ESTUDIO BÍBLICO
Programa No. 2016-02-03
- DAVID LOGACHO
- Saludos cordiales amable oyente. Es un gozo saber que nos está escuchando. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con el estudio de la iglesia de Cristo, en esta oportunidad vamos a examinar lo que dice la Biblia en cuanto al sacerdocio de los creyentes.
- DAVID LOGACHO
En nuestro estudio bíblico último, vimos que cada creyente dentro del cuerpo de Cristo que es la iglesia, ha recibido al menos un don espiritual. Estos dones espirituales son las herramientas que Dios pone a disposición de los creyentes para que los creyentes puedan ejecutar a cabalidad su trabajo en la iglesia de Cristo. En los inicios mismos de la iglesia, Cristo levantó personas dotadas con dones espirituales, como los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros, con un propósito claramente definido en el Nuevo Testamento. Veamos cuál es ese propósito. Se encuentra en Efesios 4:11-13. La Biblia dice: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
Eph 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Eph 4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Aquí vemos claramente que Cristo constituyó apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros, no con la idea de que sean ellos los únicos que trabajen en la iglesia, sino para que ellos perfeccionen a los santos para la obra del ministerio. Esta frase es muy importante porque allí radica la clave de lo que estamos estudiando. La palabra perfeccionar también podría haber sido traducida como equipar o capacitar. Demás está decir que los santos a quienes se refiere el texto, somos los creyentes, los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Es decir, amable oyente, que los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros han sido puestos por Cristo en la iglesia para que equipen o capaciten a los creyentes, a los miembros del cuerpo de Cristo, para que a su turno, sean esos creyentes quienes trabajen en la obra del ministerio. Todo eso con la finalidad de edificar el cuerpo de Cristo, o de hacer crecer en madurez el cuerpo de Cristo hasta que cada creyente llegue a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. La meta es hasta que todo creyente llegue a ser un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Cuan distinto a como funciona la iglesia de Cristo en la actualidad, ¿verdad? ¿En qué se distingue? Pues porque hoy en día prevalece la idea que en la iglesia local, y recuerde que la iglesia local es solamente un reflejo de la iglesia universal, deben trabajar solamente los escogidos para eso, llámense pastores o ancianos y los diáconos y los maestros de escuela dominical. El resto de los santos o los demás creyentes, se supone que lo único que deben hacer es ir cada domingo puntualmente a las reuniones para sentarse a escuchar lo que otros dicen, a presenciar el show, y luego salir y no volver hasta el siguiente domingo para repetir la misma rutina. Este no es el plan de Dios para la iglesia de Cristo, amable oyente. Dios no quiere que los creyentes se la pasen calentando bancos o sillas o lo que sea. Dios quiere que cada creyente trabaje en algo en la iglesia local y para eso ha otorgado dones espirituales a cada creyente. Los pastores o ancianos son solamente como los entrenadores de un equipo de fútbol, quienes instruyen a los jugadores para que puedan ganar el partido de fútbol. Usted nunca habrá visto que los entrenadores de los equipos de fútbol salen a jugar en la cancha. No, ellos no están para eso. Ellos son quienes determinan las tácticas de juego y comunican esas tácticas a sus jugadores para que ellos jueguen con inteligencia. Igual debería ser en toda iglesia local sana, los ancianos o pastores están solamente para enseñar a los creyentes las tácticas para el crecimiento de la iglesia local. Deben ser los creyentes quienes trabajan en la obra del ministerio. La idea equivocada de que solamente los escogidos pueden trabajar en la iglesia local ha causado una división innecesaria en la iglesia local, cuando se piensa que los creyentes son de dos categorías, el clero formado por los escogidos para trabajar en la iglesia local, digamos los ancianos o pastores, y por otro lado los laicos, o el pueblo común quienes no son escogidos para trabajar en la iglesia local. Se supone que los laicos solamente están para llenar los templos los domingos y el resto de la semana hacer lo que bien les parezca. Esta división de creyentes, entre clero y laico no es bíblica amable oyente, porque simple y llanamente niega un hecho fundamental, el hecho que todos los creyentes somos sacerdotes en el cuerpo de Cristo, y como tales, todos los creyentes tenemos los mismo derechos y obligaciones en el cuerpo de Cristo. De esto nos hablan claramente dos pasajes bíblicos importantes. El primero se encuentra en 1 Pedro 2:5. La Biblia dice: vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
Pedro no está hablando solamente a los ancianos o pastores o a los diáconos, o a los maestros de la escuela dominical. Pedro está hablando a todos los creyentes en general. Dice que todos los creyentes en general, como piedras vivas, constituyen la casa espiritual. Esto significa una simiente especial, una descendencia espiritual. Como simiente especial, espiritual, todos los creyentes en general somos llamados a ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo. De modo que entre los creyentes, amable oyente, no existe clero y laico porque todos somos sacerdotes santos delante de Dios, llamados a ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. La misma idea es evidente en 1 Pedro 2:9. La Biblia dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
Según este texto, todos los creyentes en general somos real sacerdocio. Ya dejamos establecido que también somos sacerdotes santos delante de Dios. En otras palabras, los creyentes somos sacerdotes santos y sacerdotes reales. Esto halla su correspondencia en el sacerdocio de Cristo. En el Antiguo Testamento, el rey no podía ser sacerdote y el sacerdote no podía ser rey, pero Cristo Jesús es a la vez rey y sacerdote. Por eso, su sacerdocio es de un orden diferente al sacerdocio del Antiguo Testamento. Los creyentes somos también sacerdotes en ese sentido, por eso este texto nos habla de real sacerdocio y sacerdocio santo. Queda claro, entonces amable oyente, que todos los creyentes en general somos sacerdotes delante de Dios y que por tanto no es prudente hacer divisiones entre los creyentes diciendo que algunos escogidos forman el clero y a otros menos favorecidos no les queda otra sino ser laicos, o meros espectadores de las cosas que hace el clero. Pero como señalamos antes, los sacerdotes ofrecen sacrificios a Dios. Los creyentes como real sacerdocio también ofrecemos sacrificios a Dios, pero con una diferencia. Los sacerdotes del Antiguo Testamento ofrecían sacrificios de animales a Dios, mientras que nosotros, el real sacerdocio, el sacerdocio santo, ofrecemos sacrificios espirituales a Dios. Estos sacrificios espirituales pueden ser, por ejemplo, nuestros cuerpos. Romanos 12:1 dice: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
Cuando este texto habla de cuerpo es una forma de decir: Toda la vida. Toda la vida del creyente debe ser ofrecida por el mismo creyente como sacrificio a Dios por medio de Jesucristo. Esto es decir: No a nosotros mismos y sí a Dios. Los sacrificios espirituales pueden también ser las alabanzas a Dios. Hebreos 13:15 dice: Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
La alabanza de corazón al Señor es una forma de ofrecer sacrificios espirituales a Dios. Los sacrificios espirituales pueden también ser las buenas obras del creyente. Hebreos 13:16 dice: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
Cada vez que usted hace buenas obras o ayuda a otros, está ofreciendo sacrificios espirituales a Dios, algo de lo cual Dios se agrada. Los sacrificios espirituales también pueden ser las ofrendas a la iglesia local o a ministerios cristianos como La Biblia Dice… por ejemplo, o a personas en necesidad. Filipenses 4:18 dice: Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.
Pablo está agradeciendo por la ofrenda enviada por los Filipenses. Esa ofrenda fue un sacrificio espiritual de los Filipenses y fue aceptado por Dios. Cada vez que da para la obra del Señor está ofreciendo sacrificios espirituales a Dios. Estos son entre otros los sacrificios espirituales que todo creyente en general como sacerdote de Dios puede ofrecer a Dios. No olvide nunca esta verdad amable oyente. ¿Está ocupado en su sacerdocio como sacerdote que es? O a lo mejor, es como millones de creyentes que siendo sacerdotes de Dios no están ejerciendo cabalmente su sacerdocio. Quiera Dios que comience a ocuparse en su sacerdocio.
- PABLO LOGACHO
- Aunque no existe algo como una fórmula precisa o algún secreto para que la esposa de un creyente reciba a Cristo como Salvador. Le invito a visitar nuestra página Web y en la sección PREGUNTA DEL DIA encontrará algunas pautas que pueden contribuir a que ello ocurra. Nuestra dirección en la Internet es: triple w.labibliadice.org en donde además le invitamos a que conozca nuestros folletos para imprimir y regalar. Le repito nuestra dirección: triple w.labibliadice.org.
http://labibliadice.org/programa-no-2016-02-03/