El fracaso de los líderes

El fracaso de los líderes

5/21/2018

A ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. (Filipenses 2:20)

La historia de la Iglesia pudiera referirse a nuestra época como la del desastroso fracaso en el liderazgo de la iglesia. Se han bajado las normas del liderazgo, y millares han perdido trágicamente su camino.

¿Dónde están los hombres piadosos y veraces? ¿Dónde están los humildes y desinteresados modelos de virtud? ¿Dónde están los ejemplos de la victoria sobre la tentación? ¿Dónde están quienes nos muestren cómo orar y vencer las pruebas o la adversidad?

Tenemos una iglesia estancada y deformada porque hemos perdido de vista a Cristo, su Palabra y al Espíritu. Hemos perdido de vista nuestro claro ejemplo de crecimiento en la vida del apóstol Pablo. Y hemos tolerado una norma de liderazgo más baja que la permitida por la Biblia. La esencia del cristianismo es ser más semejante a Cristo. Se atenderán asuntos tales como las buenas relaciones, el servicio y la evangelización si procuramos alcanzar esa meta santa.

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Dios obra a nuestro favor

MAYO, 21

Dios obra a nuestro favor

Devocional por John Piper

Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. (Salmos 121:1-3)

¿Necesitan ayuda? Yo sí. ¿Hacia dónde miraremos en busca de ayuda?

Cuando el salmista levantó sus ojos a los montes y preguntó: «¿de dónde vendrá mi socorro?», la respuesta fue: «mi socorro viene del Señor». No de los montes, sino del Dios que hizo los montes.

De este modo trajo a memoria dos grandes verdades: una es que Dios es el poderoso Creador y como tal está por encima de todos los problemas de la vida; la otra es que Dios nunca duerme.

Dios es un trabajador incansable. Pensemos en Dios como alguien que obra en nuestra vida. Sí, es maravilloso. Tendemos a pensar que nosotros trabajamos en la vida de Dios. Sin embargo, la Biblia quiere que primero nos maravillemos de que Dios trabaja en nuestra vida: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).

Dios trabaja para nosotros sin descanso. No se toma días libres ni horas de descanso. De hecho, tiene tantas ansias de obrar a nuestro favor que mira a su alrededor en busca de más trabajo para hacer por personas que confíen en él: «Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

Dios ama mostrar su incansable poder, sabiduría y bondad trabajando por las personas que confían en él. Jesús fue el principal medio que usó Dios para demostrarlo: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir» (Marcos 10:45). Jesús trabaja para sus seguidores. Los sirve.

Debemos creer en esto —en verdad creerlo— para poder regocijarnos en el Señor siempre (Filipenses 4:4) y dar siempre gracias por todo (Efesios 5:20) y tener la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y por nada estar afanosos (Filipenses 4:6) y aborrecer nuestra vida en este mundo (Juan 12:25) y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39).

¡Cuánta verdad! ¡Cuán grandiosa realidad! Dios está despierto todo el día y toda la noche para obrar a favor de los que esperan en él.

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Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

21 MAYO

Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

Pedro insta a sus lectores a tener “un limpio entendimiento” (2 Pedro 3, especialmente v. 1), en particular acerca del regreso del Señor. Estas palabras presuponen que estaban circulando teorías malsanas sobre el mismo, algo que prolifera aún más en la actualidad que en el primer siglo. Pablo hace hincapié en que:

(1) En cada generación, existirán personas que se mofen de la idea del retorno de Cristo (3:3). Algunas veces, estas burlas tendrán su base en una visión del mundo profundamente anticristiana. En nuestros días, es obvio que el naturalismo filosófico no deja lugar a una visita sobrenatural definitiva en el planeta Tierra, ni siquiera para un final de la historia provocado por Dios mismo. La postura puede estar vinculada con alguna perspectiva que defienda la uniformidad (3:4). Nunca deberíamos olvidar que tales perspectivas tienen frecuentemente dimensiones morales. Negar el juicio final es mucho más conveniente para aquellos que aman su autonomía moral (3:3).

(2) No deberíamos pasar por alto el hecho de que Dios no se ha quedado sin testigos a su favor a este respecto. No sólo ha impuesto duros juicios sobre naciones e imperios poderosos (muchas veces, a través de medios “naturales”), sino que dos acontecimientos dan testimonio de su intervención cataclísmica en el transcurso en los anales de la existencia de la tierra: la creación y el diluvio (3:5–7). Aquí, nuestra sociedad suprime, por ejemplo, los argumentos extremadamente claros que demuestran su intervención: “ignoramos voluntariamente” lo que Dios ha hecho. Nuestra valoración de estos asuntos está vinculada a nuestro distanciamiento de Dios nuestro Hacedor.

(3) El retraso del retorno de Cristo no sólo refleja que Dios maneja los tiempos de forma muy diferente (3:8), sino su paciencia sin igual: “Él tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” (3:9). Pablo dice algo parecido: “¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

(4) Cuando Cristo vuelva finalmente, sin embargo, su regreso será repentino, inequívoco y cataclísmico (3:10). Señalará el fin del universo tal como lo conocemos. Durante la década de los 50, en ocasiones se pidió a los residentes en Norteamérica que construyesen refugios nucleares para protegerse del holocausto que amenazaba. Pregunté a mi padre si debíamos construir uno. Él me dijo con calma: “¿Por qué? Cuando Jesús venga, todos los elementos serán destruidos [cp. 3:10, 12]. Prepárate para él, y no temas a ninguna otra cosa”.

(5) Este es el sentido. A la luz de todo ello, “¿No deberíais vivir como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?” (3:11–12). La prueba de la escatología es la ética.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 141). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las inescrutables riquezas de Cristo.

Lunes 21 Mayo

Si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Romanos 8:17

Las inescrutables riquezas de Cristo…

Efesios 3:8

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros.

Colosenses 3:16

¡Instálese en el castillo!

Un hombre pobre acababa de recibir una herencia inesperada. Un tío que no tenía hijos había muerto súbitamente y él era el único heredero. ¡De repente se había convertido en el propietario de un castillo rodeado de un gran terreno! ¡Era rico!

Se disponía a tomar posesión de la propiedad. Pero, intimidado, no se atrevió a ocupar el castillo. Prefirió instalarse con su familia en una cabaña destinada al encargado de cuidar la propiedad. El notario fue a visitarlos y estupefacto exclamó: «Pero señor, ¡instálese en el castillo!». Le mostró el documento que probaba que todo le pertenecía. ¡Qué lástima conformarse con una vivienda pequeña e incómoda cuando se posee un castillo!

Al recibir a Jesús por la fe, nos convertimos en hijos de Dios y herederos de las riquezas divinas. Pero a menudo nuestra vida cristiana es pobre y mediocre. Nos conformamos con saber que somos salvos, sin tomar posesión activa de las riquezas que Jesús nos ofrece: el perdón de nuestros pecados, la benignidad permanente de Dios, el conocimiento del Padre, el acceso a él mediante la oración, la liberación del poder del pecado, la esperanza de la vida eterna, la perspectiva de compartir la gloria del Hijo de Dios, ¡y todo el gozo y la paz que Dios quiere que experimentemos desde ahora en la tierra!

El «acta notarial» mediante la cual conocemos nuestros derechos es la Palabra de Dios. Leámosla atentamente y descubriremos cuán ricos somos.

Levítico 1-2 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30

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