¿Amar a quién?

Abril 11

¿Amar a quién?

Lectura bíblica: Romanos 13:8–10

El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley. Romanos 13:10
Llegó la hora del examen: ¿A cuáles de estas personas te parece que Dios quiere que ames?

a1(a) El compañero de escuela que te rompió tu lapicero favorito.
(b) Tu prima que te pidió prestada tu muñeca más linda y le cortó todo el cabello.
(c) El travieso de la clase de pintura que metió la mano en pintura azul permanente, y después la imprimió en la espalda de tu camisa preferida.
(d) El vecino que fue a tu casa a jugar y te rompió el juego de robots que heredaste de tu papá.
(e) El amigo que compartió contigo su merienda cuando te olvidaste de llevarte la tuya en una excursión.

Es fácil querer a tus amigos. Especialmente a los de más confianza. Pero Jesús no dijo: “Ama únicamente a los que comparten contigo su merienda”. No quiere que limitemos nuestro cariño a nuestros amigos, a la gente que nos gusta o a la que es de más confianza.

¡Tenemos que amar un montón a todos!

La Biblia lo dice de este modo: “No debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley” (Romanos 13:8).

Y ese pasaje nos indica exactamente de qué manera se demuestra el amor: Romanos 13:9, 10 dice que demostramos amor cuando la felicidad, seguridad, el crecimiento espiritual y la salud física de los demás son tan importantes como los nuestros.

Efesios 5:29 explica más en detalle cómo podemos amarnos a nosotros mismos y cómo podemos amar a los demás: “Porque nadie aborreció jamás a su propio cuerpo; más bien, lo sustenta y lo cuida, tal como Cristo a la iglesia” (cursivas agregadas). Nutrimos nuestro cuerpo cuando cuidamos su felicidad, seguridad, crecimiento espiritual y salud física. Amamos nuestro cuerpo cuando lo guardamos de cualquier cosa perjudicial y destructiva.

Ese es el mismo tipo de amor que Dios quiere que tengas por los demás. Si realmente te amas como fue el propósito de Dios, querrás desarrollar tu cuerpo, espíritu, cerebro y tus relaciones. Te cuidarás de cualquier cosa que represente un obstáculo en este sentido. ¡Y si realmente amas a otros, te esforzarás para asegurarte de que nada interfiera con la felicidad, la seguridad, el crecimiento espiritual y la salud física de ninguna de las personas que Dios ha puesto en tu vida!

PARA DIALOGAR
¿Cómo puedes nutrir y querer a tus amigos de la manera que Dios indica?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a amar a todos los que nos rodean, y a nutrirlos de la misma manera como nos nutrimos a nosotros mismos.

PARA HACER
Realiza una acción para “nutrir” a un amigo, familiar o alguno que hayas tenido que perdonar en el pasado.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Maneras de enseñar a los niños

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 6

Maneras de enseñar a los niños

a1Un día estaba revisando unos libros sobre educación cristiana y encontré el siguiente comentario del educador Daniel Marsh, quien describe lo que pasa a menudo en el proceso de la educación:

La educación debe hacernos vivir con gusto y exuberancia. Pero mucho de lo que pasa por “educación” quita el asombro hacia la vida y nos coloca en el peligro mortal de ver todo por las cosas nombradas y clasificadas. Tanto de lo que pasa por la educación es el humo de un fuego que no ha hecho otra cosa que consumir la vida. La razón es que muchas veces la educación carece del elemento más importante, una dimensión espiritual. Pero la correcta metodología de la educación, aquella que afirma el concepto espiritual donde hay lugar para Dios, nos llama a despertar de la apatía que adormece el alma.

La religión es un elemento vital en una educación cabal. Agrega un sentido de responsabilidad en la libertad académica. Da aliento a un espíritu de reverencia en la búsqueda de la verdad. Establece un centro de autoridad moral en la vida del individuo. Define valores para la vida. Da validez a lo aburrido y cotidiano. Trae realización plena a la vida junto con una paz dinámica. (Education that is Christian, La educación que es cristiana)

El tema de la educación de los niños es algo sumamente vasto en su alcance. Las observaciones de Marsh enfocan el contraste entre una educación secular y una que es cristiana. En este libro mi enfoque no es sobre la educación secular, pero comparto lo la observación de Marsh, que el proceso de educación puede aplastar el espíritu de investigación y asombro en el niño. ¿Qué diríamos de la educación cristiana que generalmente se lleva a cabo en la iglesia? Temo que con frecuencia, y debido a la falta de una correcta metodología de enseñanza, también reducimos todo a meros datos, nombres y eventos sin permitir la participación del niño en el proceso de descubrimiento entusiasta de las verdades que son relevantes a su propia vida. Una educación que contiene como ingrediente esencial la dimensión espiritual, y que contribuye a la definición de valores y autoridad moral, debe ser un proceso dinámico. Para que esto pueda darse, debemos analizar las maneras cómo el maestro puede tratar a su clase.

La realidad de lo que pasa en el aula

Primero, vamos a imaginarnos la siguiente escena:

Usted, el maestro, ha llegado a la iglesia a horario para el comienzo de la escuela dominical. Durante la semana previa se ha preparado bien y está entusiasmado con poder enseñar la lección. Hay tanto que quiere enseñar que está seguro de que no le van alcanzar los 45 minutos de la clase. Es una lección sobre una sanidad que obró Cristo y tiene muchas aplicaciones para hoy. Usted tiene la esperanza de que los niños se van a portar bien, sin moverse mucho, para que pueda enseñarles correctamente y hacer las aplicaciones sugeridas.

Los alumnos empiezan a llegar y todos parecen estar “eléctricos” de energía. En seguida uno empieza a contar del accidente que tuvo un compañero de la escuela y cómo él vio todo. Cuenta que la ambulancia había venido para llevar al niño al hospital y como, más tarde, él y su familia lo visitaron. Usted quiere empezar la clase pero el alumno sigue contando cómo está vendado y enyesado el compañero. Los demás alumnos escuchan fascinados y todos se ponen a comentar el caso. En eso, otro alumno empieza comentando un accidente que él tuvo. Otra vez usted trata de iniciar la clase pero los alumnos no le están prestando atención. Siguen conversando entre sí. Finalmente, con impaciencia, usted les obliga que se callen. Dejan de hablar pero usted nota que están distraídos, y no ponen atención en lo que está diciendo. Uno de los alumnos más traviesos empieza a hacer muecas para distraer a los demás. Pero valientemente usted sigue adelante dando la lección. Cuando llega a la aplicación, trata de involucrarlos, pero no responden, le miran con ojos vacíos, y usted tiene la sensación de que la lección no ha tenido evidente efecto. Acercándose al final de la hora de clase, todos empiezan a dar muestras de estar ansiosos porque termine la clase.

Usted vuelve a su casa derrotado. ¿De qué valió tanto tiempo y esfuerzo en preparar la clase? No pasó nada. Si hubieran escuchado, ¡cuánto podrían haber aprendido! Se pregunta si vale la pena seguir con esto.

Esta escena es típica de lo que puede pasar con un grupo de niños en la escuela dominical. El hecho de que la clase haya terminado mal no es necesariamente la culpa del maestro, ni tampoco de los alumnos. Lo que falta es una dinámica de clase que pueda sobreponerse a estos imprevistos.

Para entender esto mejor, hay una pregunta que todo maestro debe hacerse. La pregunta es ésta: ¿qué tipo de maestro soy yo? Al contestar la pregunta, hay que reconocer un elemento importante que afecta nuestra manera de enseñar a otros: son las experiencias que hemos tenido nosotros con relación a la enseñanza. Todos tenemos la tendencia de imitar a los modelos que hemos tenido, aun cuando no hayan sido positivos. Esos modelos son lo que conocemos y es difícil pensar en otros. Pero aparte de lo que haya sido nuestro modelo, podemos decir que generalmente existen tres clases de maestros que pueden ser clasificados con tres palabras: los autoritarios, los permisivos y los facilitadores. Por supuesto, estas categorías se sobreponen entre sí. Es decir, ningún maestro puede decir que no tiene de vez en cuando algo de las tres características en su forma de enseñar. Pero para aclarar lo que estas clasificaciones significan, veamos las manifestaciones típicas de cada una de estas formas de enseñanza.

El maestro autoritario

El maestro autoritario tiende a sentirse inseguro en su rol de maestro y por eso necesita dominar la clase. Es importante para él tener todas las respuestas. Se ve a sí mismo más bien en el rol de policía, vigilando para que los niños se porten bien y muestren el debido respeto. Lucha por mantener la atención de sus alumnos, insistiendo en absoluto silencio durante la clase mientras él habla. No le gusta que los alumnos opinen o que hagan preguntas. Se enoja si algún alumno no acepta su punto de vista o está en desacuerdo con su opinión.

El alumno, frente a este tipo de maestro, termina siendo un objeto, un mero muñeco, que recibe lo que el maestro preparó para él, sin gozar del privilegio de responder, reaccionar o, de algún modo, ser protagonista del proceso de aprendizaje. El alumno pronto se aburre o participa de mala gana. Al ser objeto, empieza a hacer cualquier cosa para distraer a sus compañeros o para alborotar a la clase. Si tiene la libertad de elección, probablemente dejará de asistir a la clase.

Este maestro se ha olvidado de que Dios es la única autoridad espiritual y que es Jesucristo quien ocupa el lugar de mediador entre el alumno y Dios (1 Timoteo 2:5). Le hace falta reconocer que su única autoridad como maestro viene como resultado de su sumisión a la obra del Espíritu Santo en su propia vida (Juan 16:13) y a su disposición de servir a sus alumnos. Necesita reconocer que la autoridad no se impone, se gana. Si su propia inseguridad es la que determina su forma de actuar, debería tomar medidas para madurar personalmente. Este tipo de maestro, a la larga, hará que los alumnos reaccionen contra la enseñanza de la Palabra de Dios porque no han tenido la oportunidad de asimilarla de acuerdo con sus propias necesidades. Probablemente abandonarán la iglesia cuando sean adolescentes o jóvenes.

El maestro permisivo

El polo opuesto del maestro autoritario es el permisivo. Esta persona tiene una idea muy equivocada acerca del niño. Cree que el niño carece de la capacidad de entender cosas serias y que su única manera de ser feliz es por la diversión y el juego. Tan es así que ve su función principal con ellos casi como un “animador de fiestas”. Deja de lado el control y la disciplina en su clase y permite que los niños hagan lo que quieran. Sus intentos por enseñar algo son bastante infructuosos, pero eso no le preocupa mucho porque cree que el aprendizaje espiritual ocurrirá por sí solo, aunque quizá no sepa cómo ni cuándo. Los niños no toman en serio al maestro y se aprovechan del tiempo de la clase para hablar entre sí, hacer ruido, tirar cosas, dibujar en las paredes y subirse a los muebles.

Este maestro no se da cuenta de que el niño requiere guía y dirección en su enseñanza espiritual. Si ha de sentirse seguro y gozar de una sensación de logro en lo que está aprendiendo, necesita de un maestro que sepa establecer límites y definir metas. Necesita entender que el amor de Cristo, modelo para todo maestro espiritual, nunca fue un amor permisivo.

Hay personas que terminan siendo maestros permisivos porque no tienen la disciplina de preparar su clase de antemano. Como no tienen la lección preparada ni otras actividades programadas, permiten que la clase se deteriore lentamente con la única esperanza de que lleguen al final de la hora de clase sin mayores problemas o, como dijo un pastor, en cuya iglesia las aulas estaban en el segundo piso: “Sólo quiero que bajen enteros la misma cantidad de niños que subieron.” Tristemente, este tipo de enseñanza desprestigia a la iglesia que lo permite y al maestro que, sin darse cuenta, desestima la formación espiritual del niño. Además, puede producir en el niño un cierto desprecio por la Palabra de Dios porque ve que ni el maestro la toma en serio.

El maestro facilitador

El maestro facilitador, en cambio, ve su función en la clase como la persona que proporciona o dirige el aprendizaje espiritual. Es una persona sensible a las necesidades de los niños que están en su clase. Los ve como individuos en formación y entiende las capacidades y limitaciones de sus distintas etapas de desarrollo. Sus clases tienen metas bien estructuradas pero no rígidas. Se ve a sí mismo como un guía para el aprendizaje de sus alumnos. Reconoce que él mismo tiene lecciones que aprender en su vida espiritual y no se considera mejor que sus alumnos ni los trata con aire de superioridad. Depende del Espíritu Santo para obrar a través de su vida por medio de una estructura definida pero flexible, en la que los niños pueden descubrir verdades bíblicas para sus vidas. Escucha con atención y respeto a sus alumnos pero no pierde de vista los objetivos que tiene en mente para la lección. Su clase se caracteriza por mucha participación de parte de los alumnos, pero es una participación dirigida para canalizar correctamente el aprendizaje de las verdades que se están enseñando. Raras veces tiene problemas de disciplina porque sus clases están estructuradas tomando en cuenta la necesidad de moverse que tienen los niños y el deseo de descubrir las cosas por su cuenta. Sabe que si están ocupados en algo que les interesa, no habrá mayores problemas de conducta.

De las tres maneras de enseñar, es obvio que el maestro facilitador es el que mejor cumple su función porque ve su rol de maestro en forma correcta. Es importante destacar que este maestro ideal debe ser transparente con sus alumnos en cuanto a su propia vida. Su honestidad y vulnerabilidad implica que no aparentará ser lo que no es. A veces tendrá que admitir que no sabe la respuesta a alguna pregunta. A veces tendrá que admitir que se ha equivocado en algo, o tendrá que pedir disculpas por enojarse o por faltarle respeto a alguien, o por haber criticado o haberse burlado de alguien. Los niños suelen ver a sus maestros como personas perfectas. Se desaniman frente a las imperfecciones de sus propias vidas. El maestro necesita mostrarse ante el alumno como una persona que está aprendiendo a vivir como Dios desea, en toda la transparencia que eso requiere. El niño es experto en percibir la hipocresía. Por eso, la capacidad del maestro de admitir un error o de pedir perdón por una falta ayudará para que el niño se dé cuenta de que la vida en Cristo también está a su alcance.

¿Qué clase de maestro es usted? Si se tomara un retrato de su clase, ¿cuál de las tres maneras de enseñanza estaría en evidencia? Nadie puede mejorar sus capacidades como maestro sin antes reconocer las características que pueden impedir un eficiente trabajo de enseñanza. La meta es ser un maestro facilitador y eso es una destreza que se va adquiriendo y mejorando constantemente. ¡Propóngase ser ese tipo de maestro!

Hágase esta pequeña auto-valuación:

1. ¿Qué evidencia ven sus alumnos de que la autoridad de su vida se basa en el señorío de Cristo?

2. ¿Qué evidencia concreta tiene usted de que sus alumnos lo aman y gustan estar en su clase?

3. Haga una lista de los nombres de sus alumnos. ¿Cuánto sabe de cada uno? ¿Conoce a los padres? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿En qué grado está? ¿Ha visitado su casa? Si no puede contestar estas preguntas afirmativamente, haga un compromiso delante del Señor de conocer a fondo a cada uno de sus alumnos lo antes posible. Al hacerlo, escriba una breve descripción de las realidades que vive ese niño en su hogar, en su barrio o en su escuela.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 53–59). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Reinado de Azarías

2 Reyes 15-17

Reinado de Azarías

(2 Cr. 26.3-5,16-23)

a115:1  En el año veintisiete de Jeroboam rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá.

Cuando comenzó a reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Jecolías, de Jerusalén.

E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho.

Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo sacrificaba aún y quemaba incienso en los lugares altos.

Mas Jehová hirió al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo.

Los demás hechos de Azarías, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

Y durmió Azarías con sus padres, y lo sepultaron con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar Jotam su hijo.

Reinado de Zacarías

En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses.

E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

10 Contra él conspiró Salum hijo de Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y lo mató, y reinó en su lugar.

11 Los demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

12 Y esta fue la palabra de Jehová que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Y fue así.

Reinado de Salum

13 Salum hijo de Jabes comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó un mes en Samaria;

14 porque Manahem hijo de Gadi subió de Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria y lo mató, y reinó en su lugar.

15 Los demás hechos de Salum, y la conspiración que tramó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

16 Entonces Manahem saqueó a Tifsa, y a todos los que estaban en ella, y también sus alrededores desde Tirsa; la saqueó porque no le habían abierto las puertas, y abrió el vientre a todas sus mujeres que estaban encintas.

Reinado de Manahem

17 En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria.

18 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; en todo su tiempo no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

19 Y vino Pul rey de Asiria a atacar la tierra; y Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en el reino.

20 E impuso Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos y opulentos; de cada uno cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria; y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en el país.

21 Los demás hechos de Manahem, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

22 Y durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.

Reinado de Pekaía

23 En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años.

24 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

25 Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo, y lo hirió en Samaria, en el palacio de la casa real, en compañía de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de los hijos de los galaaditas; y lo mató, y reinó en su lugar.

26 Los demás hechos de Pekaía, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

Reinado de Peka

27 En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años.

28 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

29 En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser rey de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria.

30 Y Oseas hijo de Ela conspiró contra Peka hijo de Remalías, y lo hirió y lo mató, y reinó en su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías.

31 Los demás hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

Reinado de Jotam

(2 Cr. 27.1-9)

32 En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Uzías rey de Judá.

33 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó dieciséis años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jerusa hija de Sadoc.

34 Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová; hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías.

35 Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en los lugares altos. Edificó él la puerta más alta de la casa de Jehová.

36 Los demás hechos de Jotam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

37 En aquel tiempo comenzó Jehová a enviar contra Judá a Rezín rey de Siria, y a Peka hijo de Remalías.

38 Y durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre, y reinó en su lugar Acaz su hijo.

Reinado de Acaz

(2 Cr. 28.1-27)

16:1  En el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Jotam rey de Judá.

Cuando comenzó a reinar Acaz era de veinte años, y reinó en Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre.

Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel.

Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso.

Entonces Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiar a Acaz; mas no pudieron tomarla.

En aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom, y echó de Elat a los hombres de Judá; y los de Edom vinieron a Elat y habitaron allí hasta hoy.

Entonces Acaz envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí.

Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente.

Y le atendió el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y la tomó, y llevó cautivos a los moradores a Kir, y mató a Rezín.

10 Después fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura.

11 Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco.

12 Y luego que el rey vino de Damasco, y vio el altar, se acercó el rey a él, y ofreció sacrificios en él;

13 y encendió su holocausto y su ofrenda, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus sacrificios de paz junto al altar.

14 E hizo acercar el altar de bronce que estaba delante de Jehová, en la parte delantera de la casa, entre el altar y el templo de Jehová, y lo puso al lado del altar hacia el norte.

15 Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, y el holocausto del rey y su ofrenda, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la sangre del holocausto, y toda la sangre del sacrificio. El altar de bronce será mío para consultar en él.

16 E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó.

17 Y cortó el rey Acaz los tableros de las basas, y les quitó las fuentes; y quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y lo puso sobre el suelo de piedra.

18 Asimismo el pórtico para los días de reposo,[a] que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera, el del rey, los quitó del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria.

19 Los demás hechos que puso por obra Acaz, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

20 Y durmió el rey Acaz con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar su hijo Ezequías.

Caída de Samaria y cautiverio de Israel

17:1 En el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años.

E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él.

Contra éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y le pagaba tributo.

Mas el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba; porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como lo hacía cada año; por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel.

Y el rey de Asiria invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años.

En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos.

Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos,

y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que hicieron los reyes de Israel.

Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas,

10 y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso,

11 y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová.

12 Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto.

13 Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas.

14 Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios.

15 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.

16 Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal;

17 e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y ag:ueros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira.

18 Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá.

19 Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho.

20 Y desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.

21 Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado.

22 Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos,

23 hasta que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy.

Asiria puebla de nuevo a Samaria

24 Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades.

25 Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban.

26 Dijeron, pues, al rey de Asiria: Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no conocen la ley del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra.

27 Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país.

28 Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.

29 Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba.

30 Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima.

31 Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.

32 Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos.

33 Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.

34 Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel;

35 con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios.

36 Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio.

37 Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos.

38 No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses ajenos;

39 mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos.

40 Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua.

41 Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.

Footnotes:

  1. 2 Reyes 16:18 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

La lucha por el poder

Abril 10

La lucha por el poder

Lectura bíblica: 1 Corintios 15:24–28

Pero cuando aquél le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también será sujeto al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos. 1 Corintios 15:28

a1Cuando un poderoso rey en una pequeña isla del Pacífico Sur se enteró de que sus enemigos en una isla distante planeaban un ataque con sus canoas guerreras, decidió no sólo defender su vida sino también su posesión más valiosa: un enorme trono de oro que se encontraba en el centro de su choza de paja. Así que el rey llamó a miles de guerreros, los armó con lanzas y los posicionó alrededor de su choza. Estaba seguro de que el ejército enemigo no podría atravesar su baluarte.
Pero, por las dudas, el rey decidió esconder su trono de oro. La noche antes de que esperaban la llegada de las canoas enemigas, hizo que sus guerreros más fornidos levantaran el trono de 2.000 kg y lo colocaran en los travesaños de madera de su choza y lo cubrieran de paja. Con su ejército afuera, y su trono bien escondido, el rey se acostó sobre su tapete y se quedó dormido.
Durante la noche, los guerreros del rey se despertaron por un fuerte ruido que procedía de la choza de paja del rey. Muy apurados entraron en ella para encontrarse con que los travesaños habían cedido por el peso, y el trono se había caído al suelo encima del rey. El rey, que había planeado tan bien su defensa, estaba muerto.
¿La moraleja del cuento? “Los que viven en chozas de paja no deben guardar tronos en los travesaños!”. ¡Ay! Parecido al antiguo proverbio que dice que “los que viven en casas de cristal no deben arrojar piedras”. No obstante, este cuento nos enseña que aun los más poderosos del mundo no pueden ejercer control sobre todo. Piénsalo:

• Bill Gates, el cofundador de Microsoft, es uno de los hombres más ricos del mundo, pero no puede comprar una curación para el cáncer.
• Los presidentes de las naciones tienen el máximo poder en sus países pero no pueden erradicar la pobreza.
• El Secretario General de las Naciones Unidas no puede evitar las guerras.

Existe una sola autoridad suprema en toda la creación: Dios. Ninguna cosa, ni ninguna persona tiene el poder, la sabiduría ni la riqueza que él tiene.
La resurrección es prueba de que Dios es soberano de la vida al igual que de la muerte. Cuando te sumas a la familia de Dios por medio de confiar en Cristo, ¡te conviertes en el hijo de la persona más poderosa del universo!

PARA DIALOGAR
¿Existe algo que el Dios de la vida y de la muerte no pueda hacer? ¿Tienen algún problema que él no los pueda ayudar a superar? Por supuesto que no, ¡la resurrección fue prueba de ello!

PARA ORAR
Señor, gracias porque eres tan grande que puedes encargarte de todos los problemas que hoy enfrentamos. Usa el poder de tu resurrección para fortalecernos.

PARA HACER
¿Tienes algún amigo que enfrenta un problema? ¿Cómo puedes ayudarle a confiar en Dios?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

 

La preparación espiritual del maestro

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 5

La preparación espiritual del maestro

a1Al encarar el tema de la preparación espiritual del maestro se supone que hay una condición previa a la tarea de enseñanza en sí: la evaluación de la vida espiritual de la persona que desea enseñar a otros. Para ser más claro, el punto de partida para poder enseñar y guiar la vida espiritual de otro es un examen cuidadoso de la vida propia. Yo vengo a este tema con humildad y temor. San Pablo lo expresa bien al decir: “… lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes, tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13, NVI). No puedo menos que hacerme la pregunta: ¿Qué derecho tengo yo de opinar sobre algo tan personal como es la forma en la cual uno se prepara espiritualmente para su tarea? ¿Se puede establecer cierta cantidad de oración o ciertas horas de estudio que hacen falta como para poder decir al terminarlo: “Estoy preparado”? ¿Cuántos cursos hay que tomar, cuántos libros se deben leer y a cuántos talleres se debe asistir para tener el derecho de decir que uno ha satisfecho las demandas de una preparación adecuada? Yo creo que para todos nosotros que enseñamos la Biblia, está claro que uno nunca acaba de prepararse espiritualmente. Se han escrito muchos libros sobre el tema de la preparación espiritual del maestro, y sin embargo, queda todavía mucho que se podría decir.

Me atrevo a enfocar dos áreas básicas que demandan una evaluación personal porque afectan a todo lo que hace el maestro en lo que se refiere a la preparación espiritual. Estas áreas son señaladas por el mismo Señor Jesús en palabras sorprendentes y fuertes cuando dijo en cierta ocasión: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’ Entonces les diré claramente: ‘Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!’ ” (Mateo 7:21–23, NVI). Encuentro en estas palabras dos elementos fundamentales para la vida espiritual del que quiere servir al Señor.

¿Cuál es la motivación de nuestro servicio?

El primer elemento tiene que ver con la motivación que nos impulsa en el servicio para Dios. Aparentemente, estos siervos habían gozado de cierto éxito en su labor para el Señor. ¿A quién no le gustaría señalar como prueba de su efectividad en el ministerio milagros realizados, profecías cumplidas y demonios expulsados? Sin embargo, a pesar de haberlo hecho “en su nombre”, su labor no agradó al Señor. Era lo mismo que si no lo hubieran hecho. Quiere decir, entonces, que a pesar de sus aparentes éxitos, lo que hicieron no fue para la gloria de Dios. ¿Por qué? ¿Hay que suponer que sus motivaciones en hacer lo que habían hecho estaban equivocadas? Quizás lo hacían para quedar bien con otros; quizás para alcanzar reconocimiento y fama; quizás para lograr cierto poder y control sobre la vida de otros; o quizás para cumplir con las expectativas de otros sobre sus dones y capacidades. La lista de sus posibles motivaciones se alarga hasta donde alcanza el egoísmo del hombre. El hecho de que sus motivaciones no eran correctas hizo que su trabajo, hecho seguramente con gran esfuerzo y sacrificio, quedara descalificado por el Señor. Y no solamente descalificado, sino que recibieron adicionalmente la condena del Señor que los llama “hacedores de maldad”.

Como maestros de la Palabra de Dios debemos escudriñar constantemente las motivaciones que nos llevan a cumplir con tan importante tarea. Si la crítica injusta de parte de algún padre o aun del pastor de la iglesia nos puede tirar abajo anímicamente, lo primero que debemos examinar son las motivaciones. “¿Para quién estoy trabajando?” Si no podemos contestar esta pregunta y decir con convicción “¡Para el Señor!”, ya sabemos cuál es el problema, por lo menos en parte. Aun cuando tenemos bien en claro para quién trabajamos, debemos examinar la otra faceta de nuestra labor con la pregunta: “¿Por qué lo estoy haciendo?” La respuesta correcta debe verse a la luz de la motivación que más agrada al Señor: “Porque Dios es justo, y no olvidará lo que ustedes han hecho y el amor que le han mostrado al ayudar a los hermanos en la fe, como aún lo están haciendo” (Hebreos 6:10,VP). Él quiere ver nuestro trabajo como una expresión de amor hacia él. Esto es lo que nos debe motivar en todo lo que hacemos. La canción lo expresa muy bien: “Yo te sirvo porque te amo.” No porque el pastor me lo pide, o porque hacen falta maestros, o porque al hacerlo me gano cierto mérito. La única motivación correcta es la de servir a Dios porque lo amamos. Entonces podemos entrar en el aula de clase, escuchar el bullicio de los niños y decir en el corazón: “Te ofrezco esta hora de clase, Señor, como expresión de mi amor por ti.” Esto transformará completamente la tarea que hacemos.

Uno de los resultados de estar correctamente motivados es que nos vemos impulsados a poner más empeño en lo que hacemos. Cumplimos con nuestro deber, no porque nos estén controlando, sino porque el Señor es digno de lo mejor que le podemos ofrecer. Si mi clase es una ofrenda de amor al Señor, quiero que sea la mejor clase posible. Haré el compromiso de llegar a tiempo, y de estar bien preparado y de buen humor, porque quiero que mi trabajo sea una ofrenda de amor para él. Ser motivado por amor también crea en mí un espíritu de humildad. No puedo menos que comparar lo poco que le ofrezco con lo mucho que él hace por mí. Llego a entender cuál es la única razón legítima para mi trabajo. Es para él. Jesús dijo: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25:40,NVI). De esta manera, entonces, nuestro trabajo se transforma en algo hermoso y de eterno valor, aun cuando sea hecho en el aula más pequeña de la iglesia más insignificante, con los alumnos menos agradecidos y el superintendente o pastor más exigente. Todo lo que hacemos es, al final, ¡para él!

¿Cuál es la relación que tenemos con el Señor?

El otro elemento fundamental enfocado en Mateo 7:23 tiene que ver con la relación que el individuo lleva con el Señor. Aquellos siervos lo habían llamado siempre “Señor” pero, para su sorpresa, escucharon atónitos sus palabras de rechazo: “Nunca los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” Es necesario suponer que nunca existió una relación sincera ni profunda entre ellos y el Señor. No se habían relacionado con él en un correcto sentido espiritual. Sin lugar a duda, podemos decir que el Señor da mucha más importancia a nuestra intimidad con él que a nuestra actividad por él. Después de todo, si la actividad no surge de la relación, lo estamos haciendo en nuestras propias fuerzas. Como discípulos de Cristo, nuestra “razón de ser” es llegar a conocerlo íntimamente. Es la única relación que puede satisfacer todos los anhelos del alma para sentirse uno amado y aceptado de veras. Es en esa relación de intimidad donde encontramos nuestra verdadera identidad y donde sentimos la seguridad de saber que somos de gran valor como personas. Es allí donde descubrimos la transformación que obra su perdón en nosotros y donde vamos entendiendo el alcance de su gracia. Por esa relación somos capacitados para amar, perdonar y aceptar a otros como son. Sin esta relación, todo lo que hacemos será nada más que “madera, heno y paja” (1 Corintios 3:12).

¿Cómo hace el maestro para profundizar más su relación con el Señor? Lamentablemente, establecer requisitos sobre esto sería tan difícil como tratar de reglamentar la expresión afectiva de una pareja de novios o de casados. No hay fórmulas ni recetas para lograr intimidad con el Señor. Sin embargo, una cosa puedo decir: nuestra relación con el Señor se profundiza de la misma manera que las relaciones humanas: dedicando tiempo para estar juntos, dialogando siempre y compartiendo las circunstancias, sean buenas y malas. La esencia de una relación entre dos personas es el diálogo, y sin ello la relación nunca ha de florecer.

Nuestro diálogo con el Señor se hace mediante la oración y el estudio de su Palabra. Todos hemos escuchado esto muchísimas veces. Sabemos que debemos estudiar sistemáticamente la Palabra y orar en forma específica y regular por diferentes motivos. Esto requiere una disciplina en cuanto a método y horario, es decir, un plan de acción en cuanto al estudio de la Palabra y una hora establecida para dedicarnos a ello. Generalmente llamamos a esta disciplina “el tiempo devocional”. Pero con frecuencia caemos en uno de dos extremos: o dejamos de hacerlo por las urgentes demandas de la vida; o caemos en el peligro de cumplir tan rígidamente con esta disciplina que llega a ser una obligación árida y sin vida. Cuando fallamos en su cumplimiento, nos sentimos culpables. Y cuando lo hacemos “a regañadientes” nos roba el gozo de nutrir nuestra relación de amor con el Señor y, desanimados, nos sentimos alejados de su presencia. Este sentimiento triste se puede comparar al de la joven que escucha decir a su novio que le pesa la obligación de estar periódicamente con ella.

Esta situación tan humana y real puede ser cambiada. Empieza con admitir la frustración y desánimo que han producido los muchos fracasos en tratar de ser constante en la lectura de la Palabra y en la oración. Pero se restituye cuando reconozco que el diálogo que trae deleite es aquel al cual se entra con ganas. Aunque el Señor no participa audiblemente en ese diálogo, en mi espíritu siento su presencia, que es como un diálogo silencioso. Él me habla por su Palabra; yo le hablo por la oración. Al practicar este diálogo de amor, fomento una relación de intimidad con el Señor.

Una práctica saludable es utilizar varios medios (las grabaciones de música cristiana, libros con la letra de los himnos y coros, las guías devocionales, etcétera.), para ayudarnos a encontrar una adecuada expresión de nuestro amor hacia él. En la lectura de la Biblia debemos buscar intensamente todo lo que el Señor nos pueda decir sobre su amor por nosotros, sobre su persona, y sobre su obra eterna a nuestro favor. Debemos formar el hábito de hablar con él sobre nuestra realidad: las debilidades y tentaciones, las reacciones negativas hacia otros, el orgullo, los fracasos morales y espirituales, los conflictos persistentes en el ámbito de familia, la falta de recursos económicos y el sufrimiento físico y emocional. Es en esta actitud de vulnerabilidad y transparencia donde el Espíritu de Dios nos señala nuestros pecados y donde, quebrantados y arrepentidos, encontramos el perdón. Precisamente, parte de la comunión íntima es poder llevarle al Señor los pedazos rotos de nuestras vidas y saber esperar su restauración y sanidad.

Cuando entramos en esta comunión íntima con el Señor, el Espíritu Santo comienza a despertar en nosotros hambre y sed por su Palabra y por su persona. De pronto estamos viendo nuestras circunstancias y obligaciones con otra perspectiva, una perspectiva donde descansamos en la bondad de Dios y buscamos entender cómo podemos glorificarle en el lugar donde nos ha puesto. Con esa actitud encontramos fuerzas para aceptar lo que él ha permitido en nuestras vidas y donde aprendemos a orar “sea hecha tu voluntad, no la mía”. Empezamos a ver que su amor empieza a fluir a través de nosotros hacia los demás. En esta relación de más intimidad con el Señor nuestro corazón empieza a sentir su compasión por las personas que estamos tratando de ayudar. Sumándolo todo, podemos decir que al buscar esa relación de amor con el Señor, el maestro logra la preparación previa e indispensable para enseñar la Palabra de Dios. Entonces empezamos a darnos cuenta lo que significa la frase: “…no es en vano el trabajo que hacen en unión con el Señor” (1 Corintios 15:58, VP).

Al profundizar esta relación, nos damos cuenta de otra importante verdad: lo que hacemos para el Señor nunca debe ser hecho en nuestras propias fuerzas. Si así lo hacemos, pronto hemos de desanimarnos y cansarnos. Su plan para que la Palabra tome vida es que los maestros ejemplifiquen lo que enseñan. Es decir, el maestro debe mostrar las virtudes del amor, la misericordia y el perdón, entre otras, a través de su vida. Lo que Dios desea es “hablar sus palabras” a los alumnos usando la vida del maestro. Él quiere tocar con amor vidas carentes de afecto y lo quiere hacer a través de nuestras acciones, actitudes y palabras, dando realidad en carne a su amor en nosotros. Él quiere hacer posible que otros vean la realidad de las palabras del apóstol Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2:20, VP).

Por lo tanto, es sobre la base de una correcta motivación y una íntima relación con el Señor que asumimos la tarea privilegiada de enseñar la Palabra de Dios. Todo lo que hacemos como maestros es parte de un proceso. La tarea de preparar la lección es parte de ese proceso y una manera concreta de mostrar mi obediencia al Señor mientras, a la vez, aprendo nuevas verdades que afectan mi vida. Dar la clase sirve como una forma de acercarme más a los alumnos. Mi trabajo para Dios vuelve a él en los resultados que mi enseñanza tendrá en la vida de los alumnos. Es un círculo que nunca termina: recibo inspiración y guía del Señor, que luego vuelco en mi clase, para que mis alumnos aprendan a amar y a obedecer al Señor quien, a la vez, ha de inspirar y guiar sus vidas. Nunca termina este proceso ni tampoco termina jamás mi preparación espiritual.

La hermosa oración de Pablo en Efesios 3:16–21 debe ser una realidad en la vida de cada uno que nos llamamos maestros de la Palabra de Dios: “Le pido al Padre que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.”

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 45–51). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

A TODOS ATRAERÉ A MÍ MISMO

A TODOS ATRAERÉ A MÍ MISMO

Pablo Martini
Programa No. 2016-04-09

a1Las palabras de Jesús a los suyos al anunciarles su muerte cercana tuvieron diferentes matices y diferentes momentos. Es como si se los hubiese querido dejar bien en claro para que cuando suceda no les tome por sorpresa, pero a la vez trató de hacerles el menor daño psicológico posible.

Debemos comprender que lo que les estaba anunciando no era fácil de digerir, pero era necesario. Por eso, en una de esas tantas ocasiones, les dijo: “Os conviene que yo me vaya.” En el evangelio según lo narra San Juan, Jesús dijo: “Y Yo, si fuere levantado de la tierra (como sucedió en la cruz), a todos atraeré a mí mismo.” Me preguntaba: ¿Qué es lo que hoy atrae a todos a la iglesia? ¿Se cumple el deseo del Mesías sufriente de que sea su cruz el centro de atracción? Algún “pastor” convencional de hoy en día me respondería: “Mirá Pablo, es un poco delicado hoy hablar de la cruz sangrienta en términos absolutos. La gente de nuestro tiempo viene cargada de problemas y tenemos que ser cautelosos en presentarle a un Cristo sufriente ya a un cristianismo con forma de cruz.

Ellos necesitan otro tipo de mensaje.” Entonces, manipulados por cierto asesor de imagen proveniente del mismo infierno, hoy se ha cambiado la parte sacrificial del evangelio de Jesús, se le ha dado cierto tratamiento cosmético al pecado y se ha logrado un producto que salta al mercado de las almas necesitadas de alivio con promesas de prosperidad, bendición, placer y cultos entretenidos. Miles y miles de persona se agolpan en lujosos templos con amplios parqueaderos, ujieres elegantemente vestidos que te reciben con una amplia sonrisa, te regalan un sobre que luego sabrás para qué se usa, te sientan en cómodas butacas y… ¡A disfrutar del show! Unas horas de estimulación auditiva, algo de danza, y un desfile de experiencias y milagros en el escenario que transmiten confianza y te motivan a poner tu ofrenda en aquel sobrecito para recibir la bendición.

¿Y la Cruz de Cristo? ¿Y el Cristo de la cruz?… No en vano, la primer pregunta que Jesús hizo a los que se disponían a seguirle en el primer capítulo del mismo evangelio fue: ¿QUÉ BUSCÁIS AL SEGUIRME?

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Si lo que te atrae a la iglesia no es el Cristo de la Cruz muy pronto te desilusionarás con la iglesia.

Atalía usurpa el trono

2 Reyes 11-14

Atalía usurpa el trono

(2 Cr. 22.10–23.21)

a111:1  Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real.

Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron.

Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país.

Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey.

Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el día de reposo.[a]

Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis la casa, para que no sea allanada.

Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo[b] tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey.

Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre.

Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que entraban el día de reposo[c] y los que salían el día de reposo,[d] vinieron al sacerdote Joiada.

10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.

11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.

12 Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: !!Viva el rey!

13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová.

14 Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: !!Traición, traición!

15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)

16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.

17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo.

18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová.

19 Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes.

20 Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la casa del rey.

21 Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar.

Reinado de Joás de Judá

(2 Cr. 24.1-27)

12:1  En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.

Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.

Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.

Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová,

recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas.

Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo.

Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo.

Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.

Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de Jehová.

10 Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban.

11 Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová,

12 y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.

13 Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová;

14 porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová.

15 Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente.

16 El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.

17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén;

18 por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.

19 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

20 Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila;

21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.

Reinado de Joacaz

13:1  En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diecisiete años.

E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos.

Y se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo.

Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía.

(Y dio Jehová salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como antes.

Con todo eso, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la imagen de Asera permaneció en Samaria.)

Porque no le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie; pues el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como el polvo para hollar.

El resto de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

Y durmió Joacaz con sus padres, y lo sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijo.

Reinado de Joás de Israel

10 El año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años.

11 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo.

12 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

13 Y durmió Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.

Profecía final y muerte de Eliseo

14 Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: !!Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!

15 Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas.

16 Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey,

17 y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos.

18 Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo.

19 Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria.

20 Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra.

21 Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.

22 Hazael, pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz.

23 Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de ellos y los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.

24 Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo.

25 Y volvió Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael las ciudades que éste había tomado en guerra de mano de Joacaz su padre. Tres veces lo derrotó Joás, y restituyó las ciudades a Israel.

Reinado de Amasías

(2 Cr. 25.1-28)

14:1  En el año segundo de Joás hijo de Joacaz rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joás rey de Judá.

Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalén.

Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joás su padre.

Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos.

Y cuando hubo afirmado en sus manos el reino, mató a los siervos que habían dado muerte al rey su padre.

Pero no mató a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado.

Este mató asimismo a diez mil edomitas en el Valle de la Sal, y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy.

Entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos las caras.

Y Joás rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardo que está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por mujer a mi hijo. Y pasaron las fieras que están en el Líbano, y hollaron el cardo.

10 Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?

11 Pero Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que es de Judá.

12 Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su tienda.

13 Además Joás rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joás hijo de Ocozías, en Bet-semes; y vino a Jerusalén, y rompió el muro de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos.

14 Y tomó todo el oro, y la plata, y todos los utensilios que fueron hallados en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y a los hijos tomó en rehenes, y volvió a Samaria.

15 Los demás hechos que ejecutó Joás, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

16 Y durmió Joás con sus padres, y fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.

17 Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años.

18 Los demás hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

19 Conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero le persiguieron hasta Laquis, y allá lo mataron.

20 Lo trajeron luego sobre caballos, y lo sepultaron en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David.

21 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de dieciséis años, y lo hicieron rey en lugar de Amasías su padre.

22 Reedificó él a Elat, y la restituyó a Judá, después que el rey durmió con sus padres.

Reinado de Jeroboam II

23 El año quince de Amasías hijo de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás sobre Israel en Samaria; y reinó cuarenta y un años.

24 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

25 El restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer.

26 Porque Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel;

27 y Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.

28 Los demás hechos de Jeroboam, y todo lo que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó al dominio de Israel a Damasco y Hamat, que habían pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

29 Y durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo.

Footnotes:

  1. 2 Reyes 11:5 Aquí equivale a sábado.
  2. 2 Reyes 11:7 Aquí equivale a sábado.
  3. 2 Reyes 11:9 Aquí equivale a sábado.
  4. 2 Reyes 11:9 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

«NO VEO QUE ÉL INTENTE CAMBIAR»

9 abr 2016

«NO VEO QUE ÉL INTENTE CAMBIAR»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:

»Tengo veinticuatro años, soy licenciada en contaduría pública y voy a cumplir un año de noviazgo. Él está en su internado de medicina. Lo amo mucho más de lo que pude imaginar amarlo.

»Mi problema ahora con él es que es arrogante y chocante para decir las cosas. Conmigo se ha vuelto muy irritante: Todo le molesta. Ahora le molesta que no lea los tipos de libros que él lee, que no soy muy culta y que vivo en la ignorancia…. Dice que va a cambiar, porque él conmigo es tosco. Lo reconoce, pero yo no veo que él intente cambiar. Realmente ya no sé cómo manejar mi relación. ¡A veces me siento tan triste y perdida!»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Usted ha invertido un año de vida en esta relación y es de esperarse que se resista a darla por terminada. Ama a ese hombre y quiere estar con él, pero él hace que usted se sienta ignorante, triste y perdida. Al parecer, usted está tratando de convencerse de que la conducta de él es aceptable, pero en el corazón usted sabe que no lo es.

»¿Hace su novio que usted se sienta como un valioso tesoro? Cuando usted está a su lado, ¿siente que él la admira y la estima? ¿Le muestra él respeto y se enorgullece de todo lo que usted ha logrado?

»Algún día es posible que usted tenga una hija. Si ese novio que tiene ahora llegara a ser su esposo, ¿cómo trataría a su hijita? ¿Contribuiría a que ella sintiera el debido amor propio, o criticaría más bien constantemente las imperfecciones que viera en ella?

»Algún día es posible que usted tenga un hijo. ¿Quisiera que ese hijo tuviera a quien ahora es el novio de usted como modelo de conducta para formar su carácter?

»¿Tiene usted una relación de igual a igual con ese hombre, o hace él que usted siempre se sienta inferior? ¿La trata a usted y trata a los demás con afecto y consideración, o más bien los menosprecia?

»Si usted se mantiene en esa relación, con eso estará aprobando las actitudes y la conducta que su novio manifiesta. Cada día que se quede con él es otro día en el que se sentirá triste y perdida. Sin embargo, lo que de veras está perdiendo es todo el tiempo que ha invertido en esta relación. ¡No malgaste un día más!

»Cualquier ruptura es difícil, y después de un año de relación con él, va a ser mucho más difícil dejarlo. Usted necesitará el apoyo de amigos y de familiares para lograrlo. Recuerde que también tiene un Padre celestial que la ama y la valora. Él tiene un plan para su vida. Confíe en Él. Pídale en oración que le dé las fuerzas necesarias para afrontar los días venideros. Jamás estará sola si pone toda su confianza en Dios.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 246.

http://www.conciencia.net/

La importancia de las aplicaciones en la enseñanza de los niños

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 4

La importancia de las aplicaciones en la enseñanza de los niños

a1Aveces trato de imaginarme la situación de las congregaciones a las cuales Santiago dirige la carta que lleva su nombre en el Nuevo Testamento. Es más que seguro que eran similares a las congregaciones de hoy en día, compuestas de personas falibles, débiles y propensas a caer en pecado. Eugenio Peterson, pastor respetado y traductor de las Escrituras, en su introducción a la carta de Santiago comenta que las iglesias cristianas no son comunidades donde vive gente perfecta. Dice que son lugares donde los errores humanos son sacados a la luz por la Palabra de Dios, para ser enfrentados y resueltos. Cuando Santiago dice: “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” (1:22), está hablando de esta realidad. En otras palabras, Santiago dice que cuando se trata de la Palabra de Dios, no es suficiente conocer su contenido. La Palabra demanda acción y esa acción debe producir cambios. Yo considero que éste es el aspecto más débil en la vida de la iglesia: la aplicación práctica de la Palabra de Dios a la vida real. Sólo con revisar la mayoría de los materiales que se ofrecen para la enseñanza de la Biblia, uno llega a la conclusión de que por lo general los autores ponen gran esfuerzo y creatividad para presentar la información bíblica por medio de técnicas y métodos novedosos, pero cuando se trata de llevar esa información bíblica a la práctica, hay poco y nada de ayuda para el maestro.

Esta misma debilidad viene a caracterizar la enseñanza de la Biblia a los niños. Los niños, igual que los jóvenes y adultos, tienen la característica muy humana de resistir el cambio. No nos gusta admitir que nuestra forma de hacer las cosas puede estar fallada porque eso es una reflexión negativa sobre nuestra persona. Menos nos gusta admitir que cometemos pecados o que estamos moralmente fallados. Hay varios factores que nos impiden admitir las fallas que tenemos. Primero, cada uno nos creemos personas buenas. “Yo no hago mal a nadie” es una auto-evaluación generalizada. Es una forma de decir: “Soy una persona buena” y aunque la persona admite tener algunas pequeñas fallas, se defiende diciendo que no son graves. Si creemos esto, es difícil que lleguemos a reconocer que necesitamos transformar lo que es nuestra manera de ser. Segundo, todos somos personas que queremos tener el control de las cosas y nos molesta que otro se encargue de lo nuestro, especialmente de las cosas privadas, como conductas morales. Nos cuesta aceptar la “ley de la dependencia” en Dios, que es parte de una vida cristiana madura. Y por ende resistimos las experiencias difíciles que nos humillan y nos duelen, aunque sabemos que son parte esencial en el crecimiento de la fe. Una tercera característica de nuestra humanidad es mirar a otros como más imperfectos y problemáticos que nosotros mismos. Escuchamos una enseñanza de la Palabra de Dios y pensamos inmediatamente en otro que lo necesita más que uno porque en su vida hay grandes defectos. Con esta reacción casi automática pasamos por alto que la aplicación debería tocar y cambiar nuestra propia vida. Jesús hacía referencia a esta tendencia cuando enseñó que no debemos juzgar a otros. Dijo a sus oyentes: “¿Cómo puedes decirle a tu hermano:‘Déjame sacarte la astilla del ojo’ cuando ahí tienes una viga en el tuyo?¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano” (Mateo 7:4, 5). Él, mejor que cualquier otra persona que haya vivido, entendía nuestra fuerte resistencia al auto-examen y al cambio.

Otro factor que impide la aplicación de la Palabra de Dios a la vida de los creyentes es la acción del enemigo de nuestras almas. El apóstol Juan lo llama “el acusador” en Apocalipsis 12:10. “Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.” Este enemigo hace lo posible para que el hijo de Dios NO haga una aplicación correcta de la Palabra a la vida. Trata de desviar su atención a otros, o trata de convencerlo de que sus pecados son insignificantes, o trata de adormecerlo espiritualmente. Usa mil artimañas para no permitir que el creyente actúe sobre la verdad. Y tristemente, cuál sea su método, el enemigo logra sus fines en múltiples ocasiones.

El niño no se escapa de esta realidad. Al contrario, los procesos de aplicación se complican aún más en la enseñanza espiritual a los niños. La vida del niño es controlada por los adultos que forman parte de su hogar. Están acostumbrados a obedecer las órdenes de alguien, sea padre, madre, maestro o pariente. Muchas veces obedecen solamente porque si no lo hacen, las cosas pueden terminar mal, como con un castigo. Es decir, para los niños los parámetros de la conducta son definidos por otros. Este factor hace aún más difícil la internalización de las enseñanzas bíblicas como vivencia personal. El niño tiende a responder a los cambios de conductas, enseñados por un adulto como aplicación de la Palabra de Dios, de la misma manera que responde a las demandas de los adultos en su vida. Lo hace porque en determinadas situaciones le conviene hacerlo, pero no necesariamente porque sus actitudes hayan sido transformadas. Se cuenta de un pequeño niño rebelde cuyo padre lo disciplinó por su mala conducta obligándolo a sentarse por un buen rato en una silla del comedor. El niño se subió a la silla, se dio vuelta y declaró furioso: “¡Por afuera estoy sentado, pero por dentro estoy parado!” Todos podemos identificarnos con su actitud. No es fácil obedecer ni llevar a la práctica la vida que Dios pide.

Sin embargo, para el niño, como también para el joven y adulto, cuando la enseñanza está basada en la Palabra de Dios hay otra realidad que se debe tomar en cuenta. Cuando Jesús volvió al cielo después de su resurrección prometió que vendría otra persona para estar presente con los creyentes: “el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho” (Juan 14:26). En el perfecto plan de Dios para la humanidad, él toma en cuenta nuestra resistencia al cambio y provee una presencia en nosotros en la persona de su Espíritu para obrar los cambios que necesitamos. No es que nuestra resistencia habitual desparezca automáticamente por tener al Espíritu en nosotros. Más bien, es por medio del Espíritu Santo que nuestra voluntad va cambiando y los cambios se van logrando. “Dios es quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13). Es él quien obra en nosotros el arrepentimiento cuando caemos en pecado, y es él quien nos motiva a persistir en una vida de obediencia que trae honra al nombre de Dios. En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo describe de una manera conmovedora la acción del Espíritu Santo en nosotros: “Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras” (Romanos 8:26). Gracias a Dios, nuestra respuesta en obediencia a su Palabra es posible por la obra de su Espíritu.

Siempre debemos recordar que la presencia del Espíritu Santo está obrando también en la vida del niño que se ha entregado al Señor. Es la tarea del maestro apoyar esa obra de todas las formas posibles. Para entender lo que Dios quiere de él, es necesario que el niño sea enseñado de maneras que están de acuerdo con sus capacidades de comprensión. Esto quiere decir que la persona que lo enseña debe preocuparse por entender las capacidades del niño. Él aprende muy poco cuando el medio de enseñanza son únicamente palabras. Necesita ser protagonista. La enseñanza eficaz es la que utiliza diversas actividades, desafíos, juegos y proyectos para enseñar las verdades abstractas, como son muchas de las enseñanzas bíblicas. Este tipo de enseñanza requiere una gran dedicación de parte de los maestros: sacrificios de tiempo invertido en la preparación de las actividades, de artículos confeccionados a mano, de juegos preparados con anticipación y de un sinfín de detalles que hacen que la enseñanza sea eficaz. También requiere mucha paciencia con lo que parece ser a veces la falta de atención o interés de parte de los niños. Pero en todos esos esfuerzos en el maestro está presente el Espíritu Santo para motivarlo, fortalecerlo y animarlo en su tarea. Y está presente también en los alumnos para inquietarlos hacia la obediencia.

El maestro que se esmera por aplicar correctamente las enseñanzas de la Biblia a la vida del niño se dará cuenta en seguida de lo complicada que es esa tarea. Llegará pronto a reconocer cuánto lucha el enemigo por impedirlo. En mi experiencia he encontrado que en centenares de ocasiones, cuando estoy por iniciar la actividad de aplicación que he preparado con mucho cuidado para que fuera adecuada a la comprensión de los niños, ha ocurrido alguna interrupción inesperada que corta la atención de la clase y arruina este momento tan importante. Alguien golpea la puerta, un niño se cae de su asiento, otro necesita ir al baño, una madre entra buscando a su niño, etcétera. En momentos así, el arma que utilizo es la oración silenciosa: en mi mente clamo a Dios para que me dé la capacidad de captar de nuevo la atención de los niños y lograr las actividades de aplicación. Pero nunca es fácil y el enemigo nunca descansa.

La enseñanza de la Biblia tiene una sola finalidad: lograr cambios en la vida. Los materiales que utilizamos deben incluir todas las ideas y ayudas posibles para ayudar al maestro en lograr este proceso de aplicación de las verdades a la vida. A la vez, la aplicación será adecuada únicamente cuando se toma en cuenta la capacidad limitada de concentración que tiene el niño, su necesidad de participación, su vocabulario y su comprensión cognoscitiva limitada de acuerdo con su edad. Es por esta razón que hemos tratado de incorporar estos elementos en las lecciones VIVIR LA BIBLIA, para que el maestro pueda hacer vivir la verdad bíblica en la experiencia de su alumno. Santiago pone el énfasis donde corresponde: escuchen pero luego hagan. La fe cristiana tiene la dinámica de poder cambiar la forma de vivir. Pablo dice: “cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2, VP).

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 39–43). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Los bienes de la sunamita devueltos

2 Reyes 7-10

a17:1  Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.

Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.

Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?

Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.

Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.

Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.

Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.

Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.

Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.

10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto.

11 Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey.

12 Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.

13 Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay.

14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved.

15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.

16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.

17 Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él.

18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria.

19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.

20 Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.

Los bienes de la sunamita devueltos

8:1  Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años.

Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años.

Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras.

Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.

Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.

Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.

Hazael reina en Siria

Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.

Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?

Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?

10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente.

11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.

12 Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas.

13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú serás rey de Siria.

14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás.

15 El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.

Reinado de Joram de Judá

(2 Cr. 21.1-20)

16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá.

17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalén.

18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová.

19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.

20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos.

21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él; y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó a sus tiendas.

22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.

23 Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.

Reinado de Ocozías de Judá

(2 Cr. 22.1-6)

25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.

26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel.

27 Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab.

28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram.

29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo.

Jehú es ungido rey de Israel

9:1  Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad.

Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara.

Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.

Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.

Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.

Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová.

Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.

Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al libre en Israel.

Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.

10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir.

11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.

12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.

13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.

Jehú mata a Joram

14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria;

15 pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.

16 Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.

17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?

18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.

19 Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo.

20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.

21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel.

22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?

23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías: !!Traición, Ocozías!

24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro.

25 Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:

26 Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.

Jehú mata a Ocozías

(2 Cr. 22.7-9)

27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí.

28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.

29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.

Muerte de Jezabel

30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana.

31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor?

32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos.

33 Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló.

34 Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.

35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.

36 Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel,

37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.

Jehú extermina la casa de Acab

10:1  Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:

Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,

escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.

Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?

Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te parezca.

El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban.

Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel.

Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.

Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a todos éstos?

10 Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.

11 Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno.

12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino llegó a una casa de esquileo de pastores.

13 Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina.

14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.

15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro,

16 y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro.

17 Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.

Jehú extermina el culto de Baal

18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho.

19 Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.

20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron.

21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo.

22 Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras.

23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los siervos de Baal.

24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro.

25 Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,

26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.

27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.

28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel.

29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.

30 Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.

31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.

32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,

33 desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán.

34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

35 Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria; y reinó en su lugar Joacaz su hijo.

36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de veintiocho años.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society