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La fidelidad de Dios

21 Agosto 2017

La fidelidad de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

La batalla de David que tenía con su conflicto interno y que se presenta en los salmos 42 y 43 lo hace anhelar la presencia de Dios.

Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche mientras me dicen todos los días: “¿Dónde está tu Dios?” (v. 3).

Ciertamente Dios no había abandonado a su hijo, pero durante los momentos de debilidad todos podemos testificar que a veces se siente de esa forma. ¿Cómo podemos volver a tener la seguridad de que Dios está con nosotros? ¿Cómo podemos hallar esperanza en el cuidado de Dios cuando estamos en el suelo, cuando estamos enfrentando el afán del conflicto interno? David se habla asimismo.
Recuerdo estas cosas y derramo mi alma dentro de mí: cuando pasaba con la muchedumbre, guiándolos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias de la multitud en fiesta (v. 4).

Una traducción más exacta del original sería utilizar el verbo recordar en su conjugación futura, “recordaré”. David se decía estas cosas asimismo. A veces, conversar consigo mismo de manera positiva y saludable es una buena terapia. Él nos dice que cuando él se siente triste, él recuerda los días pasados de triunfo cuando Dios se veía tan real y su presencia era clara. David decía: “¡Recuerdo esos días! ¡Días de bendición, de gozo y gratitud! Después de recordar tales días, él se pregunta:

¿Por qué te abates, oh alma mía,
y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar.
¡Él es la salvación de mi ser (v. 5).

David se pregunta asimismo: “¿Por qué voy a sentirme triste y deprimido cuando tengo recuerdos tan positivos? Eso recuerdos tan especiales de sus victorias pasadas podían animarlo.

Cuando usted se sienta “atribulado” por el conflicto, recuerde las victorias pasadas y piense en las cosas que Dios ha hecho por usted. Recuerde que el Señor de su pasado sigue siendo el Señor de su presente.

Recuerdo mi primer año en el Seminario de Dallas. Cynthia y yo vivíamos en un apartamento que no tenía aire acondicionado. Aun en la época del otoño el apartamento parecía un horno. Como sabíamos que viviríamos allí el siguiente año y pensando en el fuerte calor del verano, nos pusimos a orar pidiéndole a Dios un aire acondicionado, de esos que se ponen en la ventana. De hecho, seguimos orando por el aparato aun durante el frío invierno y los meses frescos de la primavera. No le dijimos a nadie; solo orábamos. Nada sucedió durante varios meses. No hubo respuesta. Al final de la primavera hicimos un viaje a Houston para visitar a nuestros familiares en Semana Santa. El verano estaba por llegar y todavía no teníamos aire acondicionado. La ciudad de Dallas pronto se convertiría en un horno. Pensábamos: “Cien días o más de un calor excesivo”. Cuando hicimos ese viaje a Houston, no le avisamos a nadie excepto a nuestros familiares cercanos. No había pasado ni una hora en la casa de los padres de Cynthia cuando sonó el teléfono. Al otro lado del auricular oí la voz de un hombre que asistía a nuestra iglesia en Dallas.

Cuando él escuchó mi voz, se sorprendió y dijo:

—«Chuck, ¿eres tú?»
—«Si», le respondí.
Me dijo lo siguiente: “¿No necesitan ustedes un aire condicionado? Acabamos de instalar un sistema de aire acondicionado y calefacción y pensamos que tal vez ustedes dos podían quedarse con el que reemplazamos”.

¡Tenemos un gran Dios!

Dios ha hecho muchas otras cosas más similares a esas. Por eso cuando yo me siento triste y desanimado con respecto a una necesidad, recuerdo ese día maravilloso en la primavera de 1960 cuando el Señor nos proveyó nuestra necesidad específica.

Afirmando el alma
Consiga un diario y empiece a escribir en él acerca de la provisión y la protección de Dios. Comience con aquellos recuerdos del pasado y escriba un breve resumen al respecto. Luego, cada vez que el Señor haga algo especial que demuestre su cuidado por usted, regístrelo allí. Cuando el lugar de disturbio comience a asomar su cabeza nuevamente en su vida, recuerde su propia historia de la fidelidad de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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