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«No dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis».

21 de agosto

«No dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis».

Isaías 45:19

Podemos obtener mucho solaz considerando lo que Dios no ha dicho. Aquello que él ha dicho está indeciblemente cargado de consuelo y de deleite. Lo que no ha dicho, apenas es menos rico en consuelo. Fue uno de estos «no dije» lo que preservó el reino de Israel en los días de Jeroboam, hijo de Joás, porque «el Señor no había decidido borrar el nombre de Israel de debajo del cielo» (2 Reyes 14:27, LBLA). En el texto de Isaías se nos asegura que Dios responderá a la oración, porque él no ha dicho «a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis». Tú, que escribes amargamente contra ti mismo, debieras reconocer que si Dios no te ha desheredado de la gracia, no hay lugar para la desesperación, digan lo que digan tus dudas y temores. Aun la voz de la conciencia es de poca importancia si no se ve auxiliada por la voz de Dios. ¡Tiembla más bien ante lo que Dios ha dicho! Sin embargo, no permitas que tus vanas imaginaciones te abrumen con el desaliento y la desesperación pecaminosa. Muchas personas tímidas se han visto acosadas por la sospecha de que puede haber algo en las disposiciones de Dios que les cierre la puerta de la esperanza, pero hay una terminante refutación de ese molesto temor, pues ninguno que busque sinceramente puede verse condenado a la ira. «No hablé en secreto, en un lugar oscuro de la tierra; no dije —aun en lo secreto de mis inescrutables decretos—: «En vano me buscáis». Dios ha manifestado claramente que él oirá la oración de aquellos que lo invocan, y esa declaración no puede ser discutida. Él ha hablado tan firme, verdadera y rectamente que no es posible la duda: él no revela sus designios en ininteligibles palabras, sino que habla clara y positivamente diciendo: «Pedid y recibiréis». Cree, oh hombre tembloroso, esta segura verdad: la oración tiene que ser oída y será oída, y nunca —ni en los secretos de la eternidad— ha dicho el Señor a ninguna alma viviente: «En vano me [buscas]».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 244). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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