EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

Septiembre 27

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Romanos 13:10

La clave para obedecer la ley de Dios es el amor. Cuando amamos a los demás, automáticamente obedecemos la ley. Usted no cometerá adulterio si ama a alguien. Es porque el amor no corrompe a otros ni roba su pureza. Solamente la lujuria y el egoísmo hacen eso. Si usted ama a alguien, su amor hace inservible el mandamiento de no matar. No necesito que se me recuerde que no mate a las personas si las amo. Cuando usted ama a alguien, tampoco le robará. Por lo tanto, no necesita que se le diga que no robe. Ni codiciará lo que es de otro cuando lo ama.

El amor no substituye la ley; cumple la ley. Mediante el amor, usted puede cumplir el amor de Dios.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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El poder de una promesa superior

SEPTIEMBRE, 27

El poder de una promesa superior

Devocional por John Piper

Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos. (Salmos 119:45)

Un componente esencial del gozo es la libertad. Ninguno de nosotros estaría feliz si no estuviéramos libres de aquello que aborrecemos y libres para hacer lo que amamos.

¿Dónde encontramos la verdadera libertad? Salmos 119:45 dice: «Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos».

La imagen que se nos presenta es una de espacios abiertos. La Palabra nos libra de tener una mente estrecha (1 Reyes 4:29) y de un confinamiento amenazante (Salmos 18:19).

Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). La libertad a la que se refiere es la libertad de la esclavitud del pecado (versículo 34); o dicho en términos positivos, es la libertad para alcanzar la santidad.

Las promesas de la gracia de Dios nos dan el poder que convierte las demandas de la santidad de Dios en una experiencia de libertad en lugar de miedo. Pedro describió el poder liberador de las promesas de Dios en su carta: «Nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia» (2 Pedro 1:4).

En otras palabras, cuando confiamos en las promesas de Dios, cortamos la raíz de la depravación por el poder de una promesa superior.

La Palabra que quiebra el poder de los placeres banales es sumamente crucial. ¡Cuán diligentes debiéramos ser en iluminar nuestro camino y llenar nuestro corazón de la Palabra de Dios!

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino» (Salmos 119:105). «En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti» (Salmos 119:11; ver el versículo 9).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 149-150

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2 Samuel 23 | Gálatas 3 | Ezequiel 30 | Salmo 78:40–72

27 SEPTIEMBRE

2 Samuel 23 | Gálatas 3 | Ezequiel 30 | Salmo 78:40–72

La meditación del 25 de mayo en el volumen 1 se centraba en Salmos 78:40–72, especialmente en los versículos 40–41: “¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, y lo entristecieron en los páramos! Una y otra vez ponían a Dios a prueba; provocaban al Santo de Israel” (cp. también 78:56). Los repetidos errores de la comunidad del pacto fueron desafiando uno tras otro a Dios, poniéndole a prueba hasta que respondió con ira: “Tan furioso estaba contra su pueblo” (78:62). Es un tema importante en el salmo, pero tiene otra vertiente sobre la que deberíamos meditar.

Los últimos versículos del salmo (78:65–72) describen a Dios despertando de un sueño (78:65), y venciendo a sus enemigos. ¿Qué hizo? No escogió a “los descendientes de José” (aunque este había sido gobernador de Egipto). En su lugar, “escogió a la tribu de Judá”. “Escogió a su siervo David, al que sacó de los apriscos de las ovejas” (78:70); de hecho, eligió “al monte Sion, al cual ama. Construyó su santuario, alto como los cielos, como la tierra, que él afirmó para siempre” (78:68–69). “Y David los pastoreó con corazón sincero; con mano experta los dirigió” (78:72).

No obstante, usted y yo estamos leyendo estas líneas al mismo tiempo que el libro de Ezequiel y sabemos que el linaje de David supuso una estabilidad muy poco duradera. Dos generaciones después, la dinastía davídica perdió las diez tribus del norte y su historia desde ese momento hasta el exilio se volvió tan voluble y repulsivamente malvada como cualquiera de las cosas descritas en este salmo, que analiza el periodo que va desde el éxodo hasta el comienzo de la dinastía davídica. En otras palabras, este salmo mira hacia atrás a los restos del fracaso y a la bien merecida ira de Dios, pero considera la elección de David y de Sion como una señal espectacular de la gracia y bondad del Señor, una base alentadora para una fidelidad estable en los años venideros. Sin embargo, cuando miramos atrás desde la perspectiva de Ezequiel o Jeremías, encontramos una serie aun más larga de errores y una ira todavía más merecida. ¿Es, por tanto, el Salmo 78 simplemente ingenuo?

En cada etapa de la línea argumental de la Biblia, Dios interviene con misericordia en medio de la ira. La raza humana estaba cayendo en una atmósfera de pecado, por lo que el Señor escogió a Abraham. En el desenfreno de los doce hijos, Dios eligió a José. En el abismo de la esclavitud israelita, Moisés fue el escogido. En los terribles ciclos de rebelión, levantó a los jueces. Cada paso apuntaba a una esperanza gloriosa. Ahora, Dios levanta a David. No obstante, tres milenios después de él, miramos atrás y damos gracias profundamente por cómo se ha revelado el Señor, “en estos días finales” (Hebreos 1:1–4), en la firmeza de su Hijo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 270). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El justo aborrece la palabra de mentira.

Jueves 27 Septiembre

El justo aborrece la palabra de mentira.

Proverbios 13:5

Aparta de mí el camino de la mentira.

Salmo 119:29

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo.

Salmo 51:6

Que vuestro sí sea sí

Santiago 5:12

Imagínese un mundo en el que la mentira no existiese. ¡Qué contraste con lo que vivimos en todas nuestras relaciones diarias! Pero, ¿debemos sorprendernos? La Biblia nos dice que el mundo está conducido por Satanás, el “padre de mentira” (Juan 8:44). La falta de rectitud, la hipocresía, las pequeñas mentiras, las medias verdades, ¡todo esto es tan práctico para resolver inmediatamente muchas situaciones que nos ponen en aprietos o que incluso nos avergüenzan!

¡Tengamos cuidado, pues el veneno de la falsedad se infiltra muy fácil en nuestros pensamientos y luego en nuestras palabras! Dios aborrece “la lengua mentirosa” y “el testigo falso que habla mentiras” (Proverbios 6:17, 19). Él lee nuestros pensamientos, y el cristiano debería aborrecer toda forma de falsedad. El apóstol Pablo escribió: “Desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Efesios 4:25). “No mintáis los unos a los otros” (Colosenses 3:9). Es por la fe y por amor a Dios que un cristiano toma deliberadamente el camino de la verdad y renuncia a la mentira.

¿Hemos fallado en este punto tan importante para el Señor? Dios desea que nos dejemos iluminar por su luz, poner al descubierto lo que somos, para que podamos decir: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24). Jesucristo puede liberarnos de la mentira. Él es la verdad (Juan 14:6).

Lamentaciones 3 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7

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