La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance
Parte 3
Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños
Capítulo 14
Orientación para maestros de niños preescolares
Es mi observación que una de las áreas más olvidadas de la educación cristiana en las iglesias evangélicas de América Latina es la que corresponde a la enseñanza espiritual del niño preescolar. Esta indiferencia se demuestra en los lugares generalmente designados como “aulas” para ellos: la cocina de la iglesia, un pasillo con acceso a oficinas o baños públicos, detrás de algún biombo en un rincón del templo o un cuarto utilizado como lugar de almacenamiento pero donde se le encuentra un lugar estrecho e incómodo para la clase de estos niñitos.
Es curioso observar las diversas maneras que tienen los adultos de tratar a los preescolares. Hay quienes los miran aprehensivamente por no saber qué hacer con ellos. Otros están convencidos de que lo más importante es mantenerlos fuera de las reuniones generales en algún lugar donde “no molestan”. Hay otros que los tratan como objetos de diversión llenándolos de caramelos y riéndose por las cosas graciosas que dicen. Son los menos aquellos que los consideran como individuos hechos a la imagen de Dios y merecedores del mismo respeto y consideración que reciben los adultos. Entre aquellos pocos hay personas que, gracias a Dios, responden al llamado de ser sus maestros. Al ir tratando con estas pequeñas vidas, estos maestros van descubriendo el privilegio incalculable de guiar a estos niños en sus primeros aprendizajes acerca de Dios. A estas personas que saben brindarles amor, aceptación y respeto, así como lo manifestó Cristo en su trato con todos los niños, se les concede el deleite de observar sus etapas fascinantes de desarrollo y su asombrosa capacidad de aprender.
En este capítulo quiero dar una orientación general para las personas que trabajan con esta edad. Es una orientación relacionada con los materiales VIVIR LA BIBLIA, de la editorial Publicaciones Alianza, que tiene una línea de libros específicamente escritos para la edad preescolar. Estos libros han sido diseñados tomando en cuenta las características y las necesidades muy particulares del niño de tres a cinco años. Es posible que la maestra que use correctamente estos materiales tendrá que ir modificando su filosofía de enseñanza con relación al preescolar, para ir aprendiendo una nueva metodología y adoptando técnicas que antes no formaban parte de su enseñanza habitual. Aunque es cierto que en el comienzo todo cambio es incómodo y problemático, la modificación de formas de enseñanza para con esta edad traerá recompensas a medida que los niños van respondiendo al Señor mediante las vías naturales que Dios mismo puso en su pequeña persona.
Elementos que afectan el aprendizaje del niño preescolar
Un elemento que la maestra debe tener presente siempre es que estos niños aprenden por medio de sus sentidos. Necesitan ver, oír y tocar. Su necesidad de explorar y descubrir es fundamental y no puede dejar de ser así. Esto hace que él esté aprendiendo siempre y no solamente cuando se le esté tratando de enseñar algo. Por ejemplo, aprende por todos los elementos que forman su medio ambiente. Entonces, si está incómodo en el lugar donde se desarrolla su clase, querrá escaparse por más esfuerzo y buena voluntad que ponga la maestra en captar su interés. ¿En qué forma se puede sentir incómodo? Para empezar, si el lugar donde le hablan de Dios y que le dicen ser “la casa de Dios” es casi como una celda por lo estrecho y feo que es, con paredes manchadas y donde las únicas sillas que hay son grandes y que le cortan la circulación de las piernas, el niño pensará que ir a “la casa de Dios” es incómodo y que él allí no es importante. Pero si hay un aula bien acondicionada donde se encuentra con experiencias agradables que le permiten usar sus sentidos, moverse, hablar, cantar, jugar y participar en muchas actividades, asociará todo ese ambiente de estímulo y felicidad con “la casa de Dios”. Entonces sus primeras experiencias espirituales serán positivas y agradables.
Lecciones que enfatizan actividades
También la maestra debe tener presente las características propias del niño preescolar al desarrollar la lección. En esta edad no es tan importante la adquisición de conocimientos intelectuales, sino más bien las experiencias vividas. Las lecciones se deben estructurar con muchas actividades que respondan a las necesidades de los niños. La lección entera es un vehículo de enseñanza que provee una serie de experiencias dirigidas hacia el desarrollo espiritual del niño. Para enfatizarlo en otra forma, la maestra evalúa la lección viendo si los pequeños alumnos han podido disfrutar de la gran mayoría de las actividades y no si ella ha podido terminar con todas las actividades que la lección ha sugerido. En los materiales VIVIR LA BIBLIA hay ocasiones cuando una actividad dura apenas unos minutos. Hay otras cuando la actividad puede ocupar casi todo el tiempo de la clase. Durante la clase la maestra debe tener la flexibilidad de guiarse por el interés que demuestran los niños a las diferentes actividades. Esto se mide por si los niños se aburren enseguida o si quieren seguir repitiendo la actividad. Mientras están participando con entusiasmo y agrado, la maestra puede estar segura de que están aprendiendo. Ese aprendizaje puede mostrarse nada más que por una sensación de alegría y bienestar al estar ellos unidos haciendo algo agradable en la “casa de Dios”. El aprendizaje también puede medirse al reconocer que los niños vienen con agrado a la clase con deseos de participar en las actividades. El entusiasmo que demuestra el niño puede responder a que se siente aceptado porque percibe el amor que le demuestra su maestra. Las lecciones, entonces, iniciarán las primeras experiencias de niño en la formación de actitudes correctas con relación a Dios, la iglesia y el compañerismo cristiano. No debemos desestimar su gran importancia.
La importancia de los objetivos
Cada lección para preescolares empieza con la especificación de los objetivos para esa lección. Los objetivos vienen a ser como un semillero desde el cual brotan todas las actividades de la lección. Se pueden visualizar de la siguiente manera:
El gráfico ilustra el conjunto de actividades que componen la hora de clase. Los objetivos son el punto céntrico de la lección porque definen las metas que se quieren lograr a través del desarrollo de la clase. Supongamos que el objetivo de una clase fuese: “Que el niño sienta gratitud a Dios por sus ojos.” Para alcanzar esa meta, la lección tendrá tres o cuatro actividades que le brindan al niño la posibilidad de reconocer y gozar de su vista. Pero será por el conjunto de las actividades y el énfasis repetido en cada una que finalmente se logrará en el niño la actitud de agradecimiento a Dios por sus ojos. Por eso vuelvo a decir que la lección tiene como finalidad ser más que una herramienta de enseñanza para la maestra. La lección es la puerta que abre para el niño varias experiencias que le proporcionarán nuevos entendimientos y actitudes.
El propósito primordial de las lecciones es que el niño disfrute del proceso de su aprendizaje espiritual. Para asegurar esto, la maestra no debe sentirse apurada por terminar cierta cantidad de actividades dentro de la hora de clase. En los materiales VLB sugerimos que cada lección sea enseñada en dos domingos, si es necesario, para dar todo el tiempo posible para repetir las actividades, porque los niños de esta edad aprenden mejor por la repetición. Para los maestros que quieren organizar así el programa de enseñanza, en la introducción de cada manual se encuentra un plan detallado explicando cómo enseñar las lecciones en dos partes.
La prioridad de las actividades
Al iniciar la preparación de una nueva lección, la maestra debe comenzar leyendo el pasaje identificado en el manual como Base bíblica. Luego debe familiarizarse bien con los objetivos en sus tres enfoques. Los objetivos establecen las metas que se persiguen en cuanto a lo que uno quiere que el niño aprenda. Luego se deben seguir leyendo todas las partes de la lección hasta el final para conocer todo su contenido y, si se quiere, sustituir una actividad por otra.
En muchas de las actividades de motivación y aplicación hay ciertos elementos que demandan una preparación previa. Es decir, las actividades sugeridas requieren tener ciertos elementos a mano cuando se da la clase o preparar previamente algo que se necesitará en el desarrollo de la misma. Si se hace esto como corresponde, la maestra se encontrará llevando a la clase muchos artículos diferentes. Se puede decir que la maestra eficaz es la que siempre llega a la iglesia “cargada” de cosas: bolsas, papeles, cajas, lápices, crayones, cola de pegar, tijeras, etcétera., que son los elementos necesarios para desarrollar las actividades en forma correcta. Si uno reconoce que la enseñanza eficaz requiere esto, lo hará con buen gusto.
La importancia del diálogo
El mundo del niño preescolar está definido y limitado por lo que él puede entender. Por eso es sumamente importante que el maestro fomente un diálogo activo con él para hacerle preguntas y escuchar sus respuestas. En los materiales VIVIR LA BIBLIA la maestra va a encontrar frecuentemente la palabra “decir”. Es importante que la maestra repase con cuidado todas estas partes porque sugieren el diálogo sencillo que la maestra puede usar con los niños para dirigir su atención hacia la actividad que se está por realizar. Recuerde que el vocabulario limitado del niño preescolar hace que muchos de los conceptos nuevos que se le presentan verbalmente sean interpretados en forma distorsionada. Por lo general la maestra no se da cuenta de que los niños, o por lo menos algunos de ellos, han interpretado incorrectamente lo que dijo. La maestra podrá percibir sus errores y corregirlos únicamente si escucha con paciencia y mucho discernimiento los comentarios de los niños. Por eso vuelvo a insistir que uno de los principios fundamentales en la enseñanza de los preescolares es la necesidad de que la maestra escuche y dialogue con ellos constantemente.
En una ocasión una maestra había contado la historia de la alimentación de los cinco mil, haciendo mención en varias oportunidades de “Jesús, el Hijo de Dios”. Su narración fue acompañada de una serie de láminas. Cuando terminó el relato, un niño de cinco años quiso volver a mirar las láminas.
—¡Quiero ver al Hijo de Dios! —dijo, acercándose. La maestra le mostró la figura de Jesús.
—¡No! —exclamó insistente el niño—. ¡Quiero ver al hijo de Dios!
La maestra dialogó un poco con él para tratar de entender lo que buscaba.
—Quiero ver al hijo —insistió el niño—. Debe ser chiquito como yo, porque yo soy hijo de Eugenio.
Aclarado el asunto, la maestra pudo explicarle que Jesús había sido chiquito una vez pero que después creció y aun de grande seguía siendo el Hijo de Dios. Satisfecho, el niño se unió con los compañeros para la siguiente actividad. Gracias al paciente diálogo de la maestra con el niño, una pequeña piedra más había sido quitada del camino en la comprensión espiritual de un niño.
Aquí debo hacer algunas observaciones sobre las formas de hablar con los niños pequeños.
• La maestra debe aprender los nombres de los niños de su clase y usar sus nombres cuando está conversando con ellos.
• La maestra siempre debe mostrar respeto hacia los niños cuando está dialogando con ellos. Esto lo hace mirándolos a los ojos cuando conversa con ellos. Debe usar un tono de voz natural y no artificial, como se escucha a veces de parte de los animadores de programa de niños en la televisión. Tampoco no son sordos como para estarles gritando.
• La maestra debe hacer un esfuerzo consciente de conversar con todos sus alumnos. Es fácil ignorar al niño tímido o antipático. El niño de esta edad mide su valor como persona por el trato que recibe de los demás, especialmente por los adultos que forman parte de su vida. El problema es que no tiene la capacidad de hacerse querer por otros. Por lo general, el niño difícil está reaccionando al rechazo que siente de parte de las personas que componen su mundo. La maestra que es amable y cariñosa con todos sin excepción ayudará hasta a los niños antipáticos a sentirse mejor consigo mismos. A la vez, la maestra no debe darle más atención al niño problemático, tratando por ello de corregir su mala conducta. Ni tampoco debe forzar una relación afectiva con un niño que se muestra tímido y desconfiado, como para tratar de ganárselo. Lo importante es ser equitativo en el trato con todos, especialmente cuando se van acercando para hablar o para querer recibir la atención de la maestra.
• Nunca se debe hablar con otra persona adulta acerca de un niño estando él presente, y actuando como si no lo estuviera. No hay cosa que lo denigre tanto como eso, especialmente si el adulto está señalando sus defectos o criticando sus conductas. Si una madre empieza a hacerlo, la maestra debe mirarle a los ojos del niño y decir algo así: “Tu madre me está hablando de ti. ¿Le contamos lo bien que te portaste hoy en la clase?” A veces es necesario pedirle a los padres que no hagan críticas ni hablen de cosas negativas acerca de su hijo estando presente el niño.
• La maestra le hace un daño al niño si hace elogios de elementos sobre los cuales él no tiene ningún control, especialmente aspectos físicos. Por ejemplo, en vez de decir “¡Qué lindos ojos tienes!” se debe decir algo como “¡Qué linda sonrisa tienes! Me siento bien cuando te veo contento.” Nunca se debe llamar la atención a diferencias físicas de los niños. Uno hace el esfuerzo siempre de hacerles sentir de valor por lo que son y no por lo que tienen.
La importancia de los juegos
Las lecciones que afectan positivamente a la vida del niño preescolar han de incorporar diferentes tipos de juegos. Casi todas las lecciones en los materiales VIVIR LA BIBLIA contienen juegos. Para algunas maestras éstos pueden parecer como una pérdida de tiempo o una falta de seriedad en el estudio de la Biblia. A veces se piensa así sobre la base de las experiencias que uno mismo vivió en su niñez en la escuela dominical, donde las clases se llevaban a cabo en un contexto tradicional de bastante rigidez. Necesitamos cambiar criterios, sin embargo, para poder lograr nuestras metas. La forma de mejorar nuestra enseñanza es aprovechar la característica más sobresaliente del niño de esta edad, que es aprendizaje por actividad. Aprenden participando en el juego. La mayor parte de sus días la pasan en juegos inventados por ellos mismos. Más que ser una diversión, sus juegos son una forma de dar orden y significado a la multitud de estímulos que reciben diariamente. Por esta razón, la maestra ha de guiar a sus alumnos en muchos juegos, aquellos que están incluidos en las lecciones y otros que ella misma inventará.
El aprendizaje por las canciones
En las lecciones para preescolares, a veces la maestra encontrará que una de las actividades se hace sobre la base de la enseñaza de una canción. Es un hecho comprobado que uno de los elementos más duraderos en el aprendizaje del preescolar es el canto. El niño pequeño se olvida rápidamente de los textos que memoriza en la clase pero las canciones quedarán en su mente para siempre. Las canciones se utilizan para reforzar los conceptos de la clase. La maestra debe aprovechar las canciones para usarlas en momentos apropiados a través de toda la clase, no solamente en el tiempo fijado para aprenderlas y cantarlas. Por ejemplo, la maestra puede acercase a un niño que está trabajando enérgicamente con masa y cantarle suavemente en su oído: “Por mis manos lindas, Dios, gracias doy.” Luego le comenta el buen trabajo que está haciendo con sus manos. Con está acción se recalcan dos conceptos importantes: que Dios creó nuestras manos y que estamos agradecidos por ellas.
No se puede pasar por alto el efecto del canto en el manejo de una clase de preescolares. Muchas maestras comentan que es como un “toque mágico” para calmar el ambiente alborotado o menguar la energía desbordante que tienen los niños de esta edad.
La maestra puede confeccionar su propio cancionero, ilustrando las canciones con dibujos y figuras que ayudan al niño a recordar la letra. Estas canciones ilustradas se usan durante el tiempo de canto pero también sirven para que los niños las miren a su gusto a solas, tarareando la canción. Si los conceptos expresados en la canción son difíciles de ilustrar, es probable que sean conceptos demasiado abstractos como para que los niños los entiendan. Por eso, las canciones que forman parte de los manuales VLB han sido escritas y elegidas tomando en cuenta ese hecho. La meta de las canciones es poner en la boca del niño preescolar expresiones coherentes con su vocabulario y entendimiento.
Los niños aprenden fácilmente las canciones que se usan en los cultos habituales, pero existen muchísimos ejemplos graciosos de canciones mal entendidas por los niños preescolares. Un ejemplo clásico es el de la niña que cantaba con entusiasmo “Vine a lavar a Dios.” Nos reímos, pero tenemos que admitir que la culpa la tenemos nosotros por no darle una explicación clara de palabras abstractas que no entiende como, por ejemplo la palabra “alabar”.
Al introducir una nueva canción en la clase, la maestra debe hacer algunas cosas para que la canción tenga un significado desde el primer momento. Mientras los niños miran la ilustración de la canción, es fundamental dialogar sobre los conceptos expresados en las palabras y escuchar cualquier comentario que pueda surgir de ellos. Al enseñar la canción por primera vez, la maestra debe cantarla sola cinco o seis veces mientras señala los elementos ilustrados, sin esperar que los niños se unan con ella en el canto. La repetición es muy importante para que aprendan bien la canción. Si la canción tiene ademanes, esto ayudará a que los niños capten las palabras y el ritmo. Sin embargo, los niños de tres y cuatro años generalmente seguirán los ademanes sin cantar la letra, o cantarán únicamente la última palabra de cada compás. Los de cinco años tendrán más facilidad para unir las dos cosas.
Se puede hacer la repetición de la canción en formas divertidas. Por ejemplo:
—Esta vez la cantamos sentados en el piso… esta vez arrodillados… esta vez se paran los que tienen puesto algo rojo… esta vez cantamos caminando al ritmo de la música, etcétera.
Está demás decir que la maestra debe saber entonar correctamente la melodía de la canción. Si no tiene habilidad en el canto, debe buscar algún ayudante que sepa cantar bien. En los materiales VLB todas las canciones se encuentran en un casete (Canciones para niños preescolares), donde de un lado se escuchan las canciones cantadas por niños, y del otro lado se encuentra la orquestación. Recuerde que los niños preescolares imitan todo, y si la canción se enseña mal entonada, así la aprenderán.
Cómo ilustrar los cantos para preescolares:
1. Seleccionar figuras que ilustren la letra de la canción, buscando en revistas sobre la familia, libros escolares en desuso, calendarios viejos, etcétera. Los niños en las ilustraciones deben ser de edad preescolar.
2. Cortar una hoja de cartulina en cuatro partes iguales. Cada una de estas partes, doblada por la mitad, forma las páginas del “libro” para los cantos. Unir las partes usando cinta de papel.
3. Usar pegamento en barra para pegar las figuras o ilustraciones a las hojas de cartulina, en el orden en que aparecen en la canción.
4. Escribir en cada hoja el texto de la canción que corresponde a la figura, usando letras de molde. Usar letra chica, ya que lo escrito es para la maestra. El niño no lo puede leer pero se fija mucho en la ilustración.
Diversidad en la oración
El niño preescolar puede aprender a orar en forma natural. El contenido de sus oraciones será mayormente expresiones sencillas de gratitud. Es importante que la maestra le ayude a aprender distintas formas de expresar esa gratitud a Dios. Lo ideal es que en cada lección haya un momento estructurado para la oración. Se pueden utilizar varios métodos de oración: la oración cantada; la que se repite frase por frase; la que se repite al unísono y la que es espontánea. Lo importante es que el niño comience a cultivar el hábito de hablar con Dios durante estos primeros años de su desarrollo espiritual.
La historia bíblica
En los materiales VIVIR LA BIBLIA las historias bíblicas vienen escritas en un lenguaje sencillo que el niño pueda entender. La maestra debe narrarlas tal cual se encuentran en el manual. El niño de esta edad necesita escuchar la historia bíblica en un vocabulario sencillo. Sin embargo, la maestra ¡no debe LEER el relato a los niños! Los niños necesitan el contacto directo con los ojos de la maestra mientras ella va narrando la historia. Para poder hacer esto, la maestra tendrá que leerla de antemano muchas veces en su casa como parte indispensable de su preparación. Como se ha dicho antes, la maestra debe empezar preparando la lección con la lectura de la Biblia siguiendo la lectura que se sugiere en la parte que dice: Base Bíblica. Luego debe leer el relato en el manual tantas veces como sea necesario hasta familiarizarse perfectamente con su contenido y desarrollo. Todas las lecciones de las series VLB vienen acompañadas con ayudas visuales para ilustrar las historias bíblicas. La maestra debe tenerlas a mano, en su orden correcto, para ir mostrándolas durante el desarrollo de la historia. Las láminas son sumamente importantes para esta edad, porque su vocabulario y experiencia son tan limitados que los conceptos bíblicos se distorsionan fácilmente si no tienen el respaldo visual. Después de narrar la historia bíblica, la maestra debe dejar las láminas y figuras a la vista para que los niños las vayan mirando individualmente. Algunas maestras protegen los visuales forrándolos con alguna película adhesiva transparente. Es importante que en la transición entre la Incentivación y la Historia Bíblica, la maestra abra su Biblia. Esto informa visualmente al niño que lo que se va a relatar viene de la Biblia y que no es una historia inventada cualquiera.
Se debe aclarar que las historias para esta edad son cortas a propósito porque es limitada la capacidad de los niños de mantener la atención. Por supuesto, los visuales ayudan a captar la atención. También sugiero que, para distinguir la Historia Bíblica de las otras actividades, se haga un cambio de lugar dentro del aula. Por ejemplo, cuando se está por narrar la historia, se pide que los niños vayan al rincón del aula donde pueden sentarse en el piso sobre una alfombra, o una manta gruesa. La maestra se sienta en un banquito o silla baja con los niños a su alrededor. Con el visual en la mano ella va mostrando las láminas en el momento indicado, asegurando que todos los niños lo puedan ver. Recuerde que el reclamo del niño: “¡Quiero ver!” es realmente: “¡Quiero tocar!” Este momento acogedor, de estar todos juntos escuchando lo que Dios dice en su Palabra, deja un recuerdo muy grato en el niño.
El uso de los títeres
Una ayuda didáctica sumamente útil en la enseñanza de preescolares es el empleo de títeres. Las lecciones VLB proveen muchas oportunidades donde la enseñanza se canaliza a través de títeres. El niño de cuatro y cinco años tiene una imaginación sumamente fértil pero que frecuentemente tiene dificultad en distinguir entre la fantasía y la realidad. Un ejemplo de esto se observa por el hecho de que muchos caracterizan al niño de cuatro años de ser un mentiroso. Pero lo que en realidad está pasando es que el niño está expresando en forma verbal los frutos de su imaginación. Mucho de lo que inventa no lo hace por mentir sino porque vive sus fantasías como si fueran reales. Esta área nebulosa para el niño entre fantasía y realidad nos obliga a utilizar los títeres con cierto cuidado.
Por ejemplo, no es conveniente hacer que títeres representen a personajes bíblicos porque la enseñanza bíblica se basa en personajes e incidentes verídicos. La Biblia no es un libro de cuentos inventados. Tampoco nunca se deben atribuir capacidades espirituales a títeres que representan animales. A los títeres no se les debe hacer orar ni hablar con Dios porque son figuras representativas. La oración es algo concreto, real; expresamos la comunión con Dios por medio de la oración. En ese sentido, entonces, el títere sí puede decirles a los niños que ellos deben hablar con Dios en oración. Los títeres más útiles para niños de esta edad son los que representan a los miembros de la familia o a otros niños.
Las dramatizaciones
La participación que se logra cuando un grupo de niños dramatiza una historia bíblica puede traer muchos beneficios. En algunas lecciones de las series VLB, una de las actividades de aplicación es la dramatización de la historia bíblica. En esto no se pretende una complicada producción teatral sino algo sumamente sencillo que dé lugar a la participación de todos los niños en algún rol. La maestra tiene que guiar a los niños en recordar el orden de las escenas y los diálogos de la historia. Esta actividad se hace más divertida cuando se utilizan disfraces sencillos: toallones, pañuelos, palos de escoba, etcétera. A veces la dramatización se hace más fácil cuando se hace por partes, es decir, cuando se divide la historia bíblica en dos o tres segmentos y se dramatizan las acciones que se acaban de narrar. Ocurre a veces que hay niños que no quieren participar en la dramatización. En estos casos es mejor no insistir sino decir simplemente: “Jorgito prefiere mirar mientras hacemos esto.”
A veces la maestra puede hacer un juego de la dramatización. Toma una parte de la historia y pide la participación de los niños en alguna acción. Por ejemplo, puede decir: “Ahora vamos a formar parejas como los animales que entraron en el arca de Noé y vamos a caminar alrededor del aula imaginando que estamos llegando al arca. El arca será la mesa donde al llegar se van a subir sobre ella (si es una mesa baja) o se van a meter debajo de ella (si es una mesa regular)” Para la maestra que sabe usar creativamente la dramatización, nunca habrá falta de interés de parte de los niños.
El trabajo manual
Los niños de todas las edades aprenden mejor cuando pueden participar en actividades que utilizan sus sentidos. Por eso, en cada lección de los materiales VLB hay un trabajo manual relacionado con la enseñanza de la lección. No es una actividad que se agrega para divertir al niño, sino otro elemento participativo adicional para reforzar lo aprendido. Algunos de los trabajos son más complicados que otros y requieren algo de preparación de antemano por parte de la maestra. Siempre conviene que la maestra arme una muestra de la manualidad para saber cómo funciona y cómo explicar su confección a los niños. (Nota: no debe colorear la muestra, porque los niños la van a querer copiar.) La manualidad debe ser llevada por los niños a sus casas el día en que la completen. Es un elemento visible para ellos y sus padres de lo aprendido en su clase de escuela dominical.
Es importante que la maestra recuerde que la meta del trabajo manual es la participación del niño en su propia expresión artística. No es una clase de dibujo y no se debe exigir que el niño copie cierto modelo. Debe tener la libertad de usar los colores que a él le agraden y colorear como él desee. Si aún le cuesta manejar bien la tijera, no es una tragedia. La maestra hace un remiendo rápidamente con cinta transparente, sin mayores comentarios.
Uno de los beneficios mayores de esta parte de la clase es que le otorga a la maestra la oportunidad de relacionarse individualmente con los niños, comentando sus esfuerzos, animándolos a seguir con lo que están haciendo y dándoles un abrazo o caricia como expresión de cariño genuino. Nunca se deben hacer comparaciones entre el trabajo de un niño y el de otro. Las diferencias en capacidad artística se deben a las experiencias vividas, destreza física y al estímulo que hayan recibido en el hogar. Lo importante es respetar el logro personal del niño, sea o no desprolijo y mal hecho. Hay maestras que quieren que los niños copien fielmente un trabajo que ellas han hecho. Hay otras que quieren hacer el trabajo por el niño. Esto anula el beneficio de la manualidad y le roba originalidad y logro al niño.
Está demás decir que la manualidad tendrá relación con la enseñanza solamente si la maestra explica esa relación. El niño la verá como una actividad para llenar el tiempo si no recibe una explicación adecuada. La maestra le ayuda a entender la relación mediante diálogo, conversación guiada y, a veces, una demostración de cómo se maneja el objeto confeccionado. La maestra se sienta un momento al lado del niño, toma su trabajo en la mano y dice: “¡Qué lindo trabajo has hecho! Si mamá te pregunta qué es, ¿qué le vas a decir? A ver. Primero le muestras esta parte y le dices…” En esta forma sencilla se graba la esencia de la lección y se le ayuda con palabras para explicar lo que ha aprendido.
La memorización de los textos
Cada lección de las series VLB contiene un texto para memorizar. El texto es, generalmente, una frase de un versículo más largo y resume la enseñanza principal de la lección. La meta de la memorización en el ámbito preescolar es comenzar a familiarizar al niño con palabras que vienen directamente de la Biblia. Las frases han sido seleccionadas pensando en las limitaciones de vocabulario y experiencia de esta edad. Por esta razón se utiliza siempre la Versión Popular Dios Habla Hoy o la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual, y la Nueva Versión Internacional. Consideramos que el niño pequeño tiene la necesidad y el derecho de entender la Palabra de Dios para su propia vida espiritual.
Las lecciones incluyen actividades y juegos específicamente destinados para ayudar en la enseñanza del texto. Estas actividades tienen como finalidad dar un significado a las palabras que se memorizan. Aunque los niños pequeños pueden memorizar frases y palabras sin entenderlas en absoluto, esto no debe ser el caso cuando se trata de la Palabra de Dios. El niño de tres o cuatro años probablemente no recordará las frases enseñadas más allá de la hora de la clase. El de cinco años puede recordarlas si se hacen repasos adecuados. A veces el texto bíblico forma parte de la manualidad y entonces los padres pueden repasar la frase con sus hijos durante la semana.
Instrucciones para la maestra
En el comienzo de cada manual de los materiales de VLB hay una parte titulada Instrucciones para la Maestra. Se incluyen en estas páginas algunas ideas para ampliar el conocimiento de la maestra sobre la enseñanza espiritual del preescolar. Las ideas sugeridas tienen que ver con la decoración del aula, la confección de un títere, el control de la asistencia o algún otro método para incentivar la enseñanza. Estas ideas pueden ser aprovechadas y aplicadas sin demandar mucho tiempo o esfuerzo y por eso hacemos una fuerte recomendación para su uso. ¡Siempre es oportuno enriquecer la enseñanza!
El desafío de la enseñanza espiritual de los niños pequeños es muy grande. Requiere mucha paciencia y dedicación, además de un compromiso firme con el Señor para amarlos como él los ama. Sin embargo, las satisfacciones de enseñar a esta edad son múltiples. En una ocasión estaba hablando con una maestra de preescolares que se encontraba desanimada con su tarea. Le pregunté si había observado algún cambio en la vida de sus alumnos.
—Casi nada— me dijo —, aunque hoy Luisito oró en voz alta por primera vez.
—¿Y te parece poca cosa? —le pregunté —.Míralo así. Hay una persona que se llama Luis que el resto de su vida podrá decir: “Yo aprendí a hablar con Dios en oración porque una maestra llamada Mariela me enseñó.” ¿Qué podemos saber nosotros sobre el futuro de Luisito? Puede llegar a ser un gran evangelista o pastor de renombre. Puede llegar a ser el presidente de la república o un destacado empresario o un científico famoso. Sin embargo, dudo que alguien alguna vez le enseñará algo más importante de lo que tú le enseñaste, como hablar personalmente con Dios.
El desafío de la enseñanza espiritual del niño preescolar nos otorga este tipo de satisfacciones.
De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 119–134). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.
