“Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”

20 AGOSTO

1 Samuel 12 | Romanos 10 | Jeremías 49 | Salmos 26–27

Aquí quisiera reflexionar sobre una pequeña parte de Romanos 10.

Como parte de su insistencia en que tanto los judíos como los gentiles pueden ser salvos únicamente por la fe, el apóstol Pablo repasa la “palabra de fe” cristiana fundamental: “que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo” (10:9). Luego lo amplía un poco: “Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo” (10:10). El versículo adicional no nos presenta la salvación en dos pasos concretos: primer paso, cree en tu corazón y serás justificado; segundo paso, confiesa con tu boca y serás salvo. Esto casi implicaría que la justificación podría suceder separada de la salvación y que la fe es un medio inadecuado que debe ser complementado con la confesión. Más cercano al pensamiento del apóstol sería decir que ambas líneas son paralelas, no porque cada una dice lo mismo que la otra (no es así), sino porque cada una arroja luz sobre la otra, la clarifica, la explica un poco. Fe en el corazón sin confesión con la boca se vuelve inverosímil; por otro lado, una confesión con la boca que es meramente formal y no generada por fe en el corazón tampoco es lo que el apóstol tenía en mente. Él propone una fe que genera confesión; esta confesión nace junto con la fe. Y de esta fe/confesión surge la justificación/salvación. Una vez más, las categorías coinciden, de manera que para Pablo, no se puede tener la una sin la otra.

Así, Pablo redondea su planteamiento: en este sentido, no hay diferencia entre judío y gentil, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice a todos los que claman a él, como dice la Escritura: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (10:13; Joel 2:32). Esto significa que los cristianos necesitan enviar personas con las buenas noticias, porque de otra manera, ¿cómo invocará la gente a aquel de quien no han oído (10:14–15)?

Debe observarse que el mismo Pablo que afirma con tanta contundencia en Romanos 8 y 9 que Dios es incondicionalmente soberano insiste con la misma fuerza en Romanos 10 que las personas deben creer en sus corazones y confesar la verdad del evangelio con sus bocas si es que van a ser salvos, y encomienda a la conciencia de los creyentes el mandato de llevar estas buenas noticias a aquellos que no las han oído. Toda teología que intente disminuir la soberanía de Dios al apelar a la libertad humana es tan profundamente no-paulina como cualquiera que de alguna manera disminuya la responsabilidad humana al apelar a un burdo fatalismo divino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 232). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué puedo hacer por ti?

Yo (Jesús) os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Lucas 11:9

¿Qué puedo hacer por ti?

–“¿Qué te haré yo?”, preguntó el profeta Eliseo a una viuda (2 Reyes 4:2). Esta mujer tenía deudas y no poseía ningún recurso. Eliseo añadió: “Declárame qué tienes en casa”. La respuesta fue elocuente: “Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. Él respondió satisfaciendo las necesidades de aquel hogar mediante una abundancia de aceite. Las deudas fueron pagadas y la familia alimentada.

–“¿Qué, pues, haremos por ella?” (2 Reyes 4:14), preguntó más tarde Eliseo a su siervo con respecto a otra mujer, pero esta vez era una mujer rica. La respuesta fue precisa: “He aquí que ella no tiene hijo”. El profeta llamó a la mujer y le hizo esta promesa: “Abrazarás un hijo” (2 Reyes 4:16). Y la promesa se cumplió.

–“¿Qué quieres que te haga?”, preguntó Jesús al ciego Bartimeo. La respuesta fue inmediata: “Maestro, que recobre la vista” (Marcos 10:51). Fue precisamente su ceguera lo que hizo que Bartimeo fuese a Jesús. Mediante una palabra Jesús le abrió los ojos, respondiendo a su fe de una manera extraordinaria.

Estos ejemplos nos animan a dirigirnos sencillamente a Dios, sin hacer discursos inútiles. No pensemos que es necesario emplear fórmulas consagradas para exponer a Dios nuestra situación o la de los demás. Tengamos la sencillez de decirle: «Este es el caso, necesitamos tu ayuda». Su respuesta siempre estará adaptada a nuestras necesidades.

Hoy Dios pregunta a cada uno de nosotros: ¿Qué puedo hacer por ti? La respuesta es un asunto personal entre él y nosotros.

2 Crónicas 6:1-21 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El juzgar los frutos espirituales

El juzgar los frutos espirituales

8/19/2017

No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. (Mateo 7:18)

Un árbol frutal puede ser hermoso y decorativo, y dar una sombra refrescante en el verano. Pero su principal propósito es dar frutos, y por tanto se le juzga por lo que produce y no por lo que aparenta. De igual manera, a cualquiera que diga que habla en nombre de Dios se le ha de juzgar por su vida, no simplemente por su apariencia ni por sus palabras.

A veces los falsos profetas pueden engañar incluso a los cristianos genuinos. Si se vuelve descuidado respecto a la Palabra de Dios, perezoso en cuanto a la oración e indiferente acerca del reino de Dios, es fácil que lo engañe un maestro talentoso, ameno y con facilidad de palabra que aparenta ser ortodoxo.

Por lo tanto, es importante que siga vigilante y preparado. Los malos frutos de un árbol malo son sencillamente inaceptables, sin que importe cuán bueno puedan ambos parecer. Se les debe examinar con cuidado (vea He. 5:14).

Pero para el creyente de experiencia hay una verdadera garantía en las palabras de Jesús: “por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20). No hay por qué ser engañado si se observa cuidadosamente.

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El significado de la resurrección

AGOSTO, 19

El significado de la resurrección

Devocional por John Piper

Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9)

El significado de la resurrección es que Dios está a nuestro favor. Su objetivo es afianzar una relación estrecha con nosotros, y vencer nuestro sentido de abandono y distanciamiento.

La resurrección de Jesús es la declaración de Dios a Israel y al mundo de que nosotros no podemos abrirnos camino hacia la gloria, pero que su intención es hacer lo imposible para que lleguemos allí.

La resurrección es la promesa de Dios de que todos los que confíen en Jesús serán beneficiarios del poder de Dios que nos conduce por el camino de justicia y a través del valle de sombra de muerte.

Por lo tanto, creer de corazón que Dios levantó a Jesús de entre los muertos implica mucho más que la aceptación de un acontecimiento: implica la confianza en que Dios esta a nuestro favor, en que él ha afianzado una relación estrecha con nosotros, en que él está transformando nuestra vida y en que él nos salvará para su gozo eterno.

Creer en la resurrección implica creer en todas las promesas de vida y de esperanza y de justicia por las que la resurrección tuvo lugar.

Significa estar tan confiados en el poder y amor de Dios que ningún temor a perder bienes mundanos ni la codicia por las ganancias de este mundo podrán tentarnos a desobedecer a su voluntad.

Esa es la diferencia entre Satanás y los santos. Oh, Dios quiera circuncidar nuestros corazones para que lo amemos y hallemos descanso en la resurrección de su Hijo.


Devocional tomado del libro “Crea en su corazón que Dios levantó a Jesús de los muertos” 

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«Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio».

19 de agosto

«Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio».

Salmo 31:4

Nuestros enemigos espirituales son la generación de la serpiente y buscan engañarnos con astucia. La oración de este versículo supone la posibilidad de que al creyente lo cacen como un pájaro. Tan astutamente el cazador hace su obra que los simples caen pronto en la red. En el texto se suplica que aun de las redes de Satanás sea librado el cautivo; es esta una petición conveniente que se puede conceder. De entre las fauces del león y de las entrañas del Infierno puede el amor eterno rescatar al santo. Quizá se necesite un fuerte tirón para salvar de la red de la tentación a un alma y un violento zarandeo para desenredar a una persona de las trampas de algún malicioso ardid; pero el Señor es el mismo para todas las necesidades y, por tanto, las redes del cazador más habilidoso jamás podrán atrapar a sus elegidos. ¡Ay de aquellos que son hábiles en poner trampas! Los que tientan a otros se destruirán a sí mismos.

«Pues tú eres mi refugio». ¡Qué indecible dulzura hallamos en estas breves palabras! ¡Con cuánto gozo podemos combatir las redes y cuán alegremente soportar los sufrimientos cuando nos asimos del refugio celestial! El poder divino hará pedazos todas las redes de nuestros enemigos, confundirá su astucia y frustrará sus maliciosas estratagemas. El que tiene de su parte tan incomparable poder es feliz. Nuestras propias fuerzas serán de poco valor cuando estemos desconcertados en las redes de la vil artimaña, pero el refugio del Señor siempre estará disponible; solo tenemos que invocarlo y lo hallaremos cerca. Si por la fe estamos dependiendo únicamente del refugio del poderoso Dios de Israel, podemos utilizar nuestra santa confianza como argumento en la súplica.

Mi mano ten, Señor, tan flaco y débil,

sin ti no puedo riesgos afrontar;

tenla, Señor, mi vida el gozo llene,

Al verme libre así de todo azar.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 242). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un anhelo por Dios

19 Agosto 2017

Un anhelo por Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

La composición de David, preservada para nosotros como el Salmo 42 y Salmo 43 menciona la siguiente estrofa tres veces y con ello sugiere que el tema de ambos salmos es el conflicto interno.

¿Por qué te abates, oh alma mía,
y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar (Salmo 42:5,11; 43:5).

El término, «abatir» viene de la palabra hebrea, «Shakhakh», que significa literalmente, agacharse o encogerse. En su sentido figurativo, el verbo significa rebajarse. Esta canción habla de esos días cuando sentimos el deseo de “hacernos chiquititos” y renunciar. Afortunadamente, David no nos deja en el suelo. Nos dice cómo conquistar esos sentimientos antes de sucumbir a ellos; cómo vencer los sentimientos de un tumulto interno en vez de «retorcernos» toda la vida.

Tal como lo mencioné anteriormente tener esos sentimientos perturbadores de vez en cuando es algo normal. Por cierto, no le estamos haciendo ningún bien a los nuevos creyentes diciéndoles que la tristeza o la desesperación son sentimientos pecaminosos. Eso no es realista ni tampoco bíblico. David escribió muchos salmos mientras que se encontraba retorciéndose. Ciertamente no tenemos que pasar meses en el calabozo de la depresión, pero debemos ser lo suficientemente transparentes para admitir que tenemos días «tristes». Me consuela saber que el mismo Jesús, una ocasión, se sintió muy perturbado internamente (Juan 11:33; 12: 27; 13:21). Charles Haddon Spurgeon escribió acerca de los momentos de desmayo de un ministro en su libro, Mensajes para mis estudiantes. El doctor John Henry Jowett, otro predicador sobresaliente del pasado, fue lo suficientemente honesto para admitirlo en una carta a un amigo:

Espero que no pienses que soy perfecto. Creo que piensas que no tengo altibajos sino una vida espiritual superlativa sin ningún quebrantamiento. ¡De ninguna manera! Frecuentemente, me siento desdichado y todo parece opaco. Muchas veces me siento como si mi vida religiosa apenas comenzara y que me encuentro en una etapa infantil. No obstante, puedo mirar atrás y ver que estas épocas miserables provienen de alguna causa personal y lo primero que tengo que hacer es analizar lo que sucedió y de esa forma poder nuevamente vivir reflejando la luz de Dios en mi vida.

Aprecio la vulnerabilidad de Jowett.

Que bueno es saber que estas dos canciones nos ayudan a descubrir cómo escapar de la oscuridad y volver nuevamente a la luz del sol.

El compositor comienza su cuadragésima segunda canción con una imagen del desierto.

Como ansía el venado las corrientes de las aguas,
así te ansía a ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
¿Cuándo iré para presentarme delante de Dios? (vv. 1-2)

David ansiaba a Dios así como un venado sediento en medio de un desierto estéril ansía un arroyo fresco. Imagínese un venado jadeando de sed. David dice que él está «jadeando» por el Señor.

En el Salmo 119:131, David expresa un concepto similar cuando escribe: «Mi boca abrí y suspiré porque anhelaba tus mandamientos».

Dios, quien es considerado, «la fuente de agua viva» (Jeremías 2:13; 17:13) era el anhelo del cantante en conflicto. David, un hombre conforme al corazón de Dios, anhelaba apasionadamente estar en su presencia. Los renglones iniciales sugieren que el conflicto interno de David surgió como resultado de un distanciamiento en su relación con Dios.

Afirmando el alma
Piense en la última vez que usted sufrió un conflicto interno. ¿Qué efecto tuvo sobre su vida espiritual en términos de perspectiva? Si se le pidiera que escriba cuál es su deseo más grande, ¿qué hubiese mencionado? Lo que mencionó, ¿se trata de algo que viene de Dios o de su anhelo por Dios mismo?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

«Jesús realmente es el Mesías»

19 AGOSTO

1 Samuel 11 | Romanos 9 | Jeremías 48 | Salmo 25

Una de las preguntas importantes que los primeros cristianos tuvieron que contestar mientras daban testimonio de Jesús el Mesías, fue algo como: “Si Jesús realmente es el Mesías prometido, ¿por qué tantos judíos lo rechazan?” Inevitablemente, hubo variaciones, como por ejemplo: “Si los cristianos tenéis razón, ¿no significa esto que Dios no cumplió sus promesas a los judíos?” o “¿Por qué apóstoles como Pablo invierten tanto tiempo en evangelizar a los gentiles como si hubieran abandonado a su propio grupo?”

Las páginas del Nuevo Testamento ofrecen muchas respuestas complementarias a estas preguntas y a otras parecidas. Aquí, podemos notar algunos componentes de la respuesta de Pablo (Romanos 9).

Primero, a pesar del énfasis sobre los gentiles en el ministerio de Pablo, este nunca descartó a los de su propia raza. Todo lo contrario: hubiera deseado ser maldecido si con ello hubiera podido salvarlos (9:3). Sería fácil descartar este tipo de lenguaje como si fuera una hipérbole fundada en una mera posibilidad hipotética. Pero el hecho de que Pablo pueda escribir en esos términos revela, no a un apóstol que es un simple experto en apologética, frío y analítico, sino a un hombre con pasión y extraordinario amor por su propio pueblo. La iglesia necesita hoy día desesperadamente evangelistas con el mismo tipo de corazón.

Segundo, Pablo afirma que si muchos judíos no creen, no es porque la palabra de Dios haya fracasado (9:6). En absoluto: nunca se estableció que todos los hijos de Abraham serían incluidos en el pacto. Dios especificó que la línea sería a través de Isaac, no de Ismael ni de los hijos de Cetura (9:7). Para decirlo de otra manera, sólo los “hijos de la promesa” se consideran descendientes de Abraham, no todos los hijos naturales (9:8). Más aún, Pablo ya les había recordado a sus lectores la promesa a Abraham de que por medio de su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra (4:16–17), no sólo los judíos.

Tercero, la defensa de estas proposiciones da un giro dramático. Dios coordinó una selección de entre los hijos de Abraham—no sólo en la generación de Abraham sino con respecto a los hijos de Isaac (9:8–13)— “y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras sino al llamado de Dios” (9:11–12). Nada deja más claro la supremacía de la gracia que la doctrina de la elección. Dios no tenía que salvar a nadie. Si salvaba a uno, sería un gran acto de gracia. Aquí salva a una inmensa cantidad de personas culpables, sólo por su gracia, teniendo compasión de quien él quiera (9:15), pues tal es su derecho (9:16–24).

Cuarto, las Escrituras del Antiguo Testamento habían previsto que un día el pueblo de Dios dejaría de estar limitado a la raza judía (9:25–26).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 231). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una vieja profecía

Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí.

Juan 5:39

El Señor Dios dijo a la serpiente:… esta (la descendencia de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Génesis 3:14-15

Una vieja profecía

El segundo versículo del encabezamiento es una de las más antiguas profecías bíblicas.

Dios la pronunció cuando Satanás, bajo la forma de una serpiente, acababa de seducir al hombre y a la mujer para incitarlos a desobedecer. A partir de ese momento, el mal marcó toda la humanidad. Pero mediante esta profecía, Dios dejó entrever un destello de esperanza. Con mucha antelación anunció, cuando entró el pecado en el mundo, el remedio que él mismo iba a dar a esta trágica situación.

La descendencia de la mujer se refiere a Jesucristo hecho hombre al nacer de una mujer, María. La cruz en la que aceptó morir interrumpió su vida en la tierra; esto es lo que sugiere el hecho de tener el calcañar herido: es como si su trayectoria aquí en la tierra fuese detenida. En apariencia, la muerte de Jesús era la victoria de Satanás, pero en realidad marcó su destrucción. Mediante su muerte, Cristo pudo destruir “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). ¡Qué victoria! Aplastó la cabeza de la serpiente, es decir, la venció totalmente. Jesús murió, pero resucitó. Es el primer hombre resucitado en el cielo. Él es el camino para salvar de la muerte a todos los que creen en él.

Esta profecía, que ya tiene varios milenios, se cumplió hace más de 2.000 años. Satanás todavía sigue reinando en el mundo y esclaviza a los hombres. Pero llegará el día en que será echado al infierno, debido a la victoria que Cristo obtuvo sobre él en la cruz (Apocalipsis 20:10).

2 Crónicas 5 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Cómo distinguir lo verdadero de lo falso

Cómo distinguir lo verdadero de lo falso

8/18/2017

Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. (Mateo 7:17)

La Didaché, uno de los escritos cristianos más antiguos después del Nuevo Testamento, da varias pautas para distinguir a los profetas verdaderos de los falsos. En primer lugar, un verdadero profeta no abusará de la hospitalidad, sino que seguirá adelante, atendiendo su ministerio y su misión. Pero un falso profeta dará vueltas indefinidamente, preocupado solo por satisfacer sus propios intereses.

En segundo lugar, a diferencia del falso profeta, el verdadero profeta se opone a la excesiva solicitud de dinero. Está contento con el apoyo para las necesidades fundamentales de la vida y del ministerio.

En tercer lugar, la manera de vivir de un verdadero profeta corresponderá con las normas de justicia que enseña. Es muy probable que un falso profeta enseñe una cosa y practique otra.

Un verdadero ministro del evangelio mostrará lo que Pablo escribió: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).

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Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

AGOSTO, 18

Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

Devocional por John Piper

El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien. (1 Pedro 3:10-11)

Hay solo una razón básica por la cual desobedecemos los mandamientos de Jesús: porque no confiamos en que la obediencia nos traerá más bendición que la desobediencia. No confiamos plenamente en lo que Dios prometió.

¿Qué prometió Dios? Pedro lo enseña de este modo:

No [devolváis] el mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien [bendecid], porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien (1 Pedro 3:9-11).

Siempre estaremos mejor en obediencia que en desobediencia, incluso si obedecer nos costara la vida:

En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo… junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna (Marcos 10:29-30).

La única forma de obtener el poder necesario para seguir a Cristo en el costoso camino del amor es estar llenos de esperanza, y con la plena confianza de que si perdemos nuestra vida haciendo su voluntad, la volveremos a encontrar y seremos recompensados abundantemente.


Devocional tomado del sermón“The Power of Hope”

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