No paguéis a nadie mal por mal.

Nada de venganza

7/26/2017

No paguéis a nadie mal por mal. (Romanos 12:17)

Algunos creen que la ley del Antiguo Testamento de “ojo por ojo, diente por diente” (Éx. 21:24) permite la venganza personal. Pero no se refiere a eso. En realidad quería decir que la severidad del castigo jurídico no debe exceder a la severidad de un delito. En otras palabras, si alguien le saca un ojo a otra persona, no se le puede castigar más allá de la pérdida de su propio ojo.

La autoridad para vengar injusticias civiles y criminales corresponde por mandato divino solamente a los gobiernos. Dios prohíbe que exijamos venganza personal. El apóstol Pedro resumió el principio de esta manera: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir… no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:8-9).

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La estrategia de Satanás y nuestra defensa

JULIO, 26

La estrategia de Satanás y nuestra defensa

Devocional por John Piper

Resistidle firmes en la fe… (1 Pedro 5:9)

Los dos grandes enemigos del alma son el pecado y Satanás; y el pecado es el peor enemigo, porque la única manera de que Satanás nos pueda destruir es haciéndonos pecar.

Dios le puede dar permiso para molestarnos, como lo hizo con Job, o hasta matarnos, como lo hizo con los santos de Esmirna (Apocalipsis 2:10); pero Satanás no puede condenarnos ni robarnos la vida eterna. La única manera de que nos pueda hacer un daño definitivo es incitarnos a pecar —y eso es exactamente lo que intenta a hacer—.

Por lo tanto, el trabajo principal de Satanás es defender, promover, asistir, excitar y confirmar nuestra inclinación al pecado.

Lo vemos en Efesios 2:1-2: «Vosotros… estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo… conforme al príncipe de la potestad del aire». Pecar es «conformarse» al poder de Satanás en el mundo. Cuando él trae maldad moral, lo hace por medio del pecado. Cuando pecamos, nos movemos en su esfera y estamos en conformidad con él. Cuando pecamos, damos «lugar al diablo» (Efesios 4:27).

Lo único que nos condenará en el día del juicio será el pecado no perdonado —no las enfermedades, ni las aflicciones, ni las persecuciones, ni las intimidaciones, ni las apariciones, ni las pesadillas—. Satanás lo sabe. Por eso, centra su atención principalmente no en cómo asustar a cristianos con fenómenos extraños (aunque hay mucho de eso), sino más bien en cómo corromper cristianos con modas pasajeras inútiles y pensamientos de maldad.

Satanás quiere agarrarnos en los momentos en que nuestra fe no esté firme, cuando esté vulnerable. Tiene sentido entonces que lo que Satanás apunte a destruir sean nuestros medios para resistir sus iniciativas. Por eso Pedro dice: «resistidle firmes en la fe». Por esto también es que Pablo dice que «el escudo de la fe» puede «apagar todos los dardos encendidos del maligno» (Efesios 6:16).

La forma de frustrar al diablo es fortaleciendo eso mismo que él más busca destruir: nuestra fe.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 321-323

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Para hacerlos sentar con los príncipes

26 de julio

«Para hacerlos sentar con los príncipes».

Salmo 113:8

Nuestros privilegios espirituales son de la mejor clase. «Con los príncipes» es el lugar de la compañía selecta. «Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn. 1:3): si hablamos de compañía selecta, no hay otra como esta. «Nosotros somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa» (1 P. 2:9). Nos hemos «acercado […] a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos» (He. 12:22, 23). Los santos gozan de audiencia en la Corte. Los príncipes acceden a la majestad real cuando el grueso del pueblo tiene que quedarse fuera. El hijo de Dios disfruta de libre acceso a los consejos secretos del Cielo: «Por medio de él, los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Ef. 2:18); «Acerquémonos, pues, confiadamente (dice el Apóstol) al trono de la gracia» (He. 4:16). Los príncipes poseen abundantes riquezas, ¿pero qué es su abundancia comparada con las riquezas de los creyentes? Pues «todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co. 3:23); «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8:32). Los príncipes tienen un poder especial: un príncipe del imperio del Cielo cuenta con mucha influencia; empuña un cetro en sus propios dominios; se sienta en el trono de Jesús, pues él nos ha hecho «reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra» (Ap. 5:10). Reinamos sobre el Reino unido del tiempo y de la eternidad. Además, los príncipes gozan de especial honor: desde la altura en la cual la gracia nos ha colocado, podemos menospreciar toda dignidad terrenal. Porque ¿qué es la grandeza humana comparada con lo que dice este versículo: «Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús»? (Ef. 2:6). Nosotros compartiremos el honor de Cristo; comparado con esto, los esplendores terrenales no valen nada. La comunión con Jesús es la joya más valiosa que jamás haya brillado en una diadema imperial. La unión con el Señor constituye una hermosa corona capaz de eclipsar el brillo de la pompa de un imperio.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 217). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Escuchando con nuevos oídos

26 Julio 2017

Escuchando con nuevos oídos
por Charles R. Swindoll

Salmos 19

David resume sus sentimientos en el salmo 19 con una breve oración. De hecho, esos tres renglones son unos de los más conocidos en todo el libro de los salmos.

Sean gratos los dichos de mi boca
y la meditación de mi corazón
delante de ti, oh Señor,
Roca mía y Redentor mío.  (v. 14)

Aunque Dios parezca estar callado en algunos momentos, el problema no es que Él no se está comunicando; es que nosotros no estamos escuchando. El dolor de la vida puede habernos alejado de las muchas formas en que Dios expresa su amor: a través de la transformación interna del Espíritu Santo, a través de la naturaleza, a través de amigos y familiares que nos quieren, a través de las oportunidades para servir, etc.

O tal vez nuestros oídos están bloqueados por nuestra autocompasión.

O quizás debido a nuestra falta de fe rehusamos creer que Dios se preocupa por nosotros y continúa demostrándonos su amor.

El hecho es que Dios se ha revelado asimismo a través de su creación y a través de las Escrituras. Él no necesita hablar de nuevo. Sin embargo, él sigue involucrado con su creación y con el pueblo que él creó. Cuando aceptamos esa realidad y elegimos creer que él no está callado, nuestros oídos escuchan su comunicación constante. Se lo puedo decir por experiencia personal. Cuando me doy cuenta que estoy siendo víctima de la mentira de que Dios está callado, inmediatamente vuelvo al lugar donde sé que Dios habla, su Palabra. Mi reacción a la mentira del mundo es enfocarme la verdad. Luego, una vez que mis oídos se sintonizan para escuchar la voz de Dios, me doy cuenta que se está comunicando y en más formas de las que conocía.

Manténgase esta semana en la Palabra de Dios. Aprópiese de sus bendiciones. Pídale que cumpla sus promesas. Entonces, «los dichos de su boca» y la «meditación de su corazón» se convertirán en un nuevo patrón de piedad y poder. Además, Dios ya no parecerá estar silencioso o lejos de usted.

Afirmando el alma
Durante esta semana, busque ejemplos de la comunicación no verbal de Dios. El Espíritu Santo trae claridad consigo, siempre en conformidad con la Escritura. La naturaleza lleva las huellas de su hacedor. Los seguidores leales de Cristo tienen: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio» (Gálatas 5: 22-23), los atributos personales de Dios. Mantenga una actitud de apertura y esté alerta a lo que Dios quiere mostrarle.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Hijo de consolación

26 JULIO

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

Hoy quiero señalar varios aspectos que surgen de elementos opuestos de Hechos 13.

(1) El liderazgo de la iglesia en Antioquía debió ser extraordinariamente diverso (13:1). El verdadero nombre de Bernabé era José. Era un levita de Chipre (4:36–37). En una época en la que la iglesia en Jerusalén crecía tan rápidamente que seguramente los apóstoles no serían capaces de recordar los nombres de todo el mundo, este José destacó por su increíble don de animar; como resultado, fue recompensado con un apodo que reflejara su carácter: Bernabé – Hijo de consolación. También estaba Simeón “el que se llamaba Níger” – una expresión que probablemente significa “Simeón el Negro.” En el mundo antiguo, contrario a la experiencia británica o estadounidense, la esclavitud estaba vinculada con el sistema económico (alguien que se fuera a la quiebra podría venderse a sí mismo como esclavo—ver meditación del 11 de marzo) y con la fuerza militar; no estaba restringida a una raza en particular. (O sea, podría haber esclavos africanos, europeos, judíos o de alguna otra raza.) No era en absoluto anormal tener como líder a “Simeón el Negro”. De Lucio de Cirene no sabemos casi nada. Por lo visto, al igual que Bernabé, era de una isla del Mediterráneo y su nombre demuestra que pertenecía al mundo helenístico. Manaén tenía suficientes conexiones con la nobleza menor como para haberse criado con Herodes el tetrarca. Y tenían también a Saulo mismo, quien ya para aquel entonces era un evangelista veterano, fundador de iglesias y maestro de la Biblia, con quince años de experiencia y muchas cicatrices para demostrarlo. Tras su llamado, él fue moviéndose cada vez más en círculos gentiles y usó el nombre conectado con su ciudadanía romana: Pablo (13:9). (Los ciudadanos romanos tenían tres nombres. Desconocemos los otros dos —porque Pablo en realidad era el apellido; Saulo era un nombre adicional conservado por su trasfondo judío.) Él tampoco era originario de la ciudad—nació en Tarso. ¡Qué diversidad tan gloriosa y cosmopolita en esta iglesia de Antioquía!

(2) Tras el relato detallado del sermón de Pablo en Antioquía de Pisidia, se nos dice que muchos gentiles “al oír esto, se alegraron y celebraron la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna” (13:48). Un ejercicio excelente es buscar todas las maneras en que el libro de los Hechos, o incluso todo el Nuevo Testamento, se refiere a la conversión y a los conversos—y luego usar todas estas expresiones en nuestro propio discurso, pues nuestra manera de hablar de estos temas tanto refleja como moldea nuestra forma de pensar al respecto. No hay pasaje bíblico que hable de “aceptar a Jesús como tu Salvador personal” (aunque la noción, en sí misma, no es totalmente incorrecta). Entonces, ¿por qué tantas personas adoptan esta frase y nunca hablan según los términos del versículo 48?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 207). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Vivamos para Jesús!

miércoles 26 julio

 

Cristo… por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2 Corintios 5:15

Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

Colosenses 3:23

¡Vivamos para Jesús!

Cuando el Señor Jesús sufrió en la cruz (y padeció más allá de todo lo que podemos imaginar), no pensaba en sí mismo, sino en los que creerían en él y así serían librados de su culpabilidad. Sufrió el juicio en nuestro lugar y murió por nosotros.

Su amor inimitable, que lo llevó a darse de tal manera por nosotros, ¿halla eco en nuestro corazón, en nuestra vida diaria?

En el trabajo, ¿solo deseamos llegar a un puesto más alto, o más bien nos esforzamos en trabajar diligentemente para agradar al Señor y ser sus testigos? Solo así tendremos una actitud justa en el ejercicio de nuestra profesión.

En nuestro tiempo libre, ¿acomodamos esos momentos de mayor disponibilidad, dedicándolos a nuestras actividades favoritas, o sirviendo al Señor Jesús? El descanso es necesario, pero que nuestro deseo sea poner más tiempo a disposición del Señor.

En la familia, vivir para él es pensar en los demás. En vez de tener una actitud egoísta, podemos ayudarnos mutuamente, compartir las tareas de la vida cotidiana, como también las preocupaciones y las alegrías, pequeñas o grandes.

¿Queremos responder a nuestras aspiraciones personales, o consagrar nuestra vida al Señor? Jesús murió por nosotros, pero también resucitó, está vivo y desea llenar nuestra vida con su presencia.

Pablo escribió: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21)

1 Crónicas 7 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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