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«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

18 de agosto

«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

Marcos 15:23

Una verdad de oro está implícita en el hecho de que el Salvador apartara de sus labios el vino mezclado con mirra. El Hijo de Dios estuvo en las alturas desde el principio y, al mirar desde allí a nuestro mundo, midió como Salvador su profundo descenso a las honduras de la desdicha humana. Calculó la suma total de todas las angustias que la expiación requería, no descontando nada; y solemnemente llegó a la conclusión de que para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino desde lo más alto hasta lo más bajo: desde el Trono de la augusta gloria hasta la cruz de profundo dolor. Aquella copa de mirra, con su efecto soporífero, le habría detenido a corta distancia del límite extremo de su sufrimiento; por eso la rehusó. Él no quería dejar de sufrir nada de todo aquello que se había propuesto sufrir por los suyos. ¡Ah, cuántos de nosotros hemos ansiado vehementemente un alivio de nuestros dolores, alivio que nos hubiese resultado perjudicial! Lector, ¿nunca has rogado con impaciente y porfiada avidez que Dios te librara de la dura servidumbre o del sufrimiento? La Providencia te quitó de golpe el deseo de tus ojos (cf. Ez. 24:16). Di, cristiano ¿qué hubiera pasado si se te hubiese dicho: «Si así lo quieres, ese ser amado vivirá; pero Dios no será glorificado con ello»? ¿Habrías en ese caso rechazado la tentación y dicho: «Sea hecha tu voluntad?». ¡Ah!, es agradable poder decir: «Señor mío, aun cuando por otras razones no desee sufrir, sin embargo, si con el sufrimiento y con la pérdida de aquello que me es querido puedo glorificarte más, entonces que así se haga. Rehúso el consuelo si este obstruye el camino a tu glorificación». ¡Ojalá podamos andar más en las pisadas de nuestro Señor, soportando alegremente las pruebas por su causa, desechando pronto y voluntariamente el pensar en nosotros mismos y en el consuelo, cuando este no nos permita terminar la obra que él nos ha encargado hacer. Mucha gracia necesitamos para ello; pero también se nos proporciona mucha gracia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 241). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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