Episodio 8 – El amor romántico es un regalo maravilloso – y un dios terrible

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El amor romántico es un regalo maravilloso – y un dios terrible

Episodio 8

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Episodio 7 -¿Mi pecado sexual me ha hecho no apto para ser salvo? 

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¿Mi pecado sexual me ha hecho no apto para ser salvo?

Episodio 7

 

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Errores del Evangelio de la Prosperidad

Soldados de Jesucristo

Errores del Evangelio de la Prosperidad

David W Jones

Hace más de un siglo Charles Spurgeon, hablándole a la más grande congregación de su tiempo, dijo:

«Creo que es anticristiano y profano para cualquier cristiano vivir con el objetivo de acumular riquezas. Dirás: “¿No debemos esforzarnos por conseguir todo el dinero que podamos?”. Podrías hacerlo. No me cabe duda que, al hacerlo, tú puedas servir la causa de Dios. Pero lo que dije fue que vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano».1

Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando a muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva».

No importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Escuche las palabras de Robert Tilton, uno de los portavoces más conocidos del evangelio de la prosperidad: «Creo que es la voluntad de Dios para todos prosperar porque lo veo en la Palabra, no porque haya funcionado poderosamente para otra persona. No pongo mis ojos en los hombres, sino en Dios que me da el poder para obtener riqueza».2

Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

Cinco errores teológicos del evangelio de la prosperidad
Russell Woodbridge y yo escribimos un libro titulado Health, Wealth, and Happiness[Salud, riqueza y felicidad]3 para examinar las afirmaciones de los defensores del evangelio de la prosperidad. Si bien nuestro libro es demasiado amplio para ser resumido aquí, en este artículo me gustaría revisar cinco doctrinas que cubrimos en nuestro libro; doctrinas sobre las cuales los defensores del evangelio de la prosperidad se equivocan. Al discernir estos errores con respecto a las doctrinas claves, espero que los lectores de este artículo vean claramente los peligros del evangelio de la prosperidad. Las doctrinas que cubriré son el pacto Abrahámico, la expiación, el dar, la fe y la oración.

El pacto Abrahámico es un medio para el derecho material.
El primer error que consideraremos es que el evangelio de la prosperidad ve el pacto Abrahámico como un medio para el derecho material.

El pacto Abrahámico (Gn. 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación del pacto.

Edward Pousson expresó mejor la visión de la prosperidad sobre la aplicación del pacto Abrahámico cuando escribió: «Los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe… Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales».4 En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras.

El maestro de la prosperidad, Kenneth Copeland, escribió: «Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, ¡tú tienes que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece!».5

Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: «las bendiciones de Abraham que vienen sobre los gentiles en Cristo Jesús». Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: «a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu».En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

La expiación de Jesús se extiende hasta el «pecado» de la pobreza material.
Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación.

El teólogo Ken Sarles escribe: «el evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación».6 Esto parece ser una observación precisa a la luz del siguiente comentario de Kenneth Copeland: «el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario».7 Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad.

En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, el maestro John Avanzini proclamó: «Jesús tenía una casa bonita, una casa grande»,8 «Jesús manejaba mucho dinero»9 e incluso «vestía ropas de diseñador».10 Es fácil ver cómo esa visión deformada de la vida de Cristo podría llevar a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo.

Un segundo error que conduce a una visión errónea de la expiación es una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo «para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos» (2 Co. 8:14).

Los cristianos dan para obtener compensación material de Dios.
Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente y se enfrentan a declaraciones tan piadosas como: «La verdadera prosperidad es la habilidad de usar el poder de Dios para satisfacer las necesidades de la humanidad en cualquier esfera de la vida»11 y «hemos sido llamados a financiar el avance del evangelio en el mundo».12

Si bien estas declaraciones parecen ser loables, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es a lo que el maestro de la prosperidad Robert Tilton se refirió como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30,13 los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor.

Como dijo Gloria Copeland: «Si das $10 recibirás $1,000, si das $1,000 recibirás $100,000… En resumen, Marcos 10:30 es un muy buen negocio».14 Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lc. 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

La fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad.
Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro TheLaws of Prosperity, Kenneth Copeland escribe: «La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen».15 Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

La oración es una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad.
Finalmente, el evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que «no tenéis lo que deseáis, porque no pedís» (Stg. 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. CrefloDollar escribe: «Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano».16

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos.

Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre—no Dios—se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Stg. 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre.

Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Fil. 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la fe de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran—una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

Un falso evangelio
A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Como James R. Goff señaló, Dios es «reducido a una especie de “botones cósmicos” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación».17 Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

Este artículo fue traducido por Raul Caban.

Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #5 | Volvamos al Evangelio | Puedes descargarla gratis aquí

http://www.sdejesucristo.org/errores-del-evangelio-de-la-prosperidad/

Episodio 6 – Estrategias intensas de lectura bíblica para los cansados y ocupados

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Estrategias intensas de lectura bíblica para los cansados y ocupados

Episodio 6

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Episodio 5 – La Biblia Y No Siento Nada, ¿Qué Debo Hacer?

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4 Razones por las que la iglesia no practica la disciplina eclesiástica 

Soldados de Jesucristo

4 Razones por las que la iglesia no practica la disciplina eclesiástica

Jeremy Kimble

Algunas iglesias no practican la disciplina porque desconocen el mandato bíblico o porque no saben cómo comenzar el proceso. Otras, sin embargo, tienen preocupaciones sobre las consecuencias potenciales de tal práctica. Estas iglesias saben lo que las Escrituras enseñan sobre el tema, pero no están convencidas de su legitimidad o viabilidad pragmática. 

Las iglesias rechazan la práctica de la disciplina eclesiástica por muchas razones. Algunas creen que la práctica no concuerda con el concepto bíblico de amor. Con relación a esta idea, algunos señalarán que ninguno de nosotros es perfecto, y por lo tanto no deberíamos centrarnos en deshacernos de las personas cuando pecan. Otras sostienen que la iglesia puede errar en su práctica de disciplina eclesiástica, ya que la iglesia está llena de seres humanos falibles y pecaminosos. Finalmente, algunas otras sostienen que tal práctica es demasiado invasiva con las vidas privadas. Estas objeciones serán consideradas y respondidas a continuación. 

Objeción #1: la disciplina no es amorosa 

Muchos ven cualquier forma de disciplina como arrogante, cruel y sin amor. El amor debe mirar más allá del pecado y dejar las cosas atrás; éste cubre multitud de pecados (1 Pe. 4:8). Sin embargo, sabiendo finalmente que el pecado lleva a la muerte (Ro. 6:23), la iglesia debe entender que la disciplina es de hecho un acto amoroso. Como señal declarativa del potencial juicio escatológico, la disciplina debe servir tanto como un llamado al arrepentimiento como un medio para perseverar en la fe [1]. Lo que puede parecer carente de amor, de hecho, está destinado a demostrar el más grande tipo de amor, dirigiendo a alguien a la vida eterna. 

Dios demuestra Su amor a través de actos disciplinarios (Heb. 12:3-11, cf. 1 Co. 11:17-32), mientras busca volver los corazones de su pueblo hacia la santidad. Él también ha delegado una versión de esta autoridad divina a la iglesia, así como el disciplinar con el mismo propósito (Mt. 16:16-1918:15-17). El objetivo de la disciplina en la iglesia es ver a los miembros de ésta persiguiendo la madurez en la piedad. Dios deja claro que Su pueblo estará marcado por la santidad (1 Pe. 1:15-16, cf. Heb. 12:14), y la disciplina es uno de los medios para perseguir la santidad. Por lo tanto, cuando se hace como Dios lo ordena, la disciplina es un acto amoroso. 

Objeción # 2: la iglesia está llena de pecadores 

Otros se oponen a la disciplina eclesiástica porque todos son culpables de pecado. El argumento aquí es que la disciplina es hipócrita ya que nadie es inocente; todos estamos manchados por el pecado. Si bien esto es cierto, no niega los textos obvios en las Escrituras que hacen un llamado a que se ejerza la disciplina en la iglesia. Lejos de negar la práctica de la disciplina eclesiástica, la presencia de nuestro propio pecado debe corregir nuestro enfoque y humillarnos. 

Considera por ejemplo Mateo 7:1, donde al lector se le dice: ” No juzguéis para que no seáis juzgados”. Curiosamente, en nuestra cultura actual, la idea de juzgar a otra persona es vista como arrogante y de mente cerrada, y este versículo a menudo se usa como munición contra un concepto como la disciplina de la iglesia. Esto, sin embargo, sería una lectura incorrecta del texto. De hecho, se nos dice específicamente que nos juzguemos unos a otros dentro de la iglesia (aunque no de la manera final en que Dios juzga); Las palabras de Jesús en Mateo 18 y las palabras de Pablo en 1 Corintios 5-6 claramente muestran que la iglesia debe ejercer juicio [2]. El juicio en el contexto de la iglesia local es necesario y apropiado, pero debe hacerse de cierta manera, de lo contrario es pecaminoso (cf. Mt. 7:2-5Gál. 6:1). 

La iglesia ciertamente no debe condenar a otros injustamente. La imagen en Mateo 7:1-5 (la paja y la viga en el ojo) sugieren que debemos ser autocríticos cuando se trata de nuestro propio pecado, pero esto no con el propósito de excluir por completo el juicio de los demás, sino como un requisito previo para juzgar [3]. Esto concuerda con Gálatas 6:1, que nos dice que nosotros que somos espirituales debemos tratar de restaurar a aquellos que han pecado con un espíritu de gentileza y un ojo puesto en nosotros mismos, no sea que nosotros también seamos tentados a pecar. Por lo tanto, Jesús y Pablo no han condenado el juzgar en absoluto, sino que más bien han llamado a la iglesia a ser irreprochable en su forma de hacerlo al examinar primero sus propios corazones. 

Objeción # 3: la iglesia puede estar equivocada 

Algunos cuestionarán la legitimidad de la autoridad de la iglesia al emitir una advertencia a los pecadores no arrepentidos [4]. Si la iglesia no es infalible, ¿será el juicio emitido contra un individuo pecador siempre correcto? Esta es una pregunta crucial a responder. 

Cuando se considera la legitimidad de tal pronunciamiento proveniente de la iglesia, uno debe tomar en consideración los pasajes clave de Mateo 16 y 18. Estos pasajes se refieren específicamente a la autoridad dada a la iglesia a través de las llaves del reino, así como el poder de atar y desatar (Mateo 16:1918:18). Jesús no le da carta blanca a la iglesia para hacer lo que le plazca y suponer su bendición en todas las acciones. De hecho, él ofrece una severa advertencia a las iglesias para que no abusen de este principio y práctica. Jesús está haciendo una promesa concerniente a una situación muy específica: el mantenimiento de la integridad del cuerpo de Cristo [5]. Como tal, si la iglesia debe poseer la autoridad como se establece en Mateo 16:19 y 18:18, la comunidad debe actuar de acuerdo con la verdad de las Escrituras y los detalles específicos de cada situación disciplinaria [6]. 

Entonces, cuando una iglesia —no importa cuán grande e influyente o pequeña y aparentemente insignificante— actúa de acuerdo con la Palabra de Dios, su autoridad es real, aunque mediada. La iglesia posee un tipo de poder tal que existe un reconocimiento celestial de las transacciones terrenales, pero sólo cuando se maneja según las instrucciones divinas [7]. Ejercer la disciplina en la iglesia, entonces, es un asunto muy delicado. Kevin Vanhoozer resume útilmente la interpretación correcta de estos pasajes, diciendo: “En última instancia, solo Dios puede juzgar el corazón humano. Al mismo tiempo, la iglesia ha recibido una comisión dominical y apostólica de preservar la verdad y buscar la santidad” [8]. Por lo tanto, la iglesia debe aplicar humildemente y con discernimiento la autoridad que Cristo le otorgó. 

La disciplina de la iglesia, por lo tanto, es una “advertencia”, no una “declaración” irrevocable. La iglesia reconoce a Dios como el máximo juez de todas las cosas. Entonces, aunque la disciplina connota un tono apropiado de amonestación seria, una advertencia de juicio “potencial”, no se convierte en infaliblemente certera porque la iglesia está llena de pecadores falibles. Sin embargo, debe tomarse con toda seriedad. 

Objeción #4: la disciplina es demasiado invasiva 

Una objeción final que puede plantearse es con respecto al asunto de la privacidad. La disciplina parece ir demasiado lejos porque “invade” la privacidad de las vidas de las personas y convierte el pecado, a menudo privado, en un espectáculo público. Disciplinar con precisión, algunos argumentarían, provocaría una humillación indebida sobre detalles que el público no debería conocer.

Esta objeción puede parecer correcta en una cultura que tan altamente valora la autonomía y la expresión individual, pero va en contra de la Biblia. La fe implica el final de la auto-entronización. En el corazón de la fe está la idea de someterse a la autoridad de otro. Específicamente, los creyentes están llamados a someterse a Dios y al gobierno de Su reino, la iglesia local y Su liderazgo [9]. La sumisión al reino de Cristo significa una sumisión al presente puesto de vanguardia terrenal de su reino, es decir, la iglesia. Al convertirnos en miembros de esta comunidad del reino del nuevo pacto, nos sometemos a la disciplina de la iglesia divinamente mediada. Como Mark Dever a menudo dice, si eres cristiano, tu vida espiritual es asunto de otras personas. 

En resumen, la disciplina de la iglesia no es un acto invasor y sin amor, perpetrado por personas malvadas. Como señala Dietrich Bonhoeffer: “Nada puede ser más cruel que la ternura que le confiere otro a su pecado. Nada puede ser más compasivo que la reprimenda severa que aleja a un hermano del camino del pecado” [10]. Como tal, la disciplina debe ser exigida en la iglesia y hecha con humildad, gentileza y cuidadosamente, siempre apuntando hacia el amor y siempre dirigiendo a alguien al arrepentimiento y a la vida en Cristo. 

 

Traducido por Samuel David Lasso Llanos 

Nota del editor: Este artículo es un extracto adaptado del nuevo libro de Jeremy Kimble, 40 Questions about Church Membership and Discipline (Traducción sugerida: 40 Preguntas sobre la Membresía y la disciplina de la Iglesia). 

 

[1] Esta tesis es defendida en el libro de Jeremy M. Kimble, That His Spirit May Be SavedChurch Discipline as a Means to Repentance and Perseverance (Traducción sugerida: Que Su Espíritu Sea Salvado: la Disciplina Eclesiástica Como Un Medio Para El Arrepentimiento y La Perseverancia) (Eugene: Wipf y Stock, 2013). 

[2] Mark E. Dever, Biblical Church Discipline (Traducción sugerida: Disciplina Bíblica Eclesiástica) SBJT 4, no. 4 (2000): 29.  

[3] Bruce Ware pone de manifiesto este punto y lo conecta con la disciplina de la iglesia: “Después de que Jesús dice lo que comúnmente se cita (‘no juzgues para que no seas juzgado’), él procede con instrucciones precisas sobre cómo hacer que un hermano descarriado rinda cuentas. Recuerde que él le advierte “saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano” (7:5). Lo que a menudo se pasa por alto en esto es que una vez que se elimina la viga, uno tiene la obligación de ayudar a eliminar la mota del ojo del hermano. En otras palabras, Jesús espera que seamos usados en la vida de otros para ayudarlos a avanzar en la santidad, así como también ellos pueden ser usados en nuestras vidas para ayudarnos a crecer. La disciplina de la iglesia es, esencialmente, la estructura formal que surge de una práctica saludable de responsabilidad corporativa.” (Bruce A. Ware, Perspectives on Church Discipline (Traducción sugerida: Perspectivas sobre la Disciplina de la Iglesia), SBJT 4, n.º 4 [2000]: 87). 

[4] Esta sección se deriva del libro de Jeremy Kimble That His Spirit May Be SavedChurch Discipline as a Means to Repentance and Perseverance (Traducción sugerida: Que Su Espíritu Sea Salvado: la Disciplina Eclesiástica Como Un Medio Para El Arrepentimiento y La Perseverancia) (Eugene: Wipf y Stock, 2013). 135–37. Utilizado con el permiso de Wipf and Stock Publishers (www.wipfandstock.com). 

[5] Lautherbach sostiene: “[Jesús] está construyendo su iglesia y se debe tener cuidado en ese proceso. Cuando la iglesia actúa de acuerdo con su voluntad, como se describe en su Palabra, entonces él está trabajando en sus acciones. Considérelo su mano trabajando a través del guante de la iglesia” (Mark Lauterbach, The Transforming CommunityThe Practise of the Gospel in Church Discipline (Traducción sugerida: La Comunidad Transformadora: La Práctica del Evangelio en la Disciplina Eclesiástica) [Ross-shire, Escocia: Christian Focus, 2003], 201). 

[6] Véase Wray, quien afirma: “La iglesia no es infalible por este texto, ni el santo Dios por ésto está comprometido a defender sus errores. Sin embargo, el único hecho que debe establecerse en este punto es simplemente que el Señor Jesucristo realmente tiene la intención de que su iglesia gobierne a sus miembros incluso hasta llegar a medidas disciplinarias cuando sea necesario “(Daniel E. Wray, Biblical Church Discipline (Traducción sugerida: Disciplina Bíblica Eclesiástica) [ Carlisle, PA: Banner of Truth, 1978], 3). 

[7] Véase Roy Knuteson, Calling the Church to Discipline: A Scriptural Guide for the Church that Dares to Discipline (Traducción sugerida: Llamando a la Iglesia a la Disciplina: Una Guía desde las Escrituras para la Iglesia que se Atreve a Disciplinar (Nashville: Thomas Nelson, 1977), 36–37. 

[8] Kevin J. Vanhoozer, The Drama of Doctrine: A Canonical-Linguistic Approach to Christian Doctrine (Traducción sugerida: El Drama de la Doctrina: Un Acercamiento Canónico-Lingüístico a la Doctrina Cristiana (Louisville: Westminster John Knox, 2005), 424. 

[9] Jonathan Leeman, Political ChurchThe Local Assembly as Embassy of Christ’s Rule, Studies in Christian Doctrine and Scripture (Traducción sugerida: Iglesia Política: La asamblea Local como Embajada de la Regla de Cristo, Estudios en Doctrina Cristiana y Escritura) (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2016), 326–27.Véase también Oliver O’Donovan, The Desire of the NationsRediscovering the Roots of Political Theology (Traducción sugerida: El Deseo de las Naciones: Redescubriendo las Raíces de la Teología Política) (Cambridge: Prensa Universitaria de Cambridge 1999), 117. 

[10] Dietrich Bonhoeffer, Life Together (Traducción sugerida: Vida Juntos), trad. John W. Doberstein (Nueva York: Harper & Row, 1954), 107. 

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Nuestra Historia

En sus inicios, este ministerio nació simplemente como fruto de una conversación de 5 amigos de distintos países que se conocían tan solo por Facebook. Colombia, República Dominicana, Venezuela y Argentina fueron los países representados en su fundación. Soldados de Jesucristo solo existía como una página en Facebook que compartía imágenes con frases de predicadores y versículos bíblicos. Con el tiempo fue creciendo más y más hasta poder tener un sitio web con artículos originales, entrevistas y miniconferencias en video con pastores de distintos países. Por la gracia de Dios, hoy tenemos más de un 1.7 millones de seguidores en Facebook, más miles en otras redes sociales y las más de 150 mil personas que visitan nuestro sitio web.

Atribuímos todo nuestro crecimiento a la voluntad de Dios que soberanamente así lo dispuso para su gloria. Los testimonios que hemos recibido a lo largo de los meses y años sobre cómo Dios estaba obrando en lugares remotos del mundo a través de Soldados de Jesucristo ha sido humillante y glorioso. Dios hace como Él quiere en su soberanía.

Hoy en día, Soldados de Jesucristo es un ministerio de las iglesias locales: Iglesia Bautista Central en Oklahoma City, Estados Unidos; y la Iglesia Bíblica de City Bell, en Argentina. Y contamos con un consejo de pastores de dichas iglesias que supervisan y velan por el ministerio. A su vez, gracias a Dios, contamos con un staff comprometido que ha dispuesto de su tiempo ad honorem para llevar adelante trabajos de diseño, edición, publicación, contenidos, etc. Agradecidos a Dios por tanta bondad.

Episodio 4 – Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

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¿Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

Episodio 4

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