¿Por qué enseñamos la Biblia a los niños?

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 1

Una filosofía de enseñanza para la formación espiritual del niño

Capítulo 1

¿Por qué enseñamos la Biblia a los niños?

a1Antes de emprender la tarea de enseñar la Biblia a los niños, conviene reflexionar sobre una pregunta fundamental que, de alguna manera, todos nos hemos hecho: ¿por qué enseñamos la Biblia a los niños?

Porque es la voluntad de Dios

La enseñanza de conceptos morales y espirituales a los niños es un mandato que inicialmente se establece en el Antiguo Testamento. Moisés dio claras instrucciones sobre esto al pueblo israelita: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:4–7, NVI). Con esta amonestación Moisés quería que los padres asumieran seriamente la tarea de educar a sus hijos en el conocimiento de las leyes de Dios. Él esperaba que estas enseñanzas partieran de vidas que demostraban profunda reverencia hacia Dios y una disposición de obedecer a sus leyes. La enseñanza que deberían impartir los padres consistiría en dos aspectos: instrucción y admonición. Instrucción sería el hecho de informar al niño acerca de las verdades y demandas de Dios; admonición sería el estímulo y desafío de ponerlas en práctica en la vida real.

El contexto donde esta enseñanza se daba era el hogar, y los padres eran las personas responsables de la instrucción. Los padres eran secundados en su tarea por las ceremonias comunales en el templo donde el niño aprendía formas de adoración a Dios viéndolas expresadas, sobre todo, por el ejemplo de sus propios padres pero también por otras familias en la comunidad de fe. Además, los sacerdotes tenían la tarea de proveer una enseñanza sistematizada acerca de las leyes de Dios para que el pueblo adquiriera sabiduría espiritual y viviera moralmente. El principio que guiaba todos estos esfuerzos era que toda persona debería traer honor a Dios por medio de su propia vida de fe y por la manera en que la familia vivía y expresaba su fe en la comunidad.

Pero, ¿acaso el pueblo de Israel cumplió este mandato de educar espiritualmente a sus hijos? No hay forma de dar una respuesta categórica a esta pregunta. Por un lado, uno puede encontrar ejemplos en el Antiguo Testamento de padres que sí lo hicieron. Un ejemplo es Isaac, el hijo de Abraham, quien cumplió fielmente con las leyes de Dios que había aprendido de su padre. Otro es José, el bisnieto de Abraham, quien encontró fuerza espiritual en la fe que había aprendido de su padre Jacob, y pudo por ello resistir las tremendas tentaciones de su exilio en Egipto. Además de la instrucción espiritual que individuos dieron a sus hijos, uno encuentra que el sistema de ceremonias y cultos religiosos se establecieron según las normas que Dios había dado a Moisés, llegando a expresar una forma de vida donde los actos religiosos definían la sociedad.

Pero, al estudiar el desarrollo histórico de la nación de Israel, hay clara evidencia de que los padres en general no cumplieron con la tarea de educar espiritualmente a sus hijos o pronto dejaron de hacerlo. Es posible hacer esa declaración porque al mirar el ejemplo de las familias prominentes, entre ellos los líderes, se ve que los hijos no siguieron la fe de sus padres. Esto llevó a que, con el correr del tiempo, el pueblo se apartara de los mandatos de Dios, se dejara influenciar por la sociedad pagana circundante y, finalmente, cayera en idolatría, trayendo sobre sí la destrucción de la nación. Aunque hubo individuos que dieron clara evidencia de su fe en Dios, por lo general la gente cayó en una indiferencia espiritual.

De allí, entonces, que el mensaje de los profetas era de fuerte amonestación de volver a Dios con una actitud de arrepentimiento y con la disposición de obedecer sus mandatos. La historia de Israel comprueba que las leyes que fueron dadas por Dios no pudieron producir obediencia ni santidad en las personas. El ejemplo del fracaso del pueblo de Israel confirma lo que el apóstol Pablo establece con claridad: la ley sirve para definir el pecado, pero no para producir santidad (ver Romanos capítulos 2 a 4). Únicamente a través de Jesucristo, dice Pablo, “hemos sido justificados mediante la fe y tenemos paz con Dios” (Romanos 5:1).

El fracaso de Israel en enseñar y vivir las verdades de Dios no disminuye el hecho de que el plan de Dios era que los adultos instruyeran a los niños. Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque ésta es la norma que Dios estableció para la familia y la sociedad.

Porque es el mandato de Cristo

Cuando pensamos en la enseñanza espiritual de los niños, nuestra guía es el ejemplo de Cristo y su claro mandato. En Mateo 28:18–20 (ver también Marcos 16:15), Jesús da a sus discípulos, y por consiguiente a nosotros también, lo que se conoce como la gran comisión: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (NVI). Aunque generalmente no se piensa en estos términos, sin duda alguna este mandato incluye también a los niños. Uno puede ver la importancia que Jesús le daba a los niños por actitudes y palabras que él expresó en cuanto a ellos. Uno de los pasajes más significativos en cuanto a su actitud hacia los niños es el que se encuentra en Mateo 18:1–6. Con un niño presente en medio del grupo, o posiblemente sentado en sus faldas, Jesús declaró varias verdades importantes con relación a los niños: primero, dijo que las cualidades de transparencia y sinceridad que caracterizan al niño son cualidades necesarias para pertenecer al reino de Dios (“…si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de Dios”); segundo, dio importancia en cuanto a la actitud que se debe tener para con el niño (“el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí”); tercero, reconoció que la vulnerabilidad del niño en cuanto a las enseñanzas y ejemplo que recibe de un adulto puede ser defraudada (“a cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí”); y cuarto, advirtió sobre la consecuencia terrible de dañar la vida espiritual del niño (“más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar”). Más adelante, en el versículo 10 del mismo capítulo, sus palabras muestran la importancia que él dio a los niños como individuos con necesidades espirituales (“miren que no menosprecien a uno de estos pequeños…”)

En el resto del Nuevo Testamento no hay instrucciones específicas en cuanto a la enseñanza de los niños. Más bien, los apóstoles pusieron el énfasis sobre el hecho de que el cristiano tiene una vida que lo distingue del resto de la sociedad, es decir, su fe en Cristo tiene un efecto en su forma de vivir que es definitivamente distinta que la del mundo circundante incrédulo. Como consecuencia, el deber de los padres es instruir a sus hijos en lo que esa fe implica (“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”, Efesios 6:4). Jesucristo, por ser el Señor de la vida, demanda un compromiso que afecta todas las áreas de la vida. Es cierto que las Epístolas no dan instrucciones específicas sobre la enseñanza espiritual de los niños. Pero podemos decir que todas las enseñanzas de los apóstoles que son dirigidas a los adultos llevan implícita la participación de toda la familia como una unidad de fe. La amonestación “instruyan a sus hijos en la fe” queda insertado en todo el mensaje del Nuevo Testamento. Si los padres han creído en Cristo, es lógico que su fe ha de transformar la vida del hogar e influenciar las formas de pensar y de ser de los hijos.

Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque Jesús mandó que lo hiciéramos y porque las enseñanzas de los apóstoles lo afirman.

Porque los niños necesitan un encuentro personal con Cristo

También enseñamos la Biblia a los niños porque necesitan aceptar a Cristo como su Salvador y entregarle la vida. Una de las ideas populares en la sociedad es que el niño es innatamente bueno e inocente de pecado. La Biblia, sin embargo, no hace tal declaración. Al contrario, la Biblia enseña que toda persona es pecador por naturaleza (“pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”, Romanos 3:23 NVI). El niño pequeño no tiene que ser enseñado en cómo pecar; peca porque es innato en él llevar su vida de acuerdo con sus propios intereses y no los de Dios. Uno observa en él la disposición de desobedecer, mentir, y hacer toda clase de maldad sin ayuda de nadie. La amonestación bíblica “instruye al niño en su camino…” implica que la tendencia es ignorar lo que es lo correcto para hacer lo que no se debe. Por supuesto, según los criterios humanos, los pecados de los niños serán más “inocentes” que los de un adulto. Pero porque él es pecador, necesita recibir el perdón y el alivio de la culpa que lleva por sus conductas malas y actitudes egoístas. Necesita entender que sus pecados traerán consecuencias en su vida y en la vida de quienes le rodean. Pero también necesita saber que puede creer en Jesús, puede tener el perdón de sus pecados y puede sentirse seguro en ser un hijo de Dios y un miembro de la comunidad de fe. El niño también necesita saber que puede servir a Dios a su manera. Tiene el derecho de sentir el gozo de la esperanza de la vida eterna con Cristo. En una palabra, tiene el derecho de disfrutar de una vida espiritual plena.

Como el niño es una persona en formación, ha de responder a Dios en una forma muy natural y sincera pero siempre de acuerdo con las distintas etapas de su desarrollo. Sus experiencias espirituales como niño son algo único que no volverán a repetirse jamás de la misma forma en su desarrollo posterior como adolescente o adulto. Enseñar la Biblia correctamente al niño significa darle oportunidad de gozar de las cosas de Dios en el contexto de lo que es ser niño, con la frescura y espontaneidad típica de esta etapa de formación.

Por lo tanto, enseñamos la Biblia a los niños porque queremos que ellos tengan la maravillosa experiencia de conocer a Cristo como su Salvador.

Porque los niños tienen la capacidad de responder espiritualmente a lo que van conociendo acerca de Dios

Enseñamos la Biblia a los niños porque representan la mejor etapa de la vida para el inicio de su formación espiritual. Una reconocida educadora cristiana, la Dra. Ruth Beechick cita algo escrito por un profesor de literatura secular:

La Biblia forma el nivel más básico en la enseñanza de la literatura. Debe ser enseñada detalladamente y lo más pronto posible como para que se hunda en el fondo de la mente y todo lo que venga posteriormente haya de arraigarse en ella. Me doy cuenta que esa declaración puede ser altamente controversial. Pero me estoy refiriendo a la enseñanza de la Biblia como parte de la literatura clásica de la humanidad. Hay un sinnúmero de razones de porqué enseñar la Biblia: porque continuamente se hace referencia a ella en la literatura secular, porque hay frases que salen de ella que están fijadas en la mente, porque contiene algunas de las más grandes y más conocidas historias que existen, etcétera. Por supuesto que existen razones morales y religiosas para la enseñanza de la Biblia. Pero yo me estoy refiriendo a la Biblia en el contexto de la literatura. Conocer la forma y estructura total de la Biblia es importante porque contiene el relato de la historia humana empezando con la creación y concluyendo con el juicio final. (Northrop Frye, La imaginación educada)

Según este autor, entonces, hay grandes ventajas en iniciar temprano la enseñanza de la Biblia en la vida del niño. Sin embargo, no me refiero aquí a un conocimiento meramente intelectual de la Biblia. Uno enseña la Biblia para estimular y nutrir la fe del niño. Contrario a lo que muchos creen, el niño puede responder a Dios y a su Palabra con una fe genuina. Sus conductas y actitudes pueden ser cambiadas y condicionadas por esta realidad. En su condición de niño, puede ser utilizado por Dios para bendecir a otros.

Hay dos ejemplos bíblicos, entre otros, de esto. Uno es el del niño Samuel, quien llegó posteriormente a ser un gran profeta y sacerdote de Israel. Samuel se crió en el templo, sirviendo al sumo sacerdote Elí. Su respuesta espiritual a lo que se le enseñaba en ese lugar fue personal y auténtica (1 Samuel 2:26). Tal es así, que siendo aún niño, Dios pudo hablarle en forma personal y revelarle verdades preocupantes acerca de Elí y la conducta de sus hijos. Evidentemente Dios tenía la seguridad de que, ante estas circunstancias, Samuel respondería con fidelidad y hablaría con Elí, aun cuando hacerlo le llenaba de miedo (1 Samuel 3:18). Se puede decir que hubo en Samuel, siendo aún niño, una capacidad de escuchar a Dios y obedecerle en medio de una situación arriesgada.

El otro ejemplo es el de la pequeña sirvienta judía que trabajó en la casa de Naamán, uno de los generales del ejército del rey de Siria. La situación de esta niña que servía a la mujer de Naamán fue diferente. No sabemos nada de la formación espiritual que ella pudo haber recibido en Israel antes de ser llevada cautiva a Siria. Ni tampoco sabemos cuántos años tenía cuando ocurrió el incidente que es relatado en 2 Reyes 5. Sin embargo, se ve que hubo en ella una convicción segura de lo que podía hacer el profeta Eliseo, que solamente podría haber estado basada en una fe genuina en Dios y en la autoridad espiritual que este hombre tenía. Esa fe la llevó a arriesgarse en una forma asombrosa, siendo ella nada más que una humilde esclava. Compartió con su patrona la posibilidad de que su esposo viajara a ver al profeta Eliseo para ser sanado de su lepra. Nos llama la atención el respeto que sus amos le tenían. ¿Quién puede explicar el hecho de que un poderoso general se presentara delante de su rey con una petición basada en algo dicho por una pequeña esclava? Algo hubo en esa niña, sea su fe o su conducta o su manera responsable de desempeñar sus tareas, que les había convencido a sus amos que un milagro de sanidad sería posible. La formación espiritual que había recibido antes de llegar a Siria sirvió para que ella trajera bendición sobre la vida de sus amos y de muchas otras personas.

Por lo tanto, nosotros enseñamos la Biblia a los niños porque tienen la capacidad espiritual de responder en fe genuina a Dios, dando la posibilidad de que él utilice sus vidas para la bendición de otros. “En los labios de los pequeños y de los niños de pecho has puesto la perfecta alabanza” (Mateo 21:16, NVI).

Porque la realidad social lo demanda

Es oportuno señalar que el niño actual, viviendo en los años que marcan el comienzo del siglo XXI, es un niño en crisis. Muchos de ellos, hasta podemos decir la mayoría, viven en medio del abandono físico y emocional, resultado de la separación o divorcio de los padres. Algunos viven en extrema necesidad, sufriendo desnutrición y falta de hogar. Otros viven la angustia del abuso verbal, físico y sexual. Diariamente estos niños buscan señales de seguridad en un mundo cambiante, violento e incierto. En una clase típica de escuela dominical de unos diez niños, es muy probable que cinco de ellos vivan en hogares con serios problemas. Los conflictos matrimoniales, evidenciados por la separación y el divorcio, el concubinato y los problemas típicos del síndrome del alcoholismo y la adicción, han llegado a ser comunes no sólo en la sociedad sino que repercuten en las iglesias. Si agregamos a esto la dimensión de tensión y preocupación constante que genera el desempleo, los bajos sueldos y la escasez económica típicos en la mayoría de los hogares, no debe sorprendernos que los niños mismos evidencien todo tipo de estrés en sus reacciones y conductas. El niño que vive estos problemas necesita sentir la realidad de la presencia de Dios en su vida diaria. Esa presencia puede otorgarle seguridad y paz y un amor incondicional de parte de Dios que lo acepta como es. Es mediante el contacto directo con la Biblia, donde el Espíritu Santo ha de iluminar su mente sobre verdades acerca de Dios, que el niño podrá llegar a conocerlo.

Por estas razones, y por muchas más que no tomo el tiempo de señalar ahora, enseñamos la Biblia a los niños.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 9–18). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Acab derrota a los sirios

1 Reyes 20-22

Acab derrota a los sirios

a120:1  Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la combatió.

Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo:

Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos.

Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.

Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás.

Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.

Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado.

Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.

Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta.

10 Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue.

11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe.

12 Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad.

13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.

14 Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú.

15 Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil.

16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.

17 Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.

18 El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.

19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército.

20 Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.

21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.

22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.

23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.

24 Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.

25 Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así.

26 Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel.

27 Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra.

28 Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.

29 Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie.

30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.

31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida.

32 Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es.[a]

33 Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro.

34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.

35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle.

36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató.

37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.

38 Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos.

39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata.

40 Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado.

41 Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas.

42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.

43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.

Acab y la viña de Nabot

21:1  Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.

Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.

Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.

Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.

Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes?

El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña.

Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.

Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot.

Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo;

10 y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestig:uen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.

11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado.

12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo.

13 Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió.

14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.

15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto.

16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.

17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:

18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.

19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.

20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová.

21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel.

22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.

23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel.

24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.

25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba.

26 El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)

27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.

28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:

29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.

Micaías profetiza la derrota de Acab

(2 Cr. 18.1-34)

22:1  Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.

Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel.

Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria?

Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.

Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.

Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey.

Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?

El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así.

Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla.

10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.

11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos.

12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey.

13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito.

14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré.

15 Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey.

16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?

17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.

18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal.

19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.

20 Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra.

21 Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?

22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así.

23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.

24 Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti?

25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte.

26 Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey;

27 y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.

28 Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.

29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad.

30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla.

31 Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel.

32 Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó.

33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.

34 Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido.

35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro.

36 Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: !!Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!

37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.

38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado.

39 El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.

Reinado de Josafat

(2 Cr. 20.31-37)

41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel.

42 Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silhi.

43 Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos.

44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.

45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa.

47 No había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar de rey.

48 Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber.

49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso.

50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.

Reinado de Ocozías de Israel

51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.

52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel;

53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.

Footnotes:

  1. 1 Reyes 20:32 O, ¿Vive aún? Es mi hermano.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Se convirtió en uno de nosotros

Abril 5

Se convirtió en uno de nosotros

Lectura bíblica: Romanos 1:1–5

Acerca de su Hijo —quien, según la carne, era de la descendencia de David…—. Romanos 1:3

a1Estás en la línea del supermercado, esperando pacientemente mientras la cajera conversa por teléfono. Vota: ¿Cuál titular te tentaría a tomar una revista y leer el artículo?

• “Un científico del gobierno federal informa que todos los padres de familia son seres extraterrestres”
• “Mi hija es de Marte”
• “Muchacho de 10 años recibe de sus padres un millón de dólares por mes”
• “Jesús ha regresado. Vive en Orlando”

Quizá no te sorprendan ninguno de estos titulares. Pero aquí va uno más: “Ser humano es transformado en hormiga”.

Este fue realmente el tema de una película cristiana. No, no se trataba de un misionero enviado a predicar a una colonia de hormigas. En realidad, era una parábola sobre cómo Jesús era Dios nacido en la forma de un ser humano.

Al comienzo de la película, un señor y su hijo adulto cuidan un jardín selvático en la cima de una montaña. De la base de la montaña suben gritos muy débiles. El jardinero y su hijo se dan cuenta de que las hormigas al pie de la montaña están viviendo en medio del odio y las guerras. El padre y el hijo anhelan traer paz a la colonia de hormigas, pero deciden que tienen que visitar la colonia usando medios que las hormigas puedan comprender. El hijo del jardinero está dispuesto a dejar el hermoso jardín, bajar a la base de la montaña, y entrar a la colonia de hormigas en la forma de —lo adivinaste— una hormiga.

Esta hormiga singular enseña a las demás hormigas que el jardinero las ama. Muchas escuchan, pero los enemigos del jardinero matan al hijo. Él se levanta de los muertos como una hormiga alada, regresa al padre en el jardín, y a todas las hormigas que creen en él les salen alas como las de él. Ellas extienden el mensaje de amor y paz del jardinero.

Rarísimo, ¿no? Pero muestra lo importante que fue que Jesús viniera a la Tierra como un ser humano como nosotros para hacer que pudiéramos ser parte de la familia de Dios. Si Jesús no hubiera dejado el cielo convirtiéndose en un ser humano, no hubiéramos podido llegar a ser integrantes de la familia de Dios. Su vida, muerte y resurrección vencieron al pecado y abrieron la puerta a una vida nueva por medio de la fe.

Piénsalo: Si Jesús no hubiera entrado en nuestro mundo y brindado el perdón de los pecados, no hubiéramos tenido manera de llegar a ser hijos de Dios.

PARA DIALOGAR
¿Cómo te ayuda el relato del hombre que se convirtió en hormiga a comprender el precio que Jesús pagó por tus pecados?

PARA ORAR
Señor Jesús, gracias por los pasos que tomaste para acercarte a nosotros. No podríamos conocer a Dios el Padre si tú no hubieras venido a la Tierra.

PARA HACER
La próxima vez que veas una hormiga en el suelo, agáchate y piensa en lo que Jesús hizo por ti.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

5 abr 2016

«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

por el Hermano Pablo

a1Eran unas bodas de plata. Veinticinco años de dichosa vida matrimonial. Un cuarto de siglo de vivir juntos, de vivir unidos, de vivir ligados por estrechos vínculos de amor, de compañerismo, de fidelidad.

Neil y Brenda Janson, de Hayes, Inglaterra, quisieron celebrar sus bodas de plata en la misma capilla donde se habían casado veinticinco años antes, frente al mismo clérigo con los mismos testigos. Pero cuando Neil, el esposo, repitió las palabras del clérigo y renovó así sus votos de amor eterno, sucedió algo que desconcertó a todos. En ese momento sufrió un paro cardíaco que puso fin a sus días. Murió agarrando la mano de su esposa. Los amigos y parientes llamaron a la celebración: «bodas de plata y de luto».

Uno se pregunta: ¿Por qué tiene que morir un hombre todavía joven, precisamente en el día en que celebra sus veinticinco años de casado? Veinticinco años de matrimonio, vividos en amor, fidelidad y compañerismo son una tremenda bendición, y terminar ahí la vida, habiendo gozado de un matrimonio feliz, es un fracaso en el sentido de que es tanto un suceso funesto como un resultado adverso.

Sin embargo, mil veces más fracaso que un paro cardíaco es la destrucción de un hogar, tenga el tiempo que tenga. Consideramos que hubo injusticia divina porque un matrimonio que se llevaba bien, en el que no había peleas y reinaba la paz, se encontró con una súbita separación forzada.

No obstante, eso no es fracaso. Fracaso es no considerar lo sagrado de los votos. Fracaso es no tener paciencia en el matrimonio. Fracaso es ser irreverente y descortés con su pareja. Fracaso es cortar la comunicación y cerrar la puerta del corazón. Fracaso es ser infiel, es engañar al cónyuge, es cometer adulterio y así menospreciar los votos de honor y fidelidad mutuos. Eso es fracaso.

La calidad de nuestra vida no la determinan los años. La felicidad, la paz, el éxito en el matrimonio son el resultado de entrega mutua, de sometimiento recíproco, de sacrificio, de amor. Estas son virtudes que no responden a una emoción pasajera sino a una decisión: la de considerar sagrados nuestros votos y de amar de todo corazón a la persona que Dios nos ha dado hasta que la muerte nos separe.

Con Cristo en nuestra vida y en nuestro matrimonio podemos tener ese premio. Hagamos de Él nuestro dueño y Señor. Él le dará a nuestro matrimonio no sólo largos años de permanencia sino fuertes sentimientos de amor.

http://www.conciencia.net/

¿CÓMO PUEDO SER SALVO?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

¿CÓMO PUEDO SER SALVO?

a1A través de este libro se ha hecho referencia al hecho de que un hombre no puede ser la clase de esposo que Dios requiere aparte del poder habilitador del Espíritu Santo. Tú puedes estarte preguntando, “¿Cómo sucede esto? ¿Cómo recibe una persona el poder necesario para vivir una vida agradable a Dios?” Este apéndice procura responder esta pregunta.

El Espíritu de Dios habita sólo en aquellos que, por gracia, han puesto su fe en la muerte sustitutiva del Señor Jesucristo. Ellos son salvos por gracia por medio de la fe.

Todos los versos citados en este apéndice se encuentran en el Nuevo Testamento. Escúchalos por un momento:

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Ef. 2:8–9).

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3).

Dios dice que nuestros pecados nos han separado de Él. Dios es santo y justo. Su santidad le hace odiar el pecado. Su justicia le demanda castigar el pecado. La paga o el castigo del pecado es muerte (Rom. 6:23). Para Dios, tolerar el pecado sin requerir el castigo apropiado sería una violación de su justicia.

Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron (Rom. 5:12).

Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 6:23).

Porque escrito está: SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO (1 Pedro 1:16).

Trata de verlo de esta manera: ¿Considerarías justo a un juez si, por parcialidad para con un asesino convicto, lo sentenciara sólo a 30 días en la cárcel en lugar de la sentencia mínima requerida por la ley? ¿Se le debería permitir a ese juez injusto sentarse en la banca de la corte? ¿Qué acerca de Dios? ¿Debería Dios, “el juez de toda la tierra,” simplemente no castigar a los pecadores que transgreden su ley? ¡Por supuesto que no! Si Dios eximiera a los hombres y mujeres pecadores sin demandar que paguen al menos la pena mínima por sus crímenes, esto lo volvería injusto. La sentencia mínima para el pecado de acuerdo a la Biblia es la muerte. Dicho simplemente: Dios tiene que castigar el pecado porque Su justicia se lo requiere.

Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio (Heb. 9:27).

El Señor, entonces, sabe rescatar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos bajo castigo para el día del juicio (2 Pedro 2:9).

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda: el lago de fuego (Ap. 20:11–14).

Por otro lado, Dios es amoroso y misericordioso. Él “es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” ¿Cómo puede entonces Dios perdonar a los pecadores en amor y misericordia cuando su justicia requiere que los castigue por sus pecados?” ¡La respuesta es encontrar un sustituto!

Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que era imposible que Él quedara bajo el dominio de ella (Hechos 2:22–24).

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras (1 Cor. 15:3).

Si Dios pudiera encontrar a alguien que estuviese dispuesto a pagar el precio por la pena del pecado y que no tuviese que morir por su propio pecado, entonces Él podría castigar al sustituto en lugar del pecador. ¿Pero quién es sin pecado? Sólo Dios. Así que Dios, en Su amor y misericordia, se hizo hombre en la persona de Jesucristo (Fil. 2:7), vivió una vida sin pecado y luego murió en la cruz como sustituto por los pecadores que eran incapaces de redimirse a sí mismos. Luego, después de ser sepultado se levantó de entre los muertos y al hacerlo demostró Su poder sobre la muerte.

Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu (1 Pedro 3:18).

El mismo poder de la resurrección está disponible para aquellos que creen verdaderamente en el evangelio de la gracia de Dios. Para los que creen, el evangelio no es sólo poder sobre la muerte, sino también sobre el pecado – el mismo pecado que nos esclaviza y por el cual Cristo murió para salvarnos de él. Como ves, es sólo cuando alguien se convierte en cristiano que el Espíritu Santo habita en él dándole el poder para cambiar y obedecer a Dios.

¿Eres cristiano? ¿Qué te impide serlo? Oye de nuevo las buenas nuevas que son proclamadas a ti y a todos los que escuchan:

Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación … porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERÁ SALVO (Rom. 10:9–10, 13).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna … El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él (Juan 3:16–36).

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 259–262). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

Elías predice la sequía

1 Reyes 17-19

Elías predice la sequía

a117:1  Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

Y vino a él palabra de Jehová, diciendo:

Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán.

Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.

Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán.

Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.

Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

Elías y la viuda de Sarepta

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:

Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.

11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.

13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.

14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.

15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento.

18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo?

19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama.

20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo?

21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él.

22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.

23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive.

24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.

Elías regresa a ver a Acab

18:1  Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra.

Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria.

Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová.

Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.

Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias.

Y dividieron entre sí el país para recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.

Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías?

Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está Elías.

Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de Acab para que me mate?

10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado.

11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías?

12 Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud.

13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua?

14 ¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate?

15 Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él.

16 Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.

17 Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel?

18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.

19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.

Elías y los profetas de Baal

20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.

21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.

23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.

24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.

26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: !!Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.

28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.

29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.

30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.

31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,

32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.

33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.

34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez,

35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.

36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.

37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.

38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.

39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: !!Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

40 Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.

Elías ora por lluvia

41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.

42 Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.

43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.

44 A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.

45 Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.

46 Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.

Elías huye a Horeb

19:1  Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.

Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.

Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.

Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.

Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.

Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?

10 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.

12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.

13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

14 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.

16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar.

17 Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.

18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Llamamiento de Eliseo

19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.

20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?

21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

¿Existe un ídolo en tu vida?

Abril 4

¿Existe un ídolo en tu vida?

Lectura bíblica: Romanos 1:21–23

Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen a la semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Romanos 1:23

a1Yoli se inclinó hacia adelante para no perderse ni una palabra de lo que contaba la misionera que tenía una vida entera de aventuras testificando de Jesús en países lejanos. Yoli se agarró la cabeza cuando la misionera contaba que había caminado por selvas tropicales llenas de víboras y arañas. Gritó horrorizada cuando la misionera admitió que le había gustado comer huevos de pescado y de calamar. Pero Yoli se quedó totalmente pasmada cuando la misionera comentó que las personas con quienes había trabajado adoraban ídolos, inclinándose y orando a estatuas que creían que eran dioses. Eso era lo más extraño que Yoli jamás había oído.

Como cristianos, sabemos que sólo Dios merece nuestra adoración. Después de todo, Dios nos recibe como parte de su familia. Nos invita a vivir como sus hijos. Nadie nos ama como él. Porque conocemos al único Dios verdadero, no nos inclinamos ante estatuas de personas, o pájaros, o animales, o víboras, que supuestamente son dioses.
Pero aun así, a veces nuestra adoración es un poco confusa. Por eso, dialoguen sobre: ¿Que significa “adorar”?

Adorar significa declarar el valor de algo. Algo tiene valor cuando vale mucho. Demostramos que algo es de valor para nosotros cuando ese “algo” acapara nuestros pensamientos y nuestro tiempo, y afecta las decisiones que tomamos. Adoramos a Dios cuando nuestra vida está llena de los pensamientos y las palabras que él quiere que tengamos, y las acciones que él quiere que realicemos. Esto sucede durante toda la semana, pero lo enfocamos de una manera especial cuando vamos al culto.

Aunque sabemos que sólo Dios merece nuestra adoración, puede haber otras cosas en nuestra vida a las que nos “inclinamos”. Podemos, por ejemplo, dejar que los juegos de la computadora o mirar televisión hagan a un lado nuestros momentos especiales con Dios: las oportunidades de orar, leer la Biblia, servirle y cantarle alabanzas.
Amamos nuestros deportes, nuestros hobbies, nuestra música y nuestros demás intereses. Pero si dejamos que una actividad domine nuestros pensamientos y energías, somos culpables de adorar un ídolo. Eso es tan malo como inclinarnos ante una estatua hecha de madera o piedra.

Podemos tener sólo una prioridad absoluta en nuestra vida, una sola persona que merece nuestra adoración. Dios nos da todo tipo de actividades para disfrutar. ¡Pero sólo Dios puede ser Rey!

PARA DIALOGAR
¿Qué cosas en tu vida ocupan el tiempo, la energía y el amor que le corresponden a Dios?

PARA ORAR
Conversa con Dios acerca de las cosas que pueden ocupar el lugar de la adoración a él.

PARA HACER
Revisa tu agenda semanal y elimina cualquier cosa que impide que Dios sea tu primera prioridad.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

4 abr 2016

«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

por Carlos Rey

a1Durante siete años prosperó el negocio. Sus dueños multiplicaron sus ganancias. Tenían una funeraria en Pasadena, California, en la que vendían servicios de honras fúnebres. Embalsamaban muertos. Incineraban muertos. Enterraban muertos. Y transportaban muertos a otras ciudades. Pero lamentablemente también profanaban a los muertos.

Al amparo de tarjetas de donación de órganos, que falsificaban, vendían ojos, riñones, corazones y huesos. Vendían además, cuando lograban robarlas, piezas de oro, tales como anillos y brazaletes, e incluso empastes de oro de las dentaduras. Y para colmo de males, incineraban los cadáveres en masa, por montones, de modo que las cenizas que entregaban a los familiares no eran de ningún difunto en particular.

Durante siete años cometieron estas atrocidades con impunidad, hasta abril de 1987. Ese mes las autoridades de California hicieron una redada en la funeraria Lamb en Pasadena luego de descubrir en la localidad de Hesperia, a más de una hora de distancia en el condado de San Bernardino, un enorme crematorio oculto al que se había hecho pasar por un horno para cerámica usado para curar paneles resistentes al calor para el transbordador espacial.

De ahí que los tres miembros de la familia dueña del negocio —Laurieanne Lamb Sconce, su esposo Jerry Sconce y su hijo David— tuvieran que afrontar una demanda por quince millones de dólares. Al concluir el juicio, a la madre la declararon culpable de ocho acusaciones, y al padre, de robo y de maltrato de restos humanos. En 1989 el hijo, David Sconce, se confesó culpable de varios cargos, incluso de robo de tumbas, y lo condenaron a cinco años de cárcel. Lamentablemente, lejos de satisfacer la demanda de los familiares de los cinco mil muertos procesados por la familia Sconce, esa condena por el ultraje póstumo perpetrado contra ellos, que representaba apenas un año de cárcel por cada mil difuntos, no surtió más efecto que recordarles amargamente las palabras tajantes de la abogada Elizabeth Joan Cabraser, que dijo: «¡Cinco mil muertos piden venganza!»

El juez del caso, por su parte, comentó con sabiduría salomónica: «La dignidad de una sociedad se mide por la dignidad que ella les concede a sus muertos.» De hecho, el sabio Salomón mismo, consciente de que toda sociedad se dignifica o se envilece según sus valores morales, planteó los siguientes valores que a la sociedad actual le convendría adoptar:

Vale más el buen nombre
que el buen perfume.
Vale más el día en que se muere
que el día en que se nace.
Vale más ir a un funeral
que a un festival….
El sabio tiene presente la muerte;
el necio sólo piensa en la diversión….
Quien teme a Dios
saldrá bien en todo.1

14-PERSISTE FIRME

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Catorce

PERSISTE FIRME

a1¿Te has sentido alguna vez como si tu matrimonio fuese una caja donde estás atrapado y que se hace más pequeña con cada día que pasa? ¿Te has preguntado si acaso esa caja te va a apretar tanto que te sofocará o te aplastará? Yo he conocido a muchos que se han sentido así. Es para ellos que se escribe este capítulo. Por supuesto, tú te vas a beneficiar leyéndolo aun si la caja donde Dios te tiene ahora no tiene que ver con tu matrimonio. También te vas a beneficiar si te has sentido tentado a tirar la toalla intentando hacer que tu matrimonio funcione, así que por favor quédate conmigo por las siguientes páginas finales.

Poner a dos pecadores juntos en la cercanía íntima de una relación matrimonial puede, por momentos, producir mucha presión. ¿Cómo has manejado esa presión?

Aquí estás tú en una caja. Estás encerrado, incómodo y progresivamente más frustrado con cada hora que pasa. Tú quieres que esa presión que sientes se levante para tener algún alivio. ¡Quieres que Dios te saque de esa caja de una vez por todas! La Biblia tiene algunas cosas importantes que decir acerca de esa caja.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla (1 Corintios 10:13).

La primera cosa que Dios quiere que conozcas es que tú no eres el único que has estando encasillado en esta clase de caja. El problema en que estás no es nuevo, es “común a los hombres.” Es decir, aunque pueda tener algunos componentes únicos; sin embargo, es una clase de problema que ha encasillado o aprisionado a muchos antes de ti. Ciertamente, mientras lees esto hay otros (sí, aun otros cristianos) que están básicamente en la misma caja que tú, ahora mismo.

Otra cosa que Dios te dice en este verso acerca de tu caja es que Él ha puesto límites al problema en que estás, y lo ha hecho de dos maneras muy importantes. Esta promesa divina; sin embargo, sólo se aplica a los cristianos. Es decir, a aquellos que por la fe dependen sólo de la obra redentora de Cristo en la cruz para su salvación.1 Para ellos, Dios ha limitado la extensión y la duración de sus problemas.

La fidelidad de Dios hacia ti significa, primero, que Él “no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar.” Es decir, Él no permitirá que la tentación se vuelva tan difícil que no seas capaz de lidiar con ella bíblicamente. En otras palabras, ¡Él no dejará que tu caja se vuelva tan pequeña que te aplaste o te sofoque!

Segundo, la promesa de la fidelidad de Dios es que como cristiano tu prueba tendrá fin. Él “proveerá también la vía de escape a fin de que podáis resistirla.” Dios promete que algún día, de alguna manera, tu prueba terminará; que El te va a dejar salir de la caja.2 Él no te dice cómo, o cuándo, sólo que lo hará.

La “caja” en la que estás:

Tarde o temprano Dios va a sacarte de la caja. Él puede proveer tu vía de escape enviando un tractor que derribe la pared. O podría oprimir un botón que disparara silenciosamente una puerta de escape en el piso de la caja. Él puede enviar un abridor de latas gigante que rompa la tapa de la caja y lanzarte una escalera para que te subas de allí y salgas. Quizás podría enviar un ejército de ángeles que marche alrededor de tu caja y que con un grito las paredes caigan como los muros de Jericó. O con un simple chasquido de Sus dedos Él puede hacer desaparecer la caja.

La pregunta que quiero hacer es “¿Qué estás haciendo mientras estás allí?” Mientras esperas que Dios te saque, ¿estás cooperando con su plan o, como muchos, has sacado impacientemente tu navaja tratando de romper la caja y salirte a tu manera antes de que Dios te saque por medios legítimos y justos a su manera?

Puesto que he tratado de referirme en este libro a cada pasaje del Nuevo Testamento que contenga un mandamiento específico a los esposos, voy a incluir también una explicación de 1 Corintios 7:11b: “que el marido no abandone a su mujer.”

Tú, esposo cristiano, no debes abandonar a (divorciarte de) tu mujer aunque sea incrédula: “si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone” (1 Cor. 7:12).3 El debate sobre el divorcio y el re-casamiento continúa en este día. Con frecuencia produce más calor que luz. Pero una cosa en la que casi todos concuerdan es que el matrimonio es muy difícil de disolver.

Nada sino la infidelidad marital o la deserción de un cónyuge incrédulo constituye un divorcio bíblico (es decir, no pecaminoso).4 Aunque estés casado con una mujer que no profesa ser cristiana, mientras ella quiera vivir contigo, tu llamado es: “persiste” y trata de que tu matrimonio funcione.

En mis 13 años de profesión como consejero matrimonial, nunca he visto que un divorcio anti-bíblico cause menos dolor y sufrimiento de lo que causaría “reparar” el matrimonio. Ciertamente, es difícil resistir. Requiere mucha tolerancia y trabajo arduo. Pero por difícil que sea estar casado, es mucho más difícil proseguir con un divorcio pecaminoso porque “el camino de los [‘traicioneros’ RVA] transgresores es duro” (Prov. 13:15 RV60).

Cuando aconsejo a una persona que está pensando iniciar un divorcio anti-bíblico, usualmente le hago dos preguntas:5 La primera es: ¿Quieres lo mejor de Dios? La mayoría de la gente responde, “¡Por supuesto!” pero nunca se han detenido a considerar que su rebelión egocéntrica de iniciar un divorcio no sólo es un serio pecado contra el Dios Todopoderoso sino que tendrá un profundamente calamitoso impacto en su vida y felicidad futuras. El pecado causa miseria temporal y eterna. La gracia no es, como muchos suponen, pecado sin consecuencia. Tú no debes esperar que Dios bendiga tu desobediencia removiendo todas las consecuencias naturales (y sobrenaturales) de tu pecado. No importa cuán miserable piensas que eres en tus circunstancias actuales, si buscas un divorcio anti-bíblico serás, a largo plazo, más miserable de lo que eres ahora, aunque experimentes algún alivio momentáneo de tu sufrimiento. Recuerda la advertencia de Gálatas 6:7: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.”

La otra pregunta que me gusta hacer a los que quieren desertar innecesariamente de su matrimonio es, “¿Estás dispuesto a demostrarle a Dios y todo el mundo que tienes un corazón duro?” La mayoría de cristianos entienden las claras implicaciones de esta pregunta. Jesús, cuando fue cuestionado por los fariseos sobre las regulaciones del divorcio, demostró que el pacto del matrimonio no es un contrato tan fácil de abandonar como algunos de ellos creían.

Y se acercaron a Él algunos fariseos para probarle, diciendo: ¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? Y respondiendo Él, dijo: ¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio LOS HIZO VARÓN Y HEMBRA, y añadió: “POR ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE”? Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Ellos le dijeron: Entonces, ¿por qué mandó Moisés DARLE CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARLA? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero no ha sido así desde el principio. Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio (Mat. 19:3–9).

Cuando un cristiano inicia un divorcio anti-bíblico es siempre porque ha endurecido su corazón contra Dios.

Un tiempo atrás yo estaba en mi oficina tratando de convencer a una mujer que ella no tenía base bíblica para divorciarse de su esposo. A pesar de mi esfuerzo por hacerle ver lo que las Escrituras enseñan, ella no se convenció. Cuando comencé a presionar la autoridad de las Escrituras tratando de convencerla con ellas (“toda Escritura es inspirada por Dios y útil para … corregir … 2 Tim. 3:16), ella parecía ser inmune. Aunque le estaba lanzando todo lo que hay en el Libro, ella parecía impenetrable; no podía hacer llegar la verdad de la Palabra de Dios a través de los bloques que parecía haber levantado en su corazón. Finalmente, trató de justificar su pecaminoso plan diciendo, “Usted no conoce mi corazón, sólo Dios, y Él entiende.” A lo cual respondí, “¡Usted está en lo cierto, Dios conoce su corazón y entiende que es duro!”

Ahora, como hombre, tú podrías decir, “Yo se que sería un pecado, pero creo que Dios me perdonaría si me divorcio de mi esposa.”

¡No te apresures! Pensemos bien esto por un momento. Supón que tú eres el presidente de un banco y que entrando en tu oficina con una mirada sombría en mi rostro yo te preguntara, “¿Recuerda cuando su banco fue asaltado hace tres semanas?”

“Ciertamente sí,” replicas tú con un tono sospechoso en tu voz y una mirada suspicaz en tus ojos.

“Bueno, no sé como decirle esto exactamente pero … Bueno, eh, yo vine para confesarle el crimen y pedirle que me perdone. De verdad, de verdad lo siento mucho. Mire, yo sé que no lo merezco, pero ¿cree que podría perdonarme de corazón? ¡Por favor!”

“Ya veo. Bueno, ¿Dónde está el dinero que se robó?”

“¿El dinero?”

“Sí, quiero que me devuelva mi dinero”

“Pero yo vine a pedirle que me perdone. Yo no quiero regresarle el dinero. ¿No puede perdonarme y olvidarse del dinero?”

“Por supuesto que no, usted tiene que estar dispuesto a restituir lo que se robó antes de comenzar a pensar que lo voy a perdonar.”

¿Ves ahora cuán necio es esperar que Dios perdone tu divorcio pecaminoso sin primero estar dispuesto a arrepentirte y (si es posible) reconciliarte con tu esposa?

“¡Pero es que si sigo casado con esa mujer me voy a volver loco!”

“Es más probable que te “vuelvas loco” desviándote de la voluntad revelada de Dios que obedeciendo su Palabra y sufriendo por la justicia. Abandonar el lugar donde la Palabra de Dios dice que debemos estar es una cosa seria: “Como pájaro que vaga lejos de su nido, así es el hombre que vaga lejos de su hogar” (Prov. 27:8). El egoísmo y el descontento es lo que hace que un hombre abandone a su esposa y a su familia, separándose de ellos para buscar su deseo pensando que hay pastos más verdes en otro lugar (Prov. 18:1).

Yo he aconsejado a muchos hombres cristianos del otro lado de un matrimonio pecaminoso, quienes no quisieron reconciliarse con la esposa que desecharon antes de entrar en un matrimonio posterior. Pero no recuerdo ni uno que, después de todo, esté mejor ahora de lo que habría estado si hubiese estado dispuesto a persistir, a enfrentar la dificultad envuelta en enderezar su vida y a reconciliar su matrimonio.

Recientemente, un hombre que estaba separado de su esposa vino a mí de otra iglesia en el área para consejería. Le pregunté por qué venía conmigo en lugar de ir con el consejero de su propia iglesia. Su respuesta me enfureció.

“Ese consejero,” replicó, “me dijo que un buen divorcio es mejor que un mal matrimonio.”

El problema es que muchos cristianos no están dispuestos a sufrir por la justicia. Ellos parecen haber olvidado, si es que alguna vez lo supieron, que parte del paquete que viene cuando te comprometes con el cristianismo bíblico es que Dios te llama a sufrir (Mat. 5:10–12; 16:24; 2 Tim. 3:12; 1 Pedro 2:19–25). Algunas veces ese sufrimiento viene en la forma de un matrimonio difícil que hay que soportar. A menos, y hasta que Dios te provea una ventana bíblica por la cual puedas salirte (por ejemplo, la infidelidad sexual o la deserción matrimonial de tu esposa) mejor planea mantenerte allí a largo plazo.

La persistencia es otro de esos conceptos bíblicos que ha eludido de alguna manera a los cristianos hoy. El sufrimiento y la persistencia van mano a mano en la Biblia. Un importante efecto de la persistencia es la habilidad de soportar una prueba sin recurrir a medios pecaminosos de liberación (1 Sam. 24:1 y siguientes). Es decir, cuando Dios te pone en una caja, si tienes persistencia, no vas a sacar tu pecaminosa pequeña navaja para tratar de librarte a ti mismo con maneras que deshonran a Dios. Más bien, “persistirás allí” hasta que Dios te provea una manera honrosa a Él para salir de la caja. En relación a la dificultad del matrimonio, usualmente implica aprender a hacer funcionar un matrimonio. Para comenzar, primero debes sacar la viga de tu propio ojo (Mat. 7:5), esforzándote por ser un esposo bíblico integral.

Otro elemento de la persistencia que me gustaría mencionar tiene que ver con la forma en que percibes la prueba; en como ves el hecho de estar en una caja. Una persona persistente tiene la habilidad de mantener una perspectiva bíblica sobre sus problemas. Él o ella hacen esto rehusando magnificar una prueba tolerable para que parezca intolerable e insoportable.

Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre (Heb. 12:3–4).

Con toda probabilidad, las dificultades que estás atravesando y que te tien tan a tirar la toalla en tu matrimonio, no son en lo mínimo tan intolerables como te las imaginas. Seguramente son dolorosas, pero tienes que tener cuidado de no quejarte de una herida en la piel como si fuese un puñal atravesado en el corazón. También harás bien en considerar que Dios puede estar usando las pruebas de tu matrimonio para castigarte y santificarte para bien tuyo y la gloria de Su nombre. Él quiere producir en ti el fruto de justicia que sabe a paz.

Además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: HIJO MÍO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR ÉL; PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO. Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia. Heb. 12:5–11

Cuida de no pensar como Caín, quien neciamente se quejó de que su castigo era demasiado grande para ser soportado (Gen. 4:13). ¡La verdad es que tú aún no has recibido todo lo que mereces por tus pecados! Cristo ha tomado ese castigo sobre sí mismo. Si estás siendo castigado es para tu propio beneficio y para la gloria de Dios. Considera también que si Dios está usando tu matrimonio para disciplinarte, ¿Qué bien te hará evitarlo? Dios irá detrás de ti y te disciplinará más severamente – probablemente con una tabla más grande (y más dolorosa). Si te divorcias de tu esposa en contra de la Biblia y te casas con otra, no sólo estarás cometiendo adulterio, sino te estarás exponiendo a que Dios continúe el proceso de disciplina en tu próximo matrimonio. Créeme y cree en la Biblia: no vale la pena. A menos que tengas verdaderas bases bíblicas para el divorcio, es mucho más fácil soportar lo que sea para reparar tu matrimonio que abandonarlo y comenzar todo de nuevo.

Si lo que quieres es comenzar de nuevo, ¿Por qué no comienzas siendo la clase de esposo que la Biblia requiere de ti? Si en verdad eres cristiano tú puedes aprender a hacer cualquier cosa que la Biblia requiera. Puedes aprender a vivir con tu esposa “de manera comprensiva.” Puedes aprender a amar a tu esposa “como Cristo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella,” soportando su pecado (vea Luc. 9:41; Rom. 5:8). Puedes aprender a amarla con la misma intensidad que te amas a ti mismo. Puedes aprender a reemplazar cualquier amargura en tu corazón hacia ella con la generosidad, ternura y perdón de Cristo. Puedes aprender a honrarla como a “vaso más frágil.” Puedes aprender a “santificarla” y “limpiarla” lavándola con “el agua de la Palabra.” Puedes aprender a mejorar tu vida sexual y dejar de defraudarla a ella (y a ti mismo) en esta área. Puedes aprender a ser el líder espiritual y dirigente de tu casa que Dios quiere que seas. Y si lo haces, tarde o temprano tendrás la clase de matrimonio que no sólo será placentero para ti sino que agradará y glorificará a Dios; tendrás un matrimonio que realmente demostrará a todos la espectacular y amorosa relación que existe entre Cristo y su iglesia.

Al llegar al final de este libro, me gustaría tomar un momento para usar un poco de imaginación santificada. Imagina lo que será cuando, por la gracia de Dios, puedas presentar, a ti mismo y a Cristo (en el cielo), a tu esposa “en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante” (Ef. 5:27b) porque ella es “santa e inmaculada” (Ef. 5:27c). Que el Señor bendiga tu esfuerzo de llegar a ser, por el poder del Espíritu Santo y con la infalible asistencia de las Escrituras, un esposo integral.

1 Si estás inseguro acerca de lo que esto significa o acerca de si eres o no un verdadero cristiano, si aún no lo has hecho (este es tu recordatorio final), por favor toma un momento para leer el apéndice A “Cómo Puedo Ser Salvo.”

2 Aun aquellos cristianos que están sufriendo alguna enfermedad terminal o incurable tienen esperanza de que algún día Dios les sacará de la caja de su carpa carnal (su cuerpo físico) y los conducirá a la libertad de su casa celestial (Romanos 8:12–22) (“un edificio de Dios, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos” 1 Cor. 5:1–4).

3 De una serie de dos partes en cassette titulada “Cómo Vivir con un Esposo Incrédulo” (Título en inglés: “How to Live with an Unbelieving Spouse”).

4 Aunque todo divorcio es resultado del pecado, no todos los divorcios son pecaminosos. Para una explicación más completa sobre la posición protestante tradicional vea Matrimonio, Divorcio y Re-Casamiento, por Jay Adams (Grand Rapids: Zondervan, 1980) – Título en inglés Marriage, Divorce and Remarriage in the Bible.

5 Desde que yo recuerdo más mujeres cristianas profesantes inician divorcios anti-bíblicos de lo que lo hacen los varones cristianos profesantes. Esto es una realidad solemne. No pienses, “a mí y a mi esposa nunca nos sucederá.” El matrimonio es una cosa preciosa y debe ser tratado con cuidado.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 247–256). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

CREER EN CRISTO O CREERLE A CRISTO, PERSONAS DESTINADAS PARA CONDENACIÓN

CREER EN CRISTO O CREERLE A CRISTO, PERSONAS DESTINADAS PARA CONDENACIÓN

David Logacho
2016-03-31

a1Por medio del correo electrónico se ha comunicado con nosotros una amable oyente para hacernos la siguiente consulta: He encontrado dificultad en evangelizar a algunas personas no creyentes. Me dicen que ellos también creen en Cristo y que reciben milagros y que sus oraciones son contestadas. Cuando yo les hablo de las obras de la ley y de la fe en Cristo, me salen con que ellos tienen fe en Cristo, pero lo dicen sólo de palabra, sin entender lo que están afirmando. ¿Cómo puedo hacerles entender claramente el error en el que se hallan? ¿Qué palabras bíblicas se aplican a este problema tan delicado?

Gracias por su consulta amiga oyente. Comienzo por felicitarle por su deseo de compartir el Evangelio con otras personas. Habrá algunos que oyen el mensaje, no lo entienden en absoluto, y muy pronto se olvidan de lo que oyeron y siguen viviendo sin pensar siquiera en su condición espiritual. Habrá otros que oyen el mensaje, y al momento lo reciben con gozo, pero cuando vienen las pruebas de la vida, se desaniman y rehúsan seguir al Señor. Habrá otros que oyen el mensaje, parece que lo aceptan, pero muy pronto se nota que no pasó nada, porque más les interesa los afanes de este mundo y el engaño de las riquezas. Habrá otros que oyen el mensaje, lo entienden totalmente y de todo corazón, con sinceridad reciben a Cristo como su Salvador y esta decisión transforma totalmente sus vidas. El Señor Jesús habló de estas cuatro diferentes respuestas al mensaje del Evangelio, en lo que se conoce como la parábola del sembrador. Usted se siente algo frustrada porque algunas personas a quienes ha compartido el mensaje del Evangelio han dicho que ya creen en Cristo, y que sus oraciones son contestadas y hasta han recibido milagros. Bueno, existe la posibilidad de que estas personas sean ya creyentes y por eso han respondido de esa manera, pero también existe la posibilidad de que no sean creyentes aunque esté convencidas de que lo son. Esto último es lo que Usted piensa en cuanto a las personas a quienes compartió el Evangelio. Lo que pasa es que mucha gente piensa que cree en Cristo por el sólo hecho de ser miembro de alguna religión que tiene algo que ver con Cristo, no importa cuál religión sea. Mucha gente piensa que debe tener comunión con Dios porque cuando le pide algo, recibe lo que pide. Mucha gente piensa que Dios está con ellos porque han sido librados milagrosamente de algún peligro. Pero no debemos olvidar lo que dice Santiago 2:19 donde leemos: Tú crees que Dios es uno;  bien haces.  También los demonioscreen,  y tiemblan.

Hasta los demonios creen que Dios es uno, y no sólo eso, sino que tiemblan, pero no por eso dejan de ser siervos de Satanás y por tanto enemigos de Dios. Una cosa es creer en Dios o creer en Cristo y otra muy diferente es creer a Dios o creer a Cristo. Creer a Cristo significa conocer lo que Él ha dicho y hacer lo que Él ha dicho. Aquí radica la falla de muchos que dicen que creen en Cristo o que creen en Dios. El Nuevo Testamento presenta un episodio por demás trágico de personas que profetizaban, hacían obras sobrenaturales y todo en el nombre de Cristo, pero sin tener a Cristo en su vida. Ponga atención a lo que dice Mateo 7:21-23 No todo el que me dice:  Señor,  Señor,  entrará en el reino de los cielos,  sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mat 7:22  Muchos me dirán en aquel día:  Señor,  Señor,  ¿no profetizamos en tu nombre,  y en tu nombre echamos fuera demonios,  y en tu nombre hicimos muchos milagros?

Mat 7:23  Y entonces les declararé:  Nunca os conocí;  apartaos de mí,  hacedores de maldad.

No es cuestión de invocar al Señor de labios para afuera para poder entrar al reino de los cielos. Es algo más que eso. Implica un nuevo nacimiento, que hace posible el que cumplamos con la voluntad del Padre que está en los cielos. El Señor Jesús dijo que llegará un día, el día que el mundo llama el día del juicio, cuando no pocos, sino muchos estarán ante la persona del Señor y sabiendo que están en condenación, dirán al Señor: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Note, eran personas como las que Usted menciona en su consulta, que dicen que creen en Cristo, que reciben lo que piden en oración y que hasta milagros reciben. Pero estas personas no eran salvas, porque jamás habían sometido su voluntad a la voluntad de Dios, jamás habían recibido al Señor Jesucristo como Salvador. Por eso, estas personas escucharán las fatídicas palabras del Señor: Nunca os conocí. Apartaos de mí, hacedores de maldad. Estas personas profetizaban en el nombre del Señor, echaban demonios en el nombre del Señor, hacían milagros en el nombre del Señor, pero no hacían la voluntad del Señor sino la voluntad de Satanás. Nunca tuvieron una relación íntima y personal con el Señor y prueba de ellos es que su vida estaba caracterizada por hacer el mal. Cuando nos encontramos con personas que no quieren obedecer lo que dice Dios en su palabra, porque según ellos ya creen en Cristo y Dios les contesta las oraciones y reciben hasta milagros, es necesario reconocer que Dios necesita intervenir en estas personas haciendo su obra de quitar la venda espiritual que no les permite ver su triste condición espiritual como pecadores separados de Dios. Nosotros podemos orar a Dios pidiendo por esto, pero Dios tiene la última palabra. Él sabrá como lo hace y cuando lo hace. Algo que sí podemos hacer, además de orar, es compartir con estas personas el plan de salvación, poniendo énfasis en que el hombre es pecador, según Romanos 3:23, señalando que el hombre está en peligro de recibir eterna condenación por el hecho de ser pecador, según Romanos 6:23, indicando que Dios ama al pecador conforme a lo que dice Juan 3:16 y que por ese amor Dios envió a su Hijo unigénito para que muera en lugar del pecador, según Romanos 5:8 y finalmente invitando al pecador a reconocer que Cristo murió por él y por tanto debe recibirlo por la fe como Salvador personal, para llegar a ser hijo de Dios, según Juan 1:12. La palabra de Dios, y el poder del Espíritu Santo pueden derribar cualquier obstáculo que pueda poner el enemigo para evitar que el pecador halle salvación en Cristo Jesús.

La segunda consulta de nuestra amiga oyente que hizo la consulta anterior dice así: En Judas 4 dice el texto bíblico que algunas personas han sido desde antes destinadas para condenación, y he leído que Dios no quiere que ninguno se pierda, sino que todos sean salvos. ¿Cómo puedo explicar esta aparente contradicción? No puedo creer que Dios destine a alguien para perdición.

Gracias por su consulta. Usted tiene toda la razón al afirmar que la voluntad de Dios es que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:9 dice: El Señor no retarda su promesa,  según algunos la tienen por tardanza,  sino que es paciente para con nosotros,  no queriendo que ninguno perezca,  sino que todos procedan al arrepentimiento.

Siendo así, es de esperarse que Dios no predestine a nadie para condenación, como efectivamente se ve en la Biblia. Lo que la Biblia presenta es una paradoja en la salvación. Los que somos salvos hemos sido elegidos para ser salvos antes de la fundación del mundo, pero los que no son salvos, se condenan, no por no haber sido elegidos para ser salvos antes de la fundación del mundo, sino porque voluntariamente rechazan la oferta de salvación en Cristo. Con esto en mente permítame leer el texto que se encuentra en Judas 4. La Biblia dice: Porque algunos hombres han entrado encubiertamente,  los que desde antes habían sido destinados para esta condenación,  hombres impíos,  que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios,  y niegan a Dios el único soberano,  y a nuestro Señor Jesucristo.

Leído a la ligera, parecería que este versículo está diciendo que Dios ha predestinado, o decidido de antemano que algunos hombres terminen en condenación. Estos hombres son los apóstatas. Pero no hay tal. La Biblia nunca enseña que alguien sea predestinado para condenación. Cuando los hombres se salvan es por la soberana gracia de Dios. Pero cuando los hombres se condenan es por su propio pecado y desobediencia. Lo que este versículo está diciendo es que la condenación que van a recibir los apóstatas ha sido decidida por Dios con anticipación. El versículo no está hablando de que Dios ha determinado con anticipación quien va a ser apóstata. Lo que está diciendo el versículo es que cuando alguien por su propia voluntad se desvía del camino de la verdad y por su propia voluntad decide ser un apóstata, entonces lo que le espera es la condenación que de antemano Dios ha determinado para todo apóstata.