Entre las informaciones y las decisiones

Entre las informaciones y las decisiones

A las 3:11 PM del 15 de enero del 2009, el vuelo 1549 de la aerolínea US Airways salió del Aeropuerto Internacional LaGuardia de Nueva York, con 150 pasajeros y 5 tripulantes a bordo del Airbus A320. Todo transcurría con normalidad hasta que dos minutos después del despegue una bandada de barnaclas impactó en el fuselaje y los motores del avión. Esto obligó a Chesley “Sully” Sullenberger, capitán de la nave, a hacer un amerizaje en el río Hudson cerca de las 4:00 PM. El capitán dijo al programa 60 minutes de CBS que tomó la decisión de amerizar sobre las gélidas aguas del Hudson porque un aterrizaje en el aeropuerto hubiera sido catastrófico debido a la situación de los motores, y además, podría haber causado un desastre al atravesar áreas de mucha población. Este piloto también es conocido por ser un experto en seguridad aérea, y en el momento de la emergencia su reto no era de información, pues eso él lo tenía; su mayor reto era de decisión y que ésta fuera correcta.

Me parece que en la vida cristiana, principalmente en el mundo occidental, muchos creyentes nos vemos envueltos en las dinámicas que se dan entre manejar informaciones bíblicas teológicas y tomar decisiones correctas. Nuestro problema no es el mismo del mundo no occidental. Ellos tienen problemas de información: no tienen acceso a buenos libros, ya sea porque no están traducidos o porque no pueden ser adquiridos. En algunos lugares no tienen acceso fácil a algo tan básico como la Biblia porque está prohibida. Recuerdo que para los Juegos Olímpicos en China a unos pastores no le permitieron la entrada al país y les confiscaron las 300 Biblias que trataron de introducir. Estuve en Egipto en el 2010 y pude ver la opresión espiritual que se vive allí, donde los escasos cristianos necesitan que Dios derrame gracia abundante para poder crecer y para poder alcanzar a otros para Él. Allí también escasea la información bíblica, pues el dominio del Islam es severo. En el mundo occidental vivimos todo lo contrario. Tenemos acceso libre a todo tipo de información, sean estas buenas o malas. Podemos comprar los libros que queramos, ya sea de manera física o electrónica. Podemos transitar libremente hasta los templos y escuchar la exposición bíblica. Tenemos la radio, TV, internet, Facebook, Twitter, páginas web, blogs, revistas, etc. Todos estos recursos nos confirman los distintos niveles de información que podemos manejar. En el mundo occidental, los creyentes en Cristo estamos distribuidos  entre diferentes niveles de información. Algunos solo tienen una idea o conocimiento general del tema, mientras otros se encuentran en un nivel especializado. Claro, esa distribución depende mucho del ambiente teológico en el que esté, de los recursos económicos, de su nivel espiritual… Pero la información bíblica teológica no es como en el mundo no occidental. Es por eso que pienso que aunque hay muchos creyentes ignorantes, y como dice el Dr. Miguel Núñez “América Latina debe ser re evangelizada”, con lo que estoy totalmente de acuerdo, aun así la información básica está a la disposición prácticamente de cualquier interesado en conocer la verdad. En el mundo no occidental, aunque estés interesado, se te hará difícil encontrar la información bíblica teológica que necesites. Esta realidad de Occidente nos hace más responsables ante Dios, porque se nos ha dado mucho (Mt. 12:48). Nuestro problema no es saber que existe un Dios creador del universo. Tampoco que se revela en su Palabra, ni que nos envió a su Hijo para que viniera a este mundo a salvarnos. Esa información la sabemos muy bien. Tampoco ignoramos que ese Dios quiere que vivamos en integridad para su Gloria y que nos sometamos a sus principios para que los demás glorifiquen su nombre por nuestro testimonio. Tanto creyentes como no creyentes en el mundo occidental tienen la información necesaria para saber quién es Dios y lo que Él quiere de cada uno de nosotros. En el caso particular del creyente, debemos decir que muchos viven en un antinomianismo, que a pesar de saber lo que las Escrituras dicen, no hacen lo que ellas demandan. Con pesar debo reconocer que esta tensión entre información y decisión se ha dado siempre en el pueblo de Dios. Este pueblo siempre ha tenido la información, pero por sus carnalidades y pecados no ha decidido correctamente. Me pregunto por qué Josué, siendo un anciano, tiene que decirle al pueblo que deben decidir entre Jehová Dios o los demás dioses (Josué 24:15), o por qué el profeta Elías tiene que decirle al mismo pueblo: “… ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidle; y si Baal, seguidle a él. Pero el pueblo no le respondió ni una palabra” (1 Reyes 18:21 LBLA). Obviamente el problema de ellos no era de información sino de decisión. Cuando vamos al Nuevo Testamento, la realidad no cambia: la tensión entre información y decisión sigue siendo la misma tanto en el creyente como en el no creyente. Comencemos por Herodes y Juan el Bautista: Herodes sabía que estaba mal, su problema no era de información sino de decisión, pues sabía muy bien que tenía que dejar la relación adúltera con su cuñada (Marcos 6: 17-18). Lo vemos también en el joven rico, “se fue muy triste porque tenía muchas posesiones…” (Mateo 19: 22Marcos 10: 22Lucas 18: 23). Y también Jesús mientras dirigía un discurso a los líderes judíos indiferentes y hostiles, y a simpatizantes con distintos niveles de compromisos, les dejó ver las demandas de su ministerio, y por tal razón fueron abandonándolo. Es por esto que el Maestro les dice a los doce: “¿Acaso queréis vosotros iros también?” (Juan 6: 67).

¿Qué podemos hacer ante esta realidad?

En primer lugar, debemos volver a las Escrituras, al plan de Dios. Es ahí donde comienza todo. Para poder decidir correctamente no podemos desprendernos del Señor y su Palabra, pues Él revela su voluntad por medio de ella (Josué 1:7-8). En este sentido, Dios y su Palabra son la misma cosa (Juan 1:11414: 617:17). En segundo lugar, cuando vamos a tomar decisiones, su Palabra es imprescindible también porque actúa como guía, como luz (Salmo 119:105), y esa luz no solo servirá para nosotros, también servirá para que los demás puedan ver nuestro proceder. El salmista dice que la Palabra del Señor es luz. Jesús mismo dijo que Él es la Luz del mundo (Juan 8:129:15). Además, nosotros somos luces (Mateo 5:14). Si estamos dependientes del Señor y su Palabra seremos luces resplandecientes. No solo tendremos informaciones correctas, sino decisiones correctas. Se cuenta la historia de un anciano que encendía lámparas en un pueblo de Escocia en los primeros días del siglo XX. Llegaba un momento que por ser tantas, el anciano no se veía, pero se sabía que andaba por allí por las luces encendidas en las calles y porque había dejado toda una avenida de luz. Como el anciano, somos encendedores. Según las luces que encendamos, así se sabrá en dónde estamos, y así podremos guiar a otros. En tercer y último lugar, los creyentes comprometidos, al no limitarse a ser consumidores de informaciones, asumen con valentía las demandas propias de las decisiones que toman a la luz de la Palabra de Dios. No les importan los resultados porque saben que están actuando según las Escrituras. Ellas dicen: Encomienda al Señor tu camino, confía en El, que El actuará; hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. (Salmo 37: 6-5) Quien decide obedecer simplemente confía en un Dios sabio, poderoso y perfecto, que quiere lo mejor para sus hijos porque sabe que su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). No le importa los riesgos, sino que se lanza a la gloriosa hazaña de no limitarse a consumir información, sino a decidir por lo que Dios le ha enviado a hacer. J.I. Packer dice en su clásico libro “Hacia el conocimiento de Dios”: “El ilustre teólogo John Mackay en Prefacio a la teología cristiana explica cómo hay creyentes que son apasionados y arriesgados y otros no. El ilustró dos tipos de interés en cuestiones espirituales. Unos están sentados en un balcón de una casa española observando el paso de la gente calle abajo. Los “balconeros”, como él les llama, pueden oír lo que hablan los que pasan y pueden charlar con ellos; pueden comentar críticamente la forma en que caminan los que pasan; o pueden también cambiar ideas acerca de la calle, a dónde conduce, etc. Pero son espectadores, y sus problemas son teóricos únicamente. Los que pasan, en cambio, son los viajeros, y enfrentan problemas que, aunque tienen su lado teórico, son esencialmente prácticos: problemas como qué tipo de camino tomar, cómo hacer para llegar, problemas con el sol, la lluvia, la noche, etc. Tanto los balconeros como los viajeros pueden pensar sobre los mismos asuntos, pero sus problemas son diferentes. Mientras que los “balconeros” ven la vida de manera teórica, los viajeros sufren diariamente todas las dinámicas que se les presenta en su viaje.  Los creyentes comprometidos no solo observan u oyen las informaciones porque no son balconeros. Los creyentes comprometidos toman decisiones como los viajeros, no importando los riesgos del viaje, porque saben que el Señor está con ellos siempre (Mateo 28:20). Los creyentes verdaderos conoceremos las informaciones que necesitamos como viajeros para tomar las decisiones correctas en situaciones normales o en momentos de emergencias. Cuando estamos cerca del Señor conoceremos su voluntad y tendremos el GPS más seguro: “Guiados por la  Palabra del Señor”. Entonces nuestro despegue y aterrizaje serán seguros porque no nos limitamos a sus informaciones sino a las decisiones que Él quiere que hagamos. Estas tensiones siempre las tendremos, pero su gracia está a nuestra disposición para honrarle a la hora de decidir.

La vida penitente

La vida penitente

8/9/2018

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

Si usted se ha apartado de sus pecados y ha tomado el camino de justicia de Dios, llevará una vida transformada. El tema de Primera Juan es que la persona verdaderamente redimida mostrará una vida verdaderamente transformada.

“El que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:5-6).

Quienes enseñan que el arrepentimiento y la vida penitente no son parte necesaria del evangelio no están presentando el evangelio que predicó Jesús. Tal evangelio de presunción y de justicia propia es del mundo, no de Dios.

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La finalidad del Evangelio

AGOSTO, 09

La finalidad del Evangelio

Devocional por John Piper

Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:9-11)

¿De qué necesitamos ser salvos? El versículo 9 lo expone claramente: de la ira de Dios. Pero ¿es ese el mejor de los premios del evangelio? ¿el más alto, el que nos brinda mayor plenitud y el que más nos satisface?

No lo es. El versículo 10 dice: «mucho más… seremos salvos por su vida». Luego el versículo 11 nos conduce a la finalidad del ser salvos, al afirmar: «Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios».

Esa es la mejor parte, y la primordial, de las buenas nuevas. No hay ningún otro «y no solo esto» después, solo la aclaración de Pablo acerca de cómo lo alcanzamos: «por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación».

El fin del evangelio es «nos gloriamos en Dios». El bien más alto, más profundo y más dulce del evangelio, el que nos brinda la mayor plenitud, es Dios mismo —en quien se regocija su pueblo redimido—.

Dios en Cristo se convirtió en el precio (Romanos 5:6-8), y Dios en Cristo se convirtió también en el premio (Romanos 5:11).

El evangelio consiste en las buenas nuevas de que Dios pagó por nuestro deleite eterno en Dios.


Devocional tomado del sermón “Dios en Cristo: El Precio y Premio del Evangelio”

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Rut 2 | Hechos 27 | Jeremías 37 | Salmo 10

9 AGOSTO

Rut 2 | Hechos 27 | Jeremías 37 | Salmo 10

Hemos comprobado varias veces que los acontecimientos del libro de Jeremías no se encuentran ordenados cronológicamente. Ahora, pasamos del reinado de Joacim en el capítulo 36 al de Sedequías (Jeremías 37). Este rey fue un títere colocado por Babilonia después de la deportación de Jeconías, último monarca legítimo de Judá, en 597 a.C. Nos encontramos en 589–588. Los dos incidentes descritos en este capítulo reflejan la creciente degeneración del liderazgo e ilustran de nuevo la paciencia de Dios.

(1) El primer incidente (37:1–10) viene provocado aparentemente porque el faraón Hofra de Egipto hizo un amago de marchar hacia Jerusalén, con el fin de luchar contra los babilonios y liberarla. Las noticias que estos recibieron fueron lo suficientemente preocupantes como para levantar temporalmente el asedio y centrarse en esta nueva amenaza. Sedequías envió algunos emisarios a Jeremías, pidiendo su intercesión, presumiblemente para que este respiro momentáneo fuese definitivo. El profeta responde con las palabras de 37:7–10: los babilonios volverán y destruirán la ciudad. No deben engañarse creyendo otra cosa.

(2) Durante este paréntesis, Jeremías intenta salir de Jerusalén por la puerta de Benjamín, aparentemente con la intención de inspeccionar su nueva propiedad adquirida en Anatot (37:11–21; cp. 32:9). Sin embargo, lo arrestan, azotan y encarcelan acusado de deserción. Los oficiales no creen una sola palabra de las explicaciones del profeta, por lo que permanece prisionero en una mazmorra subterránea de la casa del secretario de Estado. Los oficiales son muy diferentes de sus predecesores en el reinado de Jeconías (26:19; 36:19), que parecían simpatizar con Jeremías pero se encontraban bajo el yugo de un monarca malvado y tozudo. Aquí, tratan al profeta con desprecio y son realmente crueles con él, mientras el rey Sedequías busca mantener el contacto con él y finalmente suaviza las condiciones de su reclusión, más por su miedo y desesperación que por una cuestión de principios.

Todo esto indica que, en cualquier jerarquía, incluyendo el gobierno y la iglesia, existen muchas formas diferentes de hacer mal las cosas. En algunas ocasiones, un líder malvado manipula a muchos subordinados, que no son profundamente amorales, pero sí débiles e indecisos. En otras, un líder inseguro está a merced de un grupo de oficiales malvados, incompetentes e infieles.

Reflexionemos: “¿Por qué, Señor, te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia? Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas. El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor. El malvado va con la cabeza levantada, y no da lugar a Dios en sus pensamientos” (Salmos 10:1–4).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 221). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El mercado del bienestar

Jueves 9 Agosto

El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos.

1 Timoteo 4:8-9

El mercado del bienestar

Desde hace algunos años el mundo se debate en una crisis económica sin precedentes. Sin embargo, en los países ricos sobre todo, el mercado del bienestar físico va de maravilla. Tanto a hombres como a mujeres les gusta cuidar su cuerpo, y los profesionales del sector no se equivocan multiplicando las ofertas. El footing, por ejemplo, experimentó una verdadera revolución comercial: zapatos adaptados a la morfología del pie, podómetro, entrenador deportivo virtual… ¡Todo está calculado para que los que corren estén cada vez mejor equipados! Los publicistas lo comprendieron muy bien, ¡el bienestar no tiene precio!

Como siempre, la Biblia pone las cosas en su lugar. El ejercicio físico es útil: favorece la salud y permite relajarse, pero ahí se queda.

La piedad, es decir, la relación estrecha y personal que podemos tener con Dios, es algo que transforma totalmente nuestras vidas, desde ahora en la tierra y por la eternidad. Es útil para todo lo básico en la existencia: el sentido de nuestra vida, nuestra paz interior, nuestras relaciones humanas, la felicidad de saber que somos amados, nuestra seguridad con respecto al futuro, nuestra confianza en Dios, incluso en medio de la prueba o la pobreza…

Entonces, en una época en la que las perspectivas a menudo son muy sombrías e inquietantes, ¿a qué daremos la prioridad? ¿A lo que es útil, por supuesto, pero que sirve “para poco”, o a lo que “para todo aprovecha”, tanto en la vida presente como en la venidera?

Jeremías 13 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

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Mi nombre es ORGULLO

Mi nombre es ORGULLO

¡Soy un tramposo!

Te privo del destino que Dios te dio …

Porque tú demandas las cosas a tu manera.

Te privo del contentamiento …

Porque «mereces más que esto».

Te privo del conocimiento …

Porque tú ya conoces todo.

Te privo de la sanidad …

Porque estás demasiado lleno de mí como para perdonar.

Te privo de la santidad …

Porque rehúsas admitir cuando te equivocas.

Te privo de tu visión …

Porque prefieres mirar en un espejo que a través de una ventana.

Te privo de tu genuina amistad …

Porque nadie conocerá quién eres realmente.

Te privo del amor …

Porque el verdadero romance demanda sacrificio.

Te privo de las grandezas del cielo …

Porque rehúsas lavar los pies de otros en la tierra.

Te privo de la gloria de Dios…

Porque te convenzo de buscar la tuya propia.

Mi nombre es ORGULLO. Soy un tramposo.

Yo te agrado porque piensas que siempre te cuidaré. No es cierto.

Yo procuro hacerte quedar como un tonto.

Dios tiene mucho para ti, lo admito,

Pero no te preocupes …

Si permaneces a mi lado,

Nunca te darás cuenta.

BETH MOORE

No es optativo el arrepentimiento

No es optativo el arrepentimiento

8/8/2018

Arrepentíos, y creed en el evangelio. (Marcos 1:15)

Si quiere entrar por la puerta estrecha, tiene que arrepentirse. Muchos judíos de la época de Jesús creían que el ser simplemente descendientes físicos de Abraham era suficiente para la entrada en el cielo. Y hoy muchos creen que con ir a la iglesia o ser moralmente buenos es suficiente para la salvación. Después de todo, piensan ellos, Dios es demasiado bueno para excluir a alguien que no sea tan malo.

Dios quiere que todos entren por la puerta estrecha porque Él “no [quiere] que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). Pero usted no pasará por la puerta estrecha a menos que siga el consejo de Carlos Spurgeon: “Usted y sus pecados se apartan o usted y su Dios nunca se juntarán. No puede mantener ningún pecado; tiene que abandonarlos todos, tiene que sacarlos como a los reyes cananeos de la cueva y ahorcarlos al sol”.

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Soberano sobre toda la naturaleza

AGOSTO, 08

Soberano sobre toda la naturaleza

Devocional por John Piper

La suerte se echa en el regazo, mas del Señor viene toda decisión. (Proverbios 16:33)

En lenguaje actual, diríamos: «Nosotros tiramos los dados, pero Dios decide la suerte».

No hay ningún evento, por más pequeño que sea, que Dios no controle según sus propósitos. Como dijo Jesús: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados» (Mateo 10:29-30).

Cada tirada de dados en Las Vegas, o la muerte del más pequeño de los pájaros en los miles de bosques del mundo —todo obedece al mandato de Dios—.

En el libro de Jonás, Dios le manda a un pez que trague (1:17), a una planta que crezca (4:6) y a un gusano que la consuma (4:7).

Y mucho más allá de la vida de los gusanos, las estrellas ocupan un lugar y se mantienen en su sitio por el mandato de Dios:

Alzad a lo alto vuestros ojos y ved quién ha creado estos astros: el que hace salir en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la grandeza de su fuerza y la fortaleza de su poder no falta ni uno (Isaías 40:26).

Cuánto más, entonces, le obedecen los eventos naturales de este mundo —desde el clima y los desastres naturales hasta las enfermedades, las discapacidades y la muerte—.

Por lo tanto, maravillémonos ante tal imagen y tengamos paz, sabiendo que ningún evento natural está fuera de los buenos propósitos y el perfecto control de Dios.

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Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36, 45 | Salmo 9

8 AGOSTO

Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36, 45 | Salmo 9

Jeremías 36 y 45 ofrecen valiosas perspectivas dentro de dos ámbitos: la relación existente entre Jeremías y Baruc, y cómo llegaron a escribirse las profecías del primero.

(1) Baruc, hijo de Nerías (36:4) y hermano de Seraías, oficial al servicio del rey Sedequías (51:59), aparece por primera vez en este libro en el capítulo 32, como testigo legal. Se deduce, por tanto, que Baruc era el amanuense del rey (su escriba; más o menos, su secretario).

(2) Parece claro que Baruc creyó en algún momento que estar vinculado con un profeta como Jeremías contribuiría a su progreso. Ahora, lo encontramos profundamente decepcionado al ver que los acontecimientos no se producen como esperaba (Jeremías 45). La trascendencia de los mensajes que ha estado transcribiendo angustia a su alma y se siente terriblemente deprimido. Jeremías reacciona de dos formas: (a) reprende al joven por pensar únicamente en su propio futuro cuando la nación se está hundiendo por completo. Sus palabras constituyen una amonestación que muchos necesitan escuchar en el Occidente individualista; (b) lo tranquiliza: a pesar de la catástrofe que está a punto de caer sobre la ciudad, Baruc sobrevivirá.

(3) No se siempre disponemos de información precisa acerca de cómo llegó la revelación de Dios a los profetas con la forma escrita que tenemos en la Biblia. En este caso, es maravillosamente específica. Dios mismo ordena a Jeremías que escriba las palabras y este las dicta meticulosamente a Baruc, que las transcribe. Nos encontramos en el cuarto año del reinado de Joacim (36:1), alrededor de 605–604 a.C., el año de la batalla de Carquemis, tras la cual Babilonia sustituyó a Egipto como potencia dominante en la región.

(4) Parece que, al menos en primera instancia, la forma escrita de las profecías de Jeremías tuvo más peso entre las autoridades que la oral, a raíz de la cual fue encarcelado (36:8–19). Incluso en la actualidad, los medios públicos (periódicos, radio, televisión) tienen más credibilidad que una simple palabra en boca de un amigo. Lo trágico de la situación es que el rey responde con una actitud cínica y desafiante, rompiendo el rollo y tirándolo al fuego; una reacción tristemente contraria a la del rey Josías cuando le leyeron el libro de la ley que encontraron (2 Reyes 22:11). Peor aún, si lo que está destruyendo es realmente el rollo que contiene las palabras de Dios, qué estupidez absoluta pensar que estas pueden eliminarse tan fácilmente. ¿Es acaso tan corta la memoria del Todopoderoso, que no es capaz recordar lo que ha dicho? ¿Acaso no puede levantar hombres, siervos suyos que transcriban otra vez el material e incluso incluyan nuevas revelaciones (36:27–32)? Ocurre lo mismo con los muchos intentos de destruir las Escrituras habidos a lo largo de la historia: ¿No tiene el Señor poder para defender sus palabras y destruir a los que se burlan de ellas?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 220). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una nueva identidad

Miércoles 8 Agosto

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Una nueva identidad

En la época de Moisés (unos 1.500 años antes del nacimiento de Jesucristo), Dios permitió que su pueblo pasara por circunstancias difíciles, para que ellos descubriesen lo que había en sus corazones (Deuteronomio 8:2). Dios conoce verdaderamente los pensamientos, las aspiraciones, las intenciones de todo hombre. A menudo nosotros mismos nos hacemos ilusiones sobre lo que somos y cómo nos ven los demás. También podemos equivocarnos sobre la manera cómo Dios nos ve, sobre nuestra verdadera identidad.

La Biblia declara que por naturaleza somos “hijos de ira” (Efesios 2:3). Pero Dios nos ama a pesar de nuestras faltas, y gracias al sacrifico de su Hijo Jesucristo, nos da el derecho de ser hijos de Dios. Los que aceptan esta gracia divina son liberados de su antigua condición y reciben una nueva identidad: son “hijos de Dios”. Para ello era necesario que Dios:

– nos redimiese de aquel que nos tenía prisioneros, es decir, el diablo;

– nos revistiese con su justicia, sin la cual nadie puede estar en su presencia;

– nos diese una vida nueva capaz de comprender su amor y sus pensamientos;

– nos adoptase plenamente como sus hijos (Juan 1:13);

– nos hiciese “coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).

A través de la muerte y la resurrección de Jesús Dios pudo darnos todo esto. Los que lo creen pueden decir: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

Jeremías 12 – Lucas 18:1-17 – Salmo 91:11-16 – Proverbios 21:1-2

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