«EL PROVECHO DE LA AGONÍA»

8 abr 2016

«EL PROVECHO DE LA AGONÍA»

por el Hermano Pablo

a1La tragedia ocurrió de noche en una de las capitales más grandes del mundo. Joseph Hawkins, de veintiún años de edad, se encontraba en el patio de su casa cuando lo mataron a tiros desde un auto que pasó velozmente. Se suponía que el joven había tenido vinculación con alguna pandilla de muchachos de la comunidad, aunque esto no pudo comprobarse. Fue un gran dolor para toda la familia.

La madre de Joseph, Loma Hawkins, quien no se amilanó ante su muerte, lanzó un programa de televisión que tituló «El provecho de la agonía», en el que invitó a todas las madres que habían pasado por una experiencia similar a venir a exponer ante las cámaras su sentir. El proyecto comenzó a tomar auge.

No obstante, dos años después la tragedia golpeó por segunda vez el hogar de Loma. Un segundo hijo, Geraldo, de diecisiete años de edad, fue asesinado en idéntica forma. El dolor para Loma fue casi insoportable. Pero al preguntarle si seguiría con el programa, ella respondió con énfasis: «Sí, y ahora con doble razón.»

He aquí una madre doliente y sufrida, pero noble, valiente y determinada, que tomó su desgracia como algo inevitable, y dándole vuelta al dolor, lo usó para lanzar un proyecto que tenía el fin de cambiar el destino de su comunidad. En la zona donde ella vivía, ese tipo de homicidios ocurrían a diario. El esfuerzo de esta mujer contribuyó a cambiar la situación.

El comentario de ella fue: «Espero abrir camino, poco a poco, en la conciencia de todo adolescente que, por tener un auto potente y un arma de fuego en la mano, se cree con derecho a matar al que se le ocurra.»

Ante desgracias como ésta, la reacción del doliente toma uno de dos cursos: o sume a la persona destrozada en una profunda depresión de la cual no encuentra, ni desea encontrar, salida, o reacciona como lo hizo Loma Hawkins, quien ante el terrible dolor de ver a su hijo muerto a balazos, alzó la vista al cielo y dijo: «Señor, ayúdame a encontrarle algún provecho a esta tragedia.»

Ella no sólo se permitió hallar consuelo y fortaleza, sino que actuó inmediatamente en auxilio de otros. Y en su dolor, usó su agonía para lanzar un proyecto con el fin de cambiar a su comunidad.

En medio de la desesperación, podemos pedirle a Dios gracia para llenar primero nuestro propio corazón con amor y perdón, y luego para ayudar a otros que tienen aflicciones afines. Él es más grande que toda tragedia, y puede cambiar en provecho lo que es desastre. Dios sólo espera que acudamos a Él.

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El niño y el desarrollo del concepto de Dios

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 3

El niño y el desarrollo del concepto de Dios

a1Entre las áreas de desarrollo y formación en la vida de cada persona, hay dos que no son muy evidentes, pero que afectan en forma profunda todo lo que somos y hacemos. Son las áreas que tienen que ver con nuestra auto-imagen y con nuestra imagen de Dios. Creo que cada persona vive la vida queriendo responder a estos dos grandes interrogantes: ¿Quién soy yo? y ¿Quién es Dios? Vamos definiendo las respuestas a través de múltiples circunstancias y experiencias a lo largo de toda la vida. Lamentablemente, ningún proceso formativo es libre de las distorsiones que causa el pecado, y gran parte de la tarea de la iglesia es ayudar a las personas a corregir los conceptos equivocados que tienen acerca de su propia persona y acerca de Dios. El proceso de corrección de estos conceptos nos llevará toda la vida, pero la etapa de mayor influencia formativa es la de la niñez. Durante esa etapa estamos rodeados de personas que, para bien o mal, son capaces de transmitirnos conceptos acerca de nosotros mismos y de Dios por medio de la coherencia de sus vidas, sus actitudes, sus palabras y sus maneras de interactuar con nosotros.

La tarea del maestro en la iglesia, por supuesto, está ligada profundamente a estos procesos de aclaración y corrección de conceptos. Él, aún más que cualquier otra persona en la iglesia, está influenciando en forma positiva o negativa lo que sus alumnos aprenden sobre su valor como personas y sobre la persona de Dios. Esta tarea no es de poca importancia. La verdadera madurez espiritual se logra recién cuando hay una completa integración de un sano concepto propio con una correcta comprensión de Dios. Jesús enfatizó esta gran verdad en su respuesta a un experto en la ley cuando dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente.” Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37–39). Es imprescindible que los que somos parte de los procesos de formación espiritual de los niños estemos evaluando y corrigiendo continuamente nuestras propias respuestas a estas dos grandes preguntas.

La importancia de conocer las limitaciones cognoscitivas del niño

¿Cuáles son los elementos que contribuyen a la formación de un concepto más correcto de la imagen de Dios en los niños? Hay varios factores que tenemos que tomar en cuenta aquí, y uno de ellos es la necesidad que tenemos como adultos de comprender el desarrollo cognoscitivo del niño. Sin profundizar mucho el tema, podemos destacar algunas áreas importantes en el desarrollo intelectual del niño que han de afectar su comprensión de lo que le enseñamos acerca de Dios. Es importante reconocer que todo lo que hacemos con el niño dentro del marco de la iglesia está siendo comprendido dentro del contexto de la iglesia como “la casa de Dios”. Él está formando sus primeras actitudes acerca de Dios, la Biblia y la iglesia. El maestro que ama al niño, que comprende sus limitaciones, que cumple con sus promesas con él y que lo valora como persona está ayudando para que el niño perciba a Dios así en relación con su persona. En cambio, si el niño siente rechazo, desprotección, incomodidad física y desconfianza frente a las personas que le enseñan en la iglesia, conceptuará a Dios con las mismas características hacia él.

Mi padre, después de cumplir los ochenta años, pasó varios años enseñando la Biblia a niños preescolares en guarderías cristianas. Una tarde, en medio del recreo, un niño de cuatro años le pidió que lo levantara en sus brazos. Mi padre lo hizo, y el niño tomó su rostro entre sus pequeñas manos y dijo: “Abuelo, tú debes ser Jesús.” Siempre pienso en ese incidente cuando veo a maestros entre sus grupos de niños. ¿Qué ejemplo de Jesús estamos transmitiendo mediante el trato que tenemos con ellos?

Otro aspecto del desarrollo cognoscitivo de los niños es su dificultad en entender elementos abstractos, simbólicos y figurativos. Su capacidad para entender abstracciones se desarrolla recién alrededor de los diez u once años de edad. Su aprendizaje es en forma concreta y literal y es necesario tener siempre esto presente. Esto se hace muy complicado cuando nos damos cuenta de que la gran mayoría de los conceptos espirituales son abstracciones. En una ocasión, una maestra estaba enseñando a los niños sobre la doctrina del Espíritu Santo y utilizó el ejemplo del bautismo de Jesús cuando el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Un niño de la clase fue de paseo con su familia esa tarde y visitaron una plaza en el centro donde había una gran cantidad de palomas. Los padres se sorprendieron cuando exclamó: “¡Mamá! ¡Mira cuántos Espíritus Santos hay en la plaza!” El niño estaba simplemente demostrando su pensamiento literal.

Me contaron que en otra iglesia un niño preescolar comentó a su madre que esa mañana en la iglesia “había visto a Jesús.” La madre le hizo varias preguntas para tratar de entender el porqué de esta revelación y el niño insistió diciendo: “¡Sí, lo vi! Tenía traje negro y corbata y vino a la clase a buscar la ofrenda.” Otra vez más la necesidad de pensar en forma concreta resultó en una interpretación propia de lo que había dicho la maestra: “Vamos a dar nuestras ofrendas a Jesús.” Ojalá el ujier que buscó la ofrenda hubiese tratado bien a los niños, porque si los tratara mal, el trato venía de “Jesús”. Éstas son algunas de las complicaciones que se deben tomar en cuenta en la enseñanza de niños dentro de la iglesia.

La importancia de las relaciones afectivas en la formación de la imagen de Dios

Otro factor que influye mucho en el desarrollo de la imagen de Dios en los niños es la relación afectiva que tienen con los adultos que representan autoridad para ellos. Lo más importantes en este sentido son los padres, por supuesto. La Dra. Rebeca Land, una especialista en terapia familiar, dice: “En una forma muy real, la formación más temprana del concepto de Dios en el niño es el resultado directo del tipo de cuidado que recibe de sus padres.” Podríamos ampliar el concepto y decir que afecta de la misma manera el tipo de cuidado que recibe de todas las personas en autoridad sobre él, especialmente los que le enseñan la Palabra de Dios. El niño ha de sentirse amado por Dios si es amado por estas personas, y si ese amor es expresado hacia él en maneras que puede entender. El niño se siente amado si es respetado, tomado en cuenta, escuchado, cuidado y tocado con amor. El Dr. Ross Campbell en su libro SI AMAS A TU HIJO menciona la importancia de mirarle directamente a los ojos al niño cuando uno le habla. Es una manera sencilla de mostrarle respeto y de tomarlo en serio.

Por otro lado, si el niño es tratado con violencia física o verbal, con indiferencia o con rigidez, o si es abandonado física o emocionalmente, estos tratos también contribuirán a formar un concepto negativo de Dios. Es imposible comprender el amor de Dios fuera de los parámetros del amor que hemos recibido nosotros mismos. Los recuerdos dolorosos de la niñez donde no hubo afecto son demasiado profundos y siguen afectando el concepto de Dios aun en los años de vida adulta.

El efecto de la disciplina en la formación de la imagen de Dios

También contribuyen a la formación de la imagen de Dios las formas de disciplina que recibe el niño en su niñez. Debemos hacer una distinción entre disciplina y castigo. La disciplina correcta es una expresión de amor que es definida por la necesidad que tiene el niño de tener límites en su vida. La disciplina correcta corrige las conductas erradas y estimula conductas apropiadas. En cambio, el castigo es percibido por el niño como rechazo y, a menudo, provoca la rebeldía. Escuché a un padre decir que el castigo es señal de que la disciplina no ha sido adecuada. Las formas de disciplina que recibe el niño producen efectos mucho más allá que sus conductas. También tienen un efecto profundo sobre sus actitudes. Si recibe una disciplina coherente que se lleva a cabo dentro de los parámetros de sus capacidades de niño, se afirmará su valor como persona y le otorgará mucha seguridad en su desarrollo. En cambio, si la disciplina que recibe es abusiva o severa en extremo, el niño ha de adquirir la percepción de ser de poco valor como persona. Empieza a creer que nunca llegará a la medida que los adultos esperan de él. Ante estas experiencias negativas, él irá asumiendo culpa por todas las cosas que le salen mal y su espíritu quedará herido, quedando en él la sensación de que no sirve o que no puede.

El equilibrio en la disciplina que ejercen los adultos sobre los niños debe asemejarse a la disciplina que forma parte de nuestra vida con Dios. Él no hace demandas sobre nosotros que no podemos cumplir sino que promete estar a nuestro lado para ayudarnos a cumplirlas. “El Señor disciplina a los que ama” (Hebreos 12:6). Más de lo que creemos o entendemos, la disciplina equilibrada y bien llevada lleva al niño a formar un concepto correcto de Dios. La realidad es que, habiendo llegado a ser adultos, muchas personas reflejan la disciplina que recibieron de niños al percibir a Dios como un verdugo, enojado siempre, injusto, caprichoso y deleitándose en castigar a sus hijos.

En nuestros intentos de controlar las conductas de los niños recurrimos muchas veces a las amenazas. Repetimos las mismas amenazas que nuestros padres nos gritaron en nuestra propia niñez. Nosotros sabemos que no estamos hablando en serio cuando decimos estas cosas, pero nos olvidamos de que el niño no lo entiende así. Él cree absolutamente en lo que dicen los adultos y lo toma muy en serio. Como tal, nuestras amenazas huecas sólo sirven para asustarlo y terminan causándole confusión y ansiedad. Lógicamente, afectan también el concepto que irá formando de Dios. Entre las muchas amenazas que se escuchan por ahí se encuentran expresiones como éstas: “¡Dios te va a castigar! ¡Si haces eso otra vez, no te quiero más! ¡Si no dejas de llorar, te dejo aquí y me voy! ¡Pórtate bien o te mato!” Todas estas expresiones son amenazas que, por supuesto, los padres no van a llevar a cabo. Pero el niño, por su forma de entender las cosas, nunca puede estar seguro de eso. Lo que sí se va formando en él es una percepción de la no confiabilidad de las personas en autoridad sobre él, y esa percepción, por lógica, se transfiere también a Dios.

El efecto de conceptos religiosos mal interpretados en la formación de la imagen de Dios

Todo lo que se hace y se dice dentro de la iglesia tiene un impacto profundo sobre el concepto de Dios que el niño está formando. Dos cosas afectan esto. Uno es el trato que recibe de parte de las personas en autoridad. El otro es que por lo general todas las cosas que se hacen o que se dicen en la iglesia no están orientadas hacia el niño y, por tanto, fácilmente pueden ser mal interpretadas por él. Igualmente, el vocabulario religioso que utilizamos tiende a ser muy arcaico y desconocido por los niños. Ellos escuchan canciones y oraciones cargadas de expresiones muy simbólicas y difíciles de entender con el vocabulario limitado que tienen. Cuando el niño no entiende una frase o una palabra, su tendencia es sustituir alguna palabra que suena parecido y que sí es conocida por él. Todos los que trabajamos con los niños hemos escuchado sus interpretaciones tan originales. Una niña escuchó cantar muchas veces el himno que comienza: “Nunca, Dios mío, cesarán mis labios de bendecirte y cantar tu gloria.” Por muchos años creyó que la letra decía: “Nunca, Dios mío, besarás mis labios”. Otro niño preguntó quién era “La hermana Déjaque.” Cuando nadie supo contestarle, agregó: “Sí, es la que siempre se mueve, porque la canción dice: “Oh, hermana Déjaque se mueva.” Evidentemente, era su interpretación de un coro contemporáneo que habla del mover del Espíritu Santo sobre su pueblo.

Por supuesto, es imposible evitar este tipo de mal entendidos, pero por lo menos tendríamos que estar atentos para aclararlos cada vez que escuchamos esta clase de confusión. Es importante recordar que el niño no está tratando de ser gracioso, sino que se esfuerza siempre por entender lo simbólico y figurativo de nuestro lenguaje religioso. Si no hay personas que le ayudan a aclarar su confusión, asimilará conceptos erróneos y hasta ridículos acerca de Dios.

Otra área de confusión para los niños tiene que ver con las celebraciones religiosas. Se crea mucha confusión en ellos por las maneras en que llevamos a cabo los programas dentro de la iglesia para eventos como la Navidad o la semana de Pascua. Un niño quiso ilustrar lo que era para él la Pascua. Dibujó un conejo clavado sobre una cruz. Su intento respondía a la confusión creada en su mente por la diversidad de símbolos que rodean este evento tan importante en el calendario de la iglesia. El énfasis en los huevos de Pascua, en Papá Noel y en otros elementos tradicionales que no tienen nada que ver con los relatos bíblicos confunden porque nadie les explica cuáles son los elementos verdaderos, o cuáles los bíblicos, y cuáles son representativos de la tradición y la cultura. Nosotros, que trabajamos en la formación espiritual del niño, debemos comprender la forma de pensar de ellos y ser sensibles a esta mezcla de estímulos que reciben tanto de los medios como de la iglesia. Debemos hacer lo posible para expresar en lenguaje sencillo y claro lo que son las verdades y doctrinas básicas que son representadas por estas dos fiestas importantes.

El vocabulario religioso también resulta sumamente confuso para los niños en otra área. Me refiero a las formas en las cuales les explicamos el plan de salvación. Yo creo, personalmente, que cometemos los errores más graves con ellos dentro de este contexto. En lugar de simplificar este elemento básico de la fe, la disfrazamos con símbolos que crean más confusión. Además, en el afán de tener programas exitosos usamos todo tipo de disfraces, esperando que un niño tome en serio el mensaje que esté dado por un payaso o por una verdura graciosa. No presentaríamos el evangelio de esta manera a los adultos porque sería una falta de respeto. Pero lo hacemos con los niños, porque el único criterio que aplicamos es si al niño le gusta o no. El niño se interesa por cualquier cosa novedosa. No nos detenemos para preguntar qué entienden ellos acerca de Dios por estas presentaciones. Ni tampoco queremos admitir que muchas veces estamos utilizando un cierto manipuleo de sus emociones para conseguir el fin que deseamos, aprovechando el hecho de que el niño tiende a responder en sumisión a la autoridad de un adulto. Yo creo que a través de nuestras presentaciones muchas veces estamos siendo de tropiezo a los niños porque estamos llenando sus mentes de elementos que crean confusión en vez de guiarlos a Dios por un camino claro y coherente. Me parece que tenemos que pensar seriamente sobre cómo estamos afectando el desarrollo del concepto de Dios en los niños y cambiar muchos de los métodos que utilizamos.

El efecto de los medios de comunicación en la formación de la imagen de Dios

Es necesario reconocer el efecto alarmante que los medios de comunicación están teniendo sobre la vida del niño actual. Aunque éste es un tema extenso que merece una investigación cuidadosa, quiero señalar ciertos factores. Un área sumamente preocupante es la violencia como una forma de adquirir el poder. Los primeros conceptos que va adquiriendo el niño sobre el uso de la violencia y el poder vienen por los medios de comunicación, especialmente por la televisión. Por lo tanto, lo que se le enseña en la iglesia sobre el poder de Dios será interpretado por lo que ya aprendió en la televisión o en los video-juegos. Me contó una maestra cómo en su iglesia un niño había hecho la declaración con firmeza de que no le interesaba seguir a Jesús porque “él era un perdedor”. Prefería seguir al superhéroe (y nombró uno de moda) porque tenía más poder y nadie lo podía matar. Quizás otros niños no se expresan en una forma tan tajante, pero este ejemplo sirve para mostrar la confusión que los programas de televisión pueden crear en la mente del niño. Nuestro énfasis debe ser el hecho de que el poder que tiene Dios no se basa en la destrucción de personas, sino en que él hace posible que se transformen desde adentro hacia fuera y que su poder hace posible que convivamos en paz y amor el uno con el otro, sin buscar formas de vengarnos. La enseñanza bíblica debe representar una fuerza de resistencia frente al alud de violencia que inunda la vida de los niños de hoy.

Los medios de comunicación también endiosan a los cantantes, los actores de cine y los deportistas, mostrando sus vidas como algo para emular. A la vez, los valores distorsionados y la incoherencia de vida de estos artistas, quienes llegan a ser los ídolos de los niños y adolescentes, crean ambigüedad en cuanto a los verdaderos principios cristianos sobre la moral y la ética. La iglesia, y en forma más directa los padres cristianos, se sienten amenazados por este constante bombardeo de imágenes e influencias que afectan a sus niños. Y los niños, por su lado, se sienten solos, sin espacio seguro donde pueden expresar sus inquietudes. A la vez nosotros, los adultos que debemos responder a sus interrogantes, nos encontramos demasiado ocupados como para estar escuchándoles, dejándoles sin una orientación correcta.

Debido a estas influencias mundanas que invaden continuamente nuestras vidas hoy día, creo que como nunca antes en la historia, nosotros los adultos debemos involucrarnos en las vidas de los niños, siendo para ellos una presencia estable y confiable en todo momento. El hecho de ser personas accesibles al niño, con un interés genuino en los diversos aspectos de su vida, permitirá que éste encuentre fuerza para resistir los valores falsos del mundo. A la vez, esta relación de afecto y confianza ayudará a sembrar los elementos para desarrollar una relación sentida con Dios. El niño necesita ver en el adulto un ejemplo de amor, estabilidad y compromiso de fe que le ayudará a él a emular esos mismos valores y a formar, como consecuencia, un concepto correcto de Dios.

Sin el compromiso de adultos que aman a Dios y se dedican al ministerio de los niños, hemos de ir retrocediendo ante las influencias invasoras del mundo secular. Una parte fundamental de este proceso de resistencia tiene que ver con el desarrollo de un concepto sano e íntegro de quién es Dios. Lo que el niño aprende en su niñez determinará lo que será como adulto. Cuando necesito inspiración en esta singular tarea, o cuando me siento desanimado, traigo a mi mente las palabras de Jesús: “El Rey les responderá: Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25:40).

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 29–37). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

El aceite de la viuda

2 Reyes 4-6

El aceite de la viuda

a14:1  Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.

El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.

Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.

Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.

Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

Eliseo y la sunamita

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.

Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.

10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.

11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió.

12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él.

13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.

14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.

16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.

17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

18 Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores;

19 y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.

20 Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.

21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió.

22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.

23 El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo.[a] Y ella respondió: Paz.

24 Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.

25 Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.

Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.

26 Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien.

27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.

28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?

29 Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño.

30 Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.

31 El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta.

32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama.

33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.

34 Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor.

35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.

36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.

37 Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

Milagros en beneficio de los profetas

38 Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas.

39 Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era.

40 Después sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo: !!Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer.

41 El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.

42 Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma.

43 Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.

44 Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová.

Eliseo y Naamán

5:1  Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.

Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.

Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.

Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.

Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.

Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.

Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.

Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.

Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.

Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.

10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.

11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.

12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.

13 Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?

14 El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.

16 Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.

17 Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.

18 En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo.

19 Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra.

20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.

21 Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien?

22 Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos.

23 Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él.

24 Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen.

25 Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte.

26 El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?

27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.

Eliseo hace flotar el hacha

6:1  Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.

Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.

Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.

Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron la madera.

Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: !!Ah, señor mío, era prestada!

El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro.

Y dijo: Tómalo. Y él extendió la mano, y lo tomó.

Eliseo y los sirios

Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.

Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los sirios van allí.

10 Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el fin de cuidarse.

11 Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?

12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío, sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta.

13 Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a prenderlo. Y le fue dicho: He aquí que él está en Dotán.

14 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad.

15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: !!Ah, señor mío! ¿qué haremos?

16 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.

17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

18 Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo.

19 Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los guió a Samaria.

20 Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria.

21 Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los mataré, padre mío?

22 El le respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores.

23 Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel.

Eliseo y el sitio de Samaria

24 Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.

25 Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.

26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío.

27 Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar?

28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.

29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.

30 Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo.

31 Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.

32 Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme la cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su amo?

33 Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué he de esperar más a Jehová?

Footnotes:

  1. 2 Reyes 4:23 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Testimonio de un testigo ocular

Abril 7

Testimonio de un testigo ocular

Lectura bíblica: 1 Corintios 15:5–9

Luego apareció a más de quinientos hermanos a la vez. 1 Corintios 15:6

a1Don Pascual entró en la comisaría con cara de terror. Con los ojos desorbitados y los pelos canosos de punta, dijo al comisario:
—Uno de esos platos voladores acaba de aterrizar otra vez en mi maizal.

El comisario se mordió los labios para no reírse. No era la primera vez que escuchaba esto.
—Y esta vez, ¿qué aspecto tenía? —preguntó el comisario.
—Más o menos del tamaño de mi segadora, con lucecitas de Navidad por dentro.
—La última vez se parecía a la nave Enterprise, de “Viaje a las estrellas”.
—Sí señor, pero eso fue la vez pasada —aclaró don Pascual—. Eso fue cuando el capitán Picard salió de la nave y me habló.
—Y esta vez, ¿le habló alguien, don Pascual?
—Por supuesto —dijo don Pascual—. Fueron unos seis seres, que se parecían algo a los Muppets.
—¿Y qué querían esos Muppets del espacio, don Pascual?
—Querían un poco de mi maíz para llevar a casa. Les dije que estaba bien, y entonces Elmo y Oscar pelaron dos mazorcas y, bam, desaparecieron.

El comisario se inclinó hace adelante, y muy serio preguntó:
—Don Pascual, ¿alguien más alcanzó a ver esos seres que se parecían a los Muppets? ¿Su esposa? ¿Sus hijos?

Don Pascual meneó lentamente la cabeza:
—No, para cuando regresé a casa para contarle a doña Betty, hacía rato que habían desaparecido en el espacio… igual como el capitán Picard y la nave Enterprise.

No podemos menos que preguntarnos por qué los platos voladores que tantos dicen haber visto nunca aterrizan en lugares como el centro de la Ciudad de México, donde millones de personas podrían verlos. Es difícil creer en seres extraterrestres cuando sólo se le aparecen a una o dos personas a la vez.
Jesús no fue tan difícil de ver después de su resurrección. No se le apareció a sólo unas pocas personas: ¡Se apareció a cientos en su cuerpo resucitado! Su victoria sobre la muerte no era para mantenerla en secreto. Él quería que sus seguidores lo vieran con vida. Él quería que la gente supiera que su resurrección era una realidad, no un cuento inventado. Él quería que fuera fácil aun para nosotros en la actualidad creer que la resurrección fue un hecho real. ¡Menos mal que Jesús no se escondió en algún maizal! Dejó que mucha gente lo viera a fin de que pudiéramos saber que verdaderamente resucitó.

PARA DIALOGAR
¿Por qué hizo Dios que su plan fuera tan fácil de observar?

PARA ORAR
Gracias, Señor, por trazar un plan para salvarnos y por dejar que tantas personas te vieran. Abre los ojos de nuestros amigos que todavía no han visto la verdad.

PARA HACER
¿Tienes algún amigo que cree que la resurrección es un cuento ridículo e inventado? ¡Cuéntale la realidad!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«MI FAMILIA NO SABE NADA»

7 abr 2016

«MI FAMILIA NO SABE NADA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Hace una semana nos enteramos de que [mi novia] está embarazada…. Aún estoy estudiando. Por eso es que ella decidió no decir de quién es el niño que espera. Al parecer, su mamá la va a apoyar, pero mi familia no sabe nada. Le he pedido al Señor, arrepentido, que me dé otra oportunidad y que ese niño no nazca o sea mentira que está embarazada. No sé qué hacer. Siento pena por ella, y pienso en lo que será después.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»No hay duda de que usted tiene razón para sentir pena por su novia. Y tiene razón para estar preocupado por lo que ha de suceder. Sin embargo, rogarle a Dios que convierta lo ocurrido en nada más que una pesadilla es poco realista e irresponsable. Ha hecho bien al pedirle perdón a Dios, pero no espere que Él, por arte de magia, elimine las consecuencias de lo que usted ha hecho.

»… A fin de guardar el secreto [debido a que usted aún está estudiando, su novia] ha decidido negarse a revelar el nombre suyo como el padre del bebé. Como resultado, es probable que la gente crea que ella ha tenido relaciones sexuales con varios hombres y que no sabe cuál de ellos es el padre. Esa clase de chismes hará que sea peor aún la situación en que ella se encuentra.

»Si su novia no proviene de una familia con recursos económicos adecuados, es muy probable que el incremento de gastos tarde o temprano la obliguen a buscar ayuda monetaria de parte de usted, tal vez hasta en los tribunales de justicia. Cuando usted termine sus estudios y consiga un empleo, puede estar casi seguro de que se le pedirá o exigirá que sustente económicamente a su hijo o hija.

»Sería mucho mejor que le dijera a su familia ahora lo que ha sucedido y asumiera la responsabilidad por la criatura que ha engendrado. Entonces usted y su novia, con sus padres y los de ella, podrían decidir qué es lo que más le conviene al niño. Nosotros creemos que el permitir que padres amorosos lo adopten es la mejor opción para los jóvenes estudiantes. Como padres adoptivos que somos, sabemos que hay miles de matrimonios que no han podido tener sus propios hijos biológicos y están esperando tener un hijo al que puedan amar durante toda la vida.

»Sin embargo, si deciden no darlo en adopción, usted tendrá que cambiar sus planes para participar de lleno en la vida de su hijo. Ningún niño merece crecer sin la presencia de su padre, y con frecuencia a quienes les toca crecer en esas condiciones afrontan años de rechazo y marginación social.

»Usted optó por quebrantar las leyes de Dios y tener una relación sexual antes del matrimonio, y eso quiere decir que optó por correr el riesgo de que su novia quedara embarazada. Ahora debe decidir hacer lo correcto por el bien de su hijo y por el bien de su novia.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 383.

http://www.conciencia.net/

El uso de las Escrituras en la enseñanza de los niños

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 2

El uso de las Escrituras en la enseñanza de los niños

a1Un domingo, cuando mi hija tenía ocho años de edad, salió de la iglesia muy disgustada. En el auto, volviendo a la casa, expresó con estas palabras su parecer sobre la clase que habían tenido en la escuela dominical.

—¡Mama, me aburre la clase de escuela dominical! Las maestras no hacen más que contarnos historias de ovejas y trigo y uvas. ¡No entiendo nada!

Indagando un poco sobre el asunto, me enteré que para la edad de los escolares estaban usando una serie de lecciones sobre las parábolas de Jesús. Me imagino que las personas que habían escrito el material, como también los maestros que lo estaban utilizando, habían hecho un gran esfuerzo para lograr que los niños entendieran esas enseñanzas tan importantes. Pero no habían logrado su objetivo, por lo menos en el caso de mi hija. Creo que en parte era porque mi hija siempre ha sido una persona práctica en sus enfoques frente a la vida. Las fantasías y los cuentos de hadas nunca le han interesado. Pero por otro lado, creo que ella estaba reaccionando en contra de estas lecciones por las limitaciones de comprensión que son propias de los niños de esa edad. Estoy segura que en toda probabilidad había niños presente cuando Jesús pronunció originalmente las parábolas, pero indudablemente tampoco no entendieron lo que a los adultos les resultó difícil de entender. Las parábolas de Jesús estaban impregnadas de alegorías, figuras y simbolismos. A los adultos les costaba entender las verdades misteriosas y escondidas dentro de las parábolas. Por ejemplo, en la ocasión cuando Jesús habló de la parábola del sembrador (Mateo 13:1–12; Marcos 4:1–12 y Lucas 8:4–10), los discípulos le preguntaron cuál era el significado de la parábola. Jesús les contestó que a ellos se les había concedido que conocieran los secretos del reino de Dios, “pero a los demás se les habla por medio de parábolas para que ‘aunque miren, no vean; aunque oigan, no entiendan.’ ” (Lucas 8:9, 10). Entre todo lo que implica su respuesta, por lo menos podemos entender que hay enseñanzas que son entendibles para algunos pero no para otros. ¿Por qué pensamos, entonces, que si a los adultos en el tiempo de Jesús les costaba entender las parábolas (y desde entonces hasta hoy), los niños actuales podrán entender toda la magnitud y complejidad de estos pasajes?

Creo que a todos nosotros que asumimos la sagrada responsabilidad de enseñar la Biblia, nos corresponde aplicar lo que sabemos acerca de las limitaciones cognoscitivas y emocionales de los niños en la selección de los pasajes bíblicos que hemos de enseñar. Estas limitaciones nos condicionan en el material que hemos de enseñar. Aunque toda la Biblia es “inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (2 Timoteo 3:16), la manera cómo ciertas partes son enseñadas a los niños merece mucho cuidado. Me refiero al hecho de que debemos tener muchísimo cuidado en la elección de las porciones bíblicas que utilizamos porque su contenido no es adecuado para su edad de desarrollo. Corremos el peligro de que nuestra enseñanza de la Biblia pueda servir de impedimento en el crecimiento espiritual del niño. Vamos a mirar algunos de los parámetros que se deben tomar en cuenta en cuanto a esto.

No debemos basar nuestra enseñanza sobre situaciones que trascienden su experiencia evolutiva

Aquí estoy pensando especialmente en incidentes que contienen dimensiones sexuales. Éstos no corresponden porque el niño no tiene una capacidad de entender aún la relación íntima sexual entre hombre y mujer ni mucho menos el actuar de Dios con relación a estas circunstancias. La Biblia abunda en situaciones de conductas sexuales ilícitas, por lo menos desde el punto de vista de la moral cristiana. Basta con ver dos ejemplos: uno sería la experiencia que vivió el profeta Oseas donde recibe instrucciones de Dios de tomar como esposa a una prostituta y concebir por ella “hijos de prostitución” (ver Oseas 1:2–11, etcétera). Otro ejemplo sería el trágico incidente que se relata acerca de un levita y su concubina y la conducta de hombres perversos de Guibeá (ver Jueces 19). Inclusive, cuando uno usa algún relato bíblico que incluye detalles que tienen que ver con conductas sexuales (José y la esposa de Potifar [Génesis 39]; David y Besabé [2 Samuel 11] etcétera.), se busca una forma de contar lo ocurrido sin entrar en los detalles o explicaciones que para los niños serían problemáticos.

No debemos enseñarles doctrinas que no pueden entender

Recuerdo haber vivido en mi niñez, cuando estaba en cuarto grado, un período de dudas angustiantes por haber entendido mal la doctrina de la predestinación. Un maestro bien intencionado quiso hacernos entender el significado de esta doctrina. Como consecuencia, viví varios meses aterrada pensando que iba al infierno porque seguramente no había sido elegida por Dios para recibir la vida eterna. Afortunadamente, por un comentario que yo hice, mi padre se dio cuenta de mi angustia y con gran sabiduría supo calmar mis temores y asegurarme de que era hija de Dios.

Muchas de las doctrinas fundamentales de la vida cristiana deben ser enseñadas dando cuidadosa atención a la capacidad del niño para entenderlas. Dado sus escasas experiencias de vida y sus limitaciones de comprensión, el niño pequeño no podrá entender los pormenores de algunas doctrinas como la doctrina sobre el castigo eterno del incrédulo, los acontecimientos finales antes de la segunda venida de Cristo y otros. No estoy sugiriendo que las doctrinas básicas de la fe cristiana no se deben enseñar, sino que deben ser enseñadas cuando la persona tenga la edad suficiente para comprender e incorporarlas a su vida cristiana. Generalmente sería más apropiado dar este tipo de enseñanza cuando se llegue a la adolescencia o a la juventud.

No debemos usar pasajes bíblicos que crean confusión acerca de la persona de Dios y su manera de relacionarse con los hombres

En una ocasión me causó gran desilusión ver un material para la capacitación de maestros de niños que utilizaba como relato bíblico modelo el pasaje que se encuentra en 2 Reyes 2:23–25. Esta porción de las Escrituras relata cómo el profeta Eliseo maldice en el nombre de Dios a algunos muchachos que se estaban burlando de él. Como resultado, salieron dos osas del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de ellos. Uno no puede menos que sentir sorpresa y repugnancia contra el castigo cruel que el profeta lanzó contra esos niños. No podemos dudar de que el incidente es veraz y queda así registrado en la Biblia. Pero es un incidente aislado que se debe equilibrar por decenas de otros relatos que muestran la misericordia de Dios. El hecho de utilizar este incidente como un vehículo de enseñar verdades sobre la persona de Dios es crear confusión y temor en los niños. El niño automáticamente se identifica con los muchachos horriblemente muertos en el relato bíblico y en la mente le entran dudas si ese tipo de castigo podría caer sobre él por algún error que pudiera cometer.

Otro pasaje que a los niños se debe enseñar con mucho cuidado se encuentra en el capítulo 22 de Génesis, donde se narra el sacrificio de Isaac. La dimensión enorme de la lección de fe que Abraham aprendió en ese momento va más allá del entendimiento de un niño. Lo único que él puede entender es que Dios pidió que un padre maltratara a su hijo con la intención de matarlo y que el padre lo hizo obedeciendo las órdenes de Dios.

Muchas partes del Antiguo Testamento contienen escenas de violencia y de conflicto. Al ser éstas incluidas en lecciones para niños sin un contexto correcto, se les ha infundido temor. Aunque no es la intención del maestro, algunos niños se convencen desde pequeños de que Dios es un ser lleno de ira y que utiliza su soberanía y poder para castigar a la indefensa humanidad. El maestro, quien por su propio desarrollo espiritual está convencido de la bondad y la misericordia de Dios, puede ayudar al niño a entender que el castigo que sufrió el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento se debió a su incredulidad y desobediencia, y no al capricho de un Dios iracundo y vengativo. Dios quiso protegerlos y cuidarlos, pero por su desobediencia, ellos eligieron salir de la cobertura de su protección y provisión.

Aunque me he referido a algunos elementos que debemos evitar en la enseñanza de los niños, prefiero enfocar este tema en sentido positivo en vez de negativo; no tanto por lo que NO debemos enseñar sino por lo que SÍ. El parámetro que debe utilizar el maestro en la selección de los pasajes bíblicos se debe definir primeramente por todo aquello que sí bendice y fortalece la vida espiritual del niño. La Biblia es una fuente inagotable de riqueza para esto y el maestro tiene el privilegio de ser canal de bendición en su enseñanza de estos pasajes edificantes. Señalo algunos elementos que deben guiarnos en esta tarea.

Debemos enseñar historias que inspiran al niño a admirar la maravillosa obra de Dios

En muchísimas ocasiones ha sido mi privilegio observar cómo cae un silencio absoluto sobre un grupo de niños cuando ellos quedan inmovilizados al escuchar algún relato bíblico que muestra la grandeza de Dios. Éstos son momentos sagrados y dan evidencia de la obra del Espíritu Santo haciendo vivir las Escrituras en las mentes de los niños. Existen maravillosas historias que muestran el poder de Dios. En el Antiguo Testamento, uno ve el poder de Dios actuando a favor de su pueblo elegido especialmente bajo el liderazgo de Moisés y de Josué. En el Nuevo Testamento uno encuentra en la vida de Jesús una infinidad de ejemplos, como cuando él calma la tormenta, o cuando da sanidad a los enfermos. La Biblia es una fuente casi inagotable para el maestro en enseñar las maravillosas obras de Dios.

Debemos enseñar historias que alientan al niño a saber que Dios se deleita en tomar nuestras debilidades y usarlas para la bendición de otros

Las historias clásicas de este tipo son las experiencias de Gedeón, de Daniel o de David. En el Nuevo Testamento vemos en las vidas de Pedro y de Pablo, entre otros, a personas que fueron utilizadas con poder a pesar de sus propias debilidades. La Biblia no trata de cubrir los defectos de las personas, sino que muestra que Dios obra a través de vidas imperfectas para la bendición de otros. Estos testimonios hacen posible que el niño se identifique con estos individuos y aprenda que también Dios lo puede usar para ayudar y bendecir a otros a pesar de sus debilidades.

Debemos enseñar historias que proveen modelos de fe en Dios en medio de las circunstancias difíciles

Hay muchos ejemplos en la Biblia de personas que hicieron la voluntad de Dios a pesar de estar viviendo circunstancias adversas. El capítulo 11 de Hebreos nos da una larga lista de algunos de estos personajes. En el Antiguo Testamento se destacan personas como Abraham, Moisés, José, Daniel, Elías y Eliseo como modelos de lo que significa vivir en obediencia a Dios en medio de sufrimientos y contratiempos. Igualmente en el Nuevo Testamento se destaca el libro de Hechos, donde encontramos otros ejemplos de personas valientes que vivieron en medio de tremendas adversidades mientras proclamaban el evangelio en la época del inicio de la iglesia. El niño de hoy necesita ser alentado en su fe por estas historias, porque muchos de ellos están enfrentando enormes dificultades en sus propias vidas.

Debemos enseñar historias que fortalecen al niño en la adquisición de sus primeros conceptos de las doctrinas fundamentales de la fe

Encontramos una nutrida fuente de enseñanzas en la historia del pueblo Israel que es liberado de la esclavitud en Egipto para iniciar una vida de dependencia en Dios en su largo peregrinaje hasta llegar a la tierra prometida. A través de esa experiencia, los israelitas aprendieron lo que significaba ser el pueblo de Dios y vivir en obediencia a sus decretos. Aunque fracasaron muchas veces, Dios fue fiel. En el Nuevo Testamento tenemos los fundamentos de la doctrina cristiana que nace de la muerte y la resurrección de Cristo, la esperanza de su segunda venida, el inicio de la iglesia primitiva, entre otros. Aunque el niño no está capacitado aún para entender los pormenores de algunas doctrinas, puede ir formando conceptos básicos que han de robustecer su fe.

Debemos enseñar historias que incitan al niño a ser un testigo fiel del Señor

Los ejemplos de los fieles profetas en el Antiguo Testamento como Jeremías, Natán, Daniel, Elías y Eliseo nos animan y nos dan ejemplos de cómo y dónde podemos ser testigos de Dios. En el Nuevo Testamento se destaca la vida del apóstol Pablo como un testigo valiente de su fe en Dios, sirviendo él como un ejemplo sin igual para nosotros.

Su ejemplo también es una manera excelente de inspirar e incentivar a los niños a servir a Dios como misioneros en otros países.

Debemos enseñar historias que animan al niño a poner en práctica en su vida diaria las actitudes y los valores cristianos

Las vidas de los personajes bíblicos están registradas en la Biblia para nuestra instrucción y aliento espiritual. Sus actitudes y conductas establecen modelos para toda persona, incluyendo al niño. Una lista breve lo ilustra: cómo perdonar las injusticias (José), cómo amar (Rut), cómo lograr la paz (Isaac), cómo soportar las crisis de enfermedad y sufrimiento (Job), cómo vivir en mansedumbre (Moisés), cómo obedecer a Dios sin entender todas las razones (Josué), etcétera. Cuando se hace la correcta aplicación de estas vidas a las experiencias reales del niño, éste aprende lo que significa cambiar actitudes y valores para agradar a Dios.

Debemos enseñar historias que traen consuelo al niño y le infunden ánimo en tiempos de crisis

Hay muchos ejemplos de este tipo de historia, pero una de mis preferidas es la que se encuentra en 2 Reyes 4:1–7. Dios provee para una viuda con dos niños a través del profeta Eliseo. Éste le indica a la mujer que debe juntar todo tipo de vasijas y jarros para llenarlos de aceite y luego venderlo para salir de su crisis económica. Recuerdo haber relatado esa historia una noche a un grupo de niñas de nueve a once años de edad. Decidí contar la historia tratando de meterme en la situación de la viuda, comunicando su desesperación y luego el enorme alivio que sintió al ver la milagrosa y abundante provisión de Dios. Las niñas del grupo representaban el nivel de estímulo tan característico de los niños modernos que son expuestos a las computadoras, los video-juegos, el cine y la televisión. Me sentía algo preocupada por si pudiera mantener su interés con mi sencillo relato verbal. Sin embargo, cuando terminé la historia, hubo en el grupo un silencio generalizado que duró varios segundos y luego un suspiro colectivo. Una niña levantó la mano y me dijo: “Señora, esa historia me encanta. ¿No puede contarla de nuevo?” Sus compañeras indicaron que todas estaban de acuerdo con su pedido. Al volver a casa esa noche, quedé pensando en lo que había pasado en la clase. Yo sabía que los padres de varias de las niñas estaban divorciados. Me imaginé que se identificaron totalmente con los hijos de la viuda y la situación de crisis económica que estaban viviendo. Pude saber, entonces, que la historia les había traído consuelo al saber que Dios obra a favor de las viudas y de los huérfanos y seguramente les infundió ánimo en medio de sus propias realidades. Mi experiencia de esa noche ilustra cómo las historias bíblicas cumplen el objetivo de animar y consolar al que sufre.

Debemos enseñar historias que ayudan al niño a saber que el pecado trae consecuencias dolorosas en la vida

La Biblia nos presenta la verdad sobre la condición humana y las consecuencias que el pecado produce en la vida. El niño necesita aprender acerca de su naturaleza pecaminosa y su inclinación natural a hacer el mal. Necesita entender que el pecado es algo grave que distorsiona la vida. Hay historias muy claras que dan ejemplos de cómo el pecado destruyó vidas y trajo consecuencias serias a otros que estaban involucrados. Entre ellas están la de Adán y Eva, de Acán, David, Pedro y otros.

Es importante recordar, sin embargo, que la enseñanza sobre el pecado y sus consecuencias siempre debe incluir el ofrecimiento del perdón de Dios. La meta de toda nuestra enseñanza es acercar al niño al Dios de toda esperanza, quien perdona y restaura vidas y quita la culpa por nuestros errores. El perdón de los pecados es una de las columnas principales de la fe.

Debemos enseñar historias que animan al niño a encontrar la salvación en Jesús

Las historias que encontramos en el libro de Hechos proveen testimonios poderosos de personas que fueron transformadas al poner su fe en Cristo como Salvador. Todo el mensaje de la Biblia es que Dios ama al hombre y quiere su bienestar. Esto es posible únicamente por fe en Cristo, el Hijo de Dios. Las aplicaciones, aun de las historias del Antiguo Testamento, pueden darse de tal forma que el niño es incentivado a ejercer su fe y tomar el paso de compromiso con Cristo.

La Biblia es tan compleja y rica en sus enseñanzas que a través de toda la vida estamos encontrando nuevas enseñanzas y aplicaciones de sus verdades para nuestra vida. Sin embargo, es importante reconocer que el niño necesitará otra dimensión de enseñanza en cuanto a las verdades bíblicas por el mero hecho de que tiene las limitaciones propias de ser niño. Siempre me preocupa cuando escucho de alguna iglesia que ha decidido unificar todo su programa de enseñanza para todas las edades. Es decir, si los adultos están estudiando el libro de Romanos, los niños lo deben hacer también. Lo que impulsa estas decisiones generalmente es la idea de que toda la familia debe tener la posibilidad de estar unida a través del aprendizaje de una misma porción de la Palabra de Dios. Por más noble que sea este sentimiento, mi preocupación es que generalmente estas decisiones han sido tomadas por líderes que no entienden ni toman en cuenta la naturaleza del niño en cuanto a su aprendizaje. Ni tampoco le proveen al maestro los materiales ni una capacitación como para transformar una enseñanza orientada hacia adultos en una que es adecuada a los niños. Y, como siempre en estos casos, los que salen perdiendo son los niños.

Vuelvo al ejemplo de Jesús, que siempre supo tomar en cuenta el potencial y las capacidades especiales de los niños. Fue sencillo, transparente y genuino en su trato con ellos. No complicó las cosas. Más bien quiso que los adultos hicieran todo lo posible para que los niños llegaran a él, sin impedirlos o poner condiciones. Nuestro desafío constante es saber elegir correctamente las partes de la Biblia que serán útiles y edificantes en la vida de los niños porque nuestra meta es facilitar su acercamiento al Señor.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 19–27). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Muerte de Ocozías

2 Reyes 1-3

Muerte de Ocozías

a11:1  Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra Israel.

Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad.

Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?

Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.

Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué os habéis vuelto?

Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás.

Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras?

Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita.

Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.

10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.

11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto.

12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta.

13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos.

14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada ahora mi vida delante de tus ojos.

15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey.

16 Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.

17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no tenía hijo.

18 Los demás hechos de Ocozías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

Eliseo sucede a Elías

2:1  Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.

Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.

Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.

Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.

Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.

Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.

Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.

Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.

Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.

10 El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.

11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.

12 Viéndolo Eliseo, clamaba: !!Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.

13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.

14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.

15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

16 Y dijeron: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.

17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.

18 Y cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?

19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril.

20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron.

21 Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.

22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.

23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: !!Calvo, sube! !!calvo, sube!

24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos.

25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria.

Reinado de Joram de Israel

3:1  Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.

E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.

Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.

Eliseo predice la victoria sobre Moab

Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.

Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.

Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo Israel.

Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos.

Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.

Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.

10 Entonces el rey de Israel dijo: !!Ah! que ha llamado Jehová a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.

11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.

12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.

13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.

14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.

15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo,

16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques.

17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados.

18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos.

19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.

20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas.

21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.

22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre;

23 y dijeron: !!Esto es sangre de espada! Los reyes se han vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora, pues, !!Moab, al botín!

24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab.

25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los honderos la rodearon y la destruyeron.

26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron.

27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Claves que te guían a la gran sorpresa

Abril 6

Claves que te guían a la gran sorpresa

Lectura bíblica: 1 Corintios 15:1–4

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15:3, 4

a1¿Te acuerdas lo emocionante que era la Navidad para ti cuando eras pequeño?

El papá de Aldo lo ayudó a elegir un regalito para su mamá. Aldo envolvió el regalo. Las numerosas arrugas en los dobleces del papel hacían más hermoso el regalo. El regalo especial no había estado debajo del arbolito más de media hora cuando la mamá dijo:

—¡Qué lindo! ¿Para quién será este maravilloso regalo?

Aldo estaba demasiado excitado para poder contenerse:

—Mami, ¡es para ti! ¡Y es una agarradera floreada, como a ti te gusta!

Una sorpresa no es una sorpresa si alguien te la cuenta antes de tiempo. Pero a veces una sorpresa es demasiado maravillosa para guardarla.

De hecho, a Dios le costó trabajo guardar su secreto cuando planeaba enviar a Cristo a la Tierra para morir por nosotros y luego resucitar. Era un secreto que Dios había guardado por mucho tiempo. Su plan de salvar al mundo por medio de Jesús era más antiguo que el planeta Tierra. El apóstol Pablo escribió: “Asimismo, [Dios] nos escogió en él [Jesús] desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4).

Dios irradiaba su entusiasmo en cuanto a su plan y la nueva vida que recibiríamos por medio de él. Por eso, siglos antes de nacer Jesús, Dios no se contuvo más. Sencillamente tenía que empezar a hablar de su sorpresa. El Antiguo Testamento contiene cientos de profecías acerca de Cristo. Estas afirmaciones detalladas fueron dichas cientos de años antes de su nacimiento. Jesús:

• nacería a la familia de David (ver 2 Samuel 7:12).
• nacería en Belén (ver Miqueas 5:2).
• realizaría milagros (ver Isaías 35:5, 6).
• sería rechazado por su pueblo (ver Isaías 53:3).
• sería traicionado por un amigo (ver Salmo 41:9).
• sus manos y sus pies serían traspasados (ver Salmo 22:16).
• sufriría y moriría por nuestros pecados (ver Isaías 53:5).
• resucitaría (ver Job 19:25; Salmo 16:10).
• ascendería al cielo (ver Salmo 68:18).

Dios tenía una sorpresa que no podía guardarse, un plan para acercarte a él ahora y para siempre. Era una buena noticia que no podía mantener en secreto. Es una buena noticia para ti.

PARA DIALOGAR
¿No te emociona saber que Dios estaba tan ansioso de compartir a Cristo contigo que no pudo permanecer en silencio?

PARA ORAR
Expresa algo de tu emoción en una oración de gratitud.

PARA HACER
¿Conoces a alguien que no sabe que Dios dio estas promesas acerca de Jesús cientos de años antes de su nacimiento? ¡Sal a contar las buenas nuevas!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

UN CAMBIO FENOMENAL

6 abr 2016

UN CAMBIO FENOMENAL

por el Hermano Pablo

a1Fue un viaje largo, de trescientos trece días. Y fue un viaje silencioso, sin escalas ni paradas, un viaje que no fue ni por automóvil, ni por barco ni por avión. Fue el viaje que hizo Sergei Krikalev, cosmonauta ruso, en su cápsula espacial. Él nunca pensó que lo que ocurrió durante su vuelo pudiera haber ocurrido.

Cuando bajó de su vehículo en la república soviética de Kazakstan, después de diez meses en el espacio, su país había sufrido un cambio total. La Unión Soviética ya no existía. El comunismo ruso era cosa del pasado. Gorbachev no era más presidente, y en lugar de la bandera roja con la hoz y el martillo, flameaba la tricolor rusa antigua. Hasta su ciudad natal, Leningrado, había cambiado de nombre y ahora se llamaba, como antes, San Petersburgo.

Sergei se sintió mareado, no sólo como reacción natural de plantar pie otra vez en tierra sino, más que todo, por tantos cambios que nadie jamás pudiera haber previsto. El cosmonauta ruso anterior, Musa Manarov, estuvo más tiempo que él en el espacio, trescientos sesenta y seis días, pero durante su ausencia nada cambió. En cambio, durante la ausencia de Krikalev, en sólo diez meses, su mundo había dado un vuelco político total.

¿Cómo reaccionó Krikalev ante un cambio tan súbito y radical? Eso no lo sabemos, pues la agencia de noticias no lo explicó, pero no podemos menos que compararlo con cómo reaccionamos nosotros ante cambios inesperados en nuestra vida.

Todos tenemos situaciones en la vida que, sin la más mínima premonición, nos sorprenden: un diagnóstico médico que es presagio de calamidad; la noticia de un accidente automovilístico que trae consigo informe de muerte; el anuncio del marido, de que otro amor ha desplazado a la esposa; la noticia devastadora de que nuestro hijo ha contraído el SIDA. Tales circunstancias pueden pasarnos a todos. Nadie es tan santo como para que no le ocurran. ¿Cómo reacciona uno ante semejantes situaciones?

Cuando no hay fe, cuando no creemos en un ser superior, cuando no nos hemos relacionado en forma personal y continua con Dios, no nos queda más que una horrible desesperación que nos deja sin ánimo de seguir viviendo.

En cambio, cuando hemos vivido tomados de la mano del Señor, y cuando conocemos lo que es fe segura en la sabiduría y en la providencia divinas, no nos amedrentamos ante el anuncio imprevisto de alguna calamidad. Sí tendremos luchas, pero con Cristo de amigo, seremos más que vencedores.

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4. CÓMO EVITAR HACER CRÍTICA DESTRUCTIVA CONTRA OTROS

SERIE GIGANTES AL ACECHO

4. CÓMO EVITAR HACER CRÍTICA DESTRUCTIVA CONTRA OTROS

David Logacho
2016-04-05

a1Saludos cordiales amable oyente. Qué privilegio es para mí contar con su sintonía. Bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio tiene que ver con los gigantes en nuestra vida. Al hablar de gigantes me estoy refiriendo a poderosos enemigos que se instalan cómodamente en nuestra vida para echar a perder el gozo y la libertad que como creyentes tenemos en Cristo. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el chisme, la culpa, el miedo, la soledad, los celos. En nuestro estudio bíblico anterior dentro de esta misma serie, tratamos el asunto de la crítica y vimos que puede ser constructiva o destructiva. La crítica constructiva es aquella que evalúa objetivamente una situación determinada y sugiere maneras de corregir los problemas buscando siempre una mejora. Todos deberíamos ser críticos constructivos. Por contraste, la crítica destructiva es aquella que no hace ninguna evaluación de una situación determinada y emite conclusiones basadas en premisas equivocadas o prejuiciadas, buscando destruir en lugar de construir. Esta crítica tiene dos caras. Por un lado esta la crítica destructiva que recibimos de otros y por otro lado está la crítica destructiva que lanzamos contra otros. Ya hablamos de cómo hacer frente a la crítica destructiva que recibimos de otros. En esta ocasión vamos a tratar acerca de cómo evitar hacer crítica destructiva contra otros.

En realidad, si somos honestos con nosotros mismos, debemos admitir que cuando somos objeto de la crítica destructiva, sufrimos en alto grado. Pero lo sorprendente es que no nos detenemos a pensar en ello cuando nosotros lanzamos crítica destructiva. Pensamos que de alguna forma inexplicable, los demás no van a sufrir cuando son víctimas de nuestra crítica destructiva. Es tan fácil criticar a otros. Es sencillo formarse una opinión sin conocer a fondo los detalles de los hechos. Alguien ha afirmado que los hechos pueden ser perturbadores, y por tanto, es mucho más sencillo ignorarlos. En cosas así se basa la crítica destructiva. De pronto nos convertimos en expertos en cualquier cosa que imaginemos. Con estas ínfulas pensamos que sabemos el por qué de todo. Sabemos por qué alguien hizo esto o aquello, sabemos cuáles fueron sus motivaciones. Lo entendemos todo perfectamente. Hacemos que la gente piense que en realidad estamos tan al tanto de todo que hasta conocemos lo que hay en el corazón de las víctimas de nuestra crítica destructiva, cuando la realidad es que no sabemos nada y si algo sabemos es información fragmentada y casi siempre distorsionada. Por esto no nos queda otra cosa sino hacer conjeturas. Juzgamos todo y a todos y nos creemos Dios. Pronto todo mundo llega a ser víctima de nuestra crítica despiadada. Los que son dados a la crítica destructiva son gente que ha intentado algo y ha fracasado. Por tanto se tornan amargados y envueltos en envidia debido a que como no han podido lograr la excelencia que buscaron resisten a los que están en el camino a la excelencia. También es gente que busca auto promocionarse a cualquier precio. El que critica para destruir normalmente piensa que de esa manera va a levantar su propia imagen. El viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros, o como muy bien se ha dicho, echar lodo a otros para que nosotros parezcamos más limpios que ellos. Así que, amable oyente, todos tenemos el potencial de volvernos críticos despiadados, criticando los métodos sin realmente entenderlos. Algunas veces ni siquiera sabemos lo que impulsa a las personas a actuar como lo hacen, y sin embargo los criticamos severamente. Cuando nos invade esa pasión por la crítica destructiva, generalmente hablamos mucho de algo que conocemos muy poco. Nos atrevemos a criticar las intenciones o las motivaciones de los demás, pero ¿Cómo podemos conocer algo que está muy escondido en el corazón de las otras personas? Solamente Dios puede conocer las intenciones del corazón y por eso solamente él es el único quien puede juzgar con justo juicio. Pero nosotros no somos Dios para saber las intenciones del corazón de otros y sin embargo cuántas veces habrá salido de nuestros labios expresiones como: Yo sé por qué lo hizo o yo sé lo él estaba pensando. A veces inclusive vamos más allá y empezamos a censurar y a condenar. Es muy fácil censurar cuando se desconoce la realidad de los hechos. Ahora que sabemos algo de lo que hay detrás de bastidores en cuanto a lanzar crítica destructiva, pensemos en cómo prevenir la crítica destructiva o si ya hemos caído en criticar para destruir, pensemos en cómo abandonarla. Para ello debemos tomar en cuenta ciertas cosas. Primero, la crítica destructiva será tomada muy en cuenta por Dios. Mateo 12:36 dice: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

La crítica destructiva es palabra ociosa o palabra inútil. Cuando criticamos a otros para destruir deberíamos pensar en este versículo. Algún día tendremos que responder por nuestras palabras ociosas, es decir por cada palabra improductiva o descuidada, que no sirve para ningún buen propósito. Esto debería servir de freno para no andar criticando a otros para destruir. Segundo, la crítica destructiva echa a perder nuestra buena relación con Dios. Santiago 1:26 dice: Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
Sería bueno que este texto sea colocado en letras grandes en nuestros hogares y en nuestras iglesias. Si no refrenamos nuestra lengua no nos digamos religiosos porque nuestra religión es vana. Esto es lo que en esencia dice este texto. Gran advertencia para no meternos en crítica destructiva y si ya hemos caído en ella, gran aliciente para salir de ella inmediatamente. Tercero, Dios nos exhorta a decir las cosas como conviene. Proverbios 25:11 dice: Manzana de oro con figuras de plata
Es la palabra dicha como conviene.

Hay una basta diferencia entre la persona que habla sabiamente y aquel que siempre anda criticando y nunca ve nada bueno en nadie. Este último jamás analiza; sólo habla. Cuarto, toda crítica destructiva que lanzamos contra otros se basa en asumir gratuitamente que conocemos los pensamientos o las motivaciones de los demás, lo cual es totalmente falso y antibíblico, porque debeos saber que solamente Dios puede conocer las motivaciones o las intenciones del corazón. Es por este motivo que Pablo nos dice lo siguiente en 1 Corintios 4:5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

Es el Señor, amable oyente, no nosotros, quien en su debido tiempo manifestará las intenciones de los corazones. Por eso, él es el único con derecho a juzgar. Si nosotros lo hacemos estaremos cayendo en la crítica destructiva. Romanos 14:4 dice: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

Así que, criticar a oro para destruir es usurpar el papel de Dios o el papel de amo de la otra persona. ¿Quién de nosotros puede permitir esto? Entonces no debemos criticar a otros. Quinto, al criticar a otros debemos saber que en algún momento, nosotros también seremos criticados por otros. El crítico no puede evitar ser objeto de la crítica. Mateo 7:1-2 dice: No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Mat 7:2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

Ya vimos cuan doloroso es esto de ser objeto de la crítica destructiva. Una de las maneras de evitar este dolor es por medio de no criticar a otros para destruir. Sexto, cuando nos hallemos tentados a criticar a otros, en lugar de criticar debemos orar a favor de ellos. Esta práctica nos alejará poco a poco de la crítica destructiva contra otros. Espero que estas sencillas sugerencias le ayuden a derrotar a ese temible gigante, llamado crítica destructiva.