2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

SERIE GIGANTES AL ACECHO

2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

David Logacho
2016-03-29

a1Qué gozo saludarle nuevamente amiga, amigo oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Gigantes al Acecho. En nuestro último estudio bíblico tocamos el tema del desánimo y vimos que es un gigante muy agresivo, capaz de causar enorme daño. Tanto es así que destruyó por completo a toda una generación del pueblo de Israel en el desierto, según el relato que tenemos en el Antiguo Testamento. Todos nosotros hemos sido víctimas de este poderoso gigante en nuestra vida, tal vez unos más que otros. Es posible que usted, amable oyente, este preciso instante esté siendo víctima de este agresivo gigante. Si ese es el caso, le invito a seguir en sintonía porque vamos a hablar acerca de cómo librarnos del dominio de este gigante.

El desánimo ha causado estragos en países, familias, iglesias, ministerios cristianos y vidas de personas. Puede ser que usted sea hoy mismo una víctima más del despiadado gigante llamado desánimo. Si ese es el caso, no es extraño que se sienta como que ha entrado a un callejón sin salida, su vida estará a punto de derrumbarse, su gozo se habrá esfumado. No sabrá dónde poner su mirada. El gigante del desánimo le tendrá contra las cuerdas. El gigante del desánimo le gritará en su cara: Eres un inútil, no sirves para nada. No es sencillo levantar cabeza cuando se ha perdido el valor y la confianza. El gigante del desánimo hace que el alma languidezca, que el corazón desfallezca y que la mente se oscurezca. En estas condiciones, cualquier obstáculo, por más insignificante que sea, aparece como una elevada montaña. Cuando somos presa del desánimo, nos parece que hemos entrado en un círculo vicioso, donde todo se vuelve aburrido. La luz brilla por su ausencia, la esperanza se desvanece, el deseo agoniza y hasta llegamos a pensar que Dios nos ha abandonado. Una de las particularidades del desánimo es que es contagioso. En Números 32 Moisés advierte a las tribus de Rubén y Gad en el sentido que no desanimen a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que Jehová les ha dado. Los descendientes de Rubén y Gad querían quedarse al otro lado del río, en donde la tierra era buena para la ganadería. Rubén y Gad tenían grandes rebaños y la tierra del lado del desierto era ideal para ellos. Moisés tuvo que decirles que debían tener cuidado porque podían desanimar y destruir a los Israelitas. Leo en Números 32:15. La Biblia dice: Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
Moisés estaba preocupado porque el desánimo podía contagiar a todo el pueblo y así, el desánimo podía destruir a toda la nación. No hay lugar a dudas en cuanto a que los resultados del desánimo pueden ser fatales. Bueno, ahora que hemos visto cuan devastador puede llegar a ser el desánimo, pensemos en la solución. Lo primero que tenemos que hacer para no dejarnos dominar del desánimo es reconocer que estamos desanimados. Parece algo sencillo, pero no lo es en realidad. Todos tenemos nuestro orgullo, el cual se opondrá a que admitamos alguna debilidad en nosotros. Pero si deseamos dominar al poderoso gigante del desánimo, debemos recurrir al Señor en oración para decirle: Señor, reconozco que estoy desanimado, pero no quiero que desánimo controle mi vida, quiero vencer mi desánimo. Una oración de esta manera puede ser perfectamente el primer paso para derrotar al desánimo. Segundo, debemos reconocer que por estar desanimados, miramos a los obstáculos de una manera desproporcionada. El mínimo problema nos parecerá como una barrera insalvable. Eso fue justamente lo que pasó con el pueblo de Israel. Cuando dejaron que el desánimo inunde su ser, note como vieron a los obstáculos. Deuteronomio 1:28 dice: ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.
Algo de esto era verdad. Las ciudades en la tierra prometida eran grandes, pero no tanto, la gente era mayor y más alta, pero no tanto, las ciudades tenían murallas, pero de ninguna manera las murallas llegaban hasta el cielo, como a ellos les parecía. Los hijos de Anac eran gigantes, pero también había gente normal. El desánimo amplifica los obstáculos para obligarnos a retroceder. Igual puede pasar con usted amable oyente. Si está desanimado, verá a los obstáculos como montañas, pero reconozca que eso no es real y decídase a enfrentar las dificultades y verá que como en su tiempo dijeron Josué y Caleb sobre los gigantes de Canaán, los comerá como pan. Tercero, debemos poner nuestra mirada en el Señor. En eso consistió el mayor de los fracasos de Israel. Ellos tenían por un lado la palabra de Dios, quien les prometió darles en heredad perpetua la tierra de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, pero por otro lado tenían la palabra de los diez espías, quienes decían: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Allí vimos gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes, y éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos. A causa del desánimo, el pueblo quitó la mirada del Señor y puso su mirada en los problemas. Para salir del desánimo tenemos que hacer el proceso inverso. Tenemos que quitar la mirada de los problemas y ponerla de nuevo en el Señor. Eso fue lo que Josué y Caleb pedían a gritos al pueblo de Israel. Números 14:9 dice: Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.
Si quiere dominar al gigante llamado desánimo, no se fije en lo grande de los problemas, fíjese en el Señor quien es más grande que el más grande de sus problemas. Como bien afirma el dicho: No le digas a Dios cuán grande es tu problema, sino dile a tu problema cuán grande es tu Dios. Quitar la mirada del Señor es fatal amable oyente. ¿Recuerda lo que le pasó a Pedro cuando caminaba sobre el agua? Mientras tenía su mirada puesta en el Señor, podía caminar sobre el agua, pero cuando quitó su mirada del Señor y la puso en las olas del mar, comenzó a hundirse. Igual es con nosotros, amable oyente. Si nuestra mirada está en el Señor nos mantendremos a flote pero si ponemos nuestra mirada en los problemas, muy pronto comenzaremos a hundirnos en el mar del desánimo. Cuarto, invierta tiempo en la palabra del Señor y la oración. Estas actividades que antes nos llenaban de gozo, a causa del desánimo llegan a parecer vacías y aburridas. Pero si sinceramente desea abandonar su desánimo, separe un tiempo durante el día para estar a solas con la palabra de Dios y con el Dios de la palabra en oración, aún cuando todo su ser se resista a hacerlo. Notará que poco a poco entrará un rayo de luz a la lúgubre morada en la que se halla a causa del desánimo. Quinto, evite los momentos de soledad. Busque oportunidades para servir al prójimo. Esto hará que quite la mirada de sobre usted mismo y la ponga sobre otros. Verá como esto le ayuda a evitar la autocompasión que casi siempre acompaña al desanimado. Quizá me dirá que no se siente con ánimo ni para ayudarse a usted mismo, peor para ayudar a otros. Bueno, si ese es su caso, tome a esto de servir a otros como una terapia necesaria para su restauración. Los remedios no siempre son agradables, pero es necesario tomarlos si se quiere salir de algún problema de salud. De modo que aunque todo su ser se resista a servir al prójimo, oblíguese a hacerlo. En cuestión de poco tiempo su desánimo habrá quedado a un lado al ver como Dios le usa para el bien de otros. Sexto, dé atención a un problema a la vez, no se deje abrumar por la cantidad de problemas que tenga que resolver. De uno en uno puede resolver todos sus problemas. Mientras esté resolviendo un problema, olvídese del resto de problemas. Uno a la vez. Esto le ayudará a no sentirse ofuscado ante la aparente o real gravedad de sus dificultades. Séptimo, evite automedicarse con medicinas o químicos para recuperar el ánimo. Estas medicinas podrían conducirle a la adicción y no curarán en realidad su problema de desánimo. Lo único que harán es maquillar el problema haciéndole creer que todo marcha bien. Octavo, agradezca al Señor por la restauración que pronto llegará y por la victoria sobre ese tan agresivo gigante del desánimo.

12-¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Doce

¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

a1Nota: Las Feministas Están Mortalmente Equivocadas

Yo estaba un poco incrédulo meses atrás respecto a la cobertura de los medios sobre la más grande vigilia de oración de hombres realizado en Washington D.C. Mi incredulidad se debía a la cantidad de tiempo dada a varias feministas “Cristo-fóbicas” para promover su idea de que la doctrina bíblica de la sumisión de la esposa a su esposo es de alguna manera una amenaza peligrosa para las mujeres. La verdad es que a través de la historia el cristianismo ha elevado consistentemente el lugar de la mujer en la sociedad donde ha sido introducido. Ha sido a causa del reciente ataque del humanismo secular que muchos se han vuelto sospechosos del cristianismo bíblico en lo que se refiere al papel de los géneros.

Fue un avance importante para la sociedad cuando la religión cristiana le dio una dirección como ésta [de darle honor a la esposa], pues en todas partes entre los paganos y bajo todos los sistemas falsos de religión, la mujer ha sido tenida como digna de poco honor o respecto. Ella ha sido considerada como una esclava, o un mero instrumento para gratificar las pasiones de los hombres. Es una de las doctrinas elementales del cristianismo; sin embargo, que la mujer debe ser tratada con respeto; y uno de los primeros y evidentes efectos del cristianismo en la sociedad ha sido elevar a la esposa a la condición en la cual ella es digna de estima.

El Cristianismo ha hecho mucho por elevar el sexo femenino. Ha enseñado que la mujer es heredera de la gracia de la vida tanto como el hombre; que aunque sea inferior en vigor corporal, es igual en el aspecto más importante; que es una compañera de viaje con él hacia la eternidad y que en todo aspecto tiene tanto derecho como el hombre a todas las bendiciones que confiere la redención. Esta sola verdad ha hecho más que todas las otras cosas combinadas para enaltecer al sexo femenino, y es todo lo que se necesita para elevarla de su degradación en todo el mundo. Por lo tanto, aquellos que desean la dignificación del sexo femenino en aquellas partes oscuras de la tierra donde se le ve ignorada y degradada, deberían ser amigos de todos los esfuerzos bien dirigidos para enviar el evangelio a las tierras paganas.1

Si tú has sido instruído en los principios elementales de las responsabilidades domésticas delineadas en la Biblia, probablemente ya sabes que una de las principales responsabilidades trazadas en el Nuevo Testamento para tu esposa es que ella debe honrarte y reverenciarte (su otra responsabilidad predominante es que sea sumisa a ti). Lo que puedes no haberte dado cuenta es que a ti se te manda a honrarla.2

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo (1 Pedro 3:7).

Antes de ampliar mi explicación, déjenme señalar que es precisamente esta ausencia de honor a la esposa la que frecuentemente predispone al esposo a ser dominante, dictatorial e insensible en su propósito de ser cabeza de casa. Un esposo que no honra a su esposa como la Biblia lo manda tiende a ser déspota en lugar de “líder amoroso.” Si tu esposa te acusa de abusar de tu liderazgo espiritual, deberías leer este corto capítulo con especial interés. Puede ser que tu falta de respeto por ella, y por la posición y lugar que Dios le ha dado en tu vida, esté estorbando tu capacidad de guiarla eficazmente.

Para explicar mejor lo que está envuelto en tu responsabilidad de honrar a tu esposa, regresemos a nuestro ejemplo del vaso frágil. ¿Tomarías un caro vaso de cristal marca Waterford y lo arrojarías en un lavadero lleno de agua grasosa? No, lo tratarías como un valioso vaso cuidándolo más de lo que cuidas vasos más comunes y menos atractivos y delicados. Lo lavarías y secarías cuidadosamente con tus propias manos para luego ponerlo en un lugar prominente en tu casa. Lo honrarías así porque es valioso y más precioso.

La palabra traducida “honor” en 1 Pedro 3:7, se traduce ‘precioso” en 1 Pedro 2:7:

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo.

Por ser Cristo quien es y por lo que Él ha hecho por nosotros, le honramos y le estimamos altamente. Él es precioso para nosotros los creyentes. ¿Cuán preciosa es tu esposa para ti? ¿En que medida la honras y estimas altamente por ser quien es y por lo que ha hecho por ti?

Pedro dice que deber honrar tu vaso frágil tratándola como si fuese preciosa-y en verdad lo es-no sólo para ti, pero también para Dios. Ten en mente que tu esposa creyente ha sido comprada con la preciosa sangre de Cristo y tiene que ser honrada como una de las herederas de Dios. Como explica un comentador:

El honor o la preciosidad que un esposo debe conferir a su esposa no es sólo el de reconocer su lugar en la ordenanza divina del matrimonio; es el honor que le corresponde como parte del precioso y santo pueblo de Dios.3

Como regla general, mientras más frágil o débil sea tu esposa, más ternura debes usar en la forma de tratarla. Si la fragilidad de tu esposa es el resultado de su inmadurez espiritual, tienes, por supuesto, que ayudarla a salir de esa fragilidad superflua (revisa el capítulo nueve, “Cariño, Necesitas una Ducha” para sugerencias sobre como ayudarla a crecer espiritualmente). Tú tienes, sin embargo, que continuar tratándola con la gentileza que corresponda a la medida de su debilidad. Si, por el otro lado, su fragilidad tiene que ver más son su constitución (no el resultado de pensamientos o motivos anti-bíblicos) tienes que enfrentar eso a su lado por toda la vida, pidiéndole a Dios que te dé la habilidad de honrar tiernamente su debilidad.

Tu esposa no es calificada como vaso “frágil,” sino como vaso “más frágil.” Tú no eres el “fuerte” sino el “más fuerte.” Tú puedes ser más fuerte que ella, pero siendo pecador, eres débil a tu propia manera. Ten esto en mente y te ayudará a caminar en humildad delante de tu esposa.

Otro elemento para honrar a tu esposa como un vaso mas débil tiene que ver con el hecho de que ella es el vaso o instrumento de bendición especial de Dios en tu vida. Una de las definiciones de la palabra “vaso” es la de “un implemento o instrumento diseñado o adaptado especialmente para un propósito o uso particular.” Dios te ha dado a tu esposa para ser tu ayuda y como tal Él la usa en tu vida de maneras variadas. Ella es el vaso que Él ha creado e instruído para que sea tu compañera, para cuidar de tu casa, para satisfacer tus muchas necesidades y deseos físicos y para compartir tus alegrías y tristezas. Ella es el vaso de Dios a través del cual tú puedes tener hijos y guiarlos y darles sustento y protección espiritual. Ella es el vaso a través del cual Él se propone darte los más grandes placeres terrenales. Como Salomón explica: Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz que Él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad, porque ésta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol (Ecl. 9:9). Tú debes honrarla porque ella es el instrumento ordenado por Dios para tu bien. Ella está diseñada para ser tu más grande recompensa en este lado de la gloria y tu coheredera en la gracia de la vida. Como cristiano tienes también el llamado a mostrar esta misma clase de honor a hermanos en la fe en la iglesia:

Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros (Romanos 12:10).

Cuando tú “das preferencia” o “prefieres” a otros con honor, les estás dando la eminencia que merecen. En cada área donde es legítimo hacerlo, debes preferir darle honor a otros antes que a ti mismo. En las áreas donde ellos son más dotados, capaces, hábiles y eficientes, debes ceder y permitirles que reciban la honra que les corresponde recibir. Aun si realmente crees que tú te mereces tanto o más que ellos esa honra, no debes resentirte con ellos o envidiarlos. Más bien, regocíjate en que Dios sea complacido esta vez en darles a ellos ese honor antes que a ti.

Si otros se merecen esa honra y no se les da como se te ha dado a ti, tú deberías buscar sacar a la luz sus obras buenas. En lugar de esperar que otros te honren, tú deberías ganarles procurando honrarlos a ellos primero. Deberías procurar ponerlos a ellos antes que a ti mismo en el centro de la atención. Así es como Pablo nos dice que debemos ‘honrar” a otros cristinos en nuestras vidas.

Pedro, usando la misma palabra, te manda como esposo a mostrar esta clase de honor a esta “otra” hermana en Cristo, que es la mujer con quien estás casado. De hecho, debes honrar a tu esposa de esta forma, como un vaso más frágil, aunque no sea cristiana. Debes colocarla en un lugar de honor así como colocas un vaso de cristal marca Waterford en un lugar especial en tu casa. Visualízala, por decirlo así, detrás de un gabinete de vidrio, o en un pedestal con una lámpara arriba de ella iluminando su multifacética belleza.

¿Cuán valiosa es tu esposa para ti? ¿Cuánto valor le atribuyes? ¿De qué manera la estimas como merecedora de más honor que tú? ¿Cuán agradecido estás al Señor por habértela dado? ¿Cuán mejor estás ahora de lo que estabas antes de casarte con ella? ¿Cuántas de las necesidades y deseos, que tú das por hecho, te ha satisfecho ella? ¿Cuánto más bendecido (y menos miserable) eres ahora de lo que eras siendo soltero? Las respuestas a estas preguntas son mayormente cognitivas, pero son extremadamente importantes. Las cosas que te dices a ti mismo sobre el valor que tu esposa tiene para ti (qué tanto valor le atribuyes) determinará mayormente el grado de honor y gloria que le asignas en maneras tangibles cada día de tu vida.

Así que, lo primero que debes hacer si no has estado honrando a tu esposa de forma práctica, es cambiar la manera que piensas acerca de ella. Debes comenzar a valorarla más de lo que lo has hecho. Probablemente deberías recordarte a ti mismo con más frecuencia cuánto hace ella por ti y cuán egoístamente tú la has dado por hecho; también deberías considerar cuán bendecido eres de que Dios te la ha dado. Sólo entonces podrás mostrarle de forma genuina, a ella y a los demás, el honor que la Biblia dice que ella merece.

Aquí hay algunas preguntas más que podrías hacerte a ti mismo una vez que te hayas arrepentido de cualquier actitud malagradecida que hayas desarrollado hacia Dios y tu esposa. ¿Cómo puedo honrar a mi esposa? ¿Cómo puedo exactamente mostrarle a otros lo que ella vale para mí? ¿Qué formas usar para asegurarme que ella reciba esa honra? Si no tienes muchas respuestas para estas preguntas, te recomiendo que examines la siguiente lista que te sugiere formas que puedes practicar para darle a tu esposa la honra que se merece. Podrías incluso considerar revisar esta lista con ella, pidiéndole que comente sobre cada opción y que agregue a la lista cualquier forma adicional en que a ella le gustaría que la honraras.

Maneras específicas en que los esposos pueden honrar (mostrar respeto por) a sus esposas

• Aprendiendo a usar una etiqueta adecuada.

• Rehusando usar formas rudas o displicentes de comunicación al hablarle.

• Enalteciéndola delante de otros (especialmente tus hijos).

• Siendo atento cuanto te habla (deja lo que estás haciendo, si es posible, mírala a los ojos–y escucha con atención lo que te dice).

• Siendo considerado de su tiempo y sus planes para que cumplasus otras prioridades bíblicas además de la de ser tu esposa.

• Pidiendo y tomando en cuenta su opinión, especialmente al hacer planes que la involucren a ella.

• Proveyéndole suficientes recursos financieros para facilitarle sus responsabilidades bíblicas.

• Protegiéndola del pecado y la tentación.

• Siendo considerado de (y ayudándola a priorizar) sus planes.

• No avergonzándola frente a (o revelando sus debilidades a) otros.

• Enfocándose en sus cualidades positivas tanto como sea posible, y encubriendo sus idiosincrasias negativas.

• Hablando bien de ella y aprobándola frente a otros (Prov. 31:29).

• Ayudándola a establecer y mantener su “buen nombre” de acuerdo a Proverbios 22:1.

• No permitiendo a tus hijos que le hablen irrespetuosamente (Ef. 6:2).

• Usando ternura y amabilidad en tu trato con ella (Col. 3:12–13; 1 Cor. 13).

• Atribuyendo los mejores motivos posibles a sus acciones (1 Cor. 13:7: “el amor todo lo cree”) especialmente cuando ella no sigue tus instrucciones claras.

Quiera Dios capacitarte para que cada vez honres más a tu esposa de esta manera y en todo lo que sea conforme a las claras directivas de la Palabra de Dios.

¿Cómo Debe Ser Honrada mi Esposa?

• ¿Qué formas debo preferir para honrar a mi esposa?

• ¿Cuáles son las áreas de su vida que merecen especial honor?

• ¿En qué formas debe ser mi esposa considerada un vaso más frágil?

• ¿Cómo exactamente debe ser ella tratada como un vaso frágil y precioso?

• ¿En qué otras maneras puedo mostrar mi respeto por ella? ¿Qué mas puedo hacer para honrarla?

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Agrega otras maneras a esta lista …

1 Barnes, Albert, Notes on the New Testament, Vol 10, (London: Blackie & Son, 1884), pp. 162–164.

2 La palabra griega “honrar” usada por Pablo para exhortar a la esposa a “respetar a su marido” en Efesios 5:33 es una palabra que tiene la connotación de un temor reverencial. La palabra griega usada por Pedro en el capítulo 3:7 de su primera epístola tiene que ver más con el valor asignado a (o cuán precioso es) un objeto tal como un “vaso frágil.” Las implicaciones prácticas de estas dos clases de honor con frecuencia parecen ser similares, si no idénticas, en la vida cotidiana.

3 Edmund P. Clowney, The Message of 1 Peter (El Mensaje de 1 Pedro) (Leicester, England: Inter-Varsity Press, 1988), pp. 134–135.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 219–227). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

PIEDAD SUPERFICIAL

PIEDAD SUPERFICIAL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-29

a1Prometemos lealtad en todos los ámbitos de nuestra vida. A veces incondicional y perpetua (como los votos maritales), otras condicionadas y cotidianas como mi compromiso laboral diario o mis obligaciones familiares. Algunos se esfuerzan por cumplirlas con responsabilidad  haciendo honor a sus palabras, otros viven vidas displicentes e irresponsables faltando a sus obligaciones y rompiendo sus votos a cada paso.  Esto es trágico, pero mucho más trágico se torna aun cuando esas promesas incumplidas van direccionadas a Dios. El texto arriba citado es tajante al respecto: “Vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.” Son palabras de Dios y se pueden oír con cierto dejo de tristeza y melancolía. Como si Dios nos estuviera diciendo: “Confié en ti, invertí en ti, te rescaté, fui y sigo siendo fiel a mis promesas y ¡mira cómo me pagas!… Creo que no exagero con esta paráfrasis, ¿verdad? La analogía con el rocío o la niebla matinal es perfecta, porque esta se desvanece al instante que el sol comienza a calentar la tierra. En la simbología bíblica el sol y el calor representan a los momentos de prueba y de crisis en la vida. Esos capítulos inesperados e indeseados que nos toca atravesar. Es justamente allí cuando se comprueba la verdadera vida de piedad, es entonces cuando los piadosos de alma y no de lengua se mantienen de pie.

Es fácil prometer fidelidad incondicional a nuestro Dios en medio de un día de fiesta, o en medio de un culto de alabanza rodeado de hermanos que también cantan promesas, muchos de ellos sin saber lo que dicen las letras de esas canciones. El tema es ver si esas palabras de lealtad a Dios se expresan con tanto fervor cuando sale el sol con su calor. Cualquiera de nosotros es capaz de proferir votos para con Dios, esa es la parte fácil. La parte difícil es mantenerse fiel a ellos cuando la vida te invite a desestimarlos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La lealtad legítima se comprueba en la adversidad, no en la abundancia.

Salomón traslada el arca al templo

1 Reyes 8-10

Salomón traslada el arca al templo

(2 Cr. 5.2-14)

a18:1  Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion.

Y se reunieron con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta solemne.

Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca.

Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.

Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar.

Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.

Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima.

Y sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta hoy.

En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.

10 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.

11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.

Dedicación del templo

(2 Cr. 6.1–7.10)

12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.

13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre.

14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie.

15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:

16 Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel.

17 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.

18 Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.

19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.

20 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel.

21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.

22 Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,

23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón;

24 que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.

25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.

26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.

27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?

28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti;

29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.

30 Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.

31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;

32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.

33 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa,

34 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres.

35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres,

36 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.

37 Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea;

38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa,

39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres);

40 para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.

41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre

42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,

43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.

44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,

45 tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.

46 Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,

47 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;

48 y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,

49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.

50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;

51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.

52 Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren;

53 porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.

54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;

55 y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:

56 Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.

57 Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.

58 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres.

59 Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;

60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.

61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.

62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová.

63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.

64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz.

65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete días, esto es, por catorce días.

66 Y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel.

Pacto de Dios con Salomón

(2 Cr. 7.11-22)

9:1  Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer,

Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón.

Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.

Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos,

yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.

Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis;

yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos;

y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?

Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.

Otras actividades de Salomón

(2 Cr. 8.1-18)

10 Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real,

11 para las cuales Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea.

12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le gustaron.

13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que tiene hasta hoy.

14 E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.

15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer:

16 Faraón el rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón.

17 Restauró, pues, Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón,

18 a Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto;

19 asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.

20 A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel;

21 a sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy.

22 Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus carros, o su gente de a caballo.

23 Y los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.

24 Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa que Salomón le había edificado; entonces edificó él a Milo.

25 Y ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fue terminada.

26 Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom.

27 Y envió Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón,

28 los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.

La reina de Sabá visita a Salomón

(2 Cr. 9.1-12)

10:1 Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.

Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía.

Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase.

Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,

asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.

Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;

pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído.

Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.

Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.

10 Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.

11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas.

12 Y de la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.

13 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.

Riquezas y fama de Salomón

(2 Cr. 9.13-24)

14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro;

15 sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.

16 Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo.

17 Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano.

18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.

19 Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones.

20 Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante.

21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada.

22 Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

23 Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.

24 Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.

25 Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.

Salomón comercia en caballos y en carros

(2 Cr. 1.14-17; 9.25-28)

26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén.

27 E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia.

28 Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos.

29 Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

1 abr 2016

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

por el Hermano Pablo

a1Durante cinco años y medio estuvo haciendo lo mismo. Cada vez que llegaba el tren a la estación, iba a esperar a los pasajeros. No necesitaba leer los horarios. No le importaba ni el calor tórrido del verano ni el frío gélido del invierno. Cuatro veces al día, con cada tren que llegaba, ya fuera del norte o del sur, iba y esperaba pacientemente en el andén. Era un perro, un perro pastor alemán.

Tiempo atrás se habían llevado, en tren, el cadáver de su amo, y desde entonces Shep, que era el nombre del perro, había ido a esperarlo a la estación a ver si volvía. Viejo ya, un día calculó mal sus pasos y lo arrolló un tren. Esto ocurrió en un pequeño pueblo de Canadá en 1942. Muchos años después, el pueblo aún celebraba al perro pastor alemán, Shep. Lo llamaban «ejemplo de fidelidad.»

La fidelidad no sólo es una gran virtud, sino que es además indispensable para el desenvolvimiento correcto de la vida diaria.

Supongamos que el reloj despertador no nos es fiel, y en vez de llamarnos a las seis de la mañana nos deja dormir hasta las nueve, y perdemos un importante negocio. ¿Qué si la pastilla de aspirina, el gran remedio universal, no nos es fiel, y en vez de quitarnos el dolor de cabeza nos provoca fuerte hemorragia gástrica? ¿O qué si nuestro banquero no nos es fiel, y de repente desaparece con todo el dinero que tenemos en el banco?

Desgracias indecibles ocurren cuando hay falta de fidelidad. Un ejemplo clásico se da cuando el marido le es infiel a la esposa, o cuando la esposa le es infiel al marido. Todo el hogar se hunde en la desgracia. Los dolores más grandes del corazón los provoca la infidelidad conyugal. Lo cierto es que la sociedad entera depende de que haya fidelidad en todo.

¿Y qué de lo espiritual? ¿Qué sería de este mundo si el hombre no le fuera fiel a su Dios? La respuesta es muy evidente. La desgracia de familias destruidas, de esposos y esposas infieles, de hijos abandonados y de vidas deshechas es prueba suficiente de lo que es este mundo cuando el hombre no le es fiel a su Dios.

Sin embargo, la Biblia nos dice acerca de Dios que «si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:13). Cristo es fiel aun cuando nosotros no lo somos. En Él podemos encontrar un seguro y fiel Salvador, Uno que no falla, que no engaña, que no desilusiona y que no fracasa. Él es el Salvador que todos necesitamos en estos tiempos de cruda infidelidad.

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