“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.” Isaías 65:24.

13 de Agosto

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.” Isaías 65:24.

a1¡Qué obra tan veloz! El Señor nos oye antes de que llamemos; y con frecuencia responde con la misma prontitud. Previendo nuestras necesidades, y nuestras oraciones, arregla la providencia de tal manera que antes de que surja realmente la necesidad, Él la satisface, y antes de que la tribulación asedie, Él nos arma contra ella. Esta es la prontitud de la omnisciencia, y a menudo la hemos visto ejercitada. Antes de que soñáramos con la aflicción que venía, ya había llegado la poderosa consolación que había de sustentarnos a lo largo de ella. ¡Contamos con un Dios que responde las oraciones!

La segunda cláusula nos sugiere el teléfono. Aunque Dios esté en el cielo y nosotros en la tierra, Él hace que nuestra palabra, al igual que Su propia palabra, viaje muy velozmente. Cuando oramos correctamente, hablamos al oído de Dios. Nuestro agraciado Mediador presenta nuestras peticiones de inmediato, y el grandioso Padre las oye y les sonríe. ¡Qué grandioso es orar! ¿Quién no se entregaría de lleno a la oración, sabiendo que el Rey de reyes le oye? Hoy voy a orar con fe, no solamente creyendo que seré oído, sino que soy oído; no solamente sabiendo que Él me responderá, sino que ya tengo la respuesta. ¡Santo Espíritu, ayúdame en esto!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas.” 2 Samuel 22:29

12 de Agosto

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas.” 2 Samuel 22:29

a1¿Estoy en la luz? Entonces Tú, oh Señor, eres mi lámpara. Si te alejaras, mi gozo partiría; pero en tanto que estés conmigo, puedo prescindir de las antorchas del tiempo y de las lámparas del consuelo creado. ¡Qué luz derrama sobre todas las cosas la presencia de Dios! Nos enteramos de u aro que podía ser visto desde una distancia de veinte millas, pero nuestro Jehová no sólo es un Dios que tenemos a la mano, sino que es visto desde lejos, incluso en el país del enemigo. Oh, Señor, cuando Tu amor llena mi corazón, soy tan feliz como un ángel. Tú eres todo mi deseo.

¿Estoy en tinieblas? Entonces Tú, oh Señor, alumbrarás mis tinieblas. Muy pronto las cosas cambiarán. Los asuntos podrían tornarse más y más funestos, y las nubes podrían ir acumulándose; pero si se pusiera tan oscuro que no pudiera ver ni mi propia mano, todavía veré la mano del Señor. Cuando no pueda encontrar una luz dentro de mí, ni entre mis amigos, ni en el mundo entero, el Señor, que dijo: “Sea la luz”, y fue la luz, puede decir lo mismo de nuevo. Por Su palabra mis tinieblas serán alumbradas. No moriré, sino viviré. El día está naciendo. Este precioso texto brilla como la estrella matutina. Batiré mis manos de gozo antes de que pasen muchas horas.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece.” 1 Samuel 2:7

10 de Agosto

“Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece.” 1 Samuel 2:7

a1Todos mis cambios provienen de Aquel que nunca cambia. Si me hubiese vuelto rico, debí haber visto Su mano en ello, y debí haberlo alabado; he de ver igualmente Su mano si empobrezco, y he de alabarle de todo corazón. Cuando bajamos en el mundo, es por el Señor, y por ello debemos tomarlo pacientemente: cuando subimos en el mundo, es por el Señor, y hemos de aceptarlo agradecidamente. En cualquier caso, el Señor lo ha hecho, y está muy bien.

Parecería que la manera de operar del Señor es de abatir a aquellos que tiene la intención de enaltecer, y de desnudar a los que tiene la intención de vestir. Si es Su manera de hacerlo, entonces es la manera más sabia y la mejor. Si estoy experimentando ahora el abatimiento, haría bien en regocijarme, pues veo en ello el prefacio del enaltecimiento. Entre más seamos humillados por la gracia, más seremos exaltados en gloria. Ese empobrecimiento que será tornado para nuestro enriquecimiento, ha de ser bienvenido.

Oh Señor, últimamente Tú me has abatido, y me has hecho sentir mi insignificancia y mi pecado. No es una experiencia agradable, pero te suplico que la conviertas en algo benéfico. ¡Oh, que de esta manera me habilites para soportar un mayor peso de deleite y de utilidad; y cuando esté listo para ello, entonces concédemelo, por Cristo nuestro Señor! Amén.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Juan 15:2.

9 de Agosto

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Juan 15:2.

a1Esta es una preciosa promesa para alguien que vive para la fecundidad. Al principio, parece mostrar un aspecto severo. ¿Tiene que ser podada la rama fructífera? ¿Es preciso que el cuchillo corte a los mejores y a los más útiles? Sin duda así es, pues gran parte de la obra de purificación de nuestro Señor es llevada a cabo por medio de aflicciones de un tipo o de otro. No son los malvados sino los buenos los que reciben la promesa de tribulación en esta vida. Pero, entonces, el fin compensa con creces la dolorosa naturaleza de los medios. Si podemos producir más fruto para nuestro Señor, no nos importará la poda ni la pérdida de follaje.

Aun así, la limpieza es obrada algunas veces por la Palabra aparte de la tribulación, y esto elimina cualquier cosa que pudiera parecer dura en el sabor de la promesa. Por la Palabra seremos hechos más agraciados y más útiles. El Señor, que nos ha hecho fructíferos, en una medida, operará en nosotros hasta que alcancemos un grado más alto de fecundidad. ¿Acaso no este un grande gozo? En verdad hay más consuelo en una promesa de fecundidad que si se nos hubiesen garantizado riquezas, o salud u honor.

¡Señor Jesús, apresúrate a cumplir en mí Tu palabra de gracia, y hazme abundar en fruto para tu alabanza!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Jehová el Señor me ayudará.” Isaías 50:7.

8 de Agosto

“Jehová el Señor me ayudará.” Isaías 50:7.

a1Estas son, en profecía, las palabras del Mesías en el día de Su obediencia hasta la muerte, cuando dio Su cuerpo a los heridores, y Sus mejillas a los que le mesaban la barba. Él confiaba en el sustento divino, y esperaba en Jehová.

¡Oh alma mía, tus aflicciones son como el polvito de la balanza, comparadas con las aflicciones de tu Señor! ¿Acaso no puedes creer que el Señor Dios te ayudará? Tu Señor estaba en una posición peculiar; pues como el representante de los hombres pecadores—su sustituto y su sacrificio—era necesario que el Padre lo dejara, y lo condujera a experimentar la deserción del alma. Una tal necesidad no es impuesta sobre ti: tú no estás obligado a clamar: “¿Por qué me has desamparado?” El Salvador aun en esa condición confió en Dios, y ¿no podrías hacerlo tú? Él murió por ti, y de esta manera hizo imposible que seas dejado solo; por tanto, ten buen ánimo.

En los trabajos y en las pruebas de este día, digan: “Jehová el Señor me ayudará.” Salgan valerosamente. Pongan su rostro como un pedernal, y tomen la determinación de que ningún desmayo ni timidez se apoderarán de ustedes. Si Dios ayuda, ¿quién puede impedirlo? Si están seguros de la omnipotente ayuda, ¿qué podría ser demasiado pesado para ustedes? Comiencen el día con gozo, y no permitan que ninguna sombra de duda se interponga entre ustedes y el eterno brillo del sol.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Josué 1:7.

7 de Agosto

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Josué 1:7.

a1Sí, el Señor estará con nosotros en nuestra guerra santa, pero Él exige de nosotros que sigamos estrictamente Sus reglas. Nuestras victorias dependerán en mucho de nuestra obediencia a Él de todo nuestro corazón, poniendo nuestro esfuerzo y nuestro valor, en las acciones de nuestra fe. Si nos entregamos con un corazón a medias, no hemos de esperar algo más que una bendición a medias.

Debemos obedecer al Señor con solicitud y atención. “Para cuidar de hacer” es la frase utilizada, y está llena de significado. Esto se refiere a cada una de las partes de la voluntad divina; debemos obedecer “conforme a toda la ley”. No podemos seleccionar con esmero lo que queramos, sino que hemos de tomar los mandamientos del Señor conforme los recibimos, todos y cada uno de ellos. En todo esto hemos de proceder con exactitud y constancia. El nuestro debe ser un curso recto, que no se tuerce ni a la derecha ni a la izquierda. No debemos errar siendo más rígidos que la ley, ni volvernos por ligereza a un camino más libre y fácil. Con una obediencia de este tipo vendrá la prosperidad espiritual. ¡Oh, Señor, ayúdanos a ver si acaso no fuera así! No probaremos Tu promesa en vano.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.” Deuteronomio 1:21

6 de Agosto

“Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.” Deuteronomio 1:21

a1Hay una herencia de gracia que debemos ser lo suficientemente valerosos de ganar para que se convierta en una posesión nuestra. Todo lo que un creyente ha ganado, está disponible para los demás. Podemos ser fuertes en la fe, fervientes en el amor, y abundantes en la labor; no hay nada que lo impida; subamos y tomemos posesión. La más dulce experiencia y la gracia más resplandeciente, nos pertenecen tanto a nosotros como a cualquiera de nuestros hermanos. Jehová nos las ha entregado; nadie puede impugnar nuestro derecho; subamos y poseámoslas en Su nombre.

El mundo está también delante de nosotros para ser conquistado para el nombre de Jesús. No hemos de dejar ningún país, ni ningún rincón del mundo sin que sean sometidos. Ese barrio bajo cerca de nuestro hogar está delante de nosotros, no para frustrar nuestros esfuerzos, sino para ceder ante ellos. Sólo tenemos que cobrar el suficiente valor para seguir adelante, y ganaremos para Jesús hogares oscurecidos y corazones empedernidos. Nunca dejemos que la gente que esté en una calzada o en un angosto callejón muera porque no tenemos suficiente fe en Jesús y en Su Evangelio para subir y poseer la tierra. Ningún lugar está demasiado entenebrecido, ninguna persona es tan profana como para estar más allá del poder de la gracia. ¡Fuera de aquí, cobardía! La fe marcha a la conquista.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.” Salmo 37:31.

5 de Agosto

“La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.” Salmo 37:31.

Pónganle la ley en su corazón, y el hombre entero será recto. Allí es donde debe estar la ley; pues entonces descansa, como las tablas de piedra en el arca, en el lugar señalado para ella. En la cabeza confunde, en la espalda abruma, en el corazón sostiene.

a1¡Qué palabra tan preciosa es usada aquí, “La ley de su Dios”! Cuando conocemos al Señor como nuestro propio Dios, Su ley se convierte en libertad para nosotros. Dios con nosotros en un pacto, nos vuelve ávidos de obedecer Su voluntad y de caminar en Sus mandamientos. Entonces me deleito en la ley.

Aquí se nos garantiza que el hombre de corazón obediente será sostenido en cada paso que dé. Hará lo que es recto, y, por tanto, hará lo que es sabio. La acción santa es siempre la más prudente, aunque en el momento no lo parezca. Cuando nos mantenemos en el camino de Su ley, avanzamos a lo largo de la calzada de la providencia y de la gracia de Dios. La Palabra de Dios no ha descarriado a una sola alma todavía; sus claras instrucciones de caminar humildemente, justamente, amorosamente y en el temor del Señor, son tanto palabras de sabiduría para prosperar nuestro camino, como reglas de santidad para mantener limpios nuestros vestidos. El que camina rectamente camina seguramente.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Jehová te bendiga, y te guarde.” Números 6:24.

4 de Agosto

“Jehová te bendiga, y te guarde.” Números 6:24.

a1Esta primera cláusula de la bendición sacerdotal es sustancialmente una promesa. Esa bendición que nuestro grandioso Sumo Sacerdote pronuncia sobre nosotros, vendrá con certidumbre, pues Él habla la mente de Dios.

¡Cuán grande gozo es permanecer bajo la bendición divina! Esto inserta un sabor de gracia en todas las cosas. Si somos bendecidos, entonces todas nuestras posesiones y goces son bendecidos; sí, nuestras pérdidas y nuestras cruces, e incluso nuestras desilusiones son bendecidas. La bendición de Dios es profunda, enfática y eficaz. La bendición del hombre puede comenzar y quedar en palabras; pero la bendición del Señor enriquece y santifica. El mejor deseo que podamos sentir para nuestro amigo más querido no es “que la prosperidad te acompañe”, sino, “Jehová te bendiga”.

Es también algo muy deleitable ser guardados por Dios; guardados por Él, guardados cerca de Él, guardados en Él. Aquellos que son guardados por Dios son eficazmente guardados; son preservados del mal, y son reservados para una felicidad sin límites. La guarda de Dios va acompañada de Su bendición, para afirmarla y hacer que permanezca.

El autor de este librito desea que la rica bendición y la segura guarda pronunciadas aquí, lleguen para cada uno de sus lectores que pueda estar en este instante mirando estas líneas. Y si su autor viviera, por favor, eleven este texto a Dios como una plegaria por Su siervo.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Mas cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su alimento.” Levítico 22:11.

3 de Agosto

“Mas cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su alimento.” Levítico 22:11.

a1Los extranjeros, los huéspedes y los jornaleros no debían comer de las cosas santas. Lo mismo sucede todavía en cuanto a los asuntos espirituales. Pero dos clases de personas eran libres de acercarse a la mesa sagrada: aquellos que eran comprados con el dinero del sacerdote, y aquellos que eran nacidos en la casa del sacerdote. Comprados y nacidos; estas eran las dos pruebas indisputables de un derecho a las cosas sagradas.

Comprados. Nuestro grandioso Sumo Sacerdote ha comprado por un precio a todos aquellos que ponen su confianza en Él. Son Su propiedad absoluta; pertenecen por completo al Señor. No por lo que son en sí mismos, sino estrictamente por causa del dueño, son admitidos a los mismos privilegios que él mismo goza, y “podrán comer de su alimento”. Tienen alimentos para comer que los mundanos desconocen. “Porque sois de Cristo”, por tanto, compartirán con su Señor.

Nacidos. Esta es una vía igualmente segura para alcanzar el privilegio; si somos nacidos en la casa del sacerdote, tomamos nuestro lugar con el resto de la familia. La regeneración nos hace coherederos, y partes del mismo cuerpo; y, por tanto, la paz, el gozo y la gloria que el Padre ha dado a Cristo, Cristo nos ha dado a nosotros. La redención y la regeneración nos han dado un doble derecho al permiso divino para esta promesa.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román