Sentir afecto por los humildes

Sentir afecto por los humildes

7/24/2018

No altivos, sino asociándoos con los humildes. (Romanos 12:16)

No hay aristocracia alguna en la iglesia, ni lugar para una clase eclesiástica que merece toda la atención. Pero la Biblia no dice que usted nunca se asocie con los ricos ni con las personas influyentes. Es sencillamente que debe sentir más que una obligación el servir a los humildes porque son los más necesitados.

El Señor Jesús ilustró debidamente esa verdad: “Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lc. 14:12-14).

No es nada malo que invite a sus amigos y familiares a que coman en su casa. Pero es malo hacerlo con motivos egoístas, con el propósito de ser recompensado, y sin consideración alguna por los que no pueden darle nada a cambio.

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Jesús guarda a sus ovejas

JULIO, 24

Jesús guarda a sus ovejas

Devocional por John Piper

Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos. ? (Lucas 22:31-32)

Aunque Pedro pecó de una manera lamentable, la oración de Jesús lo guardó de la ruina total. Lloró amargamente y fue restaurado al gozo y a la audacia de Pentecostés. Así es como Jesús está intercediendo por nosotros hoy para que nuestra fe no falle (Romanos 8:34).

Jesús prometió que sus ovejas serían preservadas y nunca perecerían: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano» (Juan 10:27-28).

La razón es que Dios obrará para preservar la fe de sus ovejas. «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6).

No estamos solos en la batalla de la fe. «Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito» (Filipenses 2:13).

Tenemos la seguridad de la Palabra de Dios de que, si somos sus hijos, él nos hará «aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de él mediante Jesucristo» (Hebreos 13:21).

Nuestra resistencia en la fe y en el gozo está finalmente, y de manera decisiva, en las manos de Dios. Sí, debemos pelear. Pero esta misma pelea es lo que Dios «obra en nosotros». Él ciertamente lo hará, ya que «a los que justificó, a ésos también glorificó» (Romanos 8:30).

Él no perderá a ninguno de los que ha traído a la fe y la justificación.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 317-318

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Jueces 7 | Hechos 11 | Jeremías 20 | Marcos 6

24 JULIO

Jueces 7 | Hechos 11 | Jeremías 20 | Marcos 6

El capítulo que nos ocupa (Jeremías 20) presenta una perspectiva de las circunstancias externas de Jeremías en ese momento de su ministerio, y de su confusión interior.

(1) Las circunstancias externas de Jeremías: el sacerdote Pasur hijo de Imer es el “oficial principal” en el templo, presumiblemente el encargado de la seguridad, que sirve bajo el mando del sumo sacerdote. Las acciones y palabras proféticas que Jeremías comunicó en el capítulo anterior, anunciando la destrucción de Jerusalén y de su templo, se han interpretado como algo cercano a la traición, si no a la blasfemia, más aún cuando Pasur ha estado entre los que “profetizaba mentiras” (20:6), asegurando que Dios nunca dejaría que la ciudad cayese en manos de los paganos (cp. 14:14–15). Así pues, Pasur ordena arrestar y azotar al profeta, presumiblemente hasta el límite legal de cuarenta azotes (Deuteronomio 25:3, este número se redujo en uno en la época de Pablo para garantizar que no excediese accidentalmente el límite, 2 Corintios 11:24). Jeremías pasa una noche en el cepo, un elemento que provocaba contracturas musculares muy dolorosas. La mañana siguiente, Pasur cambia de opinión y deja ir al profeta. Está equivocado si cree que su indulgencia va a hacerle callar: Jeremías utiliza la ocasión para asignar un nuevo significado al nombre de Pasur, “Terror por todas partes” (20:3–4), otro anuncio pintoresco del juicio que caerá con total seguridad, cuando todas las falsas profecías de Pasur queden expuestas como lo que son.

(2) La confusión interna de Jeremías: si el profeta es valiente de cara al exterior, los siguientes versículos (20:7–18) revelan algo de su angustia personal. Jeremías ha estado prediciendo el juicio durante décadas, pero hasta ese momento no ha llegado. Cada vez es más fácil desacreditarlo y burlarse de él. La paciencia del Señor se convierte en excusa para el escepticismo (como en 2 Pedro 3:8–9). Temporalmente, el profeta decide guardar silencio, pero la palabra profética que arde en su interior es tan fuerte que no puede guardarla dentro (20:9). Por tanto, habla y sus antiguos “amigos” le escuchan con condescendencia burlona, esperando que diga algo que les permita denunciar a este necio a las autoridades y ocasionarle problemas (20:10). Jeremías oscila entre una fe brillante y firme, totalmente confiada en que el Señor lo vindicará finalmente (20:11–13), y una desesperación debilitadora que desea abiertamente no haber nacido nunca y que se regodea en una autocompasión entendible (20:14–18).

Es posible que algunos siervos del Señor nunca hayan experimentado semejantes altibajos, pero son muy pocos. Ciertamente, quienes sirven en lugares difíciles se ven casi invariablemente reflejados de algún grado en las experiencias de Jeremías. Oremos por los líderes cristianos, especialmente por aquellos cuya labor se desarrolla en terrenos complicados y profundamente desalentadores.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 205). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Palabra de Dios fortalece la fe

Martes 24 Julio

Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.

Salmo 119:50

Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón.

Jeremías 15:16

La Palabra de Dios fortalece la fe

«Era joven y no estaba muy firme en la fe. Un día escuché lo siguiente en una reunión cristiana: ¿Qué va a fortalecer su fe? ¿Sus reflexiones? ¿La actualidad? ¿Lo que piensan los demás? No, ¡la Biblia! Al leerla su alma será alimentada y fortalecida.

Entonces comprendí que solo la Palabra de Dios podía liberarme de mis dudas».

La Palabra es el primer medio, empleado por el Espíritu Santo, para fortalecer nuestra fe. Cuando estamos turbados, algunos nos dicen: «¡No hay que pensar en los problemas, hay que seguir luchando!». Pero estos consejos no sirven de mucho, pues solo la Palabra de Dios tiene el poder para reconfortarnos e instruirnos a fin de que continuemos avanzando. Al leerla y pensar en ella, nuestro corazón se apega al Señor, y por medio de ella recibimos luz y fuerza.

Para animar a amigos creyentes, quizá sea útil evocar experiencias personales a fin de mostrarles que podemos simpatizar con sus dificultades. Pero solo la Palabra divina es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), y tiene el poder para transformar vidas.

Si no estoy lleno del amor divino, mi mensaje no tendrá ningún impacto positivo en el corazón de la persona a quien trato de animar. Y no tenemos el poder para penetrar en los corazones, como sí lo hace la Sagrada Escritura, que ha sido “inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Dejémonos impregnar por la Palabra de Dios y dirigir por su Espíritu para vivir y transmitir aquello que será una ayuda en el día difícil.

Números 33 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3

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