Ago 26 – Encontrándonos al pie de la cruz

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Esperando por su corazón

Aviva Nuestros Corazones

Ago 26 – Encontrándonos al pie de la cruz

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Carmen Espaillat: Después de muchos años de separación, Joy McClain tenía fe que Dios podría volver a unirlos a ella y a su marido.

Joy McClain: Que llegaría el día que me podría parar delante de mi marido otra vez como una esposa pura y sin mancha. Tal vez tendría ya noventa años, pero lo creía con todo mi corazón. Yo quería creer, y no iba a dejar de orar por eso.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante los últimos días, Joy McClain nos ha estado contando su historia. Esto es algo de lo que hemos estado escuchando.

Joy: Hoy hice un voto de amar y honrar a mi marido y eso es justo lo que tengo la intención de hacer, no importa lo que pase. Le había pedido a Mark que fuera a consejería y cuando le dijeron que tenía un problema con la bebida, su corazón se endureció.

Mark McClain: ¿Pero por qué tú me estás haciendo estas preguntas? ¿Por qué estás desafiando todo lo que yo hago? Porque yo tengo derecho de hacerlo.

Kristen McClain: Cuando me insultaba o insultaba a mi mamá , yo solo quería estrellar el auto contra un poste,

Mark: Yo tengo el derecho de hacer lo que yo quiera.

Joy: Cuando descubrí que ella se estaba cortando, fue como otra bofeteada en la cara. Yo no sabía cuánto más iba a poder soportar.

Mark: ¿Pero y por qué yo no puedo hacer esto? Esto es lo que quiero hacer, yo no estoy haciéndole daño a nadie.

Joy: Él quiere herirme.

Kristen: Yo no sabía de lo que él sería capaz de hacernos.

Joy: Y él está amenazándonos.

Jena McClain: Pude oír a mi padre entrar, y podía oírle dando portazos y gritando y maldiciendo. Yo sabía que Dios tenía Su mano sobre mí.

Jordan McClain: Cualquier persona lo hubiera dejado inmediatamente y, si no de inmediato, un par de años después, tal vez cinco años, diez años, pero ella se quedó con él.

Joy: Y honestamente, esa fue probablemente la primera vez en veintidós años que pensé, “No creo que haya mucha esperanza al ver que él, aun sabiendo que pudo haber perdido a su hija, no pareció importarle”.

Nancy Leigh DeMoss: Bueno, mientras has escuchado la historia de Joy, quizás te hayas podido identificar con esos momentos donde parecía no haber esperanza. Pero espero que también hayas sido animada y hayas recordado que siempre , siempre hay esperanza en el Señor. Sé que nuestras oyentes han sido tocadas, por la historia de Joy.

Espero que tomes también diez minutos en el día de hoy para ver la versión en video que nuestro equipo ha preparado de esta historia. Es impresionante y aun más importante, te animará a confiar en el Señor en la situación más difícil. Es un gran recurso que puedes compartir con alguien que conozcas que está batallando con su matrimonio.

Y ahora creo que serás grandemente animada mientras escuchas hoy la parte final de la historia de Joy.

Joy: Mark había sido enfrentado más de una vez por amor, por los ancianos en mi iglesia y por el pastor. Ellos se habían acercado a él muchas veces. Yo no quería el divorcio. El divorcio no era una opción. Ni siquiera entraba en las conversaciones. Pero sí tenía que establecer un tipo de ambiente para que mis hijos estuvieran a salvo.

Jordan: Esa es la razón por la que ella se mudó. No era por ella, era por nosotros, por mis hermanas que todavía estaban allí, para sacarlas de eso.

Kristen: Recuerdo que solo me preguntaba cómo vamos a salir de esto.

Carmen: Ella es Kristen, la hija de Joy.

Kristen: Bueno, mi mamá trabaja medio tiempo. Gana lo suficiente para solo pagar la renta, nada más.

Joy: Todavía estaba educando mis hijas en casa . Todavía estaban en el bachillerato. Mi hijo ya estaba en la universidad. Esos fueron los años donde realmente aprendí lo que significaba confiar en el Señor. Él se convirtió en mi proveedor de todo. Tenía que buscar de Él cada mes. Cuando extendía mis cuentas sobre la mesa, juntaba los recibos, oraba sobre ellos, los movía sobre la mesa y decía, “Está bien Dios, son todos tuyos”.

Kristen: Recuerdo entregarle las facturas que venían en el correo algunas veces, y ella tenía exactamente lo que se necesitaba. ¡Todas las veces! Nunca había visto algo así.

Jena McClain: Un día ella nos llevó a mí y a mi hermana a la sala y ella dijo, “Saben tenemos una cuenta que se vence hoy”.

Carmen: Ella es Jena, la hija de Joy.

Jena: “No tengo el dinero para pagarla, así que necesitamos orar que esta cuenta sea liquidada y de alguna manera el dinero vendrá”. Recuerdo que alguien tocó a la puerta y ahí estaba un hombre. Y dijo, “Este cheque es para usted, no estoy seguro quien lo envía. Es anónimo”. Y era la cantidad exacta para pagar la cuenta. Fue como “¡Wow! Él realmente provee y realmente contesta las oraciones.”

Joy: El casero había visto como una y otra vez Dios proveía. Yo era realmente honesta con él. Recuerdo un día cuando la renta se había vencido. Y fui con él y le dije, “John, sé que la renta se vence hoy. Estoy orando, y espero ver como Dios provee”. Creo que al principio John pensó, “Esta mujer está loca”. Pero una y otra vez me podía ver venir por el patio diciendo, “¡Dios provee John!”.

Nunca quisiera volver atrás y volver a vivir tanta pena. Pero no tendría la fe que tengo ahora. No tendría la confianza que tengo en el Señor si no hubiera tenido la oportunidad de confiar Él. Si tienes una situación hoy que te forza a confiar en el Señor, alábalo por eso porque tiene la oportunidad de mostrarse a Sí mismo. Muy frecuentemente queremos preocuparnos nosotros de sacar adelante todo. Hoy en nuestra opulenta cultura, no padecemos gran necesidad con frecuencia. Pero cuando sucede es una gran bendición ver Su mano en ello.

Jordan: El hecho de que no proveería, no fue una opción en mi mente

Carmen: Él es Jordan, el hijo de Joy.

Jordan: Yo creo que eso fue porque así me lo inculcó mi madre, viendo yo su ejemplo y sabiendo que no podría dudar de eso. Él la ayudó, nunca la dejó.

Joy: La amargura pudo haberse enraizado y crecido a través de los años y especialmente conforme la situación iba empeorando. Pudo haberse enraizado fácilmente en los corazones de todos nosotros. Yo me di cuenta a tiempo que los niños iban a seguir mi ejemplo.

Jordan: Mi madre trató desesperadamente de guardarnos de amargarnos en contra de mi padre y de odiarlo. Ella siempre quiso que fuéramos perdonadores y comprensivos.

Kristen: Algunas veces me irritaba contra mi padre y decía que era una persona horrible, que no se preocupaba de nosotros. Y ella decía. “No hables así. aún es tu padre. Está haciendo cosas que no te gustan. Pero todavía es tu padre, y tienes que respetarlo no importa lo que haga. No tienes que amar lo que hace. Pero tienes que amarlo y respetarlo”.

Joy: Así que era importante para ellos dejar inmediatamente sus emociones y las palabras con que se dirigían a él. Y la mejor manera de hacerlo, honestamente, una y otra y otra vez, era orar.

Todo el tiempo. Bueno me refiero a que orábamos juntos frecuentemente y ella constantemente nos recordaba, “Oren por su padre. Oren por su padre”. Recuerdo cuando estaba en la universidad, ella me llamaba todo el tiempo. “Ora por él. Ora por él. Pasó esto. Ora por él”. Así que recuerdo mi niñez orando mucho por mi papá y mi madre diciéndome que orara por mi padre, que orara por mi padre.

Y no solamente para que dejara de tomar y todo terminaría, sino por su salvación, por su bienestar. Es decir, ese es un testimonio de la fe de mi mamá en esos momentos. Ella no decía, “Quita eso de mí para que no batallemos más”. Sino también por su bien. Creo que eso tiene mucho que ver con mi fe, ver su respuesta ante eso.

Joy: Yo creía con todo mi corazón que llegaría un día en que estaría parada delante de mi marido otra vez como una novia sin mancha. Tal vez ya noventa años de edad, pero lo creía con todo mi corazón. Yo quería creer, no iba a perder la esperanza ni a dejar de orar por eso.

Mark: Yo no me daba cuenta en ese momento, pero aparentemente me encontraba en la más larga cadena de oración que jamás había escuchado. O sea, estoy hablando de otros países, había tanta gente orando por mí. Pero yo todavía estaba viviendo como yo quería vivir.

La separación fue buena porque Dios me permitió llegar hasta el fondo del hoyo en el que estaba . Yo sé que Él no quería eso para mí, pero Él me permitió llegar hasta ahí. Mi salud estaba mal y mi estado mental estaba mal. Eso sí, Yo seguía yendo a trabajar. Nunca tuve problemas en el trabajo, pero todo lo demás, cada parte de mi vida era horrible. Hasta ahí Él me permitió llegar. Es por eso que la separación fue buena.

El punto más bajo del hoyo fue cuando estaba en casa de mi sobrino. Habíamos estado tomando, creo que eran como las diez de la noche. No era muy tarde, pero estaba obscuro y yo estaba manejando a casa, y ahí fue donde me detuvieron.

Joy: Sorprendentemente, él nunca había sido detenido por manejar borracho en todos esos años.

Mark: Y ese fue el inicio de toda una cuestión legal.

Joy: El juez fue muy duro con él, le entregó un montón de multas.

Mark: Perdí mi licencia por un año, lo cual puso en peligro mi trabajo.

Joy: Había un montón de requisitos de libertad condicional, que le privaron de muchas libertades. Una de ellas fue que no podría volver a poner un pie en un lugar donde se sirviera alcohol, y si alguna vez se le sorprendía con alcohol, iría a la cárcel.

Mark: Estaba como preso. No podía beber.

Joy: Había un juez en la sala de justicia, pero finalmente Dios era el juez que estaba orquestando todos estos eventos. Después de ese día en la corte, mi esposo supo que “No hay manera, no hay absolutamente manera de cumplir los requisitos”. Y entonces Él clamó a Dios.

Mark: Señor, quítalo todo. Quita el deseo, quita el dolor, comienza a sanar mi cuerpo. Y Él lo hizo.

Joy: Así que Dios había estado trabajando. Dios había estado orquestando de maneras que yo jamás hubiera podido ver o imaginar.

Mark: No tuve problemas con el síndrome de abstinencia. No sentí el dolor. Fue más bien como un descanso. Pero el proceso de sanar a la familia apenas comenzaba, y eso tomó un tiempo.

Joy: Todos mis hijos me llamaron ese fin de semana diciéndome la misma cosa. “Papá quiso pasar tiempo conmigo. Nos llevó fuera. En verdad la pasamos muy bien. Él no estaba tomando. Estaba completamente sobrio”. Mis hijos no podían recordar, no tenían memoria de la última vez que su padre había estado sobrio con ellos. Así que estaban emocionados. Estaban conociendo a una persona que nunca antes habían conocido. Estaba yo muy emocionada por ellos, que ellos pudieran pasar tiempo de calidad con su papá. Hubo un alto en la monotonía.

Pero yo también había sido muy realista. No iba a ser ingenua. Yo pensaba: “Solo es cuestión de tiempo. Él volverá a tomar”. Y los días se convirtieron en semanas, y todavía no tomaba. No tenía ninguna excusa hasta este punto. Yo no había visto remordimiento. Había visto a un hombre que estaba sobrio, pero no veía un cambio en su corazón.

Así que me senté y escribí letra por letra y carta tras carta. Todo era esperanza, todo positivo, todo era mirar hacia adelante. Y por semanas Mark recibió estas notas de aliento. Y unas semanas más tarde él estuvo de acuerdo en asistir a una consejería intensiva. Así que nos encontramos otra vez en el Centro de Consejería Doce Piedras por varios días con nuestro pastor. Yo ya había asistido anteriormente con mis hijas

El equipo se regocijó, estaban felices de que la persona por quien habían estado orando por años estaba ahora ahí. Solo tomó como media hora de nuestro tiempo con el consejero para que Mark se detuviera y dijera, “Yo sé lo que necesito, necesito al Señor en mi vida”.

Mark: La noche que le pedí a Jesús que me perdonara, comencé a adorarlo a Él en vez de al alcohol.

Joy:No podías creer escuchar estas palabras salir de su boca. Mi pastor me volteó a ver. Lo volteó a ver a él. Todos nos estábamos mirando pensando, “¡Esto es una locura!”

Mark: Sentí un alivio de que Jesús me perdonara todo, especialmente cosas horribles que había hecho. No lo merecía. Tenía a un Dios amoroso.

Joy: El momento en que supe que el cambio en mi amado era auténtico fue cuando él vino y me dijo, “¿Me perdonarías? He pecado contra ti. He pecado contra Dios. ¿Me perdonarías por abandonarte, por dejarte?” Y sabes, todos esos años de heridas, de amarguras, de enojo y desconfianza desaparecieron. Porque lo que esencialmente él estaba haciendo era encontrarme al pie de la cruz. Estaba viviendo a la sombra del perdón.

Mi pecado se veía diferente al de él. El mío era que yo me creía justa, sentía lástima por mí misma. Mi pecado era que realmente tenía temor. Fui perdonada de mi pecado por un Dios Santo ¿Cómo no podría, cuando un hombre se hubiera arrepentido delante de ese mismo Dios Santo y luego viniera y me pidiera perdón, cómo no le daría completa y totalmente el perdón?

Mark: Le pedí que me perdonara, y ella me pidió que la perdonara.

Kristen: Cuando volvió a casa, nos sentó a Jena y a mí y nos pidió perdón. Por supuesto que dijimos que “sí” inmediatamente. Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Nunca olvidaré la pena tan sincera que se veía en sus ojos por haber lastimado a sus hijos.

Mark: Les pedí específicamente que me perdonaran por lo que les había hecho y específicamente por haber bebido de la manera que lo hice, y la forma en que me comporté.

Jena: Fue como un alivio instantáneo. Fue como si un peso se hubiera quitado de encima. No tenía malos sentimientos en contra de él. Todo fue como, “¡Finalmente! He estado esperando por este momento. ¡Sí! ¡Te perdono! Te perdono una y otra vez”.

Joy: Unos días más tarde cuando Jordan, nuestro hijo, regresó a casa de la universidad, pasó lo mismo.

Jordan: Cuando él me pidió perdón, yo estaba ansioso y listo, porque todos somos pecadores. Me sentía como si no lo perdonaba por haber sido un pecador era como si yo fuera un hipócrita porque yo tengo mis propias cosas que Dios me perdona.

Mark: Terminó el tiempo de mi libertad condicional y continué sin tomar. Poco a poco la confianza comenzó a regresar.

Kristen: Me volví más consciente de lo que yo hacía una vez que mi papá cambió.

Carmen: Otra vez Kristen, la hija de Joy.

Kristen: Porque me empecé a dar cuenta de que aunque él estuviera haciendo cosas mal no significaba que yo no estuviera haciendo las cosas mal. Lo culpaba a él de mis problemas así como él me culpaba a mí de los suyos. Así que una vez que él cambió, tuve que examinarme a mí misma y eso fue muy duro. Me di cuenta que no lo había perdonado completamente, porque había veces que lo veía y todavía estaba muy enojada con él. Y podía darme cuenta que en mí todavía había amargura hacia él. Tengo que perdonarlo porque Cristo me ha perdonado por lo que he hecho. Y darme cuenta que es lo mejor que puedes hacer, de verdad.

Joy: Mark y yo no habíamos estado juntos por mucho tiempo, y habíamos decidido en el centro de consejería que tal vez esto sería un motivo para celebrar. Quizás la celebración que quedaba perfecto era tener una nueva boda, con nuevos votos.

Así que entramos como en un tipo de relación de cortejo por un par de meses. Los chicos se mudaron con Mark y justo antes de nuestra boda; yo me mudé también. Así que estuvimos separados hasta esa boda.

Y así como nuestra primera boda, fui la primera en llegar a la iglesia. Tomé los primeros pasos que había tomado hace veintidós años. Inicié un nuevo diario, y le escribí una carta a mi amado, a mi esposo. Y decía:

“He estado esperando este día por un largo, largo tiempo. Nunca me di por vencida. Nunca perdí la esperanza. Mis oraciones han sido contestadas. Mis sueños se han vuelto realidad. Así como Dios me mostró, estaré frente a ti hoy como una novia pura, sin mancha. Soy tuya.

Firma,

Tu novia”.

Y arranqué esa hoja de papel de mi diario, la doblé cuidadosamente. Y más tarde se la di a mi hijo para que se la diera a su papá justo antes de que dijera sus votos otra vez.

Jordan: Mi papá y yo entramos primero con nuestro pastor Toby. En seguida venían mis hermanas, mi papá se acercó a ellas y las abrazó y las trajo al estrado con él. Probablemente lo que más me impactó fue ver a Kristen, la mayor, subir. Porque ella fue quizás la que más batalló en perdonar a mi papá. Ella fue, probablemente la más afectada por toda la situación, ya que tuvo muchos efectos negativos en ella. Solo mirarla subir, sonreír, ver a mi papá sonreír, y ver la relación restaurada, lloré ¡porque significaba tanto para mí! Y después vino mi mamá.

Joy: Lo que vino a mi mente en ese momento fue, “Vale tanto la pena. Todo el dolor, la oscuridad, todos esos tiempos difíciles. Si alguien ha sido animado, vale la pena. Hace que el dolor sea mucho menor”.

Jena: Dios nos mostró muchas cosas durante nuestra niñez. No lo cambiaría por nada.

Kristen: Me mostró que no hay nada que alguien te pueda hacer que no puedas perdonar.

Jordan: Sé que Él usó ese tiempo para verdaderamente preparar mi corazón para ser un pastor.

Kristen: Aprendí que no hay nada que pueda hacerle a Dios que no me pueda perdonar.

Jordan: Le tengo tanto respeto a mi padre hoy. Me siento como que finalmente tengo una figura paterna de quien ahora puedo aprender.

Kristen: Mi mamá es especial. Ella no escuchó a nadie excepto a Dios, y eso me ayudó a entender que Dios es muy poderoso y Su voluntad será hecha.

Mark: Renovar nuestros votos delante de un Dios que ambos amábamos ahora, fue como volver a empezar.

Joy: Nos fuimos de luna de miel, y fue glorioso. Entonces comenzó el trabajo en restaurar nuestra relación. Tomó mucho tiempo para quitarnos todos esos años de malos hábitos, de patrones, todos esos años de dolor. Escogimos la misericordia. Escogimos la gracia. No significa que olvidamos, pero escogimos perdonar. Nuestra historia es una historia de misericordia. Y no es una historia de misericordia que yo brindé sino que fue la misericordia de Dios derramada sobre nosotros. No podría sostenerme sin esa misericordia.

Carmen: Hemos estado escuchando la historia de Joy y Mark McClain. También escuchamos de sus hijos, Jordan, Kristen y Jena. Nancy, sé que muchas de nuestras oyentes estarán animadas por esta historia.

Nancy: Bueno, una de las cosas que más aprecio acerca de la manera en que Mark y Joy contaron su historia, es su énfasis en que no tuvieron un final “y vivieron felices para siempre”. Las cosas todavía no son perfectas, y todavía tienen altas y bajas en su matrimonio y en su caminar personal. Pero aquí está el punto con el que quieren que nos quedemos, y es que Dios continúa siendo fiel. Él está ahí para ellos, ayudándolos y restaurándolos día a día.

Joy McClain narra su historia en su libro, “Esperando por su corazón: Lecciones de una esposa que eligió permanecer” (disponible en inglés). Sé que este libro será de gran aliento para cualquier mujer que esté en un matrimonio difícil, o cualquier mujer que esté en una situación retadora que parece sin esperanza. Joy nos muestra lo importante que es buscar al Señor y buscar Su gloria aun sobre nuestra propia felicidad o sobre cualquier otra cosa.

Este libro te dará también algunos aportes prácticos mientras estás buscando navegar por algunas situaciones difíciles que quizás estés enfrentando. Proveerá esperanza a cualquier relación que parece sin esperanza.

Déjame animarte a visitar nuestro sitio de internet y ver la versión de video de esta historia. Creo que nuestro equipo hizo un trabajo increíble para capturar la historia de Joy. Definitivamente vale la pena tomar diez minutos para ver y también para compartir esta historia con tus amigas.

Nuestro deseo como ministerio es servirte, proveerte recursos y equiparte mientras buscas al Señor en tu vida y en tu matrimonio. Así que espero que aproveches todos estos recursos y más que hay disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com

Y mañana Nancy iniciará una nueva serie, te esperamos, no dejes de sintonizar Aviva Nuestros Corazones.

¿Por qué es tan importante tener una vida devocional? ¿Qué te impide llevarla a cabo? Acompaña a Nancy mañana para que descubras la bendición de cultivar el hábito de la devoción diaria, acompáñanos.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Ago 25 – Luchando por un matrimonio

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Esperando por su corazón

Aviva Nuestros Corazones

Ago 25 – Luchando por un matrimonio

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Carmen Espaillat: Ahora escucharemos un resumen de lo que presentamos ayer en Aviva Nuestros Corazones acerca de Joy y Mark McClain y de sus tres hijos.

Joy McClain: Nos casamos un hermoso día en el mes de mayo. Y los votos que dije ese día, de verdad los sentía. Eran algo que iba a tomar muy en serio y los iba a honrar sin importar lo que pasara. Y esa misma noche escribí en mi diario:

“Hoy hice el voto de amar y honrar a mi marido y eso es justo lo que tengo la intención de hacer, no importa lo que pase”.

Siempre había sabido que a Mark le gustaba beber más allá que un simple trago social.

Mark McClain: Y después de que nos casamos, esto empezó a convertirse en una costumbre diaria.

Kristen McClain: Y así cada día se hacía más miserable desde el momento en que papá llegaba a la casa hasta que se dormía.

Jordan McClain: Solo recuerdo acostarme en la cama y escuchar, sobre todo, a mi padre gritando.

Kristen: Decirle cosas a mi mamá que nunca se le deberían decir a una dama.

Joy: A medida que los niños crecían, también lo hacía la intensidad. En el hogar, el caos aumentaba.

Kristen: Yo no sabía de lo que él era capaz de hacernos.

Joy: Porque él descargaba su ira contra las paredes, luego contra las puertas, golpeaba cualquier cosa, me lanzaba lo que encontrara a su alcance para hacerme daño y me amenazaba.

Su problema con el alcohol era un poco más difícil de ocultar. Sin embargo, mi corazón estaba mal. Mi corazón estaba frío. Mis motivos eran impuros. Dios me mostró y me reveló el mal en mi corazón, el egoísmo en mi corazón. Él deseaba hacer una obra tanto en mí como en mi esposo.

Le había pedido a Mark que fuera a consejería. Él aceptó y fue, pero cuando le dijeron que tenía un problema grave con la bebida, su corazón se endureció y se negó a volver.

Jordan: Cualquier persona lo hubiera dejado inmediatamente y si no de inmediato, un par de años después, tal vez en cinco años, diez años, pero ella se quedó con él.

Joy: Me quedé con mi esposo por el simple hecho de que ya yo había hecho un voto, y que había llegado al punto donde debía entender que el matrimonio es un ejemplo viviente de Cristo y Su novia y Él nunca abandona a Su novia. Y yo sabía que mi papel en esto era orar por mi esposo.

Nadie en el mundo va a orar por este hombre como tú. Tú eres una con este hombre y esta relación se ha dañado. Y qué cosa tan increíble es entender, cuando se comprende a Cristo y Su esposa, la Iglesia, lo importante y lo íntimamente que debemos caminar con Él. Nadie va a clamar a gritos por mi esposo como sus hijos y yo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Ayer empezamos a escuchar la historia de Joy McClain. Cuando Joy se casó con su marido, Mark, ella tenía una imagen idealizada de cómo sería su matrimonio, pero esa imagen rápidamente se hizo añicos a medida que Mark caía más y más profundo en una adicción al alcohol.

Mientras pasaba el tiempo, Joy se dió cuenta de que había convertido su matrimonio en un ídolo y que ella tenía que volver al punto donde reconociera a Jesús como el núcleo y el centro de su vida.

Si te perdiste el programa de ayer, te animamos a escucharlo en nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com

Ahora, en este programa, siempre animamos a las personas a ser fieles a sus votos matrimoniales, a comprometerse con su pareja, incluso cuando no es fácil, porque, en última instancia, el matrimonio no se trata de nosotras. Se trata de Cristo y de presentar una imagen de la relación con Su novia, la Iglesia. Así que cuando tú permaneces fiel a tu pareja, estás presentándole al mundo, una imagen preciosa de Cristo y Su relación con la Iglesia.

Pero incluso si estás comprometida con tu pareja y con tus votos matrimoniales, todavía tienes que tomar algunas decisiones difíciles en el camino. ¿Qué pasa si tu o tus hijos están en peligro? ¿Podría ser necesaria una separación física? Estas son preguntas importantes, y quiero animarte a no tratar de responderlas tu sola.

En primer lugar, adentrarte en la Palabra de Dios y permanecer en ella. Eso va a ser tu luz, tu soporte, tu ancla en las situaciones difíciles. Y luego, intégrate y mantente en contacto con el Cuerpo de Cristo.

Encuentra una mujer mayor, piadosa, sabia, que pueda ayudarte a navegar por estas aguas difíciles, y habla con el liderazgo espiritual de tu iglesia— con tu pastor, los ancianos. Pídeles sabiduría bíblica para tu situación específica.

Joy McClain consultó con los líderes de su iglesia y buscó consejo piadoso. Sin embargo, Mark no se arrepentía, y parecía que ella y su familia estaban cada vez en mayor peligro. Así que, mientras ella se mantenía fiel a sus votos matrimoniales y continuaba orando por la reconciliación, llegó un momento en que Joy se dió cuenta de que era necesario separarse por un tiempo con el fin de llamar la atención de Mark y de proteger a su familia.

Vamos a retomar desde esta parte de la historia de Joy.

Joy: Mark había sido confrontado más de una vez, con amor y con respeto, por los ancianos de mi iglesia y por el pastor. Ellos se habían puesto en contacto con él muchas veces. Algunas veces Mark hablaba con ellos, pero nunca estaba dispuesto a pedir ayuda, a recibir algún tratamiento, a buscar sesiones de consejería. El rechazaba todo esto.

Yo no quería el divorcio. El divorcio no era una opción para mí. Nunca siquiera estuvo en la conversación. Pero yo tenía que establecer algún tipo de ambiente para que mis hijos estuvieran seguros.

Carmen: El día que Joy y sus hijos empacaron fue espantoso y estresante. Ellos decidieron que tenían que salir mientras Mark estaba en el trabajo. Preocupados por la forma en que podría reaccionar si sabía que se estaban mudando, Jordan, el hijo de Joy había vuelto a casa desde la universidad y condujo un vehículo. Joy y sus hijas condujeron otro.

En el segundo viaje, Joy pensó que Jena iba a ir con su hermano, pero él pensó que Jena ya se había ido con su mamá.

Joy: Cuando ella no salió del vehículo con él, entre en pánico y le dije: ” ¿Dónde está tu hermana?”

Y él dijo: ” Pensé que ella estaba contigo”. Y nos dimos cuenta de que ella se había quedado en la casa. No tenía manera de salir y ya era hora del almuerzo.

Jena: Recuerdo mirar por la ventana y ver que no había carros allí, y pensé, “bueno, Jordan me dejó”. Así que lo llamé. Cuando iba a colgar el teléfono, miré por la ventana, y mi papá estaba ya en la entrada.

Joy: Jena estaba allí cuando Mark llegó a la casa.

Jena: Estaba aterrorizada y le dije a Jordan: “¡Papá está llegando! Por favor, date prisa. Ven rápido porque yo no sé lo que va a hacer”. Fui a mi habitación y lo único que había dejado allí era un pequeño librero, que estaba entre la puerta y yo. Así que me escondí junto al librero en mi habitación y cerré la puerta.

Recuerdo solo pensar, Oh no, no le puse seguro. Yo no le puse seguro a la puerta. Yo no le puse seguro a la puerta. Me olvidé de ponerle seguro a la puerta. Y estaba tan aterrada porque no sabía lo que iba a hacer cuando él entrara.

Carmen: En ese momento, un pasaje de la Biblia vino a la mente de Jena.

Jena: Fue Éxodo 14:13, que dice: “Y Moisés dijo al pueblo: No tengan miedo. Manténgase firmes. Y hoy mismo verán la salvación que el Señor hará con ustedes. Los egipcios que hoy ven nunca los volverán a ver. El Señor peleará por ustedes. Solo necesitan estar quietos”.

Y esa última parte, “El Señor peleará por ustedes. Solo necesitan estar quietos,” se mantuvo una y otra vez en mi cabeza. Era como si Dios hubiese inundado mi mente con esa frase, y yo no podía pensar en otra cosa. El miedo que tuve cuando lo vi en la entrada, se había ido totalmente. Yo tenía tanta paz. Tenía que estar quieta y eso fue suficiente. Así que me quedé allí sentada.

Pude oír a mi padre entrar, y podía oírle dando portazos y gritando y maldiciendo, no sentí ningún temor. Yo sabía que Dios tenía su mano sobre mí. Yo sabía que estaba protegida.

Podía oírlo yendo a cada habitación, solo para ver, que faltaban cosas, que se habían llevado cosas, las camas no estaban. Así que yo podía oírlo entrando a cada habitación, poniéndose cada vez más y más furioso, y estando cada vez más y más cerca de mi habitación. Pero aun así yo no tenía miedo. Todavía tenía esa paz y sabía que Dios estaba conmigo en esa habitación.

Él vino por el pasillo hacia mi habitación y entró en su dormitorio y el dormitorio de mi madre, que estaba al lado del mío, fue a la oficina, que estaba al otro lado de mi habitación, y se detuvo en la puerta de mi dormitorio y ni siquiera intentó abrir la puerta. Se dió la vuelta y se metió en su camioneta y se fue. . . No dijo una palabra más. Él había estado gritando y gritando, maldiciendo, y arrojando cosas, pero cuando llegó a mi puerta, todo se detuvo, él solo se dio la vuelta y se fue.

No tenía ni idea de lo que iba a pasar, pero Dios sí, y Él estaba allí para mí ese día y realmente me mostró su protección.

Joy: Cuando nos mudamos en la casa rentada, empezamos a asentarnos. Ahora teníamos seguridad. Y así, el estado de alerta máxima que habíamos vivido, pudo ser borrado. Una vez hecho esto, empezaron a emerger de cada uno de los niños, heridas emocionales muy profundas sobre todo Kristen, tuvo un tiempo muy difícil tratando de lidiar con esas heridas.

Kristen: Yo diría que tenía unos dieciséis años. Era tan tentador simplemente dejar todo. Yo solo quería conducir y estrellar mi auto contra un poste solo para acabar con mi vida. Casi cada vez que conducía era lo que yo quería.

Joy: Ella necesitaba a su padre. Siempre lo había hecho. Ansiaba la atención, el afecto y la afirmación de su padre.

Kristen: Y creo que las cosas que realmente activaron todo eso en mí, fue cuando él me decía apodos, o le llamaba a mi madre por un apodo o cuando decía cualquier cosa mala de mis hermanos o mi madre, o cómo me criticaba diciéndome que no estaba haciendo algo bien o que yo no valía nada. Lo dijo muchas veces.

Joy: Y ella comenzó a cortarse a sí misma.

Kristen: Me sentía como si estuviera viva otra vez y me sentía como un ser humano. Sentía como si pudiera resolver mi propio problema al liberar mi ira haciéndome daño a mí misma. A través de cada corte, me sentía más ligera en cierta manera.

Joy: Cuando descubrí que ella se estaba cortando a sí misma, fue como otra bofetada en la cara para mí. No sabía cuánto más podría soportar. Yo estaba sola, luchando por conseguir lo suficiente apenas para comer, para mí y para mis hijos. Tanto dolor y ahora aquí, ya no solo en este gran caos que tengo con mis hijos, sino que ahora tengo una hija que está tratando de hacerse daño.

Kristen: Yo no quería que nadie me tocara. Yo no quería abrazar a nadie. Yo no quería decirle a nadie que le amaba. Me convertí en una piedra. Recuerdo a mi familia tratando de abrazarme, y yo no quería que ellos lo hicieran. Yo solo les decía que se alejaran de mí. Ni en un día de alegría como la Navidad, quería que me tocaran porque me sentía tan repugnante y sin valor.

Joy: Los niños habían pasado muy poco tiempo con su papá, y nunca lo habían visto en estado sobrio. Este domingo en particular, habían estado con él y estaban tan desanimados, especialmente Jena. Ella estaba sollozando. Me dijo que se había tomado una gran cantidad de analgésicos y que inmediatamente se había arrepentido de lo que había hecho. En ese momento, me quebré. Al igual que cualquier madre haría, solo tienes que hacer lo que tienes que hacer. Tú la lanzas en la camioneta y conduces hacia al hospital.

Me sentía un absoluto fracaso como mamá. Me sentí como si ni siquiera podía proteger a mi hija de esto. “No puedo seguir con esto, Dios. El dolor nos está arropando. Nunca nos deja. ¿Y ahora hasta podría perder a mi hija?” Me sentía tan afligida por ella, por todos ellos. Fue un momento tan terriblemente amargo. Solo pensé: “Yo no puedo hacer esto un día más, Señor, ¡¡¡no puedo!!!”

Tan pronto como llegamos al hospital, le hicieron algunas pruebas y se dieron cuenta de que Jena no había hecho casi nada. Apenas había tomado una cantidad de analgésicos suficiente para ponerla a dormir una buena siesta , ¡por lo que me sentí tan agradecida! Luego, una vez que supimos eso, y que ella estaba descansando en su cama, ella me miró con esos ojos grandes, marrones, y me dijo: “Mamá, cántame”.

Para ser capaz de mantenerte lo suficientemente fuerte para obtener aliento y cantar lo suficientemente fuerte, sin importar cómo te oyes, con tal de consolar a tu hija, tienes que mantener la compostura aun cuando lo que realmente quieres es hundirte en un rincón en la esquina de la habitación y solo llorar y llorar.

Pero lo hice. Canté con ella y la abracé, y una sonrisa se ​​extendió por todo su rostro. Ella me decía entonces que yo iba a estar bien y que ella iba a estar bien, y que ella realmente iba a confiar en el Señor. Fue un momento muy vulnerable.

Cuando Mark apareció, hizo una pequeña escena. Había estado bebiendo, así que no se veía muy agradable. No se trataba de Jena hacia él. Era acerca de sí mismo. Mi pastor lo había llevado afuera y había tenido una pequeña confrontación con él. Cuando Mark se alejó de esa charla con nuestro pastor, mi pastor se volvió a mí y me miró y negó con la cabeza y básicamente lo que dijo fue: “Esto no tiene esperanza”.

Él no quiso decir que no había esperanza en el Señor. Lo que quiso decir fue, “el corazón de este hombre se ha vuelto tan duro contra Dios, contra todo”. No veía ninguna esperanza.

Honestamente, esa fue probablemente la primera vez en 22 años que pensé, “no creo que haya mucha esperanza al ver que aun él sabiendo que pudo perder a su hija, no parece importarle”.

Cuando regresamos a casa del hospital después de Jena haber tomado una gran cantidad de analgésicos, pensé que yo había estado orando durante tantos años de la siguiente manera: “Señor, haz lo que sea necesario para cambiar a mi marido”. Yo había orado por muchos años: “Dios, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Señor, yo solo quiero que él sea salvo”. Pero siendo honesta, no creo que me sentía de esa manera en lo más profundo de mi ser.

Creo que mucho de mí todavía lo quería para mí, todavía lo quería para mis hijos. Todavía quería ser feliz. Todavía quería que todo se resolviera para yo poder sentirme mejor, y sentir que finalmente la tormenta había terminado.

Pero cuando regresamos a casa después de ese episodio, realmente entendí, creo, cuánto depende de Dios y cómo realmente es para Su gloria. Y de cualquier manera en que se vea la situación y la manera en la que Él decida actuar en ella no es mi papel decidirlo para que Él reciba la gloria. Creo que eso también era parte de quitar el “YO”. Llevarse lejos mi orgullo, lo que quería, mis deseos, mis sueños, mis esperanzas. Tenían que desaparecer.

Conseguí consejería para las chicas. Habían estado ya en consejería, pero en cierta forma la retomamos con personas que las aconsejaban, las guiaban y caminaban a su lado. Había una chica en ese tiempo que tenía cerca de 22 años, ella ayudaba en el grupo de jóvenes y que realmente tomó a Kristen bajo sus alas y pasaban mucho tiempo con ella.

Kristen: Fue realmente muy importante para otras personas invertir en nosotros cuando éramos niños. Ver otros adultos preocuparse por mí y mis hermanos también fue un buen testimonio para nosotros porque fuimos capaces de ver cómo sería la vida normal mientras nos estábamos alojando en sus casas.

Así que si tienes una amiga o ves a un niño que tiene problemas, asegúrate de pasar tiempo con esa persona. Tú puedes pensar que ellos están conscientes de que son especiales, pero probablemente no lo estén. Cualquier cosa que puedas hacer por ellos de una manera positiva los va a afectar más de lo que nunca te pudieras imaginar.

Joy: Había hablado tantas veces con mis hijos acerca de la oración. Era constante, sin importar si habían pasado tiempo con su padre y llegaban a casa desanimados; no importaba si sentían rencor o si simplemente se sentían deprimidos. Mi respuesta a cada una de estas cosas era simplemente: “Ora”. Vamos a orar por su padre ahora mismo, vamos a dejar lo que estamos haciendo y vamos a orar ahora mismo. Yo necesitaba eso, necesitaba esa comunicación constante con mi padre, solo eso.

No me di cuenta, no me di cuenta de lo serio que Jena tomo esto hasta un día mientras estaba colocando algo en su habitación en nuestra pequeña casa rentada. Me di cuenta de que todo el armario, todas las paredes de su armario, estaban llenas de oraciones escritas en papel.

Yo literalmente sentí que había entrado en un lugar especial. Me sentí como si estuviera pisando tierra santa donde ella había pasado horas y horas ante el trono celestial, solamente clamando y rogando a Dios que salvará a su padre y el matrimonio de sus padres.

Jena: Yo solo quería un lugar lejos de todo, un lugar al que pudiera ir y que solo fuéramos Dios y yo.

Joy: Había una foto tamaño 8 x 10 mía y de Mark.

Jena: Era una foto que mi hermano les había tomado cuando estábamos en unas vacaciones en la Florida, y ellos se estaban abrazando. Para mí fue algo tan hermoso verlos juntos.

Joy: Empezamos en grupo un diario de oración.

Kristen: Y eso me ayudó a ser capaz de liberar algunas de mis emociones de una manera positiva.

Joy: Y es algo que nos pasábamos haciendo una y otra vez.

Kristen: Fui capaz de ver que yo no era la única que estaba luchando con estos sentimientos porque podía ver lo que mi madre había escrito y las oraciones que ella escribió por nosotros. Y mi hermana, mi hermana pequeña estaba orando por mí y ella estaba realmente preocupada.

Joy: La idea principal es que ellas son hijas del Rey de reyes, y aunque su padre, su padre terrenal, se había alejado, su Padre celestial nunca haría eso. Ellas todavía eran princesas. Ellas eran las pequeñas princesas del Dios Todopoderoso, y ellas necesitaban que se les recordara que eran hermosas.

Ellas fueron afirmadas a través de los ojos de Dios. Y eso fue una herramienta importante y realmente un tesoro que aún guardo de aquellos tiempos oscuros en los que estábamos buscando a través de la verdad de la Palabra de Dios y ayudándonos las unas a las otras a hacerlo a través de este pequeño diario.

Una y otra vez Dios se mantuvo llevándome de vuelta al punto de confiar en Él. ¿Confías en mí aunque tu hija haya tomado una sobredosis? ¿Confías en mí aunque tu hija se está cortando a sí misma? ¿Confías en mí aunque tu marido ya no come, sino que se bebe sus comidas? ¿Confías en mí aunque tu hijo sea como un bulto tirado en el suelo, llorando? ¿Confías en mí aunque no sepas de dónde vendrá tu renta del mes? ¿Confías en mí aun cuando no sabes de dónde vendrá tu próxima comida? Una y otra vez ese mensaje tan simple: “¿Confías en mí?”

Nancy: ¡Wao! Puedes estar escuchando todo esto y decir, “la historia de Joy es mi historia”. Tal vez puedes identificarte con muchos de los detalles que ella ha compartido. O tal vez tu vida se vea totalmente diferente en este momento.

Independientemente de cuál sea tu situación, creo que esto nos lleva a todas a preguntarnos: “¿Cuáles son las necesidades más profundas de mi vida en este momento, y dónde estoy yo buscando la ayuda que necesito en las situaciones difíciles de la vida?” La única cosa que realmente va a hacer la diferencia es clamar al Señor.

Como hemos escuchado hoy, Joy McClain ha luchado con problemas profundos del corazón como estos, y ella cuenta su historia de una forma muy transparente en su libro titulado: “Esperando por su corazón : Lecciones de una esposa que eligió permanecer”—disponible en inglés solamente.

Lo que me gusta de la historia de Joy es que ella nos señala a Cristo como la esperanza suprema que necesitamos cuando estamos frente a cualquier reto en la vida, no importa lo difícil que sea. En el camino, creo que este libro va a darte muchos consejos útiles, prácticos sobre cómo honrar tus votos matrimoniales, incluso cuando parece que todo se está cayendo a pedazos. Creo que este libro será un estímulo para ti y tal vez será algo que te gustaría compartir con algún familiar o una amiga que está en un matrimonio difícil.

Espero que puedas ver un corto video que nuestro equipo preparó para contar la historia de Joy. Este es un video de primera categoría con una hermosa cinematografía, y más que nada, creo que vas a estar profundamente conmovida mientras ves como el poder de Dios ofrece esperanza en situaciones que parecerían no tener esperanza. Es una historia que te tocará y creo que querrás compartir con muchas otras también. Todo esto está disponible en el día de hoy en AvivaNuestrosCorazones.com

Carmen: Mañana escucharemos la tercera parte de la historia de Joy y Mark McClain.

¿Se pueden restaurar las relaciones que han sido dañadas? Espero que estés de vuelta mañana con nosotros en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Ago 24 – ¿Quién es el centro de tu mundo?

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Serie: Esperando por su corazón

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Ago 24 – ¿Quién es el centro de tu mundo?

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Carmen Espaillat: Mark McClain recuerda cuándo probó alcohol por primera vez.

Mark McClain: Yo tenía como cinco años cuando probé mi primer sorbo. Veía la botella de papá sobre la mesa y tomaba un trago. Y luego tomaba un trago de Coca Cola y esto hacía que la Coca Cola supiera más dulce. Y así fue como todo esto empezó.

Carmen: Mark comenzó a tomar más cuando estaba en el bachillerato.

Mark: Solo salía y pasaba un buen tiempo con mis amigos. Realmente era muy fácil salir y disfrutar.

Carmen: La prometida de Mark sabía que él estaba tomando.

Mark Yo creía que ella realmente no se preocupaba mucho por eso. Luego, después que nos casamos, todo hizo pssst… Empezó a ser un problema diario.

Carmen: Para el tiempo cuando sus tres hijos tuvieron edad suficiente para darse cuenta de lo que estaba pasando, la vida de Mark estaba dominada por el alcohol y tuvo un efecto enorme en su familia.

Mark: Tomemos por ejemplo un día ¿Ok? Yo llegaba a casa del trabajo.

Hija: Todos los problemas empezaban al poco rato de que él llegaba del trabajo.

Mark: Al principio no había problemas.

Hija: Habría pasado una media hora en casa y ya estaba borracho.

Mark: Pero a medida que la noche avanzaba…

Hija: Solo recuerdo estar acostada en la cama y oyendo más que todo a mi papá dando gritos.

Mark: Gritando, peleando.

Hija: Y muchas veces esto no me dejaba dormir de noche.

Mark: Comencé a ser un poco más impaciente.

Hija: Tenía una mala sensación en el estómago cada vez que oía a mi papá gritar.

Mark: Cada vez estaba más enojado.

Hija: No sabía de lo que sería capaz de hacernos.

Mark: Y una vez llegaba a ese nivel, explotaba por cualquier cosa.

Hija: Cualquier cosa negativa que te puedas imaginar, eso era lo que nos decía.

Mark: Y al otro día me levantaba, iba al trabajo, y empezaba todo de nuevo. Se convirtió en algo que nos consumía a todos.

Carmen: Entonces, ¿cómo estaban las cosas para la esposa de Mark mientras esto sucedía? Esa es la historia que escucharemos hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Bueno, como se pueden imaginar, en Aviva Nuestros Corazones recibimos todo el tiempo correos electrónicos, cartas y llamadas de mujeres que están en situaciones muy difíciles en sus matrimonios. En muchos casos las voces de las personas que les rodean les están diciendo que es hora de avanzar, que no hay razón para continuar en un matrimonio tan difícil. He encontrado que muchas de esas mujeres realmente quieren rendirle honor al Señor y permanecer fieles a sus votos matrimoniales, pero algunas veces esto parece tan difícil.

Hace unos años una mujer llamada Joy McClain escribió a Aviva Nuestros Corazones, ella estaba en una situación muy difícil. Estaba comprometida con su matrimonio y quería seguir comprometida con él, aunque por años su esposo había estado esclavizado por el alcohol.

Dios había estado usando durante un largo tiempo a Aviva Nuestros Corazones para animarla, pero cada día traía tantas preguntas: ¿Cómo manejo esta situación? ¿Cómo Dios proveerá para mí? ¿Cambiará mi esposo algún día? ¿Realmente debo permanecer en este matrimonio?

Todavía puedo recordar la primera vez que Joy se acercó a mí después de un evento y compartió conmigo un poco de su historia. Desde ese entonces ha sido un gozo increíble a través de los años mirar al Señor trabajar en el corazón de esta mujer y milagrosamente también en el corazón de su esposo.

La he animado a compartir su historia con el permiso de su esposo, por supuesto, y hemos visto como el Señor usa la situación por la que Joy ha pasado, para animar a otras mujeres a luchar por sus matrimonios aun cuando pareciera que no hay esperanza.

Joy ha escrito un libro llamado, “Waiting for His Heart: Lessons from a wife who chose to stay” (Esperando por Su Corazón: Lecciones de una esposa que eligió permanecer—este libro está disponible solamente en inglés).

Ahora, puede que tengas un hijo o una hija, o un nieto, o una amiga cercana que se encuentre en un matrimonio muy difícil, y creo que encontrarás que esta historia en particular los puede animar. Si estás en una situación donde sientes que tu matrimonio no tiene esperanza, espero que escuches durante los próximos días, pidiéndole al Señor no solo que cambie el corazón de tu esposo, sino también diciéndote: “Señor, ¿usarías esta dificultad para acercarme más a Tí? Escuchemos ahora la historia de Joy.

Joy: Mark era un año mayor que yo y cuando empecé a tratarlo había algo en él que llamó mi atención. Empezamos a salir juntos. Crecí con una perspectiva procedente de una familia muy sólida y calmada. Nuestra familia fue formada alrededor de la iglesia y la familia, pero alrededor de mis dieciséis años, Dios tomó un lugar secundario en mi vida.

Mi vida social se volvió más importante que mi relación con el Señor. Y esto ciertamente se mostró en mi relación con Mark, quien profesaba conocer a Dios pero tenía muchas preguntas. Yo realmente no sabía si él era salvo o no, y en ese tiempo no estoy tan segura de que eso me importara.

Nos íbamos a casar en mayo. Antes de casarnos, mi esposo alquiló una casa pequeña en el campo. Estaba situada en una colina y desde la ventana de la cocina se podían ver los silos (almacenes) de la granja de mi papá, lo cual me parecía fantástico. Plantamos un huerto antes de decir nuestros votos matrimoniales, así que ahí estábamos plantando nuestro huerto.

Recuerdo estar pensando que era tan apropiado que plantáramos estas semillas de promesas que crecerían y serían como nuestro amor. Era muy idílico, muy romántico. Es casi una expectativa irreal de lo que un matrimonio debe ser, de lo que puede ser y de lo que sería. Así que mientras sembrábamos nuestro jardín, yo solo pensaba, “oh, esto va a ser tan maravilloso. Va a salir todo perfecto y va a ser bueno y verde, todo va a crecer y a prosperar”. Pero no siempre resulta así en la jardinería y tampoco resulta así en la vida real.

Justo antes de mi boda, yo estaba afuera con mi mamá colgando la ropa lavada en el tendedero. Estaba con ella y cuando terminamos, subimos por la colina y ella fue hasta donde yo estaba sentada y me dijo: “hay veces en tu matrimonio cuando sientes como si quisieras abandonarlo todo”.

Pensé en lo extraño que eso era. Número uno: según mi perspectiva, mis padres tenían un matrimonio sólido, bueno, y centrado en Dios. Número dos: Pensé, “eso nunca va a pasar mamá, porque amo tanto a Mark, y yo sé que todo va a ser bueno y va a estar bien”. Y nunca pensé que llegaría el día en que yo estuviera dispuesta a abandonar mi matrimonio.

El día de nuestra boda fue un precioso día de mayo y yo estaba tan entusiasmada. No podía esperar más para convertirme en su esposa. No podía esperar para llevar su apellido. Fui la primera en llegar a la iglesia. Me senté en los escalones por un momento. Siempre he escrito en un diario. Siempre me ha gustado escribir, y recuerdo ese día escribir sobre mi boda y lo feliz que me sentía. No podía esperar para caminar por ese pasillo y decir mis votos.

Mientras decía esos votos, realmente los sentí. Eran palabras que yo iba a tomar muy en serio y yo las iba a cumplir sin importar lo que viniera. Esa tarde escribí en mi diario palabras que más tarde tuvieron un gran significado porque dije: “hoy tomé un voto de amor y honor a mi esposo, y eso es lo que pienso hacer no importa lo que venga.”

Si hubiera sabido cómo lucía ese “no importa lo que venga”, ciertamente me hubiera estado preguntando cómo lo iba a superar, pero yo creía en verdad lo que dije. Dios sometería esos votos a pruebas que yo no podía imaginar, pero ellas serían para Su propósito y para Su gloria.

Yo siempre supe que Mark tomaba, no a un nivel que me preocupara, era más bien algo social. Al principio de nuestro matrimonio esto no me molestaba mucho. No vi señales de peligro. Cuando nuestro primer hijo nació, me di cuenta que no quería que mi hijo creciera en un ambiente donde se consumía alcohol en el hogar.

Así que después del nacimiento de nuestro hijo, yo empecé a pensar seriamente en que no era algo bueno que Mark tomara, y empecé a interrogarlo. Comencé a preguntar, “¿será esto una buena idea?” Y él reaccionó con mucho resentimiento a mis preguntas.

Mark: “¿Por qué me estás haciendo esas preguntas? ¿Por qué te opones a lo que yo hago? Tengo derecho a hacerlo.”

Joy: Para él, yo estaba siendo controladora, yo le estaba diciendo lo que tenía que hacer.

Mark: Pero yo tengo el derecho de hacer lo que quiera. ¿Y Por qué yo no podría hacerlo? Esto es lo que quiero hacer, además yo no estoy haciéndole daño a nadie.

Joy: Si yo escuchara de nuevo las palabras que dije entonces, pienso que probablemente no creería que mi motivo era puro porque la mayoría de veces no lo era. Era algo como, “necesitas cambiar para que yo sea feliz.”

Mark: El ídolo del alcohol, ese era mi ídolo. Quiero decir, todos tenemos ídolos.

Joy: Mis expectativas del matrimonio y de mi esposo realmente se volvieron como un ídolo para mí, porque yo pensaba que mi esposo debía llenar mis necesidades y hacerme feliz. Él debía de satisfacer lo que yo quería y deseaba. Y ningún hombre fue hecho para hacer eso. Ese no es El Plan de Dios.

No entendía eso en ese entonces. Yo veía a mi esposo como el hombre que yo amaba. Yo le había entregado todo lo que podía. Yo quería que él me devolviera lo mismo en nuestra relación, y él no tenía la capacidad de llenar esas necesidades, especialmente cuando el comenzó a tomar aún más y a distanciarse de mí. Él no tenía la capacidad de satisfacer esas necesidades, y yo ciertamente hice al matrimonio–un matrimonio de Dios—mi ídolo.

El comenzó a empeorar. Ya no era un trago ocasional. No tomaba solo los fines de semana. Se volvió algo de todos los días. Desde que él llegaba a casa del trabajo hasta el momento en que perdía el sentido o se dormía en la noche. Comía con nosotros con menos frecuencia. Cada vez pasaba menos tiempo con nuestros hijos.

Jordan: Mi mamá trató todo lo que pudo desesperadamente, para protegernos de toda esta situación.

Carmen: Este es Jordan, el hijo mayor de los McClain.

Jordan: Fue probablemente en sexto grado cuando empecé a notarlo. Empiezas a poner más atención cuando estás en la escuela secundaria. Recuerdo estar acostado en la cama y oír a mi mamá y a mi papá discutir, principalmente mi papá gritando. Así que el solo tener que oír eso casi todas las noches…Recuerdo que algunas veces era abrumador.

Kristen: Vi a mi papá actuando casi como un adolescente. Alguien probablemente de poco más de veinte años aunque él estaba ya bien entrado en los treinta.

Carmen: Esta es Kristen, la hija de los McClain.

Kristen: Me di cuenta que mi papá muchas veces no estaba cuerdo. Lo veía algunas veces en el piso, desmayado frente a la televisión. Pensé que esto era normal, hasta que visité las casas de mis amigos y me di cuenta que no lo era. No era normal que mis padres pelearan a diario. Yo no sabía que pelear no era normal.

Joy: A medida que los niños fueron creciendo, creció la intensidad de la situación en la casa. El caos aumentó y el problema con la bebida empeoró.

Kristen: Podía verlo decirle cosas a mi mamá que nunca debían ser dichas a una dama, y recuerdo que él también me decía nombres feos. Nos dijo todo lo negativo que te puedas imaginar. Recuerdo que una vez que le pregunté si amaba más al alcohol que a nosotros, y no pudo responder. Creo que esta fue una de las heridas más grandes en mi vida.

Joy: Me sentí tan agobiada, y me di cuenta cómo el alcohol había absorbido nuestras vidas y cuánto yo había gastado, cuánto tiempo había gastado tratando de limpiar las cosas detrás del pecado.

Carmen: Finalmente Joy llegó a la conclusión de que la única manera de permanecer fiel a su compromiso matrimonial era por el poder de Cristo trabajando en ella. En vez de poner a su esposo en el centro de su mundo, Joy reconoció a Cristo como el centro.

Joy: Me tiré de rodillas al piso de la sala y grité al Señor, “Te quiero a Tí. Estoy desesperada por Tí.” Y desde ahí en adelante yo empecé a estudiar la Palabra de Dios. Comencé a pedirle a Dios por verdades. “Muéstrame Tus verdades, Señor”. Había puesto a Dios por tanto tiempo en segundo lugar y había convertido a mi esposo en mi dios. Había hecho un ídolo de un matrimonio basado en él, y obviamente esto no estaba funcionando. Me sentía muy sola y como si me hubieran abandonado.

Un día en particular, yo había salido de casa llorando, gritándole a Dios con todas mis fuerzas lo injusto que era esto, que yo no soportaba el mal olor del alcohol un día más. Todo esto…Así llegué al límite. Esto me enfermaba. Sentí en mi espíritu a Dios recordándome que todo pecado es repugnante para Él, y me di cuenta que la manera en que yo trataba de controlar, la manera en que trataba de manipular, mi duda, el creerme superior frente a mi esposo, era también un olor repugnante del pecado.

El pecado de mi esposo era tan evidente, tan obvio. Todos lo veían. Pero el mío estaba escondido. El mío lucía bien ordenado. El sentirme superior podía ser envuelto y justificado en preciosos paquetes pequeños. Emborracharse es un poco más difícil de esconder. Pero mi corazón también era malvado. Mi corazón estaba frío. Mis motivos eran impuros.

Dios me mostró y me reveló la maldad en mi corazón, el egoísmo de mi corazón. Él deseaba trabajar tanto en mí como en mi esposo.

Para ese entonces yo había buscado ayuda. Le había pedido a Mark que fuéramos a consejería matrimonial. Él fue y cuando le dijeron que tenía un problema de alcoholismo y que necesitaban tratarlo, su corazón se endureció, y no quiso volver más. Ellos reconocieron mi necesidad de educación sobre el alcoholismo, y así empecé a ir sola a consejería para recibir ayuda para mí misma.

Yo empecé a buscar a los miembros del Cuerpo de Cristo, a pedirles que oraran, pero mientras más me acercaba al Señor, mientras más me acercaba al Cuerpo de Cristo, Mark se distanciaba aún más. Se volvió más aislado, más iracundo, y estaba más enojado conmigo porque yo estaba buscando ayuda.

Mark: Al principio yo estaba solo un poco enojado, pero luego cuando se volvió más frecuente, fui más áspero.

Joy: Él estaba empezando a abrir hoyos en las puertas.

Mark: Más consistente. Era casi todo el tiempo.

Joy: Estaba empezando a arremeter contra mí, a enojarse conmigo. Y estaba empezando a amenazarme más.

Mark: Y llegó un momento que se acabaron los buenos tiempos.

Joy: Recuerdo una noche en particular que estaba acostada en la cama. Yo estaba sola leyendo un libro y él entró y empezó a gritarme. Y cuando no le respondí, su enojo escaló a tal punto que tomó la cama y la giró sobre un lado, tirándome al piso. La cama volvió a caer de golpe sobre las patas. Me subí otra vez a la cama, sin saber realmente qué hacer. ¿Me voy? ¿Salgo de la habitación? ¿Qué hago? Así que solo me subí a la cama de nuevo.

Él tomó la cama otra vez y la tiró casi al otro lado. Y yo me caí por supuesto, y en ese momento me di cuenta que yo era la próxima cosa que él iba a tocar porque él había pasado del enojo a las paredes, de las paredes a las puertas, de las puertas a reventar cualquier cosa, a tirar algo, a arremeter, y ahora él está tomando la cama donde yo estaba acostada y quería hacerme daño y me estaba amenazando. Así que no pude más con esto.

Jordan: Una vez que tomé conciencia y me di cuenta que este era un problema, lo enfrentaba cuando él estaba así y defendía a mi mamá y algunas veces gritaba yo mismo. Entonces parecía peor, pero estoy seguro que su estado no era mucho peor, pero parecía peor porque lo estábamos confrontando, y él nos atacaba en respuesta. Luego se sentía como si fuera una lucha entre todos nosotros.

Joy: Como familia, le habíamos rogado a Mark. Los niños le habían suplicado más de una vez, “papá, por favor busca ayuda”.

Una imagen que probablemente nunca olvidaré es la de mi hijo. Él tenía cerca de quince años y estaba en la sala. Él estaba hablando con Mark, y le estaba rogando, “por favor busca ayuda. Nosotros haremos cualquier cosa contigo, papá. Por favor. Estamos dispuestos a pasar cualquier cosa contigo, pero por favor, te pedimos que busques ayuda.”

Mis hijas estaban allí. Estaban llorando. Yo estaba llorando. Pero era mi hijo quien hablaba ese día, rogando, y suplicando a su padre.

Y Mark solo nos miró a todos, dió la vuelta y se fue. Se llevó algunas cosas y se fue. Mi hijo cayó de rodillas al piso de la sala, cubrió su cara con sus manos y lloró con gemidos fuertes. Su corazón estaba roto. Nuestros corazones estaban rotos. Papá nos ha dejado y, ¿cómo tú recoges los pedazos de algo así? ¿Qué les dices a tus hijos?

Una y otra vez después de estas escenas, los abrazaba y orábamos juntos. Le rogábamos al Señor, le suplicábamos a Dios. Yo sentía que si no dirigía a mis hijos completamente hacia Dios, ellos tomarían el camino de la amargura en sus corazones. Una y otra vez y otra vez tuve que tomarlos y dirigir sus miradas a Dios. Cuando yo estaba tan desesperada, tan rota y en pedazos, ellos también lo estaban. Era un tiempo de desesperación para nosotros.

Jordan: Tantas personas lo hubieran abandonado inmediatamente, y si no inmediatamente, quizás después de un par de años de soportar este problema, cinco, diez años, pero ella se quedó con él.

Joy: Me quedé con mi esposo por el simple hecho de que yo había hecho un voto, y había llegado a entender que el matrimonio es un ejemplo vivo de Cristo y Su Novia, y Él nunca abandona a Su Novia, y entendí que mi rol en todo esto era orar por mi esposo.

Nadie en la tierra va a orar por este hombre como tú. Eres una con este hombre, y esta relación se ha dañado. Que increíble es entender esto cuando entiendes a Cristo y a Su Novia, la Iglesia, y lo importante e íntimo que es para nosotros el caminar con Él. Nadie, nadie va a clamar a gritos por mi esposo como sus hijos y yo.

Carmen: Hemos estado escuchando la historia de Joy y Mark McClain. Sé que muchas oyentes se identificarán con la historia de Joy. Quizás estés en una situación difícil en tu matrimonio, y la historia de hoy te alienta a que permanezcas comprometida y que tengas fe en que Dios puede ser glorificado en tu situación. Y creo que todas nosotras podemos identificarnos con los problemas de idolatría que esta historia presenta.

Nancy regresa para ayudarnos a considerar algunos de estos asuntos.

Nancy: Bueno, creo que la pregunta principal que Joy enfrentó es la misma pregunta que tú y yo necesitamos contestar cada día de nuestras vidas.

No importa si estás pasando por una crisis o si estás en una temporada en que las cosas andan bien, todas necesitamos preguntarnos: ¿quién o qué es el centro de mi mundo?

En un punto de su vida Joy hubiera dicho: “Mark es el centro de mi mundo”. Pero cuando ese mundo empezó a derrumbarse, ella se dio cuenta que el lugar central de nuestras vidas debe estar reservado para Jesús y solamente Jesús.

Así que ¿quién está en el centro de tu mundo? ¿Está tu vida edificada sobre una relación con Cristo, o está alguien o algo desplazando a Cristo? Espero que hoy tomes un momento para detenerte y hacer un inventario, dejar que el Señor examine tu corazón y te preguntes, “¿hay algo o alguien que está tomando el lugar de Cristo en mi vida?” Y decir otra vez, “Señor, quiero que toda mi vida se trate de Tí, dándote solo a Tí la gloria”.

Joy McClain escribe sobre la transformación de corazón que ella experimentó en su libro llamado “Waiting for His Heart: Lessons from a wife who chose to stay” (Esperando por Su Corazón: Lecciones de una esposa que eligió permanecer). Sé que este libro será de gran aliento a cualquiera que esté en una situación matrimonial difícil, pero creo que este libro también es de valor y ánimo para otros. La crisis en el matrimonio de Joy la empujó hacia Cristo e hizo que ella se apoyara en Él de maneras más profundas, y eso es algo que todas nosotras necesitamos ser retadas a hacer día tras día.

Ahora, yo sé que la historia de Joy va a retumbar en los oídos de muchas, muchas oyentes y puede traer algunas preguntas difíciles sobre tu situación particular. No hay respuestas rápidas y fáciles, pero déjame animarte a que no atravieses esta crisis sola. Puede que necesites encontrar una mujer piadosa en tu iglesia que te ayude y te aliente a considerar algunas de las decisiones difíciles que tienes delante de tí. Y puede que también sea necesario involucrar a los líderes, los pastores, los ancianos de tu iglesia local.

Espero que puedas visitar nuestro portal, AvivaNuestrosCorazones.com para que puedas ver un video con la historia de Joy. Quizás sea un recurso que quieras compartir con otras que estén atravesando situaciones difíciles en su matrimonio.

Carmen: ¿Quisieras estudiar la Palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarles a otras mujeres? Entonces este evento es para ti. En “Revive 15” contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler dirigiendo la alabanza. Si estás interesada en enseñar o hablar a las mujeres, uno de los mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la Palabra de Dios.

Si has estado confundida, desesperada, temerosa hasta que las palabras de otra mujer te han infundido gracia y esperanza renovada, ahora es tu oportunidad de ayudar a otras mujeres con tus palabras. Ven a escuchar por qué es importante que tú escribas y compartas lo que Dios ha hecho contigo y cómo puedes hacerlo mejor, importar y recibir ayuda de otras mujeres como tú, conoce a: Lore Ferguson, Erin Davis y Jennifer Lyell, durante tres horas de ideas prácticas y mucho más. “Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres”. Indianápolis, septiembre 25 y 26. Acompáñanos.

Nancy: En el próximo programa escucharemos la segunda parte de la historia de Joy, no te lo pierdas mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Música: Omar Salas, No Importa Quien Soy, Dependo de ti ℗ 2007 Omar Salas

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