El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

OBEDECER POR AMOR

9/28/2017

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

1 Timoteo 1:5

El guardar un mandamiento debe surgir de un corazón amoroso. Es posible obedecer la ley por temor y tener miedo del castigo de Dios. Pero cuando se hace eso, en realidad no se obedece la ley de manera absoluta porque el temor no es el motivo bíblico de la obediencia. El temor puede hacer que usted se abstenga de hacer algo malo y su efecto puede ser bueno, pero su resultado es incompleto.

Algunos guardan la ley por interés egoísta. Creen que si llevan una vida moral, Dios los recompensará. Pero ese no es un motivo puro para la obediencia; es egoísta. Aunque pudiera abstenerse de hacer lo malo y hacer exteriormente cosas buenas, no tendrá usted una obediencia que resulta de una actitud de amor. El verdadero propósito de la ley es cultivar el amor de corazón. Así es que se cumple la ley.

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Nuestro bien es su gloria

SEPTIEMBRE, 28

Nuestro bien es su gloria

Devocional por John Piper

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6:6)

Una objeción común que se le hace al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios —pone mi felicidad por encima del honor de Dios—. Pero el hedonismo cristiano se opone categóricamente a esta postura.

Es cierto que nosotros, los hedonistas cristianos, vamos en pos de nuestros intereses y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Nos adherimos a la resolución del joven Jonathan Edwards: «Resuelvo: esforzarme para obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, haciendo uso de todo el poder, la fuerza, el vigor, la vehemencia, incluso la violencia, que sea capaz de ejercer, en todas las formas imaginables».

No obstante, hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que Dios está interesado en magnificar la plenitud de su gloria derramándola en forma de misericordia por nosotros.

Por lo tanto, la búsqueda de nuestros intereses y nuestra felicidad nunca está por sobre los de Dios, sino en los de Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor deseo de Dios es glorificar las riquezas de su gracia haciendo que los pecadores sean felices en él. ¡Sí, en él!

Cuando nos humillamos como niños pequeños, sin aires de autosuficiencia, sino corriendo felices al gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestros intereses y su gloria son un mismo objetivo.

Por consiguiente, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por sobre la gloria de Dios al buscar la felicidad en él.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 159-160

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«Vuelve siete veces»

28 de septiembre

«Vuelve siete veces».

1 Reyes 18:43

Cuando el Señor lo ha prometido, el éxito está asegurado. No es posible que el Señor desoiga el angustioso clamor de su pueblo por algo que atañe a su propia gloria, aunque hayan estado suplicando durante meses sin recibir respuesta. El Profeta continuó luchando con Dios sobre la cumbre del Carmelo y nunca, ni por un momento, temió que en la Corte celestial le fuese a ser denegada su petición. Seis veces volvió el siervo de Elías, pero tras ninguna de ellas se le dijeron otras palabras más que estas: «Vuelve otra vez». No debemos vacilar incrédulamente, sino que hemos de aferrarnos a nuestra fe hasta setenta veces siete. La fe envía a una expectante esperanza a que mire desde la cumbre del Carmelo; y, si esta no ve nada, la envía una y otra vez a hacer lo mismo. Lejos de amilanarse por las frecuentes decepciones sufridas, la fe se siente alentada a interceder más fervorosamente en la presencia de Dios. Se humilla, pero no se avergüenza. Sus gemidos son más profundos y sus suspiros más vehementes, pero no deja de aferrarse ni detiene su mano. A la carne y a la sangre le sería agradable poder conseguir una pronta respuesta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas y a considerar un bien tanto el esperar al Señor como el esperar en él. Las respuestas que se demoran hacen, a menudo, que el corazón se examine a sí mismo y se vea guiado a la contrición y a la reforma espiritual. De esta manera, los golpes mortales caen sobre nuestra maldad y las cámaras de nuestra imaginería resultan purificadas. El gran peligro es que los hombres desmayen y pierdan la bendición. Lector, no caigas tú en este pecado: sigue orando y velando. Finalmente, apareció en el cielo una pequeña nube como segura precursora de abundantes lluvias. Así acontecerá también contigo: la «señal para bien» se te concederá sin duda, y te levantarás como un príncipe que ha prevalecido a fin de gozar de la gracia que has demandado. «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras» (Stg. 5:17), así que su poder para con Dios no residía en sus méritos. Si la oración de fe le fue a él de tanta ayuda, ¿por qué no lo ha de serlo para ti la tuya? Invoca la preciosa sangre con incesante importunidad y te será hecho como deseas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 282). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Honestidad y pureza

28 Septiembre 2017

Honestidad y pureza
por Charles R. Swindoll

Salmos 101

El Salmo 101 presenta cuatro cualidades que un creyente debe tener para poder discernir su propósito divino. La confusión abunda cuando no existen estas cuatro virtudes para aclarar la visión de un individuo. Después de describir el honor y la integridad, la canción continúa con otras dos cualidades piadosas: la honestidad y la pureza.

Honestidad

No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían. Ella no se me pegará (v. 3).

David, siendo el rey, tenía el poder político para exigir cualquier agenda y luego comprometer los recursos de toda la nación para lograr su objetivo. Saúl, su predecesor, utilizó su influencia política, la riqueza de la nación y el poderío del ejército israelí para perseguir a David, la persona que Dios había ungido como rey. David, sin embargo, toma la determinación de evitar cualquier ambición indigna. Hacerlo significaría para él, «desviarse» de su comunión con Dios. Además, decidió «aborrecer» los logros de aquellos que se «desvían».

En el Oriente Antiguo, aborrecer algo significa rechazarlo para aceptar algo más. Por ejemplo, Génesis 29 nos cuenta la historia de las dos esposas de Jacob y como el «amaba» a Raquel pero «aborrecía» a su hermana Lea.  El término solamente indica que Jacob favorecía a una por encima de la otra. No significa que él odiaba a Lea. Después de todo, él había tenido varios hijos con ella. La idea, entonces del versículo 3 del Salmo 101 es que David rechazaba las obras de los impíos, de esos que se desviaron de Dios y escogía el camino de Dios en su lugar.

Pureza

El corazón perverso será apartado de mí; no reconoceré al malo (v. 4).

David ya había tomado la resolución de ser un hombre de honor, de integridad y de honestidad. Ahora decide también ser un hombre de pureza. Esta tiene que ser una de las razones por las cuales Dios dijo que David era un «hombre conforme a su corazón». Son muy pocas las personas, ciertamente, las  que pueden decir lo que David decía en este cuarto versículo. El hijo de David, Salomón, también escribió acerca del valor de la pureza personal en Proverbios 11: 19-21:

Como la justicia es para vida,
así el que sigue el mal lo hace para su muerte.
Abominación le son al Señor los perversos de corazón,
pero los íntegros de camino le son agradables.
De ninguna manera quedará impune el malo,
pero la descendencia de los justos escapará.

No pase por alto la última parte de este pasaje. Una vida pura en realidad es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos. Dios tiene, por así decirlo, un plan de apartado sobre la pureza, una cuenta espiritual que usted establece ahora y que sus descendientes pueden aprovechar después.

El valor de una vida pura debe ser fundamental para todo cristiano. Tenemos una curiosidad sobre la perversidad y la maldad. No es que solo tengamos conocimiento de lo que es la maldad, sino que más bien nos sentimos atraídos a ella. Los noticieros sacan provecho de su interés enfatizando la maldad de nuestro mundo. Ellos se han dado cuenta que el interés público aumenta cuando se habla de actividades inmorales o impuras. David se dio cuenta, sin embargo, que un «corazón perverso» solo causaría el debilitamiento de su vida espiritual.

Mi esposa, Cynthia y yo conocemos a un joven que se estaba preparando para el ministerio. Este joven se casó con una chica que había sido rescatada de un pasado inmoral. Por varios años, ella había sido una prostituta en una gran ciudad. Durante esos años ella había experimentado la profundidad de la vergüenza. Gracias a una serie de eventos, ella escuchó el evangelio y se entregó a Cristo. Después de su conversión y su matrimonio con nuestro amigo ministro, ella se encontró con un ambiente totalmente nuevo. En vez de maldad, había pureza. En una ocasión, ella compartió con Cynthia acerca de esos ajustes y de lo difícil que era para ella olvidar su pasado. Ella quería hacerlo, pero la maldad encontraba formas de adherirse a su mente. Quizás esa es la razón por la cual David decidió «no reconocer al malo». Este mundo nos etiqueta de formas casi imposibles de borrar. Es mejor ser puro y no tener experiencia que estar cicatrizado por los recuerdos impuros que regresan a nuestra mente sin avisar.

Afirmando el alma

Si un investigador viniera a hacerle una auditoría acerca de sus finanzas o sus negocios, ¿qué quisiera usted que esa persona no descubra? Si su conciencia le molesta, ¿qué puede hacer para resolver este asunto? En términos de pureza, ¿qué influencia negativa o impura enfrenta usted de manera regular? ¿Qué puede hacer usted para crear un ambiente de pureza?

Una vida pura es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Cuál es el Propósito de … los Hijos?

¿Cuál es el Propósito de … los Hijos?

Por Tim Challies

Solía ​​ser tan sencillo. Nos casamos, luego tuvimos hijos. Es justo lo que hicimos. Pero entonces algo cambió, de modo que hoy tanto el matrimonio como el tener hijos se han vuelto opcionales, asuntos de preferencia. Innumerables millones están eligiendo retrasar el matrimonio o dejar pasarlo por completo. Muchos de los que deciden casarse deciden no tener hijos en absoluto. Ante estas nuevas realidades hacemos bien en preguntar: ¿Cuál es el propósito de los hijos? En la respuesta que sigue, no vamos a considerar los métodos de crianza de los hijos o proporcionar una explicación de por qué debemos criar a nuestros hijos de cierta manera. Más bien, haremos una pregunta mucho más fundamental: “¿Cuál es el propósito de tener hijos?” En el mundo de hoy, que con demasiada frecuencia se exalta a uno mismo y se descarta a los hijos como un inconveniente, esta es una pregunta que debemos hacer y responder.

Perspectivas Comunes de los Hijos

En la cultura occidental, el yo es el rey. Juzgamos los méritos de casi todo por el grado en que nos trae realización y progreso propio. Ralph Waldo Emerson dijo: “Es fácil vivir para los demás, todo el mundo lo hace. Te pido que vivas por ti mismo.” Y lo hemos hecho. La búsqueda de los sueños y el cumplimiento del potencial personal se ha convertido en nuestra máxima prioridad. Un reciente artículo de Forbes dice que en 2015, los Milenials gastaron casi el doble de auto-mejora que los Boomers, a pesar de que sus ingresos son sólo la mitad.

Esta cultura individualista tiene un profundo efecto en nuestra comprensión de los hijos.

Cuando el yo está en el centro, los niños son considerados como otro medio de autorrealización, uno que puede ser perseguido o rechazado de acuerdo a su preferencia personal. Los que eligen tener hijos lo hacen sólo cuando es conveniente; cuando están en un lugar estable en la vida, la relación y la carrera; y cuando la carga de tenerlos será lo más pequeña posible. No es de extrañar, entonces, que el porcentaje de mujeres entre 40 y 44 que nunca han tenido hijos se duplicó entre 1976 y 2006. Los hijos se han convertido en un accesorio opcional para una vida bien redondeada y exitosa. Muchas personas esencialmente creen que el propósito de los hijos es agregar valor a las vidas de sus padres.

Pero otros, trabajando desde la misma cosmovisión egocéntrica, llegan a una conclusión diferente. Reconociendo la carga financiera, física y emocional de tener hijos, concluyen que los hijos no pueden agregar valor a la vida de sus padres. Si el progreso propios es la prioridad más alta, y los hijos nos impiden alcanzar nuestro pleno potencial, entonces la conclusión natural es que no debemos tenerlos. En un artículo en el New York Times , Anna Goldfarb explica las razones por las que ha optado por no tener hijos: “Apreciamos nuestro estilo de vida flexible, los hijos consumen mucho tiempo y son caros, los costos del cuidado infantil son prohibitivos y todos tenemos grados variables de ansiedad acerca de nuestro futuro.” ¿Por qué dar el salto cuando tantos aspectos de la paternidad se sienten tan arriesgados?”

En el primer punto de vista, los hijos son un accesorio para la buena vida y aquellos que optan por tener que hacerlo debido a la sensación de cumplimiento que obtendrán de ser padres. En la segunda perspectiva, los hijos son un obstáculo para la buena vida, un obstáculo para alcanzar el máximo potencial. Lamentablemente, incluso los cristianos no son inmunes a estas maneras de pensar acerca de los hijos. Muchos dentro de la iglesia han adoptado deliberadamente o inadvertidamente el énfasis de la cultura en la realización personal.

¿Qué Dice la Biblia Acerca de los Hijos?

La Biblia deja claro que Dios espera que los seres humanos se casen y tengan hijos. Aunque algunos elegirán honrar a Dios a través de la soltería (como el Hijo de Dios mismo), aunque algunos quieran casarse, pero no pueden encontrar un cónyuge, y aunque algunas parejas no podrán tener hijos, la expectativa general de Dios es que las personas engendrarán más personas. Al Mohler dice: “A las parejas no se les da la opción de no tener hijos en la revelación bíblica. Por el contrario, se nos ordena recibir a los niños con gozo como dones de Dios, y criarlos en la disicplina y amonestacion del Señor. Debemos encontrar muchas de nuestras alegrías y satisfacciones más profundas en la crianza de los niños dentro del contexto de la familia.” La Biblia establece al menos cuatro propósitos de tener hijos: obediencia, bendición, discipulado y conocimiento.

Tenemos hijos para ser obedientes a Dios. Cuando Dios creó al primer hombre y la primera mujer, les asignó una vocación crucial: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28). El mundo comenzó con dos seres humanos que viven en un lugar, pero el deseo de Dios era que el mundo fuera poblado por miles de millones de seres humanos que viven en todos los lugares. Cuando tenemos hijos, obedecemos directamente al primer mandamiento de Dios: procrear. Dios es glorificado en todos y cada uno de sus portadores de la imagen.

Tenemos hijos para experimentar la bendición. La obediencia a Dios siempre trae gozo.

Contrariamente a la opinión de la cultura de que los hijos son un obstáculo, creemos y declaramos que los hijos son una bendición. “He aquí, don del Señor son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta.” (Salmo 127:3-5). Cuando consideramos a los hijos una bendición más que un obstáculo, estamos obedeciendo a Jesús y alineando nuestra voluntad con la suya. Cuando tenemos hijos, experimentamos la bendición de Dios que viene con y por medio de ellos.

Tenemos hijos para hacer discípulos. No procreamos simplemente para tener más gente en la tierra, sino para tener más cristianos en la tierra. John Piper dice: “El propósito del matrimonio no es simplemente agregar más cuerpos al planeta. El punto es aumentar el número de seguidores de Jesús en el planeta. … El propósito de Dios al hacer del matrimonio el lugar para tener hijos no fue simplemente llenar la tierra con personas, sino llenar la tierra con adoradores del verdadero Dios.” Así, el texto clave para cada padre es la Gran Comisión: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20) El propósito último de la crianza no se cumple en el nacimiento de un niño sino en su conversión. Chap Bettis lo dice bien: “El deseo de Dios para tu familia es ser una unidad que manifieste la Trinidad, que glorifique a Dios y que haga discípulos.”

Tenemos hijos para conocer a Dios más. Al tener hijos, llegamos a un conocimiento más profundo de Dios. Después de todo, Dios se relaciona con nosotros como un Padre para los hijos y tener hijos nos da una comprensión más profunda de lo que esto implica. JI Packer dice: “Si quieres juzgar lo bien que una persona entiende el cristianismo, averigua cuánto importancia da al pensamiento de ser hijo de Dios, y tener a Dios como su Padre”. Pero hacemos más que llegar a un conocimiento más profundo de Dios-también llegamos a una mayor conformidad con el carácter de Dios. Él usa todas las alegrías y desafíos de la crianza para hacernos más como él. Gary Thomas dice esto bien: “Por el maravilloso diseño de Dios, pocas experiencias de vida nos humillan tan efectivamente como la crianza de los hijos. …. Este diminuto tirano está providencialmente colocado en nuestra casa con un gran programa: moldear a sus padres a la imagen de nuestro Señor.”

Conclusión

En un momento en que los hijos son considerados como un accesorio opcional para la buena vida o como un obstáculo, debemos regresar a la infalible Palabra de Dios para establecer de nuevo el propósito de Dios para tener hijos. Tenemos hijos para obedecer a Dios, para experimentar su bendición, para tener la alegría de hacer discípulos y para crecer en nuestra conformidad con él. Los hijos son un gran regalo de Dios.

http://www.evangelio.blog/2017/09/27/cul-es-el-propsito-de-los-hijos/

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

28 SEPTIEMBRE

2 Samuel 24 | Gálatas 4 | Ezequiel 31 | Salmo 79

Gálatas 4 incluye varias secciones que por mucho tiempo han instado a los cristianos a pensar sobre cómo Pablo entiende la historia de Israel, especialmente la llamada “alegoría” de 4:21–31. Atraen muchísima atención. No obstante, en el centro del capítulo hay dos párrafos cortos, fáciles de pasar por alto, que revelan los profundos sentimientos del corazón del apóstol (4:12–20).

(1) En el primero (4:12–16), el apóstol hace un ruego a los gálatas. Insiste en que su lenguaje fuerte hacia ellos no tiene nada que ver con una herida personal: “No es que me hayan ofendido en algo” (4:12). De hecho, les recuerda que, en la etapa inicial de su relación, se estableció un vínculo que Pablo jamás podría quebrantar. Al principio, fue a ellos “debido a una enfermedad” (4:13). No podemos saber con certeza a qué se refería. Tal vez, la mejor teoría (aunque no es más que pura especulación) es que Pablo llegó en barco a la costa sur de lo que hoy día es Turquía y mientras ministraba allí, contrajo malaria o alguna otra enfermedad subtropical. La mejor solución en aquellos días era viajar a la región montañosa de Galacia. Ahí, Pablo se encontró con gente que le dio la bienvenida y le ayudó de manera impresionante. Al predicarles el evangelio, lo trataron como a un “ángel de Dios” (4:14). ¿Cómo iba Pablo a guardarles rencor o desecharlos? Pero, trágicamente, su gozo se había disipado. Se habían enamorado tanto de la perspectiva extranjera de los agitadores, que ahora veían a Pablo como un enemigo por decirles la verdad (4:16).

Aquí, entonces, tenemos a un apóstol que está involucrado íntimamente en la vida de las personas a quienes le predica, listo y dispuesto a dirigirse a ellos a partir de la compleja historia de su relación, pero incapaz de negociar la verdad para evitar el conflicto. Para Pablo, la integridad de la doctrina debe ir a la par con la integridad de las relaciones; no se pueden oponer.

(2) Pablo percibe y expone con delicadeza una profunda falta de carácter en los gálatas: aman a las personas fervientes, incluyendo a aquellas que fervorosamente les persiguen, sin evaluar con cuidado la dirección del celo (4:17–20). Pablo les advierte: “Está bien mostrar interés, con tal de que ese interés sea bien intencionado” (4:18). Dada la imposibilidad de comunicarse por teléfono o correo electrónico para saber las noticias de manera instantánea, el apóstol no sabe cómo proceder. ¿Debería continuar su reprimenda? ¿Debería cambiar ahora el tono para ganárselos? Se siente como una madre que tiene que pasar por la agonía del parto una segunda vez para volver a dar a luz al niño que ya nació.

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 271). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Pueden los Incrédulos Hacer Buenas Obras?

Avatar de Armando Valdez

ESJ-2017 0928-002

¿Pueden los Incrédulos Hacer Buenas Obras?

Por R.C. Sproul

Imagine un círculo que representa el carácter de la humanidad. Ahora imagine que si alguien peca, aparece en el círculo una mancha -una especie de mancha moral- que arruina el carácter del hombre. Si ocurren otros pecados, aparecen más manchas en el círculo. Bueno, si los pecados continúan multiplicándose, eventualmente todo el círculo estará lleno de manchas y manchas. Pero, ¿han han alcanzado las cosas ese punto? El carácter humano está claramente contaminado por el pecado, pero el debate es sobre el alcance de esa mancha. La Iglesia Católica Romana sostiene que el carácter del hombre no está completamente contaminado, sino que conserva una pequeña isla de justicia. Sin embargo, los reformadores protestantes del siglo XVI afirmaron que la contaminación pecaminosa y la corrupción del hombre caído es completa, haciéndonos totalmente corruptos.

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¿Agobiado por faltas pasadas?

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9

¿Agobiado por faltas pasadas?

Hay cargas que no podemos compartir con nadie. Las más pesadas son los tormentos que nos agobian por pecados incrustados en nuestra memoria. Si a las preocupaciones ordinarias de la vida añadimos las de esas faltas pasadas que nos obsesionan, la carga será demasiado pesada. Solo mediante la confesión podemos ser liberados de tal peso.

Todo pecado es primeramente un pecado contra Dios y debemos confesárselo. Las faltas cometidas contra una persona igualmente deben ser confesadas en privado a aquel a quien se ha ofendido. Los pecados cometidos en público, por ejemplo una calumnia, deben ser confesados públicamente.

Sin embargo, no es bueno que un sentimiento excesivo de culpabilidad nos lleve a confesar en público aquello que solo debería ser confesado a Dios y, si es el caso, a la persona con la que nos hemos comportado mal.

Cuando las cosas que cargaban nuestra conciencia han sido arregladas, la Biblia da muchas promesas como esta: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:17). ¡Seríamos realmente insensatos si guardásemos en nuestra memoria aquello de lo que Dios nunca más se acordará! Por supuesto, nuestra mente no deja de funcionar, pero tenemos derecho a no volver a las faltas del pasado, pues nuestros pensamientos y nuestra conciencia tienen paz con respecto a ese tema.

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmo 32:1-2).

Oseas 13-14 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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