Lo que perdimos cuando dejamos de usar nuestros himnarios

Lo que perdimos cuando dejamos de usar nuestros himnarios

 Tim Challies

No creo que debamos volver a usar himnarios. Pero creo que vale la pena considerar lo que perdimos cuando, en el transcurso de un período relativamente corto de tiempo, dejamos los himnos para comenzar con la proyección a través del PowerPoint. No todos nosotros, hay que decirlo, pero si la mayoría de nosotros. Vale la pena considerarlo porque nos muestra lo que perdemos cuando cambiamos de un medio a otro, y especialmente cuando lo hacemos de manera rápida y sin la debida consideración.

Si regresáramos en el tiempo veinte o treinta años, observaríamos que la mayoría de las iglesias tenían himnarios. Tenían himnarios porque era la mejor manera de proporcionar a cada miembro de la congregación una copia de las canciones. Lo oirías en cada iglesia: “Abran sus himnarios en el himno número 154 …” Pero entonces los himnos se fueron por la vía de la extinción y en lugar de eso comenzamos a mirar las palabras proyectadas en una pantalla. A continuación, algo de lo que perdimos por el camino.

Hemos perdido un repertorio establecido de canciones.

Los himnarios comunicaban la idea de que una iglesia tenía una colección establecida de canciones. Esto, a su vez, comunicó que sus canciones fueron examinadas cuidadosamente y añadidas a su repertorio sólo después de una cuidadosa consideración. Después de todo, las grandes canciones no se escriben todos los días y su valor sólo se demuestra con el tiempo. Por lo tanto, los nuevos himnos serían elegidos cuidadosamente y agregados a las nuevas ediciones del himnario solamente de manera ocasional. Las iglesias actualizarían sus himnarios y por lo tanto, su repertorio establecido de canciones, sólo una vez cada diez o quince años.

Hemos perdido un profundo conocimiento de nuestras canciones.

Cuando quitamos el himnario, adquirimos la capacidad de añadir nuevas canciones a nuestro repertorio siempre que encontrábamos una que consideramos digna. Y aún lo hacemos, añadimos canciones nuevas todo el tiempo. A medida que añadimos nuevas canciones con mayor regularidad, cantamos las canciones antiguas con menos frecuencia. Esto reduce nuestra familiaridad con nuestras canciones al punto de que hoy las tenemos mucho menos fijadas en nuestras mentes y corazones. Pocas congregaciones podrían cantar incluso los himnos más conocidos sin una pantalla y con el PowerPoint.

Hemos perdido la capacidad de hacer armonías.

La himnología creció en un momento en que los instrumentos de música se sentaban en el último asiento dándole el primer lugar a la voz. Los himnos fueron escritos con mayor frecuencia para que pudieran ser cantados a capela o con instrumentación mínima. Por esta razón, los himnarios casi invariablemente incluían la música para la melodía y las armonías y las congregaciones aprendieron a cantar las distintas partes. La pérdida del himnario y, asociado a ello, el aumento de las bandas de música en el culto han reducido nuestra capacidad de armonizar y de esa manera, cantar al máximo de nuestras capacidades.

Hemos perdido la capacidad de cantar con habilidad.

Como las congregaciones han perdido el conocimiento de sus canciones, también han perdido la capacidad de cantar bien. Tendemos a compensar nuestras canciones mal cantadas subiendo el volumen del acompañamiento musical. La pérdida de la voz ha dado lugar a la ganancia del amplificador. Esto ha llevado a que nuestra música esté dominada por unos pocos instrumentistas y tal vez por un par de vocalistas con micrófonos mientras que la congregación más grande desempeña un papel escaso. De hecho, a menudo parece que todo lo que queremos de la congregación es su entusiasmo.

Hemos perdido la capacidad de tener las canciones en nuestros hogares.

Por lo general, los himnarios vivían en la iglesia, descansando de lunes a sábado en los pequeños receptáculos en la parte posterior de los bancos. Pero la gente también compró el suyo propio y los llevó a su casa para que la familia pudiera tener ese repertorio establecido de canciones allí también. Las familias solían cantar juntos como parte de su culto familiar. Es fácil imaginar una familia cantando “Estoy bien con mi Dios” después de cenar juntos, pero casi imposible imaginarlos cantando, “Océanos”.

Probablemente es demasiado tarde para volver al himnario. No estoy del todo convencido de que debamos hacerlo. Pero todavía vale la pena considerar lo que perdimos en el camino y cómo el canto congregacional ha sido completamente transformado por lo que puede parecer haber sido un cambio simple y práctico en los medios de comunicación. Ese pequeño cambio del libro a la pantalla lo cambió casi todo.

Tim Challies

Es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 4,625 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de tres niños. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

18 de agosto

«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

Marcos 15:23

Una verdad de oro está implícita en el hecho de que el Salvador apartara de sus labios el vino mezclado con mirra. El Hijo de Dios estuvo en las alturas desde el principio y, al mirar desde allí a nuestro mundo, midió como Salvador su profundo descenso a las honduras de la desdicha humana. Calculó la suma total de todas las angustias que la expiación requería, no descontando nada; y solemnemente llegó a la conclusión de que para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino desde lo más alto hasta lo más bajo: desde el Trono de la augusta gloria hasta la cruz de profundo dolor. Aquella copa de mirra, con su efecto soporífero, le habría detenido a corta distancia del límite extremo de su sufrimiento; por eso la rehusó. Él no quería dejar de sufrir nada de todo aquello que se había propuesto sufrir por los suyos. ¡Ah, cuántos de nosotros hemos ansiado vehementemente un alivio de nuestros dolores, alivio que nos hubiese resultado perjudicial! Lector, ¿nunca has rogado con impaciente y porfiada avidez que Dios te librara de la dura servidumbre o del sufrimiento? La Providencia te quitó de golpe el deseo de tus ojos (cf. Ez. 24:16). Di, cristiano ¿qué hubiera pasado si se te hubiese dicho: «Si así lo quieres, ese ser amado vivirá; pero Dios no será glorificado con ello»? ¿Habrías en ese caso rechazado la tentación y dicho: «Sea hecha tu voluntad?». ¡Ah!, es agradable poder decir: «Señor mío, aun cuando por otras razones no desee sufrir, sin embargo, si con el sufrimiento y con la pérdida de aquello que me es querido puedo glorificarte más, entonces que así se haga. Rehúso el consuelo si este obstruye el camino a tu glorificación». ¡Ojalá podamos andar más en las pisadas de nuestro Señor, soportando alegremente las pruebas por su causa, desechando pronto y voluntariamente el pensar en nosotros mismos y en el consuelo, cuando este no nos permita terminar la obra que él nos ha encargado hacer. Mucha gracia necesitamos para ello; pero también se nos proporciona mucha gracia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 241). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un “lugar de disturbio”

18 Agosto 2017

Un “lugar de disturbio”
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

Tengo un lugar donde ocurre un «disturbio». Se encuentra en mi estómago. Está en la parte superior izquierda, un poquito más abajo de la caja torácica. Cuando ocurren cosas perturbadoras, cuando se dicen palabras nebulosas, cuando se escriben ciertas cartas que contienen palabras feas o se leen comentarios extremadamente críticos, empiezo a sentir una agitación interna. ¿Le pasa a usted algo similar?

Un amigo mío dice que a él lo que le afecta es la cabeza, especialmente la frente. Otro me dijo que su «lugar de disturbio» reside en la parte de atrás de su cuello. La mayoría de las personas que conozco tienen una región particular donde ocurren esas molestias causadas por:

Malas noticias
Conflicto personal
Recibos sin pagar
Problemas legales
Reparaciones costosas
Decisiones difíciles
Fechas límites imposibles de satisfacer
Un pecado sin resolver

Para mí es muy reconfortante saber que el himnario inspirado de Dios no omite el afán del conflicto interno. Siendo algo tan común, me parecería extraño que un tema así no fuese mencionado. Pero antes de develar algunas de las connotaciones más prácticas, observemos algunos de los antecedentes de los salmos 42 y 43.

El cancionero antiguo de las Escrituras se organiza en cinco divisiones o «libros».

Libro 1: Salmos 1 -41
Libro 2: Salmos 42 -72
Libro 3: Salmos 73 -89
Libro 4: Salmos 90 -106
Libro 5: Salmos 107 -150

La última canción de cada libro concluye con un «amén» o alguna otra forma de doxología. La última canción, el Salmo 150, se puede decir que es una doxología ampliada cuyo clímax estalla en alabanza.

Se han dado toda clase de sugerencias para explicar por que estas canciones antiguas se dividieron en cinco libros. La tradición judía explica que este arreglo es una reflexión consciente del Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento.

Un Midrash (comentario) que proviene desde el periodo talmúdico sugiere:

Así como Moisés dio cinco libros de la ley a Israel, David también dio cinco libros o salmos a Israel: el libro de los salmos titulado, Bienaventurado es el hombre (Salmo 1: 1); el libro titulado, Para el líder: Masquil (Salmo 42: 1); el libro, Un Salmo de Asaf (Salmo 73: 1); el libro, Una oración de Moisés (Salmo 90: 1) y el libro, El redimido del Señor lo dice (Salmo 107: 2). 6

Siendo realistas, nadie sabe con seguridad por que los salmos fueron divididos así. No obstante, no creo que sea ninguna coincidencia que el Salmo 42 y el Salmo 43 sirven de introducción para el libro 2. Quiero sugerir que estos dos salmos deben ser vistos como una unidad.

Dos aspectos me ayudaron a tomar esa posición. Primero, el Salmo 43 no tiene un título y si observa con detenimiento el primer versículo, este no funciona como introducción. Además, es el único salmo del libro 2 que no tiene título. Eso me hace creer que fluye de manera natural de la canción anterior (recuerde que las divisiones de capítulos y versículos fueron añadidos a la Escritura en siglos posteriores. La Palabra de Dios es inspirada, no así la puntuación o las divisiones de capítulos o párrafos).

Segundo, una frase que se repite dos veces en el Salmo 42  también aparece en el Salmo 43. Salmo 42:5, 11 y Salmo 43:5:

¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar.

Esta frase idéntica que aparece en esos tres versículos me hace creer que estas dos canciones eran en realidad una sola y contienen el mismo tema. Ahora note el título que aparece antes de versículo 1 del Salmo 42: «Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré». Recuerde que la designación Masquil significa que la canción fue diseñada para proveer perspectiva y sabiduría al enfrentarse a ciertas situaciones. En el Salmo 32, la situación tiene que ver con una conciencia atormentada.

¿Cual es la situación en estas dos canciones? La frase que mencionamos anteriormente y que  se repite tres veces nos dice claramente que la situación es de desesperación y perturbación interna. En otras palabras, estas dos canciones han sido reservadas para proveerle al lector sabiduría y perspectiva sobre cómo enfrentar los «días tristes», cómo enfrentar el viejo afán del conflicto interno.

Afirmando el alma
¿Dónde reside su «lugar de disturbio»? Normalmente, ¿qué es lo que hace que su interior se agite? ¿Cómo reacciona cuando ocurre el tumulto interno y que hace para tratar de encontrar alivio? Si en este momento no se acuerda, la próxima vez que el conflicto interno le cause volver al «lugar de disturbio», anótelo en un papel. Puede ser una buena idea escribir un diario sobre la experiencia.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Un cuento de hadas peligroso para futuras esposas

Un cuento de hadas peligroso para futuras esposas

De niñas pudimos haber pretendido ser una damisela en problemas- secuestrada por un dragón que escupe fuego, y salvadas por un caballero de armadura brillante. Crecemos y dejamos de pretender, pero como mujeres todavía tendemos a inclinarnos por libros y películas románticas.

Lo que más nos gusta de un cuento de hadas romántico es el final feliz. No importa los altos y bajos, el chico y la chica siempre llegan al final y alcanzan la felicidad romántica. Es tan nítido, limpio y perfecto. Sin embargo, los libros y películas románticas son sólo pretensiones. Sus historias nos entregan un cuento de hadas moderno: el sueño americano que viene con una carrera exitosa, dos hijos (un niño y una niña, por supuesto), un esposo fiel y devoto, buena salud, y una abundancia de riquezas y posesiones materiales.

¿Pero qué sucede cuando la realidad no se alinea con nuestras esperanzas y sueños? ¿Y qué tal si la verdadera historia de nuestra vida y matrimonio nos decepcionan? ¿Es nuestro caballero de armadura brillante el que pensamos que era cuando nos casamos con él? ¿Puede él salvarnos del dragón?

Los casados no han llegado

El problema con trasladar un cuento de hadas a nuestra vida personal es nuestras expectativas poco realistas. Queremos el final feliz en nuestra propia vida, y creemos que el matrimonio será esa bendición. Esperamos el final feliz – a veces incluso lo exigimos. Todas tenemos una historia romántica en la cabeza de cómo sería la vida de casada, pero con el tiempo vamos a descubrir que este mundo de fantasía no se corresponde con la realidad. Nuestros nobles y frágiles sueños y esperanzas se rompen. Somos lastimadas y confundidas por el pecado de nuestro esposo (y por los nuestros). Nunca nos dimos cuenta de que el matrimonio podría ser tan difícil.

Nos encantan los libros y películas románticas – el cuento de hadas – porque nuestra propia vida amorosa puede ser una decepción. Tontamente pensamos que por fin hemos “llegado a la meta” cuando pasamos de solteras a casadas.  Pero Dios sabe que apenas hemos comenzado. Tenemos que empezar a ver el matrimonio a través de un género diferente: una película de guerra.

Bodas en tiempos de guerra

Todos necesitamos una mentalidad de tiempo de guerra en el campo de batalla del matrimonio. Cuando vamos más allá de las decisiones del vestido de novia, las flores y las opciones de comida, enfrentamos las decisiones diarias de vivir nuestros votos matrimoniales. La dulce dicha romántica probada en nuestro día de bodas es una parte real del matrimonio – temporadas y momentos que deben ser atesorados – pero son las duras batallas peleadas y ganadas con la gracia que sustentan un matrimonio.

Ya sea que estemos conscientes de ello o no, la batalla comienza, no termina, cuando hacemos nuestros votos. Nuestros deseos pecaminosos se levantarán como un dragón que escupe fuego por la boca. Satanás lanzará su granada de mentiras a nuestros pies. Tendremos que cuidar dónde pisamos para que no activemos las bombas explosivas ocultas en nuestros propios hogares. Muchas veces son nuestras expectativas poco realistas en el matrimonio que nos ciegan para ver las balas que están volando a nuestro alrededor. Hay que dejar al lado el cuento infantil de hadas y pedir a Dios que nos abra los ojos ante la guerra espiritual en nuestro matrimonio, la batalla en la que debemos luchar por fe.

La esperanza de Satanás para tu matrimonio

Satanás quiere destrozar la imagen hermosa del Evangelio en el matrimonio: la representación del amor sacrificial de Cristo por su novia, la iglesia. El enemigo no se detendrá ante nada para destruir cualquier imagen o reflejo de Cristo en este mundo. Él sabe que las expectativas irreales en el matrimonio podrían ayudarlo para matar lo que Dios ama. Entonces, trata de engañarnos minimizando la intención de Dios para el matrimonio.

Satanás quiere que pensemos que el matrimonio es para satisfacer nuestras necesidades y deseos no realizados, vivir el sueño que se vende en las novelas románticas, tachar algo de la lista, o, finalmente, conseguir estabilizar nuestras vidas. Él poco a poco, suavemente nos va adormeciendo hacia un sueño apático para que nos conformemos con menos. Debemos despertar y ver cómo nuestras expectativas irreales establecen un estándar demasiado bajo. Nuestros deseos son demasiado pequeños cuando ponemos nuestra mayor esperanza en nuestro esposo o en el matrimonio mismo. Nuestras expectativas deben aumentar a medida que Dios utiliza nuestras expectativas insatisfechas – y la decepción y el daño resultantes – para guiarnos hacia Él mismo. El matrimonio es un camino que nos lleva hacia un destino mayor: Dios mismo.

Una historia de amor más grande que el matrimonio

Ya ves, realmente deseamos el cuento de hadas en vez de la película de guerra, porque en el fondo sabemos que es verdad. Sabemos que hay un caballero de armadura brillante que va a matar al dragón por nosotros, que va a superar todos los obstáculos y ganar la guerra, que nos buscará en nuestra dificultad y nos salvará. Como el príncipe de Blanca Nieves, cuyo beso trajo a la princesa de vuelta a la vida, Dios nos da el beso divino de la vida a través de Jesús.

Nuestro caballero de armadura brillante es un carpintero de Belén; y Él nunca nos decepciona. Creemos que nuestro matrimonio está diseñado para acomodarnos a nosotros y a nuestros pequeños deseos terrenales, pero nuestros matrimonios son realmente parte de una historia más grande que Dios está contando a través de su Hijo.  Nuestras expectativas deben ser moldeadas mientras atesoramos a Cristo. Sólo entonces podremos dejar de pretender y entonces accionar en una mentalidad de tiempo de guerra hacia el matrimonio.


Una publicación original de DesiringGod.org | Traducido al Español por Alicia Ferreira de Díaz

¿Qué significa para los cristianos ser “más que vencedores”?

18 AGOSTO

1 Samuel 10 | Romanos 8 | Jeremías 47 | Salmos 23–24

¿Qué significa para los cristianos ser “más que vencedores”? (Romanos 8:37) Una cantidad considerable de personas lo entienden como un grupo especial de cristianos ilustres que viven como si nada les afectara, poderosos al combatir la tentación, victoriosos en sus vidas de oración, fructíferos en su testimonio, maduros y fieles en sus relaciones. Pero el texto no dice nada de eso.

Primero, cuando el apóstol afirma que “somos”, se refiere a todos los cristianos. Dios ha conocido de antemano a todos los cristianos y “los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo”; los llamó, los justificó y los glorificó (8:29–30). El pueblo al que se refiere no son una élite de entre los elegidos; son los cristianos ordinarios, todos los cristianos genuinos.

Segundo, la evidencia de que son “más que vencedores” es que perseveran a pesar de toda oposición. Esta podría tomar la forma de la horrible persecución que describe la Escritura (8:35–38). Puede ser otro tipo de dificultad, incluso el hambre misma. Las glorias de la vida no acabarán por seducirlos; los terrores de la muerte no los desviará por completo; ni las presiones del presente ni las frustraciones del futuro los destruirán (8:38). Ni poderes humanos ni ninguna otra cosa en toda la creación, ni siquiera todos los poderes del infierno desencadenados, nos podrán “separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (8:39).

Tercero, esa última oración lo deja claro: los cristianos no pueden ser separados del “amor de Cristo” (8:35) o el amor de Dios en Cristo (8:39). En cierto aspecto, por supuesto, esto es simplemente decir que ningún poder puede evitar que los cristianos sean cristianos. Por esto somos “más que vencedores”. Pero ese asunto se podía presentar de muchas maneras. Elegir esta forma, con el énfasis en el amor de Cristo como aquello de lo cual no podemos separarnos, nos recuerda la absoluta gloria y el placer que es nuestro, tanto ahora como en la eternidad, por estar en ese tipo de relación. No meramente somos absueltos; somos amados. No somos amados por uno igual a nosotros, sino por Dios mismo. Esto tampoco se refiere al amor general que Dios le tiene a toda su creación. Lo que aquí está en juego es ese amor especial que se aferra a todos “los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (8:28).

Cuarto, la garantía de prevalecer, perseverar y mostrar ser “más que vencedores” en este sentido no es más que los propósitos soberanos de Dios (8:29–30), manifestados en la muerte de su Hijo por nosotros (8:31–35). “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?” (8:32). No es posible imaginar una seguridad mayor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 230). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El que camina en su rectitud teme al Señor.

Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Hebreos 4:13

Hablad verdad.

Efesios 4:25

El que camina en su rectitud teme al Señor.

Proverbios 14:2

Ser verdadero

El Señor Jesús, quien sabe hablar con dulzura y ternura, a veces empleó palabras que nos parecen duras. Incluso trató de hipócritas a ciertos hombres religiosos. Su meta era descubrir el estado moral de ellos para que tomaran conciencia de su propia maldad.

La palabra “hipócrita” utilizada por el Señor es originaria del lenguaje teatral antiguo. Significaba “actor” y describía, por extensión, una persona que al representar un papel, mostraba un rostro que no era el suyo. La hipocresía es, pues, una mentira que puede manifestarse tanto en el comportamiento como en las palabras.

Amigos cristianos, se puede ser hipócrita sin darse cuenta de ello. Por debilidad o cobardía se corre el riesgo de mentirse a sí mismo tanto como a los demás. Jesús, quien es “la verdad” (Juan 14:6), mostró mucha energía para denunciar la hipocresía.

Evitemos pronunciar frases estereotipadas que no correspondan a nuestra convicción o a nuestro pensamiento. Seamos rectos, reconozcamos nuestros temores, dudas y debilidades. Mostrémonos tales como somos, frente al Señor y ante nuestros semejantes, sin ambigüedad ni rodeos.

Jesús, hombre perfecto a quien se le preguntaba: “¿Tú quién eres?”, pudo responder: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25). Verdaderamente su pensamiento no iba más allá de su palabra (Salmo 17:3).

Pidámosle la fuerza moral para poner en práctica lo que sabemos que es verdad.

2 Crónicas 3-4 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

La reacción ante los falsos profetas

Devocional Diario

La reacción ante los falsos profetas

8/17/2017

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. (Mateo 7:15)

En la breve carta de Judas a los creyentes, el apóstol advierte categóricamente contra los falsos profetas y nos dice cómo reaccionar ante ellos. “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21). Nuestra primera reacción ante la falsa enseñanza es sencillamente estar en armonía con Dios, estar seguros de que estamos en comunión con Él y recibir su bendición y su poder. Entonces podemos convencer “a algunos que dudan” (v. 22). Los creyentes que dudan de su fe por culpa de los falsos maestros necesitan que se les aliente.

Otra reacción necesaria pudiera ser salvar a otros, “arrebatándolos del fuego” (v. 23). Hay que rescatar a los incrédulos que van rumbo al infierno por oír falsas enseñanzas antes de que sea demasiado tarde.

Por último, Judas presenta una tercera reacción ante los falsos profetas: “De otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (v. 23). A veces debemos confrontar a los falsos profetas y a sus seguidores, haciéndolo con una especial dependencia del Señor y teniendo el cuidado de no contaminarnos con sus falsas enseñanzas.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
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Lo que significa bendecir al Señor

AGOSTO, 17

Lo que significa bendecir al Señor

Devocional por John Piper

Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. (Salmos 103:1)

El salmo empieza y termina con el salmista predicándole a su alma que bendiga al Señor—y también a los ángeles y a los ejércitos celestiales y a las obras de las manos de Dios—. El salmo está asombrosamente enfocado en bendecir al Señor. ¿Qué significa bendecir al Señor? Significa hablar bien de su grandeza y bondad.

Lo que David hace en el primer versículo y en los últimos, donde dice «bendice, alma mía, al Señor», es decirnos que hablar de la bondad de Dios y su grandeza debe venir desde el alma.

Bendecir a Dios con la boca pero sin el corazón sería hipocresía. Jesús dijo: «Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí» (Mateo 15:8). David conocía este peligro y se predicaba a sí mismo para que esto no sucediera.

Ven, alma mía, mira la grandeza y la bondad de Dios. Acompaña a mi boca, y alabemos al Señor con todo nuestro ser.


Devocional tomado del sermón“Bendice, alma mía, al Señor” 

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Esta enfermedad no es para muerte».

17 de agosto

«Esta enfermedad no es para muerte».

Juan 11:4

De las palabras de nuestro Señor aprendemos que hay un límite para la enfermedad. Aquí tenemos un «para» dentro del cual se inscribe el último término de la misma y más allá la enfermedad no puede llegar. Lázaro pudo traspasar la muerte, pero la muerte no tenía que ser el ultimátum de su enfermedad. En toda enfermedad, el Señor dice a las olas de dolor: «Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante» (Job 38:11). Su propósito permanente no es la destrucción sino la instrucción de los suyos. La sabiduría cuelga el termómetro a la puerta del horno y regula el calor.

1. El límite es alentadoramente amplio. El Dios de la providencia ha limitado el tiempo, el modo, la intensidad, la repetición y los efectos de todas nuestras enfermedades. Todo latido ha sido decretado por él; toda hora de insomnio, predestinada; toda recaída, ordenada; toda depresión de ánimo, prevista; y todo resultado santificador, designado desde la eternidad. Nada grande o pequeño escapa a la mano organizadora de Aquel que cuenta los cabellos de nuestras cabezas.

2. Este límite está sabiamente ajustado a nuestras fuerzas, al fin designado y a la gracia distribuida. La aflicción no viene por accidente; la intensidad de cada golpe de la vara está cuidadosamente medida. El que no cometió errores al diferenciar las nubes y medir los cielos, tampoco se equivocará midiendo los ingredientes que componen la medicina de las almas. No podemos sufrir más de la medida ni recibir demasiado tarde el alivio.

3. El límite está cariñosamente fijado. El bisturí del Médico celestial nunca corta más profundamente de lo que es absolutamente necesario: «No aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres» (Lm. 3:33). El corazón de una madre clama: «Conservadme a mi hijo». No obstante, ninguna madre es más compasiva que nuestro bondadoso Dios. Cuando consideramos lo duros de boca que somos, nos admira que no se nos guíe con un freno más áspero. Este pensamiento está cargado de consuelo: el que ha fijado los límites de nuestra habitación, ha establecido también los linderos de nuestra tribulación.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 240). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Confiese su pecado y quede limpio

17 Agosto 2017

Confiese su pecado y quede limpio
por Charles R. Swindoll

Salmos 32

Nadie puede decirme que la Escritura, aunque fue escrita hace más de dos mil años, ha dejado de ser relevante en la actualidad. El poema de David es hermoso y práctico. Una vez que celebró la fidelidad de Dios y reconoció la dificultad de la confesión, él amonesta al lector para que deje su arrogancia.

Aplicación para cada creyente

No sean sin entendimiento
como el caballo o como el mulo,
cuya boca ha de ser frenada con rienda y freno;
de otro modo, no se acercan a ti”.
Muchos dolores tendrá el impío;
pero la misericordia cercará al que espera en el Señor.
Oh justos, alégrense en el Señor y gócense;
canten con júbilo todos los rectos de corazón.
David resume todas las lecciones en tres fuertes exhortaciones:

Primero, no sea obstinado (v. 9). En lo que respecta a enfrentarse al pecado, no sea como el mulo o el caballo. ¡Ríndase a Dios! Manténgase integro ante el Señor. No permita que la maldad crezca en su vida. Deje de distanciarse de Dios.

Segundo, decídase ahora (v. 10). Al leer estas palabras concluyentes, usted notará dos senderos: el sendero del impío, el cual trae «muchos dolores» y el camino del justo, el cual trae «misericordia». Considere el destino de cada sendero y tome una decisión (dice el compositor).

Tercero, manténgase recto (v. 11). Detenga la caída al pecado lúgubre y dañino manteniendo un caminar recto. El término hebreo que se utiliza en el texto para la palabra, «justo» tiene que ver con un trato honesto ante Dios y ante los demás. Describe a alguien que no tiene nada que esconder. Un pastor amigo mío solía describir esta clase de conducta como una conducta «limpia y pura». Una persona así busca ser justo en cada contrato, cada transacción y cada decisión que haga ya sea en público o en privado.

Allí no hay secretos. Una transparencia completa. Si usted está buscando los pastos verdes, sólo los encontrará si usted vive honestamente con su Señor. Manténgase recto. La gracia de Dios puede ayudarle.

Él ha planeado una vida para sus hijos que resulta en paz interna, fortaleza externa y optimismo. Pero somos pecadores y con frecuencia decidimos caminar a nuestra manera. Aun cuando él prefiere que no pequemos, Dios está dispuesto a perdonarnos y guiarnos a través de la recuperación y la restauración. Él nos perdonará y nos restaurará si nos arrepentimos completamente; o sea,  si confesamos nuestro pecado y buscamos que él nos limpie.

Afirmando el alma
Anteriormente, le pedí que escribiera una confesión completa de su pecado; que se la presentara a Dios en oración y que luego se la confiara a un consejero cristiano. Ahora, escriba acerca del futuro que tendría si fuese liberado de la tiranía de una conciencia acusadora. Describa su relación con Dios y con sus amados. Describa la libertad y el gozo que usted experimentaría. Luego, presénteselo a Dios como una petición sincera.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.