4. CÓMO EVITAR HACER CRÍTICA DESTRUCTIVA CONTRA OTROS

SERIE GIGANTES AL ACECHO

4. CÓMO EVITAR HACER CRÍTICA DESTRUCTIVA CONTRA OTROS

David Logacho
2016-04-05

a1Saludos cordiales amable oyente. Qué privilegio es para mí contar con su sintonía. Bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio tiene que ver con los gigantes en nuestra vida. Al hablar de gigantes me estoy refiriendo a poderosos enemigos que se instalan cómodamente en nuestra vida para echar a perder el gozo y la libertad que como creyentes tenemos en Cristo. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el chisme, la culpa, el miedo, la soledad, los celos. En nuestro estudio bíblico anterior dentro de esta misma serie, tratamos el asunto de la crítica y vimos que puede ser constructiva o destructiva. La crítica constructiva es aquella que evalúa objetivamente una situación determinada y sugiere maneras de corregir los problemas buscando siempre una mejora. Todos deberíamos ser críticos constructivos. Por contraste, la crítica destructiva es aquella que no hace ninguna evaluación de una situación determinada y emite conclusiones basadas en premisas equivocadas o prejuiciadas, buscando destruir en lugar de construir. Esta crítica tiene dos caras. Por un lado esta la crítica destructiva que recibimos de otros y por otro lado está la crítica destructiva que lanzamos contra otros. Ya hablamos de cómo hacer frente a la crítica destructiva que recibimos de otros. En esta ocasión vamos a tratar acerca de cómo evitar hacer crítica destructiva contra otros.

En realidad, si somos honestos con nosotros mismos, debemos admitir que cuando somos objeto de la crítica destructiva, sufrimos en alto grado. Pero lo sorprendente es que no nos detenemos a pensar en ello cuando nosotros lanzamos crítica destructiva. Pensamos que de alguna forma inexplicable, los demás no van a sufrir cuando son víctimas de nuestra crítica destructiva. Es tan fácil criticar a otros. Es sencillo formarse una opinión sin conocer a fondo los detalles de los hechos. Alguien ha afirmado que los hechos pueden ser perturbadores, y por tanto, es mucho más sencillo ignorarlos. En cosas así se basa la crítica destructiva. De pronto nos convertimos en expertos en cualquier cosa que imaginemos. Con estas ínfulas pensamos que sabemos el por qué de todo. Sabemos por qué alguien hizo esto o aquello, sabemos cuáles fueron sus motivaciones. Lo entendemos todo perfectamente. Hacemos que la gente piense que en realidad estamos tan al tanto de todo que hasta conocemos lo que hay en el corazón de las víctimas de nuestra crítica destructiva, cuando la realidad es que no sabemos nada y si algo sabemos es información fragmentada y casi siempre distorsionada. Por esto no nos queda otra cosa sino hacer conjeturas. Juzgamos todo y a todos y nos creemos Dios. Pronto todo mundo llega a ser víctima de nuestra crítica despiadada. Los que son dados a la crítica destructiva son gente que ha intentado algo y ha fracasado. Por tanto se tornan amargados y envueltos en envidia debido a que como no han podido lograr la excelencia que buscaron resisten a los que están en el camino a la excelencia. También es gente que busca auto promocionarse a cualquier precio. El que critica para destruir normalmente piensa que de esa manera va a levantar su propia imagen. El viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros, o como muy bien se ha dicho, echar lodo a otros para que nosotros parezcamos más limpios que ellos. Así que, amable oyente, todos tenemos el potencial de volvernos críticos despiadados, criticando los métodos sin realmente entenderlos. Algunas veces ni siquiera sabemos lo que impulsa a las personas a actuar como lo hacen, y sin embargo los criticamos severamente. Cuando nos invade esa pasión por la crítica destructiva, generalmente hablamos mucho de algo que conocemos muy poco. Nos atrevemos a criticar las intenciones o las motivaciones de los demás, pero ¿Cómo podemos conocer algo que está muy escondido en el corazón de las otras personas? Solamente Dios puede conocer las intenciones del corazón y por eso solamente él es el único quien puede juzgar con justo juicio. Pero nosotros no somos Dios para saber las intenciones del corazón de otros y sin embargo cuántas veces habrá salido de nuestros labios expresiones como: Yo sé por qué lo hizo o yo sé lo él estaba pensando. A veces inclusive vamos más allá y empezamos a censurar y a condenar. Es muy fácil censurar cuando se desconoce la realidad de los hechos. Ahora que sabemos algo de lo que hay detrás de bastidores en cuanto a lanzar crítica destructiva, pensemos en cómo prevenir la crítica destructiva o si ya hemos caído en criticar para destruir, pensemos en cómo abandonarla. Para ello debemos tomar en cuenta ciertas cosas. Primero, la crítica destructiva será tomada muy en cuenta por Dios. Mateo 12:36 dice: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

La crítica destructiva es palabra ociosa o palabra inútil. Cuando criticamos a otros para destruir deberíamos pensar en este versículo. Algún día tendremos que responder por nuestras palabras ociosas, es decir por cada palabra improductiva o descuidada, que no sirve para ningún buen propósito. Esto debería servir de freno para no andar criticando a otros para destruir. Segundo, la crítica destructiva echa a perder nuestra buena relación con Dios. Santiago 1:26 dice: Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
Sería bueno que este texto sea colocado en letras grandes en nuestros hogares y en nuestras iglesias. Si no refrenamos nuestra lengua no nos digamos religiosos porque nuestra religión es vana. Esto es lo que en esencia dice este texto. Gran advertencia para no meternos en crítica destructiva y si ya hemos caído en ella, gran aliciente para salir de ella inmediatamente. Tercero, Dios nos exhorta a decir las cosas como conviene. Proverbios 25:11 dice: Manzana de oro con figuras de plata
Es la palabra dicha como conviene.

Hay una basta diferencia entre la persona que habla sabiamente y aquel que siempre anda criticando y nunca ve nada bueno en nadie. Este último jamás analiza; sólo habla. Cuarto, toda crítica destructiva que lanzamos contra otros se basa en asumir gratuitamente que conocemos los pensamientos o las motivaciones de los demás, lo cual es totalmente falso y antibíblico, porque debeos saber que solamente Dios puede conocer las motivaciones o las intenciones del corazón. Es por este motivo que Pablo nos dice lo siguiente en 1 Corintios 4:5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

Es el Señor, amable oyente, no nosotros, quien en su debido tiempo manifestará las intenciones de los corazones. Por eso, él es el único con derecho a juzgar. Si nosotros lo hacemos estaremos cayendo en la crítica destructiva. Romanos 14:4 dice: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

Así que, criticar a oro para destruir es usurpar el papel de Dios o el papel de amo de la otra persona. ¿Quién de nosotros puede permitir esto? Entonces no debemos criticar a otros. Quinto, al criticar a otros debemos saber que en algún momento, nosotros también seremos criticados por otros. El crítico no puede evitar ser objeto de la crítica. Mateo 7:1-2 dice: No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Mat 7:2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

Ya vimos cuan doloroso es esto de ser objeto de la crítica destructiva. Una de las maneras de evitar este dolor es por medio de no criticar a otros para destruir. Sexto, cuando nos hallemos tentados a criticar a otros, en lugar de criticar debemos orar a favor de ellos. Esta práctica nos alejará poco a poco de la crítica destructiva contra otros. Espero que estas sencillas sugerencias le ayuden a derrotar a ese temible gigante, llamado crítica destructiva.

¿Por qué enseñamos la Biblia a los niños?

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 1

¿Por qué enseñamos la Biblia a los niños?

a1Antes de emprender la tarea de enseñar la Biblia a los niños, conviene reflexionar sobre una pregunta fundamental que, de alguna manera, todos nos hemos hecho: ¿por qué enseñamos la Biblia a los niños?

Porque es la voluntad de Dios

La enseñanza de conceptos morales y espirituales a los niños es un mandato que inicialmente se establece en el Antiguo Testamento. Moisés dio claras instrucciones sobre esto al pueblo israelita: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:4–7, NVI). Con esta amonestación Moisés quería que los padres asumieran seriamente la tarea de educar a sus hijos en el conocimiento de las leyes de Dios. Él esperaba que estas enseñanzas partieran de vidas que demostraban profunda reverencia hacia Dios y una disposición de obedecer a sus leyes. La enseñanza que deberían impartir los padres consistiría en dos aspectos: instrucción y admonición. Instrucción sería el hecho de informar al niño acerca de las verdades y demandas de Dios; admonición sería el estímulo y desafío de ponerlas en práctica en la vida real.

El contexto donde esta enseñanza se daba era el hogar, y los padres eran las personas responsables de la instrucción. Los padres eran secundados en su tarea por las ceremonias comunales en el templo donde el niño aprendía formas de adoración a Dios viéndolas expresadas, sobre todo, por el ejemplo de sus propios padres pero también por otras familias en la comunidad de fe. Además, los sacerdotes tenían la tarea de proveer una enseñanza sistematizada acerca de las leyes de Dios para que el pueblo adquiriera sabiduría espiritual y viviera moralmente. El principio que guiaba todos estos esfuerzos era que toda persona debería traer honor a Dios por medio de su propia vida de fe y por la manera en que la familia vivía y expresaba su fe en la comunidad.

Pero, ¿acaso el pueblo de Israel cumplió este mandato de educar espiritualmente a sus hijos? No hay forma de dar una respuesta categórica a esta pregunta. Por un lado, uno puede encontrar ejemplos en el Antiguo Testamento de padres que sí lo hicieron. Un ejemplo es Isaac, el hijo de Abraham, quien cumplió fielmente con las leyes de Dios que había aprendido de su padre. Otro es José, el bisnieto de Abraham, quien encontró fuerza espiritual en la fe que había aprendido de su padre Jacob, y pudo por ello resistir las tremendas tentaciones de su exilio en Egipto. Además de la instrucción espiritual que individuos dieron a sus hijos, uno encuentra que el sistema de ceremonias y cultos religiosos se establecieron según las normas que Dios había dado a Moisés, llegando a expresar una forma de vida donde los actos religiosos definían la sociedad.

Pero, al estudiar el desarrollo histórico de la nación de Israel, hay clara evidencia de que los padres en general no cumplieron con la tarea de educar espiritualmente a sus hijos o pronto dejaron de hacerlo. Es posible hacer esa declaración porque al mirar el ejemplo de las familias prominentes, entre ellos los líderes, se ve que los hijos no siguieron la fe de sus padres. Esto llevó a que, con el correr del tiempo, el pueblo se apartara de los mandatos de Dios, se dejara influenciar por la sociedad pagana circundante y, finalmente, cayera en idolatría, trayendo sobre sí la destrucción de la nación. Aunque hubo individuos que dieron clara evidencia de su fe en Dios, por lo general la gente cayó en una indiferencia espiritual.

De allí, entonces, que el mensaje de los profetas era de fuerte amonestación de volver a Dios con una actitud de arrepentimiento y con la disposición de obedecer sus mandatos. La historia de Israel comprueba que las leyes que fueron dadas por Dios no pudieron producir obediencia ni santidad en las personas. El ejemplo del fracaso del pueblo de Israel confirma lo que el apóstol Pablo establece con claridad: la ley sirve para definir el pecado, pero no para producir santidad (ver Romanos capítulos 2 a 4). Únicamente a través de Jesucristo, dice Pablo, “hemos sido justificados mediante la fe y tenemos paz con Dios” (Romanos 5:1).

El fracaso de Israel en enseñar y vivir las verdades de Dios no disminuye el hecho de que el plan de Dios era que los adultos instruyeran a los niños. Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque ésta es la norma que Dios estableció para la familia y la sociedad.

Porque es el mandato de Cristo

Cuando pensamos en la enseñanza espiritual de los niños, nuestra guía es el ejemplo de Cristo y su claro mandato. En Mateo 28:18–20 (ver también Marcos 16:15), Jesús da a sus discípulos, y por consiguiente a nosotros también, lo que se conoce como la gran comisión: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (NVI). Aunque generalmente no se piensa en estos términos, sin duda alguna este mandato incluye también a los niños. Uno puede ver la importancia que Jesús le daba a los niños por actitudes y palabras que él expresó en cuanto a ellos. Uno de los pasajes más significativos en cuanto a su actitud hacia los niños es el que se encuentra en Mateo 18:1–6. Con un niño presente en medio del grupo, o posiblemente sentado en sus faldas, Jesús declaró varias verdades importantes con relación a los niños: primero, dijo que las cualidades de transparencia y sinceridad que caracterizan al niño son cualidades necesarias para pertenecer al reino de Dios (“…si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de Dios”); segundo, dio importancia en cuanto a la actitud que se debe tener para con el niño (“el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí”); tercero, reconoció que la vulnerabilidad del niño en cuanto a las enseñanzas y ejemplo que recibe de un adulto puede ser defraudada (“a cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí”); y cuarto, advirtió sobre la consecuencia terrible de dañar la vida espiritual del niño (“más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar”). Más adelante, en el versículo 10 del mismo capítulo, sus palabras muestran la importancia que él dio a los niños como individuos con necesidades espirituales (“miren que no menosprecien a uno de estos pequeños…”)

En el resto del Nuevo Testamento no hay instrucciones específicas en cuanto a la enseñanza de los niños. Más bien, los apóstoles pusieron el énfasis sobre el hecho de que el cristiano tiene una vida que lo distingue del resto de la sociedad, es decir, su fe en Cristo tiene un efecto en su forma de vivir que es definitivamente distinta que la del mundo circundante incrédulo. Como consecuencia, el deber de los padres es instruir a sus hijos en lo que esa fe implica (“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”, Efesios 6:4). Jesucristo, por ser el Señor de la vida, demanda un compromiso que afecta todas las áreas de la vida. Es cierto que las Epístolas no dan instrucciones específicas sobre la enseñanza espiritual de los niños. Pero podemos decir que todas las enseñanzas de los apóstoles que son dirigidas a los adultos llevan implícita la participación de toda la familia como una unidad de fe. La amonestación “instruyan a sus hijos en la fe” queda insertado en todo el mensaje del Nuevo Testamento. Si los padres han creído en Cristo, es lógico que su fe ha de transformar la vida del hogar e influenciar las formas de pensar y de ser de los hijos.

Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque Jesús mandó que lo hiciéramos y porque las enseñanzas de los apóstoles lo afirman.

Porque los niños necesitan un encuentro personal con Cristo

También enseñamos la Biblia a los niños porque necesitan aceptar a Cristo como su Salvador y entregarle la vida. Una de las ideas populares en la sociedad es que el niño es innatamente bueno e inocente de pecado. La Biblia, sin embargo, no hace tal declaración. Al contrario, la Biblia enseña que toda persona es pecador por naturaleza (“pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”, Romanos 3:23 NVI). El niño pequeño no tiene que ser enseñado en cómo pecar; peca porque es innato en él llevar su vida de acuerdo con sus propios intereses y no los de Dios. Uno observa en él la disposición de desobedecer, mentir, y hacer toda clase de maldad sin ayuda de nadie. La amonestación bíblica “instruye al niño en su camino…” implica que la tendencia es ignorar lo que es lo correcto para hacer lo que no se debe. Por supuesto, según los criterios humanos, los pecados de los niños serán más “inocentes” que los de un adulto. Pero porque él es pecador, necesita recibir el perdón y el alivio de la culpa que lleva por sus conductas malas y actitudes egoístas. Necesita entender que sus pecados traerán consecuencias en su vida y en la vida de quienes le rodean. Pero también necesita saber que puede creer en Jesús, puede tener el perdón de sus pecados y puede sentirse seguro en ser un hijo de Dios y un miembro de la comunidad de fe. El niño también necesita saber que puede servir a Dios a su manera. Tiene el derecho de sentir el gozo de la esperanza de la vida eterna con Cristo. En una palabra, tiene el derecho de disfrutar de una vida espiritual plena.

Como el niño es una persona en formación, ha de responder a Dios en una forma muy natural y sincera pero siempre de acuerdo con las distintas etapas de su desarrollo. Sus experiencias espirituales como niño son algo único que no volverán a repetirse jamás de la misma forma en su desarrollo posterior como adolescente o adulto. Enseñar la Biblia correctamente al niño significa darle oportunidad de gozar de las cosas de Dios en el contexto de lo que es ser niño, con la frescura y espontaneidad típica de esta etapa de formación.

Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque queremos que ellos tengan la maravillosa experiencia de conocer a Cristo como su Salvador.

Porque los niños tienen la capacidad de responder espiritualmente a lo que van conociendo acerca de Dios

Enseñamos la Biblia a los niños porque representan la mejor etapa de la vida para el inicio de su formación espiritual. Una reconocida educadora cristiana, la Dra. Ruth Beechick cita algo escrito por un profesor de literatura secular:

La Biblia forma el nivel más básico en la enseñanza de la literatura. Debe ser enseñada detalladamente y lo más pronto posible como para que se hunda en el fondo de la mente y todo lo que venga posteriormente haya de arraigarse en ella. Me doy cuenta que esa declaración puede ser altamente controversial. Pero me estoy refiriendo a la enseñanza de la Biblia como parte de la literatura clásica de la humanidad. Hay un sinnúmero de razones de porqué enseñar la Biblia: porque continuamente se hace referencia a ella en la literatura secular, porque hay frases que salen de ella que están fijadas en la mente, porque contiene algunas de las más grandes y más conocidas historias que existen, etcétera. Por supuesto que existen razones morales y religiosas para la enseñanza de la Biblia. Pero yo me estoy refiriendo a la Biblia en el contexto de la literatura. Conocer la forma y estructura total de la Biblia es importante porque contiene el relato de la historia humana empezando con la creación y concluyendo con el juicio final. (Northrop Frye, La imaginación educada)

Según este autor, entonces, hay grandes ventajas en iniciar temprano la enseñanza de la Biblia en la vida del niño. Sin embargo, no me refiero aquí a un conocimiento meramente intelectual de la Biblia. Uno enseña la Biblia para estimular y nutrir la fe del niño. Contrario a lo que muchos creen, el niño puede responder a Dios y a su Palabra con una fe genuina. Sus conductas y actitudes pueden ser cambiadas y condicionadas por esta realidad. En su condición de niño, puede ser utilizado por Dios para bendecir a otros.

Hay dos ejemplos bíblicos, entre otros, de esto. Uno es el del niño Samuel, quien llegó posteriormente a ser un gran profeta y sacerdote de Israel. Samuel se crió en el templo, sirviendo al sumo sacerdote Elí. Su respuesta espiritual a lo que se le enseñaba en ese lugar fue personal y auténtica (1 Samuel 2:26). Tal es así, que siendo aún niño, Dios pudo hablarle en forma personal y revelarle verdades preocupantes acerca de Elí y la conducta de sus hijos. Evidentemente Dios tenía la seguridad de que, ante estas circunstancias, Samuel respondería con fidelidad y hablaría con Elí, aun cuando hacerlo le llenaba de miedo (1 Samuel 3:18). Se puede decir que hubo en Samuel, siendo aún niño, una capacidad de escuchar a Dios y obedecerle en medio de una situación arriesgada.

El otro ejemplo es el de la pequeña sirvienta judía que trabajó en la casa de Naamán, uno de los generales del ejército del rey de Siria. La situación de esta niña que servía a la mujer de Naamán fue diferente. No sabemos nada de la formación espiritual que ella pudo haber recibido en Israel antes de ser llevada cautiva a Siria. Ni tampoco sabemos cuántos años tenía cuando ocurrió el incidente que es relatado en 2 Reyes 5. Sin embargo, se ve que hubo en ella una convicción segura de lo que podía hacer el profeta Eliseo, que solamente podría haber estado basada en una fe genuina en Dios y en la autoridad espiritual que este hombre tenía. Esa fe la llevó a arriesgarse en una forma asombrosa, siendo ella nada más que una humilde esclava. Compartió con su patrona la posibilidad de que su esposo viajara a ver al profeta Eliseo para ser sanado de su lepra. Nos llama la atención el respeto que sus amos le tenían. ¿Quién puede explicar el hecho de que un poderoso general se presentara delante de su rey con una petición basada en algo dicho por una pequeña esclava? Algo hubo en esa niña, sea su fe o su conducta o su manera responsable de desempeñar sus tareas, que les había convencido a sus amos que un milagro de sanidad sería posible. La formación espiritual que había recibido antes de llegar a Siria sirvió para que ella trajera bendición sobre la vida de sus amos y de muchas otras personas.

Por lo tanto, nosotros enseñamos la Biblia a los niños porque tienen la capacidad espiritual de responder en fe genuina a Dios, dando la posibilidad de que él utilice sus vidas para la bendición de otros. “En los labios de los pequeños y de los niños de pecho has puesto la perfecta alabanza” (Mateo 21:16, NVI).

Porque la realidad social lo demanda

Es oportuno señalar que el niño actual, viviendo en los años que marcan el comienzo del siglo XXI, es un niño en crisis. Muchos de ellos, hasta podemos decir la mayoría, viven en medio del abandono físico y emocional, resultado de la separación o divorcio de los padres. Algunos viven en extrema necesidad, sufriendo desnutrición y falta de hogar. Otros viven la angustia del abuso verbal, físico y sexual. Diariamente estos niños buscan señales de seguridad en un mundo cambiante, violento e incierto. En una clase típica de escuela dominical de unos diez niños, es muy probable que cinco de ellos vivan en hogares con serios problemas. Los conflictos matrimoniales, evidenciados por la separación y el divorcio, el concubinato y los problemas típicos del síndrome del alcoholismo y la adicción, han llegado a ser comunes no sólo en la sociedad sino que repercuten en las iglesias. Si agregamos a esto la dimensión de tensión y preocupación constante que genera el desempleo, los bajos sueldos y la escasez económica típicos en la mayoría de los hogares, no debe sorprendernos que los niños mismos evidencien todo tipo de estrés en sus reacciones y conductas. El niño que vive estos problemas necesita sentir la realidad de la presencia de Dios en su vida diaria. Esa presencia puede otorgarle seguridad y paz y un amor incondicional de parte de Dios que lo acepta como es. Es mediante el contacto directo con la Biblia, donde el Espíritu Santo ha de iluminar su mente sobre verdades acerca de Dios, que el niño podrá llegar a conocerlo.

Por estas razones, y por muchas más que no tomo el tiempo de señalar ahora, enseñamos la Biblia a los niños.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 9–18). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Acab derrota a los sirios

1 Reyes 20-22

Acab derrota a los sirios

a120:1  Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la combatió.

Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo:

Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos.

Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.

Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás.

Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.

Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado.

Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.

Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta.

10 Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue.

11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe.

12 Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad.

13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.

14 Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú.

15 Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil.

16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.

17 Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.

18 El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.

19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército.

20 Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.

21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.

22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.

23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.

24 Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.

25 Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así.

26 Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel.

27 Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra.

28 Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.

29 Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie.

30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.

31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida.

32 Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es.[a]

33 Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro.

34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.

35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle.

36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató.

37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.

38 Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos.

39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata.

40 Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado.

41 Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas.

42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.

43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.

Acab y la viña de Nabot

21:1  Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.

Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.

Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.

Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.

Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes?

El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña.

Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.

Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot.

Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo;

10 y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestig:uen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.

11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado.

12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo.

13 Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió.

14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.

15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto.

16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.

17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:

18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.

19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.

20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová.

21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel.

22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.

23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel.

24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.

25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba.

26 El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)

27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.

28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:

29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.

Micaías profetiza la derrota de Acab

(2 Cr. 18.1-34)

22:1  Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.

Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel.

Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria?

Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.

Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.

Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey.

Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?

El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así.

Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla.

10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.

11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos.

12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey.

13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito.

14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré.

15 Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey.

16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?

17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.

18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal.

19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.

20 Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra.

21 Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?

22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así.

23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.

24 Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti?

25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte.

26 Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey;

27 y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.

28 Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.

29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad.

30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla.

31 Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel.

32 Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó.

33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.

34 Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido.

35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro.

36 Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: !!Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!

37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.

38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado.

39 El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.

Reinado de Josafat

(2 Cr. 20.31-37)

41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel.

42 Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silhi.

43 Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos.

44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.

45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa.

47 No había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar de rey.

48 Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber.

49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso.

50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.

Reinado de Ocozías de Israel

51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.

52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel;

53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.

Footnotes:

  1. 1 Reyes 20:32 O, ¿Vive aún? Es mi hermano.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Se convirtió en uno de nosotros

Abril 5

Se convirtió en uno de nosotros

Lectura bíblica: Romanos 1:1–5

Acerca de su Hijo —quien, según la carne, era de la descendencia de David…—. Romanos 1:3

a1Estás en la línea del supermercado, esperando pacientemente mientras la cajera conversa por teléfono. Vota: ¿Cuál titular te tentaría a tomar una revista y leer el artículo?

• “Un científico del gobierno federal informa que todos los padres de familia son seres extraterrestres”
• “Mi hija es de Marte”
• “Muchacho de 10 años recibe de sus padres un millón de dólares por mes”
• “Jesús ha regresado. Vive en Orlando”

Quizá no te sorprendan ninguno de estos titulares. Pero aquí va uno más: “Ser humano es transformado en hormiga”.

Este fue realmente el tema de una película cristiana. No, no se trataba de un misionero enviado a predicar a una colonia de hormigas. En realidad, era una parábola sobre cómo Jesús era Dios nacido en la forma de un ser humano.

Al comienzo de la película, un señor y su hijo adulto cuidan un jardín selvático en la cima de una montaña. De la base de la montaña suben gritos muy débiles. El jardinero y su hijo se dan cuenta de que las hormigas al pie de la montaña están viviendo en medio del odio y las guerras. El padre y el hijo anhelan traer paz a la colonia de hormigas, pero deciden que tienen que visitar la colonia usando medios que las hormigas puedan comprender. El hijo del jardinero está dispuesto a dejar el hermoso jardín, bajar a la base de la montaña, y entrar a la colonia de hormigas en la forma de —lo adivinaste— una hormiga.

Esta hormiga singular enseña a las demás hormigas que el jardinero las ama. Muchas escuchan, pero los enemigos del jardinero matan al hijo. Él se levanta de los muertos como una hormiga alada, regresa al padre en el jardín, y a todas las hormigas que creen en él les salen alas como las de él. Ellas extienden el mensaje de amor y paz del jardinero.

Rarísimo, ¿no? Pero muestra lo importante que fue que Jesús viniera a la Tierra como un ser humano como nosotros para hacer que pudiéramos ser parte de la familia de Dios. Si Jesús no hubiera dejado el cielo convirtiéndose en un ser humano, no hubiéramos podido llegar a ser integrantes de la familia de Dios. Su vida, muerte y resurrección vencieron al pecado y abrieron la puerta a una vida nueva por medio de la fe.

Piénsalo: Si Jesús no hubiera entrado en nuestro mundo y brindado el perdón de los pecados, no hubiéramos tenido manera de llegar a ser hijos de Dios.

PARA DIALOGAR
¿Cómo te ayuda el relato del hombre que se convirtió en hormiga a comprender el precio que Jesús pagó por tus pecados?

PARA ORAR
Señor Jesús, gracias por los pasos que tomaste para acercarte a nosotros. No podríamos conocer a Dios el Padre si tú no hubieras venido a la Tierra.

PARA HACER
La próxima vez que veas una hormiga en el suelo, agáchate y piensa en lo que Jesús hizo por ti.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

5 abr 2016

«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

por el Hermano Pablo

a1Eran unas bodas de plata. Veinticinco años de dichosa vida matrimonial. Un cuarto de siglo de vivir juntos, de vivir unidos, de vivir ligados por estrechos vínculos de amor, de compañerismo, de fidelidad.

Neil y Brenda Janson, de Hayes, Inglaterra, quisieron celebrar sus bodas de plata en la misma capilla donde se habían casado veinticinco años antes, frente al mismo clérigo con los mismos testigos. Pero cuando Neil, el esposo, repitió las palabras del clérigo y renovó así sus votos de amor eterno, sucedió algo que desconcertó a todos. En ese momento sufrió un paro cardíaco que puso fin a sus días. Murió agarrando la mano de su esposa. Los amigos y parientes llamaron a la celebración: «bodas de plata y de luto».

Uno se pregunta: ¿Por qué tiene que morir un hombre todavía joven, precisamente en el día en que celebra sus veinticinco años de casado? Veinticinco años de matrimonio, vividos en amor, fidelidad y compañerismo son una tremenda bendición, y terminar ahí la vida, habiendo gozado de un matrimonio feliz, es un fracaso en el sentido de que es tanto un suceso funesto como un resultado adverso.

Sin embargo, mil veces más fracaso que un paro cardíaco es la destrucción de un hogar, tenga el tiempo que tenga. Consideramos que hubo injusticia divina porque un matrimonio que se llevaba bien, en el que no había peleas y reinaba la paz, se encontró con una súbita separación forzada.

No obstante, eso no es fracaso. Fracaso es no considerar lo sagrado de los votos. Fracaso es no tener paciencia en el matrimonio. Fracaso es ser irreverente y descortés con su pareja. Fracaso es cortar la comunicación y cerrar la puerta del corazón. Fracaso es ser infiel, es engañar al cónyuge, es cometer adulterio y así menospreciar los votos de honor y fidelidad mutuos. Eso es fracaso.

La calidad de nuestra vida no la determinan los años. La felicidad, la paz, el éxito en el matrimonio son el resultado de entrega mutua, de sometimiento recíproco, de sacrificio, de amor. Estas son virtudes que no responden a una emoción pasajera sino a una decisión: la de considerar sagrados nuestros votos y de amar de todo corazón a la persona que Dios nos ha dado hasta que la muerte nos separe.

Con Cristo en nuestra vida y en nuestro matrimonio podemos tener ese premio. Hagamos de Él nuestro dueño y Señor. Él le dará a nuestro matrimonio no sólo largos años de permanencia sino fuertes sentimientos de amor.

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