Sufrimiento por los pecados

Sufrimiento por los pecados

4/21/2016

imgres

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. (Romanos 8:3)

a1Cuando como creyentes sufrimos la persecución, la crítica o incluso la muerte, somos pecadores que sufren debido a los pecados de los demás. Nuestro dolor puede ser resultado de los pecados de odio, enojo, envidia o asesinato.

Cristo también sufrió por los pecados, pero como el inmaculado. Primera Pedro 2:22 dice que Él “no hizo pecado”. Nunca pensó, dijo ni hizo nada malo. Más bien, todo lo que pensó, dijo e hizo fue perfectamente santo. Los pecados de los demás lo pusieron en la cruz: de quienes se burlaron de Él y de quienes lo clavaron en la cruz. Él murió por los pecados del mundo entero.

El versículo de hoy dice que Jesús murió “a causa del pecado”. Él sufrió como ofrenda por el pecado porque “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). Así como en el Antiguo Testamento Dios exigía un sacrificio de animal para simbolizar la necesidad de nuestra expiación por el pecado, el Nuevo Testamento presenta a Cristo como el sacrificio que no solo proporcionó un símbolo, sino también la realidad de nuestra expiación eterna por el pecado.

http://http://www.gracia.org/recursos.aspx?page=Devocional

Distribución de músicos y cantores

1 Crónicas 24-26

imgres

24:1  También los hijos de Aarón fueron distribuidos en grupos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.

Mas como Nadab y Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos, Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio.

Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio.

Y de los hijos de Eleazar había más varones principales que de los hijos de Itamar; y los repartieron así: De los hijos de Eleazar, dieciséis cabezas de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho.

Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros; porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de la casa de Dios.

Y el escriba Semaías hijo de Natanael, de los levitas, escribió sus nombres en presencia del rey y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, de Ahimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas, designando por suerte una casa paterna para Eleazar, y otra para Itamar.

La primera suerte tocó a Joiarib, la segunda a Jedaías,

la tercera a Harim, la cuarta a Seorim,

la quinta a Malquías, la sexta a Mijamín,

10 la séptima a Cos, la octava a Abías,

11 la novena a Jesúa, la décima a Secanías,

12 la undécima a Eliasib, la duodécima a Jaquim,

13 la decimatercera a Hupa, la decimacuarta a Jesebeab,

14 la decimaquinta a Bilga, la decimasexta a Imer,

15 la decimaséptima a Hezir, la decimaoctava a Afses,

16 la decimanovena a Petaías, la vigésima a Hezequiel,

17 la vigesimaprimera a Jaquín, la vigesimasegunda a Gamul,

18 la vigesimatercera a Delaía, la vigesimacuarta a Maazías.

19 Estos fueron distribuidos para su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová, según les fue ordenado por Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel.

20 Y de los hijos de Leví que quedaron: Subael, de los hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedías.

21 Y de los hijos de Rehabías, Isías el jefe.

22 De los izharitas, Selomot; e hijo de Selomot, Jahat.

23 De los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, el segundo Amarías, el tercero Jahaziel, el cuarto Jecamán.

24 Hijo de Uziel, Micaía; e hijo de Micaía, Samir.

25 Hermano de Micaía, Isías; e hijo de Isías, Zacarías.

26 Los hijos de Merari: Mahli y Musi; hijo de Jaazías, Beno.

27 Los hijos de Merari por Jaazías: Beno, Soham, Zacur e Ibri.

28 Y de Mahli, Eleazar, quien no tuvo hijos.

29 Hijo de Cis, Jerameel.

30 Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jerimot. Estos fueron los hijos de los levitas conforme a sus casas paternas.

31 Estos también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y de Sadoc y de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas; el principal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos.

Distribución de músicos y cantores

25:1  Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos; y el número de ellos, hombres idóneos para la obra de su ministerio, fue:

De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, el cual profetizaba bajo las órdenes del rey.

De los hijos de Jedutún: Gedalías, Zeri, Jesaías, Hasabías, Matatías y Simei; seis, bajo la dirección de su padre Jedutún, el cual profetizaba con arpa, para aclamar y alabar a Jehová.

De los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romanti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Mahaziot.

Todos éstos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para exaltar su poder; y Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas.

Y todos éstos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios. Asaf, Jedutún y Hemán estaban por disposición del rey.

Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho.

Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.

La primera suerte salió por Asaf, para José; la segunda para Gedalías, quien con sus hermanos e hijos fueron doce;

10 la tercera para Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce;

11 la cuarta para Izri, con sus hijos y sus hermanos, doce;

12 la quinta para Netanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

13 la sexta para Buquías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

14 la séptima para Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce;

15 la octava para Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

16 la novena para Matanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

17 la décima para Simei, con sus hijos y sus hermanos, doce;

18 la undécima para Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce;

19 la duodécima para Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

20 la decimatercera para Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce;

21 la decimacuarta para Matatías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

22 la decimaquinta para Jeremot, con sus hijos y sus hermanos, doce;

23 la decimasexta para Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

24 la decimaséptima para Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce;

25 la decimaoctava para Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce;

26 la decimanovena para Maloti, con sus hijos y sus hermanos, doce;

27 la vigésima para Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce;

28 la vigesimaprimera para Hotir, con sus hijos y sus hermanos, doce;

29 la vigesimasegunda para Gidalti, con sus hijos y sus hermanos, doce;

30 la vigesimatercera para Mahaziot, con sus hijos y sus hermanos, doce;

31 la vigesimacuarta para Romanti-ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.

Porteros y oficiales

26:1  También fueron distribuidos los porteros: de los coreítas, Meselemías hijo de Coré, de los hijos de Asaf.

Los hijos de Meselemías: Zacarías el primogénito, Jediael el segundo, Zebadías el tercero, Jatniel el cuarto,

Elam el quinto, Johanán el sexto, Elioenai el séptimo.

Los hijos de Obed-edom: Semaías el primogénito, Jozabad el segundo, Joa el tercero, el cuarto Sacar, el quinto Natanael,

el sexto Amiel, el séptimo Isacar, el octavo Peultai; porque Dios había bendecido a Obed-edom.

También de Semaías su hijo nacieron hijos que fueron señores sobre la casa de sus padres; porque eran varones valerosos y esforzados.

Los hijos de Semaías: Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eliú y Samaquías.

Todos éstos de los hijos de Obed-edom; ellos con sus hijos y sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el servicio; sesenta y dos, de Obed-edom.

Y los hijos de Meselemías y sus hermanos, dieciocho hombres valientes.

10 De Hosa, de los hijos de Merari: Simri el jefe (aunque no era el primogénito, mas su padre lo puso por jefe),

11 el segundo Hilcías, el tercero Tebalías, el cuarto Zacarías; todos los hijos de Hosa y sus hermanos fueron trece.

12 Entre éstos se hizo la distribución de los porteros, alternando los principales de los varones en la guardia con sus hermanos, para servir en la casa de Jehová.

13 Echaron suertes, el pequeño con el grande, según sus casas paternas, para cada puerta.

14 Y la suerte para la del oriente cayó a Selemías. Y metieron en las suertes a Zacarías su hijo, consejero entendido; y salió la suerte suya para la del norte.

15 Y para Obed-edom la puerta del sur, y a sus hijos la casa de provisiones del templo.

16 Para Supim y Hosa, la del occidente, la puerta de Salequet, en el camino de la subida, correspondiéndose guardia con guardia.

17 Al oriente seis levitas, al norte cuatro de día; al sur cuatro de día; y a la casa de provisiones de dos en dos.

18 En la cámara de los utensilios al occidente, cuatro al camino, y dos en la cámara.

19 Estas son las distribuciones de los porteros, hijos de los coreítas y de los hijos de Merari.

20 Y de los levitas, Ahías tenía cargo de los tesoros de la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas.

21 Cuanto a los hijos de Laadán hijo de Gersón: de Laadán, los jefes de las casas paternas de Laadán gersonita fueron los jehielitas.

22 Los hijos de Jehieli, Zetam y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la casa de Jehová.

23 De entre los amramitas, de los izharitas, de los hebronitas y de los uzielitas,

24 Sebuel hijo de Gersón, hijo de Moisés, era jefe sobre los tesoros.

25 En cuanto a su hermano Eliezer, hijo de éste era Rehabías, hijo de éste Jesaías, hijo de éste Joram, hijo de éste Zicri, del que fue hijo Selomit.

26 Este Selomit y sus hermanos tenían a su cargo todos los tesoros de todas las cosas santificadas que había consagrado el rey David, y los jefes de las casas paternas, los capitanes de millares y de centenas, y los jefes del ejército;

27 de lo que habían consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová.

28 Asimismo todas las cosas que había consagrado el vidente Samuel, y Saúl hijo de Cis, Abner hijo de Ner y Joab hijo de Sarvia, y todo lo que cualquiera consagraba, estaba a cargo de Selomit y de sus hermanos.

29 De los izharitas, Quenanías y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel en asuntos exteriores.

30 De los hebronitas, Hasabías y sus hermanos, hombres de vigor, mil setecientos, gobernaban a Israel al otro lado del Jordán, al occidente, en toda la obra de Jehová, y en el servicio del rey.

31 De los hebronitas, Jerías era el jefe de los hebronitas repartidos en sus linajes por sus familias. En el año cuarenta del reinado de David se registraron, y fueron hallados entre ellos hombres fuertes y vigorosos en Jazer de Galaad.

32 Y sus hermanos, hombres valientes, eran dos mil setecientos, jefes de familias, los cuales el rey David constituyó sobre los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, para todas las cosas de Dios y los negocios del rey.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Tu valor infinito

Abril 21

Tu valor infinito

devocionales_para_la_familia

Lectura bíblica: 1 Pedro 1:18, 19

Tened presente que habéis sido rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18, 19

Hace varios siglos, un estudioso llamado Morena fue forzado a dejar su hogar. Viviendo en la pobreza en Lombardía, Italia, Morena enfermó de gravedad. Fue llevado a un hospital de caridad. Los médicos, creyendo que el paciente, de apariencia deplorable, era un ignorante, empezaron a hablar entre ellos en latín junto a su lecho. Dijeron:
—Esta criatura despreciable de cualquier manera va a morir, así que probemos hacer un experimento con él.

Morena dominaba el latín casi tan bien como su propia lengua. Juntando todas sus fuerzas, se levantó en la cama y dijo a los sorprendidos doctores:
—¿Cómo pueden llamar “despreciable” a alguien por quien Cristo murió?

Es doloroso observar las maneras como la gente decide cuánto vale alguien.

• Un equipo de béisbol determina que cierto jugador vale decenas de millones de dólares en el transcurso de su carrera como jugador.
• Un soldado en combate descubre que vale una vida humana cuando otro soldado se interpone y es baleado para salvarlo.
• Una madre con muy poco dinero descubre que vale los esfuerzos de voluntarios que dedican días a pintar su casa deteriorada.

Pero como Morena comprendió claramente, nuestro mayor valor como cristianos viene del hecho de que Dios el Padre permitió que Jesucristo —su Hijo sin pecado— muriera por nuestros pecados. En 1 Pedro 1:18, 19, el apóstol Pedro dijo que no existe cantidad de plata u oro comparable a ese sacrificio. Jesús declaró lo que valemos cuando dijo: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

A los ojos de Dios, valías la muerte de su Hijo. Mientras estabas atrapado en tus pecados y en guerra con Dios, no había nada en ti que atrajera a Dios o que lo hiciera enviar a su Hijo para morir por ti (ver Romanos 5:8). No eras recto. No eras bueno. Eras un pecador, exactamente lo contrario al Cordero perfecto. Pero Dios consideró que eras digno de ser amado y tu valor subió tremendamente cuando Jesús dio su vida por ti.

No importa cuál es tu valor para otros en términos terrenales, eres eternamente inestimable por el precio que el Padre cariñosamente pagó por ti.

PARA DIALOGAR
¿Por qué merecen todas las personas ser tratadas con respeto? ¿Qué tiene que ver eso con respetarte a ti mismo?

PARA ORAR
Señor, permítenos comprender el valor que tenemos para ti. Ayúdanos a comprender que nos has hecho más valiosos que todo el oro y la plata del mundo.

PARA HACER
Piensa en las personas a quienes has despreciado, considerándolas de poco valor. ¿Qué puedes hacer hoy por una de esas personas para darles pruebas de su gran valor para ti y para Dios?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«TIENE MI APELLIDO»

21 abr 2016

«TIENE MI APELLIDO»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Soy un hombre de treinta y siete años. Tengo dos hijos de distintas relaciones. El mayor tiene dieciocho, y la menor trece. Actualmente vivo con la menor y la mamá de ella.

»Con el mayor no he tenido comunicación alguna. Él sabe que yo existo, y tiene mi apellido. Estoy arrepentido, pero no sé por dónde comenzar a pedirle perdón. Nos hemos visto frente a frente… y sólo nos saludamos con gestos. Quisiera [abrazarlo] y pedirle perdón, pero no sé cómo reaccionaría él.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Usted quisiera saber cómo reaccionaría su hijo si le pidiera perdón, pero usted debe comprender que no importa cómo él reaccione. Es usted a quien le corresponde hacer lo debido, ya sea que él responda de forma negativa o positiva. Sin embargo, el hecho de que él lo saluda con un gesto cuando se cruzan y no desvía la mirada pudiera ser señal de que quisiera relacionarse con usted. Aunque él lo rechazara al principio, de todos modos le corresponde a usted tomar la iniciativa.

»Para tener una idea de lo que siente su hijo por usted, ingrese en Internet a conciencia.net y lea los Casos 63 y 244. Si bien su hijo pudiera pasar por un tiempo de enojo a causa de los sentimientos de abandono, es casi seguro que superará ese enojo en uno o dos años, y tarde o temprano lo perdonará. A usted le corresponde ser paciente y comprensivo, aun cuando él arremeta con ira. Recuerde que él tiene una razón válida para estar enojado, y que usted hizo que él creciera huérfano de padre. Deje de preocuparse por su propio temor de ser rechazado. ¡Es usted quien lo rechazó a él, y no él a usted!

»Comience haciendo el arreglo de encontrarse con su hijo en un lugar público como un restaurante, una cafetería o una heladería. Hágale saber lo mucho que siente el no haberse comunicado antes, y que usted quiere cultivar una relación con él. Dígale que, aunque usted no merece su perdón, le pide que lo perdone. Si él se niega a perdonarlo o siquiera a responder, manténgase calmado y en silencio. Recuerde que él ha sentido el rechazo de usted por dieciocho años, así que usted debe estar dispuesto a esperar todo ese tiempo también.

»Pídale a Dios que lo perdone por los errores que usted ha cometido. Pídale que haga de usted la clase de hombre que pueda ser motivo de orgullo para sus hijos. Resuelva que va a leer la Biblia todos los días a fin de aprender a tomar buenas decisiones a favor de su familia. Si usted sigue el ejemplo de Dios como nuestro Padre celestial, puede llegar a ser un gran padre para sus dos hijos.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 385.

http://www.conciencia.net/

El triunfo de Cristo

El triunfo de Cristo

imgres4/20/2016

También Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. (1 Pedro 3:18)

 Es increíble pensar que alguien que era perfectamente justo muriera por los injustos. Pilato tenía razón cuando dijo de Jesús: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4). Las acusaciones presentadas contra nuestro Señor fueron inventadas. Los testigos fueron sobornados, y el fallo condenatorio era ilícito.

Pero Cristo triunfó en medio de ese injusto sufrimiento al llevarnos a Dios. Y aunque los creyentes nunca sufrirán como sustitutos ni redentores, Dios puede usar nuestra reacción cristiana ante el sufrimiento injusto para atraer a otros a Él.

Así que, cuando el Señor nos pida que suframos por su causa, debemos comprender que solo se nos pide que soportemos lo que Él mismo soportó de manera que podamos llevar a otros a Él.

http://www.gracia.org/recursos.aspx?page=Devocional

David captura a Rabá

1 Crónicas 20-23

imgres

David captura a Rabá

(2 S. 12.26-31)

a120  Aconteció a la vuelta del año, en el tiempo que suelen los reyes salir a la guerra, que Joab sacó las fuerzas del ejército, y destruyó la tierra de los hijos de Amón, y vino y sitió a Rabá. Mas David estaba en Jerusalén; y Joab batió a Rabá, y la destruyó.

Y tomó David la corona de encima de la cabeza del rey de Rabá, y la halló de peso de un talento de oro, y había en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Además de esto sacó de la ciudad muy grande botín.

Sacó también al pueblo que estaba en ella, y lo puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y con hachas. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los hijos de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén.

Los hombres de David matan a los gigantes

(2 S. 21.18-22)

Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gezer contra los filisteos; y Sibecai husatita mató a Sipai, de los descendientes de los gigantes; y fueron humillados.

Volvió a levantarse guerra contra los filisteos; y Elhanán hijo de Jair mató a Lahmi, hermano de Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como un rodillo de telar.

Y volvió a haber guerra en Gat, donde había un hombre de grande estatura, el cual tenía seis dedos en pies y manos, veinticuatro por todos; y era descendiente de los gigantes.

Este hombre injurió a Israel, pero lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David.

Estos eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.

David censa al pueblo

(2 S. 24.1-25)

21  Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.

Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.

Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos éstos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?

Mas la orden del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab, y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalén y dio la cuenta del número del pueblo a David.

Y había en todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada.

Entre éstos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab.

Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel.

Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente.

Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo:

10 Ve y habla a David, y dile: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo.

11 Y viniendo Gad a David, le dijo: Así ha dicho Jehová:

12 Escoge para ti: o tres años de hambre, o por tres meses ser derrotado delante de tus enemigos con la espada de tus adversarios, o por tres días la espada de Jehová, esto es, la peste en la tierra, y que el ángel de Jehová haga destrucción en todos los términos de Israel. Mira, pues, qué responderé al que me ha enviado.

13 Entonces David dijo a Gad: Estoy en grande angustia. Ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo; pero que no caiga en manos de hombres.

14 Así Jehová envió una peste en Israel, y murieron de Israel setenta mil hombres.

15 Y envió Jehová el ángel a Jerusalén para destruirla; pero cuando él estaba destruyendo, miró Jehová y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. El ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán jebuseo.

16 Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio.

17 Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no venga la peste sobre tu pueblo.

18 Y el ángel de Jehová ordenó a Gad que dijese a David que subiese y construyese un altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo.

19 Entonces David subió, conforme a la palabra que Gad le había dicho en nombre de Jehová.

20 Y volviéndose Ornán, vio al ángel, por lo que se escondieron cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo.

21 Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David; y saliendo de la era, se postró en tierra ante David.

22 Entonces dijo David a Ornán: Dame este lugar de la era, para que edifique un altar a Jehová; dámelo por su cabal precio, para que cese la mortandad en el pueblo.

23 Y Ornán respondió a David: Tómala para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le parezca; y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para la ofrenda; yo lo doy todo.

24 Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste.

25 Y dio David a Ornán por aquel lugar el peso de seiscientos siclos de oro.

26 Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto.

27 Entonces Jehová habló al ángel, y éste volvió su espada a la vaina.

El lugar para el templo

28 Viendo David que Jehová le había oído en la era de Ornán jebuseo, ofreció sacrificios allí.

29 Y el tabernáculo de Jehová que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el lugar alto de Gabaón;

30 pero David no pudo ir allá a consultar a Dios, porque estaba atemorizado a causa de la espada del ángel de Jehová.

22  Y dijo David: Aquí estará la casa de Jehová Dios, y aquí el altar del holocausto para Israel.

Preparativos para el templo

Después mandó David que se reuniese a los extranjeros que había en la tierra de Israel, y señaló de entre ellos canteros que labrasen piedras para edificar la casa de Dios.

Asimismo preparó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho bronce sin peso, y madera de cedro sin cuenta.

Porque los sidonios y tirios habían traído a David abundancia de madera de cedro.

Y dijo David: Salomón mi hijo es muchacho y de tierna edad, y la casa que se ha de edificar a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las tierras; ahora, pues, yo le prepararé lo necesario. Y David antes de su muerte hizo preparativos en gran abundancia.

Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa a Jehová Dios de Israel.

Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar templo al nombre de Jehová mi Dios.

Mas vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí.

He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón,[a] y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días.

10 El edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.

11 Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti.

12 Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios.

13 Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y decretos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes.

14 He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás.

15 Tú tienes contigo muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra.

16 Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo.

17 Asimismo mandó David a todos los principales de Israel que ayudasen a Salomón su hijo, diciendo:

18 ¿No está con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes? Porque él ha entregado en mi mano a los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sometida delante de Jehová, y delante de su pueblo.

19 Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario de Jehová Dios, para traer el arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehová.

Distribución y deberes de los levitas

23  Siendo, pues, David ya viejo y lleno de días, hizo a Salomón su hijo rey sobre Israel.

Y juntando a todos los principales de Israel, y a los sacerdotes y levitas,

fueron contados los levitas de treinta años arriba; y fue el número de ellos por sus cabezas, contados uno por uno, treinta y ocho mil.

De éstos, veinticuatro mil para dirigir la obra de la casa de Jehová, y seis mil para gobernadores y jueces.

Además, cuatro mil porteros, y cuatro mil para alabar a Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para tributar alabanzas.

Y los repartió David en grupos conforme a los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.

Los hijos de Gersón: Laadán y Simei.

Los hijos de Laadán, tres: Jehiel el primero, después Zetam y Joel.

Los hijos de Simei, tres: Selomit, Haziel y Harán. Estos fueron los jefes de las familias de Laadán.

10 Y los hijos de Simei: Jahat, Zina, Jeús y Bería. Estos cuatro fueron los hijos de Simei.

11 Jahat era el primero, y Zina el segundo; pero Jeús y Bería no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron contados como una familia.

12 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel, ellos cuatro.

13 Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y Aarón fue apartado para ser dedicado a las cosas más santas, él y sus hijos para siempre, para que quemasen incienso delante de Jehová, y le ministrasen y bendijesen en su nombre, para siempre.

14 Y los hijos de Moisés varón de Dios fueron contados en la tribu de Leví.

15 Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer.

16 Hijo de Gersón fue Sebuel el jefe.

17 E hijo de Eliezer fue Rehabías el jefe. Y Eliezer no tuvo otros hijos; mas los hijos de Rehabías fueron muchos.

18 Hijo de Izhar fue Selomit el jefe.

19 Los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, Amarías el segundo, Jahaziel el tercero, y Jecamán el cuarto.

20 Los hijos de Uziel: Micaía el jefe, e Isías el segundo.

21 Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Los hijos de Mahli: Eleazar y Cis.

22 Y murió Eleazar sin hijos; pero tuvo hijas, y los hijos de Cis, sus parientes, las tomaron por mujeres.

23 Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jeremot, ellos tres.

24 Estos son los hijos de Leví en las familias de sus padres, jefes de familias según el censo de ellos, contados por sus nombres, por sus cabezas, de veinte años arriba, los cuales trabajaban en el ministerio de la casa de Jehová.

25 Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado paz a su pueblo Israel, y él habitará en Jerusalén para siempre.

26 Y también los levitas no tendrán que llevar más el tabernáculo y todos los utensilios para su ministerio.

27 Así que, conforme a las postreras palabras de David, se hizo la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba.

28 Y estaban bajo las órdenes de los hijos de Aarón para ministrar en la casa de Jehová, en los atrios, en las cámaras, y en la purificación de toda cosa santificada, y en la demás obra del ministerio de la casa de Dios.

29 Asimismo para los panes de la proposición, para la flor de harina para el sacrificio, para las hojuelas sin levadura, para lo preparado en sartén, para lo tostado, y para toda medida y cuenta;

30 y para asistir cada mañana todos los días a dar gracias y tributar alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde;

31 y para ofrecer todos los holocaustos a Jehová los días de reposo,[b]* lunas nuevas y fiestas solemnes, según su número y de acuerdo con su rito, continuamente delante de Jehová;

32 y para que tuviesen la guarda del tabernáculo de reunión, y la guarda del santuario, bajo las órdenes de los hijos de Aarón sus hermanos, en el ministerio de la casa de Jehová.

Footnotes:

  1. 1 Crónicas 22:9 Esto es, Pacífico.
  2. 1 Crónicas 23:31 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Vivir al borde

Abril 20

Vivir al borde

devocionales_para_la_familia

Lectura bíblica: Romanos 12:1, 2

No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento. Romanos 12:2

a1Hace cientos de años en Inglaterra, el rey tenía que escoger cocheros para el carruaje real tirado a caballos. Le hizo una pregunta a cada cochero:
—Si me estuvieras llevando por un camino en la montaña lleno de curvas, ¿hasta qué punto podrías acercarte al borde del camino sin caer por la barranca?

El primer cochero se jactó:
—Soy un conductor excelente, Su Majestad. Podría manejar llevando el carruaje hasta 50 centímetros del borde a toda velocidad sin desbarrancarme.

El segundo cochero se jactó:
—Mi habilidad y experiencia no tienen paralelos, Su Majestad. Yo podría conducir su carruaje a 15 centímetros del borde.

Pero el tercero respondió:
—Yo no arriesgaría su vida, Su Majestad. Yo conduciría el carruaje lo más lejos posible del borde.

El rey escogió al tercer cochero. Era el único más interesado en la seguridad del rey que en presumir.

Existe una actitud que aparece en muchas personas, tanto jóvenes como viejas: “Quiero ver hasta qué punto puedo acercarme al borde sin meterme en problemas”. Lo único que quieren saber de la escuela es: “¿Qué es lo menos que puedo estudiar y todavía aprobar las materias?”. Su único dilema en cuanto a llevarse bien con sus padres es: “¿Cuánto les puedo mentir sin que me descubran?”. Su única pregunta en cuanto a tener su vida organizada es: “¿Cuánto desorden puedo tener en mi habitación?”. Y cuando se trata de servir a Dios, se preguntan: “¿Cuánto puedo pecar y salirme con la mía?”.

Las personas útiles para Dios tienen la actitud del tercer cochero. Piensan: “Para honrar a Dios, veré qué lejos del borde puedo quedarme”.

La batalla entre el bien y el mal se libra dentro de nosotros. Según Romanos 12:2 tu mente es el campo de batalla. Para ser diferente, tienes que renovar tu mente, tienes que pensar como piensa Jesús. Pierde allí la batalla, y la pierdes en tus acciones. Si dejas que tu mente tenga pensamientos acerca de hacer cosas malas, por ejemplo, te será fácil ceder a la menor presión para hacer el mal. Pero si llenas tu mente de pensamientos acerca de hacer el bien y seguir a Dios, tus acciones serán más y más como las de Cristo. ¡Serás transformado!

Si quieres vivir para Dios no dejarás que sólo cambie tu conducta. Dejarás que te cambie de adentro para afuera.

PARA DIALOGAR
¿Qué opinas de tu Dios, quien te ayuda a cambiar de adentro para afuera?

PARA ORAR
Señor, cambia nuestra vida de adentro para afuera. Ayúdanos a pensar de un modo distinto para poder actuar de la manera que te agrada a ti.

PARA HACER
¿Existen áreas en tu vida que hacen que te acerques lo más que puedas al borde? Si no estás seguro, tus padres y otros familiares quizá puedan ayudarte. ¡Habla con Dios acerca de cómo a él le gustaría cambiar esas situaciones!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

20 abr 2016

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

cr

por Carlos Rey

(Aniversario de la Muerte de Mario Moreno «Cantinflas»)

a1Todo el Barrio Latino de Nueva York estuvo alborotado ese día. Hubo desfiles populares, marchas militares tocadas por magníficas bandas, banderas, confeti, cohetes y pancartas. Era el 4 de mayo de 1983.

Ese día, por iniciativa de las Naciones Unidas, Cantinflas, el popular comediante mexicano, fue declarado «Símbolo de paz y alegría de las Américas». Entre los maestros de ceremonias que animaron la celebración estuvieron otros dos grandes actores hispanos: Ricardo Montalbán y José Ferrer. Si hubieran decidido postergar la celebración diez años, habrían tenido que referirse a Cantinflas en el pretérito, ya que falleció el 20 de abril de 1993. Menos mal que aprovecharon la vida del genio artístico para celebrarla.

«No deja de tener su nota inspiradora este homenaje a Mario Moreno “Cantinflas” —comenta el Hermano Pablo algún tiempo después en un mensaje a la conciencia—…. Porque es aleccionador celebrar a un hombre que sabe hacer reír y que encarna la sencillez, la bondad, la resignación del pobre, el desinterés y el altruismo.

»Indica que todavía se aprecian en el mundo las virtudes de Cantinflas. Y como Mario Moreno también en la vida real es un hombre generoso, altruista, filántropo, humilde y desinteresado —señala el Hermano Pablo—, el homenaje tiene doble significado.

»Ya he mencionado más de una vez a este famoso actor hispano —sigue disertando acerca de Cantinflas aquel admirador suyo, conocido también por su nombre artístico y no por su apellido—. Me gusta destacar que él siempre ha encarnado al hombre del pueblo, al hombre sufrido, resignado, paciente, no exento de alguna picardía pero siempre de un gran corazón con un gran desinterés.»

Y de ahí el Hermano Pablo pasa a definirlo de un modo escueto, totalmente opuesto al estilo que hizo famoso al actor:

«En una sola palabra, Cantinflas es el hombre manso. Y la Biblia dice en uno de sus pasajes más notables: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.»1Palabras del Señor Jesucristo mismo en el Sermón del Monte.

»No son los generales prepotentes, ni los políticos astutos, ni los financistas sin más alma que el dólar, ni los eclesiásticos altaneros, quienes encarnan la paz y la alegría, sino los mansos….

»Jesús alabó a los mansos, a los humildes, a los pacificadores, a los resignados y a los que sienten hambre y sed de justicia, y los llamó bienaventurados», concluye el Hermano Pablo. Si queremos contar con la aprobación de Dios, más vale que nos esforcemos por imitar, al igual que Cantinflas, estas virtudes de los bienaventurados.2

Mt 5:5 (RVR-1960)

Mt 5:3-10

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 15

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

a1El rostro del niño de diez años reflejaba su deseo intenso de asimilar la información que recién había entendido.

—¿Cómo? —preguntó al maestro—. ¿Es el mismo país que hoy se llama Israel?

El maestro le aseguró que el mapa que estaban mirando de la “tierra prometida” de los tiempos de Josué era casi igual al que se usa hoy día y que identificaba lugares que llevan el mismo nombre y que se mencionan en los diarios casi todos los días. El niño volvió a su actividad de aprendizaje bíblico con nuevo empeño. De repente la Biblia había dejado de ser algo remoto de su mundo porque veía la relación con sus estudios de ciencias sociales en el colegio.

Este pequeño incidente ayuda a entender un poco el privilegio especial que goza el maestro de niños escolares. Esta edad representa un enorme desafío para la enseñanza porque son éstos los años cuando en el niño se ve el despertar de su intelecto, demostrado por su hambre de saber y sus incipientes capacidades de razonamiento y lógica. Todos los días el mundo a su alrededor le presenta innumerables interrogantes. Sus preocupaciones son múltiples y giran alrededor de las presiones que siente de su hogar, de sus compañeros y amistades, de sus estudios en el colegio, de su participación en los deportes y de lo que ve en la televisión. El niño de esta edad es sumamente sensible a las muestras de justicia o injusticia que recibe en el trato con sus padres, maestros u otro adulto. Se preocupa por los grandes interrogantes que le plantean el crimen, el sexo, la droga, las guerras y la lucha por la paz mundial.

El niño latinoamericano vive también otras tensiones. El deterioro en la economía en los países del hemisferio ha producido tremenda tensión en el núcleo familiar. Cada vez más los niños vuelven de la escuela a una casa vacía porque “mamá trabaja”. Otros se encierran en sus angustias particulares al vivir las incertidumbres causadas por la falta de dinero. Muchos conocen lo que es el hambre crónico. Las crisis causadas por estas realidades muchas veces estallan con violencia en el hogar y el niño, a menudo, se ve como el objeto del abuso verbal, físico y sexual. El niño ya no se siente protegido porque en alguna medida él recibe la descarga de todas estas tensiones vividas por los adultos.

Además, la desintegración del hogar causado por el abandono, la separación y el divorcio trae increíble dolor a la vida del niño. Igualmente, ese dolor es sentido por el niño que viene de un hogar donde él es un hijo de crianza o hijo de madre soltera. Niños que viven estas realidades se sienten indefensos, desprotegidos y vulnerables y casi siempre viven con una angustia apenas disimulada por otros males que les pueden llegar.

Una vez escuché decir a una maestra: “Yo quisiera tener alguna vez una clase de niños normales.” ¿Qué maestro alguna vez no ha tenido ese pensamiento? Pero, ¿qué es normal? Supongo que todos quisiéramos creer que una familia “normal” sería aquella donde el padre tiene un trabajo estable y bien pago, donde hay evidencias de amor entre los padres y los hijos, donde el trato mutuo entre padres e hijos es respetuoso y consistente y donde, como consecuencia, el niño da muestras de ser una persona contenta, segura y confiada. Gracias a Dios, hay niños así en nuestras iglesias pero han llegado a ser casi la excepción.

Sobre la base de mi experiencia, es mi convicción de que hoy el entorno que rodea al niño contiene uno o más elementos de tensión. El niño escolar que entra en una clase los domingos para “aprender de la Palabra de Dios” trae consigo todos las tensiones que son propias de su hogar y de su mundo. Él necesita recibir una enseñanza que admita y trate estas realidades. Aunque no lo dice, él busca a alguien que pueda amarlo sin condiciones y escucharlo sin reservas. Necesita soluciones basadas en la certeza de la Palabra de Dios, consuelo que la fe en Dios puede darle y las fuerzas que la oración le puede proveer.

Consciente de esta realidad, junto con mis colaboradores hemos tratado de estructurar lecciones que enfocan la problemática del niño a través de las verdades bíblicas y que, aplicadas correctamente, pueden transformar su vivencia. El niño escolar tiene una inmensa capacidad de pensar, aprender y memorizar, pero necesita sentirse protagonista en el proceso de su aprendizaje. Por eso en las lecciones se da prioridad a las actividades de aprendizaje donde el niño puede analizar, discutir, sugerir y dramatizar; actividades donde él es un participante activo en el proceso de descubrir las verdades de la Palabra de Dios que afectan su vida.

¿Cuáles son los elementos que componen las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA? Miremos cada uno por separado.

Notas al maestro

Para la preparación básica del maestro hemos provisto un recurso al comienzo de cada manual que se llama Notas al Maestro. Esta sección tiene como finalidad proveer un contexto histórico y cultural del período bíblico que abarcan las lecciones de la unidad. A veces hay un bosquejo que ayuda a tener una vista panorámica de los incidentes que aparecen en las lecciones. También hay mapas y diagramas para que el maestro adquiera un concepto de la geografía o del orden cronológico de los eventos.

Muchos maestros no tienen recursos propios para ampliar su estudio de la Palabra de Dios. Estos apuntes se han escrito como un intento de suplir, en una pequeña medida, esta necesidad. Sus autores son personas con estudios teológicos que ejercen su ministerio como pastores o profesores de teología. Han escrito estas notas con la esperanza de que por medio de ellas toda persona que use estos materiales ha de verse enriquecida en su vida personal y en su tarea como maestro de escuela dominical.

El maestro debe entender que la información contenida en estas notas no debe ser enseñada a la clase de niños ni incorporada como parte de las lecciones. Sirven esencialmente para capacitar mejor al maestro y darle un conocimiento más cabal del material que está enseñando.

¿Por qué son importantes? A veces el maestro es una persona que hace poco ha comenzado su vida en el Señor y su conocimiento de la Biblia es limitado. O posiblemente es una persona que nunca ha tenido la oportunidad de realizar un estudio sistemático de la Biblia. Esto hace que su comprensión de la totalidad de la revelación de Dios en la Biblia sea sumamente limitada y que, a su vez, sus conceptos acerca del accionar de Dios con relación al hombre estén condicionados a sus escasas experiencias espirituales. También es probable que el maestro que es nuevo en la fe todavía guarda en su mente conceptos distorsionados recogidos por experiencias religiosas antes de convertirse. Estos conceptos se transmiten a los niños en forma inconsciente durante las clases y pueden establecer bases erróneas que afectarán la vida cristiana del individuo en su niñez y quizás durante toda su vida. Como ejemplo, basta con citar apenas dos creencias: el tema de la confesión de los pecados y el ganar mérito ante Dios por las buenas obras. Si uno ha tenido un trasfondo religioso católico romano, ambos de estos temas deben ser reacomodados a la luz de la Palabra de Dios.

Otra razón por la importancia de estas notas es porque ayudan al maestro a madurar en su vida espiritual. En muchas iglesias, lamentablemente, se usan adolescentes para la enseñanza de los niños. Generalmente, estos jóvenes no tienen madurez personal ni una definición propia como para hacerle justicia a su tarea. Las notas de alguna forma pueden ayudar en el proceso de crecimiento espiritual. Las actitudes de Jesús hacia los niños nos obligan a asumir la tarea de la enseñanza a los niños con toda seriedad y preocuparnos siempre para lograr un amplio conocimiento personal de las Escrituras.

La preparación personal

Como primer paso en la preparación para enseñar una clase, el maestro debe entregar su vida al Señor mediante la oración. Debe orar pidiendo que el Espíritu Santo haga de él un instrumento limpio y digno de transmitir la Palabra de Dios a los niños. A la vez, debe orar por su clase, nombrando individualmente a cada niño y pidiendo que el Señor le ilumine para discernir cuáles son las necesidades espirituales de cada uno. En su oración pide que el Espíritu Santo le haga entender correctamente la lección y aplicarla primero a su propia vida.

Después de orar, el maestro debe leer cuidadosamente el pasaje cuya cita se da al comienzo de la lección donde dice Base Bíblica. Esta porción bíblica es el fundamento de la lección. Pero no se debe leer el pasaje bíblico a los niños en la clase. La razón de esto es que ellos recibirán el contenido y la enseñanza de esa porción bíblica a través de los diferentes elementos de la lección que han sido cuidadosamente preparados para su edad.

Después de haber leído el pasaje bíblico que corresponde, el próximo paso es leer la lección en su totalidad que se encuentra en el manual. Esta primera lectura debe hacerse en forma rápida, sin detenerse en las partes de la lección, para tener una comprensión cabal de lo que se quiere lograr en cuanto a la enseñanza.

Los objetivos

La primera cosa que se define en cada lección son los objetivos. Éstos se definen por tres niveles: lo que el niño debe entender, lo que el niño debe sentir, lo que el niño debe hacer. Son de especial importancia porque establecen la importancia de todas las actividades que forman parte de la lección. Uno de los errores más frecuentes que se comete en la enseñanza bíblica es el de dar importancia únicamente al primer nivel de los objetivos, es decir, la enseñanza de la Biblia como información, enfatizando los datos y hechos históricos, sin que esa información tenga relevancia para la vida de los alumnos. Formamos como si fueran “cabezones bíblicos”, personas con mucha información pero poca habilidad de ponerlo en práctica. ¿Será ésta la causa de que en las iglesias haya tantas personas que habría que calificarlas como “cristianos inmaduros”, sin un compromiso coherente o profundidad espiritual?

Los materiales VIVIR LA BIBLIA están diseñados con la finalidad de ayudar al maestro a llevar la enseñanza bíblica a la vida diaria de sus alumnos, ayudándoles a lograr cambios en sus actitudes y conductas. Por supuesto, los cambios que se quieren lograr en la vida del alumno no son obra del maestro ni el resultado automático de las lecciones. El único que puede transformar la vida en forma profunda y duradera es el Espíritu Santo. El maestro que desarrolla correctamente el proceso de la enseñanza bíblica con su clase está abriendo el camino para que el Espíritu obre, nada más. Las partes de la lección que están estructuradas especialmente para facilitar esos cambios son las que se denominan Transferencia a la Vida (Aplicación) y Momento de Compromiso (Conclusión).

La incentivación

Esta parte inicial de la clase tiene como finalidad despertar el interés del alumno en el tema de la lección y la relación del tema con su propia vida. El maestro debe asegurarse que entiende bien cómo llevar a cabo las actividades sugeridas para captar el interés de sus alumnos. Es probable que sea necesario hacer algunas adaptaciones de las actividades pensando en el medio ambiente cultural de su clase y las experiencias vividas por sus alumnos. Me refiero, por ejemplo, a las diferencias que existen en una clase de niños de la ciudad y una clase de niños que viven en el campo. Cuanto más conocimiento tenga el maestro de la vida de sus alumnos, más eficaz será su enseñanza. Las preguntas que se utilizan en esta parte de la lección son especialmente importantes porque ayudan a los alumnos a pensar en sus propias necesidades, que luego serán respondidas por el contenido de la lección. Conviene que el maestro memorice estas preguntas.

Otra parte importante de esta sección es la frase de transición que se utiliza para pasar de la incentivación a la Historia bíblica. Esta frase de transición (que aparece al final de la incentivación y que se introduce con la palabra “decir”) es el puente que abre la mente del alumno al aprendizaje que se encuentra en la historia bíblica. También es necesario que el maestro aprenda esta frase de memoria para asegurar que se pase de esta actividad a la próxima con toda naturalidad.

La historia bíblica

Cada lección incluye una narración de los incidentes bíblicos seleccionados para esa clase. La historia bíblica está escrita en la forma en que el maestro la debe narrar, puesto que los autores han seleccionado los datos pertinentes y eliminado los que no lo son. Cada narración está elaborada para resaltar el objetivo de la lección. Por eso, el maestro debe cuidarse en no agregar otros detalles. Tampoco, el maestro no debe leer la historia bíblica del manual a la clase. Debe estar tan bien compenetrado del contenido de manera que lo pueda narrar casi de memoria, mirando a los ojos de los niños. Debe fijarse especialmente en las instrucciones que indican cuándo se muestran y cuándo se quitan las láminas y figuras durante el desarrollo de la historia.

El maestro debe recordar que su propósito en la narración de la historia bíblica no es el de entretener a los niños. Desde luego, si la historia está bien narrada, ellos estarán atentos e interesados. Pero la meta final de la historia bíblica es impartir a los niños verdades de eterno significado. Dada la importancia de la historia bíblica, es aconsejable que el maestro se capacite en las técnicas de la narración, utilizando la imaginación, el drama y el suspenso, elementos que son esenciales en comunicar eficazmente cualquier anécdota de la vida real. Éstos son:

La expresión del rostro

Es obvio que la cara del maestro debe reflejar lo que está narrando. Si el relato comienza con un incidente o emoción triste, el rostro del maestro debe expresar tristeza. Si los personajes tienen miedo o están cansados o enojados, el rostro debe expresar esas actitudes. La cara es un poderoso instrumento para reforzar la narración, especialmente para con los niños, porque puede transmitir la realidad del sentimiento con más fuerza que las palabras. Pero ¡cuidado! Hay algo que el maestro NO debe mostrar con su cara: disgusto con algún alumno revoltoso o rechazo por uno antipático. El maestro no debe demostrar su cansancio o desánimo. Las emociones reflejadas por el maestro tienen un efecto inmediato sobre los niños.

Los gestos

Toda persona utiliza ciertos gestos habituales cuando conversa con otros. Pero no toda persona se siente cómoda ante la necesidad de usar gestos para relatar una historia. Quizás esto se deba a que en alguna ocasión hemos tenido que aprender ciertos gestos en relación con una declamación formal donde los gestos parecían exagerados. Para darle vida a un relato, se tienen que usar gestos, pero éstos deben ser naturales y sueltos. Es decir, el gesto tiene que corresponder con la acción que se relata.

El buen narrador es la persona que sabe “meterse en los zapatos” del personaje, es decir, imaginar lo que el personaje está sintiendo y expresar lo que es la probable reacción o acción corporal. Todos tenemos emociones comunes: el miedo, el susto, la preocupación, el enojo, la vergüenza, la felicidad. Y todas estas emociones son, y pueden ser, expresadas con gestos espontáneos y naturales.

Cambios en el tono de voz

El uso correcto de la voz es otro elemento que crea interés en la narración. Por medio de las variaciones en la voz los alumnos perciben las emociones y vivencias de los diferentes personajes. Por ejemplo, se susurra para crear suspenso; se habla fuerte para expresar autoridad; bajito y pausado para expresar timidez; lento para expresar cansancio, triste para expresar pena. Estos cambios de voz no son difíciles y con un poco de práctica el maestro podrá enriquecer la narración en forma significativa.

El ritmo de la narración

El hecho de acelerar o disminuir el ritmo de la narración se llama “marcar el paso” y es otro elemento utilizado para crear interés. Hay varias formas de marcar el paso: utilizando pausas para dar mayor énfasis; silencios para crear suspenso; hablando en forma pausada para denotar tristeza o cansancio; hablando rápido para mostrar sorpresa o felicidad. Estos cambios introducen el elemento dramático en la más sencilla historia y deben ser utilizados en toda narración.

La imaginación

Aunque el uso de la imaginación es un elemento positivo para agregar vitalidad y emoción a la historia, en el caso de las historias bíblicas hay que tener cautela para no agregar detalles que pudieran distorsionar la verdad. Es cierto que la Biblia no nos da muchos detalles que quisiéramos saber. Pero eso no nos da libertad para inventar y agregar detalles a nuestro antojo. Una regla básica es que todo detalle imaginario debe ajustarse a las realidades histórico-culturales de los tiempos bíblicos. Por ejemplo, el alumno debe entender que Abraham viajaba en una caravana de camellos y no en un tren. El maestro de la Biblia está restringido por los límites que imponen los personajes y los acontecimientos en el relato. En otras palabras, hay que tener cuidado de no inventar personajes que no estén en el relato bíblico. No obstante, sí podemos usar la imaginación para darle vida a las emociones y expresar actitudes que serían lógicas dentro del contexto del incidente vivido. El narrador se “pone los zapatos” del personaje y le da emoción a lo que dice y hace.

La conversación dramatizada

Este elemento puede transformar un relato aburrido en uno que tiene emoción y vida. El maestro trata de decir las palabras que probablemente hubiera expresado el personaje, utilizando el tono de voz adecuado y la correcta expresión en el rostro. Por ejemplo, en lugar de decir: “Dios dijo que Abraham tendría que salir de su país para ir a otro que él le mostraría”, el maestro cuenta el incidente como una conversación dramatizada:

—¡Abraham! —dijo Dios—. Quiero que prepares todas tus cosas para viajar.

—¿Cómo? —preguntó Abraham—. ¿Adónde debo ir, Señor?

—A un lugar que yo te mostraré —respondió Dios.

Con cara preocupada Abraham se fue a su casa. Al entrar por la puerta, llamó:

—Sara —le dijo a la esposa—, tenemos que preparar todas nuestras cosas para salir de viaje.

—¿Qué? —respondió Sara sorprendida—. ¿Adónde vamos a ir?

—Eso no lo sé —respondió Abraham.

—¡No te entiendo! —exclamó Sara—. Si me dices que tenemos que viajar, supongo que debes saber adónde vamos a ir, ¿verdad?

—Bueno —respondió Abraham inseguro—, esta vez no sé adónde tenemos que viajar, pero Dios me ha dicho que él nos mostrará el lugar cuando fuere necesario.

Es evidente que, al emplear este elemento de conversación dramatizada, el maestro tiene que usar su imaginación para atribuirles palabras y actitudes a los personajes. En este sentido, como se ha dicho arriba, hay que tener cuidado de no expresar actitudes y reacciones que no estén implícitas en el pasaje. Por ejemplo, hay una diferencia importante entre decir que Abraham estaba preocupado por las instrucciones que Dios le había dado, y decir que por eso estaba enojado con Dios. En la primera instancia el maestro está agregando el elemento natural (preocupación por lo desconocido), que es probable y lógico. Pero en el segundo caso (una reacción de enojo) el maestro estaría agregando algo que la Biblia no dice y dando por ello una interpretación errónea.

Las ayudas visuales

Las láminas y figuras provistas en estos materiales pueden servir de ayuda o pueden ser un estorbo. ¿Por qué digo esto? Uno pensaría que las láminas siempre van a ser un elemento positivo para reforzar la narración. Pero las láminas pueden ser un estorbo en este sentido: el fluir de la narración es el aspecto más importante de la historia bíblica. Pero a veces la narración se interrumpe mientras el maestro, por no tener todo en orden, busca una lámina o figura. En otros casos el maestro tiene una lámina en una mano y la mueve de un lado para otro, como si fuera un abanico, y con la otra mano hace diversos gestos. En estos casos las ayudas visuales se transforman en un estorbo, porque los niños se distraen.

La solución para este problema es tener un lugar donde apoyar las láminas. Este puede ser un tablero o un pizarrón plegado que esté a la altura de los ojos de los niños, por lo general sobre una mesa baja. Entonces el maestro fácilmente coloca y saca las láminas del pizarrón plegado en su secuencia correcta en la historia, sin interrumpir la narración. Esto deja sus manos libres y fija la atención de los niños en un solo lugar.

¡Practicar, practicar y practicar!

El maestro con verdadera vocación dedicará tiempo a perfeccionarse en el método narrativo para que su enseñanza cree interés en sus alumnos. Esto se hace leyendo la historia bíblica varias veces antes de la clase. Conviene que el maestro haga sus propias anotaciones en un papelito aparte, para recordar los detalles importantes en su orden correcto. No está mal ensayar la narración en voz alta con alguien o a solas, a veces frente a un espejo, antes de ir a la clase. Esto demanda trabajo y tiempo, pero no hay otro camino fácil para lograr destreza en el arte de narrar.

Quiero insistir sobre algo. Siempre hay que guardarse de la tentación, lamentablemente bastante común, de leer el relato del manual. Si el maestro cae en este hábito, perderá contacto visual con los alumnos y le quitará el elemento de drama de la historia. El resultado será que enseguida logrará aburrir a los niños.

La transmisión de un concepto de Dios

Es necesario señalar que, además de los objetivos delineados para la lección, el maestro está enseñando otro elemento no especificado. Está transmitiendo al niño en forma indirecta, aunque quizás sin darse cuenta, su concepto de Dios. Lamentablemente, la mayoría de las personas tienen conceptos distorsionados en cuanto a Dios y su obrar con el hombre. Hemos encasillado a Dios dentro de las limitaciones de nuestro modo de pensar y reaccionar ante las experiencias que hemos vivido en el contexto religioso. Si esas experiencias religiosas han sido negativas, frecuentemente llevamos arraigado un resentimiento contra ciertas doctrinas, o contra cierta iglesia o contra algún siervo de Dios. Esta cortina de resentimiento distorsiona nuestro concepto de Dios. De la misma forma, por no tener una amplia comprensión teológica del obrar de Dios entre su pueblo, caemos en el error de interpretar a Dios según nuestro estado anímico o las experiencias vividas la semana pasada. A lo mejor, el Dios que “manejamos” es un Dios que se complace o se enoja según nuestra conducta o según el cumplimiento de ciertos ritos y obligaciones impuestos por la iglesia.

Un ejemplo nos puede ayudar a captar esta realidad. Un maestro contó a su clase la historia de Job. El objetivo de esa lección, de acuerdo con los materiales que usaba, era mostrar que, a pesar de su sufrimiento, Job aprendió que nada podía separarlo del amor de Dios. Sin embargo, por ciertas experiencias de sufrimiento propio en su pasado, el maestro dejó bien en claro en su lección que Dios hace sufrir a sus hijos, no sólo una vez sino muchas veces. Sus resentimientos no resueltos, que venían de una niñez llena de abuso físico de parte de su padre, condicionaban negativamente su enfoque en cuanto al sufrimiento. Para él, dada su historia personal y su falta de madurez espiritual, Dios era un Dios castigador.

Tristemente, una presentación así puede causar mucho daño en el desarrollo espiritual de un niño. Como él no tiene experiencia ni vocabulario para hacer preguntas ni mucho menos para plantear grandes interrogantes teológicos, las ideas sembradas en su mente en esta etapa crucial de su desarrollo espiritual afectarán en el futuro su modo de pensar acerca de Dios. Por eso, no se puede enfatizar demasiado la enorme responsabilidad que tiene el maestro cuando está interpretando y enseñando la Palabra de Dios a los niños. Cae sobre él la responsabilidad de ser sumamente claro y sencillo en sus presentaciones, cuidando de transmitir verdades bíblicas acerca de Dios y no opiniones personales. Esto obliga al maestro a examinar cuidadosamente su propia vida, admitiendo y examinando actitudes arraigadas que pueden afectar su vida espiritual. Debe reconocerlas, confesarlas y experimentar la transformación que obra el Espíritu Santo en los hijos de Dios: “…cambien su forma de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2, VP). Ese proceso continuo es nuestra única seguridad contra el error.

La transferencia a la vida

En los materiales de VIVIR LA BIBLIA, la parte de la lección que se llama La transferencia a la vida, tiene una importancia fundamental. El nombre que le damos a esta parte de la lección refleja esto. Las actividades delineadas en esta sección son las que trasforman los objetivos originales de enseñanza en pasos concretos de aplicación a la vida. Las actividades han sido elegidas y planificadas con cuidado para hacer fácil la transferencia de la enseñanza a la realidad de la vida del niño. Con la finalidad de que el alumno participe plenamente en este aspecto del aprendizaje, se proveen elementos visuales como figuras y láminas, se hacen dramatizaciones con títeres, rol-plays, estudios de casos, trabajos en grupos y juegos diversos.

Es importante reconocer que este proceso ha de lograrse mejor cuando el maestro se haya esforzado por conocer la vida cotidiana de sus alumnos. Con esa información podrá adaptar las actividades sugeridas en la lección a la realidad de sus alumnos o podrá agregar otras que se apliquen más directamente a su situación. Es bueno recordar que estas actividades de aplicación, aunque estén diseñadas para niños, deben ser procesadas primeramente en la vida del maestro antes de que los utilicen con los niños. Podemos llamar este proceso “auto-aplicación” de la verdad.

Igualmente es necesario señalar que la meta del maestro para esta parte de la lección es obtener la máxima participación de todos sus alumnos. La mayoría de los niños tiene una capacidad especial de cerrar sus oídos a cualquier consejo que suena a ser una predicación, un discurso o una moraleja. Por eso el maestro debe “escucharse” continuamente para ver si está predicando (“ustedes tienen que…”, hábito muy común en maestros y predicadores) o si está realmente guiando a los niños a descubrir por sus propios medios la relación entre las verdades bíblicas y sus propias vidas. Una buena pregunta de evaluación para el maestro es ésta: ¿tuve que decirles lo que Dios quiere que hagan o ellos mismos lo descubrieron?

La conclusión

La conclusión es la parte de la lección donde se busca el compromiso personal del niño ante Dios. Esto se hace por medio de la reflexión personal y la oración. Es aquí cuando el alumno puede reconocer nuevamente que Dios, y no el maestro, es el autor de las enseñanzas que acaba de recibir. Recordemos que desde temprana edad el niño aprende que los adultos son personas que saben todas las cosas y que su deber es aprender de ellos. El peligro que esta actitud puede crear en una clase de enseñanza bíblica es que el niño se sienta motivado a responder solamente por obedecer al maestro. Esto es especialmente cierto en la iglesia, ya que muchas de las enseñanzas recibidas tienen que ver con conductas. Es muy fácil, entonces, que el niño mida su obediencia en términos de lo que le pidan sus padres o sus maestros. Por eso, en el tiempo de compromiso es muy importante hacer entender al niño que él está respondiendo a Dios únicamente y no a la voluntad de su maestro.

El compromiso se hace por medio de la oración. El hecho de terminar la clase en oración ayuda al niño a formar el hábito de depender de Dios para lograr los cambios deseados en su vida. El maestro debe utilizar este momento en la clase para orientar y animar al niño a expresar con sus palabras lo que desea de Dios, es decir, aprender a usar palabras y frases propias en sus oraciones. Esta expresión individual es una tarea difícil, porque los niños tienden a orar imitando frases que han escuchado en las oraciones de los adultos, sea en la iglesia o en el hogar. Lo hacen sin entender ni siquiera el significado de las palabras. Un niño oró fervientemente: “Te suplicamos, oh Cordero de Dios, que cubras nuestras transgresiones con tu sangre.” Luego miró a la maestra y con orgullo dijo: “Mi padre ora así.” Es evidente que esa frase, y otras aprendidas de los adultos, no son expresiones genuinas de un niño. El maestro tiene la importante tarea de guiar a los niños a expresar en sus oraciones lo que realmente sienten, utilizando palabras sencillas y acordes con sus experiencias.

En la mayoría de los casos las lecciones traen una sugerencia específica en cuanto a la forma de oración que se debe utilizar para concluir la lección. No obstante, aquí señalo algunas formas de oración que el maestro puede usar.

La oración silenciosa

El maestro dice a los niños el motivo por el cual deben orar y ellos lo expresan a Dios en silencio. Ejemplo: “Ahora vamos a pedirle ayuda al Señor para alguna tarea difícil que tengamos que cumplir esta semana. Cada uno piense en una tarea difícil que le va a tocar. Vamos a orar en silencio y sólo Dios nos escuchará.” Después de un tiempo breve, el maestro ora diciendo: “Gracias por escuchar nuestras oraciones, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.” Para ayudar a los niños a definir el elemento que van a pedirle a Dios en oración, se puede tomar unos minutos antes de orar para que cada alumno diga la tarea difícil que le toca hacer y por la cual necesita la ayuda de Dios.

La oración guiada

El maestro explica que van a orar todos juntos repitiendo las frases que él dice primero. Ejemplo: “Vamos a orar y ustedes van a repetir las frases que yo digo. Querido Dios… te pido ayuda… para ser honesto en la escuela esta semana… “, etcétera.

La oración cantada

El maestro explica que van a orar pero que la oración será una canción. Hay canciones que se prestan especialmente para esto. Algunos ejemplos: “Enséñame a hacer tu voluntad”, “Mi corazón, oh examina hoy”, “Padre, te adoro”, “Con mis labios y mi vida”, etcétera. También se pueden usar las canciones que acompañan la serie de lecciones.

La oración memorizada

La clase aprende algún versículo bíblico que es a la vez una oración, y lo repiten al unísono en actitud de oración. También el maestro puede escribir de antemano una breve oración y hacer que los alumnos la aprendan para luego repetirla juntos. Este método es especialmente útil con un grupo de niños nuevos que no tienen la costumbre de orar. A veces es útil tener una breve oración modelo que se repite en todas las clases.

La oración susurrada

Los alumnos y el maestro oran juntos pero cada uno expresa sus palabras en voz baja. A veces es conveniente arrodillarse para lograr una participación más concentrada. El maestro puede terminar el tiempo de oración con una oración en voz alta. Ejemplo: “Gracias, Señor, porque siempre nos escuchas cuando venimos a ti en oración. En el nombre de Jesús. Amén.”

La oración en grupos

Esta forma de oración se presta especialmente para ocasiones cuando los niños han compartido varias peticiones. Los niños se forman en grupos de dos o tres y oran el uno por el otro o cada grupito ora por una de las peticiones.

La oración conversacional

Este tipo de oración requiere algo de práctica pero puede ser sumamente eficaz. El maestro explica que juntos van a conversar con Dios en oración. Les recuerda que Dios está en medio de ellos y que pueden expresar lo que sienten sin usar frases especiales. Explica que deben ser frases breves y que no hace falta decir “Padre celestial” o terminar diciendo “en el nombre de Jesús. Amén”. En las primeras experiencias con este tipo de oración conviene usar una frase incompleta que los niños van terminando en su oración: “Te amo porque…”, “Hoy quiero darte gracias por…”, “Gracias por ayudarme con…” Explicarles que pueden volver a decir una frase una o varias veces, según como sientan hacerlo. Si esta forma de oración no resulta la primera vez, no hay que desanimarse. Es una de las mejores formas de hacer que la oración sea espontánea.

No quisiéramos dejar la consideración del momento de compromiso sin recordarle al maestro que él es meramente el instrumento a través del cual el Espíritu Santo puede traer bendición a la vida del niño. Esta bendición será proporcional al hecho que la vida del maestro esté en correcta relación con Dios.

La memorización de los textos bíblicos

Todas las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA incluyen un texto para memorizar. En las lecciones para niños de siete a once años a veces se incluye un pasaje “lema” de varios versículos que encierran la enseñanza principal de toda la serie. El maestro notará que todos los versículos han sido tomados de la Versión Popular de la Biblia (identificados como DHH, Dios Habla Hoy) o de la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual (identificados como BLA). La razón para esto es que estas versiones son más claras para el entendimiento del niño. Considero que la memorización de la Biblia es un elemento indispensable para el desarrollo espiritual del niño. La finalidad no es hacer una competencia en cuanto a las habilidades de los niños, ni tampoco es buscar la aprobación de los adultos. Este ejercicio sirve para proveerle al niño un tesoro de promesas y mandatos expresados por Dios mismo, que tendrán incalculable valor en su crecimiento espiritual actual y en su vida futura. Para lograr esto, es imprescindible que el niño comprenda lo que está memorizando.

Hay diferencias entre los niños en cuanto a la capacidad para la memorización. Generalmente, los de nueve a once años tienen mucha facilidad para ello; los de seis a ocho años tienen menos. En los casos donde hay un pasaje lema, sugerimos que se use con los niños de nueve a once años, pero esto queda al criterio del maestro ya que siempre hay niños más pequeños que lo pueden hacer. Para llevar a cabo la memorización de textos bíblicos en una manera eficiente, es necesario reconocer ciertas características de los niños.

El niño memoriza con facilidad cosas que no entiende en absoluto

El maestro debe recordar que el simple hecho de que un niño repita una frase no significa necesariamente que lo comprenda. Él puede memorizar una frase en chino si se la enseña. Repetir frases como un loro no significa que el niño entiende lo que está diciendo. No hay nada mágico en los versículos bíblicos que se memorizan como para creer que automáticamente tengan significado para el niño. Es por eso que no siempre el texto para memorizar contiene todas las palabras del versículo. Se han seleccionado las frases bíblicas que tengan relación directa y clara con la enseñanza de la lección.

El niño tendrá mayor grado de comprensión si el texto es enseñado mostrando el significado que tiene para él

Hay muchas maneras de lograr esto. Una forma es señalar cómo el texto es parte de las palabras dichas por Dios en la historia bíblica. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Génesis 17:1, el maestro puede decir algo así durante la narración bíblica:

“Dios habló con Abraham y le dijo: —Abram, te voy a bendecir grandemente. Tendrás un hijo y tus descendientes serán muchísimos. Porque yo soy el Dios todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto.”

Otra forma es usar el texto como uno de los momentos de la adoración, con los niños repitiendo la frase al unísono. Por ejemplo, el texto a enseñar es Salmo 104:24. El maestro tiene en sus manos láminas de diferentes aspectos de la creación y dice:

“Vamos a mirar esta láminas y quiero que ustedes me digan qué cosas ha creado Dios en cada una de ellas (permitir que los niños comenten). Ahora vamos a repetir todos juntos estas palabras de la Biblia: ¡Cuántas cosas has hecho, Señor! Todas las hiciste con sabiduría.”

También el texto se puede presentar en forma personalizada. Cada niño piensa en algo propio que puede agregar en el lugar indicado en el texto. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Romanos 8:38, 39, el maestro dice:

“Vamos a repetir el texto, pero cada niño va a agregar una frase que representa algo personal. Estoy convencido de que nada  (ni que me haya salida mal la prueba de matemática) me puede separar del amor de Dios.”

El niño memoriza mejor cuando hay un ambiente ameno para hacerlo

El maestro quiere que el niño perciba en este aprendizaje el gozo y el privilegio que es suyo al memorizar la Palabra de Dios. Este ejercicio, entonces, es muy diferente a las tareas que se dan en el colegio de memorizar datos de una lección de geografía o historia. La memorización de la Biblia tiene una motivación más elevada. Las lecciones VLB sugieren métodos específicos para lograr que la memorización del texto sea amena y alegre.

El niño memoriza con facilidad, pero no lo retiene a menos que haya mucho repaso

Esta característica es normal en el niño y hace necesario repasar constantemente lo que haya sido memorizado antes. Cuando se hace el repaso en forma sistemática a través de muchas semanas, el niño ha de retener lo memorizado por un tiempo casi ilimitado. De allí la importancia de repasar y repasar y seguir repasando.

Las lecciones de repaso

Las series para escolares de VIVIR LA BIBLIA incluyen una o dos lecciones de repaso por unidad. Estas lecciones, que cubren el repaso de las lecciones de la serie y de los textos que han sido memorizados con relación a estas lecciones, se han estructurado sobre la base de juegos, trabajos artísticos y actividades dramáticas. Estas lecciones son distintas a todas las demás porque proveen actividades en las cuales el niño se divierte mientras repasa los elementos de las lecciones. No se puede enfatizar demasiado la importancia de estas dos lecciones. El niño escolar es muy apto para aprender, pero también es propenso a olvidar lo estudiado. Hacen falta muchas actividades de repaso para que los conceptos adquiridos queden grabados en su mente.

En estas lecciones hay instrucciones especiales para el maestro de niños de seis a ocho años. Esto se debe a que su capacidad para memorizar y su desarrollo intelectual no es tan avanzado como los niños mayores. Eso lo limita en lo que pueda aprender. El niño de seis a ocho años no captará, por ejemplo, la cronología de las lecciones ni los elementos histórico-culturales que pueden interesar a los niños más grandes. Los trabajos con mapas les serán difíciles. No tendrá el mismo interés en las competencias, el puntaje y los premios que les encantan a los niños de nueve a once. Se podrá observar, entonces, que las actividades para los más pequeños se basan en juegos mientras que para los más grandes se basan en competencias. El maestro debe ser consciente de estas diferencias, especialmente si tiene niños de ambas edades en una sola clase. Si sigue las indicaciones, podrá resolver este problema.

En los domingos en que corresponde la lección de repaso, el aula debe tener un ambiente diferente, casi de fiesta. El maestro puede llevar algo para tomar y una torta o masas para compartir. De este modo los niños tendrán gratos recuerdos de esas clases.

La manualidad

Las manualidades hacen posible que el niño tome parte activa en el aprendizaje bíblico, trabajando con sus manos para crear algo. A veces la manualidad tiene una relación estrecha con la aplicación de la lección. Otras veces tendrá más relación con la historia bíblica. En algunos casos es un trabajo relacionado con el texto para memorizar. En cualquiera de estas tres opciones, la manualidad tiene como finalidad profundizar las lecciones espirituales que se han enseñado.

Como en las otras partes de la lección, la relación de la enseñanza con la actividad tiene que ser hecha por el maestro. El niño no hará esa relación por sí mismo. El maestro tendrá que dar una explicación clara sobre esa relación, haciendo el puente entre las dos cosas. Aún más, el maestro no debería ni siquiera repartir las hojas de la manualidad a los alumnos hasta no crear primero en ellos cierta expectativa en cuanto al trabajo que van a hacer. Siguen algunos ejemplos de cómo el maestro puede hacer este puente entre la lección y la manualidad:

Ejemplo 1: Decir: “El trabajo que vamos a hacer hoy nos ayudará a entender mejor la maravillosa variedad en la creación de Dios. Mientras están haciendo el trabajo, vamos a pensar juntos en todas las distintas clases de árboles, flores y plantas que conocemos. A ver, ¿quién me puede nombrar una?” Mientras los alumnos trabajan, pueden compartir algo de lo que saben sobre distintos elementos de la naturaleza y también aprender algo más.

Ejemplo 2: Decir: “Al terminar de hacer el trabajo de hoy, cada uno de nosotros tendremos un recuerdo de cómo Dios provee para nosotros en darnos padres y hermanos que forman nuestras familias. Vamos a estar hablando sobre familias que conocemos que son diferentes al ideal que Dios planeó para todos pero que también tiene su ayuda para vivir en amor y armonía. Podemos pensar también en los cambios que nos gustaría ver en nuestras propias familias.” De esta forma el maestro estimula a los niños a hablar de sus situaciones en familia y las de vecinos o amigos.

Ejemplo 3: Decir: “El trabajo que haremos hoy es para ayudarnos a no olvidar los problemas que puede traer el pecado del orgullo. Quiero que ustedes piensen en personas que conocen que son orgullosas y por qué les molesta su conducta y sus actitudes. También podemos pensar en las cosas que hace una persona orgullosa. Esto nos ayudará a saber si nosotros somos orgullosos o no, y si lo somos, pedirle perdón a Dios.” De esta manera se utiliza el tiempo de la manualidad para que los niños piensen y reaccionen ante el orgullo de otros o del suyo propio.

Estos ejemplos ilustran cómo el maestro puede crear un vínculo entre la lección y la manualidad, dándole un significado espiritual y ayudando a que no sea meramente un trabajo para llenar la hora. El maestro debe aprovechar el tiempo de la manualidad para dialogar con los niños mientras ejecutan sus trabajos.

Copias de la manualidad

En el Suplemento de Ayudas Visuales hay un solo ejemplar de la hoja de la manualidad. El maestro debe hacer las fotocopias necesarias de antemano, según el tamaño de su clase. ¡Ojo! Debe hacer una copia de más para usarla de muestra. Además, recuerde guardar el original en el archivo para usarlo nuevamente en el futuro.

Tiempo proporcionado

Es necesario recordar que la manualidad es solamente una parte de la enseñanza. El entusiasmo de los niños cuando se acostumbran a hacer los trabajos manuales creará una tentación de parte del maestro de acortar las otras partes de la lección para dedicar más tiempo a la manualidad. ¡Esto nunca se debe hacer! Es mejor que el niño lleve su trabajo a casa sin terminarlo y no que el maestro pase por alto la aplicación o la conclusión de la lección.

Preparación de la muestra

Es absolutamente imprescindible que el maestro haga una muestra de la manualidad antes de llegar a la clase. Para este fin, usará una hoja de las fotocopias hechas para la clase. Los trabajos no son complicados, pero los niños seguirán mejor las instrucciones si ven una muestra ya terminada. Es preferible que la muestra no esté coloreada, ya que la tentación del niño es hacer exactamente lo que hizo el maestro. Al armar la muestra, el maestro sabrá de antemano cuáles son los elementos que hacen falta para la realización de la manualidad y no pasará un mal momento delante de su clase por no haberse preparado adecuadamente.

Para que los niños disfruten plenamente de estos trabajos, es necesario que la clase disponga de una mesa, lápices de color, marcadores, crayones de cera, cola vinílica y tijeras suficientes para cada niño. En ciertas circunstancias donde la iglesia no ha provisto estos elementos, el entusiasmo de los niños en hacer la manualidad los ha obligado a trabajar agachados en el piso, con un solo lápiz de color cada uno, y una tijera para toda la clase. Pueden trabajar así pero no deben hacerlo. Como hemos dicho repetidas veces, el niño aprende participando y haciendo. Debe tener los elementos básicos para poder hacerlo correctamente. La iglesia, por medio de su tesorería, o la escuela dominical por la suya, deben hacer la inversión necesaria para asegurar que el maestro tenga los elementos que necesita para trabajar correctamente con sus alumnos.

Refuerzo en el hogar

Los trabajos de manualidad son para el alumno. Lo ideal es que lo lleve directamente a su casa cada domingo después de concluida la escuela dominical. Si el niño tiene su trabajo manual a la vista en su casa, éste le servirá de refuerzo de la enseñanza recibida. Además, sirve como un excelente eslabón entre la escuela dominical y los padres del alumno. El deseo natural del niño es mostrar a los padres lo que ha hecho y también explicar su significado. Más de una vez, estos pequeños trabajitos de papel han ocupado un lugar de honor adornando algún ambiente de la casa donde quizás el niño sea el único que conoce al Señor.

Oportunidad para la creatividad

El maestro necesita recordar que la finalidad de las manualidades es proveerle al niño una experiencia agradable en una actividad creativa. Por lo tanto, el niño no está obligado a producir obras de arte ni cumplir ciertas normas de prolijidad o de capacidad. El maestro debe permitirle libre expresión de sus gustos en cuanto a colores y formas y dejar que su trabajo sea completamente original. Tampoco se le debe exigir al niño hacer una copia exacta de la muestra. Recordemos que el niño expresa con sus manos lo que sus ojos ven. Nunca tendrá la misma prolijidad ni destreza del adulto. Pero una palabra de felicitación o elogio de parte del maestro sobre el trabajo realizado puede hacer mucho para crear esa sensación de logro que tanto necesita para adquirir un sano concepto propio.

Expresión afectiva

Existe un beneficio secundario del tiempo de la manualidad. La experiencia demuestra que el ambiente creado en una clase donde todos los niños están trabajando con alegría le permite al maestro expresar su cariño hacia el alumno en forma individual. Hay oportunidades naturales para una expresión afectiva mientras uno admira cómo se realiza el trabajo. Se pueden dar pequeños abrazos de felicitación y palabras personales de aliento cuando el niño viene a hacer una pregunta. Toda la dinámica de la clase cambia y provee para el maestro maravillosas oportunidades para acercarse a un niño con evidente necesidad de consuelo, aliento o afecto y asegurarle que realmente es una persona importante para el maestro y para Dios. La demostración afectiva del maestro hacia los niños hará de estos momentos algo realmente significativo y precioso.

La dedicación y el compromiso del maestro frente a estos procesos de formación espiritual en la vida del niño escolar produce grandes satisfacciones. Uno tiene el privilegio de ver cómo el niño crece en su relación con el Señor, en su amor por la Palabra de Dios y en su sensibilidad a lo que Dios desea para él. Uno puede ver cómo el niño va formando hábitos y actitudes que traerán la bendición de Dios por el resto de su vida. Muchos niños de esta edad hacen la entrega por primera vez de sus vidas al Señor. Otros sienten el llamado para ser pastores o misioneros o para realizar algún ministerio especial cuando sean grandes. Por eso, sin lugar a dudas, podemos decir que la edad de seis a doce años son los años cruciales en la formación espiritual del niño. Es un privilegio singular ser usado por Dios para instruir y guiar a estos niños. Sólo él sabe el resultado de nuestra inversión en estas vidas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 135–159). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Sus dos opciones

Sus dos opciones

imgres

4/19/2016

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. (1 Pedro 3:17)

a1Usted tiene dos opciones. La primera es hacer lo bueno, aun cuando resulte en sufrimiento. Entonces usted acepta el sufrimiento como parte del sabio y soberano plan de Dios para su vida.

La segunda es hacer lo malo, que también resultará en sufrimiento. Ambas opciones son posibles conforme a la voluntad de Dios. Dios quiere que usted sufra por hacer lo bueno para que reciba fortaleza espiritual y glorifique a Dios. Pero también quiere que usted sufra el castigo divino por hacer lo malo. Así que haga bien, y evite provocar sufrimiento en su propia vida por las razones equivocadas.

http://www.gracia.org/recursos.aspx?page=Devocional