¿Quién se mete en tu mundo?

Abril 23

¿Quién se mete en tu mundo?

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Lectura bíblica: Filipenses 2:5–11

Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Filipenses 2:5, 7

a1El pequeño Lucas se puso loco de contento cuando vino a visitarlo su tío favorito. El tío Miguel prácticamente se lanzó por la puerta para tirarse al suelo y jugar con Lucas. El tío Miguel sabía construir rascacielos altísimos con los Legos. Le daba a los muñecos superhéroes aún más superpoderes. Sabía imitar el sonido de los soldaditos y los autos de juguete y un montón de otros sonidos. Y el tío Miguel nunca se cansaba de jugar con Lucas.

No importa cuánto has crecido, necesitas adultos que demuestren interés en tus actividades y tus cosas. Tu necesidad de recibir atención es satisfecha cuando un adulto que te quiere deja su mundo de adulto y pasa un rato en tu mundo.

Dios tiene el propósito de que recibamos ese tipo de atención de parte de nuestros familiares. Cuando recibimos esa atención, sabemos que somos importantes para ellos, y para Dios. Sentimos que valemos. Sentimos que somos de bastante valor como para que alguien nos dedique su tiempo.

No obstante, no importa cuánto amor sentimos en nuestro hogar, todavía necesitamos saber esta realidad: Jesucristo dejó su mundo, el cielo, y vino a nuestro mundo —la Tierra pecadora— para demostrar su amor por nosotros. Aunque merecía estar sentado en las alturas en el trono celestial, se convirtió en un ser humano para poder tirarse al piso y estar con nosotros. Ese es el mensaje de Filipenses 2:5–8. Dios es el que satisface tu necesidad de recibir atención.

Dios sigue prestándote atención a ti y prestando atención a tu mundo. Escucha estas verdades:

• Dios te valora tanto que permanece a tu lado día tras día en la persona del Espíritu Santo (ver Juan 14:16).
• Dios sabe cada detalle de tu vida. Te conocía antes de nacer (ver Salmo 139:13–16).
• Dios conoce tus luchas. Te invita: “Echad sobre él toda vuestra ansiedad, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).
• Dios no podría estar más cerca. Momento a momento está allí mismo contigo. Está tan cerca que uno de los nombres de Cristo es Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

Al dejar que estas verdades saturen tu mente y corazón, tendrás un concepto nuevo de ti mismo. Comenzarás a verte como realmente eres: una persona de gran valor.

PARA DIALOGAR:
¿Cómo ha mostrado Jesús verdadero interés por ti?¿Qué indica eso acerca de cuánto te ama?

PARA ORAR:
Pídele a Dios que te ayude a verte como él te ve.

PARA HACER:
Memoriza un versículo que te recuerde cuánto vales para Dios.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«¡ME CELÓ CON SU PROPIA MADRE!»

23 abr 2016

«¡ME CELÓ CON SU PROPIA MADRE!»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Hace más de cuatro años terminé con una novia…. Ella se enfermó de celos, y me acosaba con sus comportamientos. Yo… tomé el valor suficiente para terminar la relación….

»Un año después hice amistad con una joven… y poco tiempo después nos hicimos novios. La relación que llevo con ella es única y muy hermosa. Sin duda la amo mucho y no deseo desprenderme de ella. Tenemos planes de matrimonio, y de verdad eso es lo que quiero.

»Pero de hace un año hasta la actualidad ha tenido comportamientos… que muestran sus celos al igual que mi anterior novia. Ha sido muy terrible porque ya ni siquiera conservo mi paz. Me ha celado con sus hermanas… con desconocidas, ¡y el colmo fue cuando me celó con su propia madre!

»Verdaderamente no le he dado motivos para que me cele de esta manera….

»He estado muy cerca de terminar nuestra relación. No sé qué hacer. ¿Seré el culpable de esta situación? ¿O es simple casualidad que dos novias se hayan vuelto celosas extremas?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Es prudente de su parte que se haya preguntado si será culpable de esa situación, ya que siempre que algo nos sucede con frecuencia, debiéramos hacer una evaluación a ver si nosotros somos los causantes. Sin embargo, si todo lo que dice usted es cierto, entonces el único error que ha cometido es la clase de jovencita por la que siente atracción.

»En muchos casos, los celos que no se justifican provienen de una acentuada inseguridad. ¿Lo atraen jovencitas inseguras porque así usted puede convertirse en su príncipe azul? ¿Acaso lo intimidan las jóvenes que se sienten más seguras de sí mismas? Si la respuesta es que no, entonces tal vez esta no sea más que una infeliz coincidencia.

»El apóstol Pablo incluyó los celos en su lista de pecados junto con otros tales como la idolatría y la inmoralidad,1 así que está claro que los celos son un hábito pecaminoso que puede superarse con la ayuda de Dios. Si su novia no está dispuesta a reconocer que los celos que siente son pecaminosos y que ella necesita arrepentirse de ellos, entonces la relación entre ustedes dos no tiene remedio. En cambio, si ella sí está dispuesta, el proceso de sobreponerse a los celos recibirá un gran impulso si ella puede consultar con un consejero acerca de esa inseguridad que la atormenta.

»Esa falta de paz que usted está sintiendo es una clara señal de peligro a la que debe prestar atención. ¿Por qué habría de querer usted casarse con una persona que siempre le produce tensión y ansiedad a causa de lo que ella pudiera hacer en cualquier momento? Ni siquiera considere el casarse con esa jovencita hasta que los celos que ella siente se hayan convertido en un recuerdo del pasado…. Si de veras la ama, usted será capaz de esperar el tiempo que sea necesario.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 248.

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 17

Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

a1La etapa de la adolescencia es un tiempo caracterizado por los cambios físicos, sociales y cognoscitivos en el desarrollo de la persona. Durante esa fase de la vida, el adolescente tiene como tarea principal la de formar y consolidar su identidad. Con su capacidad de ir independizándose, el adolescente enfrenta el nuevo desafío de tomar decisiones que van a afectar su vida de adulto. Tiene que construir su propia escala de valores, sus identificaciones con lo que espera llegar a lograr, y una definición de sí mismo. No es una tarea fácil, pero le es mucho más leve si puede contar con el respaldo y soporte de adultos cercanos que lo aman y que le ofrecen modelos de vidas íntegras.

La adolescencia es también una etapa muy importante en el desarrollo espiritual. En medio de todos los cambios en su vida, el adolescente puede abrirse a Dios de una forma nueva y genuina, experimentando una relación personal y comprometida con el Señor. Pero la vida del adolescente puede también llevarlo a muchos altibajos en sus emociones y generalmente tiene que enfrentar nuevas dudas, desilusiones y tentaciones. Por eso es importante que la familia y la iglesia estén preparados para guiar al adolescente en una vida auténtica y dinámica en el Señor.

La serie Adolescentes está preparada como herramienta para el desafío de acompañar al adolescente en su vida. Los libros tienen como objetivo que los alumnos puedan conocer personalmente a Jesucristo y crecer en él. Los temas tratados en cada libro apuntan a la vida real del adolescente y le ofrecen una base bíblica para ir tomando decisiones y formando su identidad en Cristo. El adolescente mismo descubre por sí mismo los principios bíblicos mientras aprende a estudiar e investigar la Palabra.

En cada lección hay actividades que procuran que el alumno adquiera conocimientos bíblicos. Se busca confrontar lo que la Biblia enseña con la práctica de la sociedad o con la opinión personal. Las Escrituras tienen un mensaje para hoy, el que en muchas ocasiones contradice la enseñanza popular. Es necesario que el adolescente descubra el mensaje de Dios y que, de esta manera, sea transformado por las Escrituras.

Una característica importante del adolescente es el valor que tiene para él la pertenencia a un grupo. Las lecciones están escritas para que los alumnos puedan crecer también como grupo y compartir sus experiencias, ideas y pensamientos. Pueden ser usadas tanto para el discipulado como para la enseñanza de una clase. Las lecciones son participativas y prácticas, enfocadas a las necesidades y a la vida del adolescente.

Las partes de la clase

La incentivación o introducción

Ésta es la primera y, según algunos expertos en educación, la parte más importante de la clase, ya que del éxito de esta actividad depende que el resto de la clase tenga algún afecto en la vida de los alumnos. En la incentivación se busca atraer la atención de los alumnos. Pero, por otro lado, una buena incentivación predispone al alumno a integrar los conocimientos adquiridos en el desarrollo de la lección con su vida diaria. El maestro, entonces, preparará esta parte de la clase con mucho cuidado y atención, utilizando los distintos métodos sugeridos.

El desarrollo de la lección o los tiempos de estudio y reflexión

Esta sección hace hincapié en la adquisición de conocimientos bíblicos. Se busca que el alumno conozca nuevas verdades de la Palabra de Dios. El mensaje de las Escrituras siempre es pertinente a nuestra situación, pero debemos encontrar formas nuevas para aplicar estas verdades bíblicas a la vida. Para cumplir correctamente la Palabra de Dios, debemos conocer la realidad en la cual estamos inmersos; por ello, en casi todas las actividades, el alumno deberá reflexionar acerca de su situación y su entorno.

En las lecciones se utiliza una Hoja de Trabajo (HT) que se fotocopia para cada alumno. El maestro funciona como una guía para lograr que cada pequeño grupo de trabajo, analice y descubra por sí mismo cuáles son las enseñanzas bíblicas. Todos los alumnos deben tener la oportunidad de participar en clase. Una persona aprende mucho más cuando descubre las cosas por sí misma. Por otra parte, el adolescente necesita interactuar con el grupo y confrontar sus ideas y creencias con los demás. De esta manera, va definiendo y afirmando sus valores y su fe en Dios. Además, las lecciones sirven para fortalecer el sentido de grupo y lograr que ellos tengan un lugar para ser escuchados y aceptados mientras comparten el crecimiento espiritual.

La aplicación y conclusión

No es suficiente conocer las verdades de Dios, hay que vivirlas. Esta sección apunta a la aplicación práctica de estos principios. El alumno descubre cómo ponerlos en práctica en su vida. Usando varios métodos, la conclusión engloba los elementos manejados durante la clase, llevando al alumno a un compromiso de vida con el Señor Jesús.

Bibliografía recomendada

Benson, C. A. El arte de enseñar. Miami, Editorial Caribe, 122 páginas.

Benson, C. H. La escuela dominical en acción. San José, Editorial Caribe, 1971. 122 páginas.

Bolton, Barbara. Ayudando a los pequeños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Bolton, Barbara y Charles Smith. Trabajando con los niños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Campbell, Ross. Si amas a tu hijo. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1986. 144 páginas.

Dobson, James. Atrévete a disciplinar. Miami, Vida, 1976. 223 páginas.

——— Cómo criar a un niño especial. Terrassa, Editorial CLIE, 1979. 250 páginas.

——— La felicidad del niño. Miami, Editorial Vida, 1978. 206 páginas.

——— El amor debe ser firme. Miami, Editorial Vida, 1990. 288 páginas.

Drescher, John. Siete necesidades básicas del niño. El Paso, Editorial Mundo Hispano, 1983. 112 páginas.

Gangler, Kenneth. 24 Ideas para mejorar su enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1992. 166 páginas.

Hancock, Maxine. Vidas en formación. Los años preescolares. Miami, Editorial Vida, 1979. 222 páginas.

Haytead, Wesley. No se puede empezar demasiado pronto. Terrassa, Editorial CLIE, 197. 144 páginas.

Hendricks, Howard G. Enseñando para cambiar vidas. Editorial Unilit, 1990. 142 páginas.

Larson, Jim. Disfrute enseñando. Terrassa, Editorial CLIE, 1978. 118 páginas.

LeBar, Lois y Miguel Berg. Llamados a enseñar. Miami, Editorial Caribe, 1977. 159 páginas.

LeBar, Lois. Rosita asiste a la clase de prepárvulos. Puebla, México, Ediciones Las Américas, S/F. 223 páginas.

Martin, William. Fundamentos para el educador evangélico. Miami, Editorial Vida, 1987. 112 páginas.

Mijares, L. y V. Campbell. Manual para el departamento cuna. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1960. 100 páginas.

Mow, Anna. Tu hijo, del nacimiento al nuevo nacimiento. Terrassa, Editorial CLIE, 1975. 109 páginas.

Pearmar, Myen. Enseñando con éxito en la escuela dominical. Miami, Editorial Vida, 1991. 127 páginas.

Perez, Humberto. El maestro y la forma de la verdad. Editorial Caribe, 1995. 240 páginas.

Somoza, Ana. Aprendiendo a enseñar la Biblia. Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 1990. 174 páginas.

Strauss, Richard. Hijos confiados y cómo crecen. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1977. 183 páginas.

Stuckland, Jenell. Cómo guiar a los preescolares. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1988. 240 páginas.

Town, Elmar. La escuela dominical dinámica. Miami, Editorial Vida, 1979. 175 páginas.

Willis, Wesley R. La enseñanza eficaz, Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1993. 119 páginas.

Zuck, Roy B. Poder espiritual en la enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1973. 126 páginas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 165–170). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Sufrimiento con propósito

Sufrimiento con propósito

4/22/2016

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Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre. (Hebreos 6:20)

El propósito de Cristo al llevar nuestros pecados en la cruz y soportar las tinieblas de la muerte fue abrir el camino hacia Dios. El apóstol Pedro dijo que Cristo murió “para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Dios mostró simbólicamente esa verdad al rasgar el velo del templo de arriba abajo, abriendo el lugar santísimo al acceso inmediato de todos los adoradores (Mt. 27:51). Como sacerdotes, todos los creyentes pueden entrar a la presencia de Dios (1 P. 2:9; He. 4:16).

El verbo griego traducido como “pueda llevarnos” (1 P. 3:18) expresa el propósito de la obra de Jesús. Se empleaba a menudo el verbo cuando se estaba presentando a alguien. La forma nominal de la palabra se refiere al que hace la presentación. En la época de Cristo, los funcionarios de las cortes antiguas controlaban el acceso al rey. Una vez que estaban convencidos del derecho de ese acceso de una persona, el funcionario llevaba a esa persona a la presencia del rey. Y esa es precisamente la función que Jesucristo desempeña por nosotros ahora. Como Él dijo: “Nadie llega al Padre sino por mí” (Jn. 14:6). Él vino para llevarnos a la presencia del Padre.

http://www.gracia.org/recursos.aspx?page=Devocional

11. LA SOLEDAD

11. LA SOLEDAD

David Logacho
2016-04-22

a1Saludos cordiales amable oyente. Es motivo de gran gozo para mí darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada Gigantes al Acecho. Cuando hablo de gigantes no me refiero a alguna raza de superhombres sino a cosas contra las cuales todos tenemos que luchar en nuestra vida cristiana. Estas cosas pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si llegan a dominarnos nos causarán gran aflicción. En nuestros estudios bíblicos anteriores sobre este mismo tema, ya hemos visto como podemos librarnos de al menos los gigantes que he mencionado. El problema es que existen más de esos gigantes y es así como en el estudio bíblico de hoy vamos a hablar acerca de otro poderoso gigante que se llama soledad.

Otro poderoso gigante es la soledad. Casi a cualquier lugar donde dirijamos nuestra mirada encontramos personas solitarias. Millones de personas sufren de aislamiento, pensando que nadie les ama, o peor aun pensando que no tienen ningún valor. Personas así viven atormentadas porque se encuentran completamente solas en el mundo a pesar que probablemente tengan a mucha gente a su alrededor. Alguien que trabaja con jóvenes ha dicho que probablemente un 95% de ellos se encuentra en un estado de soledad. Quizá esto explique el alto índice de suicidios entre la juventud. La soledad es un gigante terrible, puede hacer que nos sintamos tan miserables, deprimidos y desanimados que pensamos que lo mejor sería morir. Quizá valga la pena pensar en cómo una persona puede quedar atrapada en las temibles garras de ese gigante llamado soledad. Existen varias puertas que este poderoso gigante utiliza para entrar a nuestra vida y arruinar nuestra existencia. La primera se llama rechazo. Si por algún motivo hemos sufrido algún tipo de rechazo en el pasado, es posible que sintamos que no valemos nada, lo cual nos conducirá al desconsuelo y a la autocompasión. Con una mentalidad así marcada, evitaremos el contacto con la gente para evitar el tan temido rechazo. La soledad aunque sea dolorosa será una especie de autoprotección para evitar mayores heridas. La segunda puerta por donde puede entrar el gigante de la soledad se llama burla. Si alguien se burla de nosotros, ya sea de lo que somos o de lo que hacemos o de lo que decimos, nos sentiremos profundamente heridos en nuestro amor propio. Para evitar seguir siendo heridos echaremos mano de la soledad como mecanismo de autodefensa. Los padres somos muy propensos a burlarnos de nuestros hijos. Al hacerlo estamos abriendo una gran brecha en su amor propio, por la cual perfectamente podría entrar el gigante de la soledad. La tercera puerta por la cual puede entrar el gigante de la soledad es la separación. Un cambio de casa nos puede separar de nuestros mejores amigos y potencialmente nos puede sumir en la soledad. La muerte de un familiar puede separarnos de la persona que tanto hemos amado y arrojarnos a una terrible soledad. Un divorcio puede separar a dos personas que han estado juntas por años y conducir al profundo abismo de la soledad. La cuarta puerta por la cual puede penetrar el gigante de la soledad a nuestra vida es el pecado no confesado. Un pecado no confesado crea un fuerte sentimiento de culpa. En el huerto de Edén, la desobediencia no sólo erigió una barrera entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y su mujer. Una vez que cayeron en pecado se convirtieron en seres egoístas y corruptos. Su maldad creció a partir de ese acto y continuó separándolos. El pecado separa, aísla, conduce a la soledad. Si la soledad ya ha entrado a su vida, debe haber atravesado por alguna de estas puertas. Quizá usted podría identificar por cuál de esas puertas entró ese poderoso gigante llamado soledad. Pero en realidad, lo que más le interesa a usted es saber como sacar a ese poderoso gigante de su vida. Bueno, permítame sugerir estas ideas. Primero, establezca o fortalezca su relación personal con Dios. Si usted no es creyente, está separado de Dios y eso puede ser la fuente de su soledad. Pero Cristo murió en la cruz del Calvario para que usted no continúe separado de Dios. Si quiere estar unido a Dios, lo único que debe hacer es recibir a Cristo como su Salvador. Si usted ya tiene a Cristo como su Salvador y aún así sigue sintiéndose solo, necesita fortalecer su comunión con el Señor. A lo mejor existe algún pecado no confesado en su vida. Algo que solamente usted y Dios lo saben. Si ese es el caso, confiese ese pecado al Señor y apártese del mismo. A lo mejor siente amargura contra los que le han rechazado o contra los que se han burlado de usted, o aún contra Dios por haber permitido cosas que le han causado tanto dolor. Si es así, decídase a perdonar a los que le han causado daño y si su amargura es contra Dios, recuerde que él no puede fallar. Si Dios permitió aquello que le ha causado tanto sufrimiento es porque de alguna manera que tal vez no pueda entender por ahora, eso es para su propio bien. Segundo, procure establecer relaciones significativas con otros. ¿Por qué no puede hacer amistades con facilidad? Quizá está ahuyentando a otros por sus actitudes y sus acciones. Nadie desea relacionarse con una persona amargada, enojada, egoísta y centrada en sí misma. Evalúe cuáles son sus motivaciones a la hora de entablar una amistad con alguien. ¿Busca amistad para obtener algún provecho personal? Si es así, está mal motivado y eso puede ser la causa de su soledad. La amistad no es para sacar algo sino para dar algo. Tener amigos significa correr riesgos, como vernos traicionados o desilusionados, pero no hay otra manera de disfrutar de sus recompensas. Debemos estar listos a tender puentes de amistad y caminar sobre estos puentes confiadamente. Encontraremos que es muy satisfactorio pues el proceso llena nuestras necesidades sociales. Tercero, identifique si su soledad está de alguna manera relacionada con la amargura. Si ha sido lastimado de alguna manera en el pasado, probablemente no desee arriesgarse buscando otra amistad. Pero si persiste en actuar de esta forma negativa, estará impidiendo el proceso sanador que necesita llevarse a cabo. Si continúa abrigando sus resentimientos, quedará incapacitado para actuar con la honestidad y apertura que requieren para llenar sus vacíos sociales. Confiese este sentimiento a Dios y confíe en que él permitirá que tenga buenas relaciones con otros. Cuarto, no se abandone a la autocompasión. Si se pasa la vida sintiendo lástima de usted mismo, nunca saldrá de su soledad. Entre más tiempo se pase lamentando su desdicha, más profundas se harán sus heridas emocionales. La autocompasión es el recurso de los débiles. Deje de mirar hacia el pasado. Cúbralo con la sangre de Cristo y mire el futuro con esperanza. Quinto, evite recluirse en la soledad. Si es una persona con tendencia a la soledad, minimice el tiempo que pasa solo o sola. Busque la comunión con otras personas. Aunque sus emociones le aconsejen a quedarse en su cama todo el día, no se deje dominar de este sentimiento. Fortalézcase en el Señor y busque la compañía de otros. Sexto, busque maneras de ayudar a otros. No hay mejor terapia para salir de la soledad que el ocuparse en el servicio a otros. Cuando está sirviendo a otros, dejará de mirarse a usted mismo y estará forzado a poner su mirada sobre otros. Esto le ayudará a vencer su soledad. Séptimo, busque promesas en la palabra de Señor, que le motiven mirar a Dios como un ser personal, interesado aún en los detalles más insignificantes de su vida. Si Dios conoce aun el número de cabellos de nuestra cabeza, ciertamente que nuestra soledad no le será desconocida. La palabra infalible de Dios le mostrará que en realidad no está solo o sola, a pesar que usted así lo sienta. Note por ejemplo lo que dice la palabra del Señor en relación con su pueblo escogido Israel. Leo en Isaías 43:1-5 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

Isa 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isa 43:3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

Isa 43:4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

Isa 43:5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.

Si Dios cuida así de su pueblo Israel, ¿Piensa que lo hará menos con nosotros que somos sus hijos?

Otros oficiales de David

1 Crónicas 27-29

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Otros oficiales de David

a127:1  Estos son los principales de los hijos de Israel, jefes de familias, jefes de millares y de centenas, y oficiales que servían al rey en todos los negocios de las divisiones que entraban y salían cada mes durante todo el año, siendo cada división de veinticuatro mil.

Sobre la primera división del primer mes estaba Jasobeam hijo de Zabdiel; y había en su división veinticuatro mil.

De los hijos de Fares, él fue jefe de todos los capitanes de las compañías del primer mes.

Sobre la división del segundo mes estaba Dodai ahohíta; y Miclot era jefe en su división, en la que también había veinticuatro mil.

El jefe de la tercera división para el tercer mes era Benaía, hijo del sumo sacerdote Joiada; y en su división había veinticuatro mil.

Este Benaía era valiente entre los treinta y sobre los treinta; y en su división estaba Amisabad su hijo.

El cuarto jefe para el cuarto mes era Asael hermano de Joab, y después de él Zebadías su hijo; y en su división había veinticuatro mil.

El quinto jefe para el quinto mes era Samhut izraíta; y en su división había veinticuatro mil.

El sexto para el sexto mes era Ira hijo de Iques, de Tecoa; y en su división veinticuatro mil.

10 El séptimo para el séptimo mes era Heles pelonita, de los hijos de Efraín; y en su división veinticuatro mil.

11 El octavo para el octavo mes era Sibecai husatita, de los zeraítas; y en su división veinticuatro mil.

12 El noveno para el noveno mes era Abiezer anatotita, de los benjamitas; y en su división veinticuatro mil.

13 El décimo para el décimo mes era Maharai netofatita, de los zeraítas; y en su división veinticuatro mil.

14 El undécimo para el undécimo mes era Benaía piratonita, de los hijos de Efraín; y en su división veinticuatro mil.

15 El duodécimo para el duodécimo mes era Heldai netofatita, de Otoniel; y en su división veinticuatro mil.

16 Asimismo sobre las tribus de Israel: el jefe de los rubenitas era Eliezer hijo de Zicri; de los simeonitas, Sefatías, hijo de Maaca.

17 De los levitas, Hasabías hijo de Kemuel; de los de Aarón, Sadoc.

18 De Judá, Eliú, uno de los hermanos de David; de los de Isacar, Omri hijo de Micael.

19 De los de Zabulón, Ismaías hijo de Abdías; de los de Neftalí, Jerimot hijo de Azriel.

20 De los hijos de Efraín, Oseas hijo de Azazías; de la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaías.

21 De la otra media tribu de Manasés, en Galaad, Iddo hijo de Zacarías; de los de Benjamín, Jaasiel hijo de Abner.

22 Y de Dan, Azareel hijo de Jeroham. Estos fueron los jefes de las tribus de Israel.

23 Y no tomó David el número de los que eran de veinte años abajo, por cuanto Jehová había dicho que él multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo.

24 Joab hijo de Sarvia había comenzado a contar; pero no acabó, pues por esto vino el castigo sobre Israel, y así el número no fue puesto en el registro de las crónicas del rey David.

25 Azmavet hijo de Adiel tenía a su cargo los tesoros del rey; y Jonatán hijo de Uzías los tesoros de los campos, de las ciudades, de las aldeas y de las torres.

26 Y de los que trabajaban en la labranza de las tierras, Ezri hijo de Quelub.

27 De las viñas, Simei ramatita; y del fruto de las viñas para las bodegas, Zabdi sifmita.

28 De los olivares e higuerales de la Sefela, Baal-hanán gederita; y de los almacenes del aceite, Joás.

29 Del ganado que pastaba en Sarón, Sitrai saronita; y del ganado que estaba en los valles, Safat hijo de Adlai.

30 De los camellos, Obil ismaelita; de las asnas, Jehedías meronotita;

31 y de las ovejas, Jaziz agareno. Todos estos eran administradores de la hacienda del rey David.

32 Y Jonatán tío de David era consejero, varón prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey.

33 También Ahitofel era consejero del rey, y Husai arquita amigo del rey.

34 Después de Ahitofel estaba Joiada hijo de Benaía, y Abiatar. Y Joab era el general del ejército del rey.

Salomón sucede a David

28:1  Reunió David en Jerusalén a todos los principales de Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la hacienda y posesión del rey y de sus hijos, y los oficiales y los más poderosos y valientes de sus hombres.

Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar.

Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre.

Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.

Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.

Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre.

Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día.

Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente.

Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.

10 Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla.

11 Y David dio a Salomón su hijo el plano del pórtico del templo y sus casas, sus tesorerías, sus aposentos, sus cámaras y la casa del propiciatorio.

12 Asimismo el plano de todas las cosas que tenía en mente para los atrios de la casa de Jehová, para todas las cámaras alrededor, para las tesorerías de la casa de Dios, y para las tesorerías de las cosas santificadas.

13 También para los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los utensilios del ministerio de la casa de Jehová.

14 Y dio oro en peso para las cosas de oro, para todos los utensilios de cada servicio, y plata en peso para todas las cosas de plata, para todos los utensilios de cada servicio.

15 Oro en peso para los candeleros de oro, y para sus lámparas; en peso el oro para cada candelero y sus lámparas; y para los candeleros de plata, plata en peso para cada candelero y sus lámparas, conforme al servicio de cada candelero.

16 Asimismo dio oro en peso para las mesas de la proposición, para cada mesa; del mismo modo plata para las mesas de plata.

17 También oro puro para los garfios, para los lebrillos, para las copas y para las tazas de oro; para cada taza por peso; y para las tazas de plata, por peso para cada taza.

18 Además, oro puro en peso para el altar del incienso, y para el carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová.

19 Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño.

20 Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.

21 He aquí los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, estarán contigo en toda la obra; asimismo todos los voluntarios e inteligentes para toda forma de servicio, y los príncipes, y todo el pueblo para ejecutar todas tus órdenes.

29:1  Después dijo el rey David a toda la asamblea: Solamente a Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno de edad, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios.

Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia.

Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios:

tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada para cubrir las paredes de las casas;

oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?

Entonces los jefes de familia, y los príncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente.

Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro.

Y todo el que tenía piedras preciosas las dio para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jehiel gersonita.

Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente.

10 Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo.

11 Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.

12 Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos.

13 Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre.

14 Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.

15 Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura.

16 Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.

17 Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente.

18 Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti.

19 Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos.

20 Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová y del rey.

21 Y sacrificaron víctimas a Jehová, y ofrecieron a Jehová holocaustos al día siguiente; mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios de parte de todo Israel.

22 Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

23 Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.

24 Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón.

25 Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel.

Muerte de David

(1 R. 2.10-12)

26 Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel.

27 El tiempo que reinó sobre Israel fue cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalén.

28 Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria; y reinó en su lugar Salomón su hijo.

29 Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, en las crónicas del profeta Natán, y en las crónicas de Gad vidente,

30 con todo lo relativo a su reinado, y su poder, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel y sobre todos los reinos de aquellas tierras.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Si fueras sólo uno

Abril 22

Si fueras sólo uno

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Lectura bíblica: 1 Corintios 6:18–20

¿O no sabéis… que no sois vuestros? Pues habéis sido comprados por precio. 1 Corintios 6:19, 20

a1Teresa se encogía de hombros cuando oía decir que la muerte de Jesús por ella era prueba de su amor. Se sentía perdida en un gentío.
—Sí, ya sé, Jesús murió por mis pecados —protestaba—, pero no murió sólo por mí. Murió por todo el mundo. Yo apenas soy una entre millones que ha recibido el perdón de Dios.

Tema para comentar: ¿Alguna vez te sientes como si la muerte de Jesús no te indicara realmente cuánto Dios te ama, porque eres sólo uno entre tantos?
Sí, eres un creyente entre muchos millones. ¡Pero no por eso vales ni un céntimo menos para Dios! Y ésta es la razón: ¡Si fueras la única persona en el planeta, de igual forma, Cristo hubiera muerto por ti!

La Biblia da prueba de ese hecho: Cuado Dios hizo su promesa de rescatar a los seres humanos del pecado, había sólo dos personas en el mundo. En cuanto Adán y Eva pecaron, Dios prometió herir la cabeza de Satanás. (Dios estaba hablando de la victoria que la muerte de Cristo en la cruz produciría; ver Génesis 3:15). Ahora bien, aquí es donde entras tú. Si tú hubieras estado en el jardín del Edén, en lugar de Adán y Eva, tú también hubieras desobedecido a Dios. Y también hubieras recibido la grandiosa promesa de salvación. Garantizado.

Teresa sabía que la cruz tiene que ver con el pecado y el perdón. Pero nunca había pensando en por qué Dios se había molestado en enviar a Jesús para morir por ella, por qué creía que ella valía el increíble precio de su Hijo para que fuera perdonada. Era todo porque ella era digna de ser amada.

Esa es una noticia tremenda para todos nosotros, porque Teresa no es la única criatura valiosa para Dios. Tú también vales la muerte de su Hijo. ¿Lo dudas? Entonces escucha lo que dice la Biblia en 1 Corintios 6:19, 20: “¿O no sabéis… que no sois vuestros? Pues habéis sido comprados por precio”. Ahora trata de personalizar estos versículos. Dilos en voz alta varias veces y permite que saturen tu cerebro. “Soy tan valioso para Dios que él me compró a un gran precio”.

¿Qué sientes al saber que Dios te ama tanto que pagó un precio enorme por ti, no por nada que hayas hecho, sino simplemente porque te considera de valor? Dios te dice: “Eres valioso”. ¿Qué dices tú acerca de cuánto vales?

PARA DIALOGAR
Explícalo en tus propias palabras: ¿Cómo sabes que la muerte de Cristo indica lo valioso que eres para él?

PARA ORAR
Señor, Señor, apreciamos el valor que nos adjudicas. Y estamos agradecidos por la prueba del valor que nos diste al enviar a tu Hijo a morir por nosotros.

PARA HACER
Tú tienes un amigo que necesita escuchar esta buena noticia. ¡A contársela!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«EL MAL DE DON QUIJOTE»

22 abr 2016

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«EL MAL DE DON QUIJOTE»

por Carlos Rey

(Día Internacional del Libro y del Autor y Aniversario de la Muerte de Miguel de Cervantes)

a1«Fue llevado un día ante el doctor X…, [psiquiatra] notable de Río de Janeiro, un curioso enfermo, víctima de una singular manía….

»—Es preciso extraerlo —raciocinaba el loco—. El corazón es una víscera absolutamente tonta… No pasa de ser un estúpido fuelle, que sopla sangre por las arterias, en lugar de aire… La ciencia puede cambiarlo por un aparato cualquiera, que lo sustituya en su función de centro circulatorio, evitando, con todo, las regalías morales de que disfruta la tal víscera que he mencionado.

»”… Si el corazón se contentara con su papel fisiológico de fuelle, de bomba de compresión, y se estuviese allá, modestamente, en el fondo de su cárcel de costillas, trabajando oscuro y honrado en sus diástoles y sístoles, no exigiría que se me extrajese, como un obstáculo que me corrompe el organismo y la vida; pero el intruso olvida que nació para fuelle; se mete en los dominios de la existencia moral, en plena competencia con el sensato cerebro, y comete, entonces, cuanta estupidez logre hacer….

»”En la familia, el corazón produce al enamorado: un tonto; en la sociedad, al héroe: otro tonto; en la literatura, al sentimental: otro tonto; en la filosofía, al melancólico: un tonto más…

»”Ridículo, miserable, profundo, es lo propio de las víctimas del corazón….

»”Poner término a este mal me parece un deber elemental de la ciencia. Se sabe que el origen del mal está ahí, palpitando, a la altura de la cuarta y la quinta costilla…

»”Sí, mi querido doctor. ¡Ya es hora de echar mano a los frenos de la fatigada cabalgadura de don Quijote, quien va paseando desastradamente la gesticulación huesuda de su entusiasmo caballeresco por entre el escarnio de las generaciones!

»”¡Ya es hora de que termine este espectáculo del caballero de la Mancha, eternamente bueno, pero eternamente estúpido!…

»El médico, que asistía extasiado a la extraña disertación del loco, reflexionó un momento y luego dijo:

»—Esté usted tranquilo, amigo mío; no piense más en eso; voy a extirparle el corazón… voy a curarlo.1

De ahí que a este insólito cuento, que escribió en 1883 cuando tenía veinte años, el autor brasileño Raúl Pompeia le pusiera por título «El mal de Don Quijote». Curiosamente Pompeia mismo habría de fallecer doce años después, a escasos treinta y dos años de edad, en Río de Janeiro, donde había ocupado los cargos de director del Diario Oficial de la República y director de la Biblioteca Nacional.

Si bien sobra decir que al necio de este cuento de Pompeia no le convenía que ningún psiquiatra le extirpara el corazón, no está por demás señalar que sí le hubiera convenido conocer la verdad de los siguientes proverbios, escritos por el sabio Salomón, que aclaran que el corazón humano no es necesariamente ni tonto ni malo: «En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.» «El corazón entendido va tras el conocimiento; la boca de los necios se nutre de tonterías», ya que «en el corazón de los sabios mora la sabiduría, pero los necios ni siquiera la conocen.»2

1- Raúl Pompeia, «El mal de Don Quijote», reproducido en Cuentos brasileños del siglo xix, trad. Elkin Obregón (Bogotá: Editorial Norma, 1992), pp. 181‑87.

2- Pr 27:19; 15:14; 14:33

http://www.conciencia.net/

10. LOS CELOS

ESTUDIO BÍBLICO GIGANTES AL ACECHO

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10. LOS CELOS

David Logacho
2016-04-21

a1Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por dispensarnos su sintonía. Continuamos tratando el tema de los gigantes en nuestra vida. Me refiero a esas cosas que cómodamente se ha instalado en nuestra vida y nos han llegado a dominar de tal manera que echan a perder todo lo que podríamos ser o hacer para el Señor. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad y algunos otros que los conoceremos a medida que progresamos en esta serie. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si se lo permitimos nos causarán gran aflicción. Gracias a Dios que los que somos creyentes hemos recibido el poder para conquistar a cada uno de estos gigantes. Eso lo hemos visto en nuestros estudios bíblicos anteriores. En el estudio bíblico de hoy, vamos a hablar de otro gigante, tan poderoso como los otros, llamado celos.

Se dice con justa razón que los celos están en cada uno de nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Mi esposa y yo, hemos traído al mundo tres preciosos hijos. Cuando el mayor tenía tan sólo dos años nació su hermanita. Usted a lo mejor dirá: Qué bueno, así el hermano mayor ya tuvo compañía. Pues… nosotros también pensamos así. Pero a decir verdad, no resultó del todo de esa manera. ¿Sabe por qué? Pues por ese poderoso gigante llamado celos. Lamentablemente el hermanito mayor se sintió celoso por la llegada de su hermanita. Claro, las atenciones de los padres y los halagos de la familia ya no eran sólo para él. Tenía que compartir no sólo la atención y los halagos, sino muchas cosas más con aquella intrusa que de pronto apareció dando alaridos en la casa. Y no estamos hablando de un viejo pecador empedernido. Estamos hablando de una criatura de tan sólo dos años. Pero he allí, los celos estaban ya causando problema en él. Con el correr del tiempo, este gigante de los celos ya no causará solamente un lloriqueo constante como en el caso de un niño celoso, sino un comportamiento totalmente extravagante, en el caso de un adulto. Por los celos, el ser humano es capaz de causar terribles desastres. Tanto usted como yo, podemos citar caso tras caso de personas destruidas por haberse entregado al implacable gigante de los celos, hogares destruidos por los celos, iglesias destruidas por los celos. Con sobrada razón, Santiago dice en su libro, en el capítulo 3 versículo 16: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

Este es un axioma inviolable. Donde usted vea a un hombre celoso o a una mujer celosa, allí habrá peleas, vocabulario soez, intrigas, malos pensamientos, calumnias, chismes y rumores. Cuánto problema puede causar los celos. Los celos, amable oyente, son esas emociones negativas que experimentamos cuando tememos que cualquier afecto o bien que disfrutamos o pretendemos disfrutar, llegue a ser logrado por otro. Dicho en otras palabras, los celos tienen que ven con la incomodidad que sentimos cuando vemos amenazados los afectos o bienes que consideramos como de nuestra exclusiva propiedad. Es por eso que si alguien recibe cierto reconocimiento que nosotros estábamos dándolo como nuestro, casi inmediatamente comenzamos a pensar: Vaya, por qué a él y no a mí. Yo merecía más que él. Lo que pasa es que a nadie le importo. Nadie se fija en mí. Es el gigante de los celos que ha atacado. Una esposa podría pensar: Mi esposo ya no me ama. Debe haber otra mujer en su vida. Presa de este pensamiento esta esposa celosa tejerá una serie de episodios fantásticos. Si su esposo no llega a casa a la hora que se supone, pensará: Seguramente debe estar con esa otra mujer, por eso no llega a tiempo. El gigante de los celos ha atacado a esta esposa. Los celos pueden provocar verdaderos desastres amable oyente. Proverbios 6:34 dice: Porque los celos son el furor del hombre,Y no perdonará en el día de la venganza.

Muy bien, con todo lo que hemos dicho, estoy seguro que habrá reconocido cuan peligroso es este gigante llamado celos. Ahora viene lo bueno. ¿Qué hacer para conquistar a este poderoso gigante? Primero, es necesario reconocer que los celos son pecado. Como leímos ya en Santiago 3:16 los celos son la fuente de una serie de conductas pecaminosas en el ser humano, perturbación y toda obra perversa, dice el texto. Además note lo que dice Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

En este pasaje bíblico vemos que los celos están en el mismo plano que el adulterio, la fornicación, los homicidios, las borracheras y todo lo demás. Por tanto los celos son un pecado que ofende la santidad de Dios. Si usted es una persona celosa, no justifique sus celos diciendo: Es que me provocan, o es que tengo suficientes motivos para ser celoso o celosa. Lo aconsejable es ir al Señor en oración para decirle: Señor, soy un celoso o una celosa, me he dejado dominar del gigante de los celos, reconozco que es pecado y no quiero seguir viviendo de esta manera. Luego de confesar los celos como pecado, en segundo lugar, debe apartarse de los celos. No es algo sencillo se lo aseguro y por eso usted necesitará aferrarse con todas sus fuerzas al Señor. Pida al Señor en oración la ayuda necesaria para vencer a este poderoso gigante. Cada vez que surja ese sentimiento de celos, reconózcalo inmediatamente, y una vez detectado, no deje que su mente se ocupe más en eso. Destierre inmediatamente ese pensamiento. No piense que los celos le van a ayudar a resolver los problemas que tenga, cualquiera que estos sean. Si por ejemplo, se siente celoso de un compañero de trabajo, pensando que a lo mejor él va a recibir una promoción y no usted, piense y razone que esta actitud es fruto de sus celos e inmediatamente sáquela de su mente.

Tercero, jamás actúe motivado por los celos. El gigante de los celos insistirá que usted haga algo en contra de la persona contra quien se siente celoso o celosa. Si se trata de su esposo, el gigante de los celos insistirá que usted inicie una pelea, o lo que se llama una escena de celos, ante la más mínima provocación, no importa si se trata de una situación real o creada en su imaginación. Si es su compañero de trabajo, el gigante de los celos insistirá que usted busque maneras para hacer quedar mal a su compañero de trabajo ante sus superiores, de modo que su propia imagen se vea bien. Usted sabe, el viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros. No actúe motivado por los celos. Lo único que obtendrá es fortalecer a ese gigante que le tiene dominado y que se llama celos y ciertamente, en algún momento se arrepentirá de eso. Recuerde lo que pasó con el celoso rey Saúl cuando David apareció en la escena como el ungido futuro rey. Los celos de Saúl le llevaron a perseguir a David para matarlo, pero en el intento, Saúl mismo fue víctima de la violencia que causó. Por algo afirma el popular dicho: Quien siembra vientos cosechará tormentas.

Cuarto, procure compartir su problema de celos con alguna persona madura espiritualmente hablando. De esta forma, el peso de los celos se hará más ligero. No esconda ese pecado de celos que ya ha detectado en su vida. Confróntelo y pida consejo a hombres y mujeres de Dios para derrotarlo. Es interesante que según la ley Mosaica, si un marido se sentía celoso de su mujer, no debía quedarse en casa alimentando a ese gigante llamado celos, por medio de sospechas sobre su mujer y haciéndole la vida imposible. Según el libro de Números, capítulo 5, lo que debía hacer es ir al sacerdote y allí, ante él, tratar el asunto para terminar de una vez por todas con esos celos tan funestos. Definitivamente, amable oyente, Dios no quiere que vivamos saturado de celos. Los celos nos quitan el gozo de vivir para Dios, y lo que es peor nos conducen al pronunciado barranco de hacer o decir cosas totalmente fuera de lugar. Debemos confrontar este pecado y desterrarlo de nuestra vida. Por último, si usted es una persona celosa, debe como nunca confiar en la suficiencia de Dios para satisfacer cualquiera de nuestras necesidades. Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Puede ser que nosotros pensemos que tal o cual cosa nos hará felices y por eso lo buscamos con tanto ahínco y sentimos celos ante todo lo que amenace con privarnos de aquello que esperamos. Pero solamente Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Busquemos lo que deseamos con dedicación, pero si no lo conseguimos, no pensemos que fue porque otros fueron mejores que nosotros, sino simplemente porque aquello que buscábamos no fue lo mejor y Dios no nos lo dio porque él busca lo mejor para nosotros.

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 16

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

a1Cristo nos dejó a nosotros, sus seguidores, la misión de hacer discípulos de él. No hay una edad mínima para comenzar la gran aventura de conocer a Dios y crecer en él. Dios mandó a su pueblo que instruyeran a sus hijos en los caminos de él, para que lo honraran y lo obedecieran (Deuteronomio 6:1–9). Samuel, quien llegó a ser un gran profeta, estaba dedicado a Dios y lo servía desde su niñez (1 Samuel 2:18). Jesús llamó a los niños para que se acercaran a él, los bendijo y declaró que el reino de Dios es de quienes son como ellos (Marcos 10:13–16). El apóstol Pablo dice que su hijo espiritual Timoteo, desde su niñez, había conocido las Sagradas Escrituras. Y que las mismas le daban la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).

El niño puede ser discípulo de Jesús y no hay mejor regalo que ayudarlo a conocer al Señor y seguir madurando en él. Es cierto que los niños escolares no han desarrollado todavía su capacidad para analizar ideas abstractas. Sin embargo, en la misma etapa cuando comienzan a leer, ellos inician su habilidad de manipular pensamientos. En ese período, los niños empiezan a razonar de una forma sencilla y pueden pensar en posibles consecuencias de sus acciones.

En los últimos años, están descubriendo que los niños pueden hacer más de lo que originalmente habían pensado en el siglo pasado, acerca del desarrollo del niño. Para potenciar sus habilidades, se les debe proveer de las herramientas para aprender a través de sus propias acciones e investigaciones. Otro factor muy importante en cuanto a los cambios de los niños escolares es su nueva habilidad social; pueden compartir sus experiencias y aprender de los demás.

La serie Soy Discípulo de los libros VIVIR LA BIBLIA contiene estudios participativos para ayudar a los niños escolares a conocer a Jesús personalmente y crecer como discípulo de él. Los seis libros investigan qué es seguir a Jesús y cómo hacerlo. Son lecciones que tienen como meta ayudar en el discipulado del niño y lograr transformaciones en las actitudes, los valores y las conductas de ellos. La base bíblica de las lecciones son los libros del Nuevo Testamento desde Juan a Apocalipsis. Cada estudio trata un principio básico del conocimiento de Jesús y la vida en él.

Las lecciones preparan al niño desde una edad temprana a formar conceptos bíblicos y le capacitan con herramientas para crecer en su propia vida espiritual como el estudio de la Palabra, la oración, el servicio, el apoyo entre el grupo y la práctica de las enseñanzas. Esta serie toma en serio la misión de discipular a los niños para que ellos puedan discipular a otros, quienes puedan discipular a otros…

Es preciso reconocer la dependencia en el Señor para hacer la tarea que él ha encomendado y con la confianza plena en el poder del Espíritu Santo para hacer la obra. El instrumento principal del discipulado es la vida del discipulador o del maestro, la persona guiada por el Espíritu Santo, nutrida por la Palabra de Dios y fortalecida por la oración. Es por esto que cada lección tiene una sección especialmente dedicada para la vida y el ministerio del maestro, El rincón del maestro, que contiene pequeños devocionales. El pasaje bíblico y el tema no tienen una relación directa con la lección de los niños; son pensamientos bíblicos para edificar, animar y alentar la vida personal del maestro. Quien da constantemente, necesita recibir también. El deseo es que el Señor fortalezca a cada maestro en su ministerio.

Secciones de las lecciones

Hoja de presentación

Para ayudar al maestro en su preparación, la primera página de cada lección resume todo el desarrollo de la clase. En la misma, se ven los objetivos, los métodos y recursos necesarios. Además, se agrega una pequeña evaluación para realizar después de la lección.

Los objetivos

Un objetivo es la afirmación de lo que el maestro espera alcanzar en la clase. Es una herramienta útil, ya que dirige y orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje llevado a cabo en el aula. Con el objetivo, el maestro aspira a lograr un cambio en la vida de cada uno de sus alumnos. Además, brinda la posibilidad de evaluar los resultados y saber si se ha logrado la meta propuesta o no. Es importante que el maestro tenga los objetivos en mente para no perder el sentido de la enseñanza.

El bosquejo de la lección

El bosquejo presenta el desarrollo de la clase, pero de una manera esquemática. En el mismo consta: el tiempo estimado para cada momento, los métodos y los recursos que se requieren. Se puede usar para tener una idea general de la lección y como último chequeo para estar seguro de contar con todos los elementos necesarios.

La evaluación del maestro

Después de cada clase es importante hacer una evaluación para descubrir las necesidades de los niños y realizar los cambios necesarios en las siguientes lecciones.

En la evaluación, el maestro considera si se cumplieron los objetivos, cómo fue la participación de los niños y las necesidades que él haya detectado. La evaluación también ayuda a observar cuáles fueron las dificultades que se presentaron para aprender de ellas y mejorar la tarea docente. Por eso es recomendable tener un cuaderno y anotar allí todas las observaciones

Marco de la clase

La preparación

Preparación personal

Ayuda al maestro a centrar su mirada en el propósito de la clase. Además, contiene una reflexión para que el maestro piense si él vive o no la enseñanza bíblica que va a transmitir a sus niños o no.

Preparación de las actividades

Explica con más detalles los recursos que se necesitan para cada momento de la clase. Es importante que el maestro preste atención a las indicaciones, ya que son elementos que debe preparar con anticipación y, de esta manera, tenerlos listos en el encuentro con sus alumnos.

Contexto para el maestro

En esta sección se le da al docente un panorama más amplio de la historia bíblica que deberá narrar a sus alumnos. En la misma aparecen datos que no es necesario que conozca el alumno, pero que son importantes para que el maestro tenga un conocimiento bíblico más completo. Además, permite responder verazmente cualquier pregunta de los niños.

Desarrollo de la clase

Los niños aprenden haciendo; por eso la metodología de estas lecciones es participativa y activa. Cada lección en la serie Soy Discípulo comienza con una actividad que realizan los niños. En cada clase se utilizan varios métodos de enseñanza para que los niños estén activamente involucrados y motivados en la clase. Algunos métodos son juegos, simulacros, dramatizaciones, narraciones, proyectos e ilustraciones.

La incentivación

Las lecciones contienen una incentivación. La misma tiene el propósito de despertar el interés de los niños y prepararlos para la enseñanza bíblica. En cada lección se utiliza un método diferente, de tal manera que los niños sean sorprendidos de clase en clase y no pierdan la motivación.

La enseñanza bíblica o el contenido bíblico

La parte central de la lección es la enseñanza bíblica. En esta sección el maestro debe ir llevando a sus alumnos a investigar una nueva verdad bíblica. Los mismos niños aprenden a usar sus Biblias y descubrir los principios de Dios, usando técnicas como pregunta-respuesta, grupos de investigación, comparaciones y dibujos. Los niños, y adultos, se acuerdan muy poco de lo que escuchan, pero se acuerdan mucho de lo que hacen y experimentan.

Para hacer más vivencial la enseñanza también se incluyen láminas. Si el maestro desea variar esta técnica, las láminas pueden hacerse en transparencias y mostrarse con un retroproyector.

La aplicación

La clase termina con actividades para que el niño aplique lo aprendido en la lección. Este momento tiene como propósito que el niño transfiera lo aprendido a su propia vida. Se utiliza la Hoja de Apoyo, proyectos, oraciones, prácticas, roll-play, la memorización de textos y otros métodos para que el niño incorpore el principio bíblico a su vida.

La memorización

Es importante guardar la Palabra de Dios, porque es viva y poderosa, ya que juzga los pensamientos e intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Ella puede ayudarnos en momentos de mucha necesidad y de ahí la importancia de memorizar los textos bíblicos. Se pueden utilizar varios métodos para ayudar a los niños en la memorización de versículos, que sin duda es un gran beneficio en la capacitación de todo discípulo.

Es conveniente que en cada clase haya un repaso del texto anterior. El maestro puede hacerles preguntas a los alumnos para asegurarse de que hayan captado el significado y entendido la esencia del mismo. Además, el diálogo proporcionará el clima adecuado para la aplicación del texto a la vida cotidiana del niño.

El aula y la creatividad

El maestro puede enriquecer cada una de las lecciones con ideas propias, pues él es quien conoce los gustos y las necesidades de los niños de su clase. Y, sin duda, las manualidades favorecen la creatividad y colaboran con efectividad en el momento de la aplicación de la enseñanza presentada. Por esta razón es bueno tener a su alcance materiales que puedan ayudarlo a realizar diferentes propuestas.

Siempre es bueno contar con una lista de los elementos que utilizará con mayor frecuencia durante el año.

Si se cuenta con un aula disponible, entonces se puede decorar para favorecer un ambiente cálido y acogedor. Se pueden usar pósteres cristianos y cuadros alegres. También se puede preparar un cartel en donde figuren los cumpleaños de los niños y de los maestros. Los niños pueden hacer dibujos que representen las lecciones y los textos memorizados. ¡No hay límite para la creatividad del maestro y sus alumnos!

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 159–164). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.