Cristo como cabeza en la historia de la Iglesia

The Master’s Seminary

Cristo como cabeza en la historia de la Iglesia

Michael Mahoney

Cristo es la cabeza de la Iglesia. Este no es un asunto benigno que puede ignorarse. Es una doctrina que ha llegado a la Iglesia actual, habiendo navegando en un mar de sangre. Hay hombres que han defendido esta verdad con sus propias vidas. ¿Cómo es que hay páginas y memorias manchadas de sangre y aun así esta verdad se encuentra en el abandono en muchas vidas, púlpitos e iglesias?

En una época cuando los papas y sacerdotes usurpaban el puesto de Cristo como cabeza de la Iglesia, hombres como Juan Huss murieron en la hoguera por defender esta verdad. Huss en su obra monumental titulada «La Iglesia», escribió:

Cristo es la cabeza eternal de cada iglesia particular y de la Iglesia universal por virtud de su divinidad, y es la cabeza interna de la Iglesia universal en virtud de su humanidad; y estas dos naturalezas, divina y humana, son un solo Cristo, quién es la cabeza de su esposa, la Iglesia universal, y esto es la totalidad de los predestinados.[1]

Huss recalcó la verdad que la Iglesia siempre ha tenido y ahora tiene a Cristo como su cabeza, de quién no puede desprenderse, ya que es la esposa tejida a Él, su cabeza, por un amor que nunca termina»[2]. Huss tuvo la audacia de desafiar al Papa. De hecho, afirmó lo siguiente: «La cabeza de la Iglesia no es un papa quién está corrompido través de la ignorancia y el amor al dinero»[3].  Negó que hombre alguno fuese la cabeza de la Iglesia. Ellos pidieron su vida por dicha postura. ¡No se debe perder el significado del sacrificio que Cristo ha hecho por los suyos como cabeza de su iglesia!

Huss no fue el único mártir. Ha habido muchos a través de los siglos. Martín Lutero encontró los sermones de Huss y fue tan conmovido por ellos que se involucró en la misma lucha. Uniéndose a las filas de Huss y Lutero, se encuentran también Calvino, Knox y Wesley. Los que defendieron y escribieron de esta verdad con convicción y entendimiento fueron gigantes de la fe a quiénes deberíamos emular. Todos los grandes reformadores y predicadores a través de los siglos entendieron cuán preciosa es esta gran verdad. Todo creyente debe tener un celo incesante por restaurar la verdad de que Cristo es la cabeza de la Iglesia. El llamado es a una defensa apasionada, vigorizante e incansable de esta verdad eterna, tal como lo hizo Lutero: «Nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar, el cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el Reino eterno»[4]. El creyente debe unirse a la declaración de Spurgeon:

No seamos lentos en declarar con valor inquebrantable, una vez más, que los reyes y príncipes y parlamentos no tienen jurisdicción legal sobre la Iglesia de Jesucristo, ¡y que el mejor de los monarcas no tiene derecho a reclamar esos derechos reales que Dios ha dado a su Hijo unigénito! ¡Sólo Jesús es la cabeza de su reino espiritual, la Iglesia! Y todos los que vengan a ella a ejercer poder son usurpadores y anticristos —¡y no deben ser respetados en su autoridad por la Iglesia verdadera del Dios viviente![5]—.

El creyente debe unirse a las filas de aquellos que han dado tanto sacrificialmente. La historia brinda un testimonio de peso de la importancia vital que esta verdad debe tener en la vida del creyente y en la Iglesia.

Hay una plétora de ejemplos en la historia de cómo la defensa enérgica de esta verdad produjo un fundamento teológico sólido para la vida de la Iglesia. Por ejemplo, la batalla por esta verdad alcanzó un nivel febril en Escocia bajo la influencia de hombres como Juan Knox. Knox predicaba fervientemente que Cristo era la Cabeza de la iglesia. Esa predicación lo puso en conflicto con el gobierno de turno. Hubo hombres que dieron sus vidas por afirmar que no se someterían a la corona o al Papa. Desde 1625 y hasta 1675, el pueblo escocés fue masacrado por afirmar esto. Se reunían para protestar que Cristo había sido reemplazado por el hombre. Por eso fueron llamados «los pactantes». Los hombres se reunieron para redactar un pacto nacional que el pueblo escocés ratificaría, declarando que Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, no el Papa, ni el rey o la reina. Blaikie escribe de este momento en la historia:

El intento por el partido de gobierno [la corona inglesa] de forzar una nueva liturgia en la Iglesia, cuyo uso sería vinculante bajo las penas más altas, mostraron una determinación por dejar de lado la autoridad de Cristo, y tiranizar a su herencia incluso en la región más sagrada de la adoración.[6]

La batalla se desató, pero la gente no dejaría que nadie fuse la cabeza de la Iglesia sino Cristo. Blaikie escribió lo siguiente: «Por la fuerza de la reacción, la Iglesia fue lanzada a la aseveración más completa de las afirmaciones de Cristo como cabeza de la iglesia, y el glorioso privilegio que es que la iglesia siga a su cabeza divina. Entre más se pensaba esta verdad, más gloriosa parecía»[7].  Entre más se defendía esta verdad, más magnífica venía a ser a la Iglesia. ¿Cómo es posible que la Iglesia haya perdido su pasión por esta verdad tan gloriosa? ¿Cómo puede ser que la Iglesia misma haya quitado a Cristo de su lugar de preeminencia después que se ha hecho tanto sacrificio? ¿Cómo puede la Iglesia silenciar la voz de Cristo removiendo su palabra de su lugar exaltado? Esta verdad debe ser defendida, guardada y protegida. Ora que la Iglesia vuelva a recuperar sus amarres en el mar de una cultura rebelde y obstinada que mira la verdad de Cristo como cabeza de forma negativa y que rehusa someterse a cualquier autoridad.

 

[1] John Huss, «De Ecclesia» (New York, NY: Charles Scribner’s Sons: 1915), 28.

            [2] Ibíd., 29.

            [3] Mark Galli y Ted Olsen, «131 Christians Everyone Should Know» (Nashville, TN: 2000), 371.

            [4] Del himno «Castillo fuerte», escrito por Martín Lutero en 1529.

            [5] Sermón no. 839 («La cabeza de la iglesia») predicado el 1 de noviembre de 1868, por C. H. Spurgeon, en el Metropolitan Tabernacle, Newington.

            [6] William G. Blaikie, «The Preachers of Scottland» (Edinburgh, UK: T. & T. Clark, 1888), 97.

            [7] Ibíd.

 

Michael Mahoney se unió al personal de Grace Community Church en 2004 como pastor asociado de Ministerios Españoles. Actualmente se desempeña como pastor de administración en Grace Church (Sun Valley, Los Ángeles, California, Estados Unidos). Michael Mahoney tiene antecedentes misioneros en América Latina y también ha servido como pastor principal de una iglesia durante ocho años en Oxnard, California. Michael recibió su M.Div. de The Master’s Seminary.

Mahoney también ha servido como intérprete de himnos cristianos junto al Grupo Musical de Gracechurch. Él y su esposa, Madeline, tienen dos hijas y un hijo.

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Discipulando durante la cuarentena

The Master’s Seminary

Discipulando durante la cuarentena

Joseph Grewe

Durante esta crisis global, muchas actividades de la sociedad se han detenido. Sin embargo, la Gran Comisión de Jesucristo a su Iglesia de «[hacer] discípulos de todas las naciones», sigue vigente «hasta el fin del mundo» (Mt. 28:18–20). Cristo dejó instrucciones claras y precisas. La misión de la Iglesia no se detiene ni se detendrá a pesar de alguna catástrofe o virus global.

La capacitación de la Iglesia

Efesios 4:11–12 afirma que Cristo dio hombres calificados a la Iglesia para ser apóstoles, profetas, evangelistas y, en nuestros tiempos, pastores y maestros, «a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio». Gracias a Dios, aún en medio de la crisis, los pastores y maestros siguen predicando la palabra de Dios con relativa facilidad. Por medio de sermones en Facebook o estudios bíblicos en Zoom, los pastores y maestros siguen cumpliendo con la responsabilidad de capacitar a los santos. Sin embargo, eso no es todo lo que debe hacerse para capacitar a los santos.

La edificación de la Iglesia

En el plan que Cristo dejó, los miembros del cuerpo son capacitados «para la obra del ministerio», es decir, para «la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef. 4:12). Pablo subraya la maravillosa realidad que el crecimiento espiritual, marcado por la conformidad de cada miembro de la Iglesia a la imagen de Cristo (4:13), no depende solo de la actividad de los pastores y maestros, sino también de la participación de cada miembro del cuerpo. Van de la mano. La edificación de la Iglesia ocurre también cuando cada miembro «[habla] la verdad en amor» y sirve «conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro» (4:15–16). ¡La edificación de la Iglesia no es la obra de un puñado de hombres, sino de todos funcionando según los dones que el Señor otorga! La implicación es evidente: El trabajo de discipular a hombres y mujeres a la madurez en Cristo (4:13–14) requiere la ardua labor (Col. 1:29) de toda la iglesia aun durante la cuarentena.

La advertencia

Sin embargo, hay un peligro para el creyente: La tentación de acomodarse. El peligro presentado por la crisis es la tentación de dejar que los pastores y maestros hagan todo. Es natural pensar así y acomodarse, particularmente durante una crisis. Temporalmente, la Iglesia no tiene los medios normales de discipulado y ministerio interpersonal que naturalmente se dan al estar juntos. No se puede animar al hermano decaído después del servicio dominical, tampoco se puede aconsejar a la nueva pareja mientras cenan juntos en casa, ni mucho menos tomar un café con el hermano que está luchando con un pecado personal. Sin estas oportunidades habituales, el creyente puede acomodarse por pereza o por una simple falta de costumbre o adaptación, dejando a los pastores y maestros con toda la responsabilidad. Esta manera de pensar y actuar —o de no actuar— debe ser rechazada. El mandato de Cristo es claro, y todo creyente tiene la responsabilidad de edificar a sus hermanos.

El plan de acción

Es necesario y vital que el creyente sea proactivo, sabiendo cuál es su responsabilidad como miembro del cuerpo de Cristo. Ante la imposibilidad de reunirse con otros, el creyente debe recurrir a medios no tradicionales, pero igualmente útiles, para ministrarse mutuamente. No importa cómo. El punto es hacerlo. Presentar a todo hombre completo en Cristo es una tarea ardua (Col. 1:29), y mucho más en las circunstancias actuales. El creyente debe ser intencional en su labor y hacer de sus conversaciones algo más que simplemente hablar de noticias, enfermos, o el virus. Pablo brinda un patrón ejemplar, ya que tiene la misma meta: La edificación del cuerpo «a fin de presentar a todo hombre completo en Cristo» (Col. 1:28). Los principios esbozados por Pablo en Colosenses 1:28 sirven de guía práctica para el creyente en estos momentos.

Proclama a Cristo

En primer lugar, Pablo proclamaba a Cristo para presentar a todo hombre perfecto en Cristo (1:28). El crecimiento del creyente en semejanza a Cristo ocurre al mirar a Cristo y contemplarlo, mientras el Espíritu lo transforma (2 Co. 3:18). Por eso el apóstol hablaba de la supremacía de Cristo (Col. 1:15–19), la obra de Cristo (1:20–22), las riquezas sobreabundantes de Cristo (2:1–3), la suficiencia de Cristo (2:10), y la centralidad de nuestra unión con Cristo en la santificación (2:23–3:10). Si vas a ministrar y edificar a tu hermano en estos días difíciles, comienza con proclamarle a Cristo.

Amonesta

Segundo, Pablo amonestaba a todo hombre (1:28). Esto tiene que ver con aconsejar, advertir e instruir. Tu corazón (Jer. 17:9), el diablo (Jn. 8:44; Ap. 12:9) y el pecado (He. 3:13) son engañosos, y por eso deben «[exhortarse] los unos a los otros cada día […] no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado» (3:13). Busca amonestar —aconsejar, advertir e instruir— y ser amonestado de maneras prácticas haciendo preguntas como la siguiente: «¿Con qué pecados estás luchando esta semana?». Tienes que estar listo para abrirte también (Prov. 28:13). Además, sé humilde y amoroso al exhortar a tu hermano.

Enseña con sabiduría

Tercero, Pablo enseñaba con sabiduría (Col. 1:28). Durante esta crisis abundan los recursos en redes sociales; sin embargo, no todo es bueno. Hay mucha falsa enseñanza también. La falsa enseñanza inhibe el crecimiento y madurez (Ef. 4:14). Por eso, en amor y con toda sabiduría, debes corregir a tu hermano cuando caiga en la trampa de falsas enseñanzas y enseñarle la sana doctrina «que de una vez para siempre fue entregada a los santos que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud. 3).

La responsabilidad

La responsabilidad es de todos. No te acomodes. Usa tu tiempo diligentemente. No descuides el plan de Cristo para el cuidado y crecimiento de su esposa, la Iglesia. El plan de Cristo involucra a cada creyente ministrando para la edificación del cuerpo; es decir, para «poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo» (Col. 1:28).

Estos son tiempos diferentes, muy particulares y difíciles, pero con una gran oportunidad. Busca comunicarte con tu hermano por teléfono o por medios electrónicos, aún y cuando no sea lo más cómodo o placentero para ti. Cristo te llama a negar tus deseos egoístas o tu comodidad y a sacrificarte para servir a su Iglesia. Obedece gozosamente a tu Señor y busca edificar activamente a tus hermanos. Proclama a Cristo y, en amor, humildad y con toda sabiduría, exhorta y enseña. Al hacer esto, Cristo será glorificado (Jn. 15:8) y su iglesia edificada (Ef. 4:11–16).

Joseph Grewe

Joseph Grewe

Joseph Grewe es oriundo de Spokane, WA. (M.Div. Candidate) y sirve en el ministerio

hispano de Grace Community Church en Los Angeles, CA. Actualmente está terminando

suentrenamiento en The Master´s Seminary para servir como misionero de Grace

Community Church en León, España. Joe, como cariñosamente se le conoce, está

Casado con Hannah desde el 2017, y juntos tienen una hija, Pearl Mae.

Tomado de: The Master’s Seminary Blog

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MALAS NOTICIAS DESDE EL VATICANO

The Master’s Seminary

MALAS NOTICIAS DESDE EL VATICANO

Santiago Armel

En momentos de dificultad, angustia o sufrimiento, qué gratificante es escuchar noticias esperanzadoras. Las buenas noticias traen alegría y esperanza. En medio de esta pandemia, todos esperamos escuchar buenas noticias. La Biblia usa el término «evangelio» para referirse a las mejores noticias que alguien puede recibir.

¡Cuidado con falsas «buenas noticias»!

Ante la crisis actual, las personas están más vulnerables y angustiadas que nunca. La cercanía con la muerte hace que muchos piensen acerca de su alma. Lamentablemente, así como hay noticias falsas de todo tipo, también hay noticias falsas acerca del evangelio. Pablo advirtió esta realidad más de 2000 años atrás (Gal 1:8–9). Dar noticias falsas o distorsionadas acerca del evangelio es algo muy serio para Dios, ya que la vida eterna de muchos está en juego. Debemos estar alerta. Muchos aprovechan esta pandemia para dar noticias falsas contrarias al evangelio verdadero. A continuación, presentaré tres ejemplos recientes y nos enfocaremos en el último para proveer una respuesta bíblica.

Predicadores de la prosperidad

Muchos predicadores de la prosperidad expresan sus «decretos» afirmando que detendrán el avance del virus. Algunos declaran que el virus no tocará a ningún cristiano. Otros aprovechan la ignorancia de las personas y piden dinero a cambio de objetos supuestamente bendecidos o que brindarán bendiciones especiales durante este tiempo. Como nunca antes, el coronavirus ha desenmascarado la ineficacia y embuste de estos hombres que pretendían traer buenas noticias.

Teólogos del teísmo abierto

Los teólogos del teísmo abierto proponen que Dios no es realmente soberano en medio de situaciones tan críticas como las que vivimos. En pocas palabras, a Dios se le ha salido de control este planeta y nosotros debemos buscar cómo ayudarle para resolver este desastre. ¡Qué noticia tan desesperanzadora es pensar en un Dios tan débil, que ni siquiera sabe lo que va a suceder en el futuro ni está en control!

Católicos

El Vaticano no ha sido la excepción en la propagación de «fake news» espirituales. El 27 de marzo se anunció una bendición especial para toda la humanidad: Una indulgencia plenaria. En un comunicado oficial[1], el Vaticano comunicó los términos de esta indulgencia, como sigue:

Todos los que sufren a causa de COVID-19… la indulgencia plenaria se otorga a los fieles afectados por el coronavirus, sometidos a cuarentena por orden de la autoridad de salud en hospitales o en sus propios hogares si, con un alma separada de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación para la celebración de la Santa Misa o la Divina Liturgia, en la recitación del Santo Rosario, en la práctica piadosa del Vía Crucis o del Oficio de la Paràklisisa u otras oraciones de las respectivas tradiciones orientales, a otras formas de devoción, o si al menos recitarán el Credo, el Padre Nuestro y una invocación piadosa a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba en un espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), tan pronto como sea posible para ellos…

Trabajadores de la salud, miembros de la familia y aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, ayudan a los pacientes con coronavirus de acuerdo con las palabras del divino Redentor… obtendrán el mismo don de la indulgencia plenaria en las mismas condiciones…

La Iglesia reza por aquellos a quienes les resulta imposible recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, confiando a todos y cada uno a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles Indulgencia plenaria en el punto de la muerte, siempre que estar debidamente dispuesto y recitar habitualmente algunas oraciones durante la vida (en este caso, la Iglesia compensa las tres condiciones habituales requeridas). Para alcanzar esta indulgencia, se recomienda el uso del crucifijo o la cruz…

La Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los enfermos y ayuda de los cristianos, nuestra abogada, quisiera ayudar a la humanidad sufriente, rechazando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo lo necesario para nuestra salvación y santificación.

Este decreto es válido a pesar de cualquier disposición contraria.

Esta indulgencia plenaria ofrece perdón de pecados a todos aquellos afectados por el virus incluyendo a las personas que sirven en el área médica atendiendo la pandemia.

¿Por qué las noticias del Vaticano son malas noticias?

Todos nos alegraríamos si se anunciara una cura definitiva para el COVID-19. Sin embargo, nos decepcionaríamos si escucháramos que la supuesta cura es espuria, falsa e ineficaz. Este es el caso con la indulgencia plenaria otorgada desde el Vaticano.[2] Por lo menos tres razones hacen que este anuncio sea uno que porta malas noticias.

Solo Dios puede otorgar el perdón de pecados

Solo Jesucristo puede ofrecer perdón absoluto de pecados (Lc 5:20–24; Jn 14:6). Los hombres son simples emisarios que deben proclamar el evangelio. Ningún hombre en esta tierra tiene una autoridad superior para distribuir la gracia de Dios a la humanidad. Este no es un error reciente para los católicos. La figura del papa se ha presentado como un administrador de la gracia y los méritos de Cristo, repartiendo y algunas veces hasta vendiendo el perdón de pecados (por ejemplo, la venta de indulgencias previo al comienzo de la reforma protestante).

Las obras y fetiches no son medios para obtener salvación

Hacer rosarios, recitar credos, usar crucifijos o conectarse a una misa virtual, son todas expresiones que carecen de sustento bíblico para presentarse como medios eficaces de salvación. Por el contrario, estos requisitos parecen obras externas como requisito para la salvación, lo cual se opone radicalmente a Efesios 2:8–9: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

Solo Jesús puede mediar entre Dios Padre y los hombres

El papa no es el mediador entre Dios y los hombres de acuerdo a las Escrituras. La Biblia no otorga a ningún hombre el supuesto papel de vicario de Cristo en la tierra. Por otra parte, la virgen María también es presentada como una mediadora eficaz entre Dios y los hombres. Ella no puede mediar ni abogar por los seres humanos. En contraste, la Biblia habla de que solo Jesucristo es el mediador entre el Padre y los hombres: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Tim 2:5).

Las buenas noticias del evangelio

Las buenas noticias son que puedes ser reconciliado con Dios por medio de Jesucristo. No necesitas obras que añadir a tu cuenta. No necesitas recitar y repetir oraciones. No necesitas dar una ofrenda especial y, definitivamente, no necesitas usar objetos «bendecidos». Lo único que requiere Dios es una fe genuina en Jesucristo. Hay por lo menos tres verdades que todo ser humano debe comprender, afirmar y creer.

Todo ser humano está infectado con el pecado

Todos hemos pecado (Ro 3:10–18). Independientemente de la dimensión y forma de tu pecado, todos hemos fallado delante de un Dios santo y somos culpables. En momentos como este donde la muerte se vuelve una realidad para todos, ¿has reconocido que has pecado en contra de Dios?

El pecado del hombre merece un juicio

Dios es un Dios santo y justo (Hab 1:13). No puede pasar por alto nuestras ofensas y hacer caso omiso. Sería detestable que un juez decidiera dejar libre a un homicida para mostrar su bondad. De la misma manera, Dios no puede dejar libre al pecador (Ro 6:23). Muchos en estos días temen a un virus microscópico que solo puede destruir sus cuerpos, pero la Biblia nos manda a temer a aquel que puede destruir nuestra alma en el infierno (Mt 10:28).

Jesucristo es Señor y Salvador

El evangelio de Jesucristo son las mejores noticias que alguien puede recibir. Es seguro y eterno. Creer las buenas nuevas de Jesucristo no solo trae esperanza y gozo al que no lo tiene, sino que trae salvación y perdón al que está condenado. Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre y habitó entre nosotros (Mt 1:23; Flp 2:7). Vivió de manera perfecta sin pecar (Heb 4:15), y murió en la cruz para pagar el precio de nuestros pecados (Jn 19:30). Además, este glorioso Salvador se levantó de entre los muertos, certificando que la deuda había sido cancelada (1 Cor 15:4). Hay un intercambio perfecto para aquellos que creen estas buenas noticias por medio de la fe: Todo aquel que se arrepienta de sus pecados y comience una vida de obediencia a la Palabra de Dios, obtiene perdón completo de sus pecados (Jn 14:15).

No hay mejores noticias. Independientemente de lo que pase, si estás en Cristo, tu alma está segura. Vive seguro y confiado en Él, pues Él Señor está en control. Sin embargo, todo aquel que no reciba estas buenas noticias, tendrá un destino eterno de tormento, angustia y desesperanza (Mar 9:44–49). No esperes más. Durante esta pandemia Dios te llama a arrepentirte de tus pecados (Hch 17:30–31). Ven hoy a Cristo y Él estará dispuesto para perdonarte y salvarte. ¡Estas si son buenas noticias!

[1] Véase: http://press.vatican.va/content/salastampa/en/bollettino/pubblico/2020/03/20/200320c.html

[2]Véase la entrevista con un emisario oficial del Vaticano para explicar los detalles de la indulgencia plenaria que se otorgó: https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2020-03/cardenal-piacenza-indulgencia-manto-de-misericordia-coronavirus.html

Santiago Armel

Santiago Armel

Santiago Armel, originario de Colombia, trabaja como organizador de la Conferencia Expositores en Grace Community Church, donde también sirve como maestro en estudios bíblicos. Es graduado de M.Div. en The Master’s Seminary y cursa en la actualidad una Maestría en Teología (Th.M.) en la misma institución. Él y su esposa Juliana vive en Los Ángeles, California con su hijo Santiago. Puedes seguirlo en su canal de Youtube.

El don de sanidad: ¿Existe? 

The Master’s Seminary

El don de sanidad: ¿Existe?

Richard Mayhue

Larry y Alice Parker oraban que Dios bendijera a su familia de seis personas. Sin embargo, su hijo mayor sufría de diabetes y regularmente tenía que recibir inyecciones de insulina. Durante uno de los «servicios especiales» de sanidad de Daniel Badilla en su iglesia en Barstow, California, Wesley, su hijo de 11 años, pasó al frente de la congregación buscando sinceramente un milagro. Después de que el predicador hubiese pronunciado a Wesley sano, Larry escribió lo siguiente en el calendario del registro de insulina de Wesley: «¡Gloria a Dios nuestro hijo ha sido sanado!» Pero una prueba de la insulina de Wesley decía lo contrario. En fe, los Parker declararon que la sanción sí había sucedido y que el resultados inesperado de insulina era obra de Satanás.

Lo que sana a un hijo del Rey para la gloria del Señor es la respuesta de Dios a las oraciones fervientes de un creyente

Poco tiempo después, Wesley comenzó a sufrir náuseas y calambres estomacales severos que previsiblemente indicaban baja insulina. Larry y Alice pospusieron el tratamiento médico y buscaron que Dios le sanase mediante la oración. A pesar de su fe sincera, Wesley entró en coma y murió tres días después.

Un abogado en Indiana compartió una carta conmigo que recibió departe de Larry Parker (con el permiso de Larry). Habían pasado ya años desde la muerte de Wesley. Durante ese tiempo, Larry luchó para encontrar la verdad, la cual encontró sólo cuando buscó el consejo completo de la Biblia:

Le escribo esta carta con la esperanza y la oración que de alguna manera pueda compartir con ustedes una lección que he aprendido a un gran costo. Es sólo por la gracia de Dios y el amor de Jesucristo nuestro Señor el cual nunca falla y todo lo cubre, que mi esposa y yo hemos sido capaces de pasar a través de esta aflicción. . . . Queríamos ver a nuestro hijo sanó, pero tratamos de hacerlo por el camino equivocado. Durante nuestro juicio por homicidio involuntario y por maltrato infantil, mi esposa me dijo lo que el Señor le había mostrado, que fue nuestra falta de amor lo que falló a Wesley, pues la palabra de Dios dice: «El amor nunca deja de ser» (1 Corintios 13:8).

Entonces supe que habíamos permitido que lo que pensábamos que era fe nos permitiera olvidarnos del amor. Cuando orábamos por Wesley y lo veíamos en dolor obvio, nuestro amor por él quería darle la insulina que sabíamos detendría su sufrimiento. Sin embargo, nos pareció que sería una falta de fe, y le costaría su sanidad. Fue hasta después que nos enteramos de que nuestras acciones fueron contrarias a lo que la Escritura dice. La Palabra de Dios dice que el amor es mayor que la fe (1 Corintios 13: 8).

El problema reside en el hecho de que confundimos el tener fe y el creer. Pensábamos que si creyésemos lo suficiente, la sanidad se llevaría a cabo; atamos la sanidad de nuestro hijo a nuestra habilidad de creer lo suficiente, es decir, tener suficiente fe. El hecho de haber retenido la medicina, especialmente aquella medicina que le hubiese salvado la vida, fue un acto sumamente presuntuoso de nuestra parte que termina obstaculizando la labor del Espíritu de Dios. Mi oración es que considere estos pensamientos con seriedad, ya que han sido pagados a un precio incomprensible que nadie pagaría voluntariamente (cp. Larry and Alice Parker, We Let Our Son Die [Irvine, CA: Harvest House Publishers, 1980]).

Estoy profundamente conmovido por la honestidad de Larry, sin mencionar el terrible dolor que sufrió (la cuestión es aun más dolorosa cuando la vida de un ser querido está en juego). Dios puede, ha y continua sanando, pero siempre los hace para sus propios propósitos, a su propia manera y en el tiempo señalado. No podemos obligar a Dios a que sane, ni podemos humanamente fabricar una experiencia de sanación genuina.

Trágicamente, nuestro mundo ofrece falsificaciones muy convincentes. Aún más triste es que en nuestro afán de ver la obra de Dios, a veces nosotros como cristianos corremos detrás de cualquiera que diga poder hacer milagros de sanidad. Al hacerlo, trivializamos la sanidad genuina y divina y aceptamos ilusiones engañosas del hombre en el lugar de la intervención divina de Dios.

Un examen honesto y completo de la Escritura (Isaías 53:4-12; 1 Corintios 12:9, 28, 30; Santiago 5:13-20; 1 Pedro 2:24-25) demuestra que no hay ninguna base bíblica para creer que exista un ministerio de sanidad milagrosa que se pueda llevar acabo por medio de un curandero humano hoy en día. Tal ministerio terminó al final de la época apostólica. Presuntos ministerios de sanidad contemporáneos ni siquiera semejan el patrón bíblico y vergonzosamente no logran replicar el propósito, los tiempo, el alcance y la intensidad de las sanidades que vemos en la Biblia.

Sí, Dios a veces puede actuar de tal manera que la única explicación para dicha sanidad física es su intervención directa. Pero aun así, la sanidad que viene por la intervención directa de Dios no es instantánea y no siempre es completa. El toque inconfundible de nuestro Señor no puede ser reproducido por alguna demanda, truco, método o súplica de un curandero con buenas intenciones. Lo que sana a un hijo del Rey para la gloria del Señor es la respuesta de Dios a las oraciones fervientes de un creyente.

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Richard Mayhue es profesor de investigación teológica en The Master’s Seminary. Formó parte del profesorado en 1989 y fue nombrado decano del seminario en 1990. En su trayectoria como pastor, profesor y teólogo ha escrito y contribuido a más de treinta libros. Hoy en día vive en Los Ángeles, CA al lado de su esposa.

Publicado originalmente en inglés aquí.

Richard MayhueRichard Mayhue

Richard Mayhue served as dean of The Master’s Seminary from 1990-2015. He has also authored, contributed to, and/or edited over thirty books.

Tomado de: The Master’s Seminary Blog

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