17/27 – La enseñanza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

17/27 – La enseñanza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ensenanza-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes pueden estar familiarizados con un vídeo, un DVD titulado “Moldeador de  sueños”. Es la historia sobre un profesor llamado Guy Doud. Él era un profesor de secundaria y tenía un corazón para sus estudiantes. Este hombre encontró  maneras increíblemente innovadoras y creativas para motivar a sus alumnos a aprender. Él tomó interés personal en sus estudiantes, y como maestro tuvo un impacto significativo en sus alumnos. Pues bien, en 1986 Guy Doud fue invitado a la Casa Blanca, donde fue honrado por el presidente Reagan como el maestro nacional del año.

Hoy queremos mirar al hombre que tendría que ser honrado como el más grande maestro de todos los tiempos.

Leslie: ¿Quién fue el mejor maestro que jamás haya existido? Vamos a estudiar esta pregunta a medida que Nancy Leigh DeMoss continúa la serie El Cristo incomparable en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: El Cristo incomparable es acerca de quién estamos hablando en esta serie. Hoy queremos conocerlo como un maestro. Nunca ha habido y nunca habrá un maestro como Cristo.

De hecho, una noche, un hombre llamado Nicodemo, que era un maestro sabio y respetado, busco a Jesús y le dijo. “Sabemos que has venido de Dios como maestro…”  en Juan capítulo 3.

De manera que Nicodemo sabía que Jesús no era un maestro común. No era un rabino ordinario.  En realidad no había nadie como Él, porque Él había venido de Dios.

Los evangelios se refieren a Jesús como un maestro en más de 40 ocasiones. Jesús siempre estaba enseñando.  Él era capaz de revelar la verdad y la perspectiva eterna en momentos cotidianos de la vida y  en conversaciones. Eso es lo que hace un buen maestro. Él siempre condujo conversaciones de tal forma que le diera a la gente el punto de vista de Dios en todo lo que se estaba hablando.

Jesús fue un maestro que—a diferencia de algunos profesores que pudimos haber tenido en el pasado—Su enseñanza era convincente. Llamaba la atención, y desde el primer momento su enseñanza atrajo grandes multitudes. Mientras se propagaba de boca a boca, la gente venía desde muy lejos solo para escuchar a Jesús enseñar.

Mateo capítulo 4 nos dice:

“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino…Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán” (vv.23-25).

Así que aquí está Jesús enseñando en la región norte de Galilea, y la gente lo escuchaba, la palabra se extendía, y venían de todas estas distancias para escuchar este nuevo rabino que enseñaba. La enseñanza de Jesús no solo atrajo grandes multitudes, pero una vez la gente era atraída, Su enseñanza provocaba y  causaba asombro. Esto se ve a lo largo de todos los evangelios.

Mateo capítulo 5 versículo 1 dice: «Cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…»Ahora, ¿qué le sigue a este versículo? Mateo 5, ahí comienza el Sermón del Monte.  Así que Mateo 5, 6 y 7, se trata de lo que Jesús enseñó a los que vinieron. Al estudiar este texto, da la impresión de que esto comenzó como una pequeña reunión y que después otros se unieron al grupo. Al final del Sermón del  Monte, hay una gran multitud reunida allí en aquel monte.

Así llegamos al final del Sermón del Monte, Mateo capítulo 7, y dice: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza…” (v. 28). Si tienes la NVI, dice que se “asombraban” de Su enseñanza. Esa palabra traducida como ‘asombraban’ en griego es ekplesso. La palabra significa literalmente que “fueron deslumbrados”. Ellos se quedaron atónitos. Ellos se sorprendieron. Ellos se asombraron.

Pero esa no fue la única vez. En Mateo capítulo 13 en el versículo 53 dice,

“Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allíY llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban, otra vez la palabra griega, y decían: ¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpintero?”(vv. 53-55)

¿Te das cuenta? Las enseñanzas de Jesús eran diferentes a todo lo que ellos habían oído antes.  No era más que el «hijo del carpintero». Ellos no esperaban que un comerciante tuviera este tipo de sabiduría. Después de todo, Jesús no tenía formación en el seminario. No tenía algún título de postgrado. Él obtuvo Su sabiduría de, ¿dónde? de  Dios mismo. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. Ellos no estaban acostumbrados a escuchar de maestros que recibieran su sabiduría directamente de Dios.

A medida que continuamos en ese pasaje, llegamos al versículo 57 de Mateo capítulo 13, y te das cuenta de que la reacción—aunque estaban asombrados—no siempre fue positiva. Dice: «Y se escandalizaban a causa de Él”. Pero ¿No es cierto que también hoy día cuando muchos escuchan las enseñanzas de Jesús se ofenden y las rechazan? Tal vez no lo encuentran lo suficientemente sofisticado como para los tiempos modernos. Porque la enseñanza de Jesús no encaja con la sabiduría convencional, que va en contra de nuestra cultura.

Veamos otra instancia, en Marcos capítulo 1, donde la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús.

Marcos capítulo 1, “Entraron en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo entrando Jesús en la sinagoga comenzó a enseñarY se admiraban, la palabra de nuevo,  de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (vv. 21-22)

En algunas de sus traducciones se les llama a los escribas ‘maestros de la Ley’. Estos eran hombres que eran expertos en la Ley Mosaica. Pasaban sus vidas estudiando los detalles minuciosos de la Ley Mosaica. La enseñaban, de manera que ellos interpretaban la Ley y la interpretaban para otros. Eran expertos en la Ley, los escribas. Versículo 27. “Y todos se asombraron…” Ahora, aquí se usa una palabra griega diferente. Es una palabra que significa “estupefacto” o “atónitos”. “…de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad!”.

La enseñanza de Jesús fue, en muchos aspectos, un contraste con la enseñanza que estaban acostumbrados a oír de los escribas y los maestros y los líderes religiosos. Echemos un vistazo a algunas de las formas en que la enseñanza de Jesús era diferente. Por ejemplo, los rabinos y los escribas y los maestros religiosos a menudo citaban a otros rabinos y maestros. Tomaban ideas prestadas de fuentes humanas. Ellos exponían la tradición. Pero la palabra que se usa aquí en relación a la exposición de Jesús y la autoridad con la que Él hablaba, hace referencia a una autoridad dentro de Él mismo, no a una autoridad derivada de otros. Su mensaje venía de Su Padre. Poseía autoridad divina.

Los escribas y maestros de la ley a menudo se centraron en los detalles, en las minucias de la ley. Colaban los mosquitos y se tragaban el camello, dijo el mismo Jesús (ver Mateo 23:24). Pero Jesús se centró en asuntos de significado eterno. Él enseñó cosas que realmente importaban. Él volvía una y otra vez al mismo mensaje básico acerca del Reino de Dios, del Rey de ese Reino, y lo que significaba ser un súbdito de ese Reino.

Los comentaristas dicen que si lees el Talmud—donde los escribas escribían sus dichos—a menudo es difícil seguir las complejas divagaciones y el razonamiento de los líderes religiosos. Pero la enseñanza de Jesús, por el contrario, realmente tenía sentido. Era ordenada. Iba al grano. La gente común podía entenderlo.

Aquí hay otro contraste. Los sermones de los escribas eran a menudo confusos y engañosos (Mat 5:21). Pero los sermones de Jesús eran directos, y hablaba, pura y simplemente, la verdad.

La enseñanza de los escribas era a menudo seca y aburrida. No tenía la intención de conectar con la gente común—ellos básicamente hablaban de sí mismos. Pero la enseñanza de Jesús era agradable. Capturó la atención de multitudes, incluidos los niños. Recuerda que no había guarderías para los más pequeños. Jesús despertaba el interés de sus oyentes con historias, con ilustraciones, con descripciones visuales, y con parábolas.

Su enseñanza no estaba cargada, no era formal, y no estaba por encima del entendimiento de la gente común. No abrumaba ni confundía a los oyentes con grandes palabras, o con argumentos eruditos. Usó ejemplos cotidianos, lecciones prácticas. Conectó con hombres comunes y con los corazones de la gente. Él era un gran narrador.

Su enseñanza era bastante simple de comprender para los niños pequeños o para personas de poca educación. Sin embargo, fue también lo suficientemente profunda como para desafiar a personas como Nicodemo, que habían estudiado las Escrituras durante años.

Aquí hay otro contraste. Los escribas y los otros líderes religiosos, a menudo eran motivados por la codicia, por mantener las apariencias. Tenían el deseo de recibir la alabanza de los hombres.  ellos querían que otras personas dijeran cuán grandes maestros ellos eran. Ellos no estaban motivados, muchos de ellos, por el amor genuino hacia las personas que enseñaban.

Pero Jesús sin embargo ¡Jesús realmente amaba a la gente! Estaba motivado por la compasión. Él estaba preocupado por el bienestar eterno de Sus oyentes. Recuerda lo que pasó en Marcos 6, donde dice: «Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…” Ellos estaban vagando, sin rumbo, y desvalidos e indefensos. Entonces, ¿qué hizo Él? Su compasión le movió, “y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. 34). Él fue el gran Pastor. Dirigió Sus ovejas y se preocupaba por ellas por su enseñanza.

Hubo otras cosas que hacían de Jesús un gran maestro. Él conocía a Sus estudiantes. Él conocía Sus corazones. No hay maestro en el reino de los humanos que pueda conocer los corazones de sus alumnos. Él no le habló solo a sus mentes, sino que habló palabras que penetraron, que traspasaron, y cambió sus corazones.

Él no solo conocía Sus estudiantes, sino que sabía lo que Sus estudiantes necesitaban escuchar, y eso es lo que Él les dio, sin importar si eso es lo que ellos querían escuchar o no. Independientemente de su respuesta, Él sabía lo que realmente ellos necesitaban, y eso fue exactamente lo que les dio.

Habló palabras a tiempo, las palabras que llenaban las necesidades de los oyentes. A veces, esas palabras eran cosas difíciles de oír. Él dijo por ejemplo: «No te preocupes por nada» (ver Mateo 6:25). Habló contra la ansiedad, contra la codicia, contra la hipocresía, y contra el divorcio. Habló de personas que pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero que un día llegarían a estar delante de Dios y que Él les diría: «Jamás os conocí. Apartaos de mí, los que practicais la iniquidad.»(Mateo 07:23)

Si quieres ser un maestro popular, ese no es exactamente el camino a seguir, especialmente cuando tú estás hablando a los líderes religiosos. Pero Jesús habló lo que Sus oyentes debían escuchar. Ya fueran niños o padres o paralíticos o fariseos, o quien quiera que fuera, Él habló lo que ellos necesitaban oír.

Marcos capítulo 12 dice: «Y cuando ellos llegaron, le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad…” (v.14). Jesús no tenía temor de los hombres. Él amaba a Dios, y no estaba tratando de ganar un concurso de popularidad. Él amaba a la gente, y sabía darles lo que necesitaban.

Él no solo conocía a sus estudiantes y lo que ellos necesitaban escuchar, Él también conocía la Escritura. Conocía las Escrituras del Antiguo Testamento. Él no tenía una formación en el seminario formal o de grados avanzados. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. De hecho, los evangelios nos dicen que Él citó al menos 24 libros del Antiguo Testamento. Me pregunto cuántas de nosotras podríamos hacerlo, sin necesidad de abrir nuestra Biblia, y citar 24 libros del Antiguo Testamento.

Jesús no estaba enseñando para impresionar a la gente con lo mucho que sabía sobre el Antiguo Testamento, sino que utilizaba la Palabra para apuntar a las personas hacia Dios y hacia Su Reino; les ayudaba a entender la Palabra. Les mostró cómo se conectaba a su vida y lo que Dios estaba haciendo en este mundo.

Jesús también fue un gran maestro, debido al poder de un mensaje de vida. Su vida validó Su mensaje. En otras palabras Él vivía lo que enseñaba. Su vida respaldaba Sus palabras y Él era coherente con todo lo que enseñaba. Nunca hubo una contradicción entre lo que hizo y lo que dijo. Él dijo: «Bienaventurados los mansos», y luego dijo:»Yo soy manso y humilde de espíritu.»

No se limitó a hablar de la oración, ¡Él de hecho oró! Cuando dijo: «Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os persiguen», Él no solo ofreció teología teórica. Él modeló lo que era devolver bien por mal, perdonar a sus enemigos, para amarlos y orar por ellos.

Y, por cierto, para aquellas de nosotras que estamos involucradas en enseñar la Palabra a otras—ya seas una mamá que provee escuela en el hogar, o quizás enseñas en un grupo pequeño que tiene una relación de discipulado uno a uno—hay tanto poder en el mensaje de tu vida. Una cosa para mí es simplemente enseñar la verdad a través de este ministerio, pero el poder viene cuando puedo decir, «Imítame como yo imito a Cristo». Cuando tengo un mensaje de vida. No que sea perfecta, pero estoy honestamente intentando seguir a Cristo en las cosas que estoy enseñando a otras.  Es de ahí de donde viene el poder. Porque hay poder en un mensaje de vida.

Jesús no solo enseñó a grandes multitudes. A veces la gente se pregunta, «¿Cuántas personas hay en la audiencia escuchándome enseñar?» Jesús pasó mucho tiempo centrado en la enseñanza de un pequeño grupo de 12 discípulos. Y luego, más tiempo aún, con un grupo más reducido, de tres de los discípulos que pasaron mucho tiempo con Él.

¿Qué estaba haciendo Jesús? ¿Por qué se enfocaba Él en este grupo más pequeño? Él estaba entrenando y preparando a Sus discípulos para llevar a cabo Su misión después de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión al cielo. Él fue intencional al invertirse en ellos. Su intención era que cuando Él dejara esta tierra, ellos enseñaran a otros lo que Él les había enseñado. Y esos que Él enseñaba, luego enseñarían a otros, y de esta forma pasarían el testigo de la Verdad de una generación a otra.

Jesús enseñó a sus discípulos, al pasar tiempo con ellos. Vieron cómo vivió y vieron Su carácter cuando no había mucha gente alrededor; cuando no había nadie a quien impresionar. Él les dio la libertad de hacer preguntas, y entonces respondió esas preguntas. Usó experiencias cotidianas como momentos de enseñanza.

Algunas de ustedes pueden estar familiarizadas con el nombre de Howard Hendricks. Se conocía con el nombre de «El profesor» durante los 60 años que enseñó en el Seminario Teológico de Dallas. Se retiró hace unos años a la edad de 82 años. Era muy querido por toda una generación de estudiantes, y por muchos, como yo, que no fuimos a su seminario, pero que escuchamos  sus mensajes muchas veces a lo largo de los años. Sus enseñanzas y sus conferencias nunca fueron aburridas, y nunca ha habido un profesor más citado y citable que él.

El Profesor Hendricks dice:

En mis años de formación en el aula me enteré de que mis estudiantes estaban buscando desesperadamente «cómo» poner la verdad cristiana en la vida práctica, y decidí arriesgarme a tener encuentros cercanos con ellos para permitir que ellos me vieran a mi; para poder ser su guía, un facilitador—no para producir pecadores más inteligentes, sino para guiar a un hombre o a una mujer a ser más como Jesucristo. Mi objetivo no era solo informativo, sino transformador.

Eso me recuerda la enseñanza de Jesús. Su enseñanza no estaba esparciendo información ni llenando cabezas y cuadernos. Él estaba enseñando para ver vidas transformadas. Él dijo: «Las palabras que yo os he hablado, son vida». (Juan 6:63)

Y por cierto, esa es mi carga por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Lo ha sido a través de todos estos años que hemos estado en el aire. Mi carga es que las mujeres no solo llenen sus cabezas y sus cuadernos con más contenido, sino que ellas sean fascinadas, detenidas, confrontadas por la verdad, y que respondan a ella, que se debatan con ella, y que sus corazones, sus vidas y sus mentes sean cambiadas por esa verdad,  que seamos transformadas juntas por las enseñanzas de Jesús, y seamos hechas a su semejanza.

Al pensar en la enseñanza de Cristo, permíteme sugerir otras dos aplicaciones, mientras consideramos a Cristo como maestro. En primer lugar tenemos que recordar que Su doctrina es la verdad absoluta. Tiene un peso y una autoridad absoluta. Cuando Cristo habla, Dios habla. Es potente, con autoridad, y se impone sobre nuestras vidas.

La enseñanza de Cristo es eterna. Nunca se vuelve obsoleta. Hemos visto que algunas cosas que se enseñaban en las aulas hace 20, 30  ó 40 años, eran incorrectas. Las nuevas evidencias y los nuevos estudios demuestran que no era así. Por el contrario la enseñanza de Cristo nunca se vuelve obsoleta. Es eternamente relevante. Es relevante para cada persona en todas las culturas en todos los períodos de tiempo de la historia. Su enseñanza se aplica a tu vida actual, para cada relación y para cada situación en que te encuentres. El desafío es escuchar, y dejar que transforme tu vida.

Alguien de nuestro equipo me decía el otro día—ella nos ha estado siguiendo a lo largo de esta serie… que después de leer este capítulo acerca de la enseñanza de Cristo del libro de Oswald Sanders “El Cristo incomparable”, me dijo: “Ese capítulo me hizo querer ser un estudiante experto. Si el autor de este libro (de la Biblia)  es el gran maestro de todos los tiempos, sería una locura no leerlo”. Espero que este sea el efecto que causen en ti las enseñanzas de Cristo.

Y una idea final. No estamos solo para ser beneficiarias de la enseñanza de Cristo, sino que debemos llegar a ser canales de su enseñanza, siempre aprendiendo y creciendo, pero siempre pasándola a otros. Eso no es solo para las personas como yo que tienen un micrófono, una plataforma, un programa de radio, y escribo libros. Eso es para gente como tú. Todas nosotras estamos llamadas como Cristo, a ser maestras.

Jesús dijo, cuando Él estaba a punto de ascender al cielo: « Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Jesús nos manda, como sus discípulos, a enseñar a otras lo que Él nos ha enseñado.

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros…” (Colosenses 3:16). Podemos hacer eso en la vida cotidiana y en los contactos cotidianos e intercambios, en Twitter, Facebook y a través del correo electrónico—enseñando a otros lo que Dios nos ha enseñado.

«Pues aunque ya debierais ser maestros…” dice Hebreos capítulo 5. El reproducirse en otros y enseñar lo que Dios te ha enseñado a ti a través de Su Palabra es una evidencia de madurez espiritual.

Y como mujeres, muy particularmente, tenemos este mandato. Las mujeres de edad “deben enseñar lo que es bueno, y así entrenar a las mujeres jóvenes…para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Ver Tito 2:3-5).

Amigas, no es necesario un aula formal. Tú no necesitas 22 estudiantes sentados en sillas mirándote a los ojos. Tú ya tienes estudiantes.

  • Las personas que te rodean.
  • Tus hijos.
  • Las personas en tu lugar de trabajo.
  • Las personas con las que te conectas de diversas maneras en tu iglesia y en tu comunidad.

Busca la forma de dirigir la conversación hacia lo eterno y hacia las necesidades del corazón de aquellas que están a tu alrededor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar. ¿Habías considerado antes la importancia de Jesús como maestro? Este mensaje me ha abierto los ojos a esta parte importante del ministerio de Jesús. Esta serie completa ha sido muy edificante. La serie se titula, El Cristo incomparable. Está abriendo mis ojos a varios  aspectos de la vida de Cristo y de Su ministerio, día a día.

Cuando las mujeres están en contacto con la Palabra de Dios de esta manera, es algo poderoso. Da forma a las actitudes, comportamientos y decisiones. Por ejemplo, Jennifer, una hermana de Chile, nos escribió para dejarnos saber lo mucho que aprecia los mensajes de Aviva Nuestros Corazones. Ella nos escribió,

¡Gracias al Señor por este ministerio! Tengo 22 años, y la primera vez que escuche a Nancy en uno de sus programas de radio, me di cuenta de muchas cosas que como mujer no estaba haciendo bien. Ahora a través de esta serie he podido ver que tengo muchas cosas que presentarle al Señor para que Él las ordene en mi vida. Nancy ha sido un gran apoyo en mi desarrollo como mujer. Ha sido como una madre para mí.

Otras hermanas como Jennifer pueden escuchar Aviva Nuestros Corazones cada día gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Si deseas hacer una ofrenda, te invitamos a visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

La persona más talentosa, inteligente y capaz que jamás vivió fue también la más humilde. Hablaremos de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy concluyó el mensaje de hoy animándonos a enseñar a otras lo que nosotras hemos aprendido acerca de Jesús. Ella ahora viene para orar para que podamos vivir esto en nuestra vida diaria:

Nancy: Padre, te pido que, tal y como Tú nos has enseñado, nos hagas canales de Tu enseñanza en las vidas de los demás. Gracias por las enseñanzas de Cristo. Gracias Señor por enseñarnos por medio de tu Espíritu Santo. Oro para que nuestros corazones, en este día, sean atrapados por la enseñanza de Tu Palabra, que podamos recibirla, que podamos abrazarla, que podamos estudiarla, que podamos meditar en ella, y que nuestras vidas sean transformadas por ella. Y que nosotras a su vez podamos ser maestras de otras, que podamos enseñarlo que Tú nos has enseñado y que así podamos adornar en todo la Palabra de Dios. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

16/27 – La masculinidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

16/27 – La masculinidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-masculinidad-de-cristo/

Leslie Basham: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss. En la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: El tema que estaremos hablando hoy es un tema que debo confesar no lo había pensado mucho antes de esta serie. De hecho, estuve tentada a traer a un profesor invitado el día de hoy, y cuando les diga cuál es el tema, sabrán  por qué.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

En la temporada cercana al Domingo de Resurrección, nos hemos enfocado en Cristo. Nancy ha estado usando un libro clásico de Oswald Sanders como guía. El libro es “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].

Ahora, ¿qué tema en este libro motivó a Nancy a  llamar un invitado especial?

Nancy: Hemos llegado a un capítulo en el libro titulado, “La masculinidad de Cristo”. Ahora, para serte sincera, si yo hubiera escrito un libro acerca del Cristo incomparable, probablemente no hubiera incluido un capítulo de la masculinidad de Cristo, pero estoy agradecida que Oswald Sanders lo hizo.

Una de las cosas que aprendí estudiando este capítulo, este tema. Siempre supe que era un reto ser una mujer verdadera, pero al estudiar esto, me doy cuenta de que no es menos retador ser un hombre verdadero. Y Jesús, por supuesto, es El Hombre Verdadero.

Desafortunadamente, nuestro concepto, en nuestra cultura, de lo que significa ser un hombre, ser varonil, ha sido muy confundido.  Ha sido distorsionado.  Me refiero, ¿Qué es realmente un hombre verdadero?

  • ¿Es independiente, un macho,  un pistolero como John Wayne? —“¡Nunca te disculpes, señor!”
  • ¿O es Rambo—el último guerrero?, pero ¿solitario? ¿Eso es lo que significa ser un verdadero hombre?
  • ¿O es alguien prepotente, arrogante y controlador?
  • ¿Es un hombre con un corazón salvaje?
  • ¿O es un hombre, al estilo Tom Hanks, tierno, sensible, cariñoso?

¿Qué es un verdadero hombre?

En la sesión de ayer hablamos de la humanidad de Cristo. Su humanidad es algo que Él comparte en común con nosotros, como hombres y mujeres. Y al Jesús obedecer al Padre, al Él resistir la tentación, Él modeló cualidades que deben ser vistas en todos los creyentes— sea hombre o mujer.

Pero Él exhibió esa obediencia humana como hombre, un varón, no como una mujer o como un ser andrógeno, sin sexo. Su género era masculino, y ese género no era un aspecto arbitrario de su encarnación.

Quizás nunca antes pensaste en esto, pero Dios no tiró una moneda en el cielo para decidir si Jesús iba ser hombre o mujer. El género masculino de Jesús era una parte necesaria e importante del plan redentor de Dios. Esto podría ser una sola sesión por sí misma, pero no iré por ahí. Hay muchísimas razones bíblicas para apoyar este punto—el que Jesús tenía que ser un hombre—pero aquí está el punto que quiero recalcar en esta sesión.

Y es, que Jesús vivió Su humanidad en maneras que son comunes para todos nosotros, pero también vivió Su humanidad en formas distintivamente masculinas. Él reveló piedad como un hombre. No solo era el ser humano perfecto; sino que también era el varón perfecto, y así, Él provee el modelo perfecto para los hombres.

Ahora, como he dicho, no había pensado mucho en este tema antes y he estado luchando con esto en las últimas semanas: La masculinidad de Cristo. ¿Qué significa? ¿Y qué  implica todo esto? Estoy todavía caminando sobre esto; sigo explorando todo esto. Pero déjenme compartirles algunas cosas que me han impactado desde que empecé a reflexionar en esto.

Empecé a preguntarme,  “¿Cómo ejemplifica Jesús la masculinidad perfecta? ¿Cómo desempeña Él el rol masculino? Bueno, lo hace de varias maneras.

En primer lugar, en los evangelios, al ver a Jesús moverse, operar, puedes ver su masculinidad elegante la forma que se guardó y sirvió e invirtió en las mujeres que lo rodeaban. Esto era algo fuera de lo común en una época donde la mujer era considera menos que un pedazo de  propiedad. Ves que Jesús les prestaba atención, proveía, protegía, era un caballero, por así decirlo, con las mujeres.

Ves a un Jesús que como hombre que no se comportaba extraño con las mujeres con que no estaba casado. Ahora, Él nunca estuvo casado, pero puedes ver Su capacidad de relacionarse y tener comunión y tener amistad con mujeres de manera que no era extraña o incómoda. Él era el hombre perfecto.

Lo vemos no tener miedo de invertirse en relaciones donde la gente rápidamente vería un escándalo. Los rabinos del tiempo de Jesús nunca hubieran tenido una conversación con la mujer del pozo, la mujer de mala reputación. Pero Jesús lo hizo. No se portó extraño, no tuvo miedo de entablar una conversación con esa mujer, para presentarle su necesidad de un Salvador, cuando algunas personas pudieron haberlo criticado.

Vemos como Jesús como hombre modela el balance perfecto de fuerza y ternura. Les voy a dar un par de ejemplos que se presentan, de manera interesante, en el Antiguo Testamento—dos profecías en el libro de Isaías que son acerca del Mesías y se cumplieron en Cristo. Muestran este equilibrio de fuerza y ternura.

En Isaías capítulo 40, el versículo 10, dice:

He aquí, el Señor DIOS vendrá con poder, y su brazo gobernará por Él. He aquí, con Él está su galardón, y delante de Él su recompensa.

Así que aquí tenemos el Dios de fuerza y poder quien gobierna,  quien dirige, quien juzga, quien ejecuta juicio—esa es la imagen del Mesías, una imagen de Cristo.

Pero después, en el siguiente versículo, el versículo 11 de Isaías capítulo 40 dice:

Como un pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas.

¿Puedes ver aquí la ternura y la fortaleza? En una persona—el hombre perfecto.

Aquí hay otro ejemplo en Isaías capítulo 42, que se cita en el Evangelio de Mateo capítulo 12 y se aplica a Cristo, así que sabemos que esto es una profecía acerca de Cristo. Vemos en este pasaje que Jesús sabía cuando era apropiado hablar con suavidad y ternura y vendar las heridas de las personas. Isaías capítulo 42, el versículo 1 dice:

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle.  No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino (vv. 1-3).

Es un Salvador gentil, un Salvador tierno. Él no va a gritar cuando es tiempo de susurrar. Pero también sabía cuándo era apropiado levantar la voz y demostrar la ira de Dios en contra del pecado. En el mismo capítulo de Isaías 42 leemos el versículo 13:

El SEÑOR como guerrero saldrá, como hombre de guerra despertará su celo; gritará, sí, lanzará un grito de guerra, [este es el mismo que decía versículos anteriores que no alzará su voz ni clamará, ahora el esta gritando] contra sus enemigos prevalecerá.

El hombre perfecto, sabe cuándo susurrar, sabe cuándo gritar, sabe cuándo debe impartir misericordia, sabe cuándo debe impartir juicio. Misericordia y verdad se han unido en Cristo, el hombre perfecto.

Pero vamos por favor a un pasaje del Nuevo Testamento que no lo había pensado antes en este contexto, pero creo que nos dice mucho acerca de Cristo el hombre, acerca de Su masculinidad. Primera a los Corintios capítulo16—si tienes tu Biblia quiero pedirte que vayas allí. Y voy a leer dos versículos que describen una imagen de la masculinidad de Cristo.

Déjame explicarte un poco de contexto. Pablo está dando instrucciones a los ancianos de la iglesia de Corintio, que le habían escrito con algunas preguntas. Se refiere a estos ancianos como “hermanos” en los versículos 12 y 15.

Y entre esos dos versículos, los versículos 13 y 14, él les da cinco exhortaciones. Esos son los dos versículos que quiero ver ahora, 1 a los Corintios capítulo 16, versículo 13 y 14. Estos versículos, creo, dan una idea de las cualidades de carácter, que si bien no son exclusivamente masculinas, describen cómo debe lucir un liderazgo piadoso y varonil. En este programa, nos dirigimos a las mujeres—yo no le predico a hombres. Sé que algunos hombres me escuchan y de vez en cuando me escriben para recordarme esto, pero estoy predicando a las mujeres. Si los hombres quieren escuchar, ya depende de ellos.

Pero mujeres, es importante para nosotras saber, cuando oramos para que Dios levante líderes masculinos piadosos, ¿por qué estamos orando? ¿Qué tipo de cualidades estamos pidiéndole a Dios que ponga en nuestros pastores, en nuestros esposos, en los hombres y líderes espirituales? Pero por encima de todo, para el propósito de este programa, quiero que vean cómo estas cualidades son modeladas perfectamente en Cristo—la masculinidad de Cristo.

1era a  los Corintios capítulo 16, “Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, [si tienen la NVI dice, “sean valientes”] sed fuertes. Todas vuestras cosas sean hechas con amor”.

Un comentarista escribió sobre este pasaje  ha señalado que las primeros cuatro de estas cinco exhortaciones, las que se encuentran en el versículo 13, son términos militares. Echemos un vistazo a cada uno de estos términos y su significado, y al hacerlo, podrás ver que esto es algo que Cristo modela.

Número uno: Estad alerta. Es un concepto de permanecer despierto, alerta, vigilante. Es la idea de un centinela que está destinado a proteger un campamento militar. Él tiene que estar continuamente en guardia. Tiene que cuidar del peligro, cuidar del enemigo. Y hombres de Dios… Ahora hay un sentido en el que todo esto se aplica a las mujeres también, pero creo que muestra particularmente características de santidad, liderazgo masculino piadoso. Vigilancia—estar en guardia en relación al peligro, a la tentación y el mal.

Pablo está diciendo, “tienen que estar alertas, tiene que estar atentos por su propia alma—como hombres—y también tienen que estar atentos por las almas de los demás, para que el enemigo no venga mientras están dormidos a causar estragos. Tu esposo, si estás casada, tiene una gran responsabilidad por tu familia, debe estar alerta, debe asegurarse que el enemigo no se introduzca en  la familia a través de los medios de comunicación o a través la cultura, o los programas de televisión o las películas que te pueden enviar en dirección opuesta a los caminos de Dios. Él tiene que estar vigilante de las tácticas sutiles del maligno. Porque él es el responsable de defender aquellos bajo su cuidado.

¿Y quién es más responsable como pastor que Cristo mismo, el Dios/hombre? Sé vigilante.

Número dos: Permaneced firmes en la fe. Este es el concepto de aferrarse a la verdad, no siendo movidos por vientos de doctrina, por modas, falsas enseñanzas. Y una vez más, nosotras como mujeres—hemos enseñado en este ministerio sobre la importancia del discernimiento, de permaneced firmes en la fe. Pero hay una gran necesidad de los hombres piadosos de mantenerse firmes en la verdad. Que sepan cuál es la verdad y que sus pies se planten ahí y sus corazones firmes en la verdad y permanezcan allí. No se moverán venga quien venga, ni por una enseñanza de moda nueva u otro enfoque. Estarán plantados firmemente en la verdad. “Estad alerta, permaneced firmes en la fe”.

Número tres: Portaos varonilmente. Ahora, esta es la única vez que esta palabra (es una sola palabra del griego) es usada en el Nuevo Testamento.

Sin embargo, en la versión griega del Antiguo Testamento, esta palabra (que es encontrada solo una vez en el Nuevo Testamento) es usada muchas veces, y cada vez es traducida como “valientes y fuertes”. Esto es portarse varonilmente actuar como un hombre, ser fuertes, ser valientes.

Puede que digas “¿Esto significa que las mujeres no deben ser fuertes ni valientes?” No, pero si quiere decir que hay un llamado específico a los corazones de los hombres para ser valientes y fuertes.  Una vez más, ¿Quién mejor modela esto que Cristo? ¿Qué tan valiente fue para ir en contra de la ola de los fariseos? Él no le temía a los fariseos. Ellos eran los líderes indiscutibles y hombres respetados de su época, pero Jesús no se doblegó ante ellos. El actuó como un hombre. Cuando supo la verdad, que siempre lo hizo, se mantuvo de pie. La defendió. Él era valiente. «Sé vigilante, permaneced firmes en la fe; actúen como hombres».

Número cuatro: sed fuertes, firmes, constantesAlguien que es fuerte no huirá cuando lo estén atacando. Él se mantendrá firme, Vemos a Jesús inconmovible en dirección hacia Jerusalén, incluso cuando los discípulos le dijeron: «¡Oh, no puedes dejar que eso te suceda!» Jesús dijo: «Seré arrestado, seré juzgado; voy a ser crucificado, y voy a morir «, y sus mejores amigos, sus discípulos, le dijeron:» Oh, no, no, no, Jesús… No dejes que eso suceda».

Pero Jesús era fuerte, pues puso Su rostro como un pedernal en dirección a Jerusalén, el lugar donde Él sabía que iba a sufrir, el lugar donde Él sabía que iba a ser objeto de abuso y de maltrato, porque sabía que ese era el plan y la voluntad de Su Padre Celestial. Él era fuerte, firme, constante. ¡Qué hombre era Cristo!

Así que tenemos estos cuatro términos militares: “Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes”. Y luego tenemos en versículo 14 de Primera a los Corintios 16, una exhortación final, que lo une todo: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor.”

Todo tiene que ver con el motivo y la forma de actuar como un hombre, ser valiente.  Esto no es un hombre que está solo lanzándose hacia adelante, corriendo sobre las personas en su camino, causando estragos, siendo dominante, siendo autoritario. Se trata de un hombre que está haciendo todas esas cosas—ser firme, vigilante, actuando como un hombre, siendo fuerte—todo lo hace en amor. Esa es su motivación. Es su forma. No es por un beneficio propio. Él no está haciendo daño o controlando a los demás. Lo hace por amor.

Podemos ver esto en las relaciones de Cristo tanto con los hombres como con las mujeres. Siempre estaba buscando los intereses de los demás, nunca comportándose de manera inadecuada, nunca hablando ásperamente a menos que la dureza fuese necesaria como un medio por amor para derribar los corazones orgullosos de aquellos que se resistían. El hombre perfecto, el hombre verdadero es todo visto en Cristo.

Ahora, no solo en Su vida terrenal Cristo mismo se comportó de una manera varonil como un verdadero hombre, pero aún hoy, Cristo nos da un patrón de masculinidad verdadera. Recuerda  que dijimos que todavía está en ese cuerpo, en ese cuerpo humano, exaltado en el cielo. Él nos da un modelo desde cielo para la masculinidad verdadera como el Salvador, la cabeza, y el Esposo de Su Iglesia.

¿Cómo lo hace? Déjenme enumerar algunos aspectos:

  • Primero, Él toma la iniciativa en la búsqueda de Su esposa, la corteja y gana su corazón. Dios está haciendo esto en algunos de sus corazones—atrayendo sus corazones a Cristo. Es la iniciativa de Cristo que lo está haciendo.
  • Segundo,  Él demuestra Su masculinidad en ese amor tan poco común, en ese amor desinteresado y sacrificial,  Él da Su vida por la Iglesia. Él nos ha enseñado ese amor en la cruz, en su muerte sacrificial en nuestro nombre.
  • Tercero, Demuestra valentía y audacia en la protección de Su novia. Como el segundo Adán, Él interviene para revertir los efectos del fracaso del primer Adán de proteger y proveer liderazgo espiritual para la mujer.

Hoy en día oímos mucho hablar de los hombres pasivos. La pasividad fue uno de los primeros pecados de Adán. No intervino. No tomó liderazgo. No protegió a la mujer. Con esto no digo que la mujer no haya sido responsable. Si lo fue, los dos lo fueron. Pero estamos viendo aquí donde el rol se invierte y Eva toma la iniciativa, Adán es pasivo, y solo observa y deja que sucedan las cosas. Cristo revocó eso. Él interviene para revertir los efectos del fracaso de Adán. Él es un verdadero hombre. Él dirige, Él guía a Su novia. “Me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.” (Salmos 23:3) ¡Qué hombre! ¿Puedo escuchar un amén?

  • Él es también fiel en proveer para ella. Escuchamos hoy sobre padres y hombres que no han provisto para sus hijos. Han abandonado a sus esposas e hijos. Ahora, también hay madres haciendo esto.  Pero los hombres se llevan la culpa. A veces es algo justificado, pero Cristo nunca llevará ese título. Él nunca abandona a los que Él llama para proveer.
  • Toma la responsabilidad activa de la limpieza y santificación de Su novia. Él trabaja activamente en nuestra santidad. Él es un líder. Él es un hombre. Él es un guerrero y un libertador que pelea la guerra a nuestro favor  para rescatarnos del pecado y de la esclavitud, para vencer a Satanás y la carne y en última instancia, este sistema secular. ¡Qué hombre!
  • Y finalmente lo vemos como el Rey conquistador que un día volverá por Su novia, y tendrá la victoria sobre todos los enemigos, para reinar como Señor soberano del universo por siempre y para siempre.

Ahora, como solemos decir: Ese es el «Qué». Ahora bien, ¿cuál es el «¿Y ahora qué?» La masculinidad de Cristo, ¿cuál es la aplicación para nosotras? Somos mujeres. Me refiero a las mujeres de nuestra audiencia. ¿Cuál es la aplicación de todo esto para nosotras?

Bueno, algunas mujeres dirán: «Sí, debemos señalar las cosas que los hombres no están haciendo bien ya que no están siendo como Jesús». No. Esa no es la aplicación. Para nosotras como mujeres:

Número uno: Cristo es el único hombre perfecto que vivió en esta tierra. ¡Así que no esperen que otro hombre sea lo que solo Cristo es!  Nosotras vamos a quedar decepcionadas cuando esperamos que alguien, sea hombre o mujer, sea lo que Cristo solo puede ser.

Número dos: Como mujer, puede que hayas tenido algunas experiencias… Como yo al recibir una carta esta semana de una mujer que habla de sus experiencias que causaron desconfianza en los hombres. Es posible que te hayan herido enormemente, un padre, un novio, un esposo. Puedo decir: “Mira a Cristo” Él nunca te quedará mal.  Él nunca te abandonará. Él nunca fallará. En Él tienes una imagen de lo que la verdadera masculinidad debió  ser—y que por gracia de Dios, puede hallarse en hombres que siguen a Cristo.

Y esto me lleva a este punto: Es importante para nosotras como mujeres el afirmar y alentar la masculinidad en los hombres. No trates de feminizarlos. El objetivo no es que sean más como nosotras. El objetivo es que sean más como Jesús.  Así que tenemos que orar por nuestros hermanos cristianos para que sean transformados conformen a la imagen de Cristo, al orar lo mismo para nosotras.

Permítanme dejarles con este último pensamiento acerca de la masculinidad de Cristo tomado de Juan capítulo 4, al ver a la mujer en el pozo. La Escritura dice:

Entonces la mujer dejó su cántaro, [ahí en el pozo] fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre… que me ha dicho todo lo que yo he hecho. [Esta es una mujer que se había casado 5 veces y estaba viviendo con un hombre que no era su esposo, pero fue atraída a Él. “Venid, ved a un hombre”] ¿No será éste el Cristo? [Un hombre, el Cristo.] Y salieron de la ciudad e iban a Él. (vv.28-30)

Esta mujer había conocido a muchos otros hombres. Ahora había llegado a casa hablando de otro hombre. Ya se podrán imaginar la gente de ese pueblo que dirían, “Sí, otro hombre, ¿qué hay de nuevo en la vida de esta mujer?” Venid, ved un hombre.” Ya nos sabemos esta cantaleta” pero ella dice, “Este es diferente”, ni uno ha sido digno de ser seguido y ser adorado por esta mujer, mucho menos toda la ciudad. Cuando ella les dijo de la masculinidad de Cristo, ellos fueron a seguirlo.

Quiero sugerir que si permitimos que la gente vea a Cristo en Su perfecta deidad, Su perfecta humanidad; si nosotras lo dejamos ver a través de nosotras, entonces ellos serán atraídos a Él. Así que nuestro mensaje no es, “Vengan, síganme” sino “Vengan, vean a este hombre. ¿No será Él el Cristo?”

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la verdadera masculinidad. Creemos que es vivida perfectamente en la persona de Cristo. Tengo que decir que nunca había reflexionado mucho sobre la humanidad de Cristo, pero ha sido un estudio muy enriquecedor. Yo diría esto para todos los mensajes de nuestra serie actual, El Cristo incomparable.

Los mensajes siguen un esquema del libro con el mismo nombre, “El Cristo incomparable” de J. Oswald Sanders. Nancy al estudiar estos temas, ha necesitado reflexionar sobre algunos temas que nunca hubiera considerado.

Nancy: Bueno, el capítulo de Oswald Sanders acerca de la masculinidad de Cristo fue una especie de revelación para mí. No había tomado el tiempo para pensar en ello antes como lo escuchamos hoy. Es realmente un tema muy importante. Cuando los hombres abrazan la masculinidad bíblica y las mujeres abrazan la feminidad bíblica, Dios es glorificado, y juntos presentamos una imagen precisa de Cristo y Su iglesia.

Una oyente llamada Jessica ha sido retada en esta área. Ella escribió diciéndonos, “Nunca pensé que abrazaría mi rol como la mujer bíblica de la manera que lo hago ahora”.

El escuchar Aviva Nuestros Corazones le ha mostrado el valor y la belleza de vivir ese rol como mujer. Ella dice, “Gracias por su fiel obediencia a Cristo”.

Estoy tan agradecida por aquellos que donan generosamente a Aviva Nuestros Corazones y hacen estas conexiones posibles. Podemos permanecer en el aire gracias al apoyo de radioescuchas quienes tienen un corazón sensible a este mensaje.

Leslie: ¿Cómo Jesús pudo ser humano y divino a la vez? ¿Como surgió la mezcla de la divinidad y la humanidad? Es una pregunta que se ha discutido durante siglos. Nancy Leigh DeMoss te ayudará a entender esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

15/27 – El ministerio profético de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

15/27 – El ministerio profético de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-ministerio-profetico-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss nos recuerda que después que el Antiguo Testamento llegó a su fin, pasaron 400 años de silencio de parte del Señor.

Nancy Leigh DeMoss: Después de haber tenido por años a un profeta tras otro hablando de parte de Dios; el silencio era ensordecedor, pero el pueblo aún esperaba. Ellos se aferraban a la esperanza del gran profeta prometido en Deuteronomio 18.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Estamos conociendo a Jesús de nuevas maneras mientras Nancy Leigh DeMoss continúa con esta serie, El Cristo incomparable.

Nancy: Al mirar en el Antiguo Testamento, podemos ver tres oficios importantes ordenados por Dios.  Estos tres son profeta,  sacerdote y  Rey. Diferentes hombres fueron profetas, otros fueron sacerdotes y otros fueron reyes.  Algunos fungieron en más de un rol, y estos hombres tomaron estos roles porque les fueron dados por Dios.

Todos estos oficios, y las personas que los desempeñaban, anunciaban y apuntaban al Mesías…a Cristo.  Vemos en la vida de Cristo como Él perfectamente cumplió con estos tres oficios.

Hoy estaremos considerando a Cristo como un profeta en Su ministerio profético.

Ahora esta palabra profeta y profecías…la han escuchado siendo utilizada en muchas formas diferentes, unas que son más bíblicas que otras.  Vamos a apegarnos aquí solo a las Escrituras.  Los profetas del Antiguo Testamento fueron mensajeros.  Ellos  fueron comunicadores de parte de Dios.  Ellos fueron elegidos y señalados por Dios mismo.   Ninguno se levantó un día y dijo, “Oh, yo quiero ser un profeta, creo que voy a ir al seminario y seré un profeta”.

No, Dios los trajo de lo que estaban haciendo, Dios hablaba a Sus profetas y les revelaba Su voluntad.  Él les comunicaba directamente a los profetas lo que Él quería que Su pueblo supiera.

Ahora recuerden que ellos no tenían la Biblia.  Es decir que este era el medio de Dios para comunicarse con Su pueblo.  Dios les daba a los profetas anuncios, instrucciones, palabras de aliento, palabras de advertencia.  Lo que sea que Él quería que Su pueblo supiera, Él se lo decía a los profetas, y los profetas lo escuchaban y entonces se lo decían al pueblo.

Las palabras de Dios a los profetas incluían dos tipos esenciales de discursos.  Primero estaba el de anunciar y luego estaba el de predecir o profetizar.

  • Proclamar, pasando el mensaje de Dios que podía ser algo acerca del pecado del pueblo o acerca de Su justicia o acerca de Sus caminos o de Su voluntad.
  • Pero entonces también estaba el de predecir, o profetizar acerca del futuro.

Algunas veces en las profecías podemos ver —la proclamación—o la predicción. A veces podías ver ambas cosas entremezcladas, pero pudiendo dividirlas entre las dos categorías.  No todas las profecías eran acerca del futuro.  Algunas eran acerca del presente; esa era la del que proclama.  Pero otras predecían algo acerca del futuro.

  • De manera que Dios hablaba a Sus profetas, les revelaba Su voluntad—lo que Él quería que Su pueblo supiera.
  •  Entonces, los profetas tenían que escuchar lo que Dios decía.  Ellos tenían que recibir Su revelación.
  • Y luego era la responsabilidad de los profetas de proclamar al pueblo el mensaje que ellos habían recibido de Dios.

De manera que vemos esta dinámica de comunicación.  Dios hablaba a Sus profetas; los profetas escuchaban; ellos recibían el mensaje; y entonces ellos le transmitían el mensaje al pueblo.

Frecuentemente cuando los profetas hablaban, decían una frase que vemos muchas, muchas veces en el Antiguo Testamento: “Así dice el Señor”.

Estas no eran las palabras del profeta.  El profeta no estaba compartiendo sus pensamientos o sus propias opiniones.  No era, “Esto es lo que pienso” o “Esto es lo que yo creo”.  Era más bien, “Así dice el Señor”.

Cuando los profetas hablaban respaldados por la autoridad de Dios, era como si Dios mismo le estuviera hablando a Su pueblo.  Ahora había también algunos falsos profetas que decían, “Así dice el Señor”, pero no estaban realmente hablando de parte de Dios,  y había graves consecuencias para aquellos falsos profetas.

Estamos hablando aquí acerca de verdaderos profetas del Señor.  Ellos decían, “Así dice el Señor”. Estas eran palabras de Dios.  Entonces cuando decían, “Así dice el Señor”, el pueblo necesitaba detenerse, escuchar y reconocer que cuando estos profetas hablaban,  Dios estaba hablando.

Ahora recuerden que Dios los llamaba y los señalaba, por lo que su trabajo era hablar lo que fuera que Dios les ordenara y les  dirigiera a decir.  Ellos trabajaban para Dios.  Ellos eran siervos de Dios.  Ellos eran Sus mensajeros, Sus comunicadores, y ellos eran responsables de dar el mensaje tal cual lo escuchaban—sin cambiarlo; sin agregarle; sin quitarle.  Transmitirlo tal cual lo escucharon.

Así que, déjenme darle algunos ejemplos de esto:

Dios al profeta Jeremías en Jeremías capítulo 1:

Porque adondequiera que te envíe, irás, Y todo lo que te mande, dirás…Entonces el Señor extendió Su mano y tocó mi boca.  Y el Señor me dijo:  “Yo he puesto Mis palabras en tu boca” (v.7,9).

Eso es un profeta.  Ezequiel capítulo 3:

Me dijo además, “Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con Mis palabras” (v. 4).

Eso es un profeta…escuchaba la Palabra de Dios, enseñaba la verdad y la Palabra de Dios a otros.

Un libro de doctrina cristiana lo resumió de esta manera: “Un profeta de Dios es uno que habla por Dios, dando a conocer e interpretando las palabras y la voluntad de Dios al hombre”.  Eso es un profeta.

Ahora bien,  quiero llamar tu atención a un punto realmente importante de un pasaje del Antiguo Testamento.  Si tienes tu Biblia, déjame alentarte a ir al libro de Deuteronomio, al capítulo 18.  Esta es una profecía del Antiguo Testamento acerca de un profeta.  Se hace muy importante, una vez nos percatamos de que Jesús entra en escena.

Moisés es el que está hablando aquí.  Él es uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento.  En el versículo 9 hasta el versículo 14,  no vamos a leer esto ahora, pero él le dice al pueblo: “Ustedes no serán como las naciones paganas de alrededor nuestro que hacen caso a los encantadores, a los hechiceros y adivinadores. Sino que ustedes escucharan a Dios y a Sus mensajeros.  Ustedes escucharán a Sus profetas”.  Entonces Él habla de otro profeta,  uno que es él que habría de venir.  Y veamos el versículo 15:

Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirán.  Esto es conforme a todo lo que pediste al Señor tu Dios en Horeb el día de la asamblea [cuando se le dio la ley], diciendo: “No vuelva yo a oír la voz del Señor mi Dios, no vuelva a ver este gran fuego, no sea que muera” (v. 15-16).

Ahora, él estaba haciendo referencia a un instante en el Monte Sinaí  en donde el pueblo estaba aterrado al escuchar la voz directa de Dios.  Ellos no podían soportarlo.  Temían que fueran a ser consumidos por Su gloria.  Entonces ellos le pidieron a Dios que les hablara a través de un intermediario, alguien que mediara entre ellos y Dios.  Esto es lo que hacía un profeta.  Moisés era este tipo de profeta.

Dios le hablaba a Moisés allá en la montaña, y entonces Moisés bajaba de la montaña y le decía al pueblo lo que Dios le había dicho.  Y Moisés les recordaba: “Ustedes dijeron, “No permitas que Dios nos hable directamente.  Nos mataría.  Envíanos profetas””. Versículo 17:

Y el Señor me dijo: “Bien han hablado en lo que han dicho.  Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré Mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que Yo le mande [dijo Dios].  Y sucederá que a cualquiera que no oiga Mis palabras que él ha de hablar en Mi nombre, Yo mismo le pediré cuenta”. (v. 17-19).

Esta es una profecía del Antiguo Testamento en relación al Mesías.  Los judíos, luego de cien años, vinieron a creer y a ver que esta era una profecía del Mesías que había de venir.  Dios prometió que enviaría a otro Profeta, un profeta como Moisés en muchos aspectos.  Él sería un maestro, un gobernante , un mensajero — solo que mayor.  Él sería el más supremo de los profetas a través del cual Dios se daría a conocer a Él mismo y Su voluntad a Su pueblo.

Entonces a través de la era del Antiguo Testamento, una generación tras otra esperaba al Profeta (con P Mayúscula) al Profeta prometido.  Y durante este tiempo, Dios habló a través de muchos profetas (con p minúscula) muchos profetas diferentes, pero ninguno era “El Profeta” (con P mayúscula) que había sido prometido.  Estos profetas menores estaban simplemente allanando el camino para el Profeta que había de venir, el Mesías, y estos profetas apuntaban el camino del Profeta, quien claro está, sabemos que era Cristo.

De  manera que tenemos diferentes profetas, mucho de los cuales leemos en las Escrituras.  Hay libros en el Antiguo Testamento que llevan sus nombres — al final del Antiguo Testamento tenemos, a Sofonías, él es un profeta; Hageo, él es un profeta; Zacarías, él es un profeta; y entonces Malaquías—el profeta Malaquías.  Entonces llegamos al final del antiguo pacto, el final del Antiguo Testamento y luego por 400 años no hubo profetas — no hubo profetas verdaderos.  En este tiempo hubo solo  falsos profetas.

¿Por qué no hubo profetas durante esta era? Creo que hay dos razones.  Una, la más obvia, no había Palabra de Dios—¿por qué no había Palabra de Dios? Creo que la razón para esto es porque el pueblo no estaba escuchando.  Ellos no estaban recibiendo.  Sabemos que no hubo palabra de Dios a través de Sus profetas durante un período de 400 años.

El silencio era ensordecedor, después de haber tenido un profeta tras otro hablando de parte de Dios.  Pero la gente aún seguía esperando.  Ellos se aferraban a la promesa del gran Profeta prometido en Deuteronomio 18 — el Profeta (con P mayúscula).  “Levantaré para ellos un profeta como tú de entre sus hermanos.  Y pondré mis palabras en su boca, [dijo Dios] y él les enseñará todo lo que yo le ordene”.  El profeta.  Ellos esperaban; y esperaban.

Y vamos 400 años hacia delante, a partir del tiempo de Malaquías, y entonces entra en escena un profeta: Juan el Bautista.  Un hombre enviado por Dios.  Él fue el último de los profetas del Antiguo Pacto.  Los sacerdotes y los Levitas le preguntaron a Juan el Bautista en Juan capítulo 1: “Eres el profeta —¿el prometido?” (Juan 1:21).

Ahora bien recordemos, que a este momento durante los últimos 400 años ellos no han escuchado a un profeta.  Ellos no tenían una Biblia; ellos no tenían la Palabra.  Es como si Dios no existiera.  Ellos sabían que Él existía, pero ellos no escuchaban nada de parte de Él.  Entonces viene Juan, hablando con la voz de Dios, “Arrepiéntanse.  Crean.  El reino de Dios esta cerca”. Y ellos están diciendo, “Eres tú el Profeta — ¿ese Profeta?”.

Y Juan les dice, en esencia: “No, no soy yo.  Soy un profeta, pero no el Profeta — ¡pero Él viene! ¡Él viene! Y yo he sido enviado para preparar el camino de Su llegada”.

Si nos adelantamos hasta Pentecostés, en el libro de los Hechos.  Pedro está predicando y cita a Deuteronomio 18.  Encontrarás esto en Hechos, capítulo 3, y él dice, en esencia: “Moisés estaba hablando de Jesús” (ver v. 18).  Jesús era el Profeta.  Él dijo esto después de la muerte y resurrección y ascensión de Cristo.  Él lo deja claro, en caso de que alguien tuviera alguna duda de que Jesús era el Profeta.

Es algo muy bonito de ver como durante la vida de Jesús aquí en la tierra, las personas gradualmente comenzaron a reconocer que Él era el profeta enviado por Dios, que Él era el Profeta prometido en Deuteronomio 18.

La mujer en el pozo, la mujer samaritana, dijo en Juan capítulo 4: “Señor, puedo ver que Tú eres el profeta” (Juan 4:19).

Juan capítulo 7: “Cuando escucharon estas palabras, algunas de las personas dijeron, “Este es realmente el Profeta” (Juan 7:40).

Cuando Jesús hizo los milagros, estos milagros fueron evidencias adicionales, que sustentaban que Él era El Profeta esperado.

Después de alimentar a los 5,000, las Escrituras dicen en Juan capítulo 6:”Cuando la gente vio lo que había hecho, dijeron, ‘¡Este es sin duda el Profeta que habría de venir al mundo!’” (Juan 6:14).

Y ahora, leemos esto, y pensamos, sí,sí,sí… y ¿cuál es la gran cosa? Esto era algo muy grande para estas personas que no habían escuchado nada de parte de Dios por tantos años y que desesperadamente necesitaban saber y conocer Su voluntad y Sus caminos.  Dios había prometido, “Yo les enviaré un Profeta”, pero parecía como si Dios no fuera a cumplir Su promesa.  Ellos comenzaron entonces a entender que, “Este es el Profeta”.

Y parte del propósito de los milagros era convencer a la gente de que Él era realmente el Mesías Prometido”

Cuando Él levantó al hijo muerto de la viuda de Naín, en Lucas  capítulo 7 dice, “y glorificaban a Dios diciendo, ‘¡Un gran profeta ha surgido entre nosotros y ‘Dios ha visitado a Su pueblo!’” (Lucas 7:16).  ¡Wao! ¡Palabras de verdad! “Dios ha visitado a Su pueblo”.

Jesús mismo dijo que el mensaje que Él proclamaba había sido recibido de parte de Dios.  Escuchemos estos versículos en el Evangelio de Juan.  Jesús dijo: “Mis enseñanzas no son mías, sino de aquel que me envió” (Juan 7:16).  Suena como un profeta.

“No he hablado en mi propia autoridad, pero el Padre que me envió me ha dado un mandamiento —  qué decir y qué hablar” (Juan 12:49).  Suena como un profeta.

“Todo lo que he escuchado de mi Padre se los he dado a conocer”.  ¿Suena esto como un profeta? Así es.

Y entonces en Su oración sacerdotal en Juan 17, en aquella oración íntima, Jesús le dijo a Su Padre, “porque Yo les he dado las palabras que Me diste: y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de Ti” (v.8).  Jesús afirma que lo que había estado diciendo había sido dado a Él por Su Padre y que Él lo estaba compartiendo como profeta al pueblo de Dios.

Entonces vemos que Cristo cumplió con el oficio de profeta.  En los dos diferentes tipos de profecías, Él las cumplió – al predecir y al proclamar.

Al predecir, Él predijo Sus sufrimientos, Su resurrección, etc.  Él era un profeta hablando de cosas del futuro de lo que Dios iba a hacer —  y esto es predecir.  Y Él también cumplió con el rol de profeta al proclamar mientras Él daba a conocer al pueblo la sabiduría de Dios, las Escrituras, la ley, el Evangelio. Él dijo que Él vino a proclamar buenas nuevas a los pobres.  Él estaba dando a conocer a Dios a Su pueblo al hablarles de la Palabra de Dios a Su pueblo.  Entonces vemos a Cristo cumplir con el oficio de un profeta.

Ahora, saben cuál será la próxima pregunta.  Todo esto  es “el qué”. La pregunta es y “ ¿Ahora qué?  Entonces ¿qué? Déjenme darles algunas ideas acerca del “¿Ahora qué?”

La primera y más obvia es: Si Él realmente es ese profeta  y Él lo es  entonces debemos  escucharle.

Vimos anteriormente en el Monte de la Transfiguración en donde la voz de Dios habló desde los cielos, y Él dijo: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia; escúchenlo” (Mateo 17:5).  Escúchenle a Él.  Estas son las mismas palabras que fueron dichas por Moisés en Deuteronomio 18.

Deuteronomio 18:15 dice: “El Señor tu Dios levantará para ustedes un profeta como yo de en medio de ustedes…es a Él a quien deberán [¿qué?] escuchar”.

Entonces cuando Dios habló estas palabras desde el cielo, “Escúchenle a él”, aquellos discípulos…ellos conocían la profecía de Deuteronomio 18.  Ellos sabían que Dios lo estaba afirmando, “Este es ese Profeta (con P mayúscula).  Escúchenle a Él.  Este es del que Moisés hablaba.  Este es Aquél a quien debemos de escuchar por encima de cualquier otro, porque Él es mayor que cualquier otro profeta o cualquier otra voz.  Cuando Él habla, Dios habla.  Escucha con cuidado todo lo que Él te diga.Creele.  Sométete. Obedécele”.

Tú dices, “Bueno, ¿cómo nos habla Dios a nosotros?”  Él habla a través de Su palabra.  Escuchen este pasaje en 2da de  Pedro capítulo 1.  Recuerden, Pedro estuvo allí en el Monte de la Transfiguración.  Él dice, “Cuando él recibió el honor y la gloria del Padre…la majestuosa gloria de Dios, ‘Este es mi Hijo amado, con quien estoy muy complacido’, nosotros mismos escuchamos esa misma voz desde el cielo, pues estábamos con Él en el monte santo.  Y tenemos algo más seguro”, dice Pedro.

Ahora, Pedro ¿qué podría ser más afirmante que esa experiencia que tuviste en la montaña? Solo tres hombres lo vieron, además de Moisés y Elías – Pedro, Santiago, y Juan.  Pedro dice, “Tenemos algo que es aún más reafirmante que esa experiencia del Monte de la Transfiguración”.  ¿Qué es esto? ¿Qué es más seguro, Pedro?

Es la “Palabra profética, a la cual haces bien en poner atención [¡Escucha, Ponle atención!] como a una lámpara alumbrando en un lugar oscuro, hasta que caiga el día y la estrella de la mañana se levante en sus corazones” (v16-19).

El día llegará en que estaremos cara a cara con Jesús.  Estaremos en la presencia de Su gloria eterna por siempre y para siempre, y entonces no necesitaremos profetas.  Tendremos al Profeta, la Palabra de Dios, la presencia de Dios, la gloria de Dios con nosotros.  Mientras tanto, tenemos la Palabra profética.

Ahora, hoy al escuchar esta palabra, esta puede significar todo tipo de cosas diferentes.  Pero lo que él esta hablando aquí es la Palabra de Dios.   Está en el Libro.  Esta es la Palabra profética.   Esta es la palabra que Dios nos habló a través de las personas que escribieron los diferentes libros — Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Génesis, Éxodo, Levítico — todo esto es palabra profética.  No necesitas otra palabra profética cuando ya tienes la Palabra.

“No tenemos que andar en la oscuridad”, dijo Pedro.  Podemos confiar en Su Palabra.  Podemos conocer el corazón, la mente, los propósitos, la voluntad de Dios porque Cristo ha venido a esta tierra como nuestro Profeta, y Él nos ha dado Su Palabra que podemos tener en la mano y podemos leerla y estudiarla, escucharla, y recibirla como la Palabra del Profeta.

Ahora, solo como un recordatorio: no es solo importante escuchar la palabra de Cristo, sino también que hay consecuencias si no lo hacemos.  Si nos negamos o ignoramos o rechazamos Su Palabra, no tendremos el corazón y la mente de Dios.  No podremos conocerle.  Nos perderemos de tanto y experimentaremos consecuencias cuando no lo escuchamos a Él.  Entonces escuchémosle.

Luego, número dos: Creamosle a Él.  Su Palabra es verdad.  Es autoritativa.

¿Recuerdan ese pasaje en 2da de Crónicas capítulo 20 cuando el Rey Josafat estaba liderando a los israelitas en contra de un enemigo gigantesco? El profeta dijo, “confíen en el Señor Dios nuestro y se mantendrán firmes; crean en sus profetas y triunfarán” (v.20).

Cree en la Palabra de Cristo, El Profeta, el Gran Profeta Final.  Recibe, cree  el Evangelio que Cristo vino a proclamar.

Ahora, una advertencia.  Cuando Jesús vivió aquí en la tierra, las personas que lo conocían mejor no creyeron en Él.  Él fue un “profeta sin honor” en Su propia tierra, en Su propia ciudad.  Ellos estaban tan familiarizados con Él que fallaron en reconocerle.  Ellos no le creyeron.

Algunas de nosotras hemos estado manipulando las enseñanzas  y verdades bíblicas por mucho, mucho tiempo, pero realmente no las estamos creyendo.  No la estamos recibiendo realmente como la verdad. Créela.

Y entonces alábalo y adórale a Él.

Él es el Profeta supremo, no es uno más entre muchos.  Él es el Cristo incomparable.  Esto es lo que leemos en Hebreos capítulo 1, en los versículo 1 y 2: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas (con p minúscula), ahora en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo”, el Profeta.

Jesús es infinitamente mayor que cualquier otro profeta.  Él no es menos que un profeta enviado por Dios.  Pero Él no es simplemente un profeta, así como lo definen los musulmanes.  Él es el Hijo de Dios.  Él es la Palabra de Dios a través de quien Dios ha hablado y se ha dado a conocer a nosotros.

Finalmente, proclama Su Palabra a otros.

Hay un cierto sentido en el que Cristo continúa Su obra como profeta hasta hoy día — por Su Espíritu, a través de Su iglesia, mientras proclamamos Su evangelio, mientras enseñamos Su Palabra por toda la Tierra.  Hay un sentido de deber que Él nos ha confiado de continuar Su ministerio profético en esta Tierra.

¿Qué significa esto? Bueno, en Juan capítulo 20 dice: “Como el Padre me ha enviado [el Profeta], yo también los envió a ustedes” a compartir Mi Palabra (v. 21).

“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (ver Mateo 28:19).

Leslie: Jesús tuvo un oficio muy importante como profeta.  No había considerado que tan crucial había sido este rol hasta que escuché este mensaje de Nancy.  Este es parte de la serie, El Cristo incomparable.

Usualmente escojo un libro acerca de Cristo para estudiar durante esta época.  Es una forma de preparar mi corazón para el Domingo de Resurrección.  Meditar en la vida y la obra de Jesús es tan beneficioso.

El mejor de los maestros de todos los tiempos no tuvo entrenamiento en el seminario o títulos avanzados.  De hecho, Él fue entrenado como carpintero.  Aún así Sus enseñanzas fueron fascinantes para las multitudes que se reunían a escucharlo.  Seguiremos admirando mañana los talentos de este increíble Maestro.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

14/27 – La transfiguración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

14/27 – La transfiguración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-transfiguracion-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss te recuerda la esperanza de la resurrección.

Nancy Leigh DeMoss: Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de encontrar una manera de cambiar externamente la forma de sus cuerpos. Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Eso me gusta!

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Los evangelios recuentan un incidente en una montaña. La ropa de Jesús comenzó a brillar, y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan significativo? Exploraremos esa pregunta continuando en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: A través de estas últimas sesiones, hemos estado mirando a la persona y la naturaleza de Cristo. Hemos estado viendo algunas enseñanzas doctrinales profundas aquí. Espero que todo esto esté haciendo a Cristo más real y más precioso para ti y que estés alcanzando un  mayor sentido de asombro de quién Él es y por qué vino a este mundo.

Hoy estaremos viendo una increíble escena en la vida de Cristo—lo que frecuentemente llamamos la transfiguración de Jesús. Si estás siguiendo en tu Biblia, déjame pedirte que vayas al Evangelio de Mateo, al capítulo 16.

Ahora, el recuento de la transfiguración realmente ocurre en Mateo 17, pero quiero darte algo del trasfondo y del contexto que nos ayudará a ver el escenario para este recuento de la transfiguración de Cristo.

Al llegar al capítulo 16, vemos que la gente está confundida acerca de quién es Jesús, así que Jesús pregunta a Sus discípulos, “¿Quién dice la gente que soy yo?” y Le ofrecen varias respuestas, y entonces recuerdas la asombrosa confesión que hace Pedro:  Creo que “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (v. 16). Pedro tiene razón. Él lo ha entendido. Claro, Jesús dice, “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (ver v. 17)

Déjame recordarte de todas las cosas que hemos estado hablando en esta serie acerca de la deidad de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la doble naturaleza de Cristo, de la impecabilidad de Cristo; no hay manera de entender todo esto a menos que el Espíritu Santo te lo revele así como lo hizo con Pedro.

Pero entonces, todavía estamos en Mateo capítulo 16, Jesús les explica a Sus discípulos, ahora que ellos se dan cuenta de quien Él es, Él les explica lo que les espera. A la luz del hecho de que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, ellos están diciendo “Tú eres Dios, tú eres el Mesías”. La descripción de Jesús de lo que está por suceder les golpea como un montón de ladrillos. El problema es que hemos leído esto tantas veces, que no sentimos el impacto de cómo ellos se sintieron la primera vez que escucharon esto.

Observa el versículo 21 de Mateo 16. Jesús dice, antes de que pueda haber exaltación, tiene que haber humillación. Él habla acerca de Su humillación en los versículos 21 hasta el versículo 26. Déjenme leer solo una porción de esto.

Desde ese momento Jesús comenzó a mostrar a Sus discípulos  que Él debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas [¿Sufrir? Sí, sufrir muchas cosas] de los ancianos y sumos sacerdotes, ser asesinado, [y esto fue todo lo que ellos oyeron; ellos no oyeron la parte que sigue] y en el tercer día resucitar.

Ellos se quedaron estancados en el sufrimiento y en la muerte, y están pensando, “¡¿Qué?!” Mira el versículo 22:

Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá”. Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” (vv. 22-23).

Así  que, antes de que pueda haber exaltación, debe haber humillación—no solo para el Maestro, como acabamos de leer, sino también para Sus siervos. Mira el versículo 24:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (vv. 24-25).

Así que, primero la humillación, después la vindicación—el regreso de Cristo en gloria y el juicio final. Mira el versículo 27:

“Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta . En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.” (vv. 27-28).

Ahora, ese es el contexto, el trasfondo para la transfiguración de Jesús, el Monte de la Transfiguración acerca del cual leemos comenzando en Mateo capítulo 17, versículo 1.

“Seis días después [una semana después de toda esta conversación]  Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.” (vv. 1-2).

Ahora, vamos a caminar a través de este pasaje, y quiero que veamos varias cosas acerca de la transfiguración.

Antes que todo, la transfiguración señala a la gloria de Cristo.

Esta escena parece haber tenido lugar en la noche. Leemos en el relato de Lucas que los discípulos estaban cargados con sueño (9:32). Era de noche. Había oscuridad… Pero aquí está todo brillante y claro y blanco.

Ahora, entiende este cuadro. Esto no es como una luz brillando sobre Jesús. Ésta es la gloria de Dios desde dentro de Cristo brillando hacia fuera a través de su forma humana, Dios mismo dentro de un siervo. Recuerda, Él es el Dios/hombre. Aquí está lo divino brillando a través del velo humano—la gloria de Dios emanando desde adentro.

 El relato de Lucas dice que “su ropa se hizo blanca y resplandeciente” (9:29). Esa palabra resplandeciente, en algunas traducciones más antiguas es brillante. Es una palabra que significa “emitir destellos de luz”. Es como destellos de relámpagos. Eso es lo que está pasando aquí. Así que tenemos esta luz centelleante y esta blancura resplandeciente.

Ahora, mientras reflexionas en este pasaje, trae a tu mente descripciones del Antiguo Testamento en donde la gloria y la presencia de Dios eran manifiestas. ¿Cómo lucía aquello? La manifestación de Dios en el Antiguo Testamento estaba frecuentemente acompañada por luz, fuego y resplandor.

Piensa acerca de cómo Dios se apareció primero a Moisés. ¿Cómo se le apareció? En un arbusto ardiendo en llamas.

Piensa en los Hijos de Israel en el desierto. ¿Cómo les guió Dios? Con una columna de fuego de noche y una brillante, resplandeciente nube de día.

Mientras reflexionaba en esto, tarde, ayer en la noche, mi mente fue hacia Ezequiel capítulo 1. No te pediré que vayas allí, pero hay una visión en Ezequiel de la gloria del Cristo preencarnado. Antes de que Cristo viniera a este mundo, ésta es la descripción. Escucha lo que dice:

“Y sobre el firmamento que estaba por encima de sus cabezas había algo semejante a un trono, de aspecto como de piedra de zafiro; y en lo que se asemejaba a un trono, sobre él, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. Entonces vi en lo que parecían sus lomos y hacia arriba, algo como metal refulgente que lucía como fuego dentro de ella en derredor, y en lo que parecían sus lomos y hacia abajo vi algo como fuego, y había un resplandor a su alrededor.” Como el aspecto del arcoíris que aparece en las nubes en un día lluvioso, así era el aspecto del resplandor en derredor.

Podrás darte cuenta del cuadro que se presenta aquí—realmente las palabras se quedan cortas. Había esta brillante,magnífica, esplendorosa visión del Cristo preencarnado. Y Ezequiel dice:

“Tal era el aspecto de la semejanza de la gloria del SEÑOR. Cuando lo vi, caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.” (Ezequiel 1:28)

A Ezequiel se le dio esta visión, este atisbo de Cristo en Su gloria en el cielo, pero ahora Cristo ha venido a la Tierra. Él está caminando en Palestina. Él sube a esta montaña y lleva a tres de Sus discípulos más cercanos con Él. A ellos se les ha dado este visión de la plenitud de la gloria de Dios, un atisbo del Cristo encarnado en Su gloria.

Esta es una ocasión durante Su vida terrenal en la cual el velo es levantado, el velo de Su humanidad, y ellos ven un atisbo de la gloria que Él tenía antes de venir a esta tierra, y de la gloria que será de Cristo por toda la eternidad.

Juan capítulo 1 lo describe de esta manera: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (v. 14).

El hombre que escribió eso estaba ahí en el Monte de la Transfiguración. Ellos han visto Su gloria con sus propios ojos.

Otro de los hombres que fue testigo de esto escribió en 2da Pedro capítulo 1: … “Fuimos testigos oculares de su majestad…estábamos con Él en el monte santo.”(vv.16-18).

Un comentarista dijo algo acerca de esto que pensé que podía ser útil. Él dijo,

“Esencialmente, esto no fue un nuevo milagro, sino el cese temporal de uno que estaba en curso. El verdadero milagro era que Jesús pudiera abstenerse de manifestar Su gloria la mayor parte del tiempo.”

Así que aquí esta Jesús—Él es Dios—pero lo oculta; lo cubre con carne humana durante los 33 años que vivió y caminó en esta tierra excepto por este momento en el monte donde el velo se quita y tenemos la cesación temporal de este milagro que estaba en curso.

Así que la transfiguración señala a la gloria de Cristo. También señala a Su regreso en gloria. 

Jesús les dio a Sus discípulos un anticipo de lo que estaba por venir. Esta es la gloria que ellos habían estado esperando. Esta es la gloria que ellos habían esperado del Mesías. Esto es lo que ellos pensaban que Jesús vendría a la tierra para hacer. Jesús les había dicho que habría sufrimiento, que habría una cruz, que habría traición, que habría muerte…Pero luego de esto, el Hijo del Hombre regresaría a la gloria. Él ya les había dicho eso. Ahora Él les está dando un atisbo de lo que podían esperar después de la cruz.

Y luego esta transfiguración apunta de una manera poderosa a la cruz, a la pasión, a la muerte de Cristo. El versículo 3 nos dice, “Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él”—hablando con Jesús.

Ahora, pudieras preguntarte de qué estaban ellos hablando. Moisés, Elías y Jesús. Y podríamos hacer una serie completa acerca de esta escena, pero solo te daré la versión condensada y resumida hoy. Quiero enfocarme en el Cristo incomparable. ¿De qué estaban ellos hablando? 

El recuento de Lucas de este momento nos dice que ellos “hablaban de la partida de Jesús, que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén” (9:31). Ahora, Jesús les había dicho a Sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén. ¿Y qué pasaría allí? Él sufriría, y sería asesinado.

Las Escrituras dicen ahora que en Su transfiguración, Jesús estaba hablando con Moisés y Elías acerca de Su partida que ocurriría en Jerusalén. ¿De qué estaban ellos hablando? De Su muerte.

Algunas de sus traducciones más antiguas, en lugar de la palabra “partida”, dicen que ellos estaban hablando acerca de su “fallecimiento”. Algunas veces hablamos de personas que han muerto como que han partido; se han ido.

La palabra griega traducida como “deceso” es la palabra éxodo— “partir”. Piensa en esto. 1400 años antes, cuando los Hijos de Israel estaban en esclavitud, en servidumbre de los crueles capataces egipcios, Dios había levantado un libertador. ¿Cuál fue su nombre? Moisés—para guiar a los hijos de Israel fuera de la esclavitud. ¿Cómo se le llamó a eso? El Éxodo.

Ahora, aquí está Moisés, el libertador, el que presidió el éxodo, humanamente hablando, hablando con Jesús acerca de Su próximo éxodo—la muerte de Cristo—a través de la cual Dios traería liberación a gente que toda su vida había sido esclava, en servidumbre del pecado. Tú ves, el éxodo del Antiguo Testamento, solo apuntaba al éxodo del Nuevo Testamento. La muerte de Cristo, Su partida hizo posible para nosotras el ser libertadas de nuestra esclavitud del pecado.

Tú ves aquí la centralidad de la cruz en la historia de Dios. Acerca de eso era que ellos estaban hablando—de la muerte de Cristo, la cual probaría ser nuestro éxodo, nuestro rescate del pecado. Esa cruz es el punto crucial en toda la historia humana.

Mira el versículo 4:

“Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ El versículo 5 nos dice que: Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: ‘Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a Él oíd.” (Mateo 17:4-5) Oímos esta misma declaración en el bautismo de Cristo.

Pero mientras Pedro aún estaba hablando, es como si Dios le hubiera dicho “¡Cállate!”  y no quiero decir esto de una forma irreverente. Fue como, “¡Dejen de hablar! Escuchen a Jesús. Escúchenle a Él, este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Ahora, sabemos que no solo estaba Dios complacido en Su Hijo, el Hijo de Dios sin pecado y sin mancha, sino que yo pienso que Él  también está diciendo que estaba bien complacido con el sacrificio que Jesús se estaba alistando para hacer—el sacrificio de Su propia vida por los pecados de la humanidad.

Dios estaba diciendo, “Estoy complacido con este sacrificio. Es aceptable para Mí. Aceptaré el sacrificio de Tu vida en lugar de cada humano pecador que hayas redimido de este planeta. Jesús, lo que Tú vas a hacer al dar Tu vida es suficiente. Me satisfará. Satisfará Mi ira justa contra el pecado. Estoy complacido. Yo acepto este sacrificio”.

A menudo lees en el Antiguo Testamento acerca de sacrificios que eran de olor fragante, aceptables para Dios. Ellos apuntaban hacia  Jesús. Y Dios dice, “Estoy complacido con Mi Hijo. Estoy complacido con Su sacrificio”.

“Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor [sin duda]. Entonces se les acercó Jesús [Me encanta esto…Él se acercó], y tocándolos, dijo: ‘Levantaos y no temáis’.”  (vv. 6-7).

¿Ves la misericordia y la bondad de Cristo? Ellos no fueron consumidos por la santidad y la gloria de Dios. ¿Por qué? Ellos eran pecadores. Pero en anticipación del sacrificio que Jesús iba a hacer por su pecado, Jesús los tocó y les dijo “Levantaos y no temáis”.

Si no fuera por Jesús, tú y yo tendríamos que temblar con temor de un Dios justo y santo, todos los días de nuestras vidas y por toda la eternidad. Pero podemos levantarnos y no tener temor porque Cristo ha hecho ese sacrificio.

Y cuando ellos levantaron sus ojos, no vieron a nadie sino solo a Jesús. Y cuando bajaron la montaña, Jesús les mandó diciendo, “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos”.  (vv. 8-9).

Así que vemos en esta escena la sumisión y el sacrificio de Cristo, un asomo de lo que Él dejó a un lado para venir a la tierra. Cuando vemos Su gloria, vemos lo que le costó vestirse de humanidad. Me choca que en ese momento, con el velo de humanidad quitado lo suficiente para que nosotros viéramos la gloria que todo el tiempo había estado ahí, Jesús pudo haber optado simplemente por regresar al cielo en ese momento. Pero en vez de eso (¿no te llena esto de agradecimiento?), Él escogió volver y bajar de la montaña, a tratar con la necesidad humana, con fuerzas demoníacas, con el pecado, la muerte, la enfermedad, y la cruz.

Todo esto señala no solo a la gloria de Cristo, sino también a la cruz de Cristo…pero hay más. La transfiguración señala hacia nuestra transformación a la semejanza de Cristo. ¿Cómo así?

Las Escrituras dicen que Él fue “transfigurado” enfrente de ellos.  Esa no es una palabra que usamos en el lenguaje diario. El lenguaje original, el griego aquí, la transliteración de esa palabra es que Él tuvo una metamorfosis. Una metamorfosis tuvo lugar. Es una palabra que significa que Él cambió totalmente su apariencia. Ellos podían reconocerle aún como Jesús, pero Él se veía totalmente diferente. La gloria era tan grande. La implicación es que la gloria de Dios en nosotros es lo que nos cambiará y nos hará diferentes.

Esta es una palabra que es usada sólo en este relato—de la Transfiguración—y en otros dos lugares en el Nuevo Testamento. Uno es Romanos capítulo 12 que dice, “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos, (transfigurados, cambiados) mediante la renovación de vuestra mente” (v. 2). Vuélvete una persona nueva, totalmente diferente. No dejes que el mundo te presione en su molde, sino conviértete en una nueva persona, transfigurada; pasa por una metamorfosis.

El segundo uso es en 2da a los Corintios capítulo 3, el versículo 18. Dice,

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, [como hicieron los discípulos en ese día] estamos siendo transformados [he aquí la palabra—transfigurado, metamorfosis, cambiado—tanto internamente como externamente—estamos siendo transformados] en la misma imagen de gloria en gloria”.

¡Wao! ¡Qué proceso! Mientras contemplamos al Cristo transfigurado, mientras contemplamos Su gloria, estamos siendo transfiguradas conforme a Su semejanza, transformadas. Esa transformación es un proceso invisible que toma lugar en las vidas de los creyentes durante sus vidas aquí en la tierra. Y nos está preparando para la eternidad en el cielo, donde esa plenitud de nuestra humanidad, redimida, será restaurada, sin pecado. Seremos libres de esa naturaleza pecaminosa, y seremos conformadas a la imagen de Cristo. ¡Wao!

Y una cosa más…espera, ¡hay más! No solo la transfiguración nos señala a nuestra transformación a Su semejanza, sino que también apunta a nuestra gloria futura y a la transformación final de nuestros cuerpos físicos.

Moisés y Elías, quienes habían muerto (o transportados, en el caso de Elías) cientos de años antes, aún existían. Esto era una declaración poderosa para muchos de los judíos en los días de Jesús quienes no creían en la vida después de la muerte. Ellos aún estaban vivos. Esto habla de la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo.

Pero entonces miras el glorioso cuerpo resucitado de Cristo que vemos solo por un momento allí en el Monte de la Transfiguración—ropas radiantes, rostro radiante. Es un cuadro de lo que Dios tiene preparado para nosotros por lo que ha logrado para nosotros a través de Su éxodo. Así leemos en Filipenses capítulo 3:

“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará [es una palabra un poco diferente pero similar. Él transformará . Es una palabra que significa “cambiar la forma externa de”] él transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación [¿no se gozan ustedes con esto?] en conformidad al cuerpo de su gloria” (vv. 20-21).

Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de buscar una manera de cambiar la forma de sus cuerpos externamente.  Porque por un lado, mientras más viejas nos ponemos, más imposible resulta esto, y por otro lado, Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación  para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Me gusta eso!

Al final de los  tiempos, esa transformación externa y física de nuestros cuerpos tomará lugar. Pero mantén en mente que una transformación, una transfiguración, una metamorfosis se está llevando a cabo  ahora mismo dentro de nosotras, un cambio interno, no solo de apariencia sino también de esencia. Quienes somos está siendo cambiado conforme a Su semejanza mientras contemplamos la gloria de Dios.   Me gusta eso.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss te ha estado mostrando por qué la transfiguración de Jesús importa tanto para ti y para mí. Pienso que ese mensaje va a darle esperanza a muchas mujeres hoy.

Cuando las mujeres son confrontadas con la Palabra de Dios, hace una diferencia inmensa en sus casas, en sus emociones, y en sus relaciones. Nancy nos da aquí un ejemplo.

Nancy: Aviva Nuestros Corazones tiene la meta de trata de conectar a las mujeres con la Palabra de Dios.

No hace mucho, una oyente escribió desde Minnesota para contarnos que eso es lo que ha pasado en su vida. Ella dijo, “Yo crecí en la iglesia pero no en la Palabra. Yo solo estaba escuchando pero nunca buscando la Palabra de Dios por mí misma”.

Pero Dios ha usado el ministerio de Aviva Nuestros Corazones para conectar a esta mujer con Su Palabra. Ahora ella está escudriñando las Escrituras por sí misma. Ella escribió, “Gracias  por su programa de radio. Ha sido una bendición en mi vida”.

Ese tipo de conexiones se dan por un trabajo en equipo. Aquellos que apoyan nuestro ministerio financieramente juegan un papel clave en ayudarnos a hablar a oyentes como ella. Así que si aprecias lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones, ¿considerarías ofrendar cualquier monto para hacer posible este ministerio?

Puedes hacer tu donación en línea en AvivaNuestrosCorazones.com, o llamarnos al 1-800-569-5959. Cuando llames déjanos saber que estás donando para el alcance hispano del ministerio, y asegúrate de dejarnos saber cómo llegaste a conocer ANC.

Leslie: ¿Alguna vez has oído personas referirse a Jesús como un profeta? Cuando comprendas un poco la forma de pensar de la gente en el tiempo de Jesús, entenderás porqué Su rol como profeta era un tema tan importante. Nancy hablará de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

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13/27 – La impecabilidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 13/27 – La impecabilidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-impecabilidad-de-cristo/

Leslie Basham: Como una verdadera maestra de la Biblia para mujeres, Nancy Leigh DeMoss a menudo pasa horas a solas enfocada en el estudio. ¿No suena como si este fuera un ambiente seguro para alejarse del mundo y evitar el pecado?

Nancy Leigh DeMoss: Pero Dios, Él conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Hemos estado preparando nuestros corazones para la temporada de Pascua, siguiendo a Nancy, en una serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: Quiero hablar hoy de otra manera obvia en la que Cristo es incomparable. Si estás siguiendo junto a nosotras el libro de Oswald Sanders, estamos en el capítulo 13, que se llama la «La impecabilidad de Cristo».  Creo  que impecabilidad es una palabra con la que no estamos muy familiarizadas. Eso es parte de lo que hace único a Cristo y lo hace incomparable.

Mientras me preparaba para esta serie y llegué a este capítulo,  pensé: «Seguramente todos los que están escuchando este programa estarían de acuerdo en que Jesús no tenía pecado, de manera que ¿necesitamos realmente un programa completo sobre la impecabilidad de Cristo?» Pero resulta, que mientras he estudiado este tema,  me di cuenta que no necesariamente todo el mundo está de acuerdo en que Jesús era sin pecado.

De hecho, descubrí algunas estadísticas sorprendentes en una encuesta de investigación de Barna, que dice que hay casi igualdad de opiniones entre los adultos estadounidenses sobre este tema: 42% de los estadounidenses encuestados creen que Jesús pecó; solo el 40% cree que no lo hizo. Piensas, que si en esta encuesta le preguntas al público estadounidense en general y que gran cantidad de estas personas no crea en Cristo no te sorprenderías.

Pero entonces hicieron un estudio por denominaciones, con las personas que asisten a las diferentes denominaciones de creyentes. Te voy a decir que la mejor denominación para este conteo fue la Bautista. Pero escucha esto antes  de que digas un rápido «amén». A esto solo el 55% de los bautistas está en desacuerdo en que Jesús pecó cuando estuvo aquí en la tierra —y se encontraban en el tope del grupo encuestado.

Eso significa que ¡casi la mitad de los bautistas encuestados piensa que Jesús podría haber pecado o que pecó! Como alguien me dijo mientras discutíamos este tema el otro día: «¡Si Cristo es nuestra justicia, es bastante malo pensar que El pudo haber pecado!».

Vamos a hablar de todo este tema del pecado, de donde vino, y el concepto del pecado original.  Es un concepto muy doctrinal pero muy importante. En Génesis capítulo 3 encontramos—ya conoces la historia —cómo Adán y Eva, creados sin una naturaleza pecaminosa, desobedecieron la ley de Dios. Siguieron sus propios caminos de manera independiente, y pecaron.

Desde ese momento, cada ser humano nacido ha llegado a esta carrera con una naturaleza pecaminosa, excepto uno. Eso es lo que se conoce como la doctrina del pecado original o heredado. Adán nos representó a todos nosotros. Estábamos en él, y en él todos hemos nacido en este mundo como pecadores.

Ahora, eso no necesariamente quiere decir que los bebés están haciendo cosas pecaminosas. Pero pecamos porque somos pecadores. Hemos heredado esa naturaleza pecaminosa. La tenemos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de sus padres (y madres también)…

Leemos en Romanos capítulo 5, por ejemplo que, «Por la desobediencia de un hombre  (¿quien fue ese hombre? (Adán) los muchos (o sea todos nosotros) fueron constituidos pecadores» (v. 19). «El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron» (v. 12).
Las Escrituras son muy claras al respecto. «No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron. . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3:10-12). «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Esa es la condición humana —caída, pecaminosa. Es cierto que tú, yo, tus hijos, tus nietos —a pesar de lo dulce que puedan ser —son pecadores con necesidad de un salvador. Estamos separados de Dios. Con una excepción, y es Jesús quien vivió una vida sin pecado. Él hizo lo que el primer Adán no pudo hacer. Él cumplió perfectamente la ley de Dios. Las Escrituras son muy claras en esto. «Él no conoció pecado» (2 Corintios 5:21). «Él fue tentado pero no pecó» (Hebreos 4:15).

Ahora la pregunta es ¿cómo pudo Él haber nacido sin una naturaleza pecaminosa, como cualquier otro ser humano en la historia del mundo desde Adán y Eva? La vida humana comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el ADN del hombre y la mujer se combinan. Pero con Jesús no ocurrió así. ¿Recuerdas? Hemos hablado anteriormente en esta serie de que Él existió antes de la creación del mundo. Él no vino a la existencia la noche que nació en Belén. Él había existido por toda la eternidad pasada.

El cuerpo físico de Jesús que nació en Belén fue una creación especial de Dios, colocado en el útero de una adolescente llamada María. Eso es lo que llamamos el milagro del nacimiento virginal.

Si estás familiarizada con las Escrituras, en Mateo capítulo 1 versículo 18 dice, «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José, antes de que llegaran a estar juntos se halló concibiendo del Espíritu Santo».

No me pidas que lo explique. No puedo —es sobrenatural— pero es verdadero. Lucas capítulo 1 lo dice de esta manera: «Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Vas a tener un hijo, pero Su padre va a ser Dios. Entonces María le dijo al ángel: [pregunta comprensible aquí], “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

No puedo quedar embarazada. No puedo tener un hijo. Nunca he conocido a un hombre. La respuesta de los ángeles es realmente importante. El ángel le respondió «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado-Hijo de Dios «(Lucas 1:31 – 35).

Jesús no fue el producto de la unión física de un hombre y una mujer, sino que fue sobrenaturalmente concebido en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Esto nunca ha sucedido antes y nunca ha ocurrido desde entonces. Dios hizo esto específicamente en ese momento, en ese tiempo de la historia envió a Jesucristo como hombre a este mundo.

Se trata de una trama que ninguna de nosotras podríamos haber ideado. No podríamos haberla diseñado. No podíamos haber pensado en ella. Y si lo hubiéramos pensado, no podríamos haber hecho que esto ocurriera. Solo Dios podía hacerlo. Como resultado de que la vida de Cristo fue colocada en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo, no le fue trasmitido el pecado de María o de José. El nacimiento virginal —que es de lo que estamos hablando aquí —es de vital importancia. Esto hizo que fuera posible que Cristo compartiera nuestra humanidad —hemos visto lo importante que esto es —el nacer de una mujer, sin compartir nuestra naturaleza pecaminosa al mismo tiempo, porque fue concebido por el Espíritu Santo.

Así que aprendemos en las Escrituras que Él fue absolutamente puro y sin mancha de pecado —desde el día en que nació, hasta el día en que murió. La impecabilidad de Cristo.

Entonces surge la pregunta: «¿Pero si no pecó, era Él en realidad totalmente humano?» Quiero recordarles que la naturaleza pecaminosa no era parte de nuestra naturaleza original. Adán y Eva eran verdaderamente humanos antes de pecar. El pecado ha sido y es una perversión de nuestra verdadera humanidad. Cristo vino  —sin pecado Dios / hombre —para restaurar nuestra humanidad completa sin pecado.

«Tú le pondrás por nombre Jesús». ¿Por qué? «Porque Él salvará a su pueblo —¿de qué?— de sus pecados» (Mateo 1:21). Este es el asombroso plan de Dios. No hay nada igual en toda la historia del universo. Él envió a Jesús a este mundo—el Dios / hombre sin pecado —concebido por el Espíritu Santo, colocado en el vientre de la virgen María. ¿Por qué? ¿Cuál era el punto? El punto es que Él vino a restaurar nuestra humanidad completa sin pecado, para rescatarnos de nuestros pecados.

La impecabilidad de Cristo fue bien probada. Fue probada por Sus amigos. Los discípulos vivieron con Él durante tres años, día tras día.  No tienes que vivir conmigo durante tres días para saber que soy una pecadora. Probablemente mucho menos tiempo que ese. Durante tres años, estos hombres vivieron, caminaron y hablaron con Cristo. Ellos lo vieron en todo tipo de circunstancias. Dos de los discípulos que estuvieron más cerca de Jesús, luego escribieron cartas que hablaban de Su impecabilidad.

Juan dice en 1era de Juan capítulo 3 versículo 5: “En él no hay pecado”.

Pedro dice en 1era de Pedro  capítulo 2: «Él cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca» (1 Pedro 2:22).

Solo piénsalo por un momento. Jesús nunca, nunca pecó —desde Su nacimiento hasta el día en que murió. Él nunca pecó de palabras, acciones, actitudes. Nunca fue impaciente, arrogante, grosero, egoísta, cruel. Nunca desobedeció a Sus padres, nunca eligió Su propio camino en lugar del de Dios. No solo había esta ausencia de pecado, sino que también estaba  la santidad positiva. Él dijo e hizo todo lo que el Padre le dijo que hiciera. Amó a Dios y a los demás perfectamente cada momento de Su vida.

Pienso en mi propia vida, cuando me siento en mi estudio durante horas y horas, según lo que las personas supondrían, sin cometer ningún pecado visible. No hay nadie en la habitación. Se pudiera decir, «Ella no está pecando. Ella está allí estudiando la Biblia para Aviva Nuestros Corazones«. Pero Dios conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos.

Pero por el otro lado, de manera positiva, la santidad activa. Él siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Jesús dice, tanto en el Salmo 40  versículo 8, y luego lo repite en Hebreos capítulo 10 de los versículos 5-7: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón». Eso describe a Jesús.

¡No solo no rompió la ley de Dios ni una vez, sino que la cumplió perfectamente cada momento de cada día de su vida! Pienso en ese pasaje de Miqueas capítulo 6 versículo 8 que a menudo escuchamos. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno”.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Cristo cumplió perfectamente ese mandato.

No solo Sus amigos testificaron de Su impecabilidad, sino que Sus enemigos también daban testimonio de ella.

Pilato les dijo: «No encuentro delito en este hombre» aun cuando lo intentó varias veces (Lucas 23:4). Este hombre no ha pecado, no ha hecho nada malo. Judas dijo: «He pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4). El ladrón en la cruz dijo: «recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho» (Lucas 23:41). Aun los demonios, cuando los exorcizaba, dijeron: » Yo sé quién eres: el Santo de Dios» (Lucas 4:34). Sus enemigos testificaron de Su impecabilidad.

Jesús mismo testificó que en Él no tenía pecado. Ahora bien, alguien podría decir que no tiene pecado, pero tendría que ser muy arrogante para decir eso, a menos que fuera cierto. Pero en el caso de Jesús, es cierto.

Escucha estos versículos del Evangelio de Juan. Jesús dijo: «yo siempre hago lo que le agrada [a mi Padre]» (Juan 8:29). ¿Podría cualquiera de nosotros decir esto? Él preguntó en Juan  capítulo 8: ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? (Juan 8:46). Hagamos una pausa, mira a tu alrededor,  Quiero decir, yo no me atrevería a hacer esa pregunta en una habitación llena de gente. En el caso de Jesús, había una gran cantidad de gente que quería acabar con Él, pero nunca hubo una acusación de pecado que le pudieran demostrar o imputar.

Por cierto, la pregunta sigue sin respuesta todavía hoy. Nadie jamás ha condenado a Jesús de pecado. Jesús dijo en Juan  capítulo 15:

«Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor » (Juan 15:10).

Así que dices, «¿Por qué insistir en esto?» Jesús tenía que ser sin pecado, a fin de ser un sacrificio satisfactorio por nuestros pecados. Déjame llevarte por un momento de vuelta al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los fieles que querían estar bien con Dios, que sabían que habían pecado, iban al tabernáculo o al templo, se presentaban ante el sacerdote, y  traían un cordero. O bien, si eran pobres, ellos traían algo menos costoso, pero algún tipo de animal debía ser sacrificado para expiar sus pecados.

Ahora el animal no expiaría sus pecados. Pero el animal sería asesinado y su sangre sería derramada. El animal moría como sustituto en lugar del pecador. Por supuesto, estos animales eran solo un tipo que apuntaba al Cristo que habría venir.

Los corderos —y lees esta frase muchas veces en el Antiguo Testamento —tenían que ser «sin mancha». No podías entregarle a Dios el más  pequeño de la camada. No podías entregarle a Dios los corderos que nadie más quería. Tenía que ser un cordero sin mancha.

Entonces, una vez al año en la Pascua, cada familia podía tomar un cordero. Éxodo dice: » El cordero será un macho sin defecto, de un año» (Éxodo 12:5). Ellos debían matar el cordero, poner la sangre en los postes,  el dintel, y Dios vería la sangre y pasaría de largo. Su juicio no caería en esa casa.

Durante cientos de años, día tras día, los fieles adoradores judíos trajeron estos sacrificios. Los corderos fueron asesinados —corderos sangrando, corderos muriendo, sangre por todas partes. Ser sacerdote en esos días era un negocio sangriento. Y año tras año, la Pascua se celebraba, los corderos se sacrificaban y la sangre se derramaba día tras día, año tras año por cientos de años —corderos muriendo,  corderos muriendo, corderos muriendo.

Imagínate cuando Jesús se acercó al río Jordán, donde Juan estaba bautizando, y el pueblo escucho a Juan decir: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).

Pedro lo dice de esta manera: «Fuisteis redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha» (1 Pedro1:18-19).  Ves «la paga del pecado es muerte»—eso es lo que la palabra de Dios dice (Romanos 6:23). Pero Jesús no había pecado, por lo que no merecía morir. Él murió una muerte que nosotras merecíamos. Él era inocente. Fue acusado falsamente. Nosotras, por el contrario, somos culpables.

A nosotros se nos acusa con razón.

Un antiguo escritor de himnos lo expresó de la siguiente manera,

Nosotros, Culpables, viles y desamparados,
Él, Cordero de Dios sin mancha.1

Él fue el sacrificio perfecto—el único sacrificio —que podía de forma permanente, y de una vez por todas expiar, pagar por nuestros pecados. A causa de Su muerte sustitutiva en nuestro lugar por nuestros pecados, podemos ser declarados justos y sin pecado, justificados, relacionarnos con Dios, porque Él murió en nuestro lugar.

Romanos  capítulo 5 dice: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno ¿y de quién fue la obediencia? De Jesús] los muchos serán constituidos justos» (v. 19).

Primera de Pedro capítulo 3 lo dice de la siguiente manera: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (v. 18). Tenía que ser sin pecado por la redención que se llevaría a cabo. Cristo no solo cumplió con el tipo de cordero del sacrificio, sino que también es la imagen del sacerdote que sacrificaba el cordero.

Escucha lo que dice Hebreos capítulo 7: «Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos.» ¿De quién es que se habla? De Jesús: santo, inocente, sin mancha. Sin pecado. Entonces continua diciendo ¿Por qué es importante? Porque «Él no necesita, como aquellos sumos sacerdotes [del Antiguo Testamento],  ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo » (vv. 26-27).

Escucha, los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que seguir ofreciendo sacrificios, y cuando lo hacían era primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Entonces, porque pecaban de nuevo, tenían que ofrecer más sacrificios. Hebreos 7 dice que Jesús no tenía que seguir haciendo esto, porque lo hizo una vez y  para siempre, ofreciéndose a Sí mismo a morir. Él no tenía pecados propios por los cuales morir. Podría morir de una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Y solo como recordatorio, Su sacrificio como el Cordero de Dios sin pecado fue con el propósito de limpiarnos de nuestros pecados. Efesios  capítulo 5 dice:

«Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella,  para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. » (vv. 25-27).

Él era santo y sin mancha, pero Él murió para hacernos santas y sin mancha. Entonces, ¿cómo podemos irreflexivamente, sin cuidado, de forma deliberada, voluntariamente, después de haber sido limpiadas ir escupir en el rostro de Cristo—por así decirlo— pisotear Su sangre y salir y pecar como si no importara? Sí importa. Porque Él lo hizo para limpiarnos y hacernos santas.

Permíteme recordarte que Jesús no cometió pecado, no porque se escudó en el poder sobrenatural de Su propia naturaleza divina o porque Su naturaleza divina venció Su naturaleza humana para guardarlo de pecar, sino porque Él utilizó todos los recursos que se le dieron en Su humanidad. Lo he dicho antes en esta serie, pero creo que vale la pena repetirlo. Tenemos que recordar esto.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo permaneció sin pecado? Él amaba y meditaba en la Palabra de Dios. Él oró a Su Padre. Él confiaba en la sabiduría, la rectitud y la Palabra de Su Padre. Se hizo dependiente del poder sobrenatural del Espíritu sobre Él, para que lo fortaleciera para poder hacer, todo lo que estaba llamado a hacer.

Entonces, ¿cómo podemos nosotras mantenernos libres de pecado? Por el poder de Cristo, el inmaculado que mora en nosotras. Somos entonces capaces de vivir una vida santa, con la fuerza del Espíritu Santo que mora en nosotras. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí » (Gálatas 2:20).

Creo que hay mucha gente en nuestras iglesias hoy en día, de diferentes denominaciones  y jerarquías, que saben todo esto pero que nunca han puesto de manera personal su confianza en Jesucristo para que los salve de sus pecados. Son religiosos, pero nunca han sido hechos justos. Yo me pregunto incluso si entre aquellas que nos escuchan hoy, podría haber varias así.

Y dices: «Sabes, he escuchado esto antes. Pero hoy Dios se está haciendo más real en mi corazón. Ahora quiero poner mi fe en Cristo, arrepentirme de mis pecados,  arrepentirme de andar a mi manera, haciendo mis cosas. Reconozco que soy una pecadora, y que no puedo salvarme a mí misma. Pero elevo mis ojos y mi fe a Jesucristo, el inmaculado, el cordero de Dios sin mancha,  sin defecto, y recibo el regalo de lo que Él hizo por mí en la cruz  al morir en mi lugar por mis pecados «.

Las Escrituras dicen que en la medida en que pones tu fe en Él, hay una increíble transformación que ocurre. Cristo toma sobre Sí mismo, todos tus pecados. Pero  en la medida en que confíes en Él como tu Salvador, Dios imputa o acredita a tu cuenta toda la justicia de Cristo. Su perfecta vida de obediencia se convierte en la tuya.

Tal vez eso ya ocurrió contigo y solo necesitas refrescarlo hoy para adorarlo y darle las gracias por eso. O, tal vez hoy es la primera vez que confías en Él como tu sacrificio perfecto, tu salvador. Luego te gozas en que Él haya llevado a cabo la transacción en la que Su justicia se te imputa. ¡Oh, gracias, gracias, Santo Cordero de Dios! Te adoramos, te amamos. En el nombre de Jesús,  Amén.

Leslie: La impecabilidad de Cristo es fundamental para tu salvación. Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos el porqué. Este importante tema tiene un significado especial a medida que nos acercamos a la temporada de Pascua. Cuando te enfocas en Cristo, se opera un cambio en tu vida. Por ese motivo estamos presentando la serie de Nancy, llamada El Cristo incomparable, en estas semanas previas al Domingo de Resurrección.

Espero que pases más tiempo meditando acerca de lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Bien, los evangelios hablan de un incidente en una montaña. La vestidura de Jesús comenzó a brillar y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan importante? La respuesta ofrece una gran esperanza y la escucharás en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. «Varón de dolores».

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-doble-naturaleza-de-cristo/

 11/27 – La humanidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 11/27 – La humanidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humanidad-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss inicia con una historia seria, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy Leigh DeMoss: En 1959, un periodista llamado John Howard Griffin se transformó a sí mismo de un hombre blanco a un hombre negro. Usó drogas, tratamientos con lámparas de sol, y colorante para oscurecer la piel.

Después, pasó seis semanas viajando hacia los estados del sur que por racismo estaban segregados, haciéndose pasar por un hombre negro.

Mientras viajaba, el documentó el trato y las reacciones que recibió de la gente. Algunas de ellas fueron horribles. Le fue negado vivienda, transporte, trabajo y algunas veces hasta el uso de los baños. Experimentó rudeza, comentarios racistas, amenazas violentas, simplemente porque su piel era oscura.

Griffin escribió un libro acerca de cómo fue tratado, Negro como yo”. Al leer esto, pensé en la historia de Jesús al venir a la tierra podría llamarse. “Humano como Yo”.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Hoy nos enfocaremos en la humanidad de Cristo.

Nancy: Leamos en Filipenses capítulo 2,

…el cual, [Jesucristo] aunque existía en forma de Dios, [hablamos ayer de su deidad] no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo (vv. 6-8)

La descripción que fue dada por John Howard Griffin podríamos modificarla al decir de Cristo—que Él dejó su privilegiada vida del Hijo de Dios en los cielos para incorporarse en nuestros cuerpos.

Hay dos errores en  relación a Cristo y en los dos casos son peligrosos.

  • Uno es que elevemos Su humanidad y disminuyamos Su deidad.
  • Pero el otro es que nos enfocamos en Su deidad, el hecho que Él es Dios,  excluyendo Su humanidad. Vemos este error cometido en muchas representaciones culturales de Cristo.

Por ejemplo, en Navidad se canta un villancico «Jesús en Pesebre» que dice así. 

Los bueyes bramaron y Él despertó, mas Cristo fue bueno y nunca lloró. Jesús en pesebre, sin cuna, nació;

Tengo un recién nacido en mi casa, como les dije en una sesión reciente. Y anoche, mientras me preparaba para esta sesión, el recién nacido estaba llorando. Y pensé, ¡claro que sé! El bebé Jesús lloró. Porque Él era un ser humano.

Y contemplas esas pinturas del niño Jesús y en un deseo de querer honrarlo como Dios, usualmente verás una luz rodeándole o con una aureola en su cabeza. La verdad es que Él era un bebé de aspecto normal. Él era un ser humano.

La Escritura nos dice en 1era a Timoteo capítulo 2,

Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (vv. 5-6)

J. I. Packer dice que se podrían describir estos versículos como «la clave, no solo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Ya que se cristaliza en una frase el resumen y la sustancia de su mensaje»  el mediador, el hombre Jesucristo, Quien se dio a Sí mismo en rescate por todos.

Ese mediador entre Dios y los hombres tenía que ser un hombre, tenía que ser un ser humano. Quiero ver hoy las evidencias de que Él era humano. Por ejemplo, como hombre, tenía un cuerpo físico, un cuerpo humano. Él era de carne y hueso. Nació como nacen todos los bebés. Tuvo que crecer físicamente—vimos eso en Lucas  capítulo 2 en una sesión anterior. Tenía una apariencia física. Tenía el aspecto de un hombre común y corriente. La gente no veía nada extraño en Él. No caminaba con un halo alrededor de Su cabeza o con un aura que le rodeaba. No siempre usaba una túnica blanca mientras los demás usaban otros colores. Él se veía humano.

De hecho, sus propios hermanos y aquellos que crecieron con Él no creyeron que Él era Dios. Decían, “¿Es éste el hijo del carpintero?” Él parecía un hombre normal. Tenía la apariencia de un hombre normal. Tenía funciones físicas normales. Comía, bebía, respiraba. Tenía la capacidad de experimentar dolor. Vemos eso en Getsemaní como sudó gotas de sangre. Su constitución física era sensible al estrés. En la cruz, Él sangró. Y Él murió físicamente. Tenía un cuerpo humano físico.

Después de la resurrección, se apareció a los discípulos en un cuerpo físico glorificado. Él dijo en Lucas capítulo 24: «Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo» (Lucas 24:39)

Aún después de la resurrección, en Su cuerpo glorificado, Él todavía tenía un cuerpo físico. Él es humano. Él es Dios, pero también es hombre. Cuando ascendió a los cielos—cuarenta días después de la resurrección—Él ascendió en ese cuerpo físico glorificado, el cual todavía tiene hoy en día en el cielo, y el cual veremos cuando regrese a la tierra en Su segunda venida.

No solo tuvo un cuerpo físico, sino tuvo limitaciones físicas y debilidades. Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús caminaba de un lugar a otro; Él no volaba como Superman. La Escritura nos dice que se cansó físicamente. Lo vemos durmiendo en un barco. Lo vemos cansado de caminar, sentado junto a ese pozo en Samaria.

La Escritura nos dice que le daba hambre. Después que ayunó en el desierto tuvo hambre. Dijo que tenía hambre. En la cruz dijo, «Tengo sed» (Juan 19:38) Le daba sed. Limitaciones físicas normales y debilidades.

Me preguntaba hace poco, cuando siete de ocho personas que se alojaban en mi casa—incluyéndome a mi —nos enfermamos de un virus estomacal en un período de 24 horas, me pregunté, » ¿Jesús alguna vez le habrá dado gripe? ¿Alguna vez tuvo dolor de cabeza? ¿Se habrá resfriado?»

Es interesante, durante estas últimas 24 horas que he estado consultando mis líneas de ayuda teológica, la gente que conozco que estudian estas cosas. El hecho es que la Biblia no dice explícitamente. Nos dice que tuvo hambre, sed y cansancio. Pero no dice que se haya enfermado físicamente. Pero Hebreos capítulo 2 dice: «Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote. (Heb. 2:17)

Esto significa que Él experimentó la gama completa de lo que significa ser humano, excepto sin pecado.  Así que no es descabellado pensar que si Él era susceptible al hambre, a la sed, al cansancio y a la muerte, debió haber sido también susceptible a la enfermedad.

No el tipo de enfermedad que se obtiene después de comer demasiado o porque somos perezosos o porque tenemos estilos de vida y tomamos decisiones que nos enferman. Pero su cuerpo humano en este mundo caído, corrupto, donde hay gérmenes, enfermedades, es razonable creer que Él también participó en ese aspecto de nuestra humanidad.

No solo era físicamente humano, sino que tenía una composición humana y alma— todos los elementos de la naturaleza humana. Todo lo que conforma un hombre, a excepción del pecado, Él lo tenía.

Toma toda la gama de las emociones. Él tenía todo el rango, todo el panorama. Él no era un robot, sin emociones ni sentimientos. Jesús fue movido constantemente por las cosas que mueven también el corazón de Dios.

Déjame darte algunos ejemplos.  En Mateo capítulo 8 nos dice que se maravilló de la fe del centurión (Mateo 8:10). Sintió también compasión lo vemos muchas veces—por un leproso, por las multitudes necesitadas, de la viuda que acababa de perder a su único hijo. Él tuvo compasión hasta el punto de llorar. Él se preocupaba.

En Juan  capítulo 11 versículo 15 habla de que Él estaba alegre y gozoso. Toma por ejemplo toda el área del humor.  Ahora, la Escritura no nos dice explícitamente que Él se rió.

No hay ninguna referencia a su risa. Pero una vez más, yo diría que es razonable creer que Jesús se gozaba de lo bueno, con un humor sano. Tenía un grupo de 12 hombres viajando con Él. No iba a ser un humor obsceno, era solo un tiempo para disfrutar de la creación de Dios. Jesús tenía toda una gama de emociones.

También sabemos, y hay mucha información de esto en las Escrituras, que Él era un varón de dolores, experimentado en quebranto. Toda la gama de emociones humanas. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro; se echó a llorar sobre Jerusalén. En la última cena, la Escritura dice, «se angustió en espíritu» (Juan 13:21)

Ese versículo en Hebreos 5 versículo 7 dice,

Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte.

Aquí vemos que Jesús estaba experimentando todo tipo de emociones. Eso nos dice algo. A veces pensamos que las emociones son algo malo, o que deben ser suprimidas. Que si eres una buena cristiana, no debes ser tan emocional.

Pero el ejemplo de Cristo en Su humanidad nos dice que las emociones son una parte importante del ser humano. Nos da un modelo de un sano, completo y balanceado despliegue de las emociones. Exhibir las emociones, como Cristo lo hizo en el momento oportuno, en el lugar correcto y de la forma apropiada.

Mi problema con las emociones es que las manifiesto en las cosas equivocadas. Tengo las emociones equivocadas en el momento equivocado. Estoy enojada cuando debería estar alegre. O me alegro cuando debería estar enojada. A menudo estoy siendo dirigida por mis emociones, en lugar de dejarme dirigir por el Espíritu y la Palabra de Dios. Pero no hay nada malo en tener emociones.

De hecho, parte de ser completamente humana como hija de Dios es poder expresar emociones de una manera sana y equilibrada, según Dios.  Eso es parte de nuestro discipulado, llegando a ser a la imagen y semejanza de Cristo. Donde no silenciamos o enterramos nuestros sentimientos o emociones, sino que seamos capaces de expresarlos de manera piadosa y equilibrada.

Jesús experimentó todo lo que era parte de la composición humana. Experimentó la tentación, como hemos visto en esta serie. Experimentó la necesidad de depender de Su Padre Quien le dirigió a orar. Eso es parte de lo que significa ser humano. Si Él fuese solo Dios y no humano a la vez, ¿por qué habría tenido la necesidad de orar? ¿Por qué vemos ese patrón en Su vida de estar orando a Su Padre una y otra vez? Es porque Él era 100% hombre. Y Él vivía la vida en un cuerpo humano en este planeta como un hombre.

Poseía plenamente la naturaleza humana, sin poseer una naturaleza pecaminosa. Tenemos que tener en cuenta esta distinción y esta tensión. La naturaleza pecaminosa no es inherente a los humanos. Adán y Eva eran seres humanos sin una naturaleza pecaminosa, hasta que pecaron. Así que Jesús era completamente humano sin una naturaleza pecaminosa.

No fue hasta que Jesús vino a la tierra, plenamente Dios y plenamente hombre, que nosotras pudimos entender lo que Dios quiso decir y que intención tenía al decir, «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gen 1:26) ¿Cómo era eso? Adán y Eva fueron hechos a imagen de Dios, pero muy pronto dañaron eso. Se rebelaron contra Dios. Esa imagen fue destrozada, estropeada, rota.

Nunca hemos visto como es ser creado a semejanza de la imagen de Dios, solo Cristo. Cristo nos mostró como debemos vernoscomo nos deberíamos haber visto si no hubiésemos pecado. Envuelve tu mente en esto si te es posible. La vida que Jesús vivió en la tierra tenía la intención de mostrarnos lo que habría sido, y lo que seríamos, separadas del pecado. Totalmente humano. Cuanto necesitamos esa imagen. ¡El contemplar esa imagen nos ayuda!

Su humanidad no solo era necesaria para que nosotras viéramos como es un ser creado a la imagen de Dios, sino que era necesaria para que fuéramos salvas. Su humanidad, Cristo, que es el Dios invisible convirtiéndose en un ser humano hizo posible que nosotras seamos ahora hijas de Dios.

Leemos en Gálatas capítulo 4, los versículos 4 y 5 «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, (su deidad) nacido de mujer, (su humanidad) nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. (Gal 4:4-5). Para hacernos hijos de Dios, Jesús vino como el Hijo de Dios y se hizo hombre.

Cada día en este programa trato de explicarles el ¿qué? Pero ahora, vamos a ver y ahora ¿entonces qué? ¿Cuáles son lo implicaciones de esto? Déjenme mencionar algunas.

Primero que nada, el hecho de que Jesús era un hombre  lo hace un Dios accesible, un Dios a nuestro alcance.  Tengo una amiga que recibió un correo electrónico esta semana, y me dio permiso de compartirlo con ustedes. Esta señora que lo escribió dijo esto en su correo,

Me siento muy alejada de Dios. A veces es difícil llegar a Él, porque parece tan inimaginablemente poderoso, grande y distante, y porque es invisible y espiritual.

¿Te has sentido así alguna vez? Que no puedes acercarte a Dios. Él se ve tan lejano, no lo puedes ver. Bueno, en Cristo, Dios se acerca. Mira a Cristo y en Él tú verás cómo puedes acercarte a Dios. Él hace a Dios accesible a nosotras.

Después experimentamos una increíble gratitud y adoración al contemplar Su increíble condescendencia, que Él al ser igual a Dios, tomara la forma de humano. Déjenme leerles algunas citas de un teólogo llamado A.W. Pink quien ha escrito algunas cosas maravillosas acerca de la naturaleza de Dios. Él captura algo de esta maravilla, cito.

Dios se hizo hombre, pero ¿qué significa esto para ti y para mí? Nunca más  podrás tomar a la ligera el pecado, así como Jesucristo lo veía como algo tan destructivo que tuvo que venir del cielo a la tierra y sufrir lo peor lo que se le pudo presentar para darle un golpe mortal al pecado. Y nunca podrás tomar el amor de Dios a la ligera. No puedes tomar el pecado a la ligera porque Jesús se hizo hombre para tratar con él, pero tampoco el amor de Dios. Él no tenía porque convertirse en un hombre y sufrir como lo hizo, ¡pero lo hizo y lo hizo por ti! (2)

¿Cómo podemos dudar del amor de Dios cuando vemos que Cristo se hizo hombre?

Déjenme leerles un poco mas de A.W. Pink. Él dijo:

Es realmente increíble cuando el hombre fue hecho a imagen de Dios… ¡Pero me inclino de asombro y adoración a la asombrosa condescendencia de Dios al hacerse a la imagen del hombre! ¡Cómo esto manifiesta la grandeza de su amor y las riquezas de su gracia! Fue por su pueblo y su salvación que el Hijo eterno asumió la naturaleza humana y se humilló a sí mismo hasta la muerte. Dibujó un velo sobre su gloria para que Él pudiera quitar nuestro oprobio. Sin duda, los seguidores de aquel Salvador deben para siempre renunciar al  orgullo.

Se humilló así mismo. Veló su gloria. Tomó la carne y nuestra humanidad. Ahí está el poder de la encarnación. ¿Cómo no humillarnos ante Dios y ante los demás?

Aquí está otra aplicación, otro «¿entonces  qué?» de la humanidad de Cristo. Nos da gran ánimo y consuelo. Cuando nosotras experimentamos el cansancio físico, el dolor, las limitaciones humanas, toda una gama de emociones en este mundo caído, nos recuerda que Jesús ha vivido todo esto y más. Él se sujetó a sí mismo a las mismas leyes de la naturaleza a las cuales nosotras estamos atadas. Así que cuando batallemos bajo el peso de los problemas físicos, de los problemas emocionales, podemos clamar a Él y saber que Él nos entiende—Él puede compadecerse de nosotras.

El Salmo 103 dice, «Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro» (v.14 NVI) ¿Cómo lo sabe? No solo lo sabe porque Él nos creó, sino que lo sabe porque Él anduvo en nuestra piel. Humano como yo.

Eso es lo que lo hace misericordioso y fiel, sumo sacerdote, como dice Hebreos capítulo 2 quien se compadece de nosotras con nuestras debilidades y es capaz de ayudarnos.

Hay una antigua canción gospel que me encanta y dice:

¿Tiene cuidado Jesús cuando hay dolor en mi corazón?

¿Demasiado profundo para la alegría o la canción?

Al presionarme los problemas, y agravarse la angustia,

¿Y hacerse largo y pesado el camino?

¡Oh, Si! Él tiene cuidado, yo sé que Él tiene cuidado, Su corazón se angustia por mi dolor;

Cuando los días pesan, y las noches son largas y tristes, sé que mi Salvador tiene cuidado.

Lo sabemos porque Él ha estado ahí. El otro «¿Entonces qué?» como resultado de la humanidad de Cristo, Él nos dejó «un ejemplo», nos dice 1era de Pedro, que debemos seguir Sus pasos. Él no cometió pecado» (1Pedro 2:21-22). Quiero que medites en esto por un momento. Porque esto es impresionante si no has pensado en esto antes.

«Él nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. ¡No pecó nunca! Estamos llamadas a ser santas.  El pecado es una ofensa contra un Dios santo. Nos han dicho que debemos ser santas, seguir los pasos de Jesús, seguir Su ejemplo. ¿Cuántas de nosotras sabemos que no podemos ser santas? No lo somos. Somos pecadoras. Tenemos una naturaleza pecaminosa. Pero sin embargo se nos manda a ser como Él. Pero he aquí las  buenas noticias,  por Su gracia, podemos ser santas.

Procesa esto conmigo por un momento. Jesús era totalmente Dios—es como Él era santo. Era completamente Dios. Pero nunca confió en Su naturaleza divina, ni usó ningún tipo de poder sobrenatural  como Dios para vencer la tentación mientras estuvo aquí en la tierra.

Cuando Él superó Sus limitaciones, para que se cumpliera Su misión aquí en la tierra, Él no se basó en Sus poderes como Dios. Todavía tenía esos poderes, pero no descansó en esos poderes. Sin embargo, Él vivió una vida perfecta y sin pecado como un hombre, en un cuerpo humano.

¿Cómo lo hizo? Dependiendo del poder del Espíritu Santo. Usando los mismos recursos que tenemos disponibles nosotras como seres humanos. Fíjate en esto porque cambiara tu paradigma sobre cómo responder ante la tentación, cómo tratarás de vivir la vida Cristiana. Jesús enfrentó las mismas tentaciones, las mismas luchas diarias, el mismo cansancio, el mismo agotamiento, las mismas debilidades que nosotras experimentamos, pero sin pecado. Él respondió perfectamente bajo presión. ¡Oh, que pudiera yo decir esto!

Él obedeció a Dios en las circunstancias más adversas. Él amaba a la gente difícil de ser amada. Confiaba en el corazón de Su Padre cuando Él no podía ver Su mano. Venció como hombre en el poder del Espíritu Santo. Como hombre, vivió y operó en el poder del Espíritu mientras estuvo aquí en la tierra. La buena noticia es que ese mismo poder está disponible para nosotras por Su Espíritu que mora en nosotras. Podemos triunfar. Podemos vivir la vida al tener a Cristo viviendo en nosotras.

Pon estos dos versículos juntos del libro de los Hechos: «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y poder”. (10:38) ¡Wao! Seguro Él hizo milagros. Dios le dio a Él, el poder en el Espíritu. Pero ahora veamos Hechos capítulo 1: «pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros»(1:8)

La humanidad de Cristo significa que como Cristo confió en el poder del Espíritu Santo para vivir esa vida perfecta, sin pecado, así nosotras podamos seguir Sus pisadas y depender y confiar en el mismo poder del Espíritu Santo, confiando en esos mismos recursos disponibles en que Cristo confió cuando hombre. ¿Anima eso tu corazón?

Leslie: Jesús era un ser humano. Probablemente ya habías escuchado eso antes. Pero cuando te enfocas en la verdad y en realidad la razonas, te ayuda a apreciar a Jesús en una forma totalmente nueva. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado guiando en este proceso. Esa enseñanza de la humanidad de Jesús es parte de la serie, El Cristo incomparable.

Cada día de la serie es una nueva oportunidad para pensar en quién era Jesús y lo que hizo. Muchas de nuestras oyentes están sacando provecho de la serie al leer el libro “El Cristo incomparable” por J. Oswald Sanders, disponible en inglés. Es un clásico escrito en los años 50s. Tuvo un profundo impacto en Nancy, en las semanas previas a la Pascua del año pasado.

Cuando ves las representaciones de Jesús en pinturas y películas, ¿has notado que siempre lo ponen como un hombre débil? Nancy Leigh DeMoss te reta a pensar en un aspecto importante de Cristo—Su masculinidad. Eso es lo que veremos en el siguiente programa, en la serie El Cristo incomparable aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. J. Mahaney. Christ Our Mediator. Multnomah, 2004, p. 42.

http://www.pacificchurch.com/wordpress/wp-content/uploads/2009/12/20091213_deity-of-Jesús.pdf (A. W. Pink, Gleanings in the Godhead).

http://www.pbministries.org/books/pink/Gleanings_Godhead/godhead_29.htm: (A.W. Pink, Gleanings in the Godhead).

4 «Does Jesus Care?» Frank E. Graeff, 1901.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

10/27 – La deidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

10/27 – La deidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-deidad-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice,  a la mayoría de la gente que te encuentras hoy…

Nancy Leigh DeMoss: No les importa un Jesús que es un gran hombre, un gran maestro o un filósofo moral, ni siquiera un profeta. Pero no quieren al Jesús con toda la autoridad y el poder porque eso significa que tendrían que rendirle cuentas. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Crees que Jesús era Dios?  ¿Realmente importa?  Escucha a Nancy abordar estas preguntas mientras enseña a un grupo de mujeres.

Nancy: Mientras continuamos hoy con nuestra serie El Cristo incomparable, y preparamos nuestros corazones para la Pasión de Cristo y para la semana santa, queremos ver hoy la deidad de Cristo y responder la pregunta: ¿Quién fue Jesús? ¿Es Él Dios o no?

Cuando hablamos de la deidad de Cristo, esa es la pregunta que estamos abordando: la divinidad de Cristo; el hecho de que Él es Dios.  Voy a comenzar por afirmar lo que las Escrituras enseñan en muchos lugares, como por ejemplo, 1ra a Timoteo capítulo 3, versículo 16: “Dios fue manifestado en la carne”.

Cuando Jesús vino a esta tierra y nació en Belén como un bebé, eso fue Dios manifestándose en la carne — lo llamamos la encarnación, — Dios tomando forma de carne humana.  Esta es la doctrina de la deidad de Cristo.  El hecho de que Él es Dios es fundamental para el Cristianismo.  Si eso no es cierto, entonces toda la estructura se derrumba.

Como dice Oswald Sanders en el libro que hemos estado siguiendo a lo largo de toda esta serie, El Cristo incomparable , “Si Jesús no es Dios, entonces no hay Cristianismo, y los que le adoramos no somos  nada más que idólatras”.

Esta doctrina de la deidad de Cristo, el hecho de que Él es Dios es de gran importancia.  Por lo tanto, no debe sorprendernos que a lo largo de la historia hayan desafiado Su deidad, haya habido ataques a Su deidad.  La gente ha disputado esto — incluso dentro de la misma iglesia.

En el siglo IV, por ejemplo, cientos de años atrás, había un obispo llamado Ario.  Él creía y enseñaba que Jesús era un ser altamente exaltado, pero un ser creado.  Que Él no era un ser no creado y eterno como el Padre lo es.

Así que se reunió el primer concilio de toda la iglesia en el año 325 D.C. en Nicea (una ciudad de la actual Turquía) para responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús?  El credo que surgió de ese concilio, el Credo de Nicea, todavía es recitado en muchas iglesias hoy en día.  Ese credo afirma que Jesús era de la misma naturaleza que Dios.

Ahora bien, hoy en día hay muchas religiones modernas que niegan la deidad de Cristo.  Permítanme solo mencionar algunas:

  • Los Unitarios por ejemplo creen que Jesús era “un hijo de Dios” pero no “el Hijo de Dios.”  No creen que Él es único, el Cristo incomparable.
  • Los mormones creen que Jesús fue creado por Dios y es un “hermano” de Satanás, que Jesús fue una vez un hombre que vivió en otro planeta.  Eventualmente Él progresó para ser igual a Dios, y Él vino a colonizar el planeta tierra con los “que  se convertirían en dioses” o sea seres humanos.
  • Los testigos de Jehová creen que Jesús fue solo un hombre perfecto, no Dios en la carne, y que antes de Su vida terrenal Él era el Arcángel Miguel, el primero en rango dentro de los ángeles creados.

Así que cuando esas personas llegan a tu casa a discutir sobre las religiones contigo y utilizan algunas de las mismas palabras y Escrituras con las que tú estás familiarizada, reconoce que le están dando diferentes significados a muchos de esas mismas palabras y conceptos de las Escrituras.

  • Los musulmanes por otro lado creen que Jesús fue un profeta nacido de una virgen, pero que no era Dios.

Así que tenemos diferentes religiones que niegan la deidad de Cristo, pero lo que es particularmente interesante para mí es que en los últimos 100 años ha habido un esfuerzo concertado por parte de algunos supuestos eruditos bíblicos para desacreditar la deidad de Cristo.

Quizás has escuchado el término “la búsqueda del Jesús histórico”.  El objetivo de este movimiento es supuestamente darnos una imagen del “Jesús real” al separar, cito: los hechos históricos de la mitología. Y para poder hacer eso, han tenido que analizar el registro bíblico.

Esta filosofía, la búsqueda del “Jesús histórico” tiene sus raíces en la filosofía del naturalismo.  Esa es la creencia que si algo no puede ser comprobado científicamente, no puede ser verdad.  Esta creencia rechaza lo sobrenatural.  Por lo tanto, los relatos bíblicos de Jesús como haber nacido de una virgen, o caminar sobre el agua, hacer milagros, que se levantó de los muertos, ellos descartan estas cosas porque dicen que no pueden ser objetivamente probadas como ciertas.  Estos son los eruditos bíblicos que llegan a esta conclusión.  Pero lo que pasa es que ponen en duda la fiabilidad de todas las Escrituras.

La cuestión central en el corazón de todo esto es la siguiente pregunta: ¿Es Jesús realmente Dios?  No hay pensadores serios actuales que nieguen que Él era una figura histórica.  Hay mucha evidencia para apoyar esto.  El debate es  sobre si este rabino judío que vivió en Palestina hace 2000 años era en realidad Dios en la carne.

Estoy convencida que la gente está intrigada por Jesús.  No lo pueden negar.   Pero quieren a un Jesús humano o al menos uno que es más humano que Dios.  No les importa un Jesús que es un buen hombre, o un gran maestro o un filósofo moral, ni siquiera un profeta, pero no quieren a un Jesús con toda la autoridad y el poder porque eso significa que tendrían que rendirle  cuentas.

Esta es una perspectiva diluida de Cristo — Él es un buen hombre; Él es un profeta, pero realmente no es Dios.  Él no hizo estas cosas sobrenaturales. En los medios de comunicación se le ha dado mucho espacio a esta perspectiva sobre Cristo.  Hay muchas revistas de noticias, especiales de televisión, libros populares en los últimos 20 ó 30 años, incluyendo cosas como la novela de Dan Brown El Código DaVinci”.

En ese libro de Dan Brown afirma una noción que se ha hecho popular en los últimos años, y es que “la doctrina de la deidad de Jesús, Su naturaleza divina,” dice Brown, “fue inventada unos 300 años después de su muerte por líderes eclesiásticos en el Concilio de Nicea que querían consolidar su control, entonces declararon que Jesús era Dios.”2  Él está diciendo que ellos inventaron esa doctrina 300 años después de la muerte de Jesús.

En “El Código DaVinci”, Brown afirma que “hasta ese momento de la historia [eso fue en el año 325 D.C. en el concilio de Nicea], Jesús fue visto por sus seguidores como un profeta mortal, un hombre grande y poderoso, pero un hombre y nada más.”3

Millones de personas compran y leen El Código DaVinci y creen lo que dice, aunque es ficción.  Entonces la pregunta es: ¿Está en lo correcto Dan Brown? o ¿Están las Escrituras en lo correcto?    Sabemos que la Biblia tiene la razón, pero si tú estuvieras hablando con alguien que ha sido más influenciado por El Código DaVinci que lo que ha sido influenciado por las Escrituras, ¿podrías mostrarle por las Escrituras que la deidad de Cristo no fue una doctrina inventada 300 años después de la muerte de Cristo?

Permíteme darte algunas evidencias:

La verdad es que, 700 años antes de que Jesús viniera a la tierra en forma humana, el profeta del Antiguo Testamento, Isaías, profetizó acerca del Mesías y dijo que Él era Dios.  A menudo escucharás Isaías capítulo 9, versículo 6, citado alrededor del tiempo de la Navidad:

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, ¿de quién está hablando? De Jesús) y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Setecientos años antes de que naciera Jesús, Isaías profetizó de Su nacimiento y dijo, “Él será Dios.  Él es Dios.”  Esto no fue inventado 300 años después de que Jesús viniera a la tierra.

Una vez más, y deberíamos citar Isaías capítulo 7 versículo 14, más que lo que lo citamos en Navidad, Isaías 7:14 dice:

He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, [esto no es exactamente un acontecimiento natural] y le pondrá por nombre Emmanuel.

¿Qué significa Emmanuel? “Dios con nosotros” el Hijo de esa virgen es Dios.

Jesús mismo afirmó ser igual a Dios.  Lo ves a través de las Escrituras: “Yo y el Padre uno somos” Juan 10 capítulo versículo 30.  “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” Juan capítulo 14 versículo 9.

Hay mucha evidencia bíblica y testimonio que apoya la doctrina de la deidad de Cristo.  ¿A qué nos referimos, una vez más, cuando hablamos de la doctrina de la deidad de Cristo? Nos referimos a que Jesucristo es de la misma esencia que Dios el Padre.

Mientras me preparaba para esta sesión me encontré con un libro escrito por dos autores que es muy útil en este tema.  Se llama Poniendo a Jesús en Su lugar: El caso de la deidad de Cristo”, disponible en inglés (Putting Jesus in His Place: The Case for the Deity of Christ). En este libro, los autores presentan evidencia de la deidad de Cristo en cinco categorías

Solo déjame darte una visión general, y si estás interesada en conocer más de esto, puedes conseguir una copia de ese libro:

  • En primer lugar, Jesús comparte los honores tributados a Dios.  Vemos en las Escrituras que el Hijo debe ser honrado, adorado, y amado así como nosotros honramos, adoramos y amamos al Padre.  Él comparte los honores tributados a Dios.
  • Segundo, Él comparte los atributos de Dios.  Atributos únicos de Dios — Su omnipotencia (Él es todopoderoso), Su omnipresencia (Él está en todo lugar), Su omnisciencia (Él lo sabe todo).  Estos son atributos de Dios, pero también son atributos que en las Escrituras se le atribuyen a Cristo.  Él comparte los atributos de Dios.
  • En Tercer lugar, Jesús comparte los nombres de Dios.  Nombres que son dados a Dios en el Antiguo Testamento los ves dados a Jesús en el Nuevo Testamento: como por ejemplo, Señor, Salvador, Rey, Yo Soy, y muchos otros.  Él comparte los nombres de Dios.
  • Número cuatro, Jesús comparte las acciones que Dios hace.  Hay muchas obras en las Escrituras, obras que son prerrogativa exclusiva de Dios en el Antiguo Testamento que se le atribuyen a Cristo en el Nuevo Testamento.

Por ejemplo, leemos que Dios es el creador y sustentador del universo.  Pero en Colosenses capítulo 1 leemos que Cristo creó todas las cosas (ver versículo 16).  Lo mismo en Juan capítulo 1; Él creó todas las cosas.  “y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (v. 3).  Él es el creador y el sustentador del universo.

Vemos a Jehová Dios ejercer control soberano sobre las fuerzas de la naturaleza, y vemos a Jesús en una barca ejerciendo control sobre las fuerzas de la naturaleza de un tempestuoso mar.

Vemos a Dios perdonando pecados, y vemos a Jesús que tiene el mismo poder de perdonar pecados.  Jesús comparte las obras que Dios hace.

  • Y finalmente la número cinco, Jesús comparte el asiento del trono de Dios.  Él ejerce autoridad sobre todas las cosas.  Él ejerce juicio divino.  Él es exaltado sobre todas las cosas creadas, incluyendo a los ángeles.  Vemos a Dios sentado en el trono ejerciendo autoridad y juicio, y vemos a Cristo sentado en ese mismo trono. Así que, todas estas evidencias apoyadas en las Escrituras presentan a Cristo como de la misma esencia que Dios Padre.

He estado memorizando y meditando un poco en libro de Colosenses en las últimas semanas, mientras he estado trabajando en esta serie.  El libro de Colosenses deja claro que Cristo es Dios: “Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud”.  Nos dice Colosenses 1:19.

Luego, en Colosenses 2:9 dice: “Porque toda la plenitud de la deidad reside corporalmente en Él”.

Es cierto que es un misterio.  Es cierto que no puedes entenderlo con una mente racional y natural.  Si no crees en lo sobrenatural, no puedes creer en la deidad de Cristo. Por eso es que este seminario de Jesús, estos supuestos teólogos se han propuesto refutar la deidad de Cristo, porque no creen en lo sobrenatural.  Pero lo cierto es que, que hay realidades que van más allá de lo que podemos experimentar con nuestras mentes y sentidos humanos, y una parte de ese misterio es que “en Cristo la plenitud, toda la plenitud de la deidad reside corporalmente en Él”.

En su clásico libro apologético llamado “Mero Cristianismo”, C.S. Lewis tiene un famoso desafío para aquellos que dicen que Jesús es un gran maestro moral, pero rechazan Su afirmación de ser Dios.   Quizás has escuchado esta frase antes, pero creo que es tan buena que amerita leerla otra vez.  Él dice:

Un hombre que fuera solamente un hombre y dijera la clase de  cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. Él sería o un lunático -o de lo contrario sería el diablo mismo del infierno.

O bien sabia Él que lo que estaba diciendo no era verdad, en cuyo caso sería un mentiroso, o no sabía que lo que estaba diciendo no era verdad y estaba loco.  Eso es lo que C.S. Lewis está diciendo.

Pero en cuanto a ti tienes que tomar tu decisión.  O este hombre fue, y es, el Hijo de Dios: o es un loco o algo peor.  Puedes tomarlo como un tonto, puedes escupirle y matarlo como a un demonio; o puedes caer a Sus pies y llamarle Señor y Dios. No vengamos con la idea condescendiente y sin sentido de que fue un gran maestro humano.  Él no ha dejado esa posibilidad abierta para nosotras.

¿Ves el desafío ahí?  Si Él es quien Él dice ser, entonces Él es Señor.

Ahora bien, la mayoría de nosotras afirmamos intelectualmente que Jesús es Dios.  Así que la pregunta que quiero que reflexionemos aquí por un momento es: ¿Y qué?  ¿Cuáles son  para nosotras las implicaciones de Su deidad?  Si Jesús es verdaderamente Dios, ¿Qué diferencia hace eso?  Me temo que muchas de nosotras como seguidoras de Cristo damos consentimiento intelectual a estas pero que no siempre estas verdades cambian nuestras vidas.  No es suficiente que conozcamos estas verdades.  Se supone que deben radicalmente moldear y cambiar nuestros mundos.

Entonces, ¿Cuál es el “Y qué” de la deidad de Cristo?  Bueno, déjame mencionar dos o tres de ellos:

Si Jesús es Dios, o mejor dicho: Ya que Jesús es Dios…

Primero, eso quiere decir que es posible que podamos conocer a Dios.  Podemos conocerlo a través de Jesucristo, que se nos dice en Colosenses capítulo 1, versículo 15 que: “Él es la imagen del Dios invisible”.  No podemos ver a Dios, pero Jesús vino a esta tierra, en forma de hombre para que pudiéramos ver la imagen…la viva imagen…del Dios invisible.

Nadie en esta sala ha visto a mi padre Art DeMoss.  Él ha estado con el Señor por más de 30 años, pero las personas que lo conocieron dicen que cuando me ven a mí, ven a un Art DeMoss en mujer.   Los ojos grandes.  Ahora bien, yo no soy la imagen EXACTA de mi padre terrenal, pero me parezco mucho a él.

Jesús es la imagen exacta de Dios.  No solo se parece a Dios;  Él es Dios, y Él nos hizo conocer a Dios.  Eso quiere decir que ¡Dios es conocible!  Lo puedes conocer hoy porque Jesucristo, quien vino a esta tierra, lo manifestó, lo reveló, y lo dio a conocer.

Luego hay otra implicación: Ya que Jesús es Dios, Él es exaltado sobre todos los demás hombres, todos los otros gobernantes, todos los otros líderes religiosos, y todos los otros supuestos dioses.  Él es el Cristo incomparable, no hay nadie como Él.  Y como tal, Él debe ser adorado, reverenciado, honrado, exaltado.

Pienso que en nuestra generación hemos hecho mucho hincapié en la humanidad de Cristo.  Él es un hermano, es un amigo que quiere relacionarse con nosotros íntimamente.  Vamos a hablar de la importancia de Su humanidad en la próxima sesión, pero me temo que algunas de nosotras hemos perdido el sentido de Su transcendencia, Su grandeza, Su señorío soberano.  Eso quiere decir que debemos tener una actitud de reverencia y de temor hacia Él.

Luego, en tercer lugar: Puesto que Jesús es Dios, eso nos dice que Él es el camino exclusivo hacia Dios.  Si Él no es divino, entonces Él es solo un hombre.  Y si Él fuera solo un hombre, sería absurdo e idólatra adorarlo y seguirlo.  Y no podría ser “el camino, la verdad, y la vida” si Él no es Dios (Juan 14:6).  Pero si Él es divino — y lo es — entonces sus afirmaciones son ciertas.

Eso quiere decir que el Cristianismo no es solo una de las muchas alternativas religiosas de las que podemos escoger, como muchas, muchas personas nos han hecho creer hoy en día.  “Tú tienes tu religión.  Y yo tengo mi religión.  No me digas nada de eso de que la tuya es la única religión verdadera”.  La gente tratará de intimidarte hoy, y si no tratan de hacértelo a ti, tratarán de hacerlo con tus hijos en la universidad.  “¿Tú crees que ese es el único camino?”

Los cristianos están siendo intimidados hoy por aquellos que dicen, “La tuya es solo una alternativa religiosa”.  ¡No!  “No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” que no sea en el nombre de Jesús (Hechos 4:12).  No hay salvación en ningún otro nombre más que en Jesucristo.

Puedes ver esto muchas veces en el programa de Larry King.  Él lleva a John MacArthur o alguien así y dice, “¿Me estás diciendo que nadie puede ser salvo, excepto aquellos que creen en Jesús?”  No hay muchos líderes cristianos hoy que tienen la valentía para hacer lo que John MacArthur  hace y dice, “Sí eso es lo que te estoy diciendo, Larry.”  Esa es la verdad.

Si aceptamos que Jesús es Dios, esa premisa, entonces no podemos aceptar el concepto del pluralismo religioso— que todas las religiones son igualmente válidas y verdaderas.  Si Jesús es Dios en la carne, entonces lo que Dios dice acerca del pecado y de la salvación y el juicio es mutuamente excluyente con las creencias religiosas que niegan esas verdades y también con  los sistemas religiosos que promueven u ofrecen cualquier camino hacia Dios que no sea a través de Jesucristo.  

El fundador del cristianismo, Jesucristo mismo, afirmó ser Dios.  Él exige la total lealtad de Sus seguidores, y cuando proclamamos Su deidad, cuando decimos, “Jesús es el Señor.  Jesús es Dios,” realmente estamos diciendo, “Estoy destronando a todos los demás dioses de este universo, incluyendo los ídolos en mi propio corazón, y estoy poniendo a Cristo como Señor”.

Ahora, cuando lo hacemos, eso quiere decir que tenemos que obedecerle.  Porque Jesús dijo, “¿Y por qué me llamáis: “Señor, Señor,” y no hacéis lo que Yo digo?” (Lucas 6:46)  Así que otra implicación del hecho de que Él es Dios, si Él es Señor — y sí, lo es — si le llamamos Señor   y sí lo hacemos  entonces vamos a adorarlo, honrarlo exclusivamente, a confiar en Él a confiar en Sus promesas  y a obedecerlo como Señor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado tratando un tema importante.  A menudo muy controversial y puesto en duda hoy en día, pero Jesús es Dios.  Es una creencia básica que tenemos que mantener.

Si te perdiste algo del mensaje de hoy, puedes escucharlo de nuevo en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  Ahí es donde puedes ponerte al día con los mensajes que te hayas perdido de nuestra serie actual, El Cristo incomparable.  ¿Nancy?

Nancy: ¿Era Jesús realmente Dios?  Es una pregunta tan importante y me alegro de que fuimos capaces de abordar este tema en el programa de hoy.

Este programa es posible gracias al apoyo de  oyentes como tú. Así que si encuentras este tipo de enseñanza útil, ¿considerarías apoyar este ministerio con una donación?

El número a llamar es 1-800-569-5959, o puedes hacer tu donación en línea en www.AvivaNuestrosCorazones.com. Si nos llamas, asegúrate de pedir que tu donación vaya al ministerio hispano de Aviva Nuestros Corazones.

Leslie: “El pequeño Señor Jesús no llora.”  Esta idea aparece en un cuento popular de Navidad, pero probablemente no es verdad.  Nancy Leigh DeMoss describe una imagen de un Jesús completamente humano que lloró, comió, durmió, le dio hambre, y sintió emociones.  Eso es mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1Robert W. Funk. “The Coming Radical Reformation: Twenty-one Theses.” The Fourth R, Volume 11,4, July/August 1998. http://www.westarinstitute.org/Periodicals/4R_Articles/funk_theses.html

2Dan Brown, The Da Vinci Code, 2003, pp. 233-234.

3Ibid. p 324.

4Robert M. Bowman Jr. and J. Ed Komoszewski. Putting Jesus in His Place: The Case for the Deity of Christ. Grand Rapids: Kregel, 2007.

No Es Como Yo, Jesús Adrián Romero, El Aire de Tu Casa ℗ 2005 Vastago Producciones.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

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9/27 – La tentación de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

9/27 – La tentación de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-tentacion-de-cristo/

Leslie Basham: Está con nosotros Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pienso que todas nosotras estamos familiarizas con “Las Crónicas de Narnia” del autor C. S. Lewis. De estas historias mi favorita es la de  «El León, la Bruja y el Ropero» (The Lion, the Witch, and the Wardrobe.)  Es posible que ustedes hayan leído estos libros y que también hayan  visto la película.

¿Recuerdan la escena donde Edmund cae dentro la ciudad de Narnia desde el ropero,  quedando solo y perdido en un frío y nevado bosque?  Repentinamente, de la nada, Edmund  oye el  sonido distante de unas campanas y de pronto, a la vuelta de la esquina, ve venir un trineo; y sentada en lo alto del trineo ¿a quién vemos? A la Bruja Blanca. Ella detiene el trineo, se baja para hablar con Edmund y al hacerlo, recuerda la antigua profecía, de que su vida y su reino terminarían cuando dos hijos de Adán y  dos hijas de Eva se sentaran en el trono de Cair Paravel.

Así que, pretendiendo ser su amiga, la Bruja invita a Edmund a que suba al trineo con ella y le pregunta si quiere algo de comer. Edmund le pide un delicioso postre turco, y por arte de magia ella produce uno. Lo que Edmund no sabe, es que este dulce está embrujado, y quienes lo prueban siempre va a querer más y nunca estarán satisfechos con solo una probadita.

La Bruja le promete a Edmund darle más de este dulce si él le trae a sus hermanos y hermanas a su casa; también le promete convertirlo en príncipe y le dice que cuando ella ya no esté él será el rey. Este deseo por el poder y los placeres llevaron a Edmund a ceder a la tentación y al final, termina traicionando a sus hermanos y hermanas. 

Leslie: Este es el programa Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss – en la voz de Patricia Saladín.

Hemos estado llevando a cabo un estudio profundo sobre El  Cristo incomparable, basado en el libro de  Oswald Sanders.

Esta pequeña reseña que Nancy hace  sobre Las Crónicas de Narnia nos lleva a una importante discusión.   

Nancy: Cuando pienso en esta historia, viene a mi mente una escena muy importante de la vida del Señor Jesús.

La tentación de Cristo tiene algunos paralelismos con la tentación de la Bruja a Edmund, pero damos las gracias que la tentación de Cristo tuvo un final muy diferente. Si tienen sus Biblias abiertas por favor vayan conmigo al Evangelio de Mateo, al capítulo 4.

La tentación de  Cristo se relata en tres de los cuatro evangelios—en Mateo, Marcos y Lucas—los cuales son llamados «evangelios sinópticos». En esta ocasión estaremos saltando de uno a otro, pero básicamente seguiremos el relato que se encuentra en Mateo  capítulo 4 comenzando en el versículo 1.

«Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” (vv. 1-3).

Vamos a detenernos aquí por un momento para hacer algunos comentarios. «entonces, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto»—cuando leemos el relato de Marcos él nos dice: «inmediatamente»- ¿inmediatamente después de qué? ¿Qué ocurrió antes de esto?

Como vimos en nuestra última sesión,  el evento que antecedió a la tentación de Cristo fue Su bautismo. Él había estado en el río Jordán para ser bautizado por Juan, donde Él pasó por la increíble experiencia de ser señalado por Juan el Bautista como «El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Jesús había sido bautizado por Juan y  había escuchado la voz desde el cielo diciendo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17).

Esta fue una experiencia maravillosa y única, pero inmediatamente después de ser bautizado Cristo experimentó la tentación en el desierto.

Hace un tiempo atrás leí una frase de un escritor que nunca he podido borrar de mi mente: «después de la bendición viene la batalla”. Después de la bendición de Su bautismo, Cristo enfrentó la tentación en el desierto.  ¿No es así como ocurre con frecuencia en nuestra vida espiritual?

Pasamos por una maravillosa experiencia con Dios, por una increíble victoria espiritual y por una experiencia íntima con Cristo; experimentamos una «marea alta» en nuestro caminar con Cristo, pero sucede que al día siguiente, en la próxima hora, en el próximo minuto o en la siguiente etapa de nuestras vidas; nos encontramos en el desierto, siendo tentadas, atacadas por Satanás y luchando para no caer. La tentación nos sobreviene repentinamente.

No debería  sorprendernos el hecho de que esto ocurra así, estas experiencias suceden y debemos estar preparadas para enfrentarlas; así como tampoco debería  sorprendernos el hecho de que el Diablo esté involucrado en estas tentaciones.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo». Marcos nos dice en su relato  de la tentación, que el diablo es también llamado «Satanás», él es el enemigo personal de Cristo y el incansable enemigo de Dios y de todos los que siguen a Cristo.

Notemos que desde el Huerto del Edén—cuando Satanás logró que  Adán y Eva se rebelaran contra la autoridad de Dios —Dios le había permitido a Satanás ejercer cierto tipo de control en la tierra. Satanás está totalmente consciente de que él no es omnisciente —es decir, que no lo sabe todo—pero en ese momento a él no le quedaba la menor duda de que el Hijo de Dios había venido al mundo 30 años atrás, tomando forma humana para redimir y reconciliar el hombre caído con Dios.

Probablemente Satanás escuchó a los ángeles cantar en los cielos cuando los pastores estaban en el campo la noche que Cristo nació en Belén.  “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres» (Lucas 2:14). Imagino que Satanás no solo escuchó a los ángeles,  sino que  sospecho que también escuchó la voz del Padre desde los cielos el día que Jesús fue bautizado cuando dijo: «Este es mi Hijo amado»; él sabía muy bien lo que estaba sucediendo.

Satanás estaba consciente de que su poder en el corazón de los hombres y en los reinos de este mundo sería puesto a prueba, sabía que si Cristo tenía éxito en Su misión, él sería vencido; también se acordaba de la maldición que miles de años atrás Dios pronunció contra la serpiente en el Huerto cuando dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal».  (Génesis 3:15). ¡Él sabía que estaba vencido!

Satanás se sentía amenazado, no podía quedarse tranquilo y dejar que Jesús comenzara Su ministerio, que pisoteara su poder y él se quedara sin hacer nada para tratar de  impedirlo.  Por lo tanto esta tentación no debería sorprendernos, como tampoco  debería sorprendernos que las tentaciones vengan a nuestras vidas.

Si eres una seguidora de Cristo, Satanás sabe que te está perdiendo; y no solo esto, si no también que vas a influenciar a otros para que no lo sigan. No te sorprendas si después de comprender esta gran realidad sobre quién es Cristo—quizás después de un día tan especial como es ese—que lleguen diversas pruebas y tentaciones a tu vida. Sin embargo, si tienes presente quién está detrás de todas ellas, y quién es tu enemigo, no tendrás por qué ceder a ellas. Veamos ahora cómo se enfrentó Cristo al tentador.

El relato nos dice que Cristo fue tentado por Satanás, por el maligno, aunque también nos dice en el versículo 1 que “Él fue guiado por el Espíritu al desierto».  Aquí vemos a Jesús, el Hijo Amado de Dios, siendo guiado al desierto para ser tentado por el maligno, y ¿quién lo está guiando? El Espíritu Santo. El hecho de que él era el Hijo de Dios, de que era completamente obediente al Padre, de que nunca había pecado y de que nunca  había  hecho nada malo, no lo eximió de ser tentado. No lo eximió de experimentar una tentación muy, pero muy difícil.

Les diré que aunque esta tentación fue parte del plan de Dios, fue Satanás quien trajo la tentación, Cristo fue tentado por el mismo diablo. Porque Dios no tienta a ninguna persona, pero Dios puso a Cristo en el lugar donde iba a ser tentado por el maligno. Era necesario que Cristo enfrentara esta tentación, que pasara por ella, la soportara y la venciera para poder representarnos como nuestro Salvador.

Al momento de la tentación recuerda el hecho de que aunque Satanás esté involucrado en este proceso, es el Espíritu Santo quien te está guiando a ese lugar donde serás tentada, y Aquél que te guía a ese lugar también te guardará y te protegerá en esa situación.

Pensemos ahora en el lugar donde ocurre la tentación de Cristo,  en un desierto seco y desolado, donde además de Cristo estar cuarenta días sin comer, el relato de Marcos nos dice que Él estaba rodeado de fieras.  Esta es una referencia interesante, sobre todo esta pequeña frase, «y estaba entre las fieras» (1:13).  Particularmente a mí no me gustan los animales salvajes, es más, ¡ni siquiera me gustan los mansos!

Este era un lugar peligroso, desolado. Esta fue una tentación  larga, extensa y que se prolongó por muchos días. Cristo estaba solo, sin ninguna compañía humana, sin amigos y sin nadie que le diera ánimo. Fue bombardeado por la tentación, bombardeado por el maligno durante 40 largos días.

Es importante que recordemos el contexto cósmico y el trasfondo de la tentación de Jesús en el desierto. Satanás siempre ha querido ocupar el trono de Dios, esta lucha por el poder se remonta a la primera vez que lo intentó y fue arrojado del cielo.

En el contexto de la tentación en el desierto, Satanás está tratando de usurpar la autoridad de Cristo al incitarlo a que se someta a su voluntad—a la de Satanás. Sin embargo, Cristo no se somete a ninguna otra autoridad que no sea la del Padre, Cristo vence a Satanás invocando una autoridad superior, la autoridad de la Palabra de Dios. Veremos esto al considerar la primera tentación en el versículo tres:

«Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (vv. 3-4).

¿Cuál es la tentación aquí?  La tentación es que Cristo ceda a sus necesidades temporales, físicas e inmediatas independientemente de Dios.  Es la tentación de elevar nuestras necesidades físicas y materiales sobre las espirituales, la de vivir para lo temporal, para el aquí y el ahora, en vez de vivir para las cosas eternas.

Es la tentación de querer suplir nuestras necesidades a nuestra manera, en lugar de a la manera de Dios. Esta fue la tentación de que Jesús supliera sus necesidades a su manera, en lugar de a la manera de Dios. Nosotros como seres humanos tenemos una gran cantidad de necesidades, tenemos deseos sexuales, tenemos necesidad de compañía y tenemos necesidades materiales; estas necesidades en sí mismas no son pecaminosas. No es pecado querer satisfacer nuestras necesidades, la tentación ocurre cuando tratamos de hacerlo a nuestra manera y no a la manera de Dios;  es cuando queremos tomar las cosas en nuestras propias manos, cuando queremos resolver los problemas por nosotras mismas, y en nuestro propio tiempo, en vez de esperar en Dios para que sean suplidas.  

Veamos ahora  la segunda tentación en el versículo 5:

«Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: ‘a sus ángeles te encomendará’ y: ‘En las manos  te  llevarán no sea que tu pie tropiece en piedra.» (vv. 5-6).

En esencia lo que Satanás está diciendo es: “¿Estás seguro de que puedes confiar en Dios?» Esta es la tentación en que tendemos a demandar de Dios que nos pruebe si sus promesas son realmente verdaderas.  Satanás inclusive utiliza la Palabra de Dios para ello;  de hecho las dos cosas que él le dice: «a sus ángeles te encomendará, y en las manos te llevarán no sea que tu pie tropiece en piedras» son citas de  las Escrituras tomadas del Salmo 91 los versículo 11-12.

¿Pueden ustedes imaginarse a Satanás utilizando las Escrituras para tentarnos? Es interesante notar que él cita el Salmo 91, pero no solo lo cita fuera de contexto, sino que también lo cita erróneamente dejando fuera el próximo versículo: «Sobre el león y la cobra pisarás; hollarás al cachorro de león, y a la serpiente” (v.13) De hecho, este pasaje predice  la derrota de Satanás cuando nos dice que: “la serpiente será aplastada”, por esto él no cita esta parte, sino que la usa selectivamente.

Como podemos  ver en el versículo 7, Cristo también sabe utilizar las Escrituras para vencer a Satanás:

Jesús le dijo: También está escrito: «No tentarás al Señor tu Dios.» Otra vez el diablo le llevó a un lugar muy alto, y le mostró todos los reinos de este mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras.» (vv. 7-9).

¿Cuál es entonces la tercera tentación? Satanás quiere recibir la adoración que solo le pertenece a Dios, por eso le mostró a Cristo todos los reinos y los señoríos temporales de este mundo, ofreciéndole a Jesús que le daría poder, control y gloria sobre ellos, si postrado le adorase. ¿No nos ofrece Satanás lo mismo a nosotros en nuestros hogares y nuestros lugares de trabajo?  El pensamiento viene de la siguiente manera: “Quiero poder, quiero control; no me interesa el control del mundo entero —solo quiero tener control sobre mi situación actual”.

Satanás nos ofrece gloria: «Quiero ser visto, quiero ser reconocida  quiero ser honrada».  Él nos ofrece todo esto,  pero ¿a qué precio? A cambio de nuestra adoración, de nuestra sumisión y de nuestro servicio a él.

Ahora, notemos que Satanás le está ofreciendo a Cristo algo que al final como quiera le pertenecía a Él: la autoridad sobre los reinos de este mundo. ¿Quién es el Rey y Señor sobre todo el mundo? ¿Quién es el Regente y Soberano con autoridad suprema y final sobre todo el mundo? ¡Es Cristo! Y Satanás le está ofreciendo lo que ya le pertenece pero a través de  un camino más corto, a través de un atajo que eliminaría la cruz. «Puedes tener todo esto sin tener que pasar por el sufrimiento, sin tener que morir». Es la tentación de obtener aquello que Dios quiere que Cristo obtenga, pero por otros medios que no son de acuerdo al plan de Dios.

Cristo le responde en el versículo 10:

Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito: «Al Señor tu Dios adorarás, y solo a Él servirás.» (vv. 10-11).

Ahora, cuando leemos el recuento de Lucas él nos recuerda que esta no sería  la última vez que Satanás tentaría a Cristo pues Lucas escribe: “Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno» (4:13). Satanás intentaría otra vez tentar a Cristo, de la misma forma que lo intentará una y otra vez en nuestras vidas; y esto ocurrirá  hasta el día en que el mismo sea finalmente derrotado, hasta el día en que sea eliminado de la escena y su poder quede totalmente destruido.

Pero volviendo a Mateo al capítulo 4, al versículo 11, y me encanta esta frase que dice: «y he aquí, ángeles vinieron y le servían.»  Al momento oportuno Dios le envió a Su Hijo una provisión sobrenatural; y quiero recordarte que Dios también mandará esta provisión para ti. Él sabe lo que tú necesitas, y también Él conoce en qué momento lo necesitas.

De hecho, Hebreos capítulo 11 nos dice que Dios manda Sus ángeles a ministrar a los creyentes. Yo nunca he visto uno, no puedo decirte exactamente cuándo estarán ahí, pero sí puedo decirte que la Palabra de Dios nos dice que Sus ángeles son siervos que ministran a nuestro favor.

Y ahora quisiera darles algunos consejos prácticos a manera de aplicación.

Jesús enfrentó a Satanás y fue tentado en su naturaleza humana.  Él no utilizó sus poderes divinos para vencer esta tentación, si lo hubiera hecho podríamos decir: «Claro que pudo vencer la tentación; porque Él es Dios y yo no». Cristo venció al enemigo en su naturaleza humana, estando en la condición de hombre, utilizando los mismos recursos que nosotras tenemos disponibles al día de hoy. ¿Cuáles son estos recursos?

El Espíritu Santo  que lo llevó a este lugar.

La Oración—recuerden Su bautismo, Cristo le oró al Padre al momento de ser bautizado.

La  gracia de Dios, que está disponible para aquellos que se humillan y claman a Dios conscientes de su necesidad de Él.

La  Palabra de Dios— la espada del Espíritu, el arma que usamos contra el enemigo. Los versículos que Cristo citó los había memorizado en su niñez. Él creció meditando en ellos y los aplicó en el  momento en que tuvo la necesidad de utilizarlos. De la misma forma en que lo hacemos nosotras cuando nos enfrentamos a una tentación.

Él enfrentó la tentación en Su naturaleza humana y utilizó los mismos recursos que están disponibles para nosotras cuando somos tentadas.

En segundo lugar: Cristo puede ayudarnos en la tentación porque Él mismo venció la prueba en el desierto. Por esto, cuando somos tentadas por el maligno, Él puede venir a nuestro rescate.

Veamos algunos versículos de los capítulos 2 y 4 del libro de Hebreos que tocan este tema.  Voy a compilar todos estos versículos juntos para que tengamos una idea más clara. Estos versículos son preciosos, están llenos de riquezas y contienen promesas maravillosas.

Hebreos nos dice:

Por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados. (2:18)

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. (4:15).

Él es el Cristo Incomparable. Él fue tentado en todo pero se mantuvo sin pecado.

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (4:16).

Vemos  la palabra ayuda dos veces en estos versículos. «Él puede ayudar a aquellos que son tentados» y » El da gracia para la ayuda oportuna».

En el lenguaje original del griego esta palabra se usa para describir la soga o la cadena que amarra un barco que se está desarmando; este proceso se conoce como: “asegurar un barco”. La soga se amarra alrededor de todo la embarcación para mantenerla unida.

Esta es la misma palabra usada en Hechos capítulo 27 cuando Pablo navegaba hacia a Roma y fueron embestidos por una gran tormenta y el barco estuvo a punto de naufragar.  El autor del libro de los Hechos nos dice que  «usaron amarras para ceñir la nave» (v. 17) Esta palabra ceñir es la misma palabra ayudar. «Cristo está capacitado para ayudar a aquellos que son tentados».

Me encanta esta descripción porque cuando nuestras pequeñas barcas son embestidas por las tormentas y nos sentimos en peligro de sucumbir frente a los ataques de Satanás, frente a las tentaciones frente a las pruebas, es Cristo  quién nos mantiene en pie, quién nos ciñe y nos sostiene. Él puede hacerlo, Él puede ayudarnos porque conoce lo que es ser tentado y probado sin nunca haberse rendido ante la tentación

El drama cósmico que se estaba llevando a cabo en estos momentos, tanto en la tentación de Cristo en el desierto, como en Getsemaní, queda muy bien ilustrado en  la película La Pasión de Cristo, esta comienza con una escena bastante intensa en el Huerto de Getsemaní, y aunque la película se desvía un poco del recuento bíblico, pienso que nos da una visión bastante precisa al momento que  Cristo estaba a punto de entregar su vida en una cruz por el pecado del hombre.

En esta escena de la película La Pasión de Cristo, mientras Jesús derramaba su alma delante del Padre, Él fue tentado y probado por una personificación de Satanás, quien lo tienta a dudar de Dios y a aferrarse a su vida.  Al aumentar la tensión del momento se ve una serpiente contorsionandose hacia Jesús quien yace postrado en el suelo clamando a Dios. Al final de la escena, Jesús se pone de pie determinado a hacer la voluntad de Su Padre e inmediatamente aplasta a la serpiente—una referencia a la profecía en Génesis 3 sobre el Mesías que vendría y de quien se dice: que la serpiente le herirá en el calcañar pero que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15).

Cuando Jesús resistió la tentación de Satanás en el desierto y de nuevo en el huerto de Getsemaní, Él notificó a las potestades tanto del cielo como del infierno, que Él era el Señor Soberano y que jamás se postraría ante Satanás.

Como dice Pablo en Romanos  capítulo 16 versículo 20: “Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies.  La gracia de nuestro Señor Jesucristo, sea con vosotros.” 

¿Amén? Amén.

Leslie: Cuando Jesús enfrentó la tentación en el desierto había mucho en juego. Nancy Leigh DeMoss ha esbozado un cuadro de la batalla del Salvador contra el mal, mientras Él ayunó durante 40 días en el desierto. Este mensaje es parte de una serie titulada, El Cristo incomparable.

Nancy redactó estos mensajes luego de leer “El Cristo incomparable” de J. Oswald Sanders  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Es una obra clásica de lecturas diarias que les ayudará a conocer aspectos de la vida de Jesús que tal vez nunca antes habían considerado. Al leer este libro y escuchar esta serie en estos días que preceden la Semana Santa podrán celebrar con una apreciación renovada de quién verdaderamente es Cristo

¿Fue Cristo el Dios verdadero hecho hombre?  ¿Es esto importante? Nancy Leigh DeMoss dice, “Si Jesús no fue Dios en toda Su Plenitud, nuestra fe sería vana.” Descubramos el porqué de esta afirmación cuando regrese Aviva Nuestros Corazones

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A Narnia Lullaby, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records; The White Witch, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records; Only the Beginning of the Adventure, Harry Gregson-Williams, The Chronicles of Narnia – The Lion, the Witch and the Wardrobe ℗ 2005 Walt Disney Records.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

8/27 – El bautismo de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

8/27 – El bautismo de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-bautismo-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: Cada cuatro años en los Estados Unidos se celebra un evento llamado «la inauguración presidencial».  Esta es  una  ceremonia oficial pública que se lleva a cabo frente a una gran cantidad de espectadores, en la cual el presidente es juramentado en su oficio. Esta inauguración marca el comienzo del período de su liderazgo.  Es en este momento cuando él asume el oficio o posición de autoridad en el poder.

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss, dirigiendo nuestra atención a los eventos importantes que marcan los comienzos.

Nancy: En estos últimos programas, hemos considerado la vida y la obra de Jesús antes de venir a esta tierra. Hemos considerado también, Su encarnación, Su niñez, Su adolescencia, Su vida de adulto joven, Su vida de trabajo como carpintero y constructor. Hoy, consideraremos  el evento que, en cierto sentido, se corresponde a Su inauguración o Su ordenación. Observaremos algunas semejanzas en estas ceremonias. Esta fue la ceremonia pública que marcó el final de Su vida privada y que inauguró Su ministerio público en esta tierra.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que anteceden a la Semana Santa, o la Semana de la Pasión, veremos el retrato del Cristo incomparable. Estaremos siguiendo el bosquejo del libro llamado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Muchas de ustedes están siguiendo el libro durante este estudio, lo cual es bueno pero no es necesario para sacarle el provecho a esta serie.

Hoy consideraremos el capítulo 7 sobre el bautismo de Cristo—otra mirada al Cristo incomparable. Ahora, cuando un cristiano se bautiza ésta es una ocasión gloriosa, pero en Su bautismo, Cristo fue incomparable.  Nunca ha habido, ni habrá, un bautismo como éste.

Les pido que vayamos al Evangelio de Mateo, el primer libro del Nuevo Testamento, al capítulo 3.  “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.»  (vv. 1-2).

Juan fue enviado a proclamar la venida del Reino de los Cielos y la venida del Rey de este Reino. “Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.» (vv. 5-6).

El bautismo es un ritual, es una ceremonia que simboliza el lavamiento y la limpieza de nuestros pecados.  Estas personas que venían a ser bautizadas estaban proclamando públicamente que eran pecadores, que necesitaban ser lavados. Ellos estaban entregándose a la misericordia de Dios, habiendo entendido que no  podían salvarse a sí mismos. El bautismo no los iba a salvar, pero era la expresión visible de la obra que ya había sido hecha en sus corazones, una obra que la Biblia llama arrepentimiento.

Arrepentimiento simplemente significa un cambio de pensamiento, un cambio de corazón o un cambio de dirección. Tú ibas en tu propio camino, viviendo tu propia vida, haciendo tus propias cosas, y Dios te detiene; entonces te das cuenta que eres pecadora con la necesidad de ser salvada por Dios. Te detienes, y por la gracia de Dios te arrepentiste y das media vuelta y vas en otra dirección. Pones tu fe en Cristo para que Él te cambie, para que te de un corazón nuevo y una nueva inclinación. Este acto de fe y de arrepentimiento es simbolizado en la ceremonia del  bautizo.

Ahora, estos creyentes fueron  bautizados antes que Cristo muriera en la cruz. Este fue un periodo de transición, pero hoy en día nosotros tenemos un mayor conocimiento sobre Cristo.

Miramos hacia atrás y nos regocijamos en el hecho de que Él ya vino. En el bautismo declaramos nuestra lealtad al Rey de Reyes y a Su reino.

Volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 11. Dice: “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego. El bieldo está a su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible.» (vv. 11-12).

El autor  nos está diciendo esencialmente que Cristo va a separar los que pertenecen a  Él, de los que no. Unos irán a la salvación eterna y los otros a la condenación y juicio eternos.

El versículo 13 nos dice:  “Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él, pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mi? ” (vv. 13-14). Y respondiendo Jesús,  le dijo: Permítelo ahora” Juan el Bautista le dijo: «no soy digno de quitarte las sandalias, y Jesús le respondió, «yo quiero que tú me bautices a mí», Juan le dice: «Yo necesito ser bautizado por ti, y ¿Tú vienes a mi?»

“Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que se cumpla así toda la justicia. Entonces Juan se lo permitió».” (v. 15). En este pasaje vemos otra vez la humildad de Cristo. Podemos ver su humildad en Su nacimiento, a través de toda Su vida, en Su muerte, y podemos ver la humildad de Cristo a través de todos los evangelios.  Este es El Hijo de Dios, el Rey de Gloria, el Rey del Reino de los Cielos.

Aquí vemos a Cristo: sin pecado, sin necesidad de arrepentimiento, pero sometiéndose al bautismo de arrepentimiento. Me recuerda el texto de Isaías capítulo 53, este hermoso pasaje que habla sobre los sufrimientos de Cristo. En el relato se nos dice «que él fue contado entre los transgresores». “Déjame ser bautizado”. Él se identifica con los pecadores, con aquellos a quienes vino a salvar. Cristo se humilló para salvarnos. Esto fue lo que hizo de Cristo un salvador perfecto, el hecho de que él estuvo dispuesto a identificarse con los pecadores.

Aquí vemos no solo la obediencia de Cristo, sino también su humildad. Él dijo: «es conveniente que se cumpla así toda justicia». Cristo cumplió perfectamente toda la ley de Dios, y toda la voluntad de Su Padre celestial. ¿Había alguien hecho esto antes? No, ninguna persona jamás lo había hecho.  No importa cuán religiosa sea una persona, cuán respetada sea, ni que tan encumbrada esté en su sistema religioso. Nadie pudo ni podrá cumplir nunca la voluntad de Dios, y la ley de Dios a plenitud, solo Cristo y por eso Él es incomparable.

Estas son las buenas nuevas del Evangelio: que por medio de Su justicia, Su vida de obediencia es contada a nuestro favor. Los teólogos utilizan el término de «justicia imputada» para definir esto. Esto es lo que significa ser justificados. Ser contados como justos—no porque seamos justos—sino porque la justicia de Cristo es contada a nuestro favor.

Por esto fue necesario que Cristo cumpliera toda la justicia de Dios, de otra manera Él no podría justificarnos siendo nosotras  pecadoras y no podríamos, de ninguna otra forma, ser hechas justas.

Romanos capítulo 8 nos dice que “Dios lo hizo enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros” (vv. 3-4). La justicia de Dios es  cumplida en nosotros porque Cristo cumplió con toda justicia.

Esto me lleva a preguntar ¿existe algún área de justicia que yo no haya cumplido? Pudiera ser en el área del bautismo, vemos en las escrituras un patrón y una enseñanza de que aquéllos que han puesto su fe en Jesucristo, dan testimonio de ello pasando por las aguas del bautismo.

El bautismo no te salva ni te hace más espiritual. De hecho, el bautismo no es más que  la  expresión externa de lo que ocurre en tu interior.  Lo único que hace el bautismo es mojarte, pero si tu corazón ha sido transformado, si has creído en  Cristo como tu Salvador,  y si te has arrepentido de tus pecados, entonces el bautismo es un acto de obediencia.

Jesús dijo que era necesario para nosotros cumplir con toda justicia. Yo me pregunto si no habrá alguien hoy escuchando este programa en quien este simple acto de obediencia no ha sido cumplido en su vida porque no ha sido bautizado después de haber puesto su fe en Cristo.

Pero volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 16 “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente».  En el  bautismo de Cristo tenemos un retrato poderoso en el cual he estado meditando en estos días y me ha resultado difícil elegir las palabras que expresen todo lo que está representado  en este evento.

Cristo no solo se sumergió en las aguas del bautismo, sino que también salió de las aguas.  Este es un retrato que representa  la muerte y la resurrección de Cristo a nuestro favor.  Romanos capítulo 6 versículo 4 lo expresa de la siguiente manera: “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida».

Esta es una ilustración de lo que pasa con nosotras cuando venimos a Cristo. Estamos unidas a Él en Su muerte y estamos unidas a Él en su resurrección. Somos sepultadas como viejas criaturas, y somos levantadas como nuevas criaturas. No por  las aguas físicas del bautismo, pues éstas solo simbolizan lo que pasa con nosotros espiritualmente: que hemos sido sepultados con Cristo en la semejanza de Su muerte y que hemos sido levantados con Cristo en la semejanza de Su resurrección.

Sin embargo, el bautismo de Jesús es el cumplimiento de algo más. Es el cumplimiento de la figura del sacerdote representada en el Antiguo Testamento. El sacerdote del Antiguo Testamento comenzaba su ministerio a la edad de 30 años. ¿Qué edad tenía Jesús cuando fue bautizado? Cerca de los 30. El sacerdote era lavado con agua en una ceremonia y Cristo está cumpliendo con esta tipología como nuestro Sumo Sacerdote.

De hecho en Levítico capítulo 8 tenemos una  descripción detallada de la primera vez que Aarón, el primer Sumo Sacerdote, y sus hijos, quienes también eran sacerdotes, fueron  consagrados o separados para el ministerio. En esa ocasión toda la congregación de Israel fue reunida en esta ceremonia pública. Leamos algunos versículos de Levítico capítulo 8, “Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón, lo vistió con el manto y le puso el efod; y lo ciñó con el cinto tejido del efod; con el cual lo ató. . . Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo. (vv. 6-7, 12).

Los sacerdotes eran lavados con agua y  vestidos con ropas y  ornamentos especiales, pero solo el Sumo Sacerdote era ungido con aceite. Las Escrituras utilizan comúnmente el aceite para representar la unción del  Espíritu Santo  para el servicio. Cristo cumplió con esta tipología del Antiguo Testamento al ser sumergido en las aguas del bautismo, representando así el lavamiento del agua—aunque Él no tenía ningún pecado por el cual necesitara ser lavado—sin embargo, Cristo fue investido por el poder de Dios y fue ungido con aceite por el Espíritu Santo cuando comenzó su ministerio público.

Lo vemos mientras continuamos leyendo el texto en  Mateo capítulo 3. ¿Que pasó cuando Cristo salió de las aguas del bautismo? «Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio el Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (vv.16-17)

Ahora, está claro que Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado. Él es el Cristo incomparable. Juan lo sabía, y los espectadores que estaban ahí ese día y escucharon la voz desde el cielo, también lo sabían. Los ángeles lo sabían y nosotros también lo sabemos al leerlo. Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado.

Veamos entonces los tres sucesos que tuvieron lugar cuando Cristo salió de las aguas del bautismo.

  • Los cielos fueron abiertos.
  • El Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre él.
  • El Padre habló desde los cielos.

Examinemos por un momento cada uno los acontecimientos que tomaron lugar en el bautismo de Cristo. Primero, los cielos fueron abiertos. Por cierto, en el recuento paralelo del bautizo de Cristo que se relata en Lucas capítulo 3, se nos da un detalle que no se encuentra en el relato de Mateo. Lucas nos dice «Jesús también fue bautizado; y mientras Él oraba, el cielo se abrió» (v. 21).

Jesús estaba en comunión con Su Padre,  orando. Él estaba utilizando los medios de la gracia. La intimidad con Dios viene  cuando utilizamos los medios de la gracia que Dios ha dejado disponibles para nosotros.

Imagínense esto de que los cielos fueron abiertos para Jesús. Desde Génesis 3, cuando Adán y Eva fueron echados del huerto del Edén por causa de su pecado y Dios les  prohibió entrar otra vez en este paraíso terrenal,  desde ese momento hasta el día de hoy, el acceso a la presencia de Dios en los cielos ha sido vedado para la raza humana.

Ninguna de nosotras  puede entrar a la presencia de Dios por nuestros propios medios, no podemos entrar al cielo, no podemos disfrutar de la compañía y de la comunión con Cristo para la cual fuimos creadas. El cielo está cerrado para nosotras a causa del pecado, pero Jesús, el Cristo incomparable, tiene acceso a la misma presencia de Dios, al trono de Dios en los cielos. ¿Por qué? Por la virtud de Su vida sin pecado, Él nunca pecó, Cristo nunca desobedeció al Padre, nunca resistió  Su voluntad.

Él tiene acceso constante al trono de Dios y a la misma presencia de Dios. Esto es lo que más amo sobre este tema; ¡que Jesús vino a esta tierra para que el cielo se pudiera abrir para nosotras, para que pudiéramos tener acceso a la misma presencia de Dios!

¿Saben lo que esto significa? Todas las religiones del mundo en esencia están basadas en el esfuerzo que hacen los hombres para llegar a Dios por sus propios medios, por sus propios esfuerzos, por sus propios méritos, por sus propias luchas y por sus propias religiones, pero el camino está vedado, el cielo está cerrado: Pero Jesús dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida;  nadie viene al Padre sino por mí». (Juan 14:6).

No existe otro camino—solo a través de Cristo podemos llegar al cielo—para esto Él vino a la tierra. Cristo no solo vivió una vida sin pecado, sino que murió la muerte que el pecador merecía, y porque Él murió como sustituto nuestro el cielo está hoy abierto para  nosotras.

¿Recuerdan cuando Esteban, el primer mártir cristiano, fue apedreado como nos relata Hechos en el capítulo 7? ¿Qué vio él?  Cuando él estaba a punto de morir él dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios» (v.56). Esteban no hubiera podido decir eso, ni tampoco  nosotras podríamos decirlo, si el Hijo del Hombre, Jesús el Hijo de Dios, no hubiese venido a la tierra, cumplido con toda justicia y muerto a nuestro favor para que el cielo fuera abierto para nosotras. Cristo nos abrió el acceso al Padre.

Me fascina el texto de Apocalipsis capítulo 4 versículo 1 donde  Juan está recibiendo la visión de lo que está pasando en el cielo y nos dice, «Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, y decía: sube acá.»  Si Cristo no hubiera vivido una vida sin pecado y muerto en nuestro lugar, esta visión no hubiera acontecido, los cielos no hubieran sido abiertos, la puerta habría permanecido cerrada para siempre, Dios nunca habría dicho: “sube acá, a mi lugar, y habita conmigo para siempre.”

Algunas de ustedes han estado en la iglesia toda su vida, han sido religiosas; pero para otras quizás todo esto sea nuevo y nunca hayan entendido verdaderamente el hecho de que el cielo ha sido abierto para aquellos que siguen a Cristo. Él  nos abrió el camino  a través de Su cruz. ¿No estás agradecida?  ¿No es esto increíble—que el cielo nos haya sido abierto? No porque seamos buenas, o porque  hayamos hecho algo bueno, tampoco  es porque hayamos hecho malabares para lograrlo, sino porque Cristo murió por nuestros pecados.

El segundo evento que tomó lugar, es que el  Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre Él. Esto me recuerda el versículo de Isaías 61 que dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos» (v. 1).  Cuando Jesús vino a esta tierra la plenitud del Espíritu Santo lo ungió para este servicio; lo ungió para proclamar el evangelio, las buenas nuevas a aquellos que están destituidos y que necesitan de un salvador.  ¿Cómo lo hizo? Por medio del Espíritu de Dios que estaba sobre Él.

De hecho, después que Jesús fue bautizado y ungido por el  Espíritu para el servicio, y después de la inauguración pública de Su ministerio, las Escrituras nos dicen en Lucas capítulo 4 versículo 1 que  «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu». Es aquí  donde Cristo comienza Su ministerio terrenal.

Si Jesús, aun siendo Dios, durante toda Su vida terrenal como hombre estuvo siempre en dependencia del Espíritu Santo, ¿cuánto más  no debemos nosotras vivir en dependencia del Espíritu?  Tú y yo nunca podremos hacer aquello para lo que Dios nos ha llamado, cualquier cosa que sea,  lavar los platos, tener hijos, ejercer las funciones de nuestro trabajo… nunca podremos  hacerlo de una manera espiritual que sea efectiva y que glorifique a Dios, a menos que lo hagamos en el poder del Espíritu Santo.

Lo hermoso de todo esto es que Dios nos ha dado Su Espíritu para fortalecernos en el servicio.  Si somos hijas de Dios, el Espíritu Santo no solo viene sobre nosotras, sino que las Escrituras nos dicen que el Espíritu de Cristo vive, mora en nosotras.  Hay poder para servir a Dios y para servir a los demás, por el ministerio del Espíritu Santo.

En tercer lugar, el Padre habló desde los cielos y dijo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17). Jesús recibió la confirmación, la aprobación y la satisfacción del Padre. Este fue el reporte del cielo la evaluación del cielo sobre Jesús. Cuando Dios miró los 30 años que Cristo estuvo en la tierra, y Él mira aún más allá, desde toda la eternidad y antes de que todo ocurriera, Dios se complace en que Cristo nunca se desvió ni una jota en hacer la voluntad de Su Padre celestialNo hubo nada en sus acciones, actitud, o palabras que no complacieran a Su Padre en los cielos. «Este es mi hijo amado en quien me he complacido.”

Dios estuvo satisfecho de que Su Hijo fue perfecto en Su obediencia, puro, sin pecado y que cumplió todos Sus mandamientos, incluyendo los dos primeros: amar a Dios por sobre todas las cosas, y amar al prójimo. Jesús guardó todos los mandamientos perfectamente.

Por eso Dios reconoció que Cristo sería el sacrificio perfecto  por nuestros pecados, sería nuestro sustituto moriría en nuestro lugar y el Padre aceptaría este sacrificio; esto así porque Jesús era Su Hijo Amado en quien el Padre se complacía.

Y en el bautismo de Jesús vemos la inauguración de Su ministerio público. Él comienza Su ministerio en el Poder del Espíritu Santo, y con la confirmación de que Su vida, Su sacrificio, y el ofrecimiento de Sí mismo al Padre son aceptables,  satisfactorios y  agradables al Padre.

Tengo dos comentarios antes de concluir. Dios nos dice de Cristo, «Este es mi Hijo amado». Por medio de la vida de obediencia de Cristo y por Su muerte sacrificial a nuestro favor, nosotros podemos ser hijos e hijas de Dios, experimentar el amor del Padre y ser aceptadas por Dios.

De hecho, 1era de Juan  capítulo 3 versículo1 dice: «Mirad cuán amor nos ha otorgado  el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos.» Dios dice: «Este es mi Hijo Amado».  ¿Qué nos dice el Padre si estamos en Cristo? “Que soy Su hija amada o Su hijo amado”. Cristo vino para que pudiésemos tener esta relación con Dios.

“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido». Cuando leo esto por mi mente cruza el pensamiento de que si Dios se complació y se deleitó en Su Hijo, ¿cuál debería ser entonces nuestra visión del Hijo?

  • ¿Nos deleitamos en Él?
  • ¿Nos agrada Él?
  • ¿Nos sentimos satisfechas en Él?
  • ¿Es Él suficiente para ti?
  • ¿Podemos decir: «Él es mi Amado Salvador, y en Él estoy completamente satisfecha, completamente complacida?

Leslie: ¿Alguna vez te has detenido a considerar el bautismo de Jesús? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho en que pensar al hablarnos de esta inauguración pública del ministerio de Jesús.

Este mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. A través de esta serie Nancy ha estado tratando los aspectos importantes de la vida de Cristo.  Puede que te des cuenta de  que nunca has considerado algunos de estos temas anteriormente. Para escuchar todos los mensajes que han sido transmitidos hasta ahora puedes visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy está siguiendo el bosquejo del libro “El Cristo incomparable” de J Oswald Sanders[The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Este libro causó una gran impresión en Nancy durante las semanas que precedieron la Semana Santa hace unos años y por esto ha querido compartirlo con nuestros oyentes.

Bueno, imagínate por un momento que estás sola en un desierto, rodeada de animales y  que no has comido por cuarenta días. ¿Crees que serías más vulnerable a la tentación en una situación como ésta? Descubre cómo Cristo se enfrentó a la tentación en una situación similar el lunes cuando Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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