Viviendo como una iglesia – Clase 2: La membresía

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 2: La membresía

Introducción
Me gustaría iniciar con una pregunta: ¿En qué se diferencia el compromiso que contraemos con otras personas en la iglesia de los otros compromisos que hacemos en la vida?

La semana pasada empezamos considerando la gloria de la iglesia. Nuestra iglesia está compuesta de personas cuyo conocimiento, amor y paciencia es limitado. Tenemos diferentes personalidades, diferentes expectativas, diferentes trasfondos, diferentes maneras de comunicarnos y diferentes prioridades. Mezclas todo eso y parece que es probable que termines en problemas. Pero gracias al poder del evangelio, en realidad obtienes una proclamación colectiva de la gloria de Dios.

¿Cómo es eso posible? Es posible cuando nos amamos unos a otros con un compromiso que es evidentemente sobrenatural. ¿Cómo es ese compromiso? Responderemos esa pregunta en el transcurso en dos semanas. El día de hoy, estudiaremos la profundidad de ese compromiso. Y la siguiente semana veremos la amplitud del mismo, amar a aquellos con los que tenemos poco en común, excepto Jesús.

Así que consideremos la profundidad de este compromiso. Una aclaratoria: En resumidas cuentas, realmente esta es una clase que trata acerca de la membresía de la iglesia. Podrías estar pensando: «Ya soy miembro. Me convenciste. ¿Debería irme ahora?». ¡No! Es mi deseo que al explicar lo que es la membresía, y cómo se diferencia de otros compromisos, seamos renovados y podamos recordar la dulzura única del profundo compromiso que tenemos entre nosotros en esta iglesia. Y lo que aprendamos nos ayudará a ser mejores miembros de la iglesia. Para ello, quiero dedicar algo de tiempo para hacer una distinción entre el compromiso natural de este mundo, que denominaremos: «COMPROMISO BASADO EN LA COMODIDAD», y el compromiso de la membresía de la iglesia, al que llamaremos: «COMPROMISO BASADO EN EL LLAMADO».

El compromiso basado en la comodidad
El compromiso es algo que nuestro mundo entiende. Los fanáticos de Redskins están comprometidos con los Redskins. Las personas se comprometen con sus trabajos, con sus destinos favoritos para vacacionar, con sus países. Y las personas se comprometen con sus iglesias. Pero la razón exacta por la que las personas se comprometen con sus iglesias puede variar un poco.

Diría que es común para las iglesias hacer que las personas se comprometan con ellas de la misma manera que lo harían con cualquier otra cosa en el mundo, a través de un compromiso basado en la comodidad. Permíteme ilustrar esto con un ejemplo secular: cómo podrías comprometerte en comprar productos de la marca Apple. Al principio, una computadora Mac es solo otra computadora y un iPad es solo otra pantalla. Pero tal vez termines pidiendo prestado la computadora Mac de un amigo para revisar un correo y te das cuenta de que la pantalla no se cuelga tanto como lo hace en tu computadora. Difícilmente podrías considerarte un usuario de Mac comprometido en este punto, pero estás intrigado. Así que cuando tu computadora finalmente muere, haces algunas compras en línea y decides darle a Mac una oportunidad, incluso si cuesta un poco más. Después tus amigos comienzan a notar que estás usando una computadora Mac, y los que parecen más emocionados son personas bastante geniales. Luego de que te acostumbras a ella, encuentras que realmente te gusta la manera en la que funciona y lo intuitivo que es todo. También la forma en que encajas mejor cuando trabajas en una cafetería. De repente, te das cuenta de que has estado hablando mucho acerca de tu computadora porque tu tía te da un iPad como regalo de navidad, que se convierte en una parte inseparable de tu cerebro. Antes de que lo notes, estás yendo a convenciones de Mac, vistes a tus hijos con trajes de Apple, y te preguntas cómo habías podido vivir sin tener todos tus dispositivos sincronizados.

¿Y cómo pasó? Ciertamente no sucedió todo de una sola vez y, de hecho, ni siquiera buscabas convertirte en un fanático de la marca Apple. Pero mientras más te adentrabas, más atractivo parecía todo, hasta que ya estabas en lo profundo.

Para muchos cristianos, así es como luce la iglesia. Comienzan enfatizando que no tienen ninguna expectativa con la iglesia, y la anuncian como un gran lugar para prosperar moralmente, educar a sus hijos, encontrar una comunidad, sentirse seguros, cómodos y atendidos. Luego te unes a un grupo pequeño y conoces a algunas personas que te agradan. En algún punto en el camino te conviertes en un miembro, pero la membresía no es el objetivo en sí. La meta es que dentro de algunos años, realmente te hayas comprometido con tu iglesia principalmente porque te gusta y lo ves como algo fácil.

Eso es lo que llamamos un compromiso basado en la comodidad. Funciona para los consumidores; funciona para las iglesias.

El modelo expuesto, sea la marca Apple o una iglesia, es el compromiso visto como un proceso. Con el tiempo, ves que la iglesia local suple tus necesidades y comienzas a sentirte más cómodo allí. Y mientras más cómodo te sientes, te comprometes más a profundidad. Así, suavizamos el camino a nuestras iglesias y resaltamos los beneficios de estar más involucrados. Con suerte, podremos atraer a las personas como consumidores y con el tiempo verlas convertirse en proveedores. Este es el compromiso basado en la comodidad, y se trata un proceso. Se caracteriza por un amplio, general e impreciso trato de la Palabra de Dios… y como podrás imaginar, a menudo puede llegar a fomentar el testimonio cristiano lo cual es muy débil.

El compromiso basado en el llamado
No obstante, no denigremos el compromiso basado en la comodidad en general, es natural correr hacia lo que es cómodo. Sin embargo, deberíamos hacer una diferencia entre dicho compromiso y lo que aspiramos en nuestras iglesias. El compromiso basado en el llamado se diferencia porque tiene una profundidad y una riqueza que el compromiso basado en la comodidad no puede reproducir. Consideremos algunas de estas diferencias:

A. El Nuevo Testamento describe a todos los cristianos como profundamente comprometidos con su iglesia local de maneras que son significativas, a veces dolorosas y bastante deliberadas. Toma las palabras de 1 Juan como un ejemplo: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1 Juan 4:19-20).

Para Juan, el amor entre los creyentes es una señal de la fe salvadora. Compara eso con el compromiso basado en la comodidad, y verás que la Biblia nos llama a amar a los demás, la comodidad exige que nos amemos a nosotros y prioriza nuestras preferencias.

B. Una pregunta interesante de diagnostico que puedes hacerte es: ¿Por qué vas, y sigues yendo a la iglesia? ¿Qué te motiva a pasar gran parte de tu fin de semana en ese lugar? El compromiso basado en la comodidad podría señalar razones sociales, personales y profesionales. El compromiso basado en el llamado se enfoca en la obediencia a Dios y en un deleite en su iglesia como uno de sus principales motivadores.

El motivo de nuestra comunidad debería decir algo acerca de nuestra fe en Cristo. Nuestro compromiso como miembros de una iglesia deberá distinguirse del compromiso del mundo. Nuestras interacciones deberían parecerse más a las de Cristo y menos a las de nuestros compañeros de trabajo, amigos o vecinos.

El compromiso basado en el llamado se compromete primero, y luego hace preguntas sobre los beneficios recíprocos. El compromiso basado en el llamado busca la unidad de Cristo y crece con la diversidad como trasfondo.

C. Tercera distinción: La relación. Solía asistir a una iglesia en Sydney. Era una gran iglesia que dedicaba gran parte de su tiempo a pensar en formas de alcanzar a tanta gente como fuera posible. Querían atraer a las personas sin importar lo que hiciera falta. Realmente tenían buenas intenciones, el problema era que sin compromiso habían muy pocas relaciones profundas, ciertamente no existía una cultura de comunidad o un enfoque en un discipulado personal. Todo era superficial, ya sabes, es más cómodo de esa manera, y al final así es como florecerían la relaciones auténticas… desafortunadamente ese no era el caso.

Insólitamente, es con la formalidad de la membresía que se forman las relaciones profundas. Esto no significa que una relación verdadera no pueda darse sin la membresía de la iglesia, pero prácticamente… con cada miembro nuevo que se aprueba en nuestra membresía queda tan claro como el día a quiénes estamos llamados a amar, queda claro a quiénes debemos proteger, queda claro con quiénes debemos iniciar una relación en nuestra iglesia local. Ellos se han comprometido de manera obvia y pública con nuestra congregación, y nosotros nos hemos comprometido con ellos de la misma forma.

Una iglesia que se edifica en torno a la membresía es evidentemente diferente. Requiere de un compromiso significativo. Decides prometer amar a un grupo de cristianos de manera profunda y sacrificial incluso antes de realmente conocerlos bien. Así, tu compromiso no se basa en sentimientos de apego, de comodidad o de pertenencia, aunque esperamos que esas cosas se den eventualmente, sino que es un compromiso que haces simplemente porque es parte de seguir a Jesús. Puedes encontrar relaciones auténticas en una congregación que se toma en serio la membresía de la iglesia.

Por tanto, esta idea del compromiso basado en el llamado es un compromiso mutuo sencillamente porque forma parte de ser llamados a la familia de Dios. Comprometerse con otros creyentes por medio de la iglesia local es lo que caracteriza a un cristiano. Observa nuevamente el pasaje que leí en 1 Juan. Dice que toda persona amada por Dios, salvada por Dios, ama a otros cristianos en respuesta.

Eso quiere decir que tenemos que dejar de ver el compromiso con la iglesia local como un proceso y debemos comenzar a verlo como un acontecimiento. El acontecimiento es nuestra salvación y el compromiso es algo que se deriva inevitablemente. Eso no significa que todos nuestros compromisos con la iglesia local deben ser significativos, hay mucho espacio para el crecimiento. Quiere decir que hacemos un compromiso por adelantado, por lo que significa ser cristiano.

En ese sentido, encontrarás mucho del compromiso basado en la comodidad en iglesias cuyo compromiso se basa en el llamado. No hay nada de malo con el compromiso basado en la comodidad, el problema surge cuando se convierte en nuestro principal enfoque para hacer vida en la iglesia. Si esperamos facilitar nuestro caminar en la iglesia y ver que el compromiso basado en la comodidad surta efecto con el tiempo, tendremos una comunidad consumista, con relaciones superficiales, para nada diferente al mundo. En cambio, deberíamos reconocer que Dios nos llama a comprometernos de manera profunda y significativa con una iglesia local cuando nos llamó a la salvación. Si esa es nuestra actitud hacia la iglesia, encontraremos una comunidad que sea honesta acerca de lo que significa ser cristiano y que sirva como un rico catalizador para las relaciones cristianas.

El compromiso que es significativo
¿Cuáles son algunos de los componentes elementales de este compromiso del que hemos estado hablando? ¿Cómo es? Aquí tienes cuatro partes básicas a considerar:

A. El compromiso sacrificial. Romanos 12:13-16 nos dice que compartamos «las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad… Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros». Si mi esposa y yo no podemos tener hijos, debería alegrarme cuando otro miembro de la iglesia quede embarazado. Si acabo de conseguir un nuevo empleo, debería acompañar en su tristeza a la hermana que perdió el suyo. Debería dar mi dinero, mi tiempo y mi hogar para cuidar de otros en mi iglesia, simplemente porque ellos forman parte del pueblo de Dios. Amar de esta manera no es únicamente para un grupo de cristianos élite; esto es lo que significa ser cristiano.

B. El compromiso de reunirnos. Hebreos 10:25 nos dice que la vida cristiana consiste en no dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino en exhortarnos; y tanto más, cuando vemos que aquel día se acerca. Ser cristiano implica reunirnos con otros cristianos regularmente. El autor de Hebreos no visualiza otra categoría de cristianos.

C. El compromiso de esimularnos mutuamente. Utilizando ese mismo pasaje, el versículo 24 nos dice que debemos considerarnos unos a otros «para estimularnos al amor y a las buenas obras», algo que claramente se lleva a cabo por medio del versículo 25. Y esa clase de estimulo en el libro de Hebreos implica mucho más que una sacudida de manos momentanea al cruzar la puerta. Como vemos en el capítulo 3, el estimulo es el antídoto para la incredulidad. Estimular significa fortalecer la fe de otros. Un cristiano no solo está comprometido con su bienestar espiritual, también se compromete a ayudar a otros a luchar por la fe.

D. El compromiso de protegernos mutuamente. Mateo 18. Jesús dice que si un hermano peca contra mí, debo hablar con él al respecto. Si no se arrepiente, debo llevar conmigo a uno o dos hermanos. Y si todavía sigue sin arrepentirse, debo comunicarselo a la iglesia. «Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano». En otras palabras, expulsalo de la iglesia. La última barrera para el autoengaño en este mundo es la iglesia local. Nadie más puede decirme tan fuertemente que la fe que profeso con mi boca se contradice con mi vida. Y es interesante que esta autoridad no se otorga al pastor, o a los ancianos, sino a la iglesia. Por supuesto, protegernos mutuamente del autoengaño de la inmoralidad o de la falsa doctrina es algo que hacemos bajo un liderazgo sabio y amoroso. Pero finalmente, el Nuevo Testamento delega la responsabidad de cuidarnos unos a otros a toda la iglesia.

Cristiano, Dios te ha llamado a hacer estas cosas: Amar a otros cristianos sacrificialmente. Reunirte con ellos con regularidad. Estimularlos a la fe. Y protegerlos del pecado y del autoengaño. Hacer estos compromisos no es algo que debamos dejarselo a los cristianos maduros; es lo que la Biblia supone que todo cristiano debe hacer. Así es la profundidad de este compromiso.

Si nos detenemos aquí, seguimos sin entender completamente la profundidad del compromiso que debemos encontrar en la iglesia local. Porque el compromiso bíblico en una iglesia no solo es importante, también se formaliza.

El compromiso que es formal
¿Es el compromiso cristiano en la iglesia local relativamente fluido y amorfo? ¿O nos llama la Escritura a formalizarlo? Para responder esa pregunta, observa cuidadosamente la manera en la que Pablo describe a la iglesia en 1 Corintios 5. Él explica que la iglesia no tiene la responsabilidad de juzgar a los pecadores impenitentes en el mundo, pero sí posee esa responsabilidad dentro de la iglesia. «Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará» (5:12-13a).

Lo que quiero que notes es la linea que separa lo que está «afuera» y lo que está «dentro» de la iglesia. De un lado de la línea están los que se llaman a sí mismos creyentes y someten esa profesión al juicio de la iglesia. Del otro lado, están los que no han hecho tal compromiso. Así que algunas personas hoy día hablan acerca de tener una comunidad definida en su núcleo en lugar de una comunidad definida por sus límites. En vez de obsesionarnos por quién está «dentro» y quién está «afuera», solo enséñale a las personas y anímalas, sin importar su estado espiritual, a buscar más de la buena comida espiritual. El problema es que, eso parece contradecir la forma en la cual el Nuevo Testamento describe a la iglesia.

También vemos esto cuando la Biblia habla acerca de los líderes de la iglesia. Debemos someternos a nuestros líderes (cf. Hebreos 13:17) porque ellos un día rendirán cuentas por nosotros. Pero si la afiliación con una iglesia no es de ninguna manera formal, ¿cómo saben estos líderes por quién habrán de rendir cuentas? ¿Y cómo podemos decidir nosotros a quiénes someternos?

Ya sea al lidiar con la disciplina o el liderazgo en la iglesia, queda claro en la Biblia que el compromiso con la iglesia tiene cierto nivel de formalidad. Los creyentes saben con quién se están comprometiendo; la iglesia y sus líderes saben de quiénes son responsables. Esto es lo que llamamos membresía de la iglesia, usando la ilustración de Pablo de la iglesia como un cuerpo y de nosotros como sus miembros. Ahora, ¿qué diferencia hace esta formalidad? Es importante por dos razones:

A. El compromiso formal sirve como una afirmación del compromiso informal. Encuentro que la analogía del matrimonio es útil aquí. Así es como Tim Keller describe la aplicación marital de esta verdad:

Cuando la Biblia habla acerca del amor, lo mide principalmente no en base a cuánto deseas recibir, sino en base a cuánto estás dispuesto a dar de ti a alguien. ¿Cuánto estás dispuesto a perder por el bien de esta persona? ¿A cuánto de tu libertad estás dispuesto a renunciar? ¿Cuánto de tu valioso tiempo, emociones y recursos estás dispuesto a invertir por esta persona? Y por eso, los votos matrimoniales no solo son útiles, también sirven como una prueba. En muchos casos, cuando una persona le dice a otra: «Te amo, pero no arruinemos esto casándonos», esa persona realmente está diciendo: «No te amo lo suficiente para cerrar todas mis opciones. No te amo lo suficiente para entregarme a ti por completo». Decir: «No necesito un pedazo de papel para amarte», es decir básicamente: «Mi amor por ti no ha alcanzado el nivel del matrimonio»[1].

Cierto. Existen todo tipo de discontinuidades entre el matrimonio y la membresía de la iglesia. Pero una de las formas en las que ambos son similares es en la interrelación del compromiso formal e informal. Si alguien dice que desea cumplir todos los mandamientos de la Biblia que implican el «unos a otros» en el contexto de su iglesia, pero se niega a comprometerse formalmente a hacerlo a través de la membresía, ¿qué clase de compromiso realmente pretende hacer? Usando las palabras de Keller, su amor por su iglesia no ha alcanzado el nivel de la membresía. El compromiso formal deja en claro quién verdaderamente toma la decisión de amar a su iglesia como lo describe la Escritura.

B. El compromiso formal hace visible el compromiso informal. La membresía en una iglesia local anuncia que esa persona ha hecho compromisos informales bastante importantes, lo cual ayuda a desarrollar relaciones mucho más rápidamente. Alguien podrá tener todo el deseo de amarte a la manera de Romanos 12, Hebreos 10 y 1 Corintios 5. Pero si no es miembro de tu iglesia, no tienes forma de saberlo. Cuando la membresía es significativa, hace que el compromiso informal sea visible para que las relaciones puedan crecer a un ritmo más acelerado.

Sugerencias prácticas
Pasemos el resto de nuestra clase examinando detenidamente maneras en las que esta visión bíblica del compromiso puede ser más práctica.

A. Únete a una iglesia. Algunos de nosotros, o algunos de nuestros amigos, todavía sopesan si la membresía realmente importa. En esas conversaciones, creo que es útil regresar a lo que significa ser cristiano. Seguir a Jesús es amar a otros que siguen a Jesús. Eso es lo que ocurre inevitablemente cuando somos perdonados de nuestros pecados. No se trata solo de una disposición general de amor, sino de un compromiso específico de amar a un grupo específico de cristianos, a una iglesia local.

B. Invierte en las relaciones. Luego están aquellos de nosotros que nos unimos, pero aparte de aparecer cada domingo para los servicios, unirse a la iglesia realmente no cambia nuestras vidas. Como ya hemos visto en esta clase, relacionarse con una iglesia local de manera bíblica significa confesar nuestros pecados para que otros puedan ayudarnos a luchar por la fe. Significa confesar nuestras batallas para que otros puedan ayudarnos de forma práctica. Signfica hacer preguntas complicadas y, en ocasiones, incómodas al cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Y significa que la oración forma parte integral de cada relación.

¿Cómo podemos saber cuando esto no pasa? Te daré cuatro categorías:

El miembro casual que asiste con regularidad, pero que no hace mucho más que eso. Sus amigos más cercanos no están en la iglesia. (Comprometido).
El miembro fuerte parece involucrado, al menos en términos de servir a los demás. Pero por una presunción que le hace pensar que él o ella nunca está en necesidad, nunca deja que las personas le ayuden. (Vulnerable).
El miembro estático empieza con buenas relaciones en la iglesia, pero cuando los meses se convierten en años y los años en décadas, esas relaciones nunca se expanden. Y en una iglesia tan dinámica como la nuestra, esa comunidad congelada casi siempre deja de ser una comunidad (Activo).
El miembro consumidor tiene relaciones, pero queda claro desde una perspectiva mundana por qué cada relación sería importante para él o ella. No aspira, como dije anteriormente, a amar a otros de una manera que sea extraña al mundo, simplemente porque ha sido amado por Cristo. (Dado).
C. Comprométete a amar a todo el cuerpo. Creo que existe un verdadero peligro para nosotros en una era que está definida por el consumidor y, sin embargo, obsesionada con la comunidad. Podríamos estar en una comunidad real y satisfactoria en una subcultura de la iglesia, y nunca salir para comprometernos con la iglesia más ampliamente. Eso no quiere decir que necesitamos tener relaciones profundas con todos y cada uno de los miembros de la iglesia. Deberíamos encontrar que nuestras relaciones no están confinadas a un grupo pequeño en particular, o a un tipo de personalidad, o trasfondo étnico o profesión.

Si todos tomamos la iniciativa de incluir en nuestras amistades a personas que son muy diferentes a nosotros, veremos que en vez de una iglesia conformada por subculturas impenetrables, tendremos una iglesia donde las redes de relaciones se extienden y ensanchan para cubrir a toda la congregación.

Una diferencia verdaderamente práctica entre una comunidad basada en el llamado y una comunidad basada en la comodidad es que la comunidad que se basa en el llamado nos expande para formar relaciones que no son cómodas. Y eso es necesario para que esa red relacional sea tan inclusiva como debe ser.

Conclusión
Si observas cómo el Nuevo Testamento describe a la iglesia local, este es un pilar que sostiene a una comunidad bíblica: la profundidad del compromiso. Nuestra cultura nos dice que nos comprometamos solo hasta donde nos sintamos cómodos. Bueno, al igual que esa versión distorcionada del matrimonio, el compromiso basado en la comodidad en la iglesia no funciona muy bien. Es posible que atraiga a una multitud rápidamente, pero no produce mucha profundidad. Y sin profundidad, fracasa en ser el faro de luz sobrenaturalmente atractivo en un mundo de tinieblas. Incluso aunque ese modelo de compromiso de ser luz parece el mejor para alcanzar a este mundo para Cristo, a la larga, se suaviza en comparación a una comunidad verdaderamente sobrenatural. Por tanto, debemos aspirar a un compromiso basado en el llamado, donde nos comprometemos a amar a todas las personas desconocidas en una nueva glesia simplemente porque han sido llamadas por Dios para salvación, y llamadas por Dios para ser amadas. Y con eso como fundamento, las relaciones florecerán.

Ese es uno de los pilares: la profundidad del compromiso. El segundo es la amplitud del compromiso, el cual es nuestro tema para la próxima semana.

[1] Keller, Tim. The Meaning of Marriage (El significado del matrimonio), New York: Dutton. Print. Pág. 78.

Viviendo como una Iglesia – Clase 1: La unidad

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 1: La unidad

Introducción
Bienvenido a la primera de trece clases que tendremos acerca de cómo vivir juntos como iglesia. Soy Matt, pastor asistente aquí en la congregación. Esta mañana espero transmitir una idea de lo que me gustaría lograr juntos. Sin embargo, antes de comenzar a hablar, quiero hacer una pregunta: ¿Por qué es importante la unidad para la iglesia local? [¿Qué se te ocurre?… ¿Iglesias discutiendo por el color de la alfombra?].

Genial. Ahora bien, empecemos esta clase del tema de la unidad de manera muy sencilla. En resumen, esta clase existe por tres simples verdades que encontramos en la Escritura:

Dios ha llamado a los cristianos a estar con él para siempre, pero nos ha dejado temporalmente en este mundo reunidos en iglesias locales.
Él ha escogido usar nuestras vidas unidos en iglesias como el principal método para mostrar su gloria.
Somos pecadores.
Las primeras dos verdades funcionan bien juntas, pero la tercera verdad complica las cosas considerablemente. Algún día, el mundo entero se postrará ante Dios y reconocerá que él es el Señor. Pero por ahora, Dios en su sabiduría, ha delegado la misión de desplegar la gloria de su perfecto carácter a personas bastante imperfectas, que forman parte de su Iglesia. La interrogante de cómo puede suceder eso es el enfoque de esta clase. Específicamente, nuestra meta es entender las oportunidades y las responsabilidades que tenemos como miembros de la iglesia. ¿Cómo es que, pecadores como nosotros, podemos reunirnos como una iglesia local donde abunda la unidad? Y no se trata de una unidad forzada que niega las diferencias, subestima las dificultades, o compromete el mensaje del evangelio, sino de una unidad real que actúa como un testimonio convincente del poder del evangelio. ¿Cómo es que, como pecadores, podemos responder al pecado entre nosotros sin ceder a las habladurías y a las calumnias? ¿Cómo podemos confiar en nuestros líderes y, al mismo tiempo, reconocer que también son pecadores? ¿Cómo podemos amar a las personas que nos hacen sentir incómodos porque son tan diferentes a nosotros? ¿Cómo podemos criticar a una iglesia imperfecta sin quejarnos?

Para aquellos de nosotros que hemos estado en una iglesia durante cierto tiempo, es probable que hayamos notado que estos objetivos son difíciles de alcanzar. Con mucha frecuencia, las iglesias se convierten en lugares de división, quejas y amargura. Muy a menudo, las iglesias fracasan en reflejar al mundo que nos observa el poder del evangelio que debería obrar en ellos. Nuestra meta para esta clase es explorar un plano práctico de lo que hace que una iglesia sea sana y unida: una sana doctrina que se expresa en un amor unificador que glorifica a Dios. Mi oración es que cada uno de nosotros salga de esta clase con un mejor entendimiento de lo que la Biblia dice que es una iglesia unida, y con algunas ideas muy claras de lo que todos podemos hacer para fomentar la unidad entre nosotros.

Para la clase de hoy, empezaré abordando la idea de la unidad, empleando principalmente la descripción que encontramos en Efesios 3 y 4 de lo que significa ser una iglesia. A continuación, veremos algunas versiones falsas de la unidad, las compararemos con la unidad verdadera, y hablaremos acerca de la razón por la que la unidad en la iglesia es tan importante.

Efesios 3-4: La meta de Dios para la iglesia
Comencemos respondiendo una pregunta fundamental: ¿Cuál es el plan de Dios para la iglesia local? El apóstol Pablo lo explica en los capítulos 2 y 3 del libro de Efesios. Si tienes una biblia, acompáñanos. Inicia con el evangelio, en Efesios 2:1-10. Estábamos «muertos en [nuestros] delitos y pecados» (2:1). Pero Dios «nos dio vida juntamente con Cristo» (2:5). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (2:8-9).

Pero ese evangelio no termina con nuestra salvación; conduce a algunas implicaciones bastante disruptivas. Implicación #1: la unidad. Como Pablo escribe sobre judíos y gentiles al final del capítulo 2, Dios derribó la pared intermedia de enemistad «para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (2:15b-18).

Observa que solo el evangelio crea esta unidad, es por medio de la cruz que Cristo acabó con su enemistad. Después de todo, ¿qué más podría unir a dos pueblos con historias, etnicidades, religiones y culturas tan diferentes?

Ahora, ¿cuál es el propósito de esta unidad entre judíos y gentiles? Ve al capítulo 3, versículo 10:

Su propósito era «que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales».

Toma a un grupo de judíos y gentiles que no comparten nada en común salvo una aversión de siglos los unos por los otros (una sombra de lo que en nuestro contexto podrían ser los demócratas liberales y los republicanos libertarios), reúnelos en una iglesia local donde se cruzan entre sí regularmente, y las cosas explotarían, ¿cierto? ¡No! Por lo único que tienen en común, el vínculo de Cristo, viven juntos en asombroso amor y unidad. Una unidad que es tan inesperada, tan diferente a la manera en la cual opera nuestro mundo, que incluso los «principados y potestades en los lugares celestiales» se sientan y observan.

Increíble, ¿no? La unidad es notable entre dos dimensiones. Es notable por su amplitud. Esto quiere decir, que se expande para incluir a pueblos tan opuestos como lo eran los judíos y los gentiles. Esto glorifica a Dios al alcanzar a personas que, sin un poder sobrenatural, nunca estarían unidos. Recuerda Efesios 2:18: «Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».

En segundo lugar, esta unidad es notable por su profundidad. No se limita a unir a personas para que se toleren entre sí, sino para estar tan comprometidas que Pablo puede llamarles un nuevo hombre (2:15) y una nueva familia (2:19). Pablo busca los lazos más profundos del mundo natural, los lazos étnicos y familiares para describir esta nueva comunidad en la iglesia local.

La unidad con una amplitud y profundidad asombrosa hace que la gloria de un Dios invisible sea visible. Esta es la declaración de propósito final para la unidad de la iglesia en Éfeso. Esta es la declaración de propósito final para la unidad en nuestra iglesia. Y estos dos conceptos serán realmente importantes para este seminario básico. De hecho, tendremos una clase entera dedicada a la profundidad de la unidad al reflexionar sobre el compromiso de la membresía de la iglesia. Y una clase entera acerca de la amplitud de la unidad al meditar sobre la diversidad como una marca que define a la iglesia local.

Este es nuestro llamado como iglesia. Pero ese llamado tiene cierta competencia, la cual quiero exponerte ahora.

La unidad falsa
La unidad organizativa

Un problema que tenemos siempre que comenzamos a hablar acerca de la unidad cristiana es que algunos la definen como la idea de que todos los que se consideran cristianos deberían organizarse juntos, o al menos cooperar juntos, como un solo cuerpo reconocido. Dicen que la existencia de las distintas denominaciones le demuestra al mundo que no estamos unidos.

Uno de los desafíos que presenta esta corriente de pensamiento es que no da lugar para poder discrepar en amor. Podemos disentir de nuestros hermanos y hermanas presbiterianos con relación al bautismo, por ejemplo, y continuar haciendo juntos toda clase de buenas obras por el evangelio. En ese sentido, las denominaciones realmente exhiben nuestra unidad en el evangelio con más fuerza que si simplemente pretendiéramos que nuestros desacuerdos carecen de importancia. La conferencia que nuestro pastor ayuda a dirigir llamada «Juntos por el evangelio» es un buen ejemplo de esto.

Otro problema con esta idea es lo que sería el objetivo final de esa «unidad». Hay muchos que se llaman a sí mismos «cristianos», pero que no estarían de acuerdo con nuestra iglesia en cuanto a cosas fundamentales tales como quién es Dios, qué deben hacer las personas para ser salvas, incluso si es necesario ser salvos del pecado. Eso quiere decir que la unidad organizativa por sí sola confunde por completo al mundo acerca de la naturaleza del cristianismo y del evangelio. Ciertamente es algo bueno colaborar con los demás por el bien de un objetivo común, trabajar con católicos romanos para proteger los derechos de los no nacidos, por ejemplo. Sin embargo, aunque ese sea un tipo de unidad, no es la unidad sobrenatural del evangelio de la cual habla Pablo en Efesios.

La unidad extraevangélica

La segunda falsificación de la unidad cristiana verdadera es más sutil, y creo que estamos en mayor riesgo por ello. Así que empecemos con un ejemplo. Imaginemos que llega un maestro de una escuela pública de D.C., y se une a nuestra iglesia. ¿Con quién entablará amistades naturalmente? ¿Quién lo entenderá mejor lógicamente? Otros maestros, por supuesto. Por lo que le presento a otros maestros, y quizá eventualmente formamos un grupo pequeño para maestros. Seguramente se integrará rápidamente a esa comunidad y crecerá. Unidad creada, misión cumplida, ¿cierto? No del todo.

Lo que ocurrió es posiblemente más un fenómeno demográfico que un fenómeno evangélico. Los maestros se inclinan hacia otros maestros independientemente de si son cristianos o no. Y no hay nada de malo en desear estar con personas con experiencias de vida similares. Es absolutamente natural y puede ser espiritualmente beneficioso. Pero si esto es la suma total de lo que llamamos «iglesia local», temo que hemos creado algo que existiría incluso sin Dios.

En comparación a lo que vemos en Efesios, esta unidad es algo que llamaré unidad «extraevangélica». En una comunidad extraevangélica, casi todas las relaciones están fundamentadas en el evangelio y algo extra. Tomemos como ejemplo a Sam y Joe; ambos son cristianos, pero la verdadera razón por la que son amigos se debe a que ambos son solteros de 40 años, o a que comparten una pasión por combatir el analfabetismo, o a que ambos son enfermeros. En la unidad extraevangélica, usamos la similitud para construir una colectividad.

Compara esta comunidad con una comunidad que revela el evangelio. En una comunidad que da a conocer el evangelio, muchas relaciones nunca existirían de no ser por el poder del evangelio, ya sea por la profundidad del cuidado mutuo o porque las partes en la relación tienen poco en común, excepto Cristo. Claro, las relaciones basadas en la afinidad también pueden prosperar en la iglesia, pero no son el enfoque. Se dan de manera natural. En cambio, nos concentramos en ayudar a las personas a salir de sus zonas de confort para que edifiquen relaciones que no serían posibles sin lo sobrenatural.

Piensa en un globo que ha sido frotado contra tu camiseta para cargarlo con electricidad estática. Luego sostenlo por encima de la cabeza de alguien con cabello delgado y ligero. ¿Qué sucede? El cabello sube hasta el globo. No puedes ver la electricidad estática, pero su efecto, la reacción antinatural del cabello, es inconfundible. Lo mismo pasa con la unidad que da a conocer el evangelio. No puedes ver el evangelio; simplemente es cierto. Pero cuando fomentamos la unidad que es obviamente sobrenatural, hacemos que el evangelio sea visible. Me pregunto si puedes pensar en las relaciones que tienes en tu iglesia solo porque Cristo los ha unido. Puedo pensar en muchas de esas relaciones en mi vida y en la vida de otros que he observado. No te relacionarías con esa persona en el mundo, pero porque están en Cristo, tienen un cuidado, una preocupación y un afecto familiar el uno por el otro. ¡Ese amor hace que la electricidad del evangelio sea visible al mundo!

¿Quiere decir esto que deberíamos evitar cualquier relación en la que compartamos algo más además de Cristo? ¿No debería ser amigo de otros hombres casados en la iglesia a los que les guste el rock and roll y el béisbol de los New York Mets? No, Dios usa nuestras similitudes naturales. Y todas las iglesias tienen cierto tipo de cultura, cierto tipo de sensación, cierto idioma principal, e incluso cierta mayoría cultural. Sería deshonesto sugerir lo contrario, decir que una congregación realmente no comparte nada más en común salvo Cristo. Los gustos parecidos se atraen entre sí, y eso es natural. Pero algo importante a considerar es si dejaremos que las diferencias se conviertan en una barrera para la comunión, o una invitación para participar conjuntamente en glorificar al evangelio. ¿Insistiremos en el ministerio por similitud, lo cual se siente natural? O bien, si reconocemos nuestra tendencia hacia las semejanzas, ¿estableceremos nuestra aspiración en una comunidad donde personas diferentes disfruten una comunión extraordinaria solo por el vínculo sobrenatural del evangelio?

La unidad que importa, aquella que logra los propósitos de Dios en sí, es demostrablemente sobrenatural. No es una unidad que se construye alrededor del evangelio en adición a otro vínculo de similitud. Es la unidad que da a conocer el evangelio.

¿Qué es la unidad?
Habiendo visto estas dos falsificaciones, ¿qué es la unidad cristiana verdadera? La unidad cristiana verdadera de la que Pablo habla en su carta a los efesios podría definirse como una acción, un propósito, una fuente y un contexto.

La acción es amar. Específicamente, amar con ese amor hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo que traspasa los límites sociales. Piensa en las palabras de Jesús: «Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman».

Segundo, el propósito es la gloria de Dios en la vindicación de su evangelio. La unidad que existe por cualquier otro propósito puede ser valiosa, pero no es la unidad cristiana que estamos explorando en esta clase.

Tercero, la fuente: el amor de Cristo. «Nosotros amamos porque él nos amó primero». El amor que es sobrenatural solo puede explicarse a través del poder de Dios que obra en nosotros. Si la unidad es impulsada por el amor con el que el mundo está familiarizado y puede explicar, ¿de qué manera mostrará eso la sabiduría de Dios a los «principados y potestades en los lugares celestiales»? No, la unidad que glorifica a Dios y justifica la sabiduría del evangelio es la unidad que se alimenta de saber cuánto hemos sido perdonados en Cristo. ¿Recuerdas las palabras de Jesús en Lucas 7? «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama». Y aquel a quien se le perdona mucho, mucho ama. Si en cualquier momento esta clase se convierte en solo una lista de cosas por hacer, cosas que sabes que deberías hacer y probablemente puedes hacer si trabajas arduamente, entonces vamos rumbo a la dirección equivocada. La unidad que nos interesa, esa unidad que es sobrenatural, tiene en su fuente un profundo entendimiento de lo mucho que hemos sido perdonados. La unidad cristiana no solo debe tener como meta el evangelio, sino que en su núcleo, debe nutrirse del mensaje del evangelio. Cualquier otra cosa es simplemente obra de seres humanos.

Y, por último, un contexto: un amor que, si bien no se limita a la iglesia local, trabaja de manera más práctica en ese contexto. Esas cuatro partes componen la definición que ves en el folleto: Amor que da a conocer el evangelio y que glorifica a Dios para con todos los hermanos y hermanas en Cristo, alimentado por nuestro perdón en Cristo que se expresa más claramente en la asamblea de la iglesia local.

Esa es la unidad cristiana, el plan de Dios para dar a conocer la sabiduría del evangelio a todos los pueblos.

¿Qué está en riesgo?
He estado diciendo que debemos apuntar hacia la clase de unidad correcta en nuestra iglesia. Que si no lo hacemos, realmente comprometemos los propósitos de Dios para la iglesia. ¿Pero cuáles son los riesgos exactamente? Si nuestra unidad se basa en vínculos naturales y no en el evangelio sobrenatural, ¿qué perdemos? Comencemos con la misión de la iglesia tal como se declara al final del libro de Mateo.

En Mateo 28, Jesús comisiona a su iglesia cuando le dice a sus discípulos:

«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

A riesgo de simplificar demasiado, existen dos impulsos vitales de esta Gran Comisión. Debemos compartir el evangelio con todas las naciones (incluyendo la nuestra), bautizando a quienes creen. Dicho de otro modo, evangelizar. Y debemos formar seguidores de Jesús: enseñando a cada generación de convertidos todas las cosas que él nos ha mandado. En otras palabras, discipular.

Cuando edificamos una unidad de la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural, ponemos en juego ambos elementos de nuestra comisión. Comprometemos nuestra evangelización y comprometemos nuestro discipulado.

A. Comprometemos la evangelización

Las palabras de Jesús en Juan 13 describen nuestro poder en la evangelización. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». Y no se trata de un amor cualquiera, pues el versículo anterior establece el estándar de este amor: «Como yo os he amado, que también os améis unos a otros». Se trata de un amor con la profundidad de la cruz; un amor tan amplio como para llegar del cielo a la tierra. El amor que caracterizará a los creyentes ante los ojos del mundo como seguidores de Jesús es la misma clase de amor costoso, sobrenatural y que exalta a Dios que Jesús nos muestra.

Ahora bien, ¿puede existir amor en una comunidad conformada alrededor de algo más que no sea el evangelio? Por supuesto que sí. Piensa en la clase de comunidad que encontrarías en Alcohólicos Anónimos o en el Club Rotary, o en la página de Facebook de tu banda favorita. Puedes encontrar amistades allí, incluso afecto, lo que es maravilloso y real. ¿Pero es este el amor inexplicable sin Dios que Jesús describe en Juan 13? No, es el amor que el mundo reconoce. No obstante, el amor de Juan 13 y Efesios 3 es sobrenatural. Cuando la comunidad de la iglesia local desafía la explicación natural, confirma el increíble poder del evangelio[1].

Entonces, ¿cuál es el costo de la comunidad en la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural? Volviendo a Juan 13:35: suprimimos lo que Dios quiere que sea la confirmación del evangelio. Evangelizar sin una comunidad sobrenatural es como empujar agua cuesta arriba. Es como «mostrar y contar» sin la parte de «mostrar». Puesto que servimos a un Dios de gracia, él todavía se complace en salvar almas cuando anunciamos el evangelio. Sin embargo, sin una comunidad sobrenatural, la evangelización no cuenta con el principal testimonio que Dios ha dado para manifestar el poder del evangelio al mundo.

B. Comprometemos el discipulado

Da un vistazo a Efesios 4:14-15. Pablo dice que la meta de nuestra vida juntos en la iglesia local es: «que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por dondequiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo».

Eso es lo que queremos ver en nuestra iglesia, ¿cierto? Un cuerpo de creyentes firmemente establecidos en nuestra obediencia a Cristo, la segunda parte de la Gran Comisión. Incluso si somos golpeados por falsas doctrinas y por artimañas humanas, nos aferramos con firmeza al fidedigno mensaje del evangelio. Esto que ves aquí es madurez y santidad. Crecemos en Cristo.

Ahora, ¿de dónde proviene esto? Pablo brinda una hermosa cadena en los versículos precedentes que demuestra cómo el crecimiento proviene de Cristo. Versículo 7, Cristo da dones a la iglesia. Versículo 11, esos dones son líderes tales como profetas, evangelistas, pastores y maestros que enseñan a su pueblo la Palabra. Su trabajo, versículo 12, es: «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio», hasta que, versículo 13: «todos lleguemos a la unidad de la fe». ¿Lo ves? Por tanto, ¿quiénes son llamados por Dios para la obra del ministerio? ¿Los ancianos, en primer lugar? ¿Los ancianos que trabajan a tiempo completo en la iglesia, o el equipo pastoral? Estas personas poseen un rol importante, ¡pero el ministerio es la obra de los santos! Es el trabajo de cada cristiano. Eso significa que si eres miembro de una iglesia local, la santidad y el crecimiento del resto de los miembros es, de cierta manera, tu responsabilidad. Así como también lo es la unidad del cuerpo.

Entonces, ¿qué rol desempeña la unidad sobrenatural aquí? Es responsabilidad de los miembros discipularnos unos a otros para que seamos más semejantes a Cristo, pero no podemos efectuar este trabajo si las marcas que caracterizan a la iglesia son división, tensión, amargura, evitación y el egoísmo. La unidad es el terreno fértil en el cual este crecimiento puede ocurrir.

Y falso, la unidad «extraevangélica» tampoco hará el trabajo. Pablo dice en 1 Corintios 12 que existen muchas partes, pero un solo cuerpo (v. 20), y que él nos ha dado diferentes dones precisamente «para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros». Si solo compartes con las orejas, entonces no puedes recibir la influencia provechosa de los ojos, de los codos y de los pies.

Supongamos que tenemos una iglesia donde la comunidad es bastante inexistente, donde las personas aparecen para el tiempo del sermón, pero no se relacionan más allá de eso. Una comunidad sin profundidad. O imaginemos que en vez de una iglesia, tengo a un montón de amigos cristianos de mi antiguo equipo deportivo con los que me reúno semanalmente para rendir cuentas y animarnos mutuamente. Una comunidad sin amplitud. ¿Qué hay de malo en ellas?

Bueno, ninguna es evidentemente sobrenatural. Y sin una comunidad sobrenatural, nos costará cumplir la tarea de evangelizar y nuestra tarea de presentarnos unos a otros perfectos en Cristo. Dios es un dios increíblemente lleno de gracia y bondad. Así que no puedo decir que necesariamente fracasaremos, pero la unidad sobrenatural es el medio a través del cual Dios desea que llevemos a cabo la Gran Comisión.

Conclusión
Esa es nuestra introducción al tema de la unidad que desarrollaremos el resto del seminario. Durante las próximas doce semanas, veremos maneras prácticas de cómo podemos edificar una iglesia cuya unidad proteja y refleje el mensaje transformador del evangelio. Como dice el Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». Espero que esa sea tu experiencia con la comunión que has experimentado en tu iglesia, y espero que tu oración sea que el Señor nos permita crecer y perseverar en la unidad.

[1]Me pregunto si esto podría explicar el interesante patrón del libro de Hechos. A medida que lees Hechos, notarás muy rápidamente que casi siempre, cuando el evangelio llega a una nueva región, viene acompañado por lo que Lucas llama «señales milagrosas». Estas señales ameritaban una explicación (cf. Hechos 2:12), y cuando la explicación llega, es el evangelio. Así, el libro comienza con la señal de lenguas en Pentecostés cuando el evangelio se predica por primera vez en Jerusalén. Luego cuando llega a Samaria, Lucas nos dice: «la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señalas que hacía» (8:6). El resto del libro sigue el mismo patrón: señales milagrosas a donde sea que el evangelio llega.

Pero cuando la narrativa vuelve a visitar estas ciudades, una vez que existe la iglesia local, deja de describir las señales milagrosas. Lucas se limita a escribir acerca de dos temas: el avance de la predicación del evangelio y el fortalecimiento de la iglesia.

¿Qué sucede? Aquí tienes una hipótesis: Cuando el evangelio entra por primera vez en una región, el Espíritu permite señales milagrosas. Una vez que el evangelio se establece, el Espíritu permite una comunidad milagrosa. Estas señales milagrosas eran un medio temporal para confirmar la verdad del evangelio. Temporal, hasta que el medio de confirmación permanente estuviese listo y en marcha: la comunidad milagrosa de la iglesia. E incluso en 1 Corintios 14, el único lugar donde vemos dones como el don de lengua en una iglesia establecida, Pablo deja en claro que la prioridad de los dones es edificar a la iglesia.

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos