LA BONDAD DEL PODER DE DIOS

LA BONDAD DEL PODER DE DIOS

9/6/2018

Jehová es tardo para la ira y grande en poder. Nahum 1:3

El poder de Dios, uno de sus atributos principales, se muestra a menudo para nuestro bien. Nos apoya en nuestros problemas y fortalece nuestra vida espiritual. Casi al fin de su vida, Moisés le dijo al pueblo de Dios: “El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos” (Dt. 33:27).

En sus palabras de despedida a los discípulos, antes de su ascensión, Jesús prometió: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

Sean favorables o desfavorables nuestras cir­cuns­tan­cias externas, estas y otras promesas divinas acerca del poder de Dios están allí para que las reclamemos.

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Un amor poderoso y presente

SEPTIEMBRE, 06

Un amor poderoso y presente

Devocional por John Piper

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8:35)

Hagamos tres observaciones acerca de Romanos 8:35:

1. Cristo nos ama ahora mismo.

Una esposa podría decir acerca de su marido fallecido: «Nada me separará de su amor». Es posible que quiera decir que el recuerdo del amor de su esposo será dulce y poderoso por el resto de su vida. Sin embargo, no es eso a lo que Pablo se refiere en este pasaje.

Romanos 8:34 dice claramente: «Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros». La razón por la que Pablo puede afirmar que nada nos separará del amor de Cristo es que Cristo está vivo y nos está amando ahora mismo.

Él está a la diestra de Dios y, por lo tanto, gobierna para nosotros. También está intercediendo por nosotros, lo que significa que se está encargando de que su obra de redención terminada nos salve minuto a minuto y nos conduzca sanos y salvos al gozo eterno. Su amor no es un recuerdo. Es una acción constante del Hijo de Dios, vivo y omnipotente, para llevarnos al gozo eterno.

2. El amor de Cristo es eficaz en protegernos de toda separación y, por lo tanto, no es un amor universal por todos, sino que es un amor particular por su pueblo —por aquellos que, según Romanos 8:28, aman a Dios y son llamados conforme a su propósito—.

Este es el amor de Efesios 5:25: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella». Este es el amor de Cristo por la iglesia, su esposa. Cristo tiene un amor que es por todo ser humano, y un amor que es especial, salvífico y protector por su esposa. Ustedes saben que son parte de esa esposa si confían en Cristo. Cualquiera —sin excepciones— cualquiera que confíe en Cristo puede decir que es parte de su esposa, su iglesia, que es uno de sus llamados y escogidos, aquellos que el versículo 35 dice que son guardados y protegidos para siempre, sin importar lo que suceda.

3. Este amor omnipotente, eficaz y protector no nos libra de las calamidades en esta vida, sino que nos conduce sanos y salvos al gozo eterno con Dios.

La muerte es algo que todos experimentaremos, pero que no nos separará de Cristo. Por lo tanto, cuando Pablo dice en el versículo 35 que la «espada» no nos separará del amor de Cristo, lo que quiere decir es esto: ni siquiera si nos matan nos separarán del amor de Cristo.

Por consiguiente, esta es la síntesis de lo que expresa el versículo 35: Jesucristo ama poderosamente a su pueblo, con un amor omnipotente y constante que no siempre nos rescata de las calamidades, sino que nos guarda para el gozo eterno en su presencia, incluso a través del sufrimiento y la muerte.


Devocional tomado del sermón“Nada nos podrá separar del amor de Cristo”

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1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

6 SEPTIEMBRE

1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

Si Ezequiel 8 describe la adoración corrupta que se estaba desarrollando en Jerusalén en los años que llevaron a su destrucción en 587 a.C., Ezequiel 9 habla de lo que Dios hará sobre ello.

Existen tanto un componente negativo como un elemento positivo. En su visión, Ezequiel oye que Dios llama a los “verdugos de la ciudad” (9:1). Llegan seis hombres, “cada uno con un arma mortal en la mano” (9:2). Un séptimo hombre, vestido de lino, tiene un estuche también de lino en la cintura. Dios lo comisiona a poner una señal identificativa en la frente de los que se salvarán de la matanza; encomienda a los verdugos la tarea de recorrer toda la ciudad y matar “sin piedad ni compasión” (9:5), comenzando por el propio templo. Por tanto, “aquellos hombres comenzaron a matar a los viejos que estaban al frente del templo” (9:6).

Mientras proceden a realizar su macabra tarea, Ezequiel grita: “¡Ay, Señor y Dios! ¿Descargarás tu furor sobre Jerusalén y destruirás a todo el resto de Israel?” (9:8). El Señor responde con una acusación devastadora (9:9–10) que incluye un juego de palabras: el pueblo de Israel insiste en que Dios no “ve” (o “mira”), por lo que él decide no “verlos/mirarlos” compasivamente ni salvarlos. “Por eso no tendré piedad ni compasión de ellos, sino que les pediré cuentas de su conducta” (9:10).

Ya se ha hecho alusión al elemento positivo. No todos perecen. El séptimo hombre, el que llevaba el estuche de escriba, va por la ciudad marcando la frente “de quienes giman y hagan lamentación por todos los actos detestables que se cometen en la ciudad” (9:4). Se prohíbe terminantemente a los verdugos hacer daño a estas personas (9:5). Observemos un detalle importante: los que se salvan no son los que simplemente se mantienen al margen, sino los que lamentan de forma activa la degradación espiritual de la ciudad. Puede que no tengan poder para provocar un cambio, pero no han caído en la laxitud de una indiferencia negligente.

Por supuesto, todo lo descrito aquí tiene lugar dentro del mundo visionario de Dios. En el mundo real, no debemos pensar que todos los justos y solo ellos escaparon de los sufrimientos relacionados con el asedio de Nabucodonosor: la Biblia está llena de historias en las que los justos sufren (p. ej., Nabot, el dueño de la viña). Esta visión significa que es el propio Dios quien ordena el juicio y que él mismo vindica a los que son fieles al pacto. Encontramos un simbolismo parecido al final de Apocalipsis 13 y al principio del capítulo 14 (véase la meditación del 23 de diciembre del volumen 1).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 249). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Fe e inteligencia

Jueves 6 Septiembre

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

No te apoyes en tu propia prudencia.

Proverbios 3:5

Dame entendimiento conforme a tu palabra.

Salmo 119:169

Fe e inteligencia

Si usted pregunta a personas cristianas sobre su conversión, descubrirá que cada una tiene una historia diferente. Unos fueron interpelados repentinamente por un versículo de la Biblia, otros comprendieron poco a poco el mensaje del Evangelio, y otros pasaron por un camino doloroso lleno de largas luchas interiores.

¿Qué papel desempeña la razón en esta búsqueda de Dios? ¿Hay que dejarla de lado o apoyarse en ella? El científico Pascal escribió: «Dos excesos: excluir la razón y no admitir más que la razón». Ambas cosas conducen a un callejón sin salida. Querer apoyarse solo en la razón para buscar a Dios es una pretensión vana e ilusoria. Dios no es una idea que podamos probar, sino un ser con respecto al cual tomamos una determinación.

Llega un momento en que nuestra razón tropieza, y para avanzar debemos dar el salto de la fe. ¡No es un salto al vacío, sino un salto a los brazos de un Dios de amor!

Por el contrario, el creyente corre el riesgo de depender de la experiencia del momento y apoyarse en sus emociones pasajeras. En sus cartas el apóstol Pablo, inspirado por Dios, siempre intenta iluminar el corazón y la inteligencia. No se trata de razonar sobre Dios, sino de recibir su revelación con respeto y confianza. Esta revelación no deja de lado la razón, sino que abre nuestra inteligencia para ver “cosas que ojo no vio, ni oído oyó… las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

Jeremías 38 – 1 Corintios 13 – Salmo 104:1-4 – Proverbios 22:24-25

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