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Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

1 Corintios 12 comienza una unidad de tres capítulos que trata de lenguas, profecía y otros “dones de gracia” (charismata), y su relación con el amor, que es el “camino” supremo (no un don) para el cristiano. Podemos seguir al menos cómo fluye el pensamiento.

En primer lugar, 1 Corintios 12:4–6 afirma que hay diversidad de dones pero solo una fuente. La referencia implícita a la Trinidad es sorprendente: diferentes dones, dados por el mismo Espíritu; diferentes tipos de servicio, pero el mismo Señor [Jesús]; diferentes tipos de obra, pero el mismo Dios. Esto no significa que Pablo esté dividiendo estas cosas de forma absoluta, como si, por ejemplo, los dones viniesen del Espíritu pero no de Jesús o de Dios. Más bien, se trata de un recurso del predicador para dejar claro que, por muy diversos que sean los dones y las gracias, únicamente existe una fuente: el Dios trino.

En segundo lugar, Pablo se extiende en este principio de unidad entrelazando toda esta diversidad (12:7–12). Los muchos dones mencionados, el mensaje de sabiduría, el de conocimiento, la fe, los dones de sanación y demás, no solo constituyen manifestaciones del único Espíritu, sino que su propósito principal es el bien común (12:7). Así que, tanto por su fuente como por su propósito, sirven a la unidad en su diversidad. Además, aunque Pablo dirá, en un momento dado, que los cristianos deben buscar mayores dones (12:31), aquí declara que en definitiva es el Espíritu quien los distribuye como cree conveniente, lo cual significa que nunca debe haber soberbia por tener este o aquel don, ni se debe codiciar el que pueda tener otra persona.

En tercer lugar, el tema del capítulo se explica en una analogía (12:12–20). El cuerpo es uno, pero está formado por muchas partes que deben funcionar juntas. La analogía es apropiada, pues Cristo bautizó a los cristianos en un Espíritu (que aquí es el medio en que ellos son bautizados, no el agente que lo lleva a cabo, que es Cristo) dentro de un cuerpo, la iglesia. Claramente, todas las partes del mismo son necesarias: no serviría de nada que el cuerpo fuese un gigantesco globo ocular, por ejemplo. Así pues, debe mantenerse la diversidad y la distribución de dones en la iglesia.

En cuarto lugar, se deduce, además, que ninguna parte del cuerpo tiene derecho a decir a otra que no se le quiere o necesita (12:21–27). De hecho, en cierto sentido, se debe conceder más honra a las partes menos presentables precisamente porque de lo contrario no lo tendrían. Debe existir tanta empatía entre las diversas partes, que si una de ellas recibe honra, todas se sienten honradas; si una parte sufre, todas sufren.

Aunque las aplicaciones para la iglesia son obvias, Pablo se preocupa de explicarlas detenidamente (12:27–31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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