“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13.

15 de Agosto

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13.

a1No todo creyente ha aprendido a orar todavía en el nombre de Cristo. Pedir, no únicamente por medio de Él, sino en Su nombre, como autorizado por Él, es un orden excelso de oración. No nos atreveríamos a pedir algunas cosas en ese bendito nombre, pues sería una vil profanación de Su nombre; pero cuando la petición es tan claramente recta que nos atrevemos a hacerla en el nombre de Jesús, entonces debe ser concedida.
La oración que es para la gloria del Padre por medio del Hijo tendrá mayor seguridad de ser exitosa. Glorifica Su verdad, Su fidelidad, Su poder, Su gracia. La respuesta a la oración, cuando es ofrecida en el nombre de Jesús, revela el amor del Padre por Él, y la honra que ha puesto sobre Él. La gloria de Jesús y la gloria del Padre están tan ligadas, que la gracia que magnifica a la una, magnifica a la otra. El canal se torna famoso por medio de la plenitud de la fuente, y la fuente es honrada por medio del canal por el cual fluye. Si la respuesta a nuestras oraciones deshonrara a nuestro Señor, no oraríamos; pero como en esto, Él es glorificado, oraremos sin cesar en ese amado nombre en el que Dios y Su pueblo tienen una comunión de deleite.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.” 1 Reyes 11:39.

14 de Agosto

“Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.” 1 Reyes 11:39.

a1En la familia de la gracia hay disciplina, y esa disciplina es lo suficientemente severa para que pecar sea algo malo y amargo. Salomón, desviado por sus esposas extranjeras, se había erigido otros dioses, y había provocado gravemente al Dios de su padre; por tanto, diez porciones de las doce que constituían su reino le fueron arrancadas, y fueron establecidas como un estado rival. Esta fue una dolorosa aflicción para la casa de David, que sobrevino sobre esa dinastía claramente proveniente de la mano de Dios, como resultado de la conducta impía. El Señor castigará a Sus más amados siervos si se apartan de la plena obediencia a Sus leyes: quizás en este preciso momento tal castigo esté sobre nosotros. Clamemos humildemente: “Oh Señor, hazme entender por qué contiendes conmigo.”
¡Cuán preciosa es esa cláusula salvadora: “mas no para siempre”! El castigo del pecado es eterno, pero la disciplina paternal por el pecado en un hijo de Dios, no es sino por un tiempo. La enfermedad, la pobreza, la depresión de espíritu, pasarán cuando hubieren rendido el pretendido efecto. Recuerden que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. La vara puede hacer que nos dolamos, pero la espada no hará que muramos. Nuestro dolor presente tiene el propósito de conducirnos al arrepentimiento, para que no seamos destruidos con los malvados.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.