Probemos el plato principal

MAYO, 11

Probemos el plato principal

Devocional por John Piper

Probad y ved que el Señor es bueno. (Salmos 34:8)

A aquellos que dicen que nunca han probado la gloria de Dios, les digo: han probado muchos de sus aperitivos.

¿Alguna vez han mirado hacia el cielo? ¿Han recibido un abrazo? ¿Se han sentado frente a un fuego cálido? ¿Han caminado por un bosque, se han sentado junto a un lago, o se han mecido en una hamaca en verano? ¿Han probado su bebida favorita en un día de calor o han comido algo sabroso?

Todo deseo es un incentivo, ya sea devoto o distorsionado, para poner la mira en la gloria del cielo.

Si dicen que no han probado la gloria de Dios, yo les digo que sí han probado los aperitivos. Ahora sigamos con el plato principal.

Han visto las sombras; ahora miremos la sustancia. Han caminado bajo los cálidos rayos de luz del día; ahora levantemos la cabeza y miremos al mismo sol. Han oído los ecos de la gloria de Dios por doquier; ahora sintonicemos nuestro corazón con la melodía original.

El mejor lugar donde podemos sintonizar nuestro corazón es la cruz de Jesucristo. «Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

Si queremos contemplar la muestra más concentrada de la gloria de Dios, miremos a Jesús en los Evangelios, y especialmente en la cruz. Esto nos hará enfocar la mirada, sintonizar el corazón y despertar las papilas gustativas para poder ver y oír y saborear la gloria del Dios verdadero en todas partes.

Esa es la razón para la que fuimos creados. Les suplico: no desperdicien su vida. Dios nos creó para que conozcamos su gloria. Busquémosla de todo corazón y por sobre todas las cosas.

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Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

11 MAYO

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

Isaías 9:8–10:4 vuelve al tema del juicio, pero esta vez no lo dirige contra el reino sureño de Judá (como en 5:8–25), sino contra el del norte, Israel (caracterizado como “Efraín” y “Samaria”, 9:9). El pasaje se divide en cuatro secciones, cada una de las cuales acaba con el mismo estribillo: “¡Su mano aún sigue extendida!” (9:12, 17, 21; 10:4). Estas palabras contestan a la pregunta: “¿Qué hará Dios con un pueblo que ni siquiera lo buscará en una situación de colapso social y amenazante devastación?”. Estamos viendo las primeras señales del juicio de Dios sobre la nación, pero seguía sin haber arrepentimiento. ¿Qué haría Dios entonces? La respuesta es que aunque el juicio iba intensificándose gradualmente, todavía no era suficiente. Por ello, la ira del Señor no se detiene y su mano sigue extendida. Él ya ha enviado “palabra” contra Jacob (9:8), pero no le han prestado atención; “Pero el pueblo no ha querido reconocer al que lo ha castigado; no ha buscado al Señor Todopoderoso” (9:13). Lo único que queda ya es el día “cuando debáis rendir cuentas” (10:3).

Existe otra dura progresión del pensamiento a lo largo de las cuatro secciones. Las dos primeras tienden a enfatizar la decadencia moral: “Todos ellos son impíos y malvados; sus labios profieren necedades” (9:17). La maldad quema y devora como el fuego en un bosque (9:18). Rápidamente, la sociedad se desintegra y la cultura se colapsa (9:20–10:4). Finalmente, los asirios arrasarán el reino del norte (Siria cayó ante Asiria en 732 a.C., Israel lo hizo en 722. Judá fue devastado en 701, pero no totalmente destruida, algo que harían los babilonios un siglo después).

Una vez más, esta sección de Isaías, que condena al populacho del reino norteño por su pecado excesivo y su incapacidad de reaccionar a las advertencias de Dios, carga la responsabilidad principal sobre los líderes. El Señor “cortará a Israel la cabeza y la cola… La cabeza son los ancianos y la gente de alto rango; la cola son los profetas, maestros de mentiras. Los guías de este pueblo lo han extraviado; los que se dejan guiar son confundidos” (9:14–16), “¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos! Privan de sus derechos a los pobres, y no hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos. ¿Qué vais a hacer cuando debáis rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudiréis en busca de ayuda? ¿Dónde dejaréis vuestras riquezas?” (10:1–3).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 131). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El perfecto siervo de Dios

Viernes 11 Mayo

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Mateo 20:28

Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre.

Éxodo 21:5

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Juan 12:26

El perfecto siervo de Dios

Lea Éxodo 21:2-6

Jesucristo fue el siervo perfecto de Dios. Tomó ese lugar voluntariamente, con total abnegación: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”, dijo (Juan 6:38).

Y mientras servía a Dios, también estaba entre los hombres como “el que sirve” (Lucas 22:27). Actuando así, el Hijo de Dios manifestó el verdadero amor, que halla su complacencia en servir, mientras muy a menudo los hombres quieren ser servidos.

Nuestro Señor no solo vino para servir, sino también para dar su vida. Sin su muerte, libremente consentida, hubiese podido regresar al cielo, pero hubiese permanecido solo. Es el sentido profundo de este pasaje de Éxodo 21, aclarado por esta frase del evangelio: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Su amor por los seres humanos y el deseo de verlos con él eternamente lo condujeron a dar su vida por ellos. Así borró los pecados de los que creen en él, y los capacitó para compartir su gloria celestial.

Los que Cristo redimió se llenan de adoración al contemplar tanta devoción, y esperan felices el día anunciado por el autor del salmo: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:6).

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El máximo esfuerzo

El máximo esfuerzo

5/10/2018

Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)

El crecimiento espiritual no es un ejercicio intermitente; debe ocupar todo el tiempo. En realidad, la palabra griega para “prosigo” se empleaba para describir a un corredor de carreras cortas, y se refiere a un enérgico esfuerzo. Pablo estaba corriendo con todas sus fuerzas, distendiendo todos los músculos espirituales a fin de ganar el premio (cp. 1 Co. 9:24-27). También dijo que debemos pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12)

Esa perspectiva no estaba limitada a Pablo. El autor de Hebreos escribió: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1).

Nuestra búsqueda vitalicia es ser semejantes a Cristo. El correr esa carrera exige el máximo esfuerzo en el uso de los medios de gracia Dios nos ha dado.

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Un pueblo para su nombre

MAYO, 10

Un pueblo para su nombre

Devocional por John Piper

Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. (Hechos 15:14)Resulta prácticamente imposible ser exagerado respecto del lugar central que ocupa la fama de Dios a la hora de incentivar a la iglesia en su misión.

Cuando el mundo de Pedro quedó de cabeza por de la visión de los animales impuros que relata Hechos 10 y por la lección que Dios le dio acerca de evangelizar tanto a gentiles como a judíos, él regresó a Jerusalén y le dijo a los apóstoles que todo esto se debía al celo de Dios por su nombre. Lo sabemos porque Jacobo resumió el discurso de Pedro en estas palabras: «Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre» (Hechos 15:14).

No es de extrañarse que Pedro haya dicho que el propósito de Dios era reunir un pueblo para su nombre, ya que algunos años antes Jesús había tocado el corazón de Pedro dándole una lección inolvidable.

Recordemos la escena en la que, luego de que un joven rico se alejara de Jesús y se negara a seguirlo, Pedro le dijo a Jesús: «He aquí, nosotros [a diferencia de este joven rico] lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?» (Mateo 19:27). Jesús le respondió con una leve reprensión, con la que en efecto intentaba advertir que no existe sacrificio supremo para quienes viven por el nombre del Hijo del Hombre: «Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mateo 19:29).

La verdad es clara: Dios está persiguiendo, con gozo omnipotente, el propósito mundial de reunir de toda tribu, lengua y nación un pueblo para su nombre (Apocalipsis 5:97:9). Él tiene un entusiasmo inagotable porque su fama sea difundida entre las naciones.

Por lo tanto, cuando nuestros sentimientos entran en armonía con los suyos y, por causa de su nombre, renunciamos a ir en pos de los placeres mundanos y nos unimos a él en su propósito global, el compromiso omnipotente de Dios por su nombre nos invade y no podemos salir perdiendo, a pesar de que podamos atravesar muchas tribulaciones (Hechos 9:16Romanos 8:35-39).

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

10 MAYO

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

Pablo escribe: “Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no solo por las obras que la ley exige” (Romanos 3:28). Santiago dice: “¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? […]. Como podéis ver, a una persona se la declara justa por las obras, y no solo por la fe […]. Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:14–26, especialmente vv. 20, 24, 26).

La contradicción formal entre Pablo y Santiago es tan llamativa que ha provocado un incesante debate a lo largo de los siglos. Muchos críticos contemporáneos, que dudan de que Dios haya hablado realmente en la Biblia, creen que los pasajes son incompatibles, y que juntos demuestran que desde el principio existieron ramas diferentes del cristianismo con interpretaciones distintivas e incluso mutuamente contradictorias. Otros piensan que el verdadero secreto que define la relación entre Pablo y Santiago reside en los distintos significados de “obras” y “hechos”.

Han surgido muchas explicaciones, pero no podemos valorarlas aquí. Sin embargo, ayudará reflexionar en los siguientes puntos:

(a) Pablo y Santiago se están enfrentando a problemas muy diferentes. Pablo está lidiando con los que dicen que las obras, sean malas o buenas, contribuyen de forma fundamental a la conversión al cristianismo (véase una de sus respuestas en Romanos 9:10–12). Su respuesta es que no lo hacen ni pueden hacerlo: la gracia de Dios únicamente se recibe por fe. Santiago lucha con los que sostienen que la fe salvadora se encuentra incluso en aquellos que simplemente afirman (por ejemplo) que hay un solo Dios (Santiago 2:19). Su respuesta es que esta fe es insuficiente; la auténtica produce buenas obras o, de lo contrario, está muerta.

(b) El asunto del orden de la secuencia está, pues, en juego. Pablo declara que las obras no pueden ayudar a una persona a ser cristiano; Santiago sostiene que el cristiano debe realizar buenas obras. No obstante, Pablo estaría de acuerdo en este punto; véase, por ejemplo, 1 Corintios 6:9–11.

(c) Pablo emplea constantemente el término “justificación”, el acto por el que Dios, en base a la obra de Cristo en la cruz, declara absueltos y justos a los pecadores culpables. Esa justificación es totalmente por gracia (Romanos 3:20; Gálatas 2:16). Santiago se centra más en la “justificación” ante los semejantes (2:18) e incluso en el juicio final. Dice que una vida cristiana auténtica debe ser una vida transformada. De nuevo, Pablo está de acuerdo: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Corintios 5:10). La asignación de recompensas puede ser por gracia, porque incluso nuestras buenas obras brotan finalmente de la gracia de Dios. Por tanto, las obras no son menos necesarias.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 130). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién es Jesús?

Jueves 10 Mayo

 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12

De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

Juan 8:58

¿Quién es Jesús?

Esta es una pregunta fundamental para cada uno de nosotros: ¿Jesús es solo un hombre o es mucho más que un hombre? Cuando estuvo en la tierra, la gente ya se hacía esta pregunta. ¿Era el Mesías prometido, aquel que había sido anunciado por los profetas?

Cierto día unos hombres religiosos tuvieron una larga discusión con él. Todo empezó porque Jesús declaró que él era la “luz del mundo”. Después de muchos rodeos le preguntaron: “¿Tú quién eres?” (Juan 8:25). Entonces Jesús les declaró que él existía incluso antes de que Abraham naciese. ¿Cómo era posible? ¡Porque él es Dios Hijo eternamente! Antes de venir a la tierra estaba con Dios (Juan 1:1-3). Él puede decir: “Yo soy”, como Dios había dicho a Moisés: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14).

Jesús existía antes de venir a la tierra. Luego participó de nuestra vida cuando estaba entre los hombres. Fue crucificado, murió, pero resucitó y ahora está en el cielo. Desde allí, como hombre y Dios a la vez, llamó al que sería el apóstol Pablo, y le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 9:5).

El primer mensaje del Evangelio es la proclamación de la identidad de Jesucristo a los hombres. Jesús, Dios el Hijo, vino de Dios, murió para llevar nuestros pecados, y ahora vive eternamente.

Los evangelios fueron escritos “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).

Isaías 56-57 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

No lo que debo ser

No lo que debo ser

5/9/2018

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto. (Filipenses 3:12)

Aun no somos lo que debemos ser, lo que podemos ser ni lo que seremos cuando veamos al Señor. Nuestra carrera espiritual comienza con un sentido de insatisfacción. Pablo comenzó su carrera sabiendo que no había llegado.

Puedo repetir ese testimonio de Pablo. Después de muchos años de andar con el Señor y de participar en el ministerio, estoy muy consciente de que no soy lo que debo ser. Como cualquier otro creyente, sigo en el proceso de crecimiento. Las personas que se sienten satisfechas con lo que son espiritualmente han alcanzado un punto peligroso. Es probable que sean insensibles al pecado y que tiendan a defenderse cuando debieran reconocer su debilidad y buscar ayuda.

El crecimiento espiritual comienza como cualquier carrera. El corredor sabe la distancia que tiene que correr y pone el mayor esfuerzo en la línea de llegada. La meta de Pablo era llegar a ser perfecto, pero el saber que no la había alcanzado no lo desanimaba. Y tampoco debe desanimarlo a usted.

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Lo que significa amar a Dios

MAYO, 09

Lo que significa amar a Dios

Devocional por John Piper

Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario, para ver tu poder y tu gloria. (Salmos 63:1-2)

Solo Dios puede satisfacer un corazón como el de David. David era un hombre conforme al corazón de Dios mismo. Fuimos creados para ser así.

Esta es la esencia de lo que significa amar a Dios: estar satisfechos en él. ¡En Él!

Amar a Dios implica obedecer todos sus mandamientos, implica creer toda su Palabra, implica agradecerle por todos sus dones; pero la esencia del amor a Dios es deleitarse en todo lo que él es. Y es este deleite en Dios lo que glorifica su valía del modo más completo.

Todos sabemos esto tanto por intuición como por leerlo en las Escrituras. ¿Nos sentimos más halagados por el amor de aquellos que nos sirven debido a que los constriñe una responsabilidad, o por el amor de aquellos que disfrutan nuestra compañía?

Mi esposa se siente más halagada cuando le digo: «Me hace feliz pasar tiempo contigo». Mi felicidad es el eco de su excelencia. Lo mismo sucede con Dios. Él es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en él.

Ninguno de nosotros ha alcanzado la satisfacción perfecta en Dios. A menudo me apena percibir que mi corazón está quejumbroso por haber renunciado a los placeres del mundo. Pero he probado que el Señor es bueno. Por la gracia de Dios ahora conozco la fuente del gozo eterno.

Por eso amo invertir mis días atrayendo a las personas hacia el gozo, hasta que puedan decir conmigo: «Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo» (Salmos 27:4).

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Números 17–18 | Salmo 55 | Isaías 7 | Santiago 1

9 MAYO

Números 17–18 | Salmo 55 | Isaías 7 | Santiago 1

Las interpretaciones de Isaías 7 son numerosas. Bajo mi punto de vista, solo dos de ellas son plausibles.

El escenario es bastante claro (7:1–12). El rey Acaz de Judá está aterrorizado por la alianza del reino norteño de Israel con Siria para destruir el reino del sur. De ahí que no esté dispuesto a unirse a ellos en su pacto contra la superpotencia de la región, Asiria. De hecho, cree que, siendo Estado vasallo de esta, podrá tener más seguridad ante la amenaza del reino del norte y Siria. El Señor dice a Isaías que lleve con él a su hijo Sear-jasub (que puede significar “un remanente volverá” o “un remanente se arrepentirá”) y se encuentre con el rey Acaz al final del acueducto; aparentemente, el rey está inspeccionando el suministro de agua, preparándose para un largo asedio. Isaías tiene un plan alternativo radical que proponer de parte del Señor: no confiar en nadie, sino en Dios, y él protegerá Jerusalén y Judá. Sin embargo, bajo un pretexto de piedad, Acaz se niega a hacerlo (7:12) y, por tanto, debe llegar el juicio: Judá sufrirá en breve el ataque de la misma Asiria que Acaz corteja en busca de protección y caerá derrotada (7:17–20).

La incertidumbre aumenta en torno a la profecía de Emanuel. Un punto de vista sostiene que el final de Isaías 6, que anuncia el surgimiento de un remanente justo, está vinculado al nombre del hijo del profeta: al menos, un remanente se arrepentirá y se invita a Acaz a unirse a él. Sion, representada como una mujer joven, da a luz al remanente fiel que emergerá de sus sufrimientos. Este “hijo” es llamado “Emanuel”, precisamente porque Dios está con nosotros, con ese grupo de fieles. Nótese el cambio de “tu Dios” (7:11) a “mi Dios” (7:13). Antes de que este “hijo” alcance la edad del discernimiento moral (no más de unos pocos años), Asiria habrá devastado la tierra (7:17), porque Dios mismo llamará a los enemigos. Incluso antes de ello (7:16a), la tierra de Israel y de Siria quedan asoladas. Del remanente justo brota el Mesías, la razón por la que Mateo 1:23 puede aplicar Isaías 7:14 a Jesús.

El otro punto de vista defiende que, a pesar de su lenguaje piadoso (7:12), Acaz ha rechazado totalmente la petición del Señor de que confiase sólo en él y abandonase cualquier idea de alianza con Asiria. Así pues, la “señal” prometida en 7:13–14 no invita al arrepentimiento, sino que confirma la condenación divina (como en, p. ej., Éxodo 3:12; 1 S. 2:34; Is. 37:30). A juzgar por las altas expectativas del versículo 11, la señal debe ser espectacular, no simplemente un intervalo de tiempo antes de que una joven se quede embarazada. A pesar de los argumentos contrarios, la palabra traducida como “joven” debe entenderse realmente como “virgen”, por lo que la profecía de “Emanuel” sería mesiánica. El título, “Dios con nosotros”, anuncia el que se aplica al Mesías davídico en Isaías 9:2–7, “Dios fuerte”. Su venida confirma retrospectivamente todo el juicio que se ha pronunciado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 129). Barcelona: Publicaciones Andamio.