Jueces 19 | Hechos 23 | Jeremías 33 | Salmos 3–4

5 AGOSTO

Jueces 19 | Hechos 23 | Jeremías 33 | Salmos 3–4

En la visión de restauración que encontramos en Jeremías 33, la última mitad del capítulo se centra en la restauración del trono davídico y asuntos relacionados (Jeremías 33:14–26). Haremos algunas observaciones:

(1) Los versículos 15–16 repiten 23:5–6 (véase la meditación del 27 de julio). Las palabras se describen como “la promesa de bendición” de Dios (33:14), es decir, la promesa que este hizo a Israel anteriormente por medio de Jeremías, y hacia la que atrae la atención ahora que Jeremías está prisionero en el patio de la guardia y la destrucción de la ciudad no se retrasará mucho. Esta es inminente y el exilio del pueblo, inevitable. El Señor quiere que el profeta y los israelitas miren más allá de estos desastres y contemplen sus promesas, que se cumplirán con total seguridad, algo que forma parte sustancial de lo que significa andar por fe.

(2) En general, Jeremías no revela tanto como Isaías de la venida del Mesías o, dicho de manera más precisa, lo que revela es más difuso. Sin embargo, define al que viene como el buen pastor (23:4; 31:10), renuevo justo (23:5; 33:15) y como David el rey, el siervo del Señor (30:9; 33:21, 26).

(3) La certeza del pacto de Dios con David está relacionada con el que ha formalizado con el día y la noche (33:19–21); en otras palabras, con la fiabilidad total del Señor sustentando su universo ordenado. La estabilidad de la monarquía davídica no se compara con la bruma matinal que se desvanece, sino con el ciclo diario, cuya regularidad depende de la fidelidad y fiabilidad de un Dios poderoso y providencial. Aunque, durante un tiempo, lo único que se verá de la dinastía davídica será un pobre tocón, Dios mismo hará “que brote de David un renuevo justo” (33:15).

(4) Más sorprendente, y ciertamente más rara entre los profetas, es la promesa de que los levitas no dejarían de tener un hombre que se presentase delante de Dios y ofreciese los sacrificios prescritos (33:18, 21). Puede referirse a los años posteriores al exilio, cuando se reconstruyó el templo y se establecieron de nuevo los sacrificios levíticos. Sin embargo, este mismo Jeremías también ha predicho un nuevo pacto, un anuncio que vuelve obsoleto en principio al formalizado con Moisés (Hebreos 8:13). De hecho, cuatro siglos antes que Jeremías, David avanzó el surgimiento de un sacerdocio del orden de Melquisedec (Salmos 110), que anunciaba el final del sistema levítico y un cambio en la ley (Hebreos 7:11–12). Desde una perspectiva canónica, quizás el último cumplimiento tipológico de este pasaje se produce en el reino de los “sacerdotes” que se levanta a partir de la obra del gran David (1 Pedro 2:5; Apocalipsis 1:6).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 217). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un encuentro que transformó todo

Domingo 5 Agosto

Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo… Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado… Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 1:3, 7, 9

Un encuentro que transformó todo

«Primero viví sin preguntarme si Dios existía. Era consciente de que debía existir algo más fuerte y más grande que mi felicidad egoísta. Pero, ¿dónde situar ese ideal? Creía que el arte podía expresarlo, porque muestra la capacidad del hombre para superarse. En el fondo hubiese podido detenerme ahí.

Sin embargo, un día de verano tuve un encuentro que transformó todo. Abrí un evangelio pensando que había tomado un libro cualquiera, pero descubrí a una persona viva. Al igual que miles de hombres y mujeres, yo también me encontré en la presencia de Jesucristo. ¡No lo puedo explicar de otra manera! Ese día sentí que había pasado a la otra orilla. Mi comportamiento cambió y vi todo de forma diferente.

En particular, desde que creo en Dios y acepté a Jesucristo como mi Salvador, descubrí algo maravilloso: la comunión. Es un diálogo, un intercambio entre el Creador y sus criaturas. También es un diálogo entre los hombres, especialmente entre creyentes. Esta comunión da un sentido a mi vida. Extiende mis intereses personales a los intereses colectivos. Los eleva hasta Dios y su plan eterno de amor. Ya no estoy más aislado, y puedo experimentar en la tierra lo que es el amor divino, amor que seguirá existiendo en el futuro eterno».

Jeremías 9 – Lucas 15 – Salmo 90:13-17 – Proverbios 20:25-26

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El único evangelio

El único evangelio

8/4/2018

Y en ningún otro hay salvación. (Hechos 4:12)

Si usted da testimonio a otros de que el evangelio de Jesucristo es el único evangelio, el único camino a Dios, no está proclamando su propio punto de vista de la religión correcta, sino la revelación de la verdad de Dios. Usted no predica el evangelio de Cristo sencillamente porque lo conoce, porque se ajusta a su personalidad o porque quiere ser intolerante y exclusivo. Usted presenta el evangelio de Cristo porque es el único camino provisto por Dios para que las personas encuentren la salvación del pecado y de la muerte eterna.

Usted predica el evangelio de Cristo como el único evangelio porque Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Jn. 10:9). Usted da testimonio de ese evangelio porque está de acuerdo con el apóstol Pablo en que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

De modo que está en buena compañía y tiene un fundamento sólido cuando da testimonio a quienes no conocen a Jesucristo del único camino de salvación dado por Dios.

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Tan seguros como que Dios es fiel

AGOSTO, 04

Tan seguros como que Dios es fiel

Devocional por John Piper

A los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó. (Romanos 8:30)

Ninguna persona se pierde entre la eternidad pasada de la predestinación de Dios y la eternidad futura de la glorificación de Dios.

Nadie que fuera predestinado a ser hijo de Dios dejará de ser llamado. Nadie que fuera llamado dejará de ser justificado. Y nadie que fuera justificado dejará de ser glorificado. Esa es la cadena inquebrantable de la fidelidad de Dios a su pacto.

Por eso, Pablo dice:

[Estoy] convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).

El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro (1 Corintios 1:8?9).

Estas son las promesas de nuestro Dios, quien no puede mentir. Aquellos que son nacidos de nuevo están tan seguros como que Dios es fiel.

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Jueces 18 | Hechos 22 | Jeremías 32 | Salmos 1–2

4 AGOSTO

Jueces 18 | Hechos 22 | Jeremías 32 | Salmos 1–2

En cierto modo, el Salmo 2 puede entenderse completamente dentro del marco de la vida de un rey davídico, incluso del mismo David. Este monarca ha conquistado las naciones vecinas. Si estas se rebelan, están conspirando juntas “contra el Señor y contra su ungido” (2:2), esto es, su “mesías”, una expresión que puede referirse a cualquier rey ungido de Israel, o al Mesías definitivo. Si intentan desprenderse de las cadenas de sus obligaciones con Israel (2:3), tendrán que vérselas con Dios: “El rey de los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos” (2:4). Él los reprende en su ira, porque ha establecido a su Rey en Sión (2:5–6).

Ahora habla el propio rey. Da testimonio de esta misma coronación, utilizando un leguaje común en el antiguo Oriente Próximo. En el momento en que la misma se produce, él se convierte en el “hijo” del Dios que extiende su soberanía suprema sobre esas personas. El propio Jehová emplea el mismo discurso: el rey de Israel pasa a ser el “hijo” de Dios en su coronación, comprometido con la búsqueda de la gloria y el bien de su Padre, reflejando su carácter y voluntad (2:7). El Todopoderoso controla de tal modo a todas las naciones, que el rey davídico sólo tiene que pedir y él le concederá soberanía absoluta sobre las naciones (2:8–9). Así pues, los reyes deberían ser sabios, ya que están advertidos (2:10). “Servid al Señor con temor […]. Besadle los pies, no sea que se enoje” (2:11–12).

Sin embargo, existen al menos dos elementos que indican que el salmo no está hablando de uno de los antiguos monarcas davídicos. Primero, al principio de esta dinastía, David pasó a ser un tipo o modelo del “mesías” supremo de este linaje, el “David” definitivo. Encontramos fácilmente referencias explícitas a este personaje siglos después (p. ej., Isaías 9; Ezequiel 34). El razonamiento tipológico puede desarrollarse de esta forma: si el rey David histórico fue el agente utilizado por Dios para gobernar a las naciones que lo rodeaban, ¿no reinará con más gloria sobre toda la tierra su Hijo más excelso, el rey davídico por excelencia? Segundo, existen varios indicios en el salmo que sugieren algo más que un antiguo rey davídico. Él somete a “los reyes de la tierra” (2:2), un concepto muy global (aunque podría significar “los reyes de ese territorio o región”); Dios promete entregar “las naciones” y “los confines de la tierra” a este “Hijo”, un concepto más difícil de desestimar. La bendición final (2:12) suena un tanto pretenciosa para alguien que no sea el Mesías supremo. Cada una de estas expresiones puede “explicarse” (o “justificarse”): tal vez serían ejemplos de un lenguaje hiperbólico. Sin embargo, si se analizan en conjunto, no apuntan tanto fuera del David histórico como más allá de él. Reflexionemos en Hechos 4:23–30.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 216). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Encontrar el camino

Sábado 4 Agosto

Jesús le dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida… Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 8:12; 14:6

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

Encontrar el camino

Se había oscurecido. Encendí mi linterna, tomé mi mochila y traté de encontrar el camino que conducía al refugio… ¡pero un cartel me indicó que había tomado la dirección equivocada! Entonces decidí sacar el mapa: el camino correcto estaba un poco más lejos. Minutos después me encontré con varios senderos. ¿Cuál era el correcto? ¡No quería volver a perderme! Eché una nueva ojeada al mapa y decidido volví a emprender la marcha. La nieve cubría el camino, había muchas huellas… ¿Debía seguirlas? Revisé una vez más el mapa y continué. De repente, en el pequeño valle, vi una luz. ¡Qué alegría poder reunirme por fin con mis amigos en torno a un buen fuego!

Para nosotros los creyentes, el camino de la vida también es como una senda que va subiendo… A veces atraviesa la bruma, se adentra en la noche o pasa por la nieve… ¡Pero allá arriba el Señor Jesús nos está esperando, en ese lugar lleno de luz y calor! Nos dejó un «mapa», su Palabra, la Biblia, para que podamos hallar el camino; y nos dio su Espíritu para iluminar nuestro camino.

Joven amigo, ¿encontró usted en Jesús la “luz de la vida”? ¿Su Palabra ilumina su senda? Sin ella podemos dar vueltas y terminar perdiéndonos… Pero felices los que consultan cada día el mapa: pueden avanzar con paso firme, incluso cantando con gozo en su corazón.

Mi mapa, la Palabra de Dios, me muestra el verdadero camino, a Jesús el Hijo de Dios. ¡Él me conduce hacia la meta, la casa del Padre!

Jeremías 8 – Lucas 14 – Salmo 90:7-12 – Proverbios 20:23-24©

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La puerta estrecha

La puerta estrecha

8/3/2018

Entrad por la puerta estrecha. (Mateo 7:13)

Muchos han admirado los principios enseñados en el Sermón del Monte, pero la mayoría no ha seguido esos principios. Muchos han respetado a Jesús como un gran maestro pero nunca lo han recibido como Salvador y Señor.

Eso es porque no han entrado por “la puerta estrecha”; la puerta de Dios, la única que lleva a la vida eterna.

El camino angosto de la vida cristiana es por la puerta estrecha de Cristo mismo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí” (Jn. 14:6). ¿Ha entrado usted por la puerta estrecha?

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Por qué tenemos un cuerpo

AGOSTO, 03

Por qué tenemos un cuerpo

Devocional por John Piper

Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo. (1 Corintios 6:20)

Dios no creó el universo físico y material de un modo arbitrario. Él tenía un propósito: agregar maneras para que su gloria sea externalizada y hecha manifiesta. «Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos» (Salmos 19:1).

Nuestro cuerpo entra en la misma categoría de cosas físicas que Dios creó por esta razón. Él no va a volverse atrás en el plan de glorificarse por medio de los seres humanos y cuerpos humanos.

¿Por qué Dios decidió tomarse la molestia de ensuciarse las manos, por así decirlo, con nuestra carne decadente y manchada de pecado, a fin de reestablecerla como cuerpo de resurrección y vestirla de inmortalidad? La respuesta es: porque su Hijo pagó el precio de la muerte para que el propósito del Padre respecto al universo material se cumpliera, o sea, que Dios fuera glorificado en él por siempre y para siempre, incluyendo nuestros cuerpos.

Eso es lo que el texto bíblico dice: «Por precio habéis sido comprados [por la muerte de su Hijo]; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo». Dios no desestimará ni deshonrará la obra de su Hijo. La honrará al levantar nuestros cuerpos de entre los muertos, y nosotros haremos uso de nuestro cuerpo para glorificarlo por los siglos de los siglos.

Ese es el motivo por el que tenemos un cuerpo ahora. Y ese es también el motivo por el que ese cuerpo será resucitado para ser como el cuerpo glorioso de Cristo.

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Jueces 17 | Hechos 21 | Jeremías 30–31 | Marcos 16

3 AGOSTO

Jueces 17 | Hechos 21 | Jeremías 30–31 | Marcos 16

Jeremías 30–31 interrumpe el material biográfico relativo a Jeremías con una serie de afirmaciones acerca de la restauración de Israel y Judá. Unas veces, se nombran los dos reinos (30:3); otras, ambos se denominan “Jacob” (30:7) o “Israel” (30:10; 31:1). Tal como ocurre en la profecía de Isaías, sólo el contexto determina si “Israel” se refiere al reino del norte, ya en el exilio desde hace más de un siglo, o a todo “Jacob” (para ser más exactos, la parte que oye y regresa a la tierra). La herida “incurable” y la llaga que “no tiene remedio” son consecuencias de su pecado (30:12–14), una realidad invariable a este lado de la Caída. “’Pero yo te restauraré y sanaré tus heridas’, afirma el Señor’ ” (30:17). Destacaremos dos reflexiones:

(1) Jeremías 31:15: Raquel, una de las matriarcas, cuya tumba se encontraba cerca de Ramá, a unos ocho kilómetros al norte de Jerusalén (1 Samuel 10:2–3; Josué 18:25), se representa aquí llorando por sus “hijos” deportados en 722 a.C. (cuando las tribus del norte fueron al exilio), y de nuevo en 587 (cuando se llevaron lo que quedaba del reino del sur, Jeremías 40:1). Mateo 2:17–18 afirma que estas palabras se cumplen (tipológicamente) cuando las madres lloren de nuevo a raíz de la matanza de inocentes relacionada con el nacimiento de Jesús. Aunque los exiliados retornaron a Jerusalén durante el período persa, las características más maravillosas que rodearon al fin del exilio no empiezan a revelarse hasta la venida del Mesías.

(2) Jeremías 31:29ss.: esta promesa de un nuevo pacto es extraordinariamente penetrante. Debido a la naturaleza tribal y representativa del antiguo pacto, el pueblo acuñó un proverbio: “Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos les dio dentera” (31:29). Bajo el pacto mosaico, las personas especiales, esto es, profetas, reyes y otros pocos individuos, eran ungidos especialmente con el Espíritu y desempeñaban la tarea de representar al pueblo ante Dios, y a este ante aquel. “¡Conoce al Señor!”, exhortaban. Debido a esta estructura tribal y representativa, cuando los líderes pecaban (“comieron uvas agrias”), toda la nación caía en la corrupción y sufría la destrucción (“a los hijos les dio dentera”). Sin embargo, bajo el nuevo pacto, el proverbio ya no se aplica (31:30ss.). Todos los que están bajo el nuevo pacto conocerán al Señor: Dios pondrá su ley en la mente de ellos y la escribirá en su corazón (31:33). Ya no habrá más maestros que actúen como mediadores, porque todos lo conocerán (31:34); estos simplemente formarán parte del cuerpo, no tendrán un conocimiento “interno” de Dios. El perdón de pecados será absoluto (31:34).

Identifique en qué partes del Nuevo Testamento se tratan estos temas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 215). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

Viernes 3 Agosto

Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

Mateo 4:10

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Cinco «solamente»

Hace algunos siglos, en Europa, las publicaciones más importantes estaban escritas en latín. La enseñanza de la Biblia fue resumida en cinco puntos llamados los cinco «solae» (plural de la palabra latina que significa «solamente»):

– Sola Scriptura (solo mediante la Escritura): la Biblia, o la Escritura, es la única autoridad que permite determinar la verdad de Dios. Es la Palabra de Dios (Colosenses 1:25), la cual es preciso distinguir muy bien de las tradiciones particulares de las iglesias, que no tienen la misma autoridad que las Santas Escrituras.

– Solo Christo (solo mediante Cristo): Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5). Jesús fue el único que vivió una vida sin pecado y se sacrificó para que los hombres pudiesen ser justificados ante Dios. La salvación proviene solamente de él.

– Sola gratia (solo por gracia): la salvación no es el resultado de nuestros esfuerzos o méritos, sino que se obtiene solo mediante la gracia divina (Efesios 2:8). Esta gracia conduce al creyente a tener una vida santa, una vida que honra al Señor.

– Sola fide (solo por la fe): la gracia de Dios se recibe aceptándola. Recibimos la salvación por medio de la fe, no a través de prácticas o por mediación de terceras personas (Hechos 16:31).

– Soli Deo gloria (a Dios solo la gloria): Ningún ser humano, muerto o vivo, ni un objeto, ni un símbolo, incluso sagrado tiene derecho de recibir nuestra adoración. Solo a Dios debemos adorar y orar (Apocalipsis 22:9).

Jeremías 7 – Lucas 13:18-35 – Salmo 90:1-6 – Proverbios 20:22©

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