La obra del Espíritu Santo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 16/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, ¿por qué Shai se sorprendería de eso? ¿Y qué es la regeneración del Espíritu Santo? Bueno, permíteme continuar y resumir la obra del Espíritu Santo; este será el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó así: «El Espíritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creación».

Ahora bien, quizá no sea necesariamente el resumen más pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta útilmente la obra del Espíritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del Espíritu está divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El Espíritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bíblicamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no están haciendo cosas diferentes. Por el contrario, están resolviendo el único plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26«Pero cuando venga el Consolador (el Espíritu), a quien yo (Jesús) os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». En términos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el Espíritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es útil: resalta la obra del Espíritu como cristológica. En otras palabras, la obra del Espíritu se centra en Jesús. El rol principal del Espíritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Él nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Cristo (Ro. 8,91 P. 1,11) y el Espíritu del Hijo de Dios (Gá. 4,6). Tener al Espíritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del Espíritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al Espíritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bíblicamente qué es el Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

Génesis 1:1-3«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».

Observemos dos cosas que el texto dice que están presentes: número 1) el Espíritu de Dios y número 2) la Palabra de Dios. Dios habla: «Sea la luz» y se hace realidad por el poder de su Espíritu. Dios crea por su Palabra[1] a través de su Espíritu. El Espíritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (Génesis 1:2Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del Espíritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo Espíritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Éxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el día y de fuego por la noche (Éxodo 13:21-22)–, era el Espíritu Santo (Isaías 63:10-14). Es el Espíritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del Tabernáculo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento está lleno de referencias de la obra del Espíritu, pero por lo general, la actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento era «enigmática, esporádica, selectiva y externa». Los profetas anhelaban días mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de Moisés de Números 11:29 en tu folleto: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos». Moisés anhelaba el día en que todo el pueblo de Dios poseería el poder del Espíritu de Dios.

¿Significa esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseían el Espíritu? ¿Qué crees? ¿Los creyentes del Antiguo Testamento poseían el Espíritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al Espíritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de «morada» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de Edén. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el Tabernáculo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu estaba predominantemente reservada a los líderes: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que Moisés deseaba –que todas las personas posean el Espíritu de Dios– se  cumpliría. ¿Sabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».

Joel 2:28-32: «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado».

Jeremías 31:33-34«Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El Espíritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espíritu Santo en Cristo a través de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el ángel que habla con María dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el Tabernáculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a «la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del Espíritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia»[5]. Y luego, «lleno del Espíritu», leemos que Jesús es conducido a través de una repetición del Edén: correcto, Satanás tienta a Jesús como lo hizo con Adán. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al Espíritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo Adán, Jesús, ¡tiene éxito! Jesús, lleno del Espíritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a Satanás y ser tentado durante 40 días y 40 noches. Él lucha por su pueblo y gana. Después de derrotar a Satanás, exige: «Vete, Satanás» (Mateo 4:10), y el diablo huye. ¡No es de extrañar que Jesús infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del Espíritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de Jesús. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión también son obra del Espíritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de Jesús «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos». Y 1 Pedro 3:18 dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentándolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del Espíritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de Jesús prepararon a su pueblo para el Espíritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¿Dónde se cumplió lo prometido? En el día de Pentecostés. Miremos el primer punto, el don del Espíritu.

A. El don del Espíritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allí: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leímos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33«Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del Espíritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. Más bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le había dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del Espíritu a Cristo y luego el otorgamiento del Espíritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra». Bueno, en el día de Pentecostés vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se está cumpliendo y se está cumpliendo principalmente por la obra del Espíritu.

También en Pentecostés tenemos la inversión de Babel. ¿Recuerdas esa historia? En Génesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersándolas. Aquí, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reúnen en Jerusalén. Los efectos del pecado se están revirtiendo en una nueva comunidad de judíos y gentiles, unidos por… ¡el Espíritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Después de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que Moisés encontró en el monte Sinaí. Allí Moisés ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en Pentecostés baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio Espíritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. Aquí está el cumplimiento de Jeremías 31 y la gran esperanza de Moisés que vimos en Números 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del Espíritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayoría, hombres y líderes, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueños. Estas visiones y sueños eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del Espíritu, todo el pueblo del Señor posee el conocimiento de Dios. Jeremías 31:34 espera con ansias este punto, dice: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová».

Entonces podrías decirme: «Isaac, eso es mucho». Esto es lo que quiero que veas, ¡El día de Pentecostés es la culminación de la obra de Jesús! Recuerda lo que Jesús dijo en Juan 7:37-39«En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno más, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadáveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del Espíritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas». Esta unción del Espíritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; más de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultáneamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es «nacido de nuevo».

En segundo lugar, la obra de regeneración del Espíritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a Jesús, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del Espíritu de la regeneración implica limpieza y renovación. Así, cuando Jesús le dice a Nicodemo que «el que no naciere de agua y del Espíritu», está aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias… Os daré corazón nuevo». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto también).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ¡Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho más que cubrir acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del Espíritu, la oración del Espíritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el día de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] Véase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] Véase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] Así como Dios se preocupó por su «hijo» (Éxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ffEz. 16:1ff), asimismo Dios continúa a través del Espíritu cuidando de su Hijo encarnado (también llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5] Mateo 3:17

https://es.9marks.org/

Mark Dever

La persona del Espíritu Santo

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 15/26

La persona del Espíritu Santo

  1. Introducción

El día de hoy, estudiaremos la persona del Espíritu Santo; examinando cuidadosamente lo que la Biblia revela acerca de él. ¿Por qué es esto importante?

Imagina esto: Mañana, despierto y me levanto increíblemente aún más atraído hacia mi esposa. He estado pensando en ella durante el trabajo, y no puedo sacarla de mi mente. Muy conmovido, al llegar a casa, busco la forma de expresar cómo me siento, me arrodillo, la miro a los ojos, mi corazón duele por extrañarla, y le digo: «Cariño, estoy loco por ti; eres irresistible; No sé qué sucede hoy, tal vez es tu largo cabello negro o tus deslumbrantes ojos verdes; pero me dejas sin aliento». A lo mejor estás pensando cuán dulce soy, pero el problema es que mi esposa es rubia… y ojos azules. Entonces, quizá suene dulce, pero me va a ir mal. Estoy en problemas.

Cómo vemos a Dios es importante, porque si no lo estamos viendo como él se ha dado a conocer en las Escrituras, no estamos adorando a Dios, sino a un dios falso.

  1. La persona del Espíritu Santo

Los cristianos adoran a un solo Dios; somos monoteístas. Adoramos a un solo Dios, sin embargo, las Escrituras claramente retratan a tres personas de la divinidad. Pensar en Dios el Padre y Dios el Hijo tiene un sentido más inmediato para nosotros en vista de que hay un componente relacional con el que estamos inmediatamente familiarizados: el de un padre o un hijo. Pero, ¿qué vamos a hacer con Dios el Espíritu? Es tentador pensar en la tercera persona de la Trinidad como fría o distante. No obstante, cuando escuchamos la Biblia, vemos algo diferente.

¿Qué queremos decir cuando hablamos del Espíritu Santo como persona? No queremos decir que el Espíritu Santo es una persona humana que simplemente no podemos ver. La única persona de la Deidad que toma a la humanidad en sí mismo es Cristo. Lo que sí queremos afirmar es que el Espíritu Santo tiene subsistencia personal. Es un ser viviente inteligente, voluntario, con entendimiento y voluntad.

Al ser uno con el Padre y el Hijo, existe una distinción entre los tres. Por ejemplo, las Escrituras nos dicen que el Espíritu Santo intercede por nosotros en oración (Romanos 8:27), y esto naturalmente indica una distinción entre el Espíritu Santo y Dios el Padre a quien se hace la intercesión.

Esto es diferente de una falsa visión de Dios llamada el «modalismo». El modalismo afirma que Dios no es realmente tres personas distintas, sino una sola persona que aparece ante las personas en tres modos diferentes en diferentes momentos. Entonces, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Dios apareció como el Padre, en los Evangelios, Dios apareció como el Hijo, y después del día de Pentecostés, Dios apareció como el Espíritu. Esta visión hace lo que tantos otros puntos de vista falsos hacen tratando de hacer el misterio de la Trinidad completamente comprensible. No obstante, esta visión se queda corta debido a todos los ejemplos en los que vemos a los miembros de la Trinidad interactuando entre sí. ¿Estaba Jesús orando al Padre simplemente como una farsa? ¿Cómo podría el Espíritu descender sobre el Hijo cuando fue bautizado?

En la iglesia primitiva, algunos negaban que el Espíritu fuera una entidad personal separada. En cambio, dijeron que el Espíritu era más como una «esencia» o una influencia o energía de Dios el Padre. Su lugar en la Trinidad ha sido cuestionado a la luz de estas ideas, por lo que es importante establecer la «personalidad» del Espíritu: su identidad separada definida.

Hay tres razones bíblicas para concluir que el Espíritu Santo es una persona, así como Dios el Padre es una persona, y así como el Señor Jesucristo es una persona:

A. Pronombres personales

La primera razón para concluir que el Espíritu Santo es una persona es el uso de los pronombres personales referidos a él, y las declaraciones que éste hace en primera persona. Considera Hechos 10:19-20«Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado».

Cuando Jesús y los apóstoles hablan del Espíritu Santo, siempre usan el pronombre personal: él. Esto también testifica la personalidad del Espíritu Santo.

B. Propiedades personales

La segunda razón para concluir que el Espíritu Santo es una persona se deriva de las propiedades personales que se le atribuyen, como la comprensión o la sabiduría, la voluntad y el poder. La operación de su voluntad, por ejemplo, se ve en 1 Corintios 12:11«Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere». En Juan 14, Jesús llama al Espíritu Santo el Consolador. No solo consuelo sino el Consolador. El Espíritu Santo tiene estas características personales y está involucrado en actividades personales. El Espíritu Santo revela, enseña, consuela, aconseja, ayuda y ama. Puede entristecerse, se le puede mentir, blasfemar.

En todas estas cosas, vemos la  clara personalidad o identidad distintiva del Espíritu Santo en las Escrituras. La exégesis sonora requiere que el Espíritu Santo sea considerado como una persona y no como un poder o una fuerza.

¿Por qué importa esto? Porque lejos de ser frío o distante; lejos de ser  una simple fuerza o energía, el hecho de que el Espíritu Santo sea una persona significa que podemos tener una relación con él. Hablaremos más acerca de esto en las próximas semanas cuando analicemos la obra del Espíritu Santo, pero a medida que somos guiados por él, amados, purificados, habitados por él, todo eso sucede en el contexto de una relación.

  1. El Espíritu Santo es Dios

La Escritura también enseña que el Espíritu Santo es completamente Dios.

A. La Escritura lo identifica como Dios

Hechos 5:1-4 dice: «Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,  y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios».

Aquí vemos que, según Pedro, cuando Ananías «mintió al Espíritu Santo», en realidad estaba «mintiendo a Dios». Si mentirle al Espíritu es sinónimo de mentirle a Dios, entonces el Espíritu debe ser Dios.

B. El Espíritu Santo posee atributos divinos

Si queremos decir que el Espíritu Santo es completamente Dios, entonces debemos suponer que poseerá atributos divinos, y lo hacemos. A lo largo de la Escritura vemos que…

  • El Espíritu Santo es eternoHebreos 9:14 dice: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas…»
  • El Espíritu Santo es omnipresenteestá en todas partes a la vez. El Salmo 139:7-10 dice: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás».
  • El Espíritu Santo es omniscientelo sabe todo1 Corintios 2:10-11 dice: «El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios».

Al igual que Dios, el Espíritu Santo es trascendente. En parte esa es la razón por la que se llama Espíritu Santo: ser santo significa estar apartado. Sin embargo, este Dios es personal y, por tanto, tiene el potencial de relacionarse. A veces es fácil pasar por alto cosas como esta y perder su significado, así que medita en ello. Porque él es divino, tiene recursos divinos, conocimiento divino, presencia divina; conocerlo es conocer al Dios que satisface y que suple todas nuestras necesidades. ¿Necesitas sabiduría? Puedes conocer al que es omnisciente. ¿Te sientes perdido o solo? Hay uno que no importa a donde vayas, está ahí. ¿Te sientes débil? Puedes conocer a aquel cuyo poder no tiene límites; quien renueva nuestras fuerzas.

Que el Espíritu Santo es tanto una persona como Dios es esencial aquí. En las próximas semanas, exploraremos la obra del Espíritu juntos, pero sin esta base de lo que él es, esas cosas importarían muy poco.

C. Aunque se distingue del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo es presentado como igual al Padre y al Hijo en los grandes pasajes trinitarios del Nuevo Testamento.

«Trinidad» es un término que la iglesia desarrolló para resumir una doctrina que se nos da en fragmentos. Es una palabra útil que busca combinar y transmitir todo lo que las Escrituras hablan acerca de la relación de la Deidad. La doctrina de la Trinidad es un resumen de varios conceptos bíblicos que son indiscutibles del texto de las Escrituras. Es decir, que hay un solo Dios, que el Padre y el Hijo y el Espíritu son personas distintas, y que el Padre y el Hijo y el Espíritu son cada uno de ellos completamente Dios.

Así que en respuesta a los musulmanes y otras religiones monoteístas, el cristianismo afirma claramente que hay un solo Dios, pero este Dios existe en tres personas. ¿Es eso razonable? En cierto sentido, «sí», y en cierto sentido «no».

«Sí», porque nada en la doctrina trinitaria es irrazonable o irracional. No hay nada inherentemente contradictorio sobre la posición a pesar de su misterio. No estamos diciendo que hay tres Dioses, sino que hay un Dios en tres personas.

«No», sin embargo, porque «la doctrina de la Trinidad es indistinguible por la razón, por lo que es incapaz de ser demostrada por la razón. No hay analogías en la naturaleza, ni siquiera en la naturaleza espiritual del hombre, quien está hecho a imagen de Dios»[1].

Echemos un vistazo ahora a algunos de los pasajes trinitarios clave en el Nuevo Testamento:

  • Mateo 3:16-17«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz desde los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia».

En este pasaje se ve claramente que las tres personas de la Deidad actúan en sus distintos roles. Dios el Padre está hablando desde el cielo, Dios el Hijo está siendo bautizado para cumplir la voluntad del Padre, y se ve a Dios el Espíritu descendiendo del cielo sobre el Hijo para darle poder a su ministerio. Vemos que, haga lo que haga el Padre al tratar con el hombre, generalmente lo hace a través del Hijo por el Espíritu (Efesios 2:18).

  • Mateo 28:19«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

Observa que Jesús no ordena a sus discípulos a que bauticen a los nuevos creyentes en los «nombres» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como si estuviéramos tratando con tres seres diferentes, sino en el «nombre», que es singular. Jesús, como lo hizo tantas otras veces en su ministerio, enseña que él y el Padre son uno, y aquí él incluye al Espíritu Santo en esa unidad de esencia. La declaración afirma la «unidad de las tres Personas de la Trinidad al combinarlas todas dentro de los límites del nombre en singular; y luego [enfatiza] la distinción de cada uno al introducirlos a su vez con el artículo repetido: «en el nombre d[el] Padre, y d[el]  Hijo, y d[el]  Espíritu»[2].

«El Espíritu Santo, entonces es completamente Dios. No es una tercera parte de Dios, sino completamente Dios. Sin embargo, el Espíritu no es solo completamente Dios, también existe eternamente junto con el Padre y el Hijo, cada uno de los cuales también posee plenamente la misma naturaleza indivisa y divina… Lo que distingue al Espíritu del Padre y del Hijo no es la naturaleza divina… lo que distingue al Espíritu es su papel particular como el Espíritu Santo en relación con el Padre y el Hijo y las relaciones que tiene con cada uno de ellos»[3].

Conclusión

La noche antes de su crucifixión, ¿qué enseña Jesús a sus discípulos? ¿Qué es lo que él considera importante que ellos conozcan? En Juan 14-16, les enseña quién es el Espíritu Santo. Y fíjate en lo que les dice en Juan 16:7«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré».

Ponte en los zapatos de los discípulos por un momento. Has comido, caminado, ministrado, escuchado, conocido a Jesús en los últimos años. Le han entregado sus vidas, ese tiempo debe haber sido increíble. Sin embargo, Jesús dice que es mejor («os conviene») que se vaya para que el Espíritu Santo venga a ellos. No sé tú, pero no sería inmediatamente obvio por qué eso sería mejor. ¿De qué manera?

Mira de nuevo a Juan 15:26-27. Una vez más, Jesús habla del Consolador, el Espíritu Santo: «Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio».

Aquí hay un doble sentido o doble significado entre los discípulos y el Espíritu. Así como los discípulos darán testimonio de Jesús, también lo hará el Consolador, el Espíritu Santo. ¿Cuál es el requisito para que los discípulos sean testigos? V. 27: «porque habéis estado conmigo desde el principio». Si eso es cierto para los discípulos, cuánto más del Espíritu Santo. Como dijo el padre de la iglesia primitiva, Basilio de Cesarea, el Espíritu Santo era el «compañero inseparable de Cristo… toda la actividad de Cristo se desarrollaba en la presencia del Espíritu Santo».

En la eternidad pasada, el Espíritu y el Hijo estaban en perfecta comunión. Cuando Jesús fue concebido en la virgen María, fue por el Espíritu Santo (Lucas 1:35). En el bautismo, las tentaciones y el ministerio de milagros y enseñanzas de Jesús, el Espíritu estaba allí guiando (Lucas 4:1), fortaleciendo (Mateo 12:28) y dándolo a conocer. En la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, el Espíritu estaba allí (Hebreos 9:14Romanos 6:4).

Este es el punto. Como aquel que ha sido el compañero constante de Jesús, también es el candidato perfecto para dar testimonio y para dar a conocer a Cristo. Esa es precisamente su labor, y eso es parte del por qué Jesús puede decir que es mejor que se vaya para que el Espíritu Santo pueda venir. Tener el Espíritu es tener el Espíritu de Cristo; tener el Espíritu es tener a Cristo Ya no está limitado por el espacio y el tiempo, el Espíritu Santo manifiesta la presencia de Jesús[4] a nosotros.

En la oración sacerdotal de Jesús de Juan 17, Jesús  dice en el v. 24: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo». Entonces, Jesús nos da un adelanto del pasado de la eternidad en la relación amorosa perfecta, duradera y llena de gozo del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sorprendentemente, en el versículo anterior, Jesús había testificado que Dios amaría a los seguidores de Jesús «como también» ¡el Padre lo amaba! ¡Increíble!

¿Lo encuentras difícil de entender? ¿Difícil de creer y vivir según esa verdad? Creo que hasta cierto punto, todos lo hacemos.

Pero este es uno de los preciosos ministerios del Espíritu. En Romanos 8:15-16, Pablo dice esto del creyente: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios». El Espíritu Santo es el Espíritu de adopción. Lo que significa que uno de sus trabajos es hacernos conscientes de que somos hijos e hijas. Para ayudarnos a conocer mejor el amor con el que Dios nos ama.

Que podamos llegar a conocerlo mejor hoy y en las próximas semanas cuando consideremos juntos la persona y la obra del Espíritu Santo.

Oremos.

[1] The Biblical Doctrine of the Trinity de B.B. Warfield.

[2] Id. 153.

[3] Ware, 103.

[4]Keep in Step with the Spirit by Packer.

https://es.9marks.org/

Mark Dever

Introducción y repaso

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 14/26

Introducción y repaso

Permíteme darte nuevamente la bienvenida al Seminario Básico «Teología Sistemática»; esta es la parte 2 de las clases esenciales sobre teología sistemática. En la clase de hoy, daremos un repaso a las13 primeras semanas de la primera mitad del seminario. ¿Sabes lo que eso significa? Estás a punto de disfrutar de un banquete; estamos a punto de examinar un montón de información en un tiempo muy breve. Entonces, eso también puede significar que no tenemos mucho tiempo para adentrarnos en demasiadas preguntas complejas, sin embargo, estoy seguro de que el contenido de la clase abordará muchas de ellas.

Si me sigues en tu folleto, verás un esquema muy simple para nuestra clase esta mañana; básicamente cubrirá todo el contenido de Teología Sistemática – Parte 1, y la primera pregunta que queremos hacer desde la introducción es: «¿Qué es la teología sistemática?».

La teología sistemática responde a la pregunta: ¿Qué nos enseña la Biblia hoy acerca de un tema dado? Por ejemplo, ¿qué dice toda la Biblia acerca de los atributos de Dios? O incluso más específicamente, ¿qué enseña toda la Biblia acerca de la omnisciencia de Dios? La teología sistemática busca tomar un paisaje completo y ofrecer una perspectiva panorámica. Esa es una gran manera de describir lo que hace la teología sistemática: nos provee un punto de vista comprensivo y escritural.

Si has estado conduciendo en las montañas, es probable que hayas llegado a una vista panorámica. Detienes tu automóvil, sales y miras, y ves una hermosa y amplia vista de un paisaje de montaña en la distancia. De la misma manera, la teología sistemática te ofrece una vista panorámica de toda la Biblia. Tratamos de entender lo que dice la Escritura acerca de un tema completo de una manera integral.

La Teología sistemática también nos proporciona una guía interpretativa o un marco para comprender la Biblia. Así, buscamos entender la Palabra de Dios de una manera que, en primer lugar, sea fiel a las enseñanzas de la Escritura. Entonces, si tenemos un tema como la inmutabilidad de Dios, y la Biblia dice claramente que Dios no cambia, ¿cómo podemos entender los pasajes que parecen implicar que Dios ha cambiado de alguna manera? La teología sistemática nos proporciona un marco para la interpretación de aquellos pasajes individuales que pueden ser menos claros a la luz de los pasajes que son más claros. Eso no quiere decir que la teología sistemática se convierte en una camisa de fuerza de alguna manera, de modo tal que necesitemos forzar a la Escritura a adoptar nuestras nociones preconcebidas de lo que creemos que debería decir; no, tenemos que sentarnos bajo la Palabra y ser informados por ella siempre. Pero también es cierto que podemos sintetizar estas verdades en un marco consistente porque Dios es verdad; él es lógico en sí mismo. Él no se contradice. Entonces, debemos entender que la Biblia no se va a contradecir.

Otra razón por la que necesitamos estudiar teología sistemática es debido al pluralismo religioso. Entonces, he aquí una pregunta para ti: ¿Cuáles son algunos de los otros sistemas de creencias que existen actualmente? (Ejemplo: el universalismo: todos serán salvos). ¿Por qué es importante que estudiemos teología sistemática? Porque la teología sistemática nos enseña lo que es verdad acerca de Dios. Por ejemplo, sabemos que el politeísmo no es verdadero porque cuando abrimos nuestra Biblia, sabemos que el Señor nuestro Dios es uno; hay un  solo Dios. Entonces, ves cómo es útil estudiar teología sistemática hoy en día, para que sepamos cómo cristianos defender la fe de una manera amable, cordial y veraz. La última razón por la que estudiamos teología sistemática es Cabeza, Corazón, Manos, Hábitat (suena como cuatro razones, pero las convertiré en una).

Se supone que nuestras cabezas deben estar llenas de teología. Considera las numerosas instrucciones a lo largo de la Escritura sobre meditar en la Palabra de Dios. Deberíamos meditar en la Palabra de Dios día y noche. Eso es lo que el Salmo 1 dice que el hombre bienaventurado hace: medita en la ley de Dios día y noche. Se deleita en ella, y ese deleite de la Palabra entra en el segundo aspecto de por qué deberíamos estudiar teología sistemática, debería pasar de nuestra cabeza a nuestros corazones y hacer que nos deleitemos en el Señor. Lo que sabemos acerca de Dios debe despertar la devoción de nuestro corazón.

Cómo vivimos todos, lo que tú y yo escogemos hacer a diario, tiene más que ver con lo que amamos que con lo que sabemos. ¿Cuántos  de nosotros hacemos cosas que sabemos que no deberían hacer? Yo lo hago, y hago las cosas que mi corazón más ama. Lo que hacemos tiene más que ver con lo que amamos que con lo que entendemos. Y esas cosas que amamos realmente afectarán lo que nuestros corazones harán.

¿Lo ves? Cabeza ->  Corazón -> Manos. La teología sistemática debería afectar la forma en que vivimos y nuestro hábitat, lo que nos rodea. Así, cuando entiendes lo que significa amar a Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas, eso implica que tus manos están trabajando con tu hábitat para ayudar a tu prójimo de alguna manera. Por tanto, es importante que comprendamos la teología sistemática.

Luego, después de la primera semana del seminario, cuando hablamos acerca de lo que es la teología sistemática, pasamos al punto 2 en tu folleto.

  1. La doctrina de la Palabra

La Escritura es clara: no solo hay un solo Dios; él ha hablado. No solo ha hablado para que la creación llegase a ser, de manera que en Génesis 1 vemos que él habla y todas las cosas  llegan a existir, también nos ha hablado palabras específicas para que podamos entender sus poderosas obras. Uno de mis salmos favoritos es el Salmo 145: «¡Grande es Jehová y digno de suprema alabanza, y su grandeza es inescrutable!».

La Escritura contiene palabras específicas, que describen las poderosas obras de Dios a través del tiempo y el espacio. La Escritura nos enseña la historia y el plan de redención que se desarrolla. Y las palabras específicas de Dios deben ser entendidas por nosotros, lo que significa que la Escritura es la autorevelación de Dios a través de autores humanos.

Pensamos en textos como 2 Pedro 1:21: «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». La Escritura llega a nosotros haciendo afirmaciones, y lo que afirma acerca de sí misma es que no es nada menos que la Palabra de Dios escrita por autores humanos. Entonces, cuando tocamos este aspecto de la doctrina de la Palabra, la inerrancia, que abordaremos brevemente en un momento, si estás lo suficientemente interesado, el mejor tratado sobre lo que la Biblia tiene que decir acerca de la Palabra de Dios y su perfección como la Palabra de Dios es el tratado de B.B. Warfield acerca de la inerrancia de las Escrituras.

La Escritura también involucra la progresión histórica; nos llega como la historia de Dios, y la historia de la redención no sucede de una vez. Así, en Génesis 3, tienes la promesa de que vendrá la simiente que aplastará la cabeza de la serpiente. ¿Pero viene y hace eso en Génesis 3? ¡No! Miles de años transcurren antes de que lo haga; La Escritura es la historia de Dios en desarrollo de lo que ocurre a lo largo de la redención; gira y gira a través de historias separadas, pero relacionadas que acontecen a través de diferentes períodos de tiempo.

También hablamos en nuestro último curso de los atributos de la Escritura. Estos serían: inspiración divina, inerrancia y suficiencia. Observamos que la Escritura que contiene la historia de la redención está marcada por atributos específicos; el primero es que la Escritura es inspirada. ¿Puedes citar un texto en la Escritura que hable claramente de la inspiración de la Palabra de Dios? 2 Timoteo 3:16-17: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».

La Escritura es el producto del aliento creativo de Dios. El término que los teólogos usan para referirse a la inspiración de las Escrituras es «plenario verbal». Esto es lo que eso significa:

Verbal: Todas las palabras en sus formas y materia (su sintaxis, su estructura y sus tiempos) están inspiradas.

Plenario: Esto hace referencia a toda la Escritura, por lo que cada palabra, cada sintaxis, cada estructura en los manuscritos originales dada por Dios fue inspirada por Dios. En su totalidad. Piensa en lo que dice Jesús, ni siquiera el punto más mínimo pasará. A lo que él se refiere es a la yod en la Escritura; la letra hebrea más pequeña. Toda la Biblia es inspirada por Dios.

No solo la Escritura es inspirada, también es inerrante. Lo que la inerrancia significa básicamente es que toda la Biblia es enteramente veraz en lo que dice de acuerdo con los géneros y normas de las convenciones gramaticales en las que operaron los autores. Así, cuando un autor claramente intentaba comunicar un número redondo de personas que murieron en una batalla (por ejemplo, 7000), si encontramos los registros y 7003 murieron, no decimos: «¡El autor estaba equivocado!». Como miembro del personal, vivo a unos 500 metros de aquí. Te digo la verdad, pero si los medimos, pueden ser 501. No es que trate de desviarte. La Biblia sigue las convenciones comunes del lenguaje y lo hace de acuerdo con los estándares de sus autores.

Entonces, eso resume nuestra revisión de la doctrina de la Palabra.

  1. Existencia y atributos de Dios

Cuando hablamos de los atributos de Dios, estamos hablando de cómo es Dios. De las muchas virtudes de Dios, algunas se reflejan en el Hijo de Dios que tiene el Espíritu de Dios en él, considera: amor, gracia y misericordia. Esos son los atributos de Dios reflejados en nosotros, nosotros que tenemos su Espíritu.

Pero hay algunos atributos que solo son verdaderos de Dios. Entonces, Dios es independiente o autónomo. Juan 5:26 dice: «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo». El Padre tiene vida en sí mismo; él es independiente de toda otra vida. Pero no solo es independiente, sino que también es inmutable, lo que significa que Dios no cambia. Esto se enseña claramente en las Escrituras. Malaquías 3:6: «Yo Jehová no cambio». No hay nada más claro que eso, ¿verdad? Luego vemos esto en Santiago 1:17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación».

Dios no solo es independiente e inmutable, también es infinito. Él existe fuera del tiempo y el espacio. Infinito significa sin límites, y porque Dios es infinito, también es trascendente. Él está muy por encima de toda la creación. Dios no es como nosotros; él es muy diferente a nosotros de esta manera.

También vimos la unidad de Dios. La Biblia enseña que hay un solo Dios. Esto es lo que hace que el cristianismo (en oposición al politeísmo) sea monoteísta. La Biblia enseña claramente que hay un solo Dios. Deuteronomio 6:4: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». El Señor es uno. Hay un solo Dios. Sin embargo, en su gran majestad, misterio e incomprensibilidad, también sabemos que en el único ser que es Dios, existen eternamente tres personas coiguales y coeternas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esto hace referencia a la doctrina de la Trinidad.

Entonces, Dios es independiente, inmutable, infinito, trascendente, y en el único Dios, en la Deidad, hay tres personas. Si hay alguna pregunta acerca de la divinidad de Jesús o del Espíritu Santo, vemos la divinidad de Jesús en pasajes como Juan 1:1: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Hebreos 1:1-4 es un pasaje glorioso que habla de la divinidad de Jesucristo. También vemos la divinidad del Espíritu Santo en el libro de Hechos. Cuando Ananías y Safira traen solo una parte de la venta de sus propiedades a Pedro, Pedro les dice: ¿Por qué le han mentido al Espíritu Santo? ¡No le han mentido a los hombres, sino a Dios! O pensamos en versículos como Hebreos 9:14 que habla del Espíritu eterno.

Luego, después de ver la trinidad, también estudiamos los otros atributos de Dios: cosas como la omnisciencia de Dios (él sabe todas las cosas); su veracidad, Dios no miente. Su sabiduría, su santidad. Piensa en Isaías 6: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos». Consideramos su rectitud y justicia. Basta con mirar los salmos para ver con qué frecuencia se habla de su rectitud y justicia. Nuestro Dios está lleno de bondad, amor y misericordia. Él es un Dios trascendente e impresionante que también es personal y se acerca a los humildes y de corazón roto.

Después de ver la existencia y los atributos de Dios, pasamos a la doctrina de la creación.

  1. La doctrina de la creación

Vimos seis declaraciones acerca de la doctrina de la creación:

  1. Dios creó ex nihilo. (Ese es el término en latín, si alguna vez has escuchado a alguien decir que solo significa que él creó de la nada). No hubo ninguna materia preexistente con la que Dios trabajó; él no abrió una barra de plastilina cósmica. Dios creó la plastilina y luego trabajó con ella. No había nada y luego hubo algo.
  2. Él no solo creó de la nada, Dios también creó todas las cosas. Él creó el tiempo y la materia. «En el principio…» fue entonces cuando comenzó el tiempo. Fue ahí cuando Dios lo comenzó. Él creó los cielos y la tierra. El espacio y la materia.
  3. Él también crea por su palabra (ya hemos hablado de esto), pero ves la repetición del poder hablado y creativo de Dios en Génesis 1. Él habla y la creación llega a existir.
  4. La creación fue un acto trino. No fue solo obra del Padre; fue obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Todos estaban activos en la creación. Vemos al Hijo trabajando en la creación en textos como Juan 1:3 («Todas las cosas por medio de él fueron hechas») o Colosenses 1:15-17. También vemos al Espíritu Santo; él está presente en el versículo 2 de la Biblia. Job 33:4 habla acerca del rol del Espíritu en la creación. La creación no solo fue un acto trino, también fue un acto bueno en gran manera.
  5. La creación era muy buena. Mira el versículo 31 de Génesis 1. Dios vio todo lo que había hecho y, he aquí, fue bueno en gran manera.
  6.  El propósito de toda la creación es la gloria de Dios. Es por su gloria. Salmo 19:1: «Los cielos cuentan la gloria de Dios; el firmamento anuncia la obra de sus manos». No hay ningún lugar en la tierra donde su voz no sea escuchada a través de su poder creativo. Todo proclama su majestad y fue creado para su gloria.

Pero también sabemos que el relato de la creación en Génesis es altamente controversial. Bajo la doctrina de la creación, hablamos acerca de las seis perspectivas predominantes de la creación:

  1. Evolución teísta: Probablemente sea la más popular entre algunos cristianos y cualquier otro cristiano que pueda decir que hay un Dios, pero quiere poner todo el peso posible en los hallazgos de la comunidad científica. La evolución teísta significa que Dios comienza el proceso de evolución e implanta las leyes que han seguido el desarrollo de la creación. Los evolucionistas teístas dirían que Dios ha intervenido en puntos específicos porque según la evolución no se puede pasar de la no vida a la vida. Entonces un evolucionista teísta diría, por ejemplo, que Dios intervino para crear a los seres humanos, pero todo lo demás ha sido provocado por la evolución.
  2. Teoría de la brecha: Ésta básicamente dice que Dios creó los cielos y la tierra como dice Génesis 1:1. Pero después de Génesis 1:1, entre los versículos 2 y 3, y así sucesivamente, hay un paso no declarado de miles de millones de años. Y al final de ese transcurrir de miles de millones de años, hay un acontecimiento catastrófico, donde toda la creación es destruida y llevada a la nada. Luego, el versículo 2, donde el Espíritu se pasea sobre la tierra desordenada y vacía, es el resultado de dicho hecho catastrófico. Todo está en mal estado y el Espíritu trabaja para que todo vuelva al orden creativo.
  3. Perspectiva de la edad diurna: Esta perspectiva dice que los días en Génesis 1 son períodos de tiempo muy largos en los que los procesos naturales están en funcionamiento.
  4.  Perspectiva de marco literario: Según esta posición, toda la secuencia en el capítulo 1 sobre la creación y los días allí no es un relato cronológico o histórico, sino más bien un recurso literario que cuenta una historia. Y dentro de esa historia, si abres ese sobre, hay una verdad teológica allí. Pero cuando dices que no es cronológico y que es histórico, comienzas a tener problemas. Por ejemplo, ¿fue Adán real? ¿El pecado realmente sucedió? ¿Es eso parte de la historia? ¿Hay una verdad teológica debajo de eso? Puedes ver cómo esto nos mete en problemas.
  5. Creacionismo de la tierra joven: Toma los días como días literales, y busca retroceder a través de la línea cronológica que la Escritura nos ha provisto a través de la historia. Funciona desde una fecha inicial para la creación que va a estar entre 10 y 20 mil años, dependiendo de con qué joven creacionista de la tierra hables.
  6.  Creacionismo histórico: Dice que el universo, y todo lo que está en él, es creado en Génesis 1:1, y que lo que sigue –los seis días creativos– no se refiere a la creación del universo, sino a la preparación del Edén prometido para el pueblo de Dios, Adán y Eva.

En la primera parte del seminario, también analizamos algunas perspectivas no cristianas de la creación: el panteísmo, el dualismo y el materialismo. El materialismo sería la visión reinante en Europa y América actualmente. También hablamos acerca de la relación de Dios con la creación, de la que ya hablamos: que es trascendente (que él está arriba), y que es inmanente, está y es activo en la creación. También hablamos del hombre y la mujer: cómo llegaron a ser creados, cuál es su esencia y naturaleza, cuál es su función y cuál es su relación con Dios.

  1. La Doctrina de la Providencia

«Providencia» significa literalmente «ver lo que viene antes». Por tanto, la providencia de Dios se refiere al conocimiento previo de Dios y la provisión del mundo. El mundo también se usa para resumir la relación continua de Dios con su creación. Incluye su omnisciencia (que él conoce todas las cosas y, por tanto, conoce lo que viene); su omnipotencia (que es todopoderoso y, por tanto, tiene el poder de llevarlo a cabo).

Tres aspectos de la providencia de Dios a tocar brevemente:

  1. Preservación: Se refiere a la actividad continua de Dios en la cual él mantiene todo lo que ha creado. Hebreos 1 dice que el Hijo es quien sostiene todas las cosas por el poder de su palabra.
  2. Concurrencia: Se refiere a la relación entre la actividad divina y la actividad humana mediante la cual Dios coopera con las cosas creadas en cada acción. Hablaremos de eso de nuevo momentáneamente.
  3. Gobierno: Esto significa que Dios tiene un propósito en todo lo que hace en el mundo, y providencialmente gobierna y dirige todas las cosas para que cumplan sus propósitos.

Solo considera cuánto consuelo y aliento estas tres cosas deberían traerte como cristiano. Algunas personas quieren decir que Dios no puede saber lo que viene para proteger a Dios de la acusación de ser malvado. Si bien la intención puede ser loable, estas personas no ven cómo eso socava la fe cristiana. Dios tiene el control de todo. Ninguna de las circunstancias en tu vida es accidental; no son por casualidad Puedes saber que hay un Dios soberano, bueno y amoroso obrando en todo lo que sucede en tu vida.

En esta discusión, naturalmente llegamos a la relación entre la soberanía y la responsabilidad humana (y podríamos pasar un curso completo hablando acerca de este tema). Hay tres proposiciones que debes entender de la Escritura con respecto a la providencia de Dios:

  1. Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida o minimizada.
  2. Los humanos son moralmente responsables. Elegimos, nos rebelamos, obedecemos y somos responsables de nuestras decisiones.
  3.  Dios es perfectamente bueno. Él nunca, nunca se presenta como cómplice del mal. Él no apoya el mal de la misma manera en que apoya el bien.

Luego, en la semana 9, analizamos la antropología bíblica.

  1. La antropología bíblica

Hablamos del problema del pecado. Así como no puedes abrir la Biblia y decir que Dios no es completamente soberano, no puedes abrir la Biblia y decir que Dios no existe. De hecho, puedes cerrar la Biblia y aún no ser capaz de decir que el pecado no existe: ¡Está en todas partes!

El pecado es una realidad, y el pecado, como seres humanos, es nuestro mayor problema. Hay resultados del pecado (pobreza e injusticia), que son grandes problemas. Pero el mayor problema es la raíz de esos problemas. Romanos 5 habla de Adán como nuestro representante, y en él, todos hemos heredado la culpa. Somos culpables, Podrías decir: «¡Eso no es justo!», y yo diría: «¡Ni tu salvación en Cristo como tu representante!». Su justicia nos es contada y no somos justos en nosotros mismos. Estamos totalmente depravados. Tal vez hayas escuchado esa frase antes; no se refiere al hecho de que somos tan malos como podríamos ser. En cambio, significa que el pecado y su corrupción han afectado todas las áreas de nuestras vidas. Somos totalmente incapaces de cumplir la ley de Dios, y un solo pecado nos hace legalmente culpables ante Dios, por esa razón, merecemos la ira eterna de Dios. Dios es justo, y él es justo y, por tanto, no permitirá que el más pequeño de los pecados quede impune.

La doctrina del pecado nos lleva a clamar como humanos: «¡Qué se puede hacer para reparar el estado en el que estoy!». Y en la semana 10, hablamos acerca de la doctrina de la cristología.

  1. La doctrina de la cristología

Vimos la deidad de Cristo; la vemos claramente en el Antiguo Testamento (Daniel 7, 2 Samuel 7, Isaías 9). La deidad de Cristo también se encuentra en todo el Nuevo Testamento.

  • Jesucristo comparte los honores dados a Dios (recibe adoración).
  • Jesucristo comparte los atributos de Dios (santo, justo, todopoderoso).
  • Jesucristo comparte los nombres de Dios (Señor, Dios, Alfa y Omega).
  • Jesucristo comparte las obras que Dios hace (perdona el pecado, resucita a los muertos, crea el mundo).
  • Jesucristo comparte el asiento del trono de Dios.

Hablamos acerca de cómo Cristo es completamente Dios, y luego hablamos acerca de cómo Cristo es completamente hombre. 1 Juan 4: 2-3 dice que Jesús nació de una mujer. También vemos en las Escrituras las debilidades y limitaciones de Jesús. Hay cosas que, de acuerdo con su naturaleza humana, él no sabe (por ejemplo, cuando Dios el Padre consumará todas las cosas). Vemos a Jesús hambriento y cansado en la Escritura. Finalmente, hablamos acerca de la obra de Cristo.

  1. La obra de Cristo

Hablamos de los tres oficios que Jesús cumple: Profeta, Sacerdote y Rey. El capítulo 1 de Hebreos habla claramente de cómo Jesús es el gran profeta, y si sigues leyendo el libro verás cómo también es nuestro sacerdote. Apocalipsis habla de Jesucristo claramente como un rey; también vemos esto en el Salmo 2. Como rey, sacerdote y profeta, Jesucristo ha pagado completamente la deuda por nuestros pecados, y el resultado de eso es que nuestros pecados han sido pagados  y hemos sido purificados a través de él. Jesús es nuestro sustituto legal (hemos sido justificados a través de él); él es nuestro redentor (ha pagado el precio de nuestra redención). Jesús es nuestro reconciliador (nos lleva a Dios); también es nuestro vencedor («¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?»). Aunque fallezcamos,  no hay muerte ni condena para aquellos de nosotros que estamos en Cristo, y eso es lo que miramos al final cuando pensamos en la obra de Cristo en la primera parte de este seminario. Nuestra gran esperanza es que nos aguarda una eternidad con Dios.

https://es.9marks.org/

Mark Dever

La obra de Cristo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 13/26

La obra de Cristo – Parte 2

«Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Ti. 1:15).

  1. Introducción y repaso
  • Los estados de humillación y exaltación: «Todo el Nuevo Testamento enseña al Cristo humillado y exaltado como centro del evangelio»[1].
  • Humillación: Encarnación, vida sin pecado, muerte expiatoria.
  • Exaltación: Resurrección, ascensión, sesión, intercesión, segunda venida.
  1. El estado de exaltación

A. La resurrección de Cristo

(Salmo 16:8-11Isaías 53:10Mateo 16:2117:22-2320:18-1928:1-20Marcos 8:319:3110:32-3416:1-8Lucas 9:2218:31-3324:1-53Juan 2:19-2210:17-1820:1–21:25Hechos 2:32Romanos 4:251 Co. 15:3-412-22Hebreos 7:1624-25)

Las obras del Cristo exaltado comienzan con la resurrección. De acuerdo con el apóstol Pablo en 1 Corintios 5, la resurrección es el fundamento de nuestra fe y esperanza, y dado que es el fundamento de la fe y esperanza del cristianismo, es esencial para los escritos del Nuevo Testamento.

Los Evangelios testifican la resurrección de Cristo. El libro de Hechos es la historia de la proclamación de los apóstoles de la resurrección de Cristo y de la continua oración a Cristo como el que vive y reina en los cielos. Las epístolas dependen enteramente de la suposición de que verdaderamente Jesús ha resucitado de la tumba, y el libro de Apocalipsis muestra reiteradamente al Cristo resucitado reinando en los cielos en preparación para su regreso para conquistar a sus enemigos y reinar en gloria. Por tanto, todo el Nuevo Testamento da testimonio de la resurrección de Cristo, y si la resurrección es tan fundamental para el Nuevo Testamento, deberíamos preguntarnos por qué es tan importante para nosotros.

  • La resurrección asegura nuestra regeneración

(1 Pedro 1:3Efesios 2:5-6)

En su primera carta, Pedro dice: «Bendito el Dios y Padre nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos». Aquí, Pedro conecta explícitamente la resurrección de Jesús con nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Cuando Jesús se levantó de entre los muertos tenía una nueva calidad de vida, una «vida de resurrección» en un cuerpo y espíritu humanos que eran perfectamente adecuados para la comunión y obediencia a Dios para siempre. En su resurrección, Jesús obtuvo por nosotros una nueva vida como la suya. No recibimos todo lo de esa nueva «vida de resurrección» cuando nos convertimos en cristianos, porque nuestros cuerpos permanecen como estaban, todavía sujetos a debilidad, envejecimiento y muerte. Pero en nuestros espíritus fuimos hechos vivos con un nuevo poder de resurrección. Así, es a través de su resurrección que Cristo ganó por nosotros la nueva clase de vida que recibimos cuando nacemos de nuevo.

  • La resurrección de Cristo asegura nuestra justificación

(Romanos 4:25)

En Romanos 4:25, Pablo dice que Jesús «fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación». La resurrección de Cristo de entre los muertos fue la declaración de Dios de que había aceptado la obra de redención de Cristo. Al levantar a Jesús de la tumba, Dios el Padre estaba en efecto diciendo que aprobaba la obra de sufrimiento y muerte de Jesús por nuestros pecados, que su obra había sido consumada, y que Cristo ya no tenía necesidad de permanecer muerto. No quedaba ningún castigo que ser pagado por el pecado, no más ira de Dios, ni culpa ni responsabilidad por el castigo, todo había sido completamente cancelado y no quedaba culpabilidad alguna. En la resurrección, Dios estaba diciendo: «Apruebo lo que has hecho, y has hallado favor ante mis ojos».

Pero Dios en su gran amor y misericordia nos vida juntamente con Cristo, y «juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efesios 2:6), entonces en virtud de nuestra unión con Cristo, la aprobación de Dios de Jesús también es su aprobación hacia nosotros. Cuando el Padre, en esencia, dijo a Cristo: «Todo el castigo por los pecados ha sido pagado y no te encuentro culpable, sino justo delante de mí», al mismo tiempo hizo la declaración que se aplica a nosotros que hemos creído en Cristo. De esta manera, la resurrección de Cristo también da la prueba final de que él había ganado nuestra justificación.

  • La resurrección de Cristo asegura que recibiremos cuerpos perfectos de resurrección

(1 Co. 6:142 Co. 4:141 Co. 15:12-58)

El Nuevo Testamento en varias ocasiones conecta la resurrección de Jesús con nuestra resurrección corporal final. En 1 Corintios 6:14, Pablo dice: «Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder». Del mismo modo, en 2 Corintios 4:14, dice: «El que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros». Por otra parte, en 1 Corintios 15, que es el tratado más largo de la conexión entre la resurrección de Cristo y la nuestra, Pablo dice que Cristo es el primer fruto de los que han dormido. El término «primicias» es una metáfora agrícola que indica que seremos como Cristo. Así como él, «las primicias» serán levantadas, así también nosotros seremos resucitados. El cuerpo de resurrección de Cristo muestra cómo será el nuestro cuando seamos resucitados. Seremos sanados, glorificados, completos, incorruptos y no susceptibles a la corrupción.

B. La ascensión de Cristo

(Salmo 110:1Juan 6:61-6220:1716:4-7Mateo 22:41-46Lucas 24:50-53Hechos 1:1-112:32-363:19-21Efesios 4:7-81 Timoteo 3:16)

La ascensión como el eje/prerrequisito de otras obras salvíficas de Cristo

La ascensión es el prerrequisito para las subsiguientes obras salvíficas de Cristo: la sesión, el Pentecostés, la intercesión, y la segunda venida. En el Salmo 110:1 y Hechos 2:33-36, es notorio que Cristo tenía que ascender para sentarse a la diestra del Padre, comenzando así su sesión celestial. Por su ascensión, por tanto, Cristo pudo tomar su lugar como Rey sobre toda la creación hasta el momento en que todas las cosas estarían totalmente sujetas a él.

La ascensión también fue necesaria para que Cristo enviara el Espíritu en Pentecostés. Cristo hace esta afirmación explícitamente en Juan 16:7: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré». Después de la ascensión de Cristo, recibió el Espíritu del Padre, y luego como el gran profeta, sacerdote y rey ​​derramó el Espíritu sobre su iglesia como una bendición (Juan 7:39Hechos 2:33).

La ascensión también fue necesaria para la intercesión de Cristo. En Hebreos 8, la intercesión de Cristo es su ministerio sacerdotal actual para su pueblo. Este ministerio celestial solo es posible si Cristo toma su posición de sacerdote para siempre en el orden de Melquisedec. Esa posición no está en la tierra sino en el cielo, y esa posición se logra solo por su ascensión (Hebreos 8:4).

Finalmente, está claro que Cristo podría venir nuevamente solo si se fue en primer lugar. Pedro declaró esta verdad ante el Sanedrín en referencia a Jesús, «a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hechos 3:21). Aunque no podemos entender completamente el misterio del plan de Dios, sí requiere que Jesús ascienda al cielo, y una vez allí gobierne y dé poder a su iglesia para que el reino de Dios se extienda. La ascensión de Cristo salva. Cada beneficio que la iglesia recibe de Jesús en el cielo sería imposible a menos que él primero ascendiera para tomar su posición allí.

C. La sesión de Cristo

(Salmo 110:1Hebreos 1:3-48: 1-2Hechos 5:30-31Romanos 8:33-34Colosenses 3:1-4)

La sesión de Jesús salva. Un aspecto específico de la ascensión de Cristo al cielo y de recibir honor fue el hecho de que se sentó a la diestra de Dios, que es lo que se conoce como la sesión de Cristo a la diestra de Dios.

El Antiguo Testamento predijo que el Mesías se sentaría a la diestra de Dios en el Salmo 110:1: «Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». Y cuando Cristo ascendió de nuevo en el cielo recibió el cumplimiento de esa promesa. Esto es a lo que Hebreos 1 se refiere cuando dice: «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».

Esta bienvenida a la presencia de Dios y sesión a la diestra de Dios es una indicación dramática de la finalización de la obra de redención de Cristo. Al igual que nos sentamos al final de un duro día de trabajo, satisfechos con lo que hemos hecho, Cristo también se sentó visiblemente demostrando que su obra de redención está completa.

De manera similar, sentarse a la  diestra de Dios es una indicación de la autoridad que recibió sobre todo el  universo. Esto es a lo que Pablo se refiere en Efesios 1:20-21, cuando dice que Dios «resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra».

Y es a la diestra de Dios que Cristo ahora intercede por su pueblo…

D. La intercesión de Cristo

(Levítico 16, Salmo 110:4Isaías 53:12, Juan 17, Romanos 8:31-34Hebreos 6:19-207:258:39:11-14241 Juan 2:1-2😉

La Biblia enseña que la intercesión salva. ¿Pero exactamente cómo nos salva la intercesión celestial de Cristo? Primero, nos salva porque es la culminación de la obra sacerdotal de Cristo. La intercesión de Cristo no es, enfáticamente, la culminación de su obra sacrificial. Su obra sacrificial se consumó para siempre en la cruz. Sin embargo, su obra sacrificial no fue el final de su obra sacerdotal. Después de hacer el sacrificio final por los pecados, se levantó nuevamente, ascendió al cielo, se sentó a la diestra de Dios y derramó el Espíritu Santo sobre la iglesia. Como resultado de estos acontecimientos salvíficos previos, él ahora intercede por los pecadores que vino a salvar.

Si no hubiese resucitado de entre los muertos, entonces no habría podido comparecer en presencia de Dios en nuestro favor como intercesor, y si no hubiese aparecido en presencia de Dios en nuestro favor, su obra sacerdotal estaría incompleta. El testimonio de la Escritura es que Cristo ha resucitado y que ha ascendido al cielo y se ha manifestado en presencia de Dios en nuestro favor. E incluso ahora el Cristo exaltado en el cielo intercede continua y efectivamente por su pueblo, garantizando así nuestra salvación final. Esto nos lleva a la segunda forma en que la intercesión salva.

Nos salva porque es un medio por el cual Dios permite a su pueblo continuar en fe y obediencia. Es el plan de Dios que sus escogidos perseveren en la fe y la obediencia (Romanos 8:29-30), y un medio por el cual Dios logra su plan es la intercesión continua de Cristo en nuestro nombre.

La intercesión sacerdotal de Cristo no solo es continua, sino que también es efectiva. Dios el Padre escucha a su Hijo, y el Padre siempre responde las peticiones de su Hijo (Juan 11:42). Esto significa que las oraciones de intercesión de Cristo siempre son exitosas. Como Jesús oró por Pedro (Lucas 22:31-32), ora por todo su pueblo. Él ora para que los escogidos continúen en la fe y perseveren hasta la salvación final, y Dios responde sus oraciones. Él siempre tiene éxito. Él siempre vive para interceder por nosotros (Hebreos 7:25). Jesucristo es un Salvador perfecto para su pueblo.

M’Cheyne: «Si pudiera escuchar a Cristo orando por mí en la habitación contigua, no temería a un millón de enemigos. Sin embargo, la distancia no hace diferencia; Él está orando por mí».

E. La segunda venida de Cristo

(Salmo 110: 1Daniel 7:13-14Mateo 25:31-34Marcos 13:26-27Juan 14:1-3Hechos 1:9-11Filipenses 3:20-21Colosenses 3:41 Tesalonicenses 4:14-18Tito 2:11-14Hebreos 9:24-281 ​​Pedro 1:13; 1 Juan 3:2-3)

El regreso de Jesús significa que estaremos con él y el Padre. Jesús mismo afirma esto en el Evangelio de Juan: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:2-3). Aquí Jesús compara el cielo con una gran casa con muchas habitaciones. Él ha regresado a la casa del Padre para preparar un lugar para cada creyente. El punto es que el Padre nos ama y estaremos «en casa» en su presencia celestial. No nos sentiremos fuera de lugar; perteneceremos a la casa celestial de nuestro Padre.

Pablo enseña la misma verdad cuando aclara la confusión de los tesalonicenses con respecto al regreso de Jesús. Tenían la idea equivocada de que sus compañeros creyentes que murieron podrían perder la salvación final. Pero Pablo dice que no deben llorar, como hacen los que no son salvos, cuando mueren sus seres queridos. No se perderán la salvación final, porque Jesús los resucitará de entre los muertos. «Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4:17). La segunda venida de Jesús significará la salvación para los creyentes vivos y muertos. La salvación se expresa aquí como estar con Jesús para siempre. Se desencadena por la segunda venida y en ese momento todos los santos irán a estar con el Señor.

Y el regreso de Jesús trae gloria. Pablo afirma que el regreso de Jesús significará gloria para los cristianos. Aunque vivimos en la tierra, «nuestra ciudadanía está en los cielos». Desde allí «también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas» (Filipenses 3:20-21). Nuestros cuerpos mortales son humildes porque están sujetos a la enfermedad y la muerte. A su regreso, Cristo ejercerá su poder omnipotente y hará que nuestros humildes cuerpos compartan la gloria de su resurrección. Su segunda venida significará gran gloria para todos los redimidos.

Dios se ha unido espiritualmente a cada creyente con su amado Hijo, para que sus beneficios salvíficos se vuelvan nuestros. Nosotros espiritualmente morimos con él, fuimos resucitados con él, y estamos sentados en los lugares celestiales con él (Col. 2:203:13Efesios 2:6). Estamos tan unidos a él que dos veces las Escrituras enseñan que la segunda venida de Cristo significará una segunda venida para nosotros, por así decirlo. «Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria»  (Col. 3:4; véase también Ro. 8:19). Pablo quiere comunicar que la verdadera identidad de los cristianos se revela solo parcialmente ahora porque está oscurecida por el pecado. Estamos tan unidos a Cristo espiritualmente que nuestra plena identidad se revelará solo cuando Jesús regrese. En ese sentido, también tendremos una «segunda venida». El regreso de nuestro Señor significa la revelación de nuestra verdadera identidad, y eso implica aparecer con él «en gloria».

El regreso de Jesús también trae vida eterna. El mensaje de Jesús acerca de las ovejas y los cabritos en Mateo 25 es el pasaje bíblico más famoso acerca de los destinos eternos de los seres humanos. Él enseña poderosamente que las ovejas serán bendecidas con una rica herencia en el reino final de Dios, pero los cabritos serán malditos para siempre en el fuego preparado para el diablo y sus ángeles. Jesús deja las siguientes palabras resonando en los oídos de sus oyentes: «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46). Al considerar estas palabras aleccionadoras, es importante tener en cuenta la manera en que Mateo presenta las enseñanzas de Jesús: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria» (v. 31). Es el venidero Rey Jesús quien condenará al malvado al infierno y bendecirá a los justos con la vida eterna.

La Biblia concluye con una temática similar. Cerca del final de Apocalipsis, alguien dice: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12). Quien habla es Jesús, que vendrá nuevamente y recompensará a su pueblo (y castigará a los malvados). Luego, Juan pronuncia una bienaventuranza: «Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad» (Apocalipsis 22:14). Aquí nuevamente, las Escrituras llaman a los cristianos «bienaventurados», llenos de gozo, al final. ¿Por qué? Porque han sido limpiados por la sangre del Cordero y como resultado tienen «el derecho al árbol de la vida». El árbol que representa la vida eterna con Dios se encontraba en el huerto de Edén y reaparece al final de la historia bíblica. Adán y Eva fueron desterrados del huerto para que no comieran del árbol y vivieran para siempre en un estado pecaminoso. Al final, todo el pecado será eliminado del pueblo de Dios, y tendrán acceso libre al árbol, que simboliza la vida abundante (Apocalipsis 22:2).

El regreso de Jesús trae gozo. Tanto Pablo como Juan hablan de la alegría consumada de los redimidos. Como acabamos de ver, Juan, después de registrar la promesa de Jesús de regresar, habla de la bienaventuranza que les espera a los santos: «Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida» (Apocalipsis 22:14). El mensaje de Pablo es parecido. Después de exaltar la gracia de Dios que trae la salvación, dirige nuestra atención a «la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo quien se dio a sí mismo por nosotros» (Tito 2:1113-14). El apóstol habla del Redentor que regresa. ¿Cómo describe él la «manifestación» de Cristo? Es «nuestra esperanza bienaventurada» (v. 13). La esperanza del Señor y la segunda venida del Salvador llenan de alegría a los cristianos mientras esperan estar con él para siempre.

El regreso de Jesús trae liberación. Otro beneficio que Jesús trae con su regreso es la liberación. Esta liberación toma dos formas. Primero, liberará a su pueblo de cualquier persecución que soporten. Pablo lo aclara al comienzo de 2 Tesalonicenses: «Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego» (1:6-8). En ese día vendrá «para ser glorificado en sus santos y ser admirado» por todos los verdaderos creyentes (v. 10). El siguiente pasaje nos dice por qué. Segundo, Cristo librará a su pueblo del castigo eterno. Al comienzo de su primera carta a los cristianos en Tesalónica, el apóstol repite con orgullo el testimonio de la iglesia en esa ciudad. Personas en las áreas circundantes, «ellos mismos cuentan… cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:9-11). Debido a que la (muerte y) resurrección de Jesús salvan, cuando venga «de los cielos» traerá la liberación final «de la ira venidera» (v. 10).

El regreso de Jesús trae el reino y nuestra herencia. En el mismo mensaje acerca de las ovejas y los cabritos mencionados anteriormente, Jesús promete más bendiciones a los santos a su regreso. Antes de condenar a los cabritos, que están a su izquierda, da palabras de consuelo a las ovejas, a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo» (Mt. 25:34). Aquí Jesús combina imaginería familiar y real. Dios es nuestro Padre, y todos los que confían en su Hijo para salvación de sus pecados se convierten en hijos de Dios y reciben una herencia. Dios también es Rey, como lo es su Hijo, y la herencia de los hijos e hijas de Dios es el reino preparado para ellos desde la fundación del mundo. Aprendemos de otros pasajes en la Escritura que la dimensión final del reino de Dios, nuestra herencia, ¡es nada menos que el cielo nuevo y la tierra nueva!

El regreso de Jesús trae restauración cósmica. Pedro habla de los sufrimientos de Jesús a sus oyentes en Jerusalén y luego los invita a arrepentirse. ¿Cuáles serán los resultados? Que los oyentes penitentes puedan conocer el perdón de los pecados y que tiempos de refrigerio puedan venir «de la presencia del Señor… y que él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hechos 3:20-21). El regreso de Jesús traerá muchas bendiciones para su pueblo, como hemos visto. Dará como resultado que Dios restaure todas las cosas según la predicción profética del Antiguo Testamento. Aquí nuevamente aparece la segunda venida en los nuevos cielos y en la nueva tierra anunciada por Isaías (65:17; 66:22-23).

Aplicación: ¡Adora a Jesucristo, el resucitado, ascendido y reinante, Señor de gloria que ha de regresar!

Apocalipsis 22:20: «El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús».

[1] Herman Bavinck, Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ, vol. 3 (Grand Rapids, MI: Baker, 2006).

https://es.9marks.org/

Mark Dever

La obra de Cristo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 12/26

La obra de Cristo – Parte 1

  1. Introducción y repaso

¿Por qué fue ejecutado Jesús de Nazaret en una cruz romana? Esta pregunta, más que cualquier otra, te lleva al mensaje central del cristianismo. Algunos protestan que la visión cristiana tradicional de la cruz se refiere al «abuso infantil divino»: ¿Cómo podría Dios el Padre orquestar la insoportable muerte de su propio Hijo? Otros, como nuestros amigos musulmanes, declaran que Jesús realmente no murió. Solo pareció haber sido crucificado. Otros retratan a Jesús como el mártir supremo, uno que se enfrentó a un sistema mundial injusto, pero que finalmente fue aplastado cuando la rueda de la historia se volvió contra él. Su muerte fue desafortunada e innecesaria. Por el contrario, la Biblia describe la muerte de Cristo, y de hecho, toda su obra redentora como un todo, como el acontecimiento más significativo, valioso y profundo de la historia. La obra de Cristo es literalmente nuestra única esperanza.

Aquí llegamos a un clímax en la teología cristiana. Hemos considerado quién es Dios: su naturaleza trina y su carácter inmaculado. Hemos considerado cómo creó el mundo para su gloria y la humanidad como el pináculo de su creación para representar su dominio. Hemos visto cómo Dios gobierna y dirige toda la historia con su mano soberana y cómo la humanidad se rebeló libremente contra el reino de Dios. Y hemos visto cómo Dios, que es rico en misericordia, envió a su Hijo. Jesucristo ahora es y siempre será una persona con dos naturalezas. Él es completamente Dios, que vino a revelarnos a Dios y a cumplir el plan del Padre. Y es completamente hombre, identificándose con nosotros en nuestra debilidad, tentado en todo pero sin pecado. ¿Qué vino a hacer? Puedes verlo en la parte superior de tu folleto: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Ti. 1:15).

Así que hoy y la próxima semana queremos estudiar la obra de Cristo. ¿Por qué? Primero, porque esto es fundamental para hacerlo bien. Si no comprendemos lo que Jesús vino a hacer, corremos el riesgo de perdernos la salvación que logró y engañar a otros sobre las noticias más importantes de la historia. Pero segundo, estudiamos la obra de Cristo porque él es digno de adoración y honor por lo que ha hecho. Nada enciende el amor de nuestros corazones como recordar el precio que pagó por nosotros. Toda la teología es práctica; pero la obra de Cristo lo es especialmente. Sean cuales sean tus luchas, tentaciones y dolores, el sufrimiento sacrificial de Jesús y su resurrección triunfal proporcionan una base inquebrantable de confianza y esperanza para nosotros.

Con eso en mente, comencemos con:

  1. Un panorama de la obra de Cristo

Una forma práctica de resumir la obra de Cristo es a través de los tres oficios que él cumple. Él es nuestro profeta, sacerdote y rey[1].

  • Jesús es la máxima revelación de Dios, el Profeta que habló la Palabra de Dios y que fue él mismo el Verbo hecho carne. Conocemos a Dios a través de Cristo. Hebreos 1:1-2: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».
  • Jesús también es el sumo sacerdote supremo quien media un nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Somos reconciliados con Dios por medio de Cristo. Hebreos 7:26: «Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos».
  • Y Jesús es el gran Rey del universo que gobierna con paz y justicia. Somos ciudadanos del reino de Dios a través de Cristo. Él inauguró su reino en su primera venida, y consumará el reino al final de los tiempos: Apocalipsis 19:1116: «Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES».

Por tanto, debemos alabar a Jesús porque él es nuestro profeta, sacerdote y rey. No necesitamos a nadie más. Él es suficiente y preeminente en su revelación, sacrificio y gobierno.

Otra forma de resumir la obra de Cristo, que seguiremos el resto de nuestra clase, es considerar a Jesús en su humillación y exaltación. Vemos esto en un pasaje clásico como Filipenses 2:7-11. Jesús «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». Esa es su humillación: su encarnación, su vida perfecta y su muerte sacrificial. Luego, Pablo continúa: «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre». Esa es su exaltación: su resurrección, ascensión, sesión (estar sentado en su trono celestial) y su regreso. Herman Bavinck escribió: «Todo el Nuevo Testamento enseña a Cristo humillado y exaltado como el centro del evangelio»[2].

  1. El estado de humillación

El resto de nuestra clase de hoy, veremos la primera mitad de este par: la obra que Jesucristo realizó en su estado de humillación.

Primero, debemos comenzar con A. La encarnación de Cristo. ¿Por qué el Hijo de Dios tomó forma humana? Por nosotros y nuestra salvación. Hablamos de esto extensivamente la semana pasada cuando discutimos la humanidad de Cristo, así que no repetiré lo que dijimos. Simplemente vale la pena degustar la belleza de este misterio. El Hijo de Dios nació como un bebé para ser nuestro nuevo Adán. El infinito se cansó y durmió, el todopoderoso sintió nuestra debilidad, el omnipresente tomó un cuerpo humano. Él compartió plenamente nuestra humanidad para servir como nuestro representante y mediador sacerdotal ante Dios el Padre. Hebreos 2:14-17: «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo».

Pero Jesús no solo asumió nuestra humanidad; B. Vivió una vida sin pecado. Esto también se llama la obediencia activa de Cristo. El primer Adán desobedeció. Pero Jesús, el nuevo Adán, obedeció por completo a su Padre. Israel quebrantó la ley de Dios, pero Jesús vino a cumplir la ley (Mateo 5:17)[3]. Él es como un nuevo Israel.

Este es un punto trascendental, porque nosotros también hemos seguido los pasos desobedientes de Israel. Jesús es quien, para usar una frase sorprendente de Mateo 3:15, vino a «cumplir toda justicia». A través de la fe, su historial de justicia se nos imputa.

La obediencia activa de Cristo debe consolarnos. Él ha sentido la atracción de la tentación y el encanto del pecado. Él no nos reprende cuando somos tentados, como el entrenador que grita a su equipo: «¡Solo necesitas ser más fuerte!». Con ternura, gentilmente nos consuela y nos invita a buscar ayuda en él. Nos recibe con gusto cuando admitimos nuestra total dependencia de él. Hebreos 4:15-16: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Por muy maravillosas que fueron la encarnación de Cristo y su vida sin pecado, no completaron su obra. C. La muerte de Cristo. En Marcos 8, tan pronto como Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, Jesús enseña que «le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días». Aquí, pisamos suelo especialmente santo. Jesús se hizo obediente hasta el punto de morir, de morir incluso en una cruz. Esto a veces es llamado su «obediencia pasiva», no en el sentido de que fue una víctima trágica del destino, sino porque obedeció amorosamente el plan del Padre al someterse a la pena de muerte que nuestros pecados merecían.

¿Qué logró la muerte de Cristo? Su muerte fue tan monumental, el Nuevo Testamento habla de ella usando varios temas y metáforas relacionadas y superpuestas.

Primero, (1) Cristo es nuestro sacrificio expiatorio substitutivo penal. Esta es la forma predominante en que la Biblia describe la muerte de Cristo, por lo que pasaremos la mayor parte del tiempo en este punto.

Expiación es una palabra que se refiere a la restauración de la correcta relación entre el hombre y Dios; también lleva la connotación del sacrificio que se realiza o el precio que se paga para que esa relación sea posible.

Comencemos con la necesidad de la expiación. Aquí solo tenemos que recordar nuestra clase hace unas semanas acerca del problema del pecado. Somos culpables ante Dios como aquellos que son representados por Adán. Hemos confirmado nuestra sentencia de culpabilidad por nuestros propios actos sucios. Como dice Juan 3:36, la ira de Dios está sobre todos los que están sin Cristo. Efesios 2:3 dice que por naturaleza somos hijos de ira. Esto es porque Dios es bueno. Su ley es correcta, su santidad es inimaginablemente pura, y su justicia es totalmente recta. Por tanto, él no permitirá que el mal y la iniquidad queden impunes. Él no esconderá nuestro pecado debajo de la alfombra.

Entonces, Dios ordenó los sacrificios y las ofrendas del Antiguo Testamento para expresar gráficamente la absoluta necesidad de la expiación. Los animales eran sacrificados diariamente según lo prescrito por Levítico. ¿Por qué? Como lo explica Hebreos 9:22: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión». La paga del pecado es muerte según Romanos 6:23. Esta lección estaría arraigada en las mentes de todos los israelitas, porque el piso del templo estaría cubierto de sangre. Dios no necesitaba salvar a nadie. Pero en su misericordia, proporcionó sacrificios regulares que apuntaban todos hacia el sacrificio final que expía el pecado de manera definitiva. 

Eso nos lleva a la naturaleza de la expiación.

La muerte expiatoria de Cristo fue «penal». Es decir, él sufrió la pena en la que incurrieron nuestros pecados: el precio de la muerte. Isaías 53:5: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados». 1 Pedro 2:24: «Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia».

Su muerte también fue sustitutiva. Él tomó la muerte que legítimamente merecíamos, en nuestro lugar. La idea de la sustitución se incorporó a la historia de Israel desde el principio. Solo piensa en el Éxodo, donde un cordero fue asesinado, por así decirlo, en vez de —en  lugar de— el hijo mayor de la familia. No es de extrañar que Juan el Bautista llamara a Jesús el «Cordero de Dios» (Juan 1:29) y que Jesús muriera durante la Pascua. Isaías 53:12,  él fue contado con los transgresores. 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado [Cristo], por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».

John Stott escribió memorablemente: «La esencia del pecado es el hombre sustituyéndose a sí mismo en lugar de Dios, mientras que la esencia de la salvación es Dios sustituyéndose a sí mismo en lugar  del hombre»[4]. Cuando reflexionamos sobre la sustitución de Cristo por nosotros, ¿cómo podrían nuestros corazones no fluir en alabanza? Como lo expresa un himno con tanta fuerza: «Llevándome a la vergüenza y burlándome groseramente, en mi lugar, condenado, se puso de pie, selló mi perdón con su sangre. ¡Aleluya! ¡Qué Salvador!».

Luego, ¿cuál es el resultado de la expiación, o qué logró esta muerte penal y sustitutiva para el pueblo de Dios? Por un lado, logró la propiciación de la ira de Dios, lo que significa que la buena ira de Dios contra el pecado ha sido resuelta y removida por el sacrificio de Cristo. Los libros proféticos del Antiguo Testamento muestran la buena ira de Dios contra toda iniquidad mientras él derrama la copa de su santa ira. Él bebió esa copa en la cruz por todos los que confían en Cristo. Experimentó la justa oposición de Dios contra el pecado, la oposición que merecíamos conocer eternamente. Esto es a lo que Pablo se refiere en Gálatas 3:13 cuando dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero». El único obediente absorbió la maldición que merecían los pecadores desobedientes como nosotros.

Tal vez el pasaje más claro acerca de la propiciación es Romanos 3:23-25: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre». Como vimos anteriormente, el derramamiento de sangre es necesario para la expiación. Jesucristo es ese sacrificio de sangre que fue aceptable para Dios. Y debemos recordar, que si bien la propiciación es necesaria porque Dios es santo, es posible porque Dios es supremamente amoroso y misericordioso. 1 Juan 4:10: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecado».

Eso es la propiciación. La muerte de Cristo también logró la expiación, lo que significa que su muerte cubre por completo la culpa de nuestro pecado. Ya no somos culpables ante Dios, sino que somos declarados inocentes. Juan 1:29: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». La ley trae condenación porque expone cómo no cumplimos con los estándares de Dios, pero Colosenses 2:14 dice que Dios perdonó todas nuestras ofensas, «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz».

No solo esto, sino que la muerte de Cristo también produjo nuestra purificación, o lo que los teólogos a veces llaman la santificación posicional, lo que significa que hemos sido limpiados y apartados como aceptables para Dios. Ya no estamos manchados por el pecado; hemos sido lavados (1 Co. 6:11). 1 Juan 1:7 dice: «la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado». El autor de Hebreos en el capítulo 9, versículo 14 dice que la sangre de Cristo purifica nuestra conciencia para que ahora podamos servir al Dios viviente.

Como puedes ver, la obra de Cristo en la cruz lo cambia todo para nosotros. Así que vale la pena hacer una pausa aquí y alabar a Dios porque la obra de Cristo fue totalmente efectiva. Como dice el versículo con el que abrimos: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores», y eso es exactamente lo que hizo. Nosotros no contribuimos en nada a nuestra salvación. Jesús no compró una posibilidad de salvación que luego necesitamos activar. Él no vino a hacer de la expiación una realidad potencial, sino una realidad verdadera para aquellos que se arrepienten y creen. Podemos verlo en la naturaleza misma de la expiación. La sustitución, bíblicamente, significa sustituir a un grupo definido de personas. Ese fue el caso con el Cordero de la Pascua y con los sacrificios del Antiguo Testamento. Incluso estos sacrificios, que anticiparon la expiación de Cristo, realmente lograron la purificación del adorador, a pesar de que ese tipo de purificación fue solo temporal. ¡Cuánto más, entonces, el sacrificio de Cristo realmente logra la propiciación, la expiación y la purificación permanente para el pueblo de Dios! Él murió, dice Efesios 5:25, por la iglesia, su Novia. Él es nuestro sustituto.

Esta expiación nos es aplicada por el Espíritu Santo cuando nos convertimos, cuando nos alejamos de nuestro pecado y confiamos en Cristo. Así, las tres personas de la Trinidad actúan armoniosamente en la gran obra de redención. La muerte de Cristo fue un acto sustitutivo por todos los que el Padre escogió, que son todos aquellos a quienes el Espíritu da el regalo de una nueva vida. Creyente, ¿alguna vez has sentido la tentación de dudar u olvidar el amor de Cristo por ti? Mira su expiación sustitutiva. Cuando Jesús fue a la cruz, pensaba en ti. En Juan 17, su oración sacerdotal, Jesús oró por los que han de creer en él. Ese eres tú. Él sudó gotas de sangre en el huerto de Getsemaní porque sabía que estaba a punto de tomar el castigo por tus pecados, para siempre. Los agujeros en sus manos siempre serán monumentos de su amor por ti y por mí[i][ii].

Como dije anteriormente, el Nuevo Testamento describe la muerte de Cristo usando términos e imágenes superpuestos. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en la expiación sustitutiva, pero veamos cuatro aspectos más importantes y hermosos de lo que hizo por nosotros en la cruz.

(2) Cristo es nuestro sustituto legal

Esta es la gloriosa verdad de la justificación. Aquí la Escritura usa el lenguaje de un tribunal de justicia para transmitir nuestra salvación. Somos culpables ante el tribunal de Dios. Pero Cristo toma nuestra sentencia. Como resultado, somos declarados inocentes, ¡pero no solo eso! Eso sería bueno, pero solo por unos 2 segundos, ¡hasta que pequemos otra vez! También, el récord de justicia perfecto de Cristo se nos acredita o «imputa». Él toma nuestra hoja de antecedentes penales, y Dios el juez nos trata de acuerdo con la posición recta y perfectamente inocente de Cristo. Isaías 53:11 destaca cómo el siervo sufriente «justificará… a muchos, y llevará las iniquidades de ellos».

Al proveer a Cristo para nuestra justificación, Dios vindica su justicia mientras que al mismo tiempo  muestra una misericordia maravillosa a los pecadores. Pablo explica que cuando los creyentes del Antiguo Testamento pecaron, Dios simplemente estaba reteniendo su castigo, hasta la muerte de Cristo. Cuando Jesús murió en la cruz, tomó la culpa legal por todos los pecados de todos los creyentes: pasados, presentes y futuros. Romanos 3:24-26: somos «justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar  su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús». Entonces, al contrario de lo que mucha gente piensa e incluso enseña, nunca podremos ganar el suficiente mérito ante Dios, para presentarnos ante su tribunal, incluso si ese mérito puede obtenerse a través de las buenas obras y los sacramentos. Más bien, Dios en su justicia nos declara justos porque la muerte de Cristo paga la sentencia de nuestra culpa y su justicia nos es contada. Entonces misericordia y justicia se encuentran en la cruz. Alabado sea Cristo, el que provee nuestra justificación.

(3) Cristo también es nuestro redentor

Aquí las Escrituras usan la ilustración de la venta de esclavos. Somos esclavos del pecado, incapaces de liberarnos de nuestra esclavitud voluntariamente. Cristo compra nuestra libertad para siempre. Marcos 10:45: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». Algunos a través de los años han sugerido que Jesús pagó este rescate a Satanás, pero no hay base bíblica para eso. Más bien, esta redención es el pago que Dios mismo exige a causa de su justicia. Nuestro pecado nos ha encerrado en cautividad a su juicio. La sangre de Cristo, es decir, el final de su vida, es lo que nos libera de este cautiverio. Nuestro juicio cayó sobre él. Como dice 1 Pedro 1:18-19: «fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación».

De manera práctica, esto quiere decir que le pertenecemos a Cristo. ¡Ya no somos esclavos del pecado! Tenemos un nuevo señor y su yugo es fácil y su carga es ligera. Fuiste comprado con un precio, dice Pablo. Por tanto, glorifica a Dios en tu cuerpo (1 Co. 6:20). Satanás puede mentir todo lo que quiera, pero no tiene poder sobre nosotros y el pecado no tiene derecho sobre nosotros. Col 1:13-14, hemos sido liberados del dominio de las tinieblas y transferidos al reino del Hijo amado de Dios, en quien tenemos redención.

Pero no solo nos liberamos del pecado y la muerte, ahora disfrutamos de una nueva relación con Dios:

(4) Cristo es nuestro reconciliador

Aquí es donde la obra de Cristo se vuelve especialmente dulce. La Biblia no solo describe nuestra salvación en términos de justicia, redención y sacrificio, sino también en términos de relación. Nosotros éramos enemigos de Dios. Ahora, en Cristo, somos sus hijos adoptivos. Nuestra separación de Dios comenzó cuando Adán y Eva fueron exiliados del huerto de Edén. Nuestra hostilidad hacia él no era una Guerra Fría, era una batalla total. Nos rebelamos contra él y sus designios. Esta es la razón por la que Lucas 15 es quizá mi capítulo favorito en la Biblia, porque todos podemos identificarnos con ese hijo pródigo que toma de su padre y, sin embargo, rechaza una relación con él.

De nuevo, la sustitución de Cristo está en el corazón de nuestra reconciliación. Romanos 5:1: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Romanos 5:10: «Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo».

Las Escrituras usan la bella ilustración de la familia para describir nuestra reconciliación. Gálatas 4:4-6: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo». Dios escucha nuestras oraciones. Él nos cuida con ternura como un padre. Como hijos adoptivos, la herencia del reino que pertenece a Cristo ahora es nuestra herencia también.

Una implicación de esta reconciliación con Dios como nuestro padre es que todos estamos unidos como hermanos y hermanas en su hogar. Judíos y gentiles, blancos y negros, jóvenes y viejos, poderosos y débiles – Efesios 2:14: «Porque [Cristo] es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación».

Finalmente, (5) Cristo es nuestro vencedor. Por su muerte y resurrección, Jesús conquista a Satanás, el pecado y la muerte en nuestro nombre. Es por eso que cuando habla de su próxima muerte en Juan 12:31, Jesús dice: «ahora el príncipe de este mundo será echado fuera». Col 2:15: «[Dios] despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz», es decir, en Cristo y en su muerte victoriosa. 1 Corintios 15:56-57: «Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo». Nadie puede oponerse a él, y en él somos más que vencedores. Esto nos recuerda que la muerte sustitutiva de Cristo no solo nos reconcilia con Dios, sino que nos lleva a un glorioso estado de triunfo y esperanza. No por lo que hemos hecho, sino por lo que él ha hecho. Pero este es un buen lugar para concluir hoy, porque la victoria de Cristo está estrechamente vinculada no solo a su muerte sino a su resurrección. De hecho, todo lo que hemos dicho hoy acerca de su muerte carecería de sentido y sería en vano si no fuera por esta gloriosa verdad: Jesús resucitó de entre los muertos. Es por eso que la expiación, la justificación, la redención, la reconciliación y la victoria que él ofrece son sólidas y están garantizadas. Porque él no era un simple hombre. Conquistó la muerte y se levantó para que todos los que están unidos a él por la fe puedan compartir su nueva vida. Eso es lo que veremos la próxima semana. Pero por ahora, oremos y alabemos a Dios por la muerte de su Hijo.

 

[1]A veces, estos roles casi se superponen, por ejemplo, en Moisés que descendió de una línea sacerdotal e intercedió por el pueblo ante Dios, pero que fue designado como profeta en Deuteronomio 18. O David, que gobernó como rey y también danzó en la presencia de Dios llevando una prenda sacerdotal. Estas pistas apuntan hacia alguien que cumpliría perfectamente todos estos roles.

[2] Herman Bavinck, Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ, vol. 3 (Grand Rapids, MI: Baker, 2006), 418.

[3] Recuerda, el Israel del Antiguo Testamento fue llamado el «Hijo» de Dios en Éxodo 4:22. Dios les dio vida y debían representarlo en el mundo de la misma manera que un hijo lleva la reputación de su padre. Pero después de que Dios los guió a través de las aguas del mar Rojo, lo desobedecieron en el desierto. Sus corazones se endurecieron y sus acciones fueron rebeldes. El Nuevo Testamento presenta a Jesús como el nuevo y mejor Israel. Él es el Hijo de Dios en el sentido más completo. En Mateo 3, Jesús es bautizado; la voz del cielo dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia», e inmediatamente Jesús, como Israel, es tentado en el desierto. Pero él obedece perfectamente.

[4]Cross of Christ.

[i] Aquí hay una sección más completa sobre el alcance de la expiación que se escribió en  el año 2016, pero decidí no usarla en la clase por razones de tiempo y porque este es un tema potencialmente confuso.

Esta discusión acerca de la efectividad de la expiación nos ayuda a abordar la cuestión común del alcance de la expiación. ¿Por quién vino Cristo a morir? ¿Él expió los pecados de todos sin excepción, o murió específicamente por los escogidos, el pueblo de Dios? Los evangélicos ofrecen diferentes respuestas a esta pregunta, y nuestra declaración de fe no requiere que tomes una posición particular. Pero me gustaría argumentar que la naturaleza de la expiación muestra que Cristo murió específicamente por nosotros, su novia.

Esto es a lo que me refiero. Si observamos la naturaleza de la sustitución, significa sustituir a un grupo definido de personas. Ese fue el caso con el cordero de la Pascua y con los sacrificios del Antiguo Testamento. Esos animales no eran sustitutos de toda la humanidad, sino de un subconjunto particular de personas. Sucede lo mismo con Jesús. Él vino a sacrificarse por el pueblo de Dios. Esto se deriva del argumento de Hebreos capítulos 7-10, Jesús es mediador de un nuevo pacto, y este pacto se hace específicamente, de acuerdo con Hebreos 9:15, con «los llamados», es decir, aquellos a quienes Dios aparta como su pueblo del nuevo pacto. Jesús, en sus propias palabras, vino a dar su «vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45), a «dar su vida por las ovejas» (Juan 10:11). O, Pablo dice en Efesios 5:25: «Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla». En Hechos 20:28, él declara que Dios «ganó [la iglesia] por su propia sangre». Ahora bien, esta no es una declaración acerca del mérito o el valor del sacrificio de Cristo; por supuesto, él era Dios, por lo que su sacrificio tenía un valor infinito. Estamos hablando de su diseño: fue pensado para la salvación del pueblo escogido de Dios. Este punto de vista, que defiendo de las Escrituras, ha sido llamado «expiación limitada» o «expiación particular», pero creo que el mejor título es «expiación definitiva» porque sintetiza lo que es alentador sobre esta verdad: Cristo murió para asegurar la redención del pueblo escogido de Dios, y lo ha hecho definitivamente, efectivamente, sin nada que carezca de la expiación sustitutiva que ha logrado. Esta expiación nos es aplicada por el Espíritu Santo cuando nos convertimos, cuando nos alejamos de nuestro pecado y confiamos en Cristo. Entonces es cuando somos salvados. Pero el punto es que la muerte de Cristo fue un sacrificio sustitutorio por todos los que el Padre escogió, que son todos aquellos a quienes el Espíritu da el regalo de una nueva vida.

Por supuesto, hay contraargumentos comunes a este punto de vista. Muchos señalarán varios versículos del Nuevo Testamento que hablan de la venida de Cristo para ofrecer expiación por «todas» las personas o por «todo el mundo». No tenemos tiempo para revisar cada uno de estos pasajes, pero sugiero que, si miras el contexto, el autor no pretende decir que Cristo murió por todas las personas sin excepción, sino que vino a salvar a todo tipo de personas sin distinción.

Tomemos 1 Juan 2:2 por ejemplo: «[Cristo] es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo». ¿Qué quiere decir Juan con esto? Claramente, él no cree que todas las personas en todas partes serán salvas, porque toda su carta advierte acerca de los falsos maestros y de las personas que niegan a Cristo. Más bien, mira el énfasis de 1 Juan en amar a tu hermano y caminar en la comunión de la luz. Su punto parece ser que la muerte de Jesús no fue solo por los judíos, como muchos judíos pudieron haber creído, sino que la expiación de Cristo fue por todos los pueblos, judíos y gentiles. Juan se refiere a todos los grupos de personas y no a todas las personas. De nuevo, puedes estar en desacuerdo con la perspectiva que estoy enseñando aquí. Pero creo que este es realmente un punto maravillosamente alentador: Cristo murió por nosotros, su ovejas, su novia. Cuando él murió, si eres creyente, lo hizo pensando en ti. Nada puede deshacer la expiación que ha hecho por ti. Fue totalmente efectiva. ¡Alabado sea Dios por Cristo, nuestro sustituto!

[ii] Más material acerca de la expiación limitada de una versión anterior de esta clase:

John Owen, teólogo del siglo XVII que escribió uno de los mejores libros jamás escritos acerca de la expiación, La muerte de la muerte en la muerte de Cristo, proporciona un fuerte argumento para la posición de que el mérito ilimitado de la muerte de Cristo fue limitado en su intento.

Owen comienza con Isaías 53:

«Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros».

Este pasaje deja en claro que Cristo murió por los pecados y trajo la paz con Dios. Según Owen, hay tres posibilidades:

  1. Cristo murió por algunos de los pecados de todos los hombres;
  2. Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres;
  3. Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres.

Nadie afirma que la primera posibilidad sea verdadera. Si Cristo murió solamente por algunos de los pecados de todos los hombres, entonces todo se perdería debido a los pecados por los cuales Cristo no murió.

La segunda declaración es que «Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres». Sin duda, Cristo no tendría que hacer nada más por haber muerto por todos los pecados de todos los hombres, pero si esto es cierto, entonces ¿por qué no todos son salvos? La respuesta normalmente presentada es: «Debido a su incredulidad; no creerán». Pero las Escrituras nos dicen que la incredulidad se categoriza como un pecado. Si es un pecado, entonces de acuerdo con la proposición de que «Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres», Cristo murió por ese pecado. ¿Por qué debería ese pecado en particular obstaculizarlos más que sus otros pecados por los cuales Cristo murió? ¿Por qué ese pecado no está cubierto por la sangre de Cristo también? Entonces, vemos que esta afirmación tampoco puede ser verdadera. Si bien obtener la salvación y dar la salvación no son exactamente lo mismo, tampoco deben separarse.

Es la tercera declaración la que refleja con precisión toda la enseñanza Bíblica: Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres. Es decir, murió por la incredulidad de los escogidos, de modo que la ira punitiva de Dios se aplacó contra ellos. Esto es la gracia salvadora.

Cuando comparezcamos ante el tribunal de Dios, no tendremos nada de qué jactarnos ante nuestro Creador. No podemos darnos una palmadita en la espalda por creer. La salvación es completamente por gracia. No tenemos que lograr por nosotros mismos nuestro nuevo nacimiento y camino hacia la fe. No, oímos la voz del Pastor llamando, y lo seguimos, encontrándonos atraídos irresistiblemente de las tinieblas a su luz admirable. Esta es la teología bíblica en su mejor momento. Esta es la cosa más tremenda, más gloriosa, más asombrosa del universo y de toda la historia.

https://es.9marks.org/

Mark Dever

La persona de Cristo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 11/26

La persona de Cristo – Parte 2

Cristología Bíblica: La persona de Cristo – Parte 2

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad» – Juan 1:14.

  1. Introducción y repaso

(Juan 1, Colosenses 1, Filipenses 2, Hebreos 1)

La semana pasada comenzamos a estudiar la persona de Cristo, y nos enfocamos en la deidad de Cristo, la verdad de que el Hijo de Dios es completamente Dios, coigual, coeterno, con Dios el Padre y Dios el Espíritu, mirando pasajes como Juan 1, Colosenses 1, Filipenses 2, Hebreos 1. Esta mañana dirigimos nuestra atención a la humanidad de Cristo. Este que es completamente Dios, hace 2000 años, tomó forma de carne y habitó entre nosotros. Cuando hablamos de la persona de Cristo, siempre queremos tener en cuenta que Jesucristo es a la vez completamente Dios y totalmente Hombre en una sola persona. La Escritura enseña que: «Jesucristo fue completamente Dios y completamente hombre en una persona, y así será para siempre».

Ilustración: Spurgeon: ¡Maravíllate con este misterio! ¡El Infinito se convirtió en un bebé!

  1. La humanidad de Cristo en las Escrituras 
  • Vemos la humanidad de Cristo claramente descrita en 1 Juan 4:2-3. Lo verás en tu folleto…
  • 1 Juan 4:2-3: «En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo».

Si me sigues con tu folleto, veremos la humanidad de Jesús en tres amplias categorías. Primero, veremos el nacimiento virginal, luego sus debilidades y limitaciones, y finalmente su humanidad sin pecado.

A. Nacimiento virginal

(Isaías 7:14Mateo 1:18-2524-25Lucas 1:353:23)

Cuando hablamos de la humanidad de Cristo, es apropiado comenzar con una consideración del nacimiento virginal de Cristo. La Escritura afirma claramente que Jesús fue concebido en el vientre de su madre María por una obra milagrosa del Espíritu Santo y sin la intervención de un padre humano.

  • Isaías 7:14: «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel».
  • Mateo 1:18: «El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo».
  • Lucas 1:35: «Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios».

La importancia doctrinal del nacimiento virginal:

  1. El nacimiento virginal fue el medio que Dios usó para enviar a su Hijo (Juan 3:16Gal 4:4) al mundo como un hombre. Jesús experimentó toda la vida humana, incluso en el vientre de su madre. Pero la naturaleza milagrosa del nacimiento virginal atestigua el hecho de que él no era solamente un hombre, sino el único Dios-hombre.
  2. El nacimiento virginal también parece tener algún significado para Jesús como el nuevo Adán. Se dramatiza el hecho de que a diferencia del resto de nosotros, que heredamos una naturaleza pecaminosa y culpable de nuestro primer padre, Adán, Jesús no tuvo un padre terrenal. Él es un nuevo representante de la raza humana, de todos aquellos que se unirían a él por la fe. El nacimiento virginal parece importante aquí, porque nos muestra que Jesús no descendió de Adán exactamente de la misma manera en que cada ser humano descendió de Adán. Y esto nos ayuda a comprender por qué la culpabilidad legal y la corrupción moral que pertenecen a todos los demás seres humanos no le pertenecen a Cristo. Esta idea parece estar indicada en la declaración del ángel Gabriel a María en Lucas 1:35 – porque Jesús sería concebido por el poder del Espíritu Santo, por tanto, sería llamado santo.

B. Jesús soportó las debilidades y limitaciones humanas

  • Jesús tenía un cuerpo humano

(Lucas 2:7405223:4624:42Mateo 4:211Juan 4:619:2821:913)

El hecho de que Jesús tenía un cuerpo humano al igual que nuestros cuerpos humanos se ve en muchos pasajes de las Escrituras.

  • Nació como nacen todos los bebés humanos (Lucas 2:7).
  • Creció desde la infancia hasta la edad adulta como crecen todos los niños: «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él» (Lucas 2:40).
  • Jesús se cansó tanto como nosotros, porque leemos que «Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo» (Juan 4:6).
  • Tuvo sed y hambre, porque cuando estaba en la cruz, dijo: «Tengo sed» (Juan 19:28). Después de haber ayunado durante cuarenta días en el desierto, leemos que  «tuvo hambre» (Mateo 4:2).
  • A veces estuvo físicamente débil, porque durante su tentación en el desierto ayunó durante cuarenta días (el punto en el que la fuerza física de un ser humano se ha ido casi por completo y más allá de lo cual un daño físico irreparable ocurriría si continúa el ayuno). En ese momento «vinieron ángeles y le servían» (Mateo 4:11), aparentemente para cuidarlo y proporcionarle alimento hasta que recuperara la fuerza suficiente para salir del desierto. Cuando Jesús iba camino a ser crucificado, los soldados obligaron a Simón de Cirene a llevar su cruz (Lucas 23:26), muy probablemente porque Jesús estaba tan débil después de la golpiza que había recibido que no tenía suficiente fuerza para llevarla él mismo.
  • La culminación de las limitaciones de Jesús en términos de su cuerpo humano se ve cuando murió en la cruz (Lucas 23:46). Su cuerpo humano dejó de tener vida en él y dejó de funcionar, tal como lo hace el nuestro cuando fallecemos.

Jesús también resucitó de los muertos en un cuerpo físico y humano, aunque se perfeccionó y ya no estaba sujeto a debilidades, enfermedades o muerte. Él demuestra repetidamente a sus discípulos que tiene un cuerpo físico real: «Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lucas 24:39). Les está mostrando y enseñado que tiene «carne» y «huesos», y no es simplemente un «espíritu» sin un cuerpo. Otra evidencia de este hecho es que «le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos» (Lucas 24:42. v. 30; Juan 20:17202721:913).

En este mismo cuerpo humano (aunque un cuerpo de resurrección que se hizo perfecto), Jesús también ascendió al cielo. Dijo antes de irse: «Dejo el mundo, y voy al Padre» (Juan 16:2817:11). La manera en que Jesús ascendió al cielo estaba calculada para demostrar la continuidad entre su existencia en un cuerpo físico aquí en la tierra y su existencia continua en ese cuerpo en el cielo. Solo unos pocos versículos después de que Jesús les había dicho: «Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lucas 24:39), leemos en el evangelio de Lucas que Jesús «los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo» (Lucas 24:50-51). De manera similar, leemos en Hechos: «viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos» (Hechos 1:9).

Todos estos versículos juntos muestran que, en lo que respecta al cuerpo humano de Jesús, era como el nuestro en todos los aspectos antes de su resurrección, y después de su resurrección todavía era un cuerpo humano con «carne» y  «huesos», pero hecho perfecto, la clase de cuerpo que tendremos cuando Cristo regrese y nosotros también resucitemos de entre los muertos. Jesús continúa existiendo en ese cuerpo humano en el cielo, como enseña la ascensión.

  • Jesús tenía una mente humana

(Lucas 2:52Hebreos 5: 8Marcos 13:32)

El hecho de que Jesús «crecía en sabiduría» (Lucas 2:52) dice que pasó por un proceso de aprendizaje tal como lo hacen todos los demás niños: aprendió a comer, a hablar, a leer y escribir, y a ser obediente a sus padres (véase Hebreos 5:8). Este proceso de aprendizaje ordinario fue parte de la humanidad genuina de Cristo.

También vemos que Jesús tenía una mente humana como la nuestra cuando habla del día en que volverá a la tierra: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (Marcos 13:32).

  • Jesús tenía un alma humana y emociones humanas

(Juan 12:212711:35Hebreos 5: 7Mateo 8:10)

Vemos varios indicios de que Jesús tenía un alma (o espíritu) humana. Justo antes de su crucifixión, Jesús dijo: «Ahora está turbada mi alma» (Juan 12:27). Juan escribe un poco más tarde: «Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu» (Juan 13:21). La palabra turbada representa el término griego tarasso, una palabra que a menudo se usa para referirse a las personas cuando están ansiosas o repentinamente muy sorprendidas por el peligro.

Además, antes de la crucifixión de Jesús, al darse cuenta del sufrimiento que enfrentaría, dijo: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte» (Mateo 26:38). Tan grande era el dolor que sentía que parecía que, de volverse más fuerte, acabaría con su vida.

Jesús tenía una gama completa de emociones humanas.

  • Él «se maravilló» de la fe del centurión (Mateo 8:10). Lloró de pena por la muerte de Lázaro (Juan 11:35).
  • Y oró con un corazón lleno de emoción, porque «en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas, con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» (Hebreos 5:7).
  • Además, el autor nos dice: «Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen» (Hebreos 5:8-9). Sin embargo, si Jesús nunca pecó, ¿cómo «aprendió la obediencia»? Aparentemente, al Jesús ir creciendo, como todos los demás niños humanos, pudo asumir más y más responsabilidades. Cuanto más viejo se volvía, más demandas le exigían su padre y su madre en términos de obediencia, y más difíciles eran las tareas que su Padre celestial podía asignarle llevar a cabo en la fuerza de su naturaleza humana. Con cada tarea cada vez más difícil, incluso cuando involucraba algo de sufrimiento (como lo especifica Hebreos 5:8), la capacidad moral humana de Jesús, su capacidad de obedecer en circunstancias cada vez más difíciles, aumentó. Podríamos decir que su «columna vertebral moral» se vio fortalecida por el ejercicio cada vez más difícil. No obstante, en todo esto, nunca pecó ni una vez.

La completa ausencia de pecado en la vida de Jesús es aún más notable debido a las severas tentaciones que enfrentó, no solo en el desierto, sino a lo largo de su vida. El autor de Hebreos afirma que Jesús «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). El hecho de que él enfrentó la tentación significa que tenía una naturaleza humana genuina que podía ser tentada, porque la Escritura nos dice claramente que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13).

  • Jesús fue entendido por otros como un ser humano

(Mateo 13: 53-58)

  • Mateo 13:53-58: «Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos».

C. Jesús era completamente humano y también sin pecado

(2 Corintios 5:21Hebreos 4:15-161 Pedro 1:19Hechos 2:273:144:307:5213:35)

  • 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».
  • Hebreos 4:14-16: «Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.  Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Las Escrituras testifican claramente que Jesucristo vivió una vida sin pecado…

Aplicación: ¡Adora a Jesucristo como el Dios-Hombre!

  • Atanasio (año 373): «Tales y tantos son los logros del Salvador que se derivan de Su Encarnación, que tratar de contarlos es como mirar el mar abierto e intentar contar las olas. Porque, de hecho, todo es maravilloso, y dondequiera que un hombre dirige su mirada, ve la Deidad de la Palabra y es impresionado con asombro»[1].

¿Por qué era necesaria la humanidad completa de Jesús? Para que podamos: 

Jesús fue nuestro representante y obedeció por nosotros donde Adán había fallado y había desobedecido.

Si Jesús no hubiera sido un hombre, no podría haber muerto en nuestro lugar y haber pagado la pena que merecíamos.

  • Adorar a Jesucristo, el mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5)

Debido a que estábamos separados de Dios por el pecado, necesitábamos que alguien se interpusiera entre Dios y nosotros y nos regresara a él. Necesitábamos un mediador que pudiera representarnos ante Dios y que pudiera representarnos a Dios. Solo hay una persona que alguna vez ha cumplido ese requisito.

Jesús tuvo que convertirse en un hombre como nosotros para vivir como nuestro ejemplo y modelo en la vida. Los discípulos son seguidores de Cristo. Nuestro objetivo debe ser, ser como Cristo todos nuestros días, hasta el punto de morir, y morir con una obediencia inquebrantable a Dios, con una gran confianza en él, y con amor y perdón hacia los demás.

Si Jesús no hubiera sido un hombre, no habría podido conocer por experiencia lo que sufrimos en nuestras tentaciones y luchas en esta vida. Pero debido a que ha vivido como un hombre, es capaz de entendernos más plenamente en nuestras experiencias.

Jesús tuvo que ser levantado como hombre para ser «el primogénito de entre los muertos» (Col. 1:18), el modelo de los cuerpos que más tarde tendríamos. Ahora tenemos un cuerpo físico como el de Adán, pero tendremos uno como el de Cristo: «Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial» (1 Co. 15:49).

Jesús no se convirtió temporalmente en hombre, sino que su naturaleza divina se unió permanentemente a su naturaleza humana, y vive para siempre no solo como el Hijo eterno de Dios, la segunda persona de la Trinidad, sino también como Jesús, el hombre que nació de María, y como Cristo, el Mesías y Salvador de su pueblo. Jesús seguirá siendo completamente Dios y completamente hombre, pero una sola persona, para siempre.

 

MATERIAL EXTRA – Principalmente para el estudio/preparación personal del maestro

  1. Combinar textos bíblicos específicos acerca de la deidad y humanidad de Cristo

Cuando examinamos el Nuevo Testamento, como hicimos anteriormente en las secciones acerca de la humanidad y deidad de Jesús, hay varios pasajes que parecen difíciles de encajar entre sí (¿Cómo podría Jesús ser omnipotente y débil a la vez? ¿Cómo podría dejar el mundo y aún así estar presente en todas partes? ¿Cómo podría aprender cosas y ser omnisciente?). A medida que la iglesia luchaba por comprender estas enseñanzas, finalmente surgió el Credo de Calcedonia, que hablaba de dos naturalezas distintas en Cristo que conservan sus propias propiedades, pero permanecen juntas en una sola persona. Esta distinción, que nos ayuda en nuestra comprensión de los pasajes bíblicos mencionados anteriormente, también parece ser exigida por esos pasajes.

a. Una naturaleza hace algunas cosas que la otra naturaleza no hace: Los teólogos evangélicos en generaciones pasadas no dudaron en distinguir entre las cosas hechas por la naturaleza humana de Cristo, mas no por su naturaleza divina, o por su naturaleza divina, pero no por su naturaleza humana. Parece que tenemos que hacer esto si estamos dispuestos a afirmar la declaración de Calcedonia que señala que «es preservada la propiedad de cada naturaleza». Pero pocos teólogos en la actualidad han estado dispuestos a hacer tales distinciones, tal vez por una vacilación en afirmar algo que no podemos entender.

  • Jesús ha regresado al cielo y está presente con nosotros: Cuando hablamos de la naturaleza humana de Jesús, podemos decir que ascendió al cielo y ya no está en el mundo (Juan 16:2817:11Hechos 1:9-11). Pero con respecto a su naturaleza divina, podemos decir que Jesús está presente en todas partes: «Porque donde están dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20); «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20); «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y haremos morada con él» (Juan 14:23). Entonces podemos decir que ambas cosas son ciertas acerca de la persona de Cristo: él ha regresado al cielo y también está presente con nosotros. 
  • Jesús era temporal y eterno: De la misma manera, podemos decir que Jesús tenía alrededor de 30 años (Lucas 3:23), si estamos hablando con respecto a su naturaleza humana, pero podemos decir que él existió eternamente (Juan 1:1 -28:58) si estamos hablando de su naturaleza divina. 
  • Jesús era débil y todopoderoso: En su naturaleza humana, Jesús se debilitó y cansó (Mateo 4:28:24Marcos 15:21Juan 4:6), pero en su naturaleza divina era omnipotente (Mt. 8:26-27Col. 1:17Hebreos 1:3). Particularmente llamativa es la escena en el mar de Galilea donde Jesús dormía en la popa de la barca, presumiblemente porque estaba cansado (Mateo 8:24). ¡Pero pudo levantarse de su sueño y calmar el viento y el mar con una palabra (Mateo 8:26-27)! ¡Cansado, pero omnipotente! Aquí la débil naturaleza humana de Jesús ocultó completamente su omnipotencia hasta que esa omnipotencia estalló en una palabra soberana del Señor del cielo y la tierra. 

Si alguien pregunta si Jesús, cuando estaba dormido en la barca, también estaba «sustentando todas las cosas con la palabra de su poder» (Hebreos 1:3, traducción del autor), y si todas las cosas en el universo subsistían por él en ese momento (ver Col. 1:17), la respuesta debe ser sí, porque esas actividades siempre han sido y serán siempre la responsabilidad particular de la segunda persona de la Trinidad, el eterno Hijo de Dios. Aquellos que encuentran la doctrina de la encarnación «inconcebible» a veces han preguntado si Jesús, cuando era un bebé en el pesebre de Belén, también estaba «sosteniendo el universo». A esta pregunta, la respuesta también debe ser sí: Jesús no era solo potencialmente Dios o alguien en quien Dios trabajó únicamente, era verdadera y completamente Dios con todos los atributos de Dios. Era «un Salvador, que es CRISTO el Señor» (Lucas 2:11).

Aquellos que rechazan esto como imposible simplemente tienen una definición diferente de lo que es «posible» a la que Dios tiene, como se revela en las Escrituras. Decir que no podemos entender esto es humildemente apropiado. Pero decir que no es posible parece más una arrogancia intelectual.

  • Jesús murió y no murió: Asimismo, podemos entender que en su naturaleza humana, Jesús murió (Lucas 23:461 Corintios 15:3). Pero con respecto a su naturaleza divina, no murió, sino que pudo resucitar entre los muertos (Juan 2:1910:17-18Hebreos 7:16). Sin embargo, aquí debemos dar una nota de precaución: es cierto que cuando Jesús murió su cuerpo físico murió y su alma humana (o espíritu) se separó de su cuerpo y pasó a la presencia de Dios el Padre en el cielo (Lucas 23:4346). De esta manera él experimentó una muerte que es como la que nosotros, como creyentes, experimentamos si morimos antes de que Cristo regrese. Y no es correcto decir que la naturaleza divina de Jesús murió, o pudo morir, si «morir» significa un cese de la actividad, un cese de la conciencia o una disminución del poder. No obstante, en virtud de la unión con la naturaleza humana de Jesús, su naturaleza divina de alguna manera probó algo de lo que era pasar por la muerte. La persona de Cristo experimentó la muerte. Además, parece difícil comprender cómo la naturaleza humana de Jesús pudo haber soportado la ira de Dios contra los pecados de millones de personas. Parece que la naturaleza divina de Jesús tuvo que participar de algún modo en la carga de ira contra el pecado que se nos debía (aunque las Escrituras en ninguna parte afirman esto explícitamente). Por tanto, aunque la naturaleza divina de Jesús en realidad no murió, Jesús pasó por la experiencia de la muerte como una persona completa, y las naturalezas humana y divina de alguna manera compartieron esa experiencia. Más allá de eso, las Escrituras no nos permiten decir más. 
  • Jesús fue tentado y no tentado: La distinción entre la naturaleza humana y divina de Jesús también nos ayuda a entender las tentaciones de Jesús. Con respecto a su naturaleza humana, ciertamente fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15). Sin embargo, con respecto a su naturaleza divina, no fue tentado, porque Dios no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13).

En este punto, parece necesario decir que Jesús tenía dos voluntades distintas, una voluntad humana y una voluntad divina, y que las voluntades pertenecen a las dos naturalezas distintas de Cristo, no a la persona. Esta distinción de dos voluntades y dos centros de conciencia nos ayuda a comprender cómo Jesús pudo aprender cosas y, sin embargo, conocer todas las cosas. Por un lado, con respecto a su naturaleza humana, tenía conocimiento limitado (Marcos 13:32Lucas 2:52). Por otro lado, Jesús claramente sabía todas las cosas (Juan 2:2516:3021:17). Ahora, esto solo es comprensible si Jesús aprendió cosas y tenía un conocimiento limitado con respecto a su naturaleza humana, pero siempre fue omnisciente con respecto a su naturaleza divina, y por  tanto, era capaz de «recordar» cualquier información que se necesitara para su ministerio. De esta manera podemos entender la declaración de Jesús concerniente al tiempo de su regreso: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están el cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (Marcos 13:32). Esta ignorancia del tiempo de su regreso era verdadera solo para la naturaleza humana y la conciencia humana de Jesús, ya que en su naturaleza divina era ciertamente omnisciente y sin duda sabía el momento en que volvería a la tierra.

 b. Cualquier cosa hecha por cualquiera de las dos naturalezas, es hecho por la persona de Cristo: En la sección anterior mencionamos una serie de cosas que fueron hechas por una naturaleza, pero no por la otra en la persona de Cristo. Ahora debemos afirmar que cualquier cosa que sea verdadera de la naturaleza humana o divina es verdadera de la persona de Cristo. Por tanto, Jesús puede decir: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). Él no dice: «Antes que Abraham fuese, existía mi naturaleza divina», porque es libre de hablar acerca de cualquier cosa hecha solo por su naturaleza divina o solo por su naturaleza humana como algo que él hizo.

Así, «Cristo murió por nuestros pecados» (1 Corintios 15:3). Aunque en realidad solo su cuerpo humano dejó de vivir y dejó de funcionar, no obstante fue Cristo como una persona que murió por nuestro pecado. Esto es simplemente un medio de afirmar que todo lo que se puede decir de una u otra naturaleza se puede decir de la persona de Cristo.

Por tanto, es correcto que Jesús diga: «Dejo el mundo» (Juan 16:28), o «Ya no estoy en el mundo» (Juan 17:11), pero al mismo tiempo decir: «Yo estoy con vosotros todos los días siempre» (Mateo 28:20). Todo lo que hace una naturaleza u otra es hecho por la persona de Cristo. 

c. Los títulos que nos recuerdan a una naturaleza se pueden usar incluso cuando la acción se realiza por la otra naturaleza: Los autores del Nuevo Testamento algunas veces usan títulos que nos recuerdan a la naturaleza humana o divina para hablar de la persona de Cristo, a pesar de que la acción mencionada puede ser realizada solo por la otra naturaleza de la que podríamos pensar en el título. Por ejemplo, Pablo dice que si los gobernantes de este mundo hubieran entendido la sabiduría de Dios, «nunca habrían crucificado al Señor de gloria» (1 Corintios 2:8). Ahora, cuando vemos la frase «al Señor de gloria», nos recuerda específicamente la naturaleza divina de Jesús. Pero Pablo usa este título (probablemente intencionalmente para mostrar el horrible mal de la crucifixión) para decir que Jesús fue «crucificado». Aunque la naturaleza divina de Jesús no fue crucificada, era cierto que Jesús fue crucificado como una persona, y Pablo afirma eso acerca de él a pesar de que usa el título «Señor de gloria».

Igualmente, cuando Elisabet llama a María «la madre de mi Señor» (Lucas 1:43), el nombre «mi Señor» es un título que nos recuerda la naturaleza divina de Cristo. No obstante, María, por supuesto, no es la madre de la naturaleza divina de Jesús, que siempre ha existido. María es simplemente la madre de la naturaleza humana de Cristo. Sin embargo, Elisabet puede llamarla «la madre de mi Señor» porque usa el título «Señor» para referirse a la persona de Cristo. Una expresión similar ocurre en Lucas 2:11: «Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor».

De esta manera, podemos entender Marcos 13:32, donde Jesús dice que nadie sabe el momento de su regreso, «ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre». Aunque el término «el Hijo» nos recuerda específicamente la filiación celestial y eterna de Jesús con Dios el Padre, se usa realmente aquí no para hablar específicamente de su naturaleza divina, sino para hablar en general de él como persona, y para afirmar algo que es de hecho cierto solo de su naturaleza humana. Y es cierto que en un sentido importante (es decir, con respecto a su naturaleza humana) Jesús no sabía el momento en que él volvería.

d. Breve oración sumaria: A veces en el estudio de la teología sistemática, la siguiente oración se ha utilizado para resumir la encarnación: «Conservando lo que era, se convirtió en lo que no era». En otras palabras, mientras Jesús continuaba «conservando» lo que era (es decir, completamente divino) también se convirtió en lo que antes no había sido (es decir, completamente humano también). Jesús no abandonó ninguna de sus deidades cuando se hizo hombre, pero sí se enfrentó a la humanidad que antes no era suya.

e. «Transmisión» de atributos: Una vez que hemos decidido que Jesús era completamente hombre y completamente Dios, y que su naturaleza humana permaneció completamente humana y su naturaleza divina permaneció completamente divina, podemos preguntar si había algunas cualidades o habilidades que se dieron ( o «transmitieron») de una naturaleza a la otra. Parece que sí.

(1) De la naturaleza divina a la naturaleza humana

Aunque la naturaleza humana de Jesús no cambió su carácter esencial, porque estaba unida a la naturaleza divina en la única persona de Cristo, la naturaleza humana de Jesús ganó (a) una dignidad para ser adorado y (b) una incapacidad para pecar, ambas de las cuales no pertenecían a los seres humanos.

(2) De la naturaleza humana a la naturaleza divina

La naturaleza humana de Jesús le dio (a) la capacidad de experimentar el sufrimiento y la muerte; (b) la capacidad de comprender por experiencia lo que estamos experimentando; y (c) la capacidad de ser nuestro sacrificio sustituto, que Jesús como Dios solo no pudo haber hecho.

  1. ¿Pudo Jesús haber pecado?

A veces se plantea la pregunta: «¿Fue posible que Cristo haya pecado?». Algunas personas argumentan a favor de la impecabilidad de Cristo, en la que la palabra impecable significa «incapaz de pecar». Otros refutan que si Jesús no podía pecar, sus tentaciones no podrían haber sido reales, porque ¿cómo puede una tentación ser real si la persona que es tentada no puede pecar de todos modos?

Para responder a esta pregunta, debemos distinguir lo que las Escrituras afirman claramente, por un lado, y, por otro lado, lo que está más en la naturaleza de la posible inferencia de nuestra parte. (1) La Escritura claramente afirma que Cristo nunca pecó (ve arriba). No debería haber ninguna duda en nuestras mentes sobre este hecho. (2) También afirma claramente que Jesús fue tentado y que estas fueron verdaderas tentaciones (Lucas 4:2). Si creemos en las Escrituras, entonces debemos insistir en que Cristo «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Si nuestra especulación sobre la pregunta de si Cristo pudo haber pecado alguna vez nos lleva a decir que no fue verdaderamente tentado, entonces hemos llegado a una conclusión equivocada, una que contradice las claras declaraciones de la Escritura.

(3) También debemos afirmar con las Escrituras que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13). Cada tentación que enfrentó, la enfrentó hasta el final y triunfó sobre ella. Las tentaciones eran reales, a pesar de que no cedió ante ellas. De hecho, fueron muy reales porque no cedió ante ellas.

¿Qué diremos entonces del hecho de que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13)? Parece que esta es una de las muchas cosas que debemos afirmar que son ciertas  acerca de la naturaleza divina de Jesús, mas no de su naturaleza humana. Su naturaleza divina no podía ser tentada por el mal, pero su naturaleza humana podía ser tentada y fue claramente tentada. Cómo estas dos naturalezas se unen en una sola persona para enfrentar las tentaciones, las Escrituras no nos lo explican claramente. Pero esta distinción entre lo que es verdadero de una naturaleza y lo que es verdadero de otra naturaleza es un ejemplo de una cantidad de declaraciones similares que las Escrituras nos exigen (ve más información acerca de esta distinción, abajo, cuando hablemos acerca de cómo Jesús podría ser Dios y hombre en una sola persona).

«La verdadera dificultad, el misterio supremo con el cual el evangelio nos confronta, no está en el mensaje de expiación del Viernes Santo, ni en el mensaje de resurrección de Pascua, sino en el mensaje de Navidad de la Encarnación. La afirmación cristiana realmente asombrosa es que Jesús de Nazaret fue un hombre hecho por Dios, que la segunda persona de la Deidad se convirtió en el «segundo hombre» (1 Corintios 15:47), determinando el destino humano, el segundo jefe representativo de la raza, y que tomó a la humanidad sin pérdida de la deidad, por lo que Jesús de Nazaret fue tan verdadero y plenamente divino como era humano. Aquí hay dos misterios por el precio de uno: la pluralidad de personas dentro de la unidad de Dios, y la unión de la Deidad y la masculinidad en la persona de Jesús. Es aquí, en lo que sucedió en la primera Navidad, donde se encuentran las profundidades más profundas e insondables de la revelación cristiana. ‘El Verbo se hizo carne’ (Juan 1:14); Dios se hizo hombre; el Hijo divino se hizo judío; el Todopoderoso apareció en la tierra como un bebé humano indefenso, incapaz de hacer más que yacer, mirar, retorcerse y hacer ruidos, necesitando ser alimentado, cambiado y enseñado a hablar como cualquier otro niño. Y no hubo ilusión o engaño en esto: la infancia del Hijo de Dios fue una realidad. Cuanto más lo pienses, más asombroso se vuelve. Nada en la ficción es tan fantástico como esta verdad de la Encarnación. Este es el verdadero obstáculo en el cristianismo. Es aquí donde los judíos, los musulmanes, los unitarios, los testigos de Jehová y muchos de los que sienten que las dificultades con respecto al nacimiento virginal, los milagros, la expiación y la resurrección han llegado a la pena. Es por la incredulidad, o al menos la creencia inadecuada, acerca de la Encarnación que las dificultades en otros puntos de la historia del evangelio generalmente surgen. Pero una vez que la Encarnación es captada como una realidad, estas otras dificultades se disuelven». – J.I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: IVP, 1973).

 

[1] Athanasius, On the Incarnation 8. 54. (Crestwood, NY: St. Vladimir’s Seminary Press, 373/1993), 93.

La persona de Cristo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 10/26

La persona de Cristo – Parte 1

Cristología Bíblica: La persona de Cristo – Parte 1

  1. Introducción

La semana pasada consideramos el problema del pecado. Durante las próximas cuatro semanas, estaremos disfrutando la gloria de la solución al problema del pecado, es decir, el Dios-Hombre, Jesucristo, Aquel que vino a este mundo para salvar a los pecadores. La cristología bíblica consiste de dos partes principales: el estudio de la persona y obra de Cristo. ¿Quién es Cristo (Su persona)? ¿Y qué ha hecho (Su obra)? Nuestra esperanza y confianza dependen de cómo contestamos estas preguntas fundamentales.

El día de hoy y la semana siguiente consideraremos quién es Jesucristo: en primer lugar, examinaremos la deidad de Cristo y deduciremos las implicaciones para nuestras vidas; la próxima semana, estudiaremos la humanidad de Cristo. Y en las semanas siguientes dirigiremos nuestra atención a lo que Jesús ha hecho por nosotros a través de su vida, muerte, resurrección, ascensión, sesión celestial y regreso triunfal. El centro de nuestra fe y la fuente de nuestra esperanza no se encuentran en un credo, una idea, una experiencia, una iglesia o una filosofía. Se encuentran en una persona: Jesús el Mesías. Conocerlo no solo es el principio de la vida cristiana, es toda la vida cristiana. Como creyentes, conocemos a Jesús personalmente, lo que significa que la cristología es profundamente práctica.

Cuando discutimos la persona de Cristo, siempre debemos tener en mente este gran misterio, que desde la encarnación Jesucristo ha sido completamente Dios y completamente Hombre en una persona. Él es una persona, con dos naturalezas. La Escritura enseña: «Jesucristo fue completamente Dios y completamente hombre en una persona, y así será para siempre»[1]. ¿Dónde vemos eso en la Biblia? Comencemos con la deidad de Cristo:

Jesucristo es completamente Dios. La enseñanza tanto del Antiguo y Nuevo Testamento inherente a la deidad de Cristo es abrumadora. Si reconoces la autoridad de las Escrituras, no puedes ignorar el hecho de que Jesucristo es Dios.

  1. La deidad de Cristo en el Antiguo Testamento

En Lucas 24, Jesús dice a sus discípulos de camino a Emaús que el Antiguo Testamento trata acerca de él. En el Antiguo Testamento vemos profecías relacionadas con su venida y reino triunfal. Y aprendemos cómo él ha trabajado para la salvación de su pueblo desde el comienzo.

24:44: «Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos».

¿Qué vemos en el Antiguo Testamento?

A. Hijo del Hombre (Daniel 7:9-1013-14Mateo  9:612:819:2820:2825:31-32)

En primer lugar, tenemos la visión de Daniel del Hijo del Hombre. En Daniel 7, encontramos una descripción gloriosa de la habitación del trono celestial y en el centro de la escena está el Señor, el «Anciano de días», que está sentado en su trono. Solo unos versículos más tarde, Daniel describe otra visión, pero esta vez ve otra figura, el Hijo del Hombre.

  • Daniel 7:13-14: «Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido». 

Aquí el Hijo del Hombre recibe adoración de todas las naciones y gobierna un reino eterno. ¿Quién más podría hacer eso sino alguien divino? ¿Y quién es este Hijo del Hombre? Jesús se atribuyó claramente el título, y enseñó en Mateo 25:31-32: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos». Puedes escuchar cómo las palabras de Jesús hacen referencia a Daniel 7.

B. Hijo de David (Génesis 49:8-102 Samuel 7:12-1316Salmo 2:6-7Sal. 45Sal. 72Is. 9:6-7)

Luego, el Antiguo Testamento crea la expectativa de que un Hijo de David vendrá y reinará en el trono de David para siempre. Dios le promete esto a David en 2 Samuel 7:13: «Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino». Sin embargo, este Hijo tan esperado comienza a describirse en términos inequívocamente divinos. El rey David canta en el Salmo 2:7: «Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy». Entonces, el Hijo de David también es el Hijo de Dios. Eso podría significar simplemente que este rey representa a Dios como un hijo; pero otros pasajes sugieren que significa aún más. El Salmo 72 muestra reyes extranjeros inclinándose ante este rey, y personas de todas las naciones bendiciendo su nombre.

El Salmo 45:6-7 es incluso más explicito: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros». El rey… es llamado «Dios». Hebreos 1 enseña que este pasaje trata acerca de Jesús.

Vemos algo parecido en Isaías 9:6-7: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto».

Entonces, ¿quién es este rey? Un hijo real de David que también es Dios Fuerte. Su nombre es Padre Eterno, no en el sentido de que él es Dios el Padre, sino que él es un rey que gobierna con benevolencia como un padre amoroso. Esta figura real es Jesucristo. Eso es lo que Cristo quiere decir, después de todo, es la traducción griega del Mesías, que significa «el Ungido». En Romanos 1:2-3, Pablo dice que el evangelio es un mensaje acerca del «Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos».

  1. La deidad de Cristo en el Nuevo Testamento

Este crescendo gradual de expectativa en un hijo divino de Dios culmina en el Nuevo Testamento. Veamos 6 formas en que el Nuevo Testamento enseña que Jesús es completamente Dios.

A. Jesucristo es llamado Dios y Señor (Mateo 1:21-23Lucas 2:11Romanos 9:5Tito 2:13)

Juan 1:1 dice: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Romanos 9:5 lo llama: «Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos». Tito 2:13 lo llama: «nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo».

También tenemos muchos ejemplos donde las palabras usadas para Dios [Theos] y Señor [Kyrios][2] en la traducción griega del Antiguo Testamento [La Septuaginta] se aplican directamente a Jesús. Tal vez uno de los ejemplos más asombrosos de esto es Filipenses 2:11, donde Pablo dice que toda lengua confesará: «que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre». Aquí, él está citando Isaías 45:23 casi palabra por palabra. Sin embargo, aquel ante quien se inclina toda rodilla y toda lengua promete lealtad en Isaías 45 no es otro que Yahveh, el Señor del pacto de Israel. Para los lectores de Pablo, inmersos en el lenguaje del Antiguo Testamento, Filipenses 2 no podría ser más claro: ¡Jesús es Yahveh![3].

B. Jesucristo afirmó ser Dios (Juan 8:5810:30)

Y, segundo, por supuesto, tenemos las afirmaciones de Jesús de sí mismo. Esta es su gran declaración en Juan 8:58«Antes que Abraham fuese, yo soy». Los judíos entendieron que él afirmaba ser Dios. «YO SOY EL QUE SOY» fue la forma en que Dios se identificó a Moisés. Éstos recogieron piedras para matar a Jesús porque sus corazones incrédulos juzgaron que esto era una declaración blasfema. ¡Jesús se estaba equiparando a sí mismo con Dios! Más tarde, en Juan 10:30, dice: «Yo y el Padre uno somos», y nuevamente los líderes judíos intentan apedrearlo. ¿Por qué? Versículo 33: «Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios».

Tercero, C. Jesucristo se presenta como el objeto de la fe y confianza del creyente (Juan 14:117:32 Corintios 5:15Efesios 3:125:23Col. 1:271 Ts. 1:31 Ti. 1:1). 

En Juan 14:1, Jesús dice: «Creéis en Dios, creed también en mí». Esto es lo que hacen los creyentes: confían toda su confianza en Cristo. 1 Tesalonicenses 1:3, Pablo habla de la «constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo». Juan 17:3, la vida eterna es conocer a Jesucristo. Como el Antiguo Testamento consistentemente nos enseña a esperar y confiar solamente en Dios, sigue que Jesús como el objeto de nuestra esperanza es verdaderamente divino.

Cuarto, D. Jesucristo se presenta como el objeto de la adoración del creyente (Mateo 2:10-1128:17Juan 5:23Filipenses 2:9-11Hebreos 1:6Apocalipsis 5:12). 

El judaísmo era firmemente monoteísta, por lo que esta adoración debería intrigarnos. Mateo 2:10-11: «Y al [los Magos] ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron».

Juan 5:23: El Padre «todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre».

Ahora, recuerda Isaías 48:11. Dios dice: «Mi honra no la daré a otro». Sin embargo, desde su nacimiento en Mateo 2 hasta la habitación del trono celestial en Apocalipsis, Jesús recibe adoración, gloria y honor. Esto no es blasfemia o idolatría. Es preciosamente apropiado porque Jesús es Dios.

E. Jesucristo es descrito como Dios y realizando las mismas obras de Dios (Juan 1:1-314-18Hebreos 1:1-4Colosenses 1:15-20), como crear el universo, perdonar pecados, y más.

Juan 1:1-314-18: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho». Entonces Jesús es el Creador.

Hebreos 1:1-4: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos».

Colosenses 1:15-20: «El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz».

Por último, F. Se supone que Jesucristo fue preexistente como el Hijo eterno de Dios antes de su encarnación (1 Corintios 8:610:492 Corintios 8:9Gálatas 4:4Ro. 8:3Col. 1:15-20Filipenses 2:61 Ti. 1:153:162 Ti. 1:9-10).

Este es un punto importante, porque enfatiza que Dios el Hijo siempre ha existido. No es que Jesús, un ser humano, se convirtió en Dios de alguna manera, digamos, por su nacimiento milagroso o su maravilloso bautismo. No, es al revés: Dios, la segunda persona de la Trinidad, adquirió una naturaleza humana además de su naturaleza divina. La encarnación no es una substracción, sino una adición.

Vemos esto en un pasaje como Filipenses 2:6-7: «El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres». O 2 Timoteo 1:9-10, Dios nos dio la gracia «en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo».

En estos pasajes, Pablo no está intentando demostrar la preexistencia de Cristo. Pablo está argumentando otra cosa sobre la base de una creencia común en Cristo como el Hijo eterno de Dios. En otras palabras, él no está argumentando a favor de la preexistencia de Cristo. Él está argumentando a partir de allí. Así de sólida es la verdad.

Entonces, la Escritura es absolutamente clara: Jesucristo es Dios. 

  • Jesucristo comparte los honores dados a Dios (recibe adoración).
  • Jesucristo comparte los atributos de Dios (santo, justo, todopoderoso).
  • Jesucristo comparte los nombres de Dios (Señor, Dios, Alfa y Omega).
  • Jesucristo comparte las obras que Dios hace (perdona el pecado, resucita a los muertos, crea el mundo).
  • Jesucristo comparte el asiento del trono de Dios.
  1. El Credo de Calcedonia

Como podrás imaginar, la pregunta acerca de cómo Jesús posee tanto una naturaleza divina como humana en una sola persona ha dado mucho que pensar (¡y disfrutar!) a los teólogos en el transcurso de los siglos. Creemos esto porque es la enseñanza evidente de las Escrituras. La próxima semana examinaremos la humanidad completa de Jesús. Pero en este momento, habiendo considerado su deidad, debería ser útil mirar la declaración histórica clave acerca de su naturaleza divina y humana. Denominado el Credo de Calcedonia del año 451 que se encuentra tu folleto. Los cristianos creyentes en la Biblia estuvieron de acuerdo con esta declaración porque reconocieron que la persona de Cristo es una doctrina crítica. Si malinterpretas a Jesús, todo lo demás cae fuera de lugar. Esta declaración sintetiza la enseñanza de la Biblia y, por esa razón, ha resistido la prueba del tiempo. Para ayudarte a digerirla, he puesto las declaraciones acerca de la naturaleza divina de Cristo en negrita. Las declaraciones acercas su naturaleza humana están en cursiva. Todo lo demás está en una fuente normal. No vamos a repasar todo en detalle, pero quiero presentártela.

«Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad [perfecto aquí significa completo en todos los aspectos]; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racionalcosustancial con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad [consustancial significa que posee la misma sustancia o esencia de ser] en todas las cosas como nosotros, sin pecadoengendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidady en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la Humanidad; uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado».

No abordaré frase por frase. Puedes estudiarlo por tu cuenta, sería un uso productivo de tu tiempo.

  1. La importancia y la belleza de la deidad de Cristo

Comparto este credo no porque tenga muchas palabras teológicas magnánimas, sino porque la deidad de Cristo es supremamente importante y hermosa. Cuando tenemos una comprensión correcta de la persona de Cristo, eso debería causar en nosotros gozo, confianza y adoración. ¿Por qué importa la deidad de Cristo? He aquí tres razones.

A. La deidad de Cristo importa para la revelación

Dios no simplemente nos envió a un profeta, mensajero o secretario de prensa. No simplemente nos dio un libro. Él se ha entregado a sí mismo. ¿Cómo te sentirías si alguien apareciera en tu puerta con un mensaje del presidente? Ahora, ¿qué tal si abrieras la puerta y fuera el presidente en persona?

Esto debería tranquilizarnos. No tenemos que preguntarnos cómo es Dios, si es realmente misericordioso o compasivo. Hebreos 1: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo». Juan 1:18: «Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer». En ocasiones podemos luchar con cómo imaginamos a Dios: ¿Dios está conmigo? Me encanta lo que dice Michael Reeves: «A pesar de todos nuestros sueños, nuestras oscuras y asustadizas imaginaciones de Dios, no hay Dios en el cielo que sea diferente a Jesús… ‘El que me ha visto a mí, ha visto al Padre’, (Juan 14:9). Dios no puede ser de otra manera»[4]. Si quieres conocer a Dios, mira a Jesucristo. Él es Dios encarnado.

B. La deidad de Cristo importa para la salvación

El mensaje constante de la Biblia es que ningún hombre común podría alcanzar la salvación por sí mismo, mucho menos en nombre de otros. La salvación es del Señor, declara Jonás 2:9. Dios mismo logra esta salvación, y lo hace en la persona de su Hijo. En una sorprendente frase en Hechos 20:28, Pablo enseña que Dios compró la iglesia «por su propia sangre». La sangre de un simple hombre, según parece, no expiaría a incontables millones. Col 1:19-20: «Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,  y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz». El Dios-Hombre podría servir como el mediador perfecto entre el hombre y Dios (1 Ti. 2:5). Jesús no solo murió como un buen ejemplo. Murió como un sacrificio sin pecado, «el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18). Y su resurrección comprueba su divinidad, como lo enseña Hebreos 7:16, Jesús es nuestro sumo sacerdote «según el poder de una vida indestructible».

Esto significa que los rebeldes manchados por el pecado como nosotros tienen una esperanza segura y constante. Nuestra salvación no proviene de una conciencia superior, de un pensamiento positivo, de la religiosidad, de los cinco pilares del Islam o del óctuple camino del budismo, todos los cuales suponen que los seres humanos pueden ser liberados de nuestra difícil situación con suficiente disciplina y devoción. Dios mismo cumple y garantiza nuestra redención. ¡Esa es nuestra única esperanza! Confía en Cristo y nunca serás decepcionado.

C. La deidad de Cristo importa para la vida cristiana

Nuestra salvación no es una especie de transacción para salir del infierno. Es una transformación de lo que somos. Pasamos de ser representados por Adán a estar unidos con Cristo. «Jesucristo está en vosotros», dice Pablo a los corintios (2 Co. 13:5). Cristo mora en nosotros por su Espíritu, y por eso podemos andar de una manera agradable a Dios. Ro. 8:10: «Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia». Así que ánimo, si estás luchando fuertemente contra el pecado y la tentación. Cuando naciste de nuevo, te convertiste en una nueva persona, fortalecida por el Espíritu de Jesús. El pecado nunca es inevitable para el cristiano. Ya no nos define. Cristo es nuestro y nosotros somos suyos.

  1. Conclusión: Conoce y adora a Cristo

¿Cómo deberíamos salir con lo que hemos aprendido hoy? Por un lado, ¡deberíamos buscar conocer a Cristo! Permanecer en él. Escuchar su Palabra. John Owen dijo: «No le aman, porque no lo conocen». Juan Calvino escribió: «Ya que en él [Cristo] abunda la abundancia de toda clase de bienes, bebamos de esta fuente  nuestra de plenitud y de ningún otro».

Entonces, ¡deberíamos adorar a Jesucristo como Dios! Como dice Pablo en 2 Co. 4:6, Dios ha encendido una luz en nuestros corazones, y esa luz es el «conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo». No hay mayor belleza, no hay mayor gloria, no hay mejor amor que el suyo. Él brilla con una belleza incomparable. Él es nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, el resplandor de la gloria de Dios: digno de adoración, temor, asombro y devoción. Él es supremo y exaltado, pero se humilló en la cruz más vil. Él tomó nuestros harapos sucios y nos vistió con su brillante justicia. Y un día regresará y nos sentaremos con él en la mesa del banquete de la cena de las bodas del Cordero. La Novia pura y radiante con su espléndido, amoroso, fiel y divino Novio.

Oremos.

 

[1] Wayne Grudem, Teología Sistemática.

[2] Kyrios podría usarse para significar «maestro», pero también se usó para traducir el YHWH hebreo.

[3] Otro ejemplo clásico es la cita de Marcos de Isaías 40:3 en Marcos 1:3.

[4] Michael Reeves, Rejoicing in Christ (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2015).

 

Doctrina del pecado

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 9/26

Doctrina del pecado

  1. Introducción: La realidad del pecado

Hay algo terriblemente mal en el mundo. Lee CNN y verás lo siguiente: «ISIS asesina a decenas en Afganistán». «Se reportan varios muertos y heridos en un ataque en Múnich». «Hombre tumbado con las manos arriba fue tiroteado por cuerpos policiales por accidente». «No hay suficiente protección para las víctimas de violación en India». «Policías asesinados en Dallas y Baton Rouge. Terrorismo en Niza, Francia. Violencia en Turquía».

¿Qué sucede con nuestro mundo? ¿Ves las noticias, lees los periódicos, hablas con tus compañeros de clase o compañeros de trabajo? ¿Qué dicen? Algunos dicen que el problema es económico. No habría tantos disturbios y alzamientos violentos si hubiera economías vibrantes y en crecimiento. Algunos dicen que el problema es más judicial. Los tribunales son corruptos o incapaces de manejar casos. Algunos dicen que el problema es político. El Congreso se queja mientras la gente sufre. Algunos dicen que el problema es la familia. Demasiados padres solteros, no hay modelos de roles estables en los hogares. Algunos dicen que el problema es la educación. Las personas son básicamente buenas, pero son una lista en blanco y necesitan recibir conocimiento e iluminación moral o seguirán patrones negativos.

Puede haber una pizca de verdad en muchas de estas explicaciones, pero todas estas evaluaciones comparten un tema común: los mayores problemas que enfrentamos son estructurales. Nuestros problemas más apremiantes son externos. Como un automóvil que no está alineado, o un hueso que se ha roto, nuestro mundo simplemente necesita algunos ajustes, algunas reparaciones estructurales, y quedaremos como nuevos.

Y aquí es donde la Biblia se acerca al micrófono y silencia la cacofonía de las voces culturales. Nuestro problema más urgente no es estructural, sino moral. No está ahí, sino aquí. Nuestro problema más imperioso es el pecado, lo que significa no cumplir con los estándares de Dios y rebelarse contra sus leyes. El pecado es lo que nos ha dañado a todos, y eso a su vez es lo que ha arruinado las estructuras de la sociedad.

  1. El problema del pecado: Hay un estándar

Pero eso crea otro problema, ¿cierto? Quiero decir, ¿el pecado? ¿En serio? El pecado es tan pasivo. Tan Scarlet Letter. Tan represivo y negativo. Vivimos en una cultura donde el pecado ya no tiene sentido. El pecado se ha desvanecido de nuestra imaginación moral, porque Dios se ha desvanecido. Pero si malinterpretas la enfermedad, nunca llegarás a una cura.

Y este es el problema del pecado. El pecado sugiere un estándar. Podemos calificar a ISIS de malvados por sus brutales decapitaciones. Podemos llamar malvado al pornógrafo infantil por la forma en que ataca y explota a los niños. Esto es lo conveniente acerca del mal: expresa repulsión moral sin ponerlo en contra de ningún estándar. La diferencia entre llamar a algo malo y pecaminoso es esta: mientras que ambos se usan para describir lo que es horrible y atroz, solo el pecado comprende lo que es malo en relación con Dios.

Nuestro mundo vive con esta incómoda contradicción. Somos agentes morales y, sin embargo, buscamos vivir con estándares morales muy definidos y altamente subjetivos. Nuestra cultura define algo como incorrecto principalmente si lastima a alguien más, lo que hace que el estándar para la moralidad sea el daño causado por la afirmación de otra persona. El occidente secular, en su búsqueda de la libertad del ojo de Dios, ha cambiado un estándar divino perfecto por los estándares cambiantes de lo que hace que cualquier persona se sienta herida, lo que, irónicamente, no conduce a la libertad, sino a la anarquía.

En contraste, el cristianismo enseña que el pecado es la única forma de dar sentido a este mundo arruinado en el que vivimos. Y afirmar la existencia del pecado es decir que Dios tiene un estándar.

  1. El pecado en la historia bíblica

Y vemos la naturaleza evidente de este estándar porque el pecado es un aspecto central de la gran historia bíblica. ¿Cómo pasamos de todo siendo bueno en Génesis 1-2, a la expulsión de la tierra prometida en Génesis 3, al asesinato en Génesis 4, al estribillo en Génesis 5 «y fueron todos los días», a la inundación en Génesis 6-9, a la torre de Babel en Génesis 11? El pecado de Génesis 3 es la respuesta.

De hecho, el pecado es una preocupación tan dominante en el Antiguo Testamento, hay varias palabras usadas en hebreo para tratar de capturar lo que significa.

La palabra más común para el pecado en hebreo [חטא ht ‘] aparece unas 600 veces. Implica la sensación de perder, fallar y no alcanzar el objetivo.

El segundo término más común para el pecado [עָוֺן ‘awôn], traducido como «iniquidad» en traducciones antiguas y «maldad» o «perversión» en traducciones más modernas, su significado etimológico es «quebrar» o «retorcer». Aquí, la imagen es una de distorsión. El pecado es una perversión.

Un tercer término para el pecado [פשׁע psh ‘] suele traducirse como «transgresión», «sublevasión» o «rebelión». «Crimen» puede ser el mejor equivalente aquí. El pecado es un comportamiento criminal en contra de la ley de Dios.

Podría seguir: la Biblia también habla del pecado como injusticia, impiedad, una deuda que debe pagarse. Y el pecado es lo que nos hace no aptos para la presencia de Dios. Isaías 59:2«Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír».  Pecado, en resumen, es elevar el yo al lugar que solo Dios debería tener. La base de todo esto yace en la primera tentación: «seréis como Dios» (Génesis 3:5).

Y la solución al problema del pecado es Jesucristo. Cuando Juan el Bautista vio por primera vez a Jesús, proclamó: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Esa fue la razón por la que fue llamado «Jesús», Mateo 1:21: «Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Esa es la solución, pero para apreciar la salvación que Cristo vino a traer, tenemos que volver al principio: volvamos a:

  1. La Caída: La esencia del pecado

Ve conmigo a Génesis 3. Dios ha creado el mundo y todo lo que hay en él. Y era «bueno». Hizo que el hombre y la mujer expresaran dominio sobre todo lo que había hecho, para gobernar la tierra y someterla.

Llegamos a Génesis 3:1-7«Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer,  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales».

Este capítulo describe cómo el pecado entró trágicamente en la condición humana. Da una explicación a la universalidad de nuestra condición pecaminosa. Y nos prepara para cómo el Dios de la creación se mostrará a sí mismo como el Dios de la redención. Este primer pecado, comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, nos enseña tres cosas acerca todo pecado en general.

  1. Primero, observa cómo su pecado buscó redefinir la base del conocimiento: dio una respuesta diferente a la pregunta: «¿Qué es la verdad. Mientras que Dios había dicho que Adán y Eva morirían si comían del árbol (Gn. 2:17), la serpiente dijo: «no moriréis» (Génesis 3:4). Eva decidió no creer lo que Dios había dicho y realizar un experimento para ver si Dios hablaba con sinceridad. Parte de cómo funciona el pecado es convencernos de que la Palabra de Dios no es digna de confianza. El pecado dice: «no puedes seguir la Palabra de Dios; te llevará por el mal camino». El pecado comienza con creer una mentira y no creer en Dios.
  2. Su pecado buscó redefinir la base de los estándares morales: dio una respuesta diferente a la pregunta: «¿Qué es lo correcto. Dios había dicho que era moralmente correcto que Adán y Eva no comieran del fruto de ese árbol (Gn. 2:17). Pero la serpiente sugirió que sería correcto comer del fruto, y que al comerlo, Adán y Eva serían «como Dios» (Gn. 3:5). Eva confió en su propia evaluación de lo que era correcto en lugar de permitir que las palabras de Dios definieran lo correcto y lo incorrecto. Cuídate de una moralidad autoimpuesta.
  3. Su pecado buscó redefinir la base de la identidad: dio una respuesta diferente a la pregunta: «¿Quién soy yo?». La respuesta correcta era que Adán y Eva eran criaturas de Dios, dependientes de él y siempre subordinados a él como su Creador y Señor. Pero Eva, y luego Adán, sucumbieron ante la tentación de «ser como Dios» (Gn. 3:5), tratando así de ocupar el lugar de Dios. 

Vemos aquí el orgullo que yace en el corazón del pecado. El pecado es abandonar a Dios para encontrar en ti mismo lo que debías encontrar en Dios.

Entonces Génesis 3 enseña que Dios creó a la humanidad buena y sin defectos. Pero Adán y Eva eligieron desobedecer. Como consecuencia de su pecado, Dios maldice a la humanidad y la creación con la sentencia de muerte. El sufrimiento, la enfermedad, los dolores, los desastres naturales, no existían antes de este momento, pero son el resultado de la Caída.

  1. El origen del pecado

Sin embargo, esto hace surgir una pregunta desafiante: ¿cuándo y cómo se originó? Vemos en Génesis 3 el primer pecado humano, pero también vemos a la serpiente tentando malvadamente a Adán y Eva. Seguramente la serpiente estaba pecando al hacer esto.

Primero, debemos insistir en que el pecado no se origina en Dios. El pecado y el mal, en la teología bíblica, son completamente ajenos a Dios: «Muy limpio eres de ojos para ver el mal» (Habacuc 1:13). Él es «luz, y no hay ningunas tinieblas en él» (1 Juan 1:5). «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1:13). Deuteronomio 32:4 declara: «Él es la roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto».

En cambio, hay indicios en la Escritura de que antes de este momento en el huerto, había habido una «caída» entre algunos de los ángeles. No se dice mucho acerca de lo que sucedió o por qué sucedió. Lo más cercano que encontraremos puede ser Judas, versículo 6: «Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día». 2 Pedro 2:4: «Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio». Similar a lo que sucedió con Adán y Eva, parece que estos ángeles no estaban satisfechos con su lugar, sino que deseaban una posición más elevada. El orgullo y la vanidad engendraron la rebelión. Ahora bien, entiende: Satanás no es una segunda deidad en guerra contra Dios. El cristianismo no es dualista en ese sentido. Solo hay un Dios. Satanás es una criatura caída, un ángel pecador.

Esto significa que la caída de Satanás, y la caída de Adán y Eva después de ella, que es la caída que la Biblia principalmente se preocupa por explicar, porque es lo que nos ha afectado a todos, ambas ocurrieron de acuerdo con el plan soberano de Dios. Pensemos detenidamente en esto. La Biblia insiste en que Dios es soberano, tan soberano que nada que tenga lugar en el universo puede escapar del límite más externo de su control –Romanos  11:36, de él son todas las cosas–, no obstante, la Biblia insiste en que Dios es el estándar de la bondad. Así, los teólogos han sugerido que Dios está detrás del bien y del mal asimétricamente. Se encuentra detrás del bien de tal manera que el bien finalmente puede serle acreditado; él está detrás del mal de tal manera que lo que es malo se acredita inevitablemente a agentes secundarios. En la historia de Job, Satanás no tiene poder sobre Job sin la aprobación de Dios; sin embargo, Dios nunca es el que hace el mal. Él nunca es el autor del pecado. Gobierna todo lo que sucede, pero nunca ha hecho nada malo.

Debemos decir que esto es un misterio; Si bien sabemos que la existencia del mal y la bondad y soberanía de Dios son verdades compatibles, la Escritura no nos revela cómo son compatibles. Sería presuntuoso afirmar que conocemos estas cosas secretas de Dios. Como acabamos de ver, el primer pecado humano implicó tratar de conocer cosas ocultas, y así ser como Dios. Somos las criaturas, él es el Creador. Se podría decir mucho más acerca de la existencia del mal, pero lo hemos abordado en otras clases.

Entonces, ahí tienes algo de la naturaleza del pecado y los comienzos del pecado. Ahora, ensamblemos todo lo demás que la Biblia dice acerca del pecado, específicamente cómo el pecado nos ha afectado.

  1. Una teología del pecado: Siete declaraciones

A. Culpa heredada: Somos constituidos culpables por el pecado de Adán.

Mira Romanos 5:12: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron»… Pablo enseña aquí que cuando Adán pecó, Dios atribuyó la culpa de su pecado a todas las personas que descenderían de él. Aunque todavía no existíamos, Dios, mirando hacia el futuro y sabiendo que existiríamos, nos constituyó como culpables al igual que Adán. Mira los versículos 18-19:

«Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:18-19).

Lo que Pablo quiere decir es que Adán actuó de manera única como nuestro jefe representativo. Todos los miembros de la raza humana fueron representados por Adán en el momento de la prueba en el huerto de Edén. Como nuestro representante, Adán pecó, y Dios nos consideró culpables «en Adán», ya que Adán representaba a toda la raza humana.

Algunos pensadores han rechazado esta idea de la representación. Pero si crees que es injusto para nosotros ser representados por Adán, entonces también deberías pensar que es injusto que seamos representados por Cristo y que Dios nos impute su justicia. Ese es exactamente el punto de Pablo en Romanos 5:12-21: Dios trata con nosotros ya sea como representados por Adán (y, por tanto, culpables) o representados por Cristo (y así cubiertos por la justicia de Cristo). Otra vez, el versículo 19: «Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos». Esto a menudo se conoce como teología federal, del latín foedus para pacto o tratado; Dios lidia de manera pactal con la humanidad en base a qué figura nos represente, ya sea Adán o Cristo.

B. Corrupción heredada: Tenemos una naturaleza pecaminosa debido al pecado de Adán.

Además de la culpa legal que Dios nos imputa debido al pecado de Adán, también heredamos una naturaleza pecaminosa debido al pecado de Adán. Esto significa que nacemos corrompidos y, por consiguiente, todos nosotros cometemos pecados reales. Confirmamos así la sentencia de culpabilidad que hemos heredado de Adán.

Salmo 51:5: «He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre». David está tan abrumado con las consecuencias de su propio pecado que, al mirar hacia atrás en su vida, se da cuenta de que era pecaminoso desde el principio.

Salmo 58:3: «Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron».

La tendencia heredada a pecar no significa que los seres humanos sean tan malos como podrían ser. Las limitaciones de la ley civil, los buenos dones de la familia y el gobierno, la convicción de la conciencia (como vemos en Romanos 2) – todos estos fluyen de la gracia común de Dios a todas las personas, y proporcionan influencias restrictivas sobre las tendencias pecaminosas del hombre. No pecamos en cada momento de cada día, pero ciertamente pecamos mucho todos los días.

C. Depravación total: en nuestro estado natural, carecemos de bien espiritual ante Dios.

No tenemos valor en nosotros mismos y estamos moralmente corrompidos. Nuevamente, esto no significa que las personas sean tan malas como podrían ser o que hayamos perdido la imagen de Dios. Todavía tenemos su imagen, y las personas son capaces de hacer actos que en un nivel son buenos y amables. Pero debido a que somos enemigos de Dios, incluso estas buenas obras no le agradan, porque no las hacemos para honrarlo. Robert Reymond resume bien esta doctrina: «El hombre en su estado crudo y natural, ya que proviene del útero, es moral y espiritualmente corrupto en disposición y carácter. Cada parte de su ser –su mente, su voluntad, sus emociones, sus afectos, su conciencia, su cuerpo– se ha visto afectada por el pecado (esto es lo que significa la doctrina de la depravación total). Su entendimiento está entenebrecido, su mente está en enemistad con Dios, su voluntad de actuar es esclava de su entendimiento oscurecido y su mente rebelde, su corazón es corrupto, sus emociones son pervertidas, sus afectos naturalmente gravitan hacia lo que es malo e impío, su conciencia es indigna de confianza, y su cuerpo está sujeto a la mortalidad»[1]. Vemos esto a lo largo de la Biblia:

Génesis 6:5-6: «Y vio Jehová que… todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal».

Salmo 14:2-3: «Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno».

Isaías 64:6: «Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia».

Efesios 2:1-3: (Pablo les dice a los cristianos cuál era su naturaleza antes de ser regenerados por el Espíritu Santo) «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire».

D. Incapacidad total: en nuestras acciones somos incapaces de hacer bien espiritual ante Dios.

Alguien me explicó una vez el evangelio de esta manera: nos estamos ahogando en el océano y Dios nos arroja una balsa salvavidas que luego tenemos que agarrar, y él nos saca de las olas. Suena bien, pero bíblicamente hablando, no podemos agarrarnos a la balsa salvavidas en absoluto. Somos incapaces de acercarnos a Dios o hacer lo que él demanda. No peleamos en la parte superior del océano, estamos muertos y hundidos hasta el fondo. De nuevo, Robert Reymond señala: «Debido a que el hombre está total o ampliamente corrupto, es incapaz de cambiar su carácter o de actuar de una manera distinta a su corrupción. No puede discernir, amar o elegir las cosas que agradan a Dios. Como dice Jeremías: ‘¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?’»[2] (Jer. 13:23).

Unos cuantos versículos más acerca de esto: Romanos 8:7-8: «Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios».

1 Corintios 2:14: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente».

2 Corintios 4:4: «En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios».

E. Todos son pecadores ante Dios.

La Escritura testifica la pecaminosidad universal de la humanidad. Nadie está exento. Nadie está por encima de esta descripción. David dice: «No se justificará delante de ti ningún ser humano» (Salmo 143:2). Y Salomón dice: «No hay hombre que no peque» (1 Reyes 8:46). Pablo dice: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Ro. 3:23). 

 F. Un solo pecado nos hace legalmente culpables ante Dios.

Como vimos anteriormente, el pecado es una oposición personal a Dios. No es la grandeza de la ley lo que hace que el pecado sea merecedor de castigo, sino la grandeza del Legislador. Pablo afirma: «Ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación» (Romanos 5:16).

Santiago declara: «Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley» (2:10-11).

G. Merecemos la ira eterna de Dios a causa de nuestro pecado.

Efesios 2:3: «Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás». O Juan 3:36: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él».

El pecado no solo es injusto, reprensible, sucio y repugnante para Dios. Merece con toda razón el castigo bueno y perfecto de Dios. Dios desaprueba el pecado y derrama su justa ira sobre sus enemigos que lo han despreciado, rechazado y desobedecido. ¿Por qué Dios definitivamente castigará el pecado? John Murray explica: Dios no será falso con su propio carácter.

«Ser complaciente con lo que es la contradicción de su propia santidad sería negarse a él mismo. Entonces ese es el correlato de su santidad. Y esto solo dice que la justicia de Dios exige que el pecado reciba su retribución. La pregunta no es en absoluto: ¿Cómo puede Dios, siendo lo que es, enviar a los hombres al infierno? La pregunta es: ¿Cómo puede Dios, siendo lo que es, salvarlos del infierno?»[3].

Conclusión

Esa pregunta es un buen lugar para concluir. Nos indica lo que estudiaremos la próxima semana. Los sonidos discordantes y grotescos de nuestro vergonzoso pecado deberían llevarnos a la desesperación de nuestra propia justicia y temblar ante la ira de Dios. Pero existió un hombre que nunca pecó, que era un nuevo Adán. Adán desobedeció al Padre en el huerto de Edén, pero Jesús obedeció al Padre en el huerto de Getsemaní. Fue exiliado de la presencia de Dios en la cruz, drenando la copa de la ira de Dios al máximo, absorbiendo la plenitud de nuestra vergüenza y culpa, y transfiriendo su justicia a todos los que creen. Si no vemos el pecado como nuestro mayor problema, entonces el sacrificio de Cristo parece extraño. Pero cuando lloramos con toda razón nuestro pecado, entonces podemos deleitarnos con toda razón en el Salvador. Eso es lo que haremos la próxima semana al estudiar la persona de Cristo: nuestro hermoso, impecable, inigualable y bondadoso Rey.

 

[1] Robert Reymond, A New Systematic Theology of the Christian Faith (Nashville: Thomas Nelson, 1998), 450.

[2] Ibid., 453.

[3]John Murray, «The Nature of Sin» en Collected Writings of John Murray (Edinburgh: Banner of Truth, 1997), 2:81-82.

 

Doctrina de la Providencia – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 8/26

Doctrina de la Providencia – Parte 2

  1. Repaso: La providencia es la continua relación de Dios con la creación.
  • Preservación
  • Concurrencia
  • Gobierno

La semana pasada, presentamos la doctrina de la providencia de Dios. Si recuerdas, usamos el Catecismo de Heidelberg para ayudarnos, y vimos que definía a la providencia de Dios como: «El poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar [1], por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas sus criaturas de tal manera [2], que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas [3], y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar [4], sino por su consejo y voluntad paternal[5]».

Asimismo, al mirar la providencia de Dios identificamos tres atributos específicos que nos ayudaron a ver cómo Dios obra y se mueve a través de su creación.

En primer lugar, vimos la doctrina de la preservación. «Preservación» es el término empleado para decir que Dios hace que todas las cosas creadas sigan existiendo y conservando las propiedades con las cuales fueron hechas. Él preserva su creación. Dios, al preservar todas las cosas que ha hecho, también hace que mantengan las propiedades con las cuales fueron creadas. Así, Dios preserva el agua a fin de que ésta continúe actuando como agua. Él hace que el césped siga actuando como césped, con todas sus características distintivas. Él preserva aquello que ya ha creado.

En segundo lugar, vimos la doctrina de la concurrencia. «Concurrencia», como recordarás, es el aspecto de la providencia divina que describe cómo Dios trabaja EN y A TRAVÉS DE TODAS LAS COSAS, particularmente las acciones de las criaturas de Dios. En la concurrencia vemos que la agencia divina y la agencia humana se ejecutan juntas o una junto a la otra en acciones específicas. En la clase de hoy, veremos esto más de cerca, ya que se relaciona con algunos elementos diferentes de la interacción divina y humana, tales como el tema del libre albedrío y el problema del mal.

Por último, vimos la doctrina del gobierno. «Gobierno», es la idea de que Dios gobierna el mundo y dirige todas las cosas a su determinado propósito. En otras palabras, el mundo y todo lo que en él habita no es gobernado por el azar o el destino, sino por Dios, quien dirige la historia y la creación hacia un objetivo final.

Por tanto, Dios (1) sostiene a su creación, (2) trabaja en y a través de su creación, y (3) finalmente dirige a la creación para sus buenos propósitos.

Estas cosas actúan juntas, inseparablemente, para llevar a cabo todas las cosas que Dios ha ordenado desde antes del comienzo del mundo.

No obstante, si comprendemos que la providencia de Dios significa que él (1) preserva a la creación; (2) actúa en y a través de ella; y (3) gobierna todas las cosas y las dirige para los fines específicos que él ha ordenado, quedarían algunas preguntas que necesitan ser contestadas.

Primero, (1) ¿cómo  debemos entender exactamente que la soberanía divina y la libertad humana trabajan de la mano? Segundo, (2) si Dios es soberano, entonces ¿por qué somos responsables por las cosas malas que hacemos y por qué Dios no es responsable? Y tercero, (3), ¿Cómo puede Dios ser bueno y poderoso y que todavía exista el mal en el mundo?

Para responder estas preguntas, veamos las Escrituras o lo que la Escritura nos aclara acerca de la soberanía divina y la responsabilidad humana.

  1. 3 Proposiciones

La Escritura enseña 3 proposiciones de manera simultánea:

(1) Primero– Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

Dios no solo asigna tiempo y lugares a las personas, sino que incluso los procesos naturales más mundanos se atribuyen a su actividad en el mundo.

Recuerdas el verso 14 del Salmo 104, de la semana pasada: «El hace producir el heno para las bestias,  la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra».

El escritor de Eclesiastés conoce el ciclo del agua, pero los autores bíblicos prefieren decir que Dios envía la lluvia a decir: «Está lloviendo». Dios es el que abre y cierra, el que quita y da vida, el que levanta y derriba a los reyes. Así, vemos la soberanía de Dios sobre toda la creación.

Pero no solo eso, vemos la soberanía de Dios sobre la voluntad humana. Mira conmigo en Esdras 6:22:

«Y celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete días, por cuanto Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel».

Aquí, leemos que Dios hizo volver el corazón del rey de Asiria, para que sus acciones en realidad ayudaran a los israelitas en su trabajo. La soberanía de Dios se muestra sobre las inclinaciones de la voluntad humana.

Además, vemos la soberanía de Dios sobre el mal en las Escrituras. El Salmo 2 es un gran ejemplo de esto:

«Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos» (Salmo 2:2-4).

¿Y qué hay de Lamentaciones 3:  «¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?».

El Señor siempre está en control soberano sobre todo el mal que existe, y esto es evidente a lo largo de toda la Escritura. Y si bien podemos ver ejemplos en la Escritura de Dios ordenando el mal de alguna manera, Lamentaciones 3, por ejemplo, debemos tener cuidado de ver que cuando la soberanía de Dios sobre el mal se menciona en las Escrituras, los autores nunca atribuyen el mal a Dios. Sin embargo, aclaran que incluso el mal no puede escapar del dominio de Dios. El pecado y la rebelión existen, pero no importa cuán difíciles sean las preguntas que así se hacen, el alcance de la soberanía de Dios no se restringe ni se califica.

Entonces, Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

El pecado y la rebelión existen, pero no importa cuán difíciles sean las preguntas que así se hacen, el alcance de la soberanía de Dios no se restringe ni se califica.

(2) Segundo: Los seres humanos son criaturas moralmente responsables, que eligen, se rebelan, obedecen, creen, desafían y toman decisiones de manera significativa, y se les responsabiliza por tales acciones; pero esta característica nunca funciona para hacer a Dios absolutamente contingente.

Este hecho es claro en el mandato de arrepentirse.

Hechos 17:30-31 dice: «Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos».

Los seres humanos son responsables de sus acciones ante Dios. Y esta responsabilidad, que vemos en la Escritura, nace de la propia iniciativa de Dios en las elecciones. Piensa en Deuteronomio 6:6: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón».

Entonces, número 2… Los seres humanos son criaturas moralmente responsables, pero esta responsabilidad nace de Dios.

(3) Y tercero: a pesar de todo lo que la Escritura dice acerca de la soberanía de Dios, la Biblia insiste en que Dios es perfectamente bueno. Dios nunca se presenta como un cómplice del mal, o como secretamente malicioso, o como detrás del mal exactamente de la misma manera que respalda el bien. La bondad de Dios, es clara, es innegociable en la Escritura.

  • 1 Juan 1:5: «Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él».
  • Salmo 92:15: «Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia».
  •  Salmo 145:9: «Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras».

Dios nunca peca ni hace nada malo o profano. Una vez más, si hay algo acerca de lo que la Biblia es clara, es que Dios es santo y no comete pecado. «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir» (Apocalipsis 4: 8); Véase Is. 6:3). «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1:13). «El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» (Génesis 18:25). Dios es justo y santo y eternamente sin pecado.

  1. Compatibilismo

Pero, entonces, ¿cómo unimos estas 3 verdades de una manera compatible para que podamos responder a las 3 preguntas de antes: (1) ¿cómo debemos entender que la soberanía divina y la libertad humana trabajan de la mano? (2) Si Dios es soberano, entonces ¿por qué somos responsables por las cosas malas que hacemos y por qué Dios no es responsable? (3) ¿Cómo puede Dios ser bueno y poderoso y que todavía exista el mal en el mundo?

La respuesta a eso se encuentra en la definición de la palabra «compatibilismo».

D.A. Carson explica el compatibilismo como la idea de que la Biblia como un todo, y a veces en textos específicos, presupone o enseña que las dos siguientes proposiciones son verdaderas:

(1) Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

(2) Los seres humanos son criaturas moralmente responsables: eligen, se rebelan, obedecen, creen, desafían, toman decisiones, etc. de manera significativa, y se les responsabiliza por tales acciones; pero esta característica nunca funciona para hacer a Dios absolutamente contingente.

Las dos proposiciones se enseñan en las Escrituras y son mutuamente compatibles.

Aunque hay numerosos pasajes de la Escritura que abordan este tema, quiero abordar tres pasajes específicos que realmente ayudan a mostrar cómo Dios puede ser absolutamente soberano sobre todas las cosas, sin embargo, los seres humanos son completamente responsables de sus acciones pecaminosas.

En primer lugar, demos un vistazo a la historia de José…

  1. Dios es soberano sobre todas las cosas (pecado, maldad, Satanás, etc.) y los seres humanos son completamente responsables por sus acciones pecaminosas.

José 

Trasfondo: José, uno de los hijos de Israel, es traicionado por sus otros hermanos y vendido como esclavo. Él termina en Egipto. Después de servir en la casa de Potifar, la esposa de Potifar lo acusa injustamente y es encarcelado. Finalmente, Dios lo libera de prisión y lo levanta para ser aquel a través del cual  rescataría a Israel y bendeciría a las naciones durante la hambruna.

  • Génesis 45:4-8: «Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto».
  • Génesis 50:20: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo».

Entonces, vemos aquí, que fueron los actos de los hermanos de José los que llevaron a José a Egipto. Fue José mismo quien fue a Egipto. Pero, según la propia boca de José, no fueron sus hermanos quienes lo enviaron a Egipto, sino a Dios.

A continuación, echemos un vistazo a la historia de Job.

Job

Trasfondo: Job es «hombre perfecto y recto» (1:1). Dios le pregunta a Satanás:«¿No has considerado a mi siervo Job?» (1:8). ¡Lee  Job 1 8-22!

  • Job 1:8-22: «Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.  En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno».
  • Job 1:20-22: «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno».
  • Como lectores, sabemos que Satanás tomó las propiedades de Job y la vida de sus hijos.
  • Job atribuye la entrega y toma de sus bienes y las vidas de sus hijos al Señor, no a Satanás.
  • El narrador del libro dice que en la atribución de Job de todo esto a Jehová, ¡que Job no pecó ni acusó a Dios de lo incorrecto!
  • La perspectiva de Job acerca de Dios y su control providencial sobre incluso la peor de las tragedias produjo una adoración humilde, de corazón quebrantado (1:20).

Finalmente, echemos un vistazo a la vida de Jesús.

Jesús 

  • La crucifixión de Jesucristo, el Hijo de Dios sin pecado, el justo, el que nunca pecó, es la atrocidad más perversa y malvada jamás cometida. Sin embargo, sucedió por la mano de Dios y el plan de Dios.
  • Hechos 4:24-28: «Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;  que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera».
  • Hechos 2:22-24: «Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella».

Fueron los hombres quienes enviaron a Jesús a la cruz. Pero finalmente fue Dios quien lo supervisó, ordenó y predestinó.

Así, vemos la idea del compatibilismo resuelta en las Escrituras en estas tres historias. Dios, soberano sobre todas las cosas (pecado, maldad, Satanás, etc.), sin embargo, seres humanos, completamente responsables de sus acciones pecaminosas.

Aunque no entendamos completamente cómo funciona, vemos la doctrina del compatibilismo a lo largo de la Escritura, que nos señala la verdad de que mientras el hombre conserva la libertad humana y la responsabilidad moral, Dios conserva su soberanía sobre todos, incluidos los actores morales.

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto? Permíteme darte algunas aplicaciones:

Aplicación:

  1. Mira la cruz. 
  • Romanos 5:6-9: «Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira».

Confía en que, aunque no podamos comprender cómo funciona todo, y por qué Dios hace esto o aquello, podemos estar seguros de que él es un Dios bueno y fiel, porque envió a su propio Hijo a morir por nuestras vidas eternas.

  1. Mira el final. 
  • Apocalipsis 21:3-4«Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».

Confía en que, si bien no podemos entender la soberanía de Dios en todos sus aspectos, sí sabemos cómo va a terminar. ¡Sabemos que toda esta acción divina trabaja para salvación!

(NOTA: Gran parte de las dos aplicaciones siguientes son extraídas del libro Pecados Espectaculares de John Piper) 

  1. Ocho cosas que hacer con el mal

Al saber que Dios es soberano sobre el mal y está usando el mal incluso ahora para nuestro bien, hay 8 cosas que podemos hacer con el mal…

  1. Anticipa el mal. «Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo» (1 Pedro 4:12).
  2. Soporta el mal. «[El amor] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co. 13:7; cf. Mr. 13:13).
  3. Da gracias por el efecto de refinamiento del mal que viene en tu contra. «Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Ef. 5:20; cf. 1 Ts. 5:18). «Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia…» (Ro. 5:3-5).
  4. Aborrece el mal. «El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno» (Ro. 12:9).
  5. Ora para escapar del mal. «No nos metas en tentación, sino líbranos del mal» (Mt. 6:13).
  6. Desenmascara el mal. «Y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas» (Ef. 5:11).
  7. Vence el mal con el bien. «No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien» (Ro. 12:21).
  8. Resiste el mal. «Resistan, pues, al diablo, y huirá de ustedes» (Stg. 4:7).
  1. Cuatro cosas que jamás se deben hacer con el mal

Y, además, porque sabemos que Dios es soberano sobre el mal en el mundo y trabaja para nuestro bien, podemos saber qué  NUNCA hacer con el mal y las tentaciones que Satanás plantea en nuestras mentes…

  1. Nunca te desesperes pensando que este mundo malvado está fuera del control de Dios. «[Él] obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad» (Ef. 1:11).
  2. Nunca te rindas ante el sentido de que a causa del mal aparentemente al azar, la vida es absurda y sin sentido. «¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!… Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén» (Ro. 11:3336).
  3. Nunca cedas a la idea de que Dios peca, o es injusto, o que no es recto en la manera en que gobierna el universo. «Justo es el SEÑOR en todos sus caminos» (Salmo 145:17). 
  4. Nunca dudes de que Dios está totalmente a tu favor en Cristo. Si le confías con tu vida, estás en Cristo. En medio de todo lo malo que pueda sucederte, nunca dudes de que Dios te ama. «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8:32). La cruz es la garantía eterna de su amor por nosotros. En Cristo, Dios siempre está de nuestro lado y nunca en nuestra contra.

https://es.9marks.org/

Doctrina de la Providencia – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 7/26

Doctrina de la Providencia – Parte 1

Oremos.

Introducción: Repaso
Las últimas dos semanas, hemos estudiado la doctrina de la creación. Vimos que la Biblia enseña que Dios creó el universo de la nada, por su palabra. Dios es el autor de todas las cosas, visibles e invisibles, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra. Él hizo todo bueno y creó todas las cosas para su gloria.

Esta mañana, cambiamos nuestra atención de la doctrina de la creación a la doctrina de la providencia. Este es el plan: esta semana consideraremos fundamentalmente dos cosas:

Qué es la doctrina de la providencia, y;
Las diferentes implicaciones de la doctrina de la providencia para nuestras vidas.
La próxima semana, estudiaremos varias preguntas frecuentes que surgen de este doctrina. Por ejemplo: ¿de qué manera la soberanía de Dios en la providencia se relaciona con nuestras decisiones y responsabilidad humana?; o, ¿de qué manera la soberanía de Dios en la providencia se cruza con el pecado, el mal y el sufrimiento en el mundo?

¿Qué es la providencia? La continua relación de Dios con la creación
Catecismo de Heidelberg: «Es el poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar [1], por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas sus criaturas de tal manera [2], que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas [3], y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar [4], sino por su consejo y voluntad paternal[5]»[1].

En otras palabras, la providencia es la creencia de que Dios, en su bondad y poder, preserva, acompaña, sostiene, dirige y gobierna a todas las criaturas, todas las acciones y todas las cosas, desde la estrella más grande en la galaxia hasta el gorrión más pequeño en un árbol. Dios el Creador y Rey gobierna todo para alabanza de su gloria, de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia.

Vemos a lo largo de la Biblia la enseñanza de que Dios es quien da vida, renueva, ve, vigila, observa, salva, protege, preserva, dirige, enseña, gobierna, trabaja, sostiene y cuida de toda su creación, y especialmente de su pueblo.

Lee el Salmo 104:

«Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia. 2 El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, 3 que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; 4 El que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros. 5 El fundó la tierra sobre sus cimientos; No será jamás removida. 6 Con el abismo, como con vestido, la cubriste; Sobre los montes estaban las aguas. 7 A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; 8 Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. 9 Les pusiste término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. 10 Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; 11 Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. 12 A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. 13 El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras se sacia la tierra. 14 El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, 15 y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre. 16 Se llenan de savia los árboles de Jehová, los cedros del Líbano que él plantó. 17 Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña. 18 Los montes altos para las cabras monteses; Las peñas, madrigueras para los conejos. 19 Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. 20 Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. 21 Los leoncillos rugen tras la presa, y para buscar de Dios su comida. 22 Sale el sol, se recogen, y se echan en sus cuevas. 23 Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta la tarde. 24 ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; La tierra está llena de tus beneficios. 25 He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. 26 Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. 27 Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. 28 Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien. 29 Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. 30 Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra. 31 Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras. 32 El mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean. 33 A Jehová cantaré en mi vida; A mi Dios cantaré salmos mientras viva. 34 Dulce será mi meditación en él; Yo me regocijaré en Jehová. 35 Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya» (Salmo 104:1–35 RVR60).

Por medio de la providencia de Dios vemos a Dios activamente involucrado en su creación a cada momento. Dios no abandonó a su creación después de haberla creado; en cambio, la cuida y sostiene por su eterno poder e infinita sabiduría. La providencia de Dios hace que continúe lo que ya ha cobrado vida, y lo hace (1) sosteniéndolo; (2) trabajando en y a través de él; y (3) dirigiéndolo para sus buenos propósitos. Estas tres avenidas se llaman (1) preservación, (2) concurrencia y (3) gobierno. Veamos cada una más detalladamente.

«Porque de él…»

A. Preservación: Dios mantiene y sostiene todas las cosas

(Hebreos 1:3; Colosenses 1:17; Nehemías 9:6; Job 34:14-15)

«Preservación» es el término empleado para decir que Dios hace que todas las cosas creadas sigan existiendo y conservando las propiedades con las cuales fueron hechas. Él preserva su creación. Dios, al preservar todas las cosas que ha hecho, también hace que mantengan las propiedades con las cuales fueron creadas. Así, Dios preserva el agua a fin de que ésta continúe actuando como agua. Él hace que el césped siga actuando como césped, con todas sus características distintivas.

Por ejemplo, vemos que Dios preserva un pulpito hecho de madera para que mantenga las mismas características que la madera posee. Es tieso y duro. No esperamos que se disuelva espontáneamente en agua. Un pulpito de madera conserva sus propiedades hasta que otra parte de la creación actúe sobre él, como el fuego, hasta que se convierte en cenizas.

Sin embargo, no deberíamos pensar en la creación como una nueva creación continua: él no crea átomos y moléculas nuevos cada segundo para cada cosa existente. Más bien, preserva lo que ya ha sido creado.

Ve conmigo algunos versículos que hablan acerca de esto…

Colosenses 1:15-17: «15 Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten».

Hebreos 1:1-4: «1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien (Cristo) sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos».

Aplicación: Ambos versículos indican que si Cristo tuviese que detener su continua actividad de sostener todas las cosas en el universo, entonces todo, salvo el Dios trino, dejaría de existir instantáneamente. Esto es lo que Pablo dice en Hechos 17:28 cuando dice: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos».

Sin Cristo, nada existiría, esa es la doctrina de la creación.

Sin Cristo, nada continuaría existiendo; esa es la doctrina de la preservación.

Como parte de la creación de Dios, podemos agradecer a Dios por preservar nuestras vidas.

Eliú, en su sabiduría, dice esto acerca de Dios: «Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo» (Job 34:14).

Entonces, #1… Dios «preserva» o… mantiene y sostiene todas las cosas.

«… y por él…»

B. Concurrencia: Dios obra en y a través de todas las cosas

(Génesis 45:5; Efesios 1:11; Job 37:6-13; Proverbios 16:9, 33; Job 14:5; Filipenses 2:13)

La concurrencia es el aspecto de la providencia divina que describe cómo Dios trabaja EN y A TRAVÉS DE TODAS LAS COSAS, particularmente las acciones de las criaturas de Dios. En la concurrencia vemos que la agencia divina y la agencia humana se ejecutan juntas o una junto a la otra en acciones específicas.

«Concurrencia» significa básicamente que Dios coopera con las cosas creadas en cada acción. Él dirige sus propiedades distintivas para hacer que actúen como lo hacen. En otras, las cosas que suceden son, primero y principal, acontecimientos que Dios ocasiona, no obstante, Dios trabaja a través de las diferentes propiedades de cada cosa creada, para que éstas produzcan los resultados que vemos.

Esto es lo que conocemos como causas «primarias» y «secundarias».

Causas primarias y secundarias:
La causa divina de cada acontecimiento trabaja como una causa invisible, detrás de escenas, que dirige y, por tanto, puede ser llamada «causa primaria» que planifica e inicia todo lo que sucede.
Pero lo creado produce acciones de formas consistentes con las propiedades propias de la criatura, formas que a menudo pueden ser descritas por nosotros o por científicos profesionales que observan el proceso cuidadosamente. Por tanto, estos factores y propiedades de las criaturas pueden denominarse causas «secundarias» de todo lo que sucede, incluso si son causas evidentes para nosotros mediante la observación.
Vemos esto claramente en las Escrituras…

«El corazón del hombre piensa su camino, mas Jehová endereza sus pasos» (Proverbios 16:9).

Da un vistazo a Hechos 14:15-17…

«15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones».

Observa el versículo 17: La causa secundaria del incremento del sustento y alegría de sus corazones eran las lluvias del cielo y los tiempos fructíferos. La lluvia hizo que el sustento aumentara y los tiempos fructíferos alegraron sus corazones. Pero detrás de esas causas secundarias, hay una causa primara, Dios. ÉL hizo bien al dar las lluvias y los tiempos fructíferos.

Mira Hechos 17:24-28: «24 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos».

Ilustración: Aguarda un momento… Podrías estar pensando: «¿Acaso mis padres no decidieron dónde y cuándo nací?». Bueno, sí, lo hicieron. Pero este texto dice que detrás de la causa secundaria de tus padres dándote vida y decidiendo dónde nacerías, había una causa primaria, Dios. Él da la vida y decide cuándo y dónde habitas en esta tierra. En Dios vives, te mueves y eres.

Aplicación: Esto quiere decir que deberíamos estar agradecidos por todo lo que Dios hace en y a través de nosotros. Y no solo por medio de nosotros, sino por medio de las cosas que nos rodean. Si llueve, deberíamos agradecer a Dios. Si los cultivos crecen, deberíamos agradecer a Dios.

Además, deberíamos ser capaces de disfrutar la inmensidad de Dios al pensar en esta doctrina. Cuán grande es Dios que ni siquiera la nieve puede caer sin que su mano intervenga. Ni si quiera el llanto de un animal pude darse sin que Dios lo supervise. Todo, incluso los objetos inanimados trabajan en cooperación con Dios. Mira lo que dice Job 37:6-13:

«6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales. 7 Así hace retirarse a todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra. 8 Las bestias entran en su escondrijo, y se están en sus moradas. 9 Del sur viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte. 10 Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas se congelan. 11 Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla. 12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mande. 13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará venir».

Amigo, Dios está detrás de todo, incluso de la nieve, el hielo y todo lo que vemos o no vemos. Eso debería darnos una gran seguridad y también permitirnos maravillarnos ante la enormidad del Dios a quien servimos.

«…y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén».

C. Gobierno: Dios gobierna y dirige todas las cosas

(Daniel 4:35; Romanos 8:28; Salmo 103:19)

El tercer aspecto de la providencia de Dios que enseña la Escritura es el gobierno. Dios gobierna el mundo dirige todas las cosas a su determinado propósito. En otras palabras, el mundo y todo lo que en él habita no es gobernado por el azar o el destino, sino por Dios, quien dirige la historia y la creación hacia un objetivo final. La Escritura sintetiza todo esto maravillosamente al hablar de Dios repetidas veces como el Creador-Rey que gobierna todas las cosas.

«Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos» (Salmo 103:119).

«Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Daniel 4:34-35).

Dios es quien conduce el barco de esta historia. Hay un destino, y el propósito de Cristo de llevar al mundo hacia ese objetivo sucederá. Pablo dice en Romanos 8:38: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».

Efesios 1:7-12: «7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo».

Observa en estos versículos algunos aspectos diferentes acerca del gobierno divino de Dios.

Primero, la actividad gubernamental de Dios es universal no se extiende simplemente a su pueblo. Se extiende a todas las materias y a todos los hombres… a lo que es malo y a lo que no. Efesios 1:11 dice que él «hace todas las cosas según el designio de su voluntad».

Segundo, Dios es bueno en su gobierno. Romanos 8:28 dice que Dios obra para el bien de aquellos que le aman. Ese bien que vemos en Romanos 8:28 se refiere al propósito de Dios de conformar a sus hijos a la imagen de su Hijo (versículo 29).

Tercero, Dios está personalmente preocupado por aquellos que son suyos. Nuevamente, Romanos 8:28 muestra que este gobierno por parte de Dios está particularmente preocupado por sus hijos.

Cuarto, Dios es soberano en su gobierno. Esto quiero decir que él, y únicamente él determina su plan y conoce el significado de cada una de sus acciones. Salmo 103: «Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos». O como dice Daniel: «…él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?».

Aplicación:

¿Y por qué importa esto? ¿Por qué estudiamos esto? Bueno, porque significa todo. Significa todo para la nueva vida y fe en Cristo. Piensa en ello por un segundo…

CONFIANZA: Creer en la providencia de Dios significa que puedo confiar en Dios para todas las cosas porque él ya ha resuelto nuestro mayor problema… el pecado. La fe en Cristo nos permite como creyentes, a pesar de todos los enigmas que nos confunden, y pese a las difíciles pruebas que van y vienen, como creyentes en Cristo nos aferramos a la convicción de que el Dios que gobierna el mundo es el mismo Padre amoroso y compasivo, quien gracias a Cristo nos ha perdonado de todos nuestros pecados, nos ha aceptado y adoptado como sus hijos, y quien nos recibirá con gozo en su gloriosa presencia para siempre. Así que en medio de nuestro sufrimiento y lágrimas, esperemos gozosamente el futuro con fe en la mano paternal de la providencia Dios. La providencia de Dios es precisamente una fuente de humildad y esperanza, de confianza, consuelo y valentía.

Puedes confiar en él tan completamente como para no tener dudas de que él te proveerá todas las cosas necesarias para el cuerpo y el alma [4], y también convertirá en bien cualquier adversidad que te envié en esta vida de sufrimiento [5]. Él puede hacer esto porque él es Dios todopoderoso [6], y está dispuesto a hacerlo porque es un Padre fiel.

PACIENCIA: La providencia de Dios también significa que podemos ser pacientes en la adversidad. Si sabemos que Dios está trabajando, y que él trabaja para nuestro bien, entonces podemos esperar sabiendo que él no nos ha olvidado. Tan lejos de olvidarnos, él ha ordenado todo en el universo para nosotros. ¡Qué Dios!

GRATITUD: Además, significa ser agradecidos cualquiera sea la circunstancia en la que nos encontremos. Ya sea prosperidad o pobreza, sabemos que Dios ha ordenado las cosas para el bien de aquellos que le aman, de manera que podemos estar agradecidos de que Dios conoce la circunstancia que atravesamos actualmente. Aunque no podamos comprender todos los motivos de la circunstancia, podemos saber que Dios sabe y que Dios está obrando en nuestras vidas incluso en este mismo instante para conformarnos cada vez más a la imagen de su Hijo. Por esa razón, Pablo puede decir a los Tesalonicenses en 1 Ts. 5:18: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús».

ESPERANZA: Por último, con miras al futuro, la providencia de Dios significa que podemos tener una esperanza segura en nuestro Dios y Padre fiel de que nada nos separará de su amor. Romanos 8:28. Tenemos una esperanza que nadie más en el mundo tiene, porque hemos recibido una promesa que nadie más tiene: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Y este Dios que nos ama y prepara todas las cosas para nuestro bien, nunca nos dejará, nunca nos olvidará, y nunca nos permitirá alejarnos de él. ¡Qué esperanza! ¡Qué salvador.

https://es.9marks.org/