Viviendo santamente como hijo

The Master’s Seminary

Viviendo santamente como hijo

Rodrigo Ávila

Hoy en día existe una tendencia mundial en favor de los derechos de los niños. Este es un esfuerzo admirable. Cada sociedad debe procurar que, en lo posible, se garantice la protección y el bienestar de los niños en cada área de sus vidas. Lamentablemente, algunas de las medidas que buscan un avance en estos derechos han llegado a extremos perjudiciales. Un ejemplo de estas medidas es aquella que permite a menores de edad «cambiarse de sexo» sin la aprobación de sus padres.

Afortunadamente, Dios provee en su Palabra un método inmensamente superior al que la sociedad ofrece. La sociedad solo puede ofrecer seguridad y bienestar pasajeros. Y muchas veces lo que logra es lo opuesto: vulnerabilidad y malestar duraderos. Dios, por otro lado, promete una bendición integral, tanto en esta vida como en la venidera, a todos aquellos niños, y no tan niños, que obedecen y honran a sus padres. Como se examinará a continuación, esta promesa se extiende también a aquellos que ya no viven bajo el mismo techo de sus padres.

En Efesios 6, el apóstol Pablo continúa su enseñanza sobre los diversos roles y responsabilidades de los respectivos miembros de una familia. En el contexto previo del capítulo 5, Pablo habló sobre los roles de las esposas y los esposos. Ahora es el turno del papel de los hijos con respecto a sus padres.

Los hijos deben obedecer a sus padres 

Efesios 6:1 habla claramente acerca del rol de los hijos: «Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor». El verbo obedecer tiene que ver con hacer lo que es indicado o con cumplir las órdenes de alguien. El presente imperativo de este verbo señala que la obediencia de los hijos es una acción continua. Todo cristiano sabe que obedecer cualquier mandamiento divino requiere de mucho esfuerzo y dedicación. No sucede espontáneamente, sino que demanda un trabajo arduo en dependencia de Dios. De hecho, obedecer sin la ayuda y el poder del Espíritu de Dios es simplemente imposible. En esta misma línea de pensamiento, el Dr. Andreas Köstenberger comenta acertadamente lo siguiente:

En el pasaje más extenso de Efesios, Pablo indica que la sumisión de los hijos a sus padres es el resultado de la llenura del Espíritu (Efesios 6:1; cf. Efesios 5:18: «sed llenos del Espíritu»), lo que sugiere que solo los hijos que han sido regenerados pueden vivir consistentemente este patrón de relación en el poder del Espíritu Santo[1].

Es debido a la asistencia y a la llenura del Espíritu que los hijos creyentes son capaces de obedecer y honrar a sus padres de una manera que agrada a Dios.

Debe notarse también que esta obediencia se debe hacer «en el Señor» (Ef. 6:1a). Esta expresión indica que últimamente la obediencia de los hijos es a Cristo. En Colosenses 3:20, el pasaje paralelo de Efesios 6:1–3, se le ordena a los hijos a obedecer a sus padres en todo «porque esto es agradable al Señor». Además, Pablo continúa esta sección diciendo que se debe obedecer a los padres «porque esto es justo» (Ef. 6:1b). En otras palabras, «esta es la motivación para que los hijos obedezcan a sus padres»[2]. Eso no puede hacerse de otra manera que no sea dependiendo de Él.

Los hijos deben honrar a sus padres

En el versículo 2, Pablo exhorta a los hijos a honrar a ambos padres. ¿Qué implica poner en práctica este mandamiento? En palabras de Calvino: «el precepto, honra a tu padre y a tu madre, comprende todos los deberes mediante los cuales se puede expresar el afecto sincero y el respeto de los hijos hacia sus padres»[3].

Pablo continua diciendo que este «es el primer mandamiento con promesa» (Ef. 6:2b). Este mandato y las promesas adjuntas en el verso 3 hacen referencia al quinto de los Diez Mandamientos (Éx. 20:12). El aparente problema es que el segundo mandamiento del Decálogo incluye promesas, es decir, castigo para los que odian a Dios, pero misericordia o amor inquebrantable para los que aman a Dios (Éx. 20:4-6). ¿Cómo, entonces, puede ser el quinto mandamiento el primero con promesa? La solución consiste en notar que el quinto mandamiento es el primer mandamiento con una promesa específica, mientras que las promesas del segundo mandamiento son generales y, por lo tanto, deben aplicarse a todos los mandamientos.

El versículo 3, entonces, provee dos motivaciones extra, expresadas en dos promesas, para obedecer a los padres: «para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra». Köstenberger, una vez más, ofrece una excelente observación sobre este texto: 

La promesa de que le iría bien a los hijos que honran a sus padres se refería en el contexto original a una larga vida en la tierra (prometida) de Israel (Éxodo 20:12: «para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da»). Pablo universaliza la promesa y así indica su continua relevancia y aplicabilidad. La promesa ya no está limitada geográficamente; a los hijos obedientes se les promete una larga vida en la tierra dondequiera que vivan[4].

Esto no significa que no haya excepciones a esta regla general. La Escritura habla de impíos que prosperan (Job 21:7; Sal. 10:5; 73:3–9, 12; Jer. 12:1–3). El punto es, como dice Calvino, que «la promesa es una larga vida; de la cual somos guiados a comprender que la vida presente no debe pasarse por alto entre los dones de Dios»[5].

¿Qué hay de los hijos que ya no están en casa? 

Una importante pregunta que surje en este punto es: ¿están los hijos que ya no viven bajo el mismo techo de sus padres exentos de obedecerles y honrarles? Sobre esto, Hoehner observa correctamente lo siguiente:

Cuando los hijos se van de casa y/o se casan, serán responsables de sus propias decisiones y, si están casados, dejarán a su padre y a su madre y se unirán a su cónyuge (cf. Génesis 2:24; Efesios 5:32). Incluso entonces, aunque la obediencia ya no sea necesaria, el honor a los padres debe continuar (Éxodo 20:12; Deut. 5:16; Mateo 15:4; Marcos 7:10; Mateo 19:19; Marcos 10:19; Lucas 18:20)[6].

En una ocasión Cristo confrontó a ciertos escribas y fariseos (Mt. 15:1-20). La razón fue porque ellos quebrantaban el mandamiento sobre honrar a los padres con una excusa aparentemente piadosa. Ellos decían a sus progenitores que no podían proveer para sus necesidades debido a que el dinero que poseían lo ofrendaban a Dios. Cristo rechazó esas excusas tajantemente. Él los acusó de invalidar el mandamiento de Dios por su tradición y de enseñar como doctrinas, mandamientos de hombres. Las acciones de estos líderes religiosos estaban llenas de hipocresía y maldad al punto de que merecían ser castigados severamente. El maldecir a los padres era condenado en el Antiguo Testamento por medio de la pena capital (Éx. 21:15, 17; 20:9; Dt. 21:18-21, 27:16). Martyn Lloyd-Jones dice lo siguiente sobre esta actitud: 

Ese fue un peligro muy sutil, y es un peligro que todavía está presente con nosotros. Hay jóvenes que hoy están haciendo un gran daño a la causa cristiana al ser engañados por Satanás en este mismo punto. Están siendo groseros con sus padres, y lo que es más grave, son groseros con sus padres en cuanto a sus ideas cristianas y su servicio cristiano. Por lo tanto, son un obstáculo para sus propios padres no convertidos. Tales cristianos no pueden ver que no dejamos de lado estos grandes mandamientos cuando nos convertimos en cristianos, sino que, más bien, debemos vivirlos y ejemplificarlos más de lo que lo hemos hecho antes[7].

La necesidad de brillar en medio de la oscuridad

En la que se cree fue su última epístola, Pablo le dice a Timoteo que en los postreros días vendrían tiempos peligrosos (2 Ti. 3:1). En los versículos siguientes el apóstol pasa a dar una lista del carácter impío de los hombres de esa época. Lo que llama la atención en esta terrible lista es la inclusión de aquellos que son desobedientes a los padres. Esta es una clara indicación de que para Dios la obediencia a los padres no es un pecado menor sino un pecado grave y que por ende tiene consecuencias devastadoras.

No cabe duda de que actualmente estamos viviendo en tiempos en que la depravación de la sociedad ya casi no conoce límites. Es entonces crítico que la Iglesia brille en medio de las tinieblas. No será fácil. Nunca lo ha sido. Sin embargo, la Iglesia brillará si sus miembros continuamente están siendo llenados del Espíritu Santo. De esta manera, tendrán el poder para asumir sus roles dentro de la familia y de paso disfrutar las maravillosas bendiciones que Dios les ha prometido.

[1] Andreas Köstenberger, God, Marriage, and Family: Rebuilding the Biblical Foundation, 2nd. ed. (Wheaton, IL: Crossway, 2010), 105–106.

[2] Harold W. Hoehner, Ephesians: An Exegetical Commentary, (Grand Rapids: Baker Publishing Group, 2002), 787.

[3] John Calvin and William Pringle, Commentaries on the Epistles of Paul to the Galatians and Ephesians (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010), 327.

[4] Köstenberger, God, Marriage, and Family, 106.

[5] Calvin and Pringle, Commentaries on the Epistles of Paul to the Galatians and Ephesians, 328.

[6] Hoehner, Ephesians, 789.

[7] D. Martyn Lloyd-Jones, Life in the Spirit: In Marriage, Home, and Work – An Exposition of Ephesians 5:1–6:9 (Grand Rapids: Baker Book House Company, 1975), 240–241.

Rodrigo Ávila

Rodrigo Avila es graduado de The Master’s Seminary (B.Th.). Durante su tiempo en esta institución trabajó como editor y coordinador de internet en Gracia a Vosotros. También fue miembro de Grace Community Church en Los Ángeles, California, donde sirvió como diácono y maestro de estudios bíblicos. Él escribe en su blog llamado «Teología en Llamas». Actualmente se encuentra terminando un interinato en Kerrville Bible Church en Kerrville, Texas. Él y su familia tienen planes de moverse pronto a Chile con el fin de plantar una iglesia en la ciudad de Valparaíso. Rodrigo está casado con Sheila y tienen tres hijos: Ian, Evan y Susana.

¿Es bíblica la membresía?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Es bíblica la membresía?

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

¿Qué dice la Biblia acerca del gobierno de la iglesia local?

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Serie: 90 Segundos de Teología

¿Qué dice la Biblia acerca del gobierno de la iglesia local?

Josías Grauman

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Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

Cuando un incrédulo muere

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Cuando un incrédulo muere

Consolando sin distorsionar la verdad

George Lawson

Mi teología me dice que no puedo mentir, aun cuando quisiera lograr algo bueno (Romanos 3:8). La mentira es una violación del carácter y la voluntad de Dios, pues Dios es el Dios de la verdad. Él no puede mentir y la Biblia claramente demuestra que él no tolera la mentira (Tito 1:2).

Mentir nunca es correcto, jamas es amoroso y es innecesario. Los seguidores de Cristo ser conocidos como aquellos que siempre dicen la verdad. Esto no nos da licencia para ser groseros, crueles o indiferentes, ya que se nos manda a decir la verdad en amor. No importa de que estemos hablando, tanto buenas o malas noticias, alegrías o dificultades, vida o muerte, debemos hablar siempre con amor.

Uno de las mayores y más desafiantes invitaciones para un pastor es cuando se le pide que hablen en un funeral. Una familia en duelo a menudo suele solicitar la presencia de un pastor para hablar palabras de consuelo, esperanza y paz. En ciertas ocaciones se espera que el pastor hable buenas y elogiables palabras acerca del difunto. Por esta razón a veces le es más fácil a un pastor decir palabras como:

“Nos consuela que su sufrimiento ha terminado” o …

“Ella está en un lugar mejor ahora” o …

“Sé que lo veremos de nuevo”

Pero ¿qué pasa si esas palabras no son ciertas porque la persona nunca conoció a Cristo? ¿Tenemos los pastores licencia para pronunciar estas “buenas palabras”? Y si estas palabras no son ciertas, ¿existen palabras de consuelo que podamos compartir a aquellos que murieron incrédulos? Cabe mencionar que esta no es una situación a la cual solamente los pastores se enfrentan, sino que todo creyente que busca ofrecer palabras de consuelo para los que están en duelo probablemente se han preguntado lo mismo.

Afortunadamente, hay palabras de consuelo y de verdad que podemos compartir con aquellos que sufren, incluso cuando no estamos seguros sobre sobre el destino eterno de su ser querido que murió. Por lo tanto la respuesta es sí, sí podemos ofrecerles palabras de consuelo sin vernos en la necesidad de abandonar la verdad de la Escritura con el fin de ofrecer palabras de aliento.

¿Qué le puede decir a aquellos que han perdido un familiar incrédulo?

1. Dios es un Dios de esperanza y misericordia

Si la Biblia no hubiese registrado la conversión del ladrón junto a la cruz de Cristo, nadie habría esperado que tal hombre fuese al cielo. Él pasó toda su vida en rebelión hacia Dios, incluso mientras estaba colgado en una cruz, lanzó acusaciones contra el Hijo perfecto y santo de Dios (Mateo 27:39-44). Sin embargo, la Biblia nos indica que su corazón fue cambiado en los últimos momentos de su vida; sus pecados fueron perdonados y por ende Jesús le prometió que estaría en el paraíso (Lucas 23:40-42).

El ejemplo previo nos demuestra que no podemos saber a ciencia cierta cuál es la condición del corazón de una persona momentos antes de su muerte. Sin embargo sabemos que la misericordia de Dios es sobreabundante, vasta e incomprensible, como nos dice Romanos 9:15-16:

“Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

Si bien hay que tener cuidado de no abusar la gracia de Dios, ni de ofrecer falsas esperanzas en medio del duelo de seres queridos, podemos decir sin temor a equivocarnos que Dios es un Dios misericordioso y que su misericordia está disponible a todo pecador que se arrepiente hasta el último momento de su vida.

2. Dios es un Dios de amor y gracia

En segundo lugar, podemos hablar acerca de las gracias comunes que Dios da a toda persona, en particular al permitirnos vivir y experimentar esta vida. La Escritura habla de un amor y gracia común que Dios proporciona a toda persona (nota: no estoy hablando de una gracia salvadora a toda persona). En Mateo 5:44, Jesús nos mandó a amar a nuestros enemigos, porque nuestro Padre que está en los cielos “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” Dios derrama su amor de manera general a todo el mundo, incluyendo aquellos que abiertamente se postulan como sus enemigos (vea Hechos 14:17). Por lo tanto, podemos hablar acerca de la gracia común y la bondad de Dios las cuales el difunto pudo disfrutar mientras vivía.

3. Dios es un Dios de justicia y rectitud

Cuando un incrédulo muere también podemos proporcionar consuelo al decir que Dios siempre hará lo que correcto y justo. En Génesis 18, Abraham dudó la justicia de Dios al saber acerca de la destrucción inminente de Sodoma y Gomorra. Dios le dio a Sodoma y Gomorra aplica oportunidad para arrepentirse, inclusive al punto de estar dispuesto a retener su furia sobre la ciudad entera si encontraba solamente a diez personas justas que vivieran allí. Es increíble observar la gracia y la paciencia del Señor en esta narración. Dios es un Dios que hace perfecta justicia y separa correctamente a los justos de los impíos. Por lo tanto podemos confortarles al recordarles que en medio del dolor pueden confiar en que el Señor hará lo correcto y lo justo. Como nos recuerda Romanos 9:14, no existe injusticia alguna en Dios.

Si nos mantenemos hablando acerca del carácter inmutable de Dios, no tenemos que temer el ofrece “buenas palabras” que no sean a su vez verdaderas. No importa quien sea la persona que haya muerto, usted puede decir con toda libertad que Dios es un Dios de compasión y de fidelidad, un Dios sabio y poderoso, soberano y justo y que en su providencia siempre hará lo justo. Aun cuando la persona haya muerto sin un conocimiento de Dios, su incredulidad no altera el carácter perfecto de Dios en lo más mínimo.

Por último, quisiera alentarle a recordar que más allá de palabras de aliento, como creyente usted tiene un mensaje importante que dar al mundo:

4. Dios es un Dios de salvación

No tenemos que saber el destino eterno de la persona que acaba de morir para saber con certeza cuál es el mensaje que el difunto quisiera que diésemos a su familia y amigos. En Lucas 16, Jesús nos da ha saber el mensaje que un incrédulo le gustaría dar a aquellos que aún están vivos:

Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento (Lucas 16:27-28).

Lo que las personas presentes necesitan escuchar son las buenas nuevas de salvación. Ellos necesitan saber que el Dios santo, que creó todas las cosas y en contra de quien todos hemos pecado, tiene el poder de perdonar y de dar vida eterna a todos aquellos que ponen su confianza en el Señor Jesucristo (Hechos 4:12). Jesús murió como sacrificio por el pecado, pues la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pero se levantó en victoria sobre la muerte después de tres días y ahora ofrece su justicia perfecta como regalo para todos aquellos que creen (2 Corintios 5:20-21).

Como creyentes no podemos distorsionar la verdad para aliviar el dolor de las personas que han perdido un ser querido. No tenemos el derecho de abandonar la verdad de la Biblia con el fin de ofrecer consuelo a aquellos que están de luto. Nuestras palabras de consuelo deben llevar a las personas al Dios de toda consolación, el lugar donde las almas que lloran pueden encontrar verdadero consuelo y paz.

Existen palabras de consuelo que podemos compartir con los que sufren aun cuando el destino eterno del recientemente fallecido sea desconocido. Como creyentes podemos asistir a estos funerales para ofrecer consuelo al hablar acerca de los atributos de Dios. No estamos obligados a decir nada acerca de la persona que murió, pero estamos obligados a decirle a los que todavía están vivos que la única manera de encontrar verdadero consuelo y paz es por medio del evangelio de Jesucristo.

 

George Lawson

George Lawson se graduó de The Master’s Seminary en el 2010.

Hoy en día es el pastor de la iglesia Baltimore Bible Church, en Baltimore, MD (EEUU). Él y su esposa Jennifer tienen tres hijos.

Cristo como cabeza en la historia de la Iglesia

The Master’s Seminary

Cristo como cabeza en la historia de la Iglesia

Michael Mahoney

Cristo es la cabeza de la Iglesia. Este no es un asunto benigno que puede ignorarse. Es una doctrina que ha llegado a la Iglesia actual, habiendo navegando en un mar de sangre. Hay hombres que han defendido esta verdad con sus propias vidas. ¿Cómo es que hay páginas y memorias manchadas de sangre y aun así esta verdad se encuentra en el abandono en muchas vidas, púlpitos e iglesias?

En una época cuando los papas y sacerdotes usurpaban el puesto de Cristo como cabeza de la Iglesia, hombres como Juan Huss murieron en la hoguera por defender esta verdad. Huss en su obra monumental titulada «La Iglesia», escribió:

Cristo es la cabeza eternal de cada iglesia particular y de la Iglesia universal por virtud de su divinidad, y es la cabeza interna de la Iglesia universal en virtud de su humanidad; y estas dos naturalezas, divina y humana, son un solo Cristo, quién es la cabeza de su esposa, la Iglesia universal, y esto es la totalidad de los predestinados.[1]

Huss recalcó la verdad que la Iglesia siempre ha tenido y ahora tiene a Cristo como su cabeza, de quién no puede desprenderse, ya que es la esposa tejida a Él, su cabeza, por un amor que nunca termina»[2]. Huss tuvo la audacia de desafiar al Papa. De hecho, afirmó lo siguiente: «La cabeza de la Iglesia no es un papa quién está corrompido través de la ignorancia y el amor al dinero»[3].  Negó que hombre alguno fuese la cabeza de la Iglesia. Ellos pidieron su vida por dicha postura. ¡No se debe perder el significado del sacrificio que Cristo ha hecho por los suyos como cabeza de su iglesia!

Huss no fue el único mártir. Ha habido muchos a través de los siglos. Martín Lutero encontró los sermones de Huss y fue tan conmovido por ellos que se involucró en la misma lucha. Uniéndose a las filas de Huss y Lutero, se encuentran también Calvino, Knox y Wesley. Los que defendieron y escribieron de esta verdad con convicción y entendimiento fueron gigantes de la fe a quiénes deberíamos emular. Todos los grandes reformadores y predicadores a través de los siglos entendieron cuán preciosa es esta gran verdad. Todo creyente debe tener un celo incesante por restaurar la verdad de que Cristo es la cabeza de la Iglesia. El llamado es a una defensa apasionada, vigorizante e incansable de esta verdad eterna, tal como lo hizo Lutero: «Nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar, el cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el Reino eterno»[4]. El creyente debe unirse a la declaración de Spurgeon:

No seamos lentos en declarar con valor inquebrantable, una vez más, que los reyes y príncipes y parlamentos no tienen jurisdicción legal sobre la Iglesia de Jesucristo, ¡y que el mejor de los monarcas no tiene derecho a reclamar esos derechos reales que Dios ha dado a su Hijo unigénito! ¡Sólo Jesús es la cabeza de su reino espiritual, la Iglesia! Y todos los que vengan a ella a ejercer poder son usurpadores y anticristos —¡y no deben ser respetados en su autoridad por la Iglesia verdadera del Dios viviente![5]—.

El creyente debe unirse a las filas de aquellos que han dado tanto sacrificialmente. La historia brinda un testimonio de peso de la importancia vital que esta verdad debe tener en la vida del creyente y en la Iglesia.

Hay una plétora de ejemplos en la historia de cómo la defensa enérgica de esta verdad produjo un fundamento teológico sólido para la vida de la Iglesia. Por ejemplo, la batalla por esta verdad alcanzó un nivel febril en Escocia bajo la influencia de hombres como Juan Knox. Knox predicaba fervientemente que Cristo era la Cabeza de la iglesia. Esa predicación lo puso en conflicto con el gobierno de turno. Hubo hombres que dieron sus vidas por afirmar que no se someterían a la corona o al Papa. Desde 1625 y hasta 1675, el pueblo escocés fue masacrado por afirmar esto. Se reunían para protestar que Cristo había sido reemplazado por el hombre. Por eso fueron llamados «los pactantes». Los hombres se reunieron para redactar un pacto nacional que el pueblo escocés ratificaría, declarando que Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, no el Papa, ni el rey o la reina. Blaikie escribe de este momento en la historia:

El intento por el partido de gobierno [la corona inglesa] de forzar una nueva liturgia en la Iglesia, cuyo uso sería vinculante bajo las penas más altas, mostraron una determinación por dejar de lado la autoridad de Cristo, y tiranizar a su herencia incluso en la región más sagrada de la adoración.[6]

La batalla se desató, pero la gente no dejaría que nadie fuse la cabeza de la Iglesia sino Cristo. Blaikie escribió lo siguiente: «Por la fuerza de la reacción, la Iglesia fue lanzada a la aseveración más completa de las afirmaciones de Cristo como cabeza de la iglesia, y el glorioso privilegio que es que la iglesia siga a su cabeza divina. Entre más se pensaba esta verdad, más gloriosa parecía»[7].  Entre más se defendía esta verdad, más magnífica venía a ser a la Iglesia. ¿Cómo es posible que la Iglesia haya perdido su pasión por esta verdad tan gloriosa? ¿Cómo puede ser que la Iglesia misma haya quitado a Cristo de su lugar de preeminencia después que se ha hecho tanto sacrificio? ¿Cómo puede la Iglesia silenciar la voz de Cristo removiendo su palabra de su lugar exaltado? Esta verdad debe ser defendida, guardada y protegida. Ora que la Iglesia vuelva a recuperar sus amarres en el mar de una cultura rebelde y obstinada que mira la verdad de Cristo como cabeza de forma negativa y que rehusa someterse a cualquier autoridad.

 

[1] John Huss, «De Ecclesia» (New York, NY: Charles Scribner’s Sons: 1915), 28.

            [2] Ibíd., 29.

            [3] Mark Galli y Ted Olsen, «131 Christians Everyone Should Know» (Nashville, TN: 2000), 371.

            [4] Del himno «Castillo fuerte», escrito por Martín Lutero en 1529.

            [5] Sermón no. 839 («La cabeza de la iglesia») predicado el 1 de noviembre de 1868, por C. H. Spurgeon, en el Metropolitan Tabernacle, Newington.

            [6] William G. Blaikie, «The Preachers of Scottland» (Edinburgh, UK: T. & T. Clark, 1888), 97.

            [7] Ibíd.

 

Michael Mahoney se unió al personal de Grace Community Church en 2004 como pastor asociado de Ministerios Españoles. Actualmente se desempeña como pastor de administración en Grace Church (Sun Valley, Los Ángeles, California, Estados Unidos). Michael Mahoney tiene antecedentes misioneros en América Latina y también ha servido como pastor principal de una iglesia durante ocho años en Oxnard, California. Michael recibió su M.Div. de The Master’s Seminary.

Mahoney también ha servido como intérprete de himnos cristianos junto al Grupo Musical de Gracechurch. Él y su esposa, Madeline, tienen dos hijas y un hijo.

https://www.gracechurch.org/espanol

MALAS NOTICIAS DESDE EL VATICANO

The Master’s Seminary

MALAS NOTICIAS DESDE EL VATICANO

Santiago Armel

En momentos de dificultad, angustia o sufrimiento, qué gratificante es escuchar noticias esperanzadoras. Las buenas noticias traen alegría y esperanza. En medio de esta pandemia, todos esperamos escuchar buenas noticias. La Biblia usa el término «evangelio» para referirse a las mejores noticias que alguien puede recibir.

¡Cuidado con falsas «buenas noticias»!

Ante la crisis actual, las personas están más vulnerables y angustiadas que nunca. La cercanía con la muerte hace que muchos piensen acerca de su alma. Lamentablemente, así como hay noticias falsas de todo tipo, también hay noticias falsas acerca del evangelio. Pablo advirtió esta realidad más de 2000 años atrás (Gal 1:8–9). Dar noticias falsas o distorsionadas acerca del evangelio es algo muy serio para Dios, ya que la vida eterna de muchos está en juego. Debemos estar alerta. Muchos aprovechan esta pandemia para dar noticias falsas contrarias al evangelio verdadero. A continuación, presentaré tres ejemplos recientes y nos enfocaremos en el último para proveer una respuesta bíblica.

Predicadores de la prosperidad

Muchos predicadores de la prosperidad expresan sus «decretos» afirmando que detendrán el avance del virus. Algunos declaran que el virus no tocará a ningún cristiano. Otros aprovechan la ignorancia de las personas y piden dinero a cambio de objetos supuestamente bendecidos o que brindarán bendiciones especiales durante este tiempo. Como nunca antes, el coronavirus ha desenmascarado la ineficacia y embuste de estos hombres que pretendían traer buenas noticias.

Teólogos del teísmo abierto

Los teólogos del teísmo abierto proponen que Dios no es realmente soberano en medio de situaciones tan críticas como las que vivimos. En pocas palabras, a Dios se le ha salido de control este planeta y nosotros debemos buscar cómo ayudarle para resolver este desastre. ¡Qué noticia tan desesperanzadora es pensar en un Dios tan débil, que ni siquiera sabe lo que va a suceder en el futuro ni está en control!

Católicos

El Vaticano no ha sido la excepción en la propagación de «fake news» espirituales. El 27 de marzo se anunció una bendición especial para toda la humanidad: Una indulgencia plenaria. En un comunicado oficial[1], el Vaticano comunicó los términos de esta indulgencia, como sigue:

Todos los que sufren a causa de COVID-19… la indulgencia plenaria se otorga a los fieles afectados por el coronavirus, sometidos a cuarentena por orden de la autoridad de salud en hospitales o en sus propios hogares si, con un alma separada de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación para la celebración de la Santa Misa o la Divina Liturgia, en la recitación del Santo Rosario, en la práctica piadosa del Vía Crucis o del Oficio de la Paràklisisa u otras oraciones de las respectivas tradiciones orientales, a otras formas de devoción, o si al menos recitarán el Credo, el Padre Nuestro y una invocación piadosa a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba en un espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), tan pronto como sea posible para ellos…

Trabajadores de la salud, miembros de la familia y aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, ayudan a los pacientes con coronavirus de acuerdo con las palabras del divino Redentor… obtendrán el mismo don de la indulgencia plenaria en las mismas condiciones…

La Iglesia reza por aquellos a quienes les resulta imposible recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, confiando a todos y cada uno a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles Indulgencia plenaria en el punto de la muerte, siempre que estar debidamente dispuesto y recitar habitualmente algunas oraciones durante la vida (en este caso, la Iglesia compensa las tres condiciones habituales requeridas). Para alcanzar esta indulgencia, se recomienda el uso del crucifijo o la cruz…

La Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los enfermos y ayuda de los cristianos, nuestra abogada, quisiera ayudar a la humanidad sufriente, rechazando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo lo necesario para nuestra salvación y santificación.

Este decreto es válido a pesar de cualquier disposición contraria.

Esta indulgencia plenaria ofrece perdón de pecados a todos aquellos afectados por el virus incluyendo a las personas que sirven en el área médica atendiendo la pandemia.

¿Por qué las noticias del Vaticano son malas noticias?

Todos nos alegraríamos si se anunciara una cura definitiva para el COVID-19. Sin embargo, nos decepcionaríamos si escucháramos que la supuesta cura es espuria, falsa e ineficaz. Este es el caso con la indulgencia plenaria otorgada desde el Vaticano.[2] Por lo menos tres razones hacen que este anuncio sea uno que porta malas noticias.

Solo Dios puede otorgar el perdón de pecados

Solo Jesucristo puede ofrecer perdón absoluto de pecados (Lc 5:20–24; Jn 14:6). Los hombres son simples emisarios que deben proclamar el evangelio. Ningún hombre en esta tierra tiene una autoridad superior para distribuir la gracia de Dios a la humanidad. Este no es un error reciente para los católicos. La figura del papa se ha presentado como un administrador de la gracia y los méritos de Cristo, repartiendo y algunas veces hasta vendiendo el perdón de pecados (por ejemplo, la venta de indulgencias previo al comienzo de la reforma protestante).

Las obras y fetiches no son medios para obtener salvación

Hacer rosarios, recitar credos, usar crucifijos o conectarse a una misa virtual, son todas expresiones que carecen de sustento bíblico para presentarse como medios eficaces de salvación. Por el contrario, estos requisitos parecen obras externas como requisito para la salvación, lo cual se opone radicalmente a Efesios 2:8–9: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

Solo Jesús puede mediar entre Dios Padre y los hombres

El papa no es el mediador entre Dios y los hombres de acuerdo a las Escrituras. La Biblia no otorga a ningún hombre el supuesto papel de vicario de Cristo en la tierra. Por otra parte, la virgen María también es presentada como una mediadora eficaz entre Dios y los hombres. Ella no puede mediar ni abogar por los seres humanos. En contraste, la Biblia habla de que solo Jesucristo es el mediador entre el Padre y los hombres: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Tim 2:5).

Las buenas noticias del evangelio

Las buenas noticias son que puedes ser reconciliado con Dios por medio de Jesucristo. No necesitas obras que añadir a tu cuenta. No necesitas recitar y repetir oraciones. No necesitas dar una ofrenda especial y, definitivamente, no necesitas usar objetos «bendecidos». Lo único que requiere Dios es una fe genuina en Jesucristo. Hay por lo menos tres verdades que todo ser humano debe comprender, afirmar y creer.

Todo ser humano está infectado con el pecado

Todos hemos pecado (Ro 3:10–18). Independientemente de la dimensión y forma de tu pecado, todos hemos fallado delante de un Dios santo y somos culpables. En momentos como este donde la muerte se vuelve una realidad para todos, ¿has reconocido que has pecado en contra de Dios?

El pecado del hombre merece un juicio

Dios es un Dios santo y justo (Hab 1:13). No puede pasar por alto nuestras ofensas y hacer caso omiso. Sería detestable que un juez decidiera dejar libre a un homicida para mostrar su bondad. De la misma manera, Dios no puede dejar libre al pecador (Ro 6:23). Muchos en estos días temen a un virus microscópico que solo puede destruir sus cuerpos, pero la Biblia nos manda a temer a aquel que puede destruir nuestra alma en el infierno (Mt 10:28).

Jesucristo es Señor y Salvador

El evangelio de Jesucristo son las mejores noticias que alguien puede recibir. Es seguro y eterno. Creer las buenas nuevas de Jesucristo no solo trae esperanza y gozo al que no lo tiene, sino que trae salvación y perdón al que está condenado. Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre y habitó entre nosotros (Mt 1:23; Flp 2:7). Vivió de manera perfecta sin pecar (Heb 4:15), y murió en la cruz para pagar el precio de nuestros pecados (Jn 19:30). Además, este glorioso Salvador se levantó de entre los muertos, certificando que la deuda había sido cancelada (1 Cor 15:4). Hay un intercambio perfecto para aquellos que creen estas buenas noticias por medio de la fe: Todo aquel que se arrepienta de sus pecados y comience una vida de obediencia a la Palabra de Dios, obtiene perdón completo de sus pecados (Jn 14:15).

No hay mejores noticias. Independientemente de lo que pase, si estás en Cristo, tu alma está segura. Vive seguro y confiado en Él, pues Él Señor está en control. Sin embargo, todo aquel que no reciba estas buenas noticias, tendrá un destino eterno de tormento, angustia y desesperanza (Mar 9:44–49). No esperes más. Durante esta pandemia Dios te llama a arrepentirte de tus pecados (Hch 17:30–31). Ven hoy a Cristo y Él estará dispuesto para perdonarte y salvarte. ¡Estas si son buenas noticias!

[1] Véase: http://press.vatican.va/content/salastampa/en/bollettino/pubblico/2020/03/20/200320c.html

[2]Véase la entrevista con un emisario oficial del Vaticano para explicar los detalles de la indulgencia plenaria que se otorgó: https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2020-03/cardenal-piacenza-indulgencia-manto-de-misericordia-coronavirus.html

Santiago Armel

Santiago Armel

Santiago Armel, originario de Colombia, trabaja como organizador de la Conferencia Expositores en Grace Community Church, donde también sirve como maestro en estudios bíblicos. Es graduado de M.Div. en The Master’s Seminary y cursa en la actualidad una Maestría en Teología (Th.M.) en la misma institución. Él y su esposa Juliana vive en Los Ángeles, California con su hijo Santiago. Puedes seguirlo en su canal de Youtube.

El don de sanidad: ¿Existe? 

The Master’s Seminary

El don de sanidad: ¿Existe?

Richard Mayhue

Larry y Alice Parker oraban que Dios bendijera a su familia de seis personas. Sin embargo, su hijo mayor sufría de diabetes y regularmente tenía que recibir inyecciones de insulina. Durante uno de los “servicios especiales” de sanidad de Daniel Badilla en su iglesia en Barstow, California, Wesley, su hijo de 11 años, pasó al frente de la congregación buscando sinceramente un milagro. Después de que el predicador hubiese pronunciado a Wesley sano, Larry escribió lo siguiente en el calendario del registro de insulina de Wesley: “¡Gloria a Dios nuestro hijo ha sido sanado!” Pero una prueba de la insulina de Wesley decía lo contrario. En fe, los Parker declararon que la sanción sí había sucedido y que el resultados inesperado de insulina era obra de Satanás.

Lo que sana a un hijo del Rey para la gloria del Señor es la respuesta de Dios a las oraciones fervientes de un creyente

Poco tiempo después, Wesley comenzó a sufrir náuseas y calambres estomacales severos que previsiblemente indicaban baja insulina. Larry y Alice pospusieron el tratamiento médico y buscaron que Dios le sanase mediante la oración. A pesar de su fe sincera, Wesley entró en coma y murió tres días después.

Un abogado en Indiana compartió una carta conmigo que recibió departe de Larry Parker (con el permiso de Larry). Habían pasado ya años desde la muerte de Wesley. Durante ese tiempo, Larry luchó para encontrar la verdad, la cual encontró sólo cuando buscó el consejo completo de la Biblia:

Le escribo esta carta con la esperanza y la oración que de alguna manera pueda compartir con ustedes una lección que he aprendido a un gran costo. Es sólo por la gracia de Dios y el amor de Jesucristo nuestro Señor el cual nunca falla y todo lo cubre, que mi esposa y yo hemos sido capaces de pasar a través de esta aflicción. . . . Queríamos ver a nuestro hijo sanó, pero tratamos de hacerlo por el camino equivocado. Durante nuestro juicio por homicidio involuntario y por maltrato infantil, mi esposa me dijo lo que el Señor le había mostrado, que fue nuestra falta de amor lo que falló a Wesley, pues la palabra de Dios dice: “El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:8).

Entonces supe que habíamos permitido que lo que pensábamos que era fe nos permitiera olvidarnos del amor. Cuando orábamos por Wesley y lo veíamos en dolor obvio, nuestro amor por él quería darle la insulina que sabíamos detendría su sufrimiento. Sin embargo, nos pareció que sería una falta de fe, y le costaría su sanidad. Fue hasta después que nos enteramos de que nuestras acciones fueron contrarias a lo que la Escritura dice. La Palabra de Dios dice que el amor es mayor que la fe (1 Corintios 13: 8).

El problema reside en el hecho de que confundimos el tener fe y el creer. Pensábamos que si creyésemos lo suficiente, la sanidad se llevaría a cabo; atamos la sanidad de nuestro hijo a nuestra habilidad de creer lo suficiente, es decir, tener suficiente fe. El hecho de haber retenido la medicina, especialmente aquella medicina que le hubiese salvado la vida, fue un acto sumamente presuntuoso de nuestra parte que termina obstaculizando la labor del Espíritu de Dios. Mi oración es que considere estos pensamientos con seriedad, ya que han sido pagados a un precio incomprensible que nadie pagaría voluntariamente (cp. Larry and Alice Parker, We Let Our Son Die [Irvine, CA: Harvest House Publishers, 1980]).

Estoy profundamente conmovido por la honestidad de Larry, sin mencionar el terrible dolor que sufrió (la cuestión es aun más dolorosa cuando la vida de un ser querido está en juego). Dios puede, ha y continua sanando, pero siempre los hace para sus propios propósitos, a su propia manera y en el tiempo señalado. No podemos obligar a Dios a que sane, ni podemos humanamente fabricar una experiencia de sanación genuina.

Trágicamente, nuestro mundo ofrece falsificaciones muy convincentes. Aún más triste es que en nuestro afán de ver la obra de Dios, a veces nosotros como cristianos corremos detrás de cualquiera que diga poder hacer milagros de sanidad. Al hacerlo, trivializamos la sanidad genuina y divina y aceptamos ilusiones engañosas del hombre en el lugar de la intervención divina de Dios.

Un examen honesto y completo de la Escritura (Isaías 53:4-12; 1 Corintios 12:9, 28, 30; Santiago 5:13-20; 1 Pedro 2:24-25) demuestra que no hay ninguna base bíblica para creer que exista un ministerio de sanidad milagrosa que se pueda llevar acabo por medio de un curandero humano hoy en día. Tal ministerio terminó al final de la época apostólica. Presuntos ministerios de sanidad contemporáneos ni siquiera semejan el patrón bíblico y vergonzosamente no logran replicar el propósito, los tiempo, el alcance y la intensidad de las sanidades que vemos en la Biblia.

Sí, Dios a veces puede actuar de tal manera que la única explicación para dicha sanidad física es su intervención directa. Pero aun así, la sanidad que viene por la intervención directa de Dios no es instantánea y no siempre es completa. El toque inconfundible de nuestro Señor no puede ser reproducido por alguna demanda, truco, método o súplica de un curandero con buenas intenciones. Lo que sana a un hijo del Rey para la gloria del Señor es la respuesta de Dios a las oraciones fervientes de un creyente.

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Richard Mayhue es profesor de investigación teológica en The Master’s Seminary. Formó parte del profesorado en 1989 y fue nombrado decano del seminario en 1990. En su trayectoria como pastor, profesor y teólogo ha escrito y contribuido a más de treinta libros. Hoy en día vive en Los Ángeles, CA al lado de su esposa.

Publicado originalmente en inglés aquí.

Richard MayhueRichard Mayhue

Richard Mayhue served as dean of The Master’s Seminary from 1990-2015. He has also authored, contributed to, and/or edited over thirty books.

Tomado de: The Master’s Seminary Blog

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Disponible sobre el Internet en: https://blog.tms.edu/es/blog/el-don-de-sanidad-existe

¿Qué está mal con ser un predicador aburrido y cómo evitar tal etiqueta?

The Master’s Seminary

¿Qué está mal con ser un predicador aburrido y cómo evitar tal etiqueta?

FERNANDO JAIMES

Alguien le contó a un amigo en forma de chiste que tenía problemas de insomnio, este le dijo: “ven a mi iglesia a escuchar sermones”.  Es cierto que hay predicadores que son muy aburridos, pero al mismo tiempo no creo que haya ningún predicador que diga: “hoy quiero predicar un sermón para dormir a mis oyentes”.

La comunicación, ya sea casual en el día a día o entre un predicador y su audiencia, es la acción de comunicar en dos sentidos. Si es entre dos personas que están conversando, hay alguien que habla y el otro escucha, y sus papeles se intercambian durante el acto de comunicación. Cuando esta comunicación es por medio de la predicación también hay un sentido de interacción, la única diferencia es que normalmente no hay una respuesta inmediata al mensaje recibido. Pero igualmente se espera de la audiencia que esté involucrada y receptiva al mensaje escuchado y que posteriormente haya una respuesta.

La pregunta es: ¿cómo puede hacer un predicador para comunicarse con la audiencia sin que esta pierda su interés o que deje de escucharlo? ¿Cómo puede mantener a sus oyentes escuchando sin perderles en el intento? Las respuestas a estas preguntas son expresadas de manera concisa y clara en las obras de Alex Montoya, (Predicando con Pasión) y Jeffrey D. Arthurs, (Predicando con Variedad).

Estos dos hermanos han dado en el clavo al desarrollar los ingredientes que debe tener la comunicación en el púlpito, de tal manera que los predicadores vibren y los oyentes se contagien. Como punto de partida, la predicación debe tener dos ingredientes esenciales: una exposición solida de la Palabra de Dios, y en segundo lugar, que esta exposición sea transmitida de una forma apasionada. Si no hay pasión no hay predicación, como lo expresó W.A Criswell:

El sermón no es un ensayo para ser leído y que las personas lo consideren casualmente… Es una confrontación con el Dios todopoderoso. Es para ser comunicado con una pasión ardiente, en la autoridad del Espíritu Santo.[1]

Tanto el buen predicador como el predicador que no se caracteriza por la pasión pueden sacar provecho al considerar con atención la exhortación del pastor Montoya en su libro[2] cuando enseña que todo predicador debe:

1. PREDICAR CON PODER ESPIRITUAL.

Este es el secreto de la predicación apasionada. Cuando Dios trabaja en la vida y el corazón del predicador esto se transmite en el púlpito. Dios habla por medio del predicador y por ende cuando él habla la tierra tiembla. Si el predicador quiere sacudir los corazones, él debe ser un canal de Dios para llegar a esos corazones. El predicador no debe ser orgulloso, y por el contrario debe depender totalmente del Espíritu de Dios. Debe mantenerse a cuentas con Dios, es decir, que todos sus pecados hayan sido confesados. Debe estar en permanente comunicación con Dios por medio de la oración. Debe entender que ha sido comisionado por el Espíritu para el ministerio y debe ser controlado por el Espíritu lo cual será el resultado de tener la mente y corazón sumergidos en el estudio de la Palabra.

2. PREDICAR CON CONVICCIÓN.

La predicación apasionada normalmente viene de personas que están apasionadas por las profundas convicciones personales. Las convicciones son verdades por las cuales el predicador estaría dispuesto a morir en la hoguera. La predicación apasionada siempre está acompañada de un predicador que predica con toda convicción las verdades cardinales del cristianismo.

3. PREDICAR CON COMPASIÓN.

La compasión es lo que caracterizó el ministerio de Jesús. Él tuvo compasión por las personas durante su encarnación. La idea detrás es que la compasión es el sentimiento interno de una persona reaccionando al dolor y a la miseria de otro. En algunas ocasiones, la falta de pasión se debe a que el predicador se ha alejado del diario vivir de las personas y eso se traduce en dureza de corazón frente a las aflicciones de los necesitados, y por ende, no se identifica con el dolor ajeno. Para esto el predicador debe amar a su audiencia genuinamente y hacer todo lo que esté en sus manos para conocer su aflicción de tal manera que su corazón tenga compasión por las almas.

4. PREDICAR CON AUTORIDAD.

Cuando la predicación está llena de trivialidades y fuera de lugar se parece a la predicación vacía de los escribas y fariseos en los tiempos de Jesús. Ellos solo tenían razonamientos maliciosos y evasivos. En contraste con Jesús, descubrieron que su predicación era como de uno que tenía real autoridad (Mt 7:28-29). Para hablar con autoridad, el predicador debe hablar desde la autoridad que tiene la Escritura. Cuando la Biblia habla es Dios quien habla. El predicador es el mensajero encargado de transmitir un mensaje celestial. Lo hace con autoridad porque Dios le ha dado esa autoridad, pero también lo hace porque ha hecho un estudio exhaustivo del pasaje lo que le permite presentar la verdad de Dios de una manera que honre su nombre.

5. PREDICAR CON SENTIDO DE URGENCIA.

Las almas necesitan ayuda. El mundo se encuentra desesperadamente perdido y el diablo está haciendo estragos en la vida de las personas. Es como una casa en llamas a la que hay que entrar a rescatar a las personas que se encuentran atrapadas. La predicación debe ser activa y potente, con sentido y contenido. Los predicadores deben ser unos maniáticos de la palabra de Dios y tener el deseo de comunicarla porque la casa está en llamas. No hay tiempo de espera; hoy mismo es el día de arrepentimiento. El predicador debe ser apasionado al comprender que el mensaje que está predicando urge.

6. PREDICAR CON QUEBRANTAMIENTO.

J. I Packer dice que si se predica a los corazones dolientes nunca se va a dejar de tener una congregación, porque siempre hay uno de esos en cada banca. Una lagrima en los ojos y un corazón dolido producen una rara elocuencia en la predicación. El entrenamiento en los seminarios es importante pero las tribulaciones en la vida del predicador son el refinamiento del fuego del Señor, para así purificar el servicio y una predicación eficaz.

7. PREDICAR CON TODO EL SER.

Es cierto que la predicación es principalmente oral, pero eso no quiere decir que no existan otras formas de comunicación que le dan vida a las palabras. Todo el cuerpo hace parte del mensaje que se está comunicado. El movimiento de las manos, la postura, las expresiones de la cara y lo ojos son elementos que deben hacer parte al momento de predicar.

8. PREDICAR CON VARIEDAD.

En este punto Arthurs desarrolla en su libro[3] la importancia de predicar los diferentes géneros literarios. No todas las predicaciones deben estar organizadas de la mima forma. Cuando Dios se comunicó con la raza humana usó una variedad de generos: anécdotas, historias, paradojas, poemas, canciones, ironías, preguntas y respuestas. Jesús, el gran comunicador, era creativo, por lo tanto los predicadores deben de la misma manera comunicar con variedad el pasaje en el que se encuentren.

CONCLUSIÓN

Definitivamente aquel que es un predicador aburrido está cometiendo un gran error que debe ser resuelto con seriedad y prontitud. Algunos pueden estar en esta situación, simplemente porque no han sido llamados al ministerio de la enseñanza en la iglesia, pero en muchos otros casos, algunos han dejado apagar la pasión por la proclamación de la verdad en su ministerio. Espero que estas ocho exhortaciones ayuden a que los púlpitos en el mundo hispanohablante sean avivados con pasión en la predicación de la Palabra de Dios.

 

[1] W. A. Criswell, Criswell Guidebook for Pastors (Nashville: Broadman & Holman, 1980), 58.

[2] Alex Montoya, Predicando Con Pasion (Editorial Portavoz, 2003).

[3] Jeffrey D. Arthurs, Predicando Con Variedad (Editorial Portavoz, 2009).

Fernando Jaimes avatar

Fernando Jaimes es graduado de The Master’s Seminary con un M.Div. y un Th.M. Actualmente sirve como pastor en la iglesia Comunidad de Gracia en Bogotá y como profesor del Instituto de Expositores Colombia.

¿Cómo saber si estoy llamado al ministerio?

The Master’s Seminary

¿Cómo saber si estoy llamado al ministerio?

ALBERTO SOLANO Z.

A través de la historia, hombres llamados por Dios se han levantado para proclamar el evangelio y guiar a la iglesia. En cada generación el Señor llama siervos para el ministerio pastoral y la predicación de su Palabra. Hoy en día vemos cómo hombres hispanohablantes alrededor del mundo están siendo llamados y comisionados por Dios como nunca antes en la historia. En lo personal me emociona mucho ver cómo Dios está levantando una ola de pastores e iglesias en Iberoamérica que toman con seriedad el estudio de la Biblia.

Reconocer el llamado al ministerio incluye un ardiente deseo por estudiar y conocer la Palabra de Dios, una pasión por la proclamación del evangelio alrededor del mundo y una incesante inquietud por conocer más y más acerca de Dios. Tales aspectos demuestran características del llamado al ministerio.

Aquí hay cinco preguntas que se debería hacer para saber si Dios le está llamando al ministerio pastoral:

1. ¿Tengo el deseo y la pasión por la labor del ministerio?

Cuando Pablo instruyó a Timoteo en qué es lo primordial en el llamado al ministerio, le habló acerca de un deseo interno: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1). Este anhelo es un sentir interno el cual nace por el Espíritu Santo a medida que el hombre de Dios crece en conocimiento de la Palabra.

Un deseo marcado por la humildad, piedad, amor y compromiso con la proclamación del evangelio

No estoy hablando de una emoción que debe sentir, pues debemos reconocer que nuestro corazón es engañoso y perverso (Jeremías 17:9) y por lo tanto no debemos guiarnos por nuestras emociones momentáneas. Estoy hablando de un deseo que esté constantemente presente en su mente que lo lleve a desear la labor pastoral. Si tiene tal deseo, entonces recurra a la oración. Ayune, vaya a su habitación y doble sus rodillas delante de Dios. Lea la Biblia y examine la raíz de tal deseo. Hermano, no entre al ministerio para buscar reconocimiento o un lugar donde pueda liderar a personas. Tal deseo es un sentir marcado por la humildad, piedad, amor y compromiso con la proclamación del evangelio.

2. ¿Estoy calificado bíblicamente?

Así como un trabajo requiere de ciertas calificaciones, de la misma manera el ministerio pastoral demanda una lista de calificaciones bíblicas. Pablo lista estas calificaciones en 1 Timoteo 3:2-7 y Tito 1:5-9. Debe ser un hombre:

“irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:2-7)

Si lee esta lista y ve que su vida no refleja un patrón de cumplimiento a estas calificaciones, entonces debe considerar seriamente si es tiempo de entrar al ministerio en este momento. Muchas veces ciertos hombres requieren de más tiempo para poder crecer en santificación y madurez, para entonces sí poder decir con una limpia conciencia que poseen las calificaciones necesarias. Por otra parte, debe recordar que la labor de predicar y liderar una iglesia requiere de santidad y madurez. Si ve que su vida no demuestra estas calificaciones, bíblicamente no está calificado para el ministerio, y por lo tanto haría mal en postularse al liderazgo.

Una nota de exhortación: hermanos, nosotros no somos perfectos. El ministro de la Palabra no es una persona que nunca peque o que sea completamente piadoso en toda palabra y acción, pues la Biblia misma nos enseña que todos continuamos pecando (1 Juan 1:8). Si lucha contra algún pecado, arrepiéntase, busque la santidad y pida que le mantengan a cuentas. Recuerde que un hombre de Dios es un hombre que reconoce sus debilidades y vive de rodillas buscando la divina ayuda de Dios para llevar acabo el ministerio pastoral, a pesar de sus errores.

3. ¿Poseo los dones necesarios para cumplir con las funciones del ministerio?

Una de las características que distinguen a un anciano de un diácono es que un anciano, o pastor, debe ser “apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Dios dio a cada miembro de la iglesia diferentes dones, entre estos dio el de la enseñanza:

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanzael que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría (Romanos 12:4-8).

Un ministro debe ser un hombre que posee la capacidad mental para poder tomar un texto bíblico y explicarlo en su contexto gramatical, histórico, literario y cultural (por mencionar algunos). Esto requiere de habilidades que Dios otorga a hombres para que puedan exponer y predicar la Biblia.

Así que pregunte: ¿Poseo las capacidades necesarias para predicar con fidelidad y eficacia? Esto no quiere decir que debe hablar como Charles Spurgeon o elaborar sermones como John MacArthur. Pero sí quiere decir que ve en su vida los dones necesarios para la predicación de la Palabra.

4. ¿Creen mi iglesia y mis ancianos que estoy dotado y moralmente calificado para este llamado?

Uno puede llegar a creer que es la persona más piadosa y moralmente calificada sobre la faz de la tierra, hasta que habla con las personas a su alrededor. Proverbios 17:24 nos recuerda: “En el rostro del entendido aparece la sabiduría; Mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra.” Un hombre que está siendo llamado por Dios para cumplir con el ministerio de la Palabra es alguien el cual su iglesia y ancianos, al observarle, confirman su moralidad en cumplimiento a las calificaciones de un hombre de Dios y le exhortan a buscar el ministerio pastoral.

Las calificaciones de 1 Timoteo 3 y Tito 2 deben ser afirmadas por la iglesia local, no por uno mismo. Pablo, cuando habló de su ministerio en Efeso, les recordó: “vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo” (Hechos 20:18). Él no tuvo que defenderse o dar información de su vida privada o calificaciones morales con el fin de que le tuviesen por ministro de la Palabra, pues la iglesia local podía testificar de su piedad ya que le habían visto ministrar de cerca.

Hermano, ¿que tan bien le conoce su iglesia? ¿Permite que sus ancianos le ayuden a crecer espiritualmente? ¿Cuanto tiempo pasa con otros miembros de su congregación? ¿Existen personas en su iglesia las cuales puedan testificar que le conocen bien?

5. ¿Veo en mí la necesidad de crecer en el conocimiento de la sana doctrina?

Si usted está siendo llamado por Dios para el ministerio, entonces es sumamente importante que se capacite para tal labor. Ore que Dios abra las puertas para poder ser entrenado en la predicación y el ministerio pastoral en un lugar comprometido con la gloria de Dios en la proclamación de la Palabra. Prepárese tanto mentalmente como espiritualmente. Lea libros, escuche sermones y hable con hombres más maduros que usted. Finalmente, busque un seminario o una escuela a donde ir para que le ayude a crecer en su conocimiento de la Palabra.

 

Alberto Solano, es instructor adjunto de griego en The Master’s Seminary, misma institución donde estudió una Maestría en Divinidades (M.Div.) y actualmente cursa una Maestría en Teología (Th.M.). Aparte de formar parte de la iglesia Grace Community Church donde sirve en el ministerio hispano junto con su esposa Kathy, Alberto trabaja en el departamento de admisiones del seminario.

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El llamado a la Sana Doctrina

Grace en Español

Alex Montoya

El llamado a la Sana Doctrina

 

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“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los mue

rtos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
2 Timoteo 3.15–4.5

El doctor Alex Montoya ha sido pastor de la First Fundamental Bible Church desde 1972 y tiene una licenciatura en estudios latinoamericanos de la universidad Biola y maestrías en divinidades y en teología del seminario Talbot Theological Seminary.

Él ha servido como profesor asociado de ministerios pastorales en el seminario The Master’s Seminary y previamente como profesor de idiomas del Nuevo Testamento en el seminario Talbot Theological Seminary ambos en California.

En 1975 el doctor Montoya fundó el Seminario Bíblico Fundamental que prepara a varones hispanohablantes para el ministerio del evangelio. También es el autor de Ministerios Hispanos en Norteamérica (Zondervan, 1987) y Predicando con Pasión (Kregel, 2000) y ha compartido su experiencia en el evangelismo y la plantación de iglesias con grupos en los Estados Unidos, Rusia, Alemania y México entre otros.

El pastor Montoya y su linda esposa Favy tienen hijos ya casados y varios nietos. En mayo del 2008, en reconocimiento a su amplia trayectoria como pastor y profesor, el pastor Montoya recibió un doctorado honorario de parte del Master’s Seminary. El doctor Montoya continúa predicando fielmente en la First Fundamental Bible Church a todo el que tiene sed de escuchar la palabra de Dios.

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