Los que conforme a su propósito son llamados.

LOS LLAMADOS DE DIOS

9/15/2018

Los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Las epístolas del Nuevo Testamento emplean los términos llamados y llamamiento respecto a la obra soberana y regeneradora de Dios en el corazón de un creyente que lo lleva a la vida nueva en Cristo. Todos los llamados de Dios son escogidos y redimidos por Él y finalmente glorificados. Sin duda los ha predestinado a que sean sus hijos y a que sean conformados a la imagen de su Hijo.

Aunque la fe humana es esencial si hemos de estar entre los llamados, es aun más esencial que Dios inicie nuestro llamamiento a la salvación. La elección de Dios no solo precede a la elección del hombre, sino que hace posible y eficaz la elección del hombre. “Ninguno puede venir a mí [Cristo], si no le fuere dado del Padre” (Jn. 6:65).

En primer lugar, el llamado de Dios para los redimidos es de una vez por todas. En segundo lugar, ese llamado continúa hasta que el cristiano sea finalmente glorificado. Eso debe emocionarnos y animarnos a imitar la resolución de Pablo de proseguir “a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14).

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La única felicidad duradera

SEPTIEMBRE, 15

La única felicidad duradera

Devocional por John Piper

Por tanto, ahora vosotros tenéis también aflicción; pero yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:22)

Jesús dice «nadie os quitará vuestro gozo» porque es la comunión con él lo que nos da gozo, y la resurrección de Jesús significa que jamás moriremos. Jamás seremos separados de él.

Como vemos, dos cosas tienen que ser ciertas para que nuestro gozo no nos sea quitado: la primera es que la fuente de nuestro gozo perdure para siempre, y la segunda es que nosotros mismos vivamos para siempre. Si nosotros o la fuente de nuestro gozo fuera mortal, entonces nuestro gozo nos sería quitado.

¡Y cuántos se han conformado solo con eso! Comamos, bebamos y celebremos, dicen, porque mañana moriremos, y eso es todo. La comida no dura para siempre, y tampoco yo viviré para siempre, así que aprovechemos la vida al máximo mientras podamos. ¡Qué tragedia!

Si se ven tentados a pensar de ese modo ahora mismo, por favor, consideren seriamente que si su gozo estuviera en la comunión con Jesús, «nadie os quitará vuestro gozo» —no ocurrirá en esta vida, ni en la próxima—.

Ni la vida ni la muerte, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo por venir, ni ningún otro poder, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada podrá quitarnos nuestro gozo en Cristo Jesús.

El gozo en la comunión con Jesús es una línea ininterrumpida desde aquí hasta la eternidad. No se verá interrumpida ni por su muerte ni por la nuestra.


Devocional tomado del sermón “Gozo irrevocable”

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2 Samuel 11 | 2 Corintios 4 | Ezequiel 18 | Salmos 62–63

15 SEPTIEMBRE

2 Samuel 11 | 2 Corintios 4 | Ezequiel 18 | Salmos 62–63

La cuestión de la responsabilidad individual es tratada en la Biblia de forma incomparablemente nítida en Ezequiel 18. No obstante, es importante entender el pasaje dentro de su contexto histórico y teológico, antes de intentar aplicarlo a nuestra época.

El proverbio citado en el versículo 2, “los padres comieron uvas agrias, y a los hijos le produjo dentera”, se encuentra también en Jeremías 31:29, por lo que debió de circular tanto en Jerusalén como en el exilio. Aparentemente, algunas personas estaban utilizando el dicho como un pretexto: poco podían hacer con la vida miserable que les había tocado, decían, ya que estaban sufriendo por los pecados de sus padres, algo que se escapaba de sus manos. Por tanto, en lugar de buscar la justicia y la renovación del pacto, utilizaban el proverbio como excusa para la indiferencia moral y el fatalismo.

No obstante, el proverbio transmite una verdad, si no se entiende con tanto pesimismo. La responsabilidad colectiva cruza los límites generacionales de diversas formas. Cuando dio la ley, Dios mismo declaró que castigaría a los hijos por los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que le odian, aunque presupone que estas harán lo mismo que sus antepasados. La predicación de Isaías, de Jeremías y del propio Ezequiel amenaza con sufrimiento y exilio debido a la rebelión y la idolatría persistentes tanto de los israelitas del pasado como de los presentes. Sabemos que el pecado tiene frecuentemente efectos sociales: por ejemplo, niños que crecen en un hogar donde hay maltrato acaban siendo maltratadores; los hijos de padres arrogantes también lo son, o terminan rotos y amargados. El pecado raramente es privado e individualista en su totalidad. El proverbio no está equivocado totalmente.

Cuando Jeremías rebate este dicho, la alternativa que presenta es escatológica, es decir, el proverbio será superado en los últimos días, con la llegada del nuevo pacto (véase la meditación del 3 de agosto). La reflexión de Ezequiel es ligeramente diferente. Dios se preocupa por cada individuo: “Todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo” (18:4). Además, sean cuales sean las consecuencias sociales del pecado, no se debe utilizar nunca este proverbio como excusa para cubrir el pecado reciente. La responsabilidad individual siempre prevalece: “La persona que peque morirá” (18:4). De ahí que los ejemplos de cambio de conducta en este capítulo adquieran tanta importancia. No están estableciendo un simple plan de justicia por obras. Más bien, insisten en que la religión auténtica transforma y no bastan las excusas (escondidas quizás detrás de un proverbio). La conclusión práctica se encuentra en 18:30–32, que merece la pena memorizar.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 258). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué opinión tenemos de nosotros?

Sábado 15 Septiembre

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Romanos 12:3

Por la gracia de Dios soy lo que soy.

1 Corintios 15:10

¿Qué opinión tenemos de nosotros?

A menudo los profesores tienen alumnos muy seguros de sí mismos, que creen saberlo todo y prestan poca atención a los consejos que se les dan. A veces quedan muy sorprendidos cuando reciben los resultados de los exámenes… Por otro lado, también hay muchos jóvenes que no tienen ninguna confianza en sí mismos y dudan de sus capacidades hasta tal punto que quedan paralizados ante la hoja del examen. En ambos casos el profesor tiene que encontrar las palabras apropiadas para mejorar la situación.

En cualquier momento el cristiano puede caer en uno de esos excesos, y todos debemos reflexionar en ello. El apóstol Pablo exhorta a cada uno a no tener “más alto concepto de sí que el que debe tener”. Este versículo nos advierte de ambos peligros. Nos sensibiliza sobre nuestra tendencia natural a ser pretenciosos y a creer que somos capaces de hacer cosas para las que no estamos preparados. Pero también nos dice que no debemos subestimar (menospreciar), quizá por falta de fe, las capacidades que Dios nos da.

La pretensión nos llevará a hacer un pésimo trabajo, y la falta de confianza podría volvernos perezosos, sin ánimo para actuar. No olvidemos que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Con su guía, guardados en la humildad de Cristo, sirvamos al Señor, cada uno en el lugar que Dios le dio.

Jeremías 48:1-27 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14

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