Rechace los falsos credos

Rechace los falsos credos

8/21/2017

Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina… Pero tú sé sobrio en todo. (2 Timoteo 2:15)

El profeta Isaías dio este buen consejo respecto a reconocer la falsa doctrina: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20). Las doctrinas heréticas y los falsos credos no pueden resistirse al escrutinio de la luz divina de la Biblia.

Los falsos credos nunca enseñan la necesidad de entrar por la puerta estrecha de Cristo o andar por su camino angosto. A primera vista su contenido pudiera parecer ortodoxo y exigir verdadera fe, pero al final su mensaje radicará en el fundamento de las obras humanas y enseñara la salvación por el esfuerzo humano. Tales credos no mostrarán la profundidad o el peligro del pecado y de la depravación humana, y como consecuencia no presentarán la necesidad del arrepentimiento, del perdón y de la sumisión al Señor.

El mensaje de todos los falsos credos es un mensaje de deficiencias, y la mayor de todas es la omisión de la verdad del evangelio que salva.

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La felicidad inconmovible de Dios

AGOSTO, 21

La felicidad inconmovible de Dios

Devocional por John Piper

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto. (Juan 15:11)

Dios es absolutamente soberano:

Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place (Salmos 115:3).

Esto quiere decir que Dios no está frustrado. Se regocija en todas sus obras cuando las contempla como colores del magnífico mosaico de la historia de la redención. Su felicidad es inconmovible.

Lo que lo hace feliz es el deleite que tiene en sí mismo. Antes de la creación, Dios se regocijaba en la imagen de su gloria reflejada en la persona de su Hijo. Luego, el gozo de Dios «se hizo público» en las obras de la creación y de la redención.

Estas obras llenan de gozo el corazón de Dios porque son un reflejo de su gloria. Todo lo que él hace tiene el fin de preservar y manifestar su gloria, porque es en ello que su alma se regocija.

Todas las obras de Dios culminan en la alabanza de su pueblo redimido. El clímax de su felicidad es el deleite en los ecos de su excelencia producidos por la alabanza de los santos. Esta alabanza es la consumación de nuestro propio gozo en Dios.

Por consiguiente, la búsqueda de Dios de nuestra alabanza y nuestra búsqueda del gozo en Él son la misma búsqueda. ¡Este es el maravilloso evangelio!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 53

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«No dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis».

21 de agosto

«No dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis».

Isaías 45:19

Podemos obtener mucho solaz considerando lo que Dios no ha dicho. Aquello que él ha dicho está indeciblemente cargado de consuelo y de deleite. Lo que no ha dicho, apenas es menos rico en consuelo. Fue uno de estos «no dije» lo que preservó el reino de Israel en los días de Jeroboam, hijo de Joás, porque «el Señor no había decidido borrar el nombre de Israel de debajo del cielo» (2 Reyes 14:27, LBLA). En el texto de Isaías se nos asegura que Dios responderá a la oración, porque él no ha dicho «a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis». Tú, que escribes amargamente contra ti mismo, debieras reconocer que si Dios no te ha desheredado de la gracia, no hay lugar para la desesperación, digan lo que digan tus dudas y temores. Aun la voz de la conciencia es de poca importancia si no se ve auxiliada por la voz de Dios. ¡Tiembla más bien ante lo que Dios ha dicho! Sin embargo, no permitas que tus vanas imaginaciones te abrumen con el desaliento y la desesperación pecaminosa. Muchas personas tímidas se han visto acosadas por la sospecha de que puede haber algo en las disposiciones de Dios que les cierre la puerta de la esperanza, pero hay una terminante refutación de ese molesto temor, pues ninguno que busque sinceramente puede verse condenado a la ira. «No hablé en secreto, en un lugar oscuro de la tierra; no dije —aun en lo secreto de mis inescrutables decretos—: «En vano me buscáis». Dios ha manifestado claramente que él oirá la oración de aquellos que lo invocan, y esa declaración no puede ser discutida. Él ha hablado tan firme, verdadera y rectamente que no es posible la duda: él no revela sus designios en ininteligibles palabras, sino que habla clara y positivamente diciendo: «Pedid y recibiréis». Cree, oh hombre tembloroso, esta segura verdad: la oración tiene que ser oída y será oída, y nunca —ni en los secretos de la eternidad— ha dicho el Señor a ninguna alma viviente: «En vano me [buscas]».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 244). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La fidelidad de Dios

21 Agosto 2017

La fidelidad de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

La batalla de David que tenía con su conflicto interno y que se presenta en los salmos 42 y 43 lo hace anhelar la presencia de Dios.

Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche mientras me dicen todos los días: “¿Dónde está tu Dios?” (v. 3).

Ciertamente Dios no había abandonado a su hijo, pero durante los momentos de debilidad todos podemos testificar que a veces se siente de esa forma. ¿Cómo podemos volver a tener la seguridad de que Dios está con nosotros? ¿Cómo podemos hallar esperanza en el cuidado de Dios cuando estamos en el suelo, cuando estamos enfrentando el afán del conflicto interno? David se habla asimismo.
Recuerdo estas cosas y derramo mi alma dentro de mí: cuando pasaba con la muchedumbre, guiándolos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias de la multitud en fiesta (v. 4).

Una traducción más exacta del original sería utilizar el verbo recordar en su conjugación futura, «recordaré». David se decía estas cosas asimismo. A veces, conversar consigo mismo de manera positiva y saludable es una buena terapia. Él nos dice que cuando él se siente triste, él recuerda los días pasados de triunfo cuando Dios se veía tan real y su presencia era clara. David decía: «¡Recuerdo esos días! ¡Días de bendición, de gozo y gratitud! Después de recordar tales días, él se pregunta:

¿Por qué te abates, oh alma mía,
y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar.
¡Él es la salvación de mi ser (v. 5).

David se pregunta asimismo: «¿Por qué voy a sentirme triste y deprimido cuando tengo recuerdos tan positivos? Eso recuerdos tan especiales de sus victorias pasadas podían animarlo.

Cuando usted se sienta «atribulado» por el conflicto, recuerde las victorias pasadas y piense en las cosas que Dios ha hecho por usted. Recuerde que el Señor de su pasado sigue siendo el Señor de su presente.

Recuerdo mi primer año en el Seminario de Dallas. Cynthia y yo vivíamos en un apartamento que no tenía aire acondicionado. Aun en la época del otoño el apartamento parecía un horno. Como sabíamos que viviríamos allí el siguiente año y pensando en el fuerte calor del verano, nos pusimos a orar pidiéndole a Dios un aire acondicionado, de esos que se ponen en la ventana. De hecho, seguimos orando por el aparato aun durante el frío invierno y los meses frescos de la primavera. No le dijimos a nadie; solo orábamos. Nada sucedió durante varios meses. No hubo respuesta. Al final de la primavera hicimos un viaje a Houston para visitar a nuestros familiares en Semana Santa. El verano estaba por llegar y todavía no teníamos aire acondicionado. La ciudad de Dallas pronto se convertiría en un horno. Pensábamos: «Cien días o más de un calor excesivo». Cuando hicimos ese viaje a Houston, no le avisamos a nadie excepto a nuestros familiares cercanos. No había pasado ni una hora en la casa de los padres de Cynthia cuando sonó el teléfono. Al otro lado del auricular oí la voz de un hombre que asistía a nuestra iglesia en Dallas.

Cuando él escuchó mi voz, se sorprendió y dijo:

—«Chuck, ¿eres tú?»
—«Si», le respondí.
Me dijo lo siguiente: «¿No necesitan ustedes un aire condicionado? Acabamos de instalar un sistema de aire acondicionado y calefacción y pensamos que tal vez ustedes dos podían quedarse con el que reemplazamos».

¡Tenemos un gran Dios!

Dios ha hecho muchas otras cosas más similares a esas. Por eso cuando yo me siento triste y desanimado con respecto a una necesidad, recuerdo ese día maravilloso en la primavera de 1960 cuando el Señor nos proveyó nuestra necesidad específica.

Afirmando el alma
Consiga un diario y empiece a escribir en él acerca de la provisión y la protección de Dios. Comience con aquellos recuerdos del pasado y escriba un breve resumen al respecto. Luego, cada vez que el Señor haga algo especial que demuestre su cuidado por usted, regístrelo allí. Cuando el lugar de disturbio comience a asomar su cabeza nuevamente en su vida, recuerde su propia historia de la fidelidad de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“ Escogido por gracia”

21 AGOSTO

1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

Romanos 11 se ha interpretado de maneras que son contradictorias. Aquí no hay espacio para mencionarlas, y mucho menos para evaluarlas, así que sencillamente expondré el fluir del argumento de Pablo, tal como lo veo.

(1) El argumento de Pablo en Romanos 9–10, ¿significa que Dios ha abandonado totalmente a “su pueblo”, es decir, a los israelitas? Pablo escribe rotundo: “¡De ninguna manera!” (11:1). La primera evidencia en contra de este pensamiento (11:1–6) es que Pablo mismo es judío, y benjamita además (una de las tribus que no se separó de la dinastía davídica tras la muerte de Salomón). En otras palabras, uno no puede decir que Dios había desechado a los israelitas si todavía los está salvando. Más aún, nunca se había tratado de que todos los israelitas mostraran la gracia transformadora. Por ejemplo, cuando Elías, en una profunda depresión, pensó que era el único que quedaba, el Señor le informó que había reservado a siete mil israelitas fieles que jamás habían sucumbido a la adoración de Baal (1 Reyes 19:4, 10, 18; ver también la meditación de 16 de octubre). Era igual en la época de Pablo que en la nuestra: Dios ha preservado un “remanente” de judíos que han mostrado ser fieles a su revelación continua. Desde la perspectiva de Dios, es un remanente “escogido por gracia” y por lo tanto no se fundamenta en algo tan débil como las obras (11:5–6).

(2) Pero si la nación entera, conforme a las profecías de la Escritura, tropezó de manera tan grande (11:7–10), ¿significa que ya no hay esperanza para ellos, que han perdido la posibilidad de recuperarse? “¡De ninguna manera!” (11:11). Pues en los propósitos redentores de Dios, el endurecimiento importante de los judíos había sido el móvil que impulsó el evangelio hacia los gentiles: y “si su transgresión ha enriquecido al mundo, es decir, si su fracaso ha enriquecido a los gentiles” y “si el haberlos rechazado dio como resultado la reconciliación entre Dios y el mundo”, “¡cuánto mayor será la riqueza que su plena restauración producirá” y “¿no será su restitución una vuelta a la vida?” (11:12, 15). Suena claramente como si Pablo visualizara un giro importante en el futuro. En la providencia de Dios, el “rechazo” de muchos en Israel ha redundado en abundante gracia para los gentiles; la “aceptación” de muchos en Israel redundará en más gracia para el mundo. Pablo imagina una importante vuelta a Jesús por parte de sus compatriotas judíos, un giro que generará un aún mayor alcance evangelístico a escala mundial.

(3) Pablo extrapola algunas lecciones prácticas para sus lectores cristianos gentiles y usa la analogía de un árbol con ramas que se desgajan y otras que se injertan (11:17–25). Pero la culminación de su argumento es su exaltación de la insondable sabiduría y el conocimiento del Dios que genera este resultado espectacular (11:33–36).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 233). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Alimentarse bien

lunes 21 agosto

Apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

2 Corintios 6:17-18

Alimentarse bien

Hoy, en los países occidentales, muchos velamos sobre la calidad de nuestra alimentación. Tratamos de consumir productos sanos y rechazamos ciertos alimentos «transformados» que presentarían riesgos para la salud.

Nos preocupamos por comer sanamente, pero quizás estemos menos atentos a aquello que alimenta nuestra mente y corazón, y que puede debilitar la conciencia. Los medios de comunicación presentan cada día un raudal de imágenes y frases malsanas. La inmoralidad y la violencia se exhiben sin ninguna vergüenza. Algunos productores de cine reconocen que estos son incluso elementos indispensables para que una nueva película tenga éxito comercial. Así, a menudo, nuestra mente está expuesta a “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16). La Palabra de Dios nos dice que esto es lo que caracteriza al mundo en el cual vivimos, un mundo gobernado por Satanás.

Sin embargo, Dios llama al cristiano a vivir separado del mal. Por supuesto, tener cuidado con nuestra alimentación es útil, pero es más importante aún vigilar sobre lo que entra en nosotros por nuestros ojos y oídos. La contaminación moral de nuestras mentes y corazones tiene consecuencias más graves todavía que una mala alimentación.

Cristianos, velemos para mantenernos alejados de esa contaminación que deshonra a nuestro Señor y pone trabas a nuestra vida cristiana. Alimentémonos con la “leche espiritual no adulterada” de la Palabra de Dios (1 Pedro 2:2).

2 Crónicas 6:22-42 – Lucas 24:1-35 – Salmo 97:8-12 – Proverbios 21:27-28

 2 Crónicas 3-4 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Jesús es la persona que buscan

AGOSTO, 20

Jesús es la persona que buscan

Devocional por John Piper

Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:18-20)

El último capítulo de Mateo es una ventana que se abre ante el glorioso amanecer del Cristo resucitado. A través de ella, se pueden divisar al menos tres cimas imponentes en la cordillera del carácter de Cristo: la cima de su poder, la cima de su bondad y la cima de su resolución.

Todos sabemos en nuestro corazón que si el Cristo resucitado ha de satisfacer nuestro deseo de admirar la grandeza, Él debe ser grandioso.

La gente que es demasiado débil para llevar a cabo sus planes no puede satisfacer nuestro deseo de admirar la grandeza. Admiramos aún menos a las personas que no tienen metas en la vida. Y todavía menos a aquellos cuyos planes son meramente egoístas y crueles.

Anhelamos ver y conocer a una Persona cuyo poder es ilimitado, cuyo corazón es sensible y bondadoso, y cuyo propósito es único y firme.

Los novelistas y los poetas y los guionistas de películas y de programas de televisión, de vez en cuando, crean una sombra de esta Persona. Pero no pueden satisfacer nuestra sed de admirar más que lo que la revista National Geographic de este mes puede satisfacer mi deseo de ver el Gran Cañón.

Necesitamos lo verdadero. Debemos ver el Original de todo poder y bondad y propósito. Debemos ver y adorar al Cristo resucitado.


Devocional tomado del sermón“Worship the Risen Christ”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho»

20 de agosto

«Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho».

Nehemías 3:8

Las ciudades bien fortificadas tenían anchos muros; también los tenía Jerusalén en sus tiempos de gloria. La Nueva Jerusalén debe, en la misma forma, estar rodeada y protegida por un grueso muro de disidencia con el mundo y de separación de sus costumbres y su espíritu. La tendencia de estos días es a romper esa santa barrera y hacer que la distinción entre la Iglesia y el mundo sea meramente nominal. Los creyentes no son ya más estrictos y puritanos: todos los días se lee una literatura de dudosa moralidad. Por lo regular, se toleran frívolos pasatiempos y un relajamiento general amenaza con despojar al pueblo del Señor de aquellas peculiaridades que lo distinguen de los pecadores. Será un mal día para el mundo cuando la amalgama propuesta se consume. Entonces se anunciará otro diluvio de ira. Querido lector, que el propósito de tu corazón sea mantener el «muro ancho», tanto en las intenciones como en las palabras, tanto en el vestir como en la conducta, recordando que la amistad de este mundo es enemistad contra Dios.

El muro ancho proporcionaba un lugar de reunión para los habitantes de Jerusalén, desde el cual podían disfrutar de la perspectiva que ofrecían los países circunvecinos. Esto nos recuerda los muy amplios mandamientos del Señor, en los cuales andamos libremente en comunión con Jesús, mirando los paisajes de la tierra, pero también contemplando las glorias del Cielo. Separados del mundo y «renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos», no estamos, sin embargo, en una prisión, ni restringidos dentro de unos límites estrechos; no, andamos más bien en libertad, porque guardamos sus preceptos. Ven, lector, anda esta noche con Dios en sus estatutos: como sobre los muros de la ciudad se juntaban los amigos, así encuéntrate tú con él en el camino de la oración y la meditación santa. Tienes el derecho de recorrer los baluartes de la salvación, pues eres un liberto de la ciudad real, un ciudadano de la metrópoli del universo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 243). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Homosexualidad: ¿Se nace o se hace?

Homosexualidad: ¿Se nace o se hace?

Nathan Díaz

Una pregunta cada vez más común en medio nuestro es esta de si se “nace o se hace” homosexual. Si bien en algún momento me interesó mucho el llegar a una conclusión definitiva sobre si alguien nace con esta tendencia genética o si es algo que surge como resultado de factores externos, creo que un enfoque más fructífero es definir lo que es natural de acuerdo a la Palabra.

Definiendo natural

Romanos 1 nos muestra que todo pecado es la consecuencia de restringir la verdad (Ro. 1:18) y de intercambiar al Creador por lo creado (Ro. 1:22-25). Pablo muestra que el homosexualismo es el pecado más explícito sobre el intercambio trágico que hacemos del propósito original (hombre y mujer, comparado con vivir para Dios) por un propósito distorsionado (hombre con hombre o mujer con mujer, comparado con vivir para lo creado). De modo que lo que no es natural en el propósito de Dios se ha vuelto natural para nosotros. Esta naturalidad para el hombre, de hecho, es el juicio mismo de Dios (Ro. 1:28).

Por tanto, si me preguntan si alguien ya nace con una tendencia al homosexualismo, mi respuesta tendría que ser “sí”. ¿Por qué? Porque todo pecado en nuestra vida será un reflejo de lo que es natural para nosotros, es decir, un reflejo de nuestra naturaleza de pecado.  Solo que son diferentes pecados los que son naturales para cada quien. Con esto no estoy negando que haya factores externos que contribuyan a motivarnos hacia ciertos pecados. Pero esos factores simplemente están facilitando y amplificando lo que ya existía en nuestra naturaleza desde un principio.

Así nos ilustra Salmos 51:5: “He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre”. Desde que nacemos, nuestra inclinación natural es hacia el pecado, aunque sean diferentes pecados para cada quien, y algunos parezcan más o menos serios o sean más o menos aceptados por los demás.

La lujuria es una batalla de todos

Alguien preguntará: “¿Cómo puede ser malo si es natural?”. Tendríamos que preguntarnos también si es natural el deseo sexual por el sexo opuesto. Por supuesto que es natural. Pero todo lo que está fuera del orden y diseño de Dios para el sexo dentro del matrimonio es pecado. Por lo tanto, mi deseo sexual “natural” por mujeres que no son mi esposa es pecado y no lo puedo justificar simplemente porque “así nací”, aunque es cierto (Pr. 5:15-23).

La gracia y el poder del Espíritu Santo en la vida del cristiano no son evidentes por la ausencia completa de una tendencia hacia el pecado, sino por la batalla que se desata cada día en contra de esa naturaleza en nosotros. El hacer morir las obras de la carne por el Espíritu en nosotros (Ro. 8:13) no sucede una vez al comienzo de nuestra vida cristiana, sino todos los días.

Aunque hemos nacido con una naturaleza que nos lleva a pecar, Dios nos invita a en el evangelio a nacer de nuevo en una naturaleza que ya no es dominada por el amo del pecado, sino por el Espíritu que nos lleva a amar a Dios y su justicia sobre de todas las cosas (Ro. 6:16-23).

Llevemos este mensaje de esperanza a una sociedad que se ha rendido ante lo que satisface la naturaleza con que nacieron. Ellos no saben que Dios satisface más.

Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A” que se transmite en emisoras de México, Argentina, Nicaragua, España y Estados Unidos. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

Dar verdaderos frutos

Dar verdaderos frutos

8/20/2017

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. (Lucas 3:8)

Su carácter esencial, sus motivos, sus convicciones, sus lealtades y sus ambiciones, se mostrarán con el tiempo en lo que dice y en lo que hace. Las buenas obras no salvan, pero todo creyente es salvado para buenas obras. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10; vea también Gá. 5:22-23; Col. 1:10).

Para el creyente, el llevar fruto ocurre con la ayuda de Cristo. El apóstol Pablo se refiere a que seamos “llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo” (Fil. 1:11). Por otra parte, los incrédulos (entre ellos los que dicen ser cristianos y no lo son) con el tiempo mostrarán los malos frutos que inevitablemente produce su vida no regenerada.

Si usted está dando frutos, estará creciendo en todas las esferas que enumera Pedro: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (vea 2 P. 1:5-9).

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