Muerte de Saúl y de sus hijos

1 Crónicas 10-13

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Muerte de Saúl y de sus hijos

(1 S. 31.1-13)

a110:1  Los filisteos pelearon contra Israel; y huyeron delante de ellos los israelitas, y cayeron heridos en el monte de Gilboa.

Y los filisteos siguieron a Saúl y a sus hijos, y mataron los filisteos a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.

Y arreciando la batalla contra Saúl, le alcanzaron los flecheros, y fue herido por los flecheros.

Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos y hagan escarnio de mí; pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y se echó sobre ella.

Cuando su escudero vio a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada y se mató.

Así murieron Saúl y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él.

Y viendo todos los de Israel que habitaban en el valle, que habían huido, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades y huyeron, y vinieron los filisteos y habitaron en ellas.

Sucedió al día siguiente, que al venir los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus hijos tendidos en el monte de Gilboa.

Y luego que le despojaron, tomaron su cabeza y sus armas, y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar las nuevas a sus ídolos y al pueblo.

10 Y pusieron sus armas en el templo de sus dioses, y colgaron la cabeza en el templo de Dagón.

11 Y oyendo todos los de Jabes de Galaad lo que los filisteos habían hecho de Saúl,

12 se levantaron todos los hombres valientes, y tomaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos, y los trajeron a Jabes; y enterraron sus huesos debajo de una encina en Jabes, y ayunaron siete días.

13 Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina,

14 y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí.

David es proclamado rey de Israel

(2 S. 5.1-5)

11:1  Entonces todo Israel se juntó a David en Hebrón, diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne.

También antes de ahora, mientras Saúl reinaba, tú eras quien sacaba a la guerra a Israel, y lo volvía a traer. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo.

Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por medio de Samuel.

David toma la fortaleza de Sion

(2 S. 5.6-10)

Entonces se fue David con todo Israel a Jerusalén, la cual es Jebús; y los jebuseos habitaban en aquella tierra.

Y los moradores de Jebús dijeron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sion, que es la ciudad de David.

Y David había dicho: El que primero derrote a los jebuseos será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y fue hecho jefe.

Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamaron la Ciudad de David.

Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y Joab reparó el resto de la ciudad.

Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él.

Los valientes de David

(2 S. 23.8-39)

10 Estos son los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová.

11 Y este es el número de los valientes que David tuvo: Jasobeam hijo de Hacmoni, caudillo de los treinta, el cual blandió su lanza una vez contra trescientos, a los cuales mató.

12 Tras de éste estaba Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, el cual era de los tres valientes.

13 Este estuvo con David en Pasdamim, estando allí juntos en batalla los filisteos; y había allí una parcela de tierra llena de cebada, y huyendo el pueblo delante de los filisteos,

14 se pusieron ellos en medio de la parcela y la defendieron, y vencieron a los filisteos, porque Jehová los favoreció con una gran victoria.

15 Y tres de los treinta principales descendieron a la peña a David, a la cueva de Adulam, estando el campamento de los filisteos en el valle de Refaim.

16 David estaba entonces en la fortaleza, y había entonces guarnición de los filisteos en Belén.

17 David deseó entonces, y dijo: !!Quién me diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta!

18 Y aquellos tres rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén, que está a la puerta, y la tomaron y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, y dijo:

19 Guárdeme mi Dios de hacer esto. ¿Había yo de beber la sangre y la vida de estos varones, que con peligro de sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.

20 Y Abisai, hermano de Joab, era jefe de los treinta, el cual blandió su lanza contra trescientos y los mató, y ganó renombre con los tres.

21 Fue el más ilustre de los treinta, y fue el jefe de ellos, pero no igualó a los tres primeros.

22 Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón valiente de Cabseel, de grandes hechos; él venció a los dos leones de Moab; también descendió y mató a un león en medio de un foso, en tiempo de nieve.

23 El mismo venció a un egipcio, hombre de cinco codos de estatura; y el egipcio traía una lanza como un rodillo de tejedor, mas él descendió con un báculo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su misma lanza.

24 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y fue nombrado con los tres valientes.

25 Y fue el más distinguido de los treinta, pero no igualó a los tres primeros. A éste puso David en su guardia personal.

26 Y los valientes de los ejércitos: Asael hermano de Joab, Elhanan hijo de Dodo de Belén,

27 Samot harodita, Heles pelonita;

28 Ira hijo de Iques tecoíta, Abiezer anatotita,

29 Sibecai husatita, Ilai ahohíta,

30 Maharai netofatita, Heled hijo de Baana netofatita,

31 Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamín, Benaía piratonita,

32 Hurai del río Gaas, Abiel arbatita,

33 Azmavet barhumita, Eliaba saalbonita,

34 los hijos de Hasem gizonita, Jonatán hijo de Sage ararita,

35 Ahíam hijo de Sacar ararita, Elifal hijo de Ur,

36 Hefer mequeratita, Ahías pelonita,

37 Hezro carmelita, Naarai hijo de Ezbai,

38 Joel hermano de Natán, Mibhar hijo de Hagrai,

39 Selec amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia,

40 Ira itrita, Gareb itrita,

41 Urías heteo, Zabad hijo de Ahlai,

42 Adina hijo de Siza rubenita, príncipe de los rubenitas, y con él treinta,

43 Hanán hijo de Maaca, Josafat mitnita,

44 Uzías astarotita, Sama y Jehiel hijos de Hotam aroerita;

45 Jediael hijo de Simri, y Joha su hermano, tizita,

46 Eliel mahavita, Jerebai y Josavía hijos de Elnaam, Itma moabita,

47 Eliel, Obed, y Jaasiel mesobaíta.

El ejército de David

12:1  Estos son los que vinieron a David en Siclag, estando él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes que le ayudaron en la guerra.

Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos para tirar piedras con honda y saetas con arco. De los hermanos de Saúl de Benjamín:

El principal Ahiezer, después Joás, hijos de Semaa gabaatita; Jeziel y Pelet hijos de Azmavet, Beraca, Jehú anatotita,

Ismaías gabaonita, valiente entre los treinta, y más que los treinta; Jeremías, Jahaziel, Johanán, Jozabad gederatita,

Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías harufita,

Elcana, Isías, Azareel, Joezer y Jasobeam, coreítas,

y Joela y Zebadías hijos de Jeroham de Gedor.

También de los de Gad huyeron y fueron a David, al lugar fuerte en el desierto, hombres de guerra muy valientes para pelear, diestros con escudo y pavés; sus rostros eran como rostros de leones, y eran ligeros como las gacelas sobre las montañas.

Ezer el primero, Obadías el segundo, Eliab el tercero,

10 Mismana el cuarto, Jeremías el quinto,

11 Atai el sexto, Eliel el séptimo,

12 Johanán el octavo, Elzabad el noveno,

13 Jeremías el décimo y Macbanai el undécimo.

14 Estos fueron capitanes del ejército de los hijos de Gad. El menor tenía cargo de cien hombres, y el mayor de mil.

15 Estos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando se había desbordado por todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al oriente y al poniente.

16 Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron a David al lugar fuerte.

17 Y David salió a ellos, y les habló diciendo: Si habéis venido a mí para paz y para ayudarme, mi corazón será unido con vosotros; mas si es para entregarme a mis enemigos, sin haber iniquidad en mis manos, véalo el Dios de nuestros padres, y lo demande.

18 Entonces el Espíritu vino sobre Amasai, jefe de los treinta, y dijo: Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí. Paz, paz contigo, y paz con tus ayudadores, pues también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y los puso entre los capitanes de la tropa.

19 También se pasaron a David algunos de Manasés, cuando vino con los filisteos a la batalla contra Saúl (pero David no les ayudó, porque los jefes de los filisteos, habido consejo, lo despidieron, diciendo: Con peligro de nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl).

20 Así que viniendo él a Siclag, se pasaron a él de los de Manasés, Adnas, Jozabad, Jediaiel, Micael, Jozabad, Eliú y Ziletai, príncipes de millares de los de Manasés.

21 Estos ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos ellos eran hombres valientes, y fueron capitanes en el ejército.

22 Porque entonces todos los días venía ayuda a David, hasta hacerse un gran ejército, como ejército de Dios.

23 Y este es el número de los principales que estaban listos para la guerra, y vinieron a David en Hebrón para traspasarle el reino de Saúl, conforme a la palabra de Jehová:

24 De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil ochocientos, listos para la guerra.

25 De los hijos de Simeón, siete mil cien hombres, valientes y esforzados para la guerra.

26 De los hijos de Leví, cuatro mil seiscientos;

27 asimismo Joiada, príncipe de los del linaje de Aarón, y con él tres mil setecientos,

28 y Sadoc, joven valiente y esforzado, con veintidós de los principales de la casa de su padre.

29 De los hijos de Benjamín hermanos de Saúl, tres mil; porque hasta entonces muchos de ellos se mantenían fieles a la casa de Saúl.

30 De los hijos de Efraín, veinte mil ochocientos, muy valientes, varones ilustres en las casas de sus padres.

31 De la media tribu de Manasés, dieciocho mil, los cuales fueron tomados por lista para venir a poner a David por rey.

32 De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.

33 De Zabulón cincuenta mil, que salían a campaña prontos para la guerra, con toda clase de armas de guerra, dispuestos a pelear sin doblez de corazón.

34 De Neftalí, mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza.

35 De los de Dan, dispuestos a pelear, veintiocho mil seiscientos.

36 De Aser, dispuestos para la guerra y preparados para pelear, cuarenta mil.

37 Y del otro lado del Jordán, de los rubenitas y gaditas y de la media tribu de Manasés, ciento veinte mil con toda clase de armas de guerra.

38 Todos estos hombres de guerra, dispuestos para guerrear, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para poner a David por rey sobre todo Israel; asimismo todos los demás de Israel estaban de un mismo ánimo para poner a David por rey.

39 Y estuvieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían preparado para ellos.

40 También los que les eran vecinos, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron víveres en asnos, camellos, mulos y bueyes; provisión de harina, tortas de higos, pasas, vino y aceite, y bueyes y ovejas en abundancia, porque en Israel había alegría.

David propone trasladar el arca a Jerusalén

13:1  Entonces David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes.

Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros;

y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.

Y dijo toda la asamblea que se hiciese así, porque la cosa parecía bien a todo el pueblo.

David intenta traer el arca

(2 S. 6.1-11)

Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim.

Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios, que mora entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado.

Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro.

Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.

Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban.

10 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios.

11 Y David tuvo pesar, porque Jehová había quebrantado a Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uza,[a] hasta hoy.

12 Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de Dios?

13 Y no trajo David el arca a su casa en la ciudad de David, sino que la llevó a casa de Obed-edom geteo.

14 Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía.

Footnotes:

  1. 1 Crónicas 13:11Esto es, el quebrantamiento de Uza.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Una encrucijada en el camino

Abril 17

Una encrucijada en el camino

Lectura bíblica: 1 Corintios 10:12, 13

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, quien no os dejará ser tentados más de los que podéis soportar, sino que juntamente con la tentación dará la salida, para que la podáis resistir. 1 Corintios 10:13

a1Cierra los ojos. Salvo el que está leyendo, por supuesto.

Imagínate estar caminando por un camino rumbo a la playa. El paisaje es hermoso y el tiempo magnífico. Al pasar una curva, te encuentras con dos caminos. El camino a la derecha es angosto y sube derecho por la montaña. El camino a la izquierda es ancho y va hacia abajo. Tu mapa muestra claramente que el camino a la derecha es el que te lleva a la playa, pero desde el punto donde te encuentras, lo único que ves por ese rumbo es una escalada difícil. El camino a la izquierda parece que te llevaría a tu destino con solo sentarte y deslizarte de espalda hasta llegar al final.

Abre los ojos y conversa sobre esto: ¿Qué camino escogerías? ¿Por qué?

Escucha ahora cómo eso se aplica a seguir a Jesús.

En nuestro caminar por la vida llegamos a muchas encrucijadas. Cada una representa una decisión que debemos tomar. Cuando de ser un discípulo de Jesús se trata, la decisión correcta es siempre la senda que nos mantiene haciendo el bien y viviendo cerca de Jesús.

Eso significa que necesitamos reconocer cuando llegamos a un punto de decisión, a una encrucijada. Piensa de qué manera se presentan las encrucijadas en el camino de tu propia vida.

Lugares. La mayoría vamos a ciertos lugares donde nos metemos en líos. Quizá sea la casa de un amigo donde siempre molestamos a una hermanita hasta que la hacemos llorar. O el parque donde empiezan las peleas. O un negocio donde nos sentimos tentados a robar una golosina. Esas son las encrucijadas en el camino. Si sabemos que nos encontraremos en una situación que nos perjudicará ¿por qué meternos en ella?

Personas. Dios quiere que convivamos con todos. Pero hay algunos con quienes nos irá mal, los que nuestros padres llaman “malas influencias”. A veces una amistad es una encrucijada en el camino: una elección entre el camino de Dios y un camino malo. Si siempre te metes en lío con algún amigo en particular, quizá ha llegado el momento de dejar de andar con él.

Cosas. Los libros, las revistas, la ropa y los juegos de vídeo pueden apartarnos de Cristo si jugamos con cosas dañinas o hacemos que las cosas buenas sean más importantes que Cristo. Nos encontramos en una encrucijada en el camino cada vez que tenemos la opción de escoger lo bueno o ignorar lo malo.
Aunque estés andando por el camino equivocado, no es demasiado tarde para dar media vuelta y tomar la senda de Dios y hacer el bien. Pero la mejor decisión es tomar la senda correcta tan pronto como llegues a una encrucijada en el camino.

PARA DIALOGAR
¿Qué personas, lugares y cosas hacen que te sea difícil seguir a Dios? ¿Por qué es difícil escoger el camino correcto? ¿Por qué debes elegir la senda de Dios?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a ver las áreas peligrosas en nuestra vida. Ayúdanos a tomar la decisión correcta cada vez que llegamos a una encrucijada en el camino.

PARA HACER
Anota hoy cuántas encrucijadas enfrentaste en el camino, decisiones entre lo bueno y lo malo. ¿Cómo te ayuda Dios a tomar la decisión correcta?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

9. COMPLEJO DE INFERIORIDAD

¿Cómo podemos fortalecer el desarrollo espiritual del niño?

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 2

Reflexiones sobre la evangelización de los niños

Capítulo 12

¿Cómo podemos fortalecer el desarrollo espiritual del niño?

a1Sabiendo que yo trabajo en la formación espiritual de los niños en mi iglesia, una madre vino a conversar conmigo y compartir su inquietud en cuanto a su hijo.
—Estoy muy preocupada por mi hijo —me dijo con voz llena de ansiedad—. Hace unas semanas, al concluir el culto, él oró con el pastor para recibir a Cristo como su Salvador. Cuando llegamos a casa, le pregunté cómo se sentía, pero no supo qué decirme.
—¿Y qué respuesta esperaba usted? —le pregunté.
—No sé exactamente —dijo—. Pero yo recuerdo muy bien el día en que yo recibí a Cristo como mi Salvador. Sentía un gozo enorme. Me parecía que estaba volando de alegría. En cambio a mi hijo, desde el día que hizo esa decisión, se lo ve triste y preocupado. Cuando le he preguntado sobre qué le está pasando, no sabe qué decirme. Por fin, hace poco me dijo: “Tengo dudas sobre mi fe, mamá. No sé si tengo una fe como dice el pastor que todos debemos tener.”
Por un rato seguí conversando con la madre sobre el tema. Traté de hacerle ver que el inicio de una vida de fe nunca ha de ser vivida de la misma manera por dos personas. Traté de ayudarla a entender que lo más importante era descubrir cuál era la causa de la confusión de su hijo en cuanto a su nueva “fe”. ¿Qué estaba entendiendo él sobre el asunto? ¿Qué condiciones le había sugerido el pastor como muestra de una verdadera fe? ¿Qué otros factores presentes en el hogar podrían estar contribuyendo a las inquietudes de su hijo?
Lamentablemente, no creo que mis palabras lograran un cambio de actitud en esa madre. Temo que ella siguió presionando a su hijo sobre la necesidad de sentir una emoción igual a la que ella había experimentado en su conversión.
Este incidente nos ayuda a enfocar otro aspecto que tiene que ver con la evangelización del niño. La pregunta que debemos hacernos es ésta: ¿Cómo podemos estimular la vida espiritual del niño una vez que haya tomado la decisión de entregar su vida a Cristo? A esta pregunta hay que agregar otra igualmente significativa: ¿Cuáles son los errores que podemos cometer que obstaculizan al niño en su desarrollo espiritual como hijo de Dios?
Para comenzar, la Biblia nos asegura que al nacer de nuevo la vida del niño, como de toda persona que cree, “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3,NVI). Además, sabemos que el Espíritu Santo es quien se encarga de revelarle toda verdad (Juan 16:13). ¿Cuál es, entonces, nuestra responsabilidad para con este niño? ¿Podemos unir nuestros esfuerzos a los del Espíritu Santo para fortalecer y guiar esta vida? ¿Cómo podemos cuidarnos para no serle de estorbo en su desarrollo espiritual? Estos interrogantes son sumamente importantes para cada uno de aquellos que trabajamos en ministerios relacionados con la niñez.

Debemos recordar que el niño es, al fin, un niño

Uno de los problemas de la madre que mencioné al comienzo tiene que ver con cierta incapacidad que tenemos los adultos de ver al niño como un niño. Era lógico que ella interpretara lo que estaba pasando en la vida de su hijo desde la perspectiva de su propia experiencia pero, lamentablemente, eso le daba ocasión de juzgar la experiencia del niño como inadecuada. Jesús nunca cometió este error. En diferentes ocasiones les advirtió a sus discípulos que “el que no recibe el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él” (Marcos 10:15). Aunque el Señor no las define, sabemos que él estaba haciendo referencia a las características que tiene el niño y que deben ser reflejadas en las personas adultas que desean entrar en el reino de Dios. A mi entender, cuando Jesús puso a un niño como el ejemplo de estas características, estaba señalando el hecho de que los niños tienen una forma única, genuina, transparente y natural de acercarse al reino de Dios y estas cualidades son las que más le agradan al Señor.
El niño que toma la decisión de entregar su vida a Cristo ha vivido pocos años y sus experiencias de vida son muy limitadas en comparación con las de los adultos. Sus pecados, o sea, su rebeldía contra el control de Dios sobre su vida, deben ser percibidos dentro de los parámetros de su conducta como niño y no con las dimensiones que tienen los adultos. La emoción que pueda o no sentir en el momento de hacer su decisión por Cristo se relaciona con lo que él puede entender. No debe ser comparada con las profundas dimensiones de convicción de pecado y pesadas cargas de culpa que puede sentir un adulto. También, como posiblemente haya ocurrido en el caso del niño que mencioné, puede haber algún aspecto de este proceso que lo haya impactado pero sin que lo entendiera bien. Por ejemplo, es posible que para este niño la frase “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6,NVI), que probablemente escuchó en alguna predicación, le haya parecido un requisito imposible de satisfacer. Él podría estar tratando de medir y aumentar su fe sin saber cómo hacerlo. La confusión que siente no tiene nada que ver con el hecho de ser salvo. Más bien, tiene que ver con la pregunta que nos hacemos todos alguna vez: “¿Por qué no tengo más fe?”
La persona que trabaja con los niños en sus procesos de formación espiritual debe cuidarse de no hacer juicios sobre las evidencias externas de la fe del niño. Al contrario, debe hacer lo posible por escucharlo y por ofrecerle repetidas oportunidades de hacer preguntas y admitir su confusión. Cuando nos ocupamos de hacer esto, el pequeño nuevo creyente se sentirá apoyado y no hostigado en su desarrollo espiritual.

Debemos ser conscientes de los efectos de ciertas doctrinas

Cuando el niño inicia su vida con Dios, es posible que se encuentre con ciertas enseñanzas bíblicas que pueden resultarle como “trampas” y que pueden impedir su desarrollo espiritual. Al decir que son “trampas”, me refiero al hecho de que hay ciertas enseñanzas que el niño escucha a través de las predicaciones o estudios bíblicos para adultos que le crean confusión. Algunas de las doctrinas que suelen tener un efecto negativo sobre el niño son aquellas que se relacionan con la segunda venida, el infierno y el juicio final. Como el niño tiende a vivir todo en el presente, encuentra complicado el concepto del futuro. Por ejemplo, los niños de menos de seis años de edad tienen dificultad en entender el concepto de “más tarde” o “mañana”. Los números en el calendario o almanaque no representan el futuro; sólo representan números. Por tanto, estas doctrinas suenan para ellos como algo inminente.
Supe de una niña de siete años de edad que había quedado traumatizada luego de ver una película sobre la segunda venida. Por meses se escondía aterrada en un armario cada vez que alguien llamaba a la puerta de su casa. Cuando por fin su madre pudo entender la causa de la conducta extraña de su hija, descubrió que la niña creía que en cualquier momento llegaría Jesús para llevarse a su familia, dejándola a ella. Aunque había recibido a Cristo como su Salvador personal, era una niña algo traviesa y estaba convencida de que a causa de sus conductas Jesús no la iba a llevar junto con su familia.
Distorsiones similares a ésta ocurren en la mente del niño especialmente con relación al infierno. Como muchas veces se habla del infierno como un lugar de terrible sufrimiento y castigo, el efecto lamentable es de crear gran miedo en el niño. Además, esta reacción afecta la manera en la cual el niño conceptúa a Dios. Es difícil que él piense en un Dios de amor cuando cree que está en peligro de ser enviado al infierno y allí sufrir por sus conductas, o como dije antes, de ser arrancado del seno de su familia. Con esto no quiero decir que debemos eliminar estas doctrinas que, al fin, tienen fundamento bíblico. Más bien, debemos estar muy atentos a cómo el niño las está entendiendo y ser prontos en corregir sus distorsiones. Sobre todo, nunca deberíamos utilizar las doctrinas del infierno, la segunda venida o el juicio final para infundir miedo en el niño o tratar de controlar sus conductas. Al contrario, el maestro necesita tener una sensibilidad especial frente a todo lo que el niño está adquiriendo que pudiera afectar su imagen de Dios.

Personificar la gracia en el trato con el niño

Es demasiado fácil caer en una dimensión de legalismo en la vida religiosa. Siempre queremos establecer conductas que sirvan para definir nuestra vida espiritual. Hacemos lo mismo con los niños. Queremos imponer reglas de conducta que nos ayudan a evaluar su desarrollo espiritual. Nos olvidamos que lo que más nos corresponde, una vez que el niño haya hecho su decisión de entregar su vida a Cristo, es nutrir su relación con el Señor. Ésta es una relación que representa un terreno sagrado, una relación única. Ninguna persona, ni antes ni después, tendrá la misma relación con Dios que ha iniciado este niño. Dios se goza en la adoración y alabanza que salen del corazón de esta pequeña persona, y por medio del Espíritu Santo en su vida se encargará de revelarle su amor y su grandeza. No se puede ni se debe reglamentar este proceso.
A la vez, esta nueva relación del niño para con Dios es frágil, no en el sentido de dejar de existir, sino en la definición de esa relación. Ésta tiene una gran probabilidad de ser distorsionada por medio de las muchas influencias que rodean la vida del niño. Si, por ejemplo, alguien con autoridad sobre él comienza a usar su decisión de fe como la base de una disciplina (“Si de veras tú fueras cristiano, no pelearías tanto con tu hermana”), enseguida el niño empieza a ver a Dios como una fuerza más de presión que se une a las demandas de sus padres para controlar sus conductas. Ésta no es la meta de la formación espiritual. Es lamentable que en muchas iglesias existan sistemas de control que crean un ambiente de presión sobre sus miembros. El resultado de este legalismo es que muy pronto la vida cristiana llega a ser vivida sobre la base de reglas y leyes de los hombres y no de Dios. La razón de ser de la vida cristiana, que es una relación hermosa y llena de amor entre Dios y sus hijos, comienza a desaparecer. Se vive temiendo el “qué dirán” con relación a las personas con autoridad, en lugar de vivir nutriendo y profundizando la relación de amor con Dios.
Es obvio que el obedecer las leyes de Dios y las reglas familiares son parte fundamental de pertenecer a una familia. Lógicamente, el respeto y la obediencia a las leyes son algo que agrada profundamente a Dios. Sin embargo, a través de las Escrituras leemos que la obediencia que es hecha por obligación y no por amor no es de agrado a Dios: “El Señor dice: ‘Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” (Isaías 29:13,NVI). Debemos reconocer, entonces, que la impotencia del niño frente a la vida hace que sea especialmente vulnerable a los efectos del legalismo, respondiendo con temor a las demandas de personas con autoridad sobre él, y no a una obediencia impulsada por amor hacia Dios. Este ambiente de exigencias irá apagando el entusiasmo espiritual en el niño, hasta que finalmente puede llegar a rechazar todo lo que para él representa “la iglesia”.
Lo opuesto de la religión legalista es la fe por gracia. En su actuar con nosotros, Dios obra a través de la gracia. Busca con afán relacionarse con nosotros dentro del contexto del amor, que es su misma esencia (1 Juan 4:8). Su actitud frente a nuestros fracasos es dolor por la relación dañada y no una actitud de juicio y castigo, como tantas veces creemos. Sólo con observar la ternura y compasión con la cual Jesús trató con Pedro después de su negación, podemos tener la seguridad de que lo que Dios más desea es la restauración de nuestras vidas. Si los adultos que acompañan al niño en su peregrinaje espiritual pueden vivir esta actitud de gracia para con él frente a sus tropiezos y caídas, estarán haciendo algo sumamente importante para fortalecer su relación con Dios.
El gran mensaje del evangelio es la gracia. Philip Yancey, en su libro Gracia Divina, Condena Humana habla de la gracia con estas palabras:

La noción de que el amor de Dios nos llega sin cargo alguno, sin ataduras, parece desafiar todo instinto humano. Únicamente el cristianismo se atreve a ofrecer el amor de Dios en forma incondicional. Consciente de nuestra resistencia innata hacia la gracia, Jesús habló de ella con frecuencia. Él describió a un mundo envuelto en la gracia de Dios: donde el sol resplandece sobre los buenos y los malos; donde los pájaros recogen gratis las semillas que no han sido sembradas ni cosechadas; donde las flores silvestres estallan en flor sobre las laderas rocosas. Como un visitante de otro país que se fija en todas las cosas que los nativos ignoran, Jesús veía la gracia en todo lugar.

A través de todo su libro, este autor describe cómo la gracia de Dios actúa en la restauración de vidas, haciendo que el lector mire un panorama nuevo que inspira gozo y libertad. Ése es el mensaje que queremos que los niños también entiendan, por nuestro ejemplo sobre todo, pero igualmente por nuestro trato con ellos.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 101–107). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Descendientes de Isacar

1 Crónicas 7-9

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Descendientes de Isacar

a17:1  Los hijos de Isacar fueron cuatro: Tola, Fúa, Jasub y Simrón.

Los hijos de Tola: Uzi, Refaías, Jeriel, Jahmai, Jibsam y Semuel, jefes de las familias de sus padres. De Tola fueron contados por sus linajes en el tiempo de David, veintidós mil seiscientos hombres muy valerosos.

Hijo de Uzi fue Israhías; y los hijos de Israhías: Micael, Obadías, Joel e Isías; por todos, cinco príncipes.

Y había con ellos en sus linajes, por las familias de sus padres, treinta y seis mil hombres de guerra; porque tuvieron muchas mujeres e hijos.

Y sus hermanos por todas las familias de Isacar, contados todos por sus genealogías, eran ochenta y siete mil hombres valientes en extremo.

Descendientes de Benjamín

Los hijos de Benjamín fueron tres: Bela, Bequer y Jediael.

Los hijos de Bela: Ezbón, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri; cinco jefes de casas paternas, hombres de gran valor, y de cuya descendencia fueron contados veintidós mil treinta y cuatro.

Los hijos de Bequer: Zemira, Joás, Eliezer, Elioenai, Omri, Jerimot, Abías, Anatot y Alamet; todos éstos fueron hijos de Bequer.

Y contados por sus descendencias, por sus linajes, los que eran jefes de familias resultaron veinte mil doscientos hombres de grande esfuerzo.

10 Hijo de Jediael fue Bilhán; y los hijos de Bilhán: Jeús, Benjamín, Aod, Quenaana, Zetán, Tarsis y Ahisahar.

11 Todos éstos fueron hijos de Jediael, jefes de familias, hombres muy valerosos, diecisiete mil doscientos que salían a combatir en la guerra.

12 Supim y Hupim fueron hijos de Hir; y Husim, hijo de Aher.

Descendientes de Neftalí

13 Los hijos de Neftalí: Jahzeel, Guni, Jezer y Salum, hijos de Bilha.

Descendientes de Manasés

14 Los hijos de Manasés: Asriel, al cual dio a luz su concubina la siria, la cual también dio a luz a Maquir padre de Galaad.

15 Y Maquir tomó mujer de Hupim y Supim, cuya hermana tuvo por nombre Maaca; y el nombre del segundo fue Zelofehad. Y Zelofehad tuvo hijas.

16 Y Maaca mujer de Maquir dio a luz un hijo, y lo llamó Peres; y el nombre de su hermano fue Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Requem.

17 Hijo de Ulam fue Bedán. Estos fueron los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés.

18 Y su hermana Hamolequet dio a luz a Isod, Abiezer y Mahala,

19 Y los hijos de Semida fueron Ahián, Siquem, Likhi y Aniam.

Descendientes de Efraín

20 Los hijos de Efraín: Sutela, Bered su hijo, Tahat su hijo, Elada su hijo, Tahat su hijo,

21 Zabad su hijo, Sutela su hijo, Ezer y Elad. Mas los hijos de Gat, naturales de aquella tierra, los mataron, porque vinieron a tomarles sus ganados.

22 Y Efraín su padre hizo duelo por muchos días, y vinieron sus hermanos a consolarlo.

23 Después él se llegó a su mujer, y ella concibió y dio a luz un hijo, al cual puso por nombre Bería, por cuanto había estado en aflicción en su casa.

24 Y su hija fue Seera, la cual edificó a Bet-horón la baja y la alta, y a Uzen-seera.

25 Hijo de este Bería fue Refa, y Resef, y Telah su hijo, y Tahán su hijo,

26 Laadán su hijo, Amiud su hijo, Elisama su hijo,

27 Nun su hijo, Josué su hijo.

28 Y la heredad y habitación de ellos fue Bet-el con sus aldeas; y hacia el oriente Naarán, y a la parte del occidente Gezer y sus aldeas; asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Gaza y sus aldeas;

29 y junto al territorio de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, y Dor con sus aldeas. En estos lugares habitaron los hijos de José hijo de Israel.

Descendientes de Aser

30 Los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería, y su hermana Sera.

31 Los hijos de Bería: Heber, y Malquiel, el cual fue padre de Birzavit.

32 Y Heber engendró a Jaflet, Somer, Hotam, y Súa hermana de ellos.

33 Los hijos de Jaflet: Pasac, Bimhal y Asvat. Estos fueron los hijos de Jaflet.

34 Y los hijos de Semer: Ahí, Rohga, Jehúba y Aram.

35 Los hijos de Helem su hermano: Zofa, Imna, Seles y Amal.

36 Los hijos de Zofa: Súa, Harnefer, Súal, Beri, Imra,

37 Beser, Hod, Sama, Silsa, Itrán y Beera.

38 Los hijos de Jeter: Jefone, Pispa y Ara.

39 Y los hijos de Ula: Ara, Haniel y Rezia.

40 Todos éstos fueron hijos de Aser, cabezas de familias paternas, escogidos, esforzados, jefes de príncipes; y contados que fueron por sus linajes entre los que podían tomar las armas, el número de ellos fue veintiséis mil hombres.

Descendientes de Benjamín

8:1  Benjamín engendró a Bela su primogénito, Asbel el segundo, Ahara el tercero,

Noha el cuarto, y Rafa el quinto.

Y los hijos de Bela fueron Adar, Gera, Abiud,

Abisúa, Naamán, Ahoa,

Gera, Sefufán e Hiram.

Y estos son los hijos de Aod, estos los jefes de casas paternas que habitaron en Geba y fueron transportados a Manahat:

Naamán, Ahías y Gera; éste los transportó, y engendró a Uza y a Ahiud.

Y Saharaim engendró hijos en la provincia de Moab, después que dejó a Husim y a Baara que eran sus mujeres.

Engendró, pues, de Hodes su mujer a Jobab, Sibia, Mesa, Malcam,

10 Jeúz, Saquías y Mirma. Estos son sus hijos, jefes de familias.

11 Mas de Husim engendró a Abitob y a Elpaal.

12 Y los hijos de Elpaal: Heber, Misam y Semed (el cual edificó Ono, y Lod con sus aldeas),

13 Bería también, y Sema, que fueron jefes de las familias de los moradores de Ajalón, los cuales echaron a los moradores de Gat.

14 Y Ahío, Sasac, Jeremot,

15 Zebadías, Arad, Ader,

16 Micael, Ispa y Joha, hijos de Bería.

17 Y Zebadías, Mesulam, Hizqui, Heber,

18 Ismerai, Jezlías y Jobab, hijos de Elpaal.

19 Y Jaquim, Zicri, Zabdi,

20 Elienai, Ziletai, Eliel,

21 Adaías, Beraías y Simrat, hijos de Simei.

22 E Ispán, Heber, Eliel,

23 Abdón, Zicri, Hanán,

24 Hananías, Elam, Anatotías,

25 Ifdaías y Peniel, hijos de Sasac.

26 Y Samserai, Seharías, Atalías,

27 Jaresías, Elías y Zicri, hijos de Jeroham.

28 Estos fueron jefes principales de familias por sus linajes, y habitaron en Jerusalén.

29 Y en Gabaón habitaron Abigabaón, la mujer del cual se llamó Maaca,

30 y su hijo primogénito Abdón, y Zur, Cis, Baal, Nadab,

31 Gedor, Ahío y Zequer.

32 Y Miclot engendró a Simea. Estos también habitaron con sus hermanos en Jerusalén, enfrente de ellos.

33 Ner engendró a Cis, Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Es-baal.

34 Hijo de Jonatán fue Merib-baal, y Merib-baal engendró a Micaía.

35 Los hijos de Micaía: Pitón, Melec, Tarea y Acaz.

36 Acaz engendró a Joada, Joada engendró a Alemet, Azmavet y Zimri, y Zimri engendró a Mosa.

37 Mosa engendró a Bina, hijo del cual fue Rafa, hijo del cual fue Elasa, cuyo hijo fue Azel.

38 Los hijos de Azel fueron seis, cuyos nombres son Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Obadías y Hanán; todos éstos fueron hijos de Azel.

39 Y los hijos de Esec su hermano: Ulam su primogénito, Jehús el segundo, Elifelet el tercero.

40 Y fueron los hijos de Ulam hombres valientes y vigorosos, flecheros diestros, los cuales tuvieron muchos hijos y nietos, ciento cincuenta. Todos éstos fueron de los hijos de Benjamín.

Los que regresaron de Babilonia

(Neh. 11.1-24)

9:1  Contado todo Israel por sus genealogías, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel. Y los de Judá fueron transportados a Babilonia por su rebelión.

Los primeros moradores que entraron en sus posesiones en las ciudades fueron israelitas, sacerdotes, levitas y sirvientes del templo.

Habitaron en Jerusalén, de los hijos de Judá, de los hijos de Benjamín, de los hijos de Efraín y Manasés:

Utai hijo de Amiud, hijo de Omri, hijo de Imri, hijo de Bani, de los hijos de Fares hijo de Judá.

Y de los silonitas, Asaías el primogénito, y sus hijos.

De los hijos de Zera, Jeuel y sus hermanos, seiscientos noventa.

Y de los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Hodavías, hijo de Asenúa,

Ibneías hijo de Jeroham, Ela hijo de Uzi, hijo de Micri, y Mesulam hijo de Sefatías, hijo de Reuel, hijo de Ibnías.

Y sus hermanos por sus linajes fueron novecientos cincuenta y seis. Todos estos hombres fueron jefes de familia en sus casas paternas.

10 De los sacerdotes: Jedaías, Joiarib, Jaquín,

11 Azarías hijo de Hilcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la casa de Dios;

12 Adaía hijo de Jeroham, hijo de Pasur, hijo de Malquías; Masai hijo de Adiel, hijo de Jazera, hijo de Mesulam, hijo de Mesilemit, hijo de Imer,

13 y sus hermanos, jefes de sus casas paternas, en número de mil setecientos sesenta, hombres muy eficaces en la obra del ministerio en la casa de Dios.

14 De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, de los hijos de Merari,

15 Bacbacar, Heres, Galal, Matanías hijo de Micaía, hijo de Zicri, hijo de Asaf;

16 Obadías hijo de Semaías, hijo de Galal, hijo de Jedutún; y Berequías hijo de Asa, hijo de Elcana, el cual habitó en las aldeas de los netofatitas.

17 Y los porteros: Salum, Acub, Talmón, Ahimán y sus hermanos. Salum era el jefe.

18 Hasta ahora entre las cuadrillas de los hijos de Leví han sido estos los porteros en la puerta del rey que está al oriente.

19 Salum hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, y sus hermanos los coreítas por la casa de su padre, tuvieron a su cargo la obra del ministerio, guardando las puertas del tabernáculo, como sus padres guardaron la entrada del campamento de Jehová.

20 Y Finees hijo de Eleazar fue antes capitán sobre ellos; y Jehová estaba con él.

21 Zacarías hijo de Meselemías era portero de la puerta del tabernáculo de reunión.

22 Todos éstos, escogidos para guardas en las puertas, eran doscientos doce cuando fueron contados por el orden de sus linajes en sus villas, a los cuales constituyó en su oficio David y Samuel el vidente.

23 Así ellos y sus hijos eran porteros por sus turnos a las puertas de la casa de Jehová, y de la casa del tabernáculo.

24 Y estaban los porteros a los cuatro lados; al oriente, al occidente, al norte y al sur.

25 Y sus hermanos que estaban en sus aldeas, venían cada siete días según su turno para estar con ellos.

26 Porque cuatro principales de los porteros levitas estaban en el oficio, y tenían a su cargo las cámaras y los tesoros de la casa de Dios.

27 Estos moraban alrededor de la casa de Dios, porque tenían el cargo de guardarla, y de abrirla todas las mañanas.

28 Algunos de éstos tenían a su cargo los utensilios para el ministerio, los cuales se metían por cuenta, y por cuenta se sacaban.

29 Y otros de ellos tenían el cargo de la vajilla, y de todos los utensilios del santuario, de la harina, del vino, del aceite, del incienso y de las especias.

30 Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacían los perfumes aromáticos.

31 Matatías, uno de los levitas, primogénito de Salum coreíta, tenía a su cargo las cosas que se hacían en sartén.

32 Y algunos de los hijos de Coat, y de sus hermanos, tenían a su cargo los panes de la proposición, los cuales ponían por orden cada día de reposo.[a]*

33 También había cantores, jefes de familias de los levitas, los cuales moraban en las cámaras del templo, exentos de otros servicios, porque de día y de noche estaban en aquella obra.

34 Estos eran jefes de familias de los levitas por sus linajes, jefes que habitaban en Jerusalén.

Genealogía de Saúl

35 En Gabaón habitaba Jehiel padre de Gabaón, el nombre de cuya mujer era Maaca;

36 y su hijo primogénito Abdón, luego Zur, Cis, Baal, Ner, Nadab,

37 Gedor, Ahío, Zacarías y Miclot;

38 y Miclot engendró a Simeam. Estos habitaban también en Jerusalén con sus hermanos enfrente de ellos.

39 Ner engendró a Cis, Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Es-baal.

40 Hijo de Jonatán fue Merib-baal, y Merib-baal engendró a Micaía.

41 Y los hijos de Micaía: Pitón, Melec, Tarea y Acaz.

42 Acaz engendró a Jara, Jara engendró a Alemet, Azmavet y Zimri, y Zimri engendró a Mosa,

43 y Mosa engendró a Bina, cuyo hijo fue Refaías, del que fue hijo Elasa, cuyo hijo fue Azel.

44 Y Azel tuvo seis hijos, los nombres de los cuales son: Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Obadías y Hanán. Estos fueron los hijos de Azel.

Footnotes:

  1. 1 Crónicas 9:32 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Permanece firme

Abril 16

Permanece firme

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Lectura bíblica: Mateo 5:10–12

Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:10

Cuando la maestra de Escuela Dominical preguntó quién estaba seguro de que iría al cielo y por qué, Raquel levantó enseguida la mano.

a1A Raquel le pareció una pregunta fácil. En pocas palabras explicó cómo Cristo había muerto por sus pecados y que por fe había confiado en él, y había comenzado una amistad eterna con Dios.
Cuando terminó de hablar, miró a su alrededor. Los demás chicos la observaban sorprendidos. Estaban asombrados de que ella había contestado voluntariamente la importante pregunta espiritual de la maestra.

De pronto, Raquel se sintió como la única chica en su clase de Escuela Dominical dispuesta a identificarse como creyente. Se puso colorada de vergüenza. Cuando la maestra le agradeció su excelente respuesta, Raquel deseó que la tragara la tierra.

Si te pusieras de pie sobre una silla en el patio de la escuela durante un recreo y te pusieras a predicar, puedes estar seguro de que tus compañeros se reirían de ti y que la monitora te haría bajar de la silla y callar. Pero a veces hasta los creyentes te pueden mirar mal por hacer lo correcto. Cualquiera que está dispuesto a ser contado como creyente tarde o temprano será perseguido, será tratado mal por lo que cree.

Pero Dios tiene una respuesta inusual para que pruebes la próxima vez que seas objeto de burlas por ser cristiano. ¡Quiere que lo festejes! ¿Por qué? Porque eres bienaventurado.

La palabra bienaventurado, creélo o no, en realidad significa ser feliz.

¡Qué raro es eso! ¿Ser feliz porque alguien se burla de ti? ¿A qué loco le gusta pasar vergüenza?
Pero Jesús dice que es para nosotros un honor sufrir por él.

Cuando permanecemos firmes en lo que creemos acerca de Dios y la verdad, obtendremos el apoyo de la mayoría de los creyentes y hasta nos ganaremos el respeto de algunos no creyentes. Por otra parte, ser bienaventurado no quiere decir que la vida será automáticamente fácil. Los demás nos observan. Algunos se burlan. Otros nos critican si hacemos algo mal, aunque sea algo insignificante.

Cuando se trata de elegir entre ganar un concurso de popularidad o ganarte la aprobación de Jesús, escoge siempre agradar a Jesús. A veces hacer lo correcto duele. Pero cobra ánimo. Si los amigos te rechazan por permanecer firme, no es realmente a ti que están rechazando. Es a Cristo.

PARA DIALOGAR
¿Alguna vez has sido objeto de burla o ignorado por algo que dijiste o hiciste como resultado de seguir a Jesús? ¿Cómo te ayudaron Dios, tu familia y buenos amigos cristianos a encarar la situación?

PARA ORAR
Señor, queremos permanecer firmes en lo que creemos acerca de ti. Necesitamos tu sabiduría para saber cuándo y cómo hacer lo mejor. ¡Enséñanos!

PARA HACER
Arriésgate hoy: Permanece firme cuando tus creencias como cristiano te dan la oportunidad de decir algo que vale la pena.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«CREO QUE ESTÁ ABUSANDO DE [LA NIÑA]»

16 abr 2016

«CREO QUE ESTÁ ABUSANDO DE [LA NIÑA]»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«[Sufrí abuso] a los cinco años. Viví un infierno con mis padres alcohólicos.

»Actualmente…. siguen en el alcohol. Ahora crían a las hijas de mi hermana menor porque es drogadicta…. Hoy fui a visitarlos. ¡Mi madre estaba ebria con la niña de dos años, y mi padre con la niña de seis encerrado en el dormitorio! Creo que está abusando de ella. ¿Qué hago? No sé sí son ideas por el trauma, o estoy siendo cómplice de un crimen como ese. He llorado todo el día pensando que esta criatura pase por lo que yo pasé.

»¡Ayúdeme, por favor! Regresaron a mí la angustia y la tristeza sólo de pensarlo.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Lamento mucho que haya tenido una niñez tan difícil…. [Pero] nos quedó la duda en su caso si quien abusó de usted fue su padre o si fue otra persona. Si fue su padre, entonces usted tiene la prueba de que él es un pedófilo, y es urgente que asuma la responsabilidad de hacer lo necesario para impedir que su sobrina corra ese peligro. Si el país en que usted vive aplica todo el peso de la ley en los casos de pedófilos, entonces usted debe de inmediato dar parte a la policía de lo sucedido, contándoles también sus temores acerca de lo que pudiera estar ocurriéndole a su sobrina….

»Ahora bien, si su país no se preocupa por llevar a juicio a los pedófilos, o si lo que le sucedió a usted fue hace tanto tiempo que ya no puede procesarse judicialmente, entonces usted debe confrontar a su padre y también revelarles la verdad a sus demás familiares. Es necesario que ponga al descubierto ese secreto para que otros puedan comprender por qué su sobrina necesita que se le proteja.

»Sin embargo, si quien abusó de usted no fue su padre, entonces es posible que su propia experiencia haya afectado la manera como usted interpretó la situación que se está dando en el hogar de sus padres. En definitiva, debe seguir observando y constatando si hay o no alguna evidencia de abuso; pero si no tiene pruebas, no hay por qué formular ninguna acusación….

»Esas niñas, al crecer con una madre drogadicta y con abuelos alcohólicos, van a tener serios problemas emocionales que afrontar…. Usted y su esposa pueden servirles de ejemplo, y a medida que crezcan ustedes pueden enseñarles acerca de un Padre celestial que las ama y quiere darles una vida mejor. Busquen una iglesia en la que ofrezcan clases para niños y asegúrense de llevarlas con regularidad. Dios ha preparado a maestros amorosos que pueden influir positivamente en la vida de esas niñas si se les da la oportunidad.

»Nada de esto será fácil, pero con la ayuda de Dios y el respaldo de su esposa, usted puede hacer lo debido. Las fuerzas para lograrlo vienen del Señor,1 así que pídale que lo ayude.

»¡Anímese!»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 247.


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http://www.conciencia.net/

8. DUREZA DE CORAZÓN

SERIE GIGANTES AL ACECHO

8. DUREZA DE CORAZÓN

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David Logacho
2016-04-15

a1Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Es un privilegio contar con su sintonía. Esta serie de estudios bíblicos está dedicada a tratar el tema de los gigantes. No se asuste, no me refiero a alguna rara especie, sino a cosas con las cuales tenemos que luchar cada uno de nosotros en nuestro diario vivir. Estas cosas pueden ser el desaliento, la crítica, el temor, el chisme, la culpa y tantas otras cosas más. A simple vista, estas cosas parecen enormes gigantes que amenazan con quitarnos el gozo de vivir como hijos de Dios. A veces, estos gigantes han tenido éxito maniatándonos y eso explica la existencia de millones de creyentes desanimados, criticones, temerosos, chismosos y quien sabe qué más. En el estudio bíblico de hoy vamos a hablar sobre otro de estos gigantes.

Siempre hay gigantes en nuestras vidas, me refiero a obstáculos que tenemos que vencer o cosas que nos impiden que disfrutemos de lo mejor de Dios. En ocasiones inclusive nos parece que a nosotros nos ha tocado enfrentar algo que jamás nadie ha enfrentado, lo cual no corresponde a la realidad porque los gigantes que nosotros tenemos que enfrentar están también atacando a todos los demás. Podemos intentar ignorarlos, pero eso no nos conducirá a ningún lado, más bien producirá un efecto contraproducente porque estos gigantes se volverán más feroces y despiadados. Lo mejor es reconocer su existencia, pero no permitir que controlen nuestra vida. La táctica de estos gigantes es la intimidación, tratan de asustarnos, pero no deberíamos caer en su estilo de juego, no deberíamos dejar que nos dominen. Estos gigantes tratarán de hacernos pensar que lo más prudente para nuestro bien es hacer caso a sus dictámenes, pero los que somos hijos de Dios no debemos hacer caso al consejo de estos gigantes sino a la infalible palabra de Dios. En esto radica en realidad la clave para conquistar a estos poderosos gigantes. Recordemos que la tierra que Dios prometió a la nación de Israel, también tenía gigantes, esos gigantes eran de carne y hueso. Moisés sin embargo dijo a su gente. No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Pero el pueblo no escuchó la voz de Dios por medio de Moisés sino que escuchó la voz de los gigantes que clamaban: No vengan porque si vienen los vamos a devorar. De esta manera, todo una generación de los hijos de Israel perdieron la bendición de poner su pie en la tierra prometida y en lugar de ello murieron en el candente desierto. Esas son las consecuencias de dejarse dominar por los gigantes amable oyente. Hemos considerado ya a algunos de estos gigantes, desánimo, crítica, temor, chisme, sentimiento de culpa. Hoy vamos a hablar de uno más. Se llama dureza de corazón. En Mateo 24:12, Jesús dijo: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Jesús advirtió que el mal iba a abundar, e iba a causar algunos estragos, entre ellos, que el amor no de pocos, sino de muchos, se iba a enfriar. Pero para enfriarse tuvo que estar caliente primero. En otras palabras, algo hará que alguien que tenía un amor ardiente, de pronto ese amor se enfríe. Lo que pasa es que atacó ese gigante que nosotros hemos llamado dureza de corazón. Es interesante, pero por medio de las circunstancias y el medio ambiente que nos rodea nos dejamos contagiar del espíritu de la época que vivimos. Quizá nos defendamos diciendo: Yo no soy así, pero somos así, lo que pasa es que no nos damos cuenta de ello. Vivimos rodeados de gente criticona, desdichada y amargada; y si no somos precavidos inevitablemente llegamos a ser como ellos. Incluso podemos criticarlos, sin tomar conciencia de que estamos haciendo las mismas cosas que ellos hacen. La iniquidad y la maldad campean por doquier. Esto nos afecta al fin y al cabo y termina por hacer enfriar nuestro amor, con un amor frío, nuestro corazón se endurece. Con un corazón así, adoptamos una actitud de dureza e insensibilidad. Llegamos a la conclusión que la gente merece todo lo malo que le está pasando debido a su impiedad. La decadencia moral abunda a nuestro alrededor y nosotros, dominados por el gigante de la dureza de corazón adoptamos una actitud de superioridad al razonar y decir: Gracias a Dios que no soy malo como el resto, por eso, todos esos impíos tienen bien merecido que Dios les castigue con rudeza.

Es muy fácil olvidar que somos lo que somos únicamente por la gracia de Dios. No estoy diciendo que debemos estar de acuerdo con lo que los impíos hacen, sino que debemos tener compasión de ellos. El Señor Jesús nunca estuvo de acuerdo con las cosas malas que hacían los impíos de su tiempo, pero sin embargo el Nuevo Testamento dice que Él tuvo compasión de las multitudes porque les vio como ovejas sin pastor. Pero si nos dejamos dominar por el gigante de la dureza de corazón no tenemos compasión por nadie. La maldad habrá hecho enfriar nuestro corazón. La dureza de corazón es realmente un gigante, y no sólo matará nuestra compasión, sino que también anulará nuestra preocupación e interés por los demás. De esta manera matará también nuestro ministerio en otras vidas. Seremos inútiles para Dios si nuestra compasión se extingue y nuestros corazones se endurecen. Dios no podrá conmovernos y tampoco las circunstancias que nos rodean. Con un corazón endurecido habremos perdido nuestra capacidad de amar. El apóstol Pablo nos ha dejado esta advertencia en Romanos 12:2. La Biblia dice: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Pablo está diciendo que los creyentes no debemos permitir que el mundo nos meta a la fuerza en su molde. No debemos pensar, ni sentir, ni actuar o juzgar de la manera que el mundo lo hace. Debemos ser diferentes. Si lo permitimos podemos llegar a ser tan insensibles que nada nos conmoverá. Cuando eso pase, dejaremos que los necesitados pasen de largo y nuestro corazón jamás se agitará para tocarlos. Por supuesto que si nuestro corazón no se agita por tocarlos, menos lo harán nuestras manos y nuestros pies jamás encontrarán un camino hacia ellos. El amor no significa estar de acuerdo con la maldad del mundo. Nunca estaremos de acuerdo con el individuo que se emborracha y atropella a alguien o con el tipo que comete algún crimen. Lo que el amor significa es que nuestro corazón se conmueve de compasión por el pecador.

La compasión es parte del carácter de Dios y por tanto debe ser parte del carácter de su pueblo. La compasión mueve a hacer lo mejor para quien es objeto de la compasión. Eso fue justamente lo que hizo el Señor Jesús al morir por nuestros pecados. Solamente existe una cosa que podemos hacer para liberarnos del domino del gigante de la dureza de corazón y eso es acudir lo antes posible al Divino especialista del corazón y decirle: Dios, he llegado a la conclusión que tengo un corazón endurecido.

No puedo pensar correctamente, no puedo ver las cosas correctamente. Mi amor es pura teoría. Todo mi amor por ti y por mi prójimo ha llegado a ser nada más que una farsa con vestimenta de religión. Señor, ayúdame. Haz algo en mí. Cambia mi corazón. Dios es experto en corazones endurecidos, amable oyente. Ante una oración así, él puede sanar el corazón y puede poner allí un nuevo corazón, lleno de compasión e interés por los demás. No continúe dominado por el gigante de la dureza de corazón. Viva la hermosa realidad de tener un corazón sensible a las necesidades de los demás. Con la ayuda del Señor podrá apropiarse de la promesa del Señor cuando dijo: Yo he venido para que tenga vida, y para que la tengan en abundancia.

La formación espiritual del niño

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 2

Reflexiones sobre la evangelización de los niños

Capítulo 11

¿Por qué hay niños que dicen que no han pecado?

a1Hace tiempo, en una clase de niños escolares, yo estaba tratando de aclarar el concepto del pecado. Les hablé de varias conductas que comúnmente se clasifican como “pecado”: mentir, robar, decir malas palabras, desobedecer a los padres y hacerle daño a otra persona. Al final pregunté:

—¿Cuántos de ustedes han hecho alguna vez una de estas cosas?

Dos o tres niños levantaron la mano, pero rápidamente la bajaron cuando vieron que no representaban un consenso general entre los compañeros de clase. Creyendo que no me habían entendido bien, intenté de varias maneras convencerlos de que el pecado es parte de la naturaleza de todo ser humano y que todos cometemos pecado. Pero no tuve mucho éxito con la clase. Me sentí frustrada. Me preguntaba cómo se les podría hablar de la salvación si no reconocían su pecado. Como conocía bastante bien a esos niños, fui tentada a recordarles puntualmente algunas trasgresiones que habían cometido, que yo había visto o de las que sabía. Afortunadamente, frené el impulso inicial de hacerlo.

Después de aquella clase me quedé pensando. ¿Cómo puede ser que una verdad bíblica tan fundamental sea tan difícil de transmitir a los niños? Recordaba otras clases en donde todos los niños, sin excepción, habían reconocido que sí habían cometido alguno de los pecados que yo nombraba. Pero me acordé de que en esas ocasiones tampoco me había sentido satisfecha con sus respuestas. Me parecía que si hacía énfasis sólo en algunas conductas de las cuales un niño puede ser culpable, estaba minimizando la excelsa obra de Cristo en la cruz para lograr el perdón del pecado de toda persona. Además, no entendía porqué era difícil para algunos de estos niños admitir su culpabilidad. Desde entonces, y con la experiencia de muchos años, he llegado a una comprensión distinta del problema. Aquí presento varias razones de porqué hay niños que dicen que no han pecado.

El deseo natural de quedar bien ante los demás

En la vida de los niños hay ciertos factores que ejercen una influencia sobre su realidad. Por ejemplo, en el caso del grupo de niños que mencioné al comienzo de este capítulo, estuvieron presentes en la clase varios niños que eran de una misma familia. Además, todos los miembros de la clase se conocían muy bien entre sí. De modo que existía cierta presión sicológica para no mostrarse menos “bueno” al admitir su culpabilidad con relación a mi lista de pecados específicos. El que admitía sus errores amenazaba a los demás. En todo grupo existe una solidaridad aun en las deficiencias y en los fracasos.

De la misma manera, un niño que es nuevo en la clase puede sentirse expuesto al admitir sus fallas ante un grupo que conoce poco. Su reacción es de no mostrarse peor que los demás. Él sabe que si admite haber cometido alguno de estos pecados, los demás se van a burlar de él cuando tengan oportunidad. Él no está dispuesto a correr ese riesgo. No debe sorprendernos, entonces, que en las circunstancias de una clase o de un grupo pequeño, los niños reaccionen negando sus pecados.

Ahora entiendo que es mejor no hacer una pregunta tan directa. Ni los adultos encuentran cómodo el hecho de tener que responder a una pregunta tan amenazante como es la de admitir abiertamente sus pecados delante de otros. Yo podría haber logrado más declarando, sin titubear, que todos somos culpables de todos estos pecados y también de muchos otros.

La negación de ciertos recuerdos

La mayoría de los niños viven el presente sin dedicar tiempo para recordar los eventos del pasado. Lo que recuerdan siempre está guardado en su mente desde su propia perspectiva sin entender las diferentes dimensiones que los recuerdos tienen para otros. También es cierto que ellos recuerdan los hechos importantes ocurridos en momentos de crisis. Es obvio que no han de hacer mucho esfuerzo para recordar y admitir algo que les causa vergüenza, como por ejemplo, una mentira o un acto específico de desobediencia. Si agregamos a esto el hecho de que el niño puede haber recibido algún castigo por lo que hizo alguna vez, nos daremos cuenta porqué prefiere mantener silencio sobre algún error cometido más recientemente. En este contexto, podemos decir que el niño está diciendo la verdad o, por lo menos, su verdad, cuando afirma que no recuerda haber cometido pecados como los que han sido nombrados por el maestro.

Explicaciones mal interpretadas

Siempre existe la posibilidad de que el niño interprete erróneamente los conceptos que el maestro está tratando de enseñar. Esto se debe a que a veces utilizamos un vocabulario demasiado complicado o avanzado para su nivel de comprensión. Además, los términos que utilizamos cuando les estamos transmitiendo conceptos espirituales pueden ser causa de confusión. En una ocasión, un niño hizo una declaración muy enfática cuando la familia estaba cenando. Dijo: “¡A Dios no le gusta el pescado!” Sorprendida, la madre se puso a indagar un poco sobre el asunto y descubrió que el niño había entendido mal la palabra “pecado”, un término hasta entonces desconocido para él y que, por ende, había sustituido con una palabra que sonaba igual a sus oídos, “pescado”. También es cierto que a veces las ayudas visuales que utilizamos crean confusión. Una niña quedó muy perturbada por un dibujo acerca del pecado que mostraba un corazón con puertas que se abrían para mostrar adentro varios monstruos, cada uno de los cuales representaba un pecado diferente que cometían los niños.

—¡Yo no tengo esos monstruos en mi corazón!—, le gritó a la maestra.

La esencia del pecado

Es imposible elaborar una explicación adecuada del pecado para todas las edades y condiciones de los niños. Sin embargo, hay algunas cosas que podemos enseñar para que el niño tenga oportunidad de reconocer su condición de pecador y luego pueda entender su necesidad de la salvación que hay en Cristo. Como señalé en el capítulo 7, ayuda mucho hacer énfasis en la vida interior del niño, esa parte de nosotros en donde uno piensa y siente las cosas.

Creo que es fundamental que el niño comprenda que la esencia del pecado no radica tanto en las conductas que se observan, sino en el deseo de hacer lo que nosotros queremos hacer, sin importarnos lo que Dios quiere. Ésta es la actitud básica que incentivó el pecado que Adán y Eva cometieron contra Dios en el Edén. Prefirieron hacer su voluntad y no la voluntad de Dios. El niño puede entender esto, porque no es un concepto complicado. Para ilustrarlo, se le pueden formular ejemplos de casos en donde niños enfrentan el dilema entre hacer lo correcto y hacer lo incorrecto, y en donde tienen la oportunidad de elegir la mejor conducta. Esto le confirma el hecho de que todos tenemos algo que Dios puso en el ser humano desde el principio, que se llama la conciencia, que nos da la posibilidad de distinguir entre lo que nosotros queremos y lo que Dios quiere. También es importante que el niño comprenda que vivir de acuerdo con la voluntad de Dios es la mejor manera de vivir, y es por eso que Dios desea que vivamos así. El niño puede entender que sin excepción todas las personas, tanto los adultos como los niños, prefieren vivir de acuerdo con lo que ellos quieren y no con lo que Dios quiere (Romanos 7:15–20). Es por eso que todos somos pecadores, es decir, somos personas que cometemos pecado (Romanos 3:23; Jeremías 17:9).

Si se establece esta base fundamental con los niños, no habrá tanta posibilidad para ellos de sentirse libres de la culpa por haber cometido pecado. Muchos de ellos ya reconocen la lucha entre “hacer el bien” y “hacer el mal”, sin reconocer, quizá, que es ahí mismo en donde radica la esencia del pecado.

Unidos en la necesidad del perdón

Un aspecto importante de esta forma de explicar el pecado es que guarda al maestro de hablar de los pecados de los niños de una manera condescendiente, como algo que él hace rato dejó de hacer. Muchas veces, cuando estamos hablando de sus debilidades, proyectamos esta imagen sin darnos cuenta. El niño no nos escucha admitir ni confesar nuestros propios pecados. Nos hace bien recordar que Jesús señaló la capacidad espiritual del niño como el mejor ejemplo para nosotros, los adultos, cuando dijo: “Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él” (Marcos 10:15,NVI). Es decir, cuando se trata de llegar a Dios buscando el perdón de nuestros pecados, adultos y niños estamos todos en un mismo nivel. Todos necesitamos de la misma misericordia para llegar a disfrutar de la gracia de Dios en Cristo Jesús.

El maestro es quien establece el ambiente en cuanto al tema del pecado. Me refiero al hecho de que su propia transparencia hace posible que el niño hable de sus pecados y luchas. Esto no quiere decir que el maestro va a confesar ante la clase pecados inapropiados a su capacidad de comprensión (ejemplo: pecados de índole sexual), pero sí debe admitir que él también lucha con conductas que son contrarias a lo que Dios desea. Todos estamos aprendiendo a ser las personas que Dios desea. La diferencia está en que el maestro tiene más años de experiencia que el niño y que debe ser, por ende, más íntegro en su caminar con Dios. Él da el ejemplo de humildad y transparencia.

Recuerdo una escena en nuestra casa cuando nuestros hijos eran pequeños. Estábamos haciendo los preparativos para un viaje, momentos que siempre resultaban tensos y caóticos para toda la familia. Mandé a mi hija a comprar un champú para el viaje pero le di un billete de un valor grande porque no tenía otro. Ella volvió del almacén habiendo comprado el champú más grande que jamás había visto. Se me desbordó la frustración y con retos severos la mandé a que volviera al almacén, cambiara el champú y recuperara el dinero que había gastado. Mientras estaba cumpliendo con el mandado, tuve tiempo de reconocer lo severa e injusta que había sido mi reacción. Cuando volvió, todavía dolorida y lloriqueando por mis retos, la abracé y le pedí perdón por lo que había dicho. Recuerdo hasta el día de hoy su generosa respuesta:

—Está bien, mamá. Yo te perdono. Yo también a veces me equivoco.

Creo que el terreno al pie de la cruz es un terreno nivelado, donde todos nosotros, maestros, pastores, padres y niños recibimos el mismo perdón.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 95–100). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Descendientes de Judá

1 Crónicas 4-6

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Descendientes de Judá

a14:1  Los hijos de Judá: Fares, Hezrón, Carmi, Hur y Sobal.

Reaía hijo de Sobal engendró a Jahat, y Jahat engendró a Ahumai y a Lahad. Estas son las familias de los zoratitas.

Y estas son las del padre de Etam: Jezreel, Isma e Ibdas. Y el nombre de su hermana fue Haze-lelponi.

Penuel fue padre de Gedor, y Ezer padre de Husa. Estos fueron los hijos de Hur primogénito de Efrata, padre de Belén.

Asur padre de Tecoa tuvo dos mujeres, Hela y Naara.

Y Naara dio a luz a Ahuzam, Hefer, Temeni y Ahastari. Estos fueron los hijos de Naara.

Los hijos de Hela: Zeret, Jezoar y Etnán.

Cos engendró a Anub, a Zobeba, y la familia de Aharhel hijo de Harum.

Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor.[a]

10 E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: !!Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.

11 Quelub hermano de Súa engendró a Mehir, el cual fue padre de Estón.

12 Y Estón engendró a Bet-rafa, a Paseah, y a Tehina padre de la ciudad de Nahas; éstos son los varones de Reca.

13 Los hijos de Cenaz: Otoniel y Seraías. Los hijos de Otoniel: Hatat,

14 y Meonotai, el cual engendró a Ofra. Y Seraías engendró a Joab, padre de los habitantes del valle de Carisim,[b] porque fueron artífices.

15 Los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela y Naam; e hijo de Ela fue Cenaz.

16 Los hijos de Jehalelel: Zif, Zifa, Tirías y Asareel.

17 Y los hijos de Esdras: Jeter, Mered, Efer y Jalón; también engendró a María, a Samai y a Isba padre de Estemoa.

18 Y su mujer Jehudaía dio a luz a Jered padre de Gedor, a Heber padre de Soco y a Jecutiel padre de Zanoa. Estos fueron los hijos de Bitia hija de Faraón, con la cual casó Mered.

19 Y los hijos de la mujer de Hodías, hermana de Naham, fueron el padre de Keila garmita, y Estemoa maacateo.

20 Los hijos de Simón: Amnón, Rina, Ben-hanán y Tilón. Y los hijos de Isi: Zohet y Benzohet.

21 Los hijos de Sela hijo de Judá: Er padre de Leca, y Laada padre de Maresa, y las familias de los que trabajan lino en Bet-asbea;

22 y Joacim, y los varones de Cozeba, Joás, y Saraf, los cuales dominaron en Moab y volvieron a Lehem, según registros antiguos.

23 Estos eran alfareros, y moraban en medio de plantíos y cercados; moraban allá con el rey, ocupados en su servicio.

Descendientes de Simeón

24 Los hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zera, Saúl,

25 y Salum su hijo, Mibsam su hijo y Misma su hijo.

26 Los hijos de Misma: Hamuel su hijo, Zacur su hijo, y Simei su hijo.

27 Los hijos de Simei fueron dieciséis, y seis hijas; pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia como los hijos de Judá.

28 Y habitaron en Beerseba, Molada, Hazar-sual,

29 Bilha, Ezem, Tolad,

30 Betuel, Horma, Siclag,

31 Bet-marcabot, Hazar-susim, Bet-birai y Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reinado de David.

32 Y sus aldeas fueron Etam, Aín, Rimón, Toquén y Asán; cinco pueblos,

33 y todas sus aldeas que estaban en contorno de estas ciudades hasta Baal. Esta fue su habitación, y esta su descendencia.

34 Y Mesobab, Jamlec, Josías hijo de Amasías,

35 Joel, Jehú hijo de Josibías, hijo de Seraías, hijo de Asiel,

36 Elioenai, Jaacoba, Jesohaía, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaía,

37 y Ziza hijo de Sifi, hijo de Alón, hijo de Jedaías, hijo de Simri, hijo de Semaías.

38 Estos, por sus nombres, son los principales entre sus familias; y las casas de sus padres fueron multiplicadas en gran manera.

39 Y llegaron hasta la entrada de Gedor hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados.

40 Y hallaron gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, quieta y reposada, porque los de Cam la habitaban antes.

41 Y estos que han sido escritos por sus nombres, vinieron en días de Ezequías rey de Judá, y desbarataron sus tiendas y cabañas que allí hallaron, y los destruyeron hasta hoy, y habitaron allí en lugar de ellos; por cuanto había allí pastos para sus ganados.

42 Asimismo quinientos hombres de ellos, de los hijos de Simeón, fueron al monte de Seir, llevando por capitanes a Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isi,

43 y destruyeron a los que habían quedado de Amalec, y habitaron allí hasta hoy.

Descendientes de Rubén

5:1  Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito;

bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos;mas el derecho de primogenitura fue de José);

fueron, pues, los hijos de Rubén primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi.

Los hijos de Joel: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simei su hijo,

Micaía su hijo, Reaía su hijo, Baal su hijo,

Beera su hijo, el cual fue transportado por Tiglat-pileser rey de los asirios. Este era principal de los rubenitas.

Y sus hermanos por sus familias, cuando eran contados en sus descendencias, tenían por príncipes a Jeiel y a Zacarías.

Y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón.

Habitó también desde el oriente hasta la entrada del desierto, desde el río Eufrates; porque tenía mucho ganado en la tierra de Galaad.

10 Y en los días de Saúl hicieron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en su mano; y ellos habitaron en sus tiendas en toda la región oriental de Galaad.

Descendientes de Gad

11 Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Salca.

12 Joel fue el principal en Basán; el segundo Safán, luego Jaanai, después Safat.

13 Y sus hermanos, según las familias de sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacán, Zía y Heber; por todos siete.

14 Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz.

15 También Ahí hijo de Abdiel, hijo de Guni, fue principal en la casa de sus padres.

16 Y habitaron en Galaad, en Basán y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón hasta salir de ellos.

17 Todos éstos fueron contados por sus generaciones en días de Jotam rey de Judá y en días de Jeroboam rey de Israel.

Historia de las dos tribus y media

18 Los hijos de Rubén y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla.

19 Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur, Nafis y Nodab.

20 Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él.

21 Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y cien mil personas.

22 Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.

23 Los hijos de la media tribu de Manasés, multiplicados en gran manera, habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal-hermón y Senir y el monte de Hermón.

24 Y estos fueron los jefes de las casas de sus padres: Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Jahdiel, hombres valientes y esforzados, varones de nombre y jefes de las casas de sus padres.

25 Pero se rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de delante de ellos;

26 por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios, el cual transportó a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y los llevó a Halah, a Habor, a Hara y al río Gozán, hasta hoy.

Descendientes de Leví

6:1  Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.

Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel.

Los hijos de Amram: Aarón, Moisés y María. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.

Eleazar engendró a Finees, Finees engendró a Abisúa,

Abisúa engendró a Buqui, Buqui engendró a Uzi,

Uzi engendró a Zeraías, Zeraías engendró a Meraiot,

Meraiot engendró a Amarías, Amarías engendró a Ahitob,

Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ahimaas,

Ahimaas engendró a Azarías, Azarías engendró a Johanán,

10 y Johanán engendró a Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén.

11 Azarías engendró a Amarías, Amarías engendró a Ahitob,

12 Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Salum,

13 Salum engendró a Hilcías, Hilcías engendró a Azarías,

14 Azarías engendró a Seraías, y Seraías engendró a Josadac,

15 y Josadac fue llevado cautivo cuando Jehová transportó a Judá y a Jerusalén por mano de Nabucodonosor.

16 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.

17 Y estos son los nombres de los hijos de Gersón: Libni y Simei.

18 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel.

19 Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de Leví, según sus descendencias.

20 Gersón: Libni su hijo, Jahat su hijo, Zima su hijo,

21 Joa su hijo, Iddo su hijo, Zera su hijo, Jeatrai su hijo.

22 Los hijos de Coat: Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo,

23 Elcana su hijo, Ebiasaf su hijo, Asir su hijo,

24 Tahat su hijo, Uriel su hijo, Uzías su hijo, y Saúl su hijo.

25 Los hijos de Elcana: Amasai y Ahimot;

26 Elcana su hijo, Zofai su hijo, Nahat su hijo,

27 Eliab su hijo, Jeroham su hijo, Elcana su hijo.

28 Los hijos de Samuel: el primogénito Vasni, y Abías.

29 Los hijos de Merari: Mahli, Libni su hijo, Simei su hijo, Uza su hijo,

30 Simea su hijo, Haguía su hijo, Asaías su hijo.

Cantores del templo nombrados por David

31 Estos son los que David puso sobre el servicio de canto en la casa de Jehová, después que el arca tuvo reposo,

32 los cuales servían delante de la tienda del tabernáculo de reunión en el canto, hasta que Salomón edificó la casa de Jehová en Jerusalén; después estuvieron en su ministerio según su costumbre.

33 Estos, pues, con sus hijos, ayudaban: de los hijos de Coat, el cantor Hemán hijo de Joel, hijo de Samuel,

34 hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Toa,

35 hijo de Zuf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Amasai,

36 hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías,

37 hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré,

38 hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, hijo de Israel;

39 y su hermano Asaf, el cual estaba a su mano derecha; Asaf, hijo de Berequías, hijo de Simea,

40 hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías,

41 hijo de Etni, hijo de Zera, hijo de Adaía,

42 hijo de Etán, hijo de Zima, hijo de Simei,

43 hijo de Jahat, hijo de Gersón, hijo de Leví.

44 Pero a la mano izquierda estaban sus hermanos los hijos de Merari, esto es, Etán hijo de Quisi, hijo de Abdi, hijo de Maluc,

45 hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Hilcías,

46 hijo de Amsi, hijo de Bani, hijo de Semer,

47 hijo de Mahli, hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví.

48 Y sus hermanos los levitas fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios.

Descendientes de Aarón.

49 Mas Aarón y sus hijos ofrecían sacrificios sobre el altar del holocausto, y sobre el altar del perfume quemaban incienso, y ministraban en toda la obra del lugar santísimo, y hacían las expiaciones por Israel conforme a todo lo que Moisés siervo de Dios había mandado.

50 Los hijos de Aarón son estos: Eleazar su hijo, Finees su hijo, Abisúa su hijo,

51 Buqui su hijo, Uzi su hijo, Zeraías su hijo,

52 Meraiot su hijo, Amarías su hijo, Ahitob su hijo,

53 Sadoc su hijo, Ahimaas su hijo.

Las ciudades de los levitas

(Jos. 21.1-42)

54 Estas son sus habitaciones, conforme a sus domicilios y sus términos, las de los hijos de Aarón por las familias de los coatitas, porque a ellos les tocó en suerte.

55 Les dieron, pues, Hebrón en tierra de Judá, y sus ejidos alrededor de ella.

56 Pero el territorio de la ciudad y sus aldeas se dieron a Caleb, hijo de Jefone.

57 De Judá dieron a los hijos de Aarón la ciudad de refugio, esto es, Hebrón; además, Libna con sus ejidos, Jatir, Estemoa con sus ejidos,

58 Hilén con sus ejidos, Debir con sus ejidos,

59 Asán con sus ejidos y Bet-semes con sus ejidos.

60 Y de la tribu de Benjamín, Geba con sus ejidos, Alemet con sus ejidos y Anatot con sus ejidos. Todas sus ciudades fueron trece ciudades, repartidas por sus linajes.

61 A los hijos de Coat que quedaron de su parentela, dieron por suerte diez ciudades de la media tribu de Manasés.

62 A los hijos de Gersón, por sus linajes, dieron de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.

63 Y a los hijos de Merari, por sus linajes, de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón, dieron por suerte doce ciudades.

64 Y los hijos de Israel dieron a los levitas ciudades con sus ejidos.

65 Dieron por suerte de la tribu de los hijos de Judá, de la tribu de los hijos de Simeón y de la tribu de los hijos de Benjamín, las ciudades que nombraron por sus nombres.

66 A las familias de los hijos de Coat dieron ciudades con sus ejidos de la tribu de Efraín.

67 Les dieron la ciudad de refugio, Siquem con sus ejidos en el monte de Efraín; además, Gezer con sus ejidos,

68 Jocmeam con sus ejidos, Bet-horón con sus ejidos,

69 Ajalón con sus ejidos y Gat-rimón con sus ejidos.

70 De la media tribu de Manasés, Aner con sus ejidos y Bileam con sus ejidos, para los de las familias de los hijos de Coat que habían quedado.

71 A los hijos de Gersón dieron de la media tribu de Manasés, Golán en Basán con sus ejidos y Astarot con sus ejidos.

72 De la tribu de Isacar, Cedes con sus ejidos, Daberat con sus ejidos,

73 Ramot con sus ejidos y Anem con sus ejidos.

74 De la tribu de Aser, Masal con sus ejidos, Abdón con sus ejidos,

75 Hucoc con sus ejidos y Rehob con sus ejidos.

76 De la tribu de Neftalí, Cedes en Galilea con sus ejidos, Hamón con sus ejidos y Quiriataim con sus ejidos.

77 A los hijos de Merari que habían quedado, dieron de la tribu de Zabulón, Rimón con sus ejidos y Tabor con sus ejidos.

78 Del otro lado del Jordán frente a Jericó, al oriente del Jordán, dieron de la tribu de Rubén, Beser en el desierto con sus ejidos, Jaza con sus ejidos,

79 Cademot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos.

80 Y de la tribu de Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos, Mahanaim con sus ejidos,

81 Hesbón con sus ejidos y Jazer con sus ejidos.

Footnotes:

  1. 1 Crónicas 4:9 Heb. oseb, dolor.
  2. 1 Crónicas 4:14 Esto es, de los artífices.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.