REGOCÍJESE EN EL SEÑOR

REGOCÍJESE EN EL SEÑOR

11/9/2017

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4)

Muchos creyentes se convierten en víctimas de sus circunstancias y como consecuencia viven en altibajos espirituales. Para ellos, una orden de que se regocijen parece irracional. Pero la orden del versículo de hoy es regocijarse “en el Señor”.

No siempre podemos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas porque ambas pueden ser malas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor porque Él es siempre bueno y sabemos que nunca cambia. De modo que nuestra estabilidad espiritual se relaciona directamente con nuestro conocimiento de Dios. El conocerlo nos ayuda a vivir por encima de nuestras circunstancias y nos da estabilidad. Por eso se escribieron los Salmos en forma poética y se les puso música, para que el pueblo de Israel pudiera memorizar las Escrituras y cantar himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. El conocerlo hace que todo lo demás parezca menos importante.

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El fin de la historia

NOVIEMBRE, 09

El fin de la historia

Devocional por John Piper

Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros. (2 Tesalonicenses 1:9-10)

Pablo describe la segunda venida de Cristo en términos de esperanza y terror.

Jesucristo no solo volverá para hacer efectiva la salvación final de su pueblo, sino también «para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído» por medio de su salvación.

Un último comentario se refiere al momento culmine de la historia en el libro de Apocalipsis: Juan retrata la nueva Jerusalén, la iglesia glorificada, en Apocalipsis 21:23: «La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera».

Dios el Padre y Dios el Hijo son la luz en la cual los cristianos vivirán su eternidad.

Esta es la consumación del propósito de Dios en toda la historia: manifestar su gloria para que todos la vean y lo alaben. La oración del Hijo confirma el propósito definitivo del Padre: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación de mundo» (Juan 17:24).

Podríamos concluir que el principal fin de Dios es glorificar a Dios y obtener su propio deleite eterno. Él está en el centro de sus propios afectos. Por esa misma razón, es una autosuficiente e inagotable fuente de gracia.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 321

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«Detrás de la puerta, La intimidad y el Sexo en el matrimonio»

«Detrás de la puerta, La intimidad y el Sexo en el matrimonio»

Eduardo Saladín

 

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Fue llamado a salvación por la gracia de Dios conjuntamente con su esposa a través del ministerio de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1981. Graduado de administración de empresas con una Maestría en Negocios, es propietario de una empresa de Artes Gráficas. Desde el año 1985 pertenece al cuerpo de pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Tiene un Doctorado en Teología, Consejería y Manejo de Conflictos en Trinity Theological Seminary, Indiana, Estados Unidos. Es miembro de la Association of Certified Biblical Counselors (ACBC) y productor del programa Entendiendo los Tiempos que se transmite por radio y television.

Está casado con Patricia Acebal, tiene tres hijos: Rosalía, Sarah y Eduardo y seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel Elías, Nazario, Said y Noor.

https://ibsj.org/

 

«Éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras»

9 de noviembre

«Éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras».

Isaías 33:16

¿Dudas acaso, oh cristiano, de que Dios cumplirá su promesa? ¿Podrá la tormenta mover las fortalezas de rocas? ¿Se vaciarán los almacenes del Cielo? ¿Crees que tu Padre celestial te olvidará, aunque sepa que necesitas alimento y vestidos? ¿Desconfiarás y dudarás de él, a pesar de que sabes que ni un pajarillo cae a tierra sin nuestro Padre y que los cabellos de nuestras cabezas están todos contados? Quizá tu aflicción continúe acosándote hasta que te resuelvas a confiar en Dios y, después, cesará. Muchísimos han sido probados y penosamente vejados hasta verse finalmente llevados en completa desesperación a poner su fe en Dios y, en el momento de hacerlo, quedaron libres. Han podido así comprobar si Dios guarda o no su promesa. ¡Oh, te ruego que no dudes más de él! No complazcas a Satanás ni te turbes alimentando por más tiempo esos ofensivos pensamientos en cuanto a Dios. No pienses que es cosa de poca importancia el dudar del Señor: recuerda que hacerlo es un pecado; y no un pecado insignificante, sino criminal en alto grado. Los ángeles nunca dudaron de él y tampoco los demonios. Solo nosotros, de entre todos los seres que Dios formó, lo afrentamos con nuestra incredulidad y mancillamos su gloria con desconfianza. ¡Qué vergüenza para nosotros! Nuestro Dios no merece que se desconfíe de él de un modo tan ruin. En nuestra vida pasada hemos comprobado que él es fiel y leal a su palabra y, además, son tantas las pruebas de amor y de bondad que hemos recibido y que diariamente estamos recibiendo que supone una ruindad inexcusable el que permitamos a la duda residir en nuestros corazones. De aquí en adelante estemos en guerra permanente contra las dudas acerca de las promesas de nuestro Dios, dudas que son enemigas tanto de nuestra paz como de su gloria. Y con una fe inconmovible, creamos que lo que él prometió también lo hará: «Creo, Señor; ayuda mi incredulidad».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 324). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Reyes 22 | Hebreos 4 | Joel 1 | Salmos 140–141

9 NOVIEMBRE

2 Reyes 22 | Hebreos 4 | Joel 1 | Salmos 140–141

El último intento serio de reformar moral y teológicamente al reino de Judá se expone en 2 Reyes 22. Después de eso, sólo resta el deslizamiento final hacia el exilio.

Al rey Ezequías, cuyo reinado tuvo un efecto tan bueno en términos generales, le sucedió su hijo Manasés. Reinó muchísimo tiempo, cincuenta y cinco años, pero su reinado fue notorio porque “hizo lo que ofende ante los ojos del Señor, pues practicaba las repugnantes ceremonias de las naciones que el Señor había expulsado delante de los israelitas” (21:2). No había forma alguna de idolatría de su época que él no adoptara. Según 2 Crónicas 33, Manasés se arrepintió al final de su vida, pero el daño religioso e institucional no podía deshacerse fácilmente. Fue sucedido por su hijo malvado, Amón, quien duró sólo dos años antes de ser asesinado (21:19–26).

Luego vino Josías, un niño que tenía ocho años cuando empezó a reinar (22:1), haciéndolo durante treinta y un años, lo cual obviamente significa que murió de forma prematura a la edad de treinta y nueve. Inicialmente, estuvo bajo la dirección y control de otros. Pero, en el año dieciocho de su reinado, Josías, quien ya tendría veintitantos años, inició la limpieza y reparación del templo, y se redescubrió el “Libro de la Ley”. Probablemente, esto se refiere al libro de Deuteronomio. (Algunos académicos de los siglos XIX y XX, con tendencia escéptica, argumentan que fue justo en esta época cuando se escribió Deuteronomio y otras secciones del Pentateuco, así que este relato de “redescubrir” la ley se inventó para justificar estos nuevos acontecimientos. Esta teoría se ha ido rechazando cada vez más; su fundamento no es más que pura especulación.)

Las reformas que Josías instituyó alcanzaron una amplitud extraordinaria. En todos los aspectos, dondequiera que pudiera efectuar un cambio, Josías puso a la nación en armonía con la Ley de Dios. Reconoció plenamente la terrible amenaza de ira que cubría al pueblo del pacto y decidió hacer lo correcto y dejarle el resultado a Dios. Si no era posible eliminar el día del juicio, al menos podría retrasarlo.

De las lecciones importantes que podemos aprender aquí, me voy a concentrar en una. A alguna gente, le cuesta creer que la nación pudiera descender tan rápidamente hacia una ignorancia bíblica absoluta. Después de todo, Ezequías era el bisabuelo de Josías: la reforma que él efectuó no había ocurrido tanto tiempo antes. Es cierto, pero fue lo suficiente. Los tres cuartos de siglo que median entre ellos habían comenzado con el largo y vil reinado de Manasés. La historia del siglo XX testifica sobre cuán rápidamente la gente puede volverse ignorante de las Escrituras, a pesar de que vivimos después de la invención de la imprenta y, más aún, con Internet. La iglesia nunca está a mayor distancia de una generación o dos de la apostasía y el olvido. Sólo la gracia es un baluarte adecuado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 313). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué Dios permanece silencioso?

jueves 9 noviembre

¿Por qué dices… de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

Isaías 40:27-28

¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.

Job 33:13

¿Por qué Dios permanece silencioso?

A veces definimos el silencio como el hecho de no hablar, de no expresar nada. De ahí sale la amalgama demasiado rápida: silencio igual a ausencia; y muchos piensan: «Dios calla, por lo tanto no existe». Otros se hacen sinceramente la pregunta: «¿Por qué Dios permanece callado?».

Efectivamente, Dios no nos explica todo. Quizás usted haya subido a un avión, pero muy pocos de nosotros han tenido el permiso para entrar en la torre de control del aeropuerto, donde los controladores aéreos guían los movimientos de los aviones, los despegues y los aterrizajes. No podemos estar en el lugar donde se deciden esos desplazamientos, ni saber por qué, cuándo y cómo son dirigidos aquí o allí. Sabemos que es en esa torre, a la que no tenemos acceso, donde se decide todo. Solo los controladores conocen las razones de las idas y venidas de cada avión. En esa torre residen los porqués, las explicaciones a los movimientos de cada uno de los aviones.

Nosotros, los seres humanos, no estamos admitidos en la «torre de control» de Dios. No se nos comunican los porqués y para qué, las causas primeras de todo, las razones profundas de tal deceso, de tal accidente o de tal separación. No nos desanimemos ni nos culpabilicemos ante el silencio de Dios en la prueba. Él nos dice todo lo que es bueno que sepamos. ¡Podemos confiar en él totalmente, pues nos ama!

Job 7-8 – Hebreos 1 – Salmo 119:161-168 – Proverbios 27:7-8

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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