Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

26 FEBRERO

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

El último discurso de los “miserables consoladores” de Job es el de Bildad (Job 25), y es patéticamente corto porque incluso él reconoce que no tiene nada nuevo que decir, ni tampoco sus amigos. La respuesta de Job es larga y compleja (caps. 26–31), como si estuviese decidido a condenar a sus amigos al silencio. Parte de la misma es solo un simple repaso. El primer capítulo (la lectura de ayer, Job 26) nos muestra a Job burlándose de estos “consoladores” por su crueldad y la esterilidad de sus consejos ante un sufrimiento como el de Job. También lo vemos dándoles la razón en lo relativo al poder inconmensurable de Dios. Después de un impresionante repaso de los hechos poderosos del Señor, Job concluye: “¡Y esto es solo una muestra de sus obras, un murmullo que logramos escuchar! ¿Quién podrá comprender su trueno poderoso?” (26:14). Los “consoladores” lo acusan de reducir a Dios a la impotencia, pero él insiste tanto en el poder trascendente del Señor que cree que contempla la opción de que él está distante.

Eso nos lleva a Job 27. Aquí tenemos todas las tensiones de la posición de Job. Se pone bajo juramento para hacer su reflexión (“Juro por Dios, el Todopoderoso”). Nunca admitirá que sus oponentes tienen razón, porque eso significaría negar que ha vivido su vida con integridad: “Jamás podré admitir que tengáis la razón; mientras viva, insistiré en mi integridad. Insistiré en mi inocencia; no cederé. Mientras viva, no me remorderá la conciencia” (27:5–6). Sin embargo, irónicamente, el Dios por el que Job jura, cuya grandeza ha alabado en al capítulo 26, aquel que provee el propio aliento en su nariz (27:3), es también, según él, el Dios “que se niega a hacerme justicia, quien me ha amargado el ánimo” (27:2).

Más ironía: las palabras de Job no significan que Dios sea corrupto o injusto. Reconoce que el Señor salda cuentas con los malvados (27:7–10), a menudo en esta vida (27:11–23), pero definitivamente en la muerte.

Esta no es la posición final de Job, por supuesto; la historia aún no ha acabado. No obstante, podemos reflexionar sobre el punto en el que estamos en este momento.

En primer lugar, lo mejor es ser siempre honesto en nuestras reflexiones, a fin de evitar posiciones que distorsionen los hechos (la necedad de los tres “consoladores”), y mantenernos transparentes delante de Dios. De cualquier modo, él sabe lo que pensamos. Hay esperanza de avanzar cuando se es honesto, pero es casi imposible hacerlo donde reina la mentira.

En segundo lugar, esto significa que en varias etapas del peregrinaje cristiano podemos encontrar oponentes que vean en nosotros ironías conspicuas o profundos misterios. No debemos gloriarnos en las contradicciones, por supuesto, pero en los asuntos relacionados con Dios, los misterios son inevitables. Con el tiempo, algunos de ellos van acercándose a su resolución, pero casi siempre acompañados por la gloria de nuevos secretos que se revelan.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 57). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La oración de la mañana

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré… Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.

Salmos 5:3; 63:1

La oración de la mañana

Al igual que el autor del Salmo 5, ¿sabemos presentarnos delante del Señor cada mañana, orar a él, para hacer provisión de fuerzas y sabiduría desde el principio del día?

¿O comenzamos, apurados y mal preparados, las múltiples actividades que nos esperan?

Si somos conscientes de que cada día que pasa es una ocasión para servir y honrar a Dios, cada mañana nos inclinaremos ante su presencia para orar. Le expondremos nuestras dificultades y nuestros temores, reconoceremos ante él nuestras flaquezas e incompetencias. Le pediremos que renueve nuestra confianza en él y que nos enseñe a discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). ¡Entonces la carga diaria será mucho más ligera! El Señor responderá a nuestra oración, y podremos empezar el día con serenidad.

Ser conscientes de nuestra fragilidad y descansar totalmente en él nos permite experimentar su fuerza y sus recursos inagotables.

Por lo general recordamos la necesidad de alimentar nuestro ser interior del Pan de vida, haciendo provisión, desde la mañana, mediante la lectura de la Biblia. Si leemos en los evangelios, nos nutrimos de lo que fue la vida de Jesús, de su persona revelada en la Palabra de Dios. Pero no olvidemos la oración matutina, que tendrá efectos benéficos sobre cada instante del día que empieza.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

John MacArthur

              Pablo, en su segundo viaje misionero, cumplió el ministerio que Dios había planeado para Galacia, una provincia grande del imperio romano. Él fortaleció, animó y confirmó exitosamente a los santos. La tarea, en ese entonces, se cumplió. Pero Pablo no había terminado, él se estaba moviendo. Él fue un modelo de persistencia.

             Pablo se fue al oeste, sin saber específicamente la voluntad de Dios, pero estaba en movimiento para que Dios lo pudiera guiar. La siguiente provincia fue Asia menor con sus ciudades de Éfeso, Esmirna, Filadelfia, Laodicea, Colosas, Sardis, Pérgamo y Tiatira. Pablo se fue con Silas y Timoteo hacia Asia Menor, emocionado por el prospecto de llevarle el evangelio a la gente de allí.

             De repente, como si fuera una muralla de concreto en una autopista, el Espíritu Santo les prohibió predicar el evangelio en Asia (Hech. 16:6). No sabemos cómo Dios los detuvo, pero lo hizo. La puerta cerrada cambió su dirección y se fueron al norte a Misia, esperando entrar a la provincia de Bitinia. “Pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16:7). Otra barrera en el camino. Se les había detenido de ir al norte, al sur y al este, hacia Galacia. ¿Y ahora qué? A estas alturas podríamos haber dicho: “Todas las puertas están cerradas, será mejor que nos vayamos a casa”. Pero Pablo no dijo eso. ¡Todavía quedaba el oeste! De manera que siguieron la frontera entre Asia Menor y Bitinia hacia el oeste hasta que llegaron al mar Egeo. Estaban en la ciudad playera de Troas, “y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’” (Hech. 16:9). Nunca más se volvería a considerar al cristianismo como otro culto asiático. Se estaba dirigiendo a Europa, toda una cultura diferente, ¡un nuevo mundo!

             Dios quiso que estuvieran en Macedonia todo el tiempo. Pero nunca se los dijo hasta que demostraron su fe y persistencia y no podían dar otro paso más.

             Manténgase en movimiento, ¡qué principio! Hay tantas personas que se quedan sentadas esperando que la grúa celestial los mueva y dicen: “No sé lo que Dios quiere que haga”. Ellos necesitan comenzar a moverse para que Dios pueda guiarlos a esa área de servicio que él ha planificado. Conocer la voluntad de Dios puede significar a caminar por un camino estrecho hasta llegar a un callejón sin salida. En ese momento, Dios abrirá una puerta tan ancha que usted no podrá ver lo que está a su alrededor, ¡sino sólo a través de ella!

             ¿Cuál fue la respuesta de Pablo? Se encuentra registrada en el libro de Hechos: “En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio” (Hech. 16:10).

             Pablo respondió inmediatamente y esa es la única reacción cuando un corazón persistente se encuentra con una puerta abierta.

             Me acuerdo cuando era niño y me iba al parque de diversiones y pagaba unos pocos centavos para perderme en un laberinto. Estaba lleno de espejos, espacios abiertos y vidrios transparentes. La idea era encontrar los espacios abiertos y abrirse paso para salir del laberinto. Un niñito se rindió y se quedó parado en un lugar llorando hasta que viniera su mamá. ¡Yo no! Yo me golpeaba con los vidrios y los espejos hasta encontrar los espacios abiertos y salía después de 15 minutos.

             Usted puede rebotar contra muchas puertas cerradas, pero esa es la forma en que Dios lo guía a la fuerza hacia la puerta que él tiene abierta. ¡Muévase! Sea persistente.

             ¿Sabe qué? La voluntad de Dios no es primordialmente un lugar. La voluntad de Dios no es, ante todo, un sitio donde ir o un lugar donde trabajar. La voluntad de Dios tiene que ver con usted como persona. Si usted es una persona que está en la condición correcta, entonces puede seguir sus deseos y cumplirá así con la voluntad de él.

             “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. NO os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rm. 12:1,2).

             Y cualquier cosa que pase en su vida, a lo largo de su recorrido dé gracias, porque “esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Él está usando eso para amoldarlo a su voluntad.

Extraído del libro, “La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

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Somos muy amados

FEBRERO, 25

Somos muy amados

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)… (Efesios 2:3-5)

¿Acaso no nos encantaría escuchar al ángel Gabriel decir: «Eres muy amado»?

Eso le ocurrió a Daniel tres veces:

  • «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23).
  • «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora» (Daniel 10:11).
  • «Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate» (Daniel 10:19).

Tengamos aliento. Si tenemos fe en Jesús, Dios mismo nos dice: «Eres muy amado».

Por naturaleza, éramos hijos de la ira, como el resto de la humanidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… Porque por gracia somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:3-5,8).

Es mejor que la voz del ángel. Si estamos «vivos», somos muy amados.


Devocional tomado del articulo “You Are Greatly Loved”

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Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

1 Corintios 12 comienza una unidad de tres capítulos que trata de lenguas, profecía y otros “dones de gracia” (charismata), y su relación con el amor, que es el “camino” supremo (no un don) para el cristiano. Podemos seguir al menos cómo fluye el pensamiento.

En primer lugar, 1 Corintios 12:4–6 afirma que hay diversidad de dones pero solo una fuente. La referencia implícita a la Trinidad es sorprendente: diferentes dones, dados por el mismo Espíritu; diferentes tipos de servicio, pero el mismo Señor [Jesús]; diferentes tipos de obra, pero el mismo Dios. Esto no significa que Pablo esté dividiendo estas cosas de forma absoluta, como si, por ejemplo, los dones viniesen del Espíritu pero no de Jesús o de Dios. Más bien, se trata de un recurso del predicador para dejar claro que, por muy diversos que sean los dones y las gracias, únicamente existe una fuente: el Dios trino.

En segundo lugar, Pablo se extiende en este principio de unidad entrelazando toda esta diversidad (12:7–12). Los muchos dones mencionados, el mensaje de sabiduría, el de conocimiento, la fe, los dones de sanación y demás, no solo constituyen manifestaciones del único Espíritu, sino que su propósito principal es el bien común (12:7). Así que, tanto por su fuente como por su propósito, sirven a la unidad en su diversidad. Además, aunque Pablo dirá, en un momento dado, que los cristianos deben buscar mayores dones (12:31), aquí declara que en definitiva es el Espíritu quien los distribuye como cree conveniente, lo cual significa que nunca debe haber soberbia por tener este o aquel don, ni se debe codiciar el que pueda tener otra persona.

En tercer lugar, el tema del capítulo se explica en una analogía (12:12–20). El cuerpo es uno, pero está formado por muchas partes que deben funcionar juntas. La analogía es apropiada, pues Cristo bautizó a los cristianos en un Espíritu (que aquí es el medio en que ellos son bautizados, no el agente que lo lleva a cabo, que es Cristo) dentro de un cuerpo, la iglesia. Claramente, todas las partes del mismo son necesarias: no serviría de nada que el cuerpo fuese un gigantesco globo ocular, por ejemplo. Así pues, debe mantenerse la diversidad y la distribución de dones en la iglesia.

En cuarto lugar, se deduce, además, que ninguna parte del cuerpo tiene derecho a decir a otra que no se le quiere o necesita (12:21–27). De hecho, en cierto sentido, se debe conceder más honra a las partes menos presentables precisamente porque de lo contrario no lo tendrían. Debe existir tanta empatía entre las diversas partes, que si una de ellas recibe honra, todas se sienten honradas; si una parte sufre, todas sufren.

Aunque las aplicaciones para la iglesia son obvias, Pablo se preocupa de explicarlas detenidamente (12:27–31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

Lucas 23:46-47

La expresión de la confianza

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

La última frase de Jesús en la cruz, así como la primera y la cuarta, son palabras dirigidas al Padre. Esta última había sido anunciada proféticamente en el Salmo 31:5: “En tu mano encomiendo mi espíritu”. ¡Qué oración de confianza y amor!

La muerte del Señor es única. El sentido que ella toma en sus últimas palabras es único. Antes de morir, Jesús bajó la cabeza y encomendó su espíritu. ¡Este fue el último acto de su sacrificio voluntario! Entró voluntariamente en la muerte encomendando su espíritu a su Padre. Esta expresión resalta la grandeza y la gloria divinas de Aquel que daba su vida. Nadie tenía el poder para quitarle la vida: “Yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). ¡Qué majestad vemos en este acto divino que solo Jesús tenía el poder para cumplir!

Jesús se expresó siete veces cuando estuvo en la cruz. Así como el séptimo día fue el día del descanso y de la satisfacción de Dios (Génesis 2:2), la séptima frase introduce a Jesús en el descanso, es decir, en las manos de Dios su Padre. Descansó de sus obras, así como Dios descansó de las suyas (Hebreos 4:10). Para nosotros los cristianos, esta séptima frase anuncia el descanso en Cristo y marca el principio de la nueva creación.

Esta frase nos anima a encomendarnos totalmente a Dios, nuestro Padre. Centra nuestra atención en la victoria de Cristo y en su lugar junto al Padre, donde ahora ora por usted y por mí.

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

John MacArthur

La voluntad de Dios es que usted sea salvo, lleno del Espíritu, santificado, sumiso y sufrido. La Palabra de Dios aclara todo esto. No continúe leyendo hasta que haya entendido estos cinco principios.

 Usted dirá: “MacArthur, usted me iba a decir a qué universidad debería ir. Me iba a decir específicamente la voluntad de Dios. ¡No lo ha hecho!”

 Bueno, permítame darle el principio final, ¡pero agárrese de su silla! ¡Quizás va a querer saltar y gritar! Si usted está haciendo todas estas cinco cosas básicas, ¿sabe cuál es el siguiente principio de la voluntad de Dios? ¡Hacer lo que usted quiera! Si esos cinco elementos de la volunta de Dios están funcionando en su vida, ¿Quién está gobernando sus deseos? ¡Dios! El salmista dijo: “Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los anhelos de tu corazón” (Sal. 37:4). ¡Dios aquí no dice que va a cumplir todos los deseos! Si usted está viviendo una vida devota, él le dará los deseos correctos.

 La gente me dice:
– ¿Por qué entró a su ministerio actual cuando antes tenía un ministerio tan placentero en otra área?
Siempre respondo:
– Porque quería.
– Ajá. Hizo su propia voluntad.
Tuve un amigo que se me acercó y dijo:
– John, no sé donde quiere el Señor que sirva.
Yo le dije:
– Martín, si pudieras escoger cualquier servicio en el mundo, ¿Cuál quisieras?
Él dijo:
– Ah, tengo una carga tremenda por el pueblo de Israel. Hablo francés con fluidez, y París está lleno de gente judía que no conoce a Jesús. A mí personalmente me encantaría ir a París como misionero a los judíos.
Verifiqué si entendía los cinco principios espirituales y le dije:
– Martín, ¿has hecho todas estas cosas?
Él contestó:
– Sí, creo sinceramente que estoy comprometido con Cristo en estas áreas.
Yo le dije:
– Martín, adiós, que tengas un buen viaje.
Él vaciló y dijo:
– Pero tengo que escribir a 42 juntas misioneras.
Yo le dije:
– ¡No! Anda nomás.
Él dijo:
– Pero ese sólo es mi deseo.
– Entonces confía en que Dios fue quien plantó ese deseo. Vete de aquí.

 Él se enlistó en una misión de fe y se inscribió para ir a Francia. Pusimos un letrero bien grande en nuestra iglesia que decía: “Martín Wolfe se va a Francia”. Recaudó todo el apoyo que necesitaba y ahora está sirviendo a Cristo, ¡en Canadá!

 ¿Qué sucedió? Una vez que se estableció que él era la persona indicada, no fue gran problema el lugar a donde iba. Él está en la ciudad de Montreal, trabajando con judíos de habla francesa. Él tenía la idea correcta; Dios tenía una ciudad diferente.

 Esto trae a colación otro principio crucial. Imagínese tratando de virar y cambiar la dirección de un tractor estacionado. Tarea muy difícil. Se requerirían grúas y cadenas para siquiera moverlo. Pero una vez que está rodando, un vehículo que pesa 18.000 kilos no es difícil de controlar.

 Una vez que Martín se puso en marcha, Dios tomó control del timón con los brazos fuertes de su voluntad y fue fácil. Supongo que Dios pudo haber transportado su grúa celestial, recogido y empujado a Martín en la dirección correcta, pero a él le gusta usar gente que ya se está moviendo.

 Escuche este comentario sobre uno de los apóstoles más grandes: “Aconteció que mientras Pedro recorría por todas partes, fue también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Allí encontró a cierto hombre llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años, pues era paralítico. Pedro le dijo: ‘Eneas, ¡Jesucristo te sana! Levántate y arregla tu cama’. De inmediato se levantó, y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor” (Hech. 9:32-35).

 Este relato emocionante registra que Dios usó a Pedro para sanar a un hombre enfermo y comenzar un avivamiento. ¡Qué experiencia bienaventurada la de servir en la voluntad del Señor! Y cuidadosamente insertado en este evento se encuentra un pequeño pensamiento sencillo: “…mientras Pedro recorría por todas partes”.

 Pedro ya se estaba moviendo, estaba a la disposición de puertas que estuviesen abiertas. Entonces fue cuando Dios lo dirigió a Lida. Recuerde, Dios tiene ministerios abundantes para sus santos más ocupados.

En Génesis encontramos una ilustración fascinante de la misma verdad: “Diciendo: ‘¡Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no apartó de mi señor su misericordia y su verdad! En el camino el SEÑOR me guió hacia la casa de los hermanos de mi Señor’” (Gen. 24:27). El siervo fue enviado por Abraham para encontrar una esposa para Isaac. Él ni siquiera sabía quién o qué estaba buscando. Pero estuvo involucrado en el servicio y el Señor se hizo cargo de resto.

Participe en la corriente dominante de lo que Dios está haciendo y deje que él lo guíe a esa voluntad perfecta.


Extraído del libro, “La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

Dios abre el corazón

FEBRERO, 24

Dios abre el corazón

Devocional por John Piper

Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. (Hechos 16:14)

En cualquier lugar que Pablo predicara, algunos creían y otros no. ¿Cómo podemos entender por qué algunos de los que están «muertos en delitos y pecados» (Efesios 2:1,5) creyeron y otros no lo hicieron?

La respuesta a por qué algunos no creyeron es que ellos «desecharon» (Hechos 13:46) el mensaje del evangelio porque era «necedad» para ellos y «no puede[n] entenderlo» (1 Corintios 2:14). La mente carnal «es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo» (Romanos 8:7).

Aquellos que escuchan y rechazan el evangelio «odian la luz» y no vienen a la luz para que sus obras no sean expuestas (Juan 3:20). Permanecen «entenebrecidos en su entendimiento… por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón» (Efesios 4:18). Es una ignorancia culpable porque la verdad está disponible, pero ellos «con injusticia restringen la verdad» (Romanos 1:18).

Ahora bien, dado que todos están en esta condición de una rebelde dureza de corazón, muertos en sus delitos, ¿por qué algunos creen? El libro de Hechos ofrece la respuesta por lo menos de tres maneras diferentes. Una es que ellos están destinados a creer. Cuando Pablo predicó en Antioquía de Pisidia, los gentiles se regocijaron y «creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna» (Hechos 13:48).

Otra manera de responder a por qué algunos creen es que Dios concede el arrepentimiento. Cuando los santos de Jerusalén oyeron que los gentiles, y no solo los judíos, estaban respondiendo al evangelio, dijeron: «Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida» (Hechos 11:18).

Pero la respuesta más clara que hallamos en Hechos a la pregunta de por qué una persona cree el evangelio es que Dios abre el corazón. Lidia es el mejor ejemplo. ¿Por qué creyó? Hechos 16:14 dice: «y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía».


Devocional tomado del articulo “How the Lord of Life Gives Life”

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Éxodo 7 | Lucas 10 | Job 24 | 1 Corintios 11

24 FEBRERO

Éxodo 7 | Lucas 10 | Job 24 | 1 Corintios 11

En la segunda parte de su respuesta al último discurso de Elifaz, Job empieza (Job 24) con una pregunta retórica: “Si los tiempos no se esconden del Todopoderoso, ¿por qué no los perciben quienes dicen conocerlo?” (24:1). El sentido no es que Dios nunca ajuste cuentas, sino que hasta que llegue el momento en que lo haga tiene lugar mucho mal sin castigo inmediato y los justos sufren sin vindicación inmediata.

Así pues, Job comienza otra larga lista de maldades representativas, que quedan frecuentemente sin castigo a corto plazo, como se observa habitualmente, y de injusticias públicas (24:2–17). Los malos no respetan los linderos, roban ganado, se aprovechan de los pobres y los necesitados, los someten a esclavitud temporal, se rebelan contra la luz y alimentan su deseo sexual. Entretanto, los pobres apenas se las arreglan, consiguiendo lo imprescindible para vivir de tierras desiertas. Recogen en las viñas de los malvados, pasan frío y se mojan. Llevan las gavillas de otros y van desnudos. Job afirma que “de la ciudad se eleva el clamor de los moribundos; la garganta de los heridos reclama ayuda, ¡pero Dios ni se da por enterado!” (24:12).

La siguiente sección importante de este capítulo (24:18–24) parece un rompecabezas. A primera vista, Job está anticipando la clase de argumento que sus “miserables consoladores” prefieren: Dios contesta a los malvados como estos merecen. Algunos expertos han sugerido que el pasaje ha sido colocado en el lugar equivocado; otros creen que Job está siendo muy irónico y quiere decir exactamente lo contrario. La explicación quizás sea más simple. Job no está negando que se hará justicia algún día. Para hacerlo, tendría que cambiar su visión de Dios de forma sustancial. Sin embargo, reconoce que los malvados se enfrentarán finalmente al juicio. Mueren; quedan en el olvido. Dios no es ciego; él “los deja sentirse seguros, pero no les quita la vista de encima” (24:23). Desaparecerán en un abrir y cerrar de ojos (24:24). Job reconoce todo esto: “¿Quién puede probar que es falso lo que digo, y reducir mis palabras a la nada?” (24:25). No obstante, en el contexto de la primera parte del capítulo, se sigue preguntando por qué el Todopoderoso no establece tiempos para el juicio. En otras palabras, ¿por qué espera hasta el fin? Dado que él es el Dios de justicia, y esta se impartirá finalmente, ¿por qué esperarla tanto tiempo, dejando que los malvados cada vez lo sean más y que las víctimas sigan sufriendo?

Es una pregunta mordaz. Parte de su respuesta aparece más adelante en el libro, pero, como mínimo, deberíamos reconocer que el juicio instantáneo por cada pecado nos tendría inmersos a casi todos en un dolor constante, aullando como los perros de Pavlov para evitar el castigo, pero sin transformación interior. ¿Queremos realmente lo que Job parece estar pidiendo?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 55). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Maté a alguien

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

Maté a alguien

Una persona que visita a los prisioneros contó lo siguiente: «Siempre recordaré a aquel hombre que me dijo: Maté a una persona y ahora tengo una condena de veinte años. Lo acepto, pues sé que tengo una deuda con la sociedad. Pero cuando haya pagado según la justicia de los hombres, ¿cómo me presentaré ante Dios? Tengo más miedo a la justicia de Dios que a la de los hombres…».

Debido a ese acto irreparable, su conciencia lo atormentaba día y noche. Necesitó meses para comprender que incluso ese terrible acto le podía ser perdonado si se arrepentía, si lo confesaba volviéndose a Jesús. Efectivamente, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). ¿Eso quiere decir que Dios toma a la ligera un acto así? ¡De ninguna manera! Si nos ofrece su perdón es porque su Hijo fue condenado en nuestro lugar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Jesús sufrió el castigo, incluso el que merece un asesino. Todo el que se vuelve hacia el Señor, tal como es, con su conciencia cargada, recibirá el perdón y la paz.

Probablemente usted no sea un asesino, pero también necesita el perdón de Dios: “No hay justo, ni aun uno… no hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:10, 22-23). Y todos pueden ser perdonados gratuitamente mediante Jesucristo.

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16