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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Hijo de consolación

26 JULIO

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

Hoy quiero señalar varios aspectos que surgen de elementos opuestos de Hechos 13.

(1) El liderazgo de la iglesia en Antioquía debió ser extraordinariamente diverso (13:1). El verdadero nombre de Bernabé era José. Era un levita de Chipre (4:36–37). En una época en la que la iglesia en Jerusalén crecía tan rápidamente que seguramente los apóstoles no serían capaces de recordar los nombres de todo el mundo, este José destacó por su increíble don de animar; como resultado, fue recompensado con un apodo que reflejara su carácter: Bernabé – Hijo de consolación. También estaba Simeón “el que se llamaba Níger” – una expresión que probablemente significa “Simeón el Negro.” En el mundo antiguo, contrario a la experiencia británica o estadounidense, la esclavitud estaba vinculada con el sistema económico (alguien que se fuera a la quiebra podría venderse a sí mismo como esclavo—ver meditación del 11 de marzo) y con la fuerza militar; no estaba restringida a una raza en particular. (O sea, podría haber esclavos africanos, europeos, judíos o de alguna otra raza.) No era en absoluto anormal tener como líder a “Simeón el Negro”. De Lucio de Cirene no sabemos casi nada. Por lo visto, al igual que Bernabé, era de una isla del Mediterráneo y su nombre demuestra que pertenecía al mundo helenístico. Manaén tenía suficientes conexiones con la nobleza menor como para haberse criado con Herodes el tetrarca. Y tenían también a Saulo mismo, quien ya para aquel entonces era un evangelista veterano, fundador de iglesias y maestro de la Biblia, con quince años de experiencia y muchas cicatrices para demostrarlo. Tras su llamado, él fue moviéndose cada vez más en círculos gentiles y usó el nombre conectado con su ciudadanía romana: Pablo (13:9). (Los ciudadanos romanos tenían tres nombres. Desconocemos los otros dos —porque Pablo en realidad era el apellido; Saulo era un nombre adicional conservado por su trasfondo judío.) Él tampoco era originario de la ciudad—nació en Tarso. ¡Qué diversidad tan gloriosa y cosmopolita en esta iglesia de Antioquía!

(2) Tras el relato detallado del sermón de Pablo en Antioquía de Pisidia, se nos dice que muchos gentiles “al oír esto, se alegraron y celebraron la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna” (13:48). Un ejercicio excelente es buscar todas las maneras en que el libro de los Hechos, o incluso todo el Nuevo Testamento, se refiere a la conversión y a los conversos—y luego usar todas estas expresiones en nuestro propio discurso, pues nuestra manera de hablar de estos temas tanto refleja como moldea nuestra forma de pensar al respecto. No hay pasaje bíblico que hable de “aceptar a Jesús como tu Salvador personal” (aunque la noción, en sí misma, no es totalmente incorrecta). Entonces, ¿por qué tantas personas adoptan esta frase y nunca hablan según los términos del versículo 48?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 207). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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