J16 – Mujer verdadera de por vida

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J16 – Mujer verdadera de por vida

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Carmen Espaillat: ¿ Cómo piensas pasar tus años de retiro? Ya sea que falte mucho o poco es una pregunta interesante que rebelará alguna de las prioridades de tu corazón, la Biblia les dice a las mujeres de más edad que les enseñen a las más jóvenes. Nancy Leigh DeMoss dice que eso no necesariamente excluye actividades como viajar.

Nancy Leigh DeMoss : Lo que digo es que a medida que envejeces es mejor que tengas una misión mayor que solo viajar por todo el país y tener tus pasatiempos. Dios ha puesto algo en ti que debe ser transmitido a la generación más joven.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Quieres que tu vida cuente; todas queremos eso. Aunque un montón de distracciones traten de evitar que tengas una vida de impacto duradero, aún puedes vivir una vida significativa. Enfoquémonos en lo que realmente importa mientras Nancy concluye la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Hoy llegamos al último día de nuestra larga serie sobre Tito 2:1-5 y quiero que tengamos una visión general, un resumen de la serie; unificarlo todo, amarrar los cabos sueltos, y ver de nuevo dónde hemos estado en este estudio.

Hemos visto que la meta que Pablo está presentando en el libro de Tito es hacer que el Evangelio sea creíble en una cultura pagana y corrupta. ¿Qué podría ser más relevante para nosotras hoy en día, siendo que vivimos en el mismo tipo de cultura en que Tito vivió? ¿Cómo hacemos que el Evangelio sea creíble?

Este llamado en el libro de Tito es un llamado a tener una misión en cada etapa de nuestras vidas. Es un llamado a vivir una vida no para nosotras mismas sino para los demás. Es un llamado para que vivamos vidas para el Reino de Dios y para la gloria de Dios, para la propagación del Evangelio.

Pablo le está recordando a Tito que, no importa en la etapa de la vida en que uno se encuentre, sea hombre o mujer, joven, viejo, esclavo, libre, no importa cuál sea tu situación, tu vida tiene significado. Como hija de Dios, tu vida realmente puede hacer una diferencia para el Reino de Dios y para la propagación de Su Evangelio.

Al inicio del capítulo 2, después de que Pablo habla en el capítulo 1 sobre lo corrupta y caída que es la cultura, dice: “¿Entonces qué haces en este tipo de cultura?” En el versículo 1 del capítulo 2, Pablo dice: “Pero en cuanto a ti, [Tito, pastor, líder espiritual en esta cultura] enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

Hemos hablado de la importancia de la doctrina y de que es fundamental. La gente ahora dice que se aburre con la doctrina. Quieren escuchar algo más práctico.

Cuando lees el libro de Tito, te das cuenta de que nada es más práctico que la enseñanza bíblica sana, que nos informa, en cada área de la vida, cómo debemos pensar y cómo debemos vivir. Vemos en el capítulo 2 de Tito que la sana doctrina tiene una aplicación específica y práctica para hombres y mujeres, para cada uno de nosotros en cada etapa y situación y estación de la vida.

En las últimas semanas hemos estado enfocándonos en lo que Pablo tiene para decirnos a nosotras las mujeres. Empieza con las que son mayores.

Ahora, tú puedes decidir, y tal vez ya lo hiciste en las últimas semanas, si caes en esa categoría o no. Todas somos mayores para alguien, y yo estoy en esa etapa de la vida en que me voy dando cuenta de que tengo un “mandato de mujer mayor” en mi vida; tengo una responsabilidad en lo que respecta a las mujeres más jóvenes del cuerpo de Cristo.

Pablo les habla a las mujeres de más edad, primero, sobre quiénes son, y cómo deben ser sus vidas. Dice que deben ser reverentes en su comportamiento; no deben ser calumniadoras; no deben ser esclavas de mucho vino (ver versículo 3).

Lo que él está diciendo es que las vidas de las mujeres mayores deben modelar para el resto del cuerpo de Cristo, y en particular para las mujeres más jóvenes, lo que está de acuerdo con la sana doctrina: en nuestro espíritu, nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestros hábitos, nuestra conducta. Debemos ser ejemplo a medida que envejecemos de cómo es una verdadera cristiana.

Y nos habla no solo de quiénes somos, sino de lo que hacemos. ¿Cuál es nuestra misión y nuestro ministerio en la vida?

Vimos en los versículos 3 y 4 que se les dice a las mujeres mayores “que enseñen lo bueno, y que enseñen a las jóvenes”. A medida que envejecemos, tenemos una responsabilidad de pasarles a las más jóvenes el legado de la verdad, de enseñarles lo que es bueno, de entrenarlas.

¿En qué se supone que las entrenemos? Estamos supuestas a entrenarlas en la sana doctrina, cómo pensar sabiamente y cómo vivir vidas piadosas de acuerdo con esa sana doctrina.

Cuando estudiamos este pasaje, vimos que el discipulado tiene lugar principalmente no en un salón de clases o desde el púlpito. El púlpito es importante; el salón de clases es valioso; pero el discipulado tiene lugar de vida a vida, de mujer mayor a mujer más joven. Tiene lugar en el contexto de la comunidad.

Hoy hay una mujer con nosotros que se nos acercó recientemente y compartió algunos problemas muy, muy difíciles por los que ella está pasando. Hice lo que pude para motivarla, orar con ella, pero lo próximo que hice fue tratar de conectarla con una mujer de su comunidad que podía reunirse con ella para motivarla. Ella estará ahí cuando yo no pueda, para darle sabiduría piadosa y consejería sobre esta difícil situación.

¿Cómo hacemos que esto sea personal? Una palabra a las mujeres mayores (y tú decides si encajas ahí): Mujeres mayores, ustedes tienen que ser intencionales, proactivas en lo que respecta a dedicarse a mujeres más jóvenes con respecto a asuntos espirituales. Tal vez pienses que no sabrías qué decir.

● Solo comparte tus experiencias de vida. “Aquí es donde Dios me ha encontrado. Esas son algunas de las luchas que enfrenté cuando era más joven”.

● Sé abierta.

● Sé accesible.

● Sé intencional. Busca una o más mujeres jóvenes en quienes puedas invertir la verdad positiva que Dios ha puesto en tu vida.

Y una palabra a las más jóvenes: Busquen a las mujeres mayores. Sean intencionales sobre eso. Hagan preguntas.

Ve y busca a una mujer que tenga el doble tiempo de casada que tú. A propósito, no tienes que estar pasando por una crisis para hacerlo. En todo caso, deberías hacerlo antes de entrar en una crisis, y así puede que no llegues a tener una crisis.

Ve a esas mujeres de más edad, a las mujeres con canas, y diles: “Usted se ha ganado esas canas, y le tengo algunas preguntas. ¿Qué hizo usted cuando…?” Puede que tenga que ver con ser una esposa o madre o con cualquier otro aspecto de la vida.

Si eres una madre soltera y tienes 23 años y estás pensando que Dios tal vez nunca te traiga un esposo, busca a una mujer soltera de más edad y pregúntale: “¿Cómo aprendiste el contentamiento? ¿Tienes luchas con esto? ¿Qué te ha enseñado Dios?”

● Ve y haz preguntas.

● Sé humilde.

● Sé enseñable; aprende de la experiencia y hasta de los errores de las mujeres que llevan más tiempo que tú en el camino.

Pablo dice que las mujeres de más edad deben enseñar a las mujeres más jóvenes. Luego, en los versículos 4 y 5, les da el plan de estudio. Esto es lo que tienen que enseñar, y hablamos sobre cómo esto se centra en los roles en el hogar. Pablo dice que deben entrenar a las jóvenes a hacer siete cosas:

1. Amar a sus maridos.

2. Amar a sus hijos.

3. Tener dominio propio.

4. Ser puras.

5. Trabajar en el hogar.

6. Ser amables.

7. Ser sumisas a sus propios esposos.

En las últimas semanas hemos tomado tiempo para profundizar en cada uno de esos siete aspectos del plan de estudios. Y se me ocurrió, cuando nos acercábamos al momento de concluir la serie y pensaba sobre dónde estábamos y qué habíamos aprendido, que este es el plan de Dios para nuestras vidas como mujeres. Pero para cada área para la cual Dios tiene un plan, Satanás tiene un plan contrario y podemos ver en nuestra cultura cómo él se ha propuesto enseñar el plan contrario a las mujeres jóvenes.

Vamos a repasar lo que hemos visto en Tito. No podrán escribirlo todo, pero lo podrán encontrar en la transcripción y en nuestro portal de Internet. El plan de Dios versus el plan contrario de Satanás. Solo quiero que capten el contraste que hay aquí.

Por ejemplo, el plan de Dios es que debe haber sana doctrina, la verdad, que debe ser la base de nuestras vidas. ¿Cuál es el plan contrario de Satanás? Decepción, falsas enseñanzas.

El plan de Dios es que los creyentes más viejos, hombres y mujeres, modelen la santidad, que deben ser espiritualmente maduros, y que deben proponerse pasar el legado e invertir en la próxima generación. Deben estar activamente involucrados en discipular y ser mentores. Este es su llamado cuando lleguen a la etapa más madura de la vida.

Pero por el contrario el plan de Satanás, para las personas mayores es que se retiren, que vayan en pos de sus propios placeres, y vivan sus propias vidas. “He hecho lo que me ha correspondido. Ahora puedo relajarme cogerlo suave, así que voy a pasar mi vida en mi tráiler, me voy a pasar la vida viajando, con mis pasatiempos, cogiéndolo suave”.

Ahora bien, no estoy diciendo que esté mal tener un tráiler o viajar o tener pasatiempos; lo que estoy diciendo es que cuando envejezcas, mejor será que tengas una misión mayor que solo viajar por el país y tener tus pasatiempos. Dios ha puesto algo en ti que necesita ser transmitido a la próxima generación a la generación más joven.

El plan de Dios por otro lado es que las mujeres de más edad sean reverentes en su conducta. El plan contrario de Satanás es que las mujeres sean groseras y vulgares en su manera de hablar y en su conducta.

El plan de Dios es que las mujeres de más edad no sean calumniadoras, que hablen la verdad y palabras que edifiquen. El plan contrario de Satanás es tener la boca suelta, dar lugar a los chismes, ser calumniadoras, acabar a los demás con la lengua.

El plan de Dios es que las mujeres no deben ser adictas. No deben ser esclavas del mucho vino o de otras sustancias. ¿Qué hace Satanás? ¿Cuántas mujeres de edad, y jóvenes, hoy en día no son adictas a diversas sustancias, desórdenes alimenticios, y falta de dominio propio en otras áreas?

El plan de Dios es que las mujeres mayores enseñen lo que es bueno, que entrenen a las más jóvenes. El plan contrario de Satanás es ignorar este mandato y desvalorizar lo que las personas mayores pueden ofrecer.

Las hace sentirse inútiles y marginadas, y si no estamos llevando a cabo el plan de Dios, estas mujeres jóvenes quedan a la deriva para valerse por sí mismas. Tristemente, es lo que muchas están haciendo hoy en día.

El plan de Dios es que las mujeres más jóvenes amen a sus esposos, que valoren el matrimonio, que estimen la permanencia del pacto matrimonial. ¿Cuál es el plan contrario de Satanás?

Lograr que las esposas se sientan resentidas con sus esposos en vez de amarlos, que los deshonren, los descuiden, los dejen. La cultura del divorcio, del matrimonio desechable, éste es el plan contrario de Satanás para el plan bueno y perfecto de Dios, de que las mujeres amen a sus esposos y los esposos amen a sus esposas.

El plan de Dios es que la mujer ame a sus hijos, que valoren la maternidad; que, cuando Dios lo haga posible, tengan hijos. Ese es parte del plan de Dios para su creación.

Por el contrario el plan de Satanás es hacer que las mujeres resientan a sus hijos o las exigencias de tener hijos, y hasta impedirles que tengan hijos. Oímos hablar tanto de esto hoy en día, hasta en el mundo cristiano, sobre mujeres que son egoístas, o que tienen miedo, o que por cualquier otra razón dicen: No quiero tener hijos.

Todo este concepto de que cuando tengas hijos, dejas que otros los críen, o los malcrías, o abusas de ellos—todo esto es parte del plan contrario de Satanás. El plan de Dios para la mujer es que tenga hijos (cuando Dios le da esos hijos) y que ame a esos hijos como Dios ama a sus hijos.

Y, pudiéramos seguir y seguir con la lista: mujeres con dominio propio, puras, Satanás tiene un plan contrario para ambas. ¿Y qué hay de este: el plan de Dios es que la mujer trabaje en casa? Hemos hablado sobre lo que eso significa, cómo se ve, valorar el ser ama de casa y dar prioridad al hogar y la familia.

¿Cuál es el plan contrario de Satanás? Desvalorizar el ser ama de casa; que tengamos la hospitalidad como algo del pasado. Tenemos una cultura que por generaciones ha estado haciendo un esfuerzo concertado para sacar a la mujer del hogar en términos de dónde pasan la mayor parte de su tiempo y de su enfoque, y hemos llevado el trabajar fuera de la casa a una posición más elevada que trabajar en el hogar.

De modo que hoy en día, para una mujer que ha escogido la carrera de esposa y madre y ama de casa, es casi una vergüenza decir que eso es lo que hace. Las mujeres están siendo convencidas de que no van poder lograrlo financieramente si concentran sus esfuerzos en sus hogares.

Nueva vez, a lo largo de la serie (escúchala de nuevo para que puedas obtener el contexto general) no he dicho que esté mal que la mujer trabaje fuera del hogar, ni me van a escuchar diciéndolo. Pero sí me van a escuchar diciendo lo que dice la Palabra de Dios, que para la mujer que es esposa y madre, el enfoque de su energía y su tiempo y esfuerzo debe estar en edificar un hogar que agrade al Señor.

La mujer debe ser amable y centrada en los demás. El plan contrario de Satanás es que ella sea centrada en sí misma, “cada quien para sí mismo”.

El plan de Dios: es que la mujer sumisa a su propio esposo. El plan contrario de Satanás: es que las mujeres se resistan a sus esposos, sean controladoras, rebeldes, etc.

¿Ven el contraste? Ahora, la pregunta es: ¿Estás cumpliendo el plan de Dios, o has creído el plan contrario de Satanás? El resultado demostrará cuál de los dos planes has creído.

Mientras estudiábamos Tito, vimos que el resultado de la mujer que vive conforme al plan de Dios es “para que la Palabra de Dios no sea blasfemada” (versículo 5). Las mujeres que son mujeres verdaderas, mujeres de Dios, hacen que el cristianismo sea creíble, y sus vidas hacen un contraste marcado con un mundo incrédulo.

El plan contrario de Satanás, a su vez, cuando la gente vive ese plan, ¿cuál es el resultado? Que el cristianismo y la Biblia son tratados con desdén, con incredulidad. “Ustedes dicen ser cristianos, pero vean sus matrimonios. Vean a sus hijos; son desenfrenados; son rebeldes”.

Queremos vivir vidas que hagan que el cristianismo sea creíble, y el impacto de vidas así, en un mundo incrédulo no puede calcularse.

En el año 96 D.C., menos de cuarenta años después de que se escribiera el libro de Tito, un hombre llamado Clemente, que vivía en Roma, escribió una carta a los corintios. Clemente observó el profundo impacto que el Evangelio había hecho en sus vidas, y dijo lo siguiente:

“Nadie podría pasar un corto tiempo entre ustedes sin darse cuenta de la excelencia y constancia de su fe. . . Vuestras mujeres han sido instadas a realizar su deberes con devoción irreprochable y pureza de conciencia, mostrando el debido afecto a sus maridos; han sido enseñadas a hacer de la obediencia la regla de sus vidas, a administrar sus hogares con decoro, y a ser modelos de discreción en todas las formas.”

Ese era el testimonio de las mujeres de Corinto apenas décadas después de escrito el Nuevo Testamento. Y ese es el tipo de cosa que queremos que la cultura secular pueda escribir sobre nosotros, sobre nuestros hogares, nuestras familias y nuestras vidas. Cuando los que no son creyentes ven a los “cristianos” que conocen, ¿qué conclusiones sacan del cristianismo?

La misión y visión que Dios nos ha dado aquí en Aviva Nuestros Corazones es cultivar mujeres verdaderas, es decir, mujeres que vivan conforme al plan de Dios y cuyas vidas reflejen la belleza, el orden, el amor, la gracia y la pureza de ser como Cristo.

Aun en los hogares que puedan tener esposos no creyentes, que puedan estar pasando por circunstancias muy difíciles o dolorosas, las mujeres de Dios puedan manifestar la belleza de los caminos de Dios de modo que el mundo mire y diga: ¡Wao! Quiero conocer al Cristo que ellas conocen y adoran.

● ¿Qué sucedería si cada mujer cristiana viviera las instrucciones de Tito capítulo 2?

● ¿Cómo serían nuestros hogares?

● ¿Cómo responderían nuestros esposos e hijos a ese tipo de transformación radical?

● ¿Cómo serían inspirados los hombres alrededor nuestro cuando vean el poder transformador del Evangelio en nuestras vidas?

● ¿Tendrían hambre de conocer mejor a Dios?

● ¿Empezarían a sentir la libertad y confianza de asumir el rol de liderazgo espiritual que siempre estamos diciendo que quisiéramos que asuman?

● ¿Empezaría el mundo que observa a ver una diferencia tangible y obvia en nuestros hogares y en nuestro ambiente?

● ¿Empezaría a afectarlos el mismo poder del Evangelio que nos ha transformado?

● ¿Pudiera ocurrir un avivamiento?

Muchas de ustedes han escuchado a mi amiga Holly Elliff. Ella nos ha acompañado muchas veces en el programa de Aviva Nuestros Corazones cuando tenemos lo que llamamos “Conversaciones de sobremesa”, donde Holly, otras amigas y yo nos sentamos a hablar sobre las sesiones que acabamos de enseñar.

Holly es esposa y madre, y recientemente recibió una carta muy, muy preciosa de una radioescucha. La carta fue enviada directamente a Holly, pero Holly la compartió conmigo y quiero compartir una porción de esa carta con ustedes, porque ilustra el poder de una mujer verdadera y el poder de vivir una vida conforme al plan de Dios. La carta dice:

“Estimada Sra. Elliff,

Tuve que hacer un alto para escribirle una nota diciéndole cuánto ha influido en mi vida para cultivar la santidad a través de sus consejos en Aviva Nuestros Corazones. Apenas recientemente estoy aprendiendo la sana doctrina, y he luchado para aprender a vivir la piedad en los caminos ordinarios de la vida. Cuando Nancy la invitó para hacer comentarios, mi alma estaba tan hambrienta de ayuda que sus comentarios calmados y experimentados me sacaron de un lugar de profunda oscuridad.

Lo que me ayudó fue sentir que su conocimiento no era tan solo teórico. Sus palabras sonaban como palabras de alguien que había aprendido en las trincheras: casarse, levantar una familia, hacer desayuno comida y cena, criar a cada hijo y glorificar al Señor al hacerlo. No puede imaginar lo que ha significado para mí tener un modelo piadoso para seguir su ejemplo. Gracias por ayudar a sacar a una hermana desesperada fuera de la mugre y el lodo del pecado.

Ella sigue diciendo,

Estoy segura de que cuando usted estaba cambiando pañales [los hijos de Holly ya todos pasaron esa etapa] o escuchando la misma historia de nuevo, jamás se hubiera imaginado que esas serían justo las cosas que harían que su consejo fuera tan importante y verdadero para mí, una mujer soltera. [Esa es una mujer soltera diciendo que esto fue lo que impactó su vida, escuchar la verdad de una mujer que la ha vivido en el contexto del matrimonio y la familia.]

Por favor, dejen saber a las mujeres de más edad que lo más valioso que pueden hacer es desarrollarse en rectitud, no la carrera o una casa preciosa. Es solo una vida de rectitud que puede ayudar a redimir las vidas rotas de otros. Nunca pensé que llegaría a valorizar los caminos de Dios más que los del mundo, o de hecho ver cuán preciosa es la santidad, pero lo he hecho, y le doy gracias por ser un instrumento que el Señor ha usado para revelarse ante mí, y revelarme su amor y la belleza de vivir una vida piadosa.”

¿No es esa una carta preciosa? Holly se conmovió tanto. Yo me conmoví cuando la oí, porque es un reto para que todas digamos: “Señor, ¿podría mi vida reflejar a los que están a mi alrededor, las mujeres más jóvenes, otras mujeres, mi familia, otros en el cuerpo de Cristo, y a un mundo perdido, la belleza de la santidad, la belleza de Cristo y la belleza de vivir una vida santa?”

La respuesta es ; mi vida puede, y tu vida puede. De eso se trata el pasaje completo de Tito capítulo 2.

Enseña cosas que estén de acuerdo con la sana doctrina. Enseña a las mujeres mayores a vivir vidas puras y santas, y luego enseña a las más jóvenes a vivir vidas que reflejen la belleza y la bondad y la grandeza de los caminos de Dios. De eso se trata ser una mujer verdadera.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss regresará en breve para orar por las mujeres mayores y jóvenes que necesiten conectarse y reflejar la gloria de Dios juntas.

Ese mensaje concluyó la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Tito es un libro corto, y hasta esta serie, no tenía idea de la sabiduría práctica que este contenía para la mujer del siglo XXI.

Esta serie expandirá tu definición de lo que significa ser una mujer verdadera, y te mostrará cómo se refleja eso de manera práctica hoy en día. Esta serie afectará tu relación con Dios, con tu esposo, tus hijos y otras mujeres en el cuerpo de Cristo.

Hay otros recursos en nuestro sitio web que pueden ayudarte a tener una mejor visión bíblica de tu diseño. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde los EE.UU. y Canadá si deseas ordenar cualquier producto en inglés u ofrecer alguna donación para nuestro ministerio.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir estos mensajes internacionalmente, te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio puedes hacerlo por internet visitando www.avivanuestroscorazones.com o llamando al a 1-800-569-5959.

Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros pero más que nada necesitamos tus oraciones te animarías a orar para que Dios provea de los recursos necesarios para continuar esta obra.

Aquí está Nancy para orar…

Nancy: Señor, te doy gracias por las mujeres verdaderas que has usado en mi vida, por amigas queridas como Holly y otras que han sido reflejo de tus caminos para mí y que han hecho que el cristianismo sea deseable y me han mostrado que esta vida realmente puede vivirse por fe y por tu gracia. Señor, quiero ser ese tipo de mujer, una mujer verdadera, cuya vida cree hambre y sed en otras mujeres para seguir a Cristo y convertirse también en mujeres verdaderas.

Perdónanos por esos lugares de nuestras vidas en que hemos creído el plan contrario de Satanás, y danos la valentía y la fe y la humildad de vivir vidas conformes a tu plan, y de arrepentirnos cuando no logremos hacerlo.

Oh, Dios, Te pido que este pasaje de Tito que hemos estado viendo durante las últimas semanas cale profundo en nuestros corazones y en nuestras vidas, no solo durante esta serie radial, sino durante toda una vida, para que Tú seas glorificado y que Tu Reino y el Evangelio de Cristo sean avanzados. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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J15 – Cómo luce el Evangelio

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J15 – Cómo luce el Evangelio

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Carmen Espaillat: Con nosotras Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Que seas ama de casa y tengas autocontrol ya sea que lo hagas o no, no te afecta tan solo a ti y no tan solo afecta a tu familia aunque ciertamente les afecta a ellos, todo esto afecta a muchas personas, no tan solo afecta como ellos te ven, sino que afecta como ven a Jesús. Cuando nosotras las cristianas decimos que seguimos a Cristo y creemos en la Biblia, pero no vivimos las implicaciones de la Palabra de Dios, entonces hacemos que la Palabra de Dios sea deshonrada.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Por varias semanas Nancy nos ha estado ayudando a encontrar tesoros en el pasaje de Tito 2:1-5. Está lleno de sabiduría práctica para la mujer. De hecho, es asombroso que este estudio completo se haya originado en tan solo cinco versos.

¿Sabías que las personas que interactúan contigo en el día a día se dan cuenta si realmente estás permitiendo que Escrituras como éstas influyan en tus decisiones diarias? Nancy está aquí con nosotras para explicarnos.

Nancy: Recibí un correo electrónico de una de nuestras radioescuchas. Déjenme compartirlo con ustedes. Esta señora dijo:

“Soy muy indisciplinada al igual que mis hijos. Sé lo que debo hacer, pero no lo hago. Cuando era joven los quehaceres del hogar y la crianza de los hijos eran tan degradantes que pasé mucho tiempo tratando de librarme de ello. Me aterraba estar atrapada. Dios me ha estado mostrando que en realidad es un problema de autoridad. No quiero que nada me controle.”

Luego podrán imaginarse las implicaciones y ramificaciones de este tipo de vida. Ella continúa diciendo:

“No he orado por la salvación de mi esposo, porque entonces él estaría atento a mis fallos de comportamiento y en amor querría que yo mejorara. Si en casa mi esposo fuera cristiano, no podría esconderle mi desobediencia ante Dios. Soy lo suficientemente buena para aparentar ser buena ante el mundo.”

Me pregunté, si éste sería el caso de muchas mujeres. Ante la vista del mundo son buenas, pero su verdadera imagen es la que tienen en su hogar, ante su familia.

Ella sigue diciendo,

“Puedo levantarme y esforzarme para los demás, pero no para mi familia. No me he sometido a Dios, al hecho de que me ha hecho madre con responsabilidades ante mi esposo e hijos. Esta situación no contribuye para que Cristo sea atractivo para él y los demás . El tipo de cristiana que soy no ha cambiado mi forma de vida lo suficiente para atraer a mi esposo o ninguna otra persona. En el transcurso de 10 años no he tenido hijos espirituales.”

Bueno lo que esta señora ha compartido es justo lo que vamos a estudiar en la última frase de Tito capítulo 2 versículo 5. Vamos a leer el pasaje comenzando con el versículo 1, donde Pablo le dijo a Tito: “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

Si seguimos al versículo 3 dice: “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, [¿por qué?] para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Esta señora confesó, “El tipo de cristiana que soy no ha hecho que Cristo sea atractivo para mi esposo o cualquier otra persona”.

Así que déjenme preguntarles: ¿Por qué? ¿Por qué pasar ocho o nueve semanas en este pasaje, en estos pocos versículos? ¿Realmente son tan importantes? ¿De verdad importa? ¿Por qué las mujeres tienen que aprender y practicar todas estas cosas de las cuales hemos estado hablando? ¿Qué es lo que realmente está en juego?

Como hemos dicho, en Tito capítulo 2 vemos que Dios da instrucciones a creyentes que se encuentran en diferentes etapas de la vida. Vemos hombres, mujeres, personas jóvenes o mayores de edad, personas en diferentes estadios de la vida. En cada caso lo que el apóstol está dejando entender es: “Así debe lucir el Evangelio en ti en esta etapa de tu vida”.

Luego en los primeros 10 versículos de Tito capítulo 2, al hablarle a estas personas en los diferentes estadios de sus vidas, les menciona tres cláusulas con propósito. Acabamos de leer la primera de ellas. Después de describir cómo deben ser las mujeres tanto las ancianas como las más jóvenes—cómo debe ser su carácter, cómo deben ser sus vidas y sus relaciones; ¿cuál es la cláusula con propósito? “Para que la Palabra de Dios no sea blasfemada”.

En el versículo 8, vemos la segunda cláusula con propósito. Pablo le dice a Tito, comenzando en el versículo 7: “Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable”—¿por qué?—, “a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros”.

Ese es el propósito: que aquellos que rechazan la Palabra de Dios o la verdad de la Palabra de Dios no te puedan señalar y obtengan municiones para rechazar a Cristo.

Luego si vemos en los versículos 9-10: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo, no defraudando, sino mostrando toda buena fe”—¿Por qué?—“para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respeto”.

Están supuestos a hacer que el Evangelio sea creíble. Y a medida que vivimos el Evangelio en las diferentes etapas de nuestras vidas, lo mismo se espera de nosotros.

Hay dos pasajes similares en el libro a 1ra de Timoteo—primero en el capítulo 5, versículo 14. Pablo dice: “Por tanto, quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa”. Esto es lo que el Evangelio hace por una mujer en esa etapa de su vida. ¿Por qué? Para no darle “al adversario ocasión de reproche”.

Y luego en 1ra a Timoteo capítulo 6, versículo 1 dice: “Todos los que están bajo yugo como esclavos, consideren a sus propios amos como dignos de todo honor”. De esta manera debes vivir el Evangelio como empleado. ¿Por qué? “Para que el nombre de Dios y nuestra doctrina no sean blasfemados”.

Ahora, pienso que lo que estamos viendo en estos pasajes es que mientras vivimos el Evangelio y sus implicaciones, hay mucho más en juego, que nuestras vidas individuales. En Romanos capítulo 14 Pablo dice: “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo”.

Nuestras vidas tienen el efecto de las ondas en el agua. Así que ya sea que ames a tu esposo o no, ames a tus hijos, seas pura y sumisa con tu esposo, seas ama de casa y tienes auto control—ya sea que lo hagas o no, no te afecta tan solo a ti. Y no tan solo afecta a tu familia aunque ciertamente les afecta a ellos.

Todo esto afecta a muchas personas. No tan solo afecta como ellos te ven, sino que afecta como ven a Jesús. Afecta el entendimiento que ellos tienen del Evangelio y su disposición para recibirlo .

De vuelta a Tito 2:5: “Para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” Esa palabra blasfemada en el griego es blasphemeo. ¿Les resulta familiar? Es la palabra de la cual se deriva la palabra blasfemia. Y significa justamente esto—blasfemar, difamar, deshonrar o “hablar mal de”.

Un comentarista dijo: “Significa que la Palabra de Dios no sufra un escándalo.” Por esa razón estamos supuestas a vivir de esa manera; para que la Palabra de Dios no sea objeto de un escándalo. Este es el propósito de vivir vidas piadosas; para asegurarnos que nadie pueda reprochar la Palabra de Dios.

Cuando nosotras las cristianas decimos que seguimos a Cristo y que creemos en la Biblia, pero no vivimos de acuerdo a las implicaciones de la Palabra de Dios, entonces hacemos que la Palabra de Dios sea deshonrada. Este concepto lo leímos en Romanos capítulo 2, en el versículo 24 donde Pablo dice: “Porque EL NOMBRE DE DIOS ES BLASFEMADO ENTRE LOS GENTILES”—es decir, los no creyentes—“POR CAUSA DE VOSOTROS, tal como está escrito” por causa de los creyentes.

Ahora, ¿qué fue lo que hicieron que causó que el nombre de Dios fuese blasfemado entre los no creyentes? Si leen el párrafo completo en Romanos capítulo 2, comenzando en el versículo 17, se darán cuenta que fueron unos hipócritas. Ellos profesaban saber una cosa—hasta lo enseñaban a los demás—pero no vivían de acuerdo ello.

¿De qué manera afecta esto lo que los demás opinan de las Escrituras? Es una deshonra. Causa que la Palabra de Dios sea blasfemada. Pablo decía en Filipenses 2:15 que debemos ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

Nuestras vidas están supuestas a ser un foco que alumbre las glorias, las excelencias de Cristo y de Su Evangelio. Por eso es tan importante que ames a tu esposo, que ames a tus hijos, que tengas dominio propio, que seas pura, y una persona que guarda su hogar.

Por eso es tan importante que vivas de acuerdo al Evangelio, no tan solo cuando te encuentres en el estudio bíblico y en la iglesia, sino dentro de las cuatro paredes de tu hogar—porque es así que los demás verán al Evangelio haciéndose realidad a través de tu vida.

Si no vives de esa manera puedes causar que tus amigos rechacen la Palabra de Dios, puedes ocasionar que tus colegas de trabajo, tus vecinos o los miembros de la iglesia deshonren la Palabra de Dios y rechacen la verdad.

Pero creo quizás, que el impacto más trágico que puede ocurrir si tu vida no está de acuerdo a la Palabra de Dios—como joven o mujer madura— puede darse entre las cuatro paredes de tu hogar. El impacto más trágico puede ser en tu propia familia, en tus hijos.

Damas, esto es algo serio… Ya me han escuchado hablar de esto antes, pero es algo sumamente serio para mí que los jóvenes están abandonando nuestros hogares cristianos en manadas después de haber crecido en nuestros grupos de jóvenes y escuelas cristianas—ya fuera públicas o en casa. Están abandonando la secundaria, abandonando la fe, abandonando a Cristo en grandes porcentajes. ¿Y por qué está sucediendo esto?

Podemos decir que una de las razones es por todos los hipócritas en la iglesia. Podemos decir que es por la cultura. Pero quiero decirles, que creo que en muchos casos es porque no han visto a sus padres vivir de acuerdo a la Palabra de Dios.

No puedes obligar a tu esposo a vivir de acuerdo a la Palabra, pero tú sí puedes vivir de acuerdo a ella. La implicación, el impacto que puede tener en tu esposo, ya sea que sea creyente o no, es enorme.

Muchos de ustedes ya han escuchado de mi amiga de muchos años Kim Wagner. Ella es la esposa de un pastor y ha participado con nosotros en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Incluso ha participado en el programa varias veces después de algunas sesiones, en la parte cuando al final de cada serie nos reunimos en conversaciones de sobremesa. La han escuchado en esta serie de Tito 2.

Ella ha sido muy abierta y honesta al compartir conmigo el impacto que tuvo en su matrimonio el hecho de que no estaba viviendo de acuerdo al rol que Dios tiene para la mujer. Hace algunos años escribió su historia para mí. Y me acordé de ella en medio de esta serie, y le dije: “¿Kim me darías la libertad para compartir esto?”

Así que con el permiso de Kim y de su esposo, deseo compartir esta historia porque ilustra muy bien lo que hemos estado hablando. Ella dice:

“El diccionario que está en mi escritorio tiene como segunda definición para arpía, ‘una mujer con un temperamento violento, que se queja y regaña’.

No conozco ninguna mujer que se describa a sí misma como una arpía. Ciertamente no me gustaría ser introducida como: ‘Esta es mi esposa Kim. Ella es una arpía’. Pero la realidad era que debajo de mis sonrisas y mi buen comportamiento había una mujer regañona; una arpía al asecho.

Lo único que impedía que abandonara a mi esposo era mi compromiso con Cristo. Habíamos estado casados por casi 15 años, y mucho de ese tiempo había estado lleno de dolor y desesperanza. Continuamente mis pensamientos estaban centrados en: ‘Si tan solo mi esposo pudiera cambiar’.

Cuando LeRoy y yo nos conocimos en la universidad, él era un hombre muy agradable y extrovertido. Él tenía ese tipo de personalidad carismática que atraía a las personas, y tenía la habilidad increíble de comunicarse fácilmente con cualquier tipo de persona.

Pero mi esposo había cambiado a través de los años. Tenía que hacer un esfuerzo muy grande para llevar una conversación con alguien, para estar alrededor de personas, e incluso para levantarse de la cama en las mañanas. Parecía estar resentido conmigo. No se manifestaba con explosiones de ira. Sino que era una frialdad profunda que terminó convirtiéndose en una depresión distante y oscura.

Actuaba como un hombre totalmente derrotado, y no podía entender cuál era su problema. Nuestras conversaciones eran frágiles y breves. Ya no respetaba a mi esposo. De hecho ni siquiera me agradaba.

Me mantenía orando para que saliera de la depresión, pensando: ‘Si tan solo se arreglara con Dios podríamos tener un matrimonio feliz’. Aunque enseñaba un estudio bíblico semanal para mujeres, discípulaba damas en nuestra iglesia, y nunca dejaba mi tiempo devocional con Dios, mi corazón estaba endurecido, y yo creo que en realidad odiaba a mi marido.

Nunca me propuse ser una arpía. Yo amaba a Dios. Yo amaba a mi esposo. Yo tan solo quería que fuera el tipo de hombre que pensaba que debía ser. Les enseñaba a las mujeres que debemos someternos al liderazgo de nuestros esposos y que habíamos sido creadas para ser sus ayudas. ¡Y de qué manera estaba determinada a ayudar a mi esposo!

Siendo una esposa joven, no me daba cuenta que cada vez que cuestionaba sus decisiones, estaba socavando su masculinidad.”

Creo que lo que Kim está diciendo es probablemente cierto para muchos matrimonios. Ella dice:

Estaba erosionando su confianza para liderar. Estaba desgarrando su corazón de hombre. Pero lo peor de todo esto, es que estaba peligrosamente cerca de la advertencia de Tito 2:4-5.

Donde las esposas son llamadas a amar a sus esposos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada. La palabra deshonrada es traducida como blasfemada en la versión de la Biblia de las Américas. Qué acusación tan terrible; blasfemar la Palabra de Dios. Y no obstante, eso es lo que estaba haciendo.

De la boca para afuera hablaba de la verdad de la Escritura diciendo que mi esposo debía ser honrado y respetado como el líder espiritual y cabeza de nuestro hogarPero en la práctica, estaba determinada a ser el cuello que lo guiara a hacer las cosas como yo quería que sucedieran.

Mis motivaciones eran buenas; yo siempre estaba enfocada en el desarrollo y el crecimiento espiritual. Pero yo era la que estaba en la posición de líder, no mi esposo.

Necesitaba retirarme a pensar, necesitaba correr y esconderme un rato. Así que le dije a LeRoy que iría a una cabaña a trabajar en un estudio bíblico para las damas de nuestra iglesia. Estoy tan agradecida de que en su misericordia Dios me salvó de mí misma.

Mientras me acomodé en la soledad de la cabaña y abrí mi Biblia, me di cuenta de un pequeño folleto que estaba guardado en la solapa de atrás. El pequeño libro tenía el título de ‘El retrato bíblico de la mujer’ por Nancy Leigh DeMoss.

Abrí el folleto con curiosidad e inmediatamente el Espíritu Santo empezó a usar las citas de las Escrituras y las preguntas diagnósticas para examinar mi propio corazón. Me abrió los ojos e hizo ver mi espíritu obstinado y mis actitudes orgullosas.

Me permitió ver que le estaba faltando el respeto a mi esposo por el tono de voz, por mis comentarios críticos y hasta mis expresiones faciales. Discutí con Dios durante las primeras horas de este doloroso proceso. Le saqué en cara todos los años de dolor por la falta de comunicación, la frialdad, la distancia y los días de oscura depresión: “Si nuestro matrimonio está sufriendo entonces es su culpa. Como líder espiritual, él era el responsable”.

Tito 2:4-5 dice que “enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos… Sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” El Padre me traía esto a la memoria una y otra vez. Tuve que admitir que estaba blasfemando la Palabra de Dios por la manera en que me estaba conduciéndome como esposa.

Dios me tuvo que quebrantar. Las profundidades de mi corazón pecaminoso fueron holladas antes de yo darme cuenta y enfrentar que mi esposo no era el problema sino que yo lo era. Yo era el problema.

Tuve que rendir completamente el control de mi esposo, de mi matrimonio y de mis deseos al Padre. Yo no era la responsable de arreglar a mi marido, pero sí era responsable de mi propio corazón.

Cuando regresé a la casa, solicité una reunión familiar. Me senté con mi esposo y mis hijos y les confesé que había vivido en desobediencia a la Palabra de Dios al no honrar a su padre y no caminar en sumisión a su liderazgo.

Les pedí perdón e hice el compromiso con ellos y con Dios de que me sometería a la autoridad de Su Palabra honrando a mi esposo. Ese fue el punto decisivo de mi vida.

Las cosas no mejoraron de repente. La batalla contra mi carne pecaminosa ha sido larga. Pero a medida que he madurado en el Señor y he entrado en niveles más profundos de sumisión, Él ha empezado a remplazar el espíritu duro con ternura, el corazón orgulloso con uno contrito y quebrantado, una actitud de que todo lo sé por una actitud enseñable.

Eventualmente mi esposo empezó a sentirse lo suficientemente seguro para abrirse y confiarme que por años se había sentido intimidado por mí e incluso hasta temeroso de mí. Su depresión era en gran manera el resultado de una crisis de fe al no poder reconciliar la pregunta del poder de Dios para transformar.

Verán, mi esposo me veía empezar fielmente cada día orando de rodillas, estudiando diligentemente la Palabra. Y aún así era un terror vivir conmigo.”

Ahora bien, antes de que empiecen a pensar es tan solo Kim, en realidad no es tan solo Kim. ¿En cuántos hogares y cuántas veces se puede decir lo mismo? ¿Cuántos esposos e hijos están pensando: “Sí, todos los demás piensan que ella es tan espiritual; pero es porque ellos no viven con ella.”?

Ahora, yo sé que puede ocurrir lo contrario. Pero en Aviva Nuestros Corazones no le predicamos a los esposos. Tan solo le pedimos a Dios que examine nuestros corazones como mujeres. Kim sigue diciendo:

“Mi esposo luchaba con la interrogante de cómo la Palabra de Dios podía ser tan inefectiva en transformar mi carácter. Luchaba con el hecho de que parecía que Dios no escuchaba sus oraciones, pidiendo que ocurriera un milagro en nuestro matrimonio.

Él empezó a preguntarse si Dios lo escuchaba o le importaba. La fuerza más destructiva que se opone al poder del Evangelio es el testimonio de una vida que no ha sido transformada.

Yo era una creyente. Amaba profundamente al Señor y tenía el deseo de glorificarlo con mi vida, pero era una esposa rebelde y cruel. Mi comportamiento hizo que mi esposo luchara con su fe en el poder del Evangelio para transformar una vida. Esto es lo que significa blasfemar la Palabra de Dios y esto es lo que estaba haciendo.”

Pero Dios ha transformado la vida de Kim y hecho muchas cosas en su vida, en la vida de LeRoy y en su matrimonio. Los está usando hoy de una manera hermosa y poderosa, tocando la vida de los demás. Ella dice:

Mi gozo más grande ha sido ver a Dios contestarle tantas oraciones a mi esposo en el matrimonio, en Su tiempo y sin mi ayuda. Mi esposo ya no es frío y distante. Se sonríe, y reímos mucho juntos.

Me siento tan agradecida cuando comparte conmigo que ve una diferencia en mí. Pero más que nada estoy agradecida de que puede ver el poder del Evangelio en acción en mi vida a medida que Dios continúa santificándome por Su misericordia.”

Un filósofo alemán del siglo XIX dijo: “Muéstrame tu vida redimida y puede ser que me incline a creer en tu Redentor.”

Mujeres, esposas, madres muéstrenme sus vidas redimidas y sus hijos, sus esposo, sus vecinos, sus amigos, los compañeros del trabajo y la gente de la iglesia pueden inclinarse a creer en su Redentor.

No es suficiente escuchar esta historia y decir: “Eso es grandioso lo que Dios hizo en el corazón y la vida de Kim”. Sé que estoy conversando con mujeres que se encuentran en una situación muy similar a la que se encontraba Kim hace 15 años en su matrimonio. Y sé que estoy mirando a los ojos y hablando a los oídos y corazones de mujeres que necesitan arrepentirse como lo hizo Kim en esa cabaña hace años.

No necesitas irte a una cabaña. Si Dios está hablando a tu corazón ahora mismo, puedes doblar tus rodillas, doblegar tu voluntad y confesar: “Sí Señor, he sido una esposa cruel y rebelde”.

Quizás no eres una mujer gritona. Quizás aquellos que solo ven tu exterior no puedan decir: “Oh ella es una mujer con un mal temperamento; una arpía”. Y quizás no te comportas como una en tu hogar. Puede que sea de forma sutil, pero estás socavando la masculinidad de tu esposo, siendo irrespetuosa, tomando las riendas y retando su liderazgo en las diferentes maneras que lo podemos hacer con nuestras personalidades.

No sé lo que Dios ha estado hablando a tu corazón, pero le pedimos a Dios que hablara hoy y creo que lo está haciendo.

● Lo que sea que Dios te esté diciendo, tan solo ponte de acuerdo con Él y dile: “Sí Señor”.

● Si es necesario vuelve a tu esposo, a tus hijos y quizás a otros que hayan sido expuestos al hecho de que no has estado viviendo de acuerdo al Evangelio o la verdadera feminidad como una mujer de Tito 2. Diles: “He deshonrado la Palabra de Dios y Su verdad.” Sé específica en cuanto a lo que Dios te ha convencido.

● Luego pídeles que te perdonen.

● Pídele a Dios por el poder del Espíritu Santo para que empiece a remodelar tu vida. No intentes hacerlo tú misma porque serán solo obras y justicia propia.

Pídele al Espíritu Santo que empiece a transformarte con Su Palabra de adentro hacia afuera y que te convierta en ese tipo de mujer que verdaderamente reverencia, ama y se somete a Dios y a su esposo. Entonces empezarás a ver la Palabra de Dios honrada, respetada y reverenciada por aquellos que vean tu vida transformada.

Muéstrenme sus vidas redimidas y puedo sentirme inclinada a creer en su Redentor.

Carmen: ¿Estás mostrando una vida transformada hoy? Nancy Leigh DeMoss compartió este recordatorio importante que forma parte de la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Nancy mencionó el recurso Un retrato bíblico de la mujer. Este ofrece un buen vistazo de lo que significa ser una verdadera mujer de Dios. El poder leerlo y permitirle a Dios que guíe tus pensamientos sería un buen seguimiento para el programa de hoy. Puedes obtener este recurso visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo piensas pasar tus años de retiro? Ya sea que falte mucho o poco, es una pregunta interesante que revelará algunas de las prioridades de tu corazón. Nancy les ayudará a pensarlo mañana en Aviva Nuestros Corazon es.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

J12 – El regalo voluntario de la sumisión

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J12 – El regalo voluntario de la sumisión

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-regalo-voluntario-de-la-sumision/

Carmen Espaillat : Nancy Leigh DeMoss ha estado indagando con sus amistades cómo luce la sumisión en sus matrimonios. Esto es lo que una esposa escribió.

Nancy Leigh DeMoss: “Cuando siento que he sido escuchada, dejo la última decisión a mi esposo. Recae en él como líder y cabeza de nuestro hogar. Entonces lo llevo a oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir y — esto es lo que realmente importa — un amor que cubre una multitud de transgresiones”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Tu esposo y tú estarán en desacuerdo en algunas decisiones. El camino que tomes para alcanzar un resultado puede beneficiar o perjudicar grandemente tu matrimonio. Aquí está Nancy mostrándonos cómo la Biblia nos instruye sobre la toma de decisiones en el hogar. Es parte de la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Bueno, hemos estado hablando el último par de sesiones sobre lo que pienso es uno de los temas más difíciles para discutir con mujeres en nuestra cultura actual y en el clima contemporáneo. Es el asunto de la sumisión. Es tentador retroceder en este tema, o ignorarlo, o sugerirle a alguien más que enseñe sobre esto.

Pero quiero ser fiel para enseñar el consejo de Dios en su totalidad, y he aprendido en mi propia vida, debo decir, lo estoy aprendiendo en mi propia vida, que cuando vivo o practico un principio que es tan difícil como este asunto de la sumisión, es un medio que Dios usa para bendecir mi vida.

Quiero que experimentes la bendición de Dios, y particularmente ustedes que son mujeres casadas. Quiero que experimenten esto en sus matrimonios, y quiero que tus hijos experimenten la bendición de estar viendo una esposa que muestra en su respuesta a su esposo la forma en que la iglesia debería responderle a Cristo, la cual, por cierto, es otra gran razón por la que las esposas deben considerar esto.

Quieres que tus hijos crezcan en obediencia al Señor, ¿correcto? Quieres que sean sensibles al Señor. Quieres que sigan sus instrucciones y sus iniciativas. ¿Dónde van a aprender el modelo? Esto va a suceder cuando vean como su madre responde al liderazgo y a las iniciativas de su padre, tú estás plantando semillas en las vidas de tus hijos.

● Si tus hijos crecen solamente para ser tan responsables con la autoridad como lo eres tú con la autoridad de tu esposo, ¿qué clase de adultos van a ser?

● ¿Qué tan sumisos van a ser?

● ¿Cómo van a responder a la autoridad del gobierno, de la escuela, de su empleo, y tus hijas a la autoridad de sus esposos algún día?

Hemos estado revisando Tito 2, y la última cualidad dentro de los siete cursos del currículo que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes, es que deben sujetarse a sus maridos. Ya les he dicho que estos últimos días les he pedido a algunas amigas que me envíen una nota y me cuenten sobre algunas de sus luchas en el área de la sumisión, algunos ejemplos prácticos donde ellas pueden encontrar dificultad.

Hoy quiero compartir contigo una serie de respuestas que recibí de esas mujeres que considero que te ayudarán a entenderlo mejor, mejor aplicado a la vida diaria, que si yo te lo hubiera explicado.

Es muy interesante que existan tres problemas recurrentes. Estos no son los únicos 3 problemas pero son los más 3 grandes que parecen saltar a la vista y se repiten una y otra vez.

Probablemente puedas adivinarlos, el número 1 tiene que ver con los hijos—decisiones sobre los hijos, la disciplina y cosas relacionadas a ellos. La segunda, que surgió en numerosas respuestas de mis amigas esta semana es sobre cuestiones financieras. Te compartiré algunas de ellas. Y la tercera es sobre asuntos sexuales, creo que esa ya la habrás adivinado también.

Estuve platicando con un amiga la semana pasada y me comentó—en realidad ellos tienen un matrimonio ejemplar, al menos es lo que yo percibo— pero me dijo: “El problema más grande que tuvimos en nuestros primeros tres años de matrimonio fue la cuestión sexual”. Continuó, “Yo no entendía las necesidades de mi esposo en esta área, no parecía tener sentido” “no entendía a los hombres, y no podía comprender por qué el funcionaba de esa manera”. Este tema tiene un gran potencial para problemas.

Así que, los hijos, las finanzas y los asuntos sexuales, aunque existen otras, parecen ser las 3 situaciones más grandes con las cuales las esposas luchan día tras día.

Ahora, ¿qué haces cuando no estás de acuerdo con la dirección que tu esposo está tomando para tu familia, o con una decisión que tomó o que quiere tomar, cuando tú sientes que no estás de acuerdo con la dirección o la decisión? Déjame darte algunas sugerencias, no voy a profundizar mucho en esto, luego quiero ilustrarte con algunos ejemplos de las vidas de mis amigas.

Yo creo que lo primero que hay que hacer es buscar en tu corazón y hacerte esta pregunta: “¿Soy sumisa generalmente?” No solo en este ejemplo, sino en todos los ámbitos, “¿Está generalmente mi corazón inclinado o dispuesto a seguir el liderazgo de mi esposo?

Si no es así, entonces realmente no tienes una base firme para hacerlo y para cuestionar su liderazgo o para hacerle comentarios de forma que sean realmente bien recibidos , cuando tu inclinación general no es la de seguir su liderazgo.

Entonces asegúrate de que realmente deseas cumplir la voluntad y la gloria de Dios más de lo que quieres que se haga tu voluntad. Sé honesta, “¿quiero que se haga a mi manera, o estoy dispuesta a someter mi voluntad a la voluntad de Dios?” Si tu deseo es glorificar a Dios, lo más probable es que se puedan resolver esas diferencias.

Entonces debes compartir tus inquietudes con tu esposo, pero recuerda que la actitud lo es todo . Es muy importante que no actúes acusando o amenazando, o que lo degrades como hombre. Tú siempre… Tú nunca…—esa clase de palabras no son constructivas. Es muy importante que no seas quejosa. A los hombres no les gustan esta clase de mujeres.

De hecho, ¿a quién le gusta este tipo de mujer? A ninguna de nosotras, pero de hecho todas hemos escuchado a alguna o hemos sido así. La actitud es importante—no insistir en que las cosas se hagan a tu manera—no ser demandante, pero mostrar una actitud de humildad y de amor. Humildad y amor.

Entonces, mientras compartes tu preocupación con tu queja, presenta tu apelación. “¿Podrías considerar esto? He orado por esto. Yo sé que tú quieres hacer lo mejor para nuestra familia”. Preséntalo en un lenguaje de humildad, asumiendo lo mejor de él.

Si lo encaras, él hará lo mismo que tú haces cuando tus hijos vienen a ti, pones resistencia. Tú no quieres provocar a tu marido para que ponga resistencia a tu comentario por la forma como lo hiciste, así que asegúrate que tu espíritu sea humilde, respetuoso, no desafiante o que ponga resistencia.

Y a la hora de hacer tu apelación, el momento es muy importante. Asegúrate de que sea en un momento en que no esté estresado por otra cosa y tenga tiempo para sentarse y escucharte. Tú puedes decir: “Sabes, hay algo sobre lo que me gustaría que tuviéramos la oportunidad de hablar. ¿Cuándo sería un buen momento para ti?”

Un esposo me comentó el otro día, “Un marido sabe cuando una mujer dice: ‘Tenemos que hablar,’ él sabe que se avecinan algunos problemas, pero al menos está preparando el camino para hacerme saber que esto es algo importante para lo que tengo que estar preparado”.

También es importante la forma como lo abordas. No simplemente le sueltes todo al mismo tiempo. Los hombres pueden sentirse abrumados por nuestras formas verbales. ¿Sabes a qué me refiero? Lo hacemos de forma errónea. Por lo general, somos más verbales, más emocionales—claro, no es igual con todos los matrimonios. Algunos hombres, si te fijas, no tienen la resistencia emocional o los medios para soportar ese ataque verbal.

Entonces, ¿qué hacen? Acaban dando marcha atrás. Se encierran, o se enojan, esa es la forma en que un hombre muestra que está herido. Nosotras mostramos que estamos heridas por medio del llanto. Pero ellos muestran su herida por medio del enojo, en muchos casos. Sé que estoy generalizando.

Cuando pienso en esto, en el momento y en la forma, pienso en la reina Ester y en la importancia del autocontrol. Yo nunca pude superar el hecho de que (esto simplemente me sorprende) cuando Esther llamó al rey y a Amán a venir al banquete en su casa, o en el palacio, no me habría aguantado para decir que estaba molesta, ¡sobre todo cuando se sabe que toda la nación judía está a punto de ser extinguida!

Admiro a esta mujer porque cuando él le dijo: “Te voy a dar la mitad del reino”, todo lo que ella dijo fue: “¿Puedes venir a cenar esta noche?” (Esther 5:3-4, parafraseado). Quiero decir, ¿cómo se hace eso? Entonces él viene a cenar, y ahí está Amán, y ahí está el rey ofreciéndole la mitad del reino, y ella dice: “¿Puede venir de nuevo mañana por la noche?”, No es otra cosa más que dominio propio (versículo 8, parafraseado). Se trata de una mujer con una mente sana con un sano juicio, que no tiene que decir todo lo que está en su mente sin pensar.

Aguanta la lengua. Esto es cierto en todo tipo de relaciones. Lo encontramos en el lugar de trabajo. Si algo está en mi mente, yo solo tengo que sacarlo. Eso no refleja buen juicio. Sé controlada.

Entonces, después de presentar tu apelación, pídele a Dios que intervenga. De hecho, antes, durante y después de presentar tu apelación, ora. Llévaselo al Señor. Lleva tu caso al Señor. Pídele a Dios que intervenga, y luego dale a Dios el momento para cambiar el corazón de tu marido. No insistas en que tu marido cambie de opinión inmediatamente, o nunca. Confía en el Señor para actuar.

Déjenme leerles algunas de las ilustraciones de algunos de estos principios que mis amigas han compartido conmigo durante los últimos días. Una mujer dijo:

“Mi padre a menudo hizo inversiones financieras que involucraban miles de dólares, pensando que iba a hacer mucho más. Vi a mi madre aconsejarle de corazón, pero aun así lo apoyó en muchas decisiones que fueron un fracaso. Si mi padre hubiera hecho caso de su consejo, probablemente habría ganado en lugar de perder, pero ella nunca le tomó esto en cuenta ni habló con sus hijos sobre sus faltas.”

Eso fue la respuesta a mi pregunta: “¿Quién ha sido un modelo positivo en tu vida en el área de la sumisión?” Esa fue una gran lección de que una mujer que aprendió de su madre.

Otra mujer me escribió, “Hemos estado casados por 17 años…” Ella ha estado luchando con algunos problemas físicos, y a través de una serie de circunstancias, no tiene casa propia por el momento, y ha sido un largo período de recuperación, una situación difícil para ella; y ella dijo:

“En este último año, he querido tener mi propia casa para convalecer en ella. Tenemos la casa identificada y nos encontramos actualmente en el departamento de alguien más, no en el nuestro. Hice saber a mi esposo mi deseo. Él no lo aceptó.”

Su marido es un hombre piadoso. Él ama a su esposa, y ella lo ama, pero esto ha sido una diferencia de opinión entre ellos, por obvias razones. Suena poco bondadoso de su parte decir: “No puedes tener una casa”, pero él cree que hay algunas buenas razones para esto, no es el momento adecuado. Ella dijo:

“Yo realmente quería tener mi propio lugar. Sentía que era una necesidad. Todavía no ha sucedido. Estoy en el proceso de sumisión, y orando por una casa. ¿Estoy gritando y pataleando? No. ¿Puedo hacer comentarios de vez en cuando sobre esto? Sí. ¿Lo estoy presionando, demandando? No, quiero la bendición de Dios en Su tiempo y sé esperar en el Señor. Él puede mover a mi marido si Él lo desea.”

Otro comentario. Esta mujer dijo:

“Cuando tenemos diferencias, por lo general discutimos y ponemos ambos argumentos sobre la mesa. Cuando siento que he sido escuchada (mi meta es expresarlo una sola vez y claramente), le dejo la decisión final a mi marido. Le corresponde a él como líder y cabeza de nuestra casa.

Entonces lo llevo en oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir—y esto es lo que realmente importa—amor que cubre una multitud de transgresiones.”

Otra mujer escribió:

“La cuestión más difícil de la sumisión en nuestro matrimonio ha sido la elección de la vocación de mi marido. A lo largo de nuestro matrimonio ha alternado entre el servicio a una iglesia como pastor y emplearse en su vocación secular en la que viaja y pasa gran parte de la semana fuera de la ciudad.

La primera vez que tomó un empleo secular, fue cuando nuestro primer hijo era un bebé. Por todo el año que tuvo ese trabajo, lloré, lo fastidié, me quejé, y traté de manipularlo para que cambiara su vocación.

El Señor me ha enseñado que aunque la ocupación de mi marido no es lo que yo elegiría para él o para nuestra familia, yo debo de honrar a Dios mediante la sumisión a mi marido. Cuando encomiendo esta dificultad en las manos de Dios, estoy demostrando mi confianza en Él.”

Otra mujer que dice:

“La verdadera prueba de la sumisión es como mi corazón responde a la decisión de mi marido cuando, después de dar mi punto de vista, aún decide ir en una dirección que él sabe que no estoy de acuerdo. Esa es la prueba.”

Ahora, yo creo que es importante que nos demos cuenta que la sumisión es muy, muy poderosa. ¡Es muy difícil someterse, en primer lugar a Dios y luego a las autoridades ordenadas por Dios en nuestras vidas, pero es extremadamente poderosa!

En lo que se refiere a esposos y esposas, las esposas estar sujetas a sus maridos, el maravilloso pasaje clásico que se encuentra en 1 Pedro capítulo 3, comenzando en el versículo 1. “Igualmente vosotras, mujeres. . . ” Ahora, ¿Qué significa igualmente? Este es el primer versículo del capítulo, así que tienes que volver al capítulo 2 para saber a qué se refiere igualmente.

Igualmente se refiere a toda una disertación sobre Cristo, que sufrió injustamente por nuestros pecados, pero Él no respondía con maldición; Él no se defendió. Él se encomendaba a Dios que juzga con justicia. El Justo sufriendo por los injustos para llevarnos a Dios. “Del mismo modo,” de la misma manera, “mujeres, estad sujetas a vuestros maridos.” Y la realidad es que habrá momentos en los que harán que sus vidas sean miserables—así será—habrá momentos en que la sumisión significa que tendrás que sufrir.

Ahora bien, no estoy diciendo con esto que debes quedarte paralizada mientras tu marido te da una paliza y solole dices, “golpéame de nuevo”. Todo el consejo de Dios deja en claro que si tú o la salud o la vida de tus hijos está siendo amenazada, existe el permiso bíblico para separarte, para librarte de ese peligro inmediato.

No estoy hablando acerca de que tu esposo esté siendo amenazado, como Jesús estuvo, a punto de la muerte. La mayoría de las veces no se trata de la vida y la muerte o una amenaza física real para nosotros, aunque hay algunos casos. La mayoría de las veces se trata de nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra conveniencia, nuestra comodidad, nuestros deseos y placeres personales, y Él dice, incluso si se te hace la vida difícil, “estad sujetas a vuestros maridos. . . incluso si algunos no obedecen la Palabra”.

Ahora bien, en el contexto de 1ra de Pedro, para las personas que no obedecen la palabra, es decir para los no creyentes. Ellos no son cristianos, pero a través de una aplicación más amplia, creo que puede referirse a cualquier marido, que en algún área de su vida no es obediente a la Palabra de Dios, y eso abarca a todo marido. Cada esposo tiene esas áreas, como, por cierto, todas las esposas también las tienen.

Así que en cualquier área en la que él no esté obedeciendo la Palabra de Dios, o que simplemente no sea un creyente, “sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, cuando ven su conducta casta y respetuosa” (versículos 1-2). ¿Y cuál es su conducta casta y respetuosa? Se trata de ser sumisa a tu propio esposo—hupotasso—de colocarte bajo el liderazgo, la iniciativa y la dirección de tu marido.

John Piper habla a las mujeres en uno de sus sermones acerca de este pasaje sobre el peligro de ser quejona y lo llama “la exhortación excesiva”. Pensé que era una buena frase. Es una bonita forma de decir “persistente”, pero ten cuidado con acosar, estás muy cerca de la manipulación. Puedes hacerlo de forma tranquila, puedes hacerlo con mal carácter o en formas fuertes . Pero Él dice que sin decir una palabra, por el ejemplo de tu vida y la convicción de tu ejemplo, van a responder.

Luego habla de tener un espíritu suave y apacible. Eso es hermoso para Dios. Es poderoso e impactante para tu marido. Está ilustrado por las santas mujeres en el Antiguo Testamento que esperaban en Dios y se adornaban al someterse a sus maridos. Tu espíritu como esposa puede endurecer o puede ablandar el corazón de tu marido.

Déjenme leerles algunas cosas que mis amigas me escribieron acerca de esto:

Una mujer dijo:

“Un problema en nuestro matrimonio ha sido el dinero. Me gustaría cuestionar a mi marido sobre sus gastos y deseo que justifique el uso del dinero, pero no sentía que yo tuviera que justificarme ante él. Las consecuencias fueron un marido desprovisto de autoridad con frustraciones y molestias en nuestra relación y falta de confianza que nubló la relación.”

Ahora, que Dios le ha demostrado a esta mujer a lo largo de estos años el poder de la sumisión, ella dice,

“Las bendiciones son un marido que está empoderado para el cumplimiento de las responsabilidades y suele ser más solidario, amoroso y respetuoso conmigo.”

Recibí un correo electrónico ayer por la noche de una mujer diciendo: “No hace mucho tiempo mi marido me pidió que me sujetara en un área donde estaba intentando cambiar su forma de pensar”. Ella no estaba de acuerdo con él, y ella estaba molestándolo, dándole excesiva exhortación, acosándolo. Ella dijo: “Yo le dije que tenía que orar por eso”. Luego, entre paréntesis comentó, “No fue una gran respuesta de mi parte”.

Al día siguiente, Dios había hablado a su corazón, lo había ablandado, y ella dijo:

“Le dije que lo sentía por mi actitud, por haberlo deshonrado y ser irrespetuosa en esta área en particular. Le pregunté si me perdonaría. Entonces le dije que iba a someterme a él en el área que me había pedido. Más tarde, mientras compartíamos la historia con otra pareja, un amigo de mi marido me preguntó si había llegado a la conclusión de que mi marido estaba en lo cierto. Le dije: ‘No’. Mi marido, que estaba escuchando en esta conversación, dijo: ‘Eso es lo que lo constituye la sumisión.’”

Ahora, escucha lo que esto hizo en su marido:

“Él ahora quería asegurarse de que era la mejor decisión, porque yo había estado dispuesta a ceder a su petición. Estuvo buscando al Señor aún más, con ganas de hacer lo que era lo mejor. Esto era muy importante para él”.

Ahora esta mujer podría haber dicho: “He perdido la batalla. Me derrotó. Él ganó”. Pero, ¿realmente ella perdió? No, ella ganó porque ahora ella tiene su marido más motivado que nunca para buscar al Señor.

Otro marido en mi pequeña encuesta de los maridos de la semana pasada… dijo porque le pregunté: “¿Qué es lo que sucede con los hombres cuando sus esposas realmente se sujetan con un espíritu sumiso?” Él dijo: “Eso pone mucha presión sobre nosotros. Una gran responsabilidad. Nos damos cuenta que, ahora tengo que asegurarme de que realmente estoy buscando al Señor y que estoy llevando a mi familia de manera apropiada”. Es el poder de la sumisión.

Otra mujer dice:

“Mi esposo nunca ha sido muy abierto a la crítica constructiva o al cambio por lo que he llegado al punto en que yo dejo al Señor trabajar en su corazón y en su vida. Es algo muy liberador no tener la responsabilidad de mi esposo.”

Esta es una situación en la que una esposa tiene que tomar una decisión. ¿Podrá sujetarse? Es decir, ¿podrá ella tener un corazón tierno y sensible? ¿O endurecerá su corazón? “El divorcio”, dijo ella, “siempre tiene su origen en el momento en que uno u otro cónyuge endurecen su corazón”.

Aquí está una mujer, por cierto, cuyo matrimonio también podría haber terminado con el divorcio porque su marido no tenía un corazón suave y tierno. Así que por años—décadas—han estado casados, y ella tiene que tomar esta decisión de suavizar y sujetarse en lugar de endurecer su corazón. Ella dijo:

“Todavía tengo luchas diarias para perdonar, para decidir cuidar a mi esposo, debido a mi orgullo. Yo hago lo que hago por lo que Jesús ha hecho por mí. Se merece tener mi obediencia y mi marido se merece mi perdón y bondad, porque Jesús nos ama y nos perdona.”

En el maravilloso libro de Susan Hunt, “La mujer verdadera”, ella hace una poderosa declaración acerca de la sumisión, y quiero terminar con eso, en un par de párrafos. Hablando de la sumisión, ella dice:

“Este es el tema decisivo para la mujer verdadera. …Probablemente no hay nada que exponga nuestro corazón con tanta claridad y tan dolorosamente como nuestra actitud acerca de la sumisión. [¿No te parece que ella tiene razón acerca de eso? Eso es realmente lo que expone nuestros corazones.]

Sigue diciendo:

“No puedo dar argumentos lógicos para la sumisión. Es un desafío a la lógica que Jesús dejara todas las glorias del cielo para poder ofrecernos toda la gloria del cielo. La sumisión no es acerca de lógica, sino sobre amor. Jesús nos amó tanto que Él se sometió voluntariamente a una muerte de cruz. Su mandato es que las esposas deben someterse a sus maridos. Es un regalo que voluntariamente damos a los hombres que hemos jurado amar en obediencia al Salvador que amamos.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar.

Hemos visto detalladamente el pasaje tan rico de Tito 2:1-5.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

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Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Ahora Nancy está de vuelta con nosotras para orar.

Nancy : ¡Oh Padre, nos has llamado a todas nosotros, casados o solteras, hombres o mujeres, a sujetarnos en las diferentes esferas de la vida, y ruego, oh Señor, que te demos ese regalo voluntariamente por amor a Ti.

Te ruego, Señor, por un milagro y por gracia y ayuda en la vida de las mujeres que están luchando con este problema de la sumisión en este mismo momento, y Te pido que no solo les ayudes a sonreír y aguantar o decir: “Bueno, yo voy a hacerlo”, sino mirarte a Ti, buscando la gracia y el poder de Tu Espíritu Santo para hacer este trabajo a través de ellos para su bien y para Tu gloria. Yo Te lo ruego en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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J11 – Sometiéndonos a Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J11 – Sometiéndonos a Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sometiendonos-dios/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss describe la sumisión.

Nancy Leigh DeMoss: No puedes doblar tus rodillas ante tu esposo si no has doblado tus rodillas delante de Dios. Y, si no has doblado tus rodillas ante tu esposo, tus rodillas no han sido dobladas delante de Dios. Una es el reflejo de la otra.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Por qué es tan importante tu relación con tu esposo? Bueno, refleja una relación más profunda entre Dios y Su pueblo. Nancy nos explicará, continuando en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy: Algunos años atrás estaba hablando en una conferencia de mujeres ofrecida por un seminario. La conferencia era para mujeres que estaban sirviendo en el ministerio de mujeres—líderes de iglesias locales o que dirigían estudios bíblicos. No digo que solo había este tipo de personas en la conferencia, pero fue así que se promovió, lo cual es de importancia cuando te diga esto que sigue.

Al final de mi charla me pidieron que autografiara unos libros y una mujer que estaba en la fila tenía mi libro, “ Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres ”. Ella me lo entregó y me dijo, “¡Odio este libro!” No estoy segura si ella quería que yo lo firmara o quería tirármelo. Y yo le dije, “Cuéntame de eso”.

Ella me dijo, “Es eso de la sumisión”—y recuerda que esta conferencia era para líderes de ministerios de mujeres y profesoras de estudios bíblicos—dijo que hasta que leyó ese libro ella ni siquiera había escuchado del principio de las esposas sometiéndose a sus esposos.

Yo no sé si ella entró en la calle sin saber. Yo pensé que esto era realmente inusual en un seminario y en este contexto. Pero lo que realmente me desconcertó fue que luego de varias personas más en la fila vino otra mujer diciendo esencialmente lo mismo. Diciendo, “Yo nunca he escuchado este principio”.

Cuando comencé a hablarles a las mujeres yo tenía 20 años. Yo estaba ofreciendo conferencias para mujeres y seminarios. Cuando enseñaba de 1ra de Pedro o de Efesios 5, entre otras cosas, de las esposas sometiéndose a sus esposos, en esos días (y ya hace casi de eso 30 años) las mujeres a las que hablaba estaban familiarizadas con este concepto de la sumisión antes. Que lo estuvieran viviendo o no eso era otra cosa, pero al menos estaban familiarizadas con esto.

Pero me he percatado que en la última generación, durante estos treinta años, este principio no ha sido enseñado. Es algo atemorizante para un hombre de hoy pararse en el púlpito y enseñar estas cosas. No es políticamente correcto. Es un principio que encuentra una resistencia enorme.

De manera que es muy posible que tengamos muchos oyentes—de los que han leído mis libros, o de los que escuchan Aviva Nuestros Corazones—que digan, “Yo nunca he escuchado este principio antes”. Por eso es que queremos tomarnos el tiempo de explicar y dar un entendimiento fundacional de lo que significa esto de la sumisión.

Durante el programa pasado, terminamos diciendo que existe una posición de autoridad. Una mujer debe someterse a su esposo, no porque él sea buen-mozo o amable o cariñoso o talentoso, espiritual o piadoso o ninguna de esas cosas, sino porque Dios ha dicho que él es la cabeza de la esposa como Cristo es la cabeza del hombre y Dios es la cabeza de Cristo. Es su posición que llama a la mujer a colocarse debajo…Hupotasso—esa es la palabra para sumisión en el griego original. Ella debe colocarse a sí misma debajo de su liderazgo.

Así que eso levanta las siguientes preguntas, ¿Qué significa ser autoridad y que significa sumisión? Quiero darte un par de definiciones que he obtenido de John Piper y que creo que son realmente buenas. El doctor Piper dice, “Ser la cabeza es el llamado divino de un esposo de tomar la responsabilidad primaria de un liderazgo de servicio como el de Cristo, de la protección y provisión del hogar”. Esa es la responsabilidad del hombre. Él es el principal responsable en el hogar de liderar, proteger y proveer.

Sumisión es reconocer y responder a la cabeza. Vemos al esposo funcionando como líder, proveyendo liderazgo, protección y provisión. Y es la esposa colocándose debajo de esa autoridad y respondiendo a ella, reconociéndola y recibiéndola.

De manera que esta es la forma en que el Pastor Piper explica la sumisión. He encontrado esto tan útil. “Es la inclinación a ceder a su liderazgo”. Él guía. Ella sigue. Como el baile de salón. He escuchado tantas parejas hablar de eso. Alguien tiene que liderar y alguien tiene que seguir. Es una inclinación a ceder a su liderazgo y a apoyar sus iniciativas. Si él va a tomar una iniciativa, alguien tiene que apoyar eso. Es la disposición de seguir la autoridad del esposo.

Luego el pastor Piper continúa diciendo, “Sumisión es el llamado divino de una esposa de honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarlo a llevarlo a cabo de acuerdo a sus dones”. Es el llamado divino de una esposa de honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarlo a llevarlo a cabo de acuerdo a sus dones. Así que vemos a un esposo y una esposa trabajando juntos, no uno contra otro, sino juntos para alcanzar una meta en común, no compitiendo el uno contra el otro. Ellos están jugando para el mismo equipo.

Ahora hemos estado viendo el capítulo 2 de Tito, y vemos que una de las cosas que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes, es a entrenarlas para que sean sumisas a sus esposos, a responder al liderazgo y a la iniciativa de sus esposos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

Quiero que hoy veamos lo que la sumisión no significa. Mientras vemos lo que no significa, veremos algunas cosas sobre lo que sí significa. No significa, antes que nada, que tú eres inferior a tu esposo o que vales menos que él. De acuerdo a la Palabra de Dios esposo y esposa son creados ambos a la imagen de Dios y son completamente iguales delante de Dios. Primera de Pedro dice que son coherederos de la gracia de la vida.

El hecho de que ambos son iguales y creados a la imagen de Dios no contradice las diferencias creadas por Dios y que te distinguió en términos de las asignaciones que te dio, en cuanto a tu función. Ahí es que vemos la diferencia.

Ser sumisa no implica una obediencia forzada. A los esposos no se les dice en ningún lugar de las Escrituras que deben someter a sus esposas. La sumisión debe ser la respuesta voluntaria de la esposa como fruto del amor y la obediencia a su Padre celestial. No fruto de la coerción o un cumplimiento forzado.

La sumisión tampoco es una esclavitud o una sumisión servil. No es eso para nada. Son coherederos de la gracia de la vida. Son compañeros de vida. Es una respuesta amorosa, gozosa, hacia su liderazgo.

La sumisión no es ciega. No quiere decir que tú le das a tu esposo una obediencia ciega y sin cuestionamientos. “Sí señor, usted dice ‘salta’ y yo digo, ‘¿cuán alto?’” que no hay criterio, no hay respuesta ni pensamientos. Es solo esta obediencia ciega, sin sentido que no cuestiona nada.

No quiere decir que tú no das tu opinión cuando la tengas y estoy segura que la tienes en muchas ocasiones. Estás hecha para ser ayuda y no lo ayudas al pararte a su lado viendo como se prepara para saltar a un abismo o ves a la familia caminando en una dirección preocupante por lo que sabes de la Palabra de Dios y porque has estado buscando al Señor y tienes preocupaciones en tu corazón. Si eres su ayuda, necesitas dar esas opiniones.

Creo que hay algunas que pensarán, “Bueno, si soy sumisa, no puedo decir nada. Solo me callo y hago lo que él dice.” Eso no es sumisión bíblica. La sumisión bíblica no quiere decir que tu esposo siempre tiene la razón. No quiere decir que su dirección para tu familia siempre es correcta.

De hecho, la sumisión no es realmente probada hasta que llegan a un punto donde tienen un desacuerdo. Si ambos están de acuerdo con algo, realmente no requiere sumisión. Ambos están caminando en la misma dirección y ven la situación de la misma forma y eso está bien. Pero la prueba de la sumisión viene cuando él está en una dirección y tú lo ves de otra manera.

La sumisión no significa que le debes una obediencia absoluta e ilimitada a tu esposo. No quiere decir que debes seguir a tu esposo en el pecado. Si el está dirigiéndote a ti o a tu familia en una dirección contraria a la Palabra de Dios… No estoy diciendo de algo que sea simplemente contrario a tu preferencia, sino que él te esté diciendo que hagas algo que las Escrituras prohíben o te está prohibiendo algo que las Escrituras te mandan a hacer.

Sumisión no quiere decir que corres a tirarte de esa colina y desobedeces a Dios para poder someterte a tu esposo. No debes pecar a fin de someterte. Debes obedecer a la autoridad mayor. Pero cuando obedezcas a la autoridad mayor en esos casos excepcionales donde la dirección de tu esposo sea contraria a la Palabra de Dios, tu respuesta aun en ese momento debe ser con una actitud humilde y respetuosa.

He escuchado a muchas mujeres a lo largo de los años hablar sobre sus problemas con la sumisión. He aconsejado a muchas mujeres; he escuchado muchas historias. Estoy convencida de que es poco usual—de hecho, muy inusual—que el verdadero problema sea que el esposo esté pidiéndole a la esposa que peque.

Claro, eso sucede pero aun en matrimonios muy malos la mayor parte de los asuntos no se deben a que él te esté pidiendo que peques. Más frecuentemente es solo que no están de acuerdo con algo o no crees que es lo mejor. Y puede que tengas razón. Pero no te está pidiendo que peques. Ahora, si te estuviera pidiendo que peques, si esa es la dirección que tú percibes, tu lealtad primera es con Cristo y debes obedecer a la autoridad mayor.

La sumisión tampoco es un sometimiento externo a la dirección de tu esposo. No es un cumplimiento externo únicamente. Como esposa eres llamada a someterte a tu esposo de una forma que se asemeje a Cristo, lo que quiere decir no estar molesta o resentida o no tener una actitud rebelde.

El llamado de Dios en Tito 2 en cuanto a la sumisión de la mujer a su esposo no se limita a ser sumisas en su conducta. Es más bien ser sumisas en su espíritu. ¿Cuántas de ustedes, esposas, saben la diferencia? Quizás sabes lo que es someter tu comportamiento pero no sabes lo que implica el tener un espíritu sumiso. Esa es la prueba.

Déjame darte algunas ilustraciones de algunas de mis amigas que me escribieron sobre esto cuando lo solicité hace algunos días.

Una mujer dijo,

“Años atrás mi esposo y yo fuimos invitados una noche a salir a cenar, y por alguna razón yo me sentí impulsada a preguntarle si debía ponerme un vestido o unos pantalones. [Ella dijo que normalmente no hacía eso pero que ese día en particular lo hizo]. El quería que yo me pusiera un vestido pero ya yo había decidido que quería ponerme pantalones. Yo me “sometí” [Ella puso eso entre comillas] y me puse un vestido, pero por dentro estaba muy de pie con unos pantalones puestos.

A través de este incidente Dios me mostró que la sumisión es mucho más que simplemente hacer lo que se nos pide. Es un asunto del corazón.”

Y aquí una historia similar de otra amiga. Ella dijo,

“Antes entendía la sumisión como no violar de forma directa las instrucciones de mi esposo. Si él definía una línea, yo me sometía. Yo pensaba que eso era sumisión. Mi entendimiento de la sumisión estaba más centrado en las acciones externas que en la humildad interna de un corazón rendido.

El estilo de liderazgo de mi esposo nunca ha sido autoritario. Es un líder muy gentil y amable y raramente es definitivo sobre algún tema. Pero temprano en nuestro matrimonio, si él tomaba una decisión que yo no quería seguir, yo me sometía con resistencia. [Por cierto, puedes hacer sentir a tu esposo miserable con ese tipo de sumisión. Porque él puede percatarse de ello.]

Yo era como un niño en la silla de comer que insistía en pararse en la silla mientras la madre intentaba que se sentara. Cuando finalmente se sentaba, enfáticamente diría, ‘Puede que esté sentado exteriormente pero estoy parado en mi corazón.’ Esa era yo. Puede que me sometiera a las decisiones de mi esposo, pero era con una mala actitud, y si me daba la oportunidad, estaba lista para señalarle por qué esa decisión no funcionaría.”

Y entonces vemos el problema de ese tipo de sumisión no-bíblica, carente de un espíritu sumiso.

“Como resultado de mi personalidad voluntariosa y del temor a la confrontación que temía mi esposo, nuestro matrimonio sufrió mucho bajo esa dinámica invertida: él siguiendo mi liderazgo.

Cuando me percaté de cómo mi dominio lo había afectado, lo había castrado y paralizado con temor, me acerqué a él arrepentida y buscando su perdón. Pero ha sido una ardua tarea la de reconstruir y aplicar serios esfuerzos para desarrollar nuevos patrones de comportamiento y de aprender la actitud humilde que es necesaria para vivir la sumisión bíblica. Para él significa tener el valor de liderar luego de años de seguir mis pautas.”

Así que como ves, con una falta de espíritu sumiso, puedes cavar tu propia tumba y construir patrones en tu matrimonio que serán muy pero muy difíciles de revertir en años posteriores.

De manera que la sumisión implica responder a la iniciativa de tu esposo, a su liderazgo y eso implica la disposición de confiar en Dios y por ende en tu esposo, porque reconoces que Dios es el que está a cargo. Dios es la cabeza. Quiere decir rendir el impulso de estar en control. Quiere decir renunciar a las riendas.

Desde Génesis capítulo 3, eso es muy, muy difícil de hacer para nosotras las mujeres. Existe esta batalla por el control. Me he preguntado, ¿Por qué la sumisión es una lucha tan grande para nosotras en todos los niveles, incluyendo dentro el contexto del matrimonio?

Creo que para muchas es el deseo de control. En Génesis capítulo 3, parte de las consecuencias de la caída en el caso de la mujer fue que Dios le dijo, “Tu deseo, tu inclinación, será para gobernar a tu marido, el tendrá dominio sobre ti” (versículo 16, parafraseado). Estarán desintonizados. No estarán en el orden que fueron creados. Tú no estarás hupotasso—colocada debajo de tu esposo. Tu deseo será dominar su vida. Así que tenemos este deseo de control.

Y creo también que es difícil por causa del miedo. Tenemos el miedo de ¿y qué pasa si él se equivoca? ¿Qué si él dirige nuestra familia a la bancarrota? ¿Y qué si hace que mi vida sea miserable? ¿Y si hace que la vida de mis hijos sea miserable? Eso es temor.

También está el problema del orgullo. “Todo camino del hombre es correcto a sus propios ojos”. Creemos que sabemos más. Es increíble cuando escuchas parejas hablar de conflictos y problemas en su matrimonio. Si oyes a la esposa, piensas, “Oh, ella tiene la razón, él necesita cambiar”. Pero luego cuando escuchas al esposo, piensas, “Oh él tiene la razón, ella necesita cambiar”. Ambos tienen culpa. Cada uno ve las cosas desde su propia perspectiva. Y eso es orgullo.

Luego tenemos este asunto de que somos rebeldes de corazón. ¡Y lo somos! Podemos sentarnos en este salón o en la iglesia o encontrarnos en alguna conferencia y podríamos vernos como muy agradables, bien vestidas y con un espíritu muy dulce, pero de corazón somos rebeldes. Queremos las cosas a nuestra manera. Te digo la verdad. No me importa hacer ninguna de las cosas que debo hacer siempre que no haya otra persona diciéndome lo que debo hacer. ¿Te identificas? Es un asunto de la voluntad. Somos rebeldes. Por eso luchamos.

Ahora para algunas esta lucha es en esta área—y lo he escuchado de muchas mujeres en diferentes maneras—“mi esposo no es un líder”. O, “mi esposo no quiere liderar”. Esta es una gran frustración de muchas, muchas mujeres hoy.

Tengo una amiga que me dijo el otro día, “A mi esposo no le gusta el conflicto ni la confrontación así que él evita dar dirección que piensa que yo no voy a aceptar porque a los hombres no les gusta correr el riesgo de ser derribados o rechazados por hacer lo que ellos creen que es correcto”.

Luego le pregunté al esposo de esta mujer, en presencia de ella, en cuanto a su perspectiva con respecto a esto. Desde la perspectiva del hombre, “Dime ¿porqué es más difícil para algunos hombres liderar a sus esposas?” Y él dijo, “Principalmente, si un esposo siente que su liderazgo va a amenazar su relación, el protegerá la relación y no el liderazgo”. Él se va a retirar porque él no quiere que la relación corra peligro.

Así que puedes obedecer externamente pero tener este espíritu resistente, frío, castigando a tu esposo emocionalmente, siendo manipuladora, controladora, teniéndolo como un rehén. ¿Sabes lo que es posible que pase? Es probable que él se retire. Luego dices, “¿Por qué él no lidera?” Tal vez quieras devolverte y decir, “¿He hecho que el liderar sea algo amenazante para él?”

Como mujeres podemos hacer eso de formas bien silenciosas. Puede que no seas una gritona pero tu esposo sabe cuando él está pagando por haber tomado la iniciativa y haber liderado en algo con lo que no estabas de acuerdo.

Yo he estado haciendo encuestas entre los esposos esta semana pasada, preguntándoles sobre cómo luce la sumisión desde su perspectiva y por qué es difícil para algunos hombres liderar en algunos casos. El esposo de otra amiga me dijo, “Si todo es desafiado y cuestionado, es más difícil liderar que no hacer nada, un esposo pudiera bien decidir no hacer nada en vez de tomar el riesgo al fracaso”.

Una mujer me envió un correo electrónico y decía, “Nuestro matrimonio consiste en un esposo pasivo que no es creyente y una esposa dominante [hablando de ella misma] que como creyente conoce el mandamiento pero está luchando para obedecer y someterse a su esposo. Como resultado, hay muchas ocasiones donde mi esposo simplemente me deja tomar las decisiones para evadir el conflicto. Esto va en constante detrimento de nuestro matrimonio”.

El increíble modelo que tenemos en las Escrituras para la sumisión en acción y en espíritu—el más grande modelo—es el del Señor Jesucristo mismo. El Padre y el Hijo, totalmente iguales, y de todas formas el Hijo le dice al Padre, “He venido a hacer tu voluntad, oh Dios”. En los Salmos, “Me deleito en hacer tu voluntad”. El mandamiento del Padre vino a ser la decisión del Hijo. Sumiso a la voluntad del Padre.

En Juan capítulo 6, versículo 38, Jesús dijo: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Hupotasso—colocándose a sí mismo debajo de la autoridad de su Padre Celestial. Y él lo llevó a las últimas consecuencias. Filipenses capítulo 2, versículo 8, “Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.

Tú dices, “Que final tan terrible. Mira a donde le lleva la sumisión”, No, debes leer el próximo versículo. “Por lo cual Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9). Ya ves, la sumisión al final es la forma de ser exaltados por Dios.

El asunto fundamental es nuestra sumisión a Dios. Si estamos rendidas y sometidas a Él, colocarse debajo (hupotasso)—someternos a nosotras mismas bajo autoridades humanas—no será tan amenazante para nosotras.

Una amiga me dijo la semana pasada, “Yo no me sometí, ni confié en mi esposo en los primeros años de nuestro matrimonio porque yo no me sometía ni confiaba en el Señor”. ¿No es ahí donde encontramos el verdadero problema? En nuestra relación con el Señor.

No puedes doblar tus rodillas ante tu esposo si no has doblado tus rodillas delante de Dios. Y si no has doblado tus rodillas ante tu esposo, tus rodillas no están dobladas delante de Dios. Una es el reflejo de la otra. Déjame decirte que ese tipo de sumisión debe estar basada en la confianza. Tú dices, “Pero mi esposo no es…” Yo no dije confianza en tu esposo. ¿Dónde está tu confianza? La confianza debe estar en Dios.

Proverbios 21 dice, “Como canales de agua es el corazón del rey en las manos del Señor; Él lo dirige donde le place” (verso 1). Escuchen, mujeres, nuestra disposición para colocarnos debajo de la autoridad ordenada por Dios es la mayor evidencia de cuán grande creemos que Dios realmente es. ¿Crees que Dios es suficientemente grande para convertir el corazón de tu esposo si eso complace al Señor?

Ahora, puede ser que Dios vuelva tu propio corazón hacia Él. Puede que estés pensando que es el corazón de tu esposo que necesita ser cambiado, pero tal vez es tu propio corazón que necesita ser cambiado. ¿Crees, confías en que Dios es suficientemente grande para convertir su corazón si eso complace al Señor y es lo que se necesita?

Puede que tu esposo se equivoque, y lo hará. Los mejores esposos, aquellos con los que tú piensas que te gustaría estar casada si te tocara hacerlo otra vez, los que tú respetas; los ves en el púlpito. Lo escuchas enseñando la Palabra de Dios y piensas, “Oh, esa esposa es muy afortunada”. Escucha, ella vive con él. Tú no. Ese hombre se equivoca, como tu esposo se equivoca, como todos los hombres se equivocan y como tú misma te equivocas.

Todos somos pecadores. Cuando tu esposo da un paso en falso, ¿Cómo permaneces con un espíritu de sumisión? Confías en que Dios es soberano. Confías en que Dios está en control y que Dios no se ha dormido en su trabajo. No se ha levantado de su trono. Él es suficientemente grande y grandioso para convertir el corazón de un hombre y protegerte en el proceso.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando una imagen de cómo se ve la sumisión cuando las cosas son difíciles.

Es parte de un estudio profundo de Tito 2 que toda mujer debe oír. Esta serie cubre la relación de una mujer con Dios, la doctrina, el dominio propio, las relaciones con otras mujeres de la iglesia, los hijos y los esposos.

Nuestro ministerio se sostiene con tus ofrendas. Puedes llamar para hacer tu ofrenda marcando el 1-800-569-5959 desde EE.UU. y Canadá. También invitamos a visitar nuestra página web, http://www.AvivaNuestrosCorazones.com. Podrás encontrar artículos y recursos de interés sobre este tema.

En el próximo programa continuaremos viendo la sumisión de una forma práctica. ¿Cómo se ve entre dos personas imperfectas? Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

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J10 – ¿Amar, cuidar y obedecer?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J10 – ¿Amar, cuidar y obedecer?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amar-cuidar-y-obedecer/

Carmen Espaillat: ¿Qué viene a tu mente cuando piensas en la palabra sumisión? Nancy Leigh DeMoss lo aborda de esta manera.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que debemos partir de la premisa de que la sumisión es algo bueno. Es algo hermoso.

Quizás no sea fácil de entender. Quizás no sea fácil vivirlo o abrazarlo porque somos caídos y por naturaleza no queremos someternos a nada ni nadie más que a nosotros mismos. Entonces como pecadores caídos, es difícil.

Pero si tan solo pudiéramos volvernos atrás y tener la perspectiva de que es hermoso; que es bueno; que es para nuestra bendición; para nuestro beneficio; es para nuestra protección. Y mucho más importante, que es para la gloria de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos estado en una enriquecedora serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5. Ha sido espiritualmente profunda y muy práctica, cubriendo una variedad de temas que afectan hoy a la mujer. Aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Recientemente me topé con una página web de una planificadora de bodas que ayuda a las novias, futuras jóvenes novias, a planificar sus bodas. He aquí un párrafo de esta página web. Dice así:

“Los votos de una boda tradicional incluyen preguntar al novio si él va a amar y a honrar. Pero a la novia se le pregunta en los votos tradicionales si ella va a amar, honrar, y a obedecer a su esposo. La palabra obedecer [según dice esta página web] parece ser problemática para la mayoría de las novias. Hoy en día, las parejas se ven a sí mismas como compañeros iguales cuando se casan, por lo que la palabra obedecer se elimina de los votos”.

Así que lo que ha sido tradicional, hoy no aplica, según dice esta planificadora de bodas.

Me encontré con una página web cristiana donde había una discusión en uno de sus blogs sobre si incluir o no “obedecer” en los votos matrimoniales. Una mujer que se identificó como “Anne” dijo lo siguiente:

“No me he casado, pero espero algún día hacerlo. Pero no quiero incluir la palabra ‘obedecer’ en mis votos. ¿Amar, honrar y respetar? Sí, definitivamente. Pero no voy a decir ‘obedecer’ a ningún hombre. Yo obedezco a Dios y solo a Él serviré. ‘Obedecer’ para mí significa subyugación, servidumbre, pérdida de derechos, falta de habilidad para tomar decisiones. Quizás cambie de parecer, pero por ahora no lo creo.”

Yo creo que Anne representa dónde muchas, muchas, quizás la mayoría de la mujeres se encuentran en su entendimiento y perspectiva sobre la obediencia; sobre esa palabra obedecer o la palabra con “s”; sumisión. Hoy vamos a sumergirnos en eso y trataremos de obtener luz bíblica sobre cómo luce la sumisión, lo que significa y por qué es importante.

Nos encontramos en Tito capítulo 2, y estamos aprendiendo aquellas cosas que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes. Las ancianas deben enseñar lo que es bueno, así como instruir a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. Y ten en cuenta dónde comienza todo este currículo. Comienza con la palabra “amor”… Amar.

Si tienes amor en tu corazón, entonces todo lo demás en esta lista será mucho más fácil de cumplir. “ Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4-5).

Ahora bien, sé de un montón de mujeres que piensan, “Si Dios hubiera podido dejar esa última característica fuera de esta lista, sería mucho más fácil de tragar.” ¿Estoy en lo cierto? Sumisas a sus propios maridos.

¿Qué significa esa palabra? ¿Por qué se encuentra en las Escrituras?

La palabra—y muchas de ustedes han escuchado esto antes—en el lenguaje original sería la palabra hupotasso. Es una composición de dos palabras griegas, hupo que significa “debajo” y tasso que significa “orden”.

Cualquier persona de la época en que esto fue escrito habría sabido que este término es un término militar común en el lenguaje griego. Significaba organizar las tropas al estilo militar bajo el mando de un líder. Así que tienes a un comandante y tienes las tropas que serían dispuestas en orden y de manera organizada bajo el mando de ese líder.

De manera que hoy ya no es solo un término militar. Ha llegado a significar: “colocar de una forma ordenada bajo algo; someterse a otra persona; situarse a uno mismo en sumisión.”

Quiero señalar que esta sumisión, de la forma en que la palabra es usada en el Nuevo Testamento, es un acto voluntario. Es auto someterse. Nadie puede hacer que te sometas a cualquiera ni a nada. Si tienes hijos adolescentes, sabrás cuán cierto es esto.

La sumisión es la aceptación del orden de Dios para nuestras vidas. Y en lo que se refiere al matrimonio, que es sobre lo que estamos hablando aquí—que las esposas se sometan a sus propios maridos—sumisión, para una mujer, significa aceptar el orden Dios para su vida como esposa.

De hecho, para su marido la sumisión significa aceptar el orden de Dios para su vida, y vamos a hablar de eso en un momento. La forma en que la palabra es usada, la forma en que la palabra en el lenguaje original, dice que las mujeres deben estar sometiéndose continuamente a sus maridos.

Esto es un estilo de vida permanente, no es una elección de una sola vez . Tu esposo no toma decisiones con las que no estás de acuerdo solo de vez en cuando. Esto pudiera ser un reto en la sumisión. Pero la sumisión debe ser un estilo de vida, continuamente sometiéndonos a la autoridad ordenada por Dios.

Si tienes el libro de Tito abierto, quiero mostrarte que este concepto de sumisión es un tema que recorre todo el libro, iniciando con el concepto de desobediencia o insubordinación, lo opuesto a la sumisión. Vemos en el capítulo uno que la desobediencia o insubordinación son características de aquellos que no conocen a Cristo. Es una característica de los no creyentes.

Observa en el capítulo 1, en el versículo 6. Aquí se está hablando acerca de los requisitos para los líderes espirituales dentro de la iglesia. “Esto es, si alguno es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía.” Tener un hijo rebelde o insubordinado descalifica a un hombre de ser un líder espiritual en la iglesia.

La palabra insubordinación en el original no es hupotasso esencialmente. Es todo lo opuesto. Es el lado negativo. Es un niño que no está bajo autoridad.

Luego observa en el capítulo 1, versículo 10: “Porque hay muchos rebeldes.” De nuevo una descripción de los no creyentes. Después en el capítulo 1, versículo 16 describiendo a los no creyentes dice—“siendo abominables y desobedientes”. Esa palabra no se diferencia de la palabra insubordinación . Tiene que ver con no dejarse convencer, con no estar dispuesto a escuchar, a estar endurecido, terco y obstinado.

En el capítulo 3, versículo 3, el apóstol Pablo dice: “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios”— ¿y qué más? “Desobedientes”. Éramos así.

No todos lo vivimos. Fui redimida a la edad de 4 años, así que no tuve una gran cantidad de años para mostrar un montón de desobediencia salvaje en términos de un mal comportamiento. Pero mi corazón no estaba bajo autoridad.

Por el contrario, cuando Pablo se dirige a creyentes él hace énfasis en que la sumisión es una característica de aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo. Él habla de la sumisión en el contexto de una variedad de relaciones. Acabamos de ver el capítulo 2, versículo 5 donde las jóvenes tienen que ser sumisas, hupotasso, ordenadas bajo sus propios maridos.

Pero no solo es a las mujeres. Observen en el versículo 9 del capítulo 2. “Exhorta a los siervos a que se sujeten”, hupotasso, “a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo.”

Así que de nuevo tenemos esta estructura de autoridad; existe esta disposición. Se puede comparar esto con el mundo del trabajo. Hay jefes y hay subordinados. Aquellos que se encuentran bajo jefes, deben estar bajo los mismos, hupotasso, sumisos, para agradar, sin argumentar.

Ellos no son los que tienen la última palabra. Ellos no están para contender diciendo: “Lo haré a mi manera”. Ellos están ordenadamente dispuestos por debajo de sus jefes. Revisa el capítulo 3, versículo 1, y de nuevo puedes ver este tema recurrente en Tito.

Ahora él está hablando sobre todo el mundo en el cuerpo de Cristo. Él dice: “Recuérdales que estén sujetos,” hupotasso. “sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes.”

Dios ha configurado todo el universo con relaciones de autoridad y sumisión. Hay un orden para este universo. Y Dios es el diseñador del universo. Él es quien mejor sabe cómo debe funcionar, porque Él lo hizo. El llamado a los creyentes es a que estén bajo la autoridad ordenada por Dios, disponernos a estar hupotasso, a estar bajo la autoridad ordenada por Dios.

Ahora en lo que se refiere a la sumisión dentro del matrimonio, este es un botón rojo. Es un tema tan controversial que tienes que tener la piel muy gruesa para hablar de esto en público, especialmente si eres hombre, o un pastor. Necesitamos pastores que prediquen la Palabra de Dios respecto a esto.

Pero creo que una de las razones por las que hoy en día es tan difícil hablar de ello es por todo el montón de ideas erróneas acerca de la sumisión. Hay mucha confusión. Todo este concepto es inconcebible para muchas personas hoy en día, incluyendo tristemente a muchos creyentes.

Hay muchas personas que consideran este concepto como culturalmente irrelevante y simplemente descartan la idea. La denominación Bautista del Sur en el año 2000 modificó su documento básico de teología llamado “La confesión de fe bautista”. Entre otros cambios añadieron una declaración sobre vida familiar. Quiero leerles lo que ese párrafo citaba:

“El esposo y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, ya que ambos fueron creados a imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma en que Dios se relaciona con su pueblo. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a Su iglesia. Él tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger y guiar a su familia.

Una esposa debe someterse de buena gana al liderazgo de siervo de su esposo, así como la iglesia se sujeta voluntariamente a la autoridad de Cristo. Ella, siendo creada a la imagen de Dios así como lo es su marido y por lo tanto igual a él, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su esposo y servirle como su ayuda en la gestión del hogar y en la crianza de la próxima generación.”

Ahora bien, ese párrafo a mí me suena muy parecido a un montón de cosas que he escuchado o leído en las Escrituras, las cosas que hemos estado hablando en esta serie. Pero cuando esa corrección fue aprobada en la Convención Bautista del Sur, estalló una tormenta de fuego. Fue algo muy grande en el mundo secular y tristemente también en el mundo cristiano.

Por supuesto, la frase que desató toda la ira fue la frase: “Una esposa debe someterse de buena gana al liderazgo de siervo de su esposo.” La gente se enfureció con esto—tanto los cristianos como los no-cristianos, los bautistas como los no-bautistas.

Un ex presidente de los Estados Unidos—no diré quién—trasladó su membrecía de por vida de la denominación Bautista del Sur, calificándoles de “rígidos” y diciendo que, “Esta declaración era una distorsión del significado de la Escritura”.

Es un tema muy controversial. Es un tema explosivo. Pero debemos iniciar diciendo que este concepto de que las esposas sean sumisas a sus maridos está claramente, e inequívocamente establecido en las Escrituras, múltiples veces, no solo una vez, sino muchas veces.

Los teólogos del presente, muchos de los cuales se llaman a sí mismos cristianos evangélicos, están haciendo todo tipo de malabares para explicar estos textos, para hacerlos decir algo distinto de su significado literal. Ellos dicen algo como, “Ah, eso fue solo para esa cultura. Eso era solo para ese contexto, pero no se aplica a nuestra cultura.”

Al estudiar las Escrituras, puedes ver que este concepto es consistente con la totalidad de las Escrituras y que es algo transcultural. Trasciende las culturas y las épocas. Yo no voy a entrar en todo el debate técnico ni teológico de todo esto. Hay algunos buenos libros que puedes leer sobre el tema, y en nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com tenemos algunos recursos que si quieres estudiar más al respecto están disponibles.

Pero me gustaría decir, como punto de partida para todo este concepto de la sumisión en general, y en particular de la sumisión en el matrimonio, que esta es la idea de Dios. Esto no es algo que Pablo se inventó. No es algo que tu esposo ideó. Esto no es algo que los hombres se reunieron y dijeron, “¿Cómo podemos hacer la vida de la mujer miserable? Ajá, ya sé lo que haremos: ¡Haremos que se sometan a nosotros!”

No fue a un club de hombres a quienes se les ocurrió esta idea. Este es el soberano, Dios creador y Señor del universo, que no solo es soberano, pero que es sabio, bueno y amoroso, y nos hizo y cuida de nosotros como Sus hijos y Sus hijas y quiere lo mejor para nosotros. Él es el diseñador. Él sabe lo que es mejor para nosotros.

Él ha establecido relaciones de autoridad y sumisión en todo el universo. Creo que debemos tener este punto de partida de que la sumisión es algo bueno. Es algo hermoso.

Quizás no sea fácil de entender. Puede que no sea fácil de vivir o abrazarlo porque somos caídos y no queremos naturalmente someternos a nada ni a nadie más que a nosotros mismos. Así que como pecadores caídos, es difícil.

Pero si pudiéramos volver atrás y obtener la perspectiva de que es hermoso; de que es bueno, de que es para nuestra bendición; es para nuestro beneficio; es para nuestra protección. Aún más importante, es para la gloria de Dios.

Esta es la perspectiva con la quiero que iniciemos. Si Dios lo ordena, entonces es bueno, es precioso. Para nosotros abandonarlo o rechazarlo o fallar en abrazarlo es hacernos daño a nosotros mismos y al Evangelio.

Mientras me preparaba para esta serie, estaba luchando un poco porque estaba bajo la suposición de que todas las mujeres cristianas ya entienden este concepto de la sumisión. Les guste o no, lo entienden. Y estoy pensando, “¿Qué podría yo decir que sea nuevo o interesante o que no hayan escuchado antes?” Estaba luchando un poco con eso.

Pero luego tuve una cena hace como una semana aproximadamente con algunas de mis amigas. Estábamos hablando y les pregunté, “Cuando se casaron y cuando eran jóvenes esposas, ¿cuál era su concepto sobre la sumisión? ¿Lo entendían?”

Fue interesante ver, mientras recorríamos alrededor de la mesa, como estas mujeres dijeron, todas de maneras diferentes, “Yo no tenía ni idea sobre la sumisión, sobre lo que realmente es, o tenía conceptos erróneos acerca de lo que realmente es.”

Dijeron cosas que les hubiera gustado entender mejor como jóvenes esposas, y es por eso que tenemos Tito capítulo 2 que habla de que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes estos conceptos. Una de las mujeres en la mesa dijo: “Mi idea de la sumisión era hacer lo que mi esposo quería que yo hiciera, solo si estaba de acuerdo con eso y si me gustaba.”

Y yo le dije: “¿En serio?”

Y ella me dijo: “Sí. Realmente ese era mi concepto de sumisión. Si me gustaba o estaba de acuerdo con algo, entonces lo hacía.”

Recibí un correo esta semana de otra mujer. Después de la conversación en esa cena envié correos a varias de mis amigas diciendo, “Me gustaría saber cuál era su concepto de sumisión cuando se casaron, y en qué áreas han luchado con este problema.”

Una mujer dijo,

“No solo no sabía nada sobre la sumisión, sino que mi madre era una mujer alemana obstinada quien muy a menudo pisoteaba a mi papá con sus demandas y sarcasmos. Si yo hubiera entendido la sumisión bíblica al inicio de mi matrimonio, hubiéramos podido evitar muchos argumentos hirientes.”

Quiero decir a las mujeres más jóvenes que nos están escuchando, que si puedes venir al entendimiento del concepto de Dios sobre la sumisión bíblica como la de Cristo, podrás evitar muchos problemas que hacen daño a tu matrimonio.

Eso no quiere decir que no habrá problemas, porque la sumisión y la dificultad usualmente van de la mano. Así que esto no es algo fácil. Pero si lo aprendes a la manera de Dios y lo haces a Su manera, encontrarás una enorme protección y bendición en tu matrimonio.

Durante los próximos días, quiero exponer los “ABC” de la sumisión, los conceptos básicos. Puedes haber escuchado antes muy a menudo estas cosas, pero he descubierto, aún siendo una mujer soltera pensando en estos asuntos, que es bueno para mí revisar y ensayar los conceptos básicos.

No voy a cubrir todo el fundamento sobre este tema, no voy a contestar todas las preguntas que pudieran levantarse sobre este tema— ¿cómo se aplica en esta o en aquella situación?—pero voy a ofrecer un conocimiento fundamental, lo que es y lo que no es la sumisión, y cómo se ve en el matrimonio.

Permítanme comenzar diciendo que la sumisión no se basa en cuán sabio o espiritual o piadoso o capaz sea tu esposo. Tampoco se basa en que si te guste su estilo, sus modales o su personalidad. No quiere decir tampoco que él es más espiritual de lo que tú eres. No quiere decir que él sea más inteligente que tú. No está basado en ninguna de esas cosas.

¿Sabes en lo que se basa? Se basa en la posición que Dios le ha dado a él y a ti colocándote bajo su cargo. ¿Cuál es esa posición?

Primera a los Corintios capítulo 11, versículo 3, lo dice con tanta claridad. “Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo.” Los hombres tienen que ser sumisos. “La cabeza de la mujer [de la esposa] es el hombre [su esposo] y la cabeza de Cristo es Dios.”

Entonces, ¿puedes ver la jerarquía en esto? Dios es la cabeza de todo. Él es la cabeza de Cristo. Cristo es la cabeza del hombre, y la cabeza de la mujer es su esposo.

Así que toda sumisión es con relación a Dios. El esposo debe estar sometido a Cristo. Esto pone una enorme responsabilidad sobre los hombres, por cierto, esto de estar sometidos a Cristo. Pero la mujer es responsable, en cuanto a la sumisión, de posicionar a su esposo como su cabeza.

Podemos ver ese mismo pensamiento en Efesios capítulo 5, en los versículos 22 y siguientes. “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos.” Por cierto, tanto Tito como Efesios expresan claramente que tu sumisión no es hacia el esposo de cualquier otra persona, sino al tuyo.

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella (versículos 22-25).

Se puede ver que el contexto para la sumisión es una relación de pacto. Ése es el contexto. Pablo establece la sumisión de la esposa en el contexto del amor sacrificial de su esposo y el amor de la esposa a su marido.

En Tito capítulo 2, versículo 4 dice (NVI), “Amar a sus esposos, y a sus hijos.” En ese contexto, no será tan difícil someterse.

Al mirar ese pasaje en Efesios capítulo 5, nos damos cuenta que hay muchas más cosas en juego en esto que simplemente cómo te sientes al respecto. El cuadro es más grande. Es el plan de redención. El matrimonio cristiano tiene la intención de ser la imagen de la relación entre Cristo y Su iglesia.

Esta es la razón fundamental para someterte a tu esposo—lo que hace que el mundo piense sobre la relación entre Cristo y Su iglesia. El matrimonio es una imagen de Evangelio. Cuando los esposos y las esposas no cumplen con su rol dado por Dios en el matrimonio, ellos empañan la imagen. Traen reproche sobre la Palabra de Dios.

Así que permíteme preguntarte, ¿qué dice tu matrimonio acerca de la relación de Cristo y Su novia? Dios no te hace responsable por cuán bien tu esposo cumple con su parte dentro de la imagen, hay mujeres en esta sala con esposos no creyentes o que no actúan como creyentes. Tú no eres responsable de eso.

Dios lo va a hacer a él responsable sobre qué tan bien cumplió su ejemplo práctico de amar a su esposa como Cristo ama a Su iglesia. Pero te hará responsable a ti también—y sé que algunas de ustedes son mujeres jóvenes que aún no se han casado. Es necesario que entiendas esto antes de casarte, que tu llamado en el cuadro será el de representar la forma en que la iglesia debe responder a Cristo, su esposo.

No queremos estropear esa imagen. Así que no solo se trata de la dinámica, la química y la danza en tu propio matrimonio. Ten en cuenta mientras vives este concepto de amor, reverencia y sumisión en tu matrimonio, que eres parte de una grandiosa, más grande y mayor imagen y plan.

Tu matrimonio afecta toda la imagen. Así que si no es por el bien de tu marido ni el tuyo, o por el bien de tus hijos, entonces por amor a Cristo di: “Sí, Señor, estoy dispuesta a vivir mi parte de esta imagen y a hupotasso, estar debajo, a colocarme bajo el liderazgo, la autoridad de mi esposo.”

Queremos hablar en la próxima sesión acerca de lo que implica esa autoridad y sobre lo que la sumisión significa y no significa. Pero el punto de partida es diciendo, “Sí Señor. Quiero que mi vida, que nuestro matrimonio, sea una imagen de Tu grandioso plan de redención.”

Carmen: Esta es Nancy Leigh DeMoss. Sabes que someterte a tu marido es solo un aspecto de reflejar la belleza de Dios como una mujer de Dios. Hemos estado estudiando el hermoso diseño de Dios para la mujer durante varias semanas. Espero que escuches la serie completa. Puedes escucharla visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com. Obtén todo el trasfondo del tema de la sumisión y aprende también otros distintivos de una mujer de Dios.

Someterte a tu esposo es imposible a menos que primero te sometas a Dios. Descubre por qué, cuando Nancy Leigh DeMoss retome este tema en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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J9 –Entrenándote a ti misma y a tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J9 –Entrenándote a ti misma y a tus hijos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/entrenandote-ti-misma-y-tus-hijos/

Carmen Espaillat: ¿Qué efecto tendría la hipocresía en tus hijos? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Creo que debemos al menos hacernos la pregunta: “¿Vieron nuestros hijos, no solo algunas cosas de manera aislada, pero un patrón de vida o un espíritu en nuestro hogar que no era coherente con lo que decíamos creer?”

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Durante varias semanas, Nancy Leigh DeMoss ha ofrecido enseñanzas prácticas acerca de Tito 2:1-5. Es un pasaje poderoso para las mujeres de hoy. Kim Wagner y Holly Ellif, cuyos esposos son pastores, explican como los principios en estas series transformaron sus decisiones como esposas y madres. Aquí tenemos a Holly.

Holly Elliff: Escuché hablar a Gloria Gaither sobre un momento en su vida donde ella fue ante el Señor, y ella se quejaba ante Dios. Ella quería hacer esto, y quería hacer esto otro, y permanecía siendo interrumpida por todas esas otras cosas que le impedían continuar con este otro ministerio y el libro que quería escribir.

Dios vino a ella y le dijo: “Gloria, todas esas cosas que viste como interrupciones eran elegidas por Mí para este tiempo. No eran interrupciones. Yo estaba dirigiendo hacia tu vida aquellas cosas que Yo deseaba que estuvieran allí.”

Ella dice que esto cambió totalmente su perspectiva mientras examinaba como era su vida de años atrás. Pero también dijo, ya como una mujer mucho mayor: “Me hubiese gustado haber sido capaz de mirar hacia atrás mucho antes, porque he desperdiciado tantos años frustrándome con las interrupciones. Desearía haber reconocido antes que no eran interrupciones sino que Dios las había puesto allí en mi vida.”

Nancy: Ciertamente, creo que esa perspectiva puede guardar a una mujer del resentimiento, de la amargura; evitar que se irriten fácilmente, que manifiesten un espíritu impaciente e irritable, como hemos hablado en programas anteriores.

Kim Wagner: Esto nos lleva a un estado de entrega total, donde realmente vemos las cosas desde la perspectiva de Dios, la perspectiva de la soberanía de Dios, reconociendo que “Dios, Tú eres soberano, Tú tienes el control, y todo lo que permites es bueno porque Tú eres un Dios bueno.”

Holly: Creo que es importante, también, darnos cuenta de que esta no necesariamente será una decisión que tomaremos una sola vez.

Kim: Es cierto. Es algo constante.

Holly: A medida que maduramos en Cristo, comprenderemos mejor la soberanía de Dios. Pero literalmente, en ocasiones, cada momento debe ser uno de rendición ante la voluntad de Dios. Así que puede ser que constantemente tenga que salir de la cocina y decir con el espíritu correcto: “¿Dios, cambiare mi corazón mientras me encuentro haciendo estas cosas mundanas, o estas cosas del mantenimiento, o tratando con esta relación? ¿Me podrías dar un corazón dispuesto en medio de todo esto?”

Nancy: Esto es algo crucial para cada madre. ¿No les parece que el espíritu y el tono de una madre tienen mucho que ver con el clima de un hogar?

Kim: Sí. Por supuesto.

Nancy: Yo solo pienso: “¿Qué está pasando con esos esposos y con esos hijos?” Ahora bien, yo no estoy diciendo que las mujeres son las únicas que están en falta aquí. Pero como veo el nivel de frustración, el nivel de irritabilidad, estoy pensando que hay esposos, hijos, nietos, compañeros de trabajo y miembros de la iglesia, que están siendo afectados por estas actitudes y espíritus nocivos.

Es por esto que pienso que, en medio de este práctico pasaje de Tito capítulo 2, sobre las cosas que hacen las mujeres más jóvenes en relación al hogar, el amor y la bondad son como una especie de fundamento o plataforma desde donde estas tareas deben llevarse a cabo.

Kim: Lo que acabas de mencionar Nancy acerca de todas las mujeres que lo están haciendo frustradas y con hostilidad, sin gozo, ni con un espíritu de humildad y gracia, y sobre cómo afecta a las personas a su alrededor… Creo que es ahí, en realidad cuando, en ocasiones, podemos blasfemar la Palabra de Dios, como podemos ver en 1era de Pedro 3 (ver versículos 1-6).

Nancy: Y justo allí es donde termina Tito 2 también.

Kim: Es cierto. Somos creyentes. Somos cristianas, y debemos reflejar el amor de Cristo. Debemos reflejar Su carácter, Su naturaleza, debemos reflejar lo que Él es. Cuando proclamamos que somos seguidoras de Cristo, con el Espíritu de Dios habitando en nuestro interior, y sin embargo, el fruto que producimos es hostilidad, criar nuestros hijos sin gozo, viviendo…

Nancy: Amargadas.

Kim: Amargadas, molestas, ofendiéndonos con facilidad, airadas. Todo esto trae oprobio a la Palabra de Dios, ya que contradice lo que decimos que la Palabra puede hacer en nosotras. Decimos que la Palabra de Dios puede transformarnos y hacernos semejantes a Cristo, sin embargo, no le reflejamos como debiéramos hacerlo. Las personas a nuestro alrededor tienen un gran conflicto ya que pensarán: “Si este es el cristianismo…” o “Si esto es lo que la Palabra de Dios hace… ”

Holly: “. . . ¿Quién querría eso? ¿Quién querría vivir de esa manera?”

Pienso que, por un lado, esta es la razón por la que todo el proceso de Tito 2 comienza por la sana doctrina, donde el comportamiento debe ser coherente con sus creencias. Si yo afirmo ser cristiana, tengo un cierto conjunto de creencias, y mi comportamiento debe modelar estas creencias, debe ejemplificar estas creencias. Así que si mi comportamiento no es coherente con lo que proclamo creer, hay una distorsión, algo anda mal. Es ahí donde vamos al Señor, y le decimos: “Dios, muéstrame dónde no me parezco a Ti. Estas son las cosas que quiero que Tú cambies.”

Nancy: No es solo el comportamiento, porque conozco a muchas mujeres que están haciendo un montón de cosas que son correctas. Pero muchas veces, donde yace el reto es, en hacer las cosas correctas, con el espíritu correcto: Haciéndolo con gozo, con amabilidad, con amor.

Piensen por ejemplo en 1lira a los Corintios capítulo 13 y aplica eso a la vida de una madre: “Si alimento a todos mis hijos, y les hago fabulosas comidas, y puedo decorar mejor que cualquier diseñador, y puedo confeccionarle ropas, y hacer todas las cosas, y manejar este increíble horario, pero no tengo amor…”

Kim: Es címbalo que retiñe.

Holly: El Salmo 101 habla de andar en nuestra casa “en integridad de corazón” (versículo 2). Se requiere comprender que mi hogar es el campo donde lo que creo es probado. Así que no importa cómo me veo en la iglesia cuando todos mis hijos están bien vestidos, o cuando vamos al centro comercial y nos comportamos correctamente. Si no reflejo a Cristo dentro de las paredes de mi hogar, entonces, de nuevo, hay una gran discrepancia entre lo que proclamo creer y lo que realmente creo.

Nancy: Yo quiero ser muy cautelosa aquí, porque hay un sinnúmero de personas y de historias diferentes, e innumerables situaciones y oyentes diferentes. Pero insisto, y hemos abordado esto con anterioridad en Aviva Nuestros Corazones: Hay una realidad y es el hecho de que un gran número de adolescentes cristianos que recibieron formación en sus hogares, que fueron ampliamente expuestos al Cristianismo, cuando crecen y llega el momento de dejar sus hogares, por una razón u otra, rechazan la fe de sus padres, la fe en la que crecieron.

Estoy segura de que hay muchos factores que contribuyen a esto, pero uno de estos factores debe ser las veces que miran atrás y dicen: “En mi casa, yo no vi ni experimenté la realidad de lo que escuchaba en la iglesia, ni de lo que escuchaba decir a mis padres”.

Una vez más, no pretendo cargar todo esto a los padres, pero creo que debemos al menos hacernos la pregunta: “¿Vieron nuestros hijos, no solo cosas aisladas, pero más bien un patrón de vida, un espíritu en nuestro hogar, que no era consistente con lo que proclamábamos creer?”

Kim: Creo que puede resultar en algo muy dañino para las madres de niños pequeños. Sé que cuando yo era una madre joven, no estaba consciente en lo absoluto de que debía ser intencional y abrazar la maternidad con gozo. Yo disfruté a mis hijos, pero en momentos donde el panorama se tornaba muy agitado y yo me encontraba súper ocupada, cuando debía estudiar desde mi casa y cumplir con todas mis materias, y yo tenía que hacer las comidas, me parecía que pasaba todo el día sin ni siquiera haber sonreído ni haber hecho todas las cosas con gracia.

Nancy: solo tachabas de tu lista las cosas que ya habías hecho.

Kim: Si solo tachaba de mi lista las cosas que yo había hecho. Creo que esto podría resultar en algo muy dañino, y estoy tan agradecida de que Dios abriera mis ojos con respecto a eso. Me gustaría que lo hubiera hecho antes, pero abrí los ojos al hecho de que necesitamos divertirnos con nuestros hijos.

Nancy: Y con tu esposo.

Kim: Si con nuestros esposos.

Holly: Eso no va a pasar en cada momento del día, pero si tienes varios hijos pequeños, hay momentos en que estás tan cansada y agobiada que piensas: “Si alguien más me pide algo hoy, voy a explotar”.

Así que tenemos que reconocer que vivimos en cuerpos humanos, y que todavía estamos en esa realidad terrenal, llenas de pecado y corrupción. Pero cuando llegamos a esos momentos en que se nos hace tan difícil el escoger responder de la manera correcta, si llegamos a fallar, es muy importante el darnos cuenta que solo nos tomaría un instante volvernos al Señor y decirle: “¿Dios, podrías gobernar mi espíritu? ¿Podrías controlar lo que sale de mi boca?”

Debemos escoger esta opción, así que cuando fallo, vuelvo al Señor y recibo su gracia para que opere en mi vida, porque la mayoría de las veces —o mejor dicho, nunca— tenemos en nosotras lo que se necesita para hacerlo. Entonces, si lo he estropeado todo frente a mis hijos, estaré modelando para ellos la relación que ellos deben tener con su Padre Celestial si vuelvo a ellos y les digo: “¿Saben qué? La manera en que acabo de hacer esto fue realmente terrible, y estuvo mal. ¿Me perdonan? Estaba realmente enojada, y di la respuesta incorrecta.”

Nancy: Esto es muy importante.

Holly: No fue mi respuesta; fue mi reacción. Usamos mucho esas dos palabras en nuestra casa, pero sus hijos pueden entenderlo, incluso los más pequeñitos. Ellos pueden entender que lo hice mal, que vas a venir a decirle: “Lo siento, me equivoqué. ¿Me perdonas?” Ellos pueden entenderlo rápidamente la mayoría de las veces, (si no han sido heridos en repetidas ocasiones, por largos períodos de tiempo), y nos extenderán el perdón. Entonces, les acabas de enseñar cómo ellos deben tratar con su pecado ante su Padre Celestial.

Kim: Y ante los demás.

Holly: Por lo tanto, lo estás ejemplificando para ellos.

Kim: Entonces, la verdadera bendición es cuando tu hijo por iniciativa propia viene donde ti diciéndote: “Mami, ¿me perdonas? Te hablé de una manera incorrecta. No debí enojarme. No debí hablarte de esa forma”.

Holly: Eso es parte de establecer el nivel de las relaciones en el hogar, es algo muy crucial, especialmente a medida que sus hijos son mayorcitos. Enséñales a tus hijos cuando todavía son pequeños que la manera de lidiar con el conflicto en casa es comunicándose, no permitiéndoles que se marchen a sus dormitorios y luego tiren la puerta. Si deciden escabullirse en sus dormitorios, alguien irá por ellos. Y esa no es la manera correcta. Debemos hablar sobre los problemas.

Así que enséñales desde pequeñitos que manejamos nuestros conflictos hablando sobre lo que pasó, arreglando las cosas en sus corazones, y unos con otros. Si los entrenas de esa manera a medida que van creciendo, es asombrosa la diferencia entre un adolescente que ha crecido hablando sobre los conflictos, en comparación a un adolescente que se ofendió, se fue a su habitación, tiró la puerta, y desarrolló su propia teoría de cómo lidiar con los conflictos.

Una madre me decía el otro día: “Bueno, mi hija no me habla. Ella tiene 10 años, y simplemente va a su habitación y cierra la puerta, y yo no la molesto. Yo quiero que ella tenga su propio espacio.” Yo le dije: “Ve y sácala de su habitación, porque cuando ella llegue a los 13 o 15 años, te estarás enfrentando con una adolescente.

Kim: Sabes es el mismo proceso con los padres también. Si después de hablar con mi hijo, su corazón todavía está endurecido y no hay arrepentimiento, yo le digo: “Vamos a orar por esto”. Entonces lo tomo de la mano y oro. Oro en voz alta, y oro que el Señor lo llene de su amor. Y esto nunca ha fallado mis hijos se quebrantan y se arrepienten.

Nancy: Lo que ellos ven es que no solo se trata de ti, sino que el Señor forma parte de esto.

Kim: Es cierto.

Holly: En ocasiones no debo esperar más de ellos de lo que espero de mi misma. En otras palabras, hay momentos en los que Dios toca mi vida y me dice: “Holly, esto necesita de tu atención”. Y lucho con el Señor hasta llegar al arrepentimiento. Debo extender esa misma gracia a mis hijos. Así que si ellos todavía están luchando, a veces escribo cuatro o cinco preguntas y le digo: “Está bien, quiero que te sientes aquí, que pienses sobre estas preguntas y escríbeme una respuesta”.

Nancy: ¿Preguntas como. . .?

Holly: Preguntas como:

● ¿Qué fue lo que hice que estaba mal? Llamarlo por su nombre.

● ¿Qué podría haber hecho diferente?

● ¿Respondí o reaccioné?

● ¿Qué piensa el Señor sobre esto?

● ¿Qué hubiese querido Dios que yo hiciera?

Los estamos entrenando en cuanto a la forma de tratar con el pecado, cómo manejarse en momentos difíciles, cómo tomar decisiones cuando se encuentran…quiero decir, ahora yo tengo hijos entre las edades de 30 y 11 años, y otras madres tienen hijos de otras edades entre esas dos. Tengo hijos que están en diferentes etapas de la vida que en este instante están tomando decisiones cruciales en sus vidas sobre lo que dicen creer.

Kim: Tú los estás entrenando en cuanto a cómo procesar. . .

Holly: Es cierto. Ellos necesitan saber cómo tomar decisiones bíblicas.

Kim: Y cómo procesar lo que está pasando.

Holly: Exactamente.

Kim: ¿Cuál fue mi motivación? ¿Por qué lo hice? ¿Qué fue exactamente lo que hice?

Holly: Es cierto. Porque si tomo cada decisión por ellos, a medida que van creciendo… algún día ya no estarán en mi casa, y deberán tomar sus propias decisiones. Más nos vale que los entrenemos para que aprendan a escuchar la voz de Dios, para que cuando ya no vivan en nuestras casas, sus mentes sean gobernadas por Dios y no por ellos mismos.

Kim: Yo hago lo mismo. A veces, si yo sé que hay una porción de las Escrituras que se aplica a alguna situación, le digo: “¿Podrías leer esto en voz alta?”

Un día Caleb me dijo, “¿Mamá, podrías leerlo?”

Y yo le dije: “No, yo quiero que tú lo leas en voz alta; quiero escucharte leyéndolo.”

Y entonces la Palabra, y el poder de la Palabra, y mientras él lo lee y hablamos sobre eso….y yo le digo: “Ahora bien, ¿qué significa esto? ¿Cómo crees que se aplica a lo que ha pasado aquí?”

Holly: No siempre tiene que ser sobre una situación grave o terrible necesariamente. Recuerdo un día que estaba tan agobiada por la manera en que mis hijos hablaban (realmente debo hacerlo de nuevo porque tengo ahora otro grupo de chicos en esta edad), pero tuvimos un día de Efesios 4:29 en nuestra casa. Así que memorizamos Efesios 4:29.

Nancy: ¿Qué dice que. . .?

Holly: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”

Kim: Mi hijo lo conoce bien también, y mi hija. Todo lo que tengo que decir a veces es: “¿Eso que acabas de decir va acorde con Efesios 4:29?”

Holly: Tuvimos un día de Efesios 4:29, donde decidimos que ese día todo lo que saliera de nuestras bocas debía ajustarse a los parámetros de este versículo. Debía también ser adecuado para la necesidad del momento, y debía ser de gracia para aquellos que escucharan, debía ser de edificación.

Lo sorprendente fue que esto fue más difícil para mí que para mis hijos. Yo no podía decir las cosas como normalmente las decía porque no encajaban en el contexto ni en los parámetros del versículo. Así que puede ser algo divertido, y aun así le estás enseñando la verdad. Hasta el día de hoy, mis hijos mayores se dicen unos a otros: “Efesios 4:29”, si alguno de sus hermanos quiere decir algo indebido.

Nuestros adolescentes han estado haciendo algo llamado “prueba de sonido” los miércoles en la noche en la iglesia, donde han estado hablando sobre lo que sale de sus bocas y el hecho de que más nos vale que estemos “probando” lo que sale de nuestras bocas. Es muy parecido a lo que hicimos en el día de Efesios 4:29. Estamos siempre en un proceso de entrenamiento, entrenándonos a nosotras mismas, y luego pasándolo a nuestros hijos.

Hace muchos años atrás un predicador llamado John Henry Yowe predico un Sermón llamado Remordimientos Innecesarios y dijo, aunque hayas herrado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino y que, quien es nuestro Dios? ¿Cuál es su nombre y su carácter?

¿No puede El deshacer lo hecho y en su infinita gracia rehacerlo de nuevo? El en su gracia puede reparar todo lo que este dañado y lo mal hecho. El puede restaurar la caña cascada, El puede restaurar un corazón roto, El puede lidiar con la promesa incumplida. ¿Y si puede hacer todo esto no puede en su infinito amor corregir nuestros errores y enderezar lo torcido? Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas, ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente, ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos, pero Dios es un Dios redentor, Él puede destejer y retejer el tejido.

Kim: Wao eso es esperanzador Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir Señor hay cosas torcidas en mi vida situaciones en las que he fallado en la medida que Dios te lo va mostrando no está tratando de que vivas en condenación lo que El quiere es liberarte de todo aquello, pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle, sabes que mis prioridades estaban equivocadas o cuando mis hijos estaban pequeños no te busque de la forma en la que debía hacerlo, por lo que, que debes hacer, ve a los pies del Señor, se honesta con Él, confiésalo, te arrepientes y le dices, Señor por T u gracia me restaurarías? podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momento, te entrego estas piezas este desastre y le dices Señor, solo tú puedes restaurar y renovarlo todo, y luego esperas en El Señor, sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad la historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos y ellas esperan a que El Señor los ilumine y cambie sus corazones, Dios es capaz. Continúa clamando al Señor, dependiendo de Él, buscándolo llevando a cabo lo que solo un Gran Redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón al tiempo que Dios se lo señala y dice, mira esto pregúntale estas interrogantes.

¿Qué hice que no te agradara?

¿Qué puede haber hecho distinto?

¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas, su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año, nunca es tarde para apropiarte de la Gracia de Dios por lo que si el año pasado fue horrible y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año, por lo que mientras avanzas vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir, por la Gracia de Dios esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas. Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad así como también hay aspectos en las practicas reales y no espirituales del ama de casa y de la vida cotidiana de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre. El mantener una casa así como tantas otras formas de servir a los demás podrían no parecer tener un grado espiritual significativo y hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas si tienen un significado espiritual.

Quiero pedirles que oren, y quiero invitar a nuestras oyentes a que se nos unan en oración. Algunas tienen hijos, y otras no. Pero mientras escuchaba, mi corazón está con las madres, y quiero ser una mujer que ora por los hijos de esas madres. Holly y Kim, tengo una carga especial por sus hijos, y por su caminar espiritual al seguir el legado de sus padres. Pero esto requiere de la gracia de Dios. ¿Así que podrías guiarnos en una oración por estas madres y por los hijos que están criando?

Holly: Padre, venimos ante ti con corazones agradecidos porque no nos has dejado solas en nuestros roles de ser madres. Padre, te agradezco por los hogares que tienen padres piadosos. Te ruego que nos convirtamos en esposas que escuchen a sus esposos, que ellos puedan indicarnos las cosas que necesitan de nuestra atención.

Padre, te pido por las madres que están criando sin un esposo piadoso en sus hogares, te pido Señor que tu traigas a otros a sus vidas para animarlas y ayudarlas. Te ruego Señor, que alientes los corazones de las mujeres solteras que están criando a sus hijos sin un padre, lo cual es un inmenso trabajo.

Padre, te pido por las mujeres que están luchando con la idea de maternidad. La maternidad es difícil, y en algunos días, es un trabajo muy, muy largo. Algunos días estamos tan cansadas, que no creemos que podremos dar el siguiente paso.

Padre, yo te ruego que nos infundas Tu gracia, Tu Fortaleza, y que nos concientices de que no tenemos en nosotras lo que se necesita, solo debemos correr hacia Ti. Tú estás dispuesto y eres capaz de darme la fuerza, la energía, los recursos y la mente para llevar a cabo este rol de una manera que te honre y te agrade.

Padre, yo oro por las solteras, y las más jóvenes. Señor, ¿podrías levantar un ejército poderoso de mujeres que comprendan Tu Palabra, que levanten los brazos de las madres a su alrededor, que oren por ellas, y que alienten a sus hijos, para que Señor, Tus propósitos se cumplan en esta generación? Te lo pedimos en el nombre de Cristo, amén

Carmen: Holly Elliff ha estado orando por las madres. Criar es una gran tarea. Hemos estado escuchando acerca del poder de un Dios amoroso que está dispuesto a ayudar a las madres que claman por su ayuda.

Necesitamos el aliento de parte de otras mujeres como Holly y de nuestra otra invitada, Kim Wagner. Necesitamos también el aliento de los maestros de la Biblia, como nuestra anfitriona, Nancy Leigh DeMoss. Esto es de lo que trata Tito 2, que las mujeres mayores instruyan a las más jóvenes.

Sumisión: ¿será esa una mala o una buena palabra? Lo veremos en el próximo programa de esta serie.

Visita nuestro sitio web, www.AvivaNuestrosCorazones.com para que puedas ser fortalecida con todos los recursos que encontrarás allí y que te servirán para animarte en el camino.

Acompáñanos en la próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voces adicionales:

– Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

– Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J8 – El ministerio que ya tienes 

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J8 – El ministerio que ya tienes

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-ministerio-que-ya-tienes/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Holly Elliff.

Holly Elliff: Tengo que ser una mujer que acude al Señor. Este tiempo con Dios es crítico ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy”. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento —y le prestas atención a la vida de Cristo— verás que siempre está ajustando su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Un autor ha dicho, “Criar es como cavar una zanja”. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no llenarlas.

“Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, serles de ejemplo con nuestras vidas y exponerlos ante aquellos que aman y sirven a Dios, pero solo Dios puede darles una vida espiritual”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Desde hace semanas, Nancy nos ha estado ayudando a encontrar tesoros en Tito 2:1-5. Está repleto de consejos sabios y prácticos para las mujeres.

Hoy, estamos repasando algunos puntos y aprendiendo cómo aplicarlos todos los días. Con nosotras, han estado escuchando dos esposas de pastores —Holly Elliff y Kim Wagner— quienes nos van a explicar cómo se ven estos principios en sus vidas. Continuamos ahora con Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No deja de sorprenderme —y sé que ya lo he mencionado en esta serie— el hecho de que Dios escogiera siete características que se suponen sean parte del curriculum de mujeres jóvenes y que cuatro de ellas se relacionen con la familia. Las otras tres también contribuyen. A esto es a lo que Dios le da prioridad.

¿Y en qué estamos poniendo nuestras prioridades? En muchas otras cosas.

He tenido muchas mujeres que vienen o me escriben —esposas y madres jóvenes— y me dicen: “Dios me ha puesto en el corazón que escriba libros, que enseñe, que tenga un ministerio”. Entonces me quedo pensando y le digo, “¿Te das cuenta de lo que tienes?”

Les digo a las mujeres: “Lo que Dios me ha llamado a hacer palidece—ante lo que haces como esposa y madre—con la excepción de que Dios me ha llamado a hacerlo. Pero en términos de impacto, longevidad y multiplicación de generaciones para el Reino de Dios, al amar a tu esposo, al amar y criar a tus hijos, al entrenar a mujeres más jóvenes, estás contribuyendo al crecimiento y al avance del Reino de Dios”.

Eso es enorme.

Holly: Pienso que en muchas ocasiones queremos “un ministerio”, pero olvidamos que ya lo tenemos. Si Dios nos ha dado hijos, si Dios nos ha dado un esposo, ya tenemos la parte integral de un ministerio.

Ese tiene que ser mi ministerio número uno. Si puedo amar a mi esposo en concordancia con la Palabra de Dios, si puedo amar a mis hijos y hacerles ver al Señor como lo dice la Biblia, entonces creo que Dios convertirá en un ministerio por la diligencia con que he atendido esas áreas tan importantes a las que Dios me ha llamado.

Nancy: Holly, puedo distinguir —claramente— dos caminos en tu vida. Uno es que ahora que tienes más edad, pero todavía con hijos pequeños—mujeres jóvenes acuden a ti queriendo que les enseñes y las entrenes. Ellas han visto en ti un ejemplo a seguir.

Kim, eso pasa con las mujeres de tu iglesia también. Ahora bien, el otro camino es lo que Dios está haciendo a través de tus hijos.

Holly, tuve la oportunidad de conocer a tu familia —creo que tus ocho hijos estuvieron presentes en ese almuerzo— y pude ver cómo la madurez espiritual y el entusiasmo de estos niños están causando impacto y multiplicando tu ministerio y el de Bill.

Y pensar en tu primer nieto de un año y en los otros que han de venir —probablemente muchos— años después, cuando ya no estén en este mundo. Y eso, sabemos, es solamente por la gracia de Dios.

Holly: Exactamente.

Nancy: Y aún no se ha escrito el próximo capítulo de ninguno de ellos.

Holly: Cierto.

Nancy: Pero, por el momento, están caminando en el Señor y sirviéndole de corazón. Eso no fue algo que pasó “de un día para otro”.

Ahora bien, no todo el crédito es tuyo y de Bill.

Holly: Ningún crédito es nuestro.

Nancy: Pero ustedes han sido fieles. Y, cuando los padres han sido fieles, pueden estar seguros de que Dios los va a bendecir, los va a honrar y a multiplicar.

Por lo que no simplemente has estado amando a tus hijos y a tu esposo, sino que les has ministrado, impactado y alcanzado. Y esto es enorme.

Holly: Un autor dijo,

“La maternidad es como cavar una zanja. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no las podemos llenar. Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, vivir la vida cristiana ante ellos y exponerlos ante otros que amen y sirvan a Dios, pero sólo Dios puede darles vida espiritual.

Dios no necesita nuestra ayuda, pero —en Su plan soberano— nos invita a que tomemos parte activamente y a que colaboremos con Él al tiempo que Él trabaja en sus vidas.”

Una vez escuché la historia de una niña que se asustaba de noche. La mamá le repetía una y otra vez, “Pero, mi amor, no tienes por qué tener miedo; Dios está aquí, contigo”.

Y ella respondía, “Sí, pero necesito a alguien conmigo que tenga piel”.

Pienso —muchas veces— que tenemos que estar dispuestas a estar llenas de Cristo para que nuestros hijos tengan una imagen “con piel”. Muchas, muchas veces es difícil.

Se necesita sacrificio. Se necesita diligencia. Se necesita el autocontrol del que hemos estado hablando.

No puede venir desde nuestro interior. Tiene que venir de Dios el vivir Su vida dentro y a través nuestro. La herramienta que Él usa, especialmente en mi vida, es la maternidad.

La maternidad se convierte en una de las herramientas que Dios usa para darme forma y moldearme; así como lo dijo un autor, “para que me cincele por la eternidad”. Por lo que si aceptamos que la maternidad es parte del proceso de Dios… entonces no es un obstáculo, sino que ese es el proceso de Dios en mi vida.

Nancy: Es santificarte, moldearte a la imagen de Cristo. De nuevo, eso lo obtenemos cuando abrazamos el rol que Dios ha dispuesto en nuestras vidas; porque hay un propósito en ello y es, a través de esto, que somos santificadas.

Es como cuando cumplo con mi responsabilidad al estudiar, escribir y enseñar; yo “cavo una zanja”—que a veces requiere un trabajo agotador. Es distinto a la maternidad, pero es mi maternidad espiritual hacia las mujeres.

Y si no le soy fiel en eso, entonces pierdo un poco en el grado de santificación que Dios quiere para mi propia vida.

Holly: Exacto. Hay veces que Nancy y yo nos hemos escrito correos electrónicos con tan solo unas horas de por medio. El mío escrito a las 3:30 de la madrugada

Nancy: No te has acostado aún.

Holly: Y el de Nancy escrito a las 5:00 de la madrugada. Al levantarse.

Nancy: No es que acostumbre a levantarme a las 5:00 de la madrugada

Holly: Nos reímos de eso porque, entre las dos, hemos cubierto casi un período de 24 horas. Por lo que nuestras vidas son muy distintas.

Nancy pasa más tiempo a los pies del Señor que yo. Si voy a tener un tiempo con Dios, va a ser en medio de mi vida.

Sé que les estoy hablando a madres que luchan por acordarse dónde pusieron sus Biblias. Seguro porque están debajo de una pila de cosas en sus casas. Tenemos que ser muy, pero muy intencionales para sacar tiempo y escuchar a Dios—aunque sea en medio de todo lo que esté ocurriendo en nuestras vidas.

Muchas veces es difícil. Toma mucho “enfoque intencional” para que eso suceda.

Kim Wagner: Pienso que ese es, probablemente, el aspecto más importante de la maternidad: que nuestros hijos vean y reconozcan lo importante que es la Palabra de Dios para sus madres, que ellas están orando por ellos.

Ellos lo reconocen. Lo ven. Es fundamental. Es esperanzador que sientan el deseo de ponerla como una prioridad en sus vidas.

Holly: Sé que algunas de ustedes puede que estén pensando “Ojalá y hubiese sido fiel en esto o aquello, pero no lo he sido”. Puede que estés lamentando el no haber estado dedicándole tiempo suficiente a tus hijos para que conozcan a Dios.

Hace muchos años atrás, un predicador llamado John Henry Jowett, predicó un sermón llamado “Remordimientos Innecesarios”, y dijo:

“Aunque hayas errado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino, ¿y qué? ¿Quién es nuestro Dios? ¿Cuál es Su nombre y Su carácter?

¿No puede Él deshacer lo hecho y —en su infinita gracia— rehacerlo de nuevo? Él, en Su gracia, puede reparar todo lo que esté dañado y lo mal hecho. Él puede restaurar la caña cascada. Él puede restaurar un corazón roto. Él puede lidiar con la promesa incumplida.

Y si puede hacer todo esto, ¿no puede, en Su infinito amor, corregir nuestros errores y enderezar lo torcido?”

Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas. Ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente. Ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos.

Pero Dios es un Dios redentor. Él puede “destejer y retejer el tejido”.

Kim: ¡Wao! Eso es esperanzador, Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir, “Señor, hay cosas torcidas en mi vida, situaciones en las que he fallado”. En la medida en la que Dios te lo va mostrando, no está tratando de que vivas en condenación; lo que Él quiere es liberarte de todo aquello.

Pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle: “Sabes que mis prioridades estaban equivocadas”, o “Cuando mis hijos estaban pequeños no te busqué de la forma en la que debí hacerlo”.

Por lo que, ¿qué debes hacer?

● Ve a los pies del Señor. Sé honesta con Él. Confiésalo.

● Te arrepientes y le dices, “Señor, por Tu gracia, ¿me restaurarías? ¿Podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momentos? Te entrego estas piezas, este desastre y le dices, “Señor, solo Tú puedes restaurar y renovarlo todo”.

● Luego, esperas en el Señor. Sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad. La historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos. Ellas esperan a que el Señor los ilumine y cambie sus corazones.

Dios es capaz. Continúa clamando al Señor; dependiendo de Él; buscándolo para que lleve a cabo lo que solo un gran redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón. Al tiempo que Dios se lo señala y dice, “Mira esto”, pregúntale estas interrogantes:

• ¿Qué hice que no te agradara?

• ¿Qué pude haber hecho distinto?

• ¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas. Su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año.

Nunca es tarde para apropiarte de la gracia de Dios. Por lo que si el año pasado fue horrible —y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer— y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año. Por lo que, mientras avanzas, vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir “por la gracia de Dios, esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar”.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas.

Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad, así como también, hay aspectos prácticos, reales y no espirituales del ama de casa, de la vida cotidiana y de la vida de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre.

El mantener una casa, así como tantas otras formas de servir a los demás, podrían no parecer tener un grado espiritual significativo. Hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas sí tienen un significado espiritual.

Pero me encantaría escucharlo de ustedes. Ustedes tienen casas; tienen hijos que necesitan ropa y maridos e hijos que, ocasionalmente, tienen hambre.

¿Cómo encontrar un propósito en los quehaceres prácticos del hogar? ¿Cómo servir con gozo?

¿Te has preguntado alguna vez si lo que haces es significativo? Esa es una tentación que todas tenemos; es la tendencia básica hacia el descontento y al querer otras cosas que no tengo.

¿Cómo hacer esas cosas y no dejarlas a un lado, y en medio de ello encontrar propósito, significado y gozo?

Kim: Parte de ello va de la mano con el no lamentarse al mirar hacia atrás. Debes ser intencional cuando amas a tu familia y le sirves en cada oportunidad que tengas. Tú no quieres vivir lamentándote por lo que no hiciste.

Tengo una buena amiga a quien he escuchado decir, muy a menudo, que tiene un gran remordimiento. Ella era una madre soltera que no se tomó el tiempo de levantarse en las mañanas para darle el desayuno a su hijo antes de que él se fuera para la escuela.

Ella me dijo, “Él no se iba sin desayunar. Se preparaba su cereal y ambos corríamos hacia la puerta”. Pero nunca le preparó un desayuno y lo acompaño mientras comía.

Me alegra que me lo haya confiado, siendo yo aún una madre joven —bueno, por un poco de tiempo eduqué a mis hijos en casa— pero ahora no lo hago y mi hijo sale para la escuela todas las mañanas.

Bueno, les cuento que esa semana, mi hijo pasó la noche en casa de un amigo. Cuando regresó al otro día me dijo, “Mami, su mamá no nos preparó el desayuno”.

Y no es algo que mi hijo demande o espera. Muchas veces sabe cuando me he acostado tarde y me ha dicho “No tienes que levantarte a prepararme el desayuno”, pero sé que es importante para él el tener ese tiempo juntos en las mañanas.

Te he escuchado decir esto antes, Nancy, y a ti, Holly y he tratado de hacer esto: Sé una estudiante de los miembros de tu familia. Aprende lo que les trae gozo. Aprende lo que les comunica tu amor.

No es solamente el amor que viene de ti. Es el amor de Cristo a través de ti cuando les sirves. Puede que no te guste cocinar. Puede que no te guste lavar la ropa.

Nancy: Bueno, algunas de las cosas que haces —como limpiar la casa— no necesariamente va a hacer apreciadas por tus hijos hasta que tengan su casa propia. Quizás ni cuenta se den que haces esas cosas, pero hay que hacerlas para que todo en la casa funcione como es debido. ¿Cómo hacerlo todo “como para el Señor”?

Holly: ¿Sabes qué? Cuando tenía 20 años, esas cosas no estaban en mi lista. Yo iba a ser una patóloga clínica del habla y a manejar un carro deportivo rojo. Eso estaba en mi lista.

Con el paso de los años, he tenido que luchar para poner cada una de estas cosas en las manos del Señor. Las traía a mi vida, primero fue el área de ser esposa y el llamado que tenía de amar a mi marido.

No eran cosas que estaban en mi naturaleza o que salieron de mí. Y no eran cosas que tenía el deseo de hacer.

Nancy: Tú tenías el deseo de amar a tu marido, pero te refieres a algunas de las cosas prácticas…

Holly: Oh, estaba locamente enamorada de mi esposo, pero cuando tenía que recoger sus medias sucias del suelo…

Kim: O solo el mantener la habitación limpia. Durante mis años de adolescencia, nunca tuve un cuarto ordenado.

Sé que algunas adolescentes nos están escuchando. Espero que todas empiecen ahora, como les ha enseñado Nancy, a organizar sus cuartos como si fueran sus casas del futuro.

No me gustaba limpiar mi cuarto, pero aprendí que la forma de verlo con gozo era tenerlo ordenado y limpio. Al hacerlo, se sentía una atmósfera agradable. Creo que esa debe ser una prioridad de las esposas.

Pienso que sus maridos deben llegar a casa y sentirse a gusto en su habitación. La habitación debe ser un lugar acogedor en el que él se sienta cómodo; que no tenga que sortear las canastas de ropa sucia o las de ropa limpia para llegar a su cama.

Ahora, tampoco estoy diciendo que él nunca debe…

Holly: Tengo que interrumpirte un minuto aquí, porque antes de salir esta mañana, dejé dos canastas de ropa sobre mi cama. Por lo que me estoy riendo que Kim esté usando esa ilustración.

Kim: No estoy diciendo que tengas que hacerlo todo siempre perfecto. No.

Holly: Pienso que en resumidas cuentas, y al tiempo que maduramos en Cristo, como lo hacemos todas, no importa dónde estemos en nuestras vidas—nuestro entendimiento, de lo que nos ha llamado a hacer, irá madurando también.

De manera que en la medida que estas cosas van aconteciendo en tu vida, si esas cosas son prioritarias, entonces Dios me llama a tomar mi cerebro que iba a ser un patólogo clínico del habla y aplicar esas cosas que Dios ha puesto en mi cabeza y convertirme en una estudiante de esto.

¿Cómo puedo hacerlo mejor? ¿Cómo establezco un horario?

Si tienes un montón de niños en tu casa, es muy difícil mantener y vivir en ella sin matar a alguien. Por lo que, algunas veces, significa que debo convertirme en una estudiante de la organización. Tengo que transformarme en una estudiante que sepa limpiar la casa.

Hay muchos recursos en la red hoy en día. Si sabes que no eres buena en eso y se convierte en una fuente continua de estrés, navega en Internet. Visita esas páginas web que te den ideas y trucos de cómo hacerlo.

Nancy: Acude a una mujer mayor que tú.

Kim: Eso mismo iba a decir. Hay una señora en nuestra iglesia, una mujer de Dios —ella fue viuda durante un tiempo y ahora está vuelta a casar— ella toma tu libro, “Una mujer conforme al propósito de Dios”, y lo estudia con muchachas recién casadas teniendo primero en cuenta el aspecto espiritual de todo.

Luego, ella les dice: “Ahora, yo voy a ir a sus casas y les voy a enseñar cómo limpiarlas y cómo preparar algunas comidas”. Y esto ha sido una bella experiencia—ver florecer todas estas muchachas en la práctica y en lo espiritual.

Holly: Es como dice Pablo en el Nuevo Testamento, “Las cosas que veas en mi, practícalas”. Es porque muchas de esas cosas no vienen a nosotras de forma natural. Tenemos que aprenderlas y practicarlas.

Mientras más nos rindamos ante Dios e implementemos esas cosas en nuestras vidas, menos esfuerzo requerirán. Son parte de lo que Dios nos ha llamado a hacer para nuestras familias.

Tenemos un adagio en nuestra casa y es que las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo que si me veo entre sentarme con un niño y escucharlo y lavar la ropa, lo más importante es sentarme con ese niño y escucharlo. Pero eso implica que quizás tengas que lavar la ropa tarde en la noche.

Pienso que debemos dejar que Dios nos proporcione un sentido del orden… Ahora bien, mi casa nunca se va a ver como la de Martha Stewart. Nunca va a estar totalmente ordenada. Y por lo que veo, nunca va a estarlo.

Por lo tanto, tengo que ser una mujer que acuda al Señor. Este tiempo con Dios es crítico, ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento y le prestas atención a la vida de Cristo, verás que siempre está ajustando Su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Carmen: Holly Elliff nos ha venido enseñando a establecer prioridades. Cuando alguna urgencia se presente, es reconfortante saber que puedes acudir a la Biblia. Eso te ayudará a priorizar tus responsabilidades.

La conversación de hoy entre Holly Elliff, Kim Wagner y —nuestra anfitriona— Nancy Leigh DeMoss, es parte de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Te invitamos a visitar nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás escuchar algunos de los programas de esta serie que te hayas perdido. También podrás encontrar algunos interesantes recursos que te ayudarán en este llamado a ser mujer.

¿Qué efecto tendrá la hipocresía en nuestros hijos? Aprende a hablar palabras de vida frente a tus hijos y enséñales cómo hacer lo mismo cuando sintonices el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A la Más Bella de las Flores , Alex Rodríguez

Voces adicionales:

• Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

• Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J5 – Ministrando en el hogar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J5 – Ministrando en el hogar

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/ministrando-en-el-hogar/

Carmen Espaillat: Kim Wagner tiene algunos huéspedes especiales en su hogar.

Kim Wagner: El ministerio a mis hijos es realmente por un período de tiempo muy corto, entonces durante esos años en que tengo niños en el hogar, mi ministerio primario deben ser mi esposo y luego mis hijos.

Yo estaba limpiando una bolsa de mano vieja hace un par de días, y saqué una nota. Pude ver que era una nota de mi hijo escrita a mano hace varios años.

Nancy: Entonces hace mucho tiempo que no limpias esa bolsa, ¿verdad?

Kim: Sí. Estaba en un clóset que tenía que limpiar. Normalmente sus notas las pongo en un lugar muy especial, entonces pensé: “¿Por qué está todavía esta nota en esta bolsa?” La abrí para ver. Ni siquiera la recordé al principio. Leí esta nota y decía: “Mamá: muchas gracias por pasar el día de San Valentín conmigo. Tú y mi papá vinieron a mi juego”. Y sabes, su juego fue durante la noche de San Valentín, y eso era importante para él; tenía valor.

Ahora estoy viendo la recompensa de decisiones como esa que he tomado. Hay otras madres y gente que me comenta acerca de Caleb, o me dice algún comentario que él hizo, tal como: “Me encanta estar con mi mamá. Mi mamá es una de mis personas favoritas con quien disfruto pasar tiempo”. También me comentan que Caleb en ocasiones me ha defendido.

Esta es una lealtad que se ha creado a través de los años, de tomar decisiones, en ocasiones de tomar decisiones de no hacer algo que hubiera preferido, quizás de tener una noche para mí sola, o de mi propia elección; y en lugar de ello haber rendido ciertas cosas porque vives con la mentalidad de que el tiempo que tienes a tus hijos en casa es muy, muy corto. Pronto estarán fuera formando sus propias familias y por lo tanto deseas invertir el tiempo que tienes con ellos ahora.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La última vez, Nancy vio dos principios de Tito capítulo 2: “Las mujeres deben de ser trabajadoras en el hogar y deben ser amables.” Nancy ha hecho un trabajo excelente al describir este balance de la Escritura. Como mujer soltera, ella quiere escuchar de algunas amigas que tienen experiencias diferentes a las de ella, entonces aquí está Nancy con Holly Elliff y Kim Wagner, continuando en la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando tocamos algunos de estos temas que estamos cubriendo en Tito capítulo 2, temas que se relacionan muy directa y específicamente con las esposas y las mamás, me siento un poco incómoda. Me doy cuenta de que, como ustedes saben, muchos de los asuntos de la vida y del corazón son los mismos, la diferencia estriba más bien en cómo los aplicas en las diferentes situaciones de la vida. Aun así, cuando estamos hablando, por ejemplo, de amar a tu esposo y a tus hijos, estoy muy contenta de tener a mujeres como ustedes cerca, y otras que vienen a estas grabaciones, quienes están viviendo en el laboratorio de la vida-como por ejemplo en esto de amar al esposo y a los hijos.

Hoy se acercó a mí una esposa. Es una pareja piadosa que no ha estado casada por mucho tiempo, y, con lágrimas en sus ojos ella dijo: “El matrimonio es difícil”. No creo que estaba preparada para esto. Ella ama a su esposo y él la ama a ella; y ambos aman al Señor, pero dijo: “Simplemente cuesta trabajo”.

Ser padres cuesta trabajo. Es trabajo. Sobre todo cuando no solo lo quieres hacer como una tarea más, sino con la meta de tener un matrimonio que glorifique a Dios e hijos que glorifican a Dios. Esto tiene tantas otras dimensiones. No se trata nada más de cotejar cosas de tu lista; “Lo hiciste bien”. Sino que es más bien fallar y confiar y esperar en el Señor y orar y esperar en Su gracia que causa que entiendas tantas cosas.

No tenemos a gente representada en este programa que lo haya “logrado”-en cuanto a tener el matrimonio perfecto o ser los padres perfectos-mucho menos yo. Pero los principios de Dios nos llevan a través de estas situaciones y trabajan dentro de nosotras, ayudándonos a transitar por esas etapas de la vida. Al ver hacia atrás en varios de los temas que hemos comentado en los últimos días, el amar a los hijos-hemos hablado de amar a los esposos, pero el amar a los hijos y cómo luce esto en la práctica-y luego saber cómo luce una mujer como ama de casa, cuidadora del hogar, y cómo eso le afecta a los niños, y hacerlo todo con amabilidad. Quiero que interactuemos un poco, y escucharlas a ustedes-las mamás, las esposas-. Vamos a hablar un poco acerca de cómo Dios les ha dado un corazón para esto; para este llamado a que las mujeres sean madres.

Quisiéramos comenzar por decir que enfrentamos una tentación y una atracción, aun como mujeres cristianas comprometidas, es decir que el ministerio es realmente algo diferente a lo que hacemos en el hogar. Entonces: “Tengo mi familia, pero quiero un ministerio, también”. Yo sé que esto es cierto en el caso de las mujeres-tienen un corazón para el ministerio.

¿Jamás se sienten, o jamás han tenido que luchar con hallar el balance en todo esto, y al mismo tiempo tener un corazón para su matrimonio y sus hijos como el principal llamado de Dios y el principal ministerio en sus vidas?

Kim: Recuerdo haber tenido conversaciones con Holly acerca de esto. ¿Cómo balanceas todas esas responsabilidades? Estoy agradecida por mujeres piadosas y amigas como tú y Holly que han llegado a ofrecerme verdad y ánimo, y simplemente a enseñarme a decir “no” y especialmente a darme un buen entendimiento de las diversas etapas de la vida. El ministerio a mis hijos es realmente por un período de tiempo muy corto, entonces durante esos años en que tengo niños en el hogar, mi ministerio primario debe ser mi esposo y luego mis hijos.

Nancy: Y tus hijos son ahora… el último está a punto de salir de casa.

Kim: Correcto.

Nancy: Entonces esa etapa está a punto de cambiar.

Kim: Así es.

Nancy: Pero realmente te has enfocado durante esos años de procrear y criar hijos-no es lo único que has hecho, pero ha sido tu enfoque principal. Yo sé que tu hijo está terminando su último año de la escuela secundaria y has asistido a más juegos de basquetbol y a cosas que no vas ya a tener mucha oportunidad de hacer en el sentido de ser la porrista y animadora en su vida de la misma manera en los días por venir.

Kim: Pero voy a decir-y te doy gracias-que en esos años tempranos no puse (y pensé que sí), pero no puse la prioridad de ministrarles como debí hasta que realmente me vi confrontada con eso en tu conferencia-el evaluar qué prioridad estaba poniendo en mis hijos y mi ministerio hacia ellos, e hizo que hiciera algunos cambios en mi vida.

Holly Elliff: Yo creo, Nancy, que esto es realmente un gran problema para las mamás, el poder balancear esas áreas diferentes de la vida, y es muy difícil. Los hijos de Kim casi son adultos. Van a salir de la casa, entonces su etapa de ser madre, la parte activa, casi se acaba. Yo sé que algunos de ustedes que nos escuchan y que tal vez tienen muchos hijos como yo, no muchos en el sentido de tener ocho a la vez, pero sí tengo ocho hijos, entonces mi etapa de ser madre, de serlo activamente, ha sido muy larga.

Nancy: Y va a continuar así por unos años.

Holly: Sí. Entonces a menudo he tenido que ir al Señor y decirle: “Dios, ¿cómo balanceo el ministerio con las demandas de mi hogar y aun simplemente con las cosas de mantenimiento, las cosas rutinarias que tenemos que hacer cada día, cómo lo balanceo con las necesidades de mis hijos?” Yo creo que hay algunas formas en que tenemos que hacerlo, y una es que tenemos que conocer a nuestros hijos lo suficientemente bien para sentir cuándo nos necesitan más.

Le estaba diciendo a Nancy el otro día que Jessica, mi hija de once años, empezó a venir y subirse a mi pierna cada vez que yo me sentaba en el sillón. Esa era nada más una pequeña señal de que Jessica necesita más tiempo con “mami”; necesitaba algo de tiempo uno-a-uno conmigo. Entonces conocer a tus hijos suficientemente bien para reconocer esos síntomas o esas señales, no estando tan distraídas por otras cosas. Nancy, como más temprano tú estabas compartiendo sobre Marta en la cocina, esa es una lucha constante para mantener ese balance, poder mantener cuentas cortas.

Tengo una afinidad por Marta porque paso tanto tiempo haciendo cosas tipo Marta, que nunca sería mi elección, pero tienen que hacerse. Si tienes una casa llena de gente, tienen que comer, la casa tiene que tener un cierto orden o nadie puede sobrevivir. Entonces lo que he aprendido sobre Marta es, ella tiene que aprender. Si Marta hubiera quizás mantenido cuentas más cortas, quizás no habría explotado ese día y atacado a Cristo en su sala. Podría haber podido tratar con esto más rápidamente. Habría podido hacer planes de antemano para poder tener tiempo a los pies de Cristo. Entonces tengo un poquito de simpatía por Marta. Entiendo lo que significa que te dejen sola en la cocina.

Sí creo que como mujeres tenemos que mantener un corazón muy sensible a las necesidades de los que están a nuestro alrededor, al balance entre los diferentes aspectos de nuestra vida, porque no es nada más una cosa. Es una división constante. La palabra que usaste en un momento para referirte a Marta, que también puede significar fragmentado. Tantas veces te sientes absolutamente fragmentada al tratar de ministrarle a tu esposo y tratar de cumplir con las demandas de tu hogar y cuidar a tus hijos.

Entonces cualquier solidez que poseamos y que nos evite estar fragmentadas y que nos mantenga el juicio debe venir, pienso yo, del entendimiento de cuál es el llamado de Dios para nuestra vida; un entendimiento del panorama general, de por qué hacemos lo que hacemos y de entender que se trata de más que simplemente nosotras mismos.

Me encanta el Salmo 78 y Deuteronomio 6, donde habla acerca del hecho de que lo que estamos haciendo no es nada más para este momento, no es nada más para esta generación. Es para las generaciones venideras.

Me encanta el libro “El corazón de una madre” (“A Mother’s Heart”) por Jeanne Fleming. Tiene una pequeña sección en este libro sobre el llamado que tienen las madres y lo que eso significa. Dice esto:

“En cada generación, las mamás tienen que responder al llamado a ser lo que nadie más puede ser, de hacer lo que nadie más puede hacer para sus hijos. No es que las mamás no puedan hacer muchas otras cosas, pero si rehúsan aceptar su llamado como madres, algún hijo termina perdiendo, y el espacio vacío que deja esa madre hace eco por generaciones. Las madres no son ni la causa de todos los males de la sociedad, ni las salvadoras de la nación. Pero el futuro de la sociedad sí depende en parte de lo que hacemos con los hijos bajo nuestro cuidado. ¿Qué llamado podría ser más significativo o traerle más gloria a Dios?”

Yo pienso que es un llamado que somos responsables de escoger y aceptar. No es fácil, y a veces dura mucho, mucho tiempo.

Nancy: Claro, al oírte leer esto, Holly, estoy pensando: “¿Sabes? Las mamás aman a sus hijos. Hay un sentir de protección natural como de ‘mamá osa’ y de cuidado y preocupación por sus hijos”. Y aun así hay tantas cosas en nuestra cultura, aun dentro del mundo cristiano, de la iglesia, las expectativas, etc. que alejan a las madres de ese llamado.

Ellas tienen un instinto, pero mientras miro a mi alrededor y veo tantas de las mamás que conozco, y están tan ocupadas-no solamente con sus hijos. Casi luce como una especie de conspiración, y quizás lo es en el mundo espiritual y en el poder de las tinieblas. Sabiendo el impacto que tienen las mamás, las tienen tan ocupadas, tan distraídas, tan llenas de cosas en su cabeza y en sus corazones… Veo a muchas de esas mujeres tratando de tener un trabajo de tiempo completo, tratando de cumplir con las necesidades de sus esposos y de sus hijos, de hacer labores en la iglesia, y lo que más hace falta es un buen juicio en medio de todo esto, sin hablar de lo agotadas, exhaustas y fragmentadas que se encuentran. Asumo que están viendo esto al estar ministrando a las mujeres en sus propias iglesias.

Holly: Yo creo que es bastante común ver esto entre las mujeres, especialmente las mujeres más jóvenes que tal vez tienen hijos chicos y están tratando de lograr mucho… deben tener mucha energía para hacer todas esas cosas. Aman el ministerio, aman a las personas, les encanta estar involucradas en muchas cosas. Yo pienso que es parte de por qué tenemos el ejemplo de Marta en Lucas 10:41- 42, porque Cristo le está diciendo a Marta: “Estás distraída por tantas cosas buenas-hay tantas cosas buenas-pero María ha escogido lo que es la cosa principal” (parafraseado).

Creo que hay tantas demandas sobre nuestro tiempo que es muy, muy difícil filtrar esas demandas para poder identificar lo que tendrá valor a largo plazo, qué es lo que va a tener importancia eterna. ¿Qué les va a importar a mis hijos de aquí a cinco años, y qué no será de importancia para ellos? Pienso que se trata de la tiranía de lo urgente-es muy, muy fácil quedar atrapadas en todas estas demandas, y decir “sí” sin pensar.

Nancy: Está también la presión de tener a tus hijos involucrados en muchas cosas que no solamente fragmentan a las mamás pero también están fragmentando a los hijos. “¿No te das cuenta? Si van a entrar a una buena universidad, necesitan tener todas estas actividades extracurriculares y deportes”. ¿De dónde viene esa presión?

Holly: Sí, creo que hay mucha presión del mundo que tiene la expectativa de que cada familia entre en un molde en el que tus hijos tienen que tocar piano, y tienen que jugar deportes, y tienen que estar involucrados en todas las actividades de la escuela.

Nancy: Esto puede ser también cierto para las mamás que enseñan en casa.

Kim: Es la motivación de tener éxito, el deseo de tener logros.

Holly: Creo que como madres, si no identificamos esas cosas, si no dejamos que el Señor nos dé una corta lista de lo que realmente importa- ¿qué quiero realmente para mi hijo? ¿Quiero que sea el más exitoso en esta área, quiero que sea un estudiante de calificaciones sobresalientes o quiero que sea un jugador profesional de fútbol algún día? ¿Qué tiene más valor? No es que estas cosas no sean buenas también.

Pero pienso que si no escuchamos del Señor en esos momentos, como María, sentada a sus pies, si no escucho del Señor: “Esto es de valor, esto no”, entonces tal vez me distraiga tanto que me veré empujada a hacer muchas cosas que tal vez no sean terriblemente malas, pero quizás estamos perdiendo las pocas cosas que realmente valen la pena.

Me dijo una mamá joven recientemente: “Han pasado cuatro meses desde que cenamos juntos como familia porque mis niños están involucrados en los deportes, entonces nunca estamos en casa al mismo tiempo. Mi esposo tiene a este en un juego, y yo tengo a este otro en este juego, y este está en fútbol, y este está en karate y nunca estamos en casa todos juntos”.

Kim: Hice una encuesta-esto fue hace un par de años-en una escuela secundaria cristiana de jóvenes, preguntando varias cosas. Era nada más una encuesta de una hoja para ver dónde andaban, qué estaba pasando en sus vidas. Una de las preguntas que hice fue: “¿Qué tan seguido comes junto con toda tu familia en casa? ¿Ha ocurrido una vez durante la semana pasada?” Yo escribí la pregunta y les di varias opciones. El número promedio de veces era de una noche al mes, entre este grupo tan grande de estudiantes de escuela secundaria.

Nancy: ¿La familia se reunía para comer solo una noche al mes?

Kim: Sí.

Nancy: ¿Qué tanto importa? Yo creo que sí importa, pero, ¿por qué importa? Si las familias están corriendo en todas direcciones y no están comiendo juntos… esto es algo significativo.

Holly: Yo creo que es algo muy significativo. Tenemos que ser muy, muy intencionales.

Nancy: ¿Por qué?

Holly: Porque ese es el momento cuando nos podemos sentar, cuando puedo oír los corazones de mis hijos. Podemos apagar la televisión; nos podemos enfocar en cómo ha sido nuestro día; podemos escuchar el uno del otro. No digo que lo hacemos siete noches a la semana, pero de manera intencional tratamos de hacerlo tan frecuentemente como podamos.

Kim: Es simplemente un ambiente para la comunicación, escuchando el uno del otro, aun ministrando el uno al otro en la comida. Ahora yo solamente tengo a mi esposo y a mi hijo en casa, pero les encanta cuando cocino una buena comida para ellos. Están muy agradecidos por eso. No es simplemente si es solo -como el otro día que era sopa y emparedados de queso, y estaban encantados de comer eso.

Holly: No es que tenga que ser una cena de siete platillos. A veces puede ser un guiso que compré en el supermercado y que ya viene preparado; lo pongo en el horno y es todo lo que hice, pero aun así estamos sentados a la mesa y podemos compartir y hablar. También, yo creo que es muy, muy importante para tus hijos tener un sentido de comunidad en la familia; es importante que no solo disfruten de la comunidad en la escuela o en la iglesia…

Nancy: …o en el grupo de jóvenes…

Holly: …o en el grupo de jóvenes, pero su familia es una comunidad. La familia es un lugar donde ellos son nutridos.

Kim: Tienes entonces la oportunidad de crear lealtad a la familia. Eso es lo que estaba compartiendo con una mujer, una mujer que ni siquiera conozco. Mientras estaba en la tienda de cosméticos el otro día, me dijo: “Mis hijos son tan pequeños ahora, y hay tanto allá afuera en el mundo. Estoy tan preocupada de desviarme y meterme en las drogas, y siempre tengo miedo de ese tipo de cosas”. Esta mujer con la que estoy hablando no es creyente. Le he hablado antes de cosas espirituales. De manera que desde un punto de vista práctico, le hablo sobre la necesidad de cultivar la lealtad en sus hijos, la necesidad de que ella se involucre en sus vidas, de que hable con ellos.

Yo pienso que muchas veces nosotras como madres cristianas pensamos: “Bueno, si los tengo leyendo la Palabra, si les estoy enseñando la Palabra, si les estoy haciendo todas estas cosas correctas y estoy haciendo todo lo que debo hacer…” Es fácil llegar a ser tan rápidas y ocupadas que no estés trabajando en construir una relación de lealtad entre tú y ese hijo. Nosotras como mamás cristianas queremos que nuestros hijos le sean leales a Dios primero, pero es importante crear lealtad dentro de la familia. Como tú dijiste, Holly, que la familia debe de ser una comunidad, ¿y cómo pasa eso?

Algo se me acaba de ocurrir. Yo estaba limpiando una bolsa de mano vieja hace un par de días, y saqué una nota. Pude ver que era una nota de mi hijo escrita a mano hace varios años.

Nancy: Entonces hace mucho tiempo que no limpias esa bolsa, ¿verdad?

Kim: Sí. Estaba en un clóset que tenía que limpiar. Normalmente sus notas las pongo en un lugar muy especial, entonces pensé: “¿Por qué está todavía esta nota en esta bolsa?” La abrí para ver. Ni siquiera la recordé al principio. Leí esta nota y decía: “Mamá: muchas gracias por pasar el día de San Valentín conmigo. Tú y mi papá vinieron a mi juego”. Y sabes, su juego fue durante la noche de San Valentín, y eso era importante para él; tenía valor.

Ahora estoy viendo la recompensa de decisiones como esa que he tomado. Hay otras madres y gente que me comenta acerca de Caleb, o me dice algún comentario que él hizo, tal como: “Me encanta estar con mi mamá. Mi mamá es una de mis personas favoritas con quien disfruto pasar tiempo”. También me comentan que Caleb en ocasiones me ha defendido.

Esta es una lealtad que se ha creado a través de los años, de tomar decisiones, en ocasiones de tomar decisiones de no hacer algo que yo hubiera preferido, quizás de tener una noche para mí sola, o de mi propia elección; y en lugar de ello haber rendido ciertas cosas porque vives con la mentalidad de que el tiempo que tienes a tus hijos en casa es muy, muy corto. Pronto estarán fuera formando sus propias familias y por lo tanto deseas invertir el tiempo que tienes con ellos ahora.

Holly: Aquí es donde entra el aspecto generacional. No se trata nada más de que críe a mis propios hijos, aunque esa es una responsabilidad que tengo delante de Dios. Pero se trata de que debo levantar futuros padres y madres que entiendan cómo Dios quiso que funcionara un hogar, nunca perfectamente, porque el nuestro nunca va a ser perfecto, y frecuentemente es alocado.

Pero Dios sí tiene un propósito más grande, y trasciende a nuestra familia inmediata. Va mucho más allá de mí. Mi responsabilidad es nutrir esas relaciones que tengo ahora con mis hijos, para que cuando salgan de casa, ellos entiendan qué significa eso, qué significa amar a alguien más, sacrificarse por alguien más, hacer lo mejor para alguien más en lugar de para mí mismo. Hay una responsabilidad, si eres parte de una familia, hacia las demás personas de esa familia. También de ir más allá aun de tu propia familia y de ver a los que están afuera y que necesitan conocer a Cristo. De manera que entrenar a tus hijos para que aprendan a reconocer lo que tiene valor eterno es algo grandioso.

Nancy: Claro, mientras conversamos sobre todo esto, no solo estamos tratando de formar buenas familias, pero estamos reflejando a un Dios que es un Dios de la familia, y que tiene, dentro de la Trinidad, relaciones de familia y comunidad y lealtad-las cosas de las que hemos estado hablando-fidelidad de pacto, amor, misericordia, y conexión, relaciones. Él es un Dios relacional, y nos ha llamado a una familia, a la familia de Dios.

Al construir estas relaciones de esposo-esposa, padre-hijo y entre hermanos, ¿no les estamos enseñando realmente a los miembros de nuestra familia sobre cómo tener una relación espiritual eterna entre nosotros? El matrimonio no va a existir en el cielo. Estas relaciones no van a ser iguales en el cielo, pero hay una relación eterna de familia, la novia, los hermanos y hermanas en la familia de Dios, para eso estamos entrenando a estos niños.

Holly: Obviamente, Dios instituyó la estructura para el hogar. Era Su plan. Él lo estableció. Es de valor, y Él lo modela. Por toda la Escritura ves la imagen del Padre y el Hijo. Se modela para nosotros, entonces es importante.

Carmen: Esa es Holly Elliff hablando con Nancy Leigh DeMoss y Kim Wagner acerca del verdadero ministerio que tiene lugar dentro un hogar entre los miembros de la familia. En esta conversación, ellas hicieron referencia a algunas de las enseñanzas que Nancy ha cubierto durante esta serie titulada, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Ha sido una serie rica en significado y llena de formas prácticas de glorificar a Dios como mujeres. En esta serie hemos visto la importancia que tiene la doctrina, el peligro del alcoholismo, el valor de la crianza de los hijos y muchas cosas más. Nancy ha unido estos temas prácticos de manera excelente. Puedes escucharlos todos al visitar nuestra página www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com, pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Tito 2 dispone las prioridades de Dios para las mujeres. Aprende cómo algunas mujeres están aplicando esas prioridades en sus vidas. Esto en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J4 – Una bondad duradera

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J4 – Una bondad duradera

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-bondad-duradera/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si ustedes tienen un huésped en casa lo quieren atender y hacer sentir como rey, ¿verdad?

Pero si tu esposo o tu hijo adolescente te pide algo, ¿eres más propensa a pensar: “Oye amigo, hazlo tú mismo”? “Tienes manos, tienes ojos y sabes dónde está el refrigerador. Estoy cansada.” A veces es con nuestras familias con quienes menos queremos ser bondadosas.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando una amiga de la iglesia está en el hospital o tiene un bebé, ¿qué es lo que haces? Bueno, muchas mujeres se ponen en manos a la obra comprando regalos, haciendo comidas y mostrando una gran amabilidad de maneras prácticas.

Hoy consideremos cómo podemos poner manos a la obra en este tipo de actos hacia los más cercanos. Nancy está impartiendo esta enseñanza de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Un día al final de una conferencia de Aviva Nuestros Corazones una mujer vino a mí y empezó como a derramarse, contando la historia de lo que Dios había hecho en su vida. Le dije: “Espera un minuto. Quiero tener escrita tu historia.” Así que le pedí: “¿Me mandarías un correo electrónico contándome esa historia?” Entonces ella me lo envió, y aquí está lo que dijo:

“Mi amado esposo ama absolutamente la comida mexicana. A mí no me gusta tanto, así que usualmente solo la preparo para él dos veces al año: el día del padre y en el día de su cumpleaños. Pero comencé a resentir su petición de comida mexicana más seguido.

En su conferencia, el Señor me dio convicción de egoísmo y falta de corazón de sierva hacia mi maravilloso esposo. Fui a casa y le dije que le prepararía comida mexicana al menos una vez por semana.”

Aquí esta mujer puso en práctica lo que escuchó en una conferencia de Aviva Nuestros Corazones. Y siguió diciendo,

“Él no supo qué responder más que no tenía por qué hacer eso. Pero ahora realmente quería hacerlo. ¿Y qué cree? Ahora hasta yo la disfruto. Dios es muy fiel y bueno. Cuando le pedimos que nos ayude a convertirnos en siervos, también nos da gozo en el servicio.”

Ahora estamos en una parte de nuestra serie de Tito 2 que habla de la actitud del corazón con la que servimos. Pasamos varios días hablando sobre las mujeres como cuidadoras del hogar, amas de casa; y sencillamente de las necesidades y responsabilidades domésticas que tienen que ser cubiertas. Tu esposo y tus hijos necesitan ser alimentados. Necesitan ser vestidos.

Hay algunos aspectos hogareños que no son tan glamurosos, de hecho muchos de ellos no lo son, y algunos son bastante tediosos. ¿Cuántas comidas has hecho en los años que llevas casada? ¿Y cuántas cargas de ropa has lavado? Podrá ser emocionante durante el primer mes o dos, pero después de miles de estas cosas, puedes perder el hacerlo de corazón.

Pienso que esto es como un currículum para mujeres jóvenes donde las mujeres mayores deben enseñarles que conforme a la actitud del corazón con que realices las cosas en casa, será la calidad de las mismas.

Déjenme regresar y darles el currículum que viene en el capítulo 2 de Tito. Que las ancianas, versículo 4, “enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, versículo 5, a ser prudentes [pensar con un sano juicio], puras a [tener un corazón puro], hacendosas en el hogar, amables”. Algunas de sus traducciones pueden decir, “a ser bondadosas”.

Ahora, si vamos al fruto del espíritu en Gálatas capítulo 5, en el versículo 22—como sabrás está el amor, el gozo, la paz, la paciencia—dos manifestaciones del fruto del Espíritu se relacionan con este concepto. Uno es la benignidad y el otro es la bondad.

Aquí estamos hablando realmente de ambas. Estamos hablando de las cosas que haces en tu casa para tu esposo, tus hijos, tus vecinos, por la gente en la escuela de tus hijos, por los hermanos en la iglesia, las diferentes maneras prácticas en cómo servimos a los demás. Queremos hacer todas estas cosas no solo como un deber, no solo como algo que tenemos que tachar de nuestra lista de cosas por hacer, no solo porque tenemos una obligación, sino porque Dios a través de su Espíritu Santo ha puesto benignidad y bondad en nuestros corazones.

Esta bondad activa fluye de nuestros corazones. Está motivada por nuestra benignidad. Creo que esto es importante, particularmente para aquellos de nosotros que estamos algo comprometidos con el deber. Vamos a hacer el bien mientras exista el aliento en nuestros cuerpos. Pero encuentro muchas mujeres sirviendo al Señor sin corazón, sirviendo a sus familias sin gozo.

Por cierto, esto puede ser una verdad en cualquier tipo de servicio. El Señor me ha estado hablando en lo que he estado estudiando. Muchas de mis actos, y tareas no son de la esfera doméstica, sino que me la paso estudiando, preparándome para enseñar, escribir libros y cosas que algunas personas piensan que amarían hacer. Les digo que si ellos piensan que amarían hacer eso, nunca lo han hecho. Es un trabajo difícil.

Justo como el trabajo en tu casa, Es un trabajo pesado y muchas veces tedioso, muchas veces cuando ya es muy tarde y todos se han ido a sus camas, y tú empiezas a sentir pena por ti misma y a pensar: “¿Qué consigo con esto?, ¿por qué lo estoy haciendo?, ¿por qué no puedo tener una vida normal como la gente que se va a dormir en la noche?”

Y estás cuidando en la noche a un pequeño que está enfermo, como le pasó anoche a mi amiga Mary Anne; o haciendo almuerzos por milésima vez para tus hijos y pensando, “¿Acaso alguien le importa si hago esto?” Ahora, si no lo haces, les importará. Pero, ¿quién lo nota? ¿A quién le importa?

Podemos empezar a sentirnos resentidas. Podemos comenzar a tener lastima, autocompasión. Podemos empezar a compararnos con las vidas de otros o a desear la vida de alguien más, y solo realizar las tareas rápidamente y sin corazón. Pero la Palabra aquí está hablando de una motivación por servir, una motivación por el quehacer doméstico, que es la benignidad y la bondad en acción.

Ahora, pienso que es tan importante porque nos recuerda que esta vida no se trata acerca de nosotros sino acerca de otros. Todo este capítulo en Tito 2—de hecho toda la Palabra—es un llamado a ser mujeres, no egoístas, no egocéntricas, sino Cristo-céntricas y prójimo-céntricas. Esta es una palabra—esta benignidad, esta bondad—que habla de abundancia. Habla del gozo y del corazón con el que llevamos a cabo nuestro llamado como mujeres.

Mientras pensaba sobre esta cualidad de bondad y benignidad y en lo que hemos venido hablando en estas sesiones sobre domesticidad, sobre ser inclinadas hacia el hogar, sirviendo en nuestras casas, hay una mujer en la Palabra que vino a mi mente que ilustra bellamente ambas cualidades; la domesticidad y la benignidad o la bondad. Han leído sobre ella en Hechos capítulo 9.

Déjenme pedirles que abran sus Biblias, si la tienen con ustedes, en el capítulo 9 del libro de los Hechos, y si buscamos la historia de esta mujer, veremos que solo ocupa un párrafo. Eso es todo lo que se escribió de ella en las Escrituras. Pero quiero decirles algo, que al final de mi vida si se escribiera un párrafo así sobre mí, entonces yo diría que he vivido una vida fructífera.

Hechos capítulo 9, comenzando en el versículo 36. Esto es en los días de la iglesia primitiva y recuerden que el imperio romano, la época romana, fue una época muy malvada. La gente era egocéntrica al extremo y dentro de este contexto vino esta recién nacida iglesia, que era muy diferente del mundo que la rodeaba.

Esta mujer, Dorcas, es una imagen del contraste, de la diferencia que la gracia de Dios hace en la vida de las personas. El versículo 36 dice: “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita (que traducido al griego es Dorcas).” Entonces, antes de ser cualquier cosa, o poseer una identidad, en este pasaje ella era una discípula. Era una seguidora de Cristo. Déjenme decirles que este es el lugar para comenzar.

El servicio brota de ser una discípula, una seguidora de Jesucristo. Las mujeres que no conocen a Cristo pueden ser grandes amas de casa. Pueden tener muchos talentos y habilidades. Pueden ser buenas madres. Ellas pueden ser buenas esposas en muchos aspectos. Pero no pueden ser verdaderas mujeres cristianas porque ellas no tienen el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros, que nos capacita y nos motiva, que nos dirige.

Entonces, Dorcas fue primero una discípula. Si vas a ser una mujer verdadera, primero tienes que ser una seguidora de Jesucristo, y eso es lo que ella era.

Luego en la siguiente frase la describe, al final del versículo 36—y me encanta esta frase—dice: “Esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente”. ¿No es esa una descripción genial? Ella era rica en buenas obras. “Buenas” viene de la palabra agathos—benéfica, útil, provechosa, beneficiando a otros, bondad en acción. “Esta mujer era rica en buenas obras y de caridad que hacía continuamente”.

Ella no solo tenía benignidad en su corazón. Sino que ésta brotaba en forma de buenas obras, de modo que otros podían ver esas buenas obras y glorificaban a Su Padre celestial. Estas obras no solo eran una ocupación extra para ella, ella era rica en estas obras buenas y en estos actos de caridad.

No sabemos si ella era casada o soltera. No sabemos cuántos años tenía. No sabemos nada más sobre las condiciones o la época de su vida, pero sabemos que la descripción de esta mujer es que era una discípula de Cristo, y que era rica en obras buenas y de caridad.

Ahora, esto significa que ella era una bendición para muchas personas. Ella no tenía una vida egocéntrica. Ella tenía una vida prójimo-céntrica. Primero centrada en Cristo para poder centrarse en los demás. Entonces, en los versículos 37-38 dice:

Y sucedió que en aquellos días se enfermó y murió; y lavado su cuerpo, lo pusieron en un aposento alto. Como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí [en Lida], le enviaron dos hombres, rogándole: No tardes en venir a nosotros.

Ahora Dorcas estaba muerta. ¿Qué creían que Pedro iba a hacer? Hoy sabemos lo que Pedro hizo porque tenemos la historia y la hemos leído, pero, ¿qué estaban ellos pensando? ¿Por qué llamaron a Pedro? No lo sabemos realmente.

Sabemos que ellos sabían que el poder de Dios era vivo y activo, pero no había habido muchas resurrecciones. Jesús había vuelto a traer a la vida a un par de personas y a sí mismo, pero ¿sería eso lo que ellos estaban esperando? No lo sabemos. Pero sí sabemos que ellos querían que el hombre de Dios fuera allí a lidiar con la situación.

Entonces Pedro se levantó y fue con ellos. Cuando llegó lo llevaron al aposento alto, y todas las viudas lo rodearon llorando, mostrando todas las túnicas y ropas que Dorcas solía hacer cuando estaba con ellas. (Versículo 39).

Entonces aquí hay una mujer que tenía un ministerio especial para con las viudas. Quizás ella también pudo haber sido viuda. No lo sabemos. Pudo haber sido una mujer joven. Pudo haber sido una mujer mayor con el nido vacío. No lo sabemos. Todo lo que sabemos es que su amor por Cristo fluía en ministración hacia otros, particularmente hacia las viudas.

Era un ministerio práctico. Me refiero un ministerio que ponía manos a la obra. Ella hacía túnicas y otras vestiduras. Tenía una habilidad con la costura. Ella era costurera. Ella utilizaba esa habilidad para beneficiar y bendecir al cuerpo de Cristo.

He reflexionado sobre este relato recientemente, y me he encontrado preguntándome, “¿Cómo seré recordada? Cuando mi cuerpo esté inerte y listo para ser enterrado, ¿cuál será el enunciado que describa mi vida?”

“Oh, ella escribió una tonelada de libros”. “Oh, ella estaba en el radio todos los días”. “Oh, ella era una trabajadora esforzada.” Saben, estas no son las cosas que realmente quiero que la gente recuerde. Lo que quiero que recuerden es que ayudaba, que era amable, que amaba, que tocaba sus vidas en maneras prácticas que hacían una diferencia.

¿Cómo serás recordada? Quiero decir, si tu vida pudiera ser resumida en una sola oración o dos como las que tenemos de aquí, ¿cómo serás recordada? “Ella era amable.” “Ella era buena.” “Ella era una sierva.” “Ella era una dadora.”

¿Quién llorará al pie de tu ataúd pensando en todas las maneras en las que serviste y los bendijiste, y como les mostraste la benignidad de Cristo en maneras prácticas?

Ahora, este llamado a ser amables—el de ser una mujer mayor que enseña a las más jóvenes a ser bondadosas, amables en sus acciones—no es solo un llamado a responder amablemente cuando se presente la oportunidad. Muchas de nosotras podemos hacer esto. Si alguien nos pide algo, “¿Podrías servir, o hacer esto o aquello?” Lo hacemos.

Creo que es algo mucho más que esto. Es el llamado a constantemente buscar oportunidades de ser una bendición a otros, de mostrar la benignidad de Dios a otros, de tener iniciativa. Buscando alrededor de tu iglesia.

Vamos a la iglesia y allí hay mucha gente. Nos encontramos en los pasillos y decimos, “Hola, ¿cómo te va?” “Bien.” La mayoría de las personas no están bien. ¿Nos detenemos para averiguar si realmente están bien y conocer sus verdaderas necesidades? Dios ha puesto cosas en nosotros para dar a otros. Entonces esto es un llamado a constantemente tomar la iniciativa para mostrar amabilidad.

Primera a Timoteo capítulo 5 describe a la anciana que cuando enviuda califica para ser cuidada por la iglesia. Alguna vez haremos una serie completa sobre este texto, pero déjenme leerles la descripción de esta mujer en 1era a Timoteo capítulo 5, versículo 10: “Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos [un trabajo nada glamoroso], si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.”

Damas, ese es el retrato de una feminidad verdadera. Esas no son cosas glamurosas. Son tareas desinteresadas y de autosacrificio. Pero es a esto que estamos llamadas como mujeres que deben ministrar la bondad de Dios a otros.

Ahora, ¿a quienes estamos llamadas a mostrar esta bondad? ¿Quiénes deberían ser el objeto de nuestra bondad? Déjenme mencionar solo algunas de ellas. Primeramente, nuestras familias. ¿Por qué a veces somos más propensas y rápidas para ofrecer bondad a las personas fuera de nuestros hogares que a nuestras propias familias? ¿Por qué a veces tratamos más amablemente a los huéspedes que a nuestras propias familias? Si ustedes tienen un huésped en casa lo quieren atender y hacer sentir como rey, ¿verdad?

Pero si tu esposo o tu hijo adolescente te pide algo, ¿eres más propensa a pensar: “Oye amigo, hazlo tú mismo”? “Tienes manos, tienes ojos y sabes dónde está el refrigerador. Estoy cansada”. Ahora, puede que no digas eso, pero, ¿alguien alguna vez se sintió de esa manera para con su propia familia? A veces es con nuestras familias con quienes menos queremos ser bondadosas.

A veces es porque nos han herido, pero a veces es solo porque somos flojas. Muchas veces lo damos por hecho, pero no estamos pensando en mostrar bondad en nuestras casas.

En Proverbios capítulo 31 vemos una mujer que muestra bondad primero hacia su propia familia. Ella hará bien a su esposo, y no mal, todos los días de su vida. Esa bondad se extiende de su marido hacia sus hijos, padres y hermanos, cuidando a los de su propia casa.

Luego más allá, hacia la casa de Dios, hacia la familia de Dios. En Gálatas capítulo 6 versículo 10 dice, “Así que entonces, hagamos bien [agathos] a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.”

Luego debemos mostrar bondad con el pobre y el necesitado, quienes no pueden ayudarse a sí mismos. Ahora, no es mi responsabilidad arreglar este problema, resolver el problema del hambre mundial, o de todos los huérfanos del mundo o todas las necesidades del mundo. Dios no me ha llamado a hacer eso pero me ha llamado a ser sensible a las necesidades de aquellos que Él puso dentro de mi esfera de influencia , abrir mis ojos para ver quiénes son y a estar dispuesta a ver de qué manera práctica puedo ministrar sus necesidades.

Eso es lo que dice Proverbios 31, versículo 20: “Extiende su mano al pobre, y alarga sus manos al necesitado”.

Después no solo al pobre y al necesitado sino—y aquí tenemos una bien difícil—debemos mostrar bondad hacia nuestros enemigos. A nuestros enemigos. Verán, la bondad no está basada en cómo los demás nos tratan, o si ellos se la merecen. Es fácil ser amable con las personas que actúan en reciprocidad con nosotros, o con aquellos que han sido amables con nosotros a quienes queremos reciprocar.

Pero debemos ser bondadosas con la gente que absolutamente no lo merece. De hecho en Tito capítulo 3, en el versículo 3, hay una descripción de cómo solíamos ser antes de ser salvos, y una de esas características es el haber sido aborrecibles. Éramos aborrecibles. Odiábamos a Dios. Odiábamos a otros. Éramos necios, desobedientes y aborrecibles.

Pero miremos los versículos 4 y 5 del capítulo 3: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia”.

¿Cuándo nos salvó? Cuando éramos aborrecibles. Es entonces cuando su benignidad y bondad vino a nuestras vidas. Cuando nosotros como hijos de Dios somos amables para con los que no lo merecen, mostramos a la gente cómo es Dios. Reflejamos el Evangelio. Reflejamos la asombrosa e inmerecida bondad de Jesucristo. Él ha sido bondadoso con nosotros. Nosotros vertemos de esa bondad a otros.

Después, en el pasaje de Lucas capítulo 6 es similar. Jesús dice,

Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan.

Después nos da un montón de maneras prácticas para llevar eso a cabo. Dice que no solo lo hagamos para con aquellos que nos aman. Porque,

Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo…. Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; [y escuchen esto] porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos. (Versículos 32-33, 35).

Porque para algunas de ustedes los malagradecidos es gente malvada que habita dentro de las cuatro paredes de tu propia casa. Porque algunas de ustedes los malagradecidos—es gente malvada dentro de las cuatro paredes de tu iglesia. Y ustedes han sido heridas y no desean ser bondadosas. Más bien quieren ser despiadadas. A lo mejor quieren ignorar sus necesidades. Pero Dios es bondadoso aun para con el malagradecido, aun para con aquel que ni siquiera reconoce que Él ha sido amable, aquel que nunca dice gracias. Y para con aquellos que son malvados. Si Él no hubiera sido bondadoso, no nos hubiera salvado. Pero Él fue bondadoso, aun cuando nosotros éramos malagradecidos y malvados.

Luego dice, “Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso” (versículo 36). Ser de corazón bondadoso y hacer acciones bondadosas es ser como Dios.

Recibí hace más o menos una semana un correo electrónico de una de nuestras compañeras de ministerio. Ella decía:

“El que ha sido mi esposo desde hace 66 años, está en su quinto año de demencia. Él tiene 85 años y ha estado en el ministerio alrededor de unos 60 años. Yo tengo 84 años, y no necesito decir que he estado bajo una gran cantidad de presión cuidando de él. De cualquier manera (le enviamos un libro y ella nos ha escrito agradeciéndonos por ello), a través del libro que me enviaron Dios me dejó ver mis actitudes carnales y como yo no estaba sirviendo a mi esposo y cuidándole de una manera amorosa.”

Ella estaba sirviendo a su esposo pero sin bondad. Ella dijo:

“Me sentí tan avergonzada. Clamé al Señor por su perdón. Al día siguiente estaba asombrada de cuanto más fácil se convertía el hacer las tareas más básicas, y como aún continúan siendo así.”

La bondad del corazón ayuda a levantar la carga. No necesariamente hará que todas esas tareas luzcan glamurosas, pero las convertirá en un acto de adoración, un acto de verdadero amor. Sirviendo con bondad de corazón.

Padre, cuánto oro porque como mujeres seamos amables, de corazón bondadoso, y de acciones bondadosas; que el mundo no deje de observar y mirar que como mujeres cristianas somos amables, atentas, serviciales, dadoras. Señor, uno de estos días cuando nuestro cuerpo se encuentre en un ataúd, oramos porque las personas nos extrañen por cómo les mostramos Tu bondad, así como Tú la mostraste tan grandiosamente para con nosotras. En el nombre de Jesús oro, amén.

Carmen: Qué mensaje tan importante nos acaba de impartir Nancy Leigh DeMoss. ¿Serás algún día recordada por mostrar bondad? ¿Qué puedes hacer hoy para empezar a construir ese legado? El mensaje de hoy es parte de la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Imagina tener un huésped de honor en tu casa por un corto tiempo. Tendría toda tu atención, ¿verdad? Recuerda que brevemente tendrás a tus hijos en casa, aprende cómo tratarlos, como si fueran tus invitados de honor.

Gracias por estar con nosotros. Te esperamos para nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J3 – Llenando tu hogar de bondad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J3 – Llenando tu hogar de bondad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llenando-tu-hogar-de-bondad/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Puedes pintar tus paredes, rehacer tus pisos, instalar nuevos accesorios, o actualizar tu apariencia. Ninguna de estas cosas puede verdaderamente crear un hogar cálido.

Pero tu actitud mientras lidias con proyectos como estos tendrá un gran impacto dentro de tus cuatro paredes y más allá. Averigua por qué, mientras Nancy continúa la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy : Si tienes tu Biblia, ve conmigo al Evangelio de Lucas, al capítulo 10. Quiero que veamos un pasaje familiar —familiar para la mayoría de nosotras— acerca de un ama de casa llamada Marta.

Ese parece ser un nombre popular entre amas de casas. Quiero que veamos algunas cosas en la vida de esta mujer que tienen que ver sobre la cualidad de la cual vamos a hablar hoy en Tito capítulo 2.

En Lucas capítulo 10 versículo 38 dice, “Mientras iban ellos [Jesús y sus discípulos] de camino, Él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su hogar”.

Así que lo primero que aprendemos acerca de Marta es que ella tenía una casa. Sabemos que su casa estaba en la ciudad de Betania y que tenía una hermana que se llamaba María y un hermano llamado Lázaro.

Hasta donde sabemos, ella no estaba casada, pero realmente no sabemos si lo estaba o no. Pero sí sabemos que ella tenía un hogar y que ella tenía un corazón para su hogar y un corazón para la hospitalidad.

Ella trabajaba en la casa, lo que es algo que deben hacer las mujeres y que es lo que hemos venido estudiando en Tito capítulo 2 en las últimas sesiones. Mientras reflejan el Evangelio deben estar trabajando en la casa. Eso era lo que Marta hacía, y por eso ella pudo darle la bienvenida a Jesús y a los que le acompañaron a su casa.

Este probablemente no era un grupo pequeño. Esto no era simplemente una pequeña cena íntima. Allí habría una, dos o tres docenas de personas. Así que de alguna forma tuvo que haber hecho preparativos para recibir a Jesús en su casa.

No sabemos si fue notificada previamente, pero aquí vemos a una mujer que tenía el corazón de servir a través de su hogar. El versículo 39 dice, “Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra”.

Así que Jesús les está hablando a aquellos que estaban reunidos alrededor de Él, como hacían los rabinos de ese tiempo. Y María, quien parecía tener un corazón contemplativo (al parecer más que el de su hermana) estaba sentada a los pies de Jesús escuchándole enseñar.

Versículo 40, “Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos”. Y estoy leyendo esta vez de la Biblia de Las Américas, y así es como dice allí.

Pero si vas a la Reina Valera dice que ella “se preocupaba con muchos quehaceres”. Ella estaba distraída por todos los preparativos, o distraída por el mucho servicio. La primera palabra de este versículo es la clave de que algo anda mal.

María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando Su palabra. Versículo 40, “Pero Marta…”; Marta estaba haciendo otra cosa. Algunas cosas que necesitaban ser hechas, pero hay un problema ahí.

Ella estaba distraída preparando todo. Ella estaba distraída con mucho servir. Esa palabra distraída significa estar ocupado, halado o arrastrado hacia todas las direcciones.

Ella estaba siendo empujada en muchas direcciones—muchas demandas, hacía todas las cosas que necesitaban ser hechas. Seguro has estado ahí, has pasado por esto. Sabes exactamente lo que esta frase significa.

Si tienes un hogar, si cuidas de un hogar —si tienes un esposo, si tienes hijos, o si eres como yo y vives sola— sabes lo que significa tener personas y demandas que te halan en todas las direcciones mientras al mismo tiempo tratas de servir a los demás.

Así que el versículo 40 dice, “Y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”

Ahora, permítanme hacer algunas observaciones sobre las que meditaba esta mañana. Aquí está Marta, que ha pasado de servir a otros a ser egoísta. Analicemos la escena.

Recuerden lo que estaba pasando. ¿Qué estaba haciendo Jesús mientras Marta preparaba todo? Él estaba enseñando. Él estaba hablando.

Probablemente Él no estaba parado en un atril teniendo un servicio de predica oficial. Ellos probablemente estaban sentados en la sala, quizás afuera o donde sea, y las personas estaban reunidas alrededor de Él, y Él les enseñaba sobre el Reino de Dios y el Evangelio. Para eso Él había venido.

Así que Jesús está enseñando. ¿Y qué hacían los otros invitados? Estaban escuchando. Estaban reunidos alrededor de Él.

Así que tenemos aquí un pequeño servicio dirigido por Jesús. Marta aparentemente piensa que lo que sea que haya salido mal en la cocina en medio de su servicio es de tanta importancia que ella tiene que interrumpir a Jesús, quien está hablando, y a los otros que están escuchando.

Nunca se me había ocurrido hasta que comencé a situarme en esta escena —dice claramente lo que Jesús estaba haciendo, y lo que los otros hacían— y Marta va a donde Él y le dice esto… ¡Así que ella interrumpe el “servicio de la iglesia”!

No quiero ser muy dura con Marta. La única razón por la que sé lo que ella está haciendo es porque yo misma he estado en esa situación tantas, pero tantas veces.

Ella interrumpe a Jesús, y su clamor es “se trata todo sobre mí”. “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” Está centrada en ella misma.

Ella había estado sirviendo, pero se distrajo mientras servía, y terminó centrada en sí misma. Eso causó esta conmoción, esta interrupción, esta distracción de las cosas eternas que estaban ocurriendo entre Jesús y aquellos quienes estaban sentados escuchándolo.

Así que en la medida que uno se centra más en sí mismo, uno se vuelve insensible hacia los demás. Es como si no existieran. O si existen, como si no importaran. Todo lo que importa en este instante es como me siento y qué me está pasando a mí y mis necesidades y mis emociones y lo que quiero que se lleve a cabo.

Veo aquí a una mujer que está molesta. Está irritada. Creo que ella hubiera explicado esto diciendo, “Estoy frustrada. Hay tanto que hacer y solo tengo dos manos. Soy la única persona; no lo puedo hacer todo”.

De nuevo, estoy viendo la mirada de las mujeres aquí presentes y sé que saben exactamente lo que Marta sentía. Todas hemos estado ahí.

No tienes que estar casada ni tener tu propio hogar para saber que a medida que cumples con las responsabilidades que Dios te ha dado en esta etapa de tu vida, hay momentos en que sentirás que es más de lo que puedes sobrellevar, y te frustras.

Y, ¿qué pasa si no llevas esa frustración al lugar adecuado, si no lo manejas a la manera que Dios quiere, con una mente sobria, como hemos discutido a través de esta serie? Vas a pecar al molestarte y airarte.

El pecado no era que había mucho que hacer. El pecado no era que estabas luchando para hacerlo todo, a menos que hayas querido hacer más de lo que debías—esos son otros problemas.

No hay indicación de que ella estuviera haciendo algo que no debía. Era noble. Ella estaba sirviendo.

Pero ella se preocupó, se agotó mentalmente. Ella perdió la cordura con todo lo que estaba pasando.

Como resultado, ella estaba irritada y se molestó contra su hermana, y con Jesús aparentemente, y quien sabe con quién más. Yo oigo en sus palabras un tono acusatorio: “¿Señor, no te importa…?”

Acusatorio contra Jesús, imputándole sus intenciones, sugiriendo que a Él no le importaba; con un tono acusatorio contra su hermana María: “Mi hermana me dejó sola”.

No sabemos lo que no sabemos. No sabemos lo que ella no dijo. No sabemos lo que ella estaba pensando.

Pero lo que se infiere es que ella realmente siente que su hermana ha hecho algo malo. Ella está acusando a su hermana de no ayudarla, de ser negligente con sus responsabilidades.

¿Has notado que, cuando te tornas acusatoria, cuando estás bajo presión, comienzas a asumir sobre el corazón y las intenciones de los demás? Asumes que ellos actúan de esa manera porque “yo no les caigo bien” o porque “ellos no aman a Dios”.

Digo, nuestra mente se va en tantas direcciones si la dejamos. Esta mente no sobria nos lleva por un camino muy errado.

Y percibo también cierto resentimiento aquí. “¿No te importa que mi hermana me deje servir sola?” “¡Ella me ha dejado todo a mí sola!” ¡Cuánta autocompasión! Y luego demandando: “Dile, pues, que me ayude.”

¿Alguna vez te has encontrado diciéndole a Dios qué hacer o diciéndole a tu esposo o ladrando órdenes a tus hijos, siendo demandante? El servir se vuelve—no un privilegio amoroso lleno de gracia y llevado a cabo con alegría—se convierte en un peso, en un trabajo penoso.

Las mismas personas que estamos sirviendo se han convertido en un problema, en una molestia. Solo deseamos que se vayan y nos dejen tranquilas.

Permítanme leerles un correo electrónico de una de nuestras oyentes. Ella dijo,

“Yo soy una mujer cristiana de quien siempre parece que se aprovechan de su gentileza. Otros toman mi gentileza como una debilidad. Estoy empezando a molestarme por todo esto. Estoy tan molesta que estoy sintiendo mi corazón endurecerse”.

¿Te has encontrado en alguna ocasión tan molesta con aquellos a quienes Dios te ha enviado a servir que tu corazón se endurece contra los demás? Contra el Señor, contra los otros… Mira el versículo 41, “Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.”

Esa palabra preocupada significa “ansiosa”. Está relacionada a otra palabra que significa “ir en diferentes direcciones”. Está ansiosa. Drenada. Está siendo halada en muchas direcciones diferentes. Y está molesta. La palabra griega que es traducida como molesta es una que suena como “turbulento”. Estar en confusión.

Algunas veces nuestros pensamientos hacen eso. Por eso es que necesitamos una mente sobria, un sano juicio, para que no nos preocupemos ni nos molestemos con tantas cosas.

Y luego este pensamiento de “muchas cosas”. Me parece que las cosas se han vuelto más importantes para Marta que las personas. “Tú estás preocupada y molesta por tantas cosas”. Había “tantas cosas”. Ella había perdido la perspectiva. Había perdido el enfoque. Había olvidado lo que realmente importaba, así que Jesús vino a recordárselo.

El versículo 42 dice, “Pero una sola cosa es necesaria.” No es que nada más importa, sino que solo una cosa es absolutamente esencial, sin la cual no se puede vivir y: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

¿Qué es esa cosa buena, esa cosa absolutamente necesaria? Es el proteger tu relación, tu intimidad y tu comunión con el Señor.

Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor, en comunión con Él.

Hemos estado estudiando Tito 2 y viendo que las mujeres mayores deben enseñar lo que es bueno, “Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar,” y luego a ser “amables” (versículos 3-5).

Llegamos hoy a esa palabra amable. Y estamos llegando al final de las cualificaciones y características de las mujeres aquí: ser amable.

Nota que esta palabra amable sigue a la característica de ser hacendosa en la casa. No es suficiente, como acabamos de decir, simplemente ser un ama de casa y atender tu casa. Esta palabra amable nos dice cómo debemos de hacer eso.

Trata con los motivos, con la disposición; nos dice cómo debe llevarse a cabo el servicio. Marta era un ama de casa consumada, pero en esta situación ella no fue amable. Ella perdió el corazón, el espíritu y el tono con que debemos cumplir con nuestras responsabilidades domésticas. Esto importa.

No importa que simplemente terminemos tareas que teníamos por hacer. Importa el tono y el espíritu, el cómo tratamos y respondemos a nuestra familia y amigos. Eso es lo que importa.

Esta palabra que es traducida como amable significa “ser de buen carácter, ser bueno y benevolente, ser provechoso, útil, beneficioso en su efecto, gentil, de ayuda, caritativo”.

Conozco a muchas mujeres que son fieles, diligentes, amas de casa conscientes, y quiero darles ánimo. Algunas de ustedes son tan fieles en ello. Son tan dedicadas y concienzudas.

Pero te quiero preguntar, ¿tienes una disposición amable al mismo tiempo? O, ¿solo lo haces por hacerlo? O, ¿simplemente lo haces para salir del paso? O ¿lo haces por determinación y puras agallas, o lo haces con amabilidad?

Tus hijos no recordarán tanto que eras una cocinera fabulosa o que tu casa siempre estaba en orden y limpia o que eras una decoradora increíble, tanto como recordarán el espíritu y el tono y el corazón con que hacías todas estas cosas. ¿Lo haces con amabilidad? Esto es extremadamente importante.

Trabajando en la casa, manejando la casa, tratando con tu esposo, interactuando con tus hijos, con demandas—todo puede ser muy rutinario y mundano. Sabes eso mejor que yo. Puede ser frustrante. Tú lo sabes mejor que yo.

Algunas veces te sentirás sola, como le pasó a Marta—como si a nadie le importaras, como si nadie te apreciara, como si nadie se diera cuenta, o como si nadie estuviera ahí para ayudarte. Ser cuidadosa de tu casa requiere diligencia, disciplina y fidelidad cada día.

Pero también requiere amabilidad y gentileza. Y esto también es algo que las mujeres mayores están supuestas a poder enseñarles a las más jóvenes.

Uno de mis diccionarios de la Biblia dice que la mujer del hogar no solo debe tener diligencia, energía, disciplina, pero ella también debe de tener una apariencia llena de gracia y amabilidad—no solo disciplina, pero también la actitud. Esto se refleja en su conducta, su actitud, su espíritu.

Otro comentarista habla de esta amabilidad como “la falta de irritabilidad ante las persistentes tareas y responsabilidades rutinarias y mundanas de una casa.” ¿Porque están muchas de ustedes haciendo muecas? ¿Será que sienten alguna convicción?

De nuevo, no salgan después de haber escuchado estas sesiones (y sé que muchas están inclinadas a hacer esto) y comiencen a atacarse a ustedes mismas. “¡Soy un fracaso!”, “¡Soy un insecto!”, “¡Ay de mí, voy a aislarme y a morir!” No, esa es una respuesta de orgullo.

Cuando el Espíritu Santo convence, lo que Dios quiere que hagamos es que nos humillemos delante de Él para decir, “Señor, Tú tienes razón. Yo me vuelvo irritable. Y mi familia ha visto más irritabilidad que amabilidad en los últimos días”.

“Y Señor, fuera de ti yo no puedo ser amable. Yo puedo hacer las cosas correctas. Soy disciplinada. Sé cómo hacer todo esto. Pero Señor, solamente Tu Espíritu puede hacer que las haga amablemente. Solamente Tu Espíritu puede darme un corazón que sirva a mi familia”.

Así que ve a la cruz. Ve a Cristo. Toma de Su gracia si Dios te está dando convicción sobre esta área de tu vida.

Esta gentileza es lo contrario a ser ruda, cruel, impaciente, demandante, amargada, resentida, severa, o exigente. Esas son algunas de las palabras con las que algunos estamos familiarizados y con las que muchas luchamos a veces. Esas son expresiones de la carne, no del Espíritu en nuestros hogares.

Warren Wiersbe dice sobre este pasaje, “Ella no lleva la casa con una mano de hierro, sino que practica la “ley de la clemencia”, que claro, viene de Proverbios 31:30. Este tipo de gentileza y actitud del corazón esta cimentado en la humildad.

Jerry Bridges dice sobre el tema de la gentileza, “Aparte de la gracia de Dios, la mayoría de nosotros tendemos por naturaleza a preocuparnos por nuestras responsabilidades, nuestros problemas, nuestros planes. Pero la persona que ha crecido en la gracia de la gentileza ha expandido su pensamiento fuera de sí mismo y de sus intereses y ha desarrollado un interés genuino en el bienestar y la felicidad de aquellos que le rodean.”

Amigas, una de las cosas que las ayudará a manifestar gentileza en su hogar es el recordar que no se trata de ustedes. No se trata de sus emociones, su tiempo, de su energía, de ser amada, ser aprobada, o de ser alabada.

Lo maravilloso es que Proverbios 31 dice que la mujer que teme al Señor y da su vida al servir, ella será alabada. Ella tendrá una gran recompensa.

Pero si lo haces por eso, serás defraudada, porque habrá muchas veces donde la gente a quienes sirves ni siquiera saben lo que hiciste para servirles. Como cuando duras horas un día de la semana arrodillada en el piso limpiando las juntas de la cerámica del baño.

¿Será que alguien de tu familia lo va a notar o agradecerlo? ¡Gran cosa! Aun si ellos se dan cuenta, ellos no tienen ni idea de todo el trabajo que pasaste haciéndolo.

Si lo que mueve tu corazón es hacer una impresión en alguien o ser alabada o afirmada, vas a ser una mujer resentida, o comenzarás a ser negligente y a descuidar algunas cosas. Pero cuando tu servicio proviene del amor hacia los demás y te centras en ellos, y cuando te preocupas por la felicidad y el bienestar de ellos, entonces podrás servir con gentileza, con amabilidad y (¿puedo decir esto?) con gozo.

La gentileza y el centrarse en los demás no solo viene de la humildad, sino también de centrarse en Cristo, que es lo más importante. Proviene de una vida que está centrada en Cristo; enfocada en Cristo. Creo que Marta perdió su gentileza porque perdió su perspectiva. Ella olvidó a quién estaba sirviendo y por qué lo estaba haciendo.

Quiero decir, imagínense, ¡poniendo a Jesús a trabajar! ¿Pero no es eso lo que hacemos cuando nos volvemos resentidas por nuestro servir? Una cosa es necesaria, estar con Jesús.

● ¿Te has distraído con mucho servir?

● ¿Has desarrollado alguna dureza en tu corazón, en tu tono de voz o en tu espíritu?

● ¿Te falta gentileza o amabilidad?

Entonces necesitas hacer lo que Jesús le dijo a Marta que hiciera. Fue lo que María decidió hacer. ¿Qué es? Escuchar a Jesús.

“Marta, Marta [Nancy, Nancy], tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.” ¿Qué debes hacer? Ponerte de acuerdo con Jesús si Él te ha señalado esto.

Dile, “Señor, he estado sirviendo, pero no con amabilidad. Me he convertido en una amargada. Estoy siempre gritando, ladrando ordenes. No estoy haciendo de este hogar un sitio feliz para mi familia. Sí, ellos están siendo alimentados; sí, sus necesidades son satisfechas, pero no estoy ministrando sus espíritus con gracia.”

Ponte de acuerdo con Dios. Permite que Él restaure tu perspectiva. Hay muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas más en tu lista de cosas por hacer que horas en el día para hacerlas.

Lo que necesitas saber—y lo sabrás a medida que te acerques a la presencia de Jesús y a Sus pies—es lo que realmente le importa a Él. Las personas importan más que las cosas.

Las personas importan más que las cosas. Recuerda esto cuando vayas a tu casa hoy. Recuerda esto cuando le ministres a tu esposo, a tus hijos.

Debes estar dispuesta a detenerte, a tomar tiempo, para ser gentil, para escuchar. No andes siempre corriendo como si tu casa estuviera en llamas con una lista de 100 cosas por hacer, pasando por alto a las personas a quienes Dios te ha enviado a servir.

Deja que Jesús te prescriba lo que necesitas. Ve a Él, como lo hizo Marta. Haz una decisión consciente de centrar tu vida en Él. “Una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

Mientras meditaba en esto esta mañana, pensé en las palabras de Jesús en Mateo capítulo 11 los versículos del 28 al 30.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.

Así que si estás asediada, exhausta, frustrada, molesta, irritada, demandante— si tienes quizás una mala actitud, si has perdido tu paz, tu amabilidad, y como resultado tu familia ha perdido la paz—ven a Jesús. Siéntate a Sus pies. Aprende de Él.

Encontrarás descanso para tu alma. Solo entonces podrás reflejar Su corazón gentil, humilde y suave a aquellos a quienes sirvas.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado recordando por qué hacemos lo que hacemos. Ese mensaje es tan importante para las mujeres ocupadas.

Todas nosotras necesitamos tiempo ininterrumpido para sentarnos a los pies de Jesús. Aun cuando es tiempo de levantarse y trabajar, todavía podemos tener una actitud de corazón de sentarnos a Sus pies, sirviendo en humildad y compartiendo con amabilidad.

¿Por qué estamos más dispuestas a ser gentiles con las personas de afuera que con las que viven en nuestros hogares? Mañana veremos esto.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.`

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