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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

“Jesús realmente es el Mesías”

19 AGOSTO

1 Samuel 11 | Romanos 9 | Jeremías 48 | Salmo 25

Una de las preguntas importantes que los primeros cristianos tuvieron que contestar mientras daban testimonio de Jesús el Mesías, fue algo como: “Si Jesús realmente es el Mesías prometido, ¿por qué tantos judíos lo rechazan?” Inevitablemente, hubo variaciones, como por ejemplo: “Si los cristianos tenéis razón, ¿no significa esto que Dios no cumplió sus promesas a los judíos?” o “¿Por qué apóstoles como Pablo invierten tanto tiempo en evangelizar a los gentiles como si hubieran abandonado a su propio grupo?”

Las páginas del Nuevo Testamento ofrecen muchas respuestas complementarias a estas preguntas y a otras parecidas. Aquí, podemos notar algunos componentes de la respuesta de Pablo (Romanos 9).

Primero, a pesar del énfasis sobre los gentiles en el ministerio de Pablo, este nunca descartó a los de su propia raza. Todo lo contrario: hubiera deseado ser maldecido si con ello hubiera podido salvarlos (9:3). Sería fácil descartar este tipo de lenguaje como si fuera una hipérbole fundada en una mera posibilidad hipotética. Pero el hecho de que Pablo pueda escribir en esos términos revela, no a un apóstol que es un simple experto en apologética, frío y analítico, sino a un hombre con pasión y extraordinario amor por su propio pueblo. La iglesia necesita hoy día desesperadamente evangelistas con el mismo tipo de corazón.

Segundo, Pablo afirma que si muchos judíos no creen, no es porque la palabra de Dios haya fracasado (9:6). En absoluto: nunca se estableció que todos los hijos de Abraham serían incluidos en el pacto. Dios especificó que la línea sería a través de Isaac, no de Ismael ni de los hijos de Cetura (9:7). Para decirlo de otra manera, sólo los “hijos de la promesa” se consideran descendientes de Abraham, no todos los hijos naturales (9:8). Más aún, Pablo ya les había recordado a sus lectores la promesa a Abraham de que por medio de su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra (4:16–17), no sólo los judíos.

Tercero, la defensa de estas proposiciones da un giro dramático. Dios coordinó una selección de entre los hijos de Abraham—no sólo en la generación de Abraham sino con respecto a los hijos de Isaac (9:8–13)— “y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras sino al llamado de Dios” (9:11–12). Nada deja más claro la supremacía de la gracia que la doctrina de la elección. Dios no tenía que salvar a nadie. Si salvaba a uno, sería un gran acto de gracia. Aquí salva a una inmensa cantidad de personas culpables, sólo por su gracia, teniendo compasión de quien él quiera (9:15), pues tal es su derecho (9:16–24).

Cuarto, las Escrituras del Antiguo Testamento habían previsto que un día el pueblo de Dios dejaría de estar limitado a la raza judía (9:25–26).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 231). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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