“Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” Éxodo 4:12.

2 de Agosto

“Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” Éxodo 4:12.

a1Muchos verdaderos siervos del Señor son tardos en el habla, y cuando son llamados para predicar a su Señor, se encuentran en grande confusión por miedo de arruinar una buena causa gracias a su intermediación. En tales casos es bueno recordar que el Señor hizo la lengua que es muy tarda, y tenemos que tener cuidado de no culpar a nuestro Hacedor. Podría ser que una lengua tarda no sea un mal tan grande como lo podría ser una lengua rápida, y la escasez de palabras puede ser una mayor bendición que los torrentes de verbosidad. Es también muy cierto que el verdadero poder salvador no radica en la retórica humana, ni en sus tropos, y sus hermosas frases, y grandes despliegues. La falta de fluidez no es una gran falla como pudiera parecer.

Si Dios está con nuestra boca, y con nuestra mente, tendremos algo mejor que el metal que resuena de la elocuencia, o el címbalo que retiñe de la persuasión. La enseñanza de Dios es sabiduría; Su presencia es poder. Faraón tenía más razón de temer al tartamudeante Moisés que al más habilidoso orador de Egipto; pues lo que Moisés decía contenía poder; Moisés habló plagas y muertes. Si el Señor está con nosotros en nuestra debilidad natural, entonces estaremos ceñidos de poder sobrenatural. Por tanto, hablemos por Jesús con denuedo, tal como debemos hacerlo.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” Génesis 17:7.

1 de Agosto

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” Génesis 17:7.

a1Oh Señor, Tú has hecho un pacto conmigo, siervo Tuyo, en Cristo Jesús mi Señor; y ahora, te lo imploro, haz que mis hijos sean incluidos en sus misericordiosas provisiones. Permíteme que crea en esta promesa como hecha para mí así como fue hecha a Abraham. Yo sé que mis hijos son nacidos en pecado, y en maldad han sido formados, al igual que los hijos de los demás hombres; por tanto, no pido nada sobre la base de su nacimiento, pues bien sé que “Lo que es nacido de la carne, carne es”, y nada más. ¡Señor, hazlos nacer bajo Tu pacto de gracia por Tu Santo Espíritu!

Yo oro por mis descendientes a lo largo de todas las generaciones. Sé Tú su Dios como eres mi Dios. Mi más excelso honor es que Tú me hayas permitido servirte; que mi prole te sirva en todos los años venideros. ¡Oh Dios de Abraham, sé el Dios de su Isaac! ¡Oh Dios de Ana, acepta a su Samuel!

Señor, si Tú me has favorecido en mi familia, te suplico que recuerdes a otros hogares de Tu pueblo que permanecen sin bendición. Sé el Dios de todas las familias de Israel. No permitas que ninguno de los que temen Tu nombre sea juzgado junto con el hogar impío y perverso, por Tu Hijo Jesucristo. Amén.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román