Mi nombre es ORGULLO

Mi nombre es ORGULLO

¡Soy un tramposo!

Te privo del destino que Dios te dio …

Porque tú demandas las cosas a tu manera.

Te privo del contentamiento …

Porque «mereces más que esto».

Te privo del conocimiento …

Porque tú ya conoces todo.

Te privo de la sanidad …

Porque estás demasiado lleno de mí como para perdonar.

Te privo de la santidad …

Porque rehúsas admitir cuando te equivocas.

Te privo de tu visión …

Porque prefieres mirar en un espejo que a través de una ventana.

Te privo de tu genuina amistad …

Porque nadie conocerá quién eres realmente.

Te privo del amor …

Porque el verdadero romance demanda sacrificio.

Te privo de las grandezas del cielo …

Porque rehúsas lavar los pies de otros en la tierra.

Te privo de la gloria de Dios…

Porque te convenzo de buscar la tuya propia.

Mi nombre es ORGULLO. Soy un tramposo.

Yo te agrado porque piensas que siempre te cuidaré. No es cierto.

Yo procuro hacerte quedar como un tonto.

Dios tiene mucho para ti, lo admito,

Pero no te preocupes …

Si permaneces a mi lado,

Nunca te darás cuenta.

BETH MOORE

No es optativo el arrepentimiento

No es optativo el arrepentimiento

8/8/2018

Arrepentíos, y creed en el evangelio. (Marcos 1:15)

Si quiere entrar por la puerta estrecha, tiene que arrepentirse. Muchos judíos de la época de Jesús creían que el ser simplemente descendientes físicos de Abraham era suficiente para la entrada en el cielo. Y hoy muchos creen que con ir a la iglesia o ser moralmente buenos es suficiente para la salvación. Después de todo, piensan ellos, Dios es demasiado bueno para excluir a alguien que no sea tan malo.

Dios quiere que todos entren por la puerta estrecha porque Él “no [quiere] que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). Pero usted no pasará por la puerta estrecha a menos que siga el consejo de Carlos Spurgeon: “Usted y sus pecados se apartan o usted y su Dios nunca se juntarán. No puede mantener ningún pecado; tiene que abandonarlos todos, tiene que sacarlos como a los reyes cananeos de la cueva y ahorcarlos al sol”.

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Soberano sobre toda la naturaleza

AGOSTO, 08

Soberano sobre toda la naturaleza

Devocional por John Piper

La suerte se echa en el regazo, mas del Señor viene toda decisión. (Proverbios 16:33)

En lenguaje actual, diríamos: «Nosotros tiramos los dados, pero Dios decide la suerte».

No hay ningún evento, por más pequeño que sea, que Dios no controle según sus propósitos. Como dijo Jesús: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados» (Mateo 10:29-30).

Cada tirada de dados en Las Vegas, o la muerte del más pequeño de los pájaros en los miles de bosques del mundo —todo obedece al mandato de Dios—.

En el libro de Jonás, Dios le manda a un pez que trague (1:17), a una planta que crezca (4:6) y a un gusano que la consuma (4:7).

Y mucho más allá de la vida de los gusanos, las estrellas ocupan un lugar y se mantienen en su sitio por el mandato de Dios:

Alzad a lo alto vuestros ojos y ved quién ha creado estos astros: el que hace salir en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la grandeza de su fuerza y la fortaleza de su poder no falta ni uno (Isaías 40:26).

Cuánto más, entonces, le obedecen los eventos naturales de este mundo —desde el clima y los desastres naturales hasta las enfermedades, las discapacidades y la muerte—.

Por lo tanto, maravillémonos ante tal imagen y tengamos paz, sabiendo que ningún evento natural está fuera de los buenos propósitos y el perfecto control de Dios.

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Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36, 45 | Salmo 9

8 AGOSTO

Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36, 45 | Salmo 9

Jeremías 36 y 45 ofrecen valiosas perspectivas dentro de dos ámbitos: la relación existente entre Jeremías y Baruc, y cómo llegaron a escribirse las profecías del primero.

(1) Baruc, hijo de Nerías (36:4) y hermano de Seraías, oficial al servicio del rey Sedequías (51:59), aparece por primera vez en este libro en el capítulo 32, como testigo legal. Se deduce, por tanto, que Baruc era el amanuense del rey (su escriba; más o menos, su secretario).

(2) Parece claro que Baruc creyó en algún momento que estar vinculado con un profeta como Jeremías contribuiría a su progreso. Ahora, lo encontramos profundamente decepcionado al ver que los acontecimientos no se producen como esperaba (Jeremías 45). La trascendencia de los mensajes que ha estado transcribiendo angustia a su alma y se siente terriblemente deprimido. Jeremías reacciona de dos formas: (a) reprende al joven por pensar únicamente en su propio futuro cuando la nación se está hundiendo por completo. Sus palabras constituyen una amonestación que muchos necesitan escuchar en el Occidente individualista; (b) lo tranquiliza: a pesar de la catástrofe que está a punto de caer sobre la ciudad, Baruc sobrevivirá.

(3) No se siempre disponemos de información precisa acerca de cómo llegó la revelación de Dios a los profetas con la forma escrita que tenemos en la Biblia. En este caso, es maravillosamente específica. Dios mismo ordena a Jeremías que escriba las palabras y este las dicta meticulosamente a Baruc, que las transcribe. Nos encontramos en el cuarto año del reinado de Joacim (36:1), alrededor de 605–604 a.C., el año de la batalla de Carquemis, tras la cual Babilonia sustituyó a Egipto como potencia dominante en la región.

(4) Parece que, al menos en primera instancia, la forma escrita de las profecías de Jeremías tuvo más peso entre las autoridades que la oral, a raíz de la cual fue encarcelado (36:8–19). Incluso en la actualidad, los medios públicos (periódicos, radio, televisión) tienen más credibilidad que una simple palabra en boca de un amigo. Lo trágico de la situación es que el rey responde con una actitud cínica y desafiante, rompiendo el rollo y tirándolo al fuego; una reacción tristemente contraria a la del rey Josías cuando le leyeron el libro de la ley que encontraron (2 Reyes 22:11). Peor aún, si lo que está destruyendo es realmente el rollo que contiene las palabras de Dios, qué estupidez absoluta pensar que estas pueden eliminarse tan fácilmente. ¿Es acaso tan corta la memoria del Todopoderoso, que no es capaz recordar lo que ha dicho? ¿Acaso no puede levantar hombres, siervos suyos que transcriban otra vez el material e incluso incluyan nuevas revelaciones (36:27–32)? Ocurre lo mismo con los muchos intentos de destruir las Escrituras habidos a lo largo de la historia: ¿No tiene el Señor poder para defender sus palabras y destruir a los que se burlan de ellas?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 220). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una nueva identidad

Miércoles 8 Agosto

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Una nueva identidad

En la época de Moisés (unos 1.500 años antes del nacimiento de Jesucristo), Dios permitió que su pueblo pasara por circunstancias difíciles, para que ellos descubriesen lo que había en sus corazones (Deuteronomio 8:2). Dios conoce verdaderamente los pensamientos, las aspiraciones, las intenciones de todo hombre. A menudo nosotros mismos nos hacemos ilusiones sobre lo que somos y cómo nos ven los demás. También podemos equivocarnos sobre la manera cómo Dios nos ve, sobre nuestra verdadera identidad.

La Biblia declara que por naturaleza somos “hijos de ira” (Efesios 2:3). Pero Dios nos ama a pesar de nuestras faltas, y gracias al sacrifico de su Hijo Jesucristo, nos da el derecho de ser hijos de Dios. Los que aceptan esta gracia divina son liberados de su antigua condición y reciben una nueva identidad: son “hijos de Dios”. Para ello era necesario que Dios:

– nos redimiese de aquel que nos tenía prisioneros, es decir, el diablo;

– nos revistiese con su justicia, sin la cual nadie puede estar en su presencia;

– nos diese una vida nueva capaz de comprender su amor y sus pensamientos;

– nos adoptase plenamente como sus hijos (Juan 1:13);

– nos hiciese “coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).

A través de la muerte y la resurrección de Jesús Dios pudo darnos todo esto. Los que lo creen pueden decir: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

Jeremías 12 – Lucas 18:1-17 – Salmo 91:11-16 – Proverbios 21:1-2

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