Bien pegados

Octubre 26

Bien pegados

Lectura bíblica: Génesis 2:18–25

El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Génesis 2:24

a1Hay un secreto increíble que necesitas saber acerca del amor matrimonial. Y ya tienes edad para saberlo. ¿Estás listo? Si en el futuro quieres un matrimonio duradero y lleno de amor, necesitas un ingrediente especial: un pegamento permanente como el Poxipol.

Quizá estés pensando: ¡Ay! ¿Dios quiere que mi cónyuge y yo nos peguemos las manos para poder caminar siempre juntos?

No exactamente. Dios tiene un tipo de pegamento más profundo. Génesis 2:24 ordena al hombre a permanecer pegado a su esposa. Eso es lo que significa “unirá”. Cuando esposo y esposa están pegados el uno al otro con el pegamento de Dios, constituyen un matrimonio tan unido que perdurará.

Enamorarse —el lado emocional del amor— es muy semejante al pegamento que usas en la escuela. No es bastante fuerte como para mantener unido al matrimonio. Aun en las mejores relaciones, los sentimientos van y vienen. No producen una unión inquebrantable ni un matrimonio que dure toda la vida.

Pero hay otro tipo de pegamento. Es como un pegamento de calidad industrial. Es lo único que mantiene unido al matrimonio. Es el pegamento a toda prueba que se llama compromiso.

Oh, estás pensando, quiere decir tener una ceremonia de casamiento. ¡No! Dar el “sí” delante de un pastor, firmar un acta matrimonial es una parte, pero compromiso es mucho más profundo que eso. Compromiso significa decidir darte diariamente a tu pareja, y luego darse los dos a Dios como una unidad. Usar ese tipo de pegamento es soldar a dos personas con tanta fuerza que pueden resistir todas las presiones, los tirones, los estiramientos y los retorcijones que la vida les depara.

Algún día probablemente aparezca tu príncipe azul o tu dulce princesa. Eso será como fuegos artificiales iluminando el cielo. Como música a tus oídos cuando él o ella diga algo. Y jurarás que te encuentras en el cielo cuando estás con esa persona especial. Eso es enamorarse, y es una experiencia hermosa. Pero formar un matrimonio sólo con ese sentimiento es como tratar de pegar dos ladrillos con el pegamento que usan en la escuela. Estarás listo para ponerte serio en cuanto al matrimonio únicamente cuando puedas responder afirmativamente a esta pregunta importante: “¿Estoy listo para pegarme a esta persona permanentemente?”.

Cuando tú y tu amado comparten el lazo del compromiso a Dios y uno al otro, los fuegos artificiales y la música no desaparecerán. Sencillamente no serán tan importantes como el pegamento permanente.

PARA DIALOGAR
¿Con qué tipo de pegamento estás contando para mantener unido tu matrimonio del futuro?

PARA ORAR
Señor, enséñanos cada día por el resto de nuestra vida lo que significa un compromiso auténtico y lleno de amor.

PARA HACER
Escribe una nota para agradecer a los que te muestran lo que es el pegamento permanente del compromiso matrimonial.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

La autoridad de la Biblia

La autoridad de la Biblia

Autor: Carl F. H. Henry

a1La civilización occidental está en una severa «crisis de autoridad», que no se limita solamente al campo de la fe religiosa, ni tampoco es una amenaza especial o única para los que creen en la Biblia. La autoridad paternal, la autoridad marital, la autoridad política, la autoridad académica y la autoridad eclesiástica son puestas en duda. No sólo la autoridad en particular—la autoridad de las Escrituras, la autoridad del papa, de líderes políticos y así sucesivamente—sino que también el concepto de autoridad en sí mismo es desafiado con vigor. Por eso la crisis actual de autoridad bíblica refleja un consenso decadente de la civilización en los asuntos de soberanía y sumisión.

En algunos aspectos, el poner en duda la autoridad en esta época tiene una base moral legítima y es altamente encomiable. El siglo XX ha sido testigo del ascenso al poder de tiranos crueles y que proceden con arbitrariedad, imponiendo reglas totalitarias en ciudadanías políticamente esclavizadas. En los Estados Unidos se usó mal el poder político durante la llamada «época de Watergate». El poder de las corporaciones ha sido manipulado para obtener ventajas institucionales tanto de enormes conglomerados comerciales como de uniones laborales muy grandes.

Rebelión contra la autoridad bíblica

Juez de hombres y naciones, el Dios que se revela a sí mismo ejerce autoridad y poder ilimitados. Toda la autoridad y el poder de los seres creados provienen de la autoridad y el poder de Dios. Como el Creador soberano de todo, el Dios de la Biblia quiere y tiene el derecho de ser obedecido. El poder que otorga Dios es un fideicomiso divino, una mayordomía. Las criaturas de Dios son moralmente responsables por el uso o mal uso que hagan de dicho poder. En la sociedad humana caída, Dios instituye el gobierno civil para la promoción de la justicia y el orden. Él aprueba un orden de autoridad y relaciones productivas en el hogar al estipular ciertas responsabilidades a los esposos, esposas e hijos. También determina un patrón de prioridades para la iglesia: Jesucristo la cabeza, los profetas y los apóstoles a través de quienes llegó la revelación redentora, y así sucesivamente. Las Escrituras inspiradas, que revelan la voluntad trascendente de Dios en una forma escrita objetiva, son la regla de fe y conducta a través de las cuales Cristo ejercita su autoridad divina en la vida de los creyentes.

La rebelión contra autoridades particulares se ha ampliado en nuestro tiempo a una rebelión contra toda la autoridad trascendente y externa. Poner en duda la autoridad es una práctica que se tolera y promueve en muchos círculos académicos. Algunos filósofos, con un punto de vista totalmente secular, han afirmado que Dios y lo sobrenatural son conceptos imaginarios, y que la verdadera realidad consiste de eventos y procesos naturales. Se dice que toda la existencia es temporal y cambiante; se declara que todas las creencias e ideales son relativos a la época y a la cultura en que aparecen. Por lo tanto, se afirma que la religión bíblica, al igual que todas las religiones, es simplemente un fenómeno cultural. Tales pensadores rechazan la afirmación de la autoridad divina de la Biblia; y la revelación trascendental, las verdades establecidas y los mandamientos inmutables, son considerados invenciones piadosas.

Afirmando que el hombre ha alcanzado «la mayoría de edad», el secularismo radical defiende y apoya la autonomía humana y la creatividad individual. Se dice que el hombre es su propio señor, y el inventor de sus propios ideales y valores. Vive en un universo supuestamente sin propósito, que presumiblemente ha sido formado por un accidente cósmico. Por lo tanto, se declara a los seres humanos como totalmente libres para imponer en la naturaleza y en la historia cualquier criterio moral que prefieran. Para tal punto de vista, insistir en verdades y valores dados divinamente y en principios trascendentales sería reprimir la autorrealización y retardar el desarrollo creativo personal. Por lo tanto, el punto de vista radicalmente secular va más allá de oponerse a autoridades externas particulares cuyas afirmaciones son consideradas arbitrarias o inmorales; el secularismo radical es agresivamente contrario a toda autoridad externa y objetiva, considerándola intrínsecamente restrictiva del espíritu humano autónomo.

Cualquier lector de la Biblia reconoce el rechazo a la autoridad divina y a una revelación definitiva de lo que es bueno o malo como un fenómeno antiguo. No es sólo algo característico del hombre contemporáneo considerar que ha llegado «a la mayoría de edad»; esto ya se encontró en el Edén. Adán y Eva se rebelaron contra la voluntad de Dios siguiendo sus preferencias individuales y su propio egoísmo. Pero su rebelión fue reconocida como pecado y no fue racionalizada como «gnosis» filosófica en las fronteras del avance evolucionista.

Si uno abraza un punto de vista estrictamente de desarrollo, que considera que toda la realidad es contingente y cambiante, ¿qué base queda para el papel decisivamente creativo de la humanidad en el universo? ¿Cómo podría un cosmos sin propósito llevar a la autosatisfacción individual? Solamente la alternativa bíblica del Dios Creador-Redentor, quien creó a los seres humanos para la obediencia moral y un alto destino espiritual, preserva la dignidad permanente y universal de la especie humana. La Biblia lo hace, sin embargo, con un llamado que demanda una decisión espiritual. La Biblia establece que el hombre es superior a los animales, que su dignidad alta («casi igual a Dios», Salmo 8:5, BLS) se debe a la imagen divina racional y moral que tiene por su creación. En el contexto de la participación universal humana en el pecado adánico, la Biblia pronuncia un llamado divino y misericordioso a la redención por medio de la obra y la mediación personal de Cristo. Se invita a la humanidad caída a experimentar la obra renovadora del Espíritu Santo, para ser conformada a la imagen de Jesucristo y anticipar un destino final en la eterna presencia del Dios de justicia y justificación.

El rechazo contemporáneo de los principios bíblicos no descansa en ninguna demostración lógica de que el caso del teísmo bíblico es falso; más bien se basa en una preferencia subjetiva de puntos de vista alternativos de «la buena vida».

La Biblia no es la única que nos recuerda que los seres humanos tienen todos los días una relación responsable con el Dios soberano. El Creador revela su autoridad en el cosmos, en la historia y en la consciencia interior, una revelación del Dios vivo que penetra la mente de cada ser humano (Romanos 1:18–20; 2:12–15). La supresión rebelde de esa «revelación general divina» no consigue evitar completamente el temor de tener que rendir cuentas al final (Romanos 1:32). Sin embargo, es la Biblia como «revelación especial» la que con más claridad confronta nuestra rebelión espiritual con la realidad y autoridad de Dios. En las Escrituras, el carácter y la voluntad de Dios, el significado de la existencia humana, la naturaleza del reino espiritual y los propósitos de Dios para los seres humanos de todas las épocas están declarados en forma totalmente inteligible. La Biblia publica en forma objetiva el criterio por medio del cual Dios juzga a los individuos y a las naciones, así como las maneras en que se pueden recobrar moralmente y ser restaurados a la comunión personal con él.

Por lo tanto, el respeto por la Biblia es decisivo para el curso de la cultura occidental y, a la larga, para la civilización humana en general. La revelación divina inteligible, la base para creer en la autoridad soberana del Dios Creador-Redentor sobre toda la vida humana, descansa en la confiabilidad de lo que dicen las Escrituras acerca de Dios y de su propósito. El naturalismo moderno impugna la autoridad de la Biblia y ataca la afirmación de que la Biblia es la Palabra de Dios escrita, es decir, una revelación dada trascendentalmente de la mente y la voluntad de Dios en una forma literaria objetiva. La autoridad de las Escrituras es el centro de la tormenta en ambas, la controversia sobre la religión revelada y el conflicto moderno sobre los valores de la civilización.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 17). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Menú 5. Nacer, otra vez…

Menú 5. Nacer, otra vez…

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. Juan 3:7.

a1¿Te imaginas poder volver a nacer? Algunos dicen que cambiarían muchas cosas de su vida. Sería una oportunidad de oro: volver a aprender, caminar, tropezar, empezar a hablar quizás de otra manera, ser educado diferente, volver a crecer de una manera más sana y alimentarse mejor. La invitación de Jesús nos lleva a nacer de nuevo, a darnos una nueva oportunidad por voluntad de Dios. Muchos se llaman hijos de Dios pero para serlo hay que volver a nacer de Él. Ser cristiano no tiene nada que ver con afiliarse a alguna iglesia de manera nominal, o estar en una familia cristiana. Tampoco sirve de nada tener un nombre u otro, ser de una denominación u otra. Lo importante es si has nacido de nuevo y si eres hijo de quien dices ser.

Ninguna institución salva, solo Dios salva. ¿No?

Tampoco tiene que ver con una frase que pronunciaste hace un montón de tiempo diciendo que querías que Jesús entrase en tu corazón. Si lo hiciste pero no naciste de nuevo tampoco importa. Mucho menos es una creencia solo intelectual en un Dios que se hizo hombre y murió por nosotros. Tiene que ocurrir algo más, algo que solo Dios puede hacer, tienes que nacer, otra vez. Dios te tiene que salvar a TI. Y eso implica muchas cosas.

“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”. Romanos 10:9.

Por lo que a nosotros respecta, nacer es decidir empezar de cero, hacer que tu vida tome otro rumbo y reconocer a Dios como tu Padre. Amarlo. En la iglesia actual parecemos más interesados en una filiación escrita en un papel que en que la gente reconozca a Dios como Padre y a Jesús como Señor. La relación con Dios que nos enseñó Jesús es una relación de padre a hijo, con todas las consecuencias que ello conlleva: conocerlo, escucharlo, ser corregido y parecerte cada vez más a tu padre en la medida que creces (eso dicen que me pasa a mí con mi padre, es pura genética).

Otro aspecto de nacer de nuevo, es que nadie nace mayor, sabiendo las cosas. Nacemos bebés, y debemos alimentarnos bien si queremos crecer y recibir los cuidados necesarios. En una igleburger se está alimentando a los bebés con perritos calientes espirituales.

¡Qué importante es dar el alimento correcto en el momento correcto!

No podemos permitir que el amor de Dios, su perdón, su llamado al arrepentimiento y la comprensión de los hermanos, sea sustituido por un mensaje acerca de cómo hacer crecer una empresa que tiene nombre de iglesia, pero que en realidad está más pendiente de las cuentas económicas que de las cuentas con Dios. No es iglesia lo que se parece a una iglesia externamente.

“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto”. Apocalipsis 3:1.

Es nuestra responsabilidad conocer qué es lo que necesitan los recién nacidos, responsabilidad de todos. Recuerda cuando tú naciste de nuevo, ¿Qué era lo que necesitabas? ¿Lo que de verdad necesitabas en lo más profundo de tu ser? ¿Ya lo sabes? Dáselo también a los demás.

“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” Santiago 1:18.

El punto de partida es Él, no nosotros. Es Dios el que nos hizo nacer, que hizo el milagro de que le creyéramos y se esforzó en hacernos entender su amor. Así que descansa en él, sabe los hijos que quiere tener.

Ahora bien, parte de nuestra responsabilidad es hacer crecer lo que Dios ha hecho nacer.

Así que no nos durmamos en los laureles y alimentémonos bien y crezcamos como debemos.

Y para crecer en la iglesia debemos entender que no basta con lo que nos dan el domingo. El crecimiento depende sobre todo de nuestra relación con Dios y con los demás.

Cada día.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 26–27). Álex Sampedro.

¿CUMPLIÓ JESÚS LAS PROFECÍAS MESIÁNICAS?

Autor: LEE STROBEL

¿CUMPLIÓ JESÚS LAS PROFECÍAS MESIÁNICAS?

a1En una entrevista, Norman Geisler, de su vasta colección de citas de escépticos, me refirió la respuesta del agnóstico, Bertrand Russell, cuando le preguntaron bajo qué condiciones creería en Dios:

«Bueno, si oyera una voz desde el cielo que predijera una serie de cosas para las siguientes veinticuatro horas, cosas muy improbables, y llegaran a suceder, creo que tal vez

tendría que creer que hay alguna clase de inteligencia suprahumana. No puedo concebir otro tipo de evidencia que pudiera convencerme y, en lo que a mí respecta, no existe

dicha evidencia» .

Cuando le preguntaron qué respondería a Russell, Geisler sonrió y dijo: «Yo le diría: «Sr. Russell, hubo una voz del cielo; esta predijo muchas cosas; y sin duda algunas las

hemos visto suceder»».

Geisler se refería a la manera milagrosa en que los profetas predijeron acontecimientos y circunstancias específicas que culnlinarían cientos de años después con la llegada del Mesías (el «Ungido») que redimiría a Israel y al mundo. Aun un escéptico recalcitrante como Russell, tuvo que admitir que se requeriría un acto de Dios para que alguien pudiera predecir una serie de sucesos improbables y que estos se cumplieran contra toda probabilidad. Por lo tanto, las profecías mesiánicas, que se cumplieron con jesús de Nazaret, son una poderosa confirmación de su identidad.

El Antiguo Testamento contiene miles de profecías acerca de la venida del Mesías. Según Barton Payne’s Encyclopedia of Biblical Prophecy [Enciclopedia de Profecía Bíblica Barton Payne] se cumplieron ciento noventa y una profecías, mientras que el académico de Oxford, Alfred Edersheim, cita cuatrocientos casos: «Lo más importante que debemos tener presente es la unidad orgánica del Antiguo Testamento -apunta- . Sus predicciones no están aisladas sino que son parte de un gran cuadro profético».

Es indudable que estas predicciones se escribieran cientos de años antes de que jesús naciera en Belén. «Aun los críticos más liberales reconocen que los libros proféticos se completaron unos cuatrocientos años a.c. y que el libro de Daniel se terminó alrededor del año 167 a.c.», dice Geisler.

Agregó que hay suficiente evidencia para datar la mayoría de los libros en fechas considerablemente anteriores que esas; hay algunos Salmos y profecías tempranas que  datan de los siglos octavo y noveno antes de Cristo.

Geisler señala que un pasaje solo, Isaías 53:2~12, predice doce aspectos de la pasión de Cristo, todos los cuales se cumplieron: Jesús sería rechazado, sería un varón de dolores, tendría una vida de sufrimiento, los hombres lo despreciarían, llevaría nuestros dolores, sería golpeado y herido por Dios, sería traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, y sufriría como un cordero, moriría por los malvados, sería sin pecado, y oraría por otros.

La mayoría de los rabinos rechazan la noción de que este pasaje de Isaías sea una figura del Mesías e insisten en que se trata de una referencia a la nación judía. Sin embargo, Geisler dice: «Antes del tiempo de Cristo era común que los intérpretes judíos enseñaran que Isaías estaba hablando del Mesías judío. Solo después que los primitivos cristianos comenzaran a usar el texto apologéticamente y con mucha fuerza, se convirtió en una enseñanza rabínica del sufrimiento de la nación judía. Esta visión no es plausible en el contexto».

Otras de las principales predicciones acerca del Mesías, que se cumplieron todas en Jesús, fueron: que nació de mujer (cf. Génesis 3:15), que sería una virgen (cf. Isaías 7:14), de los descendientes de Abraham (cf. Génesis 12:1~3j 22:18), de la tribu de Judá (cf. Génesis 49:10), de la casa de David (cf. 2 Samuel 7:12~16), que nacería en Belén (cf. Miqueas 5:2), que sería anunciado por el mensajero del Señor (cf. Isaías 40:3); que purificaría el templo (cf. Malaquías 3:1), que se «le quitaría la vida» 483 años después del anuncio de la reconstrucción de Jerusalén en el año 444 a.e. (cf. Daniel 9:24~27), que sería rechazado (cf. Salmo 118:22), que sus manos y sus pies serían horadados (cf. Salmo 22:16), que su costado sería traspasado (cf. Zacarías 12:10), que resucitaría de entre los muertos (cf. Salmo 16:10), que ascendería a los cielos (cf. Salmo 68:18), y que se sentaría a la derecha del estrado de Dios (cf. Salmo 110:1).

El cumplimiento exacto de tantas predicciones específicas es de tal persuasión apologética que los críticos reiteradas veces las han objetado en un intento por negarlas. Las objeciones más comunes son las siguientes:

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Divorcio es una mala palabra

Octubre 25

Divorcio es una mala palabra

Lectura bíblica: Marcos 10:1–10

Y serán los dos una sola carne. Así que, ya no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. Marcos 10:8, 9

a1Miguel y Julia se enamoraron cuando todavía estaban en la escuela secundaria. Se conocieron en un supermercado donde trabajaban. Empezaron a salir y se enamoraron locamente. Se casaron antes de terminar sus estudios, y antes de su primer aniversario, Julia tuvo un bebé adorable. Pero durante su segundo año, Miguel y Julia se “desenamoraron” con la misma rapidez con que se habían enamorado. Su romance terminó en divorcio.

La mayoría conocemos parejas —entre nuestros conocidos, vecinos, amigos y aun también padres— que han caído víctimas de la epidemia de divorcios que cunde en nuestra cultura. Lamentablemente —y por diversas razones— los divorcios también ocurren entre los creyentes. El divorcio es un tema que muchos cristianos discuten en la actualidad.

El divorcio también era un tema candente en los tiempos bíblicos. El Antiguo Testamento menciona que un hombre podía divorciar a su esposa si descubría “en ella alguna cosa vergonzosa” (énfasis agregado, Deuteronomio 24:1).

Para cuando vino Jesús, había entre los judíos conceptos muy diversos y hasta totalmente opuestos sobre el divorcio.

Los fariseos —los rígidos detallistas— afirmaban que “cosa vergonzosa” quería decir sólo “infidelidad”. Un marido podía divorciar a su esposa sólo si ella se iba con otro. El otro concepto de “cosa vergonzosa” era que significa cualquier cosa que no agradaba al esposo. El hombre podía divorciar a su esposa por cualquier error, ¡como ser haber quemado el pan tostado en el desayuno o no tenerle toda la ropa remendada!

Cuando los fariseos presionaron a Jesús para que les dijera lo que pensaba sobre el divorcio, estaban buscando una razón para poder condenarlo. Pero Jesús no cayó en la trampa, no tomó partido con nadie. En cambio, les hizo saber que según el concepto que Dios tiene del matrimonio, divorcio es una mala palabra. Jesús citó las primeras palabras de Dios sobre el matrimonio: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). En el propósito original de Dios para el matrimonio, esposo y esposa estaban unidos en una unidad indisoluble. Y punto. Divorcio no estaba en el vocabulario de Dios.

El divorcio, aun en el mejor de los casos, es el último recurso, la opción final después de que todos los intentos por resolver los conflictos, solucionar la incompatibilidad y curar los resentimientos hayan fracasado.

Nadie contrae matrimonio planeando divorciarse. Pero tu mejor alternativa es meterte en la mente ahora mismo que quieres en el futuro un matrimonio que dure toda la vida.

PARA DIALOGAR
¿Qué tipos de actitudes y acciones puedes poner en práctica que te ayuden algún día a ser una buena pareja matrimonial?

PARA ORAR
Señor, enséñame cómo llevarme bien con los demás y a ser un amigo fiel. Ayúdame a adquirir las habilidades que necesitaré en el futuro si me caso.

PARA HACER
Pídele a uno de tus padres o a un hermano mayor que te ayude a hacer una lista de habilidades sobre las que trabajarás, que te ayuden a ser un amigo y una pareja matrimonial fiel en el futuro.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

El mensaje de la Biblia

El mensaje de la Biblia

Autor: F. F. Bruce

a1La Biblia ha jugado, y continúa jugando, un papel notable en la historia de la civilización. Muchos lenguajes se han comenzado a escribir por primera vez para que la Biblia, en su totalidad o en parte, se pudiera traducir a ellos en forma escrita. Y este es sólo un pequeño ejemplo de la misión civilizadora de la Biblia en el mundo.

Esta misión civilizadora es el efecto directo del mensaje central de la Biblia. Puede sorprender que se hable de un mensaje central en una colección de escritos que refleja la historia de la civilización en el Cercano Oriente a través de miles de años. Pero hay un mensaje central, y es este reconocimiento el que ha llevado al tratamiento común de la Biblia como un solo libro, y no sólo una colección de libros—al igual que el plural griego biblia (libros) se convirtió en el singular latín biblia (el libro).

El mensaje central de la Biblia es la historia de la salvación, y a través de ambos Testamentos se pueden distinguir tres aspectos de esta historia en desarrollo: el que trae la salvación, el camino a la salvación y los herederos de la salvación. Esto podría ser reformulado en términos de la idea del pacto, expresando que el mensaje central de la Biblia es el pacto de Dios con los hombres; y que los aspectos son el mediador del pacto, la base del pacto y la gente del pacto. Dios mismo es el Salvador de su pueblo y es él quien confirma su pacto de misericordia con ellos. El que trae la salvación, el mediador del pacto, es Jesucristo, el Hijo de Dios. El camino a la salvación, la base del pacto, es la gracia de Dios, que pide de su pueblo una respuesta de fe y obediencia. Los herederos de la salvación, el pueblo del pacto, son el Israel de Dios, la iglesia de Dios.

La continuidad del pueblo del pacto del Antiguo Testamento y el pueblo del pacto del Nuevo Testamento no está clara para el lector de nuestra Biblia actual, porque «iglesia» es una palabra exclusiva del Nuevo Testamento y es natural que el lector piense que la iglesia es algo que comenzó en la época del Nuevo Testamento. Pero el lector de la Biblia griega no se enfrentaba a ninguna palabra nueva cuando encontró ekklesia en el Nuevo Testamento; ya la había encontrado en la Septuaginta como una de las palabras para indicar a Israel como la «asamblea» del pueblo del Señor. Sin embargo, es cierto que tiene un significado nuevo y más amplio en el Nuevo Testamento. El pueblo del viejo pacto tenía que morir con él para resucitar con él a una nueva vida—una nueva vida en la cual habían desaparecido las restricciones de nacionalidad. Jesús provee en sí mismo la continuidad vital entre el Israel antiguo y el nuevo, y sus fieles seguidores eran ambos, el remanente del antiguo y el núcleo del nuevo. El Señor siervo y su pueblo siervo unen a los dos Testamentos.

El mensaje de la Biblia es el mensaje de Dios para el hombre, comunicado «muchas veces y de varias maneras» (Hebreos 1:1, NVI) y finalmente encarnado en Cristo. Así que «la autoridad de las Santas Escrituras, por las que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente de Dios (quien en sí mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas, porque son Palabra de Dios» (Confesión de fe de Westminster, 1.4).

Bibliografía

Barr, J., editor general. The Cambridge History of the Bible [La historia Cambridge de la Biblia], Volúmenes I–III, 1975.

Bruce, F. F. The Books and the Parchments [Los libros y los pergaminos], 1952.

Dodd, C. H. According to the Scriptures [Según las escrituras], 1952.

Reid, J. K. S. The Authority of the Bible [La autoridad de la Biblia], 1957.

Warfield, B. B. The Inspiration and Authority of the Bible [La inspiración y la autoridad de la Biblia], 1948.

Westcott, B. F. The Bible in the Church [La Biblia en la iglesia], 1896.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 5). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Menú 4. Lo mejor que nos puede pasar

Menú 4. Lo mejor que nos puede pasar

a1En una igleburger la idea central consiste en mejorarnos. Nos ofrecen un servicio de cuidado personal donde mi yo, que en esencia es bueno, puede crecer. Como una clínica de estética, o un club de autoayuda, buscamos la superación personal como meta espiritual; y hay lugares que así lo ofrecen.

Jesús no.

Arrepentíos, resuena en mis oídos. Es el llamado primero, quizás el más importante que escuche jamás.

¿En qué consiste? El arrepentimiento es un cambio radical de mis valores. Si mi vida estaba centrada en mí, Dios me pide que me centre en Él. Si mis intereses eran la bandera que me acompañaba a todas partes, ahora son Su Reino y sus intereses. Mi vida estará en función de la suya, negarme a mí mismo será mi norma:

“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20.

El arrepentimiento es un cambio de conductor en el vehículo de mi vida.

Es poner mi confianza y mi futuro en manos de un Dios justo, amoroso y bueno y que tiene un plan para mí, quizás no el que yo quiero o deseo, pero sí el mejor para la eternidad.

Arrepentirse implica reconocer que uno debe cambiar, y cambiar mucho. Reconocer que en esencia estaba equivocado y que necesito aprender desde cero. Que no sé nada como debo saberlo y que mi vida estaba tomando un rumbo totalmente opuesto a lo que Dios quiere.

Esto y mucho más es arrepentimiento. Y además de reconocer que soy pecador, debo querer cambiar, y poner mi confianza en Dios para hacerlo.

Un verdadero milagro que solo Jesús puede hacer en mí

Algunos nos dicen que podemos mejorar nuestra condición siguiendo este o aquel consejo, pero no diagnostican nunca el problema central, ni nos dan la verdadera solución. Y engañados durante mucho tiempo, pensamos que seguimos a Jesús cuando ni siquiera hemos reconocido que necesitamos su perdón.

Imagina por un momento que alguien tiene una enfermedad muy grave pero que no es consciente de ella. La enfermedad crece en su interior mientras él sigue viviendo como si nada.

Pero si no se trata puede morir

Un médico conoce la cura y sabe perfectamente lo que el paciente debe hacer. El proceso puede doler, pero es lo mejor para el paciente. Si nadie le dice nada, no le diagnostican correctamente, la enfermedad seguirá su curso y aunque el sujeto lo desconozca, las consecuencias lo alcanzarán.

Pero si el médico le informa al paciente de su situación y además le dice que tiene tratamiento le dará esperanza, una oportunidad para una vida mejor y más larga. ¿No sería lo mejor que le pudiera pasar? Creo que sí, y aunque al principio pudiera ser difícil de aceptar, el paciente estaría eternamente agradecido con el médico sabio y bueno.

Nuestra condición es de pecadores, es nuestra enfermedad, estamos peleados con Dios, y no basta solo con poner parches que alivien el dolor, no basta con ignorar el problema para que desaparezca. No es suficiente vivir una vida irreal que al final nos llevará al desastre.

Jesús nos presenta la realidad y nos invita a vivir de verdad.

El diagnóstico

es claro. Sí, soy pecador. Entender el evangelio comienza bajando el concepto que tenemos de nosotros hasta lo más bajo y a la vez elevándolo hasta dimensiones divinas y eternas. Esa es la paradoja de las buenas noticias. No como un truco sentimental, sino por el reconocimiento de lo que realmente somos.

Las consecuencias

si no me trato también las conozco. Si no cambio, esto me llevará a morir, a no percibir a Dios, a no querer estar con Él, a vivir una vida que toma un rumbo equivocado para la que fue creada.

La solución

pasapore reconocimiento de la enfermedad y el arrepentimiento, un cambio radical de naturaleza, un milagro, que solo el doctor Jesús puede hacer. ¿Quién si no podría cambiarme a mí?

Y si lo hace, si realmente lo hace, estaré eternamente agradecido con Él.

Mientras tanto, en la igleburger siguen dando consejos para ser un mejor trabajador, un mejor estudiante, un mejor esposo y cosas así. No digo que eso esté mal. Solo que primero hay que hablar de otras cosas, y todos esos temas estarán en función de lo primero, de la mejor noticia que te pueden dar para, a partir de ahí, construir toda nuestra nueva vida.

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33.

Porque aquí no estoy hablando de mejorar, ni de si te apetecen patatas fritas con ketchup o mostaza, o de cómo te apetece vivir tu vida. Estoy hablando de rescatarte, de curarte, de salvarte. Eso es más importante que todo lo demás. No es saciar necesidades básicas del ser humano para ser una iglesia moderna, o postmoderna, o que ofrece buenos “tips” y ya está, que pretende cumplir una función dentro de la sociedad. Que entretiene a los jóvenes con actividades para que no hagan cosas raras, ni se junten con malas compañías. No, es mucho más serio, estamos hablando de un verdadero cambio, un reconocimiento de nuestra condición y una intención de querer agradar a Dios. Lo demás vendrá como consecuencia.

Cambiar. Algo tan difícil de hacer que solo con Jesús lo podemos lograr. En la igleburger no se habla mucho de esto, ni de las consecuencias reales que en nuestra vida tiene el arrepentimiento, hay otros temas más actuales que tratar como para comentar estos “asuntos antiguos”. Sin embargo se nos va la vida en ello. Y es que es tan milagroso arrepentirse que Jesús lo llama “nacer de nuevo”.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 26–27). Álex Sampedro.

5. La milagrosa resurrección es uno de los hechos más con~ firmados del mundo de la antigüedad

Autor: LEE STROBEL

5. La milagrosa resurrección es uno de los hechos más con~ firmados del mundo de la antigüedad

a1El mayor milagro de Jesús fue su resurrección de entre los muertos, después de la brutal tortura sufrida a manos de los romanos. Como se descdbe en la última sección de este capítulo, hay evidencia histórica convincente para concluir que la resurrección de Jesús efectivamente sucedió.

Las explicaciones alternativas son débiles

Algunos críticos han intentado postular teorías para desechar los milagros de Jesús, pero ninguna resiste el escrutinio. Por ejemplo, Charles Templeton planteó que los milagros de sanidad de Jesús tal vez no fueron más que fenómenos psicosomáticos. Aunque Gary Collins, con una trayectoria de más de veinte años como profesor universitario de Psicología, ha dicho que no se podría descartar que Jesús hubiera sanado a veces por sugestión, de ningún modo es capaz de explicar todos sus milagros. En una entrevista, hizo la siguiente observación:

«A menudo la sanidad sicosomática lleva tiempo; las sanidades de Jesús eran espontáneas. Muchas veces la gente que es sanada psicológicamente experimenta la reaparición de los síntomas pocos días después, sin embargo, no vemos evidencia alguna de eso. Además, Jesús sanó dolencias como la ceguera de nacimiento y la lepra, para las cuales no es muy probable que quepa la explicación psicosomática.

»Y, por encima de todo eso, Jesús resucitó gente de entre los muertos, iY la muerte no es un estado inducido psicológicamente! Además, están todos sus milagros naturales: calmar la tempestad, transformar el agua en vino. Eso desafía las respuestas naturalistas».

Collins está en lo cierto. Las explicaciones naturalistas no son capaces de explicar toda la diversidad, los tipos y las circunstancias de los milagros de jesús. Además, tampoco resisten el escrutinio los alegatos de que sus milagros eran mitos inspirados en historias antiguas de las deidades helénicas o de hombres piadosos judíos. Después de estudiar las diferencias y similitudes entre estas historias y los Evangelios, Gary Habermas concluye: «De ningún modo puede demostrarse que los paralelismos con los mitos antiguos expliquen los hechos de los Evangelios».

Mi conclusión es que los relatos de los prodigios sobrenaturales de jesús, sus sanidades, exorcismos y manifestaciones de poder sobre la naturaleza eran auténticos y que son confirmación adicional de su identidad como Hijo de Dios. «La acumulación de hechos -como hace notar Habermas- muestra que los Evangelios están en lo cierto cuando registran que jesús realizó milagros».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

A remontarnos sobre la tormenta

Octubre 24

A remontarnos sobre la tormenta

Lectura bíblica: Isaías 40:25–31

Los que esperan en Jehovah renovarán sus fuerzas; levantarán las alas como águilas. Correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán. Isaías 40:31

a1Teresa acaba de sacar una mala calificación en su boletín. A Carlos lo corrieron del equipo. A Sara la traicionó una amiga. Situaciones como éstas pueden ser muy tristes. Y para algunos, el dolor es aun más profundo, como Melinda, cuyos padres se están divorciando. O Susana, cuya mejor amiga murió el mes pasado atropellada por automóvil. O Cuca, a quien acaban de diagnosticarle una forma rara de cáncer.

¿Te has dado cuenta de que nadie se libra de tener momentos difíciles? Algunos de esos momentos son de vida y muerte. Otros son solamente frustraciones o desengaños. Pero, sin excepción, todos causan un dolor agonizante. Nos hacen sentir como si se nos desplomara el mundo. Y en momentos como éstos no hay nada que necesitamos más que concentrar nuestra vista en quién es Dios. Piensa en esta maravillosa descripción en Isaías 40:

• Dios es todopoderoso. Él creó todo el universo, desde el diseño intricado de la célula más pequeña hasta la grandeza ilimitada del vasto cielo. Nada es demasiado grande ni demasiado difícil para él. Nada es demasiado pequeño que no merezca su atención.

• Dios es enteramente cariñoso. Dado que Dios creó todas las estrellas y llama a cada una por su nombre, ¿qué crees que Dios siente hacia ti, su hijo creado a su imagen? Jesús contestó esa pregunta. “Mirad las aves del cielo”, dijo, “que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y nuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?” (Mateo 6:26). Dios te ama más de lo que te puedes imaginar.

• Dios da fuerzas al débil. Quizá te sientas paralizado y azotado por las circunstancias difíciles que te toca vivir. Pero puedes confiar en el Señor y no darte por vencido. Él ve tus necesidades y te dará la fortaleza para seguir adelante, aun para correr, volar y remontarte sobre las presiones de la vida.

Reflexiona en lo que significa que Dios sea todopoderoso y también totalmente amante. Si él fuera poderoso pero no amante, nos pasaríamos la vida temiendo su enojo y su juicio. Si Dios fuera cariñoso pero débil, no podría ayudarnos en nuestras pruebas. ¡El Dios que servimos es fuerte y también bondadoso, y es por eso que podemos confiar en él!

PARA DIALOGAR
¿Qué situación tormentosa has tenido en tu vida últimamente? ¿Te ha prometido Dios darte fuerzas para superarla?

PARA ORAR
Te alabamos, Señor, porque nos amas tanto que nos ayudas a superar nuestras dificultades. Y tú eres lo suficientemente poderoso para hacerlo.

PARA HACER
Aumenta hoy tu confianza en Dios memorizando Isaías 40:31. Y comparte esa verdad alentadora con un amigo.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

LOS DOS TESTAMENTOS

LOS DOS TESTAMENTOS

Autor: F. F. Bruce

a1La palabra «testamento» en las designaciones «Antiguo Testamento» y «Nuevo Testamento», que se da a las dos divisiones de la Biblia, va desde el término testamentum en latín, al griego diatheke, que en la mayoría de las veces que aparece en la Biblia griega significa «pacto» en lugar de «testamento». En Jeremías 31:31, se predice un nuevo pacto, el cual reemplazará al que Dios hizo con Israel en el desierto (compare Éxodo 24:7 y siguientes). «Al llamar “nuevo” a ese pacto, ha declarado obsoleto al anterior» (Hebreos 8:13, NVI). Los escritores del Nuevo Testamento ven el cumplimiento de la profecía del nuevo pacto en el nuevo orden inaugurado por la obra de Cristo; sus propias palabras de institución (1 Corintios 11:25) dan la autoridad para esta interpretación. Los libros del Antiguo Testamento, entonces, se llaman así debido a su asociación cercana con la historia del «antiguo pacto»; los libros del Nuevo Testamento se llaman así debido a que son los documentos en que se funda el «nuevo pacto». Un enfoque a nuestro uso común del término «Antiguo Testamento» aparece en 2 Corintios 3:14 (NVI) que dice: «al leer el antiguo pacto», aunque probablemente Pablo se refiere a la ley, la base del antiguo pacto, más que a todo el volumen de las Escrituras hebreas. Los cristianos usaron en general los términos «Antiguo Testamento» y «Nuevo Testamento» para las dos colecciones de libros durante la última parte del siglo II; Tertuliano tradujo diatheke al latín usando la palabra instrumentum (un documento legal) y también testamentum; la última palabra fue la que sobrevivió, desafortunadamente, puesto que las dos partes de la Biblia no son «testamentos» en el uso común del término.

El Antiguo Testamento

En la Biblia hebrea, los libros están ordenados en tres divisiones: la Ley, los Profetas y los Escritos. La Ley consta del Pentateuco, los cinco «libros de Moisés». Los Profetas se dividen en dos subdivisiones: los «Primeros Profetas», que son Josué, Jueces, Samuel y Reyes; y los «Últimos Profetas», que incluyen Isaías, Jeremías, Ezequiel y «El libro de los Doce Profetas». Los Escritos contienen el resto de los libros: primero se encuentran los Salmos, Proverbios y Job; luego los cinco «rollos», que son el Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester; y finalmente Daniel, Esdras–Nehemías y Crónicas. Tradicionalmente se considera que el total es veinticuatro, pero estos veinticuatro corresponden exactamente a nuestro cómputo común de treinta y nueve, puesto que en el último cómputo los Profetas Menores se cuentan como doce libros, y Samuel, Reyes, Crónicas y Esdras–Nehemías como dos cada uno. En la antigüedad había otras formas de contar los mismos veinticuatro libros; en una (atestiguada por Josefo) el total fue rebajado a veintidós; en otra (que Jerónimo conocía) el total fue elevado a veintisiete.

No se le puede seguir la pista al origen del arreglo de los libros en la Biblia hebrea; se cree que la división en tres partes corresponde a las tres etapas en las que los libros recibieron reconocimiento canónico, pero no existe evidencia directa que lo pruebe.

En la Septuaginta, los libros están ordenados de acuerdo a la similitud del tema. El Pentateuco es seguido por los libros históricos, y estos son seguidos por los libros de poesía y sabiduría, y estos por los profetas. Es este orden, en sus características esenciales, el que ha sido perpetuado (por medio de la Vulgata) en la mayoría de las ediciones cristianas de la Biblia. En algunos aspectos este orden es más fiel a la secuencia cronológica del contenido narrativo que el orden de la Biblia hebrea; por ejemplo, Rut aparece inmediatamente después de Jueces (puesto que registra cosas que pasaron «en los días en que gobernaban los jueces»), y el trabajo del historiador aparece en el siguiente orden: Crónicas, Esdras y Nehemías.

La división en tres partes de la Biblia hebrea se refleja en las palabras de Lucas 24:44 («en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos»); es más común en el Nuevo Testamento la referencia a «la ley y los profetas» (vea Mateo 7:12), o «Moisés y los profetas» (vea Lucas 16:29).

La revelación divina que registra el Antiguo Testamento fue comunicada en dos formas principales: por obras poderosas y por palabras proféticas. Estas dos formas de revelación están unidas en forma indisoluble. Las obras de misericordia y de juicio, con las cuales el Dios de Israel se hizo conocer a su pueblo elegido, no habrían podido llevar su mensaje apropiado si los profetas no se las hubieran interpretado—los «portavoces» de Dios que recibieron y comunicaron su Palabra. Por ejemplo, los hechos del Éxodo no habrían tenido un significado perdurable para los israelitas si Moisés no les hubiera dicho que en esos hechos el Dios de sus padres estaba actuando para liberarlos, de acuerdo a sus antiguas promesas, para que ellos pudieran ser su pueblo y él su Dios. Por otra parte, las palabras de Moisés no hubieran tenido fruto aparte de su vindicación en los acontecimientos del Éxodo. Podemos comparar el papel significativo y muy parecido de Samuel en la época de la amenaza de los filisteos, de los grandes profetas del siglo VIII a.C. cuando Asiria estaba arrasando con todo lo que tenía por delante, de Jeremías y Ezequiel cuando el reino de Judá llegó a su fin, y así sucesivamente.

Esta interacción de obras poderosas y palabras proféticas en el Antiguo Testamento explica por qué la historia y la profecía están tan entremezcladas a través de sus páginas; sin duda fue el descubrimiento de esto lo que guió a los judíos a incluir los libros históricos importantes entre los Profetas. Pero no sólo los escritos del Antiguo Testamento registran la progresiva revelación doble de Dios; al mismo tiempo registran la respuesta de los hombres a la revelación de Dios—una respuesta a veces obediente, y con demasiada frecuencia desobediente. En este registro del Antiguo Testamento de la respuesta de aquellos a quienes les llegó la Palabra de Dios, el Nuevo Testamento encuentra instrucción práctica para los creyentes. El apóstol Pablo escribe lo siguiente de la rebelión de los israelitas en el desierto, y de los desastres que siguieron: «Todo esto les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos» (1 Corintios 10:11, NVI).

En cuanto a su posición en la Biblia cristiana, el Antiguo Testamento es preparatorio en carácter: lo que «Dios … habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas», esperó su cumplimiento en lo que «nos ha hablado por medio de su Hijo» (Hebreos 1:1–2, NVI). Sin embargo, el Antiguo Testamento era la Biblia que los apóstoles y otros predicadores del evangelio en los primeros días del cristianismo llevaban consigo cuando proclamaban a Jesús como el Mesías, Señor y Salvador divinamente enviado; encontraron en el Antiguo Testamento el testimonio claro de Cristo (Juan 5:39), y una clara exposición del camino de salvación a través de la fe en él (Romanos 3:21; 2 Timoteo 3:15). Para usar el Antiguo Testamento tenían la autoridad y el ejemplo de Cristo mismo, y desde entonces la iglesia ha hecho bien cuando ha seguido el precedente sentado por él y sus apóstoles y reconocido al Antiguo Testamento como Escritura cristiana. «Lo que fue indispensable para el Redentor debe ser siempre indispensable para los redimidos» (G. A. Smith).

El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento complementa al Antiguo Testamento en relación al cumplimiento de promesas. Si el Antiguo Testamento registra que «Dios … habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas», el Nuevo Testamento registra esa palabra final que Dios habló en su Hijo, en quien toda la revelación inicial se resumió, confirmó y trascendió. Las obras poderosas de revelación del Antiguo Testamento culminaron en la obra redentora de Cristo; las palabras de los profetas del Antiguo Testamento reciben su cumplimiento en él. Pero él no es sólo la revelación suprema al hombre; es también la respuesta perfecta del hombre a Dios—el sumo sacerdote así como el apóstol de nuestra profesión (Hebreos 3:1). Si el Antiguo Testamento registra el testimonio de aquellos que vieron el día de Cristo antes de que llegara, el Nuevo Testamento registra el testimonio de aquellos que lo vieron y lo escucharon en los días en que vivía en la carne, y que llegaron a conocer y a proclamar el significado de su venida más cabalmente, por el poder de su Espíritu, después de su resurrección de los muertos.

Durante los últimos 1.600 años, la gran mayoría de los cristianos ha aceptado que el Nuevo Testamento está compuesto de veintisiete libros. Estos veintisiete libros caen naturalmente en cuatro divisiones: (1) los cuatro Evangelios, (2) los Hechos de los Apóstoles, (3) veintiún cartas escritas por los apóstoles y «hombres apostólicos» y (4) el Apocalipsis. Este orden no sólo es lógico, sino que bastante cronológico en lo referente al tema de los documentos; sin embargo, no corresponde al orden en el que fueron escritos.

Los primeros documentos que se escribieron del Nuevo Testamento fueron las primeras Epístolas de Pablo. Estas (posiblemente junto con la Epístola de Santiago) fueron escritas entre 48 y 60 d.C., aún antes de que se escribiera el primero de los Evangelios. Los cuatro Evangelios pertenecen a las décadas 60 a 100, y también se debe asignar a estas décadas todos (o casi todos) los otros escritos del Nuevo Testamento. Mientras que la escritura de los libros del Antiguo Testamento comprendió un período de mil años o más, los libros del Nuevo Testamento se escribieron en un período de un siglo.

Los escritos del Nuevo Testamento no se agruparon en la forma en que los conocemos inmediatamente después de ser escritos. Al principio, los Evangelios individuales tenían una existencia local e independiente en los grupos para los cuales fueron escritos originalmente. Sin embargo, a comienzos del siglo II, se juntaron y comenzaron a circular como un registro que constaba de cuatro partes. Cuando sucedió esto, el libro de Hechos fue separado de Lucas, con el que había formado un escrito de dos volúmenes, y comenzó una carrera separada e importante por sí solo.

Al principio, las cartas de Pablo fueron preservadas por las comunidades y los individuos a quienes habían sido enviadas. Pero para fines del siglo I existen evidencias que sugieren que la correspondencia de Pablo que sobrevivió comenzó a ser recolectada en una colección paulina, la cual circuló con rapidez entre las iglesias—primero una colección más pequeña de diez cartas, y muy pronto después una más grande de trece cartas, ampliada por la inclusión de las tres Epístolas Pastorales. Dentro de la colección paulina, las cartas parecen haber sido colocadas no en orden cronológico, sino en orden descendiente de acuerdo a su longitud. Se puede reconocer este principio en el orden que se encuentra en la mayoría de las ediciones del Nuevo Testamento hoy: las cartas a las iglesias están antes de las cartas a los individuos, y dentro de estas dos subdivisiones están colocadas de manera que las más largas van primero y las más cortas después. (La única excepción a este plan es que Gálatas está antes de Efesios, aunque Efesios es un poco más larga que Gálatas.)

Con la colección de los Evangelios y la colección paulina, y con Hechos, que sirve como un eslabón entre las dos, tenemos el comienzo del canon del Nuevo Testamento como lo conocemos. A la iglesia primitiva, que heredó la Biblia hebrea (o la versión griega de la Septuaginta) como sus Escrituras sagradas, no le tomó mucho tiempo colocar las nuevas escrituras evangélicas y apostólicas junto a la ley y los profetas, y usarlos para la propagación y defensa del evangelio y para la adoración cristiana. Por eso es que Justino Mártir, alrededor de la mitad del siglo II, describe la forma en que los cristianos en sus reuniones dominicales leían «las memorias de los apóstoles y los escritos de los profetas» (Apología 1.67). Fue natural, entonces, que cuando el cristianismo se esparció entre las personas que hablaban otras lenguas y no hablaban griego, el Nuevo Testamento fuera traducido del griego a esas lenguas para beneficio de los nuevos conversos. Había versiones latinas y siríacas del Nuevo Testamento para 200 d.C., y una versión cóptica en el siglo siguiente.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 5). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.