LA FE DE ABRAHAM

octubre 2

LA FE DE ABRAHAM

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos. Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: “Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham… Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gál. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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FRACASO

FRACASO

por Charles R. Swindoll

2 de octubre, 2018

Proverbios 12, 13, 15, 19, 22, 26

Un joven entró a una tienda y solicitó utilizar el teléfono. El gerente de la tienda escuchó lo que él decía:

—¿Necesita un joven honesto y trabajador en su negocio? (Pausa). Oh, ya consiguió un joven honesto y trabajador. Bueno, gracias de todas maneras.

El joven colgó el teléfono con una sonrisa y se dirigió a la puerta felizmente.

—¿Cómo puedes estar tan contento? —le preguntó el gerente—.
Te acaban de decir que ya tenían a alguien y que no te iban a contratar.

El joven le respondió:

—Ah, lo que pasa es que yo soy ese joven trabajador. Solo quería ver cómo andaba mi trabajo.

Si alguien le preguntara a su jefe acerca de usted y de su trabajo, ¿qué clase de respuesta daría? ¿Diría su jefe que es un buen trabajador? No lo haría si tiene los siguientes dos atributos de un perezoso:

El perezoso siempre renuncia

El negligente no alcanza presa, pero el hombre diligente obtendrá preciosa riqueza (Proverbios 12:27).

Esta ilustración revela una característica de la holgazanería: no hay consecución. Al perezoso. . .

• Le gusta pescar pero no quiere cocinar el pescado.
• Le encanta comer, pero detesta lavar los platos.
• Pinta un cuarto, pero deja que los demás se encarguen de la limpieza.
• Prefiere las buenas posesiones, pero no sabe cuidarlas.

Los perezosos no se preocupan por los detalles porque se sienten satisfechos con lo mínimo. Para ellos, la excelencia no se encuentra en su lista de prioridades.

El Perezoso vive de excusas

Dice el perezoso: ¡Afuera hay un león! ¡En medio de la calle seré descuartizado! (Proverbios 22:13).

Este dicho siempre me hace reír. Esos «leones en la calle» no son más que obra de la imaginación. Más adelante, en el libro de Proverbios, «el león» regresa:

Dice el perezoso: «¡Hay un león en el camino! ¡Hay un león en medio de las calles!». Como las puertas giran sobre sus bisagras, así también el perezoso en su cama (Proverbios 26:13, 14).

Estos proverbios utilizan una figura retórica llamada hipérbole: una imagen graciosa y exagerada que ilustra un punto válido. La primera hipérbole demuestra los extremos ridículos que un perezoso utilizará para evitar el trabajo. El perezoso capitalizará cualquier excusa, sin importar su irracional ni improbable. El segundo proverbio ilustra el único resultado posible de la naturaleza de una persona haragana. Una puerta no puede hacer otra cosa mis que abrirse y cerrarse. Al perezoso, su propia naturaleza no le permitir hacer ninguna otra cosa más que dormir.

Reflexión: ¿Tiene algún conocido haragán? Con frecuencia, estos conocidos se convierten en la excusa que necesitamos para sentirnos limitados. Reflexione en la clase de personas con las que ocupa la mayor parte de su tiempo. En la medida posible, escoja amigos diligentes y limite su tiempo con aquellas personas que exhiben los rasgos de un perezoso.

Los perezosos no se preocupan por los detalles porque se sienten satisfechos con lo mínimo.

— Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2015 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

2 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

Podríamos preguntarnos por qué se denuncia especialmente a Edom en Ezequiel 35. ¿No pertenece este material a los capítulos 25–32? ¿No debería encontrarse junto a la breve acusación contra esa misma nación en 25:12–14? La solución más fácil es suponer que este pasaje se insertase en el texto más adelante (algunos críticos así lo afirman). Sin embargo, eso pondría en duda la capacidad de quien lo hiciese. Además, si podemos hallar razones de por qué la ubicación de este capítulo resulta lógica, también se entenderá que se encuentre aquí en el texto original.

En cuanto a su forma, Ezequiel 35 mantiene algo de la estructura de las denuncias del capítulo 34: “porque… por tanto” (p. ej., 35:5–6, 10–11). Más importante aún es que Edom era un caso especial entre todas las naciones vecinas. Los edomitas eran descendientes de Esaú y la vieja rivalidad entre este y Jacob siguió existiendo entre Israel y Edom, dos naciones de familiares divididos por una antipatía común. No se menciona a Edom por su nombre en este capítulo; se hace referencia en su lugar a la montaña de Seír (35:2), es decir, el monte situado al este del Arabá, el valle que se extiende hacia el sur desde el Mar Muerto. Allí se inició su “enemistad perpetua” (35:5). Sin embargo, las referencias a la sangre y la muerte en este capítulo (en hebreo, dam) pueden constituir un juego de palabras intencionado con la no mencionada Edom, como una forma de señalar que su despreciable traición era mucho más repugnante por el grado de parentesco que mantenía con Israel. Cuando Jerusalén estaba al borde del colapso, Edom esperaba poder aprovecharse de la destrucción de “las dos naciones” (35:10, Israel y Judá) para ampliar su territorio. Probablemente, ofrecieron apoyo a Nabucodonosor a cambio de tierra. Sobre todo, su regodeo sobre los rivales caídos (35:12–15) es, bajo la perspectiva de Dios, un desafío contra él: “A pesar de que el Señor viva allí, las dos naciones y los dos territorios serán míos” (35:10); Dios advierte: “Me has desafiado con arrogancia e insolencia, y te he escuchado” (35:13). De hecho, parte de la restauración de los exiliados israelitas a su tierra implicará hacerla más segura para ellos: debe librarse de “las bestias feroces” (34:25) que la han asolado. Si se está haciendo una alusión sutil a las tribus de los alrededores que intentaban establecerse allí, esta profecía sobre la destrucción de Edom está convenientemente colocada aquí (véase también la meditación de mañana).

Así pues, además de las advertencias implícitas contra el rencor enconado y las venganzas familiares, este capítulo también garantiza al pueblo del pacto el compromiso continuo de Dios con el bienestar de ellos, incluyendo la destrucción de sus enemigos. ¿Qué pasajes del Nuevo Testamento se mantienen en esta misma sintonía, extrapolados en clave del nuevo pacto?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El fruto

Martes 2 Octubre

Cada árbol se conoce por su fruto.

Lucas 6:44

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra.

Colosenses 1:10

El fruto

Para reconocer un árbol, lo más sencillo es examinar el fruto que produce. Cuando vemos un árbol cargado con manzanas, incluso un niño sabe que es un manzano. El Señor quiere hablarnos a través de esta imagen; a menudo él emplea cosas sencillas de la naturaleza para enseñarnos realidades espirituales.

Si he aceptado la salvación que Cristo ofreció en la cruz, si he recibido, junto con su perdón, la vida eterna, mi conducta y mis amistades deben demostrarlo. Mis hechos, mi comportamiento, mi forma de hablar corresponderán a mi naturaleza de cristiano, estarán de acuerdo con esta nueva vida que Dios me dio. “Yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18). No nos dejemos engañar: más allá de las apariencias, veamos los frutos. Dios invita a sus hijos a mostrar efectos concretos de la vida divina en ellos, a añadir a su “fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”. ¡Pidámosle que nos dé la fuerza para llevar tales frutos! La Palabra de Dios añade: “Si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto” (2 Pedro 1:5-8).

Los agricultores saben que la calidad de las frutas depende de la vitalidad del árbol; hay que alimentarlo, protegerlo y podarlo si se quiere tener buenas frutas. Esto es lo que el Señor quiere hacer con cada uno de sus redimidos. Permanezcamos bien arraigados en él y así llevaremos frutos que lo honren (Juan 15:2, 5).

Amós 5 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

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LA CONFESIÓN DE JOB

Octubre 1

LA CONFESIÓN DE JOB

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Otra Vasija

Otra Vasija

“Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla” (Jer. 18:4).

Dios tomó la figura del alfarero para enseñar una alentadora lección. La vasija que en sus manos estaba moldeando, es una comparación con los creyentes. Es Dios mismo que dice: “He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”. La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador. Él mismo dijo: “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:29). El Padre celestial ha determinado que todos sus hijos seamos conformados a la imagen de Jesús (Ro. 8:29). Esta operación la está realizando el Espíritu Santo, reproduciendo en nosotros el modelo de vaso perfecto que es el Señor.

«La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador.»

Está trabajando para hacer de cada uno de nosotros una vasija con características excepcionales: Tiene el atractivo del amor, como el de Cristo, que se manifiesta en toda ocasión; en el hogar; entre hermanos; hacia el mundo que se pierde. Además Dios desea que estemos llenos de gozo, el profundo sentimiento que brota de una vida de comunión y descanso en Dios. Añade también la serena tranquilidad ante la vida, que es el resultado de la experiencia de paz. Quiere que la vasija sea capaz de resistir cualquier embate, por eso le da la paciencia, para soportar las afrentas y sufrir sin rencor vengativo. Añade Dios la benignidad, el elemento que nos hace útiles y serviciales. También genera la bondad, expresión de un carácter noble, capaz de perdonar. Además está la fe, más bien la fidelidad que hace que nuestra vida se ajuste a la fe que declaramos. Un elemento más es la mansedumbre, disposición a ceder los derechos a favor de los demás, sometiéndonos a la voluntad de Dios. Finalmente añade un último componente, la templanza, que nos hace ser capaces de controlarnos a nosotros mismos y vivir en santidad.

Por la razón que sea, tal vez mi vida pueda inutilizarse; el vaso que soy yo se echa a perder; no adopto la forma que el Alfarero celestial quiere darme. Es posible que algún fracaso moral agriete mi existencia; acaso una desorientación espiritual me está haciendo inútil para Dios; tal vez he faltado en las relaciones familiares; o es posible que esté desalentado porque no tengo resuelto mis problemas espirituales. Estoy desalentado y desanimado. Me doy cuenta que he fallado a Dios. Pero, el aliento divino viene en mi ayuda. La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí. Él no arregla los defectos, hace algo mucho más admirable: “volvió y la hizo otra vasija”. Dios no quiere que mi vida sea parcialmente triunfante, busca un triunfo completo. Su propósito se cumple inexorablemente: “…el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”.

«La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí.»

El secreto para ser un vaso útil para Dios, provechoso para el mundo, y satisfactorio para mí mismo, consiste en permitir que el Espíritu haga en mí el cambio que necesito. Debo permitir que Él lo haga; que me quebrante; que me moldee; que me transforme. No habrá nada que pueda impedir que sea cada vez más semejante a Jesús. Señor, que no impida tu obra, cámbiame, renuévame, pero, por favor, no permitas que me haga inútil para tu obra.

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Pastor

1 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 3 | Efesios 1 | Ezequiel 34 | Salmos 83–84

“Pastor” era una metáfora habitual para “rey” en el antiguo Oriente Próximo, en particular en el Antiguo Testamento (cp. Isaías 44:28; Jeremías 10:21; 23:1–6; Miqueas 5:4, 5; Zacarías 11:4–17). El pastor no sólo cuidaba y alimentaba a las ovejas, sino que las dirigía, les daba atención médica y las defendía de sus enemigos. Sin duda, era una excelente metáfora a aplicar a los monarcas que podían verse tentados a pensar en su llamamiento en términos de poder y privilegio, pero no de responsabilidad. En cambio, cuando David confiesa que el Señor es su pastor (Salmo 23:1), la metáfora incluye la noción de que Dios es rey. Las ovejas pasan debajo de la vara (Salmo 23:4, la misma palabra empleada para el cetro real).

El capítulo (Ezequiel 34) comienza con una dura denuncia de los pastores que han estado dirigiendo a Israel (34:1–10). Las acusaciones son básicamente dos: (a) han estado esquilando a las ovejas con avaricia, explotando al rebaño para estar cómodos y enriquecerse, y no alimentando ni cuidando a los ejemplares confiados a ellos (34:2–4). (b) Lejos de proteger a las ovejas manteniéndolas en un solo rebaño, la conducta de los pastores las ha “dispersado” (34:5–6), un término que indica el exilio. Así pues, Dios garantizará que esos pastores falsos y peligrosos nunca más se hagan cargo de las ovejas (34:7–10). Es difícil no percibir en estas líneas la desaparición de la dinastía davídica tal como esta se entendía entonces, junto al sacerdocio levítico.

Lo que Dios pondrá en su lugar es a sí mismo. Vendrá a pastorear a sus ovejas. Leamos estas líneas conmovedoras del versículo 16 en adelante y contemos las veces que Dios habla en primera persona de las cosas que hará. No solo protegerá al rebaño (34:10–16), sino que también ejercerá el juicio dentro del mismo (34:17–22), porque inevitablemente algunas ovejas son corruptas o acosadoras. El rebaño no sólo se limpiará de sus avariciosos líderes, sino también de sus malvados miembros, en particular las ovejas “gordas” que no dejan que las demás disfruten de la abundancia.

De repente, el lenguaje cambia. Dios ha estado declarando en todo momento que él mismo pastoreará a su rebaño. Ahora dice: “Entonces les daré un pastor, mi siervo David, que las apacentará y será su único pastor. Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su príncipe. Yo, el Señor, lo he dicho” (34:23–24). De hecho, la reforma prometida traerá un nuevo pacto transformador (34:25–31), que será eficaz (esto es lo que “pacto de paz” sugiere).

¿Un pastor transformador que es al mismo tiempo Jehová y alguien del linaje de David? Meditemos sobre Juan 10.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 274). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Lunes 1 Octubre

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Marcos 8:36-37

Que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor…

Filipenses 1:9-10

Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Si usted anunciara una conferencia sobre el tema «Cómo vivir bien», sus auditores esperarían que hablase sobre dietética, deporte o higiene de vida. Muy pocos pensarían en temas como la fidelidad, la honestidad, la generosidad, y mucho menos en el respeto a Dios y a su voluntad. Nuestra época invirtió los valores y presenta como imperativo cosas que no lo son realmente, y como obsoleto lo que es fundamental.

Sin embargo, es vital saber vivir bien, a la manera de Dios. Nuestra vida es similar a una rueda que va en sentido único, que no vuelve atrás. Necesitamos, pues, encontrar la buena dirección; aún mejor, dejarnos guiar por Dios mismo, y cesar de correr tras objetivos estériles.

Jesús vino a la tierra para darnos a conocer el camino de la verdadera vida. Dios nos traza ese camino en su Palabra, la Biblia. El Creador sabe lo que es mejor para nosotros en todos los ámbitos: psíquico, físico y espiritual. Si escudriñamos su Palabra y la ponemos en práctica, tendremos una vida abundante, mucho más rica que si hubiésemos invertido en valores terrenales.

El origen de esta vida fecunda es Dios Padre y su Hijo Jesucristo, quien vino a la tierra para salvarnos. Esta vida es dada a todo el que cree en Jesús. Él mismo proclamó en alta voz: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

Amós 3-4 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

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