3. LA CRÍTICA DESTRUCTIVA

SERIE GIGANTES AL ACECHO

3. LA CRÍTICA DESTRUCTIVA

David Logacho
2016-03-30

a1Doy gracias al Señor por la oportunidad de compartir este tiempo con usted, amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada Gigantes al Acecho. Al hablar de gigantes nos estamos refiriendo a enemigos como el desánimo, la crítica, el chisme, la culpa, el miedo, la soledad, los celos. En nuestro último estudio bíblico vimos cuan poderoso es ese gigante llamado desánimo. Es tan poderoso que ha sacudido países, familias, iglesias, ministerios cristianos y vidas de personas. Todavía retumba en nuestros oídos el triste final de toda una generación de hijos de Israel en el desierto, quienes, en cierta ocasión, presa del desánimo, se rebelaron contra Moisés y Aarón y llegaron a dudar de la persona y propósitos de Dios. En esta ocasión hablaremos de otro poderoso gigante al acecho. Este gigante se llama la crítica.

La crítica puede ser buena o mala. Una crítica buena, también llamada crítica constructiva es aquella que tiene como propósito hacer una evaluación objetiva y razonada de cierto asunto buscando siempre una mejoría de aquello que ha sido materia de la crítica. La crítica constructiva busca construir mas no destruir. Esta crítica constructiva es muy necesaria. Cada uno de nosotros debería tener un espíritu crítico en el buen sentido de la crítica. Es decir, debemos ser capaces de dar una opinión cuidadosa, inteligente y razonada de lo que percibimos con nuestros sentidos. No deberíamos aceptar cualquier cosa sin mayor explicación. No hay nada de malo con realizar una crítica constructiva. Pero existe otro tipo de crítica, que en esencia es mala. Es la crítica destructiva. Aquel que hace una crítica destructiva es el que emite su opinión despiadada, irreflexiva y a menudo prejuiciada en cuanto a cierto asunto o cierta persona. El que hace crítica destructiva lo ve todo negativamente, busca trivialidades y arma con ellas un escándalo mayúsculo. Colecciona todos los errores insignificantes, y basándose en ello se apresta a condenar irreflexivamente. Una persona así se convierte en una persona desconfiada y llega a creer que toda conducta humana está motivada por un interés egoísta de buscar el beneficio propio. Este tipo de persona desconfía de las motivaciones de las demás personas y mira a casi todo con una incredulidad que raya en el desprecio; y muy especialmente hacia aquello que le hacer sentirse o aparecer inferior. Este gigante, llamado crítica destructiva impulsa el descontento, destruye todo lo que halla en su camino y deja atrás un reguero de personas destrozadas. Ahora bien, este poderoso gigante tiene dos caras. Parece que fuera uno solo, pero en realidad son dos, a manera de hermanos gemelos. Uno es el gigante de la crítica destructiva que recibimos de otros y su hermano gemelo es la crítica destructiva que nosotros lanzamos contra otros. En nuestro estudio bíblico de hoy nos limitaremos a esa crítica destructiva que recibimos de otros. Cuando alguien habla mal de nosotros, esto puede destruirnos rápidamente a menos que sepamos como controlar a este gigante. Este gigante siempre anda persiguiéndonos. Si todavía nunca se ha encontrado con él, no dude que en algún momento tropezará con él. Todos los que nos hemos encontrado con este gigante nos hemos sentido lastimados, confundidos, preocupados, indignados, airados. La crítica destructiva nos sacude sin misericordia y nos deja lamiéndonos las heridas, muriéndonos de miedo. Hablando sobre esto, un poema dice lo siguiente: El hombre, con el aliento que le dio el cielo, habla palabras que ensucian la blancura de la vida. Es igual que un asesino, porque igual se mata con la lengua que con un cuchillo. Cuando alguien hable mal de usted, se sentirá como si le traspasaran el alma con un cuchillo. Este gigante se meterá en su vida y enredará todas las cosas. Atacará desde muchos frentes. Serán tiempos de prueba para su alma. No será capaz de entenderlo, se sentirá confundido, frustrado, perplejo y abrumado. Si dejamos que este gigante nos domine, viviremos amargados el resto de nuestros días. La clave está entonces en conquistar a esta poderoso gigante. ¿Cómo hacerlo? Primero, reconociendo que no es del todo extraño que recibamos crítica destructiva, especialmente si estamos esforzándonos por vivir vidas santas delante de Dios o si Dios nos ha puesto en alguna posición de liderazgo. Moisés fue objeto de la crítica destructiva una cantidad de veces. Josué y Caleb fueron objeto de la crítica cuando dieron un buen reporte acerca de lo que vieron en la tierra prometida. David fue objeto de la crítica destructiva tantas veces que perdió la cuenta. En su angustia por la crítica destructiva, exclamó las palabras que se hallan en textos como Salmo 64:1-6. La Biblia dice: Escucha, oh Dios, la voz de mi queja;

Guarda mi vida del temor del enemigo.

Psa 64:2 Escóndeme del consejo secreto de los malignos,

De la conspiración de los que hacen iniquidad,

Psa 64:3 Que afilan como espada su lengua;

Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,

Psa 64:4 Para asaetear a escondidas al íntegro;

De repente lo asaetean, y no temen.

Psa 64:5 Obstinados en su inicuo designio,

Tratan de esconder los lazos,

Y dicen: ¿Quién los ha de ver?

Psa 64:6 Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta;

Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo.

Todos los hombres y mujeres que han hecho algo de bueno por el Señor, han sido víctimas de la crítica destructiva. Pero nadie ha sufrido tanta crítica destructiva como el Señor Jesús. Él fue criticado por comer con pecadores, fue criticado por echar fuera demonios, fue criticado por haber sanado a un hombre en un día de reposo, fue criticado por enseñar con autoridad, fue criticado por perdonar pecados. Así que, no piense que usted es la única víctima de la crítica destructiva. Es natural que los hijos de Dios seamos objeto de la furia del enemigo. Segundo, agradezca al Señor por la crítica destructiva en su contra. Esto suena extraño, pero cuando considera a la crítica destructiva como una oportunidad para crecer espiritualmente, estará dispuesto a agradecer al Señor por ello. Quizá cuando más rápidamente creció David en su relación con el Señor, fue cuando se encontró en la hoguera encendida por sus críticos. Tercero, no se esfuerce por dar su merecido a quien ha lanzado la critica destructiva en contra suya. Si está a su alcance el desmentir la crítica destructiva, hágalo, pero no tome la justicia en su propia mano para vengarse de quien ha hecho crítica destructiva en su contra. Ni siquiera piense por un momento en contrarrestar la crítica destructiva en su contra por medio de criticar destructivamente a la persona que le ha criticado. Es mejor poner todo en la mano del Señor y confiar en que Él castigará a os que le han criticado injustamente. Romanos 12:19 dice: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Cuarto, no permita que la crítica destructiva altere su estilo de vida, si está haciendo bien las cosas, por supuesto. El que critica para destruir busca justamente eso, destruir. Si se desanima y se abandona a usted mismo y piensa que lo mejor es no hacer nada para no se objeto de una crítica destructiva, habrá sido derrotado por ese gigante de la crítica destructiva. A pesar de lo que digan sus críticos, si sabe que está limpio delante del Señor de cualquier cosa que haya sido acusado injustamente, siga adelante con fe y determinación. Recuerde que los que hemos sido víctimas de la crítica destructiva hemos sido personas que estamos caminando hacia la madurez en nuestra vida cristiana. Esto me trae a la mente un pasaje de El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Un día, Sancho Panza, su fiel escudero, se quejó de que los perros les ladraban. El Quijote le respondió: No te preocupes Sancho Panza, si los perros ladran, eso significa que estamos caminando. Así es mi querido amable oyente. Si está siendo víctima de la crítica destructiva, eso significa que está caminando hacia la madurez. Deje que los perros que critican para destruir sigan ladrando. Quinto, dependa del Señor para que Él proteja su integridad. Deje que el Señor luche por usted. Salmo 3:3 dice: Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;

Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

Si en su propia fuerza se embarca en desvanecer las críticas destructivas en su contra, terminará frustrado y mal herido. Mejor es confiar en el Señor. Él sabe hacerlo bien. Espero amable oyente que estas ideas sean de ayuda para conquistar al gigante de la crítica destructiva en nuestra vida.

13-“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Trece

“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

a1¿Qué significa ser un líder espiritual?

En lugar de dar una respuesta corta a esta pregunta tan común, voy a pedirte que pienses acerca del liderazgo espiritual desde varias perspectivas. Como una pizza que se corta en varios pedazos, cada pedazo correspondiendo a una parte de la pizza entera, el liderazgo espiritual puede ser definido una parte a la vez.

De hecho, sin darte cuenta tú ya haz cortado al menos seis “pedazos” en el proceso de arribar a este capítulo. Cuando te detengas a analizarlo, la mayoría de los capítulos de este libro tienen que ver con varias responsabilidades del liderazgo espiritual. Déjame explicártelo analizando brevemente lo que hemos considerado en los capítulos previos sobre tu responsabilidad de ser un líder espiritual.

• Capítulos Uno y Dos: Un Líder Espiritual es un hombre que vive con su esposa de manera comprensiva.

• Capítulos Tres y Cuatro: Un Líder Espiritual es un hombre que sabe cómo comunicarse bíblicamente.

• Capítulos Cinco, Seis y Siete: Un Líder Espiritual es un hombre que ama a su esposa como Cristo ama a la iglesia.

• Capítulo Nueve: Un Líder Espiritual es un hombre que puede discernir la condición espiritual de su esposa y guiarla amorosamente hacia la madurez espiritual.

• Capítulo Once: Un Líder Espiritual es un hombre que está consciente de los peligros que enfrenta su esposa y que sabe cómo protegerla de esos peligros.

• Capítulo Doce: Un Líder Espiritual es un hombre que honra a su esposa como a un vaso más frágil (es decir, la trata como a un vaso frágil).

A estas definiciones activas del liderazgo espiritual sólo voy a agregar dos más. La primera se enfoca en un aspecto que tiene que ver con que seas cabeza de tu esposa.

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo (Ef. 5:23).

¿Qué significa que seas cabeza de tu esposa? Ser cabeza de tu esposa significa que eres responsable. Eres responsable de presidirla y de proveerle. Ultimadamente tú eres el responsable de lo que sucede en su vida. Eres responsable de estar enterado de lo que tu esposa está haciendo y de cómo lo está haciendo. Eres responsable, como ya lo he explicado, de vivir con ella con conocimiento para santificarla y protegerla. Pero más que todo, como su cabeza, eres responsable de amarla.

Como suele suceder, Jay Adams lo dice bien:

Mira de nuevo Efesios 1:22, donde Pablo describe cómo es que Cristo es cabeza de la iglesia. Si un esposo quiere saber cómo ser cabeza de la esposa y cómo eso es paralelo con la forma en que Cristo es cabeza de la iglesia, lo puede encontrar en este verso. Dice: “Y todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a [o mejor, por] la iglesia, la cual es su cuerpo.” En otras palabras, todas las cosas que han sido dadas a Cristo Jesús son dadas a Él para su iglesia, y Él ejerce como cabeza sobre Su iglesia para su bendición, para su beneficio, para su bien. El poder, autoridad, gloria, honor y posición de cabeza a la diestra del Padre le fueron dadas a Él para que pueda ejercer y mediar para Su iglesia. Su función como cabeza está orientada hacia la iglesia. La Iglesia es Su cuerpo. La cabeza alimenta al cuerpo, nutre al cuerpo y se preocupa por el cuerpo. La cabeza no anda por sí misma sino que se preocupa siempre por el cuerpo. Siempre está enviando los mensajes que traen restauración y proveen para la seguridad y bienestar de las varias partes del cuerpo, la cabeza preserva y se hace cargo del cuerpo.

La posición de Cristo como cabeza envuelve un interés profundo por la iglesia. Esta es la clase de liderazgo que los esposos son llamados a ejercitar con sus esposas. Ellos son cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de Su iglesia, lo cual significa que no ejercen independientemente su tarea de cabeza colocados remotamente en un pedestal mientras sus esposas abajo se arrodillan y raspan el suelo. Más bien como cabeza ministran a su esposa pues son una cabeza que se preocupa de ella. Es una cabeza en amor orientada a hacer todo lo que pueda por la esposa. Cristo amó a la iglesia suficiente para morir por ella. ¿No le dará gratuitamente todas las cosas entonces? Por supuesto, dice Pablo. Y así debe ser con nuestras esposas. Ser tiranos y arbitrarios como cabeza no está permitido. Ser cabeza significa amor; es decir, entregarse uno a sí mismo [énfasis agregados].1

Al darte la posición de “cabeza,” Dios te ha dado un uniforme. Es un uniforme que probablemente te queda muy grande, para el cual tienes aún que crecer en tu plenitud. Todavía te falta amar a tu esposa como Cristo ama a la iglesia. Sí, es cierto que tu esposa tiene que aprender a distinguir entre tu posición como su cabeza y tu personalidad, la cual aún estás tratando de agarrarle el paso a la posición. Claro que sí; ella tiene que respetar ese uniforme aun si es siete tallas más grande que tú. Pero tú tienes que continuar haciendo todo lo que puedas para llenar ese uniforme. Tienes que aprender a ser el líder amoroso que Dios requiere que seas. Mientras más hagasmientras más te ajustes a ese uniforme viviendo a la altura de la posición de honor que Dios te ha dado por su gracia-más fácil le será a tu esposa hacer las dos cosas más difíciles que Dios le requiere: ser sumisa a ti (Ef. 5:22–24; 1 Pedro 2:1) y respetarte (Ef. 5:33; 1 Pedro 3:4–5).

Un Líder Espiritual es un hombre que asume la responsabilidad de dirigir su casa

La escritura registra las características de la clase de hombres que son calificados para el liderazgo de la iglesia. Tanto a los pastores como a los diáconos se les requiere demostrar eficiencia como administradores de su casa.

Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?) … Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas (1 Tim. 3:4–5, 12).

Todos los hombres tienen que gobernar su casa. Los oficiales de la iglesiatienen que hacerlo bien. Un líder espiritual es entonces un administrador.Él maneja su familia de acuerdo a los principios bíblicos. No es que Él lo hace todo sólo sino que vela para que cada miembro de la casa cumpla con su responsabilidad bíblica. Tampoco es un micro-administrador que tiene que meter la mano en cada proyecto. Más bien está enterado de todo lo que sucede en su casa. Él sabe lo que se tiene que hacer, pero también sabe cómo delegar responsabilidades a los que son capaces de cumplirlas.

“Ser cabeza” no significa aplastar los talentos y dones de la esposa. No significa hacer todas las decisiones sin tomarla en cuenta a ella o a tus hijos, o no darle el poder de tomar decisiones o hacer algo por su cuenta. Precisamente lo opuesto es la verdad de la imagen bíblica. Un buen director sabe cómo poner a trabajar a otra gente. Un buen director sabe también cómo mantener a sus hijos y a su esposa ocupados. Ciertamente ese hombre que se sentaba entre los ancianos a la puerta era un buen director. Él había reconocido en su esposa toda clase de habilidades y dones de Dios, los cuales le había motivado que desarrollara y usara. Y ella estaba usando éstos para el beneficio de su esposo y de toda la casa. Esto es lo que hace un buen director. Él será cuidadoso de no descuidar o destruir las habilidades de su esposa. Más bien, usará estos dones al máximo. El buen director reconoce que Dios le ha provisto a su esposa como una ayuda. Él recordará que la Escritura dice “el que halló esposa halló el bien.” Él no considerará que ella deba ser arrastrada. Más bien, pensará de ella como una ayuda útil y dejara que le ayude. Él la motivará a que sea ayuda.2

En su libro, Manual de Tareas para la Consejería Bíblica (A Homework Manual for Biblical Counseling), el Dr. Wayne Mack tiene una sección titulada, “Distribuyendo Responsabilidades.” Yo he dado este material como tarea incontables veces a través de los años a parejas para ayudarlas a hacer eso mismo. Wayne, amablemente, me ha dado el permiso para reproducir esta hoja como un apéndice en este libro. Yo te animo a que te sientes con tu esposa y juntos revisen el material. Esto será un gran paso para que seas un buen administrador que sabiamente delega responsabilidades a su “ayuda idónea.”

Cuando hay problemas dentro de la casa, un buen administrador se encarga de que se resuelvan escrituralmente. Cuando hay conflictos en su casa, se encarga de que se resuelvan bíblicamente. Él ayuda a la coordinación del horario. Ve que cada uno en casa sea tratado con justicia y equidad. Además, si alguien es temporalmente incapaz de llevar su carga, él está dispuesto a arremangarse la camisa y “sustituir” al que no puede. Dicho de manera simple, un buen administrador está dispuesto a hacer cosas que no caen dentro de sus responsabilidades usuales tales como cambiar pañales, cocinar, pasar la aspiradora o ir a hacer las compras.

De acuerdo a la Escritura, él también tiene que poder “controlar” su casa. Cuando yo estaba en la universidad bíblica tuve una interesante conversación con la esposa de uno de mis profesores. Esta querida señora tenía una aversión a la palabra “control” en referencia a la relación del esposo y la esposa. Como consejero, y habiendo aconsejado a muchos hombres que habían abusado de su autoridad volviéndose tiranos, dictadores y abusadores dominantes que herían a sus esposas terriblemente, yo podía ciertamente simpatizar con tal sentimiento. Como un estudiante de la Biblia, sin embargo, no podía escapar del hecho de que la Escritura enseña que el hombre tiene que gobernar sobre su esposa:

Genesis 3:16 A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.

Para entender mejor el significado de este texto, veamos más detenidamente la frase “tu deseo será para” tal como aparece un capítulo después en Génesis 4:7:

Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.

Los académicos están en desacuerdo sobre el significado exacto de este texto. Algunos sostienen que el tema del cual Dios está hablando es el de la primogenitura (los derechos dados al hijo mayor). Esta opinión afirma que por la virtud de su primogenitura, Caín no debería haber tenido envidia de Abel porque tenía los privilegios de la primogenitura. Su hermano, entre otras cosas, tendría que haberse sujetado a esta regla. Esto parece ser la interpretación de los traductores de la versión Reina Valera: “a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

La otra opinión, que yo favorezco, conecta esta oración a la frase previa, “el pecado yace a la puerta.” De acuerdo a esta interpretación, el pecado debería regir (controlar) a Caín, pero Caín debería ser responsable de dominarlo (controlarlo). Por supuesto, ya que “ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal) (2 Pedro 1:20), sólo es un significado el que la Biblia intenta. Sólo una de estas dos opiniones (si es que alguna está correcta) es la que la que el Espíritu Santo transmite. Ambas interpretaciones, sin embargo, hacen esencialmente lo mismo con la frase “deseo será:” ambas lo interpretan como “regir sobre” alguien o algo.

Ahora, al poner ese matiz en el significado de Génesis 3:16 podemos decir que su significado básico es: “tu deseo será controlar a tu esposo, pero él se enseñoreará de ti.” Yo creo que como resultado de la caída, la proclividad de la mujer es controlar a su esposo. Pero Dios ha dicho que no debe ser de esa manera. El esposo debe controlar (dirigir) a su esposa. Déjenme apresurarme a decir, no sea que te vuelvas altivo en tu función de cabeza, que como resultado de la caída, tu proclividad como dirigente de la casa será la de ser intolerante, dominante y dictatorial como autoridad. Esto es algo contra lo cual debes estar constantemente en guardia porque es abuso de poder. También va contra la segunda definición activa del liderazgo espiritual que prometí que iba a darte en este capítulo.

Cuando piensas en ser dirigente, talvez visualizas a alguien que es el jefe y tiene el derecho de dar órdenes. El problema con este concepto de liderazgo es que es más pagano que cristiano. Es cierto que en un sentido, como cabeza de tu familia, técnicamente tú eres “el jefe.” Sin embargo tú no eres el dueño de la familia; es Dios, y Él tiene algunas instrucciones bastante rígidas acerca de la clase de “jefe” que tú debes ser. Sí, tú tienes el derecho de dar directrices, pero tienes la responsabilidad de hacerlo sólo de acuerdo a los principios bíblicos (ver el apéndice F: “Guía Para Darle Directrices a Tu Esposa,” para las limitaciones que Dios le pone a tu “derecho” de darle instrucciones a tu esposa). Sí; tú puedes “imponerte” sobre sus decisiones, pero sólo si tus motivos son puros, no-egoístas y si lo haces por razones bíblicas.

Un Líder Espiritual es un hombre que ha aprendido a ser un servidor de su esposa

Si tú eres realmente un servidor de tu esposa, no te convertirás en ese insoportable, dominante y dictatorial acosador del cual te he advertido. Ser un siervo y ser un acosador son mutuamente exclusivos. Examinemos una mirada a una importante lección que el Señor enseñó a sus discípulos acerca del liderazgo y entonces hagamos algunas aplicaciones a tu papel como líder amoroso de tu esposa:

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Y Él le dijo: ¿Qué deseas? Ella le dijo: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero respondiendo Jesús, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: Mi copa ciertamente beberéis, pero sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre. Al oír esto, los diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:20–28).

¿Qué es exactamente lo que Juan y su hermano están pidiendo aquí? Respuesta: ¡La posición preeminente de honor en el reino de los cielos sobre todos los santos de Dios que hayan vivido antes y después de ellos! ¡Eso es ambición!

Jesús, después de explicarles a los hermanos que tal posición requeriría un sacrificio personal tremendo y que sólo Dios el Padre puede otorgarlo, llama a todos sus discípulos. ¿Por qué hizo eso? Para enseñarles a todos una lección. La indignación de los otros diez discípulos (v. 24) destaca el deseo obvio por preeminencia de parte de Juan y Santiago. Pero esta indignación de parte de los otros diez revela también el conflicto de ellos con la codicia por la preeminencia. Note que Mateo dice que ellos no estaban “preocupados con” o “turbados por” sino que “se indignaron contra” los dos hermanos. El Señor Jesús les respondió diciendo, “Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos.”

Durante el tiempo de Cristo, prácticamente cada gobernante gentil tenía como sistema de administración alguna forma de dictadura. Los discípulos estaban bien familiarizados no sólo con la autocracia, pero también con el abuso de poder que frecuentemente le acompañaba. El término “enseñorearse sobre” es una palabra en griego. Literalmente se puede traducir, “regir subyugando.” La palabra significa “someter al poder de uno” o “mantener en sujeción,” y “ejercer señorío o dominio sobre alguien.”

El término “los gobernantes de los gentiles” se refiere a quienes tiene posiciones de autoridad gubernamental, mientras que el término “los grandes” se refiere a los que han obtenido posiciones de honor y distinción en la sociedad por otras razones. Ellos han logrado el status de “grandes” por su riqueza, linaje, intelecto, educación o personalidad carismática. Pero como sea que lo hubiesen logrado, eran tenidos en alta estima por la sociedad y usaban su “grandeza” para influenciar y controlar a otros de una manera que Jesús censura fuertemente.

El verbo traducido “ejercen autoridad” conlleva la idea de ejercer la autoridad contra alguien (es decir, antagonística u opresivamente). Estos grandes hombres usaban su influyente posición para ejercitar una clase de autoridad opresiva, dominante, dictatorial y aprovechada. Sin embargo, ésta no era la forma en que los discípulos debían de ejercer la autoridad dada a ellos por Dios.

Jesús continuó: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.” Jesús está explicando a sus discípulos que tanto ellos como los gentiles estaban equivocados. Sus motivos egoístas habían invertido y pervertido la única manera real de obtener grandeza.

Cuando Jesús dijo, “el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor,” Él estaba hablándole a su ambición no mortificada. “es una cosa desear ser grande o aun el primero en el reino de los cielos cuando, de hecho, tienes también la disposición de ser el siervo y el esclavo de todos,” dijo Jesús. “Sin embargo, es una cosa diferente amar el primer lugar entre todos los ciudadanos del reino de los cielos porque deseas enseñorearte sobre todos.”

Entonces Jesús procedió a mostrarles dos puntos cruciales. El punto uno se halla en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Por supuesto esta grandeza es desde el punto de vista de Dios. John Mac-Arthur lo explica así:

[Jesús … estaba hablando de una clase de grandeza enteramente diferente a la que Juan y Santiago buscaban y que el mundo promueve. Esta clase de grandeza es agradable a Dios porque es humilde y sacrificada, no altiva y auto-complaciente. El camino a la grandeza es agradándole a Él y sirviendo a otros en Su nombre. A los ojos de Dios, el que es grande es el que es siervo voluntario.3

Note este espíritu humilde, no dictatorial, en el apóstol Pablo. Pablo le recuerda a los tesalonicenses que él y sus colaboradores en el evangelio no estaban “buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad” (1 Tes. 2:6). De nuevo, cuando le escribió a Filemón y lo urgió a perdonar a su esclavo fugitivo Onésimo y a recibirlo de regreso como a un hermano, Pablo le dice a su amigo, “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte hacer lo que conviene, no obstante, por causa del amor que te tengo, te ruego” (Filemón 1:8–9).

Un “siervo” es uno que deja a un lado sus derechos y que ejecuta los mandamientos de otro. En los días de nuestro Señor, este término describía a una persona de posición inferior que realizaba una labor pagada, parecido a una persona que limpia casas.

El segundo punto que Jesús hace en Mat. 20:20–28 se encuentra en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Escuche unas pocas definiciones de la palabra que se traduce “esclavo” en el léxico griego: Uno que se entrega a la voluntad de otro; uno que se dedica a otro sin considerar sus propios intereses; uno que esta en una relación permanente de servidumbre a otro cuya voluntad es consumida totalmente por la voluntad de otro.

La humillación personal de uno mismo a la posición más baja entre los santos se halla en el mero corazón de los que nuestro Señor está enseñando aquí. Si tú quieres ser considerado “grande” por Dios, si quieres complacerlo a Él más que a los hombres, tú, como nuestro Señor, te convertirás en un siervo. Hombre cristiano, si quieres ser un “gran” líder espiritual para tu esposa, te harás su siervo. Es así de simple.

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo (Fil. 2:5–7).

Esta emulación de la “actitud” o “mentalidad” de Cristo es el punto exacto que Jesús enfatiza cuando concluye su lección a sus discípulos interesados en sí mismos: “Así como” dijo Jesús. ¿“Así como” qué? “Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mat. 20:28). Jesús está diciendo: “sigue mi ejemplo. Yo no vine a buscar una posición. Yo no vine para que otros pudieran satisfacer mis necesidades, sino para satisfacer las de ellos.” Si alguien tenía el derecho de demandar el servicio de otros, Él lo tenía. Pero en lugar de insistir en Su derecho a ser servido, Él dio Su vida para servir a otros. Esa es la clase de liderazgo que Dios está buscando. Esta es la clase de líder que tú debes ser para tu esposa – un siervo líder.

Wayne Mack ha capturado el corazón de este pasaje bastante bien:

De acuerdo a este pasaje, un líder es primero y sobre todo un siervo. Su interés no es él mismo; su interés no es dar órdenes, ser el jefe de la gente a su alrededor o imponer su opinión. Su interés es llenar las necesidades de otros. Ciertamente, si los mejores intereses de otros no están en su corazón, si no está dispuesto a sacrificarse a sí mismo – sus necesidades personales, anhelos, deseos, aspiraciones, tiempo, dinero – si las necesidades de otros no son más importantes que la propias, él no está calificado para dirigir.

Este mismo concepto de siervo-líder se puede ver en otros lugares del Nuevo Testamento (1 Pedro 5:3; 1 Tes. 2:5–11). En el capítulo trece de Juan, Cristo puede ser visto “tomando forma de siervo” mientras lava los pies de sus discípulos.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis (Juan 13:12–17).

Cómo Ser un Siervo de tu Esposa

Ahora que entiendes la necesidad de servir (ministrar a) tu esposa, veamos algunas de las maneras específicas en que puedes llegar a ser más un siervolíder.

1. Haz una lista de las maneras en que has abusado de tu autoridad sobre tu esposa. Aquí hay algunas comunes con las que puedes comenzar:

• Pidiéndole que haga cosas pecaminosas.

• Pidiéndole que haga cosas que violan su conciencia.

• Prohibiéndole que haga cosas por egoísmo más que por amor.

• Siendo irrazonable y luego escondiéndote en tu posición de cabeza (“no tengo por qué estar explicándote porque yo soy la cabeza de la casa”).

• Tomando decisiones sin contar con su criterio.

• No permitiéndole apelar tus decisiones.

• Pidiéndole que haga cosas sin tomar en consideración sus flaquezas.

• No tratándola como un vaso más frágil.

• Dándole un número excesivo de órdenes y prohibiciones.

• Gritándole órdenes en lugar de pedirle con amabilidad.

• Usando formas de comunicación groseras o con actitud de superioridad.

• Usando reprimendas y críticas recriminatorias cuando hace algo errado en lugar de consolarla y animarla de forma amorosa para que cambie sus caminos.

• Siendo físicamente abusivo con ella.

• No buscando la asistencia del consejo de otros sobre los conflictos no resueltos, y prohibiéndole a ella que lo haga.

2. Pídele perdón por las formas específicas en que haz impuesto tu autoridad sobre ella y por no tener un corazón de siervo. Recuerda usar el formato discutido en el capítulo cuatro:

Primero: Reconoce que has pecado contra ella.

Segundo: Identifica tu pecado específico con su nombre bíblico.

Tercero: Reconoce el daño que le ha causado tu ofensa.

Cuarto: Identifica una conducta bíblica alternativa para demostrarle arrepentimiento.

Quinto: Pídele perdón.

3. Ora regularmente por ella y por tu actitud hacia ella, pidiéndole a Dios que te dé sabiduría y humildad para ser un siervo.

• Ora por su salvación (si ella no es creyente).

• Ora por su salud y seguridad.

• Ora por su crecimiento espiritual.

• Ora para que sea orientada a la obediencia antes que orientada a los sentimientos.

• Ora para que tenga discernimiento.

• Ora para que sea protegida de malas influencias y que sea una influencia piadosa sobre otros.

• Ora para que sea una madre piadosa para sus hijos.

• Ora para que su carácter desarrolle aspectos específicos que sean consistentes con el carácter de Cristo.

• Ora que Dios le dé la gracia de ser más como la mujer de Proverbios 31 y de Tito 2.

• Pregúntale regularmente por peticiones adicionales que ella pueda tener para oración.

4. Proponte ayudarla a lograr sus metas que honran a Dios.

Entusiásmate en ayudarla a ser exitosa. Pregúntale sus metas y cómo puedes ayudarla a lograrlas. Determina y escribe esas metas y busca ayudarla a cumplirlas por la gracia de Dios.

5. Busca oportunidades para ministrarla en otras maneras. Invierte tu tiempo, esfuerzo, pensamientos y dinero en ministrarle; descubre lo que necesita y usa tus recursos para satisfacerla.

6. Asístela en cumplir sus tareas y otras responsabilidades.

Algunos esposos piensan que hay algo no masculino en lavar los platos, limpiar la casa, cuidar a los niños o hacer compras … [ellos] no levantarían un dedo en hacer nada que consideren trabajo de la mujer. Él puede estar en el cuarto donde el bebé comienza a llorar, y la esposa puede estar en el otro lado de la casa, pero el esposo no sabrá por qué está llorando el bebé. En lugar de eso grita, “Juanita, el bebé está llorando. Ven y haz algo.” Y ella tiene que dejar lo que está haciendo y venir hacia donde él está.

Esta clase de esposos no entienden el verdadero liderazgo bíblico.

7. Aprende a estimarla más de lo que te estimas a timismo.

• Mira las características virtuosas de ella de las cuales tú mismo tienes más necesidad y pídele que te ayude a adquirirlas.

• Cuando hagas una decisión considera como esta afectará tus intereses y los de ella.

• Elógiala por sus cualidades que son bíblicamente dignas de reconocimiento. Recuérdaselo frecuentemente.

• Guarda tu corazón de desarrollar un patrón de pensamientos críticos, condenatorios, acusatorios y fiscalizadores. Tales pensamientos te harán muy difícil (si no imposible) estimarla más que a ti mismo.

Al cerrar este capítulo, me gustaría conectar estas dos definiciones activas del liderazgo espiritual mostrándote cómo se relacionan una a la otra. Talvez tú te preguntaste, mientras leías sobre tu responsabilidad de ser un dirigente (definición #1), “¿Cómo voy a lograr que mi esposa se ponga bajo mi autoridad? ¿Cómo voy a traerla y mantenerla bajo mi ‘control’?” La respuesta a esta frecuente pregunta se encuentra en la definición #2: Tú la controlarás siendo un siervo de ella; amándola de la manera que Cristo ama a la iglesia. Esta es realmente la mejor manera de motivarla a que sea sumisa a ti. A medida que seas un siervo (a medida que te pongas ese uniforme), ella, con toda probabilidad, paulatinamente encontrará más fácil someterse a tu autoridad. Ella, como la iglesia hace con Cristo, te amará porque tú la amaste primero.

Maneras Específicas en Que Puedo Servir a Mi Esposa

1. Asístela con algunas de sus tareas.

2. Asístela con algunas de sus otras responsabilidades.

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10.

Agrega a esta lista algunos ejemplos adicionales de cómo puedes servir a tu esposa …

1 Jay E. Adams, Christian Living in the Home (Phillipsburg, New Jersey: Presbyterian and Reformed Co., 1972), pp. 95–96.

2 Ibid, p. 91

3 John F. MacArthur, The MacArthur New Testament Commentary, Matthew 16–23 (Chicago: Moody Press, 1988), p. 24.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 229–246). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

Apostasía y dificultades de Salomón

1 Reyes 11-13

Apostasía y dificultades de Salomón

a111:1  Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;

gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.

Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.

Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.

Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.

E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.

Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.

Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.

Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,

10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová.

11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.

12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.

13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.

14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom.

15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom

16 (porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom),

17 Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.

18 Y se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio tierra.

19 Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.

20 Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.

21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.

22 Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? El respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.

23 Dios también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.

24 Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en Damasco.

25 Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre Siria.

26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.

27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.

28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José.

29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.

30 Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,

31 y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus;

32 y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel;

33 por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.

34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.

35 Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus.

36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.

37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.

38 Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.

39 Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.

40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.

Muerte de Salomón

(2 Cr. 9.29-31)

41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?

42 Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.

43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.

Rebelión de Israel

(2 Cr. 10.1–11.4)

12:1  Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.

Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto,

enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:

Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.

Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.

Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?

Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.

Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él.

Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?

10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.

11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.

12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.

13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;

14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.

15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.

16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. !!Israel, a tus tiendas! !!Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.

17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.

18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén.

19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

20 Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.

21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.

22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo:

23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:

24 Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.

El pecado de Jeroboam

25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.

26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,

27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.

28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.

29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.

30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.

31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.

32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.

33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.

Un profeta de Judá amonesta a Jeroboam

13:1  He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,

aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.

Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.

Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: !!Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.

Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.

Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.

Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.

Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar.

Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.

10 Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.

11 Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey.

12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá.

13 Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó.

14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy.

15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan.

16 Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar.

17 Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres.

18 Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.

19 Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.

20 Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver.

21 Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito,

22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.

23 Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno.

24 Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo.

25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.

26 Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo.

27 Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron.

28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.

29 Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle.

30 Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: !!Ay, hermano mío!

31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.

32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.

33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos.

34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-30

a1La famosa carrera de Maratón hace referencia al acto heroico en el cual Domedrión, general ateniense, corrió 42 kilómetros para dar la noticia al Gran Alejandro Magno sobre la victoria del ejército heleno en dicha ciudad: Marathon. Cuando los atletas griegos se disponían a correr la Maratón cada año lo hacían  conmemorando aquel suceso y a aquel soldado. De alguna manera cada competidor era poseído por ese espíritu de héroe y sólo pensaba en llegar primero. Sumado a este estímulo interior había otro externo que era el observar al podio, el estrado, los laureles, la corona que, intencionalmente, se ponía en el miso lugar de la partida. También hoy, en las carreras modernas, muchas veces el lugar de la largada coincide con el de la llegada. Esta misma táctica de los organizadores de eventos deportivos se observa, por ejemplo, en competencias deportivas a nivel internacional como el fútbol o el tenis donde se ubica el trofeo a conquistar en la salida misma de los competidores por el túnel. Ellos pasan al lado del trofeo, miran de reojo y sus espíritus se cargan de una dosis extra de energía porque saben que deben obtenerla a cualquier costo. Aun durante la carrera el recuerdo del trofeo y la imagen del momento de la llegada están grabados delante de él y en momentos de desánimo le inspira a continuar.

Jesús, en los tramos finales de su carrera de redención, estuvo al límite de sus fuerzas: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”, fueron sus palabras, pero dice el Autor de la epístola a los Hebreos que: “Por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, menospreció el oprobio y llegó y se sentó en el estrado de premiación, al lado de su Padre”. Todo humano que intente correr la carrera de la vida sin este estímulo interno de imitar  a nuestro máximo héroe: Jesús, el Autor y Consumador de la fe, y sin el estímulo externo, esa mirada de fe que me permite vislumbrar aquel día cuando lleguemos a la meta, quedará postrado a la vera del camino como tantos.

Pensamiento del día:

Si no te importa triunfar en la carrera de esta vida ¿para qué la corres?…

¿Un caballero del rey?

Abril 2

¿Un caballero del rey?

Lectura bíblica: Romanos 1:16, 17

Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe. Romanos 1:17

a1La culpa la tiene tu maestra. Si no te hubiera hecho escribir una composición sobre “Lo que quiero ser cuando sea grande” quizá nunca se te hubiera ocurrido qué magnífico sería ser un Caballero en la corte del rey de España. Pero has decidido que te llamen Caballero Cabeza de Queso, o sea cual fuere tu nombre. Quieres que todos se inclinen ante ti cuando entras a una habitación.

Entonces entras en Internet para averiguar cómo llenar una solicitud. Ves que son pocos los que llegan a ser Caballeros. Sólo después de muchos años de servir al rey de España te invitaría a su palacio, te daría tres golpecitos en el hombro con una espada, te otorgaría una medalla y ¡zaz! serías un Caballero de la corte.

Pero tienes un problema. Si te dedicas a servir al rey, no podrás andar saliendo con tus amigos. Y estás demasiado ocupado con tus tareas escolares y con los juegos en la computadora como para andar haciendo cosas para el rey. Por eso, decides cortar camino para llegar a ser Caballero.

Comienzas a repartir tus propias tarjetas de presentación. Dicen: “Caballero Cabeza de Queso. No olvide inclinarse ante mí”. Te compras elegante ropa de Caballero y te buscas en la casa de empeño unas medallas que parecen oficiales. Les dices a tus amigos: “De ahora en adelante llámenme Caballero Cabeza de Queso, si no lo hacen les costará caro”.

La cuestión es: ¿Eres realmente un Caballero? ¡Ya sabes que la respuesta contundente es “No”!

Puedes vestirte como un Caballero, hablar como un Caballero, comportarte como un Caballero, revolear la espada como un Caballero y tener olor a Caballero. Pero nada de eso te convierte en un Caballero. Si no lo crees, trata de entrar al palacio de los reyes de España con tu tarjeta: “Caballero Cabeza de Queso. No olvide inclinarse ante mí”, y verás.

Nadie es tan bobo como para intentarlo.

Pero muchos intentan algo parecido cuando quieren acercarse a Dios. La Biblia explica claramente que Dios nos hace aceptables a él, nos hace hijos e hijas del Rey cuando confesamos nuestros pecados y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador. Poner nuestra fe en él, creer y confiar en Dios es la única manera como podemos llegar a ser parte de la familia de Dios.

Una razón por la que las buenas nuevas del evangelio son buenas nuevas es porque Dios ha hecho todo lo necesario para que seas su hijo y lo sigas siendo. Cuando por fe aceptas lo que hizo por ti, te recibe para que formes parte de su familia. ¡No te puedes inventar ningún título para lograrlo!

PARA DIALOGAR
¿Cómo te sientes hacia Dios que te ama tanto como para hacer que por fe —no por tus propios esfuerzos— pueda ser tu Padre?

PARA ORAR
Cuéntale a Dios lo que piensas y sientes acerca de ser su hijo o hija.

PARA HACER

Haz un cartel que te recuerde que eres hijo o hija de Dios, y que no tienes que andar impresionando a nadie.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

2 abr 2016

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Me casé sin amar a mi esposa. Llevamos dos años de casados. Cuando éramos novios, su compañía y amistad me parecían los elementos suficientes para algún día llegar a amarla; pero eso no es así. Vivo frustrado porque no tuve el valor de desistir a tiempo. Lo llegamos a platicar, pero al verla llorar siento que fui cobarde al permitir que llegáramos hasta el matrimonio. Quisiera corresponder a ese amor, pero no lo siento así. Ella lo ha percibido y sufre. Me duele verla así.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Si usted algún día tiene un hijo, ¿espera que ha de amarlo? ¿Qué tal que no sea así? ¿Qué tal que nunca llegue a sentir nada por él? Tal vez su respuesta sea que lo ha de amar porque es su hijo y no por lo que usted siente.

»No siempre sentimos amor por nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres o aun nuestro cónyuge. Y sin embargo los amamos porque están ligados a nosotros mediante la relación que tenemos. No siempre nos hacen felices ni satisfacen nuestras necesidades. A veces hacen que nos sintamos frustrados o enojados, pero no por eso dejamos de amarlos. El amor es el lazo que nos ata a ellos.

»Usted esperó sentir alguna sensación con relación a su esposa. Las películas y los cuentos de hadas nos predisponen a sentir algo muy especial y a oír el repicar de las campanas. Pero la vida no es, en realidad, una película ni un cuento de hadas.

»Un matrimonio que tiene como base una sólida amistad y el compañerismo tiene la posibilidad de ser mucho más satisfactorio y duradero que un matrimonio basado en la atracción física o en emociones muy estimulantes….

»Usted hizo sus votos. No importa ahora por qué lo hizo o si fue la decisión acertada. Cambie su enfoque del pasado al futuro. Los lazos del amor y del matrimonio lo han atado a una mujer maravillosa, y usted puede tomar la decisión de fortalecer esa relación en lugar de ponerla en tela de juicio constantemente. Muestre amor mediante sus acciones, y verá que sus sentimientos se ajustarán. Resuelva que hará lo que sea para que triunfe su matrimonio.

»¿Sabía que Dios quiere ayudarlo en su matrimonio y en todos los demás aspectos de su vida? Dios quiere que cada uno de nosotros cultive una relación con Él, pero nos separan de Él nuestros pecados. Así que, por el amor que nos tiene, dio a su Hijo Jesucristo como un sacrificio en la cruz para pagar el castigo de nuestro pecado. Cuando aceptamos a Cristo y decidimos caminar con Dios, Él nos da sabiduría y fortaleza para cada una de nuestras otras relaciones.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 245.

http://www.conciencia.net/

Una cuestión de familia

Abril 1

Una cuestión de familia

Lectura bíblica: Romanos 1: 6, 7

Amados de Dios, llamados a ser santos. Romanos 1:7

a1Aun después de un viaje cansador desde los Estados Unidos a Europa Oriental, el matrimonio estaba entusiasmado y emocionado de haber llegado a su destino. Ahora, en el orfanato en Rumania, caminaban con cuidado entre las frágiles cunas y los colchones en el suelo. La habitación tenía poca luz. Las paredes, el piso y los muebles distaban de estar limpios. El olor de una docena de pañales sucios saturaba el ambiente.

Al pasar por cada cama, un niñito levantaba la vista esperando recibir cariño. Detrás de cada pequeño rostro había una triste historia de abandono. Los ojos de la pareja se llenaron de lágrimas. Ya tenían cinco hijos varones, uno de los cuales era adoptado. Habían ido a Rumania para adoptar a otro niño. Les hubiera gustado llevarse todos los huerfanitos a casa, pero sólo podían llevar uno. ¿Cuál sería?

Luego la vieron, una pequeñita de pocas semanas. Sobresalía de entre todos los niños desamparados, como si Dios los hubiera impulsado hacia ella. Después de días de trámites oficiales, el matrimonio emprendió el viaje de regreso con su nueva hijita. La diminuta Andrea estaba completamente ajena al cambio milagroso que había comenzado en su vida.

Hoy Andrea tiene ocho años. Forma parte de una cariñosa familia cristiana con cinco hermanos mayores y dos hermanas menores. (¡Sus padres adoptaron a dos niñas más!). El cuidado y afecto que su nuevo hogar le ha brindado ha borrado el comienzo trágico de su vida. Y todo se debe a que su papá y su mamá la encontraron y se la llevaron a casa.

Todos tenemos algo en común con Andrea. Porque el pecado nos separó de Dios, llegamos al mundo solos. Fue como haber nacido en un orfanato. Necesitábamos desesperadamente que alguien nos cuidara.

Entonces apareció Dios, no sólo para visitar, no sólo para dejarnos un regalo e irse, sino con el fin de llevarnos a su hogar para formar parte de su familia. Nos ama tanto que nos ha invitado a ser uno de sus propios hijos.
El cambio que sucedió en nuestra vida fue todavía más extraordinario que el de Andrea. El apóstol Pedro lo expresa así: “Vosotros en el tiempo pasado no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10). ¡Cuando acudimos a Cristo, pasamos de no tener familia a ser un miembro de la familia de Dios!

¿Te imaginas cómo se sentirá un día Andrea cuando pueda comprender lo que sus padres adoptivos hicieron por ella? ¿Tienes algunos de estos mismos sentimientos cuando tomas conciencia de que Dios te ha adoptado y formas parte de su familia?

PARA DIALOGAR
¿Cómo sería distinta tu vida si Dios no te hubiera adoptado y no formaras parte de su familia?

PARA ORAR
Señor, te damos gracias porque nos adoptaste como tus hijos. Gracias por darnos un hogar lleno de amor.

PARA HACER
Piensa en alguien que se siente solo y apartado de Dios. ¡Dale la buena noticia de que Dios quiere adoptarnos como sus hijos!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.