la bondad de Dios para nosotros? Piensa en todas las formas en que dudamos de la bondad de Dios. Cuando pecamos. Cuando tememos por el futuro. Cuando tememos a los hombres más que a Dios. Cuando nos preocupamos. La bondad de Dios nos invita a confiar en él porque él se preocupa por nosotros. Nos recuerda que siempre hará lo mejor. Él es un Dios bueno.

Cuando se trata del amor, tenemos dificultades para pensar bíblicamente. Hoy las personas no se sorprenden cuando les dices: «Dios te ama». Pero se enfurecen cuando les dices que Dios es un juez santo y justo. Eso es porque hemos separado el amor divino de las otras verdades complementarias acerca de Dios. Sí, él es amoroso, pero siempre ama en armonía con su justicia.

Cuando la Escritura habla acerca del amor de Dios, se refiere a él en al menos cuatro formas diferentes. Esto proviene del libro extremadamente útil de Don Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God [La difícil doctrina del amor de Dios], que es breve y fácil de leer.

  1. Primero, está el amor único intratrinitario entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  2. Segundo, el amor providencial de Dios sobre todo lo que ha hecho. Génesis 1, hizo que toda la creación fuera buena. Mateo 6, él alimenta incluso a los gorriones.
  3. Tercero, la postura salvífica de Dios hacia un mundo caído. Juan 3:16,  Mostró su amor por el mundo al enviar a Cristo, y amorosamente invita a todos a arrepentirse.
  4. Pero cuarto, la Escritura también resalta el amor particular, efectivo y selecto de Dios hacia sus escogidos, en pasajes como Deuteronomio 7, Efesios 1, 1 Juan 4:10 y muchos más.

Así que no queremos absolutizar ninguna de estas formas de hablar acerca del amor de Dios. El amor de Dios no es sentimental ni cálido. El amor de Dios se refiere a cómo él busca tiernamente el bien de sus criaturas. ¿Y dónde se puede encontrar tal bien? Solo en Dios mismo. En su amor, él se da a sí mismo. En su amor, nos aleja de nosotros mismos y nos acerca a él. Y al hacernos como él, encontramos que lo amamos y amamos a los demás, tal como Jesús enseñó: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).

Conclusión

Los atributos de Dios revelan su trascendencia e inmanencia. Para un primer siglo, la trascendencia judía era un hecho: el significado, Dios es santo, apartado, totalmente distinto de nosotros. Hoy en día, a Dios se lo considera en gran parte como exclusivamente inmanente: está aquí, presente, consolándonos. Es informal. Dios es nuestro amigo, nuestro compañero, alguien con quien compartimos.

Estos atributos nos ayudan a comprender que Dios es tanto inmanente como trascendente. Él es inmanente en Cristo, en la presencia interior y amorosa del Espíritu Santo. Pero Dios sigue siendo Dios, no hay nadie como él, puro, justo y poderoso. Evoca asombro y admiración. Por tanto, debemos respetar a Dios y, sin embargo, Dios también nos invita a una relación con él. Antes de que te vayas, hazte esta única pregunta. En vista de todo esto, ¿por qué te sentirías tentado a poner tu amor, seguridad y bienestar en alguien más que en nuestro glorioso Dios?

Oremos.

[1]Systematic Theology (Zondervan, 1994).

[2]Religious Affections, en Works, 2:201.

[3] «Writings on the Trinity, Grace, and Faith» en Works, 21:186.

 

 

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Existencia y atributos de Dios – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 3/26

Existencia y atributos de Dios – Parte 1

En medio de los desafios de la vida, el dolor y la frustración, ¿dónde buscas alivio? Los cristianos son aquellos que pueden recurrir a Dios con confianza y gozo, no solo porque él existe, sino por lo que él es.

  1. Introducción

En la clase pasada observamos que lo que distingue a Dios del resto de los otros dioses falsos es que él habla. Él se ha revelado por gracia a través de la palabra escrita, la Biblia, y la palabra hecha carne, Jesucristo. Y esta revelación es verdadera (inerrante), fidedigna (infalible), suficiente y necesaria. No puede desviarnos. Es nuestra máxima autoridad, el árbitro principal en todos los asuntos de la fe y práctica, no la iglesia, la razón o nuestras impresiones o experiencias subjetivas.

Al comenzar esta tercera clase, hay dos preguntas que se encuentran en la base no solo del conocimiento religioso, sino también de cada forma posible de conocimiento.

1) ¿Existe un Dios? (Relacionado a esto, ¿cómo podemos saberlo?)

2) ¿Cómo es Dios? (¿Cuáles son sus atributos?)

Estas son las preguntas que comenzaremos a responder en nuestro tiempo juntos el día de hoy.

  1. La existencia de Dios 

 A. Presuposición bíblica 

[Job 11:726:1430:26Is 40:18]

Iniciamos esta mañana reflexionando acerca de la existencia de Dios. En respuesta a nuestra primera pregunta: «¿Existe un Dios?», debemos señalar desde el principio que la Biblia no pierde tiempo discutiendo acerca de la existencia de Dios. Simplemente supone que lo hace. Es una presuposición bíblica, de la misma manera que la preexistencia de la materia es un hecho para el materialista. La Biblia trata la existencia de Dios como la gravedad. Podemos negarlo, ignorarlo, o pretender que no existe, pero a nuestro propio riesgo. Toda cosmovisión comienza en alguna parte. Como discutimos en la semana 1, la cosmovisión cristiana comienza con estas dos premisas: Él está presente (existencia) y no está callado (habla).

Pero si alguien te preguntara cómo puedes saber que Dios existe, ¿qué dirías?

Si somos cristianos, podemos decir que creemos que Dios «realmente está presente» porque él se ha revelado:

  1. generalmente a todos los hombres a través de su creación y providencia;
  2. proposicionalmente en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento;
  3. personalmente en su Hijo, el Señor Jesucristo; y
  4. salvíficamente mediante la obra de su Palabra y Espíritu

La Escritura testifica esto:

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadera, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3).

«Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos»  (1 Juan 5:20).

Así que en el primer capítulo de Romanos, Pablo nos dice que Dios ha hecho que el hecho de su existencia sea evidente a toda la humanidad: «Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó» (Ro. 1:19). En el versículo 20, dice: «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles (no ocultas, no escondidas, sino claramente visibles), desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas (resultado de esta revelación), de modo que no tienen excusa». La creación clama que hay un creador.

¿Quién es el que envía la lluvia y el sol? ¿Quién es el que cubre la tierra en oscuridad y luego desata el sol de la mañana? ¿Quién es el que separa la tierra del mar? Desde el orden de las estaciones hasta las complejidades de una flor hasta las innumerables estrellas en la noche, vemos la mano de Dios como el Creador inteligente.

¿Quién ha visto el programa Planet Earth de la BBC? Ha sido un favorito en nuestro hogar por años. De una manera visualmente deslumbrante e impactante, esa producción captura poderosamente la grandeza, majestuosidad, maravillosa diversidad y notable complejidad de la creación de Dios. Sin embargo, los productores no dicen nada acerca de Dios. ¿Por qué?

Porque pese a esta revelación en la creación, Pablo sigue diciendo en Romanos que el hombre suprime voluntariamente la verdad y la intercambia por una mentira. Por ello, el hombre caído adora al mundo natural en lugar del creador.

Pero no solo está la creación. También está la conciencia. Debido a que estamos hechos a imagen de Dios (Gn. 1:26-27), algo de su carácter moral permanece en nosotros. Aunque nuestras conciencias no son una guía perfecta porque han sido corrompidas por la caída, nuestras preocupaciones por la moral, la justicia, el conocimiento, la verdad, también nos señalan a nuestro creador.

Si bien la creación y la conciencia deben ser la única razón para convencernos de que Dios existe, el hecho de que suprimimos la verdad en nuestro estado caído ha llevado a los cristianos a formular «pruebas teístas» (argumentos) para la existencia de Dios. Estas «pruebas» son simplemente intentos de demostrar que es racional creer en la existencia de Dios. Dios no es nuestro amigo imaginario y, por tanto, relegado al reino del mito y la superstición.

Menciono estas pruebas porque a menudo están incluidas en la teología sistemática, pero dado que también están cubiertas en el seminario básico «Apologética», lo dejo con solo mencionarlo. Estas pruebas no nos llevan al Dios soberano y personal de la Escritura. Pueden ayudar a demostrar que no es irracional creer en Dios, pero ninguna de estas pruebas dice mucho acerca de cómo es Dios. Ninguno de ellas te lleva al Dios de la Escritura y a la fe salvadora en Cristo.

 B. Revelación general y especial

Todo el conocimiento de Dios se basa en la revelación. Aunque no podemos conocer a Dios en toda la riqueza de su ser, él es conocido por todas las personas a través de su revelación en la creación, el teatro de su gloria. El mundo nunca está sin Dios. Al final no hay ateos; solo hay argumentos acerca de la naturaleza de Dios.

Esta distinción entre lo que se conoce acerca de Dios para todos de manera general, y lo que solo se conoce acerca de él especialmente, a menudo se conoce como la revelación «general» vs. la revelación «especial».

La revelación general es esa revelación de Dios, el conocimiento del ser y la voluntad de Dios que es dado a todas las personas en todas partes del mundo, en todo momento, a través de la experiencia ordinaria de estar vivos en el mundo de Dios [Sal. 19:12Ro. 1:19202:1415]

La revelación especial es cómo Dios se ha dado a conocer mediante actos y palabras particulares, especialmente la Palabra del Señor (=la Escritura), y el Señor de la Palabra (=Jesucristo).

¿Qué nos enseña la revelación general?

Salmo 19 y otros textos, pero escogeré solo dos. Ro 1:18-32Hechos 17:22-31. Mientras leo, ¿Qué dicen estos textos que la revelación general enseña a todo el que vive?

¿Qué revelan estos textos a toda la humanidad en general?

La Biblia dice todas estas cosas que debemos saber naturalmente, simplemente por el hecho de que todos hemos sido creados a imagen de Dios y vivimos en este mundo que él creó.

{Algunos argumentarían, como Tomás de Aquino y muchos en la tradición del catolicismo romano y la ilustración, que con la ayuda de la razón y la revelación general podemos llegar a saber quién es Dios y cómo es. Así, la teología natural es el intento de alcanzar la comprensión de Dios y su relación con el universo por medio de la reflexión natural, sin apelar a una revelación especial}.

Con todo, Pablo enfatiza en Romanos 1-2 que uno de los efectos de la caída es que hemos rechazado este conocimiento de Dios y lo hemos intercambiado por una mentira. Así, los Reformadores y hombres como Martin Lutero en The Bondage of the Will enfatizaron los efectos noéticos del pecado (nous – mente en latin). Nuestras mentes están tan pervertidas como resultado de la caída como para conocer a Dios simplemente a través de la razón aplicada a la revelación general. Aunque la conciencia y la naturaleza apuntan hacia Dios, en nuestra pecaminosidad necesitamos los lentes de la Escritura y la obra regeneradora del Espíritu para ver correctamente lo que está allí.

Una clara implicación de esto es que la revelación general hace que los seres humanos sean culpables. No podemos escapar de Dios. Fuera de nosotros, el orden creado nos grita como el vocalista principal de una banda de metal. ¿No lo ves? ¿No lo entiendes? Hay un Dios que te creó, y eres responsable ante él. Podemos cerrar nuestros ojos y cubrir nuestros oídos, pero eso no cambiará la realidad. Y dentro de nuestras propias mentes, nuestras conciencias no nos dejarán en paz.

[Recuerdo que antes de ser cristiano, amigos no cristianos me animarían a hacer esto y aquello —hacer trampa en un examen, acostarme al azar con alguien en una fiesta—, sin embargo, no podía ignorar la sensación de que algo estaba inherentemente mal con tales cosas. Y no es como si hubiese crecido en una familia religiosa o escuchado alguna vez el evangelio. La vida se convierte en un constante intento de explicarle a nuestra conciencia porque aunque sabemos lo que debemos hacer, no lo hacemos. En diferentes niveles todos rechazamos el conocimiento que Dios ha provisto de manera general, y solo esto es suficiente para condenarnos. Así que en este sentido, la revelación general es completamente autoritativa, suficiente y perspicaz (=clara), pero no es salvífica. No puede salvar por sí sola].

  1. Los atributos de Dios

Debido a que el pecado ciega y distorsiona nuestras percepciones de Dios, si debemos conocer cómo es Dios realmente, debemos ir a su revelación en la Biblia.

Pero antes, cuando piensas en describir a Dios según la Escritura, ¿cuáles son algunas de las primeras palabras que se te ocurren? (por ejemplo. amoroso, soberano, bueno). Estas palabras constituyen los atributos de Dios.

Cuando los teólogos hablan de los atributos de Dios, se refieren a aquellas cualidades que son esenciales a la naturaleza de Dios, quién es y cómo es.

La mayoría de los teólogos sistemáticos escogen clasificar a los atributos de Dios dividiéndolos en varias clases: atributos incomunicables (aquellos atributos que solo Dios posee: omnipotencia, omnisciencia, etc.) y atributos comunicables (aquellos atributos que compartimos, aunque sea de manera caída y finita, con Dios: amor, justicia, etc.).

3.1. Atributos incomunicables 

3.1.1. La independencia o autoexistencia de Dios [Aseidad]

(Ex 3.14Sal. 50:8-15; Véase también Sal. 33:11115:3Is. 40:18 ff.; Dn. 4:35Juan 5:26Ro. 11:33-36Hechos 17:25Ap. 4:11).

La existencia y el carácter de Dios están determinados solo por él y no dependen de nadie ni de ninguna otra cosa. Esto a veces se conoce como aseidad (a se = tener vida en sí mismo). Él posee todas las cosas, no tiene necesidades fuera de sí mismo. Dios no nos creó porque estaba solo y necesitaba compañía o necesitaba que lo completáramos.

En la trinidad, Dios es autoexistente, autosuficiente y autónomo. «YO SOY EL QUE SOY» (Ex 3:14). Él no necesita nada. Nosotros necesitamos horas y horas de sueño para poder mantener nuestros ojos abiertos, agua para mantenernos vivos, comida para tener energía, refugios para tener protección, doctores para nuestra salud, maestros que nos enseñen todas las cosas que no conocemos y que luego olvidamos rápidamente… Podría seguir y seguir [los dioses paganos necesitan cosas…].

¿Dios? No necesita…. ¡nada! [2 S. 7:14]. Vida, fortaleza, protección, salud, conocimiento, ¡lo tiene todo en él! … y es exactamente por ello que podemos ir a él y depender de él en todo tiempo. Él es Rey. Su palabra gobierna. Literalmente. Pero él no es la clase de rey que está limitado por déficits presupuestarios, un congreso dividido o la debilidad de la edad. Él está totalmente libre de todas esas limitaciones. Porque él no depende de nada ni de nadie, él siempre capaz de estar allí para su pueblo. Su independencia y autoexistencia debe ser un gran estimulo para nosotros.

3.1.2. La inmutabilidad de Dios

En segundo lugar, Dios es inmutable. Es decir, Dios en su naturaleza, carácter y propósitos, no cambia. Nosotros tenemos que cambiar nuestros planes todo el tiempo, ya sea por falta de previsión y conocimiento necesarios para anticipar todas las contingencias o porque no tenemos el poder y la capacidad de llevar a cabo lo que planificamos.

Pero no sucede así con Dios. Dios tiene todo el poder y el conocimiento. Inundaciones, nieve, fuego, caídas de gobierno: nada como esto frustra sus propósitos. Nada toma a Dios por sorpresa. Dios nunca tiene que recurrir al plan B o C. Él no necesita un plan de contingencia, ni una opción alternativa, ni una ruta de escape de emergencia.

Prácticamente, esto significa que siempre podemos confiar en él y confiar en su palabra. Él siempre actuará de conformidad con lo que ha prometido. Y entonces tenemos confianza en él. Vivimos como en la superficie de un océano inquieto, todo cambia y cambia sobre nosotros. Siempre estamos tratando de recuperar nuestro equilibrio en este mundo. Pero Dios… es una roca en medio de esas aguas fluctuantes. Y así, con una confianza inquebrantable, podemos apoyarnos firmemente en él.

Algunos rechazan esta enseñanza. Dirán que Dios no puede conocer nuestra decisión futura para que esas decisiones sean totalmente libres. Porque si las conoce de antemano, eso significa que necesariamente sucederán, lo que significa que la decisión no puede ser verdaderamente libre, ya que solo podríamos haber hecho lo que Dios ya conocía, y nada más (por ejemplo, lo que vamos a almorzar). Entonces dirán que Dios es un gran adivino, pero como él finalmente no lo sabe, no podemos decir que sea inmutable. Al igual que nosotros, tendrá que cambiar de opinión.

Bíblicamente, Dios tiene emociones. Él no es el motor inmóvil del pensamiento griego. Es solo que sus emociones no son como las nuestras. Nosotros somos sorprendidos, tomados por sorpresa, confundidos, heridos, lloramos. En nuestro enojo, arremetemos. Dios también puede llorar, pero no de la misma manera. Cuando él sufre, él elige hacerlo. Sus pasiones son reales, pero ellas no lo gobiernan. La ira nos gobierna, pero Dios gobierna sobre la ira. Esa es la diferencia fundamental.

[Así que cuando el Catecismo Menor de Westminster dice que Dios no tiene «partes o pasiones», no niega la capacidad de respuesta de Dios a la acción de las criaturas, sino que niega (a) que Dios está «compuesto» de varias facultades o emociones y (b) que Dios es llevado cautivo por cualquier otra cosa que no sea su propia naturaleza. El testimonio bíblico constituyente es que aunque Dios puede ser provocado, Dios no puede ser vencido por la sorpresa, la angustia, el enojo, la compasión o la oposición. Buenas noticias para aquellos que merecen la ira de Dios [Oseas 11:9].

Hay muchas cosas que podríamos decir, pero la Escritura es clara. Números 23:19: «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?». O 1 Samuel 15:29: «Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta».

Dios es perfectamente inmutable y, por tanto, perfectamente confiable.

3.1.3. Dios es infinito

En tercer lugar, la Biblia también enseña que Dios es infinito. Esto significa que no hay limitación a las perfecciones de Dios. Su infinitud se expresa de varias maneras, como en el espacio, en el poder y en el tiempo.

Primero, Dios es infinito en el espacio u omnipresente. Esto significa que Dios trasciende las limitaciones espaciales, no tiene tamaño y está presente en todo el espacio con todo su ser. Cuando las personas se refieren a Dios como «un gran Dios», se están refiriendo a su grandeza más que a una medida cuantitativa. El Salmo 139 transmite esto claramente cuando dice: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra».

Una consecuencia de esto es que Dios es espíritu (Jn. 4:24). Él es incorpóreo. No está hecho de materia, no tiene partes ni dimensiones.

Aunque Dios está completamente presente en todas las cosas, es distinto de todas las cosas. El panteísmo afirma que Dios menos el mundo = 0. Están perfectamente identificados. La Biblia afirma que Dios menos el mundo = Dios. Él es distinto de todo lo creado. Entonces, que Dios se mude a mi casa no significa que tenga que mudarme. Pensamos en la presencia en términos de lo físico, no es así con Dios. Entonces, cuando leemos que el Espíritu «mora» o «permanece» en un cristiano, o leemos que Dios está «en el cielo», no se refiere tanto a la ubicación como a la relación. El Espíritu mora porque está presente con nosotros de una manera salvadora. Podemos «entrar en su presencia» no porque nos hayamos acercado espacialmente a Dios, sino porque accedemos a través de Cristo a una nueva relación con Dios donde podemos llevar todo ante el trono de su gracia. Entonces el infierno no es la ausencia de Dios, sino la ausencia de Dios de una manera salvadora. El infierno es la presencia de Dios en la plenitud de su ira.

Hablando en términos prácticos, la omnipresencia de Dios significa que siempre podemos estar seguros de la atención indivisa de Dios. No necesitamos hacer cola, hacer una cita o realizar una peregrinación religiosa. ¡Estamos en su presencia! Pero también es una advertencia. No tenemos lugar para escondernos. No hay un rincón del universo donde Dios no esté. Él lo ve todo. Jean Paul Sartre llama a Dios el «voyeur cósmico» porque odia la idea de que Dios está en todas partes. Esto significa que somos responsables. «Las escondidas» no es un juego que podamos jugar con Dios en nuestros pecados. No deberíamos engañarnos a nosotros mismos. Entonces, si estás tratando de esconderte, solo sal y confiésalo. No estás engañando a Dios. Reconcíliate con él.

Pero Dios no solo es omnipresente, también es infinito en poder u omnipotente. Dios puede hacer todo lo que decida hacer. Jesús nos dice en Mateo 19:26«para Dios todo es posible». Jeremías en Jer. 32:17 declara que no hay nada demasiado difícil para el Señor Soberano. ¿Entendiste? Nada es demasiado difícil para Dios.

¿Significa esto que Dios puede hacer todo? Pregunta clásica de primer año universitario: «¿Puede Dios hacer una roca tan grande que no pueda moverla?». Estás atrapado. Pero esa pregunta presenta un falso dilema basado en una suposición falsa, que Dios puede hacer cualquier cosa. Es mejor decir: «Dios puede hacer todo» al decir que «Dios puede hacer todo lo que quiera y sea consecuente con su carácter». Por ejemplo, según Hebreos, Dios no puede mentir (Hebreos 6:18). En 2 Timoteo 2:13, encontramos que Dios no puede negarse a sí mismo. Dios no puede dejar de ser Dios o actuar de una manera inconsistente con cualquiera de sus otros atributos.

Esto también es un gran estímulo. Un dios que puede sentir, pero no ayudar es de poca utilidad. Es un consuelo en nuestra persecución. «Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?» (Sal. 27:1) Es un consuelo en nuestras oraciones. «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…» (Efesios 3:20). Nos da confianza en el futuro. «Y a Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén» (Judas 24-25). Entonces, si Dios no responde nuestras oraciones o responde de una manera particular, confiamos en su sabiduría, la cual estudiaremos la próxima semana.

Pero Dios también es infinito en el tiempo, eterno. El Salmo 90:2 dice: «Antes que naciesen los montes  y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios». En Apocalipsis, el Señor Dios dice: «Yo soy el Alfa y la Omega… el que es y que era y que ha de venir». Esto no significa que Dios está en todas partes en el tiempo, sino que trasciende las limitaciones del tiempo. Él no tiene principio ni fin. Algunos han comparado el tiempo con un largo desfile. Estamos en el desfile, marchando solos, experimentando solo una sección de él. Mientras que Dios se encuentra en la cima de una montaña, lo ve todo a la vez. No lo está pasando por alto, por así decirlo.

Prácticamente, esto significa que Dios siempre estará ahí para nosotros. No será ese amigo que se aleja, o peor aún, muere sobre nosotros. Él siempre fue y será, y por eso siempre está ahí para nosotros. Podemos hacer todos nuestros planes en torno a él, confiar en él, saber que él estará allí, porque él es eterno.

Hermano, Dios no es como nosotros. Él es majestuoso, glorioso. Perfectamente autosuficiente, con planes perfectos, potencia perfecta, cubriendo todo, todo el tiempo. Antes de irte, hazte esta única pregunta. A la luz de todo esto, ¿por qué te sentirías tentado a poner tu amor, seguridad, bienestar en cualquier otra persona?

ORACIÓN

«¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!

¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Porque ¿quién entendió la mente del Señor?

¿O quién fue su consejero?

¿O quién le dijo a él primero, para que le fuese recompensado?

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.

A él sea la gloria por los siglos. Amén».

– Romanos 11:33-36

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2/26 – Doctrina de la Palabra – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 2/26

Doctrina de la Palabra – Parte 2

  1. Introducción

¡Bienvenido! Gracias por acompañarnos a explorar el tema trascendental de la revelación de Dios en su Palabra. Oremos…

Salmo 119:97-104: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos. Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira».

¿Podrías decir lo mismo acerca de la Palabra de Dios? Mi objetivo y oración por ti esta mañana es que esta clase te brinde una correcta doctrina de la Palabra que te lleve a un amor profundo por la Palabra, todo para la gloria de Dios.

La semana pasada consideramos cómo Dios es un Dios que habla. Él se reveló a sí mismo en su Hijo Jesús, el Verbo hecho carne, y en su Palabra, la Biblia. También  consideramos cómo el Antiguo y el Nuevo Testamento nos llegan como una revelación autoritativa de Dios. Él expresa su buen gobierno sobre nosotros a través de su Palabra. Somos sus criaturas y, por tanto, estamos obligados a creer en ella y obedecerla.

Esta mañana consideraremos dos cosas fundamentales: el canon de la Escritura y las cualidades de la Escritura. En otras palabras, qué libros conforman la Biblia; y luego, ¿qué hace a la Biblia distintiva y única?

1.1. El canon de la Escritura

Comenzamos con el canon de las Escritura, porque tan pronto como afirmamos la autoridad de las Escrituras, surge la pregunta de cuáles escritos representan la revelación autoritativa de Dios. Esta es la pregunta del canon. Canon es la transliteración griega de una palabra semítica que significa «caña de medir», «regla» o «estándar». Esta es una pregunta importante, especialmente porque hoy en día hay especiales de televisión populares que representan erróneamente la historia de la Biblia como un drama político sórdido con trastienda para conseguir este libro, mantener ese libro, etc. Ten en cuenta que hay una clase completa en el seminario básico de apologética que se ocupa de otros temas acerca de la fiabilidad de las Escrituras, como la transmisión (la fiel copia de manuscritos bíblicos en el primero siglo) y la traducción. Hoy vamos a restringirnos a esta pregunta clave acerca de cuáles libros pertenecen a la Biblia. Comencemos con el Antiguo Testamento.

1.1.1. Canon del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento se divide tradicionalmente en la ley, los profetas y los escritos. Aunque estos libros fueron escritos en diferentes lugares en diferentes momentos, creció el reconocimiento en el judaísmo de que todos los libros pertenecían juntos y constituían la revelación verbal de Dios a su pueblo[1].

La imagen que obtenemos de las primeras fuentes judías y del Nuevo Testamento en sí es que el canon del Antiguo Testamento fue simplemente un asunto establecido entre los judíos de los días de Jesús. No hay registro de ningún altercado entre Jesús y otros judíos al respecto. El mismo Jesús en Lucas 24:44 se refiere a la Escritura como «la ley de Moisés, los profetas y los salmos (o escritos)», la división hebrea tradicional. Dice que todas estas secciones del Antiguo Testamento lo señalaban y se cumplieron en él[2].

Ahora los judíos tenían otros libros, por supuesto, incluyendo comentarios acerca de los libros bíblicos, pero nunca fueron referidos como Escritura, las mismísimas palabras de Dios. Algunos de estos libros, conocidos como los apócrifos, se vincularon a la traducción griega del Antiguo Testamento muchos cientos de años después, en el siglo IV d. C., pero incluso entonces los primeros cristianos no trataron estos libros como parte de la Escritura, sino como escritos inspiradores y devocionales[3].

1.1.2. Canon del Nuevo Testamento

¿Qué hay del Nuevo Testamento?  Hebreos 1:1 dice: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo». Hay un patrón: en el Antiguo Testamento, Dios actúa y luego nos proporciona las interpretaciones de esas acciones a través de la palabra escrita. Fue lo mismo con la venida de Cristo. Dios actuó enviando a su Hijo, y luego proporcionó una interpretación escrita de esa acción[4].

Algunos escritores dan la falsa impresión de que la iglesia tardó mucho tiempo en reconocer la autoridad de los documentos del Nuevo Testamento, señalando al Concilio de Cartago en el año 397 como la fecha en que se tomó la decisión «final» acerca de cuáles libros estaban dentro y cuáles estaban fuera. Sin embargo, es importante observar la distinción entre el reconocimiento de la autoridad de un libro y la elaboración de una lista que incluye el libro. Esto último habría tomado algo de tiempo, especialmente en el mundo antiguo. Con todo, los 27 libros del Nuevo Testamento habían estado en circulación durante siglos y se les trató como Escritura desde el principio. No es correcto decir que los primeros cristianos tenían una gran variedad de creencias creativas y estanterías enteras llenas de evangelios y textos alternativos. «Los únicos escritos cristianos que datan con seguridad del primer siglo son» los libros del Nuevo Testamento[5]. Sí, algunos líderes debatieron si algunos libros tenían autoridad —principalmente cartas como Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis, que tienen temas y énfasis ligeramente diferentes a las cartas de Pablo—, pero en comparación con los libros no bíblicos, que fueron rotundamente rechazados sin mucha controversia, estos libros fueron ampliamente aceptados en todo el mundo cristiano.

De hecho, cada vez que alguien me pregunta: «¿Cómo sabes que los evangelios en la Biblia son los documentos más antiguos y originales y que los otros evangelios no fueron destruidos en una conspiración política desviada?», tengo dos respuestas básicas. En primer lugar, los primeros creyentes se preocuparon mucho por la verdad y defendieron en sus cartas por qué los libros del Nuevo Testamento son autoritativos. Estos muchachos tenían muchas diferencias teológicas y venían de diferentes partes del mundo, sin embargo, no los vemos discutiendo por la inclusión de evangelios gnósticos.

En segundo lugar, preguntaré a esta persona si alguna vez ha leído alguno de estos textos alternativos. Todo lo que necesita hacer es leerlos y verá que éstos tratan de replicar el formato del evangelio, pero para presentar un mensaje radicalmente diferente. El Evangelio de Pedro, por ejemplo, afirma revelar enseñanzas secretas de Jesús que nadie más conoce, es obvio que es una respuesta a los verdaderos evangelios que intenta hacer que la gente no crea en ellos[6]. Solo un libro que vino muchos años después de los verdaderos evangelios haría una afirmación así.

Como cristianos, finalmente afirmamos que la Escritura se autentica a sí misma. Afirma y atestigua su propia veracidad. Sí, podemos demostrar su precisión al corroborarla con otras fuentes históricas. Pero al final del día, el cristiano recibe la Escritura como la Palabra de Dios porque el Espíritu Santo que la inspiró testifica al creyente que es verdadera. Jesús, hablando de sí mismo como el Buen Pastor, enseñó: «las ovejas le siguen, porque conocen su voz» (Juan 10:4). Curiosamente, pero no sorprendentemente, es común escuchar a musulmanes y otros no cristianos decir cuando leen las Escrituras por primera vez: «Ahora bien, así es como esperaría que sonara una Palabra de Dios».

Entonces, ¿cómo sabían los primeros cristianos cuáles escritos provenían de Dios y cuáles no? Es importante notar que ellos no se vieron a sí mismos «escogiendo» o «decidiendo» los libros de la Biblia. Más bien, hablaron de «recibir» o «heredar» los libros autoritativos de cada generación anterior. Vieron que estos libros tenían autoridad porque provenían de Dios, no porque ninguna iglesia o líder les pusiera un sello de aprobación. Pero no solo los aceptaron a ciegas. Tenían cuatro criterios para demostrar que su aceptación de estos libros era legítima. (Da vuelta a la página en el folleto).

El primer criterio fue la apostolicidad. ¿El documento fue escrito por un apóstol o alguien con contacto inmediato a un apóstol? Solo aquellos que conocieron a Jesús o que fueron compañeros íntimos de sus discípulos pudieron escribir creíblemente acerca de Cristo.

El segundo era la antigüedad. Incluso si alguien intentaba colocar el nombre de un apóstol en un libro, era necesario que el libro se originara desde el tiempo de los apóstoles. Esto es lo que eliminó muchos de los últimos «evangelios» y escritos gnósticos.

El tercero era la conformidad con la regla de la fe (ortodoxia). Un libro tenía que sonar consistente y ajustarse a la verdad ya dada, sea que hubiese sido transmitido oralmente o en los libros bíblicos que habían comenzado a difundirse. Es fácil ver por qué un libro como el llamado Evangelio de Tomás no pasó esta prueba; en él, Jesús dice que hará de María un varón porque las mujeres solo pueden entrar en el Reino de los cielos si se vuelven hombres. Eso es totalmente contradictorio con lo que dice Pablo acerca de los hombres y las mujeres que heredan el Reino en Gálatas, uno de los primeros libros bíblicos escritos.

El cuarto fue la universalidad, es decir, el uso generalizado y continuo por parte de las iglesias en todo el mundo conocido. Lo que es notable (desde una perspectiva humana) es que hubo tanto acuerdo en tantos libros tan rápidamente.

Un par de implicaciones importantes de todo esto. Primero, la iglesia no creó la Biblia por su autoridad, como enseña el catolicismo romano. ¡Es al revés! La Biblia poseía su autoridad inherente como la Palabra de Dios, y es esa palabra la que trajo vida a la iglesia. Por tanto, la iglesia simplemente reconoció lo que Dios ya inspiró.

Segundo, no nos sorprende que el canon se cerró con el fallecimiento de Cristo y los apóstoles. De la misma manera que se cerró con el final de la era profética del Antiguo Testamento en anticipación de Cristo, por lo que se cerró con el fallecimiento de Cristo mientras esperamos su regreso. El Antiguo Testamento, en pasajes como Malaquías 4 y Deuteronomio 18, indicó que había más profecía por venir. Pero el Nuevo Testamento ahora no nos da ninguna expectativa de más revelación. Pablo dice en Efesios 2 que la iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles (Nuevo Testamento) y los profetas (Antiguo Testamento). No necesitamos más y no debemos esperar más. Podemos confiar en la Palabra que hemos recibido, ¡y debemos alabar a Dios por cómo ha iluminado con su luz nuestra oscuridad y nos ha traído esta Palabra que no merecíamos conocer!

1.2. Atributos de la Escritura

Pasemos ahora a lo que hace que la Escritura sea única. La Escritura hace algunas afirmaciones asombrosas acerca de sí misma, y Jesús mismo trató al Antiguo Testamento de acuerdo con estas afirmaciones. Queremos tener la misma visión de la Biblia que Jesús.

Verás en tu folleto un gran resumen de la declaración de fe de nuestra iglesia: Artículo 1, Declaración de Fe de CHBC: Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados, y es un tesoro perfecto de instrucción celestial; que tiene a Dios como su autor, la salvación como su fin, y la verdad sin ninguna mezcla de error como su materia; que revela los principios por los cuales Dios nos juzgará y, por tanto, es, y permanecerá hasta el fin del mundo, el verdadero centro de la unión cristiana, y el estándar supremo por el cual todas las conductas humanas, credos y opiniones deben ser juzgados.

Repasemos los 6 atributos de la Escritura que se encuentran detrás de esta declaración. A medida que analicemos cada uno, trataré de dar algunas reflexiones sobre por qué es importante y cómo podemos responder.

1.2.1. Inspiración divina

Primero, vemos que la Escritura es divinamente inspirada2 Ti. 3:16 dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios». 2 Pedro 1:20-21: «Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo»[7].

Es tan sencillo como esto: lo que la Escritura dice, Dios dice. Esto no quiere decir que Dios borró la personalidad o voluntad del escritor, ni esto requiere que veamos la Biblia como una especie de «dictado»  donde los hombres se convirtieron en simples robots o marionetas. Tanto el rey David como el apóstol Pablo tienen sus propias personalidades y estilos, y Dios a través de su propia actividad providencial y sobrenatural trabaja dentro de cada autor para asegurar que lo que escriben sea su palabra. Los teólogos llaman a este proceso «concursus», del latín «concurrere», funcionar juntos.

¿Por qué importa esta doctrina? Si la Biblia es de origen humano, siempre puede mejorarse o rechazarse. La Biblia evolucionaría con los tiempos. Pero si es de origen divino, la Biblia es atemporal. Prevalece sobre nosotros como nuestro juez, y no al revés. Necesitamos arrepentirnos de nuestra tendencia a obedecer la Escritura solo cuando parece razonable o culturalmente aceptable. Y, básicamente, si quieres encontrarte con Dios, el Dios que te hizo y quien hizo y sostiene todo lo que te rodea, ¿a dónde vas? ¡Encontramos a Dios en su palabra! ¡Eso es lo que nos dio!

Entonces, para aplicar esto, permíteme alentarte a simplemente aprender acerca de la Biblia. Dios inspiró no solo partes de ella, no solo las partes más famosas o las secciones que nos parecen más relevantes, sino todo. ¿Puedes resumir el mensaje del libro de Jueces? ¿Qué hay de Nahum o 3 Juan? ¿Por qué no hacer que tu objetivo sea aprender algunos libros de la Biblia realmente bien cada año? Dentro de 10 o 20 años, conocerás la Biblia como la palma de tu mano.

1.2.2. Inerrancia bíblica

Segundo, encontramos que la Escritura es inerrante. La inerrancia de la Escritura significa que la Escritura en los manuscritos originales no se equivoca ni dice nada falso o inexacto. En otras palabras, la Biblia siempre dice la verdad con respecto a todo lo que habla. Errar es de humanos. Pero Proverbios 30:5 dice: «Toda palabra de Dios es limpia»Hebreos 6:18 dice: «es imposible que Dios mienta». Aunque la Biblia fue escrita por hombres caídos, Dios ordenó su inspiración de tal manera que no cometieran ningún error. Así es como Jesús trató la Biblia, dijo que la Escritura no puede ser quebrantada (Juan 10:35).

Y esta doctrina es de suma importancia. Durante siglos fue suficiente para los cristianos afirmar que la Escritura es absolutamente verdadera. Pero en estos días creo que es importante usar esta palabra un poco más desagradable «inerrante», porque hay algunos creyentes profesantes que han argumentado que la Biblia transmite la verdad espiritual, pero todavía comete errores humanos. Dicen esto con la esperanza de hacer que la Escritura sea más atractiva para un mundo escéptico. Pero es profundamente problemático. Si la Escritura comete algunos errores, ¿cómo podemos confiar en ella para las cosas más importantes? Ahora, en lugar de aceptar todo lo que dice la Escritura, abres la posibilidad de que los seres humanos digan: «Bueno, esa fuerte enseñanza es un error, no voy a aceptar esa parte». ¿Quién debe juzgar qué aceptar y qué rechazar? La Biblia no se divide en afirmaciones «espirituales» por un lado y afirmaciones «históricas» o «fácticas» por el otro. Se presenta como la verdad absoluta.

Entonces, ¡debemos aplicar esta doctrina de la inerrancia confiando en la Biblia! Hablando en términos prácticos, esto significa que cuando encuentres cosas en las Escrituras que son difíciles de digerir o difíciles de entender, procura descifrarlas. Dios no miente. Él ha puesto esto en su Palabra por una razón y puedes beneficiarte de cada versículo.

1.2.3. Infalibilidad bíblica

Tercero, vemos que la Escritura es infalible, lo cual está estrechamente relacionado con la inerrancia. La inerrancia es la cosa en sí: la Biblia es totalmente verdadera. La infalibilidad se refiere al resultado de eso. Debido a que la Biblia es verdadera, por tanto, (resultado) nunca nos engaña.

Así que, por ejemplo, creemos en una Biblia infalible y entonces creemos que existió un hombre real llamado Jonás que fue tragado por un gran pez y estuvo dentro del pez durante tres días. Si también decimos que la Biblia es infalible, estamos de acuerdo en que este acontecimiento es confiable y útil para nosotros. De hecho, es un ejemplo fácil porque el mismo Jesús creía tan claramente en la historia de Jonás como un hecho histórico y lo veía como una señal de su muerte y resurrección (véase Mateo 12:40).

Un breve aparte, ocasionalmente encontrarás a algunos que felizmente afirmarán la infalibilidad de la Biblia. Y uno pensaría que tienen a la Escritura en alta estima. Pero silenciosamente no afirmarán la inerrancia. En otras palabras, dirían que la Biblia es infalible y, por tanto, confiable «en asuntos de fe y práctica», pero eso no significa que todo lo que registra literalmente haya sucedido. Tiene que ser «espiritualizado», para que puedas tomar la «cáscara» de algún acontecimiento histórico que puede no ser cierto y encuentres la «semilla» espiritual dentro de él. Cuídate de esa leve ofensa teológica.

La infalibilidad es crucial, porque significa que prácticamente podemos depender de las Escrituras para encontrar dirección y guía en la vida. Es un «tesoro de instrucción celestial» para citar la declaración de fe de nuestra iglesia. Entonces, si te encuentras en los guturales tiros de la depresión, luchando con el pecado, buscando sabiduría, la Palabra de Dios es tu guía celestial. Hablando en términos prácticos, este es un argumento importante para memorizar la Escritura. Escóndela en tu corazón para que cuando lleguen las tormentas de la vida, puedas recitar las promesas de la Palabra de Dios para ti.

1.2.4. Claridad (perspicuidad) de la Escritura

Cuarto, vemos que la Escritura es clara. Esto también se conoce como la perspicuidad de la Escritura. La perspicuidad o claridad de la Escritura significa que las personas comunes, no solo los pastores y los cristianos súper maduros, son capaces de leer la Biblia por sí mismos y de entenderla correctamente.

En el Salmo 19:7, David escribe: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». En Deuteronomio 6, se les dice a los padres que enseñen la Palabra de Dios a sus hijos, porque la suposición es que pueden obtenerla. Si bien sabemos que algunas partes de la Escritura pueden ser difíciles de entender (2 Pedro 3:16), esto se debe a que ninguno de nosotros tiene una sabiduría perfecta. No es debido a la naturaleza de la Biblia. En esencia, la Escritura no es un rompecabezas místico que requiere un conocimiento especial para desbloquear su código. Es accesible para todos. Pablo escribió la mayoría de sus cartas no a los líderes de las iglesias sino a congregaciones enteras, incluyendo creyentes educados y sin educación[8].

Ahora bien, muchos preguntarán: si la Escritura es clara, entonces ¿por qué tenemos diferentes interpretaciones de lo que significan varios pasajes? Si bien la Palabra de Dios es perfecta, las personas a quienes se la dio no lo son. La claridad de la Escritura no significa que todos los creyentes estén de acuerdo en cada enseñanza de la Escritura. En general, los cristianos evangélicos están en gran medida de acuerdo en los asuntos esenciales, como el evangelio, pero difieren en lo no esencial, que es relativamente menos claro en la Escritura, como el milenio, por ejemplo.

La claridad de la Escritura significa que estudiar la Palabra de Dios no es una aventura infructuosa. Vale la pena invertir tu tiempo en ella. Las misiones y el trabajo de traducción no son en vano. Personas de todas las culturas pueden entender la Biblia. Por tanto, en tu evangelismo, usa la Biblia. Invita a los no cristianos a que la lean por ellos mismos, y deja que el poder sobrenatural y la claridad de sus palabras logren lo que tus palabras solas simplemente no pueden hacer. Haz que la tomen y la lean.

1.2.5. Necesidad de la Escritura

Quinto, vemos que la Escritura es necesaria. La necesidad de la Escritura significa que la Biblia es necesaria para conocer el evangelio, para mantener la vida espiritual y para conocer la voluntad de Dios. No es necesario saber que Dios existe o saber algo acerca del carácter de Dios y las leyes morales. Esto puede verse a partir de lo que llamamos la «revelación general» de Dios en la naturaleza (según Romanos 1) y en la propia conciencia (según Romanos 2). Pero todos hemos eliminado este conocimiento natural o general de Dios. Más tarde, en Romanos 10, Pablo deja en claro que solamente podemos ser salvos si escuchamos las buenas noticias de Jesús, y que las buenas noticias vienen a través de la revelación especial de Dios que ahora hemos registrado en la Biblia.

Entonces, la Escritura es necesaria en un sentido primordial para que aprendamos el camino de la salvación, pero también es necesaria en un sentido secundario, porque regularmente necesitamos escuchar la Palabra de Dios para conocerlo mejor, crecer en él, amarle más, ser convencidos de nuestro pecado, y tener un corazón estremecido para alabarle. El Salmo 1:2 dice que bendito es el hombre cuyo deleite está en la ley del Señor, y en su ley medita de día y de noche.

[Aplicación rápida: meditar en las Escrituras significa llenar nuestras mentes con su significado y buscar en oración comprenderla. Aquí hay una manera fácil de meditar: toma un versículo y léelo varias veces, enfatizando una palabra diferente cada vez para comprender la contribución que una sola palabra hace a la oración. Ejemplo: Jehová es mi pastor, nada me faltará…].

1.2.6. Suficiencia de la Escritura

Finalmente, vemos que la Escritura es suficiente. La suficiencia de la Escritura significa que la Escritura contenía todas las palabras de Dios que Dios quería que su pueblo tuviera en cada etapa de la historia de la redención, y que ahora contiene todas las palabras de Dios que necesitamos para la salvación, para confiar plenamente en él y obedecerle perfectamente. Como Pablo escribe en 2 Timoteo 3:16-17«Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». Esto significa que tienes todo lo que necesitas para obedecer a Dios en la Biblia. No necesitas una palabra, una señal especial en el cielo o una «puerta abierta» para saber qué hacer. Dios es todopoderoso y ciertamente puede hacer lo que quiera, pero no nos dice que esperemos tales cosas. Él nos dice que aprendamos la Biblia y apliquemos su sabiduría a las decisiones difíciles de la vida.

Por tanto, si estás luchando con la santidad, con la satisfacción, el matrimonio, el trabajo, la crianza de los hijos, o simplemente con conocer y creer en Dios… ¿Por qué no te sumerges diariamente en la Escritura? Ella es suficiente para todo lo que necesitamos para la vida y la piedad. Así que ábrela y léela. Alaba a Dios por su Palabra inspirada, infalible, clara, necesaria y suficiente.

  1. Conclusión 

La experiencia vs. la Escritura

Para concluir, a pesar de que la tradición y la razón son importantes, en la medida en que nos ayudan a comprender lo que enseña la Escritura, al final son a la vez servidores de la Palabra, y no jueces sobre ella o colegas. Se sabe que tanto la tradición como la razón se equivocan: la Escritura no.

Situar la tradición y la razón del hombre como el fundamento para determinar si algo es la Palabra de Dios o no es tan inútil como tratar de hacer brillar una linterna contra el sol. Coloca los pensamientos y los caminos del hombre sobre los de Dios y busca usurpar la autoridad que Dios ha establecido en su Palabra que es testificada e iluminada por el Espíritu Santo. Solo el Espíritu Santo puede finalmente convencernos de la correcta autoridad de la Palabra de Dios. El mismo Espíritu que habló por boca de los profetas también nos convence de la Palabra exaltada de Dios.

No podemos decir que la Biblia simplemente «contiene» la Palabra de Dios. Es decir, que debemos intentar discernir por nuestra razón y experimentar qué es esa palabra. No, como evangélicos, debemos insistir en que la Biblia, en su totalidad unida, es la Palabra de Dios.

«La [verdad] de la Escritura no es flexible. No es exclusiva de cada persona. No está determinada por la experiencia personal o la opinión personal». Nuestras experiencias solo son valiosas en la medida en que son bíblicas. Debemos evaluar nuestra experiencia por la verdad de la Escritura; no evaluar la verdad de la Escritura por nuestras experiencias.

APÉNDICE A

Posibles cotizaciones que agregar.

Como bien dijo uno de los primeros teólogos bautistas en América: «El estudio de la verdad religiosa debe emprenderse y procesarse desde un sentido del deber, y con miras a la mejora del corazón. Cuando se aprende, no debe colocarse en el estante, como objeto de especulación; debe depositarse en lo profundo del corazón, donde debe sentirse su poder santificador… Como seres religiosos, busquemos comprender las verdades de la religión. Como seres inmortales, esforcémonos por familiarizarnos con la doctrina de la que depende nuestra felicidad eterna. Y tengamos cuidado de no solo recibirla fríamente en nuestro entendimiento, sino que su poder renovador siempre esté presente en nuestros corazones» (Dagg, Manual of Theology).

Entonces, ¿por qué crees que la Palabra de Dios en forma escrita es un beneficio para nosotros hoy que vivimos entre la cruz y la segunda venida (Éxodo 34:27Deuteronomio 31:9)? (1) FIABILIDAD: Conserva con precisión las palabras de Dios para las siguientes generaciones; 2) PERMANENCIA: Permite el estudio repetido y cuidadoso de las palabras de Dios; 3) ACCESIBILIDAD: Es accesible para más personas que la comunicación oral.

Artículo I, De las Escrituras, Declaración de Fe de Capitol Hill Baptist Church:

«Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados, y es un tesoro perfecto de instrucción celestial; que tiene a Dios como su autor, la salvación como su fin, y la verdad sin ninguna mezcla de error como su materia; que revela los principios por los cuales Dios nos juzgará y, por tanto, es, y permanecerá hasta el fin del mundo, el verdadero centro de la unión cristiana, y el estándar supremo por el cual todas las conductas humanas, credos y opiniones deben ser juzgados».

«Los apóstoles reclamaron una comisión autoritativa de Cristo para actuar como sus representantes en la fundación y construcción de las primeras iglesias. Se presentaron como embajadores de Cristo y su mensaje como la Palabra de Dios. Afirmaron haber recibido el Espíritu Santo de una manera única, para poder entender correctamente el misterio de la revelación de Dios en Cristo y proclamarlo en declaraciones normativas y autorizadas, ‘no en las palabras que la sabiduría del hombre enseña, sino la que el Espíritu Santo enseña’. Su autoridad les había sido dada por Cristo a través de su palabra de comisión y su don del Espíritu»[9].

La tarea de la teología sistemática es ser (1) integral, es decir, cubrir todas las enseñanzas estándares de la Escritura, (2) coherente, demostrar las interrelaciones de los diversos temas, (3) contextual, es decir, interpretar el barrido de la doctrina en términos de temas actuales, y (4) puntos de vista históricos y contemporáneos conversacionales e interesantes. Robert Reymond, New Systematic Theology of the Christian Faith, xxxiii.

El teólogo sistemático Robert Reymond resume estas verdades: «Un autógrafo inerrante e infalible es la única visión de la Escritura original que concuerda con la naturaleza del Dios del teísmo cristiano: un Dios santo, en quien no hay tinieblas y que no puede mentir, solo podría inspirar a hombres a escribir un relato perfecto de la revelación recibida de él».

Martyn Lloyd-Jones, en un discurso titulado «La Autoridad de la Escritura», opinó acerca de la posición subjetivista. Comentó que estos teólogos sugieren «que aquellos de nosotros que somos evangélicos conservadores somos ‘bibliotecarios’’ es decir, ponemos a la Escritura en el lugar del Señor. Su propia autoridad, nos dicen estos críticos, no es la Escritura, sino el Señor. Ahora bien, esto suena muy impresionante y muy imponente al principio, como si estuvieran declarando aquello por lo que estamos contendiendo. Suena como si fuera una posición altamente espiritual hasta que, nuevamente, comienzas a examinarla cuidadosamente. Las preguntas obvias para los que hacen tales declaraciones son estas: ‘¿Cómo conocen al Señor? ¿Qué saben acerca del Señor, aparte de la Escritura? ¿Dónde lo encuentran? ¿Cómo saben que lo que parecen haber experimentado con respecto a él no es producto de su propia imaginación, de un estado psicológico anormal o de algún poder oculto o espíritu maligno?’. Todo suena muy impresionante e imponente cuando dicen: ‘Voy directamente al Señor’. Pero debemos enfrentar a la cuestión vital sobre la base de nuestro conocimiento del Señor, nuestra certeza con respecto incluso a su autoridad, y cómo debemos entrar en posesión práctica de eso».

«Los dos Testamentos son los dos labios por los cuales Dios nos ha hablado». – Thomas Watson

Solo en el Pentateuco, las palabras «Jehová dijo» aparecen casi 800 veces, y las palabras, «Así dice el Señor» son un tema recurrente a lo largo de los profetas.

El Salmo 19:7-8 dice: «La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma [necesidad de la Escritura]. El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo [claridad de la Escritura]. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón [autoridad de la Escritura]».

Pregunta: ¿Cómo debemos entender los distintos textos en nuestras Biblias, como Juan 7:53-8:11 y Marcos 16:9-20? Respuesta: Estos textos se mencionan en la mayoría de las Biblias porque no forman parte de los primeros manuscritos más confiables. No son Escritura, pero son tradición, tradición muy antigua y posiblemente muy buena. Otras variantes más pequeñas, como Lucas 23:34, se incluyen en algunos de los mejores manuscritos y se omiten en otros.

Pregunta: ¿Cómo debemos entender las citas en la Escritura tomadas de la literatura no canónica, como el Libro de Enoc (Judas) o los autores griegos seculares (Pablo)? Respuesta: El que un escritor del canon cite una fuente secular, no significa que tome dicha fuente y la eleve a la par de la Escritura. También debemos sostener que un escritor del canon puede usar citas fuera de la Escritura, siempre y cuando no las cite inequívocamente como Escritura. Por ejemplo, en Judas 14, se cita el Libro de Enoc, probablemente porque era un escrito bien conocido entre su público y daba a entender que Dios juzgará a los impíos. A menudo usamos escrituras no canónicas para transmitir un punto verdaderamente bíblico a otros en nuestras propias conversaciones.

Pregunta: ¿Por qué algunas citas en el Nuevo Testamento del Antiguo Testamento son diferentes del texto del Antiguo Testamento? Respuesta: No debemos exigir que las citas de la Escritura sean verbales porque fueron escritas en otro idioma y solo necesitan ser lo suficientemente precisas en la traducción, sin tergiversar el texto.

Pregunta: Si la Escritura es clara, entonces ¿por qué tenemos diferentes interpretaciones de lo que significan varios pasajes? Respuesta: Si bien la Palabra de Dios es perfecta, las personas a quienes se la dio no lo son. La claridad de la Escritura no significa que todos los creyentes estén de acuerdo en cada enseñanza de la Palabra. En general, los cristianos evangélicos están de acuerdo en gran medida en los asuntos esenciales (por ejemplo, el evangelio) y difieren en lo no esencial (milenio).

Para la sección del Nuevo Testamento:

«Jesús nombró y capacitó directamente a los apóstoles como los maestros autorizados del Nuevo Pacto, y fueron reconocidos como tales por la iglesia» (J. Wenham, Christ and the Bible).

Para la sección de peligros:

«La teología sistemática es esencial. La teología bíblica… es profundamente enriquecedora. Pero no son la forma en que Dios escribió la Biblia, y para dejarlas gobernar el sermón, en lugar del texto de la Escritura tal como está escrito, se debe terminar hablando de la Biblia en lugar de dejar que la Biblia hable. Una es las palabras de los hombres; la otra la Palabra de Dios». (D. Jackman, What’s So Special about Preaching en The Rutherford Journal of Church and Ministry, otoño de 2006).

«Además de la evidencia textual derivada de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento, el estudiante del Nuevo Testamento tiene disponibles las numerosas citas bíblicas incluidas en los comentarios, sermones y otros tratados escritos por los primeros padres de la Iglesia. De hecho, estas citas son tan extensas que si todas las otras fuentes para nuestro conocimiento del texto del Nuevo Testamento fueran destruidas, serían suficientes por sí solas para la reconstrucción de prácticamente todo el Nuevo Testamento» (Bruce Metzger, The Text of the New Testament).

APÉNDICE B

El canon de la Escritura

Los siguientes son principios útiles que se usan para determinar si un libro se considera Escritura o no. «Los motivos para la canonicidad se encuentran en una interacción de factores subjetivos y objetivos sobre-gobernados por la Divina Providencia»[10].

Es autoritativo y proviene de Dios.

  1. El significado del Antiguo Testamento permaneció en el Nuevo, y el fundamento del Nuevo Testamento estaba oculto en el Antiguo. Ambos Testamentos muestran continuidad y fueron todos de una sola pieza (Juan 10:35).
  2. Jesús defendió, se sometió y cumplió el Antiguo Testamento, incluso muriendo en obediencia a la Escritura (Mateo 5:17Lucas 24:44).
  3. Los ministros del nuevo pacto hablaron con palabras dadas por el Espíritu Santo (1 Corintios 2:13), eran de autoridad divina (1 Tesalonicenses 4:22 Tesalonicenses 2:15), y debían leerse con otra Escritura (1 Tesalonicenses 5:27Col. 4:16Apocalipsis 1:3).
  4. «No había nada manifiestamente sobrenatural sobre el cautiverio de Babilonia, pero fue visto con razón como un acto de Dios. No había nada manifiestamente sobrenatural en la formación del canon, pero por la forma en que sucedió y por sus resultados también se puede ver razonablemente como un acto de Dios»[11].

Fue escrito por un hombre de Dios (por ejemplo, una autoría o aprobación profética o apostólica).

  1. Muchos profetas ordenaron que sus oráculos fuesen escritos (Jeremías 36; Is. 8:16).
  2. Muchos profetas citan a los primeros profetas que muestran su autoridad (Daniel 9:2Zacarías 1:4-67:712).
  3. Las palabras de David provenían del Espíritu Santo (Hechos 4:25).
  4. Las palabras de Cristo en los Evangelios fueron consideradas autoritarias de inmediato.
  5.   Las palabras de los apóstoles fueron inspiradas por el Espíritu Santo (Juan 14:261 Corintios 2:13Juan 16: 12-15).
  6.   Los libros no apostólicos escritos habrían sido afirmados en su autenticidad por los apóstoles que vivían entonces (por ejemplo, Pablo habría afirmado Lucas y Hechos y Pedro habría afirmado a Marcos).
  7. Los escritos de Pablo se consideran como otra Escritura (2 Pedro 3:162) y se leen entre los cristianos (Col. 4:16).
  8. Lucas se considera con Deuteronomio como Escritura (1 Timoteo 5:18).

Tuvo una aprobación continua y generalizada entre los cristianos.

  1. El canon nunca fue creado por hombres, sino que fue reconocido.
  2. La Ley de Moisés impregna toda la historia de Israel.
  3. La traducción griega de la Septuaginta (completada alrededor del año 132 d. C.), que estaba disponible en tiempos de Cristo, parecía contener varios libros de los apócrifos, según qué copia de la Septuaginta se lea (las copias más confiables provienen del siglo IV y V d.C.). Pero esto no significa que estos libros se entendieron como canon junto con otros libros indiscutibles del Antiguo Testamento, como se señaló con Filón, Josefo y Cristo.
  4. No hay disputa entre Jesús y los judíos acerca del alcance del canon del Antiguo Testamento.
  5.   Filón, un filósofo judío de Alejandría (año 20 a.C. – 40 d.C.) citó mucho el Antiguo Testamento y reconoció su triple división, pero nunca citó los apócrifos como inspirados.
  6.   Josefo (nacido en 37 d. C.) era probablemente el judío más sabio de su época y muy calificado para informar sobre las creencias judías. Dijo que desde Artajerjes (435 a. C. – Malaquías) hasta nuestro tiempo todo se ha registrado, pero no se ha considerado digno de crédito con lo que precedió, porque la sucesión exacta de los profetas cesó». Con esto descarta los apócrifos como autoritativos.
  7. El número de libros canónicos durante la época de Josefo se consideró fijo y el Antiguo Testamento tenía una clasificación triple (ley, escritos, profetas, Lucas 24:44).
  8. Ireneo fue entrenado bajo Policarpo, quien fue discípulo de los apóstoles. Él cita de casi todo el Nuevo Testamento sobre la base de su autoridad.
  9.   No hay citas de los apócrifos en el Nuevo Testamento, sin embargo, hay alrededor de 300 citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento. (Judas 9 cita la Asunción de Moisés y el versículo 14 cita a 1 Enoc con fines ilustrativos, pero eso no significa que él creyera que fueron inspirados, al igual que Pablo cuando cita poetas griegos (Hechos 17:281 Corintios 15:33), Tito 1:12). Tampoco son parte de los libros apócrifos).
  10.   Jerónimo (alrededor de 400 d. C.) tradujo la mayor parte de la Biblia al latín (la Vulgata) pero rechazó los apócrifos aunque tradujo algunos de los libros antes de su muerte. La distinción teórica entre el Antiguo Testamento y los apócrifos siempre fue conocida en la iglesia de Oriente y Occidente, sin embargo, Occidente necesitaba definir el canon como resultado de la Reforma y se mantuvo firmemente unido a ellos porque apoyaban la visión de Roma de la justificación y el purgatorio. No obstante, otras doctrinas falsas aparecen en los apócrifos, como la creación a partir de la materia preexistente, y existen errores históricos y geográficos (Tobías, 1 Esdras).
  11. La herejía de Marción, quien rechazó el Antiguo Testamento y elaboró ​​una nueva lista de escritos sagrados cristianos, alentó el establecimiento de un nuevo canon (es decir, el Nuevo Testamento), y la herejía de Montano, quien afirmó nuevas revelaciones, alentó la idea de un canon cerrado.
  12.   No todas las escrituras apostólicas fueron inmediatamente reconocidas como Escritura. La evidencia sugiere que hubo una aceptación muy temprana y generalizada de los Evangelios, Hechos, las cartas de Pablo, 1 Pedro y 1 Juan como autoritativos. Los otros fueron cuestionados, pero no rechazados, por asuntos de autoría. Estos otros libros fueron probados con severos escrutinios y reconocidos por su valor y aceptación por parte del pueblo de Dios. Esto probablemente se deba en parte a las escrituras escritas en diferentes regiones geográficas, lo que trajo cierto retraso en la incertidumbre. Esto también muestra que la aceptación no fue dictada por los consejos, sino que recibió una respuesta positiva normal de la circulación.
  13. El Nuevo Testamento no era una colección de libros combinados por casualidad ni uno que se forzara en la iglesia. En cambio, se estableció de forma silenciosa y sin prisas en la vida de la iglesia.
  14. Los escritos del Nuevo Testamento circularon entre las primeras iglesias y el canon fue lo que terminó siendo guiado por el Espíritu Santo.
  15. Circulación debía suceder (I Tesalonicenses 5:27).
  16.   Atanasio de Alejandría (367 d. C.) nos da la lista más antigua de libros del Nuevo Testamento, que es como la nuestra hoy en día.
  17. La Reforma abrió todas las preguntas teológicas, incluido el canon, para el debate. Lutero y Zwinglio cuestionaron libros tales como Santiago y Apocalipsis, pero tales opiniones fueron rechazadas por las iglesias reformadas como un todo.
  18. La iglesia del Este no necesitó hacer una distinción clara del canon del Nuevo Testamento.
  19.   No hay una alternativa razonable al Nuevo Testamento y no existe un gran disenso para cambiarlo.
  20.   Aquellos que son el pueblo de Dios reconocerán la Palabra de Dios (1 Corintios 14:36-382 Tesalonicenses 2:15).

Los siguientes libros comprendieron la investigación del Apéndice B:

  • Fundamentalismo y la Palabra de Dios de J.I. Packer.
  • Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica de W. Grudem.
  • Christ and the Bible [Cristo y la Biblia] de J. Wenham.
  • Evidencia que exige un veredicto de J. McDowell.
  • El origen de la Biblia de P. Comfort.

[1] Roger Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church and its Background in Early Judaism (Eugene, OR: Wipf & Stock, 1985), 435. En el siglo II a. C., si no antes, los títulos y el orden de los libros básicamente se estandarizó. Si bien el rabino ocasional puede haber expresado dudas acerca de un par de libros, estas disputas fueron inusuales y de escala y significado limitados.

[2] Además, cuando Jesús en Mateo 23:35 menciona la sangre de Abel a Zacarías, parece estar identificando todo el canon del Antiguo Testamento. A pesar de que Zacarías no es el último en morir cronológicamente en el Antiguo Testamento, él es el último en morir en el orden hebreo de sus libros, que difiere de los nuestros. Así que Jesús está resaltando los sujetalibros, si se quiere, Abel (Génesis 4) a Zacarías (2 Crónicas 24), y todo lo demás.

[3] Vale la pena señalar que ninguno de los libros en los libros apócrifos figura entre los 39 libros del Antiguo Testamento, y con una excepción, el Nuevo Testamento no cita ninguno de ellos. La excepción es el libro de Judas, que alude a un par de estos libros, no los trata como Escritura sino como ejemplos útiles con los que la audiencia de Judas al parecer estaba familiarizada.

[4] Jesús enseñó a sus seguidores a esperar esto cuando les dijo en Juan 14:26: «el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho». Así es como se escribieron los evangelios: el Espíritu Santo inspiró a los seguidores de Jesús y a aquellos que los conocieron íntimamente a escribir lo que Jesús había enseñado. Él inspiró a otros apóstoles a escribir cartas autorizadas acerca de Jesús que se convirtieron en el resto de los libros de nuestro Nuevo Testamento.

[5] Greg Gilbert, Why Trust the Bible? (Wheaton: Crossway, 2015).

[6] Ibid., 74.

[7] Ahora bien, ¿Pedro solo estaba hablando del Antiguo Testamento? Más adelante en la misma carta, él indica que entiende que las cartas de Pablo también son bíblicas y, por tanto, también divinamente inspiradas. 2 Pedro 3:15-16: «como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición».

[8] El catolicismo romano rechaza esta doctrina. Solo la Iglesia (por medio de la cual se entiende los obispos y finalmente el Papa) puede interpretar correctamente la Escritura, razón por la cual prohibieron toda traducción de sus biblias latinas a un lenguaje común durante siglos. Pero fue el reconocimiento de la perspicuidad de la Escritura lo que llevó a Wycliff, Tyndale y Lutero a trabajar en traducciones de la Biblia en inglés y alemán porque creían que todos podían conocer las verdades de la Escritura.

[9] Ibid.

[10] J. Wenham, Christ and the Bible.

[11] J. Wenham, Christ and the Bible.

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1/26 – Introducción a la teología sistemática y doctrina de la Palabra

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 1/26

Introducción a la teología sistemática y doctrina de la Palabra

1. Introducción a la teología sistemática

1.1. ¿Qué es la teología sistemática?

Nuestra palabra «teología» proviene de dos palabras griegas, theos, que significa «Dios», y logos, que significa «palabra» o «mensaje». Cuando hablamos de teología sistemática nos referimos a la disposición metódica del estudio de Dios en divisiones lógicas y tópicas.

Por ejemplo, ¿qué dice la Biblia acerca de la creación? La práctica de la teología sistemática tiene como fin reunir todos los textos que aborden el tema de la creación, interpretarlos dentro de la gran historia de la Escritura, y luego resumirlos de una manera fiel y coherente. Si te diriges al reverso de tu folleto, verás el bosquejo para nuestra clase y los temas que estaremos discutiendo juntos.

1.2. ¿Por qué estudiar teología sistemática?

(1) Para la gloria de Dios

Dios se glorifica cuando buscamos conocerle (Filipenses 1:9-11). Por tanto, el objetivo de estudiar teología es llegar a conocer mejor a Dios y aprender cada vez más como complacerle. 1 Juan 2:3 dice: «Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos».

(2) Reflejar corporativamente a Cristo a los demás

Como cuerpo de Cristo, estudiamos teología para que la iglesia pueda ser un fiel reflejo de Dios al mundo. En tiempos donde el concepto de la verdad es cuestionado, la iglesia necesita estar preparada para «presentar defensa de la esperanza que hay en vosotros». Porque es a través de nosotros corporativamente, es a través de la iglesia, dice Pablo en Efesios 3 que la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer a los principados y potestades en los lugares celestiales (Ef. 3:10).

(3) Santificación y crecimiento individual

Individualmente, debemos estudiar teología a fin de que podamos ser santificados y crecer en conocimiento y fe. No queremos simplemente conocer acerca de Dios, como si él solo pudiera ser conocido a la distancia. No, en realidad queremos conocer a Dios personalmente y tener una relación con él. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (Pr. 1:7).

La verdad alimenta la adoración. La teología provoca la doxología. Es bueno preguntar, si nuestra adoración se siente superficial, ¿podría ser porque tenemos una teología superficial? Sin teología no hay combustible para el fuego de nuestra adoración. El calor duradero no viene de buscar más chispas (un orador motivacional, una conferencia nueva y genial, gran sonido musical). El calor duradero viene cuando vertimos la verdad de la Palabra de Dios en nuestras almas. ¡Lo que el pueblo de Dios más fundamentalmente necesita es una gran visión de Dios!

(4) La doctrina importa

Por último, deberíamos estudiar teología porque la doctrina importa. Ser un discípulo va más allá de tomar una decisión única. Escucha a Jesús en Juan 8:31: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos». No podemos simplemente inventar lo que creemos que Dios es o imaginar que él aprobará esto o aquello. Si lo hiciéramos, con mucha frecuencia terminaría pareciéndose a nosotros. Quizá esta sea la razón por la cual Pablo advierte a Timoteo: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas» (2 Ti.4:3-4).

Es la tentación del hombre caído determinar nuestra teología como un almuerzo bufé o un equipo de fútbol de fantasía. Pero la Biblia no concede a ningún cristiano el derecho de escoger y elegir qué doctrinas bíblicas quiere creer. La Biblia habla acerca del infierno, entonces necesitamos saber acerca del infierno. La Biblia habla acerca de la elección, necesitamos saber todo lo que las Escrituras dicen acerca de la elección.

La doctrina importa no solo porque necesitamos guardar las enseñanzas de Jesús, sino porque también debemos aclarar lo que Jesús y la Biblia no enseñan. ¿Es el mormonismo compatible con el cristianismo? ¿Promete Dios a sus seguidores prosperidad material? ¡Estas preguntas importan!

Entonces, ¿por qué estudiamos teología sistemática? La estudiamos (1) para la gloria de Dios; (2) para reflejar corporativamente a Cristo a los demás; (3) para santificación y crecimiento individual; y (4) porque la doctrina importa.

Habiendo aclarado por qué queremos estudiar teología sistemática, veamos algunas características fundamentales de la teología sistemática.

1.3. Hacer teología sistemática – Características fundamentales

1.3.1. Fundamentada bíblicamente

La teología sistemática debería tener algunas características clave. En primer lugar, debería estar fundamentada bíblicamente.

Últimamente, cada cosmovisión apela a una norma, un estándar, un tribunal de apelación de última instancia para determinar lo que es verdad. Cuando se trata de asuntos teológicos, la Biblia es esa norma.

Aunque esa es la posición de esta clase, debes saber que muchos no estarán de acuerdo con esta afirmación. El catolicismo romano, por ejemplo, alega que la enseñanza de la Iglesia tiene autoridad al menos a la par, si no superior, a la autoridad de la Biblia.

El «modernista» eleva la razón por encima de la revelación. Alega que «la base adecuada para creer una cosa no es que la Biblia o la tradición la contengan, sino que la razón y la conciencia la recomiendan» (Packer, Fundamentalism and the Word of God).

Mientras que el «posmodernista» niega la capacidad de hacer declaraciones absolutas de la verdad. No hay Autor (A mayúscula) que dé significado y orden al mundo. Por tanto, no hay una sola historia que defina nuestra existencia, ninguna metanarrativa bíblica de la creación a la redención. En cambio, cada uno de nosotros tiene lenguajes y experiencias propias, y versiones igualmente viables de la verdad. Para el «posmodernista» es ilógico apelar a verdades universales o a la «exactitud» de una religión por encima de otra.

Pero la enseñanza de esta iglesia es que solo la Biblia es la inspirada e inerrante Palabra de Dios, decisiva y completamente autoritativa para la fe y la vida. Veremos por qué creemos esto en unos momentos.

Así que, en primer lugar, la teología bíblica necesita estar fundamentada bíblicamente…

1.3.2. Informada históricamente

En segundo lugar, nuestra teología sistemática debería estar informada históricamente. Eso no quiere decir que la Biblia tenga un papel secundario frente a tradiciones históricas. Quiere decir que no hacemos teología en el vacío. Estamos parados sobre los hombros de gigantes. La historia tiene mucho que enseñarnos, y los evangélicos de hoy en día a menudo olvidan esto.

1.3.3. Contextualizada

En tercer lugar, nuestra teología sistemática debería estar contextualizada. No hacemos teología sistemática en un laboratorio estéril. No es nada fría, seca y clínica. Lee acerca del ejemplo de Pablo en Atenas en Hechos 17. Debemos tomar la enseñanza de la Biblia y aplicarla a los asuntos apremiantes de nuestros días. ¿Qué significa ser hombre y mujer? ¿Realmente existe algo como la verdad? ¿De qué manera definimos la vida? Esto tiene consecuencias para todo desde lo que pensamos acerca de los dormitorios mixtos hasta la ingeniería genética.

1.3.4. Vivida

Finalmente, nuestra teología sistemática debería ser y debe ser, vivida. La ortodoxia muerta no es verdadera ortodoxia. Recuerda la iglesia en Sardis de Apocalipsis 3:1, el apóstol Juan escribió: «tienes nombre de que vives y estás muerto. Sé vigilante». Estaban siendo condenados por no vivir la palabra viva que habían recibido. Así que si sales de esta clase y tus afectos no se agitan, tu alma no es alentada y tu vida transformada, no estás haciendo teología sistemática sin importar cuánto conocimiento poseas. La verdadera teología es la teología viva. Debería fortalecer nuestra fe y facilitar nuestro caminar.

Por tanto, queremos asegurarnos de que cualquier teología sistemática que hagamos esté (1) fundamentada bíblicamente, (2) informada históricamente, (3) contextualizada y (4) siendo vivida en nuestras vidas.

La doctrina de la Palabra
2.1. Introducción

Vayamos a nuestro primer tema de la clase: la doctrina de la Palabra. Aquí veremos por qué creemos que solo la Biblia, sola scriptura como lo expresan los reformadores, debe ser nuestra máxima autoridad cuando se trata de la fe cristiana.

A lo largo de nuestro curso mantendremos dos suposiciones o presuposiciones: (1) existe un Dios (trino, soberano y personal); y (2) él habla o se revela a nosotros.

Eso no es una excepción. Cada cosmovisión comienza con una presuposición, o serie de ellas. Para el empirista, es que nuestro mundo es una caja cerrada, solo podemos conocer lo que tocamos, probamos, sentimos, y que nuestros sentidos son guías confiables. Para el racionalista, es que se nos da un conjunto de ideas innatas en la mente (ya sea porque nacemos con ellas o porque el alma preexistía), y que el conocimiento surge cuando aplicamos la razón a dichas ideas.

Para el cristiano bíblico, es que Él está presente y no está callado (título reconocido de Francis Schaeffer). Que Dios existe y habla es, de hecho, una de las principales formas en que la Biblia distingue al Dios verdadero del resto de los dioses falsos (1 Reyes 18:24ff; Salmo 115:5ff; Habacuc 2:18-20).

Piensa en Elías desafiando a los profetas de Baal a un duelo y viendo como el único Dios verdadero trae fuego al agua de la zanja mientras que el falso dios Baal falla en responder.

O piensa en el salmista en el Salmo 115 diciendo: «Los ídolos de ellos… tienen boca, mas no hablan, tienen ojos, mas no ven».

Ahora bien, cuando nos referimos a la Palabra de Dios, no nos referimos simplemente a la Biblia. La Biblia es simplemente la Palabra de Dios escrita. La Palabra de Dios incluiría el poder por el cual Dios lleva a cabo todas las cosas según el designio de su voluntad (Ef. 1:11), incluida la creación (Gn. 1.3, Jn. 1.3). Es su presencia personal con sus criaturas. Pablo escribe en Romanos 10: «Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón» (Ro. 10:6-8). La Palabra de Dios lo revela. Por tanto, obedecer la Palabra de Dios es obedecer a Dios, despreciar su palabra es despreciarlo a él (Is. 66:2).

Incluso podríamos decir que la palabra o el habla de Dios es uno de sus atributos. Él es un Dios que habla. Eso no significa que la Biblia sea necesaria para su ser, pero la comunicación sí lo es. Hay compañerismo dentro de la Deidad. De la misma manera que Dios no tuvo que crear para ser creativo, no tuvo que hablarnos para demostrar que es comunicativo. Damos por hecho esto, pero el habla es el obsequio de Dios para nosotros.

Y una de las formas clave que toma la revelación… es la Escritura, la revelación especial de Dios comprometida con la escritura.

Entonces, comenzamos con las presuposiciones de que (1) existe un Dios y que (2) él habla o se revela a nosotros…

2.2. El caso de la Biblia como nuestra autoridad

¿Pero cómo sabemos que la Biblia es la palabra autoritativa de Dios para su pueblo? ¿Simplemente citamos 2 Ti. 3:16: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia»? ¡No! La Biblia como la palabra autoritativa de Dios impregna toda la Escritura. No está aislada simplemente a uno o dos versículos.

2.2.1. El Antiguo Testamento

Volviendo al Antiguo Testamento, vemos que la fe del antiguo Israel se basaba en la autoridad de la palabra escrita. No necesitamos ir más allá de los Diez Mandamientos, los cuales Dios mismo escribió, sobre dos tablas de piedra.

Moisés escribe en Dt. 5:22: «Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí».

Al entrar en una relación pactal con Israel, Dios le dio al pueblo su Palabra. Y a medida que se desarrolla la historia de la redención, Dios constantemente lleva a su pueblo de vuelta a su Palabra del pacto (véase Dt. 32).

¿Y dónde es puesta esta palabra? En el lugar más sagrado, en el Arca del Pacto. ¿Por qué? ¡Porque vino directamente de Dios!

El resto de los escritos de Moisés y las posteriores escrituras proféticas fueron siempre considerados no menos divinos, no menos verdaderas palabras de Dios, que las palabras que Dios había escrito con su propio dedo. El hecho de que el hombre escribió las palabras nunca afectó la realidad de que su autoridad e inspiración eran divinas (Romanos 3:2, Hechos 4:25, 28:25, Hebreos 3:7, 8:8, 10:15). «Así dice el Señor» de un profeta es equivalente a Dios hablando directamente.

2.2.2. El Nuevo Testamento reconoce la autoridad de las Escrituras del Antiguo Testamento

Y el Nuevo Testamento comparte este mismo testimonio de la autoridad divina del Antiguo Testamento. Jesús mismo trató las Escrituras del Antiguo Testamento como absolutamente autoritativas. En el Sermón del Monte, leemos que Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas (forma abreviada para hablar de todo el Antiguo Testamento), ni a corregirlos, sino a cumplirlos (Mt. 5:17). Él no solo tiene una alta visión de sí mismo, ¡sino que claramente tiene una gran visión de las Escrituras del Antiguo Testamento!

Jesús trató los argumentos de las Escrituras del Antiguo Testamento como decisiones finales. En Juan 10:35, Jesús declara que «la Escritura no puede ser quebrantada», refiriéndose al Antiguo Testamento. Cuando Jesús dice, «escrito está», la discusión ha terminado. Un buen ejemplo de esto es cuando Jesús cita Deuteronomio cuando es tentado en el desierto por el diablo.

Además, Jesús mismo acató las Escrituras. Se nos dice que vivió una vida perfecta de acuerdo con las Escrituras del Antiguo Testamento. Según su propio testimonio, incluso su muerte en la cruz ocurrió porque «era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de [Él] en la ley de Moisés y los profetas» (Lc. 24:44).

2.2.3. El Nuevo Testamento reconoce una autoridad a la par del Antiguo Testamento

Pero el Nuevo Testamento no solo testifica de la autoridad del Antiguo Testamento, sino que también reconoce su propia autoridad a la par con el Antiguo Testamento. Entonces en Mateo 28, Jesús habló a los discípulos después de su resurrección y parece ungirlos particularmente para completar su enseñanza. En Juan 14-16, Jesús promete enviar a los discípulos el Espíritu Santo que les recordará lo que les ha enseñado en el curso de su ministerio y guiarlos a toda verdad, incluyendo la enseñanza que Jesús no dio durante su ministerio terrenal porque era más de lo que los discípulos podían soportar (Véase también 1 Corintios 2:13 y Juan 16:12-15).

Los discípulos entendieron esto también. En 2 Pedro 3:16, Pedro dice de los escritos de Pablo que: «[Él] ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras…». Las cartas del apóstol Pablo se equiparan con las Escrituras.

En 1 Timoteo 5:18, Pablo dice: «Pues la Escritura dice…» y luego cita Deuteronomio y el Evangelio de Lucas, que no fue escrito por un apóstol sino que fue claramente aprobado y afirmado por aquellos apóstoles que todavía estaban vivos.

El punto inconfundible es este: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento dan fe de las Escrituras como la revelación autoritativa de Dios para su pueblo. La Biblia nos llega en un paquete unificado, lo que significa que no podemos escoger y elegir lo que nos gusta. Si es la Palabra de Dios, no estamos por encima de ella, determinando lo que aceptaremos y lo que no, sino que nos mantenemos debajo de ella, como los llamados a someternos humildemente a ella.

2.3. El canon de la Escritura

Pero esto hace surgir la pregunta de cuáles escritos representan la revelación autoritativa de Dios. Esta es la pregunta del canon. Canon es la transliteración griega de una palabra semítica que significa «caña de medir», «regla» o «estándar».

Inherentes a la discusión hay una cantidad de preguntas. Primero, ¿cómo obtuvimos estos 66 libros? Esa es la pregunta histórica que consume los programas de PBS o History Channel, donde la historia de la Biblia se convierte en un drama político sórdido con tratos clandestinos para conseguir este libro, mantener ese libro, etc.

Pero también hay más preguntas teológicas. Entonces, ¿cuál es la relación entre el canon y la autoridad? ¿Cuál vino primero? A saber, ¿los libros tenían una autoridad inherente que el canon simplemente reconoció o la Iglesia creó el canon, y así la iglesia le confirió autoridad a los libros colocándolos dentro del canon? U otra pregunta, ¿está cerrado el canon? Si es así, ¿por qué?

Estas son las preguntas que comenzaremos a considerar la próxima semana.

Clases Esenciales

Las clases esenciales de Capitol Hill Baptist Church nos ayudan a entender las sutiles complejidades y las grandes verdades de nuestro Dios, de la teología, del ministerio y de la historia, de la cual él es el autor. Diseñadas para usarse los domingos por la mañana, como una escuela dominical, las clases esenciales están abiertas a todas las personas. Por favor, siéntete libre para usar estos materiales de las clases esenciales en tu iglesia. Puedes imprimir y copiar todos los archivos (manuscritos, apuntes, etc.) como sea necesario, incluso adaptándolos para tus necesidades locales (personalizando los documentos para tu congregación). Es posible que existan enlaces en algunas de las clases que te dirijan a materiales protegidos por derechos de autor, pertenecientes a otras organizaciones.

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