Yo estoy con vosotros todos los días

Yo estoy con vosotros todos los días

Qué forma tan maravillosa de concluir un Evangelio. La historia del Dios que vino del cielo a la tierra termina con la promesa: “Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). Aunque Jesús estaba a punto de ascender, Mateo quiere que escuchemos que la cercanía de la encarnación de Cristo continúa. Él que es Emanuel, Dios con nosotros, promete hacer honor a Su nombre. Jesús pronto regresaría al cielo mientras Sus discípulos saldrían al mundo en una misión evangelizadora. Pero no se iban por caminos separados. Jesús y Sus hermanos no podían estar separados por la distancia entre el mundo y los reinos celestiales. ¿Cómo puede ser esto?

Jesús regresó al cielo y espiritualmente nos llevó con Él.

Las instrucciones misionales de Jesús pueden ser traducidas como: “bautizándolos ‘a o dentro’ del nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (28:19). Eso nos da una idea importante sobre la conversión y la señal del bautismo. Nuestras vidas son reubicadas cuando el Espíritu nos une a Jesús a través de la fe. Somos lanzados a Jesús. Entonces ahora nuestras vidas están “escondidas con Cristo en Dios” (Col. 3:3). Pablo escribe de manera dinámica sobre esta realidad cuando dice que el Padre “nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado” (1:13). Es como si Dios nos hubiera sacado de un pozo sucio, saturado de pecado y maldad, y llevado a un amplio y hermoso paisaje de libertad plena en Cristo. Pedro lo describe como el llamado de Dios “de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe. 2:9). Jesús mismo afirmó este cambio de dirección de vida de manera aún más mística: “En ese día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20). Estos versículos dan cierta textura a la frase que Pablo usa con tanta frecuencia: ahora estamos en Cristo.

Jesús está con nosotros siempre porque Jesús es donde vivo. Los creyentes están unidos a Él para siempre. Jesús regresó al cielo y espiritualmente nos llevó con Él. Qué misterio: “aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo…y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús” (Ef. 2:5-6). Sí, esto es una realidad espiritual ahora, puesto que mi cuerpo obviamente todavía está aquí en la tierra. Un día, por supuesto, la unión se completará cuando recibamos nuestros cuerpos de resurrección para que podamos estar siempre en comunión inmediata con Jesús y con los demás.

Entretanto, mientras estamos en la tierra, Jesús permanece con nosotros a través de Su Espíritu a quien Él nos envía. Pablo escribe: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Rom. 5:5). El Espíritu es la presencia personal de Jesús “alojada” en nosotros. Por el Espíritu, el Padre y el Hijo hacen una morada en nosotros (Jn. 14:23). Los cristianos, individual y colectivamente como iglesia, son una morada en la que se vive el intercambio eterno de amor entre las personas de la Trinidad. El Espíritu Santo en nosotros nos mantiene unidos a Jesús, quien ha llevado Su cuerpo de resurrección al cielo. Él continuamente nos levanta para ver que nuestra verdadera vida está ubicada allí, en Cristo.

El entendimiento bíblico de que Jesús está con nosotros es muy diferente a cualquier idea de que la presencia de Jesús simplemente da un impulso útil a la vida que estoy tratando de construir por mi propia cuenta. “Yo estoy con vosotros todos los días” no significa que tengo a un Jesús miniatura dentro de mí para que provea inspiración en medio de mis ambiciones o que me consuele cuando las cosas no salen como me parecen. Más bien, mi pequeña vida es absorbida en la grandeza de Cristo. Él está con nosotros de manera más profunda porque por el Espíritu estamos en Cristo. Mi propósito en la vida, por lo tanto, está dirigida por Su misión para Su pueblo.

Entonces, soy impulsado fuera de mi cómodo hogar donde me gustaría quedarme mientras Jesús me consuela. Él me envía al vecino malhumorado para que le testifique con la conciencia de que Jesús lo ama tanto como me ama a mí. “Yo estoy contigo cuando lo amas en Mí”.

Jesús va conmigo desde mi calle, relativamente segura, hasta el vecindario peligroso saturado de aquellos descartados por la sociedad. “Pon tu morada aquí”, me dice al oído, “así como yo hice mi morada en un mundo caído”. Eso puede significar comenzar una escuela, un campamento deportivo o una clínica en Su nombre.

Justo donde no quiero ir, Jesús ya está allí. Incluso me envía a interactuar con gente que se burlará al mencionar Su nombre. Me gustaría evitarlos, alejarme de la controversia. Pero el Señor que continúa haciendo las cosas de manera diferente en el mundo que está reclamando me recuerda: “Tú estás en Mí, y estoy enviando Mi evangelio al mundo. Así que puedes confiar en que estoy contigo cuando entres en esas conversaciones difíciles”.

Jesús está con nosotros todos los días, de manera principal y profunda porque Su Espíritu nos ha llevado a Su vida y, por lo tanto, a Su misión.

Nota del editor: Este es el octavo y último capítulo en la serie “La Gran Comisión”, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Gerrit Scott Dawson

Gerrit Scott Dawson  

El Dr. Gerrit Scott Dawson es pastor de First Presbyterian Church [Primera Iglesia Presbiteriana], en Baton Rouge, Luisiana, y autor de Jesus Ascended: The Meaning of Christ’s Continuing Incarnation [Jesús Ascendido: El Significado de la Encarnación Continua de Cristo].

Yo soy la verdad

Sábado 13 Octubre

(Jesús dijo:) Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Juan 14:6; 18:37

Yo soy la verdad

Solo Jesucristo puede afirmar que él es la verdad. “Yo soy… la verdad”. Esta frase no solamente expresa que él dice la verdad, sino que él encarna la verdad absoluta.

En nuestro mundo hay muchas verdades humanas y afirmaciones ideológicas. En nombre de verdades de esta índole se han cometido asesinatos, se han desplazado pueblos, diezmado poblaciones enteras, hasta que las ideologías correspondientes fueron puestas en duda. Entonces se reemplazaron por otras «verdades», quizá más humanas, pero igual de subjetivas y dudosas. ¡Cuántas pretendidas verdades resultaron falsas! Comprendemos la pregunta escéptica de Poncio Pilato: “¿Qué es la verdad?”. Ese gobernador conocía el poco valor de las «verdades» políticas, pero no quiso reconocer que en Cristo la verdad encarnada estaba delante de él. Se fue sin esperar la respuesta de Jesús, porque no quería enfrentarse a ella. ¡Qué triste actitud, pues en ese mismo instante perdió la oportunidad de descubrirla!

En el ámbito religioso, las «verdades» se confrontan y se contradicen, por ello muchas personas llegan a decir: «Lo importante es ser sincero». Sin embargo, podemos equivocarnos sinceramente…

En nuestro siglo 21, Jesucristo sigue siendo “el camino, y la verdad, y la vida”. No se trata de una verdad revelada hace más de dos mil años, sino de la verdad absoluta, que escapa a toda moda, al desgaste del tiempo y al asalto de las nuevas ideologías.

Si usted tiene sed de verdad, de autenticidad, ¡búsquela en la Biblia!

Deuteronomio 7 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

Octubre 12

UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:11

El considerar una prueba como algo que causa gozo es algo que requiere disciplina, ya que el gozo no es la reacción humana natural ante las aflicciones. El cristiano tiene que hacer un compromiso consciente para afrontar cada prueba con una actitud gozosa. Pablo estaba preso en Roma cuando dijo a los filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (4:4, 11). Él había aprendido a estar contento y a regocijarse en medio de las pruebas. Eso no es algo que sucede por casualidad.

Cuando vea llegar una prueba, asuma una actitud de gozo que resulta de esperar lo que la obra perfeccionadora del Señor hará a través de la prueba. Debemos estar convencidos de que vamos a afrontar las pruebas con una actitud alegre. Es el gozo de quien considera un privilegio que se pruebe su fe porque sabe que la prueba lo acercará más al Salvador. Entonces una prueba será un amigo recibido con agrado. 

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario?

¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario?

“El matrimonio igualitario” es una frase típica que se ha lanzado en el debate de los matrimonios entre gais y entre personas del mismo sexo en algunos países. El término «matrimonio igualitario» es un intento de replantear la conversación y atribuir un cierto nivel de irracionalidad a aquellos que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo. Oponerse al reconocimiento de las uniones homosexuales como matrimonios es una cosa. Pero es mucho más difícil oponerse a la «igualdad» de los derechos en el matrimonio. Sin embargo, asignar una nueva etiqueta para la causa no cambia los temas centrales en el debate. Si el «matrimonio igualitario» significa «matrimonio homosexual», los cristianos se deben oponer.

¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario? La pregunta misma es engañosa. No todos los cristianos se oponen al matrimonio igualitario, al matrimonio homosexual, o lo que sea que le llamen. Muchos cristianos apoyan las uniones gais siendo legalmente reconocidas como matrimonios. Generalmente los cristianos sostienen que la moralidad sexual no debe ser legislada y que, en una sociedad libre, la gente debería casarse con quien quiera. Bíblicamente hablando, esto es un grave error.

La biblia es muy clara en cuanto a que la homosexualidad es un pecado antinatural (Levítico 18:22Romanos 1:26-271 Corintios 6:9). La biblia presenta el matrimonio como la invención de Dios, y Dios lo ha definido como un pacto entre un hombre y una mujer para toda la vida (Génesis 2:241 Corintios 7:2-16Efesios 5:23-33). Bíblicamente hablando, una unión homosexual no es un matrimonio. No importa si el gobierno promulga una nueva definición del matrimonio. No importa si la sociedad está mayoritariamente a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Una unión homosexual siempre ha sido y siempre será, una perversión de la creación de Dios.

En las sociedades modernas que son cada vez más seculares y nada cristianas, el debate del matrimonio igualitario eventualmente va a ser ganado por el movimiento de los derechos de los homosexuales. Excepto por un arrepentimiento nacional y un avivamiento de la fe cristiana, las uniones homosexuales van a ser reconocidas oficialmente matrimonios válidos, con todos los derechos y privilegios correspondientes. Pero, independientemente de lo que la sociedad haga, no podrá cambiar el hecho de que los seguidores de Cristo se alinearán y someterán a su palabra. Y la palabra de Dios declara categóricamente que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Como cristianos, debemos aceptar el hecho de que vivimos en naciones impías y seculares, pero tenemos en gran estima la inmutable palabra de Dios por encima de las costumbres cambiantes de la sociedad»… antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…» (Romanos 3:4).

Los cristianos no necesitan pelear contra las parejas homosexuales debido a que se les concede uniones civiles y los beneficios gubernamentales que tales uniones adquieren. En la biblia no se abordan temas tales como reducción de impuestos, derechos de herencia, derechos de visitas en hospitales, etc. Pero cuando se trata de la definición del matrimonio, los cristianos deben mantenerse firmes. Dios creó el matrimonio. Ningún ser humano tiene el derecho o la autoridad para redefinirlo. No importa lo que los gobiernos y las sociedades aprueben, las uniones homosexuales nunca podrán tener verdaderamente la igualdad con los matrimonios heterosexuales.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

12 OCTUBRE

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

Algunos de los salmos se encuentran agrupados en colecciones. Los que van del 93 al 100 celebran el reinado y la venida del Señor. Temáticamente, sin embargo, abarcan desde el júbilo eufórico del Salmo 98 (la meditación de ayer) hasta un sobrecogimiento más sutil pero profundamente sumiso. Después del gozo incontenible del Salmo 98, en el Salmo 99 encontramos una profunda reverencia. Pasamos de un festival de adoración a una catedral.

El salmo se divide en dos partes. La línea que se repite, “¡él es santo!” (99:3, 5), establece el tema de la primera. No dice algo tan simple como que Dios es bueno o moral (aunque no excluye dichas nociones). Se hace hincapié en la “Deidad” total de Dios, lo que lo diferencia de los seres humanos. Sólo él es Dios. Los dos ejemplos de la frase “él es santo” tienen el propósito de resumir las líneas precedentes en cada caso. (a) El Señor reina; es exaltado sobre los poderosos querubines (99:1). Aunque se manifiesta en Sión, no es una deidad tribal: “¡excelso sobre todos los pueblos!” (99:2). “Sea alabado su nombre grandioso e imponente” (99:3) y después el estribillo que resume, “él es santo”. (b) Si él reina sobre todas las cosas, es el Rey supremo (99:4). No sólo es poderoso, sino que ama la justicia y la ecuanimidad, lo cual se despliega eminentemente en la comunidad de su pacto: “Has actuado en Jacob con justicia y rectitud” (99:4). Solo existe una única respuesta apropiada ante un Dios semejante: “Exaltad al Señor nuestro Dios; adoradlo ante el estrado de sus pies” (99:5), y de nuevo el estribillo resumen, “él es santo”.

La segunda parte del salmo contempla la verdad de que, aunque es exaltado y santo, Dios eligió revelarse a los seres humanos. Tal vez pensemos que Moisés, Aarón y Samuel eran casi sobrehumanos. Sin embargo, el salmista se preocupa de colocarlos entre los sacerdotes y entre aquellos que invocaron su nombre: no eran fundamentalmente diferentes de los demás. Además, eran frágiles e imperfectos como todos nosotros. Según el versículo 8, Dios fue para ellos (no “para Israel”) “un Dios perdonador”, aunque castigó sus rebeliones.

Así pues, el tema de la santidad del Señor no acaba en la simple trascendencia, sino en un Dios inimaginablemente misericordioso que se revela a nosotros, los seres humanos, incluso cuando nos rebelamos contra él. Si su santidad es revelada en su misericordia y en su ira, dicha santidad ni debe desesperarnos, ni debemos presumir de ella. “Exaltad al Señor nuestro Dios; adoradlo en su santo monte: ¡Santo es el Señor nuestro Dios!” (99:9).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 285). Barcelona: Publicaciones Andamio.

PALABRAS PARA VIVIR

PALABRAS PARA VIVIR

Charles R. Swindoll

12 de octubre, 2018

Proverbios 1

La cultura hebrea reconocía que no toda oposición a la dirección de Dios es igual. Toda oposición es necedad, pero los sabios del Antiguo Testamento diagnosticaron las diferentes raíces de la estupidez espiritual y las presentaron de igual manera. Ayer examinamos la ingenuidad simple, la oposición de aquellos que sencillamente no han aprendido, personas que no han sido capacitadas. El día de hoy, consideraremos una forma más severa de necedad espiritual, una condición que puede llamarse «oposición estúpida». Aunque suene fuerte, el mejor término que podemos usar en este caso es necio.

El necio 
El idioma hebreo tiene dos términos principales para esta clase de necio: nabal y kasal.Ambos tienen el significado básico de «ser insulso» o «estúpido». El idioma árabe tiene un término similar a kasal que significa lento, insulso, estúpido o torpe. Pero no se equivoque. El necio tiene capacidad de razonar; simplemente, su lógica es incorrecta. Los necios están convencidos absolutamente de que pueden vivir sin Dios. Los necios crean una racionalidad que aparenta una lógica honesta. Sin embargo, no lo es. La verdad es que comienzan con conclusiones predeterminadas por ellos mismos y tratan de apoyarlas con su propio raciocino.

Un ejemplo de kasal tiene que ver con una persona que sufre una pérdida trágica y terrible. Se enoja intensamente con Dios y por eso decide que el creador no existe. Luego pasa su vida desarrollando un caso lógico en contra de la existencia de Dios, utilizando lo que parece ser un razonamiento creíble. Para poder seguir convenciéndose a sí misma y a los demás propone teorías alternas de cómo y por qué el universo existe para, de esta forma, reemplazar la cosmovisión bíblica.

Ciertamente, el ateísmo es sencillamente una forma moderna de idolatría; un rechazo voluntario de Dios favoreciendo un cosmos creado por el hombre. Quizás por esta razón es que la Biblia utiliza la palabra kasal con frecuencia para los idolatras. Esas personas crean sus propios ídolos y luego se convencen de que tienen poder sobrenatural. El profeta Isaías ilustró lo absurdo de esto con una historia de un hombre que cortaba un árbol:

«Quema parte del leño en el fuego y sobre él prepara carne asada, come y se sacia. Luego se calienta y dice: ‹¡Ah! Me caliento mientras contemplo el fuego›. Después, lo que sobra lo transforma en la imagen tallada de un dios. Se postra ante él y lo adora, y le ruega diciendo: ‹¡Libérame, porque tú eres mi dios!›»(Isaías 44:1617).

De manera similar, un nabal decide qué clase de comportamiento pecaminoso disfruta y luego lo racionaliza. Por ejemplo, una mujer que piensa abandonar a su familia debido a una aventura se pasa varias semanas preparándose mentalmente para esa ruptura. Se convence a si misma de que su esposo y su familia viven mejor sin ella, de que ella ha vivido mucho tiempo sirviendo a los demás y ahora es su tiempo de disfrutar de la vida, o que hay otro hombre que es en verdad su alma gemela y que Dios quiere que ella sea feliz.

¿Ve la relación? La mayoría de las personas modernas no crean estatuas para venerarlas como si fueran sus dioses. Más bien, las personas en la actualidad deciden lo que quieren creer y luego lo racionalizan sin consideración de que han puesto su confianza en mentiras que ellos mismos han creado. La Escritura reprende esta clase de oposición con términos muy claros y dice a los sabios que respondan de la siguiente forma a la necedad de los necios:

Apártate del hombre necio porque en él no encontrarás los labios del saber. La sabiduría del sagaz discierne su camino, pero la insensatez de los necios es un engaño(Proverbios 14:78).

El corazón entendido busca el conocimiento, pero la boca de los necios se apacienta de la insensatez (Proverbios 15:14).

El necio no toma placer en el entendimiento, sino solo en exponer lo que tiene en su corazón (Proverbios 18:2).

El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que camina en sabiduría estará a salvo (Proverbios 28:26).

Reflexión: Es posible que hasta las personas sabias actúen como necios en algunos casos. ¿Cuándo fue culpable de racionalizar su comportamiento, sabiendo que era contrario a la voluntad de Dios? ¿Por qué protegió tanto ese comportamiento? ¿Qué necesidad o deseo satisface ese comportamiento en usted? Considere presentar esa necesidad a Dios, pidiéndole que él provea satisfacción a su manera y de acuerdo con su tiempo.

Los necios están convencidos absolutamente de que pueden vivir sin Dios.Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Tomado de: visionparavivir.org  

Disponible sobre el Internet en: https://visionparavivir.org/

 

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Viernes 12 Octubre

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1

Les reconocían que habían estado con Jesús.

Hechos 4:13

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas… quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.

1 Pedro 2:21-23

Un reflejo de Jesús

Aquella mañana Jerónimo iba con retraso a tomar el tren; atravesó la estación corriendo. En el andén empujó a un niño que tenía en la mano un puzzle nuevo, y las piezas se dispersaron por el suelo. Cuando Jerónimo vio al niño llorando, tuvo un momento de duda, pero luego lo ayudó a recoger las piezas. El niño lo observaba detenidamente. Cuando hubieron juntado todas las piezas, el niño, con cierto temor, le preguntó dubitativo: Señor, ¿tú eres Jesús?

En ese instante Jerónimo tomó conciencia de que ese pequeño incidente, que le había hecho perder el tren, al final le había permitido ser como un reflejo de Jesús.

Amigos cristianos, nosotros también debemos tratar de imitar a nuestro Señor cada día. Ser un testigo de Jesucristo no es solo hablar de él y pretender hacer grandes cosas en su nombre. Es, sobre todo, reflejar en nuestra vida los caracteres de Jesús: justicia, bondad, humildad y compasión. Él mismo nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Como él, dediquemos tiempo a los pequeños para tranquilizarlos, consolarlos y darles a conocer el amor de Jesús. ¡Imitemos a nuestro Maestro, quien nos dice: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”! (Mateo 18:10).

“El deseo de los justos es solamente el bien” (Proverbios 11:23).

Deuteronomio 6 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

NUESTRA CORONA FUTURA

Octubre 11

NUESTRA CORONA FUTURA

Cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida.

Santiago 1:12

La vida eterna es la corona que Dios ha prometido a quienes lo aman. Es el galardón supremo del creyente. Aunque en el presente experimentamos algunos de los beneficios de vida eterna, la tenemos como una promesa. Algún día la recibiremos en su plenitud. Seguimos esperando recibir el galardón futuro. Cuando venga el Señor, nos dará la plenitud de vida eterna.

El apóstol Pablo expresó un pensamiento similar: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8). Cuando Cristo regrese por la iglesia, a los cristianos se les dará una vida de justicia eterna. Todos recibiremos la misma corona de las recompensas de vida eterna, justicia y gloria.

La resistencia no gana la vida eterna. Sin embargo, la resistencia es la prueba de la fe y del amor genuino, y eso es recompensado con la plenitud de vida eterna.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

¿Dios se equivoca?

¿Dios se equivoca?

Dios no comete errores. Su perfección y grandeza no permite errores: «Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable” (Salmo 145:3). En el idioma original, la palabra traducida «inescrutable» incorpora la idea de «no es posible de averiguar o enumerar». En otras palabras, la grandeza de Dios es infinita. Esta declaración no puede referirse a una persona falible, porque incluso con un solo error, su grandeza sería cuantificable y finita.

La capacidad de Dios para hacer todas las cosas y comprender todos los asuntos, no le da opción para cometer errores: «Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito» (Salmo 147:5). Nuevamente, la Escritura muestra que Dios es infalible. Un conocimiento limitado conduce a errores, pero Dios tiene un conocimiento ilimitado y por tal razón no comete errores.

Dios no ha cometido ningún error en la creación del mundo. La sabiduría infinita, el poder infinito y la bondad infinita de Dios fueron la combinación correcta para producir un mundo perfecto. Al final de los seis días de la creación, Dios evaluó todo lo que Él había hecho, y dijo «es bueno en gran manera» (Génesis 1:31). No hubo excepción, cualificación o desilusión. Sólo la declaración «bueno en gran manera».

“Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19). A diferencia del hombre, Dios no comete errores y no tiene ideas de último momento que lo lleven a cambiar de parecer. Dios no hace decretos que después deba anular porque no consideró todas las consecuencias o porque no tenía el poder para cumplir. Además, Dios no es como el hombre cuyo pecado requiere un juicio. «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él» (1 Juan 1:5b). «Justo es Jehová en todos sus caminos, Y misericordioso en todas sus obras» (Salmo 145:17).

Algunos afirman que la Escritura muestra a Dios teniendo dudas acerca de su creación: «Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho» (Génesis 6:5-7).

Es bueno entender la palabra arrepentimiento en este pasaje. Cuando se usa en referencia a Dios, el arrepentimiento incluye el pensamiento de dolor compasivo y una medida para aplicar. Dios no estaba mostrando debilidad, admitiendo un error o lamentando una equivocación. Más bien, Él estaba expresando su necesidad de tomar medidas concretas y drásticas para contrarrestar la maldad de la humanidad: » todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal» (Génesis 6:5). El hecho de que Dios no consideró su creación un error, queda demostrado con la existencia continua del mundo. Aún estamos aquí, aunque somos pecadores. Alabado sea el Señor por su gracia: «mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5:20b), y «Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (Génesis 6:8).

Dios nunca ha cometido un error. Él ha tenido un propósito en todo, y los resultados no son una sorpresa para Él, porque declara el fin desde el principio: «Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero» (Isaías 46:9-10).

Alguien puede pensar que Dios ha cometido un error en su vida personal. Ciertas experiencias y condiciones fuera de nuestro control, hacen que nos preguntemos si Dios quizá haya calculado mal. Sin embargo, «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28). Esto requiere de fe para aceptarlo, pero «porque por fe andamos, no por vista» (2 Corintios 5:7). En todo debemos entender que las cosas de esta vida no son indispensables y se están gastando para nuestra recompensa eterna según la sabiduría de Aquel «que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría» (Judas 1:24). Podemos alegrarnos de que Dios Nuestro Señor no comete errores en nuestras vidas, sino que tiene un propósito bueno y amoroso por todo lo que permite.

No hay culpa en nuestro Dios, ni errores que Él haya cometido, ni falla alguna en su Hijo. Jesús no cometió pecado en pensamiento, palabra o hecho (Hebreos 4:15). Satanás estaba desesperado por revelar incluso una falta en Jesús, pero el diablo fracasó completamente en sus intentos (Mateo 4:1-11). Jesús sigue siendo el Cordero sin mancha y sin defecto (1 Pedro 1:19). Al final de la vida de Jesús, su juez terrenal, Poncio Pilato, declaró: «Ningún delito hallo en este hombre» (Lucas 23:4).

Vivimos con nuestros errores, grandes y pequeños, insignificantes y desastrosos, y nos acostumbramos a cometerlos. Pero servimos a un Dios infalible y libre de errores, cuya grandeza no puede ser comprendida. «Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados» (Salmo 40:5). Es bueno saber que Dios está en control y que Aquel que no se equivoca, puede compensar nuestros errores.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

11 OCTUBRE

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

En el Libro de Oración Común de la iglesia anglicana, el Salmo 98 se conoce como el Cantate Domino (“Cantad al Señor”) y está ubicado entre la lectura nocturna del Antiguo Testamento y su equivalente del Nuevo, desbordante de adoración y gozo vivificantes.

El Salmo 98 tiene tres estrofas. La primera (98:1–3) celebra la “salvación” de Dios (que vemos en cada versículo). La palabra tiene quizás un uso más amplio que el que le damos actualmente. Incluye la victoria sobre los enemigos: la “diestra” y el “santo brazo” del Señor (98:1) llevarán a cabo esta “salvación” o victoria. Sin embargo, también incluye nuestro significado del término: Dios reconcilia al pueblo con él y lo transforma por su gracia. Mientras él “se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel” (98:3), la gloriosa verdad es que “el Señor ha hecho gala de su triunfo; ha mostrado su justicia a las naciones” (98:2); “¡Todos los confines de la tierra son testigos de la salvación de nuestro Dios!” (98:3). No es de extrañar, pues, que debamos cantar “un cántico nuevo” al Señor (98:1). Esta expresión no se refiere tanto a una composición nueva, escrita quizás para la ocasión, como a una reacción fresca ante las nuevas misericordias derramadas sobre nosotros.

La segunda estrofa (98:4–6) responde con una adoración emocionada a cada acto de Dios en la primera, que celebra su venida en poder y salvación. De hecho, todos nuestros actos de adoración constituyen un adelanto del fin, pues la salvación total descrita brevemente espera la consumación. Aclamamos “alegres al Señor, el Rey” (98:6) como preludio del anuncio de la culminación de su reino. Los instrumentos enumerados aquí se utilizaban regularmente como parte de la adoración en el templo (cf. 1 Crónicas 16:5–6) o en ocasiones alegres como la coronación de un nuevo rey (p. ej., 1 Reyes 1:39).

Si la alabanza de la segunda estrofa se estructura en un cántico orquestado, la de la tercera (98:7–9) es inarticulada. Sin embargo, no es menos poderosa por ser tosca. Incluso ahora, todo el universo declara la gloria de Dios. No obstante, si diversos pasajes del Antiguo Testamento anuncian una enorme renovación del orden creado (Salmo 96:11–13; Isaías 2; 11; 55:11–12), Pablo no sólo también lo hace sino que reconoce que el cumplimiento depende de la transformación de los seres humanos al final: “La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para alcanzar así la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:19–21).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 284). Barcelona: Publicaciones Andamio.